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lunes, 28 de noviembre de 2016

Bandera roja en Alemania: su crisis 'invisible' está a punto de estallar


 Imagen de archivo de un cartel de Deutsche Bank. REUTERS


La necesidad de recapitalización de su sistema bancario, que pone el foco sobre el emblemático Deutsche Bank; una doble burbuja inmobiliaria y crediticia; y su insostenible superávit exterior por las tensiones comerciales y la baja apreciación del euro constituyen su triada fantasma.


DIEGO HERRANZ.

MADRID.- No es dorado todo lo que reluce en la coyuntura alemana. El motor de la recuperación europea podría griparse a lo largo de 2017. Hasta el punto de que cada vez más analistas hablan de “crisis invisible”, que se ha conseguido posponer en los meses recientes, pero que estallará de forma “inevitable” en el futuro inmediato. Una tesis que ya asumen instituciones como el Fondo Monetario Internacional y que preocupa en los think-tanks y servicios de estudios de bancos de inversión a partes iguales.


El FMI acaba de dar su particular señal de alarma, sin que parezca que haya cundido el más mínimo atisbo de asombro en el rostro de su imperturbable ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble. En su reciente informe anual sobre Alemania elude su tradicional lenguaje encriptado y, sin tapujos, afirma, rotundo, que “el Deutsche Bank es el factor de riesgo sistémico más importante que pende sobre la arquitectura financiera internacional”.

Todo un aviso para navegantes; es decir, para cualquier autoridad económica. Aunque no tanto para Schäuble, míster niet, la némesis actual de Andrei Gromyko, en la zona del euro, según sus propios colegas del Eurogrupo. El halcón del Ejecutivo de Angela Merkel que ha mostrado su férrea oposición a la política de estímulos del BCE, a su gestión de tipos de interés próximos a cero, a sus programas de adquisición de deuda, a la reestructuración del insostenible endeudamiento griego o a la mutualización de los bonos soberanos de los socios monetarios europeos. Por no mencionar sus constantes intentos obstruccionistas a que Alemania contribuya con nuevos fondos al restablecimiento del dinamismo de los países periféricos, los mismos que, en los años de bonanza, buscaron -y encontraron, sin apenas dificultades- las líneas de financiación del Deutsche Bank para sus negocios.
El FMI alerta que “el Deutsche Bank es el factor de riesgo sistémico más importante que pende sobre la arquitectura financiera internacional”
El diagnóstico del FMI es rotundo. Se basa en el ratio capital-activos, el conocido como Tier 1, según la nomenclatura de Basilea, las normas del Banco Internacional de Pagos (BIS por sus siglas en inglés) que han establecido las nuevas cotas de solvencia a las entidades bancarias de todo el mundo. Este indicador, en el conjunto del modelo financiero alemán -advierte el FMI- “ha caído de forma abrupta, precipitada”. Hasta suponer que el riesgo de activos sea del 22,3%, frente al 25% del conjunto de la zona del euro o la tercera parte en el caso del modelo estadounidense. Un dato de alto voltaje cuya causa señala el propio Fondo.

Para que no haya lugar a dudas: “Los bancos alemanes están minimizando sus pérdidas para evitar dañar a sus empresas”. Es decir, que se han convertido en “huraños”, aunque el poco crédito que ofrecen es para firmas germanas, muchas de ellas participadas por las entidades financieras. “Son amortiguadoras de capital”, llega a decir el FMI. También la autoridad bancaria alemana admite, de alguna forma, este escenario.

“La mitad de los bancos alemanes tienen una alta exposición a los bajos tipos de interés” [del BCE], por lo que “podría ser necesario que acometan futuras ampliaciones de capital”, admite la BaFin germana. Algo que, además, a los ojos del Fondo, “va a perjudicar el repunte inversor de países como Italia o España”. Aunque sea el BCE quien explique con suma claridad parte de este razonamiento.
Fachada de la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington, Estados Unidos. EFE
Fachada de la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington, Estados Unidos. EFE
El diagnóstico del Fondo recuerda a la advertencia del BIS a Japón a finales de los ochenta, cuando dijo a sus bancos que “debían ser suspendidos de las transacciones mundiales por sus bajos niveles de reservas
Lo hizo hace escasas jornadas Sabine Lautenschlaeger, supervisora de la autoridad monetaria europea, para quien la mayor resistencia adquirida por los bancos tras la crisis de la deuda no ha impedido, sin embargo, la ralentización de sus rentabilidades, lo que ha “elevado los riesgos en su búsqueda de beneficios” y ha puesto en duda la financiación y, por tanto, la viabilidad de numerosos negocios. Para Lautenschlaeger, los bancos no se han amoldado a un contexto de “baja rentabilidad, abundante liquidez y alta competencia” en el sector.
La cuenta de resultados del Deutsche Bank revela su estado de fragilidad. Pérdidas netas de 6.700 millones de euros en 2015, sin perspectivas de sobreponerse a sus números rojos hasta, al menos, 2018, y caídas de ingresos del 22% en el primer trimestre de 2016. Después de un año largo de descensos de dobles dígitos, decenas de miles de trabajadores despedidos, retroceso de sus ratings de deuda, depósitos y solvencia por parte de Moody’s y Fitch y unas cotas de toxicidad de 41.900 millones de euros de sus activos, fundamentalmente provocada por sus ofertas de productos derivados.

Jacob L. Shapiro, de Geo Political Futures, considera que este diagnóstico es similar al que el BIS hizo sobre Japón a finales de los años ochenta, cuando advirtió a sus bancos que “debían ser suspendidos de las transacciones internacionales por sus bajos niveles de reservas”. La primera “bandera roja” que auguraba “el colapso” del entonces proclamado milagro económico nipón, afirma Shapiro, quien encuentra otro parangón con el inicio de la doble década perdida de Japón: la excesiva dependencia de su sector exportador. En un informe titulado La crisis invisible de Alemania. Y cómo el mundo debería verla, lo explica con precisión. En su opinión, el Deutsche Bank es algo más que un banco... alemán.

“Técnicamente, es un banco privado, pero informalmente, es la mayor corporación gubernamental”, el instrumento que Berlín siempre ha utilizado, junto al Commerzbank y el Dresdner Bank, absorbido por el anterior en 2009, “como proveedores de capital, por un lado, y motores del desarrollo industrial del país”, desde su nacimiento, un año antes del nacimiento de Alemania como nación, en 1871. El mismo ejercicio, por cierto, que Commerzbank y dos antes que Dresdner Bank. Todo un ejemplo de marca-país.
Multinacionales como Volkswagen, BASF o Bayer y los grandes bancos (Deutsche Bank y Commerzbank) han elevado sus ventas al exterior y sus créditos rivalizando en precios, pero a costa de reducir sus rentabilidades
Sin embargo, a Shapiro, lo que más le preocupa es la vulnerabilidad de su sector exterior, anclado en el doble principio, no siempre veraz, de que el libre comercio es universalmente beneficioso y que los altos niveles de exportaciones indican eficiencia y solidez económica. Como lo demuestra las recientes y actuales debilidades de China, Rusia o Arabia Saudí por la severa competencia de precios a escala global. Y Alemania está, si cabe, en un peligro aún más latente porque, en términos absolutos, es el tercer gran exportador global, por detrás de China y EEUU, pero con unas ventas equivalentes al 45,7% de su PIB, frente a sólo el 22,6% del gigante asiático o al 13,4% de la economía americana.
“El patrón de crecimiento alemán no va a ayudar a evitar una crisis de mayores dimensiones”, aclara. Shapiro cree que el mantenimiento de sus actuales tasas de exportación “resulta insostenible”. Primero, porque la inestabilidad financiera de 2008, ha modificado el escenario geoestratégico en Europa, con altas tasas de desempleo en naciones periféricas, la salida de socios como Reino Unido (Brexit), la irrupción de movimientos independentistas o el bloqueo migratorio, que ya están deteriorando el mercado interior, a pesar de que esta amenaza todavía resulta invisible en Alemania por la proximidad al pleno empleo, la fortaleza de su gobierno o el vigor de su economía.

Al contrario que ocurre entre los grandes mercados exportadores -China, Rusia, Corea del Sur, Arabia Saudí-, cuyas coyunturas han empezado a sufrir por las caídas en las cotizaciones de la energía y del resto de materias primas, que también atraviesan una corrección de precios, y por una nueva reaparición de restricciones crediticias. Factores, ambos, que podrían ensombrecerse aún más con las tentaciones proteccionistas que proceden de EEUU y el riesgo de recesión. Y que podrían llevar a nuevos recortes de gastos y nuevos perjuicios a la clase media profesional en toda Europa si Schäuble, como ha hecho patente con España, reclama más austeridad.
El mercado advierte de que los bajos tipos de interés del BCE complican “cualquier gestión prudente del mercado de la vivienda”, aquejado de altos niveles de demanda y de excesos de créditos hipotecarios
A Alemania este panorama le podría pasar la factura de Japón, el enfermo económico mundial. Shapiro señala que ambas economías tienen mano de obra altamente cualificada y deben elevar el consumo interno para reducir sus generosas tasas de ahorro, trasladando sus ventajas competitivas y sus elevadas inversiones en productos de mayor valor productivo. En un momento en el que la demanda de bienes y servicios made in Germany de alta tecnología ha ido perdiendo pujanza en mercados como el estadounidense o el francés ante la fuerte rivalidad global de precios. En el que las cuotas de retorno de las inversiones realizadas por las empresas alemanas (Volkswagen, Bayer o BASF) vienen descendiendo desde finales de 2012. Y en el que su sector privado está sacrificando sus ingresos para impulsar sus exportaciones a corto plazo mediante bajadas de costes (BMW). Una estrategia que también han seguido los bancos, con una exposición de 120.000 millones de euros (el 3% del PIB alemán) al tambaleante sector financiero italiano, y que está detrás del precio más bajo de la acción del Deutsche Bank en los últimos 30 años, marcada este año, o la pérdida de beneficios del 52% del Commerzbank. Y que podría complicarse si el valor del euro, un 18% infravalorado en los mercados, según el FMI, inicia un rally alcista, a la estela del dólar.

