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lunes, 10 de julio de 2017

POR QUÉ MACRON FRACASARÁ

POR QUÉ MACRON FRACASARÁ








 Rafael Poch

 Grandes ambiciones, enérgico voluntarismo y poco apoyo popular. Son la base sobre la que el nuevo presidente de Francia quiere aplicar, con una nueva imagen, todo lo que ha fracasado en las últimas décadas. Para llegar a su engañosa victoria electoral, el joven Macron ha tenido que abolir la alternancia y casi el pluralismo institucional en Francia. Para hacer su tortilla ha incendiado la cocina. Esta victoria, que se va a defender con métodos autoritarios, será, seguramente, su mayor factor de derrota a medio y largo plazo.

 Kremlinología en el Elíseo

 Los gobiernos franceses suelen estar llenos de ministros que quieren ser presidentes. Personajes que conspiran y maniobran para ello desde sus cargos. Con François Hollande había unos cuantos cuyas ambiciones eran manifiestas; Arnaud Montebourg, Manuel Valls y el propio Emmanuel Macron, el más listo y discreto de todos ellos que acabó haciéndose con el trono. En el gobierno de Macron no hay rastro de esos “conspiradores ambiciosos”. El Presidente se ha vacunado contra el papel que él mismo jugó como ministro de Hollande. Si se exceptúa a Bruno Le Maire, un peso ligero de la derecha al frente de la economía (por si acaso, Macron le ha puesto como segundo a su más fiel colaborador Benjamin Griveaux), en el nuevo gobierno francés no hay políticos. Solo tecnócratas obedientes.

 En la foto de grupo que Macron se hizo el miércoles con sus ministros en el jardín del Elíseo, el Presidente rompió la tradición y se colocó no al frente, sino en medio de ellos. Parece más democrático, pero no es más que una cuestión de imagen: todo el mundo tiene claro quien es ahí “el jefe”, como se le llama en su entorno. Macron quiere ser un presidente “total”. Mandar mucho y hablar poco (“La palabra presidencial será rara”, ha dicho). Sus ministros serán disciplinados, no se admitirán filtraciones y si las hubiera serán sancionados. “Este gobierno tiene vocación de durar”, dijo después de la foto.

 Los medios de comunicación, en un 80% en manos de magnates que le apoyan, no han prestado gran atención al hecho de que han bastado treinta días para que el nuevo gobierno “irreprochable y ejemplar” sufriera su primera crisis: cuatro ministros salpicados por irregularidades económicas que han saltado de sus cargos. Pese a la corrupción estructural en la que están sumidos, a los medios de comunicación franceses les encanta derribar los ídolos que ellos mismos contribuyeron a crear. ¿Cuánto durará en su actual forma esta corrupta indulgencia mediática?

 Programa y objetivos

 Presentado como innovador y original, a menudo con fórmulas “nórdicas” y sofisticaciones conceptuales para camuflar simples y viejas políticas neoliberales de recorte social, el programa de Macron no tiene gran cosa de original: se trata de aplicar de una vez por todas en Francia el catálogo completo de Bruselas/Berlín.

 La narrativa habitual afirma que esa involución socio-laboral nunca se ha podido aplicar en Francia, país “conservador” con “exceso de Estado” y de funcionarios, y que esas reformas, “liberarán las energías del país”. En realidad se trata de imponer a la fuerza un recorte de pensiones del 20%, una bajada de salarios, un recorte de la función pública (120.000 funcionarios menos) y una “flexibilidad” que de alas a la precariedad.

 “Es el político anglófono y filo germano que Europa necesita”, dijo de él la revista Foreign Affairs. “Su ascenso pinta bien para los accionistas y empresarios que piden una reestructuración urgentemente necesaria del mercado laboral francés”, señala un comentarista de la agencia Bloomberg. “El salvador de Europa” delira en portada The Economist con un punto de interrogación. Y detrás de ellos, la habitual cacofonía de todo un ejército de papagayos.

