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miércoles, 19 de octubre de 2016

El precio de la pérdida de rango

El águila calva, símbolo de los Estados Unidos de América.

por Thierry Meyssan


Washington trata de no perder terreno sin tener que desatar la Tercera Guerra Mundial para conservarlo, lo cual parece un objetivo imposible de alcanzar. Moscú le ofrece una puerta de escape en Siria y en Yemen. Pero si Estados Unidos opta por esa vía, tendrá que abandonar a algunos de sus aliados.


Desde que se rompió en Siria el cese de hostilidades del Aid, ha surgido un abismo entre el ambiente de despreocupación que las sociedades occidentales se empeñan en mantener y la grave preocupación de las sociedades rusa y china.

En Moscú, la televisión transmite imágenes sobre los refugios antiatómicos y juegos de equipos en campos de obstáculos para entrenamiento militar. Mientras tanto, en Washington se burlan de la paranoia de los rusos que creen posible el estallido de una Tercera Guerra Mundial.

Sin embargo, los Dos Grandes se envían entre sí mensajes que ponen los pelos de punta. A raíz de las amenazas estadounidenses de ataques aéreos contra Siria, Moscú suspendió el acuerdo sobre la limitación de los volúmenes de plutonio e hizo disparos de pruebas con 3 misiles intercontinentales para hacer ajustes en su sistema de lanzamiento de armas nucleares. El vocero de las fuerzas armadas rusas advirtió al Pentágono anunciando que el armamento de la Federación Rusa es capaz de destruir cualquier objetivo aéreo estadounidense, ya sean misiles de crucero o aviones, e incluso sus aeronaves “furtivas”. El jefe del estado mayor de las fuerzas terrestres de Estados Unidos respondió afirmando orgullosamente que en caso de guerra abierta las fuerzas aéreas y marítimas rusas y estadounidenses se neutralizarían rápidamente entre sí y que Washington ganaría durante las operaciones terrestres. Su discurso marcial no impresionó a los rusos, pero sí inquietó enormemente a los miembros del Congreso de Estados Unidos, al extremo que 22 congresistas escribieron al presidente Obama pidiéndole que se comprometa a no iniciar él una guerra nuclear recurriendo al arma atómica antes que el adversario. Por otra parte, Moscú dio instrucciones a sus diplomáticos en los países miembros de la OTAN para que sus familias regresen a Rusia, instándolos además a estar listos a repatriarse ellos también en cualquier momento.

Los romanos de la Antigüedad tenían un principio muy claro: Si vis pacem, para bellum, o sea «Si quieres paz, prepárate para la guerra». Eso quiere decir que, en caso de desacuerdo internacional, quien prevalece, sin guerra, es aquel que parece capaz de imponerse por las armas.

El hecho, en definitiva, es que la población rusa se prepara para la guerra –por ejemplo, esta semana 40 millones de rusos participan en ejercicios de evacuación de inmuebles y de lucha contra incendios– mientras que en Occidente la gente sigue con las narices pegadas a las vitrinas de los centros comerciales.

Por supuesto, siempre podemos esperar que el sentido común acabe imponiéndose para evitar la guerra mundial. En todo caso, las exhibiciones de músculo de unos y otros indican que lo que está en juego desde hace 5 años aquí, en Siria, no es lo que todos creen. Si lo que el Departamento de Estado buscaba al principio era concretar su plan de «primavera árabe» –o sea, el derrocamiento de los regímenes laicos de la región y su sustitución por la Hermandad Musulmana–, Rusia y China llegaron rápidamente a la conclusión de que el mundo no puede seguir bajo el control de Estados Unidos y de que ese país no puede seguir conservando un poder de decisión sobre la vida y la muerte de los pueblos de todo el planeta.

Al cortar el trayecto histórico de la Ruta de la Seda a través de Siria, y posteriormente también la nueva ruta de la seda a través de Ucrania, Washington detuvo el desarrollo de China y Rusia. Pero con eso también empujó a los dos países a establecer una alianza. La imprevista resistencia del pueblo sirio ha obligado a Estados Unidos a poner en juego su predominio mundial. El mundo, que se había hecho unipolar en 1991, con la operación «Tormenta del Desierto», está a punto de sufrir un nuevo cambio y hacerse nuevamente bipolar, incluso es posible que posteriormente se vuelva multipolar.

En 1990-1991, el cambio de orden mundial se concretó sin guerra –la invasión de Irak no fue la causa de ese cambio sino una de sus consecuencias. Pero el precio de aquel cambio fue el derrumbe interno de la Unión Soviética. El nivel de vida de los pueblos ex soviéticos se desplomó drásticamente, sus sociedades se vieron profundamente desorganizadas, sus riquezas nacionales fueron saqueadas en aras de la sacrosanta privatización y su esperanza de vida descendió en más de 20 años. Después de haber creído que estábamos asistiendo a la derrota del sistema soviético, hoy en día sabemos que el derrumbe de la Unión Soviética fue –probablemente en primer lugar– resultado del sabotaje de la CIA contra la economía soviética.

En todo caso, aquel proceso demostró que un reequilibrio mundial no tiene que provocar fatalmente un enfrentamiento generalizado. Y, en un esfuerzo por evitar la guerra mundial, la discusión entre John Kerry y Serguei Lavrov, se desplazó ahora de la batalla de Alepo a un alto al fuego general para toda Siria y también Yemen. En efecto, acaba de anunciarse una tregua de 8 horas en Alepo y de 72 horas en Yemen.

El problema es que la caída de Estados Unidos de un primer lugar que nadie le discutía –plaza que se apropió y que tan mal utilizó– a una situación de igualdad con Rusia, tendrá obligatoriamente para Washington –o para sus aliados– su correspondiente precio.

Los cinco países árabes, así como Turquía e Irán, que Kerry y Lavrov invitaron el sábado a Lausana, salieron del encuentro extrañamente satisfechos, a pesar de que era su destino lo que estaba decidiéndose. Ninguno de ellos parece pensar que tengan que rodar cabezas, como rodaron en el pasado las de los dirigentes del Pacto de Varsovia. En la actual situación, es posible evitar tener que barrer con una parte de la Humanidad, pero la importancia del retroceso estadounidense será directamente proporcional al número e importancia de los aliados que Washington va a sacrificar.

NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #11, Thierry Meyssan

Fuente original:  Al-Watan (Siria)
Fuente: Red Voltaire
Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

miércoles, 14 de septiembre de 2016

El 11-S y los nueve objetivos de la ocupación de Afganistán



Nazanín Armanian
Público


La verdad es la primera víctima de las guerras. ¿Cuáles fueron las mentiras de la guerra contra Afganistán? ¿Por qué los ciudadanos volvemos a caer una y otra vez en la trampa de las falsedades que nos cuentan nuestros gobiernos tanto en la política exterior como en las cuestiones nacionales?

Nos dijeron que el motivo de la invasión a Afganistán por 34 países equipados con las armas más mortíferas de la humanidad era capturar al socio de la CIA, el príncipe saudí Osama Bin Laden. Durante los 21.000 ataques aéreos de los primeros días, aplicaron a los desarrapados afganos un criminal e ilegal castigo colectivo: les lanzaron 20.000 bombas provocando decenas de miles de muertos, heridos y mutilados y la huida de dos millones de almas de sus hogares en aquel duro invierno. Y aquí unas preguntas:

¿Cómo no pudieron encontrarle, si a Muammar al Gaddafi, con los medios que disponía como jefe de un poderoso estado, le localizaron para asesinarle tan sólo un día después de la visita de Hillary Clinton a Libia?

¿Era necesario ocupar Afganistán con 300.000 soldados, si EEUU tiene suficiente experiencia en asesinatos selectivos y golpes de estado?

La desclasificación de parte de los secretos del 11-S el pasado mayo implica a Arabia Saudí en el atentado. ¿Por qué entonces invadieron a Afganistán y dejaron sin castigo a uno de los verdaderos patrocinadores del terrorismo?

¿Cómo es que los servicios de inteligencia paquistaní sabían que Bin Laden había muerto años atrás (quizás en 2002), como revela Benazir Bhutto en 2007, y aun así EEUU mantuvo el mito de su fantasma para mantener el negocio de la guerra contra el terror? Un mes después, Bhutoo fue asesinada.

¿Por qué el presidente Obama se ríe del mundo en 2011 en un asalto chapuza a Abbotabad para matar a un hombre al que llama Bin Laden? Lo único que consiguió fue perder a Pakistán para beneficio de China.

¿Por qué Obama prometió varias veces salir de Afganistán a sabiendas de que nunca iba a hacerlo?

Sin ruborizarse, Washington y sus aliados volvieron a mentir al mundo para ocupar Irak: sabían perfectamente y por los informes de Hans Blix que en Irak no había armas de destrucción masiva.

Sabían que quien enviaba los sobres con esporas de ántrax en EEUU era Bruce Ivins, el asesor del FBI (que se suicidó, supuestamente, en 2008), y no Saddam Husein como aseguraba Colin Powell mientras sujetaba un botecito lleno de detergente o cal. Pues, los verdaderos motivos por los que EEUU derrocó a Saddam Husein eran otros.

Volviendo a Afganistán, ahora, Zbigniew Brzezinski, exasesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter revela otra de las mentiras oficiales de EEUU, que afirmaba que la CIA patrocinó a los muyahidines sólo para expulsar al Ejército Rojo de Afganistán. Brezezinski confiesa: Carter firmó la orden de ayudar a los opositores del Gobierno prosoviético de Kabul el 3 de julio del 1979, seis meses antes de la entrada de los soviéticos, con el objetivo de provocar una respuesta militar rusa y convertir a Afganistán en su particular Vietnam.

¿Por qué la OTAN sigue ocupando Afganistán?

Entre los numerosos objetivos de la ocupación de EEUU en el país asiático, como inyectar dinero a las empresas de armas como Lockheed Martin que multiplicó por 15 el precio de sus acciones en la Bolsa y recibió el mayor contrato militar de la historia: 200.000 millones entre 2001-2002, destacan:

.Reaccionar ante la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) liderada por China y Rusia en agosto del 2001.

.Ocupar el corazón de Asia Central e instalar bases militares en las cercanías de China, Rusia, India (los tres pilares de BRICS) e Irán, la primera reserva mundial del gas y la tercera de petróleo.

.Acceder a los recursos naturales (petróleo, gas, oro, cobre y diamantes) y los mercados de esta región recién independiente de la URSS.

.Impedir la reunificación de las repúblicas ex soviéticas bajo el paraguas de Moscú.

.Hacerse con el oro afgano. La financiera J.P. Morgan Chase firmó un acuerdo con el gobierno cliente de Kabul para llevarse 3,4 toneladas del metal apreciado.

.La construcción del gasoducto de Turkmenistán (cuarta reserva mundial del gas) hasta el Océano Índico a través de Afganistán y Pakistán, por la compañía estadounidense de Unocal. Los talibanes fueron incapaces de establecer la seguridad en la ruta por donde iba a pasar. De hecho, en julio del 2001 los representantes de G. Bush les dieron un ultimátum en una reunión con los Talibán en Berlín: o acaban con la inseguridad integrando a los opositores en el gobierno o estarán acabados. Tras recibir la negativa de los integristas, EEUU lanzó una campaña mediática para demonizarlos y así preparar la opinión pública para ir a “salvar a las mujeres del burka” entre otras falsedades. El 9 de septiembre, Ahmad Shah Masud, el héroe nacional afgano, quizás el único que podía organizar una gran resistencia a la ocupación de la OTAN, fuese asesinado.

.Restaurar el cultivo de la adormidera, prohibido por los talibanes, que había provocado una gran crisis en el mercado mundial de la droga y también en algunos bancos, cuya parte de liquidez proviene del narcotráfico. El precio del opio en 2002 fue casi 10 veces mayor que en 2000. El Afganistán del 2001, dominado por la inmensa tropa de la OTAN, se convirtió en el principal productor de opio y heroína mundial. Los carteles internacionales no sólo matan a miles de personas por la adicción, sino que obligan a los agricultores afganos a producir opio en vez de trigo y patatas. Muchos lo mastican para matar el hambre, el dolor, lo suministran a los bebés para que dejaran de llorar. La adicción de casi la totalidad de la población y las deudas contraídas con los traficantes, empujan a miles de padres  a entregar a sus hijas para saldar sus deudas, creando el fenómeno de las ‘novias de droga’.