Por si fuera poco, existe un tercer factor tumultuoso, la doble burbuja crediticia y del mercado inmobiliario. Un sobrecalentamiento que se ha acelerado por la escalada salarial, casi única en Europa, que ha removido el equilibrio entre la oferta y la demanda del mercado laboral -lastrado también por el retroceso del flujo de inmigrantes- y que contrasta con la moderación retributiva, especialmente en la industria, y con las caídas de productividad en la zona del euro, apunta Gilles Moec, economista para Europa de Bank of America Merrill Lynch.

Barbara Böttcher, del servicio de estudios Deutsche Bank, admite que los bajos tipos de interés del BCE complican “cualquier gestión prudente del mercado de la vivienda” aquejado de altos niveles de demanda y de excesos de créditos hipotecarios en los últimos años. A su juicio, “existe una clara amenaza de sobrecalentamiento”; en especial, por la moda de ampliar hipotecas de inmuebles para nuevas viviendas y porque, en paralelo, se ha instalado un boom de precios de alquiler en la práctica totalidad de las grandes ciudades del país.

Raymond Van der Putten, de BNP Paribas, indica que la combinación de alza de la energía, riesgos proteccionistas, una política fiscal menos laxa y bajos tipos de interés “reclaman correcciones en los excesos del mercado inmobiliario” y ajustes en el sector bancario y asegurador “para evitar su fragmentación”.

A la espera de acontecimientos, el consenso del mercado reduce medio punto, hasta el 1,3%, las previsiones de crecimiento del PIB germano para 2017. En comparación con el ejercicio que está a punto de culminar.

Fuente: Público.es

viernes, 7 de octubre de 2016

“Alemania destruye su propia dominación porque no se puede salir de la crisis a través del ahorro”

Tomasz Konicz, experto en Europa del Este


Alemania lleva a cabo una guerra en Europa de nuevo, esta vez con métodos económicos. El euro ha servido a la economía alemana a aumentar su superávit comercial a costa de sus vecinos, denuncia el ensayista Tomasz Konicz


Carmela Negrete   - Berlín


Tomasz Konicz es uno de los periodistas y ensayistas que denuncian desde dentro de Alemania la imposición por Berlín de políticas económicas a los demás países de la eurozona. Considera que las reglas del juego en la UE están diseñadas en beneficio de Alemania aunque muchos de sus habitantes también deben ser incluidos en la lista de víctimas.

Sus artículos aparecen en los diarios junge Welt y neues Deutschland. En 2017 se publicará en España su libro Exit. Ideología de la crisis, y estos días presenta en Berlín Colapso del capital.

Escribe en su libro Auge y caída de la Europa alemana (2015) que “Alemania lleva a cabo una guerra de nuevo”. ¿Puede explicar brevemente su tesis?


No es una guerra militar, por supuesto, sino una especie de guerra económica que se traduce en una dominación política. Se pueden trazar paralelos históricos con la década de los 30. En aquellos años se llamaba a esta estrategia "beggar thy neighbour" (arruinar al vecino, en inglés). Y funcionó entonces, así como hoy, basada en el máximo superávit comercial. Con el superávit se exportan al mismo tiempo las deudas, por lo que muchos de los países que tienen deudas tienen déficit. Con el superávit comercial se exporta desindustrialización y paro. La República Federal Alemana ha obtenido en la zona euro un superávit comercial muy fuerte desde que se introdujo el euro.

En la periferia, además, se une a dicha política las crisis propias. No se podría afirmar que en España no hubo corrupción, igual que en Grecia. ¿Dónde empieza la responsabilidad propia y acaba la alemana?


Esa política de arruinar a tu vecino solo funciona naturalmente cuando una de las economías es mas fuerte que la otra. Cuando la productividad es mayor. La corrupción está por todas partes, también en Alemania, solo hay que ver el proyecto del aeropuerto de la capital, que aún continúa sin ser inaugurado porque por cuestiones de malversación se ha construido de una forma desastrosa.

La corrupción es una constante del capitalismo, pero Alemania es el centro económico de Europa, en especial desde que se ha dedicado a precarizar la fuerza de trabajo autóctona. La introducción de la Agenda 2010 hizo que los salarios bajasen de forma masiva. Desde la introducción del euro, los salarios sólo han aumentado de forma marginal. Un masivo dumping salarial ha contribuido a aumentar aun mas dicho superávit comercial. Ha sido una estrategia consciente.

¿Qué rol juegan los acreedores de la deuda?


La ofensiva exportadora alemana ha ido de la mano de las burbujas de deuda en la periferia de Europa, como las de España, Grecia o Irlanda, que suele olvidarse. Estas burbujas hacen posible el endeudamiento. ¿De dónde viene el dinero? Pues del norte. La coyuntura de déficit provoca una circulación de dicho déficit, es decir, que desde el norte viajan las mercancías al sur y desde el sur viajan los títulos de la deuda a los tesoros de los bancos del norte. El norte se beneficia de esa forma vendiendo las mercancías y al mismo tiempo reproduciendo su capital.

Sin embargo, afirma en su libro que este sistema contiene el germen de la caída de la propia Alemania.


La política deflacionaria actual tiene consecuencias devastadoras. En los años 30 vimos las consecuencias de una política similar con el canciller Heinrich Brüning, que ha pasado a la historia como el canciller del hambre, porque llevó a cabo una política muy dura de ahorro. Ello contribuyó al ascenso de los nazis en Alemania. Y esto, de forma parecida, es precisamente lo que tenemos ahora en Europa.

El Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, impone esa dictadura de la deuda, lo cual exacerba los sentimientos nacionalistas. A través de la política que lleva a cabo Alemania, destruye a medio plazo su propia dominación porque no hay posibilidad de salir de una crisis sistemática a través del ahorro. Es una espiral deflacionaria devastadora, en la cual las medidas de ahorro llevan a que la demanda baje cada vez más. Y ello hace que la crisis de la deuda sea a su vez mayor. Esto es lo que está pasando sobre todo en Grecia.

Si cae la demanda en Europa, ¿no hay otros mercados emergentes para los productos alemanas como Brasil o India?


Eso fue una tesis que duró un tiempo, que estos países serían las nuevas locomotoras, pero eso ya es pasado, todos los países emergentes se encuentran en una fuerte crisis. Y en el caso de Brasil, porque lo ha mencionado, la crisis política que ha conducido a un golpe de Estado fáctico muestra cómo dicha creencia era errónea, ya que el pueblo en estos países es dependiente de los precios de las materias primas, y también tienen burbujas de deudas.

El mundo se encuentra en una burbuja de liquidez que ha ido fluyendo hacia los lugares en los cuales los intereses eran más elevados. Incluso en China hay unas tendencias muy fuertes a que se formen burbujas inmobiliarias y el Estado ha tenido que intervenir de forma masiva para poder estabilizar la economía.


¿Puede ser la caída del Deutsche Bank el comienzo del fin?


Puede que el Estado consiga salvar al Deutsche Bank para que no quiebre, pero después vendrá algo nuevo, una nueva crisis. Nos encontramos en una burbuja de liquidez global ante la cual los instrumentos políticos parecen estar agotados. Los intereses están en cero, de hecho ya hay intereses negativos. Si hay una nueva crisis, no habrá casi posibilidades políticas para reaccionar. Esta política de tipos bajos de interés, si se prolonga en el tiempo, socava el negocio de los bancos. El sistema se encuentra en los preludios de una gran crisis global.

¿Esos instrumentos políticos son aún más limitados en los países de la periferia del euro, como muestra el caso de Syriza en Grecia?


El caso de Syriza muestra la necesidad urgente de una organización transnacional de la izquierda emancipadora a nivel europeo. En Grecia sería necesario oponerse al régimen de ahorro impuesto por Alemania. Una conexión de las fuerzas de izquierda, al menos a nivel europeo, que en parte ya existe, que entre en las estructuras y que consiga ser una resistencia y que sobre todo desarrolle una conciencia para una transformación del sistema.

Hay fuerzas en el interior de las izquierdas que piden acabar con el euro, por ejemplo. Si Grecia hubiese salido del euro, que era lo que quería Schäuble, el país sería desde 2014 un país tercermundista.

Hay una izquierda conservadora que quiere volver al pasado. Lo cual es una verdadera tragedia, ya que los conceptos tienen que tener perspectiva de futuro y partir del presente. Muchos quieren volver a los años 70, a la Unión Soviética, a la RDA, siempre al pasado, en lugar de mirar a la crisis que tenemos ante nuestros ojos. Ante esta crisis, hay que comenzar un proceso de transformación política buscando formas de colectivización postcapitalistas. La Unión Europea no debe ser vista como algo positivo per se, porque es un campo de batalla.


Es experto en Europa del Este y sigue muy de cerca el conflicto con Rusia y el juego de intereses al que hemos asistido en Ucrania y en Siria. ¿Cuál es su visión de las relaciones entre Alemania y Rusia en este momento?


Dentro de las élites alemanas hay dos tendencias. El grupo atlántico, que cree más importante la cooperación con los EEUU, y el grupo de Charles de Gaulle, que busca alianzas con Rusia. Estamos en un momento estratégico en el que Alemania tiene que decidir si cree que es más importante el tratado TTIP y una alianza con EEUU, o se trataría de hacer una coalición euroasiática. Estas tendencias se encuentran en los dos partidos en el poder, tanto en la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) como en el partido socialdemócrata (SPD).

Yo mismo no sé cómo se va a decidir. Siria es ahora mismo el punto de conflicto del imperialismo global. Siria es tan peligrosa porque hay tres conflictos en su interior: el juego imperial (los EEUU ya no son el único país imperialista que interviene en Oriente Medio), una nueva guerra fría con Rusia y por último están los actores locales, como Turquía. La lucha entre chiíes y suníes, entre el eje Ankara-Riad y el Irán y Siria. Y el innumerable número de milicias que se han formado de la descomposición del sistema capitalista en la región.

