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sábado, 5 de noviembre de 2016

El sexo de Rajoy




 ANÍBAL MALVAR

BIOGRAFÍA
Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su última novela es "La balada de los miserables" (Akal, 2012) 




Le secret d´ennuyer est celui de tout dire. “El secreto de aburrir consiste en contarlo todo”, decía Voltaire. Y Mariano Rajoy, no lo olvidemos, siempre ha presumido de ser un hombre muy aburrido. Esta semana nos acaba de aburrir con un diseño de Gobierno que convierte en hilillos de plastilina sus propias ansias de regeneración. Se conoce que las ansias de degeneración ya las ha matado todas. De aburrimiento, supongo. Y tengo entendido –por propia experiencia– que aburrir al diablo es difícil.

Los periódicos de la semana también vienen cargados de ennui y de spleen diciendo todos lo mismo. Que el gobierno es el gobierno y por lo tanto está bien. Que vamos a ver qué pasa más allá del plasma.
El País arrancaba su editorial de este viernes sobre la nueva composición de gobierno señalando que “Mariano Rajoy no ha dejado de ser Mariano Rajoy“. En ABC, el director Bieito Rubido apostilla que “el nuevo gobierno se parece mucho a Mariano. Es Rajoy en estado puro”. En el mismo diario, el columnista Jaime González acierta al señalar que MR “es de una previsibilidad imprevisible”; Terstch: “Estamos en casa de don Mariano y no es cuestión de revolver en exceso”; Ignacio Camacho: “Sin sorpresas, sin brillo, sin estridencias. Un gabinete lampedusiano”.


Sin novedad en El Mundo, mi general. Más de lo mismo. Federico Jiménez Losantos infiere que “muchos creyeron que, efectivamente, Rajoy iba a cambiar. Pues bien, ayer dejó claro que no le da la pontevedrísima gana. Por no cambiar, Mariano ni siquiera ha mejorado la situación de los leales y las eficaces. Rajoy sigue, nada cambia”. Y el editorial del diario de la bola termina señalando que “una vez más, Mariano Rajoy ha vuelto a ser Mariano Rajoy”.

Lucía Méndez, siempre algo menos pelota, critica en el mismo plan que “Rajoy ha llevado a cabo unos retoques de chapa y pintura. El presidente ha renunciado a la renovación en aras de su tranquilidad, que para él es un asunto decisivo como persona y también como líder político”. Manuel Hidalgo pone cara de crítico perezoso ante tanto plano fijo: “Ya hay gobierno, del que hubiera tenido ganas de escribir –o no– si fuera nuevo”.

Y La Razón lo resumía todo en un solo y certero titular. “La era II del marianismo”.


Rajoy ni siquiera es capaz de entusiasmar a aquellos que pusieron todo su entusiasmo en que volviera a jurar ante el rey su Santa Gadea en pantuflas. Si la política fuera sexo, Rajoy sería una ameba: solo se reproduce consigo mismo. Onán, a su lado, no pasaba de ser una mismidad con derecho a roce.

Los matices de ‘El País’

Si nos vamos a los matices, al diario El País, tras su cruzada para que Rajoy lavara sus gúrteles, sus taulas y sus luises sed fuertes, se le ha quedado cara de Antonio Hernando. Tras el no es sí, en su editorial del día V intentaban ponerle mala cara a los buenos tiempos (que ellos mismos han desnublado). Señalan los escribas de Juan Luis Cebrián que es este “un gobierno que permite dudar del espíritu reformista del presidente”. ¡Rick, en este antro se juega! El espíritu reformista de Rajoy, en estos últimos tiempos, ha deslumbrado a más de uno. Nunca tales vientos de libertad y regeneración azotaron España como en estos diez meses de discurso marianista. Qué revolución, qué promesas, qué ansias de libertad insuflaba por doquier el Byron de Pontevedra. Si hasta Pablo Iglesias parecía Arias Navarro al lado del Che Rajoy. Y ahora, qué tremenda e inesperada desilusión. Se conoce que, como nos sucedía al 99% de los españoles sin estudios, El País ansiaba que Rajoy nombrara ministro de Cultura a Slavoj Zizek.

Empieza una etapa divertida en El País. Idéntica a la del PSOE: recuperar al lector/votante socialista después de haber encumbrado como inevitable a un heredero directo de Francisco Franco: “Hijo, haz como yo y no te metas en política”, recomendaba el dictador a sus defenestrados.

Arreciarán desde El País –a partir de ya– críticas a Rajoy tan feroces (miau) como las de este viernes: “Las grandes reformas de España tendrán que seguir esperando”. Se entera ahora Cebrián. Le voy a tener que pasar el teléfono de un par de periodistas.