.La rentable campaña de la guerra contra el terror dirigida por la banda criminal del gobierno de la extrema derecha de G. Bush, que presumía por ser el ‘excepcionalísimo de EEUU’ para secuestrar y torturar a los ciudadanos de cualquier país del mundo, pretendía ocultar bajo su escudo militar-capitalista, el principal problema de la humanidad que era y es el terrorismo de la pobreza que mata cada día a 60.000 personas.

.Anular a la ONU sustituyéndole por la OTAN para resolver los conflictos del mundo haciendo de bombero pirómano.

Con la marcha de Obama de la Casa Blanca se abandonará su Doctrina de regreso a Asia para contener a China. EEUU, que hoy comparte el dominio sobre el país con los terroristas talibanes que “no son enemigos de EEUU”, afirma John Kerry, difícilmente podrá mantenerse en un país sin acceso al mar, donde además depende de la gentileza de Rusia y Pakistán, dos países nada amigos, para enviar equipos militares y alimentos a sus tropas en aquella ratonera.

Fuente: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3531/11-s-y-nueve-objetivos-de-la-ocupacion-de-afganistan/

lunes, 16 de mayo de 2016

Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud



Foto ARG noticias



Afganistán




Afganistán se yergue hoy como símbolo de uno de los mayores fracasos de la denominada “guerra contra el terrorismo”. Esto porque precisamente este objetivo lo que generó fue el nacimiento y desarrollo de nuevos grupos de raíz takfirí, decididos a implementar su política del terror a la par de la destrucción que trajo aparejada la invasión de las potencias occidentales.La “Guerra Contra el terrorismo” es una conceptualización, con la cual la ex Administración de Estados Unidos, presidido por George W. Bush el año 2001, denominó la invasión de la nación centro asiática, tras los atentados del 11 de septiembre del año 2001 en suelo norteamericano y que sirvió, igualmente, como pretexto para agredir a otras naciones como fue el caso de Irak a quien se le acusó falsamente de poseer armas de destrucción masiva.
En concreto, con respecto a Afganistán ¿cuál fue la excusa esgrimida para atacar con todo el poderío militar de la mayor potencia del mundo a un país considerado dentro de los más pobres y subdesarrollados del mundo? Desde Washington se repitió, hasta el hartazgo, que el objetivo era buscar en el montañoso territorio afgano al responsable de los ataques terroristas en Nueva York y Washington. Aunque se haya comprobado posteriormente que 15 de los diecinueve inculpados eran súbditos de la monarquía wahabita de la Casa al Saud. El nombre del acusado de los atentados del 11 de septiembre del año 20101 era Osama Bin Laden, de quien se sostenía contaba con la protección del gobierno talibán, que a la época regía los destinos de Afganistán. Osama Bin Laden, líder de una organización llamad Al-Qaeda – La Red – cuyo origen se encuentra en la lucha que diversos grupos y movimientos afganos, entre ellos milicianos de ideología takfirí, sostuvieron contra las fuerzas de la ex Unión Soviética, que invadieron Afganistán entre los años 1979 a 1989.
Bandas takfiríes como instrumentos de Occidente
Esos grupos, en el marco de lo que se denominó historiográficamente como “Guerra Fría”, fueron creados, entrenados, armados y financiados generosamente por los servicios de inteligencia de Washington y sus aliados - Paquistán, Arabia Saudita, la entidad sionista entre otros - para luego convertirse en la base de organizaciones terroristas, entre ellos Al Qaeda, que terminarían luchando contra los intereses de su padre putativo pero al mismo tiempo sirviendo a los intereses generales de las potencias occidentales, decididas a encontrar un nuevo enemigo tras la caída de los socialismos reales. Ese enemigo tendría nombre y apellido: el mundo musulmán, donde los grupos takfirí han servido con su accionar y alejamiento de la esencia del Islam como títeres e instrumentos de la política hegemónica de Washington y sus aliados.
Esta visión geopolítica de “guerra contra el terrorismo” se hunde en el contubernio entre Washington y la entidad sionista. Socios que a principios de los años 80 del siglo XX y con ayuda de sus medios de comunicación realzaron, profusamente, el concepto de terrorismo internacional, como una manera de desacreditar a aquellas corrientes político-militares en lucha, ya sea contra las dictaduras militares, como también a los Movimientos de Liberación Nacional. Para la denominada Red Voltaire, “Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, tanto Israel como Estados Unidos deslizan la represión del terrorismo del ámbito policial al campo militar. Para la clase dirigente anglosajona la «guerra contra el terrorismo» tenía que ser un instrumento que le permitiera consolidar su control sobre las vías comerciales - libre circulación marítima y aérea – principalmente –. Pero, la administración Bush y el movimiento sionista la utilizaron para vestir anacrónicas aventuras coloniales - en Palestina, Afganistán e Irak –. Los occidentales utilizan también ese concepto para justificar la instauración de una sociedad orwelliana obsesionada con la cuestión de la seguridad. Otros, como es el caso de la Organización de Cooperación de Shangai, la utiliza para luchar contra la injerencia y estabilizar por la fuerza las poblaciones nómadas del Asia Central".