Ahora que la hegemonía de EEUU está erosionada, aparecen nuevos estados-monstruos de nuevo. Hay una competencia mayor. La mayor amenaza para EEUU es una coalición eurasiática entre Rusia y China. De ahí que traten de llevar a cabo los acuerdos económicos TTIP con Europa y TPP con Asia. Es un cordón sanitario que pasaría en Asia por Filipinas, Japón, Corea y Vietnam. Y en Europa y en Oriente Medio la frontera va hasta Ucrania. Esa guerra en Ucrania es parte de esta estrategia. No se trata de Ucrania como tal, sino del peligro de que Putin acoja a Ucrania en una coalición euroasiática. Entonces es cuando se produjo el golpe de Estado liderado por fuerzas de extrema derecha.

¿Qué fuerzas emancipadoras de izquierdas ve en esas dos regiones en guerra, Ucrania y Siria?


Para mí claramente en Siria los únicos son los kurdos de las Unidades de Protección Popular, el YPG, que fueron formadas por el PKK (turco) y tratan de llevar a cabo una estrategia inclusiva. Durante un tiempo estuvieron haciendo malabarismos entre las fuerzas imperiales.

En Ucrania, sin embargo, prácticamente no hay nada. No veo fuerzas progresivas en la región. El movimiento del Maidán fue instrumentalizado por fuerzas occidentales y se apoyó en las fuerzas más radicales de derecha en su interior. Sobre todo, EEUU formó a neonazis en técnicas paramilitares en torno a la ciudad de Lviv, que es el centro del fascismo ucraniano.

El ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, estuvo en la plaza de Maidán jaleando a los manifestantes para luchar contra el régimen de Kiev. ¿Por qué no estuvo en la Puerta del Sol de Madrid apoyando al movimiento 15M?


En Alemania toda la protesta española se siguió con mucho interés, así como la posterior imposición de la Ley Mordaza, que fue la reacción del Estado español a las protestas masivas. España estaba en la línea de los intereses económicos alemanes, ha seguido el dictado del ahorro, así que sus dirigentes pueden hacer lo que quieran. Ucrania no estaba en esa tendencia, quería entrar en la Unión Euroasiática, la oligarquía del Este estaba en aquel momento en el poder y quería colaborar con Putin. En ese caso se apoya incluso a los nazis si hace falta.

Fuente: eldiario.es

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Decepcionante voto del SPD alemán a favor del polémico tratado UE-Canadá



Tom Kucharz
Miembro de Ecologistas en Acción y de la campaña contra TTIP, CETA y TiSA

La sociedad civil critica duramente la decisión del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) que ha votado a favor del tratado de comercio e inversión UE-Canadá (CETA), una especie de globo sonda del TTIP con Estados Unidos. Con ello, el SPD ha sacrificado los servicios públicos y la protección del medio ambiente y la salud para salvar las ambiciones personales y la carrera política de su presidente, Sigmar Gabriel, traspasando todas sus “líneas rojas”.

La decisión ignora a la opinión pública, según sondeos sólo un 18% de la población alemana considera el acuerdo con Canadá como “algo bueno”, y llega a sólo dos días de la movilización en siete ciudades alemanas que congregó a más de 320.000 personas en contra de estos tratados comerciales.

La convención extraordinaria del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) votó a favor de la resolución que la dirección había preparada para respaldar la línea política de su presidente, Sigmar Gabriel que se empleó a fondo en los últimos meses para hacer propaganda a favor del tratado y maniobrar confundiendo a la opinión pública. Gabriel ha llegado a definir el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) como el “mejor tratado comercial jamás negociado”. “Queremos convencer a los sindicatos que CETA también protege los intereses de los trabajadores”, comentó la semana pasada.

Gabriel ha conseguido meter en cintura a su partido con promesas vacías y consuelos sobre supuestas mejoras del CETA. La promesa, a último hora, de incorporar al acuerdo una especie de “protocolo” con mejoras procedimentales en algunos capítulos no altera el espíritu peligroso del acuerdo y ha sido una simple cortina de humo para distraer y acallar a la oposición interna del partido.

El también vicecanciller alemán y ministro de economía realizó la semana pasada un viaje relámpago a Canadá para negociar una declaración conjunta que incluye elementos como garantizar “jueces independientes” a través de un código de conducta en los tribunales de arbitraje, la ratificación y aplicación de las normas laborales de la OIT, la efectividad de los mecanismos de resolución de controversias Estado-Estado, la intención que los servicios públicos “están protegidos” o que los procedimientos de la contratación pública puedan incluir criterios sociales y laborales. Gabriel reconoció que el propósito de la declaración conjunta era convencer a los sindicatos y los críticos de su partido, que CETA era un “buen acuerdo”.

Sin embargo, con la resolución a favor del CETA el SPD apoya la expansión muy sustancial de los privilegios especiales e inconstitucionales de las grandes multinacionales para demandar a los Estados antes tribunales privados de arbitraje si una decisión política o una sentencia judicial afecte negativamente a sus beneficios.

El CETA incluye un mecanismo de solución de controversias entre inversores y Estados (ISDS) —al que más tarde, en febrero de 2016, se le dio un cambio de imagen cambiando el nombre por el de Sistema de Tribunales de Inversiones (ICS) que concede a los inversores extranjeras la potestad de demandar directamente a los países ante tribunales internacionales privados y exigirles una indemnización por adoptar salvaguardias en materia de salud, medio ambiente, finanzas u otras medidas internas que, en opinión de dichos inversores, socaven sus intereses.

El SPD reniega sus propias líneas rojas porque con el CETA se daría vía libre a una ola de demandas de las multinacionales contra los Estados con la posibilidad de frenar medidas, por ejemplo, para aumentar del salario mínimo, re-municipalizar servicios públicos privatizados, para prohibir casos de industria fraudulenta como el caso Volkswagen o luchar contra el calentamiento global.

Según una querella ante el Tribunal Constitucional CETA contraviene la Constitución alemana. Por ejemplo, los órganos europea-canadienses que se crearían con el CETA obtendrían amplios poderes para interpretar y cambiar el Tratado sin pasar por los parlamentos.

Gabriel miente cuando dice que “con CETA no hay una disminución de los estándares”. Incluso durante su negociación ya se han bajado normas ambientales. Por ejemplo, se ha debilitado la «Directiva sobre calidad de los carburantes». Entre 2013 y 2015 el Gobierno canadiense y las empresas petroleras –como Shell, BP y Repsol- se gastaron más de 30 millones de dólares para hacer lobby en Bruselas con el fin de que la UE levante sus barreras al crudo más contaminante de Canadá. Ahora, la entrada masiva a Europa del petróleo procedente de arenas bituminosas, cuya combustión produce un 23% más de emisiones de CO2 que la del petróleo convencional, hará inviable el compromiso original de la Directiva de Calidad de los Combustibles, de lograr que el carburante consumido en 2020 tenga un 6% menos de emisiones de media que el consumido en 2010.

La “cooperación regulador”a en CETA tiene graves implicaciones. Es parte de un esfuerzo más amplio de la Unión Europea y de las asociaciones empresariales para controlar la reglamentación nacional a través de los acuerdos comerciales internacionales que tienen preferencia sobre las leyes nacionales. En CETA, la cooperación reguladora cubre una vasta área, tanto del comercio de bienes y servicios y de la inversión. Entre sus objetivos figuran la eliminación de “obstáculos innecesarios al comercio y la inversión” y la modificación de muchas leyes que protegen el medioambiente y la salud pública, entre otros. Equiparar las regulaciones de Canadá y la Unión Europea conduciría a una competición a la baja.

Las instituciones y los mecanismos que crearía el CETA buscan facilitar a las grandes empresas dominar la agenda reguladora. La estrecha relación de Canadá con Estados Unidos y los filiales de la mayoría de las grandes empresas de Estados Unidos en Canadá abre la puerta para que dichos sectores empresariales también tengan una influencia significativa sobre los cambios legislativos que se pueden desarrollar con el acuerdo y alcanzar así una parte sustancial de los objetivos perseguidos bajo las negociaciones del TTIP (incluso si no se llegase a concluir el TTIP).

Debido a las funciones que el CETA transfiere a instituciones de nueva creación es probable que conduzca a retrasos, bloqueos y una reducción en el nivel de regulación y las competencias parlamentarias en áreas tales como el cambio climático, las finanzas, los productos químicos tóxicos, etc.

Esto es extremadamente peligroso en una época en la que se necesitan políticas coherentes sobre cambio climático y la contaminación del aire, la regulación financiera, en áreas como nanotecnologías, disruptores endocrinos (contaminantes hormonales), la biología sintética, la reducción de los precios farmacéuticos, la protección de datos y los problemas en la agricultura, por mencionar sólo algunos de los desafíos regulatorios que tenemos.

Con la resolución de Wolfsburg bajo el brazo, Gabriel puede ir a la cumbre informal de ministros de comercio, que tiene lugar esta semana en Bratislava, fanfarronear sobre la “responsabilidad” de la socialdemocracia y votar en el seno del Consejo de la Unión Europea a favor de la firma del CETA prevista para finales de octubre. Pero sobre todo alienta sus ambiciones para presentarse como rival a la canciller Angela Merkel en las elecciones generales del próximo año.

A medio plazo, eso quiere decir que el SPD votará –probablemente- a favor del tratado con Canadá tanto en el Parlamento Europeo así como en el Bundestag. Ello podría debilitar al ala izquierda del partido y a las delegaciones de Francia, Bélgica, Reino Unido, etc. en el grupo parlamentario europeo (S&D), entre cuyas filas hay bastantes parlamentarios críticos o incluso contrarios al CETA.

Queda la esperanza que en la cámara alta (Bundesrat) una mayoría de los estados federales vote en contra el CETA y bloquee así su ratificación. Es especialmente en el ámbito regional y local donde hay mucho malestar institucional por las posibles consecuencias del CETA y del TTIP sobre las competencias gubernamentales y parlamentarias.