Con tan grande virulencia, no me extrañaría que a El País le aplicaran la ley mordaza. Como ya están haciendo miles de suscriptores, que en estas semanas se han dado de baja del diario.

Antonio Caño, el director, ni siquiera le ha concedido a Rajoy los cien días de cortesía que traen de garantía las presidencias recién estrenadas. Será que los cien días de cortesía, y algunos más, ya se los había concedido El País antes de la investidura. Si la carita de Antonio Hernando es un poema, la de Caño es solo un ripio.

Espinar, el Espinete

El pobre Ramón Espinar sufre estos días el despiadado ataque de la prensa. Y con razón. Coño, tío. Que no hiciste nada malo, salvo mentir. Lo que hiciste con tu piso no fue bonito ni feo, ni especulación ni choriceo, ni tenías un millón de euros abandonado en una maleta encima del armario por los habituales despistes de los operarios de Ikea. Pero si se trata de asaltar los cielos, mejor no decir mentirijillas, que te quedas en el purgatorio.

David Gistau, ese verso libre de la derecha ilustrada, lo ha explicado demasiado bien esta semana en ABC. Transcribo a trozos el artículo, espero que sin manipular ni herir el estilo del autor: “Hay que entender que Podemos es una obra de ficción y que sus miembros no son personas, sino personajes. En Podemos, nada está pensado para ser confrontado con la realidad. Ni sus doctrinas, ni sus fórmulas y mucho menos sus personas. Todo queda justificado por las licencias que se toman las obras de ficción. Mientras la máquina de la autoindulgencia preserva a sus personajes, el ser humano, el actor, trapichea por veinte mil euros. Esto, un personaje de Podemos no lo haría jamás. Pero, ¿y el hombre que sustenta el arquetipo? Ah, ese es víctima de la condición humana”. Te han clavao, Ramón Espinar. Te han clavao. El personaje Ramón Espinete, amigo de los sintecho, nunca hubiera mentido. ¿Por qué manchar a tu propio partido con un trapo que ni siquiera estaba sucio?

‘Patxi’ Hernando

Hoy Patxi López se nos lanza a El País en una carta, mientras El País lo postula, quid pro quo, como futuro secretario general del PSOE. El artículo del ex lehendakari lo podría haber escrito el mismísimo Antonio Hernando, ese al que se le ha reducido el retrato a unas gafas rotas de pasta azul. Nos dice López: “Hoy las ideologías están más vivas que nunca y, desde la izquierda, tenemos la obligación de enfrentarnos a todos los dogmas que desde el neoliberalismo nos están imponiendo como si fueran no solo verdades absolutas, sino el único camino posible”. Esto suena muy bien, pero desafina un poco en la garganta de quien se acaba de abstener para dar el gobierno a Rajoy sé fuerte; a de De Guindos y sus Lehman Brothers; a Montoro y su amnistía fiscal a Rato y demás evasores; a esa Cospedal que reparte sueldos en diferido…

O sea, Patxi, que Cebrián te ha enseñado un cartel que ponía Aceros inoxidables… Y le has contestado: “Oye, tú. ¿Nos hacemos?”.

FUENTE:  PÚBLICO.ES

sábado, 29 de octubre de 2016

Prensa digital, perversora de lectores


Aníbal Malvar


Prosigue El País esta semana con la delicada tarea de convencernos de que el PSOE ha rendido servicio a España postrándose a los pies del partido político más corrupto de Europa. Hasta el punto de que este viernes, tras la primera sesión de investidura, nos amanecía asegurando en su titular principal de portada que “Rajoy hace la primera cesión al PSOE y retira la reválida”. La pena es que, hace apenas una semana, la diputada ciudadana Marta Martín ya nos explicaba en el Congreso que habían llegado a un acuerdo con el PP que garantizaba que “la reválida no tendría carácter académico y la titulación no dependería o no de esa prueba diagnóstica final”. Cito desde El País, de un artículo firmado por el periodista Juan José Mateo y publicado este 21 de octubre. Mañana leeremos en el periódico de Felipe González y Juan Luis Cebrián que el PP se humilla ante las exigencias del PSOE y atrasará este domingo los relojes para que la gestora tenga más tiempo de llorar, como Boabdil, la entrega de la Moncloa.

Me dicen mis amigos y enemigos que últimamente estoy atizándole mucho a El País, y yo les respondo que no: que es El País el que está atizándonos a nosotros. Con manipulaciones tan infectas que, si se tratara de un restaurante, no pasaría la más leve inspección de sanidad.

Ese mismo ayer del titular de la reválida, para más coña, el escritor y diplomático Carles Casajuana nos ilustraba sobre los efectos perniciosos sobre la sociedad de eso que llamamos periódicos digitales, que son los que escribimos con los dedos y no con el corazón en Panamá. Qué poco románticos.

