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viernes, 1 de julio de 2016

El pucherazo



La conspiración del pucherazo del 26J no tiene base alguna y es muy fácil de desmontar

Ignacio Escolar

Desde el inesperado resultado del 26J, circula por Internet una teoría de la conspiración que está teniendo una enorme difusión: que el Gobierno organizó un pucherazo electoral para manipular el resultado en detrimento de Unidos Podemos y en beneficio de Mariano Rajoy.

Como casi todas las conspiraciones, la teoría del pucherazo se alimenta de una frustración: la de tantos votantes de Unidos Podemos. Fallaron las encuestas y el sorpasso también, y la decepción de estos votantes ha sido tan grande como antes fueron sus expectativas. De la decepción de estos votantes nace esta explicación irracional.

Al igual que en otras conspiraciones, el castillo en el aire del pucherazo también se levanta sobre algunos datos reales. En este caso, principalmente son estos:

1. En los primeros datos de la web oficial del recuento, el número de votantes no cuadraba con la participación.

2.  La empresa Indra recuperó para el 26J el contrato para centralizar los datos del recuento después de haberlo perdido en las elecciones del 20D. Indra, que está participado por el Estado, ofreció una rebaja del 40% para recuperar esta adjudicación.

3. Es un hecho probado que el ministro del Interior es alguien capaz de utilizar los aparatos del Estado a favor del Gobierno. Las conversaciones entre Jorge Fernández Díaz y el director de la Oficina Antifraude de Catalunya así lo certifican. Si alguien es capaz de a una jugada tan sucia como usar a la policía contra sus rivales políticos, ¿cómo confiar en que no vaya más allá?

4. Algunos ejemplos y testimonios de chapuzas o pequeñas trampas en distintas mesas circularon masivamente por redes sociales. Ésta fue una de las más populares. Hay alguna más.




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Ya está confirmado un caso del 

¿De cuántos casos estaríamos hablando?

To Be Continued...!
5. Todas las encuestas publicadas daban un resultado distinto y se equivocaron especialmente con Unidos Podemos.

Con estos focos del fuego, y con la decepción como combustible, la conspiración del pucherazo ha prendido como un incendio sobre hierba seca. Sin embargo, la conspiración del pucherazo no tiene fundamento. No hay por dónde cogerla y es fácil desmontar estos cuatro puntos uno por uno.

1. La participación

Los datos de participación no cuadraban con el voto en la web de resultados provisionales del Ministerio del Interior por el voto en el extranjero. Pasa en todas las elecciones y está bastante bien explicado aquí.

Es un escándalo, eso sí, el pésimo funcionamiento del voto rogado desde el extranjero, pero es algo que estaba igual de mal el 20D y que, por tanto, no ha afectado en absoluto al resultado del 26J. No sirve para explicar en ningún caso la caída de más de un millón de votos de Unidos Podemos en esta ocasión.

2. Indra

Esta empresa centraliza los datos pero no cuenta las papeletas, por lo que su capacidad de manipulación es casi nula. A diferencia de otros países –donde existen máquinas de recuento de votos, que sí podrían ser manipulables por sistemas informáticos– en España el recuento es manual y lo hacen ciudadanos escogidos al azar. Los votos se cuentan en cada mesa, en presencia de los ciudadanos a los que, por sorteo, les toca participar en el proceso y de los interventores y apoderados de los distintos partidos.

Cada partido, por medio de sus interventores, apunta por separado los resultados de cada mesa y los centraliza después, por lo que lo que es muy fácil chequear más tarde si no coinciden con los oficiales que ofrece Indra. Basta con comparar.

Unidos Podemos tenía repartidos por toda España alrededor de 26.000 interventores y apoderados para 22.953 colegios electorales. Descartados los pueblos pequeños, cuyo peso en votos es menor, no había un colegio electoral de importancia donde la coalición (o el PP, o el PSOE) no tuviese gente vigilando el recuento. Si Indra hubiese manipulado los datos, los partidos lo sabrían ya. Y si los dirigentes de Unidos Podemos no se han sumado a esta descabellada conspiración es porque saben que el recuento no se amañó: porque los datos que transmitieron sus interventores coinciden con el resultado oficial.

En cuanto a la rebaja de Indra, es bastante fácil de entender. Esta empresa española lleva décadas ocupándose de centralizar los datos electorales y vende ese servicio a otros países. Para Indra, perder el contrato del 20D en España era un problema serio de imagen: si no consigues convencer en tu propio país de que eres la mejor opción para el proceso electoral, ¿quién te va a contratar en el extranjero?

3. El ministro

Que alguien como Jorge Fernández Díaz esté al frente del Ministerio del Interior daña la credibilidad de nuestra democracia y pasa factura con asuntos así: es sencillo dudar de la limpieza de las instituciones cuando se demuestra que hay un ministro que utiliza a la Policía contra la oposición. Sin embargo, el papel del Ministerio del Interior en el proceso electoral es mínimo y el margen de maniobra del ministro, aún menor.

El recuento no lo hace el Ministerio del Interior. Lo hace cada mesa, formada por ciudadanos elegidos por sorteo. Ese sorteo, además, no está centralizado en el Ministerio, sino que lo realiza cada Ayuntamiento de forma pública. Son estos ciudadanos  seleccionados al azar –172.458 personas en total– quienes cuentan los votos en presencia de los interventores de los partidos.

4. Las irregularidades

En estas elecciones, se ha votado en 57.526 mesas repartidas entre 22.953 colegios electorales; el pucherazo global es difícil pero el error y las pequeñas trampas no necesariamente lo son. Y sí, es también fácil dudar de la limpieza de una parte del PP porque hay varios casos donde militantes de este partido han sido pillados  haciendo trampas con el voto por correo o acarreando ancianos.

