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jueves, 12 de mayo de 2016

Siria, cómo limitar la guerra


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La antigua «ruta de la seda» vinculaba Irán con la costa siria, a través de Irak y pasando por Palmira. Es geográficamente imposible abrir otras grandes vías de comunicación a través del desierto. Es por eso que Palmira se ha convertido en un elemento clave de la guerra en Siria. Estuvo un año bajo el control del Emirato Islámico pero el Ejército Árabe Sirio logró liberarla y ahora acaban de realizarse allí dos conciertos, que fueron transmitidos por televisión en Siria y en Rusia, para celebrar así la victoria sobre el terrorismo.

 

Cada vez que el Ejército Árabe Sirio inflige una derrota a los yihadistas, nuevos combatientes llegan por miles al suelo sirio. Ya nadie puede negar que Siria está enfrentando una guerra alimentada desde el exterior y que esa guerra durará mientras se mantengan los envíos de carne de cañón proveniente del extranjero. También es necesario entender las razones externas que determinan la continuación de esta guerra. Sólo entonces será posible elaborar una estrategia para salvar vidas.

 
Hace más de 5 años que Siria está en guerra. Los que apoyaban este conflicto explicaban al principio que era la prolongación de las «primaveras árabes». Pero ya nadie se atreve hoy a sostener tal cosa, simplemente porque los gobiernos surgidas de aquellas «primaveras» ya fueron derrocados. Lejos de ser resultado de una aspiración democrática, aquellos acontecimientos no eran más que una táctica destinada a liquidar regímenes laicos para favorecer el ascenso de la Hermandad Musulmana al poder.
Ahora dicen que otras fuerzas se apoderaron de la «primavera» siria o que la «revolución» –que en realidad nunca existió– fue devorada por verdaderos yihadistas.
Como bien ha señalado el presidente ruso Vladimir Putin, el comportamiento de los occidentales y de los países del Golfo es, de entrada, incoherente. En el campo de batalla resulta imposible combatir al mismo tiempo contra los yihadistas y contra la República Árabe Siria y afirmar que se toma partido por un tercer bando. Lo interesante es que los occidentales y las monarquías del Golfo no escogen públicamente su bando, favoreciendo con ello la continuación de la guerra.
La realidad es que esta guerra no tiene causas internas. Es resultado de un contexto que ni siquiera es regional sino global. Cuando el Congreso de Estados Unidos decretó el inicio del conflicto, al votar la Syrian Accountability Act, en 2003, el objetivo del entonces vicepresidente estadounidense Dick Cheney era apoderarse de las gigantescas reservas de gas de Siria. Hoy sabemos que el «pico petrolero» no marca el fin del petróleo y que Washington explotará pronto otros tipos de hidrocarburos en el golfo de México. Eso implica que el objetivo estratégico ha cambiado. Ahora lo que busca es contener el desarrollo económico de China y Rusia obligándolas a comerciar únicamente única y exclusivamente a través de las vías marítimas que se hallan bajo el control de los portaviones estadounidenses.
Desde su llegada al poder, en 2012, el presidente Xi Jinping anunció la intención china de liberarse de esa limitación y de construir dos rutas comerciales continentales hacia la Unión Europea. La primera sigue la antigua ruta de la seda y la segunda pasa por Rusia para llegar hasta Alemania. Inmediatamente después surgieron dos conflictos: en primera, la guerra contra Siria dejó de tener como objetivo el cambio de régimen sino sembrar el caos, y al mismo tiempo ese mismo caos se instalaba sin razón aparente en Ucrania. Después, Bielorrusia se acercó a Turquía y Estados Unidos, extendiendo así hacia el norte la división de Europa en dos. De esa manera, dos conflictos sin solución a la vista cortan actualmente las dos rutas.
La buena noticia es que nadie podrá negociar una victoria en Ucrania a cambio de una derrota en Siria porque las dos guerras tienen el mismo objetivo. La mala noticia es que el caos continuará en ambos frentes mientras Rusia y China no logren construir otro eje de comunicación.
Por consiguiente, no hay nada que esperar de una negociación con gente pagada para prolongar el conflicto. Sería mejor ser pragmáticos y aceptar la idea de que esas guerras no son más que el recurso que Washington utiliza para cortar las rutas de la seda. Sólo entonces será posible desenredar la trama conformada por los numerosos intereses en juego y estabilizar todas las zonas habitadas.
Fuente
Al-Watan (Siria)- Red Voltaire
Artículo bajo licencia Creative Commons 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Por favor, no repitan la invasión de Irak

