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lunes, 24 de octubre de 2016

Reino de España: Por salud democrática, hay que cerrar los CIE

CIE


Carlos Girbau 23/10/2016

La noche del martes, 18 de octubre, 39 personas encerradas en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) ubicado en Aluche,  Madrid, subían al tejado del edificio reclamando libertad. Once horas después terminaban la pacífica protesta para volver todos ellos de manera voluntaria al interior de esa “cárcel para extranjeros sin delito” que son los CIE. Dos días más tarde, la prensa se hizo eco de denuncias de palizas por parte de la policía. A día de hoy, ni médicos forenses, ni diputados de Unidos Podemos, ni concejales de Ahora Madrid ni miembros de asociaciones han podido acceder al interior del CIE para comprobar el estado de los inmigrantes internos. Ante esta situación, la mayoría de ellos han iniciado una huelga de hambre, mientras en las puertas del centro se suceden las concentraciones exigiendo su cierre y las denuncias a cargo de organizaciones como SOS Racismo ante los juzgados de Madrid.

¿Qué son los CIE?

Los centros de internamiento de extranjeros (CIE) son instalaciones de titularidad pública donde se encierra a aquellas personas que se encuentran en España de manera irregular, o sea, que no tienen permiso oficial para residir en el Reino. Tal situación permite al Estado devolverlos a su país de origen, por lo que, legalmente, los CIE constituyen  una especie de sala de espera en la que se mantiene recluidas (si bien no son oficialmente cárceles) a personas que van a deportadas. En los CIE los internos, por ley,  no pueden permanecer más de sesenta días, tras los cuales bien son declarados inexpulsables, es decir, no se les puede devolver a su lugar de origen, o bien, se les embarca en aviones para tal devolución.

En los CIE se priva de libertad de circulación por no poseer papeles de residencia, lo que representa una falta administrativa, pero no un delito. Aunque algunas de las personas retenidas en estos centros poseen antecedentes penales o condenas cortas que son computadas por la expulsión, la clara mayoría de quienes se hallan en ellos están faltos de libertad y con menos derechos que la población reclusa por una simple falta administrativa.

¿”Funcionan” los CIE?

Más allá de la evidente violación de los Derechos Humanos, reconocidos y asumidos por España, que representan los CIE y que se pretende atenuar cínicamente con la formalidad legal de que al no ser “españoles”, ciertos derechos no se aplican como se hace para el resto de la ciudadanía, debemos concluir que estos centros no funcionan para el fin que fueron creados: la expulsión de personas irregulares.

Como recoge un reportaje de eldiario. es: En 2015, el Estado no consiguió deportar al 59% de las 6.390 personas encerradas en los CIE. Son datos de un informe registrado por la defensora del Pueblo. Es decir, se agota el plazo y el Gobierno no es capaz de cumplir el objetivo por el que el CIE tiene sentido desde la lógica de su política migratoria. En el caso del CIE de Las Palmas, no se expulsó ni al 3% de las personas internadas en 2015; en el de Zona Franca en Barcelona los casos de personas "inexpulsables" ascendieron al 72,22%.

Esta situación supone la vuelta a la calle de un porcentaje elevado de inmigrantes internos a los que se les ordena que abandonen el país por sus propios medios, condenándolos a una “muerte legal” de la que resulta muy complicado salir. Estas personas, totalmente desprotegidas y temerosas de volver a ser internadas, deben recurrir  a la economía sumergida para sobrevivir y ven negada su posibilidad de tener desde teléfono a médico, pasando por una vivienda; nada puede estar a su nombre, puesto que no existe un papel legal que les reconozca (para otra cosa que su expulsión) más allá de instituciones como la policía y los tribunales. Únicamente y si logran demostrar arraigo según las condiciones establecidas por la Ley de Extranjería, podrán quedarse legalmente, algo que representa una misión casi imposible.

Fuente de abusos

Las reiteradas denuncias de internos y asociaciones, la última de Jueces para la Democracia, exigiendo el cierre de los CIE por su incapacidad como espacios para garantizar los mínimos derechos de los internos o los sucesos de Aluche, como antes los de los CIE de Valencia o Barcelona, demuestran el abuso y arbitrariedad que el sistema genera a través de tales centros. Al entrar en los mismos, los internos pierden su nombre, que es sustituido por un número; existe falta de higiene y hay dificultades, cuando no imposibilidad, de acceder a fármacos por parte de enfermos crónicos.

Mención aparte merece la eventualidad de que las personas internas soliciten asilo. Estas demandas deben depositarse en un buzón, sin que el solicitante guarde copia sellada de la entrega. Son múltiples las ocasiones en las que las solicitudes no se tramitan y los internos ven como son expulsados, negándoseles de nuevo el acceso a un derecho básico.

Los CIE no solo acumulan denuncias de violación de derechos; su propia naturaleza de privación de libertad de las personas extranjeras por el hecho de no tener un medio de estancia que administrativamente sea válido,  representa de por sí un foco de abuso, racismo y desprotección legal. Todo ello sin contar que  estos centros resultan inoperantes dentro del criterio de política restrictiva de fronteras que la Unión Europea y el Reino aplican, de la mano de su ministro del interior, con todas sus energías.

Otras instituciones y espacios, como los ayuntamientos del cambio, las ciudades que se reclaman partidarias de acoger a personas refugiadas (Madrid, Barcelona o Valencia) y sus ediles no paran de señalar que frente a los CIE no hay otro camino que el cierre inmediato. Mantener a la gente privada de libertad e incapacitarla cuando abandona los centros para conseguir una estancia regular constituye un problema de higiene social y democrática que, efectivamente, sólo un cierre urgente y definitivo permitiría empezar a resolver.

Carlos Girbau  Activista social por los derechos humanos.

Fuente: www.sinpermiso.info,



domingo, 23 de octubre de 2016

Calais, desalojo inminente


Comienza la evacuación del mayor campamento de migrantes de Europa, cuyos ocupantes serán realojados en Centros de Acogida temporal repartidos por toda Francia


Por Anko Ordóñez


El gobierno francés ha decidido cerrar la “selva” de Calais. La evacuación del mayor campamento de migrantes de Europa comenzará en la madrugada de este lunes. A pesar del recurso interpuesto por un colectivo de organizaciones no gubernamentales, el tribunal administrativo de Lille, capital de la región, autorizó el pasado 18 de octubre el desmantelamiento integral del campamento de migrantes.

En total, unas 6.400 personas serán evacuadas a lo largo de la semana. Se trata de uno de los mayores desafíos de un gobierno vigilado por las asociaciones y enfrentado a la oposición. A seis meses de las próximas elecciones presidenciales de abril de 2017, el asunto, como todas las cuestiones de actualidad nacional, no deja de tener un trasfondo político.

EL TRIBUNAL ADMINISTRATIVO DE L’ILLE AUTORIZÓ EL PASADO 18 DE OCTUBRE EL DESMANTELAMIENTO INTEGRAL

Con la llegada del invierno, y el hastío de las instituciones y poblaciones locales, el Gobierno francés, representado por el ministro del Interior Bertrand Cazeneuve y la ministra de la Vivienda y del Hábitat sostenible Emmanuel Cosse, quiere trasladar la población migrante de Calais hacia los más de 200 Centros de Acogida y Orientación repartidos por todo el territorio francés. Estos centros de acogida temporal, los cuales ya reciben migrantes desde hace meses, están gestionados por asociaciones y son la primera etapa en el proceso de solicitudes de asilo en territorio francés.

En visita oficial a Calais el pasado 26 de septiembre, el presidente Hollande afirmaba que “ya no se pasa por Calais” añadiendo que el campamento es una “calle sin salida”. Tres días después, en una visita a un Centro de Acogida y Orientación, el primer ministro Manuel Valls reiteraba la capacidad de Francia para acoger los migrantes de Calais. Poniendo en primer plano su trayectoria personal, Valls se mostraba confiado en la capacidad de Francia como tierra de acogida: “He nacido en otro país, España. Francia nos ha acogido, he estudiado aquí, he sido naturalizado y Francia me ha ofrecido la posibilidad de ser concejal, alcalde, diputado, miembro del gobierno y hoy, jefe de gobierno”.



“FRANCIA ME HA OFRECIDO LA POSIBILIDAD DE SER CONCEJAL, ALCALDE, DIPUTADO, MIEMBRO DEL GOBIERNO Y HOY, JEFE DE GOBIERNO”

Una logística sin precedentes

A pesar de la aparente muestra de confianza del Gobierno en la consecución de su objetivo, quedan muchas incógnitas por resolver. Las asociaciones presentes en Calais desde hace años, e incluso décadas, se muestran muy preocupadas por la falta de información relativa al proyecto de desmantelamiento.

