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viernes, 2 de septiembre de 2016

Bernie Sanders: Doy mi apoyo a Hillary Clinton y otro tanto deberían hacer todos los que me votaron





Bernie Sanders


Han concluido las convenciones y han comenzado oficialmente las elecciones presidenciales. En las primarias, yo conseguí 1.846 compromisarios, un 46% del total. Hillary Clinton consiguió 2.205 compromisarios, el 54%. Logró 602 superdelegados, y yo, 48. Hillary Clinton es la candidata demócrata y yo la apoyaré enérgicamente.

Donald Trump sería un desastre y un bochorno para nuestro país si fuera elegido presidente. Su campaña no se basa en nada substantivo, ya se trate de mejorar la economía, nuestro sistema educativo, la atención sanitaria o el medio ambiente. Su base es la intolerancia. Trata de ganar estas elecciones fomentando el odio contra mexicanos y musulmanes. Ha insultado groseramente a las mujeres. Y como líder del movimiento “birther” [que cuestiona que Obama naciera en los EE.UU. y sea, por tanto, ciudadano norteamericano], ha tratado de minar la legitimidad de nuestro primer presidente afroamericano. No se trata solo de mi punto de vista. Es la perspectiva de una serie de republicanos conservadores.

En estos tiempos difíciles, necesitamos un presidente que una a nuestro país, no alguien que nos divida por raza o religión, no alguien que no sepa entender de qué trata nuestra Constitución.

Prácticamente en todas las cuestiones principales a las que se enfrenta el país y en lo que toca a las necesidades de las familias trabajadoras, las posturas de Clinton son netamente superiores a las de Trump. Nuestras dos campañas han trabajado conjuntamente para elaborar el programa más progresista de la historia de la política norteamericana. La campaña de Trump ha redactado uno de los documentos más reaccionarios.

Clinton comprende que [la decisión judicial sobre] Citizens United ha socavado nuestra democracia. Nombrará jueces que estén preparados para revocar esa decisión del Tribunal Supremo, que hizo posible que los multimillonarios compraran las elecciones. Sus nombramientos para el tribunal preservarán el derecho de las mujeres en materia de aborto, los derechos de los trabajadores, los derechos de la Comunidad LGBT, las necesidades de las minorías y los inmigrantes y la posibilidad de que el Gobierno proteja el medioambiente.

Trump, por su parte, ha dejado claro que sus nombramientos para el Tribunal Supremo preservarían la mayoría derechista de la corte.

Clinton comprende que en una economía global competitiva, nos hace falta tener la mano de obra más preparada del mundo. Ella y yo hemos colaborado en una propuesta que revolucionará la educación superior en Norteamérica. Garantizará que los hijos de cualquier familia de este país con ingresos por debajo de los 125.000 dólares anuales – el 83% de nuestra población – pueda acudir a a un colegio universitario o universidad públicos de matrícula gratuita. Esta propuesta reduce también de modo substancial la deuda estudiantil.

Trump, por contraposición, apenas sí ha dicho una palabra sobre educación superior.

Clinton comprende que en una época de ingentes ingresos y desigualdad de riqueza, resulta absurdo ofrecer enormes exenciones fiscales a los muy ricos. Trump, en cambio, quiere que las familias multimillonarias como la suya disfruten de cientos de miles de millones en nuevas exenciones fiscales.

Clinton se da cuenta de que el cambio climático va de versa, lo causa la actividad humana y es una de las grandes crisis medioambientales que afronta nuestro planeta. Sabe que debemos transformar nuestro sistema energético apartándonos de los combustibles fósiles y pasando de modo contundente a la eficiencia energética y la energía sostenible.

Trump, por el contrario, y como la mayoría de los republicanos, rechaza la ciencia de casi todos los principales investigadores en este campo. Cree que el cambio climático es un “fraude” y que no hay necesidad de encararlo.

Clinton entiende que este país tiene que ir hacia una sanidad universal. Quiere ver que todos los norteamericanos tienen derecho a escoger una opción pública en su atención sanitaria, que cualquier persona de 55 años o más debería poder optar a Medicare, y que debemos mejorar enormemente la atención sanitaria primaria mediante una expansión considerable de los centros de salud comunitaria. Quiere rebajar asimismo el coste escandalosamente elevado de los medicamentos recetados.

