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jueves, 19 de mayo de 2016

El PP de Toledo blanquea a Franco en Guadamur usando a los nazis

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Franco Y Himmler

[FMCLM – Foro por la Memoria de Castilla La Mancha: Comunicado de prensa 16 de mayo de 2016]

13226969_1108918729128503_9099830531366202887_nEl cierre de las Jornadas Visigodas de Guadamur ha permitido asistir a un nuevo episodio del blanqueo de la imagen de Franco y la frivolización de la conexión nazi con la dictadura franquista. El espectaculo de luz y sonido «Lux Gothorum», dedicado a la historia del legado godo y de los tesoros arqueólogicos encontrados en Guadamur, fue proyectado sobre los muros del castillo medieval envolviendo en música épica los rostros de Franco, Hitler, Petain y Himmler.

El texto de la presentación hacía referencia a la entrevista de Hendaya en la que Franco lograba, «con gran pericia su neutralidad en la segunda guerra mundial», y además el retorno del tesoro de Guarrazar, compuesto por coronas y ricos ajuares de tumbas góticas encontradas en esta localidad toledana. El ayuntamiento de Guadamur ha hecho público un comunicado expresando que si bien pudiera no ser conveniente hacer aparecer las imagenes de los lideres nazis, no se afirma nada que sea incorrecto y se piden disculpas.

La alcaldesa Sagrario Gutierrez ha añadido que ella «no reniega de ningún periodo histórico» y que «no habría habido protestas si Santiago Carrillo hubiera participado en las negociaciones». Las imagenes de gran tamaño del lider de las SS, Heinrich Himmler causaron estupor y sorpresa en una parte del público, pero los gritos de bravo y vivas que acompañaron el final del acto acallaron toda protesta.

La respuesta del PP de Guadamur ha sido sacar pecho ante las críticas e insistir en el papel de Franco como alguien que nos salva de la guerra y un recuperador del patrimonio histórico. La presencia nazi sería ocasional o inadecuada, pero no objeto de homenaje según el PP.

Ante estos hechos el Foro por la Memoria de Castilla La Mancha expresa públicamente lo siguiente:

1º Las Jornadas históricas sobre nuestro pasado visigodo han sido utilizadas para blanquear la imagen de Franco afirmando incorrectamente que nos libró de la guerra mundial. Olvida la sra. alcaldesa que las tropas del III Reich combatieron en suelo toledano, que unidades de la Luftwaffe tuvieron base en Escalona, Torrijos, entre otros lugares y que unidades blindadas del Heer bajo mando franquista ayudaron a la ocupación de la provincia.

2º Las Jornadas Históricas no han tenido tiempo en explicar en doce años que sí existió efectivamente una conexión nazi falangista construida sobre aspectos mitificados y pseudocientíficos de nuestro pasado visigodo.

3º En su visita a Toledo en 1940, Heinrich Himmler fue acompañado por el arqueólogo falangista Julio Martínez Santaolaya, formado en Alemania y bilingüe, miembro de la sociedad SS-Ahnenerbe (Herencia Ancestral) fundada por el propio Himmler. El objetivo de esta sociedad era la búsqueda del supuesto pasado ario difundido por toda Europa. Santaolaya era un firme defensor de la teoría de la difusion aria y de la herencia goda como elemento identificador de los «verdaderos españoles».
Tras la visita al Alcazar de Toledo, Himmler tenía previsto visitar la necrópolis visigoda de Castiltierra en Segovia, donde existió un importante asentamiento visigodo. Todas estas visitas formaban parte de un delirio nazi falangista que manipulaba la historia y pretendía justificar su visión racial de dominacion y genocidio de la que fue cómplice el régimen franquista. Cualquier acercamiento histórico al pasado visigodo que no duda en poner imágenes de Franco y de lideres nazis no debe ocultar esta realidad.

4º El ayuntamiento de Guadamur oculta en su Jornadas las conexiones historicas del régimen franquista con los nazis y no ha dudado en usar la devolución del tesoro de Guarrazar para lavarle la cara al régimen.