Menciono el concepto de fracaso respecto a la política de agresión implementada por Estados Unidos en Afganistán pues, a 15 años de invasión de la nación centroasiática, la muerte de Osama Bin Laden, un gasto estimado en 650 mil millones de dólares, la destrucción de gran parte de la infraestructura básica del país, la muerte de medio millón de afganos, junto a 2.381 estadounidenses y 20 mil heridos de esa nacionalidad, que se unen a los 500 muertos británicos y 3 mil heridos, los Talibán – considerado blanco esencial para las fuerzas estadounidenses - no sólo no han desaparecido, sino que han fortalecido sus posiciones y reiniciado sus actividades en gran parte del país, operando en 26 de las 34 provincias. No existe la tan cacareada democracia que se supone vendría de la mano de las tropas invasoras, convertido en coto de caza para los intereses hidrocarburíferos y manantial inagotable para cubrir la demanda del 85% de la heroína que consume el mundo occidental.
Igualmente, Al Qaeda y sus células son cada día más activas, generando un crónica inestabilidad, a lo que se une la constatación que EIIL – Daesh en árabe - que irrumpió en Afganistán a partir de mediados del año 2014, y ha consolidado sus posiciones en el país asiático generando un fuerza decidida a enfrentarse, no sólo a las fuerzas militares del gobierno afgano, sino también a las estadounidense, que aún permanecen en Afganistán. Tropas que para el ex funcionario del Departamento de Estado de EE.UU. Lawrence Wilkerson “no abandonarán Afganistán en los próximos 50 años”.
Las palabras de Wilkerson no sólo tienen un carácter militar, sino que hunden su razonamiento en aspectos ligados a una vigente ambición geopolítica enmarcada en la concepción del Heartland con que suelen moverse las estrategias globales de dominio de las potencias occidentales. Visión y práctica en la cual Afganistán – parte de la denominada tierra alta iraní - es considerada integrante de ese Heartland o área pivote. Por ende, sujeta a la necesidad de controlarla en función de la idea, que quien controle la zona de Asia Central-Rusia Central y la Siberia tendrán una basa privilegiada, no sólo para controlar el resto de Asia, sino también Europa, obteniendo una situación de privilegio en el enfoque y la praxis del dominio mundial.
En los círculos de estudio geopolíticos suele considerarse que esta Teoría del Heartland – o Teoría del Corazón Continental o de la Región Cardial - desarrollada por el político y geógrafo inglés Halford John Mackinder, es demasiado generalista, una teoría simplista y poco concluyente, ante la necesidad de poseer una mirada más sistémica sobre lo que acontece en el área de estudio específico, como también en Oriente Medio y el Magreb – que vienen a ser dentro de esta Teoría, las regiones del Creciente Interior -. A pesar de esta crítica, resulta interesante tenerla en cuenta como modelo de estudio de la política exterior y modelo económico - sobre todo frente a una realidad mundial donde visualizamos el ascenso y resurgimiento de potencias como es el caso de China, la República islámica de Irán y Rusia.
Estados Unidos ha gastado en esta supuesta “guerra contra el terrorismo”, en los últimos tres lustros, 650 mil millones de dólares en sus intentos de consolidar en tierras afganas gobiernos afines a su ambición de dominio del “área pivote”, que consolide su plan general de controlar las rutas de gasoductos y oleoductos. A Estados Unidos poco le importa que la clase política a la cual apoya en Afganistán carezca de poder social y político real, destruyendo aún más a un país fragmentado y prácticamente balcanizado. El objetivo es no entregar la zona a sus rivales de la Organización de Cooperación de Shanghái y frenar la influencia de Teherán, en la zona, sobre todo partir de los acuerdos nucleares de julio del año 2015.
Viejas guerras, nuevos actores
Lo mencionado se da en el marco de objetivos geoestratégicos en la zona de Asia Central, que se inserta en el intento estadounidense de luchar contra el proyecto de desarrollo exterior de la República Popular China, que ha enfocado su mirada hacia occidente, buscando salidas al cerco que Washington y sus aliados japoneses, surcoreanos y australianos le quieren imponer a China en su salida al Océano Pacífico. China se ha visto impulsada a buscar oxigeno, mercados y alianzas hacia el oeste, donde Afganistán y Paquistán cumplen un papel central en esta tarea.
El Estado actual afgano, sujeto a las presiones de los grupos insurgentes y el chantaje permanente de Washington y sus aliados, es un Estado débil, supeditado a los hilos que se muevan desde el eje Estados Unidos-Inglaterra, en el marco de la influencia regional que dicha alianza desea seguir manteniendo en el centro de Asia. Recordemos, como prueba de esta absoluta dependencia, la conducta del actual gobierno, presidido por Ashraf Qani, que al día siguiente de su toma de posesión rubricó con su firma el denominado Acuerdo de Seguridad Bilateral - BSA, por sus siglas en inglés - entre Afganistán y Estados Unidos, que ha permitido a Washington mantener parte de sus tropas en territorio afgano después de fines del año 2014.
El fracaso estadounidense en Afganistán se deja sentir día a día, ya sea con ataques dentro de lo que se considera la zona más segura en su capital, Kabul – la llamada Zona Verde -, como el avance de las fuerzas del talibán en gran parte de las provincias afganas, como también la irrupción de bandas terroristas como Daesh, que a partir del año 2014 se ha hecho presente en Afganistán y su idea de crear un califato, generando la alarma de países como Paquistán y la República Islámica de Irán. Al Qaeda, la Red Haqqani y Daesh son tentáculos de la misma criatura takfirí, que suelen nacer, desarrollarse y adquirir relevancia gracias a sus padres putativos.