¿Qué pasa ahora?

La agenda oficial de Bruselas registra, por el momento, una decisión sobre la firma y aplicación provisional del CETA prevista para la reunión del Comité de Representantes Permanentes (Coreper) el 12 de octubre, la adopción de una decisión en la cumbre del Consejo sobre Política General el 18 de octubre y la firma el 27 de octubre en la cumbre UE-Canadá.

Aún no se ha dicho la última palabra. Según las actas secretas de la última reunión del Comité de Política Comercial del Consejo de la Unión Europea, del pasado día 16, hay varios gobiernos, por ejemplo de Bélgica, Austria, Hungría y Eslovenia, que han señalado no estar en condiciones para firmar el CETA. Lo cual puede alterar la agenda oficial. La movilización contra estos tratados malditos continuará y tendrá cada vez mayor impacto electoral. Y, al final, cosecharemos victorias.

Como siguiente paso convocamos a toda la sociedad a expresar su opinión ante los tratados TTIP y CETA. Para ello, se han convocado acciones el día 20 de septiembre y manifestaciones el próximo 15 de octubre.

FUENTE: PÚBLICO.ES

lunes, 5 de septiembre de 2016

La ultraderecha supera a los conservadores de Merkel en Mecklenburgo-Antepomerania

La canciller en una foto de archivo.


La derecha populista de la Alternativa para Alemania (AfD) logra un 21% en estas elecciones regionales que ganan los socialdemócratas con un 30%. El tema de los refugiados fue clave en un Estado que tiene la menor proporción de extranjeros de toda Alemania.

Thilo Schäfer

Las elecciones regionales este domingo en Mecklenburgo-Antepomerania, un Estado en el noreste de Alemania, han confirmado el auge de la derecha populista del partido Alternativa para Alemania (AfD). En la primera vez que se presentó en esta región logró casi un 21%, superando a la Unión Democristiana (CDU) de la canciller alemana, Angela Merkel.

El ganador de las elecciones, sin embargo, ha sido el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) del primer ministro Erwin Sellering, con el 30,5%, lo cual le permitirá continuar el gobierno de gran coalición con la CDU, aunque hay otras opciones abiertas.

Todos los candidatos coincidieron en que el tema dominante fue la llegada de los refugiados a Alemania, aunque en Mecklenburgo-Antepomerania el impacto ha sido mucho menor que en otras partes de Alemania. Este Land de 1,6 millones de habitantes tiene la menor proporción de residentes extranjeros (3,7%) del país y en 2015 acogió solo 23.000 refugiados.

“Solo hubo un tema en la campaña, los refugiados, a pesar de que aquí no hay ningún problema ya que los hemos integrado bien”, dijo el candidato de la CDU, Lorenz Caffier, cuyo partido se quedo en el 19%. “Ha sido el tema dominante y nosotros hemos sido los únicos que lo hemos tratado debidamente”, afirmó el candidato de la AfD, Leif-Erik Holms. La presidenta de la formación ultraderechista, Frauke Petry, aseguró que el resultado era “una bofetada para Angela Merkel y su política de inmigración catastrófica”.

Las encuestas preelectorales mostraron que el tema de los refugiados fue la segunda preocupación de la ciudadanía en esta región (28%), después del empleo con el 37% -en 2011 había sido el 70%-.

Trasvase de voto de otros partidos

El análisis de los expertos en demoscopia ofrece una interpretación interesante del triunfo de la derecha populista, que ya tiene representación en nueve de los dieciséis parlamentos regionales de Alemania. Según los sondeos a pie de urna, el 17% del voto de la AfD habría provenido de votantes socialdemócratas. Un 15% viene de la CDU, un 12% de Die Linke, el partido de izquierda con fuerte arraigo en Alemania del Este, y un 16% del neofascista Partido Nacional Alemán (NPD), que llevaba 10 años con presencia en el Parlamento pero en esta ocasión no superó el umbral del 5% de los votos.

Pero la mayor bolsa de votos para la AfD fueron personas que hace cinco años no habían votado: un 34%. En esta votación, la participación creció fuertemente. Un sondeo de la cadena de televisión ZDF reveló que, entre la clase obrera, el SPD empató con la AfD con el 28% de apoyo.

“Tenemos que evitar que la gente tenga la sensación de que solo hay dinero para los bancos y los refugiados pero no para escuelas y pensiones”, comentó el presidente socialdemócrata y vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel.

Las elecciones en esta región del Báltico son un serio aviso para Merkel, que está siendo muy cuestionada dentro de las filas conservadoras y que tiene su distrito electoral precisamente en Mecklenburgo-Antepomerania. En solo dos semanas, se celebran elecciones regionales en la ciudad-estado de Berlín y dentro de un año tocan comicios nacionales.

A pesar de perder más de cinco puntos, el SPD salva los muebles y puede seguir gobernando en la región. Para Die Linke, que nació de los herederos del antiguo partido comunista que mandaba en la RDA y grupos socialdemócratas del oeste, las elecciones han sido también un fracaso, ya que baja cinco puntos hasta el 13%.

Los Verdes también se han quedado fuera de la Cámara de Schwerin al perder casi la mitad de sus votos.
Fuente: La Marea

lunes, 8 de agosto de 2016

… ¿Y EL PATRIOTISMO ALEMÁN?


 
Berlin, un lugar simbólico

En general y aunque el nacionalismo es reiteradamente atacado, las naciones siguen organizando desfiles y conmemorando viejas victorias, fiestas nacionales y monumentos a un mítico soldado desconocido de guerras olvidadas.  Francia, Rusia y China serían el ejemplo, cada 9 de mayo la Plaza Roja de Moscú se llena de un estruendo que cuadra muy bien con la obertura 1812 de Chaikovski.


 Pero y ¿ALEMANIA?

Pese a lo que se dice, la suerte bélica del país germano ha sido bien triste durante el pasado siglo; 1918 y 1945 son para los alemanes despertares de pesadilla, sobre todo el último de esos años, el OCASO DE LOS DIOSES que algunas veces se dijo. La división del país, el espectro de los juicios de NURENBERG y tantas otras circunstancias de todos bien conocidas, hacen difícil la satisfacción nacional, hay además mucha vigilancia, no vaya a ser que…
Pero resulta que Alemania está ahí, con su lugar geográfico central, su demografía, su tradición cultural y científica su lengua tan rica, su pensamiento, por citar algo desde Manuel Kant a Jorge Federico Hegel, Schopenhauer o Marx sin olvidar claro está la música, Bach, Schubert o Brahms...
Tras más de 70 años de la rendición de Berlín, Alemania con más o menos milagros, al parecer todos económicos, ocupa un alto lugar en el mundo cerca del consejo de seguridad de Naciones Unidas.
Pero en los años 40 y 50 del siglo XX, se pronunciaron discursos de vencedores que no fueron palabras al viento. Se potenció el europeísmo contra Rusia y contra una resurrección de lo alemán, la capital estuvo en Bonn signo de la derrota hasta que volvió a la Puerta de Brandemburgo.
Se decía que Mitterrand para animar a sus conciudadanos a votar en favor de Maastricht lanzó un reto, más vale una Alemania europea que una Europa alemana.
Los gobernantes alemanes desde Konrad Adenauer a Ángela Merkel parecen querer hacerse perdonar por la creciente potencia de su país, con un poder mercantil de pocos sentimientos, de poca vibración, el complejo es tan grande que en muchos foros los delegados de Alemania usan el inglés en sus intervenciones ¿Por qué?
Habermmas y otros pensadores ven en la hegemonía alemana algo sin voluntad de liderazgo, el país nieto de Bismarck no asume o no se le permite asumir el componente político de su potencia. En Frankfurt está el Banco Europeo, ese es el signo, pero otras expresiones de ese poder, ¿dónde están?
El BREXIT es una manifestación inglesa de su nacionalidad identitaria, el Frente Nacional de Francia, las elecciones en Austria o los votos de Holanda, muestran que el europeísmo impuesto tras la guerra va calando cada vez menos en las respectivas opiniones públicas.
El éxito reciente de ALTERNATIVE FÜR DEUCTLAND (AFD), puede apuntar al cabo del tiempo que en el territorio de la vieja RDA y ahora en todo el espacio nacional alemán se van echando al baúl de los recuerdos los complejos de “derrotados”. No se trata de rehabilitar al nazismo, pero sí de que ese país viva en plenitud sus triunfos industriales y económicos ya que una cultura es mucho más que las aburridas fluctuaciones del euro o las tribulaciones del malhadado DEUCHTBANK
ICH BIN ESTOLTZ EIN DEUCTCHER ZUSEIN
(ESTOY ORGULLOSO DE SER ALEMAN)
Jose Ramón Montes GATONEGRO


sábado, 23 de julio de 2016

Un joven de 18 años, autor del tiroteo de Múnich que ha dejado nueve muertos

Numerosos agentes de la policía y ambulancias rodean la entrada del centro comercial donde se ha producido un tiroteo en Múnich, Alemania. EFENumerosos agentes de la policía y ambulancias rodean la entrada del centro comercial donde se ha producido un tiroteo en Múnich, Alemania. EFE

Se trata de un alemán de origen iraní que se suicidó. La Policía muniquesa trata de averiguar la motivación del atacante
Las autoridades han decretado el estado de emergencia en Múnich tras el ataque, que ha dejado 16 heridos
La Policía alemana ha señalado que existe una "alta alerta terrorista" en Múnich después de que nueve personas hayan perdido la vida y 16 hayan resultado heridas, como consecuencia de un tiroteo en un centro comercial de la capital bávara y cercano al parque olímpico.
En un comunicado, la Policía ha precisado que el tiroteo comenzó en torno a las 17:50 horas en un McDonald's del centro comercial Olympia, situado en el distrito de Mosaach. En la nota se recogen los testimonios de algunas personas que se encontraban en el local cuando los atacantes comenzaron a abrir fuego. En concreto, los testigos apuntan a un total de "tres atacantes", todavía sin identificar, aunque la Policía descarta "indicios de un atentado yihadista".
Vídeos difundidos en las redes sociales muestran a gente gritando y corriendo a ponerse a cubierto tras comenzar los disparos. M inutos después de iniciarse el ataque, la Policía y los servicios sanitarios se han trasladado al escenario de los hechos y han acordonado la zona para evacuar el local.
Aunque en un primer momento se hablaba de tres autores, el atacante habría sido un único joven de 18 años que se ha suicidado tras el ataque. La red de autobuses y metro fue bloqueada en un primer momento para evitar la huida de posibles sospechosos, pero a primera hora de la mañana de este sábado ya ha sido restaurada y vuelve a funcionar con normalidad.
La Policía de Múnich ha sido muy activa a la hora de proporcionar información, realizando un seguimiento incluso en varios idiomas (entre ellos el francés y el inglés, además del alemán). A través de sus cuentas oficiales en Twitter y Facebook han instado a la ciudadanía a  no compartir vídeos e instantáneas del operativo policial, además ha solicitado que se deje de  especular con la información sobre el tiroteo para facilitar su labor en la búsqueda de los autores del ataque.

