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miércoles, 22 de febrero de 2017

Siria, la izquierda y el “camarada” Putin

Rusia se ampara en el derecho internacional para intervenir en Siria



Nazanin Armanian

La intervención militar de Rusia en la guerra de Siria ha dividido a la izquierda en tres principales grupos: los que creen firmemente que los rusos (¿soviéticos?), desde Siria, están parando los pies al “yihadismo” e imperialismo; los que le acusan de crímenes de guerra y de ser igual o peor que los yanquis, y quienes a pesar de asimilar que la patria de Lenin hoy es un país capitalista, se consuelan con que fortalecerla pondría fin a la pesadilla del mundo unilateral dirigido por EEUU.

Vladimir Putin, héroe o villano

Sin duda, la figura y la trayectoria del super presidente Putin es desconcertante. Desde Stalin ningún líder ruso ha gozado de tanta popularidad que él. Hábil en el uso de “humo y espejos”, el hombre de “orden y disciplina” que gobierna el país más grande del planeta, representa una alianza de la burguesía y magnates que controlan los medios de producción privatizados y públicos. Una élite “internacionalista” que presume de contar con el ex canciller del imperialismo alemán, Gerhard Schröder, que utilizando las “puertas giratorias” se ha colado en la dirección de Gazprom: la enfermedad holandesa azota Rusia y otros países productores de petróleo y gas.

El presidente Putin de hoy no es el mismo que hizo de primer ministro para un tal Boris Yeltsin, el Donald Trump ruso. En aquellos años, EEUU ni intentó debilitar o derrocar a Vladímir Vladímirovich, ya que podría servirle para contener a los comunistas.

Pragmático en interior y “realista” en la política exterior, Putin aplica su “sofisticada doctrina”:  mientras celebra el “Día de la Cheka” en homenaje a la policía secreta bolchevique, o utiliza la simbología soviética en los desfiles públicos, o habla del “decadente Occidente imperialista”, mima también a la ultra conservadora iglesia ortodoxa, y pone velas para que Europa y EEUU le llamen para juntos administrar el mundo. Y Oriente Próximo es un excelente espacio para recuperar el estatus de la potencia mundial.

La putinomanía, creada desde un impulso maniqueo para desafiar la rusofobia (confundida con la “comunismofobia”), tacha de “conspiración occidental” a cualquier protesta (por muy obrera que sea) en contra de las políticas de Kremlin como si milagrosamente la “lucha de clase” hubiese desaparecido de aquella sociedad capitalista.

¡Lo que diga el  PC ruso!

Ante el desconocimiento de lo que sucede realmente en Siria, algunos recomiendan  fiarse de la posición del Partido Comunista ruso (defensor de la diplomacia de Putin), pero:

¿Se refieren al mismo partido que condujo a la URSS – país al que conocía perfectamente-, y al socialismo mundial hacia aniquilación, a pesar de contar con cientos de analistas a su disposición?
¿Es que los comunistas no se equivocan? Tener “fe” no es un rasgo precisamente marxista.
En el PC ruso al igual que en otros, hay varias facciones, y no todas apoyan a la política exterior del presidente.
Los comunistas rusos, si por un lado han cometido muchos errores sobre los acontecimientos de Oriente Próximo, por otro, han dado prioridad a los intereses estratégicos de su país sobre los intereses de los pueblos afectados. Como ejemplo: La URSS fue el primer país en reconocer el Estado sionista de Israel. ¿Debería la izquierda palestina hacer lo mismo?
La intervención en Siria

Varios apuntes:

. Ninguno de los países participantes en la guerra de Siria lo hace por el amor al pueblo sirio, ni para crear un orden regional o internacional progresista.

. La legalidad de la presencia militar rusa (por tener el permiso de Damasco) no la legítima. En Yemen, EEUU y Arabia están bombardeando el país, muy legalmente a petición de su presidente Hadi, provocando la mayor crisis humanitaria del mundo.

. Entre los objetivos de Moscú no está proteger a los sirios, ni siquiera a su acorralado mandatario, ni mucho menos recuperar la integridad territorial de Siria.

. Esta intervención no ha cambiado ni las razones iniciales de la guerra ni su resultado. Sólo ha añadido mayor complejidad al conflicto. Moscú y Washington ya han pactado la suerte de Siria.

. Rusia cayó en la trampa de Obama que decidió no derrocar a Assad (que vive en su  palacio que sigue intacto, a pesar de 5 años del ataque de unos 30 estados el país), convirtiendo a Siria en un lodazal donde los enemigos y defensores de Asad se matan, haciendo felices a Washington y Tel Avive.

. Hay muchos matices en la “liberación” del mítico Alepo “gracias a los rusos”: Moscú permitió a Turquía acabar con Rojava, la autonomía kurda, si los yihadistas bajo su mando desalojaban Alepo. Así, los yihadistas fueron trasladados (con sus armas) con los autocares fletados y bocadillos, a otra ciudad, Idlib: los sirios no daban crédito a lo ocurrido. La “victoria” teatral en Alepo además no cambiaba NADA en el equilibrio de las fuerzas en este escenario.

. Las bombas de las fuerzas liderada por Rusia que caen sobre los civiles son igual de mortales que las de EEUU y Turquía. Ambos bandos utilizan la “guerra contra el terror” como una carta blanca para llevar adelante sus intereses estratégicos. Hay quien justifica éstos “daños colaterales” (el cuerpo sin vida de miles de familias sirias), desde sus cómodos sofás en un país en paz, como precio a pagar por el noble objetivo de derrotar el imperialismo. ¡Ésta es la guinda de la decadencia ética! “Los fines no justifican los medios” ha sido uno de los rasgos identitarios de la izquierda. ¿Matar a una parte del pueblo para salvar a otra? Que Putin solucionara la crisis Chechenia, o la de los rehenes en el Teatro de Moscú y en la escuela de Beslan, matando a miles de civiles para acabar con el terrorismo, entre otras observaciones, muestra una considerable falta de inteligencia, además de humanidad.

. Rusia, en el sentido marxista del término (aun) no es un país imperialista, aunque muestre aspiraciones jingoístas (nacionalismo exaltado militarista). Su apasionante y cambiante realidad social y política seguirá creando mucha confusión.

¿Es Rusia anti-imperialista?

Pocos saben que el Sr. Putin en 2001 solicitó el ingreso de Rusia en la OTAN. Se creó el Consejo OTAN-Rusia para coordinar la cooperación militar y civil entre ambos, que fue estrenada en Afganistán, donde la invasión de la Alianza ha dejado a cientos de miles de muertos y unos 5 millones de desplazados. EEUU, entre 2012 y 2015 utilizó la base área de la ciudad natal de Lenin, Uliánovsk, para transportar cargas a Afganistán. También con su abstención en el Consejo de Seguridad permitió en 2011 el ataque a  Libia, votó en favor a las sanciones económicas y militares contra Irán, mientras Israel y Arabia Saudi se armaban hasta los dientes, generando un peligroso desequilibrio militar en la zona.

La ofensiva de la OTAN contra Rusia se debe a que EEUU no soporta que un poderoso país con tantos recursos naturales esté fuera de su control. Esta fricción geopolítica no puede ser aprovechada por las fuerzas progresistas, simplemente porque éstas han sido debilitadas hasta casi desaparición. ¡Y no, los entes religiosas (que son de derecha más reaccionaria) no pueden llenar este vacío, aunque sus inocuas ruidos anti estadounidenses llenen el escenario!

Y un mundo multipolar no reduce el riesgo de las guerras. Durante la existencia de la URSS ¿cuántas invasiones militares y golpes de estado hubo? Rusia no es un estado belicista, pero tampoco es el ángel de la paz: es el segundo vendedor mundial de armas.

Hoy, la guerra revolucionaria carece de sentido. Los pequeños y grandes estados usan sus armas de destrucción masiva contra miles de civiles, sin pestañar.  En Siria, todos los actores extranjeros deberían salir del país, y que fuese la ONU quien vele por la paz y la democracia, antes de que Trump lo declare “Estado Fallido” y le mande sus tropas.

Fuente: Publico.es

jueves, 12 de enero de 2017

¿Puede Turquía ponerse del lado de Rusia?

Lo que John Kerry hace de día, Victoria Nuland lo deshace de noche.

por Thierry Meyssan

Aunque Rusia tiene históricamente un pasado difícil en su relación con Turquía, y a pesar de que no olvida el papel que el actual presidente Erdogan desempeñó contra ella en la primera guerra de Chechenia, una posible salida de Ankara de la OTAN resulta muy interesante para Moscú. En el bando contrario, el Estado profundo estadounidense, que mantiene su ambición imperial a pesar de la elección de Donald Trump, está dispuesto a todo para mantener a Turquía en la alianza atlántica.

Para garantizar su supervivencia personal, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha desatado una gran purga contra todos los elementos pro-estadounidenses de Turquía, purga que se suma a la lucha que ya había emprendido contra Siria, contra el PKK [1] y, ahora, contra los mercenarios de Daesh, anteriormente bajo sus órdenes.