¿Y cuál es la postura de Donald Trump sobre la atención sanitaria? Quiere abolir la Ley de Atención Asequible [el llamado Obamacare], dejar a veinte millones de personas sin el seguro sanitario del que actualmente disfrutan y recortar el Medicaid de los norteamericanos de bajos ingresos.

Durante las primarias, mis partidarios y yo iniciamos una revolución política para transformar Norteamérica. Esa revolución continúa cuando Hillary Clinton trata de llegar a la Casa Blanca. Y continuará después de las elecciones. Continuará hasta que creemos un gobierno que nos represente a todos y no sólo al 1%, un gobierno basado en el principio de la justicia  económica, social, racial y medioambiental.

Comprendo que muchos de mis partidarios estén decepcionados por los resultados finales del proceso de designación del candidato, pero mostrarse abatidos e inactivos no va a mejorar nada. Seguir adelante y continuar la lucha es lo que importa. Y en esa lucha, la tarea más inmediata que afrontamos consiste en derrotar a Donald Trump.
Bernie Sanders
senador por el estado de Vermont y, hasta la reciente convención de Cleveland, candidato a la designación para concurrir a la carrera presidencial norteamericana por parte del Partido Demócrata.
Fuente original: Los Angeles Times, 5 de agosto de 2016
Traducción:Lucas Antón
Fuente: SinPermiso

domingo, 31 de julio de 2016

EE UU: Sanders, ¿es un progresista o un radical?

   



Mike Davis

Inmediatamente después del debate presidencial demócrata de anoche, Van Jones adelantó dos astutas observaciones: "ganó la clase", como lo hizo también el movimiento “Las Vidas Negras Importan” (Black Lives Matter). En el primer caso, por supuesto, fue gracias a la campaña de Sanders (aunque en realidad fue el ex senador de Virginia Jim Webb quien comenzó la revolución discursiva del debate al comenzar refiriéndose a "la gente trabajadora" en lugar de la "clase media"), mientras que en el segundo caso se trata de un homenaje a los miles que han seguido tan tenazmente en las calles y han interrumpido tan groseramente el mercadeo político habitual.

La pasión airada y la insubordinación juntas pueden tener éxito como si se tratase de la ira del Antiguo Testamento en el caso de nuestro hombre de Vermont. Por primera vez desde la elección de Ronald Reagan, el desplazamiento continuo hacia la derecha de los Republicanos no se ha reflejado en un desplazamiento equivalente y paralelo de los Demócratas para ocupar el espacio vacío.

Sanders - ¿podemos de verdad tener esperanza? - ha trazado una línea en la arena sobre la desigualdad económica, que las personas menores de treinta parecen apoyar abrumadoramente, y que aún pueden restar muchos votantes negros y latinos a las huestes de Hillary.

Y nadie desde Upton Sinclair ha explicado lo que es el "socialismo democrático" de una forma tan de sentido común y convincente: recuperar lo que le "corresponde en justicia" a la clase obrera de la renta nacional. Del mismo modo, su cruzada por una educación pública superior gratuita es una "reivindicación de transición" radical con más eco entre los jóvenes y los adultos jóvenes que cualquier otra propuesta que se haya presentado.

Pero las limitaciones del Sanderismo también son evidentes. La desigualdad económica no se atenúa gracias a las subvenciones públicas a los programas de igualdad de oportunidades en materia económica, una mayor igualdad de oportunidades para los negocios de propiedad familiar, o impuestos más altos. Para los socialistas la cuestión central es siempre la propiedad privada de los grandes medios de producción y la democratización del poder económico.

Aunque Sanders quisiera acabar con los bancos más grandes, no por ello defiende que sean de propiedad pública o que operen como empresas de servicios públicos. Lo mismo sucede con las empresas farmacéuticas. Esta incapacidad para plantear la cuestión de la propiedad fue también el talón de Aquiles del movimiento Occupy, del que Sanders se ha convertido en su candidato nacional.