 El objetivo es emular el “modelo alemán”, incrementando la franja de salarios bajos que en Alemania afecta al 22,5% de los asalariados (7,1 millones) y en Francia solo al 8,8% (2,1 millones). Con estas fórmulas se podrá llegar a los “satisfactorios” niveles de desempleo alemanes. El paro en Alemania es del 3,9% según Eurostat, y del 5,8% según la oficina federal de estadística alemana, que usa una contabilidad diferente a la europea. Pero desde hace años se conoce que, gracias a diversos trucos contables que barren debajo de la alfombra a sectores enteros de la población laboral, la cifra real de paro es bien superior, del 7,8% actualmente. Es decir, solo dos puntos menos que en Francia y con más precariado entre los asalariados y más pobreza entre los jubilados, un problema apenas existente en Francia. Alemania, que tiene una demografía languideciente, no es un modelo para Francia con su dinámica tasa de natalidad y su mayor necesidad de servicios públicos.

 Que Francia no ha hecho reformas en esa dirección, forma parte del mito. La intentona de Macron es la radical culminación de treinta años de hegemonía neoliberal en la política y en los medios de comunicación de Francia, algo que comenzó en 1974 Valéry Giscard d´Estaing, fue proseguido por Mitterrand (traicionando su programa inicial en 1983) y continuado desde entonces por todos los presidentes de “izquierda” y de derecha que ha conocido el país. La globalización quiere destruir una tradición nacional de estado fuerte particularmente apreciada por los franceses y que económicamente funciona mucho mejor de lo que se dice.

 En términos generales el modelo político de Macron es la “marktkonforme Demokratie” (la democracia adecuada al mercado) de la Señora Merkel, incluida la marginalización de la oposición parlamentaria. La empresa y la meritocracia nunca habían estado tan presentes en el gobierno. Los sectores privilegiados nunca habían pesado tanto (por encima del 70%) en el cuerpo de diputados.

 Ideológicamente Macron es, según la definición del fundador de Attac Peter Wahl, “una mezcla programática de relato liberal de izquierda-verde-alternativo (cuestiones de género, minorías sexuales, medio ambiente, europeísmo y cosmopolitismo), modernismo start-upista digital en la línea “uber para todos”, un subidón make France great again, y un neoliberalismo casi a la Margaret Thatcher con rostro humano”.

 Su hoja de ruta es “gaidarista” (por Yegor Gaidar, el autor de la “terapia de choque” rusa): introducir rápidamente y por decreto una involución socio-laboral a partir del verano, y contener la contestación social que seguirá mediante la introducción en el derecho común, a partir del otoño, de los preceptos liberticidas de las medidas de excepción contenidas desde noviembre de 2015 en el “estado de urgencia” aún vigente.

 En Rusia, la “terapia de choque” de Gaidar (1991) precisó de un golpe de estado (1993). Francia no es Rusia, pero Macron tiene muchas posibilidades, y todas las posiciones, para ser el Presidente autoritario de Francia.

 También tiene muchas posibilidades de fracasar, por su política socio-laboral errada e impuesta, y porque su base social y electoral (la Francia de los de arriba y el voto del 16% del censo) es reducida. La suma de ambas cosas arroja una legitimidad débil (que contrasta mucho con su aplastante mayoría absoluta en las instituciones y medios de comunicación) y convierte en temeraria su autoritaria ambición de enderezar a Francia acabándola de destrozar.

 Las ambiciones y los riesgos

  Solo un joven de 39 años, convencido de su propia genialidad y de que no debe nada a nadie, y que desconoce el fracaso, puede aunar tal explosiva relación entre ambiciones y riesgos. La devaluación  salarial y de pensiones del 20% que se busca, fracasará porque hundirá la demanda interna y aumentará el paro en Francia. Macron debería incrementar los salarios, pero incluso si quisiera no podría, porque está aprisionado por el esquema alemán que domina Europa. Su consigna europea, “La Europa que protege”, está en contradicción directa con el programa neoliberal, es decir con el proyecto europeo. La situación de las cuentas públicas francesas para cumplir con el dogma alemán del 3% de déficit y los otros requisitos, se anuncia complicada. En el remoto supuesto de que el macronismo intentara una política alternativa en Europa, debería renegar del actual proyecto europeo. Si no hace nada, continuará alimentando todo eso que hoy hace soberanistas a más de la mitad de los franceses. El ministro de Economía francés, el peso ligero Bruno Le Maire, es totalmente incapaz de enfrentarse al peso pesado alemán Wolfgang Schäuble.