Estado de emergencia

Las autoridades han decretado el estado de emergencia y han reforzado los controles fronterizos, mientras el Gobierno de Baviera ha convocado una reunión de emergencia.
Las fuerzas de seguridad alemanas están en alerta desde el lunes, después de que un refugiado afgano de 17 años cargara con un hacha  contra los pasajeros de un tren de Baviera. El acto fue reivindicado por Estado Islámico.

Apoyo de la comunidad internacional

Varios líderes internacionales han trasladado su estado de conmoción a medida que se han ido sucediendo las últimas novedades sobre el que parece ser, tal como apuntan las autoridades policiales, un "atentado terrorista".
En este sentido, el presidente norteamericano, Barack Obama, ha comunicado su apoyo a Alemania durante una comparecencia pública. "No sabemos qué está pasando exactamente, pero nuestros corazones están con los heridos. Prometo que enviaremos todo el apoyo que precisen", ha afirmado.


Su homólogo español, Mariano Rajoy, también ha trasladado su preocupación sobre el ataque y ha transmitido su "apoyo y afecto" al pueblo alemán.
Fuente: eldiario.es

sábado, 30 de abril de 2016

¿Cuál es el juego de Angela Merkel con Turquía?

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A primera vista, la canciller alemana apoya la guerra turca contra Siria y subvenciona el cierre de las fronteras turcas con la Unión Europea. Pero resulta imposible entender cómo piensa lidiar con las consecuencias de la militarización turca, principalmente en lo que concierne a la expansión del terrorismo y la expulsión de los kurdos y los cristianos.

por Thierry Meyssan

¿Se aplicará finalmente el acuerdo del 18 de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía? Oficialmente, Turquía debería recibir 6 000 millones de euros en 2 años y la Unión Europea eximiría a los ciudadanos turcos de la exigencia de visa para circular en el espacio Schengen a cambio de un cierre de la frontera turca al flujo de migrantes y de que Turquía aceptara acoger de vuelta en suelo turco a todos los migrantes que logren penetrar en la Unión Europea.

Este acuerdo no afecta a los 1,8 millones de migrantes que ya entraron en la Unión Europea desde Turquía. Tampoco concierne a los 2,7 millones de refugiados sirios que se amontonan en Turquía.

Un mes después de la firma de ese acuerdo, sólo 325 migrantes han sido enviados de vuelta a Turquía y solamente 103 refugiados sirios han sido aceptados legalmente en la Unión Europea.

Es evidente que no fue para obtener estos magros resultados que Bruselas prometió a Turquía 6 000 millones de euros. En realidad se trataba de un financiamiento oculto de la guerra turca, financiamiento otorgado por la Unión Europea a pedido expreso de Francia y de Alemania.

El viaje de Angela Merkel a Turquía, el 23 de abril de 2016, tenía como objetivo, según Berlín, completar la aplicación del acuerdo. Así que la canciller alemana visitó el campamento modelo de Nizip-2. Se trata del único correctamente mantenido en Turquía y las condiciones que allí existen no tienen absolutamente nada que ver con las deplorables condiciones de vida de la inmensa mayoría de los refugiados sirios en Turquía.

Esta extraña visita, de la que se vieron excluidos los periodistas (fue cubierta solamente por los servicios de prensa oficiales), permitió a la canciller alemana hacerse lindas fotos, rodeada de niños bien alimentados, como dando a entender que Turquía no necesita el dinero de la Unión Europea para ocuparse de los refugiados sino, más bien, para continuar la guerra.

Alemania ha desempeñado un papel importante contra Siria. En 2005, fue Alemania el país que proporcionó el arma que Estados Unidos e Israel utilizaron en el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. En 2012, fue también Alemania quien organizó la reunión de los «Amigos de Siria» en Abu Dabi, donde las potencias coloniales se repartieron los yacimientos sirios de gas. También fue Alemania quien organizó, igualmente en 2012, la redacción del plan secreto de rendición total e incondicional de Siria, redactado por el estadounidense Jeffrey Feltman. Y es también Alemania quien aún sigue tratando de imponer ese proyecto en Ginebra, a través de Volker Perthes, el ayudante de Stefan De Mistura.

Durante su viaje a Gaziantep, la canciller alemana declaró: «He (…) reclamado nuevamente que tengamos una zona donde el alto al fuego sea particularmente reforzado y donde se pueda garantizar un nivel suficiente de seguridad». Para las agencias de prensa occidentales, Merkel también apoyó el proyecto turco de «no fly zone» sobre el territorio sirio. La realidad es que se trata de un apoyo que no compromete a nada ya que su aplicación exigiría un voto en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia, China y Estados Unidos votarían en contra.

Es difícil interpretar la posición alemana. Es evidente que la señora Merkel está tratando de ganarse la simpatía de su aliado turco, de lograr que detenga el flujo de migrantes y de ayudarlo a continuar su guerra contra el pueblo sirio. Pero resulta imposible imaginar que no sienta inquietud ante la extensión de sus actividades terroristas hacia Europa, ni ante su anunciada voluntad de despojar de su nacionalidad a 6 millones de turcos, lo cual provocaría una nueva ola migratoria.

Thierry Meyssan

Fuente
Al-Watan (Siria)

Red Voltaire

Artículo bajo licencia Creative Commons

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Fuente : «¿Cuál es el juego de Angela Merkel con Turquía?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 29 de abril de 2016, www.voltairenet.org/article191544.html

martes, 12 de abril de 2016

Alemania: La nueva extrema derecha, mezcla de neoliberalismo y racismo


Elsässer: de la extrema izquierda a la extrema derecha



Anthony Fano Fernandez

Jacobin Magazine

El abismo que media entre ideología y realidad no podría ser más llamativo: de acuerdo con un estudio del Centro Europeo de Investigación Económica, publicado en noviembre, los inmigrantes aportan una contribución neta positiva a los sistemas de previsión y seguridad social de Alemania. El autor del informe, el economista Holger Bonin, demuestra que en 2012 cada residente en Alemania que no tenía pasaporte alemán pagó en promedio 3 300 euros más de impuestos y cotizaciones a la seguridad social que lo que recibió en forma de transferencias del Estado. No obstante, los sondeos dicen que dos tercios de los alemanes están convencidos de que los inmigrantes son una carga para el sistema de bienestar de su país. Al margen del mal gusto de evaluar la vida humana con criterios económicos, la combinación del cálculo de Bonin con los sondeos muestra una imagen sorprendente de la mentalidad actual de los alemanes en materia de inmigración y la convergencia de la reconfiguración neoliberal de la sociedad alemana con formas racistas de entender estos cambios.

Cuando el ex ministro de Hacienda del land de Berlín, Thilo Sarrazin, publicó su libro Deutschland schafft sich ab (Alemania se condena), en 2010, pocos observadores reconocieron que anunciaba el surgimiento de una nueva extrema derecha modernizada en Alemania, una que se apartaba significativamente de la extrema derecha nazi y nacional-conservadora populista de la vieja escuela de décadas anteriores. Quedaron olvidados de modelos sociopolíticos colectivistas y el racismo biológico, sustituidos por el matrimonio de la doctrina neoliberal moderna con el racismo culturalista. Esta nueva extrema derecha está conformando ahora una entidad coherente con contornos bien definidos y una división del trabajo entre diferentes componentes: un partido electoral denominado Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania, AfD); un ala extraparlamentaria combativa, encarnada en el movimiento Pegida (Patriotas europeos contra la islamización de Occidente), y un centro ideológico representado por la revista mensual Compact, editada por Jürgen Elsässer, un periodista de izquierda radical convertido en nacionalpopulista de extrema derecha.

Cuesta algún esfuerzo desenredar la genealogía del nuevo movimiento, dado que todos sus componentes tienen orígenes diferentes: la AfD surgió al principio como una protesta electoral de conservadores contrarios a la Unión Europea y a los rescates del euro practicados por el gobierno de Angela Merkel, mientras que las manifestaciones convocadas por Pegida representan una movilización de base con raíces en el racismo antimusulmán que impregna el discurso público alemán desde hace un tiempo. La revista Compact representa el intento de Elsässer de forjar un bloque “antiimperialista” alrededor de un fantasmagórico eje París-Berlín-Moscú para contrarrestar la hegemonía estadounidense. No obstante, puesto que el racismo antimusulmán sirve en este momento de punto de convergencia de estas fuerzas diversas, tiene sentido esbozar la función del discurso racista contrario a los musulmanes en Alemania durante los últimos años.