 

 

 

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Cualquier persona que estuviera en Nueva York o tuviera familiares en Nueva York (como era mi caso) el 11 de septiembre de 2001, nunca olvidará lo que ocurrió en esa fecha cuando las Torres Gemelas colapsaron como resultado de un ataque terrorista de las fuerzas militares de Al Qaeda. En torno a 2.600 personas, todas ellas civiles, murieron aquel día en la ciudad. Pero, por horrible que fuera lo que ocurrió en Nueva York aquel día, lo peor para EEUU y para gran número de países estaba por venir. El gobierno federal de EEUU, liderado por el gobierno Bush junior, respondió con una invasión militar de Irak, con la intención de eliminar el régimen de Saddam Hussein, presentado (erróneamente) como el incitador y facilitador de aquel ataque y portador de armas de destrucción masiva (que no existían). Casi un millón de personas –la gran mayoría civiles- han muerto desde entonces como resultado de tal invasión y de la ocupación y conflicto bélico que aquella intervención originó, no solo en Irak, sino también en todo Oriente Medio. Es cierto que el régimen de Saddam Hussein fue eliminado. Pero el resultado que la invasión creó empeoró enormemente la situación en aquel país y en la región. Movimientos fundamentalistas islamistas surgieron con gran fuerza, el ISIS entre ellos, que, junto con Al Qaeda, fueron extendiéndose en Irak y en los países vecinos.

El gobierno Aznar ayudó a tal invasión, y los ataques de Atocha fueron una consecuencia de ello. El Reino Unido, gobernado por el Sr. Toni Blair, también apoyó dicha invasión. Hace unas semanas, Blair, a la luz de los horrores que creó aquella invasión, aceptó que había sido un error. No así el Sr. Aznar, que previsiblemente, y con la rigidez y falta de comprensión de la realidad internacional que caracteriza a la derecha española, continuó aferrado a su visión del mundo. Hoy gobierna en España el mismo partido que la gobernaba en aquel momento histórico. Y hay el peligro de que el gobierno Rajoy actúe de la misma manera que actuó el gobernó Aznar.

¿Cómo está ahora respondiendo el gobierno francés a la masacre de París? Lo mismo que el gobierno Bush hizo en respuesta a la masacre del 11 de septiembre de 2001

Cuando la invasión de Irak tuvo lugar, el gobierno francés no la apoyó. Creía, con razón, que era un gran error. El gobierno federal y el Congreso de EEUU respondieron a la falta de cooperación francesa con un gran enfado. Según el Congreso de EEUU, Francia -el aliado más antiguo de EEUU- los abandonaba, e incluso traicionaba. El plato de patatas fritas que servía el restaurante del Congreso, conocido como “french fries” (“patatas fritas francesas”) fue bautizado de nuevo como “liberty fries” (“patatas fritas por la libertad”). El resto es bien conocido. Un millón de muertos más tarde, los movimientos fundamentalistas islamistas se han ido expandiendo en toda el área. Y la situación ha empeorado claramente. Fue la invasión patrocinada por el trío Bush-Blair-Aznar la que creó las condiciones para que surgiera el Estado islámico. El Estado iraquí, liderado por el dictador Saddam Hussein, colapsó, iniciándose las luchas entre las distintas partes y componentes de Irak, percibiéndose el nuevo Ejército de Irak como un ejército –creado por las fuerzas ocupantes- carente de legitimidad, visto por amplios sectores de la población como un nuevo instrumento de represión interna. Fue en este contexto que aparecieron las fuerzas radicales fundamentalistas islámicas que establecieron el Califato o Estado Islámico.

