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miércoles, 8 de marzo de 2017

El nuevo Orden Mediático Mundial




En sólo meses, el contenido de los medios de difusión nacionales e internacionales ha sufrido un profundo cambio en Occidente. Estamos siendo testigos del nacimiento de una “Entente” cuyos verdaderos iniciadores y objetivos reales aún se desconocen pero cuyas consecuencias directas contra la democracia ya son palpables.


Occidente está atravesando una crisis sistémica sin precedente: poderosas fuerzas están orientando poco a poco a todos los medios de difusión en una dirección única. Simultáneamente, el contenido de los medios se transforma. El año pasado todavía mostraban cierta lógica y tendencia a la objetividad. Y se aportaban mutuamente la contradicción en una sana emulación. Ahora actúan como manada, basan su coherencia en la manipulación de emociones y arremeten con saña contra las personas a las que denuncian.

La idea de una Entente de los medios de difusión es la prolongación del experimento del International Consortium for Investigative Journalism (ICIJ) («Consorcio Internacional para el Periodismo de Investigación»), un ente que no reúne medios de difusión sino sólo periodistas a título individual y que se hizo célebre publicando información robada en la contabilidad de dos oficinas de abogados de las Islas Vírgenes Británicas, el gabinete PricewaterhouseCoopers (PwC), el banco HSBC y la oficina panameña Mossack Fonseca.

Si bien algunas sacaron a la luz verdaderos delitos de una que otra personalidad occidental, esas revelaciones fueron utilizadas principalmente para desacreditar a dirigentes chinos y rusos. Lo más importante es que, con el pretexto de contribuir a la lucha contra la corrupción, la violación de la confidencialidad de abogados y bancos perjudicó gravemente a miles de clientes honestos sin suscitar reacción alguna de parte de la opinión pública.

Desde hace alrededor de 40 años puede verse un reagrupamiento paulatino de los medios de difusión en trusts internacionales. Hoy en día, más de dos terceras partes de la prensa occidental pertenece a sólo 14 grupos (21st Century Fox, Bertelsmann, CBS Corporation, Comcast, Hearst Corporation, Lagardère Group, News Corp, Organizações Globo, Sony, Televisa, The Walt Disney Company, Time Warner, Viacom y Vivendi). En este momento, la alianza montada entre Google Media Lab y First Draft está creando vínculos entre esos grupos, que ya se hallaban en posición dominante.

En esa Entente mediática están además las 3 principales agencias de prensa del planeta –Associated Press (AP), la Agence France-Presse (AFP) y Reuters–, lo cual le garantiza una posición hegemónica en materia de información. Es evidente que se trata de un caso de «entendimiento ilícito» [1]. Pero su objetivo no es uniformizar precios sino uniformizar las mentes, imponer un pensamiento ya dominante.

Puede observarse que todos los miembros –sin excepción– de la Entente de Google ya han venido presentando, durante los últimos 6 años, una visión unívoca de lo que sucede en el Medio Oriente ampliado. Pero no existía entre ellos ninguna forma de concertación previa… o no se conocía. Es interesante ver que en esa Entente también se encuentran 5 de las 6 televisiones internacionales que participaron en el equipo de propaganda de la OTAN (Al-Jazeera, BBC, CNN, France24, Sky, sólo parece faltar Al-Arabiya).

En Estados Unidos, Francia y Alemania, Google y First Draft (expresión del inglés que significa «primer borrador» o «version uno») han reunido bajo su tutela medios localmente presentes en esos países y medios de alcance internacional, supuestamente para “verificar” la veracidad de ciertos argumentos. Además de que se desconoce quién se esconde detrás de First Draft y qué intereses han llevado una firma comercial especializada en informática a asumir el financiamiento de esta iniciativa, lo cierto es que el resultado no tiene mucho que ver con un regreso a la objetividad.

En primer lugar porque las imputaciones que esos entes “verifican” no se seleccionan en función de su importancia en el debate: se seleccionan porque las mencionan individuos a quienes esta Entente quiere denunciar. Esas verificaciones supuestamente deberían acercarnos a la verdad, pero no es así: lo que hacen es tratar de convencer al ciudadano de que los medios de la Entente son honestos y que las personas que los denuncian no lo son. El objetivo no es una mejor comprensión del mundo sino destruir la reputación de los individuos “incómodos”.

En segundo lugar porque una regla no escrita de esta Entente de medios es que se verifican solamente las afirmaciones de fuentes exteriores a esa Entente… pero sus miembros no se critican entre sí. Lo que buscan es reforzar la idea de que el mundo se divide en dos bandos: «nosotros», –que decimos la verdad– y «los otros» –obligatoriamente mentirosos. Esta manera de proceder viola el principio del pluralismo, elemento básico de la democracia, y abre el camino a la imposición de una sociedad totalitaria. Pero eso no es nada nuevo porque ya vimos su aplicación en la cobertura de las primaveras árabes y de las guerras contra Libia y Siria. La diferencia es que ahora se aplica, por vez primera, a una corriente occidental de pensamiento.

Y, finalmente, porque las imputaciones que esa Entente califica de «falsas» nunca serán vistas como errores, siempre serán consideradas como mentiras. O sea, se trata a priori de atribuir a «los otros» intenciones maquiavélicas, para desacreditarlos. Con ello se viola la presunción de inocencia, principio básico de la justicia.

Por todas esas razones, el funcionamiento del Consorcio Internacional para el Periodismo de Investigación y el de la Entente creada por Google y First Draft contradicen la Carta de Munich de la Organización Internacional de Periodistas (OIP), concretamente los artículos 2, 4, 5 y 9, de su título II.

No por casualidad vemos como avanzan acciones judiciales descabelladas precisamente contra los mismos que ya son blanco de la Entente de medios de difusión. En Estados Unidos desenterraron la ley Logan para utilizarla contra el equipo de Donald Trump, un texto que nunca llegó a aplicarse desde su adopción, hace 2 siglos. En Francia, han recurrido a la ley Jolibois contra los tweets políticos de Marine Le Pen, un texto que la jurisprudencia había limitado a la difusión (por demás posible bajo ciertas condiciones) de algunas revistas ultrapornográficas. La erradicación del principio de presunción de inocencia, en los casos de los individuos a eliminar, permite llevarlos al banquillo de los acusados con cualquier pretexto jurídico. Es importante observar que las acusaciones que se esgrimen recurriendo a esas leyes contra el equipo de Trump (en Estados Unidos) y contra Marine Le Pen (en Francia), podrían servir también contra muchas otras personalidades… pero nadie lo hace.

Por otro lado, la ciudadanía ya no reacciona cuando es la Entente mediática quien divulga acusaciones falsas. Por ejemplo, en Estados Unidos ese ente inventó que los servicios secretos rusos tenían un expediente comprometedor sobre Donald Trump y que lo estaban chantajeando. En Francia, esa misma Entente inventó que es posible emplear ficticiamente a una asistente parlamentaria, delito que atribuyó a Francois Fillon… candidato “incómodo” a la presidencia.

En Estados Unidos, los miembros, grandes o pequeños, de la Entente mediática están arremetiendo contra el presidente. Sus informaciones provienen de las intercepciones telefónicas que la administración Obama ordenó indebidamente contra el equipo de Trump. Todo eso demuestra que existe una coordinación entre la Entente mediática y los magistrados que utilizan las alegaciones que esta divulga para bloquear la acción gubernamental de la actual administración. Se trata, indiscutiblemente, de un sistema mafioso.

Los medios estadounidenses y franceses están atacando implacablemente a dos candidatos a la presidencia de Francia: Francois Fillon y Marine Le Pen. Al problema general de la Entente mediática se agrega en este caso la impresión errónea de que ambos blancos son víctimas de una conjura franco-francesa, cuando en realidad las órdenes vienen de Estados Unidos. Los franceses están comprobando que sus medios emiten información sesgada, creen –erróneamente– que se trata de una campaña contra la derecha y buscan –también erróneamente– a los manipuladores en su propio país.

En Alemania, esta Entente todavía no resulta efectiva, sólo debería serlo durante las elecciones legislativas.

En tiempos del Watergate, ciertos medios dijeron ser un «Cuarto Poder», después del poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Afirmaron que la prensa ejercía sobre el gobierno una función de control en nombre del Pueblo. Ni siquiera entraremos a mencionar aquí el hecho que lo que en aquel momento se imputó al presidente Nixon fue haber ordenado interceptar los teléfonos del partido de oposición, lo mismo que ha hecho Obama. Hoy se sabe que «Garganta Profunda», la fuente del escándalo del Watergate, lejos de ser un denunciante ciudadano –los españoles dirían un “alertador”– era nada más y nada menos que Mark Felt, alto responsable del FBI que incluso se había convertido en número 2 de esa agencia federal a finales de los años 1960. El manejo de aquel escándalo en realidad fue parte de la lucha entre una facción de la administración y la Casa Blanca y los electores fueron simplemente manipulados por ambos bandos a la vez.

Aceptar la idea del «Cuarto Poder» sería reconocer a los 14 trusts que poseen la gran mayoría de los medios de prensa occidentales la misma legitimidad que al conjunto de la ciudadanía. Sería confirmar el reemplazo de la democracia por una oligarquía.

