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miércoles, 15 de marzo de 2017

Trump: la aclaración

Luego de haber hecho declaraciones a todas luces apresuradas sobre diversos temas militares, el presidente Donald Trump está ateniéndose a las opiniones de su secretario de Defensa, el general James Mattis, en materia de cuestiones estratégicas y tácticas. La Casa Blanca decidirá sobre objetivos y medios políticos mientras que el Pentágono tendrá carta blanca en cuanto a la aplicación. Esta diferenciación entre política y acción militar no existía bajo la administración Obama: en aquella época, el Pentágono sometía toda acción letal a la aprobación de la Casa Blanca.

por Thierry Meyssan

Dos meses después de su llegada a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump tendrá que aclarar su posición en relación con el plan de rediseño del Medio Oriente ampliado que sus predecesores trataron de imponer. Y si realmente quiere poner fin al yihadismo, tendrá que reconocer la resistencia de la República Árabe Siria y reposicionar tanto al Reino Unido como a Arabia Saudita y Turquía.


Desde la nominación del general James Mattis como nuevo secretario de Defensa, el presidente estadounidense Donald Trump solicitó al general la preparación de planes para liquidar definitivamente a los yihadistas en vez de limitarse a moverlos de un lugar a otro ni a conservar algunos para seguir utilizándolos.

En su discurso del 28 de febrero de 2017 ante el Congreso de Estados Unidos, Trump confirmó que su objetivo es acabar con el «terrorismo islámico radical». Y, para evitar errores de interpretación, recordó que las víctimas de ese terrorismo son tanto musulmanas como de confesión cristiana. Trump muestra así que no está en contra del islam sino contra una ideología política que recurre a referencias musulmanas.

Todo parece indicar que la cadena de mando estadounidense está siendo objeto de un proceso de corrección ya a punto de terminar. Cuando el presidente Trump haya fijado el objetivo y designado los medios a utilizar para alcanzarlo, los militares podrán concretar la operación como lo crean más conveniente. Y las responsabilidades estarán compartidas: al Pentágono le tocará asumir la responsabilidad por los errores de actuación o los «daños colaterales» mientras que la Casa Blanca asumirá las derrotas.

Es por eso que conviene precisar lo más rápidamente posible la posición de Estados Unidos frente a la República Árabe Siria. Esa posición debería anunciarse en Washington, el próximo 22 de marzo, en una reunión de los países miembros de la coalición anti-Daesh que debe contar con la participación del secretario de Estado, Rex Tillerson. Lo menos que puede decirse es que, por el momento, nada ha cambiado en ese sentido: en el Consejo de Seguridad de la ONU, la embajadora estadounidense Nikki Haley incluso respaldó recientemente un enésimo proyecto de resolución franco-británico contra Siria, que se estrelló contra el sexto veto chino y el séptimo veto ruso.

Por su parte, el embajador sirio Bachar Jaafari denunció que tras la maniobra franco-británica consistente en acusar sin pruebas –basándose en supuestos testimonios de los grupos empeñados en agredir a la República Árabe Siria– se escondía un intento de justificar un «cambio de régimen» y de absolver a Israel, país culpable de posesión de armamento atómico y por tanto violador del Tratado de No Proliferación.

Acabar con el yihadismo equivaldría a renunciar al plan conjunto de Londres y Washington tendiente a rediseñar el Medio Oriente ampliado y a instalar en el poder a la Hermandad Musulmana en todos los países de esa región. Sería también reconocer que las «primaveras árabes» sólo fueron la reedición –Made in CIA y MI6– de la «Revuelta Árabe» de 1916. Eso obligaría al Reino Unido a renunciar a una carta que desde hace un siglo había venido construyendo pacientemente; forzaría a Arabia Saudita a desmantelar la Liga Islámica Mundial, que desde 1962 coordina a los yihadistas; compelería a Francia a renunciar a su delirio de obtener un nuevo mandato sobre Siria, mientras que Turquía se vería obligada a dejar de apadrinar las organizaciones políticas de los yihadistas. No se trata, por tanto, de una decisión únicamente estadounidense sino que implicaría como mínimo a otros 4 Estados.

A pesar de las apariencias, esta decisión va mucho más allá del ámbito sirio. Pudiera incluso convertirse en el posible fin de la política imperial anglosajona, lo cual tendría múltiples consecuencias en el campo de las relaciones internacionales. Se trata, en efecto, del programa electoral de Donald Trump, pero nadie sabe si realmente podrá aplicarlo, debido a la extraordinaria oposición que ha encontrado en las élites estadounidenses.

Por su parte, el general Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, tuvo una reunión en Ankara con sus homólogos de Rusia y Turquía. El objetivo de ese encuentro era evitar que los militares de cada uno de esos países, presentes en el terreno, interfieran a los de los otros dos Estados en este conflicto caracterizado por la presencia de múltiples actores. Irán no fue invitado a Ankara ya que, en contraste con el Hezbollah– sus militares desde hace tiempo se limitan a defender solamente a las poblaciones chiitas.

Mientras que el Ejército Árabe Sirio liberaba nuevamente la ciudad de Palmira, el contingente militar de Estados Unidos ilegalmente presente en suelo sirio aumentó sus efectivos a 900 hombres y atravesó el norte de Siria haciéndose lo más visible que pudo.

La cuestión práctica más importante es saber en qué tropas se apoyaría Estados Unidos para atacar la ciudad siria de Raqqa, actualmente en manos del Emirato Islámico (Daesh). La prensa internacional sigue afirmando que el Pentágono cuenta con los kurdos del YPG, pero otras fuentes mencionan la posible aplicación de un esquema similar al de Mosul, en Irak, donde consejeros estadounidenses dirigen las acciones del ejército nacional iraquí.

En la reunión de Ankara, el general Dunford pareció preocupado ante la posibilidad de enfrentamientos entre los soldados turcos y los milicianos kurdos, sobre todo teniendo en cuenta que parte del YPG ha decidido ponerse bajo la protección de Damasco, ante el anuncio de un posible avance turco-mongol.

En el mejor de los casos, tendremos que esperar hasta el 22 de marzo para saber si el presidente Trump finalmente reconoce que la administración Obama perdió su guerra contra Siria y si él mismo es verdaderamente serio cuando dice querer erradicar el yihadismo. ¿Qué pasará entonces con quienes han sido, a lo largo de medio siglo, los fieles ejecutores de la política británica?

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Trump: la aclaración», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 14 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195609.html

martes, 13 de septiembre de 2016

15 años de crímenes




por Thierry Meyssan

Estados Unidos y sus aliados conmemoran los 15 años de los hechos del 11 de septiembre de 2001. Thierry Meyssan aprovecha la ocasión para pasar en revista la política de Washington desde aquellos acontecimientos… y el balance resulta particularmente sombrío. Sólo caben dos posibilidades: o la versión de los atentados que defiende la Casa Blanca es auténtica, y en ese caso su respuesta a los ataques ha resultado tremendamente contraproducente, o se trata de un engaño y Estados Unidos ha logrado saquear el Gran Medio Oriente.


¿Qué quedaría hoy de la influencia mundial de Estados Unidos si ese país no contara con los yihadistas como tropa de refuerzo?
Hace 15 años, el 11 de septiembre de 2001, hacia las 10 de la mañana, Richard Clarke, entonces coordinador nacional para la seguridad, la protección de la infraestructura y el contraterrorismo, activaba el «Plan de Continuidad del Gobierno» [1]. Según Richard Clarke, se trataba así de responder a la situación excepcional creada por 2 aviones que se habían estrellado contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y por un tercer avión que se había estrellado contra el Pentágono.

Pero el «Plan de Continuidad del Gobierno» había sido concebido como respuesta a la destrucción de las instituciones democráticas provocada, por ejemplo, por un ataque nuclear. Nunca estuvo previsto activarlo en una situación en la que el presidente y el vicepresidente de Estados Unidos así como los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado estuviesen vivos y en condiciones de seguir ejerciendo sus funciones.

La activación de ese plan puso las responsabilidades del presidente de los Estados Unidos en manos de una autoridad militar alternativa con base en Mount Weather [2]. Esa autoridad militar sólo devolvió las prerrogativas presidenciales al presidente George W. Bush Jr, al final de aquel día. La identidad de los miembros de esa autoridad y las decisiones que tomaron durante aquellas horas siguen en secreto.

Dado el hecho que, el 11 de septiembre de 2001, el presidente estadounidense se vio privado de las prerrogativas inherentes a su cargo durante unas 10 horas, en violación de la Constitución de los Estados Unidos, es técnicamente exacto hablar de «golpe de Estado». Por supuesto, el uso de esa expresión puede resultar chocante, porque estamos hablando de Estados Unidos, porque el hecho se produjo en circunstancias excepcionales, porque la autoridad militar nunca reivindicó el hecho y porque finalmente devolvió el poder al presidente constitucional. A pesar de todo eso, el hecho es que se trató, stricto sensu, ni más ni menos que de un «golpe de Estado».

En un libro célebre, publicado en 1968, reeditado y convertido en lectura obligada de los neoconservadores durante la campaña electoral del año 2000, el historiador Edward Luttwak explicaba que un golpe de Estado verdaderamente exitoso es aquel cuya existencia nadie percibe, ya que al no percibirlo nadie tratará de oponerse a él [3].

Seis meses después de aquellos hechos, publiqué un libro sobre las consecuencias políticas de aquel día [4]. Los medios de prensa solamente hablaron de los cuatro primeros capítulos, en los que demostraba que la versión oficial no podía ser cierta. Fui muy criticado por no proponer mi propia versión de aquel día, pero no tengo tal versión y hoy en día sigo abrigando al respecto más preguntas que respuestas.

En todo caso, los 15 años transcurridos nos aclaran lo sucedido aquel día.

Desde el 11 de septiembre de 2001,
el Estado federal se halla
al margen de la Constitución

En primer lugar, aunque la aplicación de algunas de sus disposiciones fueron brevemente suspendidas en 2015, Estados Unidos sigue viviendo actualmente bajo los términos de la USA Patriot Act. Adoptado apresuradamente, 45 días después del golpe de Estado, ese texto constituye una respuesta al terrorismo. Dado su volumen, sería más adecuado hablar de un código antiterrorista que de una simple ley. Se trata, en realidad, de un texto preparado por la Federalist Society durante los 2 años anteriores a los hechos del 11 de septiembre. Sólo 4 parlamentarios se opusieron a su adopción.

La USA Patriot Act, o Acta Patriótica, suspende las limitaciones que la Constitución de los Estados Unidos podría imponer a las iniciativas del Estado federal en materia de lucha contra el terrorismo. Esas limitaciones están formuladas en la «Carta de Derechos», o sea en las 10 primeras enmiendas de la Constitución y su suspensión corresponde al principio del estado de emergencia permanente. El Estado federal puede entonces practicar la tortura fuera de su territorio y espiar masivamente a su población. Al cabo de 15 años de aplicación de tales prácticas ya no es técnicamente posible que Estados Unidos pretenda presentarse como un «Estado de derecho».

Para aplicar el Acta Patriótica, el Estado federal comenzó por crear un nuevo ministerio: el Departamento de Seguridad de la Patria (United States Department of Homeland Security). El nombre real de este ministerio estadounidense resulta tan chocante que en el mundo entero lo traducen como «Seguridad Interna» o «Seguridad Nacional», lo cual es falso.

Posteriormente, el Estado federal se dotó de un conjunto de cuerpos de policía política que, según un amplio estudio del Washington Post empleaban en 2010 al menos 850 000 nuevos funcionarios para espiar a 315 millones de habitantes [5].

La gran innovación institucional de ese periodo es la relectura de la separación de poderes. Hasta entonces se consideraba, según la concepción de Montesquieu, que la separación de poderes permitía mantener un equilibrio entre el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, equilibrio indispensable para el buen funcionamiento y la preservación de la democracia. Estados Unidos podía enorgullecerse de ser el único país del mundo que aplicaba estrictamente el principio de separación de poderes. Actualmente, por el contrario, la separación de poderes significa que el Poder Legislativo y el Poder Judicial ya no tienen posibilidad de control sobre los actos del Ejecutivo. Es incluso en virtud de esta nueva interpretación que el Congreso estadounidense no fue autorizado a debatir las condiciones del golpe de Estado del 11 de septiembre de 2001.

Contrariamente a lo que escribí en 2002, los Estados de Europa Occidental se resistieron a esa evolución. No fue hasta hace un año y medio que Francia cedió y adoptó el principio del Estado de emergencia permanente, a raíz de la masacre perpetrada en las oficinas del semanario satírico Charlie-Hebdo. Esa mutación interna viene acompañada de un cambio radical en materia de política exterior.

Desde el 11 de septiembre de 2001,
el Estado federal estadounidense,
al margen de la Constitución,
ha saqueado el Gran Medio Oriente

En los días posteriores a los hechos del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush –quien ya había recuperado sus prerrogativas presidenciales en la noche del 11 de septiembre– declaró a la prensa: «Esta cruzada, esta cruzada contra el terrorismo, llevará tiempo» [6]. Aunque se excusó después por haberse expresado en esos términos, la selección de las palabras que utilizó en su declaración indicaba que el enemigo decía actuar en nombre del islam y que la guerra sería larga.

En efecto, por primera vez en su historia, Estados Unidos está en guerra ininterrumpidamente desde hace 15 años. Ese país definió su Estrategia Contra el Terrorismo [7], estrategia que la Unión Europea no tardó en copiar [8].

Si las sucesivas administraciones estadounidenses han presentado esa guerra como una persecución de Afganistán a Irak, de Irak hacia África, Pakistán y Filipinas y luego hacia Libia y Siria, el general estadounidense Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN, confirmó, por el contrario, la existencia de un plan a largo plazo. El 11 de septiembre de 2001, los autores del golpe de Estado decidieron cambiar todos los gobiernos amigos existentes en el «Medio Oriente ampliado», o Gran Medio Oriente, y hacer la guerra a los 7 gobiernos que oponían resistencia en esa región. El presidente Bush Jr. tomó nota de esa orden, 4 días después, durante una reunión organizada en Camp David. Hoy es evidente que ese programa se puso en aplicación y que aún está en marcha.

Estos cambios de regímenes amigos mediante revoluciones de colores y las guerras desatadas contra los regímenes que resistían al dictado estadounidense no tenían como objetivo la conquista de esos países en el sentido imperial clásico –en definitiva, Washington ya tenía a esos aliados bajo control– sino saquearlos. En esta región del mundo, sobre todo en el Levante, la explotación de esos países no sólo encontraba la resistencia de las poblaciones sino que existía un obstáculo adicional: la presencia de una extraordinaria cantidad de ruinas de civilizaciones antiguas. O sea, no sería posible saquearla a fondo sin enfrentar la crítica de los defensores de ese patrimonio histórico de la humanidad.