Después de Irak surgió Libia, donde se destruyó el régimen dictatorial laico del General Gadafi. La novedad fue que esta vez Francia jugó un papel clave en el cambio del régimen de Libia, bombardeando aquel país, con miles y miles de muertos civiles. Los portavoces intelectuales del establishment político-mediático francés, tales como la voz más servil de tal establishment, el Sr. Bernard-Henri Lévy, presentó tal campaña militar como la “gran defensa de los derechos humanos que caracterizaba al Estado francés”, frases que fueron una copia mimética de lo que habían dicho las voces serviles de establishment político-mediático estadounidense para justificar la invasión de Irak. La única diferencia era que Bernard-Henri Lévy hablaba del Estado francés (heredero del imperio francés conocido por su brutalidad en África) y en el caso de Irak se referían al Estado federal estadounidense (cuyas intervenciones militares –excepto durante la II Guerra Mundial- se han caracterizado por la ayuda a dictaduras enormemente represivas). Por lo visto, ni Bernard-Henri Lévy ni las voces que apoyaron al Presidente Bush junior no se dieron cuenta de la enorme contradicción de presentarse como defensores de los derechos humanos cuando su mejor aliado en el Oriente Medio era Arabia Saudí, que es uno de los regímenes más opresivos y crueles existentes en aquella zona. Y es uno de los mayores financiadores de los extremistas fundamentalistas islamistas.

Como era de prever, la caída del dictador, el General Gadafi, creó un vacío de poder que lo ha llenado el extremismo fundamentalista islamista. Hoy Libia es una enorme fuente de yihadistas (véase mi artículo “¿Dónde está Bernard-Henri Lévy?”, Público, 27.11.2013). Y ahora Francia y EEUU están intentando hacer lo mismo con el régimen dictatorial laico en Siria dirigido por Asad. Y no hay duda de que ahora los bombardeos del gobierno francés sobre poblaciones musulmanas que se ha intensificado este fin de semana como respuesta a la masacre de París, además de aumentar el número de refugiados (ver mi artículo “Las causas del problema de los refugiados”, Público 09.11.15), aumentarán y expandirán el ISIS, creando mayor y mayor simpatía por tal organización entre las poblaciones musulmanas. En realidad, el ataque de los yihadistas tenía como objetivo crear una respuesta que haría escalar todavía más el conflicto, pues esta es precisamente la causa de su crecimiento. Y como era predecible, al Sr. Bernard-Henri Lévy le faltó tiempo para llamar a la guerra en nombre de los derechos humanos (Bernard-Henri Lévy, “La guerra, manual de instrucciones”, El País, 17.11.15). Ahora bien, sería un enorme error que España volviera a apoyar otra invasión, como antes apoyó la invasión de Irak y de Libia. Pero mucho me temo que el gobierno español lo hará. Y serán años de enormes tensiones, pues España está en un área muy próxima a varios de los centros del conflicto.

¿Cuáles son las causas reales del crecimiento del movimiento terrorista fundamentalista islamista?

La gran mayoría de países donde hay un conflicto bélico estaban regidos por sistemas casi feudales, como lo es hoy Arabia Saudí. En todos estos países surgieron movimientos laicos progresistas de distintas sensibilidades (que variaban desde socialistas hasta comunistas) que deseaban cambios profundos en estas sociedades. Cuando los regímenes feudales estaban cayendo, resultado de su presión, los gobiernos occidentales apoyaron, dentro de las fuerzas laicas, a las que frenaron el auge de los movimientos de izquierda, a los cuales reprimieron. El caso más claro fue el nacimiento del régimen de Saddam Hussein, que se estableció con el apoyo del gobierno del Reino Unido y de EEUU. En aquellos países en los que no pudieron parar a estos últimos movimientos progresistas reformistas, entonces apoyaron a los fundamentalistas religiosos, profundamente antireformistas, como fue el caso de Afganistán. Recordemos que Bin Laden había estado en la nómina de la CIA del gobierno federal de EEUU. Y en Siria, el gobierno federal de EEUU junto con el Reino Unido y Francia, ayudó en su día a los fundamentalistas religiosos en su lucha contra el dictador laico Asad, con el probable resultado que el colapso de tal régimen significaría la ruptura de Siria, con una enorme expansión del ISIS en aquel territorio.