Nos advertía sin demasiada diplomacia Casajuana contra “la proliferación actual de periódicos digitales gratuitos, el protagonismo de las redes sociales y la caída del nivel de calidad de la información periodística a caballo de las nuevas tecnologías”.

Continuaba explicando el atribulado autor que “antes, el mundo de la información era vertical: la autoridad de los grandes medios de comunicación marcaba la pauta. Ahora, es horizontal. Se ha democratizado, y los lectores, armados con sus móviles y sus ordenadores portátiles, pueden hacer frente al poder de los medios de comunicación. Sobre el papel, esto es positivo, pero el resultado práctico es que la calidad de la información se deteriora y que la prensa cada vez tiene más dificultades para desempeñar el papel de fiscalización de los poderes establecidos y de articulación del debate público que le corresponde en una sociedad democrática. Sin una información fiable, sin unos hechos básicos que no sean objeto de distorsión y de disputa, la libertad de opinión opera en falso y la democracia se degrada”. Qué miedo.

Un día antes de leer estas deliciosas prosas, el juzgado número 2 de Madrid había condenado al periódico de Prisa a rectificar una información en la que acusaban al colectivo madrileño Distrito 14 de ser “un grupo de jóvenes violentos” disfrazados de monjitas “en defensa de los pobres y desahuciados” para perpetrar sus fechorías. Les atribuía el diario las hazañas de haber reventado la dentadura a una chica y de haber apuñalado a un joven durante una manifestación. Todo falso, Casajuana. Todo ensuciado de adjetivos para dañar al equipo de Manuela Carmena, pues en su momento defendió el pacifismo y buen hacer de los chavales.

Por seguir con el tema de la “información fiable” que Casajuana solo encuentra en el papel, al lado de su brillante página de denuncia escribía Javier Ayuso –ex portavoz de la Casa del Rey metido a opinador demócrata— un muy objetivo artículo en el que fantaseaba con la imagen de un ujier del Congreso acercándose este sábado al escaño de Pablo Iglesias: “Señoría, han llegado los manifestantes”.

El resto del relato es algo menos ingenioso (ese día Ayuso no repasó a Oscar Wilde), pero no exento de ese rigor con el que el papel tiñe su periodismo de datos: “Una vez fuera, el grupo encabezado por Pablo Iglesias y Alberto Garzón se acercará a la Plaza de Neptuno y saludará a no se sabe quién. La protesta (bajo el lema de “ante el golpe de la mafia, democracia; no a una investidura ilegítima”), ha sido convocada por la Coordinadora 25-S, que incluye a diversos grupos sociales y políticos (incluidos Bildu e Izquierda Castellana) y aunque no conste el apoyo de Podemos, cuenta con su simpatía como han declarado sus líderes”.

No desentona este artículo de El País con cualquier otro de nuestra fidedigna y cabal prensa ultramontana. Por ejemplo, Luis Ventoso en un ABC de esta semana de cuya fecha no quiero acordarme: “En las acampadas de Sol no veías a parados con hijos al cargo, los grandes sufridores. Los que mayormente poblaban las tiendas Quechua eran estudiantes burgueses, muchos pegados con Súper Glue al mullido sofá paterno”.

Dejen ustedes de leer esta bazofia digital y bájense al kiosko a comprar los periódicos de papel. Da igual uno que otro. Todos les ofrecerán un antídoto para que dejen ustedes de votar a tontas y a locas, con datos y opiniones fiables, y con una independencia fuera de toda duda. Quod erat demonstrandum, que es que sois una banda.

Aníbal Malvar
Fuente: Público.es

viernes, 28 de octubre de 2016

Continúa la mentira y la manipulación de ‘El País’ en la cobertura de Unidos Podemos



Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

El miércoles pasado por la noche envié un artículo a Público que se publicó al día siguiente, haciendo una crítica y denuncia del partidismo sectario de El País (“El desvergonzado partidismo y sectarismo de El País”, Público, 20.10.16), mostrando ejemplos de la falta de profesionalidad y clara violación de las más mínimas reglas de decencia y ética periodísticas que aparecieron en su cobertura de Podemos durante la campaña electoral de 2015, y de Unidos Podemos en la de 2016. Tal rotativo no tiene límites en su hostilidad hacia estas fuerzas políticas, actuando como mero instrumento de los barones del PSOE, tales como los Sres. Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, que son miembros del Consejo Editorial de dicho rotativo.