Según el presidente Bush Jr., los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron perpetrados por al Qaeda, lo cual justificaba el ataque contra Afganistán mucho mejor que la ruptura –en julio de 2001– de las negociaciones petroleras con los talibanes. La teoría de Bush fue desarrollada por su secretario de Estado, el general Colin Powell, quien prometió presentar al Consejo de Seguridad de la ONU un informe sobre ese tema. Pero no sólo Estados Unidos nunca encontró tiempo –en 15 años– para redactar ese informe sino que el pasado 4 de junio el ministro ruso de Relaciones Exteriores reveló que su homólogo estadounidense John Kerry le pidió que Rusia no atacara a al Qaeda –aliado de Estados Unidos– en Siria, revelación extremadamente sorprendente que la parte estadounidense nunca desmintió.

Al principio, el Estado federal estadounidense al margen de la Constitución prosiguió adelante con su plan, mintiendo descaradamente al mundo entero. Después de prometer un informe sobre el papel de Afganistán en los hechos del 11 de septiembre, Colin Powell mintió una y otra vez ante el Consejo de Seguridad de la ONU en un largo discurso destinado a vincular el gobierno de Irak con aquellos atentados y a acusarlo de querer prolongar la masacre utilizando armas de destrucción masiva [9].

El Estado federal liquidó en días la mayor parte del ejército iraquí, saqueó los 7 principales museos de Irak y quemó la Biblioteca Nacional [10]. Puso en el poder una Autoridad Provisional de la Coalición, que no era un órgano de la coalición de países participantes en la invasión de Irak sino una empresa privada, al estilo de la siniestra Compañía de Indias y perteneciente fundamentalmente a Kissinger Associates [11]. Durante todo un año esa compañía saqueó todo lo que se podía saquear en Irak. Finalmente entregó el poder a un gobierno títere iraquí, pero antes le hizo firmar un documento comprometiéndose a que nunca exigiría reparaciones de guerra y que no modificaría –durante un siglo– las leyes comerciales draconianas redactadas por la Autoridad Provisional.

En 15 años, Estados Unidos sacrificó más de 10 000 estadounidenses, mientras que la guerra dejaba más de 2 millones de muertos en el «Medio Oriente ampliado» [12]. Para acabar con aquellos que designa como sus enemigos, Estados Unidos ha gastado más 3500 millardos [13] de dólares [14]. Y hoy anuncia que la masacre y el derroche de fondos van a continuar.

Extrañamente, ese derroche de miles de millardos de dólares no ha debilitado económicamente a Estados Unidos. Se trataba de una inversión que permitió a ese país saquear toda una región geográfica del mundo, apoderándose de sumas muy superiores.

Contrariamente a la retórica del 11 de septiembre, la retórica de la guerra contra el terrorismo es lógica. Se basa en una gran cantidad de mentiras presentadas como hechos comprobados. Por ejemplo, la filiación entre el Emirato Islámico (Daesh) y al-Qaeda se explica recurriendo a la personalidad de Abu Mussab al-Zarkaui, personaje al que el general Colin Powell dedicó buena parte de su discurso ante el Consejo de Seguridad de la ONU. El problema es que el propio Powell reconoció posteriormente haber mentido descaradamente en el aquel discurso y es imposible verificar ni el menor elemento de la biografía de al-Zarkaui según la CIA.

Si se admite que al-Qaeda es la continuación de la Legión Árabe de Osama ben Laden, creada como tropa mercenaria de la OTAN durante las guerras contra Yugoslavia [15] y contra Libia, también hay que admitir que al-Qaeda en Irak, convertido en Emirato Islámico en Irak y posteriormente en Daesh, es la continuación de esa organización yihadista.

Dado el hecho que, a la luz del derecho internacional, el saqueo y la destrucción del patrimonio histórico son ilegales, el Estado federal estadounidense al margen de la Constitución de Estados Unidos comenzó poniendo el trabajo sucio en manos de ejércitos privados, como Blackwater [16]. Pero su responsabilidad seguía siendo demasiado visible [17]. Asi que decidió confiar el trabajo sucio a su nuevo brazo armado: los yihadistas. A partir de ese momento, el saqueo del petróleo –que en definitiva se consume en Occidente– es imputable a esos extremistas y la destrucción del patrimonio histórico se atribuye al fanatismo religioso de estos.

Para entender la colaboración entre la OTAN y los yihadistas, tenemos que preguntarnos que sería hoy de la influencia de Estados Unidos si no existieran estos yihadistas. El mundo sería multipolar y Washington habría cerrado la mayor parte de sus bases militares a través del mundo. Estados Unidos sería una potencia más.

Esta colaboración entre la OTAN y los yihadistas resulta chocante incluso a numerosos altos responsables estadounidenses, como el general Carter Ham, comandante del AfriCom, quien se negó en 2011 a trabajar con al-Qaeda y tuvo que renunciar al mando de la agresión contra Libia. Otro de esos responsables, el general Michael T. Flynn, director de la Defense Intelligence Agency, se negó a otorgar su aval a la creación del Emirato Islámico y fue obligado a dimitir [18]. Más recientemente, la colaboración CIA-yihadistas se convirtió en tema de la campaña electoral por la presidencia de Estados Unidos: de un lado, Hillary Clinton, miembro de The Family, la secta de los jefes de estado mayor [19]; del otro lado, Donald Trump, quien cuenta entre sus consejeros al ya mencionado general Michael T. Flynn y 88 oficiales superiores [20].

Al igual que en tiempos de la guerra fría, cuando Washington controlaba a sus aliados europeos a través del Gladio, o «los ejércitos secretos de la OTAN» [21], hoy en día Estados Unidos controla el Medio Oriente ampliado, el Cáucaso, el valle de Ferghana y hasta la región de Xinjiang a través del «Gladio B» [22].

Quince años más tarde, las consecuencias del golpe de Estado del 11 de septiembre no son obra de los musulmanes, ni del pueblo estadounidense sino de quienes lo perpetraron y de sus aliados. Son ellos quienes convirtieron la tortura en una simple herramienta, generalizaron las ejecuciones extrajudiciales perpetradas ahora en cualquier lugar del mundo, debilitaron la ONU, masacraron más de 2 millones de personas, saquearon y destruyeron Afganistán, Irak, Libia y gran parte de Siria.

Thierry Meyssan
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[1] Against All Enemies, Inside America’s War on Terror, Richard Clarke, Free Press, 2004, Ver el primer capítulo, titulado «Evacuate the White House».

[2] A Pretext for War, James Bamford, Anchor Books, 2004, ver el capítulo 4, titulado «Site R».

[3] Coup d’État: A Practical Handbook, Edward Luttwak, Allen Lane, 1968. Junto a Richard Perle, Peter Wilson y Paul Wolfowitz, Edward Luttwak era uno de los «Cuatro mosqueteros» de Dean Acheson.

[4] La grand impostura, Thierry Meyssan, La Esfera, 2002.

[5] Top Secret America: The Rise of the New American Security State, Dana Priest y William M. Arkin, Little, Brown and Company, 2011.

[6] «A Fight vs. Evil, Bush and Cabinet Tell U.S.», Kenneth R. Bazinet, Daily News, 17 de septiembre de 2001.

[7] National Strategy for Combating Terrorism, The White House, febrero de 2003.

[8] Una Europa segura en un mundo mejor – Estrategia Europea de Seguridad, Javier Solana, Consejo Europeo, 12 de diciembre de 2003.

[9] “Colin Powell Speech at the UN Security Council”, Colin L. Powell, Voltaire Network, 11 February 2003.

[10] «Discours du directeur général de l’Unesco», Koichiro Matsuura, 6 de junio de 2003, Réseau Voltaire, 6 de junio de 2003.

[11] The Coalition Provisional Authority (CPA): Origin, Characteristics, and Institutional Authorities, Congressional Research Service, L. Elaine Halchin, April 29, 2004.

[12] Body Count, Casualty Figures after 10 Years of the “War on Terror”, Physicians for Social Responsibility (PSR), marzo de 2015.

[13] 1 millardo = 1 000 millones

[14] The Three Trillion Dollar War, Joseph Stiglitz y Linda Bilmes, W. W. Norton, 2008.

[15] Wie der Dschihad nach Europa Kam, Jürgen Elsässer, NP Verlag, 2005. Existe una edición francesa titulada Comment le Djihad est arrivé en Europe [En español, “Cómo llegó la yihad a Europa”], Xenia, 2006.

[16] Blackwater: The Rise of the World’s Most Powerful Mercenary Army, Jeremy Scahill, Avalon Publishing Group/Nation Books, 2007.

[17] The Powers of War and Peace: The Constitution and Foreign Affairs after 9 11, War by Other Means: An Insider’s Account of the War on Terror, John Yoo, University Of Chicago Press, Atlantic Monthly Press, 2006.

[18] DIA Declassified Report on ISIS, August 12, 2012.

[19] The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, Harper, 2008.

[20] “Open Letter From Military Leaders Supporting Donald Trump”, Voltaire Network, 9 September 2016.

[21] Nato’s Secret Armies: Operation Gladio and Terrorism in Western Europe, Daniele Ganser, Frank Cass, 2004. Edición francesa, Les Armées Secrètes de l’OTAN: Réseaux Stay Behind, Opération Gladio et Terrorisme en Europe, Éditions Demi-Lune, 2007. El lector hispanohablante puede encontrar ese libro, traducido al español y publicado por capítulos en nuestro sitio web consultando este vínculo.

[22] Classified Woman, The Sibel Edmonds Story: A Memoir, Sibel D. Edmonds, SE 2012.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «15 años de crímenes», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 12 de septiembre de 2016, www.voltairenet.org/article193203.html

jueves, 21 de abril de 2016

El Medio Oriente se queda huérfano


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por Thierry Meyssan

El mundo cambia inesperadamente pero sólo lo notamos con mucho retraso. Después de haber anunciado, en 2012, la llegada de Rusia a Siria –que no se hizo visible hasta dos años más tarde–, Thierry Meyssan anuncia ahora que los Dos Grandes se retiran del Medio Oriente.

En los próximos años, el Medio Oriente tendrá que arreglar sus problemas por sí solo. Estados Unidos, país que ha venido imponiendo allí su voluntad desde la Segunda Guerra Mundial, y Rusia, que luchó contra los yihadistas en Siria, no tienen intenciones de seguir desempeñando papeles protagónicos en esa parte del mundo. Los pueblos de la región, a los que las potencias coloniales infantilizaron durante siglos, además de ponerlos a pelear entre sí, tienen ahora que comportarse de manera adulta.

Los Dos Grandes están enfrentando, los dos al mismo tiempo, graves problemas económicos.

Washington, que soñó, en tiempos de George W. Bush, con hacer del siglo 21 un siglo «americano», ya no dispone de los medios necesarios para realizar esa ilusión. Estados Unidos se ha visto obligado a dejar espacio a Rusia y China y ahora tiene que concentrar sus fuerzas en el Extremo Oriente, mientras todavía puede hacerlo.


El presidente Barack Obama y sus colaboradores han concedido larguísimas entrevistas a Jeffrey Goldberg, quien las sintetizó en un interminable artículo publicado enThe Atlantic [1].

En esas entrevistas, el inquilino de la Casa Blanca y sus colaboradores exponen los actos medulares de los 7 últimos años de la administración estadounidenses: contener las fuerzas armadas de Estados Unidos y no volver a implicarlas en el Medio Oriente bajo ningún pretexto. El tratado que Roosevelt firmó con Arabia Saudita en 1945 –renovado por 60 años por G.W. Bush en 2005– ya no tiene razón de ser: Estados Unidos ya no necesita el petróleo saudita y está perdiendo su tiempo con wahabitas incapaces de adaptarse al mundo moderno. Ha muerto la doctrina Carter, de 1980, que estipulaba que el Pentágono tenía que controlar los campos petrolíferos del Medio Oriente, doctrina que dio lugar a la creación del CentCom. Aunque siga garantizándose la seguridad de Israel, Tel Aviv no debe contar con la ayuda estadounidense para tratar de extenderse desde el Nilo hasta el Éufrates.

Durante su maratón televisivo Línea directa con Vladimir Putin, el presidente ruso también fue extremadamente claro [2]. Debido a las sanciones occidentales, su país enfrentó el año pasado una recesión de 3,7%, estimada en 1,8% para el año próximo, antes de que logre registrar nuevamente algún crecimiento. Sabiendo que su Banco Central sólo dispone actualmente de 387 000 millones de rublos, Rusia tiene que mostrarse lo más ahorrativa posible para poder sobrevivir a esta tempestad.

Es por esa razón que retiró sus aviones de Siria y que no volverá a enviarlos. Antes de retirar su dispositivo, Rusia dotó al Ejército Árabe Sirio de material de guerra moderno y formó a sus hombres para que sean capaces de utilizar ese material. Según el presidente Putin, Siria dispone ahora de los medios necesarios para reconquistar el terreno perdido.

Lo único que aún mantiene a Rusia en la región es el hecho que necesita –al igual que Estados Unidos– derrocar al presidente turco Erdogan antes de que la política supremacista de este personaje y su manera de manipular el terrorismo lleguen a provocar una catástrofe de proporciones planetarias. Por consiguiente, Moscú y Washington respaldan ahora a los kurdos en contra de Erdogan y si estos últimos entraran en conflicto con Ankara en Siria, ninguno de los Dos Grandes va a meterse en la pelea.

Por muy imprevisto que parezca, la retirada de los Dos Grandes ya es un hecho. Y esta retirada deja huérfano al Medio Oriente. Pero, como se dice, a la naturaleza no le gusta el vacio, así que Arabia Saudita e Irán luchan ahora entre sí por extender su influencia en la región.

