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lunes, 3 de abril de 2017

¿Destruir Daesh?


por Thierry Meyssan

Mientras Washington multiplica las señales que confirman su intención de destruir el Emirato Islámico (Daesh), británicos y franceses –y tras ellos el conjunto de los europeos– se plantean un rumbo diferente. Londres y París parecen haber coordinado una ofensiva contra las ciudades sirias de Damasco y Hama para obligar al Ejército Árabe Sirio a concentrarse en su defensa, debilitando así la presencia de tropas del gobierno sirio alrededor de Raqqa. Los europeos esperan organizar la huida de los yihadistas hacia la frontera turca.

La reunión de la coalición anti-Daesh realizada en Washington el 22 y el 23 de marzo estuvo muy lejos de ser una muestra de unidad. En apariencia, los 68 miembros de esa coalición reafirmaron su voluntad de luchar contra esa organización terrorista. En realidad, lo que hicieron fue exponer sus profundas divergencias.

El secretario de Estado Rex Tillerson recordó a sus socios que el presidente Donald Trump se comprometió ante el Congreso de Estados Unidos a acabar con el Emirato Islámico (Daesh) y no a limitarse a reducirlo, como pretendía hacer la administración Obama. A la vez que hacía ese recordatorio, y sin aceptar discusiones, Tillerson puso a los demás miembros de la coalición ante hechos consumados.

Primer problema: si ya no se trata sólo de desplazar a los yihadistas sino realmente de liquidarlos, ¿cómo podrán los europeos, sobre todo los británicos, salvar a “sus” yihadistas?

El secretario de Estado Tillerson y el primer ministro iraquí Haider al-Abadi, presentaron un balance de la batalla de Mosul. A pesar de las muestras publicas de satisfacción, es evidente para todos los expertos que los combates por Mosul están llamados a durar aún por largos meses dado el hecho que en esa ciudad iraquí prácticamente cada familia tiene al menos uno de sus miembros enrolado en las fuerzas de Daesh.

En el plano militar, la situación en Raqqa es mucho más simple. En esa ciudad siria los yihadistas son extranjeros. La prioridad sería entonces comenzar por cortarles el aprovisionamiento y después separarlos de la población siria.

Segundo problema: el ejército de Estados Unidos debe obtener previamente la autorización del Congreso, y también la autorización de Damasco, para desplegarse en Siria. Los generales James Mattis –secretario de Defensa– y John Dunford –jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense– han tratado de convencer a los congresistas, pero nada garantiza que obtengan esa autorización. Habrá entonces que negociar con Damasco y, por tanto, aclarar cierto número de cosas.

A la pregunta de los europeos sobre lo que Washington haría con Raqqa después de la liberación de esa ciudad, Rex Tillerson respondió enigmáticamente que haría regresar la población desplazada o refugiada. Los europeos sacaron como conclusión que, dado que esa población es masivamente favorable al gobierno de Damasco, la intención de Washington sería devolver ese territorio a la República Árabe Siria.

Al hacer uso de la palabra, el ministro de Exteriores de Portugal, Augusto Santos Silva, señaló que esa proposición contradecía lo que se había decidido anteriormente. Y afirmó seguidamente que los europeos tiene el deber moral de continuar su esfuerzo por proteger a los refugiados que huyeron de la «dictadura sanguinaria». Eso da a entender que, después de ser liberada de los yihadistas, Raqqa no sería todavía una zona segura ya que el Ejército Árabe Siria sería peor que el Emirato Islámico (Daesh).

No es por casualidad que los europeos optaron por el representante de Portugal para hacer esta intervención. El actual secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue primer ministro de Portugal y tuvo a Santos Silva entre los miembros de su gobierno. El hoy secretario general de la ONU Antonio Guterres fue también presidente de la Internacional Socialista, organización totalemente controlada por las estadounidenses Hillary Clinton y Madeleine Albright. En otras palabras, Guterres es la nueva fachada en la ONU del embajador estadounidense Jeffrey Feltman –a cargo de los “Asuntos Políticos” en la organización internacional– y del clan belicista.

Tercer problema: Todos parecen de acuerdo para liberar Raqqa de Daesh, pero –según los europeos– no para restituirla a Damasco, de ahí las maniobras de Francia en el terreno.