Para el canciller iraní Mohamad Yavad Zarif, “la entrada en territorio afgano de nuevos factores de inseguridad, como es el caso de Daesh, la brecha entre los talibán y el uso que podría hacer Daesh de esas divisiones preocupan enormemente. El terrorismo, el extremismo y las drogas representan las principales amenazas, no sólo para Afganistán, sino para toda la región y el mundo entero. Resulta por ello muy lamentable que ciertos países sigan pensando en el extremismo y en el terrorismo como un capital, que les ayuden a conseguir sus objetivos a corto plazo… ignoran esa realidad probada, repetidas veces, que los extremistas morderán por fin las manos que los alimentaron. Apoyaremos a Afganistán en estos tiempos difíciles, pues un Afganistán seguro, con una economía activa y creciente, garantizará los intereses de todos los Estados de la región”.
Irán tiene interés en que la situación en Afganistán mejore pues, no sólo es vecino fronterizo de la nación afgana, sino también tiene en su suelo a un millón de refugiado de esa nacionalidad, en un trabajo que ha sido destacado por la propia ONU, que a través del Alto Comisionado Para los refugiados – ACNUR – declaró, a fines del año 2015 que “la actitud de la República Islámica de Irán constituye por su atención, dedicación y generosidad, un modelo que es un ejemplo para el mundo, que debe ser imitada. Acceso a un seguro médico universal como el que tienen los iraníes, educación gratuita para casi 350.000 niños y adolescentes afganos en las escuelas públicas, acceso a la universidad y a cursos de formación técnica y el permiso para que los refugiados elijan libremente su lugar de residencia”. Esto a pesar, como lo reconoce el organismo internacional, de los problemas que ha enfrentado Irán a partir del bloqueo de occidente, y las guerras en la zona de Asia Central y Oriente medio.
Sostuve tiempo atrás, al referirme a un nuevo aniversario de la invasión a Afganistán que “cuando a pocos meses del 11 de septiembre del año 2001 Estados Unidos dio inicio a la Operación Libertad Duradera, las oficinas de propaganda de la superpotencia se encargaron de transmitir al mundo que la incursión bélica en la nación afgana sería “coser y cantar”. Sin embargo, poco a poco, los halcones de Washington se dieron cuenta que lo que iban a coser y en forma creciente eran los sacos con los cuerpos de jóvenes soldados - principalmente de origen hispano y negros - que retornaban a Estados Unidos, empantanados en una guerra que trajo al recuerdo la pesadilla de Vietnam”.
Esa realidad seguirá siendo parte de la política exterior estadounidense pues al complejo escenario afgano se han ido agregando nuevos actores, más intereses y una maraña de objetivos que cruzan lo político, lo económico y lo militar. Con el objetivo declarado de Estados Unidos de sacar a los talibanes del poder, en aquel lejano octubre del año 2001 y con una guerra civil devastadora, los que pueden volver a ocupar ese poder son precisamente los miembros del movimiento rigorista Talibán, dominadores de las principales zonas de cultivo de la adormidera, principal ingrediente para la producción de la Heroína. El balance de la ocupación occidental de Afganistán muestra profundas fisuras con lo que se pretendía originalmente: ¿vencer a los talibán? ¡Ni pensarlo! Hoy, más que nuca los talibán están firmes en sus territorios. ¿Destruir las plantaciones de Opio? ¡Menos aún!
El terrorismo se consolida en Afganistán, las luchas por hegemonizar el poder es pan de cada día entre el Talibán y Daesh, que busca en tierras afganas consolidar una fuente de ingresos importantes a través del control y distribución de la heroína y que podría generarle cerca de mil millones de dólares anuales, según cifras dadas a conocer por el Jefe del servicio Federal Ruso de Control de Drogas – FSKN por sus siglas en ruso – Víctor Ivanov. Este funcionario ruso, subraya, además que “en Turquía se encuentran laboratorios que procesan opio proveniente de Afganistánpara fabricar heroína y suministrarla a Europa y Rusia”. Afganistán tiene prácticamente el monopolio de las exportaciones mundiales de opio y sus ingresos financian hasta el 15 por ciento de las actividades de la insurgencia talibán que mediante la inseguridad han logrado alzar crecientemente el precio del opio, llevando a los agricultores afganos – cerca de tres millones de ellos se dedican al cultivo de la adormidera - a incrementar el cultivo ilícito de la amapola en un 7 por ciento en el 2015, según revelan los reportes de las Naciones Unidas publicados periódicamente.
En otro plano, la alianza Talibán con la Red Haqqani se ha consolidado con fuerza y no sólo en los clásicos bastiones del sur del país, sino en la amplia geografía afgana, donde antes tenía escasa o casi nula presencia. Cercanos a los talibanes, pero dotado de cierta autonomía, la Red Haqqani controla amplias áreas del sureste del país donde su estrategia de control se basa tanto en el vasallaje tribal como en la férrea disciplina en el campo ideológico, sobre todo en las provincias de Paktia y Khost. A cinco años de la muerte de Bin Laden, a quince años de la invasión a Afganistán, Al Qaeda, la Red Haqqani, Daesh, atentados, muerte y destrucción son parte del agreste paisaje afgano.
Y es en este escenario donde 31 millones de afganos - a lo que se deben unir 2 millones de refugiados que se han visto sometidos a una intervención que dura ya 15 años y la presencia de grupos y bandas takfirí - viene al caso traer a colación aquella expresión que se encuentra en una antigua traducción de la comedia francesa “Le Menteur (El mentiroso)” que Pierre Corneille escribió a mediado del siglo XVII: “los muertos que vos matasteis gozan de buena salud”, visualizada para Afganistán, en el tercer lustro del siglo XXI, en toda su trágica dimensión.