 Macron tiene grandes ambiciones. Dice que su presidencia supondrá, “un renacimiento de Francia y espero que de Europa”. La simple realidad es que su fracaso sembrará el caos en Francia, donde la indignación tomará el relevo a la indiferencia y a la sorda decepción actuales, y por extensión agravará la situación en esa Unión Europea que busca salidas a su complicado embrollo en la militarización y el belicismo, la “Europa de la defensa”.

 El primer adversario de Macron será, una repetición, aumentada, de lo que se vio la pasada primavera: una alianza de la juventud y del sindicalismo radicalizado que podría empujar hacia una gran revuelta. Para valorar si eso puede dar lugar a serias convulsiones, basta comprender una cosa: que la situación actual no tiene alternativa institucional.

  Para llegar a donde ha llegado, Macron y las fuerzas oligárquicas que lo auparon en el último ciclo electoral han tenido que dinamitar la alternancia y casi el pluralismo institucional en el país (el incendio de la cocina). En las instituciones francesas ya no hay más que un solo partido. El conglomerado macronista, ampliado a sus satélites (socialistas y conservadores “constructivos” hacia el Presidente), tiene el 80% de los diputados cuando obtuvo el voto real del 16% de los franceses.

 Esta victoria, será a medio y largo plazo su mayor factor de derrota, porque esa abolición condena a la oposición a un estatuto “antisistema”: cualquier fuerza social que se oponga al macronismo tendrá que cambiar el régimen. Un escenario muy ruso, que recuerda al drama de la autocracia, pero en Francia.

El autoritarismo macronista que se anuncia es el último cartucho del establishment para disolver/cambiar Francia. Su fracaso no tendrá alternativa en el actual marco institucional, la V República, y probablemente, tampoco en el actual sistema. A partir de este pronóstico, se admiten todas las apuestas…
Fuente: La Vanguardia

