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domingo, 21 de mayo de 2017

¿Hacia una «primavera latina»?

Agitación contrarrevolucionaria en Venezuela

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Va en ascenso la inquietud en Latinoamérica, donde Estados Unidos y el Reino Unido están implementando una «primavera» al estilo de las «primaveras árabes». Por supuesto, como prácticamente todos los latinoamericanos son cristianos, no se tratará en este caso de sembrar la guerra enemistando a los pueblos con argumentos religiosos. Se buscará más bien la manera de recurrir a ciertos aspectos de las identidades locales. Pero el objetivo seguirá siendo el mismo: no se trata de reemplazar un gobierno por otro sino de destruir los Estados para eliminar así toda posibilidad de resistencia nacional frente al imperialismo.
Con el tiempo, numerosos líderes políticos del mundo entero han reinterpretado las «primaveras árabes». Lo que al principio parecía ser una serie de revoluciones espontáneas contra gobiernos autoritarios se ve hoy en día como lo que realmente es: un plan anglosajón de desestabilización de toda una región del mundo para poner en el poder a la Hermandad Musulmana. El recuerdo de la «revuelta árabe de 1916», durante la cual Lawrence de Arabia sublevó la región en contra del Imperio Otomano haciendo que los pueblos soñaran con la libertad para acabar sometiéndolos al Imperio Británico, está ahí para demostrarnos que Londres dispone de la experiencia necesaria para ello.
Los anglosajones están preparando al parecer una nueva ola de seudo revoluciones en Latinoamérica. Todo comenzó con un decreto del entonces presidente Barack Obama, emitido el 9 de marzo de 2015, que declaraba un estado de emergencia ante la extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela supuestamente representaba para Estados Unidos. Ese documento suscitó en todo el continente una ola de indignación que obligó al presidente estadounidense a presentar excusas durante una cumbre regional. Obama se excusó… pero no anuló el decreto y los preparativos para una nueva guerra siguieron adelante.
Es importante observar que el texto de Obama sobre Venezuela no es una ley, como la Syrian Accountabilty Act adoptada bajo la administración de George W. Bush, en 2003, sino un decreto presidencial. Eso implica que el poder ejecutivo no está obligado a rendir cuentas al legislativo sobre los preparativos que lleva a cabo al respecto.
En el mundo árabe en general, y en el caso de Siria en particular, los anglosajones necesitaron 8 años para iniciar las acciones. Pero numerosos elementos hacen pensar que necesitarán menos tiempo para emprender un programa de destrucción en Latinoamérica.
En Brasil, justo antes de los Juegos Olímpicos, estalló una serie de desórdenes contra el gobierno de la presidente Dilma Rousseff. Esta última fue destituida como resultado de un procedimiento parlamentario, legal pero totalmente en contradicción con el espíritu de la Constitución.
El golpe parlamentario contra Dilma Rousseff fue implementado, bajo el control del Banco Central –cuyo segundo al mando tiene doble nacionalidad brasileña e israelí–, por un grupo de diputados hoy metidos hasta el cuello en graves escándalos de corrupción. Los servicios de seguridad brasileños se mantuvieron extrañamente pasivos durante el golpe. ¿Cómo se explica eso? Con vista a los Juegos Olímpicos, se hallaban bajo la supervisión de expertos israelíes. Actualmente, el nuevo presidente, Michel Temer –quien tiene doble nacionalidad brasileña y libanesa–, es objeto del más amplio rechazo popular.
La situación no es mucho mejor en México, país ya de hecho dividido en cuatro. El norte exhibe un fuerte crecimiento mientras que el sur está en plena recesión. Los dirigentes políticos mexicanos han vendido Pemex, la empresa petrolera nacional, y todas sus reservas a Estados Unidos, que por consiguiente ya no necesita el petróleo del Medio Oriente. Sólo el ejército parece creer aún en el concepto de patria.
En Venezuela, la oposición ha logrado capitalizar algunos errores económicos del gobierno para realizar unas pocas grandes manifestaciones pacíficas. Pero también organiza simultáneamente minúsculas concentraciones extremadamente violentas durante las cuales han sido asesinados tanto policías como manifestantes. Creando la confusión, las agencias de prensa internacionales dan la impresión de que ha comenzado una revolución contra los chavistas, lo cual no tiene absolutamente nada que ver con la realidad.
O sea, los tres principales Estados latinoamericanos están siendo desestabilizados al mismo tiempo. Tal parece como si los neoconservadores estadounidenses, previendo un posible restablecimiento de la paz en Siria, estuviesen acelerando la aplicación de sus planes en Latinoamérica.
El viernes, en una alocución transmitida por televisión, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, puso en guardia al pueblo sobre el proyecto anglosajón de «primavera latina». El presidente Maduro citó amplia y repetidamente los precedentes de Libia y Siria ante una audiencia de intelectuales latinoamericanos, a quienes tuve la oportunidad de unirme, como sirio de corazón.
Fuente
Al-Watan (Siria)