Artículo del Autor Cedido por Hispantv.

Fuente: Rebelión

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Otro muerto en Afganistán, ¿a nadie le interesa lo que sucede?

Miembros de una unIdad del Ejército afgano llegan al lugar del ataque.- OMAR SOBHANI (REUTERS)
 
Hoy hemos sabido que se ha producido un nuevo atentado en Afganistán. Se trata de la segunda noticia que recibimos de estas características en los últimos dos meses. La anterior fue el bombardeo del hospital de Médicos Sin Fronteras por parte de Estados Unidos. Uno de esos daños colaterales que solo llegan al mundo desarrollado cuando hay occidentales u organizaciones internacionales de por medio. Una de las muchas muestras de la crueldad mediática en la que vivimos.
¿Dónde están los dos millones de refugiados? ¿Felices y comiendo perdices? Me temo que ni una cosa ni la otra, pero ya no importan. No importan a nadie. Que se mueran pero que hagan el menos ruido posible, que molesten lo menos posible y menos ahora que son navidades y hay que pasar las fiestas tranquilos.
La desgracia es que esos dos millones de refugiados ya no están en las televisiones, radios o diarios de mayor difusión. Y si no están ahí no existen. Afganistán como estado fallido tampoco está en televisión, por lo tanto tampoco es un estado fallido. Ni siquiera existe. Existe hoy, tal vez mañana, quizá el domingo si la liga no se pone muy interesante y ya. Se terminó. Nada de debates serios sobre las consecuencias de abandonar Afganistán en esta situación (las tropas han abandonado el país este año).
No me queda más remedio que decirlo. El estado en el que hemos dejado Afganistán, descrito de forma magistral por Tica Font (15 años de invasión en Afganistán), se encuentra a merced de los señores de la guerra, los corruptos y los talibanes, por lo que es muy probable que tengamos dentro de no mucho otromutante como sucedió en Irak con el Estado Islámico. Y no nos importará, no hasta que vuelvan a estallar los cuerpos de radicales en nuestras discotecas, campos de fútbol, trenes, autobuses… O hasta que una fotografía de un niño afgano estremezca al mundo.
Creo que hay que intentar hacer un esfuerzo por cambiar un destino que nada bueno nos depara. La guerra de Irak y Afganistán le han costado solo a Estados Unidos entre 3 y 8 billones de dólares lo que supone unas 5-6 veces el PIB de España. Si sumamos lo gastado por todos los países involucrados, no solo USA, a las ganancias en petróleo de las que nos hemos apropiado y tenemos en cuenta las pérdidas ocasionadas, no es descabellado pensar que tal vez hubiese sido más rentable para Occidente que hubiéramos desarrollado ambos países y erradicado la pobreza, la corrupción y el colonialismo con el que los expoliamos (especialmente Irak). Dinero hubiéramos tenido de sobra para intentarlo, máxime teniendo en cuenta que tendremos que volver a gastar en armamento para otra previsible guerra y en seguridad para evitar atentados. Tales gastos no solucionarán ni un problema ni otro como ya nos ha demostrado la historia, lo que bien les vendrá a las industrias relacionadas con el mundo militar y la seguridad.
Para hacernos una idea del impacto que hubiera supuesto para la economía afgana e iraquí que hubiéramos invertido lo gastado en la guerra, Afganistán necesitaría de más de 500 años para producir semejante cantidad de dinero y en el caso de Irak, un país con grandes reservas de petróleo, más de 50 años. Ni que decir tiene que un señor cuyo entorno mejora entre 50 y 500 veces más de lo habitual está mucho menos dispuesto a hacerse pedazos en Occidente. Por el contrario, si todo lo que le rodea a una persona queda destruido, mueren algunos de sus familiares y amigos o pasa hambre y calamidad al tiempo que contempla como el petróleo acaba en Occidente, será mucho más fácil que sea atraído por ideas radicales.
Si hubiéramos hecho las inversiones mencionadas es muy probable que la industria armamentista no se hubiera multiplicado por 44 en España en los últimos 14 años, como tampoco las farmacéuticas, las empresas de seguridad o las petroleras hubieran montado su mercadillo con el petróleo del ISIS (vendido muy por debajo de su precio de mercado), el miedo occidental o el opio afgano.
Por tanto, ha llegado la hora de recapacitar sobre nuestra política exterior: ¿Quiénes son los favorecidos con todo este terror? ¿Los poderosos y los lobbies o los ciudadanos?
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Mientras tanto, no queda más remedio que lamentar la muerte del policía español en Kabul y de todos los afectados por este y otros ataques terroristas, y enviar el pésame a las familias.
DEP
Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de las novelas “Código rojo” (2015) y “Un paso al frente” (2014).

Fuente: Público.es

lunes, 23 de diciembre de 2013

KARZAI BURLADO POR EEUU

HAMID KARZAI, PRESIDENTE D AFGANISTAN

 

 

EEUU se burla del presidente de Afganistán

Karzai exige respeto

Immanuel Wallerstein

La Jornada

El presidente Hamid Karzai, de Afganistán, no es tomado muy en serio en Estados Unidos –ni por el gobierno, ni por los medios, ni por el público en general. Una pieza de la evidencia es ésta: el 10 de diciembre otorgó una larga entrevista aLe Monde que el periódico publicó tanto en el inglés original como en traducción al francés, y esta bastante detallada entrevista ameritó tan sólo una cita (o menos de una oración) en el New York Times.

Esto es más notable aún porque Karzai hizo algunas aseveraciones muy fuertes, bastante diferentes a lo que uno lee en la prensa estadunidense. Es como si todo mundo asumiera que las afirmaciones de Karzai son una tontería, están muy equivocadas o son inconsecuentes o meras tácticas para la negociación. Nadie jugaría con la idea de que las expresiones del gobierno estadunidense pudieran ser una tontería, estar equivocadas o ser inconsecuentes o meras tácticas para la negociación.

Lo menos que deberían hacer los estadunidenses (así como todos los demás) es leer con cuidado lo que Karzai está diciendo. El presidente afgano comienza la entrevista insistiendo en que él argumenta desde hace ocho años que la guerra contra el terrorismo no puede pelearse y no debe pelearse en los poblados afganos, en los hogares afganos. Si es que debiera haber una guerra contra el terrorismo, ésta debería llevarse a los santuarios terroristas (supongo que en Pakistán), donde son entrenados y alimentados.

Después afirma que este es el problema principal, pero que un segundo conflicto es su creencia de que Estados Unidos no está haciendo un esfuerzo visible y genuino por ayudar al proceso de paz. Karzai insiste en que ha estado en contacto con los talibanes y que ellos están listos para negociar oficialmente con el Alto Consejo de Paz (ACP) que Karzai creó.

Karzai alega que ciertas fuerzas en Occidente no quieren que ocurran estas negociaciones. En cambio, han intentado etnificar los conflictos en conversaciones arregladas entre los señores de la guerra y los grupos étnicos... Estamos convencidos de que se hizo un esfuerzo deliberado por debilitar a Afganistán para volverlo una serie de feudos (con) un gobierno central débil.

Karzai asegura que estaría dispuesto a firmar de inmediato el Acuerdo Bilateral de Seguridad (ABS) con Estados Unidos y la OTAN en cuanto tuviera garantías de que Estados Unidos pondría fin a los ataques sobre los hogares afganos y de que los estadunidenses respaldarían el lanzamiento de un esfuerzo de pacificación.

El reportero pregunta a Karzai si considera adversario a Estados Unidos. Karzai responde que atacar los hogares afganos es un acto de agresión –no el comportamiento apropiado de un aliado. Y pregunta si Estados Unidos lanzaría aviones no tripulados (drones) en casa, en persecución de un terrorista en Estados Unidos. ¿Por qué entonces piensa que lo puede hacer en Afganistán? ¿Por qué piensan que la vida afgana vale menos que la vida estadunidense? No somos menos valiosos.