La destrucción de la influencia de Estados Unidos en Turquía se inició primeramente con la erradicación del movimiento Hizmet de Fethullah Gulen, el predicador islamista que trabaja para la CIA desde su exilio estadounidense en Pensilvania. Y ahora prosigue con la destitución –y frecuente arresto– no sólo de todos los militares turcos vinculados a Estados Unidos, sino de los militares laicos en general. ¡La prudencia nunca está de más!

El resultado es que 450 de los 600 oficiales superiores turcos destacados en la OTAN recibieron desde Ankara órdenes de regresar a Turquía. Más de 100 de esos militares han preferido solicitar asilo político en Bélgica, país sede de la OTAN.

La primera consecuencia de esa purga anti-laica es que el ejército turco queda decapitado por un largo periodo. En 5 meses, un 44% de los generales turcos han sido separados de sus cargos. Pero anteriormente, el 70% de los oficiales superiores ya fueron destituidos, arrestados y encarcelados en el marco del escándalo Ergenekon. Sin oficiales superiores capaces de garantizar su dirección, la operación turca «Escudo del Éufrates» se ha estancado.

Eso implica que Erdogan se ve obligado a revisar sus ambiciones militares para los próximos años, renunciando incluso a buena parte de ellas, ya sea en Siria, en Irak o en Chipre –3 países donde actualmente ocupa territorios. Eso lo llevó a abandonar el este de Alepo, en Siria, aunque no Idlib, y ahora se dispone a retirar sus tropas de Bachiqa, en Irak.

Desde la perspectiva de Washington, la posibilidad de que Turquía salga de la OTAN, o al menos del Mando Integrado de la alianza atlántica, ya provoca sudores fríos a la facción imperialista del poder estadounidense. En cantidad de efectivos, el ejército turco es el segundo más grande de la OTAN, después del ejército de Estados Unidos.

Sin embargo, también en Washington, la eventual salida turca de la alianza atlántica suscita más bien alivio entre los miembros de la facción del presidente electo Donald Trump, quien estima que Turquía es un país a la deriva.

De ahí el forcejeo de los neoconservadores por traer a Turquía de regreso en el «sentido de la Historia», léase el del «Nuevo Siglo Americano». Para lograrlo, Victoria Nuland, secretaria de Estado adjunta, está tratando de ofrecer Chipre al presidente Erdogan, un proyecto que la propia señora Nuland concibió después de las elecciones de 2015, cuando el presidente Barack Obama ordenó la eliminación del presidente turco.

Chantajeando al presidente chipriota Nikos Anastasiadis, la señora Nuland lo “incitó” a aceptar su «plan de paz» para Chipre: según ese plan la isla sería reunificada y desmilitarizada –en otras palabras, Chipre se quedaría sin ejército– y la OTAN desplegaría allí sus propias tropas, concretamente… tropas turcas. O sea, el ejército turco completaría su conquista de Chipre sin disparar un tiro. Si se negara a aceptar ese absurdo arreglo, el presidente Anastasiadis se vería enjuiciado ante un tribunal de Nueva York por su implicación como abogado en los negocios de la firma Imperium de su amigo ruso Leonid Lebedev que pusieron en juego 2 000 millones de dólares.

Resumiendo, una ruptura con la OTAN le costaría a Turquía el noreste de Chipre, que actualmente ocupa, mientras que quedarse en la alianza atlántica le aportaría el control de toda la isla.

Por supuesto, dentro de unas semanas el futuro secretario de Estado Rex Tillerson, ya nominado por Trump, podría sacar a Victoria Nuland del Departamento de Estado. Pero eso no quiere decir que el grupo que ella representa perdería todo acceso al poder. La señora Nuland es miembro de la familia de los fundadores del «Proyecto para un Nuevo Siglo Americano», que participó en la planificación de los hechos del 11 de septiembre de 2001. Su suegro, Donald Kagan, del Hudson Institute, instruyó a los neoconservadores y a los discípulos de Leo Strauss en la historia militar de Esparta. Su cuñado, Frederick Kagan del American Entreprise Institute, se ocupó de las relaciones públicas de los generales David Petraeus y John R. Allen. Su cuñada, Kimberly Kagan, creó el Institute for the Study of War. Su marido, Robert Kagan, percibe actualmente un salario pagado por el ex emir de Qatar en la Brookings Institution. Cuatro individuos, 5 tanques pensantes… una sola ideología.

Victoria Nuland, por su parte, fue sucesivamente embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, portavoz de Hillary Clinton y organizadora del golpe de Estado de Kiev, en febrero de 2014. Ayudó al hoy presidente de Ucrania Petro Porochenko y a Erdogan a crear oficialmente la «Brigada Islámica Internacional» que ha perpetrado importantes sabotajes en Rusia y todo indica que el Estado profundo estadounidense dará continuación a su acción contra la futura administración Trump.

Quien prosigue la guerra en Siria es el grupo que está detrás de los Kagan, y su único objetivo es ahora mantenerse en el poder. El presidente Barack Obama no sólo no logró sacarlos de su administración sino que además una personalidad como Victoria Nuland, considerada figura de proa de la administración Bush, no encontró obstáculo para escalar posiciones en la administración demócrata y organizar una ola de rusofobia. Después de haber trabajado en perfecta armonía con Hillary Clinton, la señora Nuland nunca dejó –junto a su amigo Jeffrey Feltman, el verdadero mandamás de la ONU– de sabotear la diplomacia del secretario de Estado John Kerry.

Conocedor del carácter voluble de Erdogan, personaje siempre capaz de cambiar bruscamente de estrategia, Moscú tendrá que arreglárselas para tranquilizar al angustiado presidente chipriota Anastasiadis, o para proponerle a Ankara algo más interesante y lograr que se mantenga a medio camino entre Estados Unidos y Rusia.
Fuente: Al-Watan (Siria)
[1] El PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) es el partido de los kurdos de Turquía. Nota de la Red Voltaire.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Red Voltaire

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Puede Turquía ponerse del lado de Rusia?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 10 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article194880.html

lunes, 9 de enero de 2017

Carta abierta a los sedicentes “defensores de los derechos humanos” en Alepo

 





Jean Bricmont
Que no haya malentendidos: lo que sigue no es en modo alguno una crítica de los derechos humanos como ideal por el que trabajar. El título completo de esta carta debería ser: “Carta abierta a quienes invocan selectivamente los derechos humanos para justificar la política de intervención de las potencias occidentales en los asuntos internos de otros países”.

En realidad, el único asunto a discutir sobre Siria no es la situación sobre el terreno (que puede ser complicada), sino la legitimidad de las políticas intervencionistas en ese país por parte de los EEUU y sus “aliados”, los europeos, los turcos y los estados del Golfo.

Durante décadas, el principio en que se funda el derecho internacional, esto es, la igual soberanía de los estados –que implica la no-intervención de un estado en los asuntos internos de otro— ha sido sistemáticamente violado, y a punto tal, que prácticamente ha sido olvidado por los campeones del “derecho a la intervención humanitaria”. Recientemente, algunos abogados de la intervención humanitaria, autoproclamados izquierdistas inquebrantables, se han sumado al coro del partido de la guerra en Washington reprochando a la administración Obama no haber intervenido más en los esfuerzos militares para derrocar al gobierno de Siria. En una palabra: critican a la administración Obama por no haber violado suficientemente el derecho internacional.

En realidad, casi todo lo que los EEUU hacen por doquiera en el mundo viola el principio de no-intervención: no sólo invadir “preventivamente”, sino también influir en o comprar elecciones, armar rebeldes o sancionar unilateralmente o embargar, a fin de alterar las políticas de los países que son sus víctimas.

Quienes se consideran a sí mismos de izquierda deberían tomar nota de la base histórica de esos principios del derecho internacional. Por lo pronto, de la lección impartida por la II Guerra Mundial. El origen de esa guerra fue el uso que hizo Alemania de las minorías germanas en Checoslovaquia y Polonia, extendido luego durante la invasión de la Unión Soviética. La guerra tuvo finalmente consecuencias catastróficas para las propias minorías que sirvieron de pretexto a los alemanes.

En parte por esta razón, los vencedores que escribieron la Carta de las Naciones Unidas declararon ilegal la política de intervención, a fin de ahorrar a la Humanidad “el flagelo de la guerra”.

Luego, en las décadas que siguieron, el principio de no-intervención se vio robustecido por la ola de descolonizaciones. La última cosa que los países recién descolonizados querían era la intervención de las viejas potencias coloniales. Los países del Sur han sido prácticamente unánimes en la condena de la intervención. En febrero de 2003, poco antes de la invasión de Irak, la cumbre de Países No-Alineados reunida en Kuala Lumpur adoptó una resolución que declaraba lo siguiente:

“Los Jefes de Estado o de Gobierno reafirman el compromiso del Movimiento con el robustecimiento de la cooperación internacional para resolver problemas internacionales de carácter humanitario respetando plenamente la Carta de las Naciones Unidas y, en este sentido, reiteran el rechazo del Movimiento de No-Alineados al llamado ‘derecho’ de intervención humanitaria, que no tiene el menor fundamento ni en la Carta de las Naciones Unidas ni en el derecho internacional.” [1]

Es obvio que esas “intervenciones” sólo son posibles por parte de estados fuertes contra estados débiles. Se trata de un caso en el que el poder impone su ley.