Thierry Meyssan

Fuente original
Al-Watan (Siria)

Fuente: Red Voltaire

lunes, 29 de febrero de 2016

Irán: el tercer gran golpe al reformismo




Nazanín Armanian
La doble convocatoria de las elecciones en Irán es probablemente la más decisiva para el futuro de la República Islámica (RI). Se renueva la composición del Parlamento y lo más importante, la de la Asamblea de Expertos (Mayles-e Jobregán), una curia de la élite religiosa, encargada de la crucial tarea de designar el segundo sucesor del difunto ayatola Jomeini, ya que el primero, Alí Jamenei de 76 años, está enfermo de cáncer. Su cargo, Welayat-e Faghih (Tutela del jurista islámico), inexistente en el chiismo y formulado por el fundador de la tardía y única teocracia chií de la historia, y del que están excluidos las mujeres, los no creyentes, los ateos, los no chiíes y aquellos que no han mostrado lealtad hacia los gobernantes, representa una especie de califato, vestido de Jefe del Estado y del Ejército, con facultades tan amplias como poder vetar todas las decisiones de los órganos legislativo, ejecutivo y el judicial.
37 años después de su fundación, la RI se enfrenta a una nueva batalla entre sus distintas facciones que buscan salvarla, a su manera, de las amenazas internas y externas.
No habrá Perestroika
El primer ataque organizado del sector ultra a los moderados lo recibieron los votantes del presidente Mohamad Jatami. El castigo se llamó Mahmud Ahmadineyad, encargado de acabar con cualquier ilusión de una “democracia religiosa”. El segundo lo sufrió el Movimiento Verde por los Derechos Civiles durante las elecciones presidenciales del 2009: Hosein Musavi, un primer ministro de los años del ayatolá Jomeini, el agitador de trapo verde, y posible ganador de aquellos comicios, acusó de fraude electoral a Jamanei-Ahmadineyad y hasta hoy sigue bajo arresto domiciliario.
Aquellas dos lecciones han servido al sector extremista para no cometer una tercera: ante el último esfuerzo de los “reformistas descafeinados“, que en realidad son conservadores pragmáticos, liderados por  el Ayatola Rafsenyani, el gran rival personal de Jamanei, y el presidente Hasan Rohani, el grupo ultra tomó dos decisiones vitales:
  1. Cortar por lo sano y eliminar a la mayoría de los candidatos rivales por “falta de idoneidad islámica”, y así monopolizar el Parlamento y la Asamblea de Expertos. Entre los denegados se encuentran personalidades de peso como Hassan Jomeini, el nietísimo del gran ayatola.
  2. Rechazar rotundamente la propuesta de la corriente reformista de formar un Concejo de Liderazgo en vez de designar otro ayatolá ultraconservador para el puesto que dejará vacante el ayatolá Jamenei. Rohani se equivocaba si pensaba que podría traducir los beneficios del acuerdo nuclear en ganancias electorales y reformar la estructura de una teocracia obsoleta, dirigida por los militares, respaldada por Alí Jamenei.  Y eso que Hasan Rohani no iba a jugar el papel de Gorbachov, ni pretendía lanzar una perestroika después de Jamenei.
Mientras unos siguen discutiendo sobre ¿cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler?, y otros venden parcelas del cielo a la cerca de la mitad de la población que vive por debajo de la línea de pobreza, tachando de “Moharebeh” (entrar en guerra contra Dios) y “agente del enemigo” a cualquier protesta ciudadana por los derechos civiles, económicos y políticos, la sociedad iraní cada vez más secular camina hacia otra dirección. Según Forbes (2015), después de Rusia y EEUU (y sin tener los datos de China e India), Irán ha producido el mayor número de graduados en ingeniería (¡y no de teología!): unos 233.700 hombres y mujeres. La fuga de casi la mitad de estos cerebros deja una pérdida anual de 150.000 millones de dólares para el Estado.
Se trata de una nueva ronda del juego de Risk, en el que lo importante no es la victoria final sino tener perspectiva para ganar partido a partido, donde una oligarquía militar, sin casi barba y cuasi moderna tendrá la última palabra.
Nazanín Armanian
Fuente: Público.es

jueves, 18 de febrero de 2016

La batalla por A’zaz




La OTAN contra los Kurdos

José Antonio Gutiérrez D.

Rebelión
Cuando se cierra al cerco en contra de la reacción fundamentalista armada en Siria, el régimen de Ankara, que los ha patrocinado generosamente durante un lustro de carnicería, comienza a ponerse nervioso. Se les está acabando el juego desde la irrupción con fuerza de las guerrillas kurdas del YPG en contra del Estado Islámico, desde la intervención rusa y la participación decidida de milicias de Hizbullah en la lucha en contra de esa abigarrada alianza de oportunistas y fundamentalistas en armas que no buscan sino derrocar a Assad y acabar con las milicias kurdas. Por eso han procedido a intensificar sus bombardeos en contra de los kurdos que operan en el norte del país, a la vez que dan cada vez síntomas más claros de buscar una intervención directa en el conflicto sirio, para alargar la vida a una aventura militar criminal que no ha logrado sino traer dolor y muerte.
Acá se terminan de caer las caretas. La OTAN, representada por el Estado turco, lleva dos días bombardeando despiadadamente a las milicias kurdas del YPG que avanzan al norte de Aleppo hacia las ciudades de A’zaz y Tal Rifaat[1]. Los bombardeos, que han matado al menos a 23 civiles[2], se han centrado en la base aérea de Menagh, conquistada el 2013 por una coalición de “rebeldes”, entre los cuales participaba Al-Qaeda (el frente Al-Nusra) y otros que después terminarían en el Estado Islámico. Ese es un punto clave para abastecer la “rebelión” al servicio de las petro-teocracias y de los intereses de EEUU y la UE. Ahmet Davutoğlu ha dicho que ha informado de estos bombardeos al vicepresidente de EEUU Joe Biden, quien aunque públicamente no aprueba la intervención militar, tampoco la ha condenado ni ha tomado acciones para frenar al Estado turco, el cual jamás actuaría sin la certeza absoluta de que EEUU terminaría apoyándoles. Recordemos que la OTAN había dicho, en medio de la crisis con Rusia, que defenderían a capa y espada la “integridad territorial” del Estado turco, argumento que el régimen de Ankara esgrime para atacar a los kurdos, diciendo que son una amenaza para su monolítico concepto de unidad nacional. Esto puede ser apenas el preámbulo para la intervención directa, por tierra, de las tropas de Erdoğan, idea con la cual ya amenazó la semana pasada. La fachada de la supuesta unidad contra el Estado Islámico es una farsa: el Estado turco, y con ellos la OTAN, apuestan por la desestabilización y la prolongación del baño de sangre sirio, a la vez que luchan en contra del movimiento libertario kurdo.
Apostando por la estrategia del yunque y el martillo, a la vez que golpean a los kurdos en territorio sirio, y alimentan a grupos retrógrados en armas para acabar con las milicias del YPG, el Estado turco golpea también a los kurdos en su propio territorio, buscando aplastar su espíritu rebelde. Llevan meses imponiendo el estado de sitio en territorio kurdo en el Estado turco, adelantando operativos militares y represivos, bombardeando. Mientras los medios occidentales se escandalizaban con la destrucción del patrimonio cultural, histórico y arqueológico del Estado Islámico en lugares como Palmira (Siria) y lo denunciaban a los cuatro vientos, se han quedado mudos de la sistemática destrucción del patrimonio de la Humanidad que el Estado turco está realizando en la región kurda en sus fronteras: según información del a Municipalidad de Diyarbakır (10/02/16) el distrito Sur de Diyarbakır ha sido bombardeado y sus históricos muros, considerados patrimonio por la UNESCO han sido severamente destruidos. El 70% de los edificios en la sección este de la ciudad antigua también han sido afectados, mientras 50.000 personas de Sur han debido desplazarse de sus hogares por la violencia y el terror del Estado.
Creyeron, desde Occidente, poder utilizar a los kurdos para oponerse a los sectores fundamentalistas “incontrolables”, pero les salió el tiro por la culata. Los kurdos son un actor político maduro, con demasiada experiencia de lucha a cuestas como para dejarse utilizar como simples marionetas por las potencias. Cuando EEUU comenzó su estrategia de rediseñar el Medio Oriente, imaginándose que surgirían por todas partes regímenes títeres, asociados con las teocracias del Golfo y deseosos de regalar su petróleo a cambio de nada, no contaban con los kurdos, ni con su proyecto socialista libertaria y de democracia radical; tampoco contaban con las enormes fuerzas populares que esta estrategia intervencionista desencadenó. Es verdad que aún no termina de florecer un Medio Oriente libertario que se anuncia en el poder popular que nace desde el Kurdistán y que se irradia hacia toda la región; pero también es cierto que los EEUU han sido incapaces de imponerse, han terminado de erosionar su hegemonía en la región, y sus socios se han mostrado al desnudo: no ha habido un momento en las últimas décadas en que los jeques hayan estado más nerviosos que ahora. De ahí la violencia del califa improvisado de Ankara en contra de los kurdos.
De la misma manera que la batalla por Kobanî fue clave para revertir el avance del Estado Islámico, hoy, la batalla por A’zaz es clave para erradicar al fundamentalismo armado y para defender la expansión, consolidación, y el derecho a existir del proyecto autonómico, libertario y confederal kurdo.
Notas
[1] http://www.aljazeera.com/news/2016/02/turkey-shells-kur....html
[2] http://aranews.net/2016/02/dozens-of-civilian-casualtie...yria/
Fuente: Rebelión 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 29 de enero de 2016

Alemania y la ONU contra Siria

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Desde 2005, el universitario alemán Volker Perthes participa junto a la CIA en la preparación de la guerra contra Siria. Perthes dirige el think tank más poderoso de Europa, el Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP).

por Thierry Meyssan

Los neoconservadores y los halcones liberales que prepararon desde 2001 la guerra contra Siria –desde 2001– se apoyaron, desde 2005, en varios países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo. Aunque ahora se sabe el papel que el general estadounidense David Petraeus desempeñó en el inicio y la continuación de la guerra hasta el momento actual, hay otras dos personalidades que se han mantenido en la sombra: el estadounidense Jeffrey Feltman, segundo funcionario en importancia en la jerarquía de la ONU, y el alemán Volker Perthes, director del principal tanque pensante de Alemania. Juntos, y con el respaldo de Berlín, Jeffrey Feltman y Volker Perthes han utilizado la ONU para destruir Siria, y hoy siguen manipulando el sistema de Naciones Unidas con ese objetivo.

