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sábado, 15 de octubre de 2016

El mundo va hacia la derecha, pero también hacia la izquierda



Emir Sader
Alainet


Como los medios dan gran difusión a las olas de derecha y, especialmente, de extrema derecha, proyectan una imagen de que el mundo va hacia la derecha. Lo cual tiene elementos de verdad, pero está lejos de dar cuenta de todas las tendencias, complejas, del mundo contemporáneo.

El gran viraje a la derecha se ha producido hace algunas décadas, con el fin del campo socialista y la hegemonía neoliberal en el mundo. La fuerza de este modelo lo ha hecho cooptar a partidos socialdemócratas por todo el mundo y fuerzas nacionalistas, como fue el caso en México y Argentina. La proyección de EEUU como única súper potencia mundial expresó esos cambios de forma global.

Más recientemente, otros fenómenos parecen apuntar a un nuevo ciclo de fortalecimiento de la derecha. La crisis migratoria que llegó a Europa ha expandido la extrema derecha, llegando hasta Escandinavia, mientras se consolidaba en Francia, se desarrollaba en Alemania y en otros países. La votación del Brexit y la candidatura de Donald Trump en EEUU, así como el cambio de gobierno en países como Argentina y Brasil, es tomado como ejemplos de una nueva ola derechista en el mundo.

Lo cual no es errado, pero no puede ser tomado como única expresión de las tendencias actuales, ni tampoco ser agregado a expresiones de derecha sin más. El fenómeno de Trump no es más importante, en perspectiva, que el de Sanders, primer candidato con un discurso anticapitalista que logra un apoyo sorprendente en las primarias demócratas, movilizando a nuevas generaciones como ningún otro lo había logrado. Al Brexit se puede contraponer el surgimiento de Jeremy Corbin, el nuevo líder de izquierda del Partido Laborista inglés. En la misma crisis europea, han surgido, por primera vez, fuerzas con capacidad de disputar la hegemonía a los partidos tradicionales, como Syriza en Grecia y Podemos en España, aun con las dificultades típicas de la austeridad todavía predominante en el continente.

Aun un fenómeno como el Brexit o el apoyo de Trump, son expresiones catalizados por la derecha, del descontento de amplios sectores de la clase obrera de esos países con la globalización, cuya reacción puede volver a los cauces progresistas. Al igual que la extrema derecha ha logrado, en varios países europeos, capitalizar el descontento de sectores populares en contra del euro, pero que puede volverse hacia la izquierda, en caso de que esta salga de la trampa de la política de unidad europea con el eje en la moneda única y la correspondiente política de austeridad.

Los grandes temas de la derecha están desgastados en la opinión pública mundial, sea el modelo neoliberal, siempre derrotado en las elecciones europeas, así como la hegemonía global de EEUU, que ha diseminado las guerras en el mundo. Los discursos con acogida popular son los del Papa Francisco, de Pepe Mujica, de Lula, de Evo Morales, de Trudeau, de Sanders, y no los Ángela Merkel, del FMI, del Banco Mundial.

Aun en América Latina, donde la derecha ha recuperado capacidad de iniciativa, ha tumbado gobiernos, en el caso de Brasil lo ha hecho en contra de inmensas movilizaciones y ha instalado a un gobierno sin ningún respaldo popular, mientras que el único líder político nacional con prestigio es Lula. Mientras que en los países donde sigue gobernando la derecha hace años, como México y Perú, por ejemplo, no hay un gobernante que se mantenga con prestigio más que por uno o dos años al comienzo de su mandato, y luego se verá cómo sus candidatos serán derrotados en las elecciones siguientes. Mientras que los líderes populares con perdurabilidad en el continente son de izquierda: Pepe Mujica, Rafael Correa, Evo Morales, Lula, Cristina Kirchner.

Lo que hay es un debilitamiento de las alternativas conservadoras, de la derecha tradicional, así como las representadas por los partidos social demócratas en Europa, o el mismo Partido Demócrata en EEUU, surgiendo alternativas a la izquierda, pero también a la derecha. En Escandinavia se ha terminado la hegemonía tradicional de la social democracia, que pierde bases obreras incluso para las emergentes fuerzas de la extrema derecha. En el conjunto de Europa hay una pelea entre las alternativas de extrema derecha y las de las nuevas izquierdas, frente al agotamiento de los bipartidismos tradicionales. En la misma América Latina, la disputa es entre los viejos y fracasados esquemas neoliberales de la derecha y la capacidad de renovación y recuperación de fuerzas de la nueva izquierda, que representa a las fuerzas pos neoliberales. Nadie pronostica un buen futuro para los nuevos intentos neoliberales, permitiendo que la izquierda recupere capacidad de acción, por el enorme respaldo popular, mayoritario, que la lucha en contra del neoliberalismo posee.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/180899
Fuente: Rebelión

miércoles, 23 de marzo de 2016

Bélgica no es el único eslabón débil de Europa en la lucha contra ISIS atentado en bruselas


atentado en bruselas
Soldados belgas en las calles de Bruselas el martes.