Sin embargo, ni siquiera todos los estados fuertes son igualmente fuertes. Imaginemos por un momento que se aceptara el derecho de intervención como un nuevo principio del derecho internacional. ¿Qué ocurriría, si Rusia tratara de derrocar al gobierno de Arabia Saudí a causa de las “violaciones de derechos humanos” perpetradas en ese país? ¿Y si China mandara tropas a Israel para “proteger a los palestinos? No tardaríamos en llegar a una nueva Guerra Mundial. Para entender el carácter inaceptable de las políticas de intervención, basta pensar en los alaridos del establishment norteamericano a propósito del alegado hackeo ruso a ciertos correos electrónicos publicados por Wikileaks. Obsérvese que la realidad de ese hackeo está por demostrar (véase aquí) y que, aun si fuera cierta, sólo significaría que el hackeo permitió a la opinión pública norteamericana tomar consciencia de algunas maniobras de sus dirigentes políticos, lo que no pasa de ser un pecadillo comparado con las intervenciones norteamericanas en América Latina, el Oriente Próximo o Indochina.

Las consecuencias de las políticas intervencionistas estadounidenses son múltiples y catastróficas. Por un lado, tenemos millones de muertos a causa de las guerras norteamericanas: este estudio llega a computar un total de 1,3 millones de víctimas sólo contando las de la “guerra al terror”).

Además, sería un error imaginar que las víctimas de las intervenciones no reaccionarán a la amenaza de intervención construyendo alianzas y tratando de defenderse por la vía de incrementar la represión interna. Cuando los EEUU fueron atacados el 11 de Septiembre de 2001, Washington tomó unas medidas de seguridad y vigilancia sin precedentes y, lo que es mucho peor, invadió dos países. ¿Cómo puede alguien imaginar que Siria, Rusia o China no van a tomar medidas para protegerse de la subversión foránea?

Por esa senda se ingresa en la lógica de las guerras sin fin. En realidad, tras haber intervenido en Ucrania y Siria, las potencias occidentales entraron luego en conflicto con Rusia y China a causa de las medidas que estos países tomaron en respuesta a aquellas intervenciones. Lejos de ser una fuente de paz, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se convierte en escenario de expresión de acrimonias sin cuento.

En el caso de Siria, si, como ahora parece, la insurrección termina derrotada, se verá que la política occidental de intervención armando a los rebeldes sólo habrá conseguido prolongar los sufrimientos de la población de este desdichado país. Los sedicentes “defensores de los derechos humanos” que secundaron esa política intervencionista cargan con una grave responsabilidad en esta tragedia.

Aun cuando la defensa de los derechos humanos es un concepto liberal y el liberalismo se halla, en principio, en oposición al fanatismo, lo cierto es que los actuales “defensores de los derechos humanos” exhiben a menudo fanatismo. Se nos advierte contra una perfectamente imaginaria influencia rusa en Europa (compárese la influencia comercial, cultural, intelectual y diplomática norteamericana con la de Rusia) y se nos recomienda no consultar los “medios de comunicación del Kremlin”. Pero en cualquier guerra –y el apoyo a la insurrección siria es una guerra— la primera víctima es la verdad. Cualquier mente genuinamente liberal consultaría la “propaganda” del otro lado, no para creerla al pie de la letra, sino para contrapesar y evaluar la propaganda a la que su propio lado está constantemente sometido.

Dejando aparte la “propaganda rusa”, los sedicentes “defensores de los derechos humanos” parecen incapaces de prestar atención al siguiente estudio: “Possible Implications of Faulty US Technical Intelligence in the Damascus Nerve Agent Attack of August 21, 2013.” Ese estudio, realizado por Richard Lloyd, un antiguo inspector de armamento de Naciones Unidas, y por Theodore A. Postol, un profesor de Ciencia, Tecnología y Seguridad Nacional en el MIT, concluía que el ataque con gas cerca de Damasco en agosto de 2013, que estuvo a punto de desencadenar una guerra total contra Siria, no pudo haberlo realizado el gobierno sirio. Resulta difícil de imaginar que expertos que desempeñan cargos de esta categoría mientan deliberadamente para “apoyar a Assad”, o que sean incompetentes en asuntos de física relativamente elementales.

Los sedicentes “defensores de los derechos humanos” también cuestionan si es siquiera posible hablar con Putin “después de Alepo”. Pero la “guerra al terror” librada por los EEUU, incluida la invasión de Irak, con sus centenares de miles de muertes, nunca ha impedido a nadie hablar con los norteamericanos. En realidad, luego de esta guerra que Francia condenó en 2003, Francia se integró más en la OTAN y siguió a los EEUU más fielmente que nunca.

Además, los sedicentes “defensores de los derechos humanos” se hallan en una situación particularmente absurda. Repárese, por ejemplo, en el pretendido empleo de armas químicas en 2013 por parte del gobierno sirio. Hubo amplio consenso en Francia sobre la necesidad de intervenir militarmente en Siria. Pero sin la intervención norteamericana, una intervención puramente francesa resultaba imposible. Los “defensores de los derechos humanos” europeos se ven reducidos a implorar a los norteamericanos: “¡Haced la guerra, no el amor!” Pero los norteamericanos padecen de “fatiga bélica” y acaban de elegir a un presidente opuesto en principio a las guerras libradas para cambiar regímenes políticos. La única posibilidad para los “defensores de los derechos humanos” europeos es que sus pueblos acepten gastos militares masivos, a fin de crear una correlación de fuerzas que haga posibles las políticas intervencionistas. ¡Buena suerte!

Para terminar, hay que distinguir, entre los sedicentes “defensores de los derechos humanos”, a las Almas Nobles de las Almas Bellas.

Las Almas Nobles advierten a sus “amigos” contra la idea de “apoyar” al matarife, al criminal, al asesino de su propio pueblo, Bashar al Assad. Pero eso es confundir completamente la razón de la actitud antiintervencionista.

Los estados pueden apoyar a otros estados con armamento y dinero. Pero los individuos o los movimientos sociales, como el movimiento antiguerra, no pueden hacerlo. De manera que carece completamente de sentido decir, cuando se expresa una crítica de las políticas intervencionistas en nuestra sociedad –necesariamente de un modo marginal—, que “apoyan” a tal o cual régimen o líder, a menos que uno considere que todos los que no quieren que Rusia intervenga en Arabia Saudí o China en Palestina lo que hacen es apoyar al régimen saudí o a la colonización israelí.

Lo que hacen los antiimperialistas es dar su apoyo a otra política exterior, distinta de la practicada por su propio gobierno, lo que es una cuestión completamente distinta.

En cualquier guerra hay propaganda masiva a favor de la guerra en curso. Puesto que las guerras presentes se justifican apelando a los derechos humanos, es obvio que la propaganda bélica se concentrará en “violaciones de derechos humanos” en los países situados en el punto de mira de los intervencionistas.
   
Razón por la cual todos los que se oponen hoy a las políticas intervencionistas tienen que suministrar plena información para contrarrestar esa propaganda: por ejemplo, el estudio antes mencionado sobre el uso de gas venenoso en 2013, o los testimonios sobre Alepo que contradicen el discurso dominante (por ejemplo, el de un exembajador del Reino Unido en Siria). Es harto sorprendente que algunos izquierdistas muy críticos con los medios de comunicación dominantes en lo tocante a políticas nacionales internas se traguen casi por entero la “narrativa” occidental cuando de Rusia y Siria se trata. Pero si los medios de comunicación distorsionan la realidad en nuestros propios países, ¿por qué no habrían de hacer lo mismo cuando se trata de países extranjeros, en donde las cosas son más difíciles de verificar?

Esta crítica de la propaganda de guerra no tiene nada que ver con el “apoyo” a un determinado régimen, en el sentido de que tal régimen pudiera resultar deseable en un mundo libre de políticas intervencionistas.

Las Almas Nobles quieren “salvar Alepo”, ·están avergonzada de la falta de acción de la comunidad internacional” y quieren “hacer algo”. De acuerdo, pero ¿hacer qué? La única sugerencia práctica que se hizo (antes de los recientes acontecimientos) fue la de crear una “zona de exclusión de vuelo” que pudiera prevenir la ayuda de la fuerza aérea rusa al ejército sirio. Pero eso sería una violación más del derecho internacional, porque Rusia fue invitada a Siria por el gobierno legal e internacionalmente reconocido de ese país, a fin de combatir el terrorismo. La situación de Rusia en Siria no es, desde un punto de vista jurídico, muy distinta a la de Francia cuando se la invitó por el gobierno de Mali a combatir a los islamistas en su país, islamistas que, dicho sea de paso, se hallaban en Mali a causa de la intervención, apoyada por Francia, en Libia. Además, intervenir militarmente en Siria implicaría o una guerra con Rusia o una rendición rusa sin combate. ¿Quién querría apostar por la última posibilidad?