Para empezar, su fecha sigue seguía siendo un misterio, aunque muchos especulan que se iniciará mañana, lunes 24, en plenas vacaciones escolares. En términos logísticos, ya se van conociendo los detalles de la operación. Los migrantes serán separados en cuatro filas: hombres solos, menores no acompañados, familias y personas vulnerables. En total, más de 150 autobuses los repartirán, a excepción de los menores no acompañados, por el territorio nacional a lo largo de la semana. Cada migrante podrá elegir entre dos regiones, o sencillamente desalojar el campamento por su propio pie sin acceder al dispositivo propuesto por el Gobierno.

Para evitar posibles disturbios, como ya ocurrieron en anteriores intentos de desalojo, 1.250 agentes se sumarán a los 2.100 ya presentes en Calais. Los 1.300 menores no acompañados seguirán en Calais hasta que se pueda demostrar su minoría edad y la existencia de lazos familiares en Inglaterra. Las reunificaciones con sus familias son legalmente posibles, siempre y cuando el Gobierno de Inglaterra respete sus compromisos. Por el momento, Francia e Inglaterra mantienen intensas negociaciones para abrir la frontera a estos menores.

PARA EVITAR POSIBLES DISTURBIOS, 1.250 AGENTES SE SUMARÁN A LOS 2.100 YA PRESENTES

Por otra parte, las asociaciones insisten en que se ofrezcan alternativas a los migrantes que no deseen alojarse en un Centro de Acogida y Orientación, a pesar de que el Gobierno proclame sus características de “talla humana”, en palabras de Manuel Valls. Cabe destacar que el objetivo de la mayoría de migrantes que sobreviven en Calais es llegar a Inglaterra, ya sea por falta de información sobre sus derechos en Francia, por haber pagado ya a los traficantes de migrantes que facilitan el paso de la última frontera, o en muchos casos, incluidos los menores migrantes no acompañados, por reunificarse con sus familias ya presentes allí.



Estrategia post-Calais

Otra incógnita nace de la ausencia de información gubernamental respecto a las estructuras fijas que podrán permanecer abiertas para acoger el incesante flujo de migrantes que llegan a esta región desde los años noventa. Aunque el presidente François Hollande reiteraba en septiembre la necesidad de un desalojo “completo”. El Centro de acogida Jules Ferry, del nombre del célebre promotor de la enseñanza gratuita y obligatoria del siglo XIX en Francia –y defensor de la expansión colonialista francesa en Indochina, dicho sea de paso–, lleva más de 15 años acogiendo migrantes de forma temporal en su camino al “sueño” inglés. Este centro, que ya ha sido testigo de los innumerables intentos de desmantelar los campamentos, ha ejercido y ejerce un rol clave en la asistencia y orientación de los migrantes.

FRANCIA E INGLATERRA MANTIENEN INTENSAS NEGOCIACIONES PARA ABRIR LA FRONTERA A ESTOS MENORES

Sus días podrían estar contados ya que, de momento, el Gobierno parece apostarlo todo a que los Centros de Acogida y Orientación puedan acoger a todos los futuros migrantes. Pero estos Centros no cuentan con la aprobación de todas las poblaciones locales. La llegada de migrantes produce reticencias entre un sector de la población. Y es que el fantasma del Frente Nacional, que todas las encuestas sitúan ya en la segunda vuelta de las próximas elecciones presidenciales, planea sobre el país de la declaración de los derechos humanos.



Huyen de conflictos

El viernes por la mañana, a pocos kilómetros de Calais, el portaaviones Almirante Kuznetsov y otros siete buques rusos atravesaron las aguas internacionales del Canal de la Mancha. Vigilado de cerca por buques de la OTAN, se dirigía a aguas del Mediterráneo para apoyar las operaciones militares rusas en Siria.

En Calais, la casi totalidad de los migrantes son refugiados que huyen de conflictos. En su mayoría son afganos, eritreos y sudaneses, aunque también llegan sirios, kurdos, congoleños así como de otras zonas desgarradas por conflictos armados. La crisis migratoria presente en Calais es también una crisis global por la incapacidad de los gobiernos nacionales e instituciones internacionales en anteponer los derechos humanos a sus intereses económicos y energéticos.

Francia, tierra de asilo, es también una tierra de contradicciones. En 2015, se convirtió en el segundo mayor exportador de armamento del mundo, por delante de Rusia y detrás de los Estados Unidos. Las ventas alcanzaron los 17.000 millones de euros y su primer cliente fue, de lejos, Arabia Saudí, un país implicado en bombardeos de poblaciones civiles en Yemen.

El 11 de noviembre siempre es una fecha importante para Francia. Cada año, el presidente deposita un ramo de flores al calor de la llama situada en la tumba del soldado desconocido, a los pies del Arco de Triunfo, con los Campos Elíseos de telón de fondo. El recuerdo del fin de la primera guerra mundial es siempre para Francia un recuerdo de la necesidad de buscar soluciones al círculo vicioso de la guerra. En noviembre de este año, la “selva” de Calais estará cerrada y Francia y sus ciudadanos mostrarán al mundo si también pueden dar calor a los refugiados.

Fuente: diario16

jueves, 20 de octubre de 2016

Cuatrocientos periodistas a las puertas de un CIE


Protesta para el cierre de los CIE este miércoles ante el CIE de Aluche, Madrid (Foto: Ahora Madrid)

  • Hay un discurso que criminaliza a los migrantes mientras normaliza las dinámicas de corrupción practicadas desde el poder.
  • Con su presencia en el CIE de Aluche, manifestantes y representantes políticos han logrado dar visibilidad a una noticia que habría pasado casi desapercibida.
  • 2017 necesitará políticos dispuestos a trasladar los escaños a las calles, para sentarse cara a cara con los problemas sociales. Para marcar debate.


Olga Rodríguez 


Imaginen que no nos permitieran viajar ni buscar trabajo en otros países europeos. Que tuviéramos que cruzar las fronteras escondidos, sin visados para poder desplazarnos. Que por el simple hecho de no tener papeles nos arriesgáramos a ser detenidos y encarcelados en centros de internamiento, sin mantas ni atención médica adecuada, con enfermos esparcidos por el suelo.

Imaginen que pasan 60 días en una cárcel con rejas sin haber cometido ningún delito. Que los maltratan y restringen sus contactos con el exterior. Que no les facilitan las medicinas que tienen que tomar cada día. Que les niegan un traductor para hacerse entender.

Imaginen lo que vivió hace 5 años en el CIE de Aluche Samba Martine, una mujer que, a pesar de tener síntomas de una enfermedad grave y de haber reclamado atención médica hasta en diez ocasiones, solo recibió paracetamol. Como admitió la Audiencia Provincial de Madrid, la muerte de  Samba Martine podría haberse evitado.

Eso son los CIEs. Espacios de "no derecho" en un país que se dice democrático. Cárceles para personas sin papeles, en la mayoría de los casos encerradas por el simple hecho de no tenerlos, lo cual no es delito, sino una simple falta administrativa. Centros que niegan derechos fundamentales a los arrestados.

Como ha señalado una delegación del Consejo de Europa, en el CIE de Aluche, -denunciado por la ONU por torturas en 2013-,  hay "numerosas alegaciones de malos tratos perpetradas por el personal".

Eso son los CIEs y eso es el CIE de Aluche, un lugar donde el pasado martes 39 personas se amotinaron y lograron salir a la azotea del edificio para exigir su libertad.

En estos tiempos en los que quieren acostumbrarnos a la indecencia hay un periodismo que trabaja a toda máquina para estigmatizar a las personas extranjeras, a la gente sin recursos, a los que menos tienen. Se agita un discurso que reclama la aplicación de medidas injustas para los migrantes, estigmatizándolos, mientras normaliza y blanquea las dinámicas de corrupción practicadas desde el poder.

Buena parte de los medios de comunicación, devorados por la agenda institucional, no suelen poner el foco en lo que pasa en la calle, en lo que le pasa a la gente. Cuando se celebran debates políticos entre los candidatos a la presidencia del Gobierno suele haber más de 400 periodistas acreditados. Si 400 periodistas se apostaran con cierta frecuencia a las puertas de un CIE la sociedad conocería las violaciones de derechos que en ellos se perpetran, y es probable que finalmente las autoridades permitieran a la prensa grabar dentro de esos centros hasta ahora vetados para las cámaras.