En 2007, el sociólogo Georg Klauda observó que había un racismo específicamente antimusulmán que estaba confinado principalmente en la intelectualidad: “La islamofobia tiene, al menos en este país, cierta relevancia no como fenómeno de masas, sino como discurso de la élite, que, compartido por un número considerable de intelectuales de izquierda, liberales y conservadores, permite articular resentimientos contra los inmigrantes y los militantes antirracistas de una manera que hace que uno pueda aparecer como un brillante campeón de la Ilustración europea.” Aunque esta observación era sin duda cierta en el contexto en que se escribió hace siete años, lo que hoy en día representa Pegida es la transformación del racismo antimusulmán en un fenómeno de masas, capaz de movilizar grandes manifestaciones de más de 20 000 personas.

El ahora difunto Gruppe Soziale Kämpfe (Grupo Luchas Sociales, GSK) trató de teorizar esta transformación del discurso racista como parte de una “culturalización de la cuestión social” específicamente neoliberal. El GSK señaló que el racismo en Alemania, en el periodo de inmediata posguerra, se concretó en la calificación de “no alemana” a la población de trabajadores inmigrantes, sobre todo italianos, turcos y yugoslavos. El racismo dirigido contra esta población inmigrante estaba basado en su posición como estrato más bajo de una clase obrera industrial generada al amparo del pacto social fordista en la República Federal del “milagro económico”.

Un nuevo racismo neoliberal culturalista

Con la llegada de Helmut Kohl a la cancillería en 1982 –cabalgando la misma ola conservadora que alzó al poder a Ronald Reagan y Margaret Thatcher–, la proclamación de un “giro espiritual-moral” marcó un nuevo retorno al conservadurismo “basado en valores”. De un modo similar a la reacción conservadora en el mundo anglosajón en torno a cuestiones como el aborto y los derechos de gays y lesbianas, se fueron recuperando cuestiones de “cultura” e “identidad” por parte de la derecha, y paralelamente se produjo un cambio del discurso racista. Durante el periodo que va desde la reunificación alemana y la primera Guerra del Golfo hasta los atentados terroristas del 11 de Septiembre y las subsiguientes guerras de Afganistán e Iraq, los trabajadores inmigrantes del sur de Europa fueron sustituidos por una población inmigrante caracterizada racial y culturalmente como “musulmana”.

Mientras que las antiguas formas populistas y fascistas del racismo nunca desaparecieron del todo –basta recordar los pogromos que hubo en Rostock-Lichtenhagen en 1992, el ataque mortal contra una familia turca en la ciudad occidental de Solingen en 1993 o el éxito electoral del Nationale Partei Deutschlands (Partido Nacional de Alemania, NPD), un partido abiertamente fascista, en Sajonia en 2004–, se desarrolló un lento proceso de conversión en el nuevo racismo “culturalista”. Esta iteración mezcla una ideología neoliberal utilitaria, que valora a los extranjeros en términos de su “utilidad” para “nuestra sociedad”, con la construcción de un relato que atribuye la mala fortuna o la falta de éxito de quienes se hallan en el peldaño más bajo de la escala social a su “otredad” cultural y su “falta de voluntad” de “integrarse” en la sociedad “alemana” u “occidental” a causa de un inveterado compromiso con los ideales religiosos o culturales “islámicos”.

Ni que decir tiene que este relato culturalista no suele comprender la realidad de estos alemanes o residentes de origen turco o kurdo –que en muchos casos son laicos y se sitúan políticamente en la izquierda– ni la diversidad y las discrepancias internas de las comunidades musulmanas de Alemania. Más bien, ese relato sirve para racionalizar el juego de suma cero del capitalismo neoliberal en términos de voluntad o incapacidad del “yo emprendedor” para tomar en sus manos las riendas del propio destino. Lo perverso es que este racismo culturalista neoliberal representa una especie de “victoria” sobre el viejo racismo populista. En 2000, cuando el gobierno de coalición relativamente nuevo del Partido Socialdemócrata (SPD) con el Partido Verde intentó instituir un programa de “tarjeta verde” con el fin de atraer a trabajadores extranjeros altamente cualificados en informática y telecomunicaciones y en otros campos muy especializados, el presidente de la Unión Demócrata-Cristiana (CDU) del land de Renania del Norte-Westfalia, Jürgen Rüttgers, acuñó el lema racista movilizador de “Kinder statt Inder!” (“¡Niños en vez de indios!”) para resumir la posición de su partido, favorable a la formación de alemanes nativos en carreras de alta tecnología en vez de importar trabajadores cualificados.

En los años del gobierno de coalición rojiverde, los Estados federados encabezados por políticos de la CDU lograron asimismo bloquear efectivamente los planes de implementación de una ciudadanía dual para quienes desearan adquirir o conservar la ciudadanía alemana sin perder al mismo tiempo la de su país de origen. Ahora, en 2014, la CDU se ha comprometido a implementar una ley de doble nacionalidad con su socio de coalición, el SPD, con lo que el racismo de viejo cuño de un Rüttgers se ha quedado completamente fuera de juego en el seno de la CDU modernizada y neoliberal de la canciller Angela Merkel. Lo que los conservadores tradicionalistas tachan a menudo de “socialdemocratización de la CDU” representa de hecho una convergencia entre el SPD y la CDU sobre la base de la adopción común de la ideología neoliberal y la “culturalización de la cuestión social”.

Sarrazin, el pionero

Sobre este telón de fondo podemos ver en la nueva extrema derecha de la AfD, Pegida y compañía una radicalización desde la base de lo que esencialmente es un discurso propio del sistema. Sarrazin desempeñó al respecto un papel de pionero. Como miembro del senado berlinés presidido por el socialdemócrata Klaus Wowereit de 2002 a 2009, durante el periodo del gobierno de coalición “rojirroja” del SPD con el PDS (uno de los partidos predecesores de Die Linke), Sarrazin se forjó un renombre tanto por su radical aplicación de la austeridad fiscal en el land de Berlín, que se hallaba en quiebra, y sus inflamadas declaraciones sobre los pobres y otras gentes marginadas. En una entrevista publicada en el semanario Stern, Sarrazin declaró que los beneficiarios del seguro de desempleo crónico eran unos derrochadores de energía porque “suelen estar más en casa, quieren estar calientes y regulan la temperatura con la ventana”, defendiendo el cambio del sistema de bienestar de manera que “uno no pueda mejorar su nivel de vida teniendo hijos, como sucede hoy en día”.

Después de abandonar Berlín para asentarse en las aguas más plácidas de un breve mandato en el consejo del Bundesbank en Fráncfort, durante una entrevista con la revista Lettre Internationalsobre su experiencia como senador responsable de las finanzas, Sarrazin declaró lo siguiente a propósito de la población musulmana de Berlín: “No tengo por qué respetar a nadie que viva del Estado mientras al mismo tiempo rechaza ese Estado, no se ocupa razonablemente de la educación de sus hijos y produce continuamente pequeñas niñas con velo.” Todo esto fue un preludio de la publicación, en 2010, de su citado libro, donde dibuja un hiperbólico proceso de hundimiento de una Alemania aquejada de una tasa de natalidad declinante de su población autóctona y de un supuesto declive del coeficiente de inteligencia colectivo nacional debido a que la inmigración “musulmana” contribuye al crecimiento de una subclase permanente.

El libro de Sarrazin, que fue un arrollador éxito de ventas, tocó la fibra sensible del zeitgeist, al tiempo que constituyó una especie de manifiesto de una versión radicalizada de la nueva síntesis racista neoliberal-culturalista. Este racismo de nuevo tipo conserva trazas del viejo racismo, como el lamento antisemita de Sarrazin de que “los turcos están conquistando Europa exactamente del mismo modo que los kosovares conquistaron Kosovo: mediante tasas de natalidad más altas. Yo preferiría que fueran los judíos de Europa Oriental, que tienen un coeficiente de inteligencia un 15 % más elevado que la población alemana.”

Mientras que el libro de Sarrazin arrasó entre la población alemana, todavía tendría que pasar un tiempo entre su éxito de ventas en 2010 y el éxito electoral de la AfD y el surgimiento de Pegida en 2014. Una especie de “puente” ideológico fue el que se tendió con la creación en 2010 de la revista Compact, editada por Elsässer. En la portada del primer número aparecía una foto de Sarrazin bajo el siguiente título: “¿El próximo canciller federal?” La biografía política de Elsässer es una ilustración fascinante de cómo la nueva extrema derecha consigue integrar a elementos de la “izquierda” en el marco de un intento más amplio de configurar una nueva “rebelión conformista”. Antiguo profesor de formación profesional en Stuttgart, Elsässer se dio a conocer primeramente en la escena política como miembro de la Kommunistischer Bund (Liga Comunista, KB), un partido maoísta, en 1990, en el curso de las manifestaciones que dieron lugar a la disolución de la República Democrática Alemana.

Elsässer: de la extrema izquierda a la extrema derecha

En un artículo publicado en la revista del KB, Arbeiterkampf, y titulado “Por qué la izquierda ha de ser antialemana”, Elsässer expresó los temores de la izquierda radical germanooccidental con respecto al posible resurgimiento de una Alemania unificada como gran potencia, y al mismo tiempo estrenó lo que en el curso del decenio siguiente aparecería como tendencia diferenciada en el seno de la propia izquierda radical alemana. Como reportero del diario de izquierda Junge Welt, cofundador del semanario Jungle World y, finalmente, como editor de la venerable revista mensual de extrema izquierda, konkret, Elsässer pasó la mayor parte del decenio siguiente escribiendo artículos de cariz decididamente antinacionalista y contrario a la emergencia de un supuesto “IV Reich” alemán, un temor que pareció confirmarse con el papel que desempeñó Alemania en la fragmentación de la antigua Yugoslavia a raíz del reconocimiento de las repúblicas de Eslovenia y Croacia en 1991 por parte del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Hans-Dietrich Genscher y de la participación de Alemania en la guerra de Kosovo en 2000.