jueves, 2 de junio de 2016

Venezuela, entre el colapso anunciado y la realidad de la calle


Caracas

Alai


Altos funcionarios de inteligencia estadounidenses informaron a un grupo de importantes medios de su país que Venezuela está al borde de un colapso posiblemente violento, una posible implosión política generada por el deterioro de las condiciones económicas, admitiendo que Washington tiene poca influencia o poder para incidir en el asunto.Según el Washington Post y Los Ángeles Times, el enfoque de Washington ya no es el fin de los gobiernos chavistas, pues ahora lo que más inquieta es una detonación de violencia política. Lo más importante: los funcionarios de inteligencia expresaron que Washington está decepcionado por la falta de cohesión y capacidad de la oposición para crear una estrategia conjunta.
Más acá de las presiones y confabulaciones, la realidad económica de Venezuela es grave mientras se habla de un default de la deuda externa o una declaración unilateral, como una vía para enderezar entuertos, el pueblo sigue padeciendo la crisis: la oposición no logra ganar la calle y el chavismo aún no sale a exigir soluciones a un gobierno debilitado por la plagas de la ineficiencia, ineficacia y la corrupción.
Lo cierto es que este Estados Unidos en etapa preelectoral teme la posibilidad de un estallido en Venezuela, sobre todo porque la paz en la región no la puede garantizar nadie: ni el enclenque gobierno interino brasileño ni el del “gerente” Mauricio Macri, de Argentina, preocupados por eventuales estallidos en sus propios países. EEUU no está en condiciones, tampoco, de afrontar otra zona de conflicto como la de Medio Oriente o la de África.
Para el politólogo Leopoldo Puchi, las presiones desde EEUU y la UE son “una intervención que distorsiona la situación nacional, que polariza, cierra puertas y exige la capitulación de uno de los factores internos. No se mueve por principios y valores, que son manejados a conveniencia: si en una protesta en las calles de París, Madrid o Baltimore es incendiado un vehículo, los autores son castigados, pero si algo similar ocurre en Caracas ya se sabe lo que dirá la Unión Europea sobre ´la libertad de conciencia´”.
Una doble moral, que al utilizar los derechos humanos como instrumento de presión geopolítica obstruye las posibilidades de reconciliación. Las demandas que se realizan para que Venezuela se reintegre al dispositivo económico y militar estadounidense representan una grave lesión a la soberanía nacional, por lo que no pueden ser aceptadas como parte de una negociación. Es difícil, pero posible alcanzar un acuerdo sobre espacios de poder entre factores internos. Pero no cabe “una cuota” para intereses extranjeros. En realidad, lo mejor, “no nos ayuden, compadres”, agrega.
Venezuela es noticia y objeto de atención en primera plana de un periodismo abocado al profetismo catastrófico, en parte como cortina de humo para esconder el golpe blando en Brasil. Así se van creando los imaginarios colectivos: en Brasil no pasa nada (aunque es el verdadero epicentro de los conflictos) y Venezuela arde…
Desde el papa Francisco y su diplomacia vaticana, pasando por presidentes, exmandatarios, candidatos, parlamentos y parlamentarios, ministros, funcionarios internacionales y, sobre todo las corporaciones mediáticas interpretan, de acuerdo a sus propios intereses, lo que acontece en el norte del sur, en una guerra virtual con amenaza de no serlo por mucho tiempo.
No hay forma de descartar la conspiración de la derecha internacional contra el país, con ejes –como desde hace 15 años- en Madrid y Bogotá, siempre bajo la batuta de Washington. Según el gobierno, se está montando un escenario de violencia para justificar una intervención extranjera de carácter militar. La campaña desestabilizadora se magnifica en los medios internacionales cartelizados, en busca de justificar un golpe.
Hace seis meses que la derecha ganara las elecciones legislativas, con la promesa de que la cola para ir a votar sería la última que tendrían que hacer los venezolanos, en referencia a las colas para adquirir productos básicos. Hasta ahora, ni una idea, ni un proyecto (más allá del mamarracho jurídico que es la ley de amnistía). Su única meta es la aniquilación del chavismo como opción política, la desaparición de un sistema que ha demostrado ser una alternativa válida al neoliberalismo.
El fin de la oposición venezolana, en sus tres vertientes, es por el momento fabricar un clima de desestabilización y caldear el ambiente hasta el extremo, ante el temor a las urnas, de perder nuevamente en un eventual referendo revocatorio o en unas elecciones presidenciales. Parece ser la oposición la que necesita una salida alternativa a la electoral, democrática.
Hay un sector que trabaja por el revocatorio, liderado por el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, otro que controla la actividad de calle, dirigido por Leopoldo López desde la cárcel a través de su partido Voluntad Popular, y un tercero, conformado por Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, que controlan la Asamblea Nacional, manejan recursos y cuentan con una amplia proyección mediática.
Los saqueos y las manifestaciones tienen el objeto de generar una situación de caos, y a partir de ésta coronar el golpe de Estado o una intervención extranjera. Pero son conscientes de que, luego de lograr dicho objetivo, deben detener la avalancha del pueblo en la calle y que la Fuerza Armada Bolivariana no los reprimirá.
La crisis
Es imposible negar la crisis actual del país, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, la inflación, la inseguridad, como tampoco la crisis dentro del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela. Pero es la cartelización político-mediática internacional configurada la que reproduce contenidos mediáticos homogéneos sobre Venezuela y nos ofrece un mapa selectivo de la realidad venezolana, lejos de la realidad misma.
Existe una escasez artificial por parte de grandes intermediarios que, en vez de colocar los productos en los establecimientos formales, hacen negocio con una red que se ha denominado “bachaqueros”. Al mismo tiempo, se produce un ajuste de precios de forma altamente especulativa, en la medida que los precios de los bienes se pueden duplicar de una semana a otra, obteniendo de esta forma un altísimo margen de comercialización.
La escasez programada forma parte de una estrategia que han perfeccionado los grupos económicos, con la esperanza de socavar el apoyo político del gobierno. “Las imágenes de la gente haciendo cola desde tempranas horas, de los rostros de frustración, de rabia y de profunda tristeza porque el dinero no alcanza, se repiten en trasmisiones continuas por las redes sociales y por las televisoras privadas. Los capitalistas, y su liderazgo político de la MUD, están aplicando una terapia de shock, para que la gente traumada acepte lo que sea, incluso un gobierno de derecha”, señala el colectivo La Calle es Nuestra.
A medida que avanza y se agrava la confrontación entre el gobierno bolivariano y la oposición, el sistema de amenazas entre uno u otro grupo dio paso a formas cada vez más violentas y a una estrategia de deslegitimación política y moral del adversario, un discurso de paz negativa, guerrero, que pretende legitimar las acciones de cada grupo en procura de su visión de paz, que expresa sus verdaderos intereses políticos o de otro orden, señala la socióloga Maryclén Stelling.
La necesidad de aplicar la Carta Democrática (de la OEA o del Mercosur) en contra de Venezuela, planificada por el Comando Sur de Estados Unidos -según la Operación Freedom 2- reaparece nuevamente, como cortina de humo del golpe jurídico-policial-mediático-parlamentario en Brasil, y forma de disciplinar a los países sudamericanos en la “estrategia de cerco y asfixia” internacional contra Venezuela que, en definitiva es el camino a deshacer los procesos de integración.
La mano invisible de Unasur 
Desterrando estridencias, desde la Secretaría General de Unasur, Ernesto Samper alentó una mediación entre el gobierno de Maduro y la MUD, protagonizada por los socialdemócratas expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana y Martin Torrijos de Panamá, con reuniones en Santo Domingo que la oposición negó primero y la prensa cartelizada insistió en invisibilizarlas siempre.
“Los buenos oficios de personalidades o instancias extrajeras son positivos y saludables cuando las partes en conflicto de un país se ponen de acuerdo para convocarlos”, señaló el diario mexicanoLa Jornada, que a continuación indicó que “los desfiguros del gobierno de Rajoy y los viajes provocadores a territorio venezolano de individuos como Felipe González y Albert Rivera constituyen actos de intervencionismo contrarios a la legalidad internacional, el sentido democrático y el respeto a la soberanía nacional de los países.
El marco identificado para estos acercamientos fue la búsqueda del bienestar de todos los ciudadanos, la paz, la justicia, la verdad, la convivencia institucional, el fortalecimiento de la economía, la preservación del Estado de Derecho, la democracia y el respeto de la soberanía nacional.
El “mejor camino para ayudar a Venezuela es el de la convivencia democrática y el diálogo entre todos los venezolanos. Son ellos y sólo ellos los que tienen el deber y la posibilidad de sacar adelante a Venezuela”, señaló Unasur.
Colofón
Las imágenes de galpones, comercios, restaurantes donde la inspección del gobierno bolivariano, con el apoyo de grupos organizados de la comunidad, encuentran grandes cantidades de productos acaparados (pasta, harina, café, aceite, azúcar, detergentes, y etcéteras varios) son transmitidas por las redes sociales y por el canal oficial, VTV. Pero estos productos siguen sin llegar a los anaqueles.
Las diarias alocuciones del gobierno no logran calmar la angustia a la gente, pero tampoco el discurso falso de la derecha, agrupada en la MUD, logra convencerlos.
Se habla de salidas, hay “conversaciones”: hay quienes especulan con un paso al costado de Nicolás Maduro y un gobierno de “transición” (pero constitucional) dirigido por el vicepresidente Aristóbulo Istúriz, hasta desembocar en las elecciones generales, pasando a fin de este año por los comicios para nombrar gobernadores y alcaldes.
Otros especulan –sobre todo desde el exterior- con un golpe, palaciego o no… o la intervención de una fuerza multilateral aupada por la OEA y/o –incluso- la OTAN.
Todos discuten sobre los padres de la crisis, muy pocos sobre cómo solucionarla.

Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).
URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/177809
 Fuente: Rebelión

viernes, 27 de mayo de 2016

El plan oculto del chavismo para dominar España

Maduro pide a las venezolanas no permitir la "violencia verbal" de los opositores
EFE


Acabarán consiguiendo que Pablo Iglesias gane las elecciones por efecto rebote, con tanta sobreactuación electoral sobre Venezuela
 Tanto jijí y tanto jajá con el uso electoralista de Venezuela, pero acabo de caerme del guindo: es todo cierto. Es incluso peor: el chavismo tiene un plan para dominar España. Y va camino de lograr sus objetivos. Yo estoy cagado, he empezado a hacer las maletas. Y la mayoría de ustedes harán lo mismo cuando lean lo que voy a contarles. Atentos.
Lo entendí todo este jueves, cuando el gobierno anunció que convocaba el Consejo de Seguridad Nacional e incluía Venezuela entre los temas del día. Al principio me lo tomé a broma, como la mayoría. Pero al rato coincidí en el ascensor con un vecino nada sospechoso de simpatías bolivarianas, y me dijo: "cómo se pasan, primero el numerito de Rivera, y ahora el gobierno…". Entonces lo entendí todo. Horror. Estamos perdidos. El chavismo está cada vez más cerca de izar su bandera en Colón, con Maduro desfilando por la Castellana (rebautizada como Avenida de Bolívar). Y no sé si aún estamos a tiempo de impedirlo.
Hasta ahora conocíamos solo una parte de su plan, la más evidente: Hugo Chávez eligió a un grupito de jóvenes profesores universitarios, los instruyó y les dio una millonada para que montasen de la nada un partido con el que tomar el poder. Pero si solo fuera eso, sería demasiado fácil. Les pillaríamos en seguida, como así ha sido. Eso es lo que querían: que les pillásemos, que creyésemos que habíamos descubierto su plan. Típico de los malos, poner un señuelo para que cantemos victoria y bajemos la guardia.
Como con eso no bastaba, activaron la segunda parte del plan. Sabedores de que los españoles no nos dejaríamos engañar por un partido filochavista, era necesario vencer nuestra resistencia. Y para ello, metieron muchos más millones para comprar voluntades: sobornaron a los estrategas electorales de los principales partidos, a los directores de periódicos, televisiones y radios, y a un montón de columnistas y tertulianos. A todos les dieron una instrucción clara: “hay que dar caña a Podemos con el tema Venezuela, pero de forma desproporcionada, sobreactuada, histérica. Sin descanso. En un crescendo imparable. Hasta que los ciudadanos se harten. Hasta que los ciudadanos se mosqueen. Hasta que vean raro tanto interés en hablar de Venezuela. Hasta que sospechen si no será todo una maniobra para desgastar a Podemos. Hasta que simpaticen con Podemos, por efecto rebote, ante lo evidente y grotesco de los ataques.”
Yo imagino a Maduro como uno de esos villanos que en su lúgubre despachoacaricia un gatito mientras ve en la pantalla a Rivera echando unas lagrimitas de cocodrilo en Caracas. Casi puedo oír su risa siniestra cuando ve a los tertulianos repetir las acusaciones contra Iglesias, los portavoces políticos insistiendo en la consigna, las portadas de periódico monotemáticas, Rajoy convocando el Consejo de Seguridad, y mi vecino en el ascensor diciendo “cómo se pasan…”, y añadiendo, al despedirse: “hasta me entran ganas de votar a Podemos”.
Así de brillante es el plan del chavismo para dominar España: lograr que los españoles demos la mayoría absoluta a Podemos por efecto rebote ante la desproporcionada campaña de sus enemigos. Suena retorcido, lo sé, pero el mal, el Mal con mayúsculas, siempre es retorcido, así disfruta más su victoria.
Imagino que se habrán gastado una millonada de petrodólares para lograr que tantos participen en el plan: PP, PSOE, Ciudadanos, los grandes medios, columnistas, tertulianos. A no ser que hayan confiado en la necedad humana, y así encima les sale gratis. Podría ser. El mal nunca descansa.
Fuente: eldiario.es

jueves, 26 de mayo de 2016

Venezuela, capital Madrid.

Venezuela, capital Madrid.