5º No es la primera vez que se han producido incidentes con la conexión nazi franquista en Castilla La Mancha:

    Hace unas semanas tras un homenaje a los 190 toledanos asesinados en el campo de Gusen Mathausen, Victor Girona —del Ateneo de Toledo— publicó en ABC un artículo denunciando que se realizara tal homenaje mientras se olvidaba a los prisioneros alemanes y españoles que acabaron detenidos en la URSS, defendiendo como cuestión de conciencia el vestir el uniforme de la Wehrmacht para combatir el comunismo.
    Dos años atrás, igualmente, se denunció públicamente la participación en la Semana Santa de Ciudad Real, de simbología nazi en una cofradia religiosa fundada por veteranos de la División Azul. Estamos ante un panorama cultural de tolerancia plena, impunidad es la palabra, con la conexión nazi falangista del franquismo, en el que políticamente a día de hoy se justifica la participación de los nazis en la guerra española y se disculpa o legitima la guerra de agresión empleando el anticomunismo como excusa.

El propio callejero de Guadamur es prueba del desprecio profundo de esa corporación municipal por los valores democráticos y del desprecio a las víctimas del fascismo. No es posible el consenso con quienes igualan a víctimas y verdugos y siguen a día de hoy legitimando el golpe, la guerra, la participación nazi y la complicidad con el nazismo en el transcurso de la guerra mundial.

6º El Foro por la Memoria de Castilla la Mancha pide públicamente la dimisión de la alcaldesa Sagrario Gutierrez y al Partido Popular de Toledo que desautorice toda muestra de apoyo y reconocimento al golpismo franquista, la dictadura y la complicidad con el nazismo y apoye la lucha democrática contra la impunidad del franquismo que permanece a día de hoy.

En Toledo a 16 de mayo de 2016
memoriacastillalamancha@gmail.com

Fuente: Blog Sociología crítica

sábado, 23 de abril de 2016

REGRESO A SEFARAD


Quince judíos sefardíes pasan cada mes en París las pruebas para la nacionalidad española

Piedad. La pintura muestra unos judíos pidiendo clemencia a los Reyes Católicos en presencia de un prelado de la Iglesia católica (Print Collector - Hulton Archive)


Quince judíos sefardíes pasan cada mes en París las pruebas para la nacionalidad española
Todos ellos son franceses –el 10% de origen argelino– que no necesitan otra nacionalidad, pero que han optado por la española “por razones afectivas


RAFAEL POCH, París. Corresponsal

El 3 de agosto de 1943 salió de la Gare de Lyon de París un tren con destino a El Havre. Iba cargado de soldados alemanes que regresaban de un permiso vacacional en España, pero en uno de sus vagones viajaban 77 judíos sefardíes con pasaporte español, a los que el cónsul español en París, Bernardo Rolland, había logrado salvar de la deportación –y de la muerte– repatriándolos a España. Aquella operación le había costado a Rolland serios choques con las autoridades de ocupación alemanas y conflictos con el embajador de España, el falangista José Félix de Lequería –que luego sería ministro de Exteriores de Franco– artífice de la deportación de Max Aub a Argelia, de la entrega del presidente Companys a la España de Franco y del encarcelamiento en Francia de tantos exiliados republicanos. Aquel fue el último servicio que prestó Rolland en París.

El vagón fue enganchado en El Havre con otro convoy, también lleno de soldados alemanes, con destino a Bayona y llegó a Irún el 10 de agosto. Los sefardíes del vagón eran casi todos originarios del imperio otomano (Salónica) o del norte de África, asentados en París. Sus apellidos: Saporta, Toledo, Francés, Hassid, Benosiglio, Carasso… Algunos habían sido rescatados en el último momento del campo de internamiento francés. Una familia lo fue directamente del campo de Bergen Belsen. En Irún, fueron ayudados por el doctor Sequerra, delegado del Joint, la eficaz organización humanitaria de los judíos de Estados Unidos, que llegó a Irún con 18.000 pesetas para cubrir los gastos de las familias. Desde España, los sefardíes fueron pasando al norte de África. Al término de la guerra muchos volvieron a París. Algunos de ellos, o sus descendientes, se acogen hoy al real decreto de octubre del 2015 sobre concesión de la nacionalidad española a los sefardíes.