Cuando estalló la segunda Intifada en septiembre de 2000, Elsässer comenzó a ver al candidato israelí a primer ministro, Ariel Sharon, como una especie de Slobodan Milošević levantino, un jefe de Estado “antifascista” atribulado, víctima del imperialismo humanitario hegemónico liderado por Alemania. Sin embargo, tras la reafirmación de la hegemonía global de EE UU durante la Guerra de Afganistán en 2001 y de la subsiguiente Guerra de Iraq, que concitó la oposición de Francia y Alemania bajo la dirección de Jacques Chirac y Gerhard Schröder, respectivamente, Elsässer se vio obligado a revisar a fondo sus teorías. Después de todo, Alemania, pese a su importancia dentro de la Unión Europea, no era más que una potencia regional de segunda clase que oscilaba entre al atlantismo y las apuestas renovadas por constituirse en una “gran potencia” rival.

Elsässer comenzó a publicar libros y artículos en defensa de la constitución de un “eje Berlín-París-Moscú” opuesto a Washington. Después de que una serie de intervenciones explícitamente nacionalistas le cerraran las puertas de prácticamente todas las principales publicaciones de izquierda, Elsässer lanzó Compact, creando de este modo un centro ideológico coherente para una política de extrema derecha de nuevo tipo: resueltamente nacionalista, blande de modo explícito temas tradicionales de extrema derecha contra el “capital financiero”, plantea la formación de una potencia “eurasiática” como polo opuesto a EE UU y se muestra decididamente contrario a la inmigración en política interior, mientras que apoya a países “antiimperialistas” como Irán o Siria, en política exterior. Esta mezcla inusitada ha encontrado una audiencia entusiasta en la nueva extrema derecha y algunos elementos de la ideología están profundamente arraigados en el corazón de la propia sociedad alemana, como atestigua la presencia destacada de Compact en los quioscos de prensa de las estaciones de ferrocarril.

Las dos alas de la AfD

Por tanto, era inevitable que Elsässer saludara con entusiasmo el surgimiento de la candidatura electoral de AfD. Fundada inicialmente en 2013 como partido monotemático contrario al euro, la AfD expresó los intereses de una derecha conservadora que ya no se sentía representada por la CDU supuestamente “socialdemocratizada” de Merkel. Con una dirección compuesta por el economista de Hamburgo Bernd Lucke y el ex editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung Konrad Adam, la AfD trató inicialmente de mantener un perfil decididamente “burgués”, distanciándose de los partidos neonazis tradicionales como la NPD y la Deutsche Volksunion (Unión Popular Alemana, DVU). Sin embargo, esta alianza insólita de nacionalconservadores que ven comprometida la soberanía de Alemania por instituciones multilaterales como la UE y monetaristas defensores de la austeridad más estricta, carentes de un referente político tras el colapso del Freidemokratische Partei (Partido Liberal Democrático, FDP), de derecha liberal, se convirtió en un polo de atracción irresistible para toda clase de derechistas que vieron en la AfD la oportunidad de crear una potente formación electoral a la derecha de la CDU y sus aliados bávaros de la CSU.

Con las impecables credenciales burguesas de Lucke y Adam, la AfD parecía estar bien pertrechada para acabar finalmente con el tabú de posguerra, expresado por el que fuera durante mucho tiempo presidente de la Unión Social Cristiana (CSU) bávara, Franz Josef Strauss, con la famosa frase de que “no puede haber ningún partido a la derecha de la CSU”. Aunque la AfD no logró superar la barrera del 5 % de los votos para entrar en el Bundestag (parlamento federal) en las elecciones de 2013, en 2014 obtuvo un 7,1 % en las elecciones al Parlamento Europeo y siete escaños en esta institución. En las elecciones regionales de los Estados federados orientales de Sajonia, Brandeburgo y Turingia, la AfD ya alcanzó porcentajes notables: el 9,7 %, el 12,2 % y el 10,6 %, respectivamente.

La posición política de la AfD oscila entre el liberalismo “respetable” de un Lucke, quien se considera adscrito a la tradición del ministro de Economía del periodo de posguerra, Ludwig Erhard, y de la CDU anterior a Merkel, y una derecha más radical, representada por la presidenta de Sajonia Frauke Petry. Mientras que ambas alas procuran distanciarse del tradicional racismo biológico populista a favor de un populismo neoliberal que preconiza una política de inmigración “en el interés de Alemania”, es decir, de brazos abiertos a los inmigrantes “económicamente útiles” y mano dura contra los demandantes de asilo y los “delincuentes extranjeros”, los contornos de la tensión entre ellas aparecen claramente en la controversia que se produjo cuando cuatro eurodiputados de la AfD, entre ellos Lucke y Henkel, votaron a favor de las sanciones a Rusia a raíz de la anexión de Crimea. Este hecho concitó la oposición de Petry y Alexander Gauland, ex miembro de la CDU y director de la cancillería de Estado de Hesse. Tenía razón Elsässer cuando describió el conflicto político surgido en el interior del partido como un enfrentamiento entre un “ala Pegida” y un “ala EE UU” (esta última sería la que mantiene la posición atlantista tradicional de la CDU de posguerra). Las tensiones alcanzaron un punto crítico a comienzos de 2015 cuando Lucke declaró que había que cambiar la estructura del partido de modo que solo hubiera un presidente (aunque finalmente ambas alas se pusieron de acuerdo en esta cuestión).

El racismo de Pegida

En todo caso, el movimiento Pegida sigue siendo la prueba palpable de la amplitud de la base social de esta nueva extrema derecha. Las manifestaciones, que en su punto álgido reunían a más de 20 000 personas todos los lunes en las marchas por el centro de Dresde, fueron un tema de debate importante durante gran parte del invierno de 2015. El nombre del movimiento –Patriotas europeos contra la islamización de Occidente– parece indicar que se trata de una iniciativa monotemática, nacida de una visión paranoica y ridícula de una inminente toma de Alemania por parte del islam. Sin embargo, quedarse con esta imagen sería subestimar el astuto oportunismo táctico de una iniciativa que pretende crear un movimiento xenófobo moderno, para el que la palabra “islam” no es más que una referencia útil. Esto se pone de manifiesto en la forma en que se creó la organización: el fundador, Lutz Bachmann, un extraño personaje con un pasado de delitos menores, creó un grupo en Facebook llamado Pegida con el fin de movilizar la protesta contra una marcha a través del centro de Dresde de simpatizantes del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). En otras palabras, pese a la pretensión de ser un movimiento contra la “islamización”, el Pegida se formó en realidad para protestar contra quienes apoyan a una organización kurda laica que actualmente está combatiendo al Estado Islámico (EI).

Es un movimiento contra la inmigración, como demuestra su declaración de 19 puntos, donde reclama una “política de tolerancia cero” contra los solicitantes de asilo e inmigrantes “criminales”; propugna una política de inmigración basada en los modelos “utilitaristas” de Suiza, Canadá y Australia; propone mantener y defender la “cultura judeo-cristiana de Occidente” y formula denuncias tan estrafalarias como la que se opone a la inclusión de la perspectiva de género en todas las políticas públicas, junto con llamamientos paranoides a favor de la prohibición de la sharíay las “sociedades paralelas”. El apoyo a la mejora de la atención a los solicitantes de asilo y la demanda de unas condiciones más humanas en las viviendas que se ponen a su disposición se incluyen para crear una imagen de Pegida como una formación moderna, “tolerante”, contraria a la inmigración, pero la base abiertamente racista del movimiento queda perfectamente reflejada en una serie de vídeos no editados con entrevistas realizadas por Panorama, un programa de noticias de la televisión pública. En ellos, los participantes en las manifestaciones de Pegida articulan puntos de vista típicos de la extrema derecha, como eso de que “Alemania no es un país soberano”, de que “las órdenes vienen de Tel Aviv y Washington” y de que los inmigrantes no son “refugiados de guerra”, sino más bien “parásitos”.

El carácter racista de Pegida llevó a Merkel a criticar públicamente al movimiento en su discurso de Año Nuevo y a urgir a la ciudadanía a que no acuda a sus manifestaciones. No obstante, Pegida se granjeó simpatías políticas de procedencia previsible: en enero de 2015, Petry invitó a la dirección de Pegida a una reunión con el grupo parlamentario de la AfD en el parlamento regional de Sajonia para hablar de las coincidencias entre el movimiento y el partido. Petry defendió asimismo a Pegida frente a las acusaciones de racismo en los medios. Sin embargo, las mismas tensiones inherentes al proyecto AfD también han provocado una crisis aguda en el seno de Pegida: la contradicción entre la apuesta por la respetabilidad burguesa y la necesidad de mantener una base fiel y apelar a un electorado tradicionalmente de extrema derecha. El discurso racista antimusulmán heredado de la intelectualidad liberal ha ayudado a la nueva extrema derecha a meter el pie en la puerta de la respetabilidad discursiva, pero en la medida en que este planteamiento da lugar a invitaciones a tertulias televisivas y manifestaciones de “preocupación” de los políticos por los temores “legítimos” de los ciudadanos, acaba entrando en conflicto con el núcleo descaradamente racista del movimiento.

Un ejemplo claro fue la controversia que surgió en torno al fundador Lutz Bachmann a raíz de la publicación en su muro de Facebook de una fotografía en que aparecía disfrazado de Hitler, además de algunas declaraciones en que califica a los extranjeros de “alimañas” y “sucia escoria”. Aunque Bachmann realizó inicialmente un gesto ostentoso y dimitió de la presidencia de Pegida para no dañar al movimiento (que desde diciembre de 2014 había adquirido la condición legal de “asociación registrada”), insistió pese a todo en mantener un papel en la organización, lo que provocó a su vez la dimisión de los miembros agrupados en torno a Kathrin Oertel, la autonombrada “asesora económica” y “experta inmobiliaria” que desempeñaba la función de tesorera del movimiento y pretendía mostrar una cara burguesa respetable de Pegida en la epónima tertulia televisiva de Günther Jauch.