Estas trampas lamentablemente existen desde hace años –no solo en el PP– y deberían perseguirse con más contundencia, pero con ellas no haces desaparecer más de un millón de votos, como creen quienes dudan del resultado del 26J. Las razones que explican el descalabro de Unidos Podemos son otras y creo que están analizadas aquí.

En cuanto al famoso caso del pequeño pueblo de  Sariego (Asturias, 1295 habitantes), más bien parece un simple error o, en el peor de los casos, una pequeña manipulación. La casilla del PCPE en el acta electoral está justo encima de la de Unidos Podemos, probablemente por eso desde la mesa atribuyen al PCPE 113 votos que en realidad tuvo Unidos Podemos. ¿Fue por incompentecia o por maldad? Pueden ser ambas cosas, pero para escamotear un millón de votos con este sistema, necesitas 9.000 mesas más. Y si se hubiese usado esa técnica de forma intensiva, la trampa no habría cuadrado con el dato de la abstención.

5. Las encuestas

Es cierto, las encuestas fallaron. Pero tampoco es la primera vez que sucede y tampoco fue tan grande la desviación como aparenta porque la forma de medirla no son los escaños, que oscilan mucho con relativamente pocos votos por la ley electoral: son los porcentajes de votos. Unidos Podemos en las encuestas aparecía con alrededor del 25% de votos de media y obtuvo un 21%, cuatro puntos menos. El PP aparecía con el 30% y sacó el 33%, tres puntos más. Y el PSOE y Ciudadanos sacaron, en porcentaje de votos, un resultado bastante aproximado a lo que daban las encuestas.

Esta desviación –tres, cuatro puntos en distintos partidos– no es muy diferente a la que hemos visto en otros procesos electorales. En el Brexit inglés, por ejemplo, donde la mayoría de las encuestas daban un resultado inverso al que se produjo. O en las elecciones andaluzas de 2012, donde todas las encuestas daban gobierno a Javier Arenas, y no ocurrió. O también en las últimas elecciones generales, donde las encuestas también fallaron bastante, aunque en esta ocasión nadie habló de pucherazo porque la desviación no benefició al partido en el Gobierno sino a Unidos Podemos. Recuerden: esto daba el CIS preelectoral del 20D, cuando Ciudadanos estaba a punto del sorpasso sobre el PSOE... y quedó cuarto.

También falló entonces –igual que este domingo– la encuesta a pie de urna del 20 de diciembre. No fue por poco: respecto al resultado final, dio siete escaños y dos puntos menos al PP, siete escaños y dos puntos menos al PSOE, un punto y 11 escaños más a Podemos y dos puntos y 8 escaños más a Ciudadanos.

¿Y por qué las encuestas han fallado tanto esta vez con PP y con Unidos Podemos? Hay análisis interesantísimos estos días, que coinciden siempre en dos factores. Es muy difícil acertar el resultado con un sistema electoral como el nuestro y muestras tan pequeñas. Además, había voto oculto en el PP: gente avergonzada de lo que votaba y que mentía en las encuestas. Y, por el lado de Unidos Podemos, había gente muy orgullosa de su voto, y que tenía más ganas que el resto de responder a los encuestadores. Todos los votos cuentan igual en las urnas, pero no todos los votantes responden igual en las encuestas.

Del 11M al 26J

Sin duda es de agradecer que ni uno solo entre los dirigentes de Unidos Podemos se haya sumado a la conspiración del pucherazo porque el daño para la democracia que provocan estas teorías es gravísimo. En las últimas horas he hablado con varios de ellos. Ninguno da al pucherazo la más mínima credibilidad. "No debemos encubrir nuestros posibles errores políticos, y está claro que los hay, con conspiraciones hipotéticas", me asegura uno de ellos. No he encontrado a uno solo que crea en la posibilidad del pucherazo.

La coalición Unidos Podemos ha sido en esta ocasión mucho más responsable de lo que lo fue el PP en 1993, cuando Javier Arenas y Alberto Ruiz Gallardón  insinuaron un pucherazo en la noche electoral, tras la inesperada derrota de Aznar. O que el PP de Mariano Rajoy en 2004, cuando la frustración entre el votante conservador por el inesperado resultado electoral dio alas a la conspiración del 11M, que el PP alimentó. O que esa prensa que, a partir de 2004, azuzó esta teoría alocada que tanto daño hizo a la convivencia sobre los cadáveres del peor atentado terrorista de la historia española. O que esa prensa que hoy, en 2016, está haciendo exactamente lo mismo con este falso pucherazo que antes hizo Pedro J. con el 11M: alentar mentiras porque salen muy rentables en audiencia.

Afortunadamente, Unidos Podemos no ha azuzado a sus "peones morados" como antes lo hizo el PP con los peones negros del 11M. Acusaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y no las hay.
Fuente: eldiario.es

miércoles, 22 de junio de 2016

Terceras elecciones a la vista si nadie se desdice de sus vetos electorales



Terceras elecciones a la vista si nadie se desdice de sus vetos electorales
Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias (Archivo)
   



Luis B. García


Sánchez dice no al PP y a Iglesias, Rivera dice no a Rajoy pero no al PP, Iglesias sólo dice sí a Sánchez y Rajoy insiste en la gran coalición

En esto de la política cada vez tiene más valor el conocimiento de la lógica, la forma basada en los razonamientos deductivos o inductivos que permite llegar a conclusiones a través de premisas. A menos que los argumentos se basen en condiciones falaces o, simplemente, mentiras, el método suele ser infalible. Si lo aplicamos a la situación política actual, en plena campaña y con los posibles pactos postelectorales en boca de los cuatro principales candidatos a las elecciones, un temor recorre el espinazo de más de uno al averiguar por las declaraciones de Rajoy, Sánchez, Pablo Iglesias y Rivera que nada ha cambiado respecto a las intenciones ya mostradas tras el 20D y que, si nadie se mueve, volverá a haber bloqueo y, si nadie lo remedia, unas terceras elecciones generales.