País dramático, siempre pendiente del precio del petróleo, Venezuela ejerce un fuerte influjo en la política española desde la transición
Venezuela está presente en la política española desde hace muchos años. Podríamos remontarnos al exilio del dictador Marcos Pérez Jiménez en Madrid en los años sesenta, bajo la protección de Franco.
Venezuela dejó huella en la transición. El socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, más conocido por las siglas CAP, pletórico presidente durante la segunda mitad de los años setenta, en un momento de extraordinarios beneficios petroleros, fue uno de los grandes valedores de Felipe González en la Internacional Socialista y en el entramado político latinoamericano.
A finales de los ochenta, el hombre del milagro económico intentó reanimar un país convulso por la bajada de precios del crudo y el endeudamiento. No lo consiguió. El caracazo le estalló en las manos en 1989. Revuelta, saqueos, represión policial, más de doscientos muertos, dos mil desaparecidos y el germen de un fracasado golpe militar, que en 1992 tendría como principal protagonista al teniente coronel Hugo Chávez Frías. CAP fue destituido por el Congreso Nacional en 1993 bajo la acusación de corrupción. Felipe González asistió con dolor a la caída de su gran amigo.
En 1999, rotos y totalmente desprestigiados los partidos tradicionales venezolanos, Chávez ganó las elecciones con un programa socialista, titulado “bolivariano”, que en España entusiasmó a Izquierda Unida y a sectores del PSOE (no a González). Jóvenes politólogos vinculados a IU llevaron a cabo labores de asesoría en Venezuela a principios de siglo. Allí estaban los futuros fundadores del partido Podemos. El bolivarismo avanzaba en Latinoamérica. El petróleo rendía, las arenas bituminosas del Orinoco prometían un largo periodo de beneficios y nadie sospechaba en Caracas que la estrategia saudí para frenar la autosuficiencia de Estados Unidos (gracias a las técnicas extractivas de fracturación hidráulica) provocaría, junto con otros factores, una brutal caída de precios en 2014.
Venezuela también imprimió carácter al aznarismo. José María Aznar mostró su simpatía por los adversarios de Chávez mientras se trabajaba una buena amistad con el presidente norteamericano George W. Bush y los petroleros texanos. Aznar fue acusado desde Caracas de haber apoyado activamente el intento de golpe de Estado de abril del 2002.
Inmediatamente después de ganar las elecciones en 2004, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero pidió ayuda a Chávez para apuntalar los astilleros públicos españoles. Hubo importantes pedidos de material militar desde Caracas y Bush se enfadó. Hoy Zapatero intenta actuar de mediador en Venezuela, mientras González apoya activamente a la oposición.
Roto el bolivarismo por la muerte de Chávez, la visible torpeza de su sucesor, la tremenda caída del petróleo y el hartazgo social por la escasez de bienes básicos, Venezuela se halla de nuevo bajo el huracán y actúa de telón de fondo de la angustiosa repetición electoral española, en la que la coalición Podemos-IU podría alcanzar el segundo puesto.
Venezuela, capital Madrid. El contexto internacional de España parece haberse reducido a Venezuela, pero el principal acontecimiento de junio será el referéndum británico sobre la UE. No se espera la presencia de políticos españoles en Londres defendiendo las bondades de la Unión.
Fuente: La Vanguardia

viernes, 20 de mayo de 2016

Esto no es un artículo sobre Venezuela


El diario The Washington Post dice que Venezuela necesita una intervención política exterior
EFE
¿Cómo se vería nuestro país si le aplicásemos el mismo filtro que los grandes medios usan con el gobierno bolivariano?

España no es una democracia, aunque celebre elecciones. Tiene comportamientos propios de una dictadura. Podemos llamarlo “régimen”. El régimen español. O sin medias tintas: la dictadura española. El partido gobernante, heredero del franquismo, ganó unas elecciones avaladas internacionalmente y reconocidas por la oposición, pero tras su victoria se ha dedicado a violar sistemáticamente los derechos humanos: pobreza, paro, desahucios, malnutrición infantil, gente pasando frío y buscando comida en contenedores. También los derechos políticos: ley mordaza, abusos policiales, palizas y disparos que dejan manifestantes tuertos, activistas sociales detenidos y numerosos presos políticos (sindicalistas, huelguistas, independentistas vascos). El gobierno manipula los medios públicos y los privados afines para desacreditar y criminalizar a la oposición democrática. En cuanto al conflicto del País Vasco, al norte del país, se conocen casos de tortura, cierre de periódicos, ilegalización de partidos y, años atrás, asesinatos parapoliciales. Recientemente la organización ETA abandonó unilateralmente la resistencia armada contra el régimen, pero el gobierno mantiene la represión y se niega a liberar a los combatientes vascos encarcelados. Como toda dictadura, España es un régimen corrupto: el partido gobernante ha saqueado regiones y ayuntamientos, y evadido millones al extranjero. La Justicia, controlada por el gobierno, intenta mantener una apariencia de independencia, pero la norma es la impunidad.
¿Reconocen a España en el párrafo anterior? ¿Es una descripción exacta? Todo lo que ahí se enumera es completamente cierto. Y sin embargo… El relato nos chirría, nos incomoda. Quizás es el lenguaje elegido. Quizás cierta exageración. Quizás que faltan matices importantes, y muchas otras cosas que no se cuentan y que también ocurren en España. Quizás que es una mirada parcial, interesada, muy sesgada.
Ahora imaginen que España llevase años en el lado equivocado del mundo. Que no fuese un aliado fiel de Estados Unidos, miembro de OTAN y Unión Europea, y perfectamente inserto en el capitalismo global, sino todo lo contrario: un país empeñado en hacer su propio camino, y además aliado con gobiernos de mala fama. Y que encima fuese una tierra rica en petróleo. Imaginen también que una parte de la oposición y del poder económico local estuviese empeñada en derribar cuanto antes ese “régimen”, recurriendo a todos los medios legales, pero también el golpe de Estado y el sabotaje.
De ser así, tengan por seguro que la imagen de España en la prensa internacional sería la del primer párrafo. Qué digo. Sería mucho peor. Además de sesgada, incluiría intoxicaciones, informaciones falsas. El régimen español. La dictadura española. Si encima nosotros no fuésemos españoles, sino habitantes de un país lejano pero con intereses empresariales allí, y tuviéramos un partido cuyos fundadores se relacionaron en el pasado con aquel “régimen”, entonces nuestros telediarios y portadas de periódico serían unánimes y machacones.
Ojo: nada de eso justificaría el deterioro democrático, la represión, la pobreza o la corrupción de esa España ficticia. Ni la hostilidad internacional (con EEUU a la cabeza), ni el juego sucio de parte de la oposición y del poder económico, ni la caída del precio del petróleo o la pérdida de socios regionales, servirían para disculpar los fracasos de ese imaginado gobierno español, como no sirven para disculpar los fracasos políticos y económicos propios de ese otro país que todos están pensando (y que se parece al nuestro como un huevo a una castaña, por si alguien cree ver aquí una comparación entre países tan opuestos).
Todos esos elementos no lo disculparían ni lo harían bueno, pero serían imprescindibles para tener una explicación completa. Una explicación que además incluyese todo lo hecho por unos y otros, tanto lo bueno como lo malo. Salvo que prefiramos quedarnos con una simplificación grotesca e interesada como la del primer párrafo. Ustedes eligen.
Fuente: eldiario.es