Receloso ante un Bachmann irremediablemente manchado y contrario a toda asociación con el movimiento Legida de la ciudad de Leipzig, cuya dirección está más explícitamente anclada en la extrema derecha organizada, el grupo de simpatizantes de Oertel fundó la organización Direkte Demokratie für Europa (Democracia Directa para Europa, DDfE). La declaración fundacional de DDfE constituye un intento de ampliar la inicial fijación de Pegida en el islam y la inmigración para incluir el apoyo a la demanda de plebiscitos, iniciativas legislativas populares, “libertad de expresión”, “seguridad ciudadana”, la oposición al tratado TTIP de libre comercio planeado y la retirada de las sanciones de la UE a Rusia decretadas a raíz de la crisis de Ucrania, aunque manteniendo la imagen de respetabilidad pequeñoburguesa, que había quedado dañada cuando se reveló que Bachmann no era más que un vulgar matón racista.

La DDfE no logró reunir a más de 500 personas en su primera manifestación en Dresde, el 8 de febrero de 2015, mientras que el Pegida juntó a unas 2 000, una cifra muy inferior a las que solían darse apenas unos meses antes. Lo que resulta interesante en relación con la escisión de la DDfE es que su intento de distanciarse de Pegida no implica en modo alguno un alejamiento real de las posiciones políticas de extrema derecha; en efecto, su “expansión” en un movimiento más amplio favorable a la democracia popular y a una política más conciliadora hacia Rusia y contraria al libre comercio, etc., encaja perfectamente en la orientación preconizada por Elsässer y las “manifestaciones de los lunes” del nuevo “Movimiento por la Paz 2014”. En su lugar, la apuesta de la DDfE por la respetabilidad no se basa en ningún rechazo de la política de extrema derecha, sino más bien en el deseo de presentarse como una organización formada por gente “normal” del “centro de la sociedad”.

Un estudio publicado en enero de 2015, realizado por un equipo de investigación de la Universidad Técnica de Dresde, dio credibilidad a esta imagen, señalando que el 70 % de los participantes tenían empleo y no estaban en el paro, que la mayoría tenía ingresos ligeramente superiores a la media y un nivel educativo universitario o de formación profesional especializada. Pese a que otros académicos del Centro Científico de Berlín y del instituto de opinión pública Forsa lo tacharon de no representativo (65 de los llamados a participar se negaron a hacerlo), el estudio arroja una luz interesante sobre el movimiento Pegida desde el punto de vista de su continuidad con los movimientos tradicionales de extrema derecha.

Aunque ciertos teóricos de la Comintern de la década de 1930, como Georgi Dimitroff, hubieran calificado erróneamente el fascismo de “dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”, León Trotsky y otros analizaron correctamente que el fascismo tenía una dimensión de clase autónoma, basada en la pequeña burguesía acosada por el miedo al declive social. Por tanto, las posiciones de extrema derecha de Pegida y DDfE y su intento de presentar una imagen burguesa “respetable” generan una tensión inherente a los movimientos de extrema derecha en su conjunto. La mayoría de encuestados en el estudio de la Universidad de Dresde que declararon que el principal motivo de su participación era una “insatisfacción general con la política” es una prueba más del espíritu apolítico de la extrema derecha contemporánea.

Por supuesto, cualquier análisis que trate de alguna manifestación contemporánea de la extrema derecha ha de responder por fuerza a la pregunta de “¿qué hacer?” En varias ciudades de Alemania Occidental ha habido admirables contramanifestaciones frente a sendos intentos de los nazis locales de formar Pegidas y otros grupos “gida” con nombres diferentes, pero la potencial base de masas de la extrema derecha en la Alemania Occidental histórica es bastante limitada y seguirá siéndolo dentro de un futuro previsible. Mucho más impresionantes fueron las manifestaciones masivas contra la marcha de Legida en Leipzig, aunque allí las circunstancias también eran más favorables debido al carácter más abiertamente fascista de este movimiento y la continuidad de un fuerte sentimiento antifascista en el seno de la izquierda de esta ciudad.

Un elemento problemático que no se ha examinado suficientemente en los debates de la izquierda radical sobre la nueva extrema derecha es la resistencia de muchos activistas de izquierda a abordar la especificidad del racismo antimusulmán. Si bien es cierto que la hostilidad expresada abiertamente contra los musulmanes oculta un planteamiento más amplio de carácter racista frente a los extranjeros, demasiado a menudo los activistas de izquierda alemanes se han negado a tratar el tema de cómo el racismo antimusulmán dominante en la intelectualidad liberal e incluso en partes de la izquierda radical ha abierto camino a la extrema derecha.

Una admirable oposición al antisemitismo que todavía cunde en la sociedad europea condujo, tras la segunda Intifada y las guerras de Afganistán e Iraq, a un alarmante racismo antimusulmán en una parte de la izquierda radical alemana. Hasta los sectores que no cayeron en esa trampa no tuvieron el cuidado de no confundir una crítica materialista general de la religión como tal con un discurso racista que pretende pintar a los musulmanes como personas especialmente patológicas o amenazas para la “ilustración” o la “civilización”. La transición de una figura como Elsässer de propagandista “antialemán” a figura de proa de la nueva extrema derecha nacionalista debería dar que pensar a aquellos militantes de la izquierda radical alemana que tratan de evitar la confrontación con discursos específicamente antimusulmanes y los límites difusos entre la defensa de la “racionalidad de la Ilustración” y los movimientos que claman por la protección de “Occidente”.

Anthony Fano Fernandez es un activista y escritor residente en Alemania.

Fuente original: https://www.jacobinmag.com/2015/02/germany-far-right-pegida/

Fuente: Rebelión

Traducción: VIENTO SUR

lunes, 14 de marzo de 2016

Las urnas castigan a la coalición de Merkel y dan alas al populismo de derechas


Las urnas castigan a la coalición de Merkel y dan alas al populismo de derechas
Las urnas castigan a la coalición de Merkel y dan alas al populismo de derechasSeguidores de la Alternativa para Alemania (AfD) reaccionan a los primeros sondeos en Sajonia Anhalt (Sean Gallup - Getty)

La crisis de los refugiados pasa factura al Gobierno en las elecciones en tres estados federados y premia a la derechista AfD




Las elecciones celebradas este domingo en tres estados federados alemanes castigaron a la gran coalición que lidera la canciller AngelaMerkel y dieron alas al populismo de derecha de Alternativa para Alemania (AfD), que irrumpe con fuerza en los parlamentos regionales con su rechazo a la acogida de refugiados.

Los comicios en Baden-Württemberg, Renania-Palatinado y Sajonia-Anhalt eran considerados un examen a la gestión de la crisis de los refugiados en un país que recibió el año pasado a cerca de 1,1 millones de solicitantes de asilo, y muchos votantes mostraron su descontento.

La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel perdió peso en los tres “Länder”, aunque mayor fue la debacle del Partido Socialdemócrata (SDP), superado por AfD en dos de los “Länder” en liza.

AfD, partido nacido hace tres años como fuerza euroescéptica, logró con un discurso populista y de tintes xenófobos situarse como segunda fuerza en Sajonia-Anhalt, con el 24 % de los votos; y como tercera en Baden-Württemberg (15 %) y Renania-Palatinado (12,4 %), según las últimas proyecciones realizadas por la primera cadena de la televisión pública alemana, ARD.

El único estado gobernado por la CDU de Merkel era Sajonia-Anhalt, en gran coalición con el SPD, y aunque los conservadores perdieron menos de tres puntos y se mantuvieron en cabeza, sus socios se hundieron, con once puntos menos que en los comicios de 2011, y el AfD duplicó ampliamente sus votos.

El castigo en este “Land” se extendió a La Izquierda, fuerza que aglutina a postcomunistas y disidentes socialdemócratas y que fue desplazada de su tradicional segundo puesto en la región.

El líder del SPD y vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, mostró su preocupación por unos resultados que muestran que “los partidos democráticos son vulnerables” y que suponen, dijo, “un punto de inflexión” para su formación.

En Baden-Württemberg, estado tradicionalmente conservador donde la CDU fue desbancada del poder hace cinco años por Los Verdes en alianza con los socialdemócratas, los daños fueron grandes tanto para el partido de Merkel como para el SPD, que cayeron alrededor de doce y de diez puntos, respectivamente.

Se trata del primer y hasta ahora único estado federado que dirigen los ecologistas en Alemania y los votantes premiaron su gestión con más del 30 % de los sufragios, seis puntos más que hace cinco años.

Sin embargo, su primer ministro, Windried Kretschmann, deberá previsiblemente cambiar de socio de coalición ante el desastre socialdemócrata.

La única alegría para el SPD en esta noche electoral fue que la primera ministra de Renania-Palatinado, Malu Dreyer, revalidó su triunfo sin perder apenas votos frente a su rival, la vicepresidenta de la CDU, Julia Klöckner, que quedó a más de cuatro puntos de distancia.

Ante la caída de Los Verdes, socio menor del gobierno en este estado, Dreyer puede verse abocada a negociar una gran coalición con su rival para la próxima legislatura.

”Se necesita a la CDU en los tres estados”, subrayó como balance el secretario general del partido, Peter Tauber, quien avanzó que no ve necesario que la canciller, que comparecerá mañana ante los medios, modifique su política de refugiados por los resultados obtenidos o por el auge de AfD.

Los principales partidos han dejado claro que en ningún caso negociarán con los populistas de derechas, que asumen que quedarán en la oposición en los tres estados, como ya lo están en los otros cinco “Länder” en los que tienen representación parlamentaria.

En las elecciones generales de 2013, la entonces recién fundada AfD se quedó fuera del Bundestag por unas décimas, al no lograr el mínimo necesario del 5 % de los votos, y en las europeas de 2014 logró siete diputados, aunque sólo dos mantienen sus siglas después de que el partido se dividiera en dos.

Las guerras internas en el seno de AfD no han impedido sin embargo que su mensaje cale en buena parte del electorado, y a pesar de la campaña de “difamación” en su contra, como sostuvo hoy la líder del partido, Frauke Petry, ante los simpatizantes que se reunieron en Berlín para festejar su éxito.

”Es un buen día para la democracia en Alemania”, aseguró Petry, convencida de que la “catastrófica política” de Merkel ha abierto finalmente los ojos de los ciudadanos.

Fuente: La Vanguardia

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