Queda un punto por aclarar. ¿Cómo elije la Entente mediática los blancos de sus ataques? Lo único que Donald Trump, Francois Fillon y Marine Le Pen tienen en común es que quieren reanudar los contactos con Rusia y luchar a su lado contra la matriz del yihadismo, que es la Hermandad Musulmana. Aunque Francois Fillon ya fue primer ministro de un gobierno que estuvo implicado en esos acontecimientos, los tres encarnan la corriente de pensamiento que contradice la versión dominante sobre las primaveras árabes y sobre las guerras contra Libia y Siria.


[1] En francés, entente illicite. Nota del Traductor.

Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «El nuevo Orden Mediático Mundial», Red Voltaire , 7 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195560.html

miércoles, 22 de febrero de 2017

Siria, la izquierda y el “camarada” Putin

Rusia se ampara en el derecho internacional para intervenir en Siria



Nazanin Armanian

La intervención militar de Rusia en la guerra de Siria ha dividido a la izquierda en tres principales grupos: los que creen firmemente que los rusos (¿soviéticos?), desde Siria, están parando los pies al “yihadismo” e imperialismo; los que le acusan de crímenes de guerra y de ser igual o peor que los yanquis, y quienes a pesar de asimilar que la patria de Lenin hoy es un país capitalista, se consuelan con que fortalecerla pondría fin a la pesadilla del mundo unilateral dirigido por EEUU.

Vladimir Putin, héroe o villano

Sin duda, la figura y la trayectoria del super presidente Putin es desconcertante. Desde Stalin ningún líder ruso ha gozado de tanta popularidad que él. Hábil en el uso de “humo y espejos”, el hombre de “orden y disciplina” que gobierna el país más grande del planeta, representa una alianza de la burguesía y magnates que controlan los medios de producción privatizados y públicos. Una élite “internacionalista” que presume de contar con el ex canciller del imperialismo alemán, Gerhard Schröder, que utilizando las “puertas giratorias” se ha colado en la dirección de Gazprom: la enfermedad holandesa azota Rusia y otros países productores de petróleo y gas.

El presidente Putin de hoy no es el mismo que hizo de primer ministro para un tal Boris Yeltsin, el Donald Trump ruso. En aquellos años, EEUU ni intentó debilitar o derrocar a Vladímir Vladímirovich, ya que podría servirle para contener a los comunistas.

Pragmático en interior y “realista” en la política exterior, Putin aplica su “sofisticada doctrina”:  mientras celebra el “Día de la Cheka” en homenaje a la policía secreta bolchevique, o utiliza la simbología soviética en los desfiles públicos, o habla del “decadente Occidente imperialista”, mima también a la ultra conservadora iglesia ortodoxa, y pone velas para que Europa y EEUU le llamen para juntos administrar el mundo. Y Oriente Próximo es un excelente espacio para recuperar el estatus de la potencia mundial.

La putinomanía, creada desde un impulso maniqueo para desafiar la rusofobia (confundida con la “comunismofobia”), tacha de “conspiración occidental” a cualquier protesta (por muy obrera que sea) en contra de las políticas de Kremlin como si milagrosamente la “lucha de clase” hubiese desaparecido de aquella sociedad capitalista.

¡Lo que diga el  PC ruso!

Ante el desconocimiento de lo que sucede realmente en Siria, algunos recomiendan  fiarse de la posición del Partido Comunista ruso (defensor de la diplomacia de Putin), pero:

¿Se refieren al mismo partido que condujo a la URSS – país al que conocía perfectamente-, y al socialismo mundial hacia aniquilación, a pesar de contar con cientos de analistas a su disposición?
¿Es que los comunistas no se equivocan? Tener “fe” no es un rasgo precisamente marxista.
En el PC ruso al igual que en otros, hay varias facciones, y no todas apoyan a la política exterior del presidente.
Los comunistas rusos, si por un lado han cometido muchos errores sobre los acontecimientos de Oriente Próximo, por otro, han dado prioridad a los intereses estratégicos de su país sobre los intereses de los pueblos afectados. Como ejemplo: La URSS fue el primer país en reconocer el Estado sionista de Israel. ¿Debería la izquierda palestina hacer lo mismo?
La intervención en Siria

Varios apuntes:

. Ninguno de los países participantes en la guerra de Siria lo hace por el amor al pueblo sirio, ni para crear un orden regional o internacional progresista.

. La legalidad de la presencia militar rusa (por tener el permiso de Damasco) no la legítima. En Yemen, EEUU y Arabia están bombardeando el país, muy legalmente a petición de su presidente Hadi, provocando la mayor crisis humanitaria del mundo.

. Entre los objetivos de Moscú no está proteger a los sirios, ni siquiera a su acorralado mandatario, ni mucho menos recuperar la integridad territorial de Siria.

. Esta intervención no ha cambiado ni las razones iniciales de la guerra ni su resultado. Sólo ha añadido mayor complejidad al conflicto. Moscú y Washington ya han pactado la suerte de Siria.

. Rusia cayó en la trampa de Obama que decidió no derrocar a Assad (que vive en su  palacio que sigue intacto, a pesar de 5 años del ataque de unos 30 estados el país), convirtiendo a Siria en un lodazal donde los enemigos y defensores de Asad se matan, haciendo felices a Washington y Tel Avive.

. Hay muchos matices en la “liberación” del mítico Alepo “gracias a los rusos”: Moscú permitió a Turquía acabar con Rojava, la autonomía kurda, si los yihadistas bajo su mando desalojaban Alepo. Así, los yihadistas fueron trasladados (con sus armas) con los autocares fletados y bocadillos, a otra ciudad, Idlib: los sirios no daban crédito a lo ocurrido. La “victoria” teatral en Alepo además no cambiaba NADA en el equilibrio de las fuerzas en este escenario.

. Las bombas de las fuerzas liderada por Rusia que caen sobre los civiles son igual de mortales que las de EEUU y Turquía. Ambos bandos utilizan la “guerra contra el terror” como una carta blanca para llevar adelante sus intereses estratégicos. Hay quien justifica éstos “daños colaterales” (el cuerpo sin vida de miles de familias sirias), desde sus cómodos sofás en un país en paz, como precio a pagar por el noble objetivo de derrotar el imperialismo. ¡Ésta es la guinda de la decadencia ética! “Los fines no justifican los medios” ha sido uno de los rasgos identitarios de la izquierda. ¿Matar a una parte del pueblo para salvar a otra? Que Putin solucionara la crisis Chechenia, o la de los rehenes en el Teatro de Moscú y en la escuela de Beslan, matando a miles de civiles para acabar con el terrorismo, entre otras observaciones, muestra una considerable falta de inteligencia, además de humanidad.

. Rusia, en el sentido marxista del término (aun) no es un país imperialista, aunque muestre aspiraciones jingoístas (nacionalismo exaltado militarista). Su apasionante y cambiante realidad social y política seguirá creando mucha confusión.

¿Es Rusia anti-imperialista?

Pocos saben que el Sr. Putin en 2001 solicitó el ingreso de Rusia en la OTAN. Se creó el Consejo OTAN-Rusia para coordinar la cooperación militar y civil entre ambos, que fue estrenada en Afganistán, donde la invasión de la Alianza ha dejado a cientos de miles de muertos y unos 5 millones de desplazados. EEUU, entre 2012 y 2015 utilizó la base área de la ciudad natal de Lenin, Uliánovsk, para transportar cargas a Afganistán. También con su abstención en el Consejo de Seguridad permitió en 2011 el ataque a  Libia, votó en favor a las sanciones económicas y militares contra Irán, mientras Israel y Arabia Saudi se armaban hasta los dientes, generando un peligroso desequilibrio militar en la zona.

La ofensiva de la OTAN contra Rusia se debe a que EEUU no soporta que un poderoso país con tantos recursos naturales esté fuera de su control. Esta fricción geopolítica no puede ser aprovechada por las fuerzas progresistas, simplemente porque éstas han sido debilitadas hasta casi desaparición. ¡Y no, los entes religiosas (que son de derecha más reaccionaria) no pueden llenar este vacío, aunque sus inocuas ruidos anti estadounidenses llenen el escenario!

Y un mundo multipolar no reduce el riesgo de las guerras. Durante la existencia de la URSS ¿cuántas invasiones militares y golpes de estado hubo? Rusia no es un estado belicista, pero tampoco es el ángel de la paz: es el segundo vendedor mundial de armas.

Hoy, la guerra revolucionaria carece de sentido. Los pequeños y grandes estados usan sus armas de destrucción masiva contra miles de civiles, sin pestañar.  En Siria, todos los actores extranjeros deberían salir del país, y que fuese la ONU quien vele por la paz y la democracia, antes de que Trump lo declare “Estado Fallido” y le mande sus tropas.

