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martes, 31 de mayo de 2016

El comisario Montalbano se hace mayor


Salvo Montalbano


Luis Matías López

A nadie le gusta envejecer, y el comisario Salvo Montalbano no es una excepción. En Una voz en la noche (Salamandra), el policía siciliano creado por Andrea Camilleri se da cuenta de que va perdiendo facultades, su memoria le traiciona en ocasiones, ya no es el de siempre, se hunde en el sueño “como si fuera un cadáver”, extravía pruebas, sufre esporádicas alucinaciones y le repatea que le feliciten por su cumpleaños. “¿Por qué antes nunca me equivocaba con un nombre”, se pregunta, “ y ahora me parezco cada vez más a Catarella?”

Obsesiones aparte, Montalbano es casi el de siempre. Aún hace excepcionalmente bien su trabajo, no ha perdido la intuición y osadía que le ayudan a resolver casos intrincados, pero el esfuerzo para lograrlo es mayor. Eso le irrita y le agria el genio, pero no puede permitir que se note. Que él se percate, pase, pero que lo perciban los demás sería trágico.

Pero, ¿tan mayor se ha hecho Montalbano? Pues no: solo tiene 58 años cuando se publica la novela en Italia (en 2012), en tanto que su creador, el escritor más popular de su país y que ha vendido 36 millones de ejemplares en todo el mundo, anda ya entonces por los 86. Tiene 66 cuando, en 1994, sale la primera entrega de la serie (La forma del agua), que le catapulta al éxito que ya no le abandonará. Veintitantos libros después, ya con 90, por fin dice basta. Lo deja cuando sus textos aún no han perdido frescura.

La diferencia de edad entre el autor y su criatura de ficción es tan notable que resulta inevitable sospechar que la preocupación un tanto exagerada de Montalbano por los indeseados efectos de su edad responde a la que debe asaltar a Camilleri sobre la suya. Una inquietud que, por biológicas y obvias razones, sería comprensible. Pero no se puede descartar que se trate de un artificio literario para empatizar con muchos lectores que se han ido haciendo mayores a un ritmo similar al del comisario y a los que gusta verlo evolucionar un tanto, aunque eso le haga más gruñón e intolerante.

Esta de la edad es la novedad más relevante de Una voz en la noche, donde se repite la galería de personajes de anteriores novelas del ciclo, familiares compañeros para los lectores fieles, que los sienten como suyos, desde una novia, Livia, que vive lejos de Sicilia y que cada vez más frustrada pierde la paciencia con Montalbano, hasta su donjuanesco segundo Mimi Augello y el resto del equipo habitual –incluido el inefable Catarella-, sin olvidar a una asistenta y una trattoria de cabecera que le conquistan por el estómago pero que castigan sus excesos con malas digestiones.

Por ahí, por la gastronomía, llega uno de los puntos de influencia en Montalbano del Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, un personaje al que Camilleri, para definir sarcásticamente al fiscal y obseso sexual Tommaseo (otro habitual de la serie), mete en la batidora junto a Sherlock Holmes, Poirot, Maigret, Marlowe, Derrick, Colombo y Perry Mason.

Por lo demás, Camilleri no se sale de su sempiterno guion, en el que coexisten tramas intrincadas son trasfondo social, peripecias personales que hacen entrañables a los personajes, una superficial antropología siciliana y un pasar de puntillas sobre la realidad del crimen organizado que condiciona aspectos esenciales de la vida en la isla.

Montalbano choca a veces con la mafia, pero nunca frontalmente. En cierto sentido, convive con ella, y tiene una relación casi siempre indirecta con los capos de las diversas familias que a veces se parece a un mutuo respeto que exige no forzar los límites y mantener las distancias. El argumento no del todo convincente del autor para justificar la ausencia de un compromiso más rotundo con la denuncia en su obra del crimen organizado es que, de hacerlo, contribuiría a realzarlo.

Con todo, en Una voz en la noche , la sombra de la mafia es relevante, y Montalbano/Camilleri no deja dudas respecto a su opinión del cáncer que corroe Sicilia, aunque sea en el contexto de una condena a la clase política que envenena Italia. “¿En qué país se había visto”, reflexiona el comisario, “que un senador, condenado en primera instancia por connivencia con la mafia volviera a presentarse y fuera reelegido? ¿En qué país se había visto que un diputado regional, condenado en primera instancia por haber ayudado a mafiosos, fuese nombrado senador? ¿En qué país se había visto que alguien que había sido ministro, y primer ministro unas cuantas veces viera que se confirmaba de manera definitiva su delito de connivencia con la mafia, por mucho que hubiera prescrito, y siguiera ejerciendo de senador vitalicio?” Puede que a los lectores españoles se les ocurra algún otro país, aparte de Italia, en el que son posibles escándalos no tan diferentes.

