GATONEGRO es una expresión de pensamiento y también de sentimientos y de visón estética de las cosas con ánimo de comunicar y compartir con quien quiera unirse a este KEINO que quiere decir NADA Y TODO
Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Rajoy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mariano Rajoy. Mostrar todas las entradas
domingo, 14 de mayo de 2017
Mariano en cuerpo y plasma
David Torres
Igual que con Harrison Ford, con Mariano siempre nos quedará la duda de si es un ser humano de verdad o un replicante de última generación. En Blade Runner, o al menos en la primera versión estrenada en cines, quedaba claro que lo importante no era si un ser humano podía esconder una máquina, sino más bien si una máquina podía alcanzar la categoría de ser humano. Roy Batty -espléndido Rutger Hauer- conseguía un alma en el momento de su defunción a través del vuelo de una paloma y del parlamento mortuorio más glorioso del séptimo arte. La lectura revisionista de Ridley Scott, sugiriendo que Deckard también podría venir fabricado en serie, decía exactamente lo contrario del credo igualitario contenido en la Declaración de los Derechos del Hombre. Porque no es lo mismo respetar a los que no son como tú porque tienen los mismos derechos que tú, que respetarlos porque un día tú podrías ser como ellos.
Blade Runner profetizaba los tiempos en que los emigrantes llegarían a las costas de Europa y tendrían que pasar un test Voight-Kampff para demostrar si merecen el título de ciudadanos. No les hicieron la misma prueba de humanidad a los judíos que emigraron a Israel, ni a los españoles que buscaron asilo en Argentina, ni tampoco a los millones de europeos que abandonaron el continente huyendo de la bota nazi. Ocurre que la Historia con mayúsculas ha progresado tanto que hemos vuelto a Mesopotamia: ahora mismo, gracias a un negro llamado Obama, están vendiendo otra vez esclavos negros en los puertos de Libia.
A ese mismo tipo de progreso tecnológico, que acaba dando varias vueltas de campana, hay que atribuir el éxito de los ingenieros que han programado a Mariano Rajoy en el rol de presidente. Frente a los Nexus 6, capaces de increíbles proezas intelectuales y físicas, y prácticamente indistinguibles de una persona, el Nexus Marianus apenas puede avanzar a trote cochinero y se trabuca cada tres palabras, pero es imposible distinguirlo de un gallego cualquiera. Y frente a los recuerdos falsos de los Nexus 7, que les proporcionaban una memoria casi perfecta, el Nexus Marianus posee una memoria bastante imperfecta, lo que le permite formar recuerdos falsos, olvidar colaboradores caídos en desgracia y personas de las que usted me habla. No recuerda nada, salvo alguna cosa.
La PP Corporation asegura que es mejor -por su seguridad pero también por su imagen- que Mariano comparezca por videoconferencia como testigo de la trama Gürtel. En cambio resulta más conveniente -por su imagen pero también por su seguridad- que comparezca en persona a los partidos de fútbol. Son las ventajas de contar con un presidente en cuerpo y plasma. Al fin y al cabo hay que ser un cazador de replicantes para distinguir uno de otro y tampoco es que haya mucha diferencia. El miércoles unos periodistas le preguntaron en los pasillos del Congreso qué tal iban esas imputaciones y se les escurrió como si la conexión fuese borrosa. “No, por favor, es que es todos los días” se le oyó decir, antes de que apareciera la carta de ajuste. Ha visto cosas que vosotros no creeríais: ex ministros declarando a las puertas de los juzgados y catalanes haciendo cosas. Todos esos momentos se perderán como sobres en los pasillos de Génova. Es hora de reír.
Fuente: Público.es
domingo, 18 de septiembre de 2016
Las palomas de Juncker y Rajoy
![]() |
| Palomas del triángulo de Las Bermudas |
Así como Junker no se pone en el lugar de un inmigrante, Mariano Rajoy no se pone de manera compasiva en el sitio de un parado
Miguel RoigEn la Cumbre entre la Unión Europea y la Asociación Oriental celebrada hace unos meses en Letonia, el presidente de la UE, Jean-Claude Juncker se mostró con un estado de ánimo más alegre que el habitual. Un vídeo de la televisión sueca lo muestra dando palmadas en la cara, besos en la mejilla y en la cabeza a algunos líderes mundiales. Reprochando, en broma, claro está, al primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, por no llevar corbata o haciendo un saludo militar al ministro español José García-Margallo. Algunos medios, no pocos, llegaron a preguntarse si Juncker no habría tomado alguna copa de más. Las bromas recordaron el día en el que agarró del cuello al ministro Luis de Guindos simulando que le estrangulaba frente a los fotógrafos. En esa ocasión a nadie se le ocurrió que podía estar ebrio.