Si 400 periodistas acudieran con asiduidad a las puertas de un desahucio, se habrían evitado muchas más expulsiones. Si 400 periodistas dieran visibilidad cotidiana a las personas con trabajos precarios, a las desempleadas, a las víctimas de maltrato de género o a las que cada vez trabajan más por menos, tendríamos debates públicos más útiles y menos cortinas de humo creadas para inocular miedo y para que creamos que la estabilidad está íntimamente ligada al recorte de nuestros derechos y libertades.

En la madrugada del miércoles no hubo 400 periodistas a las puertas del CIE de Aluche. Pero sí estuvieron integrantes de la Campaña Estatal por el Cierre de los CIEs, así como decenas de activistas y representantes políticos, para vigilar y seguir de cerca el desarrollo de los acontecimientos. Para exigir un trato adecuado a las 39 personas que, desde la azotea del centro, pedían libertad. Con su presencia lograron que una noticia que habría quedado relegada a un simple breve en las páginas interiores de los diarios, se convirtiera en un debate público, visibilizado.

Tomemos nota de ello, porque 2017 va a ser un año de recortes y problemas sociales, con la persistencia de la desigualdad, la precariedad y la exclusión social para un porcentaje importante de la población. Si sigue sin haber 400 periodistas en determinados lugares, quizá sea preciso que haya representantes políticos dispuestos a trasladar los escaños de los parlamentos a la calle, al asfalto, a los barrios, para sentarse cara a cara con los problemas sociales que han provocado las políticas indecentes. Para ponerles un foco. Para atraer tras de sí a la prensa. Para visibilizar, marcar debates e influir en la agenda-setting.

Porque, como escribió Lorca, " detrás de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato". Detrás de los datos que hablan del aumento de la desigualdad, del crecimiento de la precariedad y del agotamiento de la hucha de las pensiones hay personas con nombres y apellidos que merecen derechos y dignidad. Como los 39 del CIE de Aluche. Como todos.

Fuente: eldiario.es

domingo, 2 de octubre de 2016

Los CIE, abusos y expulsiones en el estado de derecho




El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) presenta en Valencia el informe “Vulnerables vulnerabilizados”



Enric Llopis
Rebelión


El Estado español expulsó en 2015 de su territorio a 2.871 personas internas en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), según cifras del Ministerio del Interior, lo que supone el 41,4% de los inmigrantes ingresados en los CIE. “Aquellos que no han sido expulsados –el 51% restante- fueron privados de libertad de manera gratuita”, advierte el abogado Santiago Yerga, coordinador del informe “Vulnerables vulnerabilizados-2015” del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), presentado ayer en el Centro Arrupe de Valencia. En el apartado de conclusiones, el documento condena que se prive de libertad a una persona migrante “por motivos administrativos”, y defiende la supresión de los CIE. El Gobierno de España abrió en 2015 un total de 30.614 procedimientos de expulsión a inmigrantes; y fueron dictadas 20.552 órdenes de expulsión, de las que se ejecutaron 6.869.
Talibou, de 42 años, vive en España desde hace una década, mientras su esposa y dos hijos permanecen en su país de origen. Carece de “papeles”, y no tiene antecedentes penales ni policiales. Le ofrecieron un contrato de trabajo por seis meses en el campo, pero le faltarían otros seis meses para solicitar el “arraigo”, detalla el informe “Vulnerables vulnerabilizados”. Talibou fue ingresado durante 20 días en un CIE. Después fue puesto en libertad con sus pertenencias y apenas cuatro euros. Pidió, antes de salir a la calle, que se le facilitara el retorno a la ciudad donde fue detenido. El de Talibou es uno de los testimonios recabados por el SJM durante la visita a los CIE de Madrid (Aluche), Barcelona (Zona Franca) y Valencia (Zapadores) en 2015. A la hora de redactarse el documento, el inmigrante duerme al relente mientras busca medios de desplazamiento, y su solicitud de asilo -después de ser admitida a trámite- continúa varios meses sin resolver.

En los CIE de Algeciras, Barcelona, Madrid, Murcia, Valencia, Las Palmas y Tenerife permanecieron internos 6.930 personas en 2015, según el Ministerio del Interior. Los autores del informe llaman la atención sobre dos CIE que superaron los mil inmigrantes presos: el de Algeciras (“y su anexo paralegal de Tarifa”) sumó 2.303 internados, lo que representa el 33,2% de las personas que pasaron por estos centros; estas cifras se explican por su condición de “CIE de frontera”. En el CIE de Madrid permanecieron 1.469 inmigrantes (el 21,9% de los internos del estado), cifras que se explican por dos razones: las expulsiones por el aeropuerto Madrid-Barajas y el cierre del CIE de Barcelona, que llevó a “derivar” a personas desde Cataluña. “Hay un dato demoledor –apunta Santiago Yerga-, el 41,53% de las mujeres internadas en los centros de todo el estado lo fueron en el CIE de Algeciras, que es en el que se ingresa a la población que proviene de África”. Asimismo, de las 4.084 personas llegadas en patera e internas en los CIE durante 2015, la mayoría (1.976) fueron encerradas en el centro de Algeciras. En este apartado, Yerga subraya otro “detalle lamentable”: el 58% de las personas ingresadas en un CIE llegaron a España en patera.

En cuanto a las órdenes de expulsión ejecutadas desde los CIE (2.871), la mayor parte correspondió al centro de Madrid (1.036), seguido por los de Murcia (648), Algeciras (472) y Valencia (421). Además, subraya Santiago Yerga, “sólo con que se identificara a un menor en los centros de internamiento ya sería un fracaso”, y el Ministerio del Interior contabilizó en 2015 a 19. El abogado señala el problema en los procedimientos de determinación de la edad en las zonas de acceso en patera (el litoral sur del estado español), pues “no identifican al menor de edad primariamente, lo que causa el internamiento posterior en un CIE”. Más que al Ministerio del Interior, Yerga achaca la responsabilidad en este caso a abogados, jueces y fiscales. El informe “Vulnerables vulnerabilizados” recuerda el fin de estos procedimientos: “Que ningún menor de edad sea tratado como mayor y deba pasar por la privación de libertad, por muy corta que ésta pueda llegar a ser”. En contraste con las cifras de Interior -19 menores en los CIE-, el SJM localizó sólo en el CIE de Barcelona a seis personas que alegaban ser menores de edad. En cuanto a las solicitudes de protección internacional admitidas a trámite desde los CIE, resultan nuevamente llamativos los datos del Ministerio del Interior. Sólo un 10% del total (196) se plantean en los CIE de frontera (Algeciras y Tarifa, Tenerife y Las Palmas), en los que se interna a personas que llegan de África y países en conflicto.

El SJM realizó 1.536 visitas a internos (503) de los centros de Madrid, Barcelona y Valencia en 2015, lo que hace posible por ejemplo hacer un desglose por nacionalidades. En el CIE de Barcelona predomina la población magrebí (57%), principalmente de Marruecos y Argelia. En Madrid son mayoritarios los inmigrantes subsaharianos (37%), sobre todo procedentes de Nigeria, Senegal y Camerún; asimismo destaca la presencia de latinoamericanos (31%), sobre todo de Colombia, Ecuador y la República Dominicana. En cuanto al CIE de Valencia, la mayor parte de migrantes proviene del África subsahariana (45%), de países como Camerún, Nigeria y Liberia. Las visitas a los centros también permiten observar la situación de “arraigo”. La mayor parte de los internos visitados contaba con un mínimo de cuatro años de estancia en España, de lo que el informe extrae la siguiente conclusión: “El arraigo no ha sido óbice para que la policía solicite, y los jueces de instrucción decidan, la privación de la libertad”. Se constatan, así pues, “automatismos policiales” que llevan al encierro en los CIE sin atender a las circunstancias personales (uno de cada cinco ingresos se llevan a término pese a los vínculos familiares de primer grado y/o a su cargo del migrante).