Hay que partir de la premisa declarada por los cuatro de que no volverá a haber unos terceros comicios electorales y que, por tanto, tiene que haber una salida a una coyuntura que ya dura demasiado y que amenaza seriamente el prestigio, la imagen y la economía del país. Los vetos y condiciones de los candidatos son evidentes y claros, tanto como la inmutable conclusión: Sánchez dice no al PP y a Iglesias, Rivera dice no a Rajoy aunque sí al PP, Iglesias sólo dice sí a Sánchez y Rajoy insiste en la gran coalición.

Sánchez dice no al PP, a Rajoy, y también a Pablo Iglesias como presidente. El socialista se mantiene en sus trece de no apoyar ni por activa ni por pasiva la investidura de Mariano Rajoy, por tanto no tiene la intención de favorecer un segundo mandato de los populares con el presidente en funciones a la cabeza, pero tampoco con cualquier otro dirigente del PP. Su obsesión es echar a Rajoy, pero tampoco tiene previsto ceder aunque el candidato popular dé un paso al lado. De la misma forma, el veto de Sánchez se extiende a Pablo Iglesias, a quien ha asegurado que no va a hacer presidente del próximo gobierno. Estaría por ver lo que hace un PSOE sin Sánchez, aunque la probable sustituta, Susana Díaz, también se ha encargado de señalar a Rajoy y a Iglesias de que “no sueñen con los votos del PSOE” porque éstos “son para un Gobierno socialista con Pedro Sánchez a la cabeza”.

El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, tiene como condición para un acuerdo con el PP que Rajoy y su equipo se vaya, e incluso asegura que ni sopesaría una abstención. Quiere descabezar al PP, sumirlo en una crisis interna y entrar en el Gobierno en caso de que los populares obtuvieran apoyos suficientes para sumar mayoría con C’s. Como es relamente complicado que esta suma se dé (las encuestas la sitúan muy por debajo de la entente PSOE-Podemos), Rivera incluso se permite dar nombres de los posibles sustitutos de Rajoy y los suyos, a los que estaría dispuesto a apoyar, o dar a entender que el presidente debería ser un independiente. Pero en realidad está por el acuerdo con el PSOE, que tampoco parece que vaya a sumar, y con el PP, un trío mal avenido pero que permitiría consolidar la marca del partido naranja y reforzarla entre el electorado. Por su puesto, Rivera no quiere ni oír hablar de un acuerdo en el que pueda estar Podemos, como en la pasada ‘minilegislatura’.

Pablo Iglesias sólo quiere pactar con el PSOE de Pedro Sánchez, ni siquiera con otro PSOE en que no esté el actual candidato socialista, porque con Susana Díaz a la cabeza estaría más que difícil el acuerdo. El líder del partido morado quiere ‘sorpassar’ a los socialistas, hacerse con su electorado, con su espacio político y emerger como la verdadera oposición al PP. La cuestión del referéndum en Catalunya no tendría que ser un problema, aunque Sánchez apela a él como argumento a favor de su veto. La imposibilidad de un pacto en el que esté Rivera se mantiene y es recíproca, como hace unos meses, y por tanto, las posibilidades de un acuerdo en el caso de Podemos está más que restringido.

Por su parte, Rajoy insiste en que no se va a ir y que lo mejor es un pacto con el PSOE y, si quiere, con Ciudadanos, pero con él al frente. Rajoy propone pactar un programa de mínimos para una legislatura de compromisos básicos basada en la estabilidad económica y en la que, sobre todo, Podemos no tenga responsabilidades de gobierno. El presidente en funciones cree que sería posible convencer a los socialistas si estos dejan a Sánchez en la cuneta, por eso pide aglutinar el voto moderado, incluso de los votantes socialistas. Incluso cree que podría convencer a Ciudadanos si el PSOE se aviene a la gran coalición. Pero por el momento sólo recibe la negativa tajante de todos.

Con estas premisas, condiciones y cláusulas, invariables con respecto al periodo que provocó las elecciones del próximo domingo, todo volverá a estar igual si nadie se desdice tras conocer los resultados.

Fuente: La Vanguardia

lunes, 20 de junio de 2016

El podemismo se consolida en Catalunya

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Editorial

El comportamiento del electorado catalán, como el de la mayor parte de España, se corresponde con el de una sociedad democrática madura y consolidada, como lo demuestran las encuestas que ha publicado ‘La Vanguardia’...
 El comportamiento del electorado catalán, como el de la mayor parte de España, se corresponde con el de una sociedad democrática madura y consolidada, como lo demuestran las encuestas que ha publicado La Vanguardia los domingos 12 y 19 de junio sobre las expectativas de voto con respecto a las elecciones generales del próximo 26 de junio. Si alguien esperaba que la llamada segunda vuelta, tras el fracaso en la investidura de gobierno, habría de conllevar un vuelco en los resultados del pasado 20 de diciembre, todo parece indicar que se llevará una decepción.

La segunda parte de la encuesta realizada por GAD3 para este diario, correspondiente a la circunscripción catalana y publicada ayer, muestra que después del próximo domingo todo seguirá igual, con algunas leves, aunque significativas, variaciones. En Catalunya, se consolida la hegemonía de En Comú-Podem (ECP) y la tendencia a la baja del independentismo de Esquerra Republicana y, en especial, de Convergència, grupo que se halla en pleno proceso de refundación; igualmente reveladora es la pérdida de apoyos para el PSC, que no logra frenar su descenso, y el estancamiento con una posible levísima alza para Ciudadanos y el PP. Una simple ojeada de los resultados analizados en el sondeo muestran que el único partido que se beneficia del desánimo del independentismo es el grupo que lidera Xavier Domènech, que puede subir entre uno y dos escaños.

