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sábado, 9 de julio de 2016

Documentos de inteligencia confirman que la invasión de Irak contribuyó a la creación del Estado Islámico

Tropas de ocupación de EEUU en Irak / EFE
Tropas de ocupación de EEUU en Irak / EFE 


Publicados como parte del informe Chilcot, los documentos reflejan la preocupación que tenían los servicios de seguridad sobre los grupos yihadistas.
Patrick Wintour 

 

Unos documentos de inteligencia publicados en el marco del informe Chilcot respaldan las acusaciones de que la invasión de Irak aumentó la amenaza terrorista sobre el Reino Unido y contribuyó a la creación del grupo extremista Estado Islámico (EI).


Los informes altamente confidenciales del Comité Conjunto de Inteligencia (JIC), algunos de los cuales son publicados por primera vez, confirman la preocupación de los servicios de seguridad por el creciente poder de los grupos yihadistas de Irak. Algunos de ellos, vinculados de forma directa con al-Qaeda.

Los documentos del JIC refutan la afirmación de Tony Blair de que el EI se generó principalmente en Siria y no en Irak.

Los informes ya demostraban que a los servicios de seguridad británicos les preocupaba desde 2006 que los grupos yihadistas suníes hubieran empezado a dominar la insurgencia contra el gobierno iraquí chií de Nouri al-Maliki.

En un informe del JIC de marzo de 2007 se dice: “No faltan los terroristas suicidas. AQI (al-Qaeda en Irak) busca objetivos de gran notoriedad. Creemos que AQI intentará expandir su campaña sectaria por donde pueda: los atentados suicidas en la ciudad de Kirkuk han aumentado bruscamente desde octubre, cuando AQI declaró el establecimiento de un teórico 'Estado Islámico de Irak' (incluido Kirkuk)”.

El informe prosigue: “Varios grupos suníes están involucrados en los ataques sectarios, pero calculamos que AQI está al frente de los ataques… su objetivo estratégico principal es llevar adelante una campaña sectaria para arrastrar a Irak hacia la guerra civil. Calculamos que su campaña ha sido la más efectiva de todas las de grupos insurgentes, con un efecto importante en el último año; en lo inmediato, representa la mayor amenaza para la estabilidad en Irak. El ritmo de los ataques con multitud de víctimas sobre objetivos predominantemente chiíes ha sido implacable”.

En un informe anterior, de julio de 2006, se dice: “El término 'yihadista' se vuelve muy difícil de definir: en muchos casos la distinción entre nacionalistas y yihadista es difusa. Comparten cada vez más causas comunes al unir fuerzas contra la violencia sectaria chií”.

Y agrega: “Calculamos que al-Qaeda en Irak (AQI) es la mayor red insurgente de todas y aunque su liderazgo mantiene un elemento extranjero importante, una gran mayoría de sus combatientes es iraquí. Su motivación es variada: algunos son extremistas islámicos inspirados por la agenda de al-Qaeda, otros son simple mano de obra atraída por el dinero. Algunos se involucran por la oportunidad de enfrentarse con las milicias chiíes: la campaña de los medios de comunicación yihadistas subrayan su papel como defensores de los suníes”.

Blair lo sabía

El informe da crédito a los que afirmaban que Blair fue advertido de todas las maneras posibles sobre el riesgo que representaba sacar a Sadam Hussein del poder, porque se liberarían las tensiones sectarias reprimidas por su brutal régimen.

La directora entre 2002 y 2007 del servicio de inteligencia británico MI5, Eliza Manningham-Buller, dijo sobre el tema: “En los años 2003 y 2004 recibimos muchas pistas de actividades terroristas en suelo británico… nuestra participación en Irak radicalizó, a falta de una palabra mejor… a unos cuantas personas de la misma generación… (que) entendieron nuestra intervención en Irak, sumada a nuestra intervención en Afganistán, como un ataque al islam”.


Fragmento de un vídeo del ISIS o Daesh
Fragmento de un vídeo del ISIS o Daesh.

Cuando le preguntaron si eran pruebas contundentes o una valoración general lo que le permitía asociar el aumento de la amenaza terrorista.

en Reino Unido con la invasión de Irak, Lady Manningham-Buller contestó: “Creo que hay pruebas en la cantidad de tramas, pistas, y personas identificadas; así como en su relación con Irak y en las justificaciones que daban por su participación en actividades terroristas... De modo que la respuesta a la pregunta es sí".

Blair dijo que había leído la evaluación del JIC de 2002 en la que se advertía de que la intervención en Irak aumentaría la amenaza de al-Qaeda sobre el Reino Unido, pero que en su opinión “retroceder por la amenaza del terrorismo habría estado completamente mal". "De todos modos, tras el 11 de septiembre y la guerra en Afganistán, ya éramos un blanco de los terroristas y, tal como lo demuestran los últimos sucesos en Europa y Estados Unidos, independientemente de Irak, los terroristas usarán muchas justificaciones como excusa para sus atentados”.