Los autores del documento sostienen que el Ministerio del Interior criminaliza a los internos de los CIE y a los expulsados del territorio español, ya que estas situaciones sólo afectarían a “delincuentes” o personas de “alta peligrosidad”. Sin embargo, el 54% de las personas visitadas por el Servicio Jesuita a Migrantes no contaba con antecedentes penales, y sólo el 29% se hallaban incursas en un procedimiento judicial pendiente de sentencia. ¿En qué circunstancias se producen las detenciones que terminan con la reclusión en un CIE? Los informes anuales del SJM vienen constatando que un elevado número –más del 36% de las personas detenidas en 2015- es consecuencia de la demanda de documentación identificativa en la calle por parte de la policía. El informe se refiere asimismo a la existencia de “redadas aleatorias”. En relación con los internamientos, se consideran “desproporcionadamente largos” para su fin, la expulsión. Así, el 40% de las personas visitadas por el SEJ en el centro de Aluche permanecieron más de 40 días. En Barcelona, el 24% de los migrantes a los que se visitó habían estado internos en ocasiones anteriores.

En el capítulo de los derechos vulnerados, el equipo del SJM constató la presencia en los CIE de 17 personas con signos de sufrir una enfermedad mental. En Barcelona visitaron a dos pacientes que perdieron, debido al internamiento en el CIE, la operación quirúrgica que tenían programada en un hospital público. Padecían dolores constantes dentro del centro, que se trataron con analgésicos o “con la prescripción médica de colchón doble en la celda para conciliar el sueño mínimamente”, apunta el informe. Otras nueve personas afirmaron ser objeto de agresiones por parte de la policía, cinco por otros internos y 19 dijeron sufrir tratos intimidatorios o degradantes. Por otro lado, el 30% de los internos informó de que no contaban con ninguna persona cercana que les visitara. En muchos casos, los inmigrantes se hallan recluidos en CIE que no coinciden con las ciudades donde fueron detenidos, y donde tal vez vivieran con sus familiares. Otras veces cunde el miedo en las familias a realizar las visitas en el CIE, al hallarse en situación “irregular”. Entre las barreras detectadas resalta la lingüística, ya que el 16% de los inmigrantes visitados tenían dificultades para entender el castellano y no se les garantizó el derecho a un intérprete. Por último el documento critica las “desigualdades en el régimen interior de los CIE”, ya que no existen normas comunes en los diferentes centros. Se producen, asimismo, “evidentes diferencias en el grado de garantía y cumplimiento de derechos entre unos CIE y otros”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Hungría: “Orbán proporcionó la excusa perfecta a muchos políticos europeos para desplazarse aún más a la derecha”. Entrevista




ÁNGEL FERRERO ENTREVISTA A:

József Böröcz 

József Böröcz es profesor de Sociología en la Universidad Rutgers (RU) de Nueva Jersey, EEUU. Aunque su especialidad es Europa y la Unión Europea, este profesor húngaro es también un observador atento de los acontecimientos en su país. Böröcz es autor de, entre otros, The European Union and Global Social Change: A Critical Geopolitical-Economic Analysis (Londres, Routledge, 2009). Una versión resumida de esta entrevista de Àngel Ferrero se publicó en La Marea.


P: Has renunciado recientemente a la Orden del Mérito de la República de Hungría que te concedieron en 2005 en protesta por la concesión de este galardón al periodista Zsolt Bayer. ¿Podrías explicar brevemente esta controversia?

R: Bayer es un periodista de considerable talento a la hora de escribir, famoso por su antisemitismo y antirromanismo y por su anticomunismo declarado. Ha descrito, por ejemplo, a los gitanos como étnicamente inferiores, incluso como subhumanos, y ha llamado al asesinato de los niños romaníes. También ha participado en falsificaciones fascistas de la historia, llevando a cabo ataques ad hominem sobre algunos de los mayores intelectuales del país, propagando islamofobia y su rechazo abierto a los derechos humanos básicos de las millones de personas desplazadas que han buscado refugio en Europa a lo largo del año pasado. Todo esto parece ser algo perfectamente loable para el régimen en el poder en Hungría, que ha calificado su “actividad periodística” de “ejemplar”. El régimen es absolutamente cínico en este asunto: quienes toman las decisiones clave saben bien que ésta traspasa los límites de todo lo conocido y, a pesar de eso, se reafirman en su decisión.

Este 17 de septiembre se celebra el décimo aniversario de las protestas en Budapest y otras ciudades húngaras contra el gobierno de Ferenc Gyurcsány. ¿Por qué estallaron estas protestas? ¿Qué ocurrió exactamente?

En mayo de 2016, Gyurcsány realizó un discurso rutinario y a puerta cerrada a un grupo de cuadros dirigentes de su partido nominalmente “socialista” (en realidad, pro-UE y totalmente neoliberal). En este acto más bien poco disciplinado Gyurcsány utilizó un lenguaje más bien fuerte mientras intentaba persuadir a su audiencia para que apoyase políticas fiscales aún más restrictivas, asegurando que su gobierno, que entonces llevaba tres años en el poder, había estado “mintiendo” a la sociedad sobre el estado de la economía.

La grabación del discurso se filtró a mediados de septiembre, probablemente como parte de un esfuerzo de alguien del partido por socavar el liderazgo de Gyurcsány. A primera vista, las protestas eran absurdas, en el sentido de que expresaban rabia por “haber sido mentidos”. La mayoría de manifestantes parecía no haberse dado cuenta de que las “verdades” que el primer ministro estaba intentando instilar en los cuadros de su partido implicaban una política fiscal más rigurosa y recortes al presupuesto nacional, una reestructuración neoliberal más brutal y una mayor presencia del capital global, lo que en el caso de Hungría significa predominantemente europeo occidental. En vez de leer el discurso con atención, la oposición se aferró al argumento simplista de “¡nos mintieron!” y cerró filas entre sus partidarios.

Las protestas, como se dice, “escaparon de su control”. Se prolongaron hasta finales de octubre, coincidiendo con el 50º aniversario de la insurrección de 1956 (el 23 de octubre). En ese momento, una coalición en las calles de diferentes fuerzas políticas antigubernamentales, incluyendo al entonces partido FIDESZ de Viktor Orbán, que se encontraba en la oposición, y partidos políticos de extrema derecha, empujaron las protestas a todavía más violencia urbana. El edificio de la televisión fue incendiado y el centro urbano de Budapest comenzó a parecerse cada vez más a una zona de guerra. Para entonces las protestas eran ya solo en parte una mezcla de las “mentiras” del discurso de Gyurcsány y habían adquirido una dimensión adicional, de manifestación contra la interpretación histórica de la insurrección de 1956 como una “contrarrevolución”, una lectura que en realidad prácticamente todo el mundo había abandonado en 1989/1990. Finalmente el “orden público” fue restaurado con medidas policiales, con algunos heridos, incluyendo, según parece, a algunas personas que se encontraban allí sin participar en las protestas. La putativa “brutal opresión policial” de lo que describieron como “manifestantes legítimos” se convirtió en uno de los eslóganes favoritos del partido de Orbán, que se alzó con una victoria clara en las siguientes elecciones.

El gabinete de Gyurcsány (2004-2009) fue seguido por el breve ejecutivo de Gordon Bajnai (2009-2010). ¿Hasta qué punto estos dos gobiernos allanaron el camino al triunfo del FIDESZ de Viktor Orbán en 2010?

Me gustaría reformular la pregunta y tomar una perspectiva temporal ligeramente más amplia. Desde mi punto de vista, lo que allanó el camino a la victoria de Orbán fueron dos grandes “verdades” incuestionadas que han caracterizado en buena medida la política húngara durante el período entre 1990, el año de las primeras elecciones post-socialismo de Estado, y 2010, con la arrolladora victoria y ascenso al poder de Orbán, con la que obtuvo una supermayoría en el parlamento.

Estas grandes “verdades” incluyen lo que el filósofo político liberal János Kis definió célebremente como “el mínimo liberal”, esto es, la idea de que todo el espectro político, incluyendo las organizaciones políticas que ocupaban nominalmente posiciones no-liberales (como “la izquierda” y “la derecha”), tenían que permanecer en una parcela muy estrecha de valores políticos etiquetados como “liberales”. Durante dos décadas más o menos ése fue el caso, y todos los partidos políticos (incluyendo por cierto el FIDESZ de Orbán en sus dos encarnaciones, es decir, en su forma inicial, abiertamente liberal, y en su reencarnación post-liberal), así como el partido nominalmente “socialista” y todos los otros en el gobierno permanecieron en esa estrecha parcela. En términos ideológicos, eso significaba el silenciamiento de cualquier forma de crítica que buscase incluir cualquier aspecto de la democracia liberal, el capitalismo, las relaciones internacionales, la geopolítica, los derechos de propiedad, las prestaciones sociales o la falta de ellas, etcétera, a una “crítica sistémica”.