En 2005, cuando Jeffrey Feltman –en aquel entonces embajador de Estados Unidos en Beirut– supervisó el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, se apoyó en Alemania, tanto para el asesinato en sí (Berlín proporcionó el arma del crimen) [1] y para formar la Comisión de la ONU encargada de acusar a los presidentes de Siria y del Líbano –Bachar al-Assad y Emile Lahoud– (comisión que estuvo encabezada por el fiscal alemán Detlev Mehlis y por el comisario de policía igualmente alemán Gerhard Lehmann). La campaña internacional contra los presidentes Assad y Lahoud estuvo fundamentalmente lidereada por el politólogo alemán Volker Perthes [2]
Volker Perthes estudió Siria en 1986-1987 gracias a una beca alemana, en Damasco, de investigación. Posteriormente, hizo carrera en Alemania como profesor de Ciencias Políticas, con excepción del periodo 1991-1993, cuando trabajó como profesor en la Universidad Americana de Beirut. Desde 2005 es el director del Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP), el principal tanque pensante público alemán, en el que trabajan más de 130 especialistas, la mitad de ellos provenientes de universidades.
Sin embargo, cuando Feltman organizó el ataque israelí contra el Líbano, en 2006, sólo implicó a Estados Unidos, calculando que, ante la esperada derrota del Hezbollah, Siria acudiría en auxilio de Beirut, lo cual proporcionaría el pretexto para una intervención estadounidense. Berlín se limitó a enviar su marina de guerra como miembro de la Fuerza de Naciones Unidas (FINUL).
Fue durante la reunión anual realizada del 5 al 8 de junio de 2008 –o sea, 5 años antes de la guerra– cuando la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice dijo al Grupo de Bilderberg que había que derrocar el gobierno sirio. Para apoyar su argumentación, Rice llevó con ella a la directora de la Arab Reform Initiative [3], Bassma Kodmani (futura fundadora del Consejo Nacional Sirio), y al director del SWP, Volker Perthes. El Grupo de Bilderberg surgió como resultado de una iniciativa de la OTAN, que incluso se encarga directamente de garantizar la seguridad de las reuniones del Grupo [4].
Según un cable dado a conocer por Wikileaks, Volker Perthes aconsejó a la señora Rice en contra de Irán. Según Perthes, era peligroso iniciar una operación militar cuyas consecuencias regionales serían imprevisibles y sería más eficaz sabotear la economía iraní. Y Washington siguió los consejos de Volker Perthes, en 2010, con la operación de destrucción de los programas informáticos de las centrales nucleares iraníes mediante el virus Stuxnet [5].
En marzo de 2011, Volker Perthes publicó en el New York Times un artículo de opinión donde se burlaba del discurso que el presidente sirio Assad había pronunciado ante la Asamblea del Pueblo y denunciaba una «conspiración» contra Siria [6]. Según Perthes, en Siria había una «revolución» y el presidente Assad tenía que irse.
A mediados de 2011, el gobierno alemán notó el auge de la Hermandad Musulmana en Túnez y Egipto. En Berlín recordaron entonces que Alemania albergaba, a pedido de la CIA, la coordinación internacional de aquella cofradía en Aquisgrán. Berlín decidió entonces respaldar a la Hermandad Musulmana en todas partes donde esta lograra llegar al poder, exceptuando el Hamas en Palestina para no estorbar a Israel. Bajo la influencia de Volker Perthes, el entonces ministro alemán de Exteriores –Guido Westerwelle– se persuadió de que los miembros de la Hermandad Musulmana no eran «islamistas» sino que estaban «orientados por el islam». Creó entonces un equipo de diálogo con los movimientos «islamistas moderados» (sic) y una Fuerza de Tarea para Siria. Por su parte, Perthes organizó, en julio, el recibimiento, en la sede del ministerio alemán de Exteriores, de una delegación de la oposición siria, encabezada por el miembro de la Hermandad Musulmana Radwan Ziadeh.
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El 6 de octubre de 2011, el entonces ministro turco de Exteriores Ahmet Davutoglu interviene ante la conferencia a puertas cerradas Tusaid-Stratfor.
El 6 de octubre de 2011, Volker Perthes participaba, a proposición del Departamento de Estado, en la conferencia a puertas cerradas organizada por la Turkish Industry & Business Association (Tusiad) y la firma privada estadounidense de inteligencia Stratfor para simular las opciones energéticas de Turquía y las posibles respuestas de otros 8 países, entre ellos Alemania [7]. En aquella conferencia estuvieron presentes las 10 primeras fortunas de Turquía y Taner Yildiz –el entonces ministro turco de Energía–, quien posteriormente ayudaría a la familia Erdogan a organizar el financiamiento de la guerra contra Siria con el petróleo que roba el Emirato Islámico.
En enero de 2012, el entonces responsable del Medio Oriente en el Departamento de Estado, Jeffrey Feltman, solicitó a Volker Perthes que dirigiera el programa denominado «El Día siguiente», que debía conformar el próximo régimen a implantar en Siria. Hubo reuniones durante 6 meses para llegar principalmente a la redacción de un informe que se hizo público después de la Conferencia de Ginebra.
«El Día siguiente» movilizó a 45 opositores sirios, entre los que se hallaban Bassma Kodmani y varios miembros de la Hermandad Musulmana. Aquel programa fue financiado por el US Institute of Peace, equivalente de la National Endowment for Democracy (NED) pero dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos. También se solicitó la participación de Alemania, Francia, Noruega, los Países Bajos y Suiza.
«El Día siguiente» redactó el borrador del plan de capitulación total e incondicional de Siria, que se convirtió en la obsesión de la ONU cuando Jeffrey Feltman fue nombrado director de Asuntos Políticos de las Naciones Unidas, en julio de 2012.
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El estadounidense Jeffrey D. Feltman presta juramento ante el secretario general de la ONU Ban Ki-moon al tomar oficialmente posesión de su cargo como segundo funcionario más importante en la jerarquía de las Naciones Unidas. Desde ese momento, la ONU, supuestamente encargada de promover la paz, pasó a ser controlada por los «halcones liberales» estadounidenses.
Veamos los principios estipulados en el plan Perthes-Feltman :
- abolición de la soberanía del pueblo sirio;
- destitución del Presidente (un vicepresidente se mantendría en su cargo, con funciones estrictamente protocolares);
- al menos 120 dirigentes sirios serán considerados como culpables y se les prohibirá ejercer cualquier función política, antes de ser juzgados y condenados por un Tribunal internacional;
- disolución o decapitación de la Dirección de la Inteligencia Militar, la Dirección de la Seguridad Política y la Dirección de la Seguridad General;
- los prisioneros «políticos» serán liberados y se abrogarán las cortes antiterroristas;
- retirada del Hezbollah y de los Guardianes de la Revolución.
Sólo entonces la comunidad internacional comenzaría a luchar contra el terrorismo. [8].
Simultáneamente, Volker Perthes organiza el «Working Group on Economic Recovery and Development» de los llamados «Amigos de Siria». En junio de 2012, bajo la copresidencia de Alemania y de los Emiratos Árabes Unidos, ese grupo distribuyó entre los países miembros de los «Amigos de Siria» una serie de concesiones para la explotación del gas sirio, como pago por el respaldo de esos países al derrocamiento del gobierno sirio [9].
Volker Perthes también organizó el “Working Group on Transition Planning” de la Liga Árabe.
Finalmente, también instaló la “Syrian Transition Support Network” en Estambul.
A partir de la Conferencia de Ginebra realizada el 30 de junio de 2012 y de la reunión de los «Amigos de Siria» que se desarrolló en París el 6 de julio del mismo año 2012, se pierde toda huella pública del papel de Volker Perthes, con excepción de lo que publicó para lograr que se mantuviera el respaldo de Alemania a la Hermandad Musulmana. Alemania prosiguió su política y, después de la abdicación del emir de Qatar y del fortalecimiento del papel de Arabia Saudita, Berlín designó a Boris Ruge, el responsable de Siria en el ministerio alemán de Exteriores, como embajador en Riad.
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En enero de 2015, la canciller Angela Merkel participa en una manifestación contra la intolerancia y el terrorismo del brazo de Aiman Mazyek (a la izquierda), secretario general del Consejo Central de los Musulmanes en Alemania, en realidad uno de los líderes de la Hermandad Musulmana.
En el verano de 2015, durante un viaje del representante especial de la ONU para Siria, Stefan De Mistura, a Damasco, el gobierno sirio pidió explicaciones sobre el Plan Perthes-Feltman, sobre el cual las autoridades sirias habían obtenido información. Muy incómodo ante esta embarazosa situación, De Mistura dijo no tener nada que ver con tales documentos y afirmó que él no los reconocía. Al parecer, Moscú amenazó con hacerlos públicos ante el Consejo de Seguridad, en ocasión de la presencia de los jefes de Estado y de gobierno en la apertura de la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2015. La divulgacion de los documentos, que habría provocado una crisis peligrosa para la existencia misma de las Naciones Unidas, no llegó a concretarse.
Durante ese mismo periodo, Berlín retomó los contactos con Damasco, sin que los sirios hayan logrado determinar si ese paso fue resultado de una nueva política de la canciller Angela Merkel o de un enésimo intento de infiltración.
Pero, en el mismo momento, Staffan De Mistura y su superior estadounidense Jeffrey Feltman [10] nombraban a Volker Perthes «negociador de paz» (sic) para el próximo encuentro de Ginebra. Perthes se encargará entonces de la comunicación entre la delegación de la oposición siria y la delegación de la República Árabe Siria.
Desde hace 3 años, en violación de la Carta de las Naciones Unidas y lejos de actuar a favor del restablecimiento de la paz en Siria, la ONU ha acusado a la República Árabe Siria –sin presentar la menor prueba– de haber reprimido una revolución, de utilizar armas químicas contra su propia población, de recurrir a la tortura y de provocar hambrunas entre sus opositores. Lo peor y más importante es que la ONU incluso ha provocado deliberadamente retrasos en la aplicación de toda iniciativa favorable a la paz, para que la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo tuvieran tiempo de lograr que sus mercenarios extranjeros –en este caso, las organizaciones terroristas al-Qaeda y Emirato Islámico– derrocaran el gobierno sirio.
Elementos fundamentales :
- Desde 2005, el grupo encargado de preparar la guerra en Siria se halla bajo la dirección del diplomático estadounidense Jeffrey Feltman, secundado por el universitario alemán Volker Perthes.
- En 2005, Jeffrey Feltman organizó el asesinato de Rafic Hariri (ya que en aquel momento la seguridad del Líbano debía ser garantizada por Siria); en 2006, organizó la guerra de Israel contra el Líbano (porque el Hezbollah recibía armamento de Siria); en 2011, dirigió desde el Departamento de Estado la guerra de 4ª generación contra Siria; desde 2012, ya como segundo funcionario más importante en la jerarquía de la ONU, ha venido tratando de prolongar la guerra con la esperanza de que los yihadistas logren derrocar la República Árabe Siria.
- Volker Perthes se asoció con Feltman y con el grupo privado Stratford para influir en la política de Alemania hacia el Medio Oriente. En 2008, presentó al Grupo de Bilderberg el proyecto de cambio de régimen en Damasco. En 2011, convenció al gobierno de Merkel para que respaldara a la Hermandad Musulmana durante la «primavera árabe». En 2012, presidió un grupo de trabajo encargado de preparar el futuro régimen sirio y posteriormente redactó un plan de capitulación total e incondicional de Siria. Actualmente, la ONU lo ha puesto al frente de las negociaciones de paz de Ginebra.
Thierry Meyssan
Fuente
Al-Watan (Siria), Red Voltaire

martes, 26 de enero de 2016

China se despliega en el Medio Oriente

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El príncipe Mohammed ben Salman acoge la delegación china en el aeropuerto de Riad, el 16 de enero de 2016.
 
El presidente chino Xi Jinping realiza una gira por Arabia Saudita, Egipto y la República Islámica de Irán. Oficialmente, no se trata de hablar de política sino sólo de economía. China propone a los Estados del Medio Oriente participar en el establecimiento de la «nueva ruta de la seda» para que todos puedan desarrollarse y liberarse del colonialismo occidental.
 
por Thierry Meyssan 
El mundo árabe de hoy está bajo el dominio de Estados Unidos, que trata de explotarlo y de frenar su desarrollo. Pero las numerosas revueltas registradas en Palestina, Siria, Irak, Yemen y Bahréin muestran que existe una voluntad de resistencia que contrasta con el voluntario servilismo de los europeos.
Ese juego, enteramente controlado por Washington desde los éxitos de Henry Kissinger, está viéndose modificado, por un lado, por la intervención militar rusa en Siria y, por otro lado, por el regreso del comercio chino, que dominó el Mediterráneo durante la Antigüedad tardía y la Edad Media.
Es en ese contexto que el presidente Xi Jinpin ha emprendido una gira por Arabia Saudita, Egipto y la República Islámica de Irán, con el objetivo de abrir tramos de una nueva vía de comunicación, según el eslogan que adoptó el líder chino desde 2013: «un cinturón, una ruta». Se trata a la vez de una vía terrestre como la antigua «ruta de la seda» y de una vía marítima como la que imaginó el almirante Zheng He, en tiempos del imperio Ming. Para concretar ese proyecto fundamental, que viene preparando desde hace una decena de años, la República Popular China ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), del que son miembros los 3 países que presidente chino está visitando, aunque Irán no ha ratificado aún el tratado.
Aunque el presidente chino evita hablar de política y llevar directamente la contraria a los intereses occidentales, su proyecto económico, si llegara a concretarse, llevaría a un liderazgo mundial chino-ruso y sería el fin del imperio talasocrático de británicos y estadounidenses.
Sería falso creer que Pekín no hace política y que está ausente de la región en el plano político. China ha respaldado la lucha de la Resistencia palestina, que incluso pudo abrir, hace ya mucho tiempo, una representación en Pekín. En 2006, fue gracias a los misiles chinos que el Hezbollah impidió a los barcos israelíes bombardear la costa libanesa. Y, según numerosos expertos, no fueron árabes sino consejeros chinos quienes accionaron esos misiles. Hoy en día, China ha impuesto su propia participación en las negociaciones sobre Siria y durante los últimos meses ha recibido a los representantes de todas las facciones. En todo caso, durante su viaje Xi Jinping ha limitado sus intervenciones políticas.

La República Popular China produjo en 2015 el film Dragon Blade, un gran espectáculo sobre la «ruta de la seda». Esta película busca demostrar que los imperios no tienen que ser obligatoriamente enemigos y que pueden cooperar en aras de su interés recíproco.

Arabia Saudita

China es el principal cliente de Arabia Saudita, de donde importa petróleo por valor de 70 000 millones de dólares al año. Pekín espera que la dinastía Saud permitirá que las mercancías chinas pasen por su suelo [que, en este caso, es propiedad de los Saud]. Pero chinos y sauditas son rivales en Pakistán y se enfrentan en una guerra feroz en Xinjiang. Desde hace al menos una década, Estados Unidos está reclutando yihadistas chinos, a través de los servicios sauditas, durante el peregrinaje a La Meca. Estos yihadistas, frecuentemente uigures, actúan después bajo las órdenes de los servicios secretos turcos para perpetrar atentados, primeramente en el oeste de China, que ahora están cometiendo en todas partes de ese país y en nombre del Emirato Islámico.
El rey Salman y el presidente Xi inauguraron la refinería de Yasref-Yanbu, en la costa oeste de Arabia Saudita. Es la primera refinería construida en el extranjero por la empresa china Sinopec. Evaluada en 10 000 millones de dólares, dos tercios de esta instalación pertenecen a Aramco [la compañía estatal saudita a cargo de la explotación y comercialización del petróleo] y un tercio pertenece a la compañía china. Esta gigantesca instalación, construida en 2 años, es resultado de una inversión que se realiza precisamente en momentos en que la coalición encabezada por Estados Unidos contra el Emirato Islámico ha bombardeado y destruido todas las inversiones similares de China en Irak. De producirse una futura división de la actual Arabia Saudita, esta refinería estaría en el Estado que se creara alrededor de las santas mezquitas.
El presidente Xi Jinping se reunió también con el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), para acelerar la creación de una zona de libre comercio, y con el de la Organización de Cooperación Islámica.

En 2009, la televisión nacional china transmitió una serie de 59 episodios sobre la vida y los viajes de Zheng He, el «gran eunuco de las tres joyas», quien trató de restaurar, en el siglo XV, la «ruta de la seda» pero por vía marítima. Para ello creó una flota de 70 navíos y 30 000 marinos. Zheng He hizo el peregrinaje a La Meca, navegó por el Mar Rojo hasta Egipto y recorrió las costas africanas hasta Mozambique. La serie resalta el carácter pacífico de sus 7 expediciones. Por razones de política interna, las notas de Zheng He fueron quemadas después de su muerte, el emperador destruyó la flota y China se replegó sobre sí misma durante 600 años.

Egipto

A su llegada a Egipto, el presidente Xi Jinping se reunió con el presidente al-Sissi. Los dos dirigentes hicieron un balance de las obras que multiplicaron por dos la capacidad de Canal de Suez. El año pasado, los occidentales quedaron sorprendidos ante aquel faraónico esfuerzo del Cairo, realizado en momentos en que Egipto no logra alimentar a su población y sobrevive únicamente gracias a la ayuda financiera saudita. Ahora puede verse claramente que aquel proyecto, que parecía carecer de sentido en función del comercio mundial actual, forma parte, a mediano plazo, del proyecto comercial de China.
Una vasta zona industrial se ha creado, en la desembocadura del Canal, a 120 kilómetros del Cairo. Allí se prevén inversiones de envergadura sin precedente, que darán empleo a 40 000 egipcios. Ya en este momento, los chinos han invertido en las canteras, de manera que la piedra destinada a la construcción se ha convertido en eje del comercio entre Egipto y China.
Además, China está participando en la construcción de una nueva capital egipcia.
El Cairo, que en tiempos de Nasser fue la principal potencia árabe, fue desapareciendo poco a poco de la escena internacional. La victoria del presidente al-Sissi sobre la Hermandad Musulmana y la relativa estabilización del país ahora le permiten nuevamente recuperar su antiguo papel. El descubrimiento, por parte de los italianos, de considerables reservas de petróleo, le permite prever una rápida solución de sus problemas económicos y ya le está abriendo el acceso a préstamos en los mercados internacionales.
Recordando las relaciones que Egipto y China mantuvieron en tiempos de Nasser y de Zhu Enlai, la delegación china se reunió con el presidente de la Cámara de Diputados, Ali Abdel Aal, e instauró una cooperación institucional entre ese órgano y la Asamblea del Pueblo.
Los presidentes de China y Egipto expresaron públicamente su respaldo al proceso político en Siria y se pronunciaron contra todo intento de derrocar el régimen por la fuerza. Pero se abstuvieron de mencionar el contenido de sus intercambios sobre ese tema.
El presidente Xi Jinping se dirigió además a la Liga Árabe. En su intervención subrayó el enorme potencial comercial de la región y la necesidad de colaborar pacíficamente entre naciones para acelerar el desarrollo económico.