Para ilustrar la hipocresía de las Almas Nobles, compárese la situación de Siria con la del Yemen. En Yemen, la Arabia Saudí está cometiendo numerosas masacres, en total violación del derecho internacional. Si estás indignado porque no se hace nada por Siria, ¿por qué no haces algo tú mismo por Yemen? Además, hay una gran diferencia entre las dos situaciones. En el caso de Siria, una intervención militar podría llevar a una guerra con Rusia. En el caso de Yemen, en cambio, bastaría probablemente, para ejercer presión sobre Arabia Saudí, con interrumpir el suministro de armamento al país. Ni que decir tiene que las Almas Nobles saben perfectamente que no son capaces de frenar esos suministros. Pero, entonces ¿a qué viene indignarse con Siria?

Las Almas Bellas, por otra parte, están contra todas las guerras, contra toda violencia. “Condenan” a Assad y a Putin, claro está, pero también a Obama, a la Unión Europea, a la OTAN y a quien haga falta. Denuncian, encienden velas y apagan luces. “Dan testimonio”, porque “permanecer en silencio” significa “ser cómplices”.

De lo que no se percatan es de que sobre el terreno, en Siria, nadie, ni el gobierno ni los rebeldes saben de su existencia, y si supieran de ella, les importarían un higo sus indignaciones, condenas, encendidos de velas y apagados de luces.

Eso no significa que las Almas Nobles y las Almas Bellas no tengan sus efectos. Tienen uno, que es éste: atravesarse en el camino de cualquier política exterior alternativa en su propio país, política que debería fundarse en la diplomacia y en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas. Sólo una política así podría favorecer la paz en el mundo, el equilibrio y la igualad entre las naciones y, eventualmente, hacer progresar la causa de los derechos humanos. Pero la demonización de Assad y Putin –y de cualquiera que quiera negociar con ellos— por parte de los sedicentes “defensores de los derechos humanos” hace prácticamente imposible políticamente esa alternativa.

Para los sedicentes “defensores de los derechos humanos”, el realismo político y las consecuencias de sus acciones carecen de importancia: lo que les importa es demostrar que pertenecen al “campo de la Virtud”. Os imagináis libres, mientras secundáis una tras otra las indicaciones de los medios de comunicación dominantes respecto de lo que debería ser objeto de vuestra indignación.

Si yo albergara la menor ilusión respecto de la lucidez que pudierais tener respecto de las consecuencias de vuestras acciones, llamaría a éstas criminales, a causa del daño que hacéis a Europa y al resto del mundo. Pero puesto que no albergo ilusión ninguna, me limito a llamaros hipócritas.


NOTA[1] Documento final de la Décimo Tercera Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno del Movimiento de Países No-Alineados, Kuala Lumpur, 24-25 de febrero de 2003, Artículo 354. (Accesible desde: http://www.bernama.com/events/newnam2003/indexspeech.shtml?declare).

Fuente:
CounterPunch, 4 enero 2017
Traducción:
Miguel de Puñoenrostro

jueves, 5 de enero de 2017

El cambio de bando de Turquía


por Thierry Meyssan

El presidente ruso Vladimir Putin anunció la proclamación de un alto al fuego en Siria, acordado con Turquía, país que hasta ahora había sido el principal respaldo operativo de los yihadistas. ¿Cómo se explica este giro inesperado? ¿Logrará el presidente turco Erdogan mover su país de la esfera influencia de Estados Unidos a la de Rusia? ¿Cuáles son las causas y consecuencias de este importante cambio de bando?


Turquía es un país miembro de la OTAN, aliado de Arabia Saudita, amo del yihadismo internacional desde que el príncipe saudita Bandar ben Sultán tuvo que ser hospitalizado –en 2012– y padrino de la Hermandad Musulmana desde el derrocamiento de Mohamed Morsi en Egipto y la discrepancia entre Doha y Riad, en 2013 y 2014. En noviembre de 2015, Turquía llegó incluso a atacar a Rusia, derribando un Sukhoi-24 y provocando con ello una ruptura de relaciones diplomáticas con Moscú.

Pero esa misma Turquía acaba de apadrinar el alto al fuego en Siria, diseñado por Rusia [1]. ¿Por qué?

Desde 2013, Washington ha dejado de ver a Recep Tayyip Erdogan como un aliado confiable. Debido a ello, la CIA realizó diversas operaciones no contra Turquía sino directamente contra Erdogan. En mayo-junio de 2013, la CIA organiza y respalda el movimiento de protesta del parque Taksim Gezi. Durante las elecciones legislativas turcas de junio de 2015, la agencia estadounidense financia y maneja el partido de las minorías HDP para limitar los poderes del presidente Erdogan. Recurre a esa misma táctica en las elección de noviembre de 2015, pero el poder turco logra “arreglarlas”. La CIA pasa entonces de la política a la acción secreta. Organiza 4 intentos de asesinato, de los que el más reciente –en julio de 2016– termina muy mal, cuando la agencia estadounidense empuja un grupo de oficiales kemalistas a tratar de dar un golpe de Estado sin ninguna preparación.

Recep Tayyip Erdogan se halla, por lo tanto, en la misma posición que el primer ministro italiano de los años 1970, Aldo Moro: está a la cabeza de un país miembro de la OTAN y enfrenta la hostilidad de Estados Unidos. A Aldo Moro, la OTAN logró eliminarlo manipulando un grupo de extrema izquierda [2]. Pero no ha logrado liquidar a Erdogan.

Por otro lado, para ganar las elecciones en noviembre de 2015, Erdogan tuvo que captar a los supremacistas turco-mongoles reactivando unilateralmente el conflicto con la minoría kurda. De hecho, a su base electoral islamista del AKP le agregó los supuestos «nacionalistas» del MHP. En cuestión de meses mató más de 3 000 ciudadanos turcos miembros de la etnia kurda y arrasó varias aldeas, incluso barrios de grandes ciudades.

Para terminar, al servir de intermediario para la entrega a al-Qaeda y al Emirato Islámico (Daesh) del armamento que enviaban Arabia Saudita, Qatar y la OTAN, Erdogan estableció una estrecha relación con las organizaciones yihadistas. No dudó en utilizar la guerra contra Siria para echarse dinero en el bolsillo, a título personal. Primero lo hizo apoderándose de las maquinarias de las fábricas de Alepo –desmontadas y trasladadas a Turquía– y luego traficando con el petróleo y las antigüedades robados por los yihadistas. Todo el clan Erdogan fue vinculándose paulatinamente a los yihadistas. Por ejemplo, su actual primer ministro, el mafioso Binali Yildirim, organizó talleres para la fabricación de artículos falsificados en los territorios que administra Daesh.

Pero la intervención del Hezbollah en la segunda guerra contra Siria –a partir de julio de 2012– y después la intervención de la Federación Rusa –en septiembre de 2015– imprimieron un giro al conflicto. La gigantesca coalición de los “Amigos de Siria” ha perdido gran parte del terreno que ocupaba y está encontrando cada vez más dificultades para reclutar nuevos mercenarios. Miles de yihadistas han abandonado el campo de batalla y ya se han replegado hacia Turquía.

Pero la mayoría de esos individuos son incompatibles con la civilización turca. El problema es que los yihadistas no fueron reclutados como un ejército coherente sino para reunir el mayor número posible de elementos armados. Llegaron a ser al menos 250 000, quizás incluso muchos más. Al principio eran delincuentes árabes bajo las órdenes de miembros de la Hermandad Musulmana. Progresivamente, fueron agregándose los sufistas naqchbandis del Cáucaso e Irak, e incluso jóvenes occidentales sedientos de revolución.

Esta increíble mezcolanza no puede mantenerse si se desplaza a Turquía. En primer lugar, porque los yihadistas ahora quieren tener su propio Estado, y parece imposible que puedan proclamar otra vez el Califato en Turquía. Y también por todo tipo de razones de orden cultural. Por ejemplo: los yihadistas árabes han adoptado el wahabismo de los donantes sauditas. Según esa ideología del desierto, la Historia no existe. Por eso han destruido numerosas ruinas antiguas, supuestamente porque el Corán prohíbe los ídolos. Si bien esa óptica no ha encontrado problemas en Ankara, nadie concibe que los dejen tocar el patrimonio turco-mongol.

De hecho, en este momento Erdogan tiene –además de Siria– otros 3 enemigos:
- Estados Unidos y sus aliados turcos –el FETO, organización del islamista burgués Fethullah Gulen;
- los kurdos independentistas, sobre todo el PKK;
- las pretensiones de los yihadistas, principalmente los de Daesh, de crear un Estado sunnita.

El interés de Turquía sería aplacar prioritariamente sus conflictos internos con el PKK y con el FETO. Pero el interés personal de Erdogan es encontrar un nuevo aliado. Después de haber sido aliado de Estados Unidos, durante el ascenso estadounidense, ahora quiere convertirse en aliado de Rusia, que ya es la primera potencia militar del mundo en materia de guerra convencional.