Tras enviar el artículo, que se publicó al día siguiente, jueves, vi en las noticias de la noche por televisión que un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid había interrumpido un conferencia patrocinada por El País en dicha universidad, en la que se iban a realizar dos intervenciones, una del Sr. Felipe González, ex presidente del gobierno español, y la otra del Sr. Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa y editor de El País. Al leer las noticias de tal rotativo, así como su editorial y artículos al día siguiente, vi, una vez más, la manipulación, las mentiras y la mala leche que están caracterizando a los editoriales de El País (así como a las noticias) sobre Podemos, alcanzando ya unos niveles que deberían ser objeto de denuncia en las comisiones de ética profesional de los Colegios de Periodistas. Nunca antes El País había alcanzado el nivel de mezquindad y falta de profesionalidad que está mostrando estos días.

Ni que decir tiene que el acto de interrupción de la conferencia de los Sres. González y Cebrián por parte de los estudiantes ha generado un rechazo general, liderado por El País, rechazo que este rotativo ha intentado utilizar para acusar a Podemos, y muy en particular a su Secretario General, el Sr. Pablo Iglesias, de estar detrás de aquel acto, acusación realizada en el editorial “A golpes con la libertad” (20.10.16), así como en el reportaje de lo sucedido. Y, predeciblemente, la mayoría de medios han sumado su voz a esta condena de los estudiantes que forzaron la clausura del acto, alegando que con su intento (que fue exitoso) estaban violando la libertad de expresión, acusando a Podemos de haber organizado o estimulado dicha acción.

La condenable violencia de los estudiantes

En esta denuncia a los estudiantes de la UAM falta, sin embargo, hacer una distinción. El hecho de que los estudiantes utilizaran la violencia merece ser denunciado, siendo necesario que se exprese un desacuerdo con las formas escogidas por tales estudiantes en su protesta, desacuerdo que, por cierto, han mostrado todos los dirigentes de Podemos entrevistados, incluyendo (en contra de lo que escribió El País) Pablo Iglesias. Escuchen sus declaraciones y verán claramente que El País miente (cuando escribió que Pablo Iglesias no había desaprobado la fuerza utilizada por los estudiantes para interrumpir el acto). Escuchen sus declaraciones y verán que sí que expreso su desacuerdo. Las fuerzas progresistas tienen que darse cuenta de que utilizar la violencia en una manifestación política es un gran error, pues siempre será utilizada por el adversario en su contra, debilitando enormemente a la causa que se defiende. El mejor ejemplo de ello fue ETA, que debido a su estrategia de violencia utilizada durante el periodo democrático retrasó enormemente el desarrollo de su causa. Las protestas tienen que ser no violentas para ser efectivas. Utilizarla es sumamente negativo y reaccionario. No veo, pues, criticable que se realizara una denuncia del uso de la violencia por parte de los estudiantes, ya fuera esta denuncia de forma explícita o implícita, expresando un desacuerdo, tal como hizo Pablo Iglesias.

No ha habido denuncia de la violencia mediática de El País y la gran mayoría de medios de información españoles

Pero hay muchas maneras de ejercer la violencia, y El País, con su constante hostilidad hacia Pablo Iglesias y hacia Podemos, está ejerciendo una violencia mediática. De ahí que si bien los estudiantes tienen que ser criticados y denunciados por su violencia física, El País (y la mayoría de medios de información) también tiene que ser denunciado por la incitación al odio que constantemente aparece en sus páginas hacia aquellos a los que considera enemigos. ¿Cómo puede acusarse a Podemos de estar detrás de la violencia de aquel acto de los estudiantes, presentados como miembros o simpatizantes de ETA? Tal acusación a Pablo Iglesias es muy semejante a la acusación que hicieron los dirigentes y barones del PSOE a Podemos, acusándolo repetidamente, incluso en las Cortes Españolas, de apoyar a ese grupo terrorista. ¿No son estas acusaciones, hechas constantemente, una incitación a la violencia? Dicha acusación es una manipulación que tiene como objetivo destruir (y no hay otra manera de definirlo) a Podemos.

Pero la belicosidad de El País no se detiene ahí. En una comparación odiosa, equipara la acción de los estudiantes que golpearon las puertas del evento e hicieron ruido para imposibilitar el acto, con el golpe militar de la Guardia Civil (de Tejero), que paralizó una sesión de las Cortes Españolas. Además de exagerado, equiparar un grupo de estudiantes que no llevaban armas con secciones de la Guardia Civil y del Ejército que llevaron a cabo un intento de golpe de Estado, es intentar inflamar lo ocurrido para tomar ventajas políticas, manipulando en exceso el reportaje de un evento. Pero, por si no fuera poco, se acusa nada menos que al Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, en tal reportaje de ser el incitador de dicha violencia. Y como prueba de ello, se indica que los estudiantes revoltosos llevaban pancartas en las que se hacía referencia a la “cal viva” que Pablo Iglesias mencionó en su día en las Cortes Españolas en referencia al Sr. Felipe González; aludir a la utilización de tales pancartas como prueba de la complicidad de Pablo Iglesias en el acto es indigno y de una gran mezquindad. Por cierto, siempre que se hace referencia a esa cita, se ignora el contexto en el que se hizo tal acusación. Días antes de que Pablo Iglesias hiciera dicha acusación, Felipe González había acusado injustamente a Podemos de apoyar las acciones terroristas de ETA, acusación repetida por Pedro Sánchez en las Cortes Españolas, minutos antes de que le contestara Pablo Iglesias. ¿Por qué las acusaciones de los primeros no se citan, y sí en cambio las de Pablo Iglesias?