La interpretación de las tendencias apuntadas señala que ECP consolida la ventaja adquirida el 20-D, básicamente, por su apuesta por el referéndum, después que la hoja de ruta aprobada por Junts pel Sí encallara a causa de su pacto con las CUP. Los tres puntos y medio que sube la confluencia podemita en Catalunya se corresponden con las pérdidas que afectan a Convergència y al PSC, precisamente los dos grupos que, por razones opuestas, abandonaron en su día la senda de la consulta pactada. Si este escenario se confirmara en los resultados electorales, parece obligado que los dos partidos que han monopolizado el centro de la política catalana desde la transición habrán de realizar una profunda reflexión sobre su futuro inmediato. Convergència la ha iniciado y algunos sectores del partido apuntan hacia un retorno a la pantalla de la consulta, lo que la distanciaría de ERC que, por su parte, busca en el caladero de las CUP, ausentes en estas elecciones, para mejorar unos resultados que cabe calificar de magros en el sentido de que no logra beneficiarse de la caída de los nacionalistas. El PSC, por su parte, además de la huida en su día del sector afín a la consulta, sufre las consecuencias de la política que el PSOE y, en especial, la lideresa andaluza, Susana Díaz, llevan a cabo con respecto a Catalunya. Esta es una de las principales conclusiones que se pueden extraer del sondeo citado.

Otro aspecto interesante de la encuesta es la anemia de resultados de los dos grupos españolistas, Ciudadanos y el PP, que no logran reactivar de forma clara sus expectativas en Catalunya a pesar del decaimiento del independentismo. La razón más probable de esta situación es la falta de una propuesta de calado, por parte de ambas formaciones, para la resolución definitiva del encaje de Catalunya en España. Un déficit que debería también obligarles a una reflexión en profundidad sobre el mayor problema que, junto con el empleo, tiene planteado hoy el país.

En resumen, pocos cambios en un horizonte político complejo que precisa de actuaciones razonadas y audaces. Los electores indican que no se puede seguir como hasta ahora.

Fuente: La Vanguardia

sábado, 18 de junio de 2016

Jordi Sevilla y la gran coalición: moviendo el tablero para garantizar la gobernabilidad del régimen

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Jordi Sevilla

Pedro Honrubia, Beto Vasques y Luis Juberías
Asesores de Podemos

Jordi Sevilla habla claro y, como se suele decir, no da puntada sin hilo. Una de esas virtudes que suelen hacer las delicias de empresas tan preocupadas por el interés del pueblo, como PriceWaterHouseCoopers. Al sr. Sevilla se le podrá acusar de muchas cosas pero, desde luego, que carezca de sinceridad ideológica no es una de ellas. “Para evita terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario”, ha afirmado. Confía en que esta posición favorezca a Pedro Sánchez, en tanto y cuanto logre reeditar el pacto con Ciudadanos y alcanzar con él más escaños que la fuerza vencedora en las próximas elecciones del 26-J; pero también, de paso, defiende públicamente lo que muchos otros dirigentes y portavoces de su partido desean pero no se atreven a decir públicamente: que se deje gobernar al PP si es Rajoy quien logra sumar más escaños en solitario, con el partido de Albert Rivera u otras fuerzas políticas. La gran coalición en diferido de la que algunos ‘malpensados’ vienen alertando desde hace meses. Cualquier cosa, en definitiva, menos que Unidos Podemos pueda llegar al gobierno del estado.

Después de estar durante todo un debate televisado acusando en falso, sin demasiada efectividad discursiva, a Unidos Podemos de querer salir del euro vía documento ideológico del PCE, Jordi Sevilla afina el tiro y dispara al corazón mismo del asunto: el sistema es lo primero. Ya lo decía su antiguo compañero de partido, Nicolás Redondo Terreros, en un artículo publicado en el diario El Mundo este pasado martes: “El inevitable estrés electoral no debería llevar a los partidos del sistema a basar su futuro próximo en el éxito de formaciones que nos amenazan con la viejísima tendencia española de volver a empezar. Tampoco deberían hacer cálculos postelectorales mirando a esos partidos que basan su política en una impugnación general a todo lo realizado desde 1977. Rajoy cometerá su primer error durante la campaña electoral si cree que puede beneficiarse fortaleciendo a Pablo Iglesias, Pedro Sánchez erraría si piensa apoyarse en Podemos para gobernar; en ambos casos estaríamos en el principio del fin del sistema”. O como diría recientemente el ex presidente Aznar: “Es necesario abandonar de inmediato cualquier tentación de polarizar…retomar…tareas destinadas a vincular, acercar, consensuar, ayudar, incluir, confiar y acordar”. Todo por el régimen, todo por el triunfo y la continuidad del sistema. La prioridad es una: que Unidos Podemos no llegue al gobierno de ninguna de las maneras. Todo lo demás es secundario.