En París unas quince personas están pasando cada mes los exámenes de conocimientos socioculturales y de lengua española, organizados en el Instituto Cervantes, desde la entrada en vigor del decreto, explica Laura Gil Merino, profesora de ese centro. Todos ellos son franceses –el 10% de origen argelino– que no necesitan otra nacionalidad, pero que han optado por la española “por razones afectivas”, explica Alfonso Iglesias, el funcionario que se encarga de las entrevistas con los sefardíes interesados, y se confiesa absolutamente fascinado con las historias que ha ido recogiendo.

Por el consulado de España en París han pasado más de 250 personas, que con sus relaciones y entornos representan a “varios miles”. “Es un asunto muy sentimental que toca la fibra sensible”, dice el hasta hace poco cónsul Javier Conde de Saro, que acaba de jubilarse, en su despacho del Boulevard Malesherbes. “El de los sefardíes ha sido uno de los gestos más profundos realizados por España en los últimos años”, explica. Desgraciadamente, en el Ministerio de Exteriores no hay gran sensibilidad –y pocos recursos– para apoyar esta iniciativa reparadora.

España expulsó en 1492 a su comunidad judía, la más numerosa y próspera de Europa. La medida, que implicó seguramente a más de 100.000 personas, no fue, en toda su crueldad, excepcional ni pionera. Inglaterra lo había hecho en 1290, Francia en 1394. En el siglo XV los judíos habían sido igualmente expulsados de las ciudades de la Europa Central y del norte de Italia. Como dice el historiador francés Joseph Pérez, “si algo debería extrañar en ese fin de siglo no es la decisión de los Reyes Católicos, sino la casi unanimidad de los soberanos de Europa en adoptar la misma postura”.

Para Tomás Sonsino Obadía, productor de cine y ciudadano francés que se ha acogido al real decreto, el motivo de este regreso a Sefarad es “en primer lugar constatar que España reconoce que la expulsión fue algo malo. La segunda es que gracias a España mis padres sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, porque tuvieron el estatuto de protegidos gracias al cónsul español en París”. Por tradición oral, Sonsino sabe que sus raíces sefardíes vienen de Andalucía, de Granada.

Para Murielle Timsit, informática, que también asiste a los cursos de español del Instituto Cervantes con miras a acceder a la nacionalidad, el impulso es “resolver el misterio de por qué me siento tan atraída por España, mi pasión por el flamenco, por qué cuando estuve de Erasmus en Córdoba en 1997 sentí algo tan fuerte como cuando entré en la judería. Estuve en Toledo y me sentía como en casa”, explica. El apellido de su abuela era Durán y los rastros de su familia le llevan hasta Melilla, Barcelona y Mallorca. “Esta nacionalidad, estando yo tan próxima a España, es como un regreso a los orígenes. Estoy muy feliz porque permite reparar un error histórico”, dice. Timsit se plantea fijar su residencia permanente en España.

Decoradora jubilada, Mireille-Rachel Valensi-Debaud, oriunda de Valencia como sugiere su apellido, habla judeo-español con su madre y lo hablaba con su abuela. “Mis hijos lo entienden”. “Cuando voy a España, vibro”, dice. Pasa sus vacaciones en el litoral de Levante, donde tiene un apartamento. “Cuando íbamos a España, tomábamos tapas y nos decíamos: “¡Pero si son nuestras recetas!”. Todos ellos hablan de empanadas, de borregas, de mantecaos, de recetas preservadas a lo largo de los siglos en el ámbito familiar. “No hay en el mundo un ejemplo de comunidad tan vinculada a un país después de tantos siglos”, constata el ilustre historiador Joseph Pérez.

“Es hermoso que estén tan ilusionados con el hecho de tener un pasaporte español, no en busca de ventajas sino por sentimiento”, dice el director del Cervantes de París, Juan Manuel Bonet. El 95% vienen de un sector social medio-alto: arte, empresas, profesiones liberales. Muchos tienen apartamentos estivales en España y, contra lo que se ha afirmado en alguna prensa francesa, pedir la nacionalidad española no es una reacción a los últimos atentados antisemitas registrados en Francia, que ha aumentado la emigración a Estados Unidos, Canadá o Israel. “En las entrevistas, sólo un 2% menciona ese aspecto”, dice Iglesias, según el cual el real decreto español no gustó demasiado en Israel pese a que el número de sefardíes que piensan asentarse en España será, en cualquier caso, reducido.

Fuente: La Vanguardia

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