Karzai acusa a Estados Unidos de lanzar una guerra sicológica que alienta a que las compañías abandonen Afganistán y que atemoriza a los afganos sobre las consecuencias de la retirada de las tropas extranjeras. A la pregunta del reportero de si Karzai considera que Estados Unidos actúa como un poder colonial, él responde: Absolutamente.

El gobierno de Estados Unidos parece determinado a mantener algunas tropas en Afganistán, pero igualmente ya parecía decidido a hacer esto con un ABS firmado antes del fin de diciembre. Estados Unidos no parece, sin embargo, listo a cumplir las dos precondiciones de Karzai. ¿Qué van a hacer entonces? El 3 de diciembre, el secretario de Estado, John Kerry, sugirió públicamente una solución que probablemente es de legalidad dudosa. Dijo que alguien debería firmar el ABS, pero no necesariamente el mandatario. Sería suficiente con que lo rubricara el secretario de la Defensa, que supuestamente está más listo a aceptar los términos de Estados Unidos. Sería suficiente con que alguien aceptara la responsabilidad, por el acuerdo.

¿Quién cederá al último minuto? De hecho, Karzai ha ganado en el muy corto plazo. El 11 de diciembre, el funcionario en jefe del Departamento de Estado estadunidense para Afganistán, James Dobbins, anunció que el 31 de diciembre no es ya el plazo final duro. El ABS debería firmarse, dijo, lo más pronto posible.

El resultado es poco claro ahora, aunque sospecho que Estados Unidos tiene la mano más fuerte, por el momento. Pero en el largo plazo, ¿no es éste otro de los casos en que uno se dispara a sí mismo en el pie? Y Karzai insiste: Si EU quiere ser nuestro aliado, tiene que ser un aliado respetuoso. Parece duro para una superpotencia, particularmente una en seria decadencia, el aprender cómo respetar a los aliados.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/12/21/index.php?section=opinion&article=030a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

martes, 15 de octubre de 2013

UNA DERROTA DE 12 AÑOS

 
 
 
 
Doce años de la OTAN en Afganistán: un fracaso histórico

13oct 2013

Ninguna celebración por el aniversario de una guerra que, convenientemente, ya es “olvidada”, a pesar de que el país sigue siendo ocupado por 66.000 soldados invasores, y sus gentes siguen muriéndose por el conflicto.

El 7 de octubre de 2001, la coalición militar más amplia de la historia, compuesta por unos 50 países, bombardearon al penúltimo país menos desarrollado del planeta, en cuyo arsenal no había ni una avioneta para defenderse. Sólo en los primeros tres meses, los cazas de la OTAN descargaron unas 10.000 toneladas de bombas sobre los afganos, abrasándoles sobre una manta de nieve y frío. Miles quedaron sepultados bajo los escombros de sus chozas de adobe, millones huyeron descalzos, aterrorizados y hambrientos hacia ninguna parte. Once años después, el desplazamiento de civiles en el norte del país aumentaba un 40% respecto al año anterior. ¡Cuánto silencio sobre los crímenes de guerra! Los artefactos inteligentes de la Alianza destruyeron depósitos de agua, centrales eléctricas, cultivos y ganado (¡hasta el Zoo de Kabul!), provocaron una silenciada catástrofe humana. Mientras, los eufóricos eurodiputados agitaban la pancarta de “salvar a las mujeres del burka”, los mismos que hoy exhiben a la niña pakistaní Malala, para demostrar lo bárbaros que son los Talibán, corriendo una espesa cortina de humo sobre los atentados de EEUU con drones, que arrancan la vida a decenas de niños y adultos compatriotas suyos, cada dos por tres.

Cuando la OTAN pensaba que los afganos estarían mejor muertos (bajo las bombas de fragmentación o por la munición radiactiva que recibían en más cantidades que la suma de las utilizadas en la Guerra del Golfo Pérsico y la de Yugoslavia juntas) que vivos, las acciones de la primera empresa fabricante de armas del mundo, Lockheed Martin, se multiplicaban por 15 en la Bolsa.

El presidente de EEUU, Barak Obama ha fijado la fecha del 2014 para la retirada de las tropas. Pero, ¿por qué se van?

Los motivos oficiales de la invasión a Afganistán -que una vez más hacía gala a su nombre: “Tierra del llanto”-, y su posterior ocupación por unos 300 mil soldados y mercenarios extranjeros, eran:

* Vengar el atentado del 11S, a pesar de que ninguno de los terroristas era afgano;

* Destruir el cobijo de los terroristas y capturar a Bin Laden. ¿Por qué, entonces, tras la muerte oficial del saudí siguieron en el país y aun hoy EEUU (¡y también España!) negocian con Kabul para quedarse más después del 2014?

* Derrocar al gobierno de Talibán-Al Qaeda e instalar una democracia para un pueblo “primitivo”. Entonces, ¿Por qué negocian con esos caníbales en Qatar ofreciéndoles el poder en varias regiones del país? ¿Por qué les pagaban ingentes sobornos durante esos años, como ya han reconocido?

* Acabar con el comercio de opio. ¡Vaya! Según la ONU, la producción de heroína afgana ha pasado de 185 toneladas en 2001 a 5800 en 2012. ¿Cómo el gobierno que han instalado precisamente es el principal narco estrado del mundo?

Poco a poco, la verdad se asomaba: “No podemos dejar Afganistán ahora. Tiene billones de dólares en minerales”, lo dijo el general David Petraeus, Director de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU, antes de ser “dimitido” por infidelidad a su señora esposa, junto con el general Allen, responsable de la OTAN en Afganistán . Se oponían a los planes de retirada de Obama, entre otras discrepancias. También le costó el puesto al mismísimo presidente de Alemania Horst Köhler al confesar sin rubor que sus tropas estaban en aquel país para salvaguardar los intereses comerciales y económicos de los países atacantes.