El constantemente violado derecho a la información

La gran amenaza a la democracia no es solo la violencia física, sino la violencia ejercida por los medios incitando al odio y a la agresividad contra figuras políticas y partidos políticos, tal como hacen la gran mayoría de los medios de información españoles, que más que de información son de persuasión y propaganda, siendo El País uno de ellos. Los estudiantes  tenían el derecho a protestar por la visita a la universidad de dos personajes políticos, incluyendo el presidente del grupo Prisa, uno de los mayores grupos de comunicación defensores de las políticas neoliberales promovidas por el establishment (tales como las políticas de austeridad que han ido desmontando el escasamente financiado Estado del Bienestar, y las reformas laborales que han reducido los salarios) que se han impuesto a la población por parte de los gobiernos Zapatero y Rajoy, y que han hecho tanto daño a las clases populares.

Es más, tenían también el derecho de protestar por la presencia del presidente de uno de los grupos de comunicación que más han contribuido a vetar la diversidad en sus medios, habiendo vetado a Manuel Rico, a Fernando Berlín, a Javier Aroca y a Ignacio Escolar, entre otros, impidiendo a todos sus trabajadores colaborar con los medios –eldiario.es, elconfidencial.com, La Sexta– que han sido críticos con el comportamiento empresarial del Sr. Cebrián, habiendo sido censurados y expulsados de sus medios.

Los medios, incluida la prensa, tienen una responsabilidad pública de la que deriva toda una serie de privilegios. Cuando no ejercen tal función pública y no ofrecen la variedad de sensibilidades ideológicas que existen en la sociedad, vetando a aquellos que tienen posiciones contrarias a las suyas propias, no pueden hablar de defensa de la libertad y de la democracia, pues son ellos los que las están violando. Durante la dictadura, los estudiantes abucheábamos a los directores de la prensa del régimen. Y hoy tenemos muy poca democracia (casi una dictadura mediática), y la falta de diversidad de los medios contribuye a ello. Los que son responsables de esta escasa diversidad, que violan sistemáticamente el derecho a estar informado, no se merecen ser considerados demócratas, y deben ser denunciados por su comportamiento antidemocrático.

La universidad debe ser un lugar de diálogo para aquellos que permiten el diálogo

La universidad es un lugar de diálogo para todos aquellos que defiendan y permitan dicho diálogo y la diversidad. No para aquellos que lo impiden y que se oponen a ello. Por mucho que le duela al grupo Prisa, el supuesto régimen dictatorial de Venezuela (como siempre lo presenta El País) tiene mayor diversidad ideológica en sus medios que España. En realidad, en un régimen que es presentado como una dictadura de izquierdas, la mayoría de medios de información son medios de clara sensibilidad de derechas, aunque hay también de izquierdas. No así en España, donde no hay prácticamente medios de información de izquierdas. Y El País ha estado impidiendo esta diversidad tanto en sus páginas como fuera de ellas. Ha estado machacando con una enorme agresividad a las voces críticas con el neoliberalismo imperante, sin permitir responder ni siquiera a los insultos. Y un tanto semejante ocurre en su cobertura mediática de las opciones políticas soberanistas en Catalunya (sean o no sean independentistas), publicando constantemente manipulaciones sobre tales opciones, sin nunca permitir voces contrarias. Que ahora el grupo Prisa pida respeto y diálogo es una desfachatez. Los estudiantes tenían el derecho a manifestarse y denunciar tal arrogancia, y hay que defender su derecho, a la vez que criticar su innecesaria violencia, que disminuyó el valor democrático de su acción. Como bien decía Bertolt Brecht, “la libertad de prensa es la libertad de sus propietarios, y se expresa en la negación de la libertad de todos los demás”. El Sr. Cebrián tiene poca autoridad moral para dar lecciones sobre la libertad de prensa en España. De ahí que la población tiene que recuperar el derecho a la información, y repito que me parece muy bien que los estudiantes protesten (sin violencia) evitando que a tales personajes se les permita hablar en los fórums académicos, a no ser que muestren con su comportamiento que ellos mismos permiten la palabra a aquellos que demonizan e insultan constantemente.