Fuente: Publico.es

jueves, 16 de febrero de 2017

Trump: los negocios contra la guerra

Donald Trump inaugura el “Strategy and Policy Forum” en la Casa Blanca, el 3 de febrero de 2017.

por Thierry Meyssan


Thierry Meyssan nos invita a que observemos a Donald Trump sin juzgarlo según los criterios de su predecesor sino tratando de entender su propia lógica. Y observa que el nuevo presidente estadounidense está tratando de restaurar la paz y de reactivar el comercio mundial, pero sobre una nueva base, totalmente diferente a la actual globalización.
Tratando de echar por tierra el poder que le precedió y que se aferra al control en contra suya, el presidente Donald Trump no puede conformar su administración apoyándose en la clase política ni en altos funcionarios. Por eso está recurriendo a nuevas personalidades, a empresarios como él, a pesar de los riesgos que eso implica.


Según la ideología puritana en boga desde la disolución de la Unión Soviética, es un crimen mezclar la política de un Estado con los negocios personales, razón por la cual se instauró una estricta separación entre ambas cosas. En siglos anteriores, por el contrario, la política no se abordaba bajo una perspectiva moral sino siguiendo el principio de la eficacia. En esos tiempos se consideraba normal asociar los empresarios a la política. El enriquecimiento personal de estos últimos se calificaba de «corrupción» sólo si se enriquecían en detrimento de la Nación, no cuando la desarrollaban.

En lo que concierne a sus relaciones con los Dos Grandes, el presidente Trump aborda el tema de Rusia en el plano político y el tema de China en el plano comercial. Por eso recurre a Rex Tillerson –el ex patrón de Exxon-Mobil–, amigo personal de Vladimir Putin, como secretario de Estado; y a Stephen Schwarzman –el mandamás de la firma de inversiones y capital Blackstone–, amigo personal del presidente Xi Jinping, nombrándolo presidente del nuevo órgano consultativo encargado de proponer la nueva política comercial estadounidense: el Foro Estratégico y Político (Strategy and Policy Forum), inaugurado personalmente por el presidente Trump en la Casa Blanca, el 3 de febrero [1]. Ese Foro reúne a 19 empresarios de muy alto nivel. Contrariamente a las prácticas anteriores, esos consejeros no fueron designados teniendo en cuenta si apoyaron o no al presidente en su campaña electoral, ni tampoco en función de las empresas que dirigen, del tamaño de estas o de su influencia. Sólo se tuvo en cuenta la capacidad personal de dirección de los seleccionados.

Rex Tillerson


Como director de ExxonMobil, Rex Tillerson concibió una forma de asociación con sus homólogos rusos. Gazprom y, posteriormente, Rosneft autorizaron a los estadounidenses a trabajar en Rusia, a condición de que los estadounidenses hicieran lo mismo autorizando esos consorcios a trabajar con ellos en otras partes del mundo. Los rusos cubrieron así un tercio de las operaciones de ExxonMobil en el Golfo de México, mientras que la transnacional estadounidense participó en el descubrimiento de un gigantesco campo de hidrocarburos en el Mar de Kara [2].

Fue ese éxito lo que le valió a Rex Tillerson recibir la Medalla de la Amistad de manos del presidente Vladimir Putin. Pero la prensa prefiere resaltar los vínculos personales que Tillerson estableció con el presidente ruso y con Igor Sechin, hombre de confianza de Putin.

A la cabeza de ExxonMobil, Tillerson se enfrentó a la familia Rockefeller, fundadora del emporio. Pero logró hacer valer su punto de vista y los Rockefeller comenzaron a vender sus acciones para abandonar la compañía [3].

Según los Rockefeller, el petróleo y el gas son recursos finitos, o sea limitados, que están a punto de agotarse –conforme a la teoría divulgada en los años 1970 por el Club de Roma. El uso de esos recursos provoca emisiones de carbono hacia la atmósfera y así da lugar al calentamiento climático del planeta –teoría difundida en los años 2000 por el GIEC y el ex vicepresidente demócrata estadounidense Al Gore [4]. Y es hora de pasar a fuentes renovables de energía.

Por el contrario, para Rex Tillerson, nada permite validar la idea de que los hidrocarburos son una especie de compost de detritus biológicos. Constantemente siguen apareciendo nuevos yacimientos en zonas donde no parecía que pudiese haber yacimientos y a profundidades cada vez mayores. Nada demuestra que los hidrocarburos vayan a agotarse en los próximos siglos. Nada prueba tampoco que el carbono proveniente de las actividades humanas sea la causa del cambio climático. Los dos bandos inmersos en ese debate han financiado un intenso cabildeo para convencer a los políticos que toman las decisiones porque ninguna de las dos partes dispone de un argumento determinante [5].

Pero los dos bandos también defienden, por otro lado, posiciones diametralmente opuestas en materia de política exterior. Es por eso que la lucha entre los Rockefeller y Tillerson tuvo un impacto en la política internacional. Veamos:

En 2005, los Rockefeller aconsejeron a Qatar –cuyos ingresos provienen de ExxonMobil– que apoyara a la Hermandad Musulmana. Después, en 2011, aconsejaron a Qatar que se implicara en la guerra contra Siria. Y Qatar dilapidó decenas de miles de millones de dólares en apoyo a los grupos yihadistas.

Tillerson, por el contrario, consideró que la guerra clandestina es buena para la política imperial, pero no hace avanzar los negocios. Desde la derrota de los Rockefeller, Qatar ha venido retirándose paulatinamente de la guerra y dedica sus gastos a los preparativos de la Copa Mundial de futbol.

En todo caso, la administración Trump no ha tomado, hasta ahora, ninguna decisión sobre Rusia, exceptuando la abrogación de las sanciones adoptadas en reacción a una injerencia en la campaña electoral estadounidense, injerencia supuestamente observada por la CIA.

Stephen Schwarzman


El presidente Trump inicialmente incomodó a China al aceptar una llamada telefónica de la presidenta de Taiwán, a pesar del principio de «Una China, dos sistemas». Recientemente ofreció excusas al presidente Xi Jinping, deseándole calurosamente un «Feliz año del Gallo de Fuego».

Pero antes le hizo un regalo de lujo al anular la participación de Estados Unidos en el Tratado Transpacífico. Ese acuerdo, que ni siquiera estaba firmado aún, estaba concebido –como todo el conjunto de la globalización de los 15 últimos años– para excluir a China del poder de decisión.

El presidente Trump ha abierto un canal de negociación con las principales autoridades comerciales y financieras chinas, a través de los miembros de su Foro Estratégico y Político. Un 9,3% de la empresa de Stephen Schwarzman, Blackstone, pertenece desde 2007 al fondo soberano chino China Investment Corp. [6], cuyo director de aquella época, Lou Jiwei, es el actual ministro de Finanzas de la República Popular China.

Schwarzman es miembro del Consejo Consultativo de la Escuela de Economía y Gestión de la Universidad Tsinghua [7]. Y ese Consejo, bajo la presidencia del ex primer ministro Zhu Rongji, reúne en su seno a importantísimas personalidades chinas y occidentales. Basta con citar a Mary Barra, de General Motors; Jamie Dimon, de JPMorgan Chase; Doug McMillon, de Wal-Mart Stores; Elon Musk, de Tesla Motors; e Indra K. Nooyi, de PepsiCo; quienes además son ahora miembros del nuevo Foro Estratégico y Político de la Casa Blanca.

En un artículo anterior, indiqué que desde su encuentro con Jack Ma –de Alibaba e igualmente miembro del Consejo Consultativo de la Universidad Tsinghua–, Donald Trump se plantea la posibilidad de que Estados Unidos se incorpore al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infraestructure Investment Bank o AIIB). Si esa posibilidad se concretara, Estados Unidos estaría iniciando una verdadera cooperación para desarrollar las «rutas de la seda», lo cual haría inútiles los conflictos en Ucrania y en Siria [8].

La cooperación a través del comercio


Desde la disolución de la URSS, la política de Estados Unidos se trazaba según la «doctrina Wolfowitz». Para garantizar que Estados Unidos fuese «el primero», las sucesivas administraciones no vacilaron en librar de manera consciente toda una serie de guerras que empobrecieron el país [9].

Por supuesto, ese empobrecimiento no fue para todos. Por eso se vio un conflicto intestino del capitalismo entre las empresas que se benefiaban con la guerra –actualmente BAE, Caterpillar, KKR, LafargeHolcim, Lockeed Martin, Raytheon, etc.– y las que sabían que podían beneficiarse con la paz.

La administración Trump pretende reactivar el desarrollo de Estados Unidos rompiendo con el ideal de ser «el primero» y fijando como objetivo ser «el mejor». Para eso hay que actuar rápido. Se necesitarán años para abrir las «rutas de la seda», aunque su construcción ya está ampliamente iniciada. Por consiguiente, Estados Unidos no tiene tiempo para ponerse a renegociar los grandes tratados comerciales multilaterales ya existentes. Tiene que concluir sin demora acuerdos bilaterales para que los contratos se apliquen de inmediato.

Consciente de que es extremadamente difícil convertir una economía de guerra en economía de paz, Donald Trump asoció a su Foro Estratégico y Político un empresario proveniente de una de las grandes firmas que podrían desarrollarse tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra:: Jim McNerney, de Boeing.

Thierry Meyssan

[1] “Remarks by President Trump in Strategy and Policy Forum”, The White House, 3 de febrero de 2017.

[2] «Rosneft exploitera le pétrole du golfe du Mexique », por Juliana Gortinskaïa, Оdnako (Rusia) , Réseau Voltaire, 8 de marzo de 2013.