Si se quiere trazar la genealogía del "1% frente al 99%", hay que remontarse no solo a William Jennings Bryan y el  Partido del Pueblo (People’s Party), sino especialmente a los Republicanos Progresistas que apoyaron la breve ofensiva del New Deal contra el poder de las grandes empresas, como el gran George Norris de Nebraska.

Eugene Debs - ver alguno de sus discursos - habló de la desigualdad siempre en el contexto de la propiedad y la toma de decisiones, de expropiar el poder de los plutócratas, no simplemente de subirles los impuestos. Sanders, al igual que los progresistas, quiere romper los monopolios y apoyar a las pequeñas empresas, no democratizarlos y convertirlos en propiedad pública. (Los sindicatos, por cierto, no fueron mencionados ni una sola vez en toda la noche.)

Por lo que se refiere a los asuntos internacionales, Sanders fue francamente una decepción total, como lo demostró su apoyo repetido a "intervenir en Siria sólo como parte de una coalición con los estados árabes." ¿Qué significa eso? Arabia Saudi, las monarquías del Golfo, el régimen militar asesino en Egipto. . . ¿de quién sino está hablando?

Tuvo una oportunidad de oro para apoyar a los kurdos y denunciar la masacre en Turquía, pero al parecer es queda fuera de los límites de una campaña centrada casi exclusivamente en la justicia económica en Estados Unidos. Del mismo modo, evitó deliberadamente disentir de las provocativas declaraciones de Clinton y Webb sobre la necesidad de hacer frente a Rusia y China.

Sanders es un gran populista económico, pero no un anti-imperialista. Sin embargo, en mi opinión, por ello mismo es más imperativo participar en la campaña de Sanders y criticarla desde dentro, como simpatizantes.
Mike Davis
profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).
Fuente:
https://www.jacobinmag.com/2015/10/hillary-clinton-bernie-democratic-presidential-debate/
Traducción:
G. Buster
Fuente: SINPERMISO

martes, 14 de junio de 2016

Estados Unidos, crecientemente inestable



Foto
Los precandidatos demócrata y republicano a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump, en actos de campaña en Washington Foto Afp y Ap 