Pero los yihadistas tienen su propia dinámica, con su fundamentalismo religioso que está hoy revolviéndose contra sus creadores. Lo que los gobiernos que se autodefinen como democráticos tenían que haber hecho era no intervenir a favor de las fuerzas más reaccionarias, que al impedir los cambios estructurales en aquellos países han perpetuado estructuras enormemente opresivas que están sojuzgando a sus pueblos y que generan la radicalidad bélica religiosa que los gobiernos occidentales apoyaron y que ahora se les vuelve en contra. Una guerra de clases se transformó deliberadamente (en un intento por parte de los fundamentalistas religiosos de los dos lados del conflicto) en una guerra de religiones que está recogiendo una enorme simpatía entre los grupos musulmanes discriminados en los países democráticos (de donde surgen terroristas), siendo Francia el caso más manifiesto. El sueño de la ultraderecha francesa, que puede en un día próximo gobernar Francia, y el sueño del ISIS, es que haya una guerra de religiones, culturas y civilizaciones, favoreciendo así el surgimiento del nazismo de nuevo en Europa. Y ahí están las raíces del problema, y que los bombardeos ayudarán a exacerbar y faciitar. Creerse que el problema del terrorismo se resolverá a base de bombardeos e intervenciones militares en Siria es tan absurdo como creerse que la invasión de Irak y los bombardeos de Libia resolverían los problemas del terrorismo fundamentalista islamista. En realidad, han ayudado a su extensión. Así de claro.

Fuente: Público.es

sábado, 7 de marzo de 2015

UCRANIA, ¿HACIA UNA SOLUCIÓN “EUROPEA” ?

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 Que Queda de Maidan?