Esta semana, Juncker, anunció en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo, un plan para reavivar el proyecto europeo duplicando su plan inversor. La parte emotiva la ocupó su llamado a una Europa en la que "la solidaridad tiene que ser voluntaria y no forzada". La solidaridad, viene a decir Juncker, sería un derecho ético y no un deber moral.
Sentimientos aparte y retornando a los hechos, reconoció que el plan que lleva su nombre generará crecimiento económico pero, tal como ya impone la tradición europea, no habrá empleo. Acto seguido pasó al relato compasivo: "No puedo aceptar que Europa sea el continente del desempleo juvenil".
¿Qué hacer? Su propuesta es crear un "cuerpo europeo de solidaridad" [sic] que participe en proyectos comunitarios como la atención a los refugiados. Para 2020, estima tener ocupados a unos 100.000 jóvenes. Según el último índice del Eurostat, solo en España el paro juvenil es de un 43,9% con 634.000 menores de 25 años desempleados. El voluntariado de Juncker para los próximos cinco años no despertará muchas expectativas, al menos, entre los jóvenes españoles.
Quizás el instante de mayor énfasis del discurso fue cuando Juncker sostuvo que Europa atraviesa una crisis existencial. ¿Fue este el momento filosófico del discurso? Tal vez pensaría en el Sartre que expresó que solo existimos en la mirada de los demás. De allí la solidaridad con los refugiados. O también, con el mismo colectivo en su mente, recordó que el infierno son los otros.
En Volar en círculos, el libro de memorias de John Le Carré que se acaba de publicar, su autor recuerda una cita de Graham Greene: «Si quieres hablar del dolor humano, tienes el deber de compartirlo». No parece que Juncker comparta ni sienta la intemperie y el desarraigo como los pueden experimentar un refugiado o la impotencia de un joven desempleado.
Esta levedad no es patrimonio de Juncker. Cuando George W. Bush presentó en el año 2000 en su plataforma electoral, el «conservadurismo compasivo» ( compassionate conservatism) como un programa de tolerancia, inclusión y multiculturalidad, se posicionaba en esta línea. La filósofa Michela Marzano explica la diferencia entre compasional y compasión: lo primero «es una emoción que va hacia uno mismo e intenta embellecer, por medio de otro, la bonita imagen que uno mismo se fabrica. La compasión, en cambio, tiende a eliminar la distancia entre el que la siente y el que es objeto de ella».
Juncker, al igual que Mariano Rajoy, intentan construir su imagen con relatos que solo buscan construir sus propias máscaras pero no pretenden modificar nada en el cuerpo social que se derrumba ante ellos.
Así como Junker no se pone en el lugar de un inmigrante, Mariano Rajoy no se coloca de manera compasiva en el sitio de un parado. Lo hace de manera compasional como cuando se sacó fotografías en la cola del INEM pero, jamás, lo ha hecho de manera real –a pesar de que no se cansa de invocar a la realidad–: hay una reforma laboral, un paro estructural y un crecimiento exponencial del trabajo temporal no solo de meses o de días, incluso de horas. En este sentido, las operaciones en el plano semántico dan resultado, ya que este tipo de empleo en el último Gobierno de Felipe González se le llamaba "trabajo basura".
Se ha perseguido en los últimos días a Rajoy para que se pronuncie sobre Rita Barberá. En su partido se oyen voces contemporizadoras con Barberá como la de María Dolores de Cospedal o radicales como las de Cristina Cifuentes. En el PSOE, obviamente son extremadamente críticos con el pack de la corrupción conservadora: Bárcenas, Soria, Matas y Barberá. Los populares, por su parte, señalan a Griñán y Chaves. ¿Cuál es peor?
La corrupción es un problema político que no se agota, como pretenden, solo con la ley sino con herramientas políticas que lo superen y como parte de un programa más amplio que incluya a los problemas sociales. La cuestión social es el sujeto de la crisis y no la corrupción, una consecuencia lógica de este sistema.
La fórmula Junker, por su parte, utiliza la solidaridad voluntaria para el drama de los refugiados y menciona el populismo como problema derivado de ellos cuando el populismo, la "primavera patriótica" de Le Pen o el Brexit de Nigel Farage y Boris Johnson, son obra del plan de crecimiento asimétrico, cuya nueva etapa –dice Junker– entre otros beneficios, disminuirá el desempleo juvenil con un voluntariado para asistir a los refugiados.