Estamos acostumbrados a pensar la inestabilidad de los Estados cual si ésta se localizara primordialmente en el sur global. Es en relación con estas regiones que los expertos y los políticos en el norte global hablan de Estados fallidos donde ocurren guerras civiles.La vida es muy incierta para los habitantes de estas regiones. Hay un desplazamiento masivo de sus poblaciones y esfuerzos por huir de estas regiones hacia las zonas más seguras del mundo. Estas partes más seguras se supone que tienen más empleos y altos estándares de vida.
En particular, a Estados Unidos se le considera el objetivo migratorio de un gran porcentaje de la población mundial. Alguna vez esto fue cierto en gran medida. En el periodo que a grandes rasgos transcurrió entre 1945 y 1970, Estados Unidos fue la potencia hegemónica en el sistema-mundo y la vida para sus habitantes era, de hecho, mejor en lo económico y social.
Y aunque no era que las fronteras estuvieran exactamente abiertas para los migrantes, aquellos que pudieron llegar, de una u otra manera, lograron estar contentos con lo que consideraban una buena fortuna. Y otros, procedentes de los países de origen de los migrantes exitosos, siguieron intentando seguir sus huellas. En este periodo hubo muy poca emigración procedente de Estados Unidos –salvo, temporalmente, por asumir algún empleo muy bien pagado, como mercenarios económicos, políticos o militares.
La época dorada del sistema-mundo comenzó a deshacerse cerca de 1970 y se ha seguido desmadejando desde entonces de modo creciente. ¿Cuáles son los signos de todo esto? Hay muchos. Algunos de ellos al interior del mismo Estados Unidos, y algunos otros en las cambiantes actitudes del resto del mundo hacia este país.
En Estados Unidos estamos atravesando una campaña presidencial que casi todos califican de inusual y transformadora. Hay grandes números de votantes que se han estado movilizando contra elestablishment, muchos de ellos entrando por primera vez en el proceso de votación. En el proceso republicano, Donald J. Trump ha construido su búsqueda de la nominación montándose precisamente en la ola de un descontento así. Alentando de hecho tal descontento. Y parece haberlo logrado, pese a todos los esfuerzos de quienes se podría pensar que son los republicanostradicionales.
En el Partido Demócrata el relato es similar, pero no idéntico. Un senador, previamente oscuro, Bernie Sanders, ha sido capaz de montarse en el descontento verbalizado con una retórica más de izquierda y, para junio de 2016, ha estado conduciendo una muy impresionante campaña contra la candidatura de Hillary Clinton, postulación que alguna vez se pensó que no era desafiable. Aunque parece que no obtendrá la nominación, ha forzado a Clinton (y al Partido Demócrata) mucho más hacia la izquierda de lo que parecía apenas hace unos cuantos meses. Y Sanders logró esto sin nunca haberse presentado en una elección como demócrata.
Pero, uno puede pensar, esto se va a calmar una vez que la elección presidencial se decida y prevalezcan de nuevo los juicios políticos centristas normales. Hay mucha gente que predice esto. Pero, ¿cuál entonces será la reacción de aquellos que expresaron vocalmente su respaldo por sus candidatos precisamente por no proponer políticas centristas normales? ¿Qué pasará si se desilusionan de sus campeones actuales?
Necesitamos mirar en otro de los cambios que ocurren en Estados Unidos. El New York Times publicó un artículo de primera plana el 23 de mayo acerca de la violencia con armas, a la que calificaba de interminable pero nunca escuchada. El texto no abordaba los tiroteos masivos con armas que llamamos masacres, que están muy documentados y que consideramos aterradores.
En cambio, el artículo persigue los tiroteos que la policía tiende a llamar incidentes y que nunca llegan a los periódicos. Describe uno de tales incidentes en detalle y le llama “la instantánea de una fuente diferente de violencia masiva –una que surge con regularidad anestésica y que resulta casi invisible, excepto para los casi siempre negros, sean víctimas, sobrevivientes o atacantes”. Y los números suben.
Conforme crecen estas muertes por violencia, interminables y nunca escuchadas, ya no es tan descabellada la posibilidad de que vayan más allá de los confines de los guetos negros a las zonas no negras en las que habitan muchos de los desilusionados. Después de todo, los desilusionados tienen razón en una cosa: la vida en Estados Unidos ya no es lo que era. Trump ha utilizado como consigna el de nuevo hacer grande a América. El de nuevo se refiere a la época dorada. Y Sanders también se refiere a una época dorada previa, donde los trabajos no se exportaban al sur global. Aun Clinton parece ahora mirar hacia atrás en busca de algo perdido.
Y no se trata de olvidar una forma más fiera de la violencia –la propagada por un grupo de milicias contrarias al Estado, todavía un grupo pequeño que se hace llamar Citizens for Constitutional Freedom (CCF) o Ciudadanos por la Libertad Constitucional. Éstos son quienes han estado desafiando al gobierno, porque les veta tierra para su ganado y, de hecho, para que la usen. La gente de CCF dice que el gobierno no tiene derechos en esto y está actuando inconstitucionalmente.
El problema es que tanto los gobiernos federal como local no están seguros de qué hacer. Negocian por miedo a que afirmar su autoridad no sea muy popular. Pero cuando las negociaciones fallan, el gobierno finalmente utiliza su fuerza. Esta versión más extrema de la acción se va a esparcir pronto. No es cuestión de moverse a la derecha, sino hacia una protesta más violenta, una guerra civil.
Todo este tiempo Estados Unidos realmente ha ido perdiendo su autoridad en el resto del mundo. De hecho, ya no es hegemónico. Quienes protestan y sus candidatos han estado notando esto pero lo consideran reversible, pero no lo es. Estados Unidos es ahora un socio global considerado débil e inseguro.
Esta no es meramente la visión de los Estados que en el pasado se han opuesto con fuerza a las políticas estadunidenses, como Rusia, China e Irán. Esto es también cierto para los aliados presumiblemente cercanos, como Israel, Arabia Saudita, Gran Bretaña y Canadá. A escala mundial, el sentimiento de confiabilidad de Estados Unidos en el ámbito geopolítico se movió de casi 100 por ciento durante la época dorada a algo mucho, mucho menor. Y empeora a diario.
Y como se ha vuelto menos seguro vivir en Estados Unidos, hay también un incremento estable en la emigración. No es que otras partes del mundo sean seguras, sólo más seguras. No es que los estándares de vida en otras partes sean tan altos, pero ahora han aumentado en muchas partes del norte global.
Por supuesto no todos pueden emigrar. Hay una cuestión de costo y de accesibilidad a otros países. Sin duda, el primer grupo que puede incrementar su emigración es el de los sectores más privilegiados. Pero esto, conforme comienza a notarse, hace crecer los enojos de las clases medias más desilusionadas. Y al crecer, sus reacciones pueden asumir un giro violento. Y este giro violento se retroalimentará en sí mismo incrementando los enojos.
¿Nada puede acaso aliviar las actitudes acerca de la transformación de Estados Unidos? Si dejáramos de intentar hacer grande a América de nuevo y comenzáramos por hacer del mundo un mejor lugar para vivir, podríamos ser parte de un movimiento en favor de un otro mundo. Cambiar el mundo entero de hecho transformaría a Estados Unidos, pero sólo si dejamos de pensar en una época dorada que no fue tan dorada para casi nadie más en el planeta.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/06/11/opinion/018a1mun