martes, 17 de mayo de 2016

ZPacificador en Venezuela

Capriles,Zapatero y Maduro



Aprovechando uno de los intermedios de la comedia de enredo del PSOE, que tan entretenido le tiene entre bambalinas, Zapatero ha llegado a Venezuela para mediar entre Gobierno y oposición en una crisis que no está a mucho de acabar como el rosario de la aurora. Junto a los también expresidentes Leonel Fernández y Martín Torrijos (República Dominicana y Panamá) y convocados por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el trío se reunirá por separado con las partes en conflicto en busca de un milagro que desactive el polvorín. “Intentaremos lo que se pueda” ha dicho al parecer Zapatero, lo que da cierta idea de lo elaborado del plan.

La situación de Venezuela es volcánica. Con varias opositores en la cárcel, a los que se supone ideólogos de las violentas manifestaciones de febrero de 2014 en las que murieron más de 40 personas y 800 resultaron heridas, el país celebró elecciones en diciembre del pasado año que dieron el triunfo a una amalgama opositora, donde conviven cerca de 20 partidos de todo el espectro político, desde la izquierda clásica a la plutocracia más clásica aún, y cuyo único denominador común es acabar con el chavismo y su sucesor. Sin más.

Pese a la terrible crisis económica que ha desabastecido a la población de los productos más básicos, ya sean alimentos o medicinas, con una inflación hiperbólica, una violencia insoportable y la caída en picado de los precios del petróleo, nadie parece muy preocupado por la emergencia social. Los opositores tienen como objetivo prioritario convocar un referéndum revocatorio de Maduro y éste impedirlo, ya sea blandiendo en su contra al Consejo Nacional Electoral o decretando un estado de excepción ante supuestos e indemostrables intentos de golpes de Estado. Es verdad que Chávez sufrió uno –aplaudido y hasta alentado según algunos por nuestro estadista con bigote favorito- aunque en las circunstancias actuales, con mayoría legislativa y con el mundo entero pendiente de Venezuela, habría que tener un cerebro del tamaño de una nuez para volver a intentarlo. Dicho esto, nada es descartable.

En esas circunstancias ha llegado Zapatero a Caracas, sin que la prensa local le haya prestado demasiado atención, todo hay que decirlo. Imbuido de su inagotable optimismo antropológico, ya había comprometido en abril su participación, junto a los citados Lionel Fernández, Martín Torrijos y el secretario general de Unasur, Ernesto Samper, en la llamada “comisión de la verdad”, con la que el Gobierno venezolano pretende determinar los responsables de la violencia de 2014 y en la que la oposición ha dejado sus cuatro sillas vacías. En diciembre ya presenció como “acompañante” el proceso electoral y empieza a ser un habitual por estas latitudes.

Como en esta ocasión Moncloa no se ha puesto como una hidra, hay que suponer que la mediación de Zapatero cuenta con los parabienes del Gobierno español. La casualidad ha querido que su viaje coincida con el de medio Ejecutivo a Cuba, donde se ha intentado remediar la torpeza diplomática de ser los convidados de piedra en el proceso de apertura del régimen, después de que por La Habana haya pasado desde Obama hasta el apuntador. Por esto mismo, a Zapatero y a Moratinos les pusieron a caldo hace algo más de un año tras ser recibidos por un Raúl Castro que se negó a dar el mismo trato a Margallo, que se fue ofendidísimo el pobre. Este lunes le recibía al fin junto a la ministra de Fomento, Ana Pastor, poco después de que se condonara a Cuba cerca de 1.500 millones de euros en intereses de su deuda bilateral. ¿Que cómo fue esta carísima reunión? “Excelente, extraordinariamente familiar y de gran cordialidad”. El acabose, vaya.

Pero estábamos en Caracas, donde Zapatero viene a ser la segunda baraja del juego, después de con la primera, la de Felipe González en el papel de abogado de los opositores encarcelados y la de Maduro llamando a Rajoy “racista, basura corrupta y basura nacionalista” por su apoyo a estos mismos presos, nunca haya dejado de pintar en bastos. No hay embajador en Venezuela porque fue llamado a consultas por estos insultos, pero a cambio tenemos al expresidente y a su sonrisa, lo que viene ser nadar y guardar y la ropa. Así debería ser entendido por su propio partido, que desde que Podemos le pisa los talones es mentarle a Venezuela y embestir como un miura.

Objetivamente, las posibilidades de que la mediación de Zapatero dé algún fruto entran casi en el campo de la quimera. ¿Cómo convencer a la oposición de que reflotar el país, luchar contra la corrupción y consolidar una economía que tenga vida propia más allá del petróleo es ahora más importante que deponer por la vía rápida a esa caricatura de Chávez en la que se ha convertido Maduro? ¿Cómo hacer entender al chavismo que Maduro es una rémora y que necesita reinventarse para no dilapidar algunos de los progresos sociales en sanidad, educación o vivienda que se han conseguido en las dos últimas décadas? ZPacificador lo tiene difícil, pero ya se sabe lo que decía Superman: “No puedo salvar a todo el mundo porque no soy Dios… pero puedo intentarlo”. Lástima de capa en la tintorería.