Inmediatamente después del encuentro de Washington, los yihadistas atrincherados en Yobar –un barrio en la periferia de Damasco– iniciaron una ofensiva hacia el centro de la capital. Y los de la provincia de Hama emprendieron ataques contra aldeas aisladas. Quizás se trata para ellos de un intento desesperado por obtener un premio de consuelo en Astaná y Ginebra antes de que termine la partida. Pero es también posible que sea una estrategia coordinada por Londres con París.

En este último caso, seguramente veremos una gran operación de las potencias coloniales en Raqqa. Londres y París decidirían atacar Raqqa antes de que esté completamente cercada, propiciando así la huida de Daesh, o sea obligando a los yihadistas a desplazarse nuevamente y salvándolos con ello del exterminio. Daesh se replegaría entonces hacia la frontera turca y sería la fuerza que podría liquidar a los kurdos por cuenta de Recep Tayyip Erdogan.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria)
Thierry Meyssan
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Destruir Daesh?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 29 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195785.html

sábado, 26 de marzo de 2016

Daesh, historia de una palabra proscrita en el 'califato'



Milicianos del autodenominado Estado Islámico, en una imagen de archivo. REUTERS

Milicianos del autodenominado Estado Islámico, en una imagen de archivo. REUTERS



ISIS, ISIL, EI, IS... son varias las formas de referirse a este Ejército de yihadistas que controla parte de Siria e Irak y tiene a Oriente Próximo y a Europa atemorizados.
¿Por qué los líderes políticos rechazan llamarle Estado Islámico?



JAIRO VARGAS

@JairoExtre

MADRID.- El Estado Islámico nació en 1999 en Jordania. Aunque la organización terrorista todavía tenía que pasar por varios hitos, cambios de líderes, nombres y áreas de influencia. El grupo de combatientes inicial fue bautizado como Jamaa al-Tawhid wal-Jihad y estaba liderado por el yihadista jordano-palestino Abu Musab al Zarqawi.
Fue Al Zarqawi quién convirtió ese incipiente reducto de fundamentalistas armados, muchos veteranos yihadistas que batallaron contra los ejércitos soviéticos en Afganistán, en una filial de Al Qaeda. En el polvorín del conflicto afgano, primero, e iraquí, después, se fortalecieron y en 2004 ya pasaron a conocerse como Al Qaeda en Irak.

Abu Musab al Zarqawi, fallecido líder de Al Qaeda en Irak.
Abu Musab al Zarqawi, fallecido líder de Al Qaeda en Irak.


La muerte del Al Zarqawi en un bombardeo americano en 2006 marcaría el mayor giro de la organización. Abu Bakr al Baghdadi, quien hoy es el califa del autoproclamado Estado Islámico, se hizo con las riendas de la filial de Al Qaeda en Irak. No tardaría mucho en comenzar a romper vínculos con la hasta entonces mayor red terrorista mundial, impulsada por Osama bin Laden, que en ese momento ya lideraba el egipcio Aymán al Zawahiri.


Ese mismo año, el grupo terrorista de Al Baghdadi pasa a denominarse ISI, siglas en inglés de Estado Islámico de Irak. Su objetivo no era ser una célula terrorista más de Al Qaeda, sino consolidar un auténtico estado, con territorio real, regido por una interpretación radical de la ley islámica aprovechando el descontento social y el maltrato de las autoridades chiíes, impuestas por EEUU.
El estallido de la guerra en Siria, en 2011, fue la oportunidad perfecta de extender su ámbito de influencia. Oleadas de combatientes iraquíes del ISI llegaron al país de Al Asad y se hicieron con el control de una importante parte. En 2013, con el control de grandes ciudades sirias, ISI pasó a denominarse Estado Islámico de Irak y al Sham.
Al Sham define en árabe a un territorio histórico del califato que incluye también Líbano, Jordania y Palestina, conocido popularmente en inglés como el Levante islámico. Así fue cómo se acuñó el nombre de ISIL (Estado Islámico de Irak y Levante). Tras las conquistas en Siria y los avances en Irak, sobre todo con la toma de la ciudad de Mosul, Al Baghdadise erige como máximo líder religioso y político con un discurso grabado y difundido desde la mezquita de Mosul, en 2014. En ese momento rompe definitivamente los lazos con Al Qaeda y se declara califa soberano de los territorios controlados en Irak y Siria. Ya se llaman definitivamente Estado Islámico (EI), en árabe.