Cinco motivos para el pesimismo sobre la amenaza del grupo yihadista en Europa y uno para el optimismo

Iñigo Sáenz de Ugarte

Ahora que la Unión Europea quiere convertirse en una fortaleza y mantener alejadas a las víctimas de la guerra de Siria, los atentados de Bruselas demuestran hasta qué punto eso es una ilusión si de lo que se trata es de aislar a Europa de las consecuencias de la guerra de Siria. Gracias al pacto con el Gobierno turco, puede dejar fuera a la mayoría de los refugiados, pero no a los yihadistas que forman parte del ISIS o se sienten inspirados por ese grupo. Estos últimos ya están dentro, en especial en Bélgica donde cuentan con una infraestructura muy resistente.

1. Bélgica como problema

Bélgica es sin duda el eslabón más débil de la red de seguridad europea. La coordinación entre sus servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad continúa siendo mediocre en un país mal cohesionado y con demasiadas administraciones con competencias que se solapan.

Los medios con que cuenta para hacer frente a esa amenaza no son suficientes. Unos pocos centenares de policías deben vigilar a miles de sospechosos potenciales, escribe Jason Bourke, de The Guardian, a quien una fuente policial ha confesado que están "simplemente exhaustos". El distrito de Molenbeek, en Bruselas, es un lugar que puede dar cobijo a un fugitivo como Salah Abdeslam durante meses. Bélgica es el país europeo del que han salido más voluntarios para combatir en las filas del ISIS teniendo en cuenta su población.

2. Policías en la calle

La gente se pregunta cómo es posible que si las autoridades belgas sabían que el riesgo de un atentado era alto, cómo no pudieron impedirlo. Inundar aeropuertos y estaciones de tren o autobús de policías y soldados tiene un efecto disuasorio, pero no reduce a cero las posibilidades de un atentado. Hasta que se llega al primer control de seguridad, cualquiera puede entrar en un aeropuerto. Una maleta es un objeto en el que cabe una cantidad muy importante de explosivo y de metralla.

La primera línea de defensa es la información con la que cuentan los servicios de inteligencia y que la policía puede usar en la calle. Cuando los terroristas entran por la puerta del aeropuerto, puede ser ya demasiado tarde para detenerlos.

3. La verdadera victoria del terror

El terror es un excelente instrumento en cualquier guerra, sobre todo si no tienes Fuerza Aérea e intentas proyectar una imagen de ti mismo más poderosa que la real. Si los ciudadanos europeos dejan que e sa amenaza condicione por completo su sistema de leyes y de convivencia estarán ofreciendo una victoria completa a sus enemigos.

En Francia, el Parlamento prorrogó en febrero por un periodo de tres meses, hasta el 26 de mayo, el estado de emergencia y los poderes especiales que concede a sus fuerzas de seguridad. Las organizaciones de derechos humanos denuncian que el Gobierno de Manuel Valls no ha justificado las razones de esta prorroga, que temen que no sea la última. Afirman que se han producido abusos en muchas operaciones policiales y que los ataques islamófobos se han extendido en las calles.

Valls ha reiterado tras el atentado de Bruselas que "estamos en guerra". Tales declaraciones tienden a justificarse por sí mismas, a pesar de la aparente paradoja que supone denunciar la barbarie y fanatismo de estos actos criminales, y al mismo tiempo conceder a sus responsables la condición de combatientes en una guerra.

4. Una oportunidad para rentabilizar la matanza

Como en otros atentados de efectos dramáticos, algunos políticos reaccionarios han aprovechado la noticia para obtener réditos o mejorar sus opciones de cara a una contienda electoral. Los euroescépticos británicos han dicho que "este horrible acto de terrorismo demuestra que el libre movimiento de Schengen y los controles laxos en las fronteras son una amenaza para nuestra seguridad". Un ministro israelí ha acusado a la UE de ocupar su tiempo en dificultar la venta de productos hechos en los asentamientos judíos en territorio palestino en vez de en luchar contra el terrorismo.

Inevitablemente, las primarias del Partido Republicano en EEUU han dado lugar a las ideas más extremistas. Donald Trump ha defendido que se use la técnica de tortura del waterboarding con los detenidos. "Hay que sacar la información a esta gente. Tenemos que ser inteligentes y ser duros. No podemos ser blandos y débiles, que es lo que estamos siendo ahora", dijo a la NBC. Nadie niega que el Gobierno de Bush fue duro después del 11S. Eso no acabó con los terroristas. De hecho, los hizo más fuertes después de la invasión de Irak.

Lo mismo ha hecho su principal rival, el senador de Texas Ted Cruz: "Tenemos que detener inmediatamente el flujo de refugiados que proceden de países con una presencia significativa de Al Qaeda o ISIS (entre los que están Siria e Irak). Tenemos que permitir a las fuerzas de seguridad que patrullen los barrios habitados por musulmanes antes de que se radicalicen".