República Islámica de Irán

Mientras escribo estas líneas, el presidente Xi Jinping acaba de llegar a Irán. China e Irán tienen una larga historia común que data de la Antigüedad, como lo demuestran algunas estatuas de Persépolis y la influencia china en la pintura iraní. En la Edad Media, la «ruta de la seda» bordeaba la India y pasaba por el Asia central para atravesar Irán y más adelante Irak y Siria. Desde el gobierno del presidente Ahmadinejad, las universidades iraníes disminuyen sus cursos en inglés para aumentar la práctica de la lengua china.
Para Pekín, Irán no es simplemente una etapa histórica de la «ruta de la seda», es una cultura cercana de la que China ha estado separada por mucho tiempo, un socio natural que, debido a su identidad musulmana, le permite entrar más fácilmente en un mundo árabe que ve globalmente como atrasado y violento.
La República Popular China y la Federación Rusa han anunciado su intención de incluir la República Islámica de Irán como miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghai. Esta decisión, que se pospuso durante el periodo de las sanciones occidentales, convertiría a Teherán en un importante actor en materia de relaciones internacionales.
Elementos fundamentales :
- China espera continuar la construcción de la nueva «ruta de la seda» a través del mundo árabe. Ya logró que se multiplicara por dos la capacidad del Canal de Suez. Está actuando con prudencia hacia Arabia Saudita y parece más cómoda en su relación con Egipto e Irán.
- Pekín siente interés por las posibilidades de intercambio comercial con el Medio Oriente pero le interesan más aún los intercambios con Europa a través del Medio Oriente.
- Aunque se abstiene de expresarse en el plano político, China se mantiene discretamente presente junto a los movimientos árabes de resistencia contra el imperialismo occidental. Irán se convertirá próximamente en miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghai.
Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
 



Fuente: Red Voltaire 
Voltaire, edición Internacional

sábado, 23 de enero de 2016

Los acontecimientos más importantes en Siria durante 2015


 


Arond Lund

Syria Comment

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

El año pasado escribí un artículo para Syria Comment enumerando los acontecimientos más importantes de 2014 y qué es lo que cabía esperar de 2015. Aquí tengo otro, realmente muy largo. He ido recopilándolo durante semanas pero acabo de terminarlo ahora, pocos días después de que acabara el año [3.01.2016].
En consonancia con la buzzfeedificación de la narrativa política internacional, he decidido hacer una lista de los diez acontecimientos más importantes y proporcionar algunas fuentes de utilidad, demasiada opinión especulativa hay ya. Voy a clasificarlos de abajo a arriba, empezando con el número diez y ofreciéndoles toda la información que pueda sobre ellos. ¡Que lo disfruten! 


10. La muerte de Zahran Alloush
 
En octubre de 2013, el estimado editor de Syria Comment, el profesor Joshua Landis, recopiló una lista de los cinco líderes insurgentes más importantes de Siria, excluyendo a al-Qaida, el Estado Islámico y las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas. Contenía los nombres siguientes:
  • Hassane Abboud (Ahrar al-Sham)
  • Zahran Alloush (Ejército del Islam)
  • Ahmed Eissa al-Sheikh (Suqur al-Sham)
  • Abdelqader Saleh (Brigada Tawhid)
  • Bashar al-Zoubi (Brigada Yarmouk)
De los cinco, dos siguen vivos aunque rebajados a un segundo nivel en sus facciones. En marzo de 2015, Ahmed Eissa al-Sheik fusionó su grupo con Ahrar al-Sham, asumiendo labores menos prestigiosas en la nueva formación. En octubre, el peso pesado del Ejército Libre Sirio (ELS) Bashar al-Zoubi fue reasignado para dirigir la oficina política del Ejército de Yarmouk, como se denomina ahora, siendo Abu Kinan al-Sharif el encargado de sustituirle como comandante. Los otros tres están muertos. Abdelqader Saleh fue alcanzado por un misil en Alepo en noviembre de 2013. Poco después, su poderosa Brigada Tawhid empezó a desmoronarse. La mayor parte de sus subunidades están ahora dispersas en dos formaciones rivales, aunque aliadas, llamadas el Frente del Levante y el Primer Cuerpo, ambas activas en Alepo. Hassane Abboud fue asesinado junto con otro de los líderes de Ahrar al-Sham en un atentado, o lo que quiera que fuese, que se produjo en septiembre de 2014. Y el día de Navidad de 2015, Zahran Alloush sufrió el mismo destino. Un misil impactó sobre un edificio en la parte oriental de Ghuta, donde se encontraba reunido con otros líderes rebeldes locales.
Desde que Zahran Alloush murió hace una semana, no sabemos bien cómo este hecho puede afectar finalmente al conflicto. Pero era, sin discusión, uno de los comandantes rebeldes más reconocidos en Siria, el mejor posicionado para dominar Damasco si Asad perdía el poder, uno de los muy raros aglutinadores eficaces (porque era implacable) dentro de la oposición siria, un aliado leal del gobierno saudí y el más poderoso líder islámico dispuesto a involucrarse en las conversaciones de paz patrocinadas por la ONU. Esas cinco cualidades parecían auspiciarle un papel importante en el futuro de Siria. Pero ahora está muerto. Y como su grupo parecía haberse ido fortaleciendo siempre alrededor de su persona, muchos temen/confían que ahora empiece a pasarles como a la Brigada Tawhid en Alepo. Veremos. Si los rebeldes empiezan a perder posiciones al este de Damasco, eso supondrá un alivio enorme para Asad.

9. El fracaso de la ofensiva Tormenta del Sur
 
El verano pasado, la amplia coalición de unidades rebeldes conocida como Frente Sur del Ejército Libre Sirio se dispuso a capitalizar un año de progresos lentos pero constantes en el que habían conseguido arrancarle a Asad el control de Sheij Miskin y otras ciudades. Cercaron la capital de la provincia, Daraa, para lanzar una ofensiva final denominada Tormenta del Sur. La ciudad parecía realmente a punto de caer. Tras Idlib, Yish al-Shughur, Ariha, Palmira y Sujna, se intentaba que la caída de Daraa fuera el tiro de gracia para Asad y una demostración de fuerza para las facciones del ELS que contaban con la aprobación de Occidente en el sur, desviando apoyos de sus rivales islámicos.
Las historias difieren sobre lo que pasó después, pero la campaña de la Tormenta del Sur resultó un fiasco. Las líneas del frente del régimen apenas se movieron, los Allahu Akbars fueron apagándose en un murmullo confuso y los comandantes fueron llamados de nuevo a Jordania. Medio año después, con el apoyo aéreo ruso, Asad ha empezado una ofensiva para volver a tomar Sheij Miskin esperando finalmente que el bastión rebelde sobre Daraa se debilite, aunque en el momento de escribir estas líneas es aún un esfuerzo en curso.
¿Qué sucedió? En realidad, no lo sé. Probablemente muchas cosas. Parece que la operación estuvo mal coordinada, que los rebeldes siguieron un plan con el que sus financieros-gerentes extranjeros del Centro de Operaciones Militares en Jordania no estaban conformes. Han circulado historias acerca de algunas naciones cortando apoyos, de rebeldes desertando hacia Asad o dirigiéndose a Europa, de armas vendidas a los yihadistas y de grupos escindiéndose por oscuras intrigas internas. Algunas de estas historias pueden ser falsas, pero el fracaso fue una realidad y desde entonces los rebeldes no han logrado nuevos avances.
Desde luego, podría parecer extraño decir que los rebeldes no tomaran una ciudad en lo que constituyó el noveno acontecimiento más significativo en Siria en 2015. No es ni siquiera una historia de Perro Muerde a Hombre, es una historia de Perro No Muerde a Hombre. Pero el asunto de Daraa parece haber dañado gravemente las esperanzas occidentales y árabes respecto al Frente Sur del ELS, que hasta entonces se había representado como un modelo para el resto de la insurgencia siria. A menos que los rebeldes sureños consigan reorganizarse, unificarse y volver a la ofensiva, creo que los acontecimientos del verano de 2015 podrían acabar viéndose como un punto de inflexión en la guerra en el sur.

8. La Operación Atolladero Decisivo
 
De acuerdo con la tradición local, los príncipes de Arabia Saudí pueden casarse con cuatro crisis regionales a la vez. A principios de 2015, cuando estaban de morros por Siria, emocionalmente agotados por Egipto, aturdidos por la infiel Libia y desesperados por la arpía en Bagdad, el Yemen entró de repente en sus vidas: un inmenso, incoherente y asfixiante caos de escindidas facciones armadas, instituciones colapsadas, pobreza a la africana, terrorismo yihadista de todo tipo y condición y agresivas interferencias por parte de gobiernos extranjeros rivales.
Algo así como un caso de amor a primera vista.
Desde entonces, la intervención militar liderada por los saudíes en el Yemen de marzo de 2015 ha resultado exactamente ser el vergonzoso despelote autodestructivo que todo el mundo que no sea miembro de la familia real saudí había pronosticado.
Abreviando, los saudíes siguen aún en el Yemen sin divisar victoria alguna por el horizonte y sin ninguna salida viable para poder salvar la cara. Esto significa que tienen mucho menos tiempo y recursos que dedicar a Siria que hace un año. Se han quedado más expuestos al acoso iraní y más dependientes de sus aliados regionales y occidentales, entre los cuales hay varios que no comparten sus puntos de vista sobre cómo lidiar con Bashar al-Asad. En lugar de aprovechar su intervención en el Yemen contra Irán y Asad en Siria, los saudíes parecen haber estado trabajando en su propia contra.
Gracias al exceso de confianza e incompetencia de la familia real saudí, los rebeldes sirios pueden convertirse en los grandes perdedores de la guerra yemení.

7. La fatiga de Europa respecto a Siria frente a la viabilidad de Asad
 
Las cifras ingentes de refugiados procedentes de Siria y otros países que llegaron a la UE en 2015 tuvieron muchas causas, pero uno de sus efectos fue reorganizar la lista de prioridades de Europa en Oriente Medio. Los tres principales objetivos son ahora los siguientes: estabilidad, estabilidad y estabilidad. El cuarto es el antiterrorismo, el quinto el crecimiento económico y después hay unos cuantos más en esa dirección. Promover la democracia está también en la lista para “cuando las ranas críen pelo”.
En 2015, hemos visto también un goteo lento pero persistente de sustos terroríficos y masacres ocasionales, incluyendo las dos grandes de París de enero y noviembre. Por supuesto que esto no es culpa de los refugiados, pero muchos europeos vinculan de algún modo esos ataques con Siria, incluyendo a algunos de los atacantes, como el capullo que empezó a apuñalar gente al azar en el metro de Londres el pasado diciembre.
Estas cosas movilizan los impulsos más oscuros de Occidente. El rechazo a la inmigración, el doloroso cambio social y los pinchazos terroristas pueden ser irracionales –en realidad la mayoría lo son- pero tienen un peso real y hacen ganar votos. Los especialistas en política podrían recomendar una mezcla de paciencia estratégica, reformas prudentes y retórica matizada, pero los populistas de la derecha europea se desayunan a base de especialistas en política.
Los movimientos islamófobos de extrema derecha estaban creciendo ya por toda Europa, por razones en gran medida relacionadas con las propias enfermedades internas del continente, pero la crisis de refugiados y los ataques terroristas han resultado ser una bendición para ellos. Algunos de estos grupos no se contentan únicamente con odiar y temer a los rebeldes sirios por su islamismo sino que también adoptan posiciones pro-Asad. Además, los extremistas europeos, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda, sienten cada vez más simpatías hacia la Rusia de Putin; algunos incluso están financiados por el Kremlin. Estos partidos ya no son actores secundarios. Van a estar pronto en el gobierno o lo suficientemente cerca como para poder moldear la política. Añadan a eso el autoritario conservadurismo nacionalista de vieja escuela que ha empezado a reaparecer en Europa del Este, incluyendo a Hungría, Polonia y otros lugares, y al hecho de que países como la República Checa y Hungría son ya los mejores defensores del Baaz en la Unión Europea, y así se encontrarán ustedes con el núcleo de un electorado que va formándose lentamente a favor de Asad.
Desde luego que hay muchos políticos europeos que están también volviendo a evaluar sus puntos de vista sobre Siria por razones perfectamente no racistas y no paranoicas. Es probable que la más común sea la pérdida de fe en la oposición siria, no sólo como alternativa a Asad, sino incluso como herramienta para presionarle y diseñar una solución. Hay otros que nunca mostraron interés por una política que derrocara a Asad aunque piensen que es un criminal.
La cuestión es que todas estas cosas se refuerzan ahora entre sí y parecen justificar al régimen sirio. En 2011, Bashar al-Asad hizo una apuesta pensando que 1) Occidente retrocedería un día de su historia de amor con las revoluciones del Oriente Medio y volvería a la comodidad familiar del autoritarismo laico, y 2) que su propio régimen estaría aún en pie cuando eso sucediera.
Está sucediendo ya, pero si el régimen de Asad está aún o no en pie como tal régimen es una cuestión de definición. El presidente sirio ha demostrado hasta ahora poca capacidad para explotar grietas políticas como esas. Para un creciente número de políticos europeos parece ser el mal menor, pero también un mal espectacularmente incompetente. Su régimen les parece demasiado roto, demasiado pobre, demasiado polarizado, demasiado sectario, demasiado inflexible y demasiado poco fiable para trabajar con él, más bien una especie de fuerza gastada que la opción menos mala. La diplomacia de Asad puede ser mucho más elegante pero últimamente no es más constructiva que la de Moamar al-Gadafi, quien, como podrán recordar, siguió rechazando cualquier compromiso e incluso rehuyó hacer concesiones puramente tácticas hasta que fue finalmente golpeado hasta la muerte por unos islamistas chillones en un país ahora tan destrozado que quizá no pueda nunca recuperarse.
Luego tenemos la cuestión de la propia viabilidad de Asad a largo plazo. Incluso en la Siria anterior a 2011, nadie podía estar muy seguro de si el régimen baazista seguiría en una sola pieza sin Asad al timón. En un conflicto como este debe haber docenas de asesinos intentando arrastrarse hasta el palacio presidencial en cualquier momento dado y, por todo lo que sabemos, uno de ellos podría tener suerte en 2016, 2017 o mañana mismo. ¿Y qué hay de su salud? El presidente sirio cumplió 50 años el pasado septiembre. Eso no es nada para un jefe de Estado árabe y en las entrevistas parece estar perfectamente. Pero si los servicios de inteligencia occidentales han sido diligentes, sabrán que su padre Hafez sufrió un desastroso derrame cerebral o ataque al corazón a la edad de 53 que casi le dejó fuera del poder. ¿Quién sabe? Quizá sea algo que venga de familia…
Sin embargo, en este punto, un creciente número de políticos europeos están tan hartos de Siria y sus problemas que apostarían para que Asad sea el feliz y saludable autócrata que parece ser. Se sentirían silenciosamente aliviados de ver que el gobernante sirio resurge fortalecido para aplastar la amenaza yihadista y detener el flujo de refugiados con el método que sea, siempre y cuando no tengan que estrechar sus manos ensangrentadas en público, y a condición de que entregue un Estado residual semifuncional con el que ellos puedan trabajar en un algún momento no especificado del futuro.
Obviamente, Asad no va a convertirse en el mejor amigo de la UE a corto plazo, pero podría ser suficiente para él que empezaran a aparecer importantes grietas en la política de Occidente hacia Siria. Si así sucediera, se estaría abriendo una ventana de oportunidad que no existía para él hace un año. Si el presidente sirio lograr romper algunos malos hábitos, prueba suerte con la política real en vez de acudir a eslóganes baasistas y elabora un plan de estabilización un poco más sofisticado que el de asesinar a todos los que le replican, entonces 2016 podría ser el año en que empiece a romper el aislamiento internacional. Si no es así, probablemente se quede en el congelador al menos otro año, y ya que su régimen es cada vez más débil, más desagradable y menos estatal cada día, no hay ninguna certidumbre de que tenga otra oportunidad.
Este es un potencial punto de inflexión que merece la pena considerar, pero no se emocionen demasiado. Teniendo en cuenta cómo se ha conducido el régimen de Asad durante los últimos cincuenta años, las probabilidades de una política transformadora y una diplomacia persuasiva del hombre fuerte de Siria van para largo.

