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miércoles, 21 de agosto de 2013

OBAMA Y SU DOBLE RASERO MUNDIAL




Obama a Putin: Haz lo que yo te diga, no lo que yo haga...


Por Adrián Salbuchi, Information Clearing House
Traducción: Enrique Prudencio para Zona Iquierda

La disputa entre EE.UU. y Moscú sobre la extradición de Snowden ha alcanzado un nuevo nivel de tensión después de que Barack Obama cancelara una cumbre acordada con bastante antelación con el presidente ruso Vladimir Putin, mostrando de nuevo el juego político del doble rasero que tanto practica EE.UU.
Todo empieza cuado Putin finalmente decide conceder asilo político al “filtrador” de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Edward Snowden, haciendo oídos sordos a una directiva personal de Obama que ordena entregar a Snowden a EE.UU. Al tomar la decisión de no entregar a Snowden a los norteamericanos, Putin muestra su creciente rechazo a la estrategia hegemónica norteamericana de la estaca y la zanahoria y el doble discurso.
Ambos presidentes habían acordado celebrar una cumbre en Moscú el mes de septiembre para tratar de temas bilaterales pero, leyendo entre líneas, se puede percibir la creciente frustración que EE.UU. y sus principales aliados globales sienten respecto de Rusia y China, las dos únicas grandes potencias que pueden hacerles frente, trayendo en alguna medida el equilibrio tradicional de fuerzas al mundo de nuestros días; aunque sea inseguro y frágil.
Revelación
Al igual que con Julián Assange, el caso de Edward Snowden es muy conocido en todo el mundo: ambos estaban en una posición que les permitía acceder a la información oculta detrás de la cortina y salieron a pecho descubierto mostrándosela al público. Si las pruebas son los hechos, la rabia y la ira de Norteamérica y sus aliados prueban que la información rebelada es auténtica, por lo cual una gran parte de la opinión pública mundial aclama a Smowden y a Assange como auténticos héroes y luchadores por la libertad.
Porque cuando se trata de evaluar los verdaderos motivos y actividades inconfensables así como los objetivos que se encuentran detrás de los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido y la política interior y exterior de Israel, en millones de pueblos y aldeas puede que estos días ser perciba un olor a algo definitivamente muy podrido y no precisamente en Dinamarca.
Si, como todos creemos, las élites del poder global supranacional están incrustadas en el interior de las estructuras del poder político de los países clave – especialmente EE.UU. y el Reino Unido – entonces está claro que su talón de Aquiles es la revelación de todos y cualesquiera de sus crímenes, su intromisión en los asuntos internos de otros países, su participación directa o indirecta en los ataques de falsa bandera, su apoyo a regímenes criminales siempre que sirvan a sus propósitos e invasiones asesinas, arrasamiento y ocupación de países que nada les han hecho, como Irak, Afganistán, Palestina, Libia y los que sigan; su financiación obscena y apoyo a terroristas, grupos armados, mafias y gangs en Siria y otros lugares, bajo la cobertura de “la primavera árabe”.
Ahora, si dar asilo temporal a un contrariado ex agente operativo de 30 años de la Agencia de Seguridad Nacional como Snowden produce tal impacto en la estructura de poder de EE.UU. – a tal punto que lleva al presidente de EE.UU. a cancelar una cumbre crucial con el presidente de Rusia – entonces solo nos queda preguntarnos por el miedo y los temblores que deben sentir cuando aborden las “brechas de las seguridad”, potencialmente muco más graves.
¿Qué pasaría si un grupo bien organizado de verdaderos profesionales empleados de la casa, se convirtiera en un grupo de intrusos verdaderamente poderoso y decidiera enfrentarse a Washington, Nueva York, Londres y Tel Aviv con la evidencia indiscutible y las pruebas de sus delitos y de sus criminales autores? ¿Qué pasa si por ejemplo alguien viene con una prueba completa e irrefutable de toda la verdad oculta detrás del 9-11? ¿O de Irak y Libia? ¿O de Wall Street en 2008? ¿O de Londres 7-7…?
Rusia y China: los enemigos de EE.UU. del siglo XXI
Las hegemonías mundiales odian de forma natural a los países que se encuentren en pie de igualdad con ellas, que es exactamente lo que Rusia lleva haciendo desde hace una década. En la ONU, donde Rusia ha sido más acomodaticia con los intereses de EE.UU., después de que EE.UU. respaldara el monstruoso asesinato del líder de Libia Muammar Gaddafi transmitido en directo por televisión y el rapto y violación de Libia en 2011, parece que Moscú quedó bastante harto.
Asesinar líderes mundiales para provocar risitas entre dientes de Hillary Clinton al verlo en directo por la cadena CBS, definitivamente no está en el orden del día de Moscú.
Un cambio fundamental en la política exterior rusa se puede observar también en los casos de Irán y, más significativamente, en Siria, aliado tradicional de Rusia.
EE.UU., Reino Unido e Israel saben muy bien que aunque se siguen financiando las peores bandas terroristas, mafias, asesinos, traficantes de armas y agentes de Al-Qaeda –bajo la general denominación de “luchadores por la libertad”– contra el gobierno de Bashar al Assad, Rusia simplemente no se mueve.
El mensaje de Putin es claro: Occidente no se saldrá con la suya en Siria. Punto.
Muchos lectores posiblemente se estén preguntando, ¿qué hay de China? ¿No se supone que China es el objetivo clave del Pentágono en los próximos años, ya que sigue creciendo y creciendo y su economía pronto superará a la de EE.UU.?.
Si, pero eso solo es la economía y, por supuesto, China mantiene casi 2.000 millones de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU., lo que les proporciona la posibilidad potencial de causar estragos con solo liquidarlos a corto plazo en los principales mercados mundiales. China podría hacer que el dólar norteamericano se derrumbara como las torres gemelas del Centro del Comercio Mundial en 2001.
Pero EE.UU. sabe que China no va a hacer tal cosa, no ahora, de todos modos, ya que tiene más que perder con el colapso financiero de EE.UU. de lo podría ganar. China sabe que activar la devaluación masiva de los bonos del Tesoro sería contraproducente porque le explotaría en su propia cara.