Jordi Sevilla, además, sabedor de que las encuestas pintan feas para los intereses de Pedro Sánchez y su equipo, no desaprovecha la oportunidad de intentar dibujar, en el horizonte, un escenario que pueda servir como salvavidas al soldado Sánchez. Se trata de que los “partidos del sistema” sean capaces de llegar a un acuerdo preelectoral que haga posible garantizar que Unidos Podemos no será gobierno pase lo que pase y de paso, valga la redundancia, desplazar a las urnas la decisión final en un cuadro de posibilidades donde el PSOE no quede muerto y enterrado de antemano. O dicho de otro modo, una vez que los partidos del régimen se garantizan que Unidos Podemos no tocará gobierno, que los ciudadanos decidan en las urnas: Un gobierno del PP, apoyado en Cs y con abstención del PSOE, o un gobierno de PSOE con Ciudadanos y la abstención del PP. Si el PP es capaz de sacar más diputados en total que la suma del pacto PSOE-Cs que gobierne el PP. Si, en cambio, la suma PSOE-Cs es capaz de superar en escaños a lo que el PP obtenga en solitario, que gobierne Pedro Sánchez. De fondo ese es el escenario que ha pretendido dibujar Jordi Sevilla con su nada inocente tuit.

Rivera le compra el acuerdo. Ya pactaron hace meses y esta campaña es claro que se han repartido los papeles al gusto de los intereses de cada cual. Lo pudimos ver en el debate del pasado lunes, pero no solo en eso.  Ambas campañas avanzan descaradamente por la senda de un pacto, tácito o explícito, de no agresión mutua (suavidad en las declaraciones cruzadas y puesta en valor del acuerdo de ‘gran centro‘ alcanzado previamente). Cs ataca al electorado joven de Podemos: somos los únicos jóvenes audaces y responsables; queremos un gobierno moderno, dinámico, constitucionalista y europeísta.

Podemos quiere importar el modelo desastroso de Venezuela y Grecia, y ha dejado de ser nuevo porque han pactado con los comunistas, etc. etc. El PSOE, por su lado, ataca al electorado media edad (40-60 an?os) de Podemos: somos pragmáticos, serios, con experiencia de gobierno y los únicos capaces de frenar a una vez a Rajoy y Pablo Iglesias, garantizando un gobierno responsable y progresistas.  Explotan el esquema “centro-extremos” cada cual señalando principalmente un enemigo. Cs se presenta como el centro-derecha liberal, moderno y honesto, frente a un PP viejo y corrupto. El PSOE hace lo propio como el centro-izquierda moderado y reformista, frente a un Podemos extremista. Cuando es necesario se unen a Unidos Podemos para atacar al PP por la corrupción y los recortes, y cuando es necesario se unen al PP para atacar a Unidos Podemos por los sillones (CNI, Defensa, etc.), sus vínculos al radicalismo griego-venezolano, etc. Y siempre que pueden, ambos, ponen en valor su acuerdo de “Gran Centro”. Lo tienen hecho.

Solo falta, pues, que el PP acepte el guante. Basta con que el PP acepte el desafío para que la actual polarización entre PP y Unidos Podemos se convierta, de facto, en una polarización entre PP y el bloque de “Gran Centro” PSOE-Cs. Unidos Podemos, incluso aunque ganara las elecciones, quedaría así eliminado de toda opción de gobierno. González, Guerra, Aznar, Prisa, Unidad Editorial, Vocento, el IBEX, y demás poderes fácticos y mediáticos que llevan meses señalando la “irresponsabilidad” de PP y PSOE, recontentos. La irresponsabilidad de repetir unas elecciones que pueden acabar con Pablo Iglesias en la Moncloa es algo que el régimen no puede aceptar. Con esta fórmula sus llamadas al orden se verían satisfechas y el 26-J sería un mero trámite. Ganase quien ganara, ellos ganarían, que es de lo que se trata. Los experimentos con gaseosa. Bastaría esperar a que las urnas dieran una mayoría parlamentaria a uno u otro, a PP o a PSOE-Cs, y que a quien el Dios-Pueblo se la dé, que el San Pedro-régimen se la bendiga.

El problema es que el PP no está en disposición de aceptar algo así, y eso lo dificulta todo. Arriesga demasiado como partido como para jugar al cara o cruz electoral, por más que le presionen desde los mencionados actores mediáticos y económicos. Sabe leer la historia y ver la realidad, y tomaron nota. Tras la descomposición del sistema de partidos en su día, por ejemplo en Grecia o en Uruguay, fueron Nueva Democracia y el Partido Nacional (Blancos) los que lograron sobrevivir y encontrar su papel privilegiado en tanto fuerza conservadora del nuevo régimen. Al Pasok y al Partido Colorado, respectivamente, les quedó un papel de fuerza residual en el nuevo arreglo partidario. Por eso mismo, el PP se autonomiza respecto a los intereses plutocráticos, apechuga, aguanta. Sabe que si persevera en su posición de fuerza hegemónica del bloque conservador, apenas pase la tempestad, su lugar en el “sistema” estará garantizado como actor decisivo dentro de las dinámicas políticas del nuevo escenario, sea cual fuere ese escenario final y los cambios que puedan producirse en las alternativas políticas. Poniendo con ello a buen recaudo unas decenas de cabezas de sus principales dirigentes.

Pero Jordi Sevilla lo intenta: por intentarlo que no quede. Si deben entregar al PSOE en sacrificio en manos de los intereses del PP al menos que sea pudiendo justificarlo con una puerta abierta hacia la Moncloa que, de otra manera, tiene imposible. El que no arriesga no gana, que se suele decir. Buena jugada si le saliera. Y si para ello hay que entregar la cabeza de Sánchez por la de Rajoy, que así sea; daños colaterales en pos del “bien del régimen”.