El autoproclamado califa del Estado Islámico, Abu Bakr al Baghdadi, durante su discurso en la mezquita de Mosul en 2014.

El autoproclamado califa del Estado Islámico, Abu Bakr al Baghdadi, durante su discurso en la mezquita de Mosul en 2014.

Daesh, las iniciales que forman un insulto

La autoproclamación de Al Baghdadi como jefe religioso y político supremo de un Estado Islámico desata el malestar entre otros países islamistas. Es entonces cuando comienza a popularizarse el término Daesh, acrónimo árabe del inicial nombre ISIL (Al Dawla al Islamiya al Iraq al Sham). Los primeros en acuñarlo como término despectivo para referirse al EI son las autoridades iraquíes, que mantienen una encarnizada lucha contra los terroristas y sufren severas derrotas.
Pero no son los únicos. Daesh, dependiendo del contexto, es una palabra en sí misma que engloba varios significados, según han explicado diferentes traductores. Una acepción hace referencia a "algo que aplastar o pisotear". También significa "intolerante" o "aquel que siembra la discordia". El término comenzó a utilizarse también entre la población civil del autoproclamado califato, y es conocida la preocupación del Estado Islámico por erradicarla del vocabulario popular. Latigazos y otros castigos ejemplares como la amputación de la legua son algunas de las penas que las autoridades del EI han llegado a imponer a quienes escuchaban pronunciar esa palabra.


Una manifestación en favor del Estado Islámico en una ciudad Siria.

Una manifestación en favor del Estado Islámico en una ciudad Siria.

La negativa a aceptar a una organización terrorista como soberana de un territorio, aunque sea así de facto, dio lugar a la campaña de desprestigio del EI, y tras la captación de yihadistas creciente en Europa y los ataques a varias ciudades del corazón de viejo continente, ha dado un salto en el plano político e internacional.
Fue tras los atentados de París de noviembre de 2015 cuando el presidente francés,François Hollande, se dirigió a una nación en shock para anunciar la "guerra contra el terrorismo del Daesh". "Es un acto de guerra cometido por el Daesh", dijo en televisión. Estado Islámico, nombre oficial acuñado por los terroristas, ha sido paulatinamente sustituido por el de Daesh.
El ministro del Interior español en funciones, Jorge Fernández Díaz, también se refiere públicamente a los yihadistas con este nombre. "El Daesh ha declarado la guerra a todo el mundo civilizado. El presidente (francés) ha dicho, y estamos todos de acuerdo, que no es una guerra de religiones. Los países musulmanes están sufriendo atentados terribles y no hay ningún continente en el que no haya países que han sido víctimas del Daesh. Es una guerra de la barbarie contra la civilización. Por eso está la coalición anti-Daesh prevé en función de sus capacidades y de acuerdo con la legalidad internacional y con el consenso en el ámbito de la UE...".
Desde la UE también es frecuente encontrar la palabra en informes y declaraciones institucionales y el término ISIS o Estado Islámico va desapareciendo de los titulares de prensa en favor del ofensivo. Como palabra de propaganda está funcionando, de ahí que varios diarios, sobre todo británicos, se nieguen a referirse a los militantes del califato como Daesh, precisamente porque es lo que recomiendan infinidad de Gobiernos.