Operar este cambio de bando parece particularmente difícil en la medida en que Turquía es miembro de la OTAN, organización de la que nadie ha logrado salir. Quizás pudiera, en un primer momento, salir del mando militar integrado, como hizo Francia en 1966. Y hay que recordar que en aquella época Charles De Gaulle tuvo enfrentar un intento de golpe de Estado y fue objeto de numerosos intentos de asesinato por parte de la OAS, organización financiada… por la CIA [3].

Suponiendo que Turquía lograse manejar ese cambio, todavía tendría que hacer frente a otros dos grandes problemas.

En primer lugar, aunque no se conoce con precisión la cantidad de yihadistas desplegados en Siria e Irak, es posible estimar que ya queden sólo entre 50 000 y 200 000. Sabiendo que esos mercenarios son masivamente irrecuperables, ¿qué se puede hacer con ellos? El acuerdo de alto al fuego, redactado de manera voluntariamente imprecisa, deja abierta la posibilidad de atacarlos en Idlib. Esa gobernación siria se halla bajo la ocupación de una serie de grupos armados, sin vínculos entre sí pero bajo la coordinación de la OTAN, desde el LandCom, instalado en Esmirna (Izmir) –precisamente en Turquía–, a través de ONGs «humanitarias». Contrariamente a Daesh, esos yihadistas no han sabido organizarse correctamente y siguen dependiendo de la ayuda de la OTAN. Esa ayuda les llega a través de la frontera turca, que podría cerrarse de un momento a otro. Sin embargo, si bien resulta fácil controlar los camiones que siguen rutas bien definidas, no es posible cortar el paso a los hombres que se mueven a campo traviesa. Miles, quizás decenas de miles de yihadistas, podrían huir próximamente hacia Turquía y desestabilizar ese país.

Turquía ya inició su cambio de retórica. El presidente Erdogan acusó a Estados Unidos de seguir apoyando a los yihadistas en general y a Daesh en particular, dando a entender que si él mismo lo hizo en el pasado fue bajo la mala influencia de Washington. Ankara espera ganar dinero poniendo la reconstrucción de Homs y Alepo en manos de su empresa constructora. Pero es difícil imaginar que, después de haber pagado a cientos de miles de sirios para que abandonaran su país, después de haber saqueado el norte de Siria y de haber respaldado a los yihadistas que han destruido el país y asesinado a cientos de miles de sirios, Turquía logre evadir todas sus responsabilidades.

El cambio de bando de Turquía –si se confirma en los próximos meses– traerá todo una cadena de consecuencias. Comenzando por el hecho que el presidente Erdogan se presenta ahora no sólo como aliado de Rusia sino también como socio del Hezbollah y de la República Islámica de Irán, o sea de los héroes del mundo chiita. Termina con ello el sueño de una Turquía líder del mundo sunnita, que lucha contra los «herejes» con el dinero de Arabia Saudita. Pero el conflicto artificial entre musulmanes, desatado por Washington, no terminará hasta que Arabia Saudita también renuncie a la ilusión.

El extraordinario giro de Turquía resulta probablemente difícil de entender para los occidentales, que creen que la política es siempre pública. Sin entrar a mencionar el arresto de varios oficiales turcos en un bunker de la OTAN en el este de Alepo, hace 2 semanas, es más fácil de interpretar para quienes recuerdan, por ejemplo, el papel personal de Recep Tayyip Erdogan durante la primera guerra de Chechenia, cuando él mismo dirigía la Milli Gorus, papel del que Moscú nunca habló pero que está ampliamente documentado en los archivos de los servicios de inteligencia de la Federación.

Vladimir Putin ha preferido convertir un enemigo en aliado, en vez de hacerlo caer y tener que seguir batallando contra el Estado que hoy dirige. El presidente Bachar al-Assad, sayyed Hassan Nasrallah y el ayatola Alí Khamenei han comprendido que es mejor hacer lo mismo.

Elementos a recordar:
- Después de haberse ilusionado con la conquista de Siria, el presidente Erdogan ahora se halla en dificultades –únicamente por causa de su propia política– en 3 frentes a la vez: tiene problemas con Estados Unidos y con el FETO –la organización de Fethullah Gulen–; con los kurdos independentistas del PKK; y con Daesh.
- A esos tres adversarios podría agregarse nuevamente Rusia, que posee abundante información sobre la trayectoria personal de Erdogan. Eso ha llevado al presidente Erdogan a optar por aliarse con Moscú y pudiera llegar a salir del mando integrado de la OTAN.

[1] «Los documentos del alto al fuego en Siria (completo)», “Resolution 2336 (Syrian Ceasefire, Astana Talks)”, Red Voltaire, 1º de enero de 2017.

[2] «La guerra secreta en Italia», por Daniele Ganser, Red Voltaire, 2 de marzo de 2010.

[3] «Cuando el stay-behind quiso derrocar a De Gaulle», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 28 de agosto de 2009.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

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Fuente : «El cambio de bando de Turquía », por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 3 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article194810.html

lunes, 2 de enero de 2017

Rusia, el alto el fuego en Siria y la expulsión de 35 diplomáticos de EEUU



Àngel Ferrero

El conflicto en Siria ha entrado esta semana en una nueva fase. El jueves, el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció que Rusia y Turquía, como representantes de dos de los bandos de este complejo conflicto, habían  llegado a un acuerdo para una tregua a escala nacional a partir de la medianoche (22:00 GMT). El alto el fuego, extensivo a más de 60.000 combatientes armados, excluye a Estado Islámico, Jabhat Fateh al-Sham (anteriormente Frente al-Nusra, vinculado a Al Qaeda) y a “todos los grupos afiliados a ellos”, según un comunicado del Ejército Árabe Sirio. En el conflicto sirio, Rusia e Irán apoyan al gobierno de Bashar al-Assad, mientras que Turquía apoya oficialmente al Ejército Libre de Siria (ELS).

El acuerdo se compone de tres documentos, según informó el presidente ruso. “El primero, entre el gobierno de Siria y la oposición armada para un alto el fuego en el territorio de la República Árabe Siria; el segundo, un conjunto de medidas para verificar el alto el fuego; el tercero anuncia la disposición para comenzar las negociaciones de paz”, detalló. Las negociaciones se celebrarán en la capital de Kazajistán, Astaná, tal y como decidieron Rusia, Turquía e Irán en una cumbre celebrada la semana pasada en Moscú. El presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, ya ha aceptado la propuesta y se ha ofrecido como anfitrión de las negociaciones. Los gobiernos ruso, turco e iraní se comprometen a verificar y garantizar todo el proceso.

Putin describió los acuerdos como “un suceso que no sólo hemos esperado durante mucho tiempo, sino que también hemos intentado convertir en una realidad”. Añadió empero que éstos “son muy frágiles, requieren de una atención especial, paciencia, actitud profesional y contacto permanente con nuestros socios”, y llamó al resto de potencias implicadas en el conflicto a respaldarlos. “Llamo al gobierno de la República Árabe Siria, a los grupos de la oposición armada y a todos los países de la región implicados en el conflicto y que tienen influencia sobre los bandos del mismo a apoyar los acuerdos conseguidos y a participar de manera activa en las negociaciones”, dijo.

El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, también avanzó que Rusia reducirá su presencia militar en Siria si avanzan las negociaciones, aunque seguirá “apoyando al gobierno legítimo de Siria en su lucha contra el terrorismo”, en palabras de Putin, y mantendrá sus contingentes militares en la base aérea de Jmeimim y la base naval de Tartus. El consenso entre la mayoría de analistas es que la operación militar aérea rusa y el apoyo terrestre de las milicias chiíes modificaron el equilibrio de fuerzas del conflicto a favor del gobierno.

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, manifestó la intención de invitar a representantes de la ONU “para garantizar la continuidad del proceso político bajo los principios de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 2254”, así como de otros países, y mencionó a Egipto, Arabia Saudí, Qatar, Irak y Jordania.

Reacciones al acuerdo

Bashar al-Assad valoró positivamente el acuerdo, según Konstantín Kosachev, presidente de la comisión de política exterior del Consejo de la Federación (cámara alta del parlamento). Kosachev, que se reunió con el presidente sirio al frente de una delegación de senadores, relató que al-Assad considera que este documento “establece los fundamentos para estabilizar la situación en el país y para una reforma constitucional”. “El presidente sirio cree que es importante que otros países de la región y de Occidente, especialmente los miembros de la Unión Europea, contribuyan a los esfuerzos”, añadió.

El portavoz del Alto Comité de Negociaciones (ACN), Mounzir Makhous, afirmó a la agencia RIA Novosti que el ACN hubiera preferido “que las negociaciones con los representantes del régimen sirio se celebrasen en Ginebra bajo la égida de la ONU, basándose en la resolución del Consejo de Seguredad y el Comunicado de Ginebra, y con el apoyo del Grupo Internacional de Apoyo a Siria”. El ACN reconoció además que “no es posible continuar” los combates debido a la falta de recursos contra las fuerzas gubernamentales y sus aliados.