Aunque, eso sí, mucho mejor hubiera sido la jugada de haber ido juntos en coalición a estas elecciones PSOE y Ciudadanos. Esa sí que hubiera sido buena de verdad. Pero estaban tan obsesionados con que Podemos les arrebatara la hegemonía de la izquierda, unos, y tan pendientes en presentarse como partido “bisagra” del régimen, otros, tan pendientes, en definitiva, de los movimientos ajenos, que no se dieron cuenta de lo beneficioso que podría haber sido para ambos tal acuerdo. Hubiera bastado con presentarlo como una alianza electoral-coyuntural, basada en los 200 puntos de su acuerdo previo, a objeto de que fuese la ciudadanía, con su voto, la que ratificara o no el acuerdo de gobierno que los “extremos” (PP y  Unidos Podemos) le habían “bloqueado” en las sesiones de investidura pasadas. Todo, por supuesto, por el bien de España y por la gobernabilidad del estado. Habrían conseguido convertir estas elecciones en un plebiscito sobre su acuerdo de “Gran Centro”, ser el centro de todos los ataques, llevar en todo momento la iniciativa electoral y mediática, y convertirse, al menos de partida, en primera opción electoral. Hubiera sido entonces el PP que, sin más remedio, tendría que haber movido ficha para ofrecer un acuerdo pre-electoral a lo Jordi Sevilla. Pero no lo vieron, no pudieron verlo o no se atrevieron. Peor para ellos.

Ahora lo cierto es que una coalición entre los presuntos tercero y el cuarto partido en las elecciones para intentar formar gobierno podría ser todo un espectáculo digno del mejor surrealismo político y restaría bastante credibilidad al intento, algo que en última instancia acabaría beneficiando los intereses a medio plazo de Unidos Podemos. Aunque, ojo, con acuerdo o sin acuerdo con el PP, tal y como van las cosas, no descarten ese escenario. Jordi Sevilla sabe de lo que habla.
Fuente: Público.es

lunes, 13 de junio de 2016

Empieza la campaña electoral española (y también la campaña de calumnias)


 
 

Yanis Varoufakis

 
Sí, ha comenzado la campaña de las elecciones generales en España y las fuerzas regresivas han decidido comenzar su campaña de calumnias tomando como blanco a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona y una de las impulsoras del Movimiento por la Democracia en Europa25 (MDeE25, DiEM25). ¿Las acusaciones? Haber recurrido a fondos municipales para llevarme a Barcelona. Por supuesto, que se trate de una mentira no es algo que preocupe a gentes de derechas como las de Ciudadanos, que hace profesión de limpieza de la política a la vez que calumnia a camaradas como Ada Colau.
Y ahora la verdad (para aquellos que ansíen conocer los hechos):
Estuve, desde luego, hace bien poco en Barcelona (véase en mi página la foto y el video https://yanisvaroufakis.eu/2016/06/10/spanish-election-campaign-begins-a...). Y estuve allí con el fin de sumarme al primer aniversario de la espectacular victoria de Ada, que la convirtió en alcaldesa de Barcelona. Salvo que todos los gastos de viaje los pagué yo. Puede verse el recibo aquí [ https://varoufakis.files.wordpress.com/2016/06/invoice-varoufakis-travel... (el coste total incluía dos billetes de avión, para mí y para mi mujer, y dos habitaciones de hotel, una para nosotros y otra para un compañero del MDeE25 ).
Además, en febrero de 2015, siendo ministro de Finanzas de Grecia, recibí una invitación para participar en un festival de ideas organizado por el anterior gobierno municipal de la ciudad de Barcelona, en el que tomaron también parte otros conferenciantes, como Anthony Giddens, Loreta Napoleoni, Owens Jones y Judith Butler. A todos los invitados se les ofreció alojamiento, transporte y los mismos honorarios. Pese a haber aceptado la invitación, no pude asistir hasta varios meses más tarde. Para entonces, Ada Colau se había convertido en alcaldesa, pero yo acudí como invitado del alcalde anterior.
Los hechos son estos: el gobierno municipal de Barcelona de Ada Colau no me llevó nunca a Barcelona a expensas de la ciudad. Que se violente la verdad (por parte del Partido Popular y de un Ciudadanos debilitado) para impedir que la izquierda gane las elecciones es algo que no me sorprende. El estamento de poder dominante en todos los países de Europa carece de substancia intelectual y de cualquier clase de relato programático que pueda convencer al electorado. En consecuencia, sus representantes políticos recurren a la calumnia y a descaradas mentiras.
Personalmente, y en nombre de mis camaradas del MDeE25, me siento profundamente honrado cada vez que los desacreditados representantes políticos de una censurable clase dirigente intentan denigrarme. Como ya he dicho anteriormente, llevo con orgullo su odio.

exministro de finanzas del gobierno griego de Syriza, es Profesor de política económica en la Universidad de Atenas. Su libro El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012. 
 
Fuente original: https://yanisvaroufakis.eu/2016/06/10/spanish-election-campaign-begins-and-so-does-the-smear-campaign/

Traducción:
Lucas Antón
 
Fuente: SinPermiso

jueves, 9 de junio de 2016

¿En qué puede ser diferente esta campaña a la del 20D?


El 59 por ciento de los votantes del PSOE no quiere un pacto con Podemos
Iglesias y Sánchez se saludan en la anterior legislatura. EFE      

  • Una campaña electoral busca convertir y activar votantes, pero también el refuerzo de los propios. 
  • Ahora los partidos nuevos deben pelear más intensamente por retener a los del 20D, incluso cuando antes concurrían en solitario
  • El paréntesis de las negociaciones fallidas beneficia al Partido Popular, ya que se hablará mucho más de los pactos y menos de su gestión la legislatura pasada
  • El 59 por ciento de los votantes del PSOE no quiere un pacto con Podemos



Pablo Simón


1. La nueva política ya ha emergido


Un elemento clave para entender los resultados del 20 de diciembre es que había un desajuste muy fuerte entre la intención de voto publicada en las encuestas y la representación en el Congreso de los Diputados. Las convocatorias electorales de todo 2015 habían señalado, además, que este proceso de cambio político no era una burbuja demoscópica. Los comicios del 20D fueron unas elecciones de "realineamiento" cambiando los actores fundamentales de la competición. Tanto fue así que la fragmentación del Congreso fue récord, pasando a haber más partidos en la pasada legislatura que en las fundacionales de 1977. Además, la volatilidad electoral –el porcentaje de votos que cambiaron de manos– también fue importantísima: el 34% de los votos fueron a partidos que no tenían representación.
Esta situación es diferente en esta campaña del 26J básicamente porque Podemos y Ciudadanos ya han emergido. Es poco probable que veamos una volatilidad tan notable como la de los pasados comicios. Además, la campaña será importante pero, dado que las preferencias de los votantes están más cristalizadas, probablemente lo será algo menos que el 20D. Esto es relevante por lo que toca a las estrategias de los partidos.