[3] “The Rockefeller Family Fund vs. Exxon”, David Kaiser y Lee Wasserman, The New York Review of Books, 8 de diciembre de 2016.

[4] «1997-2010: La ecología financiera», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) , Red Voltaire, 28 de abril de 2010.

[5] “Exxon Mobil Accuses the Rockefellers of a Climate Conspiracy”, John Schwartz, The New York Times, 21 de noviembre de 2016. “Rockefeller Foundations Enlist Journalism in ‘Moral’ Crusade Against ExxonMobil”, Ken Silverstein, The Observer, 16 de enero de 2017.

[6] Annual Report 2008, p. 40 & 56, The Blackstone Group.

[7] “The Advisory Board of Tsinghua University School of Economics and Management (2016-2017)”, Tsinghua University.

[8] “The Geopolitics of American Global Decline”, Alfred McCoy, Tom Dispatch (Estados Unidos) , Voltaire Network, 22 de junio de 2015.

[9] La doctrina Wolfowitz se elaboró en el marco de la Defense Policy Guidance for the Fiscal Years 1994-1999. Aunque ese documento no ha sido desclasificado, su contenido fue revelado en el artículo «U.S. Strategy Plan Calls For Insuring No Rivals Develop», por Patrick E. Tyler, The New York Times, el 8 de marzo de 1992. Ese mismo diario publica largos pasajes del informe en la página 14: «Excerpts from Pentagon’s Plan: "Prevent the Re-Emergence of a New Rival"». Informaciones adicionales aparecen en «Keeping the U.S. First; Pentagon Would Preclude a Rival Superpower», por Barton Gellman, The Washington Post, 11 de marzo de 1992.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).


¿Quién está usando la prensa y la Justicia contra Donald Trump y Francois Fillon?¿Quién está usando la prensa y la Justicia contra Donald Trump y Francois Fillon?

Contra Donald Trump, la propaganda de guerraContra Donald Trump, la propaganda de guerra

16. El cambio de bando de TurquíaEl cambio de bando de Turquía

Las sonrisas de la señora MayLas sonrisas de la señora May

Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense

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Fuente : «Trump: los negocios contra la guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 14 de febrero de 2017, www.voltairenet.org/article195245.html

lunes, 13 de febrero de 2017

¿Quién está usando la prensa y la Justicia contra Donald Trump y Francois Fillon?




por Thierry Meyssan

¿Es posible que alguien no perciba el parecido entre la campaña mediática contra Donald Trump y la que se ha desatado en Francia contra el candidato a la presidencia Francois Fillon? ¿Será que estos dos hombres, con rasgos personales e ideológicos muy diferentes, amenazan los mismos intereses?

Dos campañas de prensa de muy gran envergadura se desarrollan actualmente en el mundo occidental contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y, a menor escala, contra un candidato a la elección presidencial francesa, Francois Fillon. A Trump se le acusa de ser un supremacista blanco irresponsable; a Fillon le imputan haber cometido lo que se describe como una falta moral no castigada por la ley.

Hace sólo un año, jamás hubiésemos podido imaginar que pudieran realizarse campañas de tal envergadura contra un ex primer ministro de Francia –en el caso de Francois Fillon– y menos aún contra el presidente en funciones de los Estados Unidos de América.

Ambas campañas utilizan los 10 argumentos tradicionales de la propaganda de guerra, tal y como los definió en 1928 el político británico Lord Arthur Ponsonby, en su libro Falsehood in Wartime y posteriormente precisados por la historiadora belga Anne Morelli en su obra Principes élémentaires de propagande de guerre:
- Deploramos este enfrentamiento con un presidente en funciones –en Estados Unidos– y en plena campaña electoral por la presidencia –en Francia.
- Los señores Trump y Fillon son los únicos responsables de lo que está sucediendo.
- Los señores Trump y Fillon son personalidades peligrosas.
- Nosotros defendemos una noble causa, la de los principios de nuestra Constitución –en Estados Unidos– y la de la igualdad –en Francia– mientras que los señores Trump y Fillon sólo se preocupan por su fortuna personal.
- Los señores Trump y Fillon están portándose muy mal. Trump arremete contra los musulmanes; Fillon es un ladrón. Es cierto que nosotros también hemos cometido errores pero no de tanta gravedad.
- Los señores Trump y Fillon recurren a métodos no ortodoxos.
- Los señores Trump y Fillon están derrotados. Trump acaba de ser desautorizado por los tribunales federales; Fillon está deslegitimado por los sondeos.
- Los artistas e intelectuales comparten nuestra indignación.
- Nuestra causa es sagrada.
- Quienes cuestionan a nuestros medios de difusión no son verdaderos «americanos», ni verdaderos franceses.

En ambos casos, esta campaña incluye una serie de acciones legales condenadas al fracaso. La primera apunta a invalidar un decreto presidencial sobre la inmigración, a pesar de tratarse de una medida perfectamente legal y constitucional. La segunda trata de justificar la apertura de investigaciones policiales a pesar de que la persona en cuestión no es sospechosa de haber cometido ninguna violación de la ley. Contra toda lógica, ambas acciones legales están avanzando.

¿Quién está en condiciones de utilizar
al mismo tiempo
los medios de difusion y la justicia?

Dado el carácter internacional de esas campañas, es evidente que los comanditarios no están reaccionando ante una simple cuestión nacional y que no son simplemente estadounidenses o franceses.

En años anteriores, campañas de este tipo se desarrollaron por instigación de la OTAN. Las más recientes apuntaban contra la República Árabe Siria. Sin embargo, nada permite esta vez acusar a la OTAN de actuar contra la Casa Blanca ni de perturbar la elección presidencial en Francia.

Además de la hipótesis de la OTAN como comanditario, es posible imaginar también la existencia de una coalición de intereses financieros transnacionales capaz de influir sobre los magnates de la prensa hasta que el efecto de bola de nieve arrastra a los demás medios.

Horrorizado, el “New York Times” da la voz de alarma: ¡Donald Trump quiere prohibir la Hermandad Musulmana!


¿Qué intereses pueden sentirse tan amenazados como para organizar este tipo de campañas?

El único punto en común entre Donald Trump y Francois Fillon es que los dos quieren poner fin al imperialismo recurriendo, donde sea posible, a la cooperación en lugar de la confrontación. Aunque otros responsables políticos del mundo ya defienden ese objetivo, Donald Trump y Francois Fillon son los únicos que van hasta el final de esa lógica. Los dos estiman que no será posible restaurar la paz y la prosperidad sin acabar primero con la instrumentalización del terrorismo islámico, sin liberar el mundo musulmán del control que ejercen los yihadistas y sin atacar incluso la matriz del terrorismo: la Hermandad Musulmana.



Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).



Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

lunes, 9 de enero de 2017

Carta abierta a los sedicentes “defensores de los derechos humanos” en Alepo

 





Jean Bricmont
Que no haya malentendidos: lo que sigue no es en modo alguno una crítica de los derechos humanos como ideal por el que trabajar. El título completo de esta carta debería ser: “Carta abierta a quienes invocan selectivamente los derechos humanos para justificar la política de intervención de las potencias occidentales en los asuntos internos de otros países”.

En realidad, el único asunto a discutir sobre Siria no es la situación sobre el terreno (que puede ser complicada), sino la legitimidad de las políticas intervencionistas en ese país por parte de los EEUU y sus “aliados”, los europeos, los turcos y los estados del Golfo.

Durante décadas, el principio en que se funda el derecho internacional, esto es, la igual soberanía de los estados –que implica la no-intervención de un estado en los asuntos internos de otro— ha sido sistemáticamente violado, y a punto tal, que prácticamente ha sido olvidado por los campeones del “derecho a la intervención humanitaria”. Recientemente, algunos abogados de la intervención humanitaria, autoproclamados izquierdistas inquebrantables, se han sumado al coro del partido de la guerra en Washington reprochando a la administración Obama no haber intervenido más en los esfuerzos militares para derrocar al gobierno de Siria. En una palabra: critican a la administración Obama por no haber violado suficientemente el derecho internacional.

En realidad, casi todo lo que los EEUU hacen por doquiera en el mundo viola el principio de no-intervención: no sólo invadir “preventivamente”, sino también influir en o comprar elecciones, armar rebeldes o sancionar unilateralmente o embargar, a fin de alterar las políticas de los países que son sus víctimas.

Quienes se consideran a sí mismos de izquierda deberían tomar nota de la base histórica de esos principios del derecho internacional. Por lo pronto, de la lección impartida por la II Guerra Mundial. El origen de esa guerra fue el uso que hizo Alemania de las minorías germanas en Checoslovaquia y Polonia, extendido luego durante la invasión de la Unión Soviética. La guerra tuvo finalmente consecuencias catastróficas para las propias minorías que sirvieron de pretexto a los alemanes.

En parte por esta razón, los vencedores que escribieron la Carta de las Naciones Unidas declararon ilegal la política de intervención, a fin de ahorrar a la Humanidad “el flagelo de la guerra”.