6. La reunión de Viena, el ISSG y Ginebra III
 
Aunque no fue lo más importante, la creación del Grupo Internacional de Apoyo a Siria (ISSG, por sus siglas en inglés, no confundir con el ISIS o el ISIL) fue sin duda la noticia más claramente positiva del año.
Un club de debate de naciones interesadas y organismos internacionales no es suficiente para poner fin a la guerra siria, pero significa que los términos del debate se han reajustado para mejor. Reconocer la dimensión internacional del conflicto y comprometerse de forma constructiva con el hecho de que esta guerra es ahora en parte una guerra por poderes es algo que había que haber hecho hace mucho tiempo. Según está organizado en estos momentos, el ISSG podría ser demasiado amplio y difícil de manejar para un funcionamiento correcto, ya que los principales actores (EEUU, Rusia, Irán, Arabia Saudí, etc.) parecen tener que celebrar siempre reuniones preparatorias antes de acomodarse al formato del ISSG. Pero si eso es lo que se necesita para conseguir que los gritones y hoscos adolescentes que gobiernan Teherán, Ankara y Riad se sienten y hablen como adultos, bienvenidas sean.
Que la creación del ISSG haya convertido a Irán por vez primera en una parte formal de las conversaciones sobre Siria es una buena cosa, sea lo que sea lo que los rebeldes sirios y sus tesoreros saudíes puedan pensar de él. Irán es un actor clave tanto sobre el terreno como en la lucha diplomática respecto a Siria; eso no es algo que puedas cambiar pretendiendo otra cosa aunque muchos lo hayan intentado. Desde luego, ahora estamos todos esperando que Irán llegue a la misma conclusión sobre los rebeldes sirios en vez de insistir infantilmente en que hay que permitir que Asad negocie con la oposición que pretende seleccionar.
Después de sus reuniones en Viena y Nueva York, el ISSG ha empoderado al enviado de la ONU, Staffan de Mistura, para que convoque una nueva ronda de conversaciones sirios-sirios, fijada actualmente para el 25 de enero en Ginebra. Como muchos han señalado ya, no es probable que estas conversaciones resuelvan los problemas sirios. El objetivo apoyado por el ISSG de una transición mediante elecciones libres y justas en 2017 resulta casi una caricatura poco realista.
Así pues, ¿qué se puede hacer? Muchos expertos han reaccionado ante la declaración de Viena y el proceso de paz de Ginebra tan sólo ridiculizándolos y después se han puesto a reafirmar sus preferencias respecto al resultado. Eso no ayuda mucho. Es probable que las conversaciones no consigan alcanzar sus muy ambiciosos objetivos, pero vamos a trabajar desde ese supuesto en vez de burlarnos de ellos.
Los actores involucrados en la guerra de Siria deben planificar más para si se fracasa de lo que planifican para el éxito. Deberían estar preparando ya una situación posterior a Ginebra en la que tendrán que salvar, garantizar y construir a partir de cualquier ápice de progreso conseguido en las conversaciones.
Alcanzar un alto el fuego en junio parece increíblemente difícil, pero, con un poco de suerte, podría conseguirse una disminución de la violencia. Si los negociadores sirios son serios, podría también llegarse a un acuerdo significativo sobre algunas cuestiones más limitadas y menos controvertidas.
Podrían también acordar seguir negociando. Ya que ahora hay muchos que se decantan a favor de algún tipo de solución política y que las negociaciones infructuosas podrían llevar a una escalada militar, sería útil evitar un parón total y el sabor del fracaso. Un proceso de Ginebra vacilante podría dilatarse en muchas sesiones y aplazarse, devolviendo a los negociadores de ambas partes para que hagan sus deberes en casa durante un par de meses en vez de darlo todo por terminado. Transformar el proceso de Ginebra en una plataforma semipermanente de negociaciones a partir del modelo habla-mientras-combates transferiría la atención de algunos de los combatientes hacia una vía política. Eso sería algo positivo, tanto para la esperanza de lograr un avance más adelante como para la gestión del día a día de la crisis.
Más que nada, los actores internacionales deberían asegurarse de salvaguardar el marco ISSG o alguna versión del mismo frente a una actuación decepcionante en Ginebra. Incluso si la guerra sigue y se intensifica, será de utilidad que haya algún tipo de grupo internacional de contacto para facilitar la comunicación y resolver cuestiones laterales, y sigue siendo un ingrediente necesario en cualquier acuerdo futuro de desescalada.

5. El Donald
 
La política de EEUU es parte esencial de la política de Siria, aunque no así al contrario.
Precisamente ahora parece muy posible que Donald Trump consiga la nominación republicana a la presidencia o bien actúe como independiente y divida el voto republicano por puro despecho. Si así fuera, es muy probable que Hillary Clinton salga elegida presidenta de los EEUU, lo que le daría la última palabra en la política de la superpotencia hacia Siria a partir de enero de 2017 hasta 2020 o incluso 2024.
Desde luego, nunca se sabe: algún escándalo extraordinario podría dejarla fuera de la carrera o quizá Trump se escabulla o se le fiche de nuevo tras perder las primarias. Ya veremos. Pero, en estos momentos, Clinton parece la apuesta de la persona inteligente.
Por lo que sabemos de su actuación como secretaria de estado del presidente Obama durante los tres primeros años de la guerra siria, una presidencia Clinton quizá implique una actitud más de línea dura hacia Asad. Por ejemplo, sigue haciendo declaraciones a favor de una zona de exclusión aérea que deje en tierra a la fuerza aérea siria. Si eso es factible es ya otra cuestión, porque con los aviones rusos y los sistemas de defensa aérea por todas partes, las duras palabras de la campaña electoral no se traducen necesariamente en la política de la Casa Blanca. Pero una actitud estadounidense más intervencionista en Siria podría marcar definitivamente una diferencia en la guerra, para bien o para mal o para ambas cosas.
La alta probabilidad de una presidencia Clinton significa también que podemos excluir provisionalmente el tipo de ruptura radical en la política siria estadounidense que podría seguir a una restauración republicana. Algunos de los candidatos republicanos son más agresivamente anti-Asad que Clinton y no tienen interés en preservar parte alguna del legado de Obama. Otros son exactamente la antítesis: más o menos pro-Asad y marcadamente opuestos a los rebeldes, ya sea para complacer el voto antimusulmán o por un principio antiintervencionista. Pero teniendo ahí a Donald Trump, parece que esos puntos de vista van a quedar ahora “schlonged” en una oposición permanente.

4. El acuerdo con Irán
 
Los efectos del acuerdo nuclear iraní, alcanzado entre abril y junio de 2015, van haciéndose evidentes de forma muy gradual. Pero a menos que los esfuerzos combinados de los halcones de EEUU, Irán, Israel y Arabia Saudí se carguen de algún modo el acuerdo, podría llegar a remodelar la región.
Como consecuencia del acuerdo y del deshielo estadounidense-iraní, el aislamiento de Teherán está llegando a su fin. Después de cuatro años excluidos de la diplomacia sobre Siria, pero no de Siria, Irán ha sido invitado al proceso de negociaciones liderado por la ONU a través del ISSG. EEUU está también empezando a aceptar a Teherán como potencia regional con la que comprometerse de forma fría pero constructiva, aunque este es un terreno poco hollado aún por todos los implicados.
Mientras tanto, las empresas europeas están acudiendo en manada a Teherán para conseguir una tajada del pastel del fin de las sanciones. Los gobiernos europeos, que esperan conseguir contratos en el sector de la construcción por valor de miles de millones de dólares y corren como locos para ganarle la partida a sus competidores rusos, chinos, estadounidenses y árabes, empezarán pronto a prestar mucha atención a lo que los diplomáticos iraníes tengan que decir. Así pues, más poder blando para los ayatolás.
Aunque a menudo se considera a Rusia, de forma algo inexplicable, como un actor de tercer nivel en las conversaciones con Irán, ese país está también prestando la mayor atención a este proceso. Una vez conseguido el acuerdo nuclear, Putin empezó rápidamente a transformar una relación complicada aunque amistosa en un pacto emergente, al ver en la combinación de petróleo, gas y potencia militar de Irán, con pobres vínculos con Occidente, un aliado regional perfecto para Rusia. Los medios estatales rusos acaban de anunciar que Moscú iniciará el próximo mes el envío de su poderoso sistema de defensa aérea S-300.
Desde luego que esta es una gran noticia para Bashar al-Asad, aunque no está aún claro si su régimen puede mantenerse el tiempo suficiente como para capitalizar bien la creciente influencia de Irán.