Juan Carlos Escudier

Fuente: Público.es

martes, 5 de enero de 2016

Venezuela candente


                                                         Ignacio Ramonet
 
Le Monde Diplomatique

El año 2016 podría ser de alta conflictividad en Venezuela. Por razones internas y por razones externas.
En el plano interior, la amplia victoria en las elecciones legislativas del pasado 6 de diciembre de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) configura una Asamblea nacional controlada –por mayoría cualificada, y por primera vez desde 1999– por fuerzas hostiles a la revolución bolivariana. Pero en cuyo seno, la bancada chavista del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sigue siendo la más numerosa con 51 diputados. Lo cual permite augurar, a partir del 5 de enero, un enfrentamiento dialéctico de alta intensidad.
Con el control de los dos tercios de la cámara legislativa, la oposición cree sin duda que ha llegado la hora de la revancha y sueña con deconstruir pieza a pieza la revolución bolivariana. Teóricamente podría hacerlo. La Constitución lo permite siempre que se cuente también con el apoyo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), que hace funciones de Tribunal Constitucional, y del Poder Ciudadano (integrado por el Defensor del Pueblo, la Fiscal General y el Contralor General de la República [1]). Pero sería un gravísimo error. La MUD no debe confundirse. Porque está claro –un simple análisis de los resultados lo demuestra– que los electores no le han dado mandato para ello, ni potestad absoluta para gobernar jurídicamente. El enfrentamiento institucional podría ser frontal y brutal (2).
Sociológicamente, el chavismo sigue siendo ampliamente mayoritario. En un eventual referéndum a favor o en contra de la revolución bolivariana, todos los estudios concluyen que una sólida mayoría votaría a favor de la continuidad del proceso. El 6 de diciembre pasado, se trataba únicamente de elecciones legislativas, de designar diputados, y no de cambiar de República, ni de cambiar de Presidente. Los ciudadanos, inteligentemente, aprovecharon para enviar un mensaje de alerta y de protesta a las autoridades. Muchos de ellos no imaginaban ni remotamente que otorgarían a la oposición una victoria tan excesiva. Nunca fue un voto de adhesión a un (oculto) programa de la MUD, sino un voto de advertencia a la actual Administración.
Y es bastante normal. Porque desde hace largos meses, como consecuencia –en parte– de una “guerra sucia” económica fomentada y auspiciada por las oficinas de la Internacional conservadora, y también –tal y como lo ha denunciado el Presidente Nicolás Maduro–, a causa de “la asfixia de la burocracia y de la corrupción”, la vida cotidiana se ha vuelto bastante infernal para la gente. El desabastecimiento de productos de primera necesidad –tanto alimentarios como de higiene personal y del hogar– y de medicamentos transforma el día a día de los venezolanos en una incesante lucha para resolver escaseces que casi nunca antes se conocieron a este nivel. Aunque muchos comentaristas no lo reconocen, las autoridades han hecho un esfuerzo colosal y prioritario para combatir esta plaga. Pero los electores consideraron que no fue suficiente. Y sancionaron con su voto negativo esa ausencia de victoria en un frente capital.
Esa es la causa principal de los adversos resultados del 6-D para el chavismo. Si a eso añadimos diversos problemas que siguen sin solución –como los temas de la inflación, de la inseguridad y de la corrupción, que contaminan la imagen de la revolución bolivariana–, completamos el diagnóstico de un malestar general que se ha tornado en sentimiento crítico contra los gobernantes.
La oposición, decíamos, cree que le ha llegado su hora: la hora de la restauración neoliberal. Y después de haber ocultado cuidadosamente su programa durante la campaña electoral, ya está anunciando en voz alta su intención de multiplicar las privatizaciones, de reducir los servicios públicos, de revocar las leyes laborales, de liquidar los logros sociales, de desmantelar los acuerdos internacionales... Ante semejante provocación (recordemos que el chavismo es sociológicamente mayoritario), el presidente Maduro ha alertado a la opinión pública y acelerado la constitución de un Parlamento Comunal cuya función en la arquitectura del Estado aún no está clara, pero que podría funcionar como un órgano representativo y consultivo de la sociedad en paralelo a la Asamblea Nacional.
Todo indica que puede haber choque de trenes. La sociedad venezolana es profundamente democrática y pacífica –tal y como lo ha demostrado en los últimos diecisiete años–, pero estamos ante un duro pulso entre las dos grandes fuerzas políticas, chavismo y derecha, que controlan, respectivamente, el poder ejecutivo y el poder legislativo. La tentación de recurrir a la calle y a las manifestaciones de masas va a ser muy grande. Con el peligro que ello conlleva en términos de enfrentamientos y de violencia.
Este escenario de guerra civil tampoco es el deseado por la mayoría de los electores cuyo mensaje del 6 de diciembre pasado significaba abiertamente una llamada al diálogo entre oficialismo y oposición con un propósito claro: que las dos fuerzas se entiendan para resolver los problemas estructurales del país.
Decíamos al principio que, en 2016, la conflictividad podría ser alta en Venezuela también por razones externas. Y es que este año se anuncia, en términos de coyuntura económica internacional, como uno de los peores en los dos últimos decenios. Esencialmente por tres razones: el ­derrumbe del precio de las materias primas y del petróleo, la crisis de crecimiento en China y el aumento del valor del dólar estadounidense.
Es inútil insistir en que los precios del petróleo tienen una incidencia fundamental en la vida económica de Venezuela, ya que más del 90% de los recursos en divisas del país proceden de la exportación del oro negro. En dieciocho meses, los precios del barril, que estaban en 115 dólares, se derrumbaron a 30 dólares... Y no es imposible que, a lo largo del año, bajen hasta 20 dólares... Para cualquier país petrolero (Angola, Argelia, México, etc.), eso representa en sí una catástrofe, pero para Venezuela (y, en cierta medida, Ecuador o Bolivia), que redistribuye en políticas sociales lo esencial de su renta petrolera, significa un golpe muy duro y una amenaza mortal para el equilibrio de la revolución bolivariana.
El segundo parámetro exterior es China. Este país ha modificado su modelo de desarrollo y crecimiento apostando ahora por su mercado interior (1.500 millones de consumidores), por el aumento de los servicios y de la calidad de vida que la contaminación amenazaba de muerte. Las tasas de crecimiento, antes del 10 o 12%, se han reducido al 6 o 7%. Consecuencia: la importación de materias primas (minerales o agrícolas) se ha reducido, lo cual ha acarreado un derrumbe de los precios que afecta de manera frontal a los países exportadores latinoamericanos de metales (Perú, Chile) y de soja (Argentina, Brasil). Las crisis políticas que están viviendo estos dos últimos países no son ajenas a esta situación, y ello afecta indirectamente también a Caracas, socio importante de Brasilia y Buenos Aires en el marco del MERCOSUR.
Por último, el dólar. La decisión que tomó el 16 de diciembre pasado la Reserva Federal de subir los tipos de interés en un 0,25%, después de nueve años sin hacerlo, aumenta la fuerza del dólar. Que el dólar sea más rentable en Estados Unidos alienta a los inversores a retirar sus capitales –invertidos masivamente en los “países emergentes” desde que empezó la crisis en 2008–, y a desplazarlos hacia Norteamérica. Consecuencia: el valor de la moneda de los “países emergentes” (Brasil, Colombia, Chile) se desploma y se devalúa doblemente por el reforzamiento del dólar y por la huida de capitales. Y todos los productos importados se encarecen.
Semejante contexto latinoamericano e internacional dibuja, para 2016, un entorno poco favorable para la economía de Venezuela. Y coloca muy cuesta arriba la perspectiva de hallar soluciones rápidas para resolver los problemas del país. Desde que ganó las elecciones el 14 de abril de 2013, el presidente Nicolás Maduro ha lanzado llamadas a la oposición y al sector privado en repetidas ocasiones para establecer un Diálogo Nacional. Es muy importante, ante las tempestades que se avecinan, que la MUD responda ahora a esas llamadas con espíritu constructivo de responsabilidad. Venezuela se lo merece.