Luego, en las décadas que siguieron, el principio de no-intervención se vio robustecido por la ola de descolonizaciones. La última cosa que los países recién descolonizados querían era la intervención de las viejas potencias coloniales. Los países del Sur han sido prácticamente unánimes en la condena de la intervención. En febrero de 2003, poco antes de la invasión de Irak, la cumbre de Países No-Alineados reunida en Kuala Lumpur adoptó una resolución que declaraba lo siguiente:

“Los Jefes de Estado o de Gobierno reafirman el compromiso del Movimiento con el robustecimiento de la cooperación internacional para resolver problemas internacionales de carácter humanitario respetando plenamente la Carta de las Naciones Unidas y, en este sentido, reiteran el rechazo del Movimiento de No-Alineados al llamado ‘derecho’ de intervención humanitaria, que no tiene el menor fundamento ni en la Carta de las Naciones Unidas ni en el derecho internacional.” [1]

Es obvio que esas “intervenciones” sólo son posibles por parte de estados fuertes contra estados débiles. Se trata de un caso en el que el poder impone su ley.

Sin embargo, ni siquiera todos los estados fuertes son igualmente fuertes. Imaginemos por un momento que se aceptara el derecho de intervención como un nuevo principio del derecho internacional. ¿Qué ocurriría, si Rusia tratara de derrocar al gobierno de Arabia Saudí a causa de las “violaciones de derechos humanos” perpetradas en ese país? ¿Y si China mandara tropas a Israel para “proteger a los palestinos? No tardaríamos en llegar a una nueva Guerra Mundial. Para entender el carácter inaceptable de las políticas de intervención, basta pensar en los alaridos del establishment norteamericano a propósito del alegado hackeo ruso a ciertos correos electrónicos publicados por Wikileaks. Obsérvese que la realidad de ese hackeo está por demostrar (véase aquí) y que, aun si fuera cierta, sólo significaría que el hackeo permitió a la opinión pública norteamericana tomar consciencia de algunas maniobras de sus dirigentes políticos, lo que no pasa de ser un pecadillo comparado con las intervenciones norteamericanas en América Latina, el Oriente Próximo o Indochina.

Las consecuencias de las políticas intervencionistas estadounidenses son múltiples y catastróficas. Por un lado, tenemos millones de muertos a causa de las guerras norteamericanas: este estudio llega a computar un total de 1,3 millones de víctimas sólo contando las de la “guerra al terror”).

Además, sería un error imaginar que las víctimas de las intervenciones no reaccionarán a la amenaza de intervención construyendo alianzas y tratando de defenderse por la vía de incrementar la represión interna. Cuando los EEUU fueron atacados el 11 de Septiembre de 2001, Washington tomó unas medidas de seguridad y vigilancia sin precedentes y, lo que es mucho peor, invadió dos países. ¿Cómo puede alguien imaginar que Siria, Rusia o China no van a tomar medidas para protegerse de la subversión foránea?

Por esa senda se ingresa en la lógica de las guerras sin fin. En realidad, tras haber intervenido en Ucrania y Siria, las potencias occidentales entraron luego en conflicto con Rusia y China a causa de las medidas que estos países tomaron en respuesta a aquellas intervenciones. Lejos de ser una fuente de paz, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se convierte en escenario de expresión de acrimonias sin cuento.

En el caso de Siria, si, como ahora parece, la insurrección termina derrotada, se verá que la política occidental de intervención armando a los rebeldes sólo habrá conseguido prolongar los sufrimientos de la población de este desdichado país. Los sedicentes “defensores de los derechos humanos” que secundaron esa política intervencionista cargan con una grave responsabilidad en esta tragedia.

Aun cuando la defensa de los derechos humanos es un concepto liberal y el liberalismo se halla, en principio, en oposición al fanatismo, lo cierto es que los actuales “defensores de los derechos humanos” exhiben a menudo fanatismo. Se nos advierte contra una perfectamente imaginaria influencia rusa en Europa (compárese la influencia comercial, cultural, intelectual y diplomática norteamericana con la de Rusia) y se nos recomienda no consultar los “medios de comunicación del Kremlin”. Pero en cualquier guerra –y el apoyo a la insurrección siria es una guerra— la primera víctima es la verdad. Cualquier mente genuinamente liberal consultaría la “propaganda” del otro lado, no para creerla al pie de la letra, sino para contrapesar y evaluar la propaganda a la que su propio lado está constantemente sometido.

Dejando aparte la “propaganda rusa”, los sedicentes “defensores de los derechos humanos” parecen incapaces de prestar atención al siguiente estudio: “Possible Implications of Faulty US Technical Intelligence in the Damascus Nerve Agent Attack of August 21, 2013.” Ese estudio, realizado por Richard Lloyd, un antiguo inspector de armamento de Naciones Unidas, y por Theodore A. Postol, un profesor de Ciencia, Tecnología y Seguridad Nacional en el MIT, concluía que el ataque con gas cerca de Damasco en agosto de 2013, que estuvo a punto de desencadenar una guerra total contra Siria, no pudo haberlo realizado el gobierno sirio. Resulta difícil de imaginar que expertos que desempeñan cargos de esta categoría mientan deliberadamente para “apoyar a Assad”, o que sean incompetentes en asuntos de física relativamente elementales.

Los sedicentes “defensores de los derechos humanos” también cuestionan si es siquiera posible hablar con Putin “después de Alepo”. Pero la “guerra al terror” librada por los EEUU, incluida la invasión de Irak, con sus centenares de miles de muertes, nunca ha impedido a nadie hablar con los norteamericanos. En realidad, luego de esta guerra que Francia condenó en 2003, Francia se integró más en la OTAN y siguió a los EEUU más fielmente que nunca.

Además, los sedicentes “defensores de los derechos humanos” se hallan en una situación particularmente absurda. Repárese, por ejemplo, en el pretendido empleo de armas químicas en 2013 por parte del gobierno sirio. Hubo amplio consenso en Francia sobre la necesidad de intervenir militarmente en Siria. Pero sin la intervención norteamericana, una intervención puramente francesa resultaba imposible. Los “defensores de los derechos humanos” europeos se ven reducidos a implorar a los norteamericanos: “¡Haced la guerra, no el amor!” Pero los norteamericanos padecen de “fatiga bélica” y acaban de elegir a un presidente opuesto en principio a las guerras libradas para cambiar regímenes políticos. La única posibilidad para los “defensores de los derechos humanos” europeos es que sus pueblos acepten gastos militares masivos, a fin de crear una correlación de fuerzas que haga posibles las políticas intervencionistas. ¡Buena suerte!

Para terminar, hay que distinguir, entre los sedicentes “defensores de los derechos humanos”, a las Almas Nobles de las Almas Bellas.

Las Almas Nobles advierten a sus “amigos” contra la idea de “apoyar” al matarife, al criminal, al asesino de su propio pueblo, Bashar al Assad. Pero eso es confundir completamente la razón de la actitud antiintervencionista.

Los estados pueden apoyar a otros estados con armamento y dinero. Pero los individuos o los movimientos sociales, como el movimiento antiguerra, no pueden hacerlo. De manera que carece completamente de sentido decir, cuando se expresa una crítica de las políticas intervencionistas en nuestra sociedad –necesariamente de un modo marginal—, que “apoyan” a tal o cual régimen o líder, a menos que uno considere que todos los que no quieren que Rusia intervenga en Arabia Saudí o China en Palestina lo que hacen es apoyar al régimen saudí o a la colonización israelí.

Lo que hacen los antiimperialistas es dar su apoyo a otra política exterior, distinta de la practicada por su propio gobierno, lo que es una cuestión completamente distinta.

En cualquier guerra hay propaganda masiva a favor de la guerra en curso. Puesto que las guerras presentes se justifican apelando a los derechos humanos, es obvio que la propaganda bélica se concentrará en “violaciones de derechos humanos” en los países situados en el punto de mira de los intervencionistas.
   
Razón por la cual todos los que se oponen hoy a las políticas intervencionistas tienen que suministrar plena información para contrarrestar esa propaganda: por ejemplo, el estudio antes mencionado sobre el uso de gas venenoso en 2013, o los testimonios sobre Alepo que contradicen el discurso dominante (por ejemplo, el de un exembajador del Reino Unido en Siria). Es harto sorprendente que algunos izquierdistas muy críticos con los medios de comunicación dominantes en lo tocante a políticas nacionales internas se traguen casi por entero la “narrativa” occidental cuando de Rusia y Siria se trata. Pero si los medios de comunicación distorsionan la realidad en nuestros propios países, ¿por qué no habrían de hacer lo mismo cuando se trata de países extranjeros, en donde las cosas son más difíciles de verificar?

Esta crítica de la propaganda de guerra no tiene nada que ver con el “apoyo” a un determinado régimen, en el sentido de que tal régimen pudiera resultar deseable en un mundo libre de políticas intervencionistas.