Una última observación

Parece que el amplio rechazo frente a la falta de profesionalidad que está mostrando El País en su hostil cobertura de Podemos está teniendo, por fin, algún impacto. Hace unos días (24 de octubre) El País publicó un artículo de un tal Víctor Lapuente en el que por primera vez se hablaba bien de Podemos (aunque no de Pablo Iglesias). Concluía el artículo señalando que el problema de tal partido era que está dirigido por Pablo Iglesias. La demonización de Pablo Iglesias será lo último que el establishment político-mediático de este país dejará de practicar, si es que algún día lo hace. Después de todo, tanta hostilidad hacia tal fuerza política y hacia su dirección es el intento desesperado de mantener un statu quo que es insostenible. Hoy, este statu quo se reproduce no solo por la represión física por parte de los aparatos represivos del Estado, sino también (y sobre todo) por la represión intelectual, ideológica y mediática llevada a cabo por la mayoría de la gran prensa escrita y la televisión, tanto pública como privada, que promueven el pensamiento conservador y neoliberal dominante (homologable en el abanico político europeo a la ultraderecha europea), hoy altamente cuestionado por fuerzas progresistas emergentes basadas en la periferia y en el centro del territorio español, que exigen otra España mucho más democrática, mucho más justa y solidaria, mucho menos corrupta, mucho más transparente y mucho más plural, que reconozca, dentro de esta diversidad, la plurinacionalidad del Estado español. Su desarrollo y expansión es lo que determina tanta hostilidad por parte del establishment político-mediático del país, que por primera vez desde que se inició el régimen de 1978 se encuentra amenazado.
Fuente: Público.es

jueves, 20 de octubre de 2016

El desvergonzado partidismo y sectarismo de ‘El País’




Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Bajo la dirección de Antonio Caño, que fue en su día el corresponsal de El País en EEUU (ver mi artículo “El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de El País”, Público, 24.02.14), el diario ha alcanzado unos niveles de partidismo derechista que no tienen nada que envidiar al partidismo exagerado que muestran rotativos como La Razón y el ABC, periódicos que representan muy bien la escasa calidad y manipulación que caracterizan a la derecha española (que en el espectro político actual en la Unión Europea correspondería a la ultraderecha). Ni que decir tiene que hay columnistas y colaboradores de gran valía en tal periódico, con orientación progresista. Pero, además de ser una pequeña minoría entre los colaboradores y articulistas de este medio, ahora guardan un silencio ensordecedor frente a dicho sectarismo, y falta de profesionalidad, lo que parece reflejar un temor a la disidencia en un ambiente profesional con escasísima diversidad intelectual donde se excluyen sistemáticamente posturas críticas con sensibilidad de izquierdas. El “anti-izquierdismo” de El País alcanza niveles semejantes al del Daily Telegraph en el Reino Unido, o al del Wall Street Journal en EEUU. Con su abusiva manipulación y vulgar estilo (generalizado en la cultura de mala leche que caracteriza a la derecha en este país), intenta destruir a aquel a quien El País considera que es su adversario (mejor dicho, y tal como lo proyecta tal rotativo, su enemigo). Permítanme varios ejemplos.

La excesiva utilización y manipulación de un inexistente antiamericanismo

El columnista Xavier Vidal-Folch, que escribe frecuentemente sobre temas económicos, firmó un artículo (“Última oportunidad”, El País, 26.09.16) a favor del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE en el que definió a los que se oponían a dicho tratado como “antiamericanos” (con lo cual quería decir antiestadounidenses, pues la mayoría de americanos viven en el sur y centro de las Américas, no en el norte), acompañando predeciblemente esta definición con toda una serie de insultos y sarcasmos que, por desgracia, son costumbre en este columnista (al cual, por cierto, solía leer en tiempos pasados, pero lo hago con menos frecuencia desde que su estilo y narrativa han cambiado bajo la nueva dirección del diario). Según tal definición de “antiamericanismo”, nos encontramos con que la mayoría del pueblo estadounidense, así como la mayoría de sindicatos de EEUU, además de los dos candidatos a la presidencia de EEUU, el Sr. Trump, candidato del Partido Republicano, y la Sra. Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, son, todos ellos, “antiamericanos”, pues todos ellos están en contra de tal tratado (la Sra. Clinton pasó de apoyarlo cuando fue Secretaria de Estado -equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores- del gobierno Obama, a distanciarse ahora durante la campaña electoral). Lo que este articulista está haciendo es lo que siempre han hecho las derechas de cualquier país, confundiendo al Estado con el país. De ahí que definan a los movimientos (por regla general de izquierdas) que se oponen a las políticas públicas promovidasy/o llevadas a cabo por el gobierno federal de EEUU como antiestadounidenses, aun cuando muchas de tales políticas públicas cuenten también con la oposición y desaprobación de la mayoría de la ciudadanía estadounidense.