La otra cuasi-“verdad” incuestionada y absoluta puede resumirse en dos términos: Unión Europea. Punto. No hace falta decir nada más. Todas las fuerzas políticas estaban de acuerdo con este mantra. Esta “verdad” absoluta no necesitaba ninguna explicación, ningún detalle, ningún “si” ni “pero”. Esto era así cuando el gobierno del primer ministro “socialista” Gyula Horn decidió someter a referendo la pertenencia a la OTAN y las fuerzas pro-OTAN (incluyendo, por cierto, su propio partido “socialista”) utilizaron el conocido símbolo de las 12 estrellas de la Unión Europea para argumentar a favor de la pertenencia a la Alianza Atlántica. Hasta hace muy poco, cualquier crítica a la Unión Europea era censurada, silenciada o calumniada como “euroespecticismo” o, peor aún, como muestra de una política “asiática”.

Mientras tanto, hay pruebas más que suficientes (una parte de mi propio trabajo estas últimas décadas ha consistido en estudiar estos casos) que sugieren que, globalmente, la actividad económica de Hungría (así como del resto de países que componían el “bloque” del socialismo de Estado) ha declinado tras el desplome del socialismo de Estado. La economía externa de Hungría, y de la región, y la dependencia política y social se ha incrementado de manera significativa y ha alcanzado niveles sin precedentes. Incluso si ignoramos a la UE, la dependencia de Hungría comercial, tecnológica, financiera y en el mercado laboral de un solo país, Alemania, ha alcanzado niveles completamente desconocidos antes, ni siquiera durante los años más oscuros de Hungría como miembro del Eje. La dependencia económica de Hungría de la URRS ni siquiera se acercaba a su actual dependencia de la UE. Los salarios relativos están declinando; prácticamente toda la sociedad ha sido despedida, con considerablemente pocas personas contratadas después, y las pocas que lo han sido, bajo condiciones considerablemente peores y una menor protección. Entendámonos: Hungría ha experimentado una reducción del 40% de su mercado de trabajo. Mientras tanto, una crítica sistemática de estas condiciones se ha vuelto imposible porque requeriría a un mismo tiempo de una crítica del capitalismo contemporáneo europeo y una reevaluación más realista del sistema socialista (que está efectivamente prohibido en Europa oriental). Los sindicatos de izquierdas, las asociaciones civiles o partidos políticos se han tornado básicamente imposibles. Así que la rabia se canaliza de “otra forma”, por ejemplo, alimentando a la derecha.

FIDESZ obtuvo un 52,73% de los votos en las elecciones parlamentarias de 2010 y un 44,87% en 2014. ¿Qué explica la popularidad de Orbán y FIDESZ?

Orbán es un orador fantástico, que comparte aspectos significativos de su propia historia personal y familiar con una gran parte de la historia social de la Hungría post-socialismo de Estado. En este sentido, mucha gente se reconoce en él. Después de varios falsos arranques, en 2010 consiguió aprender a hablar de manera suficientemente ambigua, utilizando la combinación precisa de metáforas, humor autocrítico y guiños comunes, muy similar a la manera en que János Kádar, el secretario general del Partido Socialista Obrero Húngaro, se presentaba a sí mismo. En otras palabras, Orbán sabe tocar las teclas adecuadas, que resuenan en sectores amplios de la sociedad. También mitiga las ansiedades refiriéndose, de manera casual, a temas nacionales, inaugurando un “sentimiento de comunidad nacional”, un tema que buena parte de la población con una educación media suscribe. FIDESZ opera una maquinaria de propaganda muy poderosa, con “tecnologías de convicción” y dominio muy sofisticadas. FIDESZ ha conseguido tomar el control de casi todo los medios de comunicación de masas.

Por su parte, los partidos de la “oposición” no tienen ninguna oportunidad, por el simple motivo de que son incapaces de desenmarañarse de las dos grandes “verdades” que estructuraron su política en los noventa y la primera década del siglo XXI y que he mencionado antes. No pueden apoyarse en ellas desde el extranjero porque sus partidos hermanos en Europa occidental se encuentran de un modo u otro en problemas. Esto tiene que ver con un desplazamiento global a la derecha, un fenómeno que es claramente observable en Europa occidental así como en los Estados Unidos.

En un discurso en la Universidad Abierta de Verano de Bálnányos en 2014, Orbán dijo que Hungría estaba construyendo “un Estado iliberal, un Estado no liberal”. ¿Qué significa esta expresión?

En realidad, y si no estoy equivocado, utilizó el término “democracia iliberal”. En cuanto a qué significa, no estoy completamente seguro. Este término parece ser un producto de los “think”-tanks pseudoacadémicos que se alimentan como sanguijuelas de las oportunidades de financiación del gobierno, entregándoles declaraciones tan mal concebidas como incuestionables sobre la realidad. Si voy más allá del método con el que se produjo, pienso que puede significar que no pueden existir diferentes tipos de democracia, por ejemplo, que ya no se requiere o ya no se requerirá el “mínimo liberal”.

Por supuesto, a este nivel es difícil no estar de acuerdo, dada la existencia de diferentes sistemas políticos que reivindican algún aspecto de la democracia sin el “mínimo liberal”. (Eso incluye, por cierto, la democracia socialista, pero sospecho que no es eso lo que Orbán y sus secuaces tienen en mente.) Otra analogía que me viene a la cabeza es la de los sistemas electorales formales de América Latina e incluso quizá los “mediterráneos”, donde los populistas de derechas y la extrema derecha dominan sin haber eliminado por completo a los elementos socialdemócratas y liberales. Estoy bastante seguro de que tiene algún tipo de versión de este modelo en mente, pero lo hace sin haber abierto explícitamente las cuestiones sobre qué tipo de analogías conlleva y qué implica para una sociedad post-socialismo de Estado en el siglo XXI como Hungría, que es miembro de la UE y de la OTAN.

Jobbik, el partido de ultraderecha, quedó tercero en las últimas elecciones, con 24 diputados. Este partido ha estado en el fodo de la atención internacional. ¿Cuál es el peso real de la ultraderecha en Hungría?

Es difícil decir cuál es el peso real de Jobbik y básicamente no dispongo de un conocimiento de “primera mano” sobre él. Es evidente que, como en cualquier otra parte de Europa, hay un “contingente” significativo de ultraderecha y extrema derecha en Hungría. Su “hogar” electoral ha cambiado en varias ocasiones a lo largo de la última generación. Jobbik es solo uno miembro más de esa red difusa y cada vez más vociferante e ingobernable de organizaciones de extrema derecha que va desde organizaciones terroristas prohibidas a medios digitales neonazis pasando por “clubes de seguidores de fútbol” a gimnasios, patrullas de “defensa ciudadana” que actúan de manera ilegal o en una “zona gris”, pandillas de skinheads y “asociaciones culturales” que “promueven la memoria” de algunos aspectos de la historia húngara (o europea) desde una perspectiva fascista, así como librerías fascistas.

Como parte de este mosaico, existe Jobbik y sus diputados en el parlamento de Hungría y en el de la Unión Europea. Son invitados regulares en la única cadena de televisión liberal que queda en el país. Las encuestas de intención de voto parecen sugerir que Jobbik ocupa comfortablemente el segundo puesto, ligeramente por encima del partido “socialista”, pero muy por debajo de FIDESZ.

Todo esto podría interpretarse como algo “no tan malo”. Sin embargo, dos cosas hacen que al menos algunos de nosotros estemos un poco más preocupados. En primer lugar, algunos matices en el comportamiento reciente del primer ministro y FIDESZ parecen sugerir que piensan que la extrema derecha está en aumento. Esto es lo que en parte explica, por ejemplo, la posición sorprendentemente dura no sólo en la cuestión de los refugiados sino en la inmigración en general. Y segundo, las encuestas recientes indican que un sorprendentemente increíble 80 al 85% de la población adulta parece aprobar la retórica de “inmigración cero”, cada vez más extrema y dura, ya venga del gobierno o de fuerzas políticas todavía más a su derecha. La retórica del gobierno, especialmente a la luz del próximo simulacro de referendo contra la decisión de la UE de establecer una “cuota de reasentamiento de refugiados”, parece sugerir que ellos piensan que todo esto juega a su favor. Yo no estoy cien por cien seguro de ello, no es completamente inconcebible que Orbán pueda encontrarse con una sorpresa desagradable en el próximo ciclo electoral. Eso sería algo irónico, y tendría un punto trágico, pues fue él y nadie más quien convirtió esta cuestión en una “emergencia nacional”.