jueves, 4 de mayo de 2017

Sólo el 35% de los activistas de Mélenchon, dispuestos a votar por Macron




Militantes por la abstención


La Vanguardia




Con el 70% de los franceses expresando desagrado por la opción que se les da a votar en las presidenciales del domingo (Emmanuel Macron o Marine Le Pen), solo el 30% de ellos llevará ese desagrado al extremo de abstenerse, señalan los sondeos. Es decir: una mayoría aplastante de descontentos hará de tripas corazón y votará. No será así en el seno del movimiento de la izquierda, la Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon, cuyo pujante ascenso es uno de los datos más significativos de estas elecciones, especialmente con miras a las legislativas de junio.
Versión francesa de la izquierda podemita, la Francia Insumisa  decidió, antes de las elecciones, que consultaría  a sus 508.000 adheridos sobre qué hacer si su candidato no pasaba a la segunda vuelta. El movimiento ganó 8,5 puntos respecto a su anterior forma en 2012 (Front de Gauche), el ascenso más importante de esta campaña, pero sus más de siete millones de votos se quedaron a medio millón de la clasificación.
Mientras el conjunto de los políticos hizo su recomendación de voto en la segunda vuelta, Jean-Luc Mélenchon puso en marcha la consulta interna, de acuerdo con los procedimientos de expresión de este tipo de nuevos movimientos en los que los líderes son más delegados que jefes.
Mélenchon ha dicho, "no votaré al Frente Nacional, yo lucho contra el Frente nacional y digo a todos los que me escuchan: no caigáis en el terrible error de emitir un voto para el Frente Nacional pues empujaríais al país hacia un incendio general". Esta posición fue ampliamente criticada por los políticos y los medios de comunicación, pero cayó muy bien entre sus partidarios.
La consulta interna es electoralmente irrelevante Casi 250.000 de ellos participaron en la consulta organizada por internet y ayer se conoció su resultado: el 65% se declaró por el voto en blanco o la abstención, y solo un 35% se declaró partidario de votar a Macron. La consulta no  tiene por objetivo dar una consigna de voto. La única consigna es no votar por Le Pen. Su resultado es a todos los efectos irrelevante, pues refleja el sentir de apenas 170.000 activistas, es decir el 3,4% de los 7 millones de electores izquierdistas.
Lo electoralmente relevante es el electorado y ahí las cosas son bien diferentes: el 52% de los votantes de Mélenchon votarán Macron, según el último sondeo. Otro 31% se abstendrá y otro 17% votará a Le Pen, diga lo que diga Mélenchon. En el campo de la derecha, el electorado de Fillon, abunda más el voto a Le Pen (29%) y el voto a Macron es menor (49%), con un 22% de abstencionistas. Eso no impide que el escándalo esté servido y se presente a la izquierda como una especie de aliada de la extrema derecha.
La clave de este clima son las legislativas que tendrán lugar en junio, con los dos partidos del establishment en ruinas, socialistas y Republicanos, el Presidente electo (Macron) sin partido, y una autopista abierta para la Francia Insumisa.
Sobre 577 circunscripciones, la izquierda de Mélenchon obtuvo en la primera vuelta más de 12,5% del voto del censo electoral. Ese es el requisito para pasar a la segunda vuelta en las legislativas. La izquierda ganó en ciudades tan importantes como Marsella, Toulouse, Lille, Montpellier y Grenoble, y el voto a Mélenchon fue de adhesión a su programa y discurso en un 94%, mientras que el de Macron fue mayoritariamente "táctico". El electorado de Mélenchon es, además, el más compacto sociológicamente: mayoría de jóvenes y un reparto parecido entre clases medias, cuadros, sectores populares y demás.  Todo eso explica que se siga hablando tanto, y tan mal, de Mélenchon en esta segunda vuelta en la que no participa: hay miedo a que la izquierda gane lo que ya se denomina como "la tercera vuelta", es decir las legislativas de junio.
De cara al domingo el sentir de esos 170.000 activistas izquierdistas es irrelevante. El nivel de abstención no lo será. También será importante el debate televisado de esta noche entre Macron, que como orador es bastante flojo, y Le Pen que está aprendiendo a hablar sin mirar papeles. Pero incluso en la peor de las configuraciones para Macron, éste lleva una ventaja de 20 puntos a Le Pen, cuya victoria el domingo es prácticamente imposible.
Apabullante campaña mediática Por si acaso, los medios de comunicación bombardean de una forma inusitada. Ayer, en el quiosco estaban alineados, uno al lado del otro, los siete principales semanarios de Francia: todos llevaban la foto de Macron en portada. Todos con titulares favorables al candidato excepto uno (Valeurs actuelles), el menos leído, que se anuncia como, "el único semanario favorable a Marine Le Pen". Y al lado de los semanarios, los diarios. Uno de ellos, Liberation, dedicaba toda su portada a una foto de Marine le Pen, con el titular, "No".  Les Echos, el diario de los negocios, también ponía a Le Pen en portada con el titular: "Proyecto FN, las empresas lanzan la señal de alarma". Y fuera del quiosco, lo mismo. Este era el menú de artículos ayer recomendados por el portal digital preferido por los periodistas (por orden de aparición): "El fotógrafo de Le Pen "like" el nazismo", "El único eslogan que vale es simple: Ni Le Pen, ni Le Pen","El domingo votaré por Europa y la tolerancia","La Croix (diario católico) vota Emmanuel Macron", "Gilles Kepel (experto en terrorismo): "La victoria de Marine Le Pen forma parte del proyecto yihadista". "De Gaulle. Su nieto se las tiene con Dupont-Aignan y el FN". "Yannis Varufakis: "Emmanuel Macron quiso salvar a Grecia, votad por él". "Las mentiras de Le Pen sobre el proyecto Macron".
Una presión apabullante. Utilidad discutible: el 71% de los franceses no considera independientes a los periodistas.
Fuente http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20170503/422234995327/francia-insumisa-se-abstendra.html

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