Las Almas Nobles quieren “salvar Alepo”, ·están avergonzada de la falta de acción de la comunidad internacional” y quieren “hacer algo”. De acuerdo, pero ¿hacer qué? La única sugerencia práctica que se hizo (antes de los recientes acontecimientos) fue la de crear una “zona de exclusión de vuelo” que pudiera prevenir la ayuda de la fuerza aérea rusa al ejército sirio. Pero eso sería una violación más del derecho internacional, porque Rusia fue invitada a Siria por el gobierno legal e internacionalmente reconocido de ese país, a fin de combatir el terrorismo. La situación de Rusia en Siria no es, desde un punto de vista jurídico, muy distinta a la de Francia cuando se la invitó por el gobierno de Mali a combatir a los islamistas en su país, islamistas que, dicho sea de paso, se hallaban en Mali a causa de la intervención, apoyada por Francia, en Libia. Además, intervenir militarmente en Siria implicaría o una guerra con Rusia o una rendición rusa sin combate. ¿Quién querría apostar por la última posibilidad?

Para ilustrar la hipocresía de las Almas Nobles, compárese la situación de Siria con la del Yemen. En Yemen, la Arabia Saudí está cometiendo numerosas masacres, en total violación del derecho internacional. Si estás indignado porque no se hace nada por Siria, ¿por qué no haces algo tú mismo por Yemen? Además, hay una gran diferencia entre las dos situaciones. En el caso de Siria, una intervención militar podría llevar a una guerra con Rusia. En el caso de Yemen, en cambio, bastaría probablemente, para ejercer presión sobre Arabia Saudí, con interrumpir el suministro de armamento al país. Ni que decir tiene que las Almas Nobles saben perfectamente que no son capaces de frenar esos suministros. Pero, entonces ¿a qué viene indignarse con Siria?

Las Almas Bellas, por otra parte, están contra todas las guerras, contra toda violencia. “Condenan” a Assad y a Putin, claro está, pero también a Obama, a la Unión Europea, a la OTAN y a quien haga falta. Denuncian, encienden velas y apagan luces. “Dan testimonio”, porque “permanecer en silencio” significa “ser cómplices”.

De lo que no se percatan es de que sobre el terreno, en Siria, nadie, ni el gobierno ni los rebeldes saben de su existencia, y si supieran de ella, les importarían un higo sus indignaciones, condenas, encendidos de velas y apagados de luces.

Eso no significa que las Almas Nobles y las Almas Bellas no tengan sus efectos. Tienen uno, que es éste: atravesarse en el camino de cualquier política exterior alternativa en su propio país, política que debería fundarse en la diplomacia y en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas. Sólo una política así podría favorecer la paz en el mundo, el equilibrio y la igualad entre las naciones y, eventualmente, hacer progresar la causa de los derechos humanos. Pero la demonización de Assad y Putin –y de cualquiera que quiera negociar con ellos— por parte de los sedicentes “defensores de los derechos humanos” hace prácticamente imposible políticamente esa alternativa.

Para los sedicentes “defensores de los derechos humanos”, el realismo político y las consecuencias de sus acciones carecen de importancia: lo que les importa es demostrar que pertenecen al “campo de la Virtud”. Os imagináis libres, mientras secundáis una tras otra las indicaciones de los medios de comunicación dominantes respecto de lo que debería ser objeto de vuestra indignación.

Si yo albergara la menor ilusión respecto de la lucidez que pudierais tener respecto de las consecuencias de vuestras acciones, llamaría a éstas criminales, a causa del daño que hacéis a Europa y al resto del mundo. Pero puesto que no albergo ilusión ninguna, me limito a llamaros hipócritas.


NOTA[1] Documento final de la Décimo Tercera Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno del Movimiento de Países No-Alineados, Kuala Lumpur, 24-25 de febrero de 2003, Artículo 354. (Accesible desde: http://www.bernama.com/events/newnam2003/indexspeech.shtml?declare).

Fuente:
CounterPunch, 4 enero 2017
Traducción:
Miguel de Puñoenrostro

viernes, 25 de noviembre de 2016

La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia

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por Ariel Noyola Rodríguez

La Organización de Cooperación de Shanghái está en camino de pasar de la cooperación en materia de seguridad y defensa, a sumar esfuerzos en los ámbitos económico y financiero. Durante su 15ª cumbre, realizada a principios de noviembre, el primer ministro de China propuso a los miembros de este grupo la creación de un área de libre comercio y un banco regional de desarrollo, lo cual elevaría la influencia de Pekín y Moscú en una región que, según uno los principales geoestrategas estadounidenses, terminará por definir el futuro de la hegemonía global.
Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, sostuvo en 1997, en su libro El gran tablero: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos (The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives), que una de las condiciones para que Estados Unidos conservara su hegemonía mundial consistía en impedir, a toda costa, el surgimiento de una potencia desafiante en Eurasia. Hoy en día, Washington no solamente ha perdido el control sobre esa parte del mundo sino que China está encabezando, junto con Rusia, la construcción de un gran circuito económico y financiero entre todos los países de la región.

Los medios de comunicación occidentales, en su mayoría, ocultaron que a principios de noviembre el primer ministro de China, Li Keqiang, realizó una gira por varios países de Asia central. Li aterrizó en la ciudad de Bishkek (Kirguistán), donde participó en la 15ª Cumbre de Jefes de Gobierno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) [1]. La OCS, que cubre 300 millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente el 60% de toda la superficia de Eurasia) y es el hogar de una cuarta parte de la población mundial, está compuesta actualmente por . La India y Pakistán se encuentran en proceso de incorporación que, previsiblemente, será concluido en la cumbre de Astaná, a realizarse en junio de 2017 [2].

Aunque en un principio fue concebida bajo una perspectiva militar y de seguridad, en estos momentos la OCS incluye también la cooperación en los rubros económico y financiero. Justamente cuando el comercio internacional registra su peor desempeño desde que estalló la crisis financiera de 2008 [3], para los países que conforman la OCS se ha vuelto una imperiosa necesidad estrechar sus vínculos, tanto en términos comerciales, como de inversión. Para enfrentar la desaceleración económica mundial, es urgente que los países emergentes fortalezcan las relaciones Sur-Sur (entre países de la periferia), con vistas a reducir su dependencia de las naciones industrializadas, hoy hundidas en el estancamiento.

La propuesta del primer ministro de China de establecer un área de libre comercio («free trade area») entre los miembros de la OCS apunta, precisamente, hacia la integración horizontal de las cadenas productivas de la región euroasiática [4]. En un momento en el que China está acelerando la reorientación de su economía hacia el mercado interno para, de este modo, disminuir el predominio de las inversiones masivas y el comercio exterior en su patrón de crecimiento, para el resto de países que conforman la OCS es un asunto de primer orden buscar dar el salto hacia la producción de mercancías de alto valor agregado.

Por otro lado, considero que la OCS debe explorar la posibilidad de sumar esfuerzos con otros proyectos de integración que en la actualidad intentan consolidarse. La eliminación de barreras arancelarias bien puede permitir a los países de la OCS aumentar los flujos de comercio y de inversión de forma sustantiva con aquellos bloques regionales que están conformados por las economías emergentes; por ejemplo, la Unión Económica Euroasiática (UEE, integrada por Rusia, Bielorrusia, Kazajastán, Armenia y Kirguistán) o incluso la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés).

Es fundamental, en paralelo, que las estrategias de integración económica regional impulsadas por la OCS y la UEE busquen establecer, cuanto antes, alianzas con las zonas de libre comercio que China está impulsando en el Continente asiático, es decir, encontrar puntos de convergencia, verbigracia, con el Acuerdo Económico Comprensivo Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). A mi modo de ver, el protagonismo de China en los flujos del comercio mundial proporciona enormes beneficios a los países localizados en Eurasia. Sin embargo, no se trata solamente de vender mercancías en uno de los mercados más dinámicos del mundo sino, también, de adquirir bienes a precios mucho más bajos.

Adicionalmente, cabe destacar que a lo largo del encuentro con sus homólogos de la OCS, Li puso sobre la mesa de negociaciones la propuesta de poner en funcionamiento un banco regional de desarrollo así como un fondo especial de crédito, instrumentos que, a su juicio, serán capaces de responder a las necesidades de financiamiento de la región euroasiática [5]. Si se materializan, estas instituciones se sumarían a las entidades financieras lideradas por China, y que se han puesto en marcha durante los años recientes: el nuevo banco de desarrollo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés).

Es importante tomar en cuenta que todas estas iniciativas tienen entre sus principales objetivos canalizar el ahorro de los países emergentes hacia el financiamiento de la iniciativa económica y geopolítica más ambiciosa formulada por China en los últimos tiempos: “Un cinturón, una ruta” (One Belt, One Road), una inmensa red de transporte que conectará a los países del Este, Sur y Sudeste de Asia con el Medio Oriente y el Norte de África, atravesando el continente europeo [6].

La República Popular China confirma, una vez más, que la integración económica del continente asiático es una de sus prioridades estratégicas. Aun cuando el Gobierno de Barack Obama lanzó la “doctrina del pivote” en el año 2011 –una estrategia de defensa que tuvo por misión contener el ascenso de China como súper potencia–, los líderes de Pekín han logrado, de forma por demás exitosa, consolidar su liderazgo regional.

Ahora, todo indica que la advertencia que hizo Brzezinski hace ya casi dos décadas, se ha convertido en una dolorosa realidad para Estados Unidos: la OCS, apoyada de forma preponderante tanto por China, como por Rusia, encabeza la gran transformación de Eurasia…

Ariel Noyola Rodríguez
Fuente original: Russia Today (Rusia)
[1] «SCO prime ministers’ meeting gives strong boost to regional economic, security cooperation», China Daily, 5 de noviembre de 2016.

