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lunes, 1 de agosto de 2016

No es cierto que salgamos de la crisis




Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid

En la pasada campaña electoral, PP y sus voceros pregonaron haber gobernado bien, que el paro disminuía gracias a sus ‘reformas’ y la economía iba viento en popa. Pero otra es la cruda realidad. Tal vez el PP y la ciudadanía vivan en dimensiones diferentes y no ven ni viven lo mismo.

Hace un año, Fernando Luengo nos recordaba, contra el coro laudatorio de economistas neoliberales, que no salíamos de la crisis. Aunque el producto interior bruto aumentara en 2014 un 1,4% y previsiones próximas apuntaran algún crecimiento. Pero endeble, ridículo. Aunque lo más importante, recordaba Luengo, es que la economía tal vez se movía (o arrastraba), pero la mayoría de población no se enteraba, no se recuperaba. El desempleo mantenía cotas históricas, casi todos los nuevos contratos son precarios y los salarios, bajos, muy bajos. Y nada ha cambiado para bien.

Es la trampa de las cifras macro-económicas, que poco tienen que ver con la realidad. Y ésta, implacable, muestra que la mayor parte de salarios se han estancado o disminuyen. Además de aparecer (y aumentar) los trabajadores pobres: los que no salen de la pobreza con empleo. Si se le puede llamar empleo. La precarización del empleo atribuible al PP ha provocado pobreza laboral generalizada. Según el Instituto Nacional de Estadística, algo más del 14% de trabajadores con empleo no superan el umbral de la pobreza. ¡Muy fuerte!

Las cifras de pobreza y desigualdad muestran que la presunta recuperación no llega a la gente. Porque la innegable realidad es que la crisis ha sido una ofensiva en toda regla de la minoría que detenta el poder económico contra la población. La ha empobrecido y privado de derechos esenciales, en exclusivo beneficio de las llamadas élites. El resto, música ambiental.

¿Qué ocurrió con los tres millones de empleos que el PP prometió? Agua de borrajas. Pero durante su gobierno sí se ha destruido el equivalente a 900.000 empleos, como documenta Enrique Negueruela. La Encuesta de Población Activa (EPA) oficial muestra que no hay recuperación real, como prueba que hoy se trabajen ¡33 millones de horas menos! La reforma laboral del PP ha destruido el equivalente a esos citados cientos de miles de puestos de trabajo a tiempo completo. Como demuestran esos millones de horas trabajadas menos. Además de que dos millones y medio de ocupados están subempleados en puestos de menor cualificación que la que poseen (cobrando menos, claro) o muchas menos horas de las necesarias para obtener un salario decente.

El paro bajó en mayo pasado casi 120.000 personas, dicen, pero fue la típica bajada primaveral, no por acción gubernamental alguna que fortalezca la economía productiva. Además de que los contratos indefinidos a jornada completa de los nuevos empleados no llegan a un ridículo 5%. Mientras el 92% (casi todos) son eventuales, temporales, precarios. Si eso es reducir el paro…

Y con tanto desempleado es vital saber qué ayudas reciben los parados, pues han de vivir. Y la cobertura a parados solo atiende al 53% de gentes sin trabajo. Es decir, un 47% de parados (casi la mitad) no recibe ayuda alguna.

Además de que son menos los desempleados que cobran prestación, menor es la que reciben, como documenta CCOO. En España hay casi dos millones de personas en paro excluidas del sistema de protección por desempleo (SEPE), según ese servicio, pero la EPA asegura que los desempleados sin ayuda son casi cuatro millones. El doble. Mucha gente. Los desempleados con subsidio apenas son la mitad de parados y las ayudas continúan bajando. El gasto para protección al desempleo en mayo bajó 10% respecto a 2015… y algo más del 40% respecto a 2012. Pero el paro de muy larga duración aumenta; según la EPA, ya es el 43%…

No hay motivo de alegría para la gente trabajadora ni esperanza de mejora en tiempo breve. La recuperación es una falacia. ¿Cuándo dejarán de mentir? Además de que lo que perpetra esta gente del PP va contra los principios y derechos propios de una sociedad civilizada y justa. Principios indiscutibles o reina la barbarie.

Principios como que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Que todo individuo tiene derecho a la vida. Y, para asegurar ese derecho a la vida, tiene derecho a la seguridad social y satisfacer sus derechos económicos. Por lo que toda persona tiene derecho a la protección contra el desempleo.

¿Qué parte de esos derechos no entienden esos neoliberales?

Fuente: ATTAC Madrid

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

domingo, 29 de mayo de 2016

Las revueltas sindicales en Francia ponen en cuestión el futuro de Hollande



Las revueltas sindicales, como esta manifestación de este jueves en Marsella, acorralan al presidente François Hollande
Las revueltas sindicales, como esta manifestación de este jueves en Marsella, acorralan al presidente François Hollande FRANCK PENNANT/ASSOCIATED PRESS

Las revueltas sindicales en Francia ponen en cuestión el futuro de Hollande
Las huelgas y los bloqueos de refinerías de petróleo someten al presidente Hollande a su crisis más complicada: ningún gobierno socialista había sufrido una rebelión sindical así en 30 años
"Si recurre a la Policía, solo satisfará a los de derechas que de todas formas no lo votarían. Si da marcha atrás en la reforma laboral, los de izquierdas tampoco lo votarán", valora un politólogo
Hollande podría no presentarse a la reelección, aunque en más de 50 años no ha habido ningún presidente que no optara a un segundo mandato


theguardian

ANGELIQUE CHRISAFIS - París

Mientras el humo de neumáticos ardiendo se eleva en los piquetes de refinerías de petróleo francesas, los motoristas hacen colas kilométricas para abastecerse, con miedo, de gasolina racionada, y los conductores de tren y los trabajadores nucleares se preparan para hacer huelga. Con las elecciones presidenciales francesas de 2017 cada vez más cerca, el presidente socialista François Hollande afronta su crisis más complicada y explosiva hasta el momento.