Fuente: Público.es

miércoles, 6 de enero de 2016

Vuelta a los años treinta: Hitler, Daesh y Occidente



Russia Today

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Aunque se compara constantemente el Daesh [Estado Islámico] con los nazis, a menudo se olvida el verdadero paralelismo, la voluntad de Occidente de crear el fascismo para paralizar a Rusia.El reciente debate en la Cámara de los Comunes británica sobre bombardear Siria vio llover las comparaciones. “Daesh son los fascistas de nuestra época”, afirmó el diputado laborista  Dan Jarvis, “esta es la guerra fascista de nuestra generación”, opinó Sarah Wollaston, mientras que Hilary Benn ponía fin al debate afirmando que “nos enfrentamos a los fascistas” y “lo que sabemos de los fascistas es que hay que derrotarlos”.
Los paralelismos son reales: en efecto, la visión política del wahabismo (la ideología del Daesh, de al-Qaeda y del principal comprador de armas a Gran Bretaña, Arabia Saudí) tiene mucho en común con la de Hitler y Mussolini.
En esencia, el fascismo europeo fue una respuesta emocional a la humillación nacional a manos de las llamadas “Grandes potencias” (la derrota militar en caso de Alemania y la negación de los frutos de la victoria en el caso de Italia). Los fascistas echaron la culpa de esta humillación al “enemigo interno” cuya presencia estaba corrompiendo a la nación y minando su fuerza. y al que, por consiguiente, había que extirpar antes de que pudiera tener lugar el rejuvenecimiento. Todos conocemos el programa político que derivó de ello.
De forma similar, a finales de 1700 el imperio Otomano, que justo un siglo antes había estado “a las puertas de Viena”, entraba también en una fase de decadencia. Las destrezas militares europeas empezaban a ser casi inexpugnables y una serie de derrotas a manos de Rusia llevaron a muchos súbditos otomanos a preguntarse qué había detrás de su aparente debilidad.
Muhammad ibn Al-Wahhab, un predicador sunní radical del desierto de Nejd en el centro de Arabia les dio una respuesta: los musulmanes estaban siendo castigados por apartarse del verdadero Islam. En particular, la presencia de sectas rivales, como el sufismo y el chiísmo (las cuales, según él, ni siquiera eran en absoluto islámicas) estaba debilitando el poder musulmán. Solo eliminándolas del Califato (junto con todo aquel sunní que no estuviera de acuerdo) se podría restablecer su fortaleza.
Esta es la idea que motiva las incontables ejecuciones de yazidis, alauitas, cristianos y otros a manos de los actuales discípulos de ibn Al-Wahhab. Al igual que el fascismo, el wahabismo es una política de fuerza por medio de la purificación etnoideológica.
Pero esto no es toda la historia completa. Ni el fascismo ni el Daesh obtuvieron su fuerza únicamente del compromiso de sus combatientes, sino que el surgimiento de ambos está unido a la respuesta del mundo occidental a sus propias crisis económicas y geopolíticas.
En la década de 1930 las elites dirigentes británicas veían el fascismo con mucho mejores ojos de lo que nos habría hecho creer la afirmación de Hilary Benn de que “toda esta Cámara se alzó contra Hitler y Mussolini”. “¿Qué ha hecho Hitler de lo que nos podamos quejar razonablemente?”, preguntó el diputado conservador C. T. Culverwell en 1938, un año después de que la Luftwaffe devastara Guernica.
Tres años antes Mussolini había invadido Abisinia. Al enterarse de la próxima invasión el primer ministro laborista escribió a El Duce para informarle de que “Inglaterra es una dama. A una dama le agrada una acción vigorosa hecha por varón, pero le gusta que las cosas se hagan discretamente, no en público. Así que tenga mucho tacto y no tendremos objeciones”. Estas ideas no eran infrecuentes. Como indicó el historiador J.T. Murph, “era evidente que ningún gobierno en el mundo capitalista se estremeció de temor cuando llegó este nuevo poder (el fascismo). Los conservadores lo aclamaron regocijados y no había ningún tory que al tiempo que aprobaba el método de Hitler y Mussolini de tratar el "problema laboral" no tuviera confianza en que entre los bastidores de la diplomacia se podría llegar a un trato con el campeón antibolchevique".
Sir Stafford Cripps, embajador británico en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, observó acerca de los años entre guerras que “en todo este periodo el factor principal de la política europea fue la exitosa utilización por parte de Gran Bretaña [...] de varios gobiernos fascistas para controlar el poder y el peligro, y el auge del comunismo o socialismo". En particular, Hitler era considerado un baluarte en contra de la Unión Soviética y esa fue la razón por la que las elites británicas y estadounidenses le apoyaron en la década de 1930.