viernes, 10 de junio de 2016

Entre lo malo y lo peor




De acuerdo con un reporte divulgado el lunes por la agencia Associated Press (Ap), la ex secretaria de Estado Hillary Clinton ya cuenta con los delegados necesarios para obtener la nominación demócrata a la presidencia estadunidense, independientemente de los resultados de las elecciones primarias que se realizaron el martes en California, Nueva Jersey, Nuevo México, Dakota del Norte y Dakota del Sur. El cálculo de Ap se desprende del conteo de los votos obtenidos en los distintos procesos de elección locales y de un sondeo entre los llamados superdelegados, figuras prominentes del partido que pueden apoyar al aspirante de su preferencia en la Convención Nacional Demócrata en Filadelfia el próximo 25 de julio. De esta forma, puede darse por hecho que la competencia presidencial será entre Clinton y el republicano Donald Trump, quien ya no tiene rivales en su partido.

Tal circunstancia deja a la ciudadanía estadunidense ante una alternativa amarga. Por una parte, Clinton representa una política imperial revestida por un lenguaje políticamente correcto. La ex primera dama tiene conocidos compromisos con intereses corporativos que conforman un verdadero poder fáctico en el país vecino, lo que hace impensable que, en caso de ganar la elección, pudiera o quisiera imprimir un viraje en las políticas económica y exterior proempresarial que la han caracterizado de manera consistente, entre las cuales cabe incluir el respaldo a estrategias internacionales elaboradas por los llamados halcones, promotores de una versión extrema del belicismo y el injerencismo de la máxima potencia militar.

En contraparte, el bando republicano ofrece la candidatura impresentable de Donald Trump, cuya meteórica carrera política se ha nutrido básicamente –como lo señaló el filósofo y activista Noam Chomsky en entrevista publicada ayer en estas páginas– del miedo, la frustración y la desesperanza de la clase media predominantemente blanca y pobre, abandonada a su suerte por las políticas neoliberales de las décadas recientes. Por medio de la mentira y la demagogia xenófoba y chovinista, el magnate ha atizado los rencores sociales no sólo de los pobres y de los empobrecidos, sino incluso de sectores empresariales desplazados de la conformación de la oligarquía. La de Trump es, pues, una opción a todas luces indeseable.

Ante tal escenario, es de lamentarse que la sociedad del vecino país no haya podido catalizar la oportunidad de transformación representada por el candidato demócrata Bernie Sanders, cuyas propuestas constituyen una solución viable para empezar la urgente tarea de desmontar los poderes fácticos que se han apoderado de la democracia estadunidense.