Además, China no ha tenido nunca, ni tiene hoy en día, objetivos hegemónicos globales. China parece muy feliz de ser y seguir siendo la potencia indiscutible del Sudeste Asiático y el Pacífico Occidental, algo que está en fuerte contradicción con los designios de EE.UU./Reino Unido/Israel que aspiran conjuntamente a dirigir el mundo en su totalidad: política, territorial, y económicamente, e incluso tratan de imponer sus propias leyes y tribunales.
Además, China tiene algunos conflictos abiertos. Tibet, Taiwán, tal vez un par de islas en disputa con Japón, pero eso es todo básicamente. Su lucha se centra en el escenario económico y los recursos naturales.
Ahora, comparemos esto con los conflictos permanentes de EE.UU. y sus aliados, que agitan Oriente Medio, África, América Latina, Europa Central, etc.
A China no hay necesidad de refrenarla, se auto controla y es autónoma. EE.UU. y sus aliados, en cambio, deben ser refrenados y vista la forma en que van las cosas, a medio o largo plazo deberán ser frenados en seco.
Rusia podría tener mucha menos influencia económica que EE.UU., pero sin embargo, el Kremlin siempre ha tenido claros sus objetivos geopolíticos a largo plazo; inteligentemente diseñados y planificados desde el tiempo de los zares, mejorados bajo los bolcheviques y hoy bajo un liderazgo maduro, coherente y consecuente.
Para Rusia no solo existen objetivos globales, Rusia entiende el mundo y sus complejidades multiculturales mucho mejor que EE.UU. Por eso, Rusia sólo se ve equiparada con Gran Bretaña… y China.
Así que ahora EE.UU. volverá caer a su escatología del “imperio del mal”, “Rusia poniendo un pie en su camino hacia la democracia” ¿Rusia soportando la retórica que se utiliza con los chicos malos?
La verdad es que Rusia está contribuyendo a desenmascarar la decadencia social y política norteamericana, su debilidad financiera y su psicopatía imperial en grado extremo.
Cuando Rusia se enfrenta a Norteamérica, muestra fortaleza, personalidad y autoestima. El mundo observa y aplaude.
El doble rasero
El 7 de agosto, Obama apareció en el popular programa de Jay Leno “Tonight Show”, gimoteando y quejándose de Putin, acusando a Moscú de volver a caer en los “modos políticos de la guerra fría”. Enumeró las quejas y lamentos de EE.UU. contra Rusia: la defensa antimisiles y el control de amas, las relaciones comerciales, la seguridad mundial, los derechos humanos, la sociedad civil…y aconsejó a Putin “no mirar al pasado sino “pensar en el futuro ya que no hay razón que nos impida ser capaces de cooperar.”
Obama no parece comprender que pensar correctamente sobre el futuro requiere aprender de la experiencia del pasado. Abordar el asunto Snowden de forma aislada no es más que otro ejemplo del discurso de doble moral y el doble rasero de EE.UU.
Como recordaba a sus lectores el periodista Glenn Greenwald del periódico The Guardian de Londres el mismo día: mientras que Obama y los medios de comunicación de hoy en día expresan tanta angustia y preocupación sobre el asilo de Rusia a Snowden, parecen haber olvidado completamente los casos anteriores en que todo era al revés. Y no eran casos de un joven denunciante o filtrador de modales suaves que no ha matado una mosca, sino que estaban implicado los peores criminales y asesinos protegidos por EE.UU.
Por ejemplo, EE.UU. se negó a atender una petición de extradición de Italia de dos agentes de la CIA acusados del presunto secuestro de un clérigo egipcio en Milán en 2003 (New York Times, 28 de febrero de 2007) y más tarde, cuando el agente de la CIA Robert Seldon Lady se encontraba en Panamá, fue trasladado en avión de vuelta a EE.UU. para evitar la posibilidad de que pudiera ser extraditado a Italia (Washington Post, 19 de julio de 2013).
Después tenemos la negativa de EE.UU. a extraditar al anterior presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada, que huyó a EE.UU. apoyado por la CIA, donde se le dio asilo político en la práctica, para que no pudiese ser juzgado en su país, Bolivia, por genocidio y crímenes de guerra (The Guardian del 9 de septiembre de 2012). Bolivia aún sigue presentando reiteradas demandas de extradición a EE.UU., que sigue haciendo oídos sordos, mientras el genocida vive a cuerpo de rey con la fortuna que amasó a costa del genocidio del pueblo boliviano. También tenemos el caso de Luis Posada Carriles, acusado de participar en el atentado terrorista de un avión cubano en 1976 en el que murieron 73 personas. Su extradición a Venezuela también fue rechazada por EE. UU. (El Paso Times, 30 de diciembre de 2010).
Y la lista no termina ahí. En los últimos años Argentina, Uruguay, Chile y Brasil presentaron reiteradas solicitudes y requerimientos legales solicitando a EE.UU. la entrega de un tal Sir Henry A. Kissinger en busca y captura para interrogarle sobre sus largas décadas de complicidad en los crímenes cometidos por los regímenes militares apoyados por la CIA en esos países durante la década de 1.970, bajo una estrategia genocida que se dio a conocer después como “Plan Cóndor”.
Pero una vez más el Poder Global de la Elite Internacional respalda con todo su poder a sus niños con problemas como Sir Henry. El Juez español Baltasar Garzón llegó hasta Interpol para arrestar a Kissinger con el fin de interrogarle durante una visita a Londres, pero ¡Ay! En vano.
Ya no vamos a mencionar siquiera las repetidas solicitudes de extradición presentadas por los tribunales belgas contra el ex primer ministro israelí Ariel Sharon por sus crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, presentados en nombre de víctimas libanesas por sus juergas asesinas de 2001.
La lista es demasiado larga. Pero la doble moral es manifiestamente obvio que no parece molestar a los poderes hegemónicos globales, pues están demasiado acostumbrados a hacer siempre lo que quieren y a salirse con la suya.
E incluso cuando tienen que tomar algún riesgo, utilizan su irresistible influencia para jugar su juego de forma segura, como diciendo “vamos a lanzar una moneda: si sale cara ganamos, si sale cruz tu pierdes”.
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* Adrián Salbuchi es analista político, autor, orador y comentarista de radio televisión