¿Cree que Hungría ha jugado un papel clave en la emergencia del populismo de derechas y la extrema derecha en el resto de Europa? Varios comentaristas han trazado incluso paralelismos con Miklós Horthy –considera como un predecesor del fascismo europeo– y el período de entreguerras.

No sobrestimaría la importancia de Hungría en el escenario europeo, no al menos hasta ese punto. Europa occidental, o la Unión Europea, tiene un importante legado de política de derechas, incluyendo de extrema derecha, especialmente si consideramos no sólo el panorama electoral, sino también la política “blanda”: los valores, orientaciones, sensibilidades, etcétera. Después de todo, fue Europa occidental quien dio al mundo el racismo sistemático y cuasi-“científico”, la esclavitud capitalista moderna, el colonialismo, el neocolonialismo, el supremacismo blanco, etcétera.

Puede argumentarse que el dominio de las perspectivas racistas y de extrema derecha en Europa oriental y central tienen algo que ver con la alta consideración que las culturas modernas en Europa central y oriental tienen con respecto a Europa occidental. Por decirlo de manera más sencilla, las posiciones de extrema derecha “vienen de occidente”, ergo tienen que ser “avanzadas” y tenemos que “ponernos a su nivel”. Basta con escuchar la retórica contra los refugiados, anti-inmigración y, en consecuencia, contraria a los derechos humanos de los actuales regímenes en Europa central y oriental. Llevaría un considerable esfuerzo no darse cuenta del énfasis en la noción cultural de “blanquedad” (whiteness), una igualación de “Europa” con la “blanquedad”, etcétera, que son algunos de los principales temas de la extrema derecha europea occidental.

El hecho de que los miembros de las sociedades de Europa oriental y central están rutinariamente discriminados y no merezcan ningún respeto en las conversaciones paneuropeas y en Europa occidental no contradice esta observación, sino todo lo contrario: todo ello contribuye a la propagación de aquellas ideas en Europa oriental y central. La actuación de Orbán a propósito de la “crisis de los refugiados”, sin embargo, parece haber modificado de algún modo la ecuación. Mientras todo el espectro político de Europa occidental deploraba su retórica y la construcción de la valla en la frontera húngara con Serbia en 2015, llama la atención que las resoluciones de la UE consiguieron en última instancia acabar pareciéndose a las propuestas de Orbán. Dicho de otro modo, la actuación de Orbán proporcionó la excusa perfecta a muchos actores políticos europeos para desplazarse aún más a la derecha. Poco sorprendentemente, dos de los críticos más feroces de la demagogia anti-inmigración de Orbán –el ex canciller de Austria, Werner Faymann, y la canciller de Alemania, Angela Merkel– no han obtenido lo que se dice buenos resultados  últimamente en las elecciones.

¿Qué relación tiene la Hungría de Orbán con la Unión Europea?

Orbán es un partidario devoto de la UE como máquina geopolítica estratégica que ayuda a consolidar el poder global de sus Estados miembro. Lo dice sin ambajes, al punto de reclamar la formación de un ejército “europeo” (refiriéndose a la UE). Mientras, se aprovecha de los mecanismos de la UE que privilegian a los Estados relativamente pequeños. (Con menos de 10 millones de habitantes, Hungría se encuentra entre los países más pequeños de la “cateogoría media” en la UE, que tiene unos 550 millones de habitantes.) Está muy lejos de los extremos de (hasta hace muy poco) Reino Unido, Polonia o los bálticos, que demandan un poder paneuropeo mientras al mismo tiempo rechazan ceder su soberanía como pequeños Estados tanto como les es posible.

Lo que es realmente interesante es que hay una coalición emergente, implícita, tácita, tras él, incluyendo la poderosa provincia alemana de Baviera, la extrema derecha austríaca, la extrema derecha holandesa, etcétera. Un desplazamiento relativamente pequeño a la derecha (que ya es evidente) en el equilibrio electoral en la política europea podría producir como resultado que Hungría “perdiese” su liderazgo. Es claro para cualquiera que siga la política húngara que Orbán no aceptará nada que no sea una de las posiciones de liderazgo.

¿Cuál es la situación de los partidos de izquierda extraparlamentarios como 4K!-Cuarta República! (4K! – Negyedik Köztársaságot!) y el Partido de los Trabajadores Húngaros (Magyar Munkáspárt)?

Muchos de nosotros depositamos algunas esperanzas en 4K!, pero debo admitir que no he oído hablar mucho de ellos desde su humillante derrota en las elecciones de 2014. En otras palabras, son “extraparlamentarios” no por designio, sino porque perdieron claramente las elecciones. 4K! tenía algunas ideas interesantes, incluyendo una aproximación chavista –populista de izquierdas, popular-demócrata radical– a la política. Sin embargo, hasta donde yo sé, la falta de un grupo suficientemente grande de apoyos iniciales, la ausencia de un acceso estratégico a posiciones clave y las características específicas de la sociedad húngara les impidieron tener éxito. A lo largo de su historia moderna, una gran parte de la sociedad húngara ha ocupado una posición “pequeño-burguesa”, semieducada, amante de Occidente y de “pequeña clase media”, mientras que las clases realmente marginadas, y en consecuencia potencialmente radicalizables, están fuertemente discriminadas en base a líneas etno-“raciales”. Este código etno-“racial” prácticamente desplaza el resto de lógicas y la base de este pequeño partido, activistas con base en Budapest, “blancos” con educación superior, no tiene ninguna idea productiva de cómo llegar a ella. No los culpo: nadie ha conseguido hasta la fecha encontrar una solución.

En cuanto al HWP, parece ser, en la medida en que reciben una cobertura mediática muy escasa, una comunidad pequeña y carismática, mantenida unida con puño de hierro por un político que trata de reproducir el carisma personal y el perfil político de su ídolo común, János Kádar, pero sin el considerable talento de Kádár, su humildad y, por supuesto, un orden global (y un gran compromiso doméstico de clase) que hizo posible que Kádár se convirtiese en una superestrella política en Hungría. Gyula Thürmer, el presidente del HWP, ha realizado gestos realmente terribles de apertura a la extrema derecha, una serie de movimientos que le han desacreditado todavía más a ojos de aquellos que buscan una verdadera alternativa de izquierdas.

József Böröcz profesor de Sociología en la Universidad Rutgers (RU) de Nueva Jersey, EEUU. Böröcz es autor de, entre otros, The European Union and Global Social Change: A Critical Geopolitical-Economic Analysis (Londres, Routledge, 2009).

Fuente: www.sinpermiso.info, 25 de septiembre 2016

domingo, 11 de septiembre de 2016

De Ceuta a Calais, los nuevos muros de la vergüenza



Juan José Téllez

Quizá sonara en algún mp3 la vieja canción de Cohen: “Like a bird on the wire,/Like a drunk in a midnight choir/I have tried in my way to be free”. Como un pájaro en el alambre. Como un borracho en el coro de medianoche, yo he tratado de ser libre a lo largo de mi camino”. Como Sidi y como Youssouf, como Albert. Encaramados ayer a la valla de Ceuta. 60 personas al filo de la inexpugnable valla en la frontera de El Tarajal, durante horas.

Estoy cerca, quizá nos estuvieran diciendo con su gesto, antes de que los guardias llegaran a devolverles en frio o en caliente, según la ley que hizo la trama, promulgada por el piadoso ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, el martillo de herejes, soberanistas y sin papeles, el opusino que ahora quiere ser embajador en el Vaticano y que blanqueó dicha vulneración de los derechos civiles. Os estamos contemplando, nos estarían gritando en silencio, con ese gesto que tenía mucho de desesperación y de impotencia: ya vemos como vuestra crisis no impide sueldos multimillonarios en el Banco Mundial o los cochazos que van y vienen a la cercana Inspección Técnica de Vehículos, pero vuestra crisis mantiene once millones de hombres, mujeres y niños en situación irregular en lo que queda de la Unión Europea, sin derechos, sin deberes, sin nada, sin nadie. Como nosotros. A pesar de todo ello, rugirán ahora mientras las autoridades marroquíes les deportan, queremos cruzar de Guatepeor a Guatemala, del fuego a las ascuas. 250 saltaron la valla de Melilla hace una semana y las redes ardieron cuando Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, les llamó emprendedores: en buena parte, quienes llegan hasta allí no son otros que los mejores cerebros y los mejores cuerpos de un continente que está sufriendo un éxodo brutal, sin que Europa valore todo lo que podrían aportar a un sistema de valores que se va a pique, desde la seguridad social a las ideas.