La nueva tregua en el Donbás: esperando el estallido final


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Por Alberto Cruz*

Un nuevo acuerdo, una nueva tregua, alguna esperanza antes del estallido final. EEUU y sus instrumentos de dominación, como el FMI y la OTAN, no pueden consentir el congelamiento de una situación que rompe toda su estrategia de cerco a Rusia a través de las sanciones y la expansión de la OTAN y empujará todo lo que sea necesario a los neonazis que gobiernan Kiev para que rompan este nuevo acuerdo que, objetivamente, refuerza de forma significativa tanto la postura de Rusia como las aspiraciones del Donbás.
Se puede discutir si con dicho acuerdo se mantiene o no la unidad de Ucrania, con el Donbás integrado en ella, o si con el reconocimiento de una amplia autonomía y descentralización se inicia un camino que desembocará de forma inevitable en la separación de las Repúblicas Populares de Donetsk y Luganks porque esto es, y no otra cosa, lo que reclaman ahora las poblaciones de ambos lugares. Y ello es consecuencia de la obcecación de la junta neonazi de Kiev de negar todas las reclamaciones que presentaron ya en el mes de mayo de 2014 y que, inicialmente, aunque con un fuerte componente antifascista, se limitaban a la federación y al respeto a la lengua rusa. Ahora estos aspectos ya son insuficientes para una población que ha soportado la guerra durante casi un año.
No obstante, en esta ocasión, y a diferencia del acuerdo anterior, en septiembre de 2014, ahora la junta neonazi ha tenido que ceder de forma clara, bien haya sido por la situación militar o por la presión de Alemania y Francia, que han actuado como garantes del mismo. Ucrania se ha convertido en uno de los eslabones más claros de la geoestrategia actual, con permiso de Siria. Cuando después de casi un año de guerra tres dirigentes políticos como Putin, Merkel y Hollande (Poroshenko no cuenta, es un pelele neonazi en manos de EEUU) dedican varios días a un acuerdo de este tipo es que se está poniendo en juego algo muy grande. La guerra, por ejemplo. Porque eso, y no otra cosa, es lo que están buscando con ahínco los EEUU para revitalizar su complejo militar-industrial y, de paso, su economía. Junto con el desplome de una Rusia pujante en el ámbito económico y con un papel estelar en el ámbito internacional. No hay que perder de vista que desde enero está en funcionamiento la Unión Económica Euroasiática (Rusia, Bielorrusia, Kazajstán y Armenia, con la incorporación de Kirgizistán en mayo), que China ha ofrecido a la UEE firmar un Tratado de Libre Comercio y que Rusia está agilizando las alianzas militares con países latinoamericanos como Cuba, Nicaragua y Venezuela volviendo de forma clara a contar con una importante presencia en América Latina.
Es evidente que una acción de este tipo en Ucrania sólo se justifica si el miedo de la UE a una guerra, junto al rápido deterioro de la situación militar y a la bancarrota evidente, política y económica de Ucrania, no hubiese obligado a las dos potencias de Europa (la otra, Gran Bretaña, se alinea incondicionalmente con EEUU en todas las ocasiones) a meter en vereda, o llevar algo de cordura, así sea temporal y a la fuerza, a Poroshenko. Porque esta es otra de las cuestiones a resaltar de este nuevo acuerdo: Poroshenko se ha visto obligado a dar su visto bueno al mismo por la presión de Alemania y de Francia, aunque cuente con el apoyo de EEUU, y ha tenido que aceptar una mala paz para prevenir un desastre militar, otro más, ante unas milicias que no son todavía un ejército unificado. Esta no es una afirmación baladí: a pesar del fracaso de la nueva movilización, la cuarta desde que comenzó la guerra, había logrado reunir a casi 90.000 soldados y voluntarios fascistas; sin embargo, casi el 10% de ellos, unos 8.000 están cercados por las milicias en el enclave de Debáltsevo.
En el momento de escribir este artículo la ciudad ya estaba en manos de las milicias habiendo recuperado una importante cantidad de material bélico, capturado al menos 200 prisioneros (entre ellos 12 oficiales) y habiendo logrado un indudable éxito militar porque se garantiza así un corredor permanente, en línea recta, entre las dos capitales de las repúblicas, Donetsk y Luganks. Es más, junto a este hecho, que pone de manifiesto la capacidad de combate de las milicias, se está diciendo que la junta neonazi ha perdido 3.008 soldados, 3 aviones, un helicóptero, 209 tanques, 199 vehículos de todo tipo y 225 cañones. Si hubiese seguido la situación así, la derrota de los neonazis hubiese sido catastrófica, por lo que tanto Alemania como Francia tuvieron que acudir en su ayuda y, al mismo tiempo, intentar retrasar una mayor implicación de EEUU en la guerra puesto que estaba a punto de ofrecer material militar a Ucrania. Al menos temporalmente, esto se ha parado con este nuevo acuerdo.