lunes, 8 de julio de 2013

Héroes, cobardes y vasallos

 

Rafael Poch · · · · ·

07/07/13

Eduard Snowden

 

Europa ha vivido esta semana una de sus horas más vergonzosas y clarificadoras

Si este fuera un mundo decente, en su plaza mayor levantaría un monumento a Eduard Snowden. El joven ex agente americano ha informado al mundo de que el secreto y la privacidad en las comunicaciones, un derecho fundamental, no existe. Y lo ha hecho a sabiendas de lo que se jugaba. A sabiendas de que se enfrentaba a un poder enorme, el de su gobierno, que tortura, encarcela indefinidamente sin cargos, somete a un trato inhumano a disidentes similares como el soldado Bradley Manning, exento de cualquier posibilidad de juicio justo, y que ha normalizado la práctica del asesinato extrajudicial, incluso de ciudadanos americanos con cuatro casos conocidos, entre ellos un adolescente de 16 años.

Snowden sabía que su vida se vería arruinada por su decisión, que probablemente no volvería a ver a su familia ni podría regresar a su país, en caso de que no lo hiciera esposado. Conocía el precio de meterle el dedo en el ojo al Imperio, y a pesar de todo decidió actuar. Puso por delante su conciencia. La conciencia que insta a los funcionarios de su país, mediante juramento, a “defender la Constitución de los Estados Unidos, frente a enemigos externos e internos”. La conciencia a la que el Tribunal de crímenes de guerra de Nuremberg apeló, al proclamar tras la Segunda Guerra Mundial que, “los individuos tienen deberes internacionales que trascienden a la obligación nacional de obedecer, por lo que los ciudadanos tienen derecho a violar las leyes nacionales para impedir crímenes contra la paz y la humanidad”.

Por poner su consciencia por delante de su destino personal, Eduard Snowden merece ser admirado y públicamente reconocido por el común de sus semejantes. Es decir, es un héroe.