Sin embargo, la imposibilidad de alcanzar la nominación presidencial demócrata no minimiza el principal logro de la campaña de Sanders: la toma de conciencia, por amplios sectores sociales, de fenómenos que hasta ahora permanecían ignorados debido a la desinformación producto del estrecho vínculo entre los medios y los grandes capitales: para millones de personas fue Sanders quien sacó a la luz que la guerra permanente, la expoliación y el saqueo practicado por los mencionados poderes en el resto del mundo son la otra cara de la imposición dentro de Estados Unidos de políticas de acumulación de la riqueza basadas en la depauperación de las mayorías y la devastación del tejido social. Es deseable que las enseñanzas y el impulso transformador que introdujo la propuesta del veterano legislador por Vermont fructifiquen a mediano plazo en una nueva alternativa de poder en el país vecino.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/06/09/opinion/002a1edi

fuente: Rebelión

miércoles, 11 de mayo de 2016

Sanders vence en Virginia Occidental y mantiene el pulso con Clinton


Sanders vence en Virginia Occidental y mantiene el pulso con Clinton
La imagen de Sanders sigue siendo un punto fuerte entre los jóvenes más progresistas (Frederic J. Brown / AFP)




Bernie Sanders ha ganado esta noche en las primarias demócratas de Virginia Occidental lo que le va a permitir mantener el pulso con Hillary Clinton, pese a la ventaja en delegados que le saca la ex secretaria de Estado. El viejo senador de Vermont que se define como “un socialista democrático” y propone una “revolución política” en Estados Unidos reconoce que “la carrera hace subida pero vamos a mantener la lucha hasta el último voto y hasta el último minuto”.
Teniendo en cuenta que para superar a Clinton, Sanders debería ganar en todos los estados que no han celebrado primarias con un 70% de los votos, algo que a día de hoy parece imposible, el resultado de Virginia Occidental tiene más importancia por el perjuicio que inflige a la candidata en su batalla frente al virtual candidato republicano, Donald Trump.
El magnate inmobiliario, sin rivales, sigue su paseo triunfal apuntándose ahora la victoria en Virginia Occidental con más del 70% de los votos y probablemente también en Nebraska, un estado que también celebraba hoy primarias republicanas, y donde Trump no partía como favorito en los sondeos antes de la renuncia de sus contrincantes. Eso le permitirá acumular más rápidamente los delegados que necesita para proclamarse oficialmente candidato.
El equipo de campaña de Hillary Clinton se pregunta ahora cómo se pueden tener dos rivales a la vez y no acabar locos. La aspirante demócrata pretende ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos pero a ser posible sin morir en el intento, y sus estrategas, mayoritariamente hombres, están al borde de un ataque de nervios, porque, de repente, se han visto asediados por todos los flancos. Bernie Sanders y Donald Trump son dos hombres distintos y distantes que ahora mismo comparten el mismo objetivo: vencer a Hillary Clinton.
Ocurre que Donald Trump se ha convertido en el virtual candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos antes de lo previsto y Hillary Clinton está tardando más de lo previsto en proclamarse candidata demócrata, porque su contrincante Bernie Sanders no sólo no da su brazo a torcer, sino que se ha vuelto cada día más beligerante con la ex primera dama. Así que Clinton se encuentra atrapada en medio de un fuego cruzado que le está ocasionando un desgaste político enorme. “Cada dólar que gasta y cada vez que tiene que defenderse de un ataque o responder a una acusación de Sanders, es tiempo y dinero que no dedica a combatir a Trump”, lamentaba en Politico Joe Trippi, un estratega demócrata.
La cuestión es que siendo Clinton la favorita para la presidencia, los sondeos no la ubican en su mejor momento ni le pronostican nada bueno. De entrada le atribuyen varias derrotas seguidas frente a Sanders, hoy en Virginia Occidental y la semana que viene en Oregon. Son victorias pírricas de Sanders que no amenazan en absoluto la nominación de Clinton, pero el impacto psicológico de una derrota tras otra sí adquiere mayor importancia cada día. Donald Trump no desaprovecha subrayar la debilidad política que supone perder frente a un senador de 74 años que se declara socialista. Pero a partir de ahora el problema para Clinton se hace mucho mayor porque mientras Trump realiza un paseo triunfal por los estados que todavía celebran primarias alimentando su imagen como ganador, Clinton se las ve y se las desea para aparecer ante el electorado como la garantía de que Trump no será el 45º presidente de Estados Unidos. Los sondeos de ámbito nacional señalan que Trump sigue acortando distancias respecto a Clinton, pero ella aún le saca más de seis puntos. Más preocupantes le resultan tres sondeos en tres estados clave publicados ayer por la Quinnipiac University, según los cuales Clinton perdería con Trump por cuatro puntos en Ohio y su ventaja es de sólo un punto en Florida y Pensilvania. Y a todo ello hay que añadir que en todos los sondeos sin excepción Bernie Sanders aparece como un vencedor mucho más claro sobre Trump con una ventaja promedio de 13 puntos sobre el magnate de Nueva York.
Para colmo, la única noticia relacionada con Hillary Clinton que podría considerarse positiva de cara a su campaña, también resulta envenenada. Es la candidata que mayor recaudación ha conseguido en Wall Street. Y no sólo de financieros demócratas o centristas.También reconocidos hombres de negocios que apoyaron a Jeb Bush o Marco Rubio han decidido apostar ahora por la candidata demócrata, que les inspira mayor confianza que Trump. Según The Wall Street Journal, Clinton ha recibido hasta ahora el 53% de las donaciones del mundo financiero, mientras que Trump apenas llega al 1% y Sanders las rechaza. Rápidamente Trump ha elogiado a Sanders por ser el primero en denunciar que “Hillary Clinton está totalmente controlada por la gente del dinero y de Wall Street”. Pero como al magnate nadie le exige coherencia, después de decir eso y de presumir durante las primarias que él autofinanciaba su campaña, ha contratado a un exempleado de Goldman Sachs como recaudador de fondos. Dice que para ganar a Clinton necesitará 1.500 millones de dólares.