Notas
(1) Tres cargos ejercidos actualmente por personalidades afines al Ejecutivo.
(2) Véase Gisela Brito, “Asamblea Nacional, Ejecutivo y Tribunal Supremo de Justicia, Claves sobre la disputa institucional en Venezuela”, América Latina en movimiento , Quito, Ecuador, 18 de diciembre de 2015. http://www.alainet.org/es/articulo/174345
Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=2ebf5b30-e930-4492-971c-2fb37aa6e443
Fuente: Rebelión.org

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Después del 6D: no hay chavismo vencido

 

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Henrique Capriles

Reinaldo Iturriza López

Rebelión

La identidad política del chavismo está intacta. Todo el que haya estado recientemente en las catacumbas lo sabe. Triunfante la guerra económica, el chavismo ha visto disminuir su fuerza. Pero permanece allí, irreductible. Aún puede hablarse con absoluta propiedad de una revolución bolivariana, porque existe un sujeto de esa revolución. Se dirá que son cuestiones básicas, pero son éstas, justamente, las que hay que tomar en cuenta a la hora de los balances por hacer.

No ha triunfado la oposición, sino la contrarrevolución. La caracterización, hecha por Maduro, es clave . La contrarrevolución ha logrado imponer, de manera circunstancial, las reglas de juego. Tiene la iniciativa. Para lograrlo no sólo se ha valido del antichavismo histórico (hay que decirlo, de los deseos legítimos de “cambio” de una parte de su base social, que no se identifica con las tendencias más fachas), sino que, por primera vez, ha logrado movilizar a un porcentaje de la base social del chavismo. Éste es, tal vez, el dato más enigmático del actual momento político.

¿Cuáles son las condiciones que han hecho posible este fenómeno de desafiliación política? ¿Hasta qué punto puede atribuírsele a la guerra económica? Sin menospreciar en lo absoluto los efectos de esta última, mi hipótesis es que este fenómeno también puede ser entendido como una reacción extrema, desesperada, frente a lo que se juzga como no correspondencia entre la práctica de parte del liderazgo chavista (en funciones de gobierno o con responsabilidades en el partido) y la cultura política chavista.

Bien se trate de funcionarios de gobierno o de partido, debemos someter a profunda revisión nuestras prácticas militantes. Revisar, por ejemplo, en qué medida hemos logrado asimilar que la política revolucionaria habrá de ser una política de los comunes. No se trata de una cuestión secundaria: entender que la política chavista es, por definición, una política de los iguales, equivale a resolver un problema conceptual decisivo. Quizá sea ésta la gran revolución teórica del chavismo, su contribución a la emergencia de una cultura política emancipatoria adaptada a los rigores, circunstancias y desafíos del siglo XXI. Y sin embargo, no le prestamos la importancia que merece .

El pueblo lo sabe. Sabe de sobra que con Chávez hizo épica. Los nadie, los invisibles hicieron épica haciéndose chavistas. Después de Chávez, imposible conformarse con poco o resignarse a su remedo.

Revisar nuestras prácticas militantes no significa entregarnos a la introspección mientras la vida acontece. Pero hagamos todo cuanto esté a nuestro alcance para no dedicarnos a enumerar los defectos de una clase política antichavista que, por más impresentable, hoy se erige vencedora. Sobre todo porque no estamos acostumbrados a la derrota electoral, seamos buenos perdedores. No importa si algunos de ellos se comportan como los peores ganadores. No caigamos en provocaciones: ¿acaso no está claro que el objetivo de éstas es inducir nuestros errores políticos?

Además, revisar nuestras prácticas militantes supone la ventaja estratégica de que es una tarea que le corresponde a todo el chavismo, si bien el acento está puesto en su liderazgo. Lo crucial, si al caso vamos, es que éste último evite, en todo momento, recurrir al viejo expediente de la culpabilidad de las masas malagradecidas. Un liderazgo político revolucionario asume responsabilidades, no distribuye culpas. Volviendo: revisar nuestras prácticas es algo que debemos hacer todos, y no sólo Maduro o el burócrata tal o cual. ¿Hasta qué punto hemos asimilado las lecciones históricas de la profunda transformación cultural que significó la insurgencia del chavismo? ¿Cómo se expresa esto en la forma como hacemos política? ¿Realmente hemos entendido que la revolución es una obra colectiva, y no uno más de tantos asuntos pendientes del gobierno, el partido o el Presidente?

La identidad chavista está intacta. Ella puede encontrarse en las catacumbas, pero también se ha expresado electoralmente este 6D con extraordinaria energía. A pesar de tener tanto en contra, o precisamente por ello, el chavismo ha salido a pelear, una vez más, aunque el empeño que le ha puesto no haya sido suficiente. Pero que lo sepa el mundo: el chavismo es, por definición, un sujeto guerrero. Seguirá peleando, y se reencontrará con la victoria. Tan seguro como que se llama chavismo.

No hay chavismo vencido.

* Reinaldo Iturriza López Ministro del Poder Popular para la Cultura y ex-Ministro del Poder Popular para las Comunas y Protección Social de la República Bolivariana de Venezuela

Fuente: Rebelión.org

lunes, 7 de diciembre de 2015

El chavismo se desploma en las elecciones parlamentarias

 

Miembros de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática Celebran la victoria en la ciudad de Caracas (Venezuela)./ EFE

Miembros de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática Celebran la victoria en la ciudad de Caracas (Venezuela)./ EFE

La oposición venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática, ha logrado 99 diputados, frente a los 46 del Partido Socialista Unido de Venezuela. Nicolás Maduro asume la derrota, que interpreta como "una bofetada para despertar"

FERNANDO VICENTE PRIETO

CARACAS.- La alianza de la derecha en Venezuela derrotó al chavismo en las elecciones de este domingo. Como había afirmado previamente, el presidente Nicolás Maduroreconoció la derrota —que interpretó como "una bofetada para despertar"— y llamó a unir fuerzas ante la eventualidad de “que se pretenda imponer un plan contrarrevolucionario”. Pasada la medianoche, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, anunció que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) consiguió 99 diputados contra los 46 del Gran Polo Patriótico (GPP).
Aún quedan por adjudicar 22 escaños cuyos resultados, con el 96% de voto escrutado, no muestran todavía una tendencia "irreversible", algo obligatorio por normativa electoral en Venezuela para poder informar del recuento electoral.