En el primer caso, eso supondría vulnerar la Convención de Refugiados que EEUU prometió respetar. Respecto a la segunda frase, una medida como esa sería probablemente anticonstitucional e incriminaría a la minoría de fe islámica. Pero la ley es un freno escaso para los políticos cuando una matanza les permite emplear el miedo como arma electoral.

5. La contradicción permanente

Los países europeos se han juramentado para luchar contra el terrorismo de ISIS. La mayoría de sus víctimas son musulmanes (sirios e iraquíes), no occidentales. Las guerras de Oriente Medio son su principal campo de batalla y los atentados en Europa, la forma de reclutar adeptos a su mensaje de odio a los que no son como ellos. La capacidad de Occidente de responder a esta propaganda queda muy limitada cuando tolera o promueve otras guerras, como la de Yemen. Allí, los saudíes y sus aliados del Golfo Pérsico llevan un año bombardeando el país para impedir que las milicias huzíes se hagan con el control del Estado. Al Qaeda cuenta con una importante presencia en el este de Yemen, pero esa no es la prioridad para la monarquía saudí.

Los saudíes han bombardeado  “mercados, hospitales, clínicas, colegios, fábricas, bodas y centenares de viviendas”, ha dicho el comisionado de Derechos Humanos de la ONU. ¿La respuesta de Europa y EEUU? Continuar la venta de armamento a Arabia Saudí, incluido el aprovisionamiento de misiles y cohetes para sus aviones para que sigan atacando Yemen y, en el caso de Francia, condecorar con la Legión de Honor al príncipe heredero saudí en su reciente visita a París.

Hollande entrega la Legión de Honor al príncipe heredero saudí.
Hollande entrega la Legión de Honor al príncipe heredero saudí.
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6. ISIS es más débil que nunca

No todas las noticias deben llevar al pesimismo ni a pensar que ISIS está en condiciones de ganar, como se deduce de las declaraciones alarmistas e interesadas de algunos políticos. La capacidad de ISIS de provocar una matanza en Bruselas puede hacer creer que ese grupo cuenta ahora con la misma fuerza que hace un año cuando se produjo el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo.

No es cierto. Se calcula que en 2015 perdió el 15% del territorio que controlaba en Siria e Irak. Y el territorio lo es todo para un grupo que dice haber construido un "califato" para regir todo el mundo islámico. Es especialmente significativa la derrota que ha sufrido a manos de las milicias kurdas del norte de Siria. En los últimos días aviones rusos han atacado objetivos de ISIS en las cercanías de la ciudad de Palmira, el punto más al sur alcanzado por los yihadistas. Su avance hacia otras zonas del país ha quedado detenido en seco.

Sus recursos económicos no son los de hace unos meses. Documentos de la organización conocidos en enero revelan que ha tenido que recortar los salarios de sus militantes a la mitad y eliminar algunos de los beneficios económicos de los que disfrutan. Su mayor fuente de ingresos son los impuestos que obtiene de los habitantes de las zonas que controla, además del pago por los servicios básicos. Se sabe que este año ha comenzado a exigir ese pago en dólares, lo que resulta casi imposible para muchas personas.

No es el principio del fin para ISIS, pero sí una señal de su declive.

Fuente: eldiario.es

viernes, 19 de febrero de 2016

Guerras calientes de la ‘nueva guerra fría’


En sentido estricto –choque global aunque indirecto de las dos superpotencias nucleares- no hay una nueva guerra fría, ni indicios claros de que vaya a haberla. Sin embargo, repetir una y otra vez que existe o puede existir, como se hace últimamente, puede contribuir a hacerla más probable o, cuando menos, a que haga fortuna una terminología que tiene la virtud de hacer más comprensible un fenómeno complejo pero sólo con un limitado paralelismo con el que hizo crisis con el derrumbe el Muro de Berlín en 1989, incluso cuatro años antes, con la perestroika de Mijaíl Gorbachov.
Hasta hace poco eran solo los periodistas y politólogos quienes se referían al peligro de “una nueva guerra fría” al analizar el rumbo de colisión entre los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados -de una parte-, y la Rusia heredera de la URSS –por la otra- que, con Vladímir Putin, quiere reverdecer sus viejos laureles como superpotencia global.
Los dirigentes políticos preferían ser más cautos. Pero hace unos días, fue el primer ministro ruso, Dimitri Medvédev, quien, sin disimular su condición de mensajero de Putin, aseguraba en la Conferencia de Seguridad de Múnich que el mundo se encamina a marchas forzadas hacia “una nueva guerra fría”, hasta el punto de no saber “si vivimos en 2016 o en 1962”, en referencia al momento más caliente –crisis de los misiles de Cuba- de la disputa entre los dos grandes antagonistas de la era de la disuasión nuclear.
Hay una clara diferencia entre la antigua y la supuesta nueva guerra fría, y es la ausencia ahora de un choque ideológico nítido. La distinción entre los bloques comunista y capitalista es cosa del pasado. El comunismo, como idea y alternativa a la democracia capitalista, se suicidó en 1