Un portavoz del Ejército Libre de Siria, Osamu Abu Zaid, aseguró a la BBC que las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas quedan fuera tanto del acuerdo como de las negociaciones en Astaná. El presidente del Partido de la Unión Democrática (PYD), Salih Muslim Mohammad, confirmó posteriormente que no habían sido contactados para sumarse al acuerdo. La BBC también recogía unas declaraciones del ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, reclamando que las milicias de Hezbolá abandonen Siria. Al día sigueinte, Cavusoglu también exigió a las YPG que depusieran las armas y abandonasen sus aspiraciones de autodeterminación.

El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, valoró positivamente el acuerdo y dijo que esperaba que sirviese para salvar vidas, mejorar la entrega de ayuda humanitaria y allanar el camino a las conversaciones de paz.

El Departamento de Estado de EEUU calificó el acuerdo de “desarrollo positivo”. “Cualquier esfuerzo que ponga fin a la violencia, salve vidas y cree las condiciones para negociaciones políticas renovadas y productivas será bienvenido”, expresó su portavoz, Mark Toner. Toner fue preguntado por los periodistas si el acuerdo, del que ha sido significativamente marginado Washington e impulsado por una Turquía que parece alejarse paulatinamente de Occidente, no significa una pérdida de influencia de la diplomacia estadounidense en la región.

EEUU anuncia nuevas sanciones contra Rusia

Ese mismo día, desde Hawai’i, donde pasa las vacaciones de Navidad, y a través de un comunicado, el presidente estadounidense, Barack Obama, anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos y sus familias en respuesta a los ciberataques registrados durante la pasada campaña presidencial contra el Partido Demócrata, que Washington atribuye al Kremlin. El medio que publicó los correos, Wikileaks ,ha negado en varias ocasiones que la fuente que se los proporcionó sea Rusia, y apunta a una filtración interna del propio Partido Demócrata. Varios periodistas estadounidenses especializados en seguridad nacional y nuevas tecnologías han señalado las inconsistencias del informe de 13 páginas presentado por los servicios de inteligencia, y han alertado de precedentes donde la escasez de pruebas condujo a decisiones políticas erróneas.

Además de la expulsión de los diplomáticos –de la embajada de Washington y del consulado de San Francisco–, a los que se dio 72 horas para abandonar el país, también se clausurarán  dos edificios rusos en los estados de Maryland y Nueva York. Obama advirtió además que EEUU adoptaría nuevas sanciones “en el momento que lo decida”, incluyendo “operaciones que no serán reveladas a la opinión pública”. El último incidente similar ocurrió en 2001, cuando Washington expulsó a 51 diplomáticos rusos acusados de espionaje y Moscú respondió con la expulsión de 50 diplomáticos estadounidenses.

En previsión de la imposición de sanciones, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajárova, advirtió el miércoles que medidas como éstas tendrían una respuesta por parte de Moscú. “Estamos cansados de esta mentira sobre los hackers rusos”, dijo al calificar el anuncio de sanciones de “provocación”.

Moscú cree que las últimas acciones de la Casa Blanca tienen como objetivo quemar puentes entre la nueva administración y el Kremlin. “En general se tiene la impresión de que, adoptando esta ley, la administración de Barack Obama busca minar al futuro gobierno de Donald Trump, haciendo más difícil que pueda poner en práctica su política exterior y, en combinación con una febril imposición de nuevas sanciones, dictarle una continuación de su agresiva política antirrusa”, afirmó Zajárova, que también expresó el deseo de Moscú de que la nueva administración de EEUU “demuestre más sabiduría”.

Desde el Báltico, donde se encontraba de visita como parte de una gira por la región, el senador republicano Lindsey Graham –quien con el también senador republicano John McCain encabeza la oposición a cualquier tipo de reconciliación con Moscú– se mostró favorable a la imposición de nuevas sanciones. “El Congreso investigará la interferencia rusa en nuestras elecciones y habrá un consenso entre Demócratas y Republicanos para imponer sanciones que golpearán duramente a Rusia, en particular a Putin”, declaró. Por su parte, en una entrevista con la corporación de radio y televisión pública de Estonia (ERR), John McCain evitó responder si daría su apoyo al secretario de Estado propuesto por Trump, Rex Tillerson, y aseguró que el Senado le interrogaría sobre su relación y actitud hacia el presidente ruso. Al día siguiente ambos volaron hasta Ucrania, donde fueron condecorados por el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, con la orden de la libertad. La próxima semana McCain presidirá una audiencia especial sobre el presunto ataque informático ruso, que arrancará el 5 de enero.

“Pienso que deberíamos continuar con nuestras vidas”, dijo Trump a los periodistas desde su residencia en Mar-a-Lago, en Florida, sin entrar en detalles y de nuevo en contraste con las declaraciones de algunos de los miembros de su propio partido. En una entrevista con la cadena de televisión Fox, el republicano Newt Gingrich señaló días atrás que el nuevo presidente podría “repeler un 60 ó 70% del legado de Obama simplemente vetando todas las diferentes órdenes ejecutivas que Obama ha estado utilizando por la sencilla razón de que no podía aprobarlas en el Congreso”. Las palabras de Gingrich generaron de inmediato especulación en Moscú sobre si en este “60 ó 70%” no se encontrarían también las sanciones que Washington ha aprobado. Según Gingrich, el objetivo de esta súbita actividad de la administración saliente es incrementar la cantidad de medidas que Trump repelerá para presentar al republicano como un autócrata que gobierna a golpe de decreto presidencial.

Otras fuentes estadounidenses apuntan a un conflicto mucho más profundo entre agencias de inteligencia y rumorean que el asesor de Seguridad Nacional de Trump, el general retirado Michael T. Flynn, planea reforzar la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) –de la que formó parte– en detrimento de la CIA.    

Según informaciones del tabloide alemán Bild, el ex secretario de Estado Henry Kissinger ya estaría elaborando un plan para retomar las relaciones con Rusia. El británico The Independent iba más allá y presentaba un escenario según el cual EEUU, de acuerdo con el plan de Kissinger, aceptaría la soberanía rusa de Crimea. A cambio, Moscú retiraría la cobertura dilomática y el asesoramiento militar de las autoproclamadas repúblicas asesor de Seguridad Nacional de Trump de Lugansk y Donetsk, en el este de Ucrania.

La respuesta rusa a las sanciones estadounidenses

“Mañana habrá declaraciones oficiales y medidas de respuesta”, informaba lacónicamente la cuenta de Twitter de la embajada rusa en Washington. Las primeras reacciones por parte de Rusia aparecieron en canales informales. “Hoy América y el pueblo americano han sido menospreciados por su propio presidente”, escribió la portavoz del Ministerio de Exteriores en su cuenta de Facebook. Zajárova acusó a Obama “de maximizar la cantidad de problemas urgentes de la próxima administración” y utilizó un tono muy duro contra la actual administración estadounidense. “Incapaz de incluir ningún logro importante en la arena internacional en la historia de su presidencia, el ganador del Premio Nobel ha conseguido cerrar su capítulo con una mancha en lugar de un gesto elegante”, declaró.

Durante la mañana, la CNN informó de que el gobierno ruso había ordenado el cierre de la escuela angloamericana de Moscú y de una residencia de vacaciones de la embajada al noroeste de la capital como medida de respuesta, informaciones que fueron desmentidas poco después en los medios de comunicación rusos.

Finalmente, el Kremlin respondió con un comunicado publicado en su página web la tarde del viernes, donde calificaba las medidas de Obama de “provocación destinada a seguir minando las relaciones ruso-americanas”. El Kremlin, asegura el comunicado, “se reserva el derecho a tomar acciones de respuesta de acuerdo con la práctica internacional dominante”, aunque, añade, “sin caer en el nivel de la diplomacia irresponsable y ‘de cocina’, y tomando pasos hacia la restauración de las relaciones ruso-americanas” con la próxima administración. Según la oficina del presidente ruso, Moscú no creará “problemas a los diplomáticos estadounidenses”: “No expulsaremos a nadie [...] Es más, invitamos a todos los hijos de los diplomáticos acreditados en Rusia a las fiestas de Navidad y Año Nuevo organizadas en el Kremlin”.

“Es una lástima que la administración del presidente Barack Obama termine su trabajo de esta manera, a pesar de todo, le felicito a él y a su familia por el Año Nuevo”, dice el comunicado, que acaba felicitando “al presidente Trump y al pueblo estadounidense”.

Debido a las complicaciones para abandonar el país en plenas fiestas navideñas, Moscú puso a disposición un avión de la flota del gobierno ruso para trasladar a los diplomáticos y sus familias.

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, bajo cuya presidencia tuvo lugar el malogrado “reset” de las relaciones con EEUU, lamentó la evolución de la política de Obama hacia su país. “Es triste que la administración Obama, que comenzó con la restauración de la cooperación, termine en esta agonía antirrusa. DEP”, escribió Medvédev en su cuenta de Twitter.

“Es increíble cómo los profesionales de EEUU con más pedigrí y credenciales parecen amateurs en todo este escándalo del hackeo informático después de ocho años en la administración”, valoraba el periodista estadounidense Mark Ames, especializado en Rusia. “Uno de los objetivos de las expulsiones era dificultar las relaciones con Rusia”, explicaba Ames, pero “Putin no mordió el anzuelo”. Según este periodista, este caso demuestra cómo en Washington la ideología se ha solapado con la política exterior. “Están combatiendo al Putin de dibujos animados de sus campañas de comunicación, no al Putin despiadadamente práctico de la realidad”, sentenciaba.