No solo está en juego la supervivencia política de Hollande, sino la propia imagen de Francia. El país se prepara para acoger a dos millones de visitantes en la Eurocopa 2016 dentro de dos semanas, y el telón de fondo no es el ideal: huelgas y temor a una escasez de combustibles, posibles parones de transporte, amenaza terrorista, estado de emergencia y un ambiente de tensión agudizada y violencia entre manifestantes y policías.

Hollande, el líder menos popular en la historia de la Francia moderna, con índices de aprobación que, según varias encuestas, se reducen a entre el 13% y el 20%, no parece poder caer mucho más abajo. Pero en realidad se está aferrando, con los nudillos blancos, al borde de un precipicio.

Se suponía que el socialista pasaría mayo y junio tanteando el terreno para una posible presentación a la reelección repitiendo su nuevo mantra: "las cosas están mejorando", a pesar de que más del 70% de los franceses no cree que eso sea cierto.

Francia afronta una revuelta sindical explosiva por las polémicas reformas laborales de Hollande. El presidente asediado ha presentado esas modificaciones como una relajación esencial de las protecciones laborales de Francia, famosas por su rigidez, para reducir burocracia y cambiar ligeramente algunas de las normas más engorrosas que impiden a las empresas contratar. Argumenta que esto haría a Francia más competitiva y permitiría lidiar con el desempleo, que supera el 10%. Pero después de más de dos meses de manifestaciones callejeras contra los cambios laborales, el sindicato de izquierdas CGT ha elevado radicalmente su estrategia y ahora intenta cortar el suministro de combustible en el país para obligar a Hollande a abandonar las reformas.

Desde el extranjero podría parecer que las escenas de trabajadores franceses del petróleo en huelga y agitando banderas alrededor de un piquete son una imagen habitual, pero en realidad no lo son. En la última década, los altercados por huelgas y las apuestas arriesgadas de los sindicatos habían dado paso a una mayor tendencia a la negociación sindical sobre la mesa.

Los antidisturbios se enfrentaron este jueves en París a los manifestantes que protestan contra la reforma laboral de Hollande, que pretende dar más flexibilidad a las empresas.
Los antidisturbios se enfrentaron este jueves en París a los manifestantes que protestan contra la reforma laboral de Hollande, que pretende dar más flexibilidad a las empresas. FRANÇOIS MORI/ASSOCIATED PRESS
Es verdad que el expresidente de derechas Nicolas Sarkozy también sufrió bloqueos de refinerías de petróleo por sus reformas de las pensiones en 2010. Pero la diferencia crucial de ahora es que Hollande es un presidente de izquierdas al que se están oponiendo sindicalistas de izquierdas. Es la primera vez que un gobierno francés socialista afronta una rebelión sindical a nivel nacional en más de 30 años.

Francia está ahora bloqueada en un callejón sin salida. El Gobierno dice que no retirará la ley. Pero la CGT tampoco retrocederá, y tiene poco que perder al mantener el bloqueo del combustible.

"Hollande está en una trampa, haga lo que haga", valora Pierre Mathiot, profesor de ciencia política en la universidad Sciences Po de Lille. "Si opta por la postura autoritaria estricta, como hizo Sarkozy, y utiliza a la Policía para obligar a abrir las refinerías, enfadará a su base de izquierdas y solo satisfará a los de derechas que de todas formas no lo votarían el año que viene. Si se rinde y da marcha atrás en la legislación laboral, los de izquierdas tampoco lo votarán. Nada de lo que haga tendrá ningún beneficio político; ese es el problema".

No está claro si Hollande volverá a presentarse a presidente. Lo decidirá este año. El anuncio de esta semana de que las cifras de desempleo se han reducido dos meses seguidos es una buena noticia para él. Pero buena parte de su base de votantes de izquierdas se siente cada vez más alejada de quien fue un político del consenso, que llamaba "enemigo" al mundo financiero hasta que, una vez en el poder, se desplazó a una posición más afín a los empresarios.

El dilema de Hollande sobre si presentarse o no a la reelección podría ser un punto de inflexión histórico. En más de 50 años, no ha habido nunca un presidente francés en el cargo que decidiera no volver a presentarse tras un primer mandato. Tampoco ha habido nunca un presidente en el cargo que fuese eliminado en la primera ronda de unas elecciones presidenciales. Hollande podría ser pionero en una de esas dos cosas: algunas encuestas ya señalan que podría ser abatido en la primera ronda en 2017 por Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional.

Es una ironía del conflicto actual que los planes económicos de referentes conocidos como Alain Juppé, que competirá para representar a la derecha convencional en 2017, están mucho más orientados a las empresas y al libre mercado que aquellos por los que Hollande está siendo ahora atacado.

El presidente espera que, al final, la decadencia de su popularidad cuente menos en la carrera presidencial del próximo año que el despliegue de una llamada al acercamiento de los izquierdistas que lo han abandonado: "Votadme otra vez, o los ogros de la derecha, mucho más peligrosos, volverán".

Traducción de  Jaime Sevilla Lorenzo

Fuente: eldiario.es

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