jueves, 7 de abril de 2016

Por qué son importantes las victorias de Cruz y Sanders en las primarias de Wisconsin


Sanders saca pecho al haber ganado siete de las últimas ocho primarias demócratas
Sanders saca pecho al haber ganado siete de las últimas ocho primarias demócratas


Sanders saca pecho al haber ganado siete de las últimas ocho primarias demócratas EFE

El triunfo de Ted Cruz le ayuda a alejar a Donald Trump de los 1.237 delegados que necesita para obtener la candidatura republicana
Aunque Sanders tendrá muy difícil llegar al nivel de Clinton, ya ha superado todas las expectativas y aún puede seguir haciéndolo
No se puede dar a nadie por perdido hasta que las matemáticas muestren que de verdad no tiene posibilidades de ganar 

The Guardian - Mona Chalabi


En teoría, las primarias de Wisconsin no son tan importantes. En ellas solo se elige a 138 delegados entre demócratas y republicanos. Pero en la práctica, llegados a este punto del calendario electoral, Wisconsin importa mucho. Y las victorias que Ted Cruz y Bernie Sanders cosecharon en la noche de este martes han ayudado a clarificar la carrera a la Casa Blanca. Sanders no es el único candidato que está yendo cuesta arriba hacia la nominación de su partido: las cosas tampoco serán fáciles para Donald Trump. El multimillonario neoyorquino afronta la posibilidad de una convención disputada.

La contienda republicana
Cruz obtuvo el 48% de los votos en Wisconsin, 13 puntos por encima de Trump (y a 34 de Kasich). Como Wisconsin es en gran medida un estado  winner-takes-all (en el que el ganador se lleva todos los delegados), esos resultados fueron suficientes para que el senador de Texas se hiciera con 36 de los 42 delegados a repartir. Esto ha puesto su total de delegados en 502. La cifra sigue por detrás de los 739 que tiene ya Trump, pero es significativa porque el triunfo del senador ayuda a alejar al magnate de la línea dorada de meta: los 1.237 delegados necesarios para obtener la candidatura republicana.