Una versión anterior de este artículo se publicó en el diario El Punt Avui.

Àngel Ferrero Periodista residente en Moscú. Miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

Fuente: www.sinpermiso.info, 28 de diciembre 2016


lunes, 26 de diciembre de 2016

Rusia, EEUU y la nueva carrera armamentista



Àngel Ferrero 25/12/2016

Durante unas horas el espíritu de la guerra fría regresó a los medios de comunicación internacionales. Después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, enfatizase el jueves durante una reunión con altos cargos del Ministerio de Defensa la modernización del ejército, incluyendo su armamento nuclear, el presidente electo de EEUU, Donald Trump, recurrió a su canal de comunicación favorito, su cuenta personal en Twitter, para responder. «EEUU tienen que reforzar y expandir su capacidad nuclear», escribió Trump, obviando que Barack Obama había anunciado meses atrás un programa de modernización de las armas nucleares durante los próximos treinta años valorado en un bilión de dólares. «Si hay una carrera armamentista los superaremos a cada paso y los sobrepasaremos a todos», aseguró Trump después en una entrevista con la cadena de televisión MSNBC. La brecha de los misiles (missile gap), aquella expresión de la guerra fría que hacía referencia a la disparidad –más percibida que real– entre el número de ojivas nucleares entre EEUU y la URSS parecía volver a ser de actualidad.

En su rueda de prensa anual –aplazada un día por las exequias de Andréi Kárlov, el embajador ruso asesinado el pasado lunes en Ankara– se esperaba por lo tanto que el presidente ruso volviera a referirse a esta cuestión. Preguntado por las palabras de Trump, Putin se declaró sorprendido por la reacción. «No somos nosotros quienes provocamos la carrera armamentista... nunca estaremos dispuestos a caer en una carrera armamentista y tener unos gastos que no podemos permitirnos», dijo al recordar que el próximo año se reducirá a un 3,3% el gasto en defensa. Putin también quiso destacar que Rusia sigue actuando en el marco del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START-3), firmado con EEUU en 2010. «Tengo que decir, y esto no es ningún secreto, que no tenemos nada que ocultar, que, es más, hemos puesto muchos esfuerzos en la modernización del potencial de los misiles nucleares de Rusia, y nuestras fuerzas armadas. Esto se aplica también a nuestras Fuerzas de Misiles Estratégicos, y su despliegue terrestre, y a nuestras fuerzas desplegadas por mar. Todo esto es información pública, no estamos ocultando nada. Estamos desplegando nuevos submarinos estratégicos nucleares con nuevos tipos de misiles a bordo. Esto vale también para nuestras fuerzas armadas. Me refiero tanto a los vehículos de transporte, la aviación, y los sistemas para su lanzamiento». «Las premisas para una nueva carrera armamentista se crearon luego que EEUU se retirase del Tratado de Misiles Antibalísticos [en junio de 2002]», explicó el mandatario ruso. «Cuando una parte se retiró del tratado y dijo que crearía su propio paraguas nuclear, la otra parte ha de crear otro similar […] o crear medios eficaces para superar este sistema de defensa antimisiles», añadió.

Asimismo, Putin insistitó en sus declaraciones del día anterior. «Es muy importante y no lo he dicho casualmente: un agresor es aquel que, hipotéticamente, puede atacar a Rusia, nosotros somos más fuertes que cualquier agresor potencial, puedo reafirmarlo», dijo. El jueves el presidente ruso valoró como «adecuado» el «estado de la tríada nuclear [aviación estratégica, misiles balísticos intercontinentales y submarinos nucleares], que juega un papel clave en la paridad estratégica», e informó de que Rusia ha modernizado en un 60% su arsenal nuclear. Putin también pidió a las fuerzas armadas vigilar «cualquier cambio en el equilibrio de fuerzas y en la situación política militar en el mundo, sobre todo en el perímetro de las fronteras de Rusia», en referencia al aumento de tropas de la OTAN en los Bálticos y Europa oriental. Estas declaraciones, pese a todo, vinieron acompañadas de una advertencia: «Si nos permitimos ni que sea un minuto de relajación, un único error importante en la modernización del ejército y la marina, o en la formación de las tropas, la situación puede cambiar rápidamente», añadió.

Durante la conferencia de prensa, que duró casi cuatro horas, Putin también se refirió a otras cuestiones de política nacional e internacional, desde las relaciones con EEUU, la Unión Europea o China hasta las escándalos de dopaje, los atentados yihadistas, el estado de la economía rusa y los conflictos en Ucrania y Siria. Respecto a este último, el presidente ruso subrayó los esfuerzos del país por evacuar Alepo oriental y se manifestó a favor de la idea de iniciar un proceso de negociaciones en Kazajistán con el apoyo de Irán y Turquía para encontrar una solución política al conflicto.

Putin también rechazó las acusaciones de interferir en las elecciones presidenciales de EEUU y se mostró confiado en la recuperación de la economía rusa, que el año pasado cayó un 3,7% y cerrará éste con una caída de entre el 0,5% y el 0,6%. La cuestión de si se volvería a presentar a las elecciones presidenciales de 2018 quedó en el aire. «El tiempo lo dirá, lo decidiré basándome en el estado del país y del mundo, en lo que he hecho y en lo que puedo hacer», contestó.

Àngel Ferrero Periodista residente en Moscú. Miembro del comité de redacción de Sin Permiso. Una primera versión de este artículo se publicó en el diario El Punt Avui el 23 de diciembre.

Fuente: www.sinpermiso.info, 25 de diciembre 2016



lunes, 5 de diciembre de 2016

El discurso de Putin sobre el estado de la nación: el Kremlin mantiene el curso



Àngel Ferrero 02/12/2016

El presidente ruso, Vladímir Putin, realizó su discurso sobre el estado de la nación un día después del II Foro Internacional Primakov, celebrado en Moscú. Son dos noticias conectadas. Como ministro de Exteriores (1996-1998), Yevgueni Primakov impulsó toda una nueva política exterior –basada en la multipolaridad y que tenía también como objetivo que Rusia recuperase su estatus internacional– que el jueves Putin volvió a defender en el Kremlin ante la Asamblea Federal de Rusia, el parlamento del país formado por la Duma Estatal (cámara baja) y el Consejo de la Federación Rusa (cámara alta).

“La política oriental activa de Rusia no está motivada por algún tipo de consideración a corto plazo actual, tampoco por un enfriamiento de las relaciones con Estados Unidos o la Unión Europea, sino por intereses nacionales a largo plazo y tendencias del desarrollo global”, afirmó el presidente ruso a la hora de hablar de las relaciones con la India y China. Según Putin, precisamente estas últimas “son un ejemplo de un mundo basado no en la idea de dominación de un país, sin importar su fuerza, sino armónico, teniendo en cuenta los intereses de todos los países”, y señaló que esta cooperación económica continuaría y aumentaría en el futuro.

Putin también volvió a manifestar la voluntad de cooperación del Kremlin con la nueva administración de Donald Trump en EEUU, especialmente en el ámbito de la lucha antiterrorista. “Tenemos una responsabilidad común para garantizar la seguridad y estabilidad internacionales”, aseguró. En cuanto a las sanciones impuestas por Washington y Bruselas, buscó restar importancia a su impacto y destacó que “en contraste con algunos socios occidentales que ven un rival en Rusia, nosotros no buscamos enemigos y nunca los hemos buscado”. No obstante, añadió, “no toleraremos que nuestros intereses sean negligidos o infringidos”.

En este sentido, Putin mencionó algunos de los problemas que Rusia, dijo, tiene que resolver “en condiciones difíciles y poco usuales, como ha ocurrido a menudo en nuestra historia. Pero el pueblo ruso ha demostrado de nuevo de manera convincente que es capaz de responder a los desafíos, de defender y proteger los intereses nacionales, la soberanía y el curso independiente de nuestro país”.

Encajar la crisis y reorientar la economía

El foco de los medios de comunicación en la proyección internacional de Rusia acostumbra a dejar en un segundo plano la situación en el propio país, que ocupó buena parte del discurso de Putin. En términos generales, el presidente ruso quiso destacar, como ha hecho en años anteriores, que el país ha conseguido encajar el golpe de la crisis económica mundial, primero, y del clima económico resultante de las sanciones a partir de 2014, después.

El PIB de Rusia se redujo un 3,7% el año pasado. Según el presidente ruso, “los principales motivos para la desaceleración económica son domésticos”. Y los enumeró como sigue: “Una falta de inversiones, de tecnologías modernas y de profesionales, un desarrollo insuficiente de la competitividad y un clima empresarial defectuoso”. En este sentido, era imposible no mencionar el caso del exministro de Desarrollo Económico, Alexéi Ulikáev, detenido el pasado 15 de noviembre acusado de corrupción. “Quiero recordarles que la lucha anticorrupción no es un espectáculo”, sentenció Putin.