3. La descomposición estructural en curso del gobierno sirio
 
Asad vivió algo sobresaltado durante la primavera y verano de 2015. Después de una curva ascendente en 2014, el ejército sirio empezó a parecer exhausto a finales de año y su ofensiva en Alepo se fue apagando tras el último hurra en la primavera de 2015. Con el apoyo creciente a los rebeldes, la base del régimen de Asad empezó a vaciarse.
Y lo que es más obvio, Asad perdió mucho territorio en la primera mitad de 2015. En marzo, una coalición de rebeldes islámicos capturó la ciudad de Idlib en el norte y Bosra en el sur. En abril, cayó Yish al-Shugur, seguida por el cruce fronterizo con Jordania de Nasib. En mayo, le tocó a Ariha, en Idlib, con otros grupos rebeldes presionando en los Llanos de Ghab. Más hacia el este, el Estado Islámico tomó Sojna y Palmira. Los rebeldes del sur se hicieron con una base militar conocida como la Brigada 52 en el Huran en junio y empezaron a preparar su asalto (fracasado finalmente) sobre Daraa, la capital de la provincia. Ese mismo mes, las fuerzas de Asad en Hasakeh fueron vapuleadas por el Estado Islámico. Sobrevivieron sólo gracias a una complicada alianza con los kurdos, que les hizo pasar a depender cada vez más de ellos. En julio, Asad se vio en apuros y dio un discurso declarando que el ejército se centraría en el mantenimiento de las zonas más estratégicas de Siria, aunque no pararía de luchar por la victoria total.
Las ofensivas rebeldes y del Estado Islámico se han reducido bastante desde entonces gracias a los reforzados niveles de apoyo ruso e iraní y no llegaron lo suficientemente lejos como para perjudicar al régimen. Sin embargo, en el momento de escribir este artículo, el régimen de Asad sigue siendo incapaz de recuperar ninguna de las ciudades que perdió en la primera mitad de 2015. El frente norte de Hama, en particular, continúa causando a su gobierno grandes dolores de cabeza.
Aunque no pueda verse en un mapa, Asad ha perdido también fuerza en otros sectores en 2015. Su principal fuente de poder –aparte del ejército- fue siempre el hecho de que controlaba el Estado, y junto con él un número de instituciones de las que cada familia dependía, incluyendo los tribunales, la policía, los servicios públicos, las empresas y los bancos bajo control estatal y un sistema de subsidios para alimentos y combustibles. Aunque eso no implica que los sujetos del régimen amen a su presidente, ha permitido que Asad coopte, controle y movilice a millones de sirios de una forma que los insurgentes no pueden. Tener la propiedad del gobierno también le permite a Asad extender la promesa de un continuado control central, reducción institucional de los precios en las provincias y una reconstrucción coordinada, i.e., algún tipo de plan para después de la guerra.
En cambio, puede que sus oponentes sean hábiles a la hora de echar abajo las instituciones existentes, pero hasta ahora han demostrado ser incapaces de construir otras nuevas que se extiendan más allá de unos pocos pueblos. Esta debilidad es la causa primordial de la fortaleza de Asad.
El Estado Islámico y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) son excepciones parciales a la norma, claramente capaces de organizar una gobernanza rudimentaria después de destruir, expulsar o someter a las elites locales vinculadas con el régimen. Pero, por diversas razones, no son alternativas creíbles frente al Estado central existente. En cuanto a la situación en las restantes regiones rebeldes suníes, es muy débil. Después de casi cinco años, hay un puñado de milicias con presencia en varias provincias, alrededor de tres redes regionales de tribunales de la Sharia (la Comisión de la Sharia de Ahrar al-Sham, la Dar al-Qada del Frente Nusra en el norte y la más extendida con sede en Dar al-Adl en el sur), un montón de pequeños consejos locales vinculados con la oposición en el exilio y una red de servicios de ayuda humanitaria de financiación extranjera que opera en Turquía y Jordania, pero no mucho más.
Cuando Idlib cayó en manos de la insurgencia a principios de 2015, fue sólo la segunda capital de provincia en escaparse de las manos de Asad, después de Raqqa. Estaba destinada a convertirse en un ejemplo de lo que podría significar el gobierno rebelde. ¿Y qué sucedió? La ciudad se hallaba en desventaja a causa de la guerra, de los bombardeos de represalia de Asad, etc. Parecía que un buen número de funcionarios públicos había permanecido allí, continuando en sus puestos de trabajo, pero los salarios y el suministro eléctrico se acabaron. Eso significó que servicios como las bombas de agua y los colegios dejaron de funcionar. Las facciones rebeldes hicieron lo que pudieron para organizar la vida civil, por ejemplo, formar un consejo conjunto que ha administrado la ciudad mediante una combinación de reglamentos municipales heredados y la ley de la Sharia. A pesar del importante papel de al-Qaida en la coalición de Yaish al-Fath que gobierna ahora Idlib, los gobiernos extranjeros han intervenido donando suministros alimentarios y médicos para evitar un desastre humanitario. Sin embargo, incluso bajo una coalición comparativamente bien organizada, de base amplia y localmente arraigada como Yaish al-Fath, no parece que se hayan conseguido establecer los fundamentos de un nuevo orden político. Después de ocho meses de inseguridad, delitos y hombres armados pululando por la ciudad, los nuevos gobernantes tienen aún que organizar una fuerza policial solvente. Diga lo que diga la oposición, esos fallos no son únicamente la consecuencia de las bombas de barril de Asad.
La manifiesta incapacidad de los rebeldes para gobernar, junto con los despiadados ataques aéreos sobre el territorio no controlado por el régimen, es lo que hace que Asad sea capaz de obligar a la mayor parte de la población a vivir bajo su dominio; y el temor a un colapso estatal irreversible ha hecho que los Estados extranjeros escamoteen la ayuda a los rebeldes en momentos críticos. Sin embargo, esta ventaja clave del régimen de Asad está también desapareciendo lentamente, junto con el Estado mismo. Enumerar todos los problemas resultantes es una tarea ardua.
Por un lado, el déficit de soldados del ejército sirio se está convirtiendo en un problema importante. Asad ha movilizado a su aparato de seguridad para perseguir a los desertores mediante visitas a domicilio y controles de vuelos para reponer las menguadas filas. El efecto principal parece haber sido el de enviar un flujo creciente de jóvenes de 17 y 18 años a través de las fronteras, a menudo acompañados de sus familias. No importa que puedan preferir o no al gobierno frente a los rebeldes. En una Siria en paz habrían acudido refunfuñando a cumplir un servicio militar de año y medio. Pero según están las cosas, son perfectamente conscientes de que el servicio militar no tiene límite: cumplirlo es igual a morir. Y resulta que la mayoría de los sirios no tiene la menor intención de dar sus vidas al servicio de Bashar al-Asad y los planes de deserción se han generalizado ahora. Las tensiones han llegado a ser tan grandes que en la región de Sweida, de mayoría drusa, el gobierno decidió en 2015 dejar de hacer el reclutamiento habitual para el Ejército Árabe Sirio ante el temor de provocar una rebelión local. Los hombres drusos pueden en cambio presentarse para las unidades de defensa locales, en el entendimiento de que no les van a enviar a morir a las lejanas Hasakeh o Latakia. Según se ha informado, un acuerdo similar se aplica en Alepo y parece que están también extendiéndose por otras regiones.
En las líneas del frente, los combatientes extranjeros chiíes están asumiendo un papel cada vez mayor. Parecen estar detrás de gran parte de exitosa ofensiva al sur de Alepo. Irán está reuniendo combatientes iraquíes y libaneses con incentivos financieros y religiosos, pero sus grupos de clientes –Hizbolá, la organización Badr, Aseb al-Haqq, etc.- no parecen ser capaces de movilizar suficientes hombres para la lucha. Según los mismos informes, las autoridades iraníes están recurriendo a forzar a jóvenes refugiados hazara chiíes para que vayan a Siria con la amenaza de deportar a sus familias a Afganistán.
Rusia ha actuado de forma más decisiva aún, enviando a su propia fuerza aérea y enormes cantidades de material militar en apoyo de Asad.
Sobre la base de todos estos recursos, el presidente sirio y sus aliados han conseguido equipar al ejército con el material que necesitaba para recuperar algún tipo de compostura estratégica después de la difícil primera mitad de 2015. El ejército parece mantenerse firme de nuevo. Pero, aunque el aparato de contrainsurgencia del régimen está otra vez en funcionamiento, es aún el equivalente logístico-militar de reparar el motor de un coche con chicle y una oración.
Aunque sigue siendo la fuerza armada más poderosa del país, el Ejército Árabe Sirio parece haberse reducido a una organización esquelética. Muchas unidades de elite y especializadas siguen funcionando, pero los oficiales tienen cada vez menos soldados a su mando y están reclutando a parásitos locales al azar para rellenar las filas en su sector. Personalidades de la sociedad civil pro-Asad han creado un enorme número de milicias más o menos locales que incluyen a empresarios, hombres fuertes de las barriadas y líderes tribales, e Irán ha ayudado a Asad a organizar decenas de miles de combatientes bajo el paraguas de las Fuerzas de Defensa Nacional. Gran parte de las fuerzas más amplias de tierra han sido sustituidas por irregulares locales, aunque parece que los oficiales del ejército y la inteligencia siguen aún supervisando las acciones e informando a Damasco.
Un ejemplo de cómo es ahora el Ejército Árabe Sirio es la Fuerza del Tigre de la Brigada del General Soheil al-Hasan. Llamada así por su comandante, cuyo apodo es “el Tigre”, es una de las unidades de elite más aclamadas del gobierno, avanzando y retrocediendo por el norte de Siria para apagar incendios y romper estancamientos. Aunque los medios del régimen presentan a la Fuerza del Tigre como un representante ejemplar del Ejército Árabe Sirio regular, Hasan es en realidad un oficial de la fuerza aérea que al parecer sirvió en la inteligencia de la fuerza aérea en el aeropuerto de Hama cuando empezó el conflicto. Al haberse trasladado a la línea del frente a partir de 2011, no parece controlar una gran fuerza porque tiene que depender de tropas locales y de un entorno más reducido de partidarios personales de diverso origen. Incluso ahora, que está estacionado en el frente contra el EI al este de Alepo, está arropado por algunas de las milicias locales con las que trabajó en Hama a principios de la guerra.
La parte civil del gobierno está también pasándolas canutas. La economía estatal se ha degradado a un ritmo acelerado desde el verano de 2014. Entonces, la libra siria empezó a devaluarse más velozmente, los suministros de combustible se redujeron y el gobierno se vio obligado a iniciar una penosa retirada de su costoso sistema de subsidios a los productos básicos. Asad también perdió el acceso a la frontera jordana en 2015, lo que complicó el comercio con Irán y los mercados del Golfo Pérsico, perjudicando a campesinos y otros exportadores. La decisión de Irán de abrir de nuevo el grifo del crédito en la primavera de 2015 ayudó seguramente a detener la caída. Pero como Asad ha agotado su reserva de divisas y está teniendo que enfrentarse a todo un cúmulo de problemas, el valor de la libra continúa desvaneciéndose, la falta de combustible causa una cascada de problemas por toda la economía, la podredumbre institucional se agrava, por lo que estamos contemplando un éxodo acelerado de las clases medias de Damasco y las grandes ciudades.
Cuando recientemente encuesté a algunos especialistas en la economía siria, las respuestas fueron uniformemente pesimistas. Yihad Yasigi, que publica el boletín de economía The Syria Report, una revista bien considerada, concluyó que en 2016 los sirios “serán más pobres, soportarán una vida más miserable y seguirán emigrando en cifras cada vez más altas”. José Ciro Martínez, experto en la alimentación en los conflictos, señaló que los precios del pan se habían triplicado en las zonas bajo control del gobierno (y también en las partes de Siria controladas por el EI), mientras que se están estabilizando en las regiones bajo control rebelde, donde los gobiernos extranjeros están enviando camiones de harina y alimentos.
Para el gobierno baazista, que aún hoy controla a una considerable mayoría del pueblo sirio, este ha empezado a socavar una de las ventajas competitivas más importantes de Asad: su capacidad para suministrar productos básicos y salarios en las zonas bajo su control, que atrae a los civiles de las bombardeadas y destrozadas tierras baldías y les pone bajo el control del Estado, ejército y aparato de seguridad. Durante el pasado año, los trabajadores humanitarios y los diplomáticos que observan estas cuestiones han empezado a hablar de personas internamente desplazadas que están abandonando las zonas bajo control del gobierno porque sienten que este ya no puede permitirse atender sus necesidades y en cambio les está considerando como potenciales quintacolumnistas de la insurgencia suní. La situación es tan mala que en el norte de Siria miles de personas se han dirigido hacia la Raqqa del Ejército Islámico, una ciudad gobernada por psicópatas fundamentalistas que está siendo atacada por una docena de fuerzas aéreas distintas; no obstante, es más segura y más habitable que los lugares de donde proceden.
La decadencia del gobierno central, el ejército, las instituciones estatales y la economía sirias significan a un nivel más general que Asad es cada vez menos creíble como administrador de la totalidad o de parte de la posguerra siria, incluso para quienes se sienten inclinados a considerarle como tal. Durante años, el gobierno sirio ha gastado considerables recursos para mantener funciones gubernamentales básicas incluso en las zonas fuera de su control, por ejemplo, pagando salarios a los funcionarios, profesores y personal de hospitales en algunas regiones controladas por la oposición. Como consecuencia, paradójicamente, muchas zonas insurgentes dependen bastante de los pagos regulares y los servicios institucionales del gobierno contra el que combaten.
En algunos casos, son acuerdos de toma y daca, donde el gobierno trata de aprovechar su capacidad para cerrar servicios en conseguir que los rebeldes permitan que el tráfico pase por un puesto de control o poder pasar la noche fuera de ciertos pueblos. En otros casos, hay una gran mayoría de intereses compartidos, como cuando el gobierno y los islamistas llegan a algún acuerdo para mantener los suministros de agua potable de Damasco y Alepo. Nos encontramos también con el espectáculo de los desafortunados trabajadores del petróleo del gobierno enviados a revisar centrales eléctricas bajo supervisión del Estado Islámico, porque ambas partes quieren mantener la electricidad y confían en hacer dinero a costa de la otra.
Pero en muchos otros casos, parece que el gobierno central está simplemente pagando por los servicios en zonas que no controla. Esta no es una medida humanitaria y tampoco una mera inercia burocrática. (En ocasiones, el gobierno cierra servicios y corta las entregas de alimentos como forma de castigo colectivo.) Más bien parece ser el resultado de una opción estratégica para mantener una mínima red institucional en tantas regiones como sea posible. Eso es de interés fundamental para el Estado sirio como tal, pero también para Asad a nivel personal, que confía en ganar la guerra salvaguardando la base institucional del gobierno y haciéndola depender de la continuada existencia de su régimen.
Dadas las tendencias actuales, parece poco probable que el gobierno central pueda mantener esos pagos para siempre. En la medida en que los actuales gobernantes estén obligados a elegir, no dudarán en priorizar las zonas que les son leales (o la corrupción y el clientelismo harán esa elección por ellos). Hay también muchas áreas que han perdido ya cualquier presencia del Estado y de instituciones públicas operativas. Si el gobierno de Asad no tiene los recursos o la capacidad institucional para reconstruir las zonas reconquistadas, entonces gobernará sin más eficacia que los rebeldes. Si depende demasiado de los radicales sectarios como para tener que permitir que regresen los refugiados suníes y no puede actuar de hecho como Estado institucional y gobierno nacional, entonces el presidente Asad es sólo un señor de la guerra con un título sofisticado.
Para el régimen esta cuestión es a vida o muerte. A menos que consiga controlar en 2016 esos problemas estructurales, Siria puede estar adentrándose en territorio desconocido.

2. La alianza entre EEUU y los kurdos
 
Desde finales de 2014 y principios de 2015, la fuerza aérea estadounidense se ha transformado en algo que parece más bien ser la fuerza aérea del Kurdistán occidental. Bajo la cobertura aérea de EEUU, las fuerzas kurdas están construyendo su propia región autónoma (llamada Rojava) y en otoño del pasado año, EEUU empezó a entregar munición y armas pequeñas directamente a las unidades árabes que trabajaban bajo el paraguas kurdo, llamadas actualmente las Fuerzas Democráticas Sirias. Estamos aún en las primeras fases de lo que puede o no convertirse en una relación a largo plazo, aunque ciertamente no una relación monógama.
A nivel militar, se trata de un partido jugado en el cielo y los resultados son impresionantes. A pesar de sus limitados efectivos, los kurdos han creado una fuerza disciplinada que utiliza con eficacia el apoyo aéreo. Están masticando yihadistas y escupiéndolos desde Kobane a Hasakeh. En estos momentos, están amenazando con marchar contra Shedadi, cerca de la frontera iraquí y acaban de apoderarse de la presa Octubre en el Eufrates, que les da acceso terrestre a Manbij y a las zonas que rodean Alepo.
Esas victorias no parecen ser gran cosa sobre el mapa, pero están haciendo un daño importante y sistemático a los yihadistas en zonas sensibles. Campos petrolíferos, carreteras, cruces fronterizos y puentes: son elementos sin los que el EI no puede existir. Ahora, la coalición kurdo-estadounidense va zumbando por el norte de Siria como una aspiradora gigante, zampándose todas esas chucherías y no dejando nada para nadie. Si 2016 resulta ser el año en que el EI empieza a resquebrajarse y contraerse, los kurdos sirios habrán jugado un papel enorme para conseguirlo.
Sin embargo, hablando a nivel político, la alianza kurdo-estadounidense no es un matrimonio tan perfecto. Es más bien un ligue inapropiado: se alinean las ambiciones iniciales pero no tienen muchos intereses en común y los amigos ponen los ojos en blanco.
En primer lugar, los kurdos son una minoría étnica con una serie muy particular de problemas y ambiciones en Siria que tienen poco que ver con la guerra más amplia dentro de la mayoría árabe sunní. Su actual cosecha de líderes es ideológicamente leal al doctrinario del PKK. Se relacionan de forma atrozmente escasa con el resto de la oposición que EEUU apoya y mantienen contactos inquietantemente estrechos con Moscú. Si EEUU desea actuar en el escenario central de la política siria, necesita en última instancia ganar fuertes aliados dentro de la mayoría árabe de sabor religioso suní, pero ha llegado a depender de un grupo kurdo laico, autoritario, amigo de Rusia, con vínculos extranjeros y con una reputación (en parte no merecida) de separatista. Huelga decir que esto irrita a todos los campos ideológicos dominantes dentro de la mayoría del pueblo: islamistas, baazistas y nacionalistas sirios.
En segundo lugar, el PKK está catalogado en EEUU como organización terrorista extranjera. Eso significa que para los ciudadanos estadounidenses es ilegal que se le proporcione cualquier forma de “apoyo material o recursos”, incluyendo posiblemente los enormes camiones cargados de munición y los miles de millones de dólares en apoyo aéreo cercano. Desde luego, las sanciones al PKK se deben más a su violento conflicto con Turquía que a cualquier ataque kurdo contra los estadounidenses. Por tanto, uno esperaría lógicamente que al menos hubiera un debate en EEUU sobre si este aliado clave contra los yihadistas debería salir de la lista negra, porque esta cuestión parece ser un interés urgente para la seguridad nacional. Pero no hay nada de eso. Es más, la rama del ejecutivo sólo va a lo suyo y el PKK obtiene sus armas como estaba previsto. Es un caso raro de sistema político que es tan disfuncional que se vuelve muy funcional, pero esto podría no durar siempre.
En tercer y último lugar, pero no menos importante, ¿verdad que han oído hablar de la OTAN? EEUU tiene una alianza militar con Turquía, que es un patrocinador clave de la oposición árabe suní siria pero también el archienemigo del PKK. Tanto Ankara como los kurdos se clasifican el uno al otro en un lugar mucho más alto que Asad o el Estado Islámico en sus respectivas listas de males a destruir con urgencia. Y esto va también a peor. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan está en estos momentos enviando aviones y tanques a bombardear las ciudades kurdas y apoyando los intentos de destruir al HDP (siglas del Partido Democrático de los Pueblos), que sirve como Sinn Féin del PKK y es un componente necesario en cualquier solución pacífica del conflicto en Turquía. Si antes las relaciones entre Turquía y el PKK eran ya antagónicas, ahora mismo son realmente asesinas.
Estas contradicciones amenazan con hacer pedazos la red de alianzas sirias de EEUU, socavando su política de presionar tanto a Asad como al Estado Islámico. Resolverlas es probablemente imposible; ignorarlas o trascenderlas no resulta mucho más fácil. Por el momento, EEUU está yendo a la deriva respecto al PKK casi por defecto. Esto se debe también a que los kurdos han ofrecido algo que realmente funciona sobre el terreno y que Erdogan ha sido un aliado singularmente inútil en Siria. El obstruccionismo turco puede haber empezado a desaparecer ya, con Ankara dándose cuenta tardíamente de su necesidad de contar con el apoyo occidental y los costes de hacer de aguafiestas. Eso podría cambiar las cosas. Pero a menos que la conducta de Turquía cambie radicalmente y otras tendencias actuales continúen, la improbable alianza entre el Pentágono y el PKK parece que podría superar los pronósticos y sobrevivir en el largo plazo.