Desde Francia también habían advertido: el presidente de ese momento, Jacques Chirac, se oponía vehementemente a la invasión por las muy impredecibles consecuencias.

El 16 de octubre de 2002, el segundo de la embajada del Reino Unido en París, Giles Paxman, habló con dos altos funcionarios franceses sobre el Irak post Sadam en el que pensaban los británicos. Uno de los funcionarios “temía que sacar a Sadam desencadenara una anarquía absoluta en Irak con ataques a los símbolos del Partido Baaz, ajustes de cuentas y violencia generalizada como en Albania”.

En diciembre de 2002, el director de estrategia e innovación del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Simon Fraser, informó de que un interlocutor francés le había hablado sobre la necesidad de "pensar con sumo cuidado acerca de la posible desintegración política en Irak tras una guerra": "Podría haber una gran cantidad de complicaciones imprevistas, entre ellas la inestabilidad política motivada por la venganza. No deberíamos dejar que las perspectivas optimistas nos impidan ver los posibles problemas. Lo mismo sobre las consecuencias en toda la región".

En el Ministerio de Exteriores británico le dieron la razón. En un memorándum de enero de 2013, advertían: “Todas las pruebas de la región sugieren que las fuerzas de la coalición no serán vistas como liberadoras durante mucho tiempo, si es que alguna vez lo son. Piensan que nuestras motivaciones son muy sospechosas. Los iraquíes, incluso los exiliados, quieren que nos vayamos cuanto antes, al igual que la mayoría de los árabes. Cuanto más dure la intervención y ocupación de Irak, más se cuestionará su legalidad y será cada vez peor vista”.

Traducción de Francisco de Zárate
Fuente. theguardian - eldiario.es

martes, 7 de junio de 2016

El ISIS puede perder territorio por primera vez desde que proclamó el califato

Irak estrecha el cerco a los yihadistas en Faluya
Varios bomberos intentaban apagar el fuego producido en un pozo petrolífero en Kirkuk, al norte de Irak, este jueves. 

  • Dos de sus bastiones en Siria y otros dos en Irak están recibiendo ataques coordinados, y a los militantes del grupo terrorista les está costando defenderlos
  • Las rivalidades étnicas plantean una fuerte amenaza para el éxito de los ataques: las relaciones entre kurdos y árabes, que han convivido en el noreste de Siria, se han deteriorado rápido durante el último año

 