Tentación por el expolio del patrimonio natural afgano. Que su subsuelo, además de minas antipersonas y fosas comunes, albergue un millar de minas de hierro, cobre, cobalto, oro, plomo, bauxita, tantalio, esmeralda, rubí, plata, carbón o litio (utilizado en baterías eléctricas) estimadas en un billón de dólares, ya había sido publicado por los soviéticos en los años 1960. En 2001 ya sabían que éste era el Congo de Asia. Moscú tenía proyectos de construir una refinería de petróleo capaz de producir medio millón de toneladas al año y un complejo de fundición para el depósito de cobre de Aynak, uno de los más grandes del mundo, hoy explotado por China.

Afganistán era la única salida viable del transporte del gas de Turkmenistán al Mar Arábigo. El control estratégico sobre las rutas de energía forma parte de la agenda de Washington. Pero, el proyecto TAPI (Turkmenistán, Afganistán, Pakistán, India), que iba a unir el Caspio con el Índico y los millones de dólares invertidos por los estados y compañías petrolíferas occidentales en la construcción del ducto, han sido abandonados, debido al sabotaje de los Talibán y de los países que se verían perjudicados.

• Convertir Afganistán en una gran base militar en el corazón de Asia Central, en la vecindad de China, Rusia e Irán.

• Promover la nueva “Guerra de Opio”, y no solo para destruir el tejido social de los países rivales en la región sino también quedarse con el comercio lucrativo de la droga afgana, que mueve unos 150 mil millones de dólares anuales, parte del cual termina en las instituciones bancarias occidentales . El cultivo de la adormidera se ha multiplicado por 35, desde la ocupación. Con el dinero de la droga EEUU ha financiado a los grupos terroristas como los Muyahedines afganos, los Contras nicaragüenses, o el Kuomintang que luchaba contra la China de Mao.

Un fracaso histórico

Ninguno de los objetivos ha sido conseguido, en parte por:

1. El descontento popular a causa de los contínuos bombardeos de la OTAN a las bodas, funerales y escuelas; el asalto con total impunidad de viviendas, la detención, humillación, tortura, violación y matanza de los ciudadanos. En ocasiones, orinar sobre sus cuerpos y colgar  vídeos de los atropellos  en internet. Son los familiares de estas personas quienes atentan contra sus salvadores atlánticos. Justamente es esta impunidad lo que pide Obama al gobierno afgano para mantener a sus soldados después del 2014, a cambio de respaldar a la mafia del turno que coloque en el poder. Hay unas diez prisiones privadas y secretas al estilo de Guantánamo por el territorio afgano.

2. Un gobierno débil y corrupto, cuyo poder no va más allá del palacio presidencial, y al que se opone gran parte de la población, compuesta por minorías religiosas y étnicas, que exigen un federalismo. En realidad, EEUU ha impedido la formación de estados fuertes en los países que ha invadido, e incluso ha provocado su desintegración ( Yugoslavia, Irak –donde el Kurdistán, de facto, es independiente-, o Sudán que fue partido en dos).

3. Es imposible negociar y controlar a los insurgentes fragmentados en varios grupos autónomos, o convencer los afganos, a estas alturas, de las buenas intenciones de la Alianza, además con esta mirada superficial y simplista a un complejísimo país, su tejido, sus necesidades y su psicología.

4. Las dificultades de EEUU en Irak a partir de 2005, que posibilitaron la reorganización de los Talibán, y que éstos emprendieran una guerra asimétrica con la táctica de los Artificios Explosivos Improvisados. Hoy controlan gran parte del país.

5. Que EEUU se alejara de Pakistán para atraer la cooperación de la India en la contención de China e instalase en Kabul a un presidente pro indio como Hamid Karzai, casi le cuesta la vida a éste hombre en un atentado. La ISI, los servicios de inteligencia pakistaní, madrina de la mayoría de los grupos insurgentes, no perdona este giro estratégico de EEUU, y no piensa permitir en Kabul un régimen que no sea afín. ¿Lanzar una guerra contra Pakistán por Afganistán? No, una locura que Obama no cometería.

6. El choque de intereses entre EEUU y sus aliados que empezaron a dejarle solo en aquel terreno empantanado, militar y políticamente.

7. La crisis económica que imposibilita mantener un despliegue de tal tamaño.

Obama y su “Huella ligera”

“Huella ligera” o “diplomacia coercitiva” son enfoques diseñados por John Kerry y Chuck Hagel, dos veteranos de Vietnam, que abogan por acciones encubiertas, el uso de aviones teledirigidos o ciberguerras en vez de intervenciones militares. Tras los cambios en la cúpula de la defensa de EEUU, y el intento de desmilitarizar la CIA, Obama pretende que las guerras se decidan en el Ala Oeste de la Casa Blanca, que no en el Pentágono. La política de Petraeus en afganizar la seguridad –o sea, entrenar y potenciar los militares nativos-, fracasó con el aumento de los “ataques verde sobre azul” (denominación procedente de un juego de guerra en el que las fuerzas azules son los aliados, las rojas las enemigas y las verdes, las de la nación agredida) que ha provocado muchos muertos, ha destrozado la moral de las tropas contratistas, y ha dejado a Obama sin un plan viable que defender. Para más inri, cientos de soldados instruidos han desertado con el fin de integrarse en las filas de los sublevados. Es el fin del plan de crear un ejército proxy en Afganistán.

Ahora, Obama que antes pensaba ganar la guerra, y sólo desea acabarla esta pesadilla de forma decorosa; negocia con Kabul la adquisición de nueve mega bases militares y la impunidad para sus soldados, a la vez que Moscú protesta contra el uso militar del suelo afgano cuando expire el mandato de la ONU.

Que Pakistán haya sido el gran ganador de esta guerra, preocupa y mucho a la India, que intentará paliar sus devastadores efectos a través de los BRICS, y sobre todo de China. En su IV Cumbre (2012) los BRICS incluyeron en su agenda la “atención a Afganistán” y empezaron a firmar convenios de cooperación de todo tipo con este país.

Al final lo que funcionó no fueron ni ataques “quirúrgicos” ni “huellas ligeras“ sino la milenaria acupuntura china, país que domina la economía afgana, incluso ante la contundente presencia de la OTAN.

El caos continuará.

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