Ayer intentaron cruzar más. Al menos, 263, calcula Helena Maleno, la periodista y activista de Caminando Fronteras, probablemente la española que más sepa de migraciones subsaharianas en la frontera del Estrecho. Ya ocurrió el 4 de junio en Benzú, la pequeña frontera cerrada, no demasiado lejos de Benyounes y de El Perejil, el islote donde se esconden los narcos y que protagonizó una absurda guerra fría entre España y Marruecos, hasta que los legionarios y los methanis se comieron el rebaño de cabras de una pobre viuda que terminó muriendo en la más absoluta de las miserias. Entonces lo intentaron 150, por el espigón, pero sólo nueve lograron llegar a Ceuta y entonar el “boza”, el mismo cántico de esperanza que repiten desde las cumbres metálicas a las que trepan.

El muro de Melilla.-

Tampoco es fácil cruzar el muro de Melilla, con su cuarta valla y un foso: a la oficina de solicitud de refugio que han instalado allí sólo pueden acceder los sirios, libios o eritreos y, en cualquier caso, untando bajo cuerda a la gendarmería. Hasta allí no pueden llegar los sudaneses, los nigerianos, los malienses, los congoleños, por más que vengan de estados fallidos, de territorios plagados por piratas, por boko harams raptores de niñas, por el isis que reparte bombonas mortales a distancia junto a la catedral de Notre Dame, por tiranos de serie, títeres de las antiguas o de las nuevas potencias coloniales, o por al qaedas del Magreb islámico. Ni siquiera los marroquíes que pretenden acceder a la maltrecha Europa pueden intentarlo: las dificultades son de tal calibre en la zona del Estrecho que, a pesar de las numerosas embarcaciones y toys que han vuelto a llegar en las últimas horas a Andalucía, muchos jóvenes del vecino país tienen que intentar el salto a través de la remota Turquía.

Los árabes y bereberes que sufren el racismo europeo también han aprendido a ejercer de xenófobos. No ha servido de mucho la campaña de regularización de inmigrantes clandestinos que se llevó a cabo en Marruecos en 2014: apenas veinte mil para una población flotante muy superior que apenas pudo acceder a dicha alternativa.

Ahora, en los auriculares, quizá suene “Another brick in the Wall”. Es difícil, Pink Floyd, abrir una brecha en los muros de Melilla y de Ceuta. Eso sí, disponen de una tupida concertina que no logra ahuyentar a quienes vienen siendo acuchillados por su propio destino desde que eran niños: se instalaron en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, pero su mismo gobierno las retiró al comprobar que no eran tan inofensivas como años después, cuando el PP volvió a instalarlas, proclamaba un portavoz de su empresa fabricante, European Security Fencing (ESF), quien llegó a asegurar que la misión de sus cuchillas no era la de cortar sino brindar un simple “efecto psicológico y visual de que hay unos filamentos que si accedes te puedes hacer daño”.

Ante las vallas fronterizas o frente al muro húmedo del mar, Ceuta y Melilla se han convertido en “Centros de selección a cielo abierto a las puertas de Africa”. Ese es el título de un informe publicado en julio de este año por las organizaciones Migreurop, La Cimade, el Grupo Antirracista de Acompañamiento y Defensa de los Extranjeros y Migrantes (GADEM) y la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA). En sus páginas, puede leerse como tras la campaña de regularización, en febrero de 2015, las redadas se multiplicaron, no sólo en las inmediaciones del monte Gurugú en Melilla. Al sur del país, se establecieron dieciocho centros de retención en donde fueron hacinado los detenidos, entre ellos menores, mujeres embarazadas o peticionarios de asilo.

El documento recoge datos especialmente atroces sobre dicho perímetro fronterizo, según testimonios reales de la Guardia Civil de Melilla: “Cuando la gran inmigración llegó, un poco antes de 2005, se instaló un obstáculo: una doble valla de tres metros con cuchillas, pero los migrantes las rompían cada día”. Después la altura se dobló a seis metros. En 2007 se procedió a retirar las cuchillas, ante la gravedad de las heridas que provocaban. Y se construyó la tercera valla. En 2013 se instalaron nuevamente las cuchillas, pero las personas inmigrantes continuaban la lucha por franquear el vallado”.

Una simple muralla de metal no sirve: “Como son verdadero atletas, han logrado pasar las tres vallas en un minuto; se decidió entonces instalar una malla ‘antitrepa’, que no deja pasar los dedos”, aseguran los portavoces de la Benemérita. Frente a ello, los candidatos a cruzar “inventaron herramientas para escalar la barrera, como ganchos en las manos o zapatillas de deporte con tornillos incrustados en la suela”. Frente a ello, las autoridades españolas utilizaron “una placa micro-perforada que sólo deja pasar el aire y fue colocada en los lugares más vulnerables”.

Los muros del continente.-

El Imagine all the people de John Lennon ya no mola. Ceuta y Melilla las experiencias piloto por las que se han guiado otros países a la hora de construir vallas similares. Viktor Orban, el primer ministro de Hungría, es muy fan de estos procedimientos y ha incrementado las exportaciones de concertina, hasta allí, de la empresa malagueña Mora. Tras la construcción hace unos meses, de una tupida valla contra los refugiados en las fronteras de Serbia y de Croacia, ahora prepara una segunda también en el sur del país.

Ajeno a la historia emigrante de su propia nación, a Orban no se le arruga el entrecejo al proclamar que existe «una correlación entre la migración y el terrorismo» cuando la mayoría de actos terroristas relacionados con el yihadismo en la Unión Europea, han sido cometidos por europeos fanatizados, que ya estaban aquí mucho antes de que empezara la formidable matanza que sufre Siria.

Los muros de Orban no son sólo físicos sino ideológicos: el 2 de octubre ha convocado un referéndum contra los planes de la Unión Europea para reubicar cupos de refugiados en los países miembros y prepara la contratación de 3.000 cazadores de frontera, mientras la justicia de su país enjuicia por vandalismo a la reportera de televisión que pateó a los refugiados en unas imágenes que dieron la vuelta al mundo pero cuyo gesto puede considerarse incluso caritativo si se tiene en cuenta la política del gobierno.

No está sólo Orban en el levantamiento de esos nuevos muros de la vergüenza: si el de Berlín fue construido en 1961 por la dictadura comunista para evitar que salieran del país sus disidentes, los que se erigen ahora en distintos puntos de Europa, están siendo levantados por la dictadura del capitalismo para que el tercer mundo no pueda salir de su miseria.

Esta semana el gobierno británico, a través de su secretario de Estado de Inmigración, Robert Goodwill –un apellido que puede traducirse al español como “Buena voluntad”– ha anunciado la construcción de un muro en el norte del puerto francés de Calais, para frenar a los inmigrantes que busquen cruzar el canal de la Mancha. Hacinados en un vertedero al que llaman La Jungla y que el gobierno francés habilitó como centro de acogida en enero de 2015, ahora alberga a casi nueve mil personas, aunque las autoridades ya han prometido clausurarlo. Algunos llegan a saltar a la carretera y abordan a los automóviles para que les llevan hacia el otro lado: el nuevo muro, de un kilómetro de largo, ocho metros de altura y cemento resbaladizo, pretenderá impedirlo. Eso sí, será adornado con flores y motivos vegetales para que el impacto visual no desagrade a los automovilistas. Visto lo visto, el Gobierno de Theresa May no sólo sigue adelante con el Brexit de la Unión Europea sino con el Brexit de los derechos civiles.

Hay muchos otros muros en Europea, que no suelen llamar tanto la atención informativa. Por ejemplo, el muro de trece kilómetros que separa Belfast de Irlanda y que, a pesar de los acuerdos de paz de 1998, sigue en pie desde 1969, como un ghetto católico frente a los protestantes. ¿Qué decir del muro entre Austria e Italia, entre Macedonia y Grecia, entre Bulgaria y Turquía? Un muro de doscientos kilómetros al que eufemísticamente llaman “línea verde” divide la zona griega de la turca en Chipre, atravesando la ciudad de Nicosia.

De Gaza al Sáhara.-

Al muro que separa Israel de la franja de Gaza, se sumará ahora una barrera subterránea destinada a bloquear los túneles realizados por los palestinos, para intentar burlar los check points de superficie, aunque suelen reservarse para acciones armadas y no para las idas y venidas habituales de trabajadores o empresarios, cuyos movimientos restringe cada vez más el gobierno de Tel Aviv: se trataría de la mayor cárcel al aire libre del mundo, según describe con acierto la propaganda palestina.