En realidad, el desconocimiento de EEUU de tal columnista es sorprendente. En otro artículo reciente, “Nostalgia de Obama” (17.10.16), en alabanza del Presidente de EEUU indicaba que uno de sus méritos había sido poner fin “al militarismo imperial de Cuba” (cita directa del artículo), afirmación que se espera de los Eduardo Inda de este país, pero que considero lamentable leer en las páginas de El País. Cualquier observador, mínimamente objetivo, de la política exterior de Cuba, puede ver que su ayuda exterior no es en materia militar, sino en causas humanitarias (ayuda en las regiones del ébola en África, en el huracán en Haití, y en muchos otros lugares del mundo), ayuda que ha sido ejemplar, como es ampliamente reconocido, incluso por el propio Presidente Obama (cuyo Estado federal, por cierto, tiene bases militares por todo el mundo) y por el Secretario de Estado de EEUU, el Sr. Kerry. La cantidad y calidad de tal ayuda, con el compromiso ejemplar de los profesionales sanitarios que participan en ello, ha sido alabada extensamente, incluso por voces conservadoras capaces de ser objetivas.

La demonización de Pedro Sánchez (ahora) y de Pablo Iglesias (siempre)

Este tipo de comportamiento de sectarismo aparece también abusivamente en su cobertura del partido Podemos y de la coalición Unidos Podemos, y que ahora incluye también al hasta hace poco Secretario General del PSOE, el Sr. Pedro Sánchez. Sus reportajes tienen como objetivo no ya criticar, sino destruir a los dirigentes de partidos políticos que son considerados adversarios (perdón, enemigos). Uno de los últimos editoriales de El País sobre Pedro Sánchez (“Salvar al PSOE”, 29.09.16) alcanzaba unos niveles de insulto y sectarismo que se reproducen constantemente, en este rotativo y otros medios del Sr. Juan Luis Cebrián, en la cobertura del Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias. En aquel editorial se utilizan todo tipo de adjetivos insultantes, acusándole de no haber dimitido (antes de que lo hiciera), por haber sido, supuestamente, responsable de la caída de votos socialistas en Galicia y en el País Vasco. Esta personalización de responsabilidades, exigiendo la dimisión de Sánchez como consecuencia del descenso electoral del PSOE, contrasta con los editoriales que escriben a favor de la Sra. Susana Díaz, Presidenta del Gobierno Andaluz, bajo cuyo mandato el PSOE ha alcanzado el apoyo electoral (en porcentaje de votos) más bajo conocido en Andalucía.

En realidad, este retroceso del PSOE viene ya de muy lejos y se debe a su conversión al neoliberalismo, conversión que fue alentada y apoyada por el propio El País, uno de los rotativos españoles que ha promovido más intensamente esta ideología neoliberal, cuya aplicación por parte de sucesivos gobiernos españoles (gobierno Zapatero y gobierno Rajoy) ha sido sumamente perjudicial para el bienestar de las clases populares de este país. No es, pues, de extrañar que tales clases hayan ido abandonando su apoyo al PSOE. Las responsabilidades de tal retroceso electoral son muchas, incluyendo las del propio rotativo que sistemáticamente, en su campaña propagandística a favor de las políticas neoliberales promovidas por el establishment financiero-político y mediático europeo, excluye a economistas españoles de sus páginas de opinión que cuestionan la sabiduría convencional neoliberal que el diario promueve.

La mentira y manipulación como táctica del rotativo

Pero, por si el editorial citado anteriormente no fuera poco, el responsable de Opinión de El País, el Sr. José Ignacio Torreblanca (responsable de la exclusión de voces críticas en tal sección), escribió hace unos días un artículo en el que, de nuevo, insulta a aquellos que responsabilizan a los barones del PSOE, incluido Felipe González, de oponerse a la alianza PSOE-Podemos prefiriendo, en su lugar, la continuación del gobierno Rajoy. Torreblanca indica, como dicen los barones, que no hay alternativa posible a Rajoy, pues las izquierdas no suman ahora, ni sumaron en 2015, los escaños suficientes para permitir una alternativa de izquierdas. Concluye, pues, como también concluye el editorial de El País del mismo día, que Sánchez está llevando “al PSOE al abismo por la quimera de querer pactar con un Podemos que no quiere pactar con él” (el subrayado es mío) (ver el artículo “Quimeras“, El País, 29.09.16).