En las elecciones de diciembre los nuevos partidos se centraron básicamente en la conversión de votantes de otras formaciones; sólo había una ganancia neta. Eso podría cambiar cara al 26J. Como se explica en Aragón es nuestro Ohio, una campaña electoral busca convertir y activar votantes, pero también el refuerzo de los propios. Ahora los partidos nuevos deben pelear más intensamente por retener a los del 20D, incluso cuando antes concurrían en solitario.


2. Los partidos no parten de las mismas posiciones


En las pasadas elecciones generales la posición de arranque de los partidos era diferente a la actual, al menos por lo que toca a su fuerza relativa. Mientras que las encuestas actuales no dudan de que el Partido Popular seguiría siendo la fuerza más votada, los sondeos previos a la campaña del 20D apuntaban a un Ciudadanos crecido, generando dudas sobre qué formación podría quedar segunda, tercera o cuarta. Hasta cierto punto, los partidos nuevos jugaban con las expectativas que se tenía en ellos, pero existe un consenso establecido en que fue la campaña electoral de Podemos la que logró llevarlo a una posición a apenas 500.000 votos del PSOE, mientras Ciudadanos se desinflaba.

En la campaña que arranca la situación de partida es diferente por el cambio en la oferta política que supone la coalición preelectoral de Unidos Podemos. Prácticamente todas las encuestas apuntan a que este partido sería la segunda fuerza, aunque algunas lo den sólo en votos, otras tanto en votos como en escaños. Como se ha detallado antes en Piedras de Papel, esta coalición es una operación electoralmente rentable, una decisión con sentido estratégico. Ahora bien, esto también permite anticipar que los partidos cambiarán en su estrategia para reaccionar a este competidor.

El 20D hubo más ataques a Ciudadanos, pero esta vez el foco se pondrá en Unidos Podemos dada su posición de fuerza, especialmente en los núcleos más poblados. Es verdad que estos ataques podrían reforzar su estrategia de intentar capitalizar el voto útil de izquierdas en detrimento del PSOE, pero no será sencillo reproducir el "efecto Carmena" en Madrid.

Entre los activos más importantes de UP está la gran movilización de su electorado lo que es una buena plataforma de lanzamiento. Sin embargo, debe vencer tres obstáculos durante la campaña si quiere emular el éxito de Ahora Madrid. Primero, que la alcaldesa es menos divisiva que el cabeza de cartel de Unidos Podemos, lo que justifica que este partido busque una campaña más coral. Segundo, que los votantes socialistas en el Ayuntamiento podían hacer "split ticket" , votando a Ángel Gabilondo (PSOE) en la Comunidad y haciendo menos costoso coger otra papeleta para el Ayuntamiento. Ahora sólo hay una papeleta y su elasticidad puede ser menor.

Y finalmente, que el acuerdo con la izquierda se daba por hecho si PP y Ciudadanos no sumaban, con una lideresa que polarizaba mucho. Sin embargo, esta vez la quiebra de confianza entre los dos partidos de la izquierda pone en cuarentena un posible pacto, pudiendo minorar los trasvases.


3. Estos meses desde el 20D no han pasado en balde


Cuando tratamos el voto en ciencia política se suele decir que los ciudadanos pueden hacer dos cosas (no excluyentes). Por un parte, votar mirando al pasado, con el retrovisor puesto en la gestión del Gobierno anterior (voto retrospectivo). Por el otro lado, votar mirando hacia adelante, fijándose en lo que harán los partidos una vez estén en el Gobierno (voto prospectivo).

Pues bien, estos cuatro meses de negociaciones han supuesto un hito que "contamina" el voto retrospectivo, potencialmente de castigo, a la gestión del partido en el Gobierno. El paréntesis de las negociaciones fallidas beneficia al Partido Popular, ya que se hablará mucho más de los pactos y menos de su gestión la legislatura pasada. Esto, sin lugar a dudas, ayudará a que crezcan sus apoyos electorales.

Además, hay que pensar que el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos ha debilitado bastante la "señal de coalición". Es decir, así como en las autonómicas y municipales, y por lo tanto en las generales del 20D, se podía anticipar que PP pactaría con Ciudadanos y PSOE con Podemos, este proceso de negociación ha hecho todo más confuso para el votante. Cada día parece más claro que la solemnidad con la que se presentó aquel pacto fue un error. De nuevo, vuelven a estar diferentes opciones de gobierno sobre la mesa y los líderes no siempre son claros sobre bajo qué condiciones se daría uno u otro acuerdo.

En este sentido los socialistas afrontan una coyuntura más complicada esta campaña que el 20D. La división del votante socialista sobre los pactos –véase las preferencias por votante según MyWorld– lo colocan en una situación endiablada, también con riesgo de desmovilización de sus bases. Incidir en Podemos como fuerza de bloqueo es la única baza que tiene para cortar trasvases a la izquierda.