De este modo, a partir del 5 de enero convivirán por primera vez en la historia un Poder Ejecutivo y un Poder Legislativo de diferentes signos políticos. Esto permite prever que se agudizará la confrontación política, quedando como principal interrogante si la oposición, que hasta el momento ha intentado derrocar al gobierno violentamente, intentará hacerlo desde la Asamblea Nacional —algo que no está previsto en la Constitución, salvo casos muy excepcionales— o retomará la senda institucional. Esta segunda perspectiva implicaría orientarse, a partir de abril de 2016, a construir la posibilidad de un referendo revocatorio, posibilidad prevista por la legalidad venezolana desde la Reforma constitucional de 1999.

De acuerdo a los datos presentados, la MUD obtiene 72 diputados en circuitos regionales (nominales) y 27 diputados por lista. El GPP gana 24 nominales y 22 por lista. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Las representaciones por lista se refieren a las que surgen por cada uno de los 23 estados, más el distrito Capital, de acuerdo a una proporcionalidad poblacional. Y se asignan por el sistema de cocientes, es decir que, relativamente, tiene que ver con la proporción de votos obtenidos por cada lista.

Un grupo de personas celebra la victoria obtenida por la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD)  este lunes en Caracas./ EFE

Un grupo de personas celebra la victoria obtenida por la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) este lunes en Caracas./ EFE

Las representaciones por circuito refieren a territorios más pequeños, dentro de cada estado (o el distrito Capital) y tienen la particularidad de que la lista más votada, así sea por un voto, se lleva toda la representación. De acuerdo a su población, hay circuitos que otorgan 1 (uninominales), otros 2 y otros 3 representantes (ambos son llamados plurinominales). Es decir que si en un circuito donde se eligen tres legisladores, por ejemplo, gana una fuerza política por un voto, se lleva los tres. Un vez electos, por supuesto, no hay ninguna diferencia entre el tipo de elección en la que se originó su legitimidad y cada diputado o diputada vale lo mismo que el resto.
De los datos presentados, entonces, puede deducirse que la oposición ganó en más circuitos plurinominales, porque donde sacó una diferencia significativa fue en las representaciones nominales. En los votos lista, en cambio, la diferencia fue de 5 legisladores (27 a 22), por lo que cabe deducirse que existió mayor paridad en el total de los votos que lo que indica el número final de legisladores por cada fuerza.

Jornada de alta participación

De acuerdo a lo informado por el CNE, en las parlamentarias participó el 74.25% del padrón electoral, una cifra alta teniendo en cuenta la no obligatoriedad del sufragio. Aunque menor que en otras ocasiones, en las que rondó —e incluso llegó a superar— el 80% del padrón.
La jornada transcurrió con normalidad, sin que se registraran problemas significativos. Según informó Vladimir Padrino López, comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a cargo del plan de seguridad electoral, apenas se registraron siete incidentes.
De esta manera, se desmintió una de las matrices principales respecto a la situación de la democracia en Venezuela, que nuevamente volvió a vivir unas elecciones que la misión de acompañamiento internacional describió como “ejemplares”, con un sistema electoral automatizado que permitió a electores y electoras votar en sólo un minuto. Esto último fue destacado por votantes y dirigentes políticos de una y otra fuerza, quienes convocaron a participar todo el día. Las colas se mantuvieron hasta tarde, al punto que el CNE debió extender el horario hasta que ya no hubiera personas en los centros de votación. Precisamente esto es lo que señala el reglamento electoral, para garantizar que nadie se quede sin su derecho cívico.

Un grupo de personas celebra la victoria obtenida por la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD)  este lunes en Caracas./ EFE

Inmediatamente después de conocerse los resultados, el presidente Maduro se dirigió al pueblo reconociendo la derrota y planteando que “triunfó la Constitución, triunfó la democracia”. Señaló que quedaba demostrada la perfección del sistema electoral y señaló la diferencia entre la ética de la Revolución Bolivariana, que siempre reconoció los resultados, y la oposición, que se negó a firmar un compromiso de respetarlos y en las elecciones anteriores desconoció la voluntad popular, llegando a generar graves hechos de violencia. "Siempre hemos confiado en nuestro poder electoral y en el resto a la voluntad de ustedes, queridos compatriotas. Nuestra victoria es encaminar los conflictos del país y resolverlos entre venezolanos y venezolanas", agregó.
En las filas opositoras reinaba la algarabía. Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, dijo que se iniciaba un nuevo ciclo político en el país. Con esta victoria "la agenda de la paz reinó, la agenda de los ciudadanos se impuso, el voto logró vencer democráticamente a un gobierno que no es democrático", aseguró el portavoz de la alianza al leer un comunicado conjunto de la plataforma que agrupa a la mayoría de los partidos de oposición. Henrique Capriles consideró que “hoy ganó el camino que nos permite cambiar para siempre Venezuela”. "Los tiempos de Dios siempre serán perfectos", aseguró desde Twitter.

El nuevo escenario

Se abre así una etapa política con más interrogantes que certezas. La primera de ellas es qué relación establecerá la Asamblea con el Ejecutivo. La segunda es cuál será la estrategia del chavismo para recomponer sus posibilidades de enfrentar una ofensiva política contra su gobierno, sea la forma que adopte.
En este sentido, Maduro dijo que desde ahora, “la tarea central es acelerar una profunda revolución económica productiva que cree nuevas bases y libere al país del chantaje de quienes nos someten a una guerra económica”, identificando la situación de desabastecimiento con el malestar que se expresó en las urnas. También destacó que, en esta situación, el chavismo haya obtenido el 42% de los votos.
No es tiempo de llorar. Es tiempo de luchar, de unir fuerzas, de revisar con objetividad, de reinventarnos, de aceptar lo que esté mal y de construir respuestas y soluciones a los problemas que tiene el pueblo”, convocó. “Estoy seguro, absolutamente, de que saldremos de esta situación y abriremos nuevos caminos de victoria para una nueva mayoría revolucionaria y chavista en las batallas que están por venir. Hemos perdido una batalla pero la lucha en la construcción del socialismo y la nueva sociedad apenas comienza. Es tiempo de renacimiento desde las dificultades”.

Fuente: Público.es

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