Este personaje está mintiendo (y él lo sabe), pues es a todas luces visible y público que Podemos, tanto en 2015 como en 2016, expresó su deseo de pactar con el PSOE. Fueron los barones del PSOE y el propio El País los que no quisieron, y solo permitieron que se abriera esta posibilidad una vez el PSOE pactara primero con Ciudadanos, estableciendo una dinámica que sabían a priori que sería muy difícil para Podemos poder aceptarla. El frente PSOE- Ciudadanos representaba una alianza hostil a la plurinacionalidad de España, defendida por Podemos, cuya estructura casi federal incluye fuerzas claramente opuestas a la visión uninacional de dicho frente. Es más, el pacto entre el PSOE y Ciudadanos mantenía elementos claves del neoliberalismo imperante. Si el PSOE hubiera estado interesado en explorar alternativas, lo lógico es que se hubiera sentado para pactar con Podemos, y no con Ciudadanos; y luego, conjuntamente, explorar alianzas con otros partidos.

Y lo mismo está ocurriendo ahora, en 2016. La diferencia en este momento es que una vez vistas las intenciones reales de Ciudadanos (que siempre incluyó gobernar con el PP), Pedro Sánchez estaba dispuesto a pactar con Unidos Podemos -UP- (lo cual tenía que haber hecho ya en 2015). Y Unidos Podemos había invitado a Pedro Sánchez a explorar una alternativa al gobierno Rajoy liderada por una alianza PSOE-UP. El País y sus portavoces sabían de ello (pues era pública la invitación de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez) y mienten a sabiendas. La alianza PSOE-Unidos Podemos podía haber conseguido el apoyo de los otros partidos que han indicado y expresado su deseo de que desplacen del gobierno al partido gobernante más corrupto de Europa. Pero El País jamás lo permitió. Con una actitud apostólica, digna de la mejor causa, mintió, manipuló, insultó e intentó destruir a los que el Sr. Cebrián considera sus enemigos (a los cuales, además, su diario define como anti España). Y a este comportamiento lo definen como democrático y defensor de la libertad de prensa, todo ello sumamente predecible.

Las manipuladoras encuestas de EL PAÍS

 Y semejante manipulación aparece también en las encuestas que periódicamente publica El País, haciendo siempre coincidir sus resultados con los deseados por la dirección del diario, confirmando sus tesis. En realidad, en el artículo que el director de la compañía que realiza las encuestas de El País (el Sr. Toharia) escribió acompañando la publicación de la última encuesta, este dejó cualquier atisbo de objetividad en su descripción de los resultados de la encuesta, saltando ya directamente a proponer los cambios políticos que también proponía la línea editorial, que coincide con la propuesta del aparato y barones (pero no de la militancia) del PSOE, representados, por cierto, por el Sr. Felipe González y el Sr. Rubalcaba, conocidos barones de este partido, que se sientan en el Consejo Editorial de El País (José Juan Toharia, “Tocado, pero no hundido”, El País, 16.10.16).

La obsesión enfermiza contra Pablo Iglesias

El País, como la mayoría de medios de información y persuasión españoles, tiene una obsesión enfermiza contra el Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias, que alcanza dimensiones delirantes en editoriales como el titulado “Iglesias desatado” (18.10.16), en el que se presenta la supuesta batalla entre Errejón (sobre quien El País había mentido indicando que deseaba desbancar a Iglesias como Secretario General) y Pablo Iglesias como si la hubiera ganado este último, habiendo abandonando de forma oportunista la socialdemocracia para convertirse al allendismo. Tengo que admitir que tuve que leer este editorial dos veces, pues me era difícil aceptar que el que escribió tal editorial pudiera ser tan ignorante, pues, por lo visto, desconocía que el gobierno de Unidad Popular (presidido por Allende), al cual tuve el enorme privilegio de asesorar, era socialdemócrata, intentando desarrollar el socialismo a través de la vía democrática, proyecto que el aparato del PSOE (pero no su militancia) habían y continúan abandonando.

Última observación: ¿hasta cuándo este silencio ensordecedor?

Para los que habíamos colaborado hace ya tiempo con El País y teníamos esperanzas de que podría ser un rotativo que rompiera con el enorme conservadurismo de los medios en España, nos entristece que se haya convertido en uno de sus mayores puntales, presentando, editorial tras editorial, y encuesta tras encuesta, el anti-izquierdismo que tipifica a la gran mayoría de los medios, convirtiendo España en una dictadura mediática. Y mientras, nos debemos preguntar ¿Hasta cuándo las voces auténticamente democráticas dentro del rotativo permanecerán calladas? ¿Cuándo romperán su silencio ensordecedor? Ya va siendo hora de que, de la misma manera que hubo periodistas e intelectuales durante la dictadura que protestaron por la manipulación de la prensa y televisión durante aquel régimen, existan ahora voces semejantes que protesten frente a la dictadura mediática que este país está sufriendo.

Una última nota. Las voces críticas, por desgracia, no tienen acceso a los grandes medios. De ahí que tenga que hacer el ruego de que el lector comprometido con la libertad de expresión necesaria pero no existente en este país, distribuya extensamente este artículo. Gracias.

Vicenç Navarro

Fuente: Público.es

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