Rusia, aseguró, tendría que mantener un presupuesto estable y cada vez más independiente de los ingresos procedentes de la exportación de hidrocarburos, y puso como ejemplo las exportaciones agrícolas, que este año han totalizado unos 16.900 millones de dólares y superado la venta de armamento. Sumándose a otros dirigentes internacionales, Putin dijo que el gobierno ruso también ha observado un crecimiento de las políticas proteccionistas en el mundo, y anunció un plan de acción hasta el 2025 para recuperar el crecimiento económico y un estudio para reformar el sistema impositivo, que podría entrar en vigor a partir de 2019.

“Hemos proporcionado estabilidad macroeconómica, que es muy importante, y hemos mantenido nuestras reservas financieras”, dijo Putin, que las cifró en 389,4 mil millones de dólares (en enero eran 368,39 mil millones). Estas reservas, procedentes sobre todo de la exportación de hidrocarburos, han servido hasta ahora para capear la crisis. Con todo, la necesidad de reformas no pasa inadvertida en Moscú y supone todo un reto para una administración que ha basado su legitimidad en la estabilidad política y económica. En el capítulo de la inflación, uno de los más sensibles para los ciudadanos rusos, se espera una reducción por debajo del 6% (en 2015 era del 12,9%). Aunque algunos recientes cambios políticos y económicos en la arena internacional parecen jugar a favor del Kremlin, Putin alertó contra “años de crecimiento cero si no solucionamos los problemas básicos de la economía rusa”. “De lo contrario, tendremos que recortar y posponer continuamente nuestro desarrollo, y no podemos permitírnoslo”, añadió.

Una versión anterior de este artículo se publicó en el diario El Punt-Avui el 2 de diciembre.

Àngel Ferrero Periodista residente en Moscú. Es miembro del Comité de Redacción de Sin Permiso.
Fuente:
El Punt-Avui, 2 de diciembre 2016

viernes, 25 de noviembre de 2016

La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia

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por Ariel Noyola Rodríguez

La Organización de Cooperación de Shanghái está en camino de pasar de la cooperación en materia de seguridad y defensa, a sumar esfuerzos en los ámbitos económico y financiero. Durante su 15ª cumbre, realizada a principios de noviembre, el primer ministro de China propuso a los miembros de este grupo la creación de un área de libre comercio y un banco regional de desarrollo, lo cual elevaría la influencia de Pekín y Moscú en una región que, según uno los principales geoestrategas estadounidenses, terminará por definir el futuro de la hegemonía global.
Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, sostuvo en 1997, en su libro El gran tablero: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos (The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives), que una de las condiciones para que Estados Unidos conservara su hegemonía mundial consistía en impedir, a toda costa, el surgimiento de una potencia desafiante en Eurasia. Hoy en día, Washington no solamente ha perdido el control sobre esa parte del mundo sino que China está encabezando, junto con Rusia, la construcción de un gran circuito económico y financiero entre todos los países de la región.

Los medios de comunicación occidentales, en su mayoría, ocultaron que a principios de noviembre el primer ministro de China, Li Keqiang, realizó una gira por varios países de Asia central. Li aterrizó en la ciudad de Bishkek (Kirguistán), donde participó en la 15ª Cumbre de Jefes de Gobierno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) [1]. La OCS, que cubre 300 millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente el 60% de toda la superficia de Eurasia) y es el hogar de una cuarta parte de la población mundial, está compuesta actualmente por . La India y Pakistán se encuentran en proceso de incorporación que, previsiblemente, será concluido en la cumbre de Astaná, a realizarse en junio de 2017 [2].

Aunque en un principio fue concebida bajo una perspectiva militar y de seguridad, en estos momentos la OCS incluye también la cooperación en los rubros económico y financiero. Justamente cuando el comercio internacional registra su peor desempeño desde que estalló la crisis financiera de 2008 [3], para los países que conforman la OCS se ha vuelto una imperiosa necesidad estrechar sus vínculos, tanto en términos comerciales, como de inversión. Para enfrentar la desaceleración económica mundial, es urgente que los países emergentes fortalezcan las relaciones Sur-Sur (entre países de la periferia), con vistas a reducir su dependencia de las naciones industrializadas, hoy hundidas en el estancamiento.

La propuesta del primer ministro de China de establecer un área de libre comercio («free trade area») entre los miembros de la OCS apunta, precisamente, hacia la integración horizontal de las cadenas productivas de la región euroasiática [4]. En un momento en el que China está acelerando la reorientación de su economía hacia el mercado interno para, de este modo, disminuir el predominio de las inversiones masivas y el comercio exterior en su patrón de crecimiento, para el resto de países que conforman la OCS es un asunto de primer orden buscar dar el salto hacia la producción de mercancías de alto valor agregado.

Por otro lado, considero que la OCS debe explorar la posibilidad de sumar esfuerzos con otros proyectos de integración que en la actualidad intentan consolidarse. La eliminación de barreras arancelarias bien puede permitir a los países de la OCS aumentar los flujos de comercio y de inversión de forma sustantiva con aquellos bloques regionales que están conformados por las economías emergentes; por ejemplo, la Unión Económica Euroasiática (UEE, integrada por Rusia, Bielorrusia, Kazajastán, Armenia y Kirguistán) o incluso la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés).

Es fundamental, en paralelo, que las estrategias de integración económica regional impulsadas por la OCS y la UEE busquen establecer, cuanto antes, alianzas con las zonas de libre comercio que China está impulsando en el Continente asiático, es decir, encontrar puntos de convergencia, verbigracia, con el Acuerdo Económico Comprensivo Regional (RCEP, por sus siglas en inglés). A mi modo de ver, el protagonismo de China en los flujos del comercio mundial proporciona enormes beneficios a los países localizados en Eurasia. Sin embargo, no se trata solamente de vender mercancías en uno de los mercados más dinámicos del mundo sino, también, de adquirir bienes a precios mucho más bajos.

Adicionalmente, cabe destacar que a lo largo del encuentro con sus homólogos de la OCS, Li puso sobre la mesa de negociaciones la propuesta de poner en funcionamiento un banco regional de desarrollo así como un fondo especial de crédito, instrumentos que, a su juicio, serán capaces de responder a las necesidades de financiamiento de la región euroasiática [5]. Si se materializan, estas instituciones se sumarían a las entidades financieras lideradas por China, y que se han puesto en marcha durante los años recientes: el nuevo banco de desarrollo de los BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés).

Es importante tomar en cuenta que todas estas iniciativas tienen entre sus principales objetivos canalizar el ahorro de los países emergentes hacia el financiamiento de la iniciativa económica y geopolítica más ambiciosa formulada por China en los últimos tiempos: “Un cinturón, una ruta” (One Belt, One Road), una inmensa red de transporte que conectará a los países del Este, Sur y Sudeste de Asia con el Medio Oriente y el Norte de África, atravesando el continente europeo [6].

La República Popular China confirma, una vez más, que la integración económica del continente asiático es una de sus prioridades estratégicas. Aun cuando el Gobierno de Barack Obama lanzó la “doctrina del pivote” en el año 2011 –una estrategia de defensa que tuvo por misión contener el ascenso de China como súper potencia–, los líderes de Pekín han logrado, de forma por demás exitosa, consolidar su liderazgo regional.

Ahora, todo indica que la advertencia que hizo Brzezinski hace ya casi dos décadas, se ha convertido en una dolorosa realidad para Estados Unidos: la OCS, apoyada de forma preponderante tanto por China, como por Rusia, encabeza la gran transformación de Eurasia…

Ariel Noyola Rodríguez
Fuente original: Russia Today (Rusia)
[1] «SCO prime ministers’ meeting gives strong boost to regional economic, security cooperation», China Daily, 5 de noviembre de 2016.

[2] «India, Pakistan may get new status at Shanghai Cooperation Organization in 2017 — diplomat», TASS, 10 de noviembre de 2016.

[3] «World Trade Set for Slowest Yearly Growth Since Global Financial Crisis», Paul Hannon & William Mauldin, The Wall Street Journal, 27 de septiembre de 2016.

[4] «China Suggests Free Trade Zone For the SCO», Catherine Putz, The Diplomat, 4 de noviembre de 2016.

[5] «China proposes SCO development bank», The Nation (Pakistan), 23 de octubre de 2016.

[6] «The rise of the Eurasian silk road», Dan Steinbock, China Daily, 8 de noviembre de 2016.

Ariel Noyola Rodríguez
Ariel Noyola Rodríguez Economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Integrante del Centro de Investigación sobre la Globalización, Global Research, con sede en Canadá. Sus reportajes sobre la economía mundial se publican en el semanario Contralínea y sus columnas de opinión en la cadena internacional de noticias Russia Today. El Club de Periodistas de México le entregó el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Mejor Análisis Económico y Financiero por sus trabajos difundidos a lo largo de 2015 en la Red Voltaire.

Fuente: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

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Fuente : «La Organización de Cooperación de Shanghái encabeza la gran transformación de Eurasia», por Ariel Noyola Rodríguez, Russia Today (Rusia) , Red Voltaire , 24 de noviembre de 2016, www.voltairenet.org/article194213.html

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