La siguiente pregunta es qué son el presidente Obama y los demás hombres de Estado que persiguen a Snowden por activa y pasiva, organizando su acoso mediante un potentísimo esfuerzo diplomático y policial, o colaborando en ese esfuerzo con episodios tan vergonzosos como la negación de espacio aéreo al presidente boliviano, por sospechas de que llevaba en su avión a Snowden. Y la respuesta a esa pregunta es que el Presidente Obama es, en el mejor de los casos, un rehén de un sistema irreformable, y que sus cómplices europeos son unos miserables vasallos.

Obama llegó a la presidencia sobre la crítica a la guerra iraquí de George W. Bush. No alteró la agenda de la “seguridad nacional” lanzada por el Imperio aprovechando la oportunidad brindada por los atentados del 11 de septiembre de 2001, sino que la enmendó. Se fue de Irak, pero apretó en Afg/Pak. Multiplicó el poder y la libertad del Joint Special Operation Command (JSOC) y potenció las operaciones de asesinato a cargo de los grupos de operaciones especiales y de los drones hasta una escala que los hombres de Bush ni siquiera soñaron. Prometió cerrar Guantánamo, la más conocida isla del archipiélago de cárceles y centros de tortura secretos sembrados por todo el mundo, pero no lo hizo.

En palabras de Noam Chomsky, Obama es otro presidente norteamericano criminal, uno más en la serie. Su campaña fue pagada por Wall Street, así que no había que hacerse muchas ilusiones desde el principio. El sociólogo americano Norman Birnbaum, no le niega a Obama algunas buenas intenciones de cambio, pero el caso es que no se ha opuesto a los asesinatos extrajudiciales de los drones -que frecuentemente precisan órdenes directas y personales suyas para ser ejecutados- ni a la vigilancia total, ni a tantas otras cosas,  por la sencilla razón de que es un “prisionero de ese aparato” de la seguridad nacional. Ese aparato, dice Birnbaum, “tiene sus propias leyes y sabe perfectamente como disciplinar a la gente”.

Birnbaum rememora los asesinatos de los Kennedy, el de Martin Luher King y otros personajes de la vida americana que llegaron a representar determinados riesgos de reforma, y estima que, “nuestro sistema tiene formas y maneras de advertir para que no se superen determinados límites”. “Creo”, dice Birnbaum en una entrevista con Deutschlandfunk, “que en el caso de Obama el presidente ha hecho para su persona esa lectura de nuestra historia”.

Enfrentado a una situación similar, Mijail Gorbachov fue valiente: su determinación de cambio y reforma fue por delante de su realismo y pragmatismo. Llegado el momento, prefirió quemarse a claudicar, confiando, quizá, en ser recompensado “por la historia”, sí, pero asumiendo claros riesgos físicos que incluyeron un golpe de estado contra él. Que algo así no haya sido posible en Estados Unidos, no tiene que ver tanto con la calidad de las personas, sino seguramente con el sistema.

Dándole la vuelta a lo que decía la derecha sobre el comunismo, que era un sistema “irreformable”, nuestra constatación nos lleva más bien a pensar lo contrario: el comunismo soviético fue tan reformable que hasta se autodisolvió. Lo que se demuestra irreformable y apunta a una dirección cada vez más inquietante, orwelliana y dictatorial, es el sistema de Estados Unidos. En cualquier caso, la pulverización de derechos fundamentales a la que estamos asistiendo, con los drones, los Guantánamos y las NSA, apunta hacia un régimen político en sintonía con el estado de cosas, dictatorial y oligárquico, que sugiere el orden socio-económico de la Gran Desigualdad. Dicho de la forma más simple: una sociedad de extrema desigualdad, desprovista de Estado social y regida por el interés de una minoría, precisa formas políticas duras y abolición de derechos fundamentales.

Llegamos así a los vasallos, a todos esos indignos pigmeos políticos que gobiernan el continente europeo, desde Lisboa a Atenas. La caza de Snowden llevada a cabo por los gobiernos de España, Portugal, Italia y Francia, alrededor del avión de Evo Morales, ha puesto en su lugar a la “comunidad de valores” transatlántica. Los europeos colaboran con la potencia que les espía para apresar a la persona que lo ha denunciado. De los gobiernos de España (bases militares, tránsito de vuelos de la CIA en el sistema Guantánamo, escudo antimisiles, etc), con cualquiera de los dos partidos, ya conocíamos el nivel de servilismo. Portugal es un país mas pequeño, la cínica flexibilidad italiana también era conocida, pero la indignidad de Francia en este episodio supera la expectativa del más escéptico. Europa ha vivido esta semana una de sus horas más vergonzosas y clarificadoras. Héroes, un presidente cobarde y unos miserables vasallos. Cada cual en su lugar.

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