En la actualidad, Gaza está cercada por la marina israelí y vigilada por globos estáticos y drones. Además, hay un muro en la frontera con Egipto y una alambrada en la parte colindante con los territorios ocupados en 1948. Ahora, se pretende llevar a cabo las obras del muro subterráneo, pero otro se extenderá también a lo largo de 96 kilómetros de la frontera sur, con un coste superior a 500 millones de euros.

Mucha mayor extensión presentan los ocho muros defensivos que Marruecos estableció en el Sahara occidental, con una longitud superior a 2720 kilómetros: todo un parque temático de búnkeres, campos de minas y vallas, con la intención explícita de que los polisarios no regresen a su país, del que tuvieron que exiliarse hasta la hamada argelina en 1975.

El muro de Trump.-

Estados Unidos tampoco podía permanecer ajeno a la moda de los muros, como pretende Donald Trump, el candidato republicano a la Casa Blanca, que se encargó de hacer circular la especie de que iba a construir uno en la frontera sur y que, además, iba a pagarlo México. Nadie entiende aún por qué el presidente mexicano Enrique Peña Nieto llegó a recibirlo oficialmente, pero, como en la canción de Kiko Veneno y de Chico Ocaña, entre el excéntrico multimillonario y el voto latino ha empezado a crecer un muro de metacrilato que puede impedirle el sueño de Washington. O, mejor dicho, la pesadilla, para todo aquellos que no apreciamos la probable belleza de los muros ni que, como diría un cantable que popularizó Rosa León, con tantas rayas y puntos, en la nueva cartografía de la tierra, el mapa parece un telegrama: ¿qué nos estará intentando decir su clave en morse?

Quizá, como el informe hecho público por Unicef hace unos días, que la mayor parte de los refugiados son niños y niñas. Alrededor de cincuenta millones viven actualmente lejos de su lugar de origen, desarraigados y a veces perdidos de su familias. Como Aylan Kurdi, el niño muerto hace justo un año en aguas del mediterráneo y cuyo cuerpo arrojó el mar hasta una playa turca. En aquel momento, aquella fotografía llegó a derribar un muro, el de la conciencia de Angela Merker, la canciller alemana. Su plan de acogida a los refugiados duró poco. Y a pesar de ello, su partido acaba de ser desbancado en la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental por un partido populista de extrema derecha denominado Alternativa para Alemania. Ese otro muro que empieza a levantarse en Europa cuenta con los ladrillos de los votos ciudadanos y con la estricta argamasa de la ignorancia y del miedo.

Juan José Téllez

Fuente: Público.es

sábado, 30 de julio de 2016

La Europa Fortaleza: Un gran negocio para el tráfico de personas


Miguel Urbán

Hoy 30 de julio es el Día Internacional Contra la Trata de seres humanos. El tráfico y la trata de personas son conceptos distintos, el primero hace referencia a las redes que trasladan a personas de una frontera a otra en terribles condiciones a cambio de dinero, el segundo a la acción de captación de personas con fines de trabajo forzoso y explotación sexual. No obstante, si bien estamos hablando de conceptos distintos, no es fácil establecer la diferencia y la realidad es que muchas de las personas que se ven expuestas tanto al tráfico como a la trata provienen de situaciones políticas y sociales similares. Además de ser víctimas de las mismas políticas fronterizas que facilitan e incluso promueven este tipo de violaciones de derechos.

El negocio del tráfico de personas es en gran medida una respuesta y a la vez está directamente relacionado tanto con los negocios de las alambradas y la seguridad fronteriza, como con la inexistencia de vías legales para cruzar las fronteras. El Escritor Jeremy Harding ya escribía en el 2000 sobre la relación simbiótica entre los dictadores, conflictos, países ricos y los traficantes de personas. “Pensamos en los traficantes, los tratantes y los facilitadores como los peores maltratadores de las personas refugiadas, pero cuando se proponen extorsionar a sus clientes, cuando los engañan o los envían a la muerte, sólo están representando una versión empresarial del desdén que sufren los refugiados en manos de enemigos mucho mas poderosos, aquellos que los aterrorizan y aquellos que están decididos a mantenerlos a distancia. Los tratantes son, simplemente, vectores del desprecio que existe en los dos polos del viaje del solicitante de asilo; siguen el ejemplo de las actitudes de los caudillos y dictadores, por un lado, y por el otro , de los Estados ricos cuyos ciudadanos han aprendido a pensar en la generosidad como un vicio[1]”.

 Las redes de tráfico de personas ingresaron más de 4.000 millones de euros en 2015 solo por la ruta turca, año que estuvo marcado por la migración de refugiados hacia Europa, según un informe presentado en Ginebra por Interpol y Europol; donde también constaba que el 90% de los migrantes que entraron en la Unión Europea en 2015 dependieron de redes criminales. Según el informe, la mayoría del millón de migrantes que entraron en la Unión Europea en 2015 pagaron entre 3.000 y 6.000 euros para completar su camino, lo que supone una horquilla de entre 4.400 y 5.300 millones de euros en total.

El tráfico de personas se ha convertido, al calor de la mayor crisis de personas refugiadas desde la II Guerra Mundial, en una actividad altamente rentable, de hecho, es la actividad ilegal que está experimentando un crecimiento más rápido, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC), el contrabando de migrantes en el mundo genera alrededor de 8.300 millones de dólares al año. El negocio del tráfico de personas es tan importante que en las regiones de las principales rutas de acceso a Europa, la economía local ha sido totalmente transformada ante la llegada de estos miles de migrantes, en algunos casos -como en regiones de Libia- se calcula que su peso supone el 50% de la economía de la zona. Una transformación económica y social que rentabilizada por muchos como una gran “oportunidad” de negocio, capilarizándose socialmente más allá de los considerados estrictamente como traficantes. Desde pescadores, taxistas, tiendas de souvenires reconvertidas en vendedores de chalecos salvavidas, hoteles, pensiones, casas de particulares, restaurantes a imprescindibles establecimientos de telefonía móvil y oficinas de transferencia de dinero, todos se han adaptado al nuevo contexto.

Cuando se cierra una ruta por la presión policial y/o con acuerdos de externalización de fronteras -como el de la Unión Europea con Turquía- no se acaba con el problema del trafico, ni de la llega de refugiados a nuestras fronteras. Por el contrario, el cierre de rutas migratorias ha propiciado que se abran otras nuevas en donde generalmente el viaje es más largo y peligroso para las personas que buscan refugio y mas rentable para los traficantes.

La falta de voluntad política por aportar soluciones al drama migratorio se muestra con especial crueldad en el Mediterráneo, especialmente en la ruta que separa la costa africana de la Italiana y en donde según ACNUR han muerto mas de diez mil personas desde el 2014. Estas muertes no son fortuitas, sino el producto del racismo de unas políticas que alimentan a las mafias que trafican con personas en vez de aplicar medidas que a corto plazo pasan por habilitar un paso humanitario y seguro para aquellos y aquellas que huyen del terror. Y, a medio plazo, ir al origen de los motivos por los cuales estas personas huyen de sus países de origen: el hambre, la miseria, las bombas, las persecuciones y las consecuencias del cambio climático.

En vez de asegurar un pasaje seguro para miles de víctimas que huyen de la guerra, Europa, con el acuerdo con Turquía, renegó de sí misma externalizando la gestión de nuestras fronteras y de deberes de acogida contratando a la gendarmería turca a cambio de algo mas de seis mil millones  y de avanzar en su integración justo en el momento en que el Gobierno otomano mas ha retrocedido en sus estándares democráticos. AL entregar al Gobierno turco el papel de interlocutor preferente, salvavidas de Schengen y vía de escape de las actuales tensiones europeas internas, la UE le otorga también un barniz de legitimidad internacional y obvia las continuas violaciones de Derechos Humanos que se cometen en territorio turco. La barbarie de Erdogan queda así legitimada y la UE se vuelve cómplice.

Hay un hilo teñido de sangre que une los desalojos de Calais, las familias ahogadas en las costas griegas y las bombas que asolan la tierra kurda: se llama miedo, se llama parálisis europea, se llama xenofobia institucional, se llama Europa Fortaleza. Hoy treinta de julio del 2016, día internacional contra la trata y el trafico de personas, combatir la mafia que se lucra con la desesperación de las migrantes que buscan un futuro digno se llama luchar contra la xenofobia institucional de la Europa Fortaleza.
Miguel Urbán
[1] Kingsley Patick: “La nueva Odisea”. Deusto 2016. pp82

Fuente: Público.es

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