Y lo mismo ocurre también con el Daesh. Occidente y sus aliados regionales han sido los animadores, jefes y suministradores de armas de la insurgencia wahabí en Siria desde sus inicios, no a pesar de su naturaleza sectaria sino debido a ello. Un documento de 2012 de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos desclasificado recientemente reveló que el Pentágono conocía muy bien la naturaleza de las fuerzas a las que estaba apoyando e indicaba que “los salafistas [sic] , los Hermanos Musulmanes y AQI [al-Qaeda en Iraq, el precursor del Daesh] son las principales fuerzas que dirigen la insurgencia en Siria”.
El mismo informe predecía el establecimiento de un “principado salafista [wahabista]”, aunque señalaba que esto era “exactamente lo que quieren las potencias que apoyan a la oposición [definidas como “Occidente, los países y del Golfo y Turquía”]”. Por supuesto, en su momento no se reveló nada de esto (de la misma manera que Hitler tuvo al principio el apoyo del Daily Mail y del Daily Mirror, la prensa occidental todavía trataba de convencer al mundo de que los rebeldes sirios era valientes combatientes de la libertad, que luchaban por la democracia y la igualdad).
Sin embargo, el apoyo que recibió Hitler de Gran Bretaña no fue solo retórico. La London Stock Exchange Gazette [Gaceta de la Bolsa de Londres] indicaba en mayo de 1935 que “sin este país como cámara de compensación para los pagos y la capacidad de recurrir a créditos [...] Alemania no habría podido seguir adelante con sus planes […]. Una y otra vez Alemania ha faltado a sus obligaciones, públicas y privadas, pero ha seguido comprando lana, algodón, níquel, caucho y petróleo hasta cumplir con sus obligaciones y la financiación se ha hecho directa o indirectamente a través de Londres [...]”. De hecho, la financiación británica de la maquinaria de guerra nazi fue tan importante que el capitalista alemán y financiero nazi Hjalmar Schacht señaló después de la guerra que “si quiere llevar a juicio a los industriales que ayudaron a Alemania a armarse debe llevara juicio a sus propios industriales”.
De la misma manera Occidente ha financiado generosamente al Daesh. Solo Estados Unidos ha suministrado bastante más de 1.000 millones de dólares en apoyo militar a la insurgencia en Siria en forma de adiestramiento y armas, gran parte del cual ha acabado en manos del Daesh. En lo que se refiere a sus fuentes financieras, probablemente Londres ha desempeñado un papel particularmente significativo. Los senadores estadounidenses han llamado repetidamente la atención a [la multinacional británica de banca y servicios financieros] HSBC debido a su relación con la principal rama bancaria de al-Qaeda en Arabia Saudí, mientras que cuando el ministro francés de Finanzas Michel Sapin anunció el mes pasado una nueva ofensiva contra la financiación del terrorismo señaló a la City londinense y pidió al mundo que estuviera “vigilante” con Gran Bretaña dada su reputación. El que fuera líder del Partido Nacionalista Escocés Alex Salmond afirmó en el Parlamento que “siempre que se lo pido al primer ministro [cortar la financiación al Daesh] me responde que está sentado en un comité. Durante dos años no hemos oído nada. Se ha hecho poco o nada para interrumpir el flujo de fondos e identificar y frenar a las instituciones financieras sin las que el Daesh no habría podido levantar un dedo ni contra nosotros ni contra nadie más”.
Pero, ¿por qué? ¿Por qué Gran Bretaña tenía tanto interés en financiar a Hitler entonces y es tan reticente a tomar medidas enérgicas contra la financiación del Daesh hoy? Como hemos visto, se apoyó a los nazis al considerarlos un baluarte contra el comunismo y en particular una fuerza que se lanzó en contra de la Unión Soviética. Mientras tanto, Occidente ha considerado la insurgencia terrorista en Siria como un medio de paralizar a un Estado independiente con una política exterior y monetaria independiente (y en ese proceso, minar a sus aliados, Irán y, una vez más, Rusia). En ambos casos el objetivo primordial era Rusia y por extensión todo el proyecto geopolítico no occidental del que Rusia era y es una parte fundamental.
Si este es el caso, ¿qué lecciones podemos aprender de la experiencia de las décadas de 1930 y 1940? ¿Qué políticas debería llevara a cabo Rusia ante el fascismo/terrorismo patrocinado por Occidente?
La política antifascista de Rusia en la década de 1930 tenía tres aspectos, los tres correctos desde mi punto de vista y los tres nos ofrecen una lecciones claras para hoy.