Por primera vez en los dos años que han pasado desde que el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, proclamó la existencia de un "califato islámico" extendido por Siria e Irak, el grupo yihadista está en riesgo real de perder buena parte del territorio que conserva.
Cuatro bastiones del ISIS –dos en Siria y dos en Irak– están ahora sufriendo un ataque coordinado, y en todos los casos los militantes que los defienden tienen dificultades para contener asaltos bien organizados y con recursos, que han sido planeados a lo largo de varios meses.
Los ataques cuentan con el firme apoyo de Estados Unidos, que ha reforzado desde abril su campaña para "destruir y degradar" a la organización terrorista en su feudo declarado del Este de Siria y el Oeste de Irak. Un proyecto de dos años de duración, que algunos aliados y otros países han criticado porque lo consideraban demasiado limitado y prudente, tiene ahora fuerza militar.
En Irak, un ataque contra Faluya, donde el ISIS ha estado refugiado desde enero de 2014, ha entrado en su segunda semana. En el Norte, el bastión de Mosul, clave para el destino del grupo terrorista, parece ahora menos formidable tras un ataque peshmerga desde el Este. El fin de semana pasado, mientras la atención estaba en Faluya, las fuerzas kurdas tomaron nueve pueblos que hasta entonces habían estado sin fisuras en manos de los yihadistas.
En Siria, la capital de facto del ISIS, Raqqa, y sus alrededores son el escenario de enfrentamientos recientes y de un éxodo de refugiados que está despejando la ciudad para una ofensiva terrestre inevitable pero no inminente. Además, a lo largo de la frontera sur del país con Irak, una unidad recientemente creada, el Nuevo Ejército Sirio, apoyado por las fuerzas especiales de EEUU y Jordania, está reforzando posiciones cerca de una frontera que había sido tierra de nadie para el resto de grupos de oposición desde mediados de 2013.
Pero incluso mientras el ISIS empieza a debilitarse –en algunas zonas de forma sorprendentemente veloz–, están surgiendo rápido algunas grietas entre los que luchan contra ellos que podrían pronto hacerles retroceder en sus victorias. Lo que ocurra después, según dicen los líderes tribales, podría acabar refortaleciendo al ISIS, al devolver a sus manos a las propias comunidades que la guerra trata de liberar.
Al acecho sobre el campo de batalla, en cambio constante, está el problema no abordado pero esencial de cómo un proceso político puede volver a liberar a los suníes marginados de ambos países a quienes el ISIS dice defender. Cuanto más rápido caiga el grupo sin un plan para lo que viene después, más real es la amenaza de una división irreversible en torno a líneas étnicas sectarias, entre comunidades que hasta ahora habían conseguido coexistir.
Las rivalidades étnicas plantean una fuerte amenaza para el éxito del ataque más reciente, lanzado el miércoles en la zona conocida como bolsillo de Manbij, al sur de la frontera turca, a unos 160 kilómetros al este de Alepo, entre la ciudad de al-Bab y Raqqa, el epicentro del ISIS.
Al igual que un avance en Raqqa la semana pasada, que fue en parte una jugada para el movimiento en Manbij, la operación está dirigida por Estados Unidos y apoyada por sus aviones de combate. Los que se enfrentan son una fuerza subsidiaria de EEUU dominada por kurdos locales y complementada por árabes cercanos. A pesar de la insistencia de Washington en lo contrario, el matrimonio no está funcionando bien.
Los líderes tribales en Manbij y alrededores, algunos de los cuales ofrecieron lealtad al ISIS cuando el grupo entró en la zona, dicen que el hecho de que el asalto esté al menos conjuntamente liderado por fuerzas kurdas desincentiva un cambio de lealtades. Las relaciones con los kurdos, cuyas comunidades han coexistido con los árabes en el noreste de Siria, se han deteriorado rápido durante el último año y especialmente desde que Rusia lanzó los ataques aéreos en el norte de Siria.
Desde entonces los kurdos, que han protegido sus posiciones durante la guerra civil, han empezado a avanzar en zonas árabes, aliándose en la práctica con el régimen de Asad y sus protectores y alarmando a los grupos opositores, a las comunidades árabes locales y a Turquía, que ve a los kurdos sirios como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, contra quien Ankara ha reforzado los ataques dentro de sus propias fronteras.
Washington está defendiendo a las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), apoyadas por Estados Unidos y formadas sobre todo por kurdos sirios y un pequeño grupo de árabes, como una alianza que puede cambiar el curso de la guerra contra el ISIS. El componente árabe es una ventaja crucial, aunque hay resentimiento entre sus miembros.
Abu Musaafer, habitante de Manbij de 35 años, explica que abandonó las SDF por las rivalidades entre etnias que estaban trastocando la causa del gurpo. Señala que la presencia de árabes en el grupo solo tiene objetivos de relaciones públicas. "Los árabes están solo para los medios, en realidad no son para nada importantes", afirma.
"Muchos miembros importantes de los kurdos vienen de Qandil Mountain, y en realidad son del PKK. Hay mucho racismo entre los árabes y los kurdos. Yo soy jeque en una gran tribu de Manbij, y en realidad quiero liberar mi zona del ISIS", explica Musaafer. "En los alrededores de Manbij, las SDF a menudo van a los jeques de las tribus árabes y les dicen que van a organizar una enorme cena, con varios corderos, y que si algún miembro de su tribu no está presente y no se une a las SDF, significa que son ISIS y los matarán".
Musaafer añade: "Es lo mismo que hace el ISIS con las tribus árabes de Manbij y otras zonas, exactamente lo mismo. ISIS dice que si no te unes a ellos, has traicionado al islam. Las SDF dicen que si no luchas con ellos, apoyas al ISIS y te crearán un montón de problemas a ti y a tu tribu. En realidad, necesitan una tribu árabe para reunir a muchos combatientes y ponerlos en el frente cuando las SDF ataquen Manbij, porque conocen la zona y necesitan poder decir a la gente que tienen árabes luchando con ellos".
Ali Shatat, de 32 años, que fue exiliado por el ISIS desde el cercano Deir Azzoz, se muestra algo más positivo. "Llevo cuatro meses como soldado de las SDF. Empecé a trabajar con ellos porque soy de la tribu shatat, donde el ISIS masacró a varios miembros el año pasado. Todos en mi tribu escaparon de Deir Azzoz como refugiados. Fue peor que lo que hizo Israel a los palestinos", valora.
"No creo que el Ejército Libre Sirio pueda de verdad luchar contra el ISIS, porque tiene un montón de problemas. Día tras día, no podía encontrar la manera de vengarme contra el ISIS, solo las SDF. Hay una gran oportunidad de reconquistar nuestra tierra con ellos, mucho más de lo que podrían hacer los rebeldes. Pero el problema con las SDF es que no siento que yo sea importante, o que los árabes lo sean", lamenta Shatat. "Mi líder es árabe, sí, pero su líder es kurdo. Cuando trabajamos con los kurdos, sentimos que no hay confianza entre nosotros, en absoluto. En los medios se ven las SDF como un frente unido, pero en realidad, hay una enorme diferencia entre los árabes y los kurdos. Nosotros somos pocos en número, no especialmente fuertes. Pero aún así, en este momento somos mucho mejores que ninguno de los demás grupos que están luchando en el terreno".
Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo
FUENTE: THE GUARDIAN - ELDIARIO.ES

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