Las encuestas pronosticaban una victoria mucho más estrecha para Cruz. Los datos recogidos por Real Clear Politics apuntaban a una derrota de Trump por un margen de menos de cinco puntos porcentuales. Los sondeos también subestimaron a Sanders, que ganó a Clinton con una diferencia cuatro veces mayor de lo vaticinado.

Es probable que Cruz deba al menos una parte de ese éxito a la decisión de Marco Rubio de retirarse de la contienda republicana hace tres semanas. Unos días antes de su renuncia, las encuestas señalaban que Rubio y Trump estaban empatados en Wisconsin. A nivel nacional, parece que la mayoría de los seguidores de Rubio están eligiendo a Cruz como segunda opción y no a Trump, y los resultados de este martes sugieren una tendencia similar en Wisconsin.

Una parte de eso puede ser estratégica. Los republicanos que son conscientes de los datos electorales, ampliamente difundidos, pueden pensar que Cruz es su mejor apuesta para dejar fuera a Trump. Las adhesiones que ha cosechado el senador también pueden haber ayudado a consolidar esa percepción. Cruz tiene ahora el apoyo de 39 cargos electos, mientras que Trump y el gobernador de Ohio, John Kasich, tienen 11 entre los dos.

Esos factores han podido ser influyentes en Wisconsin, donde la participación electoral fue del 73,2% en 2012 (la segunda cifra estatal más alta del país), pero no tienen por qué ser tan importantes en otros lugares. De forma similar, puede haber sido más fácil para Cruz recoger votos en un estado que tiene un 71% de cristianos de lo que le resultará hacerlo dentro de dos semanas en Nueva York, donde solo el 60% de los adultos son cristianos.

A partir de encuestas a seis expertos políticos, FiveThirtyEight predice en una proyección que las 16 votaciones republicanas que quedan darán a Trump un total de 1.201 delegados, una cifra ligeramente inferior a los 1.237 que necesita para hacerse con la candidatura del partido. Sin embargo, esos analistas podrían estar equivocados: Trump aún podría conseguir sobrepasar la línea de meta. En cualquier caso, las primarias republicanas que están por venir serán vigiladas de cerca.

La contienda demócrata
A pesar de su primer puesto, Sanders también pasó una noche complicada. Consiguió el 57% de los votos, con una diferencia significativa respecto al 43% de Hillary Clinton. Al contrario que los republicanos, los demócratas reparten a los delegados de forma proporcional en función del porcentaje de votos. Por tanto, al final Sanders pudo sumar 45 delegados a los que había ganado en las primarias hasta el momento.

Esto aún lo sitúa 249 representantes por detrás de la exsecretaria de Estado. La distancia se eleva a la cifra aún mayor de 687 al tener en cuenta la abrumadora ventaja de Clinton en superdelegados, élites del partido que pueden votar a quien quieran sin depender de los resultados de las primarias.

Dicho esto, Sanders aún no está fuera de juego. La retórica de sus discursos se centra en mostrarlo como un supuesto perdedor subestimado que está construyendo "impulso" ( momentum). Tiene una ventaja. Aunque es cierto que los resultados actuales señalan que será muy difícil para Sanders superar a Clinton, el candidato socialista ya ha superado todas las expectativas y aún puede seguir haciéndolo.

Por supuesto, los delegados y los porcentajes de voto son lo que cuenta políticamente, pero los números de votos también deberían importar: al menos porque representan a votantes individuales. En eso Sanders también tiene mucho que recuperar. Clinton ha tenido 2,5 millones más de votos que Sanders hasta el momento.

Los resultados de Wisconsin muestran que la disputa para elegir a los candidatos a la presidencia en 2016 sigue siendo competitiva. En otro giro extraño de estas elecciones, después de Wisconsin tanto Trump como Sanders necesitan el 58% de los delegados restantes para hacerse con la nominación. Eso será difícil en ambos casos. Ningún candidato puede dormirse en los laureles, y ningún experto puede permitirse dar a nadie por perdido hasta que las matemáticas muestren que de verdad tiene cero posibilidades de ganar.

Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: The Guardian, eldiario.es

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