En primer lugar, la URSS entendió claramente que el fascismo dependía del apoyo extranjero e intentó disuadir a Occidente de financiarlo. Se hicieron continuas propuestas a Francia y a Gran Bretaña de establecer una ‘gran alianza’. Se consideraba que especialmente Francia estaba “indecisa” en su compromiso con la Alemania fascista por razones evidentes, de modo que se hizo un esfuerzo particular para empujar a Francia a esa alianza, con diferentes grados de éxito (el pacto franco-soviético de 1935). Gran Bretaña era más una causa perdida, pero el espectáculo de rechazo continuo de una alianza antifascista por parte de Gran Bretaña al menos contribuyó a superar la retórica y sacar a la luz la verdadera actitud del gobierno británico hacia el fascismo. Actualmente esto se aplica tanto al terrorismo wahabí como se aplicaba entonces al fascismo.
En segundo lugar, si bien Rusia no pudo convencer a Occidente de que dejara de apoyar al fascismo, se puso en marcha para derrotarlo ella misma. Una vez que Alemania e Italia dejaron claro que no iban a respetar los acuerdos de no intervención acordados por la Liga de las Naciones respecto a la guerra civil española, la URSS se puso en marcha para aplastar ella misma el levantamiento fascista. De forma similar, en cuando quedó claro que Occidente no iba a respetar la soberanía siria, Rusia se puso en marcha para aplastar directamente la insurgencia wahabista.
Con todo, el verdadero golpe maestro de la diplomacia soviética en ese periodo (y el que en última instancia permitió a Rusia derrotar a Alemania) fue el Pacto Molotov-Ribbentrop*. Hacer algo que parecía impensable (un tratado de paz con Hitler) no solo dio tiempo a Rusia para prepararse para la guerra, sino que separó a Hitler de sus antiguos patronos británicos, franceses y estadounidenses. Garantizó que Rusia no lucharía sola cuando llegara el momento y que no lucharía contra un enemigo al que todavía apoyara Occidente.
No estoy defendiendo aquí un tratado de paz con el Daesh (aunque son loables los pasos dados por Rusia para dividir a los insurgentes y llevar a la mayor cantidad posible de ellos a una mesa de negociación), es demasiado tarde para ello. Sería como negociar un tratado de paz con Hitler en 1943. [El Pacto] Molotov-Ribbentrop se basaba en el principio de que había que romper la alianza entre el fascismo y Occidente, y de este modo, si no se podía sacar a Occidente del fascismo, habría que sacar al fascismo de Occidente.
De la misma manera, se debe romper la alianza entre el terrorismo wahabí y Occidente. En términos prácticos, se debe sacar de la órbita de Occidente a los principales Estados regionales patrocinadores del wahabismo (Arabia Saudí, los Estados del Golfo y Turquía). Obviamente es más fácil decirlo que hacerlo: Erdogan ha apostado por la OTAN y Arabia Saudí fue prácticamente una creación de Gran Bretaña. Si embargo, sus dirigentes no pueden ser ciegos ante el hecho de que no hay futuro en engancharse al carro de guerra en llamas de Occidente. En ese camino solo hay destrucción y cada día está más claro que Occidente está empujando a Turquía a primera línea en una conflagración cada vez mayor con Rusia. Esto no interesa a Turquía. El verdadero interés de los turcos y, de hecho, de los saudíes (como, en última instancia, de toda la humanidad) radica en volver a alinearse con el sur global y los BRICS en vez de seguir actuando como agentes de su destrucción: en cuanto se den cuenta de esto y vuelvan a adecuar su diplomacia acorde con ello, se acaban los juegos de guerra de Occidente.

* El Pacto de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, conocido coloquialmente como Pacto Ribbentrop-Mólotov, fue firmado entre la Alemania nazi y la Unión Soviética el 23 de agosto de 1939, nueve días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial   (N. de la t.)
Dan Glazebrook es un escritor político freelance que ha escrito para RT, Counterpunch, Z magazine, The Morning Star, The Guardian, The New Statesman, The Independent and Middle East Eye, entre otros. Su primer libro, Divide and Ruin: The West’s Imperial Strategy in an Age of Crisis, fue publicado por Liberation Media en octubre de 2013. Estaba compuesto por la colección de artículos escritos desde 2009 en adelante en los que examina las relaciones entre el colapso económico, el auge de los BRICS, la guerra contra Libia y Siria y la “austeridad”. Actualmente está investigando para un libro sobre el uso por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña de los escuadrones de la muerte sectarios contra Estados y movimientos independientes desde Irlanda del Norte y América Central en las décadas de 1970 y 1980 hasta Oriente Medio y África hoy en día.
Fuente: https://www.rt.com/op-edge/327008-daesh-hitler-west-help/

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