Lo que se está filtrando del mismo deja a Poroshenko en muy mal lugar. Se le retrata como un hombre sin iniciativa alguna, saliendo una y otra vez de la sala de reunión para hacer llamadas telefónicas al Estado Mayor del Ejército ucraniano (y se supone que a EEUU), se le veía demudado a medida que pasaban las horas y constataba lo que estaba encima de la mesa, se le veía tembloroso y sudoroso. Incluso se dice que el acuerdo que se acabó firmando no es el original, sino uno más "dulcificado" porque Poroshenko, después de esas llamadas telefónicas, dijo que según estaba la redacción no lo podía asumir. Si eso es así y, por el momento, entra dentro del campo especulatorio a la espera de más datos, estamos ante una indicación clara de que tanto Alemania como Francia estaban dispuestas a ir mucho más allá de lo que se ha ido. Porque cada vez es más evidente que desde septiembre para acá, desde que se constató la incapacidad de la junta neonazi de Kiev de cumplir doblegar al Donbás –como ha ocurrido con la recuperación del aeropuerto de Donetsk por las milicias- , ha cambiado la relación de bastantes de los países de la UE respecto a Ucrania pasando del apoyo incondicional a una frustración apenas contenida por el costo, económico y político, que supone el mantener a este "aliado".
Ucrania es un país en bancarrota y el crédito que el FMI concedió dos horas después de la firma de este nuevo acuerdo, por un valor de 17.500 millones de dólares, no va a paliar mucho la situación aunque sí a corto plazo porque supone algo de fluidez para las arcas ucranianas. Con este dinero Ucrania va a profundizar sus pritatizaciones (ya se ha anunciado que el precio del gas se aumentará el 280%), a desmantelar lo poco que queda de servicios públicos y, también, a modernizar su armamento de cara a la nueva y seguro definitiva ofensiva contra el Donbás. Sin embargo, este crédito se concede a lo largo de 4 años y nada garantiza, al menos por el momento, que con un agravamiento de la guerra eso se mantenga.
Aquí se entra en la cada vez más evidente disputa entre una parte de la UE, representada por Alemania y Francia, y EEUU (junto con otra parte de la UE como Gran Bretaña, Polonia y los países bálticos). Los primeros necesitan a toda costa rebajar la tensión con Rusia y los segundos quieren continuar con la presión para debilitar a la cada vez más pujante potencia. Este enfrentamiento se está soslayando con el empuje de la OTAN, donde el liderazgo estadounidense es incuestionable. El envío de tropas a Polonia y los países bálticos, el reforzamiento de las bases aéreas y el lenguaje agresivo que sostiene -en contra de las evidencias, como por ejemplo manteniendo que hay tropas rusas en el Donbás cuando la propia Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE) lo niega- dejan muy a las claras que el objetivo final es completar el cerco contra Rusia y ese cerco se cierra con la entrada de Ucrania en la OTAN. Los neonazis de Kiev ya han dado el primer paso derogando el acuerdo por el que Ucrania pertenecía al Movimiento de Países No Alineados. Y, como es lógico, el Donbás ya ha declarado por activa y por pasiva que no va a aceptar nunca la presencia de la OTAN. El primer ministro de Donetsk, Alexander Zajarchenko, lo acaba de decir bien otra vez: para ellos la pertenencia a la OTAN es inaceptable y el simple hecho de plantearlo supone convertir en papel mojado el nuevo acuerdo que se acaba de firmar en Minks. En mayor medida, este es el "casus belli" de Rusia porque nunca va a aceptar la presencia de la OTAN en sus fronteras y Ucrania es su última frontera.
A día de hoy, tanto Alemania como Francia son conscientes que mantener la tensión con Rusia va a llevar a sus países al desastre. Las sanciones agrícolas y ganaderas que impuso Rusia en represalia por las sanciones que la UE había impuesto previamente están llevando a la ruina al sector y ya se reconoce de forma abierta que las pérdidas que están ocasionando las sanciones rusas se cuantifican en más de 21.000 millones de euros (1), tres veces más de lo que se preveía inicialmente. Por el contrario, las sanciones europeas y estadounidenses a Rusia han supuesto a este país unos 32.000 millones de euros, por lo que casi es comido por servido.
A ello hay que sumar los puestos de trabajo que se están perdiendo en toda Europa. Pero también hay que añadir otras cuestiones de relieve, como la construcción naval. Francia construyó un porta-helicópteros a Rusia, el "Mistral", que está varado por las sanciones. Pero son 600 millones de euros muy necesarios para las arcas francesas. Por ello Francois Hollande es uno de los más fervientes partidarios de que se llegue a una solución "digna" (para los intereses de la UE y, por lo tanto, para Francia) y poder normalizar las relaciones con Rusia. Hollande está presionado por un importante sector interno, desde el neofascista Frente Nacional a sectores de izquierda y sindicales, incluyendo a no pocos intelectuales, que critica con mucha dureza el servilismo respecto a EEUU y se pone como ejemplo