1. La intervención rusa
 
Y aquí estamos ya, en el número uno, y es una elección fácil. El acontecimiento más importante de la guerra siria en 2015 fue desde luego la intervención militar de Rusia a partir del 30 de septiembre. Por desgracia, es mucho más difícil precisar con exactitud por qué es tan importante: ¿porque reforzó mucho a Asad o porque no le reforzó lo suficiente?
La mayoría de las discusiones en Europa Occidental y EEUU han girado alrededor de si Rusia ha intervenido contra el Estado Islámico, como proclama, o contra los otros rebeldes apoyados por EEUU, Turquía y Arabia Saudí. Es fácil responder a esa pregunta: Rusia no ha intervenido contra nadie en particular, ha intervenido a favor de Asad. Sale herido el que encuentre en medio de su camino. Hasta ahora, los ataques se han centrado de forma abrumadora en los otros rebeldes, no en el Estado Islámico, aunque el gobierno ruso y sus lameculos en los medios continúen afirmando lo contrario con una terquedad mojigata no vista desde Bagdad Bob.
Si en cambio juzgamos la intervención rusa contra su objetivo real no declarado, que es ayudar a Asad, aparece una imagen matizada. Los ataques aéreos en sí son intensos y parecen efectivos, pero en última instancia importan poco, a menos que una fuerza terrestre eficaz pueda explotar las brechas creadas. El ejército de Asad deja mucho que desear, como ya se ha indicado, y su gobierno luchará para recuperar un control firme sobre las zonas y poblaciones que pueda capturar.
Hasta ahora, ha habido avances limitados sobre el terreno, en su mayoría en zonas de bajo valor del sur de Alepo y algunos terrenos montañosos duramente ganados en el norte de Latakia. El ejército sirio está tratando también de recuperar el control de Sheij Miskin en el sur, lo que facilitará la toma de Daraa. Menos visible pero quizá más importante es que una serie de acuerdos locales de alto el fuego y evacuación han ayudado a neutralizar los baluartes rebeldes en las regiones de Homs y Damasco. Ya que los costes parecen ser bastantes limitados para Rusia, probablemente puedan mantener esto durante un plazo largo, lo que significa que Asad no se siente muy apurado y puede centrarse en preservar la cohesión y el esfuerzo humano.
Pero, por otra parte, han pasado ya tres meses y Asad no ha recuperado ni una sola de las ciudades que perdió en la primavera y verano de 2015. Ni Yisr al-Shughur, ni Bosra, ni Idlib, ni Palmira. Y en el frente del norte de Hama, donde se ha centrado principalmente la fuerza aérea rusa, Asad ha tenido que retroceder. Poco después de que intervinieran los rusos, perdió Moreq, una ciudad pequeña que ha sido fieramente disputada por ambos bandos; eso no es indicio de fortaleza. Si los rebeldes avanzan sólo unos pocos pueblos más hacia el sur de Moreq, tendrían cómodamente a su alcance la ciudad de Hama y podrían empezar a bombardear el aeropuerto militar de Hama, vitalmente importante. (¿Es esa quizá la razón de que Asad y los rusos estén ahora restaurando apresuradamente el aeropuerto de Shaayrat, al suroeste de Homs?)
En otras palabras, aunque la intervención ha ayudado a Asad a cambiar el rumbo, no ha conseguido la eficacia necesaria para capturar el territorio que sus enemigos tomaron hace medio año. Por ahora, la conmoción y el miedo iniciales han empezado a desaparecer. Los medios estatales rusos continúan afirmando que están ganando, ganando, ganando, pero si la gente estaba dispuesta a escuchar eso el 30 de septiembre, ya no lo está. Después de tres meses de mentiras sin parar y fanfarronadas, los informes de progreso desde los ministerios de defensa y asuntos exteriores de Rusia ya no resultan más creíbles que la estridente propaganda de los rebeldes y del régimen sirio a las que nos hemos ido acostumbrando.
Dicho esto, creo muy posible que los bombardeos rusos hayan abierto una profunda brecha en la suerte de la rebelión para la primavera de 2016. No debería ignorarse el efecto acumulativo y a largo plazo de toda esta presión. ¿Cuánto tiempo podrán combatir los insurgentes de Idlib una guerra con tres frentes contra las fuerzas que vienen de Alepo al este, Latakia al oeste y Hama al sur? Tanto las fuerzas aéreas rusas como las sirias están ahora alcanzando almacenes de munición, rutas de suministros y transporte por todo Idlib y Alepo. Los efectos a largo plazo de estos bombardeos puede que todavía sean invisibles para nosotros. Están bombardeando también el comercio civil y los puntos de acceso de la ayuda médica y alimentaria en zonas que anteriormente habían estado fuera de los límites de la fuerza aérea siria. Esto es o una apuesta calculada o parte de una estrategia deliberada para crear un desastre humanitario, ya que los rusos son muy conscientes de que hay cientos de miles de personas que dependen de las entregas canalizadas a través de estas zonas. Cualquiera que sea el caso, enciende la situación por todo el norte de Siria. Las fuerzas rebeldes podrían teóricamente empezar a desenvolverse estructuralmente del mismo modo que el Estado Islámico está haciendo ahora en algunos frentes tras un año de presiones mayoritariamente iraquíes, kurdas y estadounidenses.
De hecho, estamos viendo señales de que no todo va bien en el movimiento rebelde sirio. La coalición Yaish al-Fath, una poderosa alianza de Idlib construida sobre el eje Nusra-Ahrar, acaba de emitir un llamamiento que parece desesperado pidiendo apoyo exterior y combatientes extranjeros. El hecho de que la alianza invite abiertamente ahora a los yihadistas extranjeros a unírseles rompe una duradera línea roja para los segmentos no pertenecientes a al-Qaida de la oposición islámica. Una de las facciones fundadoras de Yaish al-Fath, la milicia Filaq al-Sham, alineada con la Hermandad Musulmana, estaba tan preocupada por esta deriva (y quizá por cómo reaccionarían sus financiadores) que se retiró de la alianza días después de ese comunicado. Que las facciones dominantes de Yaish al-Fath abandonen toda precaución de esta manera, hasta el extremo de que la alianza empiece a debilitarse, es señal de las presiones que están padeciendo desde el 30 de septiembre.
Otra métrica posible es la muerte de altos comandantes. No hay escasez de nuevos reclutas para la rebelión, por eso no debería uno exagerar el significado general, pero si están consiguiendo matar a los dirigentes, es al menos una señal de que algo anda mal. Desde el 30 de septiembre, ha habido muchos informes sobre la muerte y heridas sufridas por altos mandos de la insurgencia. La víctima más conocida es desde luego Zahran Alloush en Damasco, aunque no sabemos si los rusos estuvieron involucrados en ese ataque. Más al norte, han muerto recientemente Abu Abdesalam al-Shami, miembro de Ahrar al-Sham que fue gobernador de la ciudad de Idlib como miembro de Yaish al-Fath; Ismail Nasif, que fue el jefe militar de las brigadas Nuredin Zenqi; y su homólogo en el Frente Thuwar al-Sham, Yaser Abu Said. Los tres fueron asesinados en el frente sur de Alepo. El principal juez perteneciente a Yaish al-Fath, el célebre yihadista saudí Abdulá al-Moheisini, resultó herido justo antes de Navidad (aunque sobrevivió), mientras el Sheij Osama al-Yatim, que dirige el sistema de tribunales Dar al-Adl en el Huran, fue asesinado a mediados de diciembre. La lista podría ser mucho más larga.
También merece la pena señalar que los efectos políticos fuera de Siria han sido mucho mayores que los avances militares dentro de Siria. El 30 de septiembre sacudió las ideas convencionales sobre el conflicto y aumentó la influencia de Putin en todos los ámbitos, al haber de extendido de nuevo el conflicto a Occidente y demostrado su compromiso con Asad. Ello le metió a John Kerry en algunos debates difíciles de ganar, lo que se añade al creciente pesimismo europeo ya existente sobre la conveniencia de apoyar a los rebeldes sirios, e hizo menos probable que Obama, o su sucesor/a, pudiera imponer en Siria una zona de exclusión aérea. Al centrar el interés de las mentes de la gente en Moscú, Washington y otros lugares, la intervención rusa ha ayudado también a atraer la atención sobre las reuniones de Viena, la creación del ISSG y, consecuentemente, también sobre las próximas conversaciones Ginebra III del 25 de enero. El comunicado de Viena de 14 de noviembre (que a Asad no le gusta) está ahora superando al comunicado de Ginebra de junio de 2012 (que Asad odiaba realmente). Dependiendo de cómo se valoren estas cosas, pueden no ser nada.
La mayor parte de los análisis sobre la implicación rusa ha estado tan politizada que ha resultado casi inútil. Los seguidores de Putin y Asad se han dado prisa en calificar la operación de éxito rotundo, mientras quienes apoyan a los rebeldes la rechazan como un fiasco asesino. La apuesta segura es, como siempre, buscar la verdad en algún lugar entre esos extremos. Mi mejor hipótesis es que Putin está probablemente preocupado por los decepcionantes logros del Ejército Árabe Sirio y cada vez más inquieto por lo que él ha conseguido. Sin embargo, Asad está sin duda en una posición más fuerte de la que estaba hace medio año y puede aún esperar mayores dividendos en 2016. También hay que tener en cuenta las alternativas: el ejército sirio estaría sin duda mucho peor ahora si no se hubiese producido la intervención, y eso habría socavado también la influencia de Rusia.
Finalmente, debo señalar los riesgos implícitos de elevar las apuestas. Si las conversaciones Ginebra III fracasan y Asad no consigue un avance decisivo en 2016, ¿qué pasará? Rusia difícilmente puede retroceder ahora que Asad ha pasado a depender aún más de su apoyo, no puede hacerlo sin perder la cara y ver cómo el esfuerzo invertido se malogra. ¿Y, entonces qué, Sr. Putin? ¿Seguirá adelante sin un final a la vista, o intensificará aún más la escalada? En otras palabras, Rusia corre ahora el riesgo de quedarse atrapada en un conflicto inextricable sin estrategia de salida y sin claras ganancias políticas. Sería como Arabia Saudí en el Yemen, pero a una escala mucho mayor. Si Putin deja de enviar tropas de tierra a la batalla, los riesgos y costes aumentarían de forma considerable, pero incluso eso podría no ser suficiente para que el Kremlin llegue a un final positivo en el caos sirio.
Algunos de los actores menos responsables en el lado prorebelde (Vds. saben quiénes son) podrían llegar a la conclusión de que este escenario les interesa. Putin, al exponerse a salir lesionado de Siria mientras continúa simultáneamente provocando a Occidente y las naciones árabes suníes en Ucrania, Irán y otros lugares, les ha ofrecido eficazmente la oportunidad de una guerra por poderes en toda regla. Una vez que parece haber atado su prestigio personal de forma suficientemente fuerte al destino de Asad, sólo tiene que abandonar cualquier esperanza persistente que pudiera tener de estabilidad en Siria y empezar a puntapiés con los pilares que aún mantienen el Estado en pie, convirtiendo Siria en el propio Afganistán de Putin. Sería una noticia muy mala para los rusos, pero sería una catástrofe para los sirios.
Salvo un avance militar, muchas cosas podrían depender del resultado de las conversaciones, por otro lado poco estimulantes, de Ginebra III del 25 de enero. La conducta de Rusia y el gobierno de Asad van a ser estrechamente observados por los Estados occidentales. Si Putin actúa de forma constructiva y demuestra que puede realmente influir en su aliado, o si parece que pueden alcanzarse acuerdos significativos entre los sirios, miel sobre hojuelas. Pero si resulta que Putin se niega a cumplir su parte del acuerdo, que es aportar la aprobación de Asad para un plan de transición, o si Asad ignora sencillamente el consejo de Moscú, entonces ¿qué tiene de positivo la presencia rusa en Siria para árabes, estadounidenses y europeos? Volveríamos a una disputa puramente militar. El incremento de las inversiones rusas en el régimen de Asad parecería entonces menos un reajuste unilateral del equilibrio de poderes en Siria y más un blanco de oportunidad.


Aron Lund, editor de Syria in Crisis, ha publicado amplios informes sobre los movimientos de oposición sirios y las dinámicas militares. Además de ser colaborador habitual de varios periódicos y revistas, Lund ha publicado dos libros, entre ellos “Struggling to Adapt: The Muslim Brotherhood in a New Syria.”
Fuente: http://www.joshualandis.com/blog/ten-most-important-developments-syria-2015/ – Rebelión

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