Por otra parte, los ataques de Ciudadanos a UP se entienden más fácilmente si se los ve como un intento de distanciarse del PSOE y taponar sus posibles fugas hacia el Partido Popular. Conviene recordar que pese a hablarse mucho del sorpasso en la izquierda la frontera más porosa electoralmente está justamente en el otro lado del hemiciclo, entre la formación de Albert Rivera y la de Mariano Rajoy. De este modo, aunque el PSOE ya lo hizo la convocatoria pasada, esta vez Ciudadanos también juega a defender.

Ser la principal novedad de esta campaña es la que permite a Unidos Podemos, al menos hasta cierto punto, no hablar de estos últimos meses de negociación. El desgaste de Podemos en los barómetros del CIS era evidente y en favor, casi exclusivamente, de Izquierda Unida. Hoy esa vía está taponada y esta coalición, al agregar los votos perdidos por la formación de Alberto Garzón, hace más probable que el bloque de izquierdas se acerque a los 170 escaños.

La paradoja es que ese cambio se produciría precisamente porque UP pasa a segunda posición, haciendo más probable un Gobierno del PP en minoría. Al fin y al cabo, las malas relaciones de los socialistas con Podemos y sus propias tensiones internas hacen dudar que acepte una presidencia de Pablo Iglesias. El PSOE en tercera posición quedaría atrapado en una situación compleja de gestionar sin importante coste político.

Todo está por ver en esta campaña electoral y, sabiendo que los electores deciden su voto cada vez más tarde, aún hay cierto margen para movimientos estas dos semanas. Por lo tanto, tómense las ideas anteriores como hipótesis más que como certezas. Ahora bien, eso no permite escapar de un hecho ineludible; lejos de ser una segunda vuelta a todo o nada, tras las siguientes elecciones los partidos deberán volver a sentarse a la mesa. Les tocará negociar para pactar un Gobierno y, lo que es más importante, pactar qué quieren hacer con él.

FUENTE: ELDIARIO.ES

España decide en segunda vuelta su papel en el desorden europeo



España decide en segunda vuelta su papel en el desorden europeo
La segunda vuelta de las elecciones generales decidirá el papel objetivo de España en el actual desorden europeo (Xavier Gómez)

   El 26J determinará el margen de maniobra del partido vencedor y el liderazgo de la izquierda
España decide en segunda vuelta su papel en el desorden europeo

Enric Juliana, Madrid

Comienza la segunda campaña electoral en menos de seis meses. Quince días, probablemente ásperos, confusos y combativos, para encontrar una salida al laberinto del 20 de diciembre. Después de siete años de severa crisis económica, los ciudadanos no quisieron que ningún partido tuviese la mayoría absoluta y de ese impulso surgió un Parlamento muy plural, con dificultades para la forja de una mayoría estable.

Seis meses después, hay enojo ante la ausencia de Gobierno , fastidio por un exceso de política politizada –la obsesión por los gestos y la inflación de declaraciones–, una cierta perdida de frescura de los nuevos actores, evidentes deseos de estabilidad, pero ningún dato apunta que la sociedad esté esperando el regreso de una fuerza con mayoría absoluta. La salida al laberinto deberá hallarse desde una compleja dinámica de cuatro o más partidos. Y seguirá siendo difícil.

Durante esos seis meses algunas cosas han cambiado. Las nubes en el horizonte económico se han oscurecido –las previsiones de crecimiento para los próximos dos años se están corrigiendo a la baja– y Europa se ha complicado. La campaña que esta noche comienza tendrá como principal hito internacional el referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea, el 23 de junio. No es probable que la decisión de los británicos influya en el voto de los españoles, pero la continuidad o no del Reino Unido en la Unión puede tener significativas consecuencias para la vida de los españoles dentro de unos años. El marco internacional es importante.

La segunda vuelta de las elecciones generales decidirá, por tanto, el papel objetivo de España en el actual desorden europeo. País medianamente estable en la cadena de naciones europeas en crisis. País sin gobierno, abocado a una inestabilidad crónica, en un momento de acumulación de tensiones y contradicciones en el espacio comunitario. Esa es la primera disyuntiva del 26 de junio. La visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama a España, entre el 9 y el 11 de julio, justo dos semanas después de las elecciones generales, más allá de la cortesía, tiene que ver con ese dilema. Una España crónicamente inestable preocupa en Washington, Bruselas y Berlín. El marco internacional es importante, pero en cualquier país las elecciones siempre son domésticas, tremendamente domésticas. El 20 de diciembre pivotaba alrededor de una gran incógnita: el peso real de las dos nuevas fuerzas políticas que pugnaban por entrar en el Parlamento, con un fuerte apoyo generacional: Podemos y Ciudadanos. Los dos nuevos partidos ya son una realidad instalada en el Parlamento. Ya forman parte de la nueva normalidad. Aunque la pugna entre lo nuevo y lo viejo no se ha evaporado, el 26-J estará más determinado por la tradicional tensión entre derecha e izquierda. Durante más de tres décadas, desde la defunción de la UCD de Adolfo Suárez, esa pugna la han monopolizado el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español. Podemos ha abierto cuña en esa dialéctica y Ciudadanos la sobrevuela. El 26 de junio se decidirá qué partido tiene más posibilidades de presidir el Gobierno y también qué formación encabeza la izquierda. No es poco.

Catalunya. El último episodio en el denso espacio nacional catalán, la ruptura de la mayoría parlamentaria independentista, pone a prueba al soberanismo en las urnas de junio –¿volverán a sumar 17 diputados?– y relaja el discurso dramático de que España se está rompiendo. La cuestión de Catalunya pervive, pero pierde intensidad en el catálogo de los miedos.
Fuente: La Vanguardia

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