el que el gobierno francés no se opuso a la multa de 9.000 millones de dólares que Washington impuso a una institución francesa como el Banco Paribas por comerciar con Cuba. Eso fue el año pasado y ahora se recuerda a Hollande que EEUU y Cuba han acordado la normalización de relaciones diplomáticas, aunque no se haya levantado el bloqueo. Esta es una de las razones por las que Hollande ya ha dicho que si los acuerdos se cumplen, ese barco será entregado a Rusia "en breve plazo", además de hacer declaraciones muy rupturistas con el discurso oficial de la UE diciendo que apoya la autonomía e, incluso, la federalización de las repúblicas de Donetsk y Luganks. Merkel no va tan lejos, por supuesto, pero sabe que es un proceso irreversible.
En todo este diseño hay un pero: los neonazis de Kiev. Han roto todos y cada uno de los acuerdos que han firmado, desde el ya lejano acuerdo con Yanukovich para adelantar las elecciones (abril de 2014) hasta el primer alto el fuego (junio de 2014) y el primer acuerdo de Minks (septiembre de 2014) por lo que este nuevo acuerdo tiene pocas posibilidades de que se cumpla. Pero ahora es muy diferente de las otras veces porque está en una situación mucho peor, a nivel político y militar. El reclutamiento que ha puesto en marcha ha fracasado estrepitosamente, como ha reconocido el Ministro de Defensa al afirmar que sólo se han logrado el 20% de los objetivos previstos. Sólo en la primera semana de febrero 20.000 ciudadanos ucranianos entre 18 y 65 años llamados a filas traspasaron las fronteras rusas huyendo del mismo, por lo que el gobierno ucraniano tuvo que prohibir la salida al extranjero de los hombres comprendidos entre esas edades.
Sin embargo, en esta ocasión sus pérdidas son más cuantiosas que en las anteriores y van a tardar más tiempo en reponerse, por lo que no será hasta el verano cuando esté en condiciones de relanzar la guerra en lo que entiende que será la ofensiva definitiva. Para ello cuentan con el apoyo armamentístico de Polonia, que está surtiendo de material a la junta de Kiev, y con el entrenamiento (y es más que probable que también armas) de EEUU para reforzar tanto el ejército como la Guardia Nacional. Ese es el plazo con el que todo el mundo cuenta a partir de ahora.
El reloj comienza a correr para todo el mundo. Porque si los neonazis se van a rearmar para preparar una nueva ofensiva, también Donetsk y Luganks se van a fortalecer, las milicias se van a dotar de una estructura más centralizada y se irá formando un verdadero Ejército, ahora en embrión sobre todo el Luganks donde ya existe el Ejército del Sur-Este con unos 9.000 integrantes. De momento, ya se están creando tres brigadas mecanizadas que van a permitir con mayor rapidez tanto el control de mayores extensiones de territorio como de defensa de las ciudades amenazadas. También se fortalecerán las estructuras políticas de las dos repúblicas, se tendrá un mayor control de las zonas liberadas en estas últimas semanas y se incrementarán las relaciones políticas, económicas y militares de ambas.
También en este tiempo la diplomacia se va a mover de forma muy acelerada. Unos, como Rusia, plantean claramente una situación parecida a Chechenia, es decir, el Donbás permanecerá formalmente en el seno de Ucrania pero tendrá un estatus especial muy amplio y disfrutará de subvenciones del gobierno central. Otros, como Alemania y Francia, plantean el caso de Voivodina (enclave serbio dentro de Kosovo) y hay quien, como EEUU (y su pelele Poroshenko) sólo busca la derrota total de las repúblicas díscolas como primer paso para hacer hincar la rodilla a Rusia. Sin embargo, será el llamado Grupo de Contacto (Ucrania, Rusia y la OSCE), junto a los representantes de las repúblicas del Donbás, quienes tengan la última palabra sobre el modelo a seguir y que será incluido en la reforma constitucional de Ucrania.
Dado que EEUE no está presente en las conversaciones, y que Poroshenko está en una situación muy débil, son las dos opciones primeras las que más posibilidades tienen de convertirse en realidad si EEUU da una oportunidad para la paz, lo que está por ver y, no hay que decirlo, es la opción preferida de sus más fieles vasallos, los neonazis de Kiev. Porque también hay que mencionar que hay una fuerte discrepancia entre Alemania y EEUU por el futuro de Ucrania. No sólo por una cuestión geopolítica, sino porque la postura pro ucraniana le está pasando factura a Merkel. En las elecciones celebradas este mes de febrero en el land de Hamburgo, su partido fue ampliamente derrotado por los socialdemócratas que, a pesar de ser sus socios en el gobierno federal, tienen una postura un poco más matizada respecto al seguidismo respecto a EEUU y apuestan por una versión más “europea” de la situación en Ucrania.
Nota:
(1) El Diario, 9 de febrero de 2015.
*Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID.
FUENTE: El espía digital

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