[2] «India, Pakistan may get new status at Shanghai Cooperation Organization in 2017 — diplomat», TASS, 10 de noviembre de 2016.

[3] «World Trade Set for Slowest Yearly Growth Since Global Financial Crisis», Paul Hannon & William Mauldin, The Wall Street Journal, 27 de septiembre de 2016.

[4] «China Suggests Free Trade Zone For the SCO», Catherine Putz, The Diplomat, 4 de noviembre de 2016.

[5] «China proposes SCO development bank», The Nation (Pakistan), 23 de octubre de 2016.

[6] «The rise of the Eurasian silk road», Dan Steinbock, China Daily, 8 de noviembre de 2016.

Ariel Noyola Rodríguez
Ariel Noyola Rodríguez Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Integrante del Centro de Investigación sobre la Globalización, Global Research, con sede en Canadá. Sus reportajes sobre la economía mundial se publican en el semanario Contralínea y sus columnas de opinión en la cadena internacional de noticias Russia Today. El Club de Periodistas de México le entregó el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Mejor Análisis Económico y Financiero por sus trabajos difundidos a lo largo de 2015 en la Red Voltaire.

Fuente: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

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La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia», por Ariel Noyola Rodríguez, Russia Today (Rusia) , Red Voltaire , 24 de noviembre de 2016, www.voltairenet.org/article194213.html

jueves, 27 de octubre de 2016

27 DE OCTUBRE 1962 – 2016







UNA FECHA PARA LA HISTORIA



El 27 de octubre de 1962 fue sábado y aunque no muy conscientemente, los españoles palpaban el miedo, el temor de la guerra.
En aquellos momentos sobre las templadas aguas del mar caribe, un convoy de mercantes rusos encabezados por el transporte especial “Poltava” y protegido por la “flota Oceánica Soviética”, llevaba hacia Cuba un equipo completo de misiles de alcance medio, destinados a proteger la isla de un posible segundo intento de invasión similar al de Bahía de Cochinos de 1961.
El presidente John Kennedy directamente aconsejado por el entonces comandante de la fuerza aérea general Curtis Le May, típico representante del belicismo, ordenó a la flota americana del atlántico interceptar la expedición rusa, bajo amenaza del empleo directo de la fuerza, ello significaba la “guerra mundial” con armamento nuclear.
Tras cinco horas de durísimas negociaciones entre el Kremlin y La Casa Blanca, Nikita Kruschov, ordenó con gran dolor el viraje de la expedición y su regreso a los puertos soviéticos.
En la noche de Madrid se dio la curiosa situación de que, en el descanso de la sesión nocturna de los cines, se anunció por megafonía la evitación al menos momentánea, del comienzo de la guerra, todo un acontecimiento.
El 27 de octubre de 2016, los mismos actores principales se enfrentan en el aire y el mar de un modo bastante más difuso que hace 54 años, pero cada vez más peligroso. La Humanidad sigue amenazada por la “bomba atómica” que se estrenó en 1945.
¿Hacia dónde caminamos?, Rusia aparece como estado-nación ya sin la cobertura ideológica que tenía en 1962 y Estados Unidos sigue representando su mismo pensamiento liberal.
Se dice muchas veces el viejo aforismo de que “olvidar la historia, trae el peligro de repetirla”.
Ese parece ser el camino a que nos está llevando la “gran desmemoria mundial”, no sabemos cómo se anunciaría la tregua prebélica, entonces se trataba del dominio de los mares calientes, ahora, parece ser, que en el fondo de las cosas se halla el deseo estadounidense de cortar de raíz el renacimiento de la ruta de la seda, donde a diferencia del tiempo pasado aparece junto a Rusia la nueva y al mismo tiempo milenaria, gran Potencia China, este es y no las ficciones de las series televisivas, el verdadero siglo XXI.


José Ramón Montes - GatoNegro

viernes, 21 de octubre de 2016

Obama retrocedió ante el abismo, ¿lo haría Hillary?




Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

El público estadounidense necesita entender qué está pasando en Siria. Desgraciadamente, los medios más importantes solo publican propaganda que caiga simpática a Wahington; esto hace que sea difícil separar los hechos de la ficción. Lo mejor para abrirse camino entre las mentiras y la desinformación es utilizar una sencilla analogía que nos ayude a ver que Siria no está en una agonía de confusión y guerra civil sectaria sino que es la víctima de otra operación de cambio de régimen lanzada por Washigton para derrocar al gobierno de Bashar al-Assad.A partir de esto, trate el lector de imaginar si los trabajadores del vestido en huelga en la ciudad de Nueva York decidieran armarse y tomar algunas zonas del sur de Manhattan. Y, permítasenos decirlo, el primer ministro canadiense Justin Trudeau resolviera que podría aumentar su influencia geopolítica mediante el reclutamiento de extremistas islámicos y su envío a Nueva York para que se unieran a los trabajadores en huelga. Eventualmente, el plan de Trudeau tendría éxito y las milicias rebeldes estarían en condiciones de apoderarse de una vasta porción del territorio de Estados Unidos incluyendo la mayor parte de la coste Este y extendiéndose hacia el Medio Oeste. Después –en el curso de los cinco años siguientes– esas misma fuerzas yihadistas proceden a destruir la mayor parte de la infraestructura civil en todo el país, a expulsar a millones de personas de sus casas y negocios y a exigir que el presidente Obama renuncie a su cargo de modo que pueda ser reemplazado por un régimen islámico que impondría una estricta ley islámica o sharia.
En una situación como ésta, ¿qué consejo le daría a Obama. ¿Le diría que negociara con la gente que invadió y destruyó su país o le diría que hiciera todo lo que considere necesario para derrotar al enemigo y recuperar la seguridad?
Las personas razonables estarían de acuerdo en que el presidente tiene el derecho de defender el país y de mantenerlo seguro. De hecho, la soberanía y la seguridad de las naciones son los cimientos sobre los que se asienta el derecho internacional. Sin embargo, ni los medios ni el Congreso de Estados Unidos, ni la Casa Blanca, ni la totalidad del establishment de la política exterior de este país acuerdan con este principio tan sencillo y honesto: que los gobiernos tienen el derecho de defenderse contra las invasiones extranjeras. Todas estas instituciones creen que Estados Unidos tiene el inalienable derecho de intervenir cada vez que decida hacerlo, utilizando todos lo medios necesarios para llevar a término sus operaciones de cambio de régimen.
En el caso de Siria, Washington está utilizando a yihadistas “moderados” para derribar el gobierno de Bashar al-Assad, surgido de unas elecciones. Tenga el lector en cuenta que ni siquiera se cuestiona QUÉ está haciendo Estados Unidos en Siria (un cambio de régimen) ni que Estados Unidos esté empleando una fuerza sustituta para conseguir su objetivo. El único cuestionamiento es si en realidad esos “moderados” lo son de verdad o si se trata de al-Qaeda. Ese es él único punto en el que hay cierto desacuerdo (nota: casi todos los que siguen los acontecimientos desde cerca y en el propio terreno saben que los moderados son al-Qaeda).
¿No le sorprende como algo un poco extravagante? ¿Cómo hemos llegado al punto en el que para Estados Unidos está “bien” derrocar un gobierno extranjero solo porque los agentes que utiliza para ello son pendencieros “moderados” en lugar de pendencieros “extremistas”.
¿Cuál es la diferencia? El hecho es que Estados Unidos está recurriendo a yihadistas nacidos en otro país para derribar a un gobierno soberano, el mismo procedimiento que empleó en Ucrania –donde se valió de neonazis para derrocar un gobierno–, el mismo que utilizaron las fuerzas armadas estadounidenses para voltear el gobierno soberano de Irak y el mismo que han usado las fuerzas de la OTAN para hacer caer el gobierno soberano de Libia. ¿Se entiende? Los métodos han podido cambiar, pero la política ha sido siempre la misma. La razón por la cual la política no cambia es que a Washington le gusta elegir sus propios líderes; unos líderes que invariablemente sirven a los intereses de sus elementos más ricos y poderosos, particularmente los de la industria de petróleo e Israel. Así es como funciona el sistema.
Todo el mundo ya sabe esto. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha derrocado –o lo ha intentado– más de 50 gobiernos. Estados Unidos en una franquicia: Golpes-R-EEUU.
Hillary Clinton es un miembro fundador de la oligarquía a favor del cambio de regímenes. Su carencia de principios no le impide acomodarse a circunstancias ideológicamente opuestas, y cree devotamente en el “excepcionalismo” de Estados Unidos, una noción que podría expresarse así: “Si Estados Unidos lo hace, está bien”.
Hillary también cree que la mejor manera de resolver el conflicto de Siria es empezar una guerra contra Rusia. Esto es lo que dijo el domingo [9 de octubre] en el debate con Donald Trump:
–La situación en Siria es catastrófica. Y cada día que pasa, vemos los resultados de la asociación del régimen de Al-Assad con los iraníes en tierra y con los rusos en el aire... Cuando yo era secretaria de Estado, abogaba, y sigo haciéndolo hoy, por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad.
Repitamos: “Hoy día abogo por una zona de exclusión de vuelo y unas zonas de seguridad”.
Este es un punto muy importante. Desde el primer día, Hillary ha apoyado las zonas de exclusión de vuelo, y lo ha hecho a pesar del hecho de que –ella misma lo ha admitido– esa política podría provocar una enorme cantidad de víctimas civiles. Pero este no es el único peligro que plantean las zonas de exclusión de vuelo. Pensemos en la advertencia del principal soldado estadounidense y presidente de la junta de jefes estado mayor, el general Joseph Dunford. En respuesta a una pregunta del senador republicano por Mississippi Roger Wicker sobre los riesgos potenciales de tratar de “controlar el espacio aéreo sirio”, Dunford contestó de esta inquietante manera: “Ahora mismo... para controlar todo el espacio aéreo sirio sería necesario iniciar una guerra contra Siria y Rusia”.
En pocas palabras, la Doctrina Hillary es esta: enfrentemos a los rusos en Siria y que empiece la Tercera Guerra Mundial. Si hay otra forma de interpretar la respuesta de Dunford, por favor, ¿podría decirme cuál es?
Además, Hillary agregó que “debemos trabajar en contacto más estrecho con nuestros socios y aliados en la región”.
Esto quiere decir que la política –puesta en marcha por Obama y la CIA– de apoyo a los militantes yihadistas que combaten sobre el terreno para derrocar a un gobierno legalmente constituido continuará tal como ha sido durante los últimos cinco años. ¿Es eso lo que quieren quienes apoyan a Hillary: más intervención militar, más enfrentamiento, más escenarios como el iraquí y el sirio?
Ella también dijo esto: “Apoyo con firmeza todo lo que se haga para investigar los crímenes; los crímenes de guerra cometidos por los sirios y los rusos y que se hagan responsables de ellos”.
Quien esté leyendo esto debería hacer una pausa y tratar de paladear la intricada absurdidad de los dichos de Clinton. Tal como señalamos en nuestra analogía de más arriba, Putin y Al-Assad están intentando de restablecer el control gubernamental del país para instaurar cierta seguridad, lo mismo haría Obama si necesitara combatir contra unos rebeldes armados en el sur de Manhattan. Los gobiernos tienen el derecho de gobernar su país. Esto no debería ser tan difícil de entender. Lo que propone Hillary es que los sirios y los rusos (que han sido llamados por Al-Assad) sean llevados a un tribunal por haber cumplido con el deber que todo líder que ganó unas elecciones juró cumplir cuando asumió su cargo, mientras que –al mismo tiempo– el país (Estados Unidos) que ha (lo ha admitido explícitamente) armado, adiestrado y financiado a unos invasores extranjeros que han hecho trizas el país invadido y matado a más 400.000 civiles sea dejado libre de culpa y cargo.
Nuestros medios occidentales de propaganda merecen un gran homenaje por hacer que alguien como Hillary pueda hacer una declaración tan necia como la suya y que el mundo entero no se lo tome a broma. En la lógica de Hillary, Obama podría ser llevado a juicio por crímenes de guerra si en su intento de liberar el sur de Manhattan murieran civiles. La propuesta es totalmente ridícula.
He aquí otra frase antológica de Hillary en el debate:
“Estoy convencida de que el uso de fuerzas especiales –que las estamos empleando–, que la utilización de facilitadores y de instructores en Irak –que ha tenido algunas consecuencias positivas–, responden mucho a nuestros intereses, por eso doy todo mi apoyo a lo que está sucediendo”.
¿”Consecuencias positivas”?
¿Cuáles son esas consecuencias? Han muerto 400.000 personas, ha habido siete millones de desplazados internos o refugiados y el país ha sido reducido a escombros, como en Fallujah. En la guerra de Hillary no ha habido consecuencia positiva alguna. Ha sido una completa y atroz catástrofe. El único triunfo que puede exhibir es el hecho de que el repugnante liderazgo demócrata y sus corruptos colegas mediáticos han tenido éxito en su tarea de esconder a los ojos del pueblo estadounidense los detalles de su depredación. Aparte de eso, ha sido una pérdida total.
Un poco más de Hillary: “Yo iría tras Baghdadi. Me centraría específicamente en él; estoy convencida de que tenemos que poner en la mira a lodos los jefes Al-Qaeda...”.
Baghdadi, Schmaghdadi; ¿qué más da? ¿Cuándo el inmoral programa de asesinatos selectivos de la CIA logró reducir alguna vez el conflicto, ralear las nutridas filas de las organizaciones terroristas o hacer que el pueblo estadounidense esté más seguro?
¿Cuándo? Nunca jamás. Todo esto es un maldito juego. Hillary solo quiere otro trofeo para poner en un anaquel de la futura biblioteca presidencial, otra cabellera para colgar junto a la de Gadhafi. ¡Esa mujer está enferma!
He aquí otra –la última– cita del debate: “Yo pensaría también en armar a los kurdos. Ellos han sido nuestros mejores socios en Siria, lo mismo que en Irak. Sé que en algunos círculos hay mucha preocupación en relación con esto, pero yo creo que ellos deben tener las armas y los equipos que necesiten; los combatientes kurdos y árabes que están allí constituyen el principal medio para tomar Raqqa después de expulsar al Daesh de Irak”.
Obama ya está armando a los kurdos, pero a ellos no les interesa la captura de Raqqa porque no forma parte de su tierra natal tradicional y porque eso no les ayuda a conseguir el territorio contiguo que desean para establecer su propio país. Aparte de esto, armar a los turcos solo enfadaría al presidente turco Tayyip Erdogan, que permite el uso del crucial aeropuerto de Incirlik desde donde Estados Unidos lleva acabo la mayor parte de los ataques aéreos contra los blancos enemigos en Siria. En otras palabras, Clinton no tiene la menor idea de lo que está diciendo.
Mientras no vale la pena analizar el papel de Hillary en el inicio de la guerra de Siria, hay una situación muy peliaguda que se dio la semana pasada y que, para quienes todavía tienen intención de votar a Clinton en las elecciones de noviembre, sí vale la pena detenerse en ella.
He aquí un breve resumen de lo sucedido: el miércoles [5 de octubre] el Washington Post filtró una nota en la que se consignaba que la administración Obama estaba considerando la posibilidad de atacar abiertamente algunas posiciones sirias, dicho de otro modo, llevar a cabo una guerra encubierta de baja intensidad directamente contra el régimen de Al-Assad (en lugar de utilizar solo fuerzas sustitutas).
El jueves [6 de octubre] el ministro de Defensa ruso, general Igor Konashenkov, anunció que Moscú había enviado algunos sistemas de defensa de última generación (de misiles de antiaéreos S-300 y S-400) al teatro de operaciones y que estaba planeando emplearlos en el caso de que las tropas sirias o rusas se viesen amenazadas.
En unas declaraciones televisadas, Konashenkov dijo: “Debe entenderse que es improbable que las unidades de defensa antiaérea con misiles de Rusia tengan tiempo para establecer con exactitud –vía Teléfono Rojo– el programa de vuelo de los misiles o quién es son el propietario de sus portadores”.
En referencia al provocador artículo del Washington Post, Konashenkov añadió: “Yo recomendaría a nuestros colegas de Washington sopesen con cuidado las posibles consecuencias del cumplimiento de semejantes planes”.
Los rusos estaban diciéndonos con toda la claridad posible que si los aviones de Estados Unidos atacaran, ya fueran las instalaciones rusas como a las tropas sirias, serían derribados inmediatamente. Cualquier persona razonable puede suponer que el derribo de un avión estadounidense desencadenaría una guerra con Rusia.
Afortunadamente, hay indicios de que Obama captó el mensaje y desactivó inmediatamente el ridículo plan (¿del Pentágono?). He aquí un fragmento de una nota en The Duran.com que quizá sea la mejor noticia sobre Siria que he leído en los últimos cinco años. Fue publicada el viernes [7 de octubre] y ha sido prácticamente ignorada por los medios más importantes:
“Después de la advertencia rusa de que los aviones de Estados Unidos serían abatidos, un portavoz de la Casa Blanca confirmó que el plan de ataques aéreos estadounidenses en Siria había sido rechazado... Josh Earnest dijo esto en conversación con los periodistas el jueves 6 de octubre de 2016.
“El presidente ha explicado con algún detalle por qué es improbable que una acción militar contra el régimen de Al-Assad para tratar de resolver la situación de Aleppo cumpla los objetivos que muchos preveían últimamente en relación con la disminución de la violencia en esa ciudad. Es mucho más probable que eso conduzca a numerosas consecuencias no buscadas que nada tienen que ver con nuestros intereses nacionales.” (“Un paso atrás de Estados Unidos en Siria después de que Rusia amenazara derribar avión estadounidense”, Alexander Mercouris en The Duran.com)
La pregunta es: ¿Haría lo mismo Hillary Clinton?

Mike Whitney vive en el estado de Washington. Ha colaborado en la redacción de Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press). Hopeless... también está disponible en edición Kindle.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2016/10/12/obama-stepped-back-from-brink-will-hillary/

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.

Fuente: Rebelión

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