Cuenta Le Carré en la introducción de su biografía que el título original ( The Pigeon Tunnel, "el túnel de las palomas") tiene origen en una visión suya, adolescente, en Montecarlo. Junto al casino, cuenta Le Carré, había un club de tiro y debajo de este, unos túneles subterráneos en los que introducían a las palomas vivas, nacidas y atrapadas debajo del tejado del casino. Las palomas avanzaban aleteando por esas galerías oscuras hasta salir al cielo abierto del Mediterráneo. Los tiradores del club descargaban, entonces, sus escopetas sobre ellas. Las que se salvaban volvían, como suelen hacer las palomas, al lugar de partida, debajo del tejado del casino para repetir otra vez el ciclo.
Propone Le Carré al lector que piense en el significado de esta parábola ("sabrá juzgar mejor que yo", escribe). Podríamos aventurar, por ejemplo, que los parados, momentáneamente ocupados en un trabajo basura, y los refugiados tienen la misma suerte que las palomas del casino de Montecarlo.
Fuente: eldiario.es
jueves, 11 de agosto de 2016
Albert Rivera en Honrados Anónimos
David Torres
Estos días los periódicos vienen tapizados de arriba abajo con las fotos de los desencuentros entre Mariano y Albert, un dúo cómico que amenaza con inaugurarse pero que no acaba de cuajar. El problema es que ni siquiera ellos mismos saben si van a dedicarse al humor, a la canción o a otra cosa. En los reportajes sobre música pop lo habitual es dedicar las primeras planas a los grupos que se separan; en las crónicas políticas lo que interesa es el momento en que la banda va a juntarse, afinando los instrumentos y tanteando el repertorio. Mariano y Albert están a punto de triunfar como dúo siempre y cuando Albert acepte la precedencia en todos los órdenes de Mariano, quien nunca va a aceptar que sean Albert y Mariano por la mismas razones que Simon y Garfunkel no eran Garfunkel y Simon.
Tal y como se estrechan la mano, prolongando el apretón un buen rato, mirando al horizonte y sonriendo aplicadamente a la cámara, dan la misma impresión que cualquiera de esas parejas artísticas que siguen unidas por presiones del público o por consejos paternales de su manager. No es que no tengan ganas de seguir: es que no tienen ganas de empezar. La tirria que se profesan es previa a sus relaciones íntimas, justo al revés que ciertos matrimonios, pero en su ingenuidad piensan que quizá un buen revolcón pueda enderezar las cosas. Con lo que sueñan en realidad, por pragmatismo e ideales, es con fusionarse en una yunta artística de hermanos al estilo de Estopa, Pimpinela, Azúcar Moreno o, mejor todavía, Los Chunguitos.
Para dirimir las diferencias de criterio entre ambos, Albert le ha comunicado a Mariano una lista de seis condiciones previas que no parecen muy difíciles de cumplir: bastaría con disolver el PP. De hecho, por la peste que va soltando de norte a sur y de este a oeste, el partido entero está podrido. Sin embargo, según el electorado -por no hablar de los datos y estadísticas- España rula perfectamente aun con un gobierno en descomposición. Ya se han ido tres ministros por el desagüe y la cosa no para de mejorar; en cuanto se marchen los demás, podríamos salir del agujero.
Las seis condiciones ineludibles a las que Albert ha condicionado su apoyo no son más que una simplificación del programa de doce pasos de Alcohólicos Anónimos. No hay más que ir sustituyendo en cada uno de los epígrafes los términos “poder superior” o “Dios” por “PP” y el término “alcohol” por el término “honradez”, esa extraña droga a la que está enganchado Albert Rivera desde hace un año y que tantos disgustos le está dando. Por ejemplo:
1. Admitimos que éramos incapaces de afrontar solos la honradez y que nuestra vida se ha vuelto ingobernable.
2. Llegamos a creer en un PP superior a nosotros que podría devolvernos el sano juicio.
3. Resolvemos confiar nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado del PP, según nuestro propio entendimiento de él.
6. Estamos enteramente dispuestos a que el PP elimine todos estos defectos de carácter.
7. Humildemente le pedimos al PP que nos libre de nuestras culpas.
Etcétera.
David Torres
Fuente: Público.es
Etiquetas:
Albert Ribera,
España,
Mariano Rajoy,
Política
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