Fuente: Público.es

lunes, 20 de julio de 2015

Un negro 18 de julio

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                  JAVIER CERCAS

 

Rodolfo Alonso

El 18 de julio de 1936, hace setenta y nueve años, el golpe militar franquista se alzaba contra el gobierno legal de la República Española. Generada por la espontánea y ejemplar resistencia del pueblo leal, que la llevaría hasta 1939, la Guerra Civil Española constituyó al mismo tiempo un hecho política y socialmente relevante y un acontecimiento legítimamente legendario. Considerada la última guerra de hombres, antes de que la tecnología bélica ocupara definitivamente el lugar predominante, fue también la primera batalla de la democracia contra el fascismo que de inmediato iba a sumergir a Europa en la Segunda Guerra Mundial, de imprevisibles consecuencias.

 

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                                “SOLDADOS DE SALAMINA”

 


Marcada a fuego en la conciencia de muchas generaciones de españoles, una gran cantidad de testimonios, documentos y obras de creación fue dada a luz con la recuperación de la democracia, una vez fallecido el dictador. Pero esa intensidad se fue amenguando, en cierta medida, no sólo por el paso del tiempo, sino también con el ingreso en los antaño confortables beneficios de la comunidad europea. Por eso fue doblemente significativo que haya sido un entonces joven escritor y periodista español, Javier Cercas, quien con un libro por tantos motivos indeleble, y de una manera absolutamente nada maniquea, volvió a plantearnos con claridad e inteligencia los significados y las consecuencias de aquella gesta histórica.
Por su factura y por su tema, Soldados de Salamina (publicado originalmente en 2001, llevado al cine, y que Tusquets de Barcelona no cesa de reeditar desde un primer momento) es sin duda un texto fascinante. Partiendo de una escritura donde el autor se involucra activamente, ya que no se plantea como creación literaria sino como relato real, y de una anécdota apenas esbozada de la cual no se tienen casi certezas, Cercas consigue erigir un texto de demoledora y tocante eficacia, tan literariamente logrado como fraternalmente conmovedor.
En los meses finales de la guerra, mientras las últimas tropas republicanas asediadas se retiran hacia la frontera francesa, alguien decide fusilar a un grupo de destacados jerarcas franquistas prisioneros. Entre ellos se encuentra Rafael Sánchez Mazas (1894-1966), un brillante intelectual de derecha, fundador e ideólogo de la Falange, quizás uno de los responsables directos del conflicto fratricida que ha ensangrentado a España y dislocado su destino. Sánchez Mazas consigue escabullirse y logrará salvarse, mientras es minuciosamente perseguido, en un instante que lo acompañará toda su vida, gracias a que un humilde miliciano, que lo descubre y encañona, no se sabe bien por qué y con sólo una mirada de por medio, decidirá no denunciarlo.


Ese humanísimo momento, a la vez oscuro y revelador, es el desencadenante del libro. Pero tampoco aquí la mera anécdota alcanza a transmitir lo que el texto contagia con precisión y fluidez, como sin proponérselo, de modo que poco a poco, y hasta en indagaciones realizadas muchos años después, el calibre de aquellos hechos, individuales y colectivos, va cobrando una honda dimensión que termina rozándose inclusive con aquel bienestar democrático de que gozaron hasta hace tiempo, como dijimos, tantos millones de europeos, sin imaginar que todo lo debían acaso a un puñado de héroes anónimos que, en el momento justo, se jugaron la vida para salvar la civilización. Porque es sabido que cuando los tanques del general Leclerq entran en París, consolidando la liberación de Francia del yugo nazi, con él venían veinte mil combatientes republicanos españoles, quienes ingenuamente imaginaron que el próximo paso iba a ser devolver la democracia a España.
Esas páginas, como ya dije, se leen de un tirón y nos contagian una inmensa luminosidad. Literatura en el mejor estilo, son también periodismo de primera. Y entre otras muchas alusiones constituyen también acaso un homenaje implícito a aquella primera generación de intelectuales españoles progresistas, muchos de ellos descendientes de jerarcas del régimen, que se enfrentaron al franquismo desde adentro y entre los cuales se destaca Rafael Sánchez Ferlosio, el hijo preferido de Sánchez Mazas, cuya tocante y desinhibida novela El Jarama (1956) constituye el primer hito de aquella camada inconformista.


Pero algo más nos reserva este incisivo y bello libro. Como si quisiera evidenciar desde la tapa lo que la fotografía arrastra etimológicamente (photos graphein: “Escribir con luz”), una deslumbradora instantánea de Robert Capa (el legendario compañero de Henri Cartier-Bresson en Magnum Photo), tomada en Barcelona el 25 de octubre de 1938, durante la emocionante ceremonia de despedida a los voluntarios de las no menos legendarias Brigadas Internacionales, mediante la intensidad de una mirada tan límpidamente trágica como plena de convicción, decisión y coraje, nos dice mucho más de lo que podría transmitirnos cualquier texto. Incluso uno tan revelador y hondo como este imborrable libro de Javier Cercas.


Rodolfo Alonso: Poeta, traductor, ensayista.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-277311-2015-07-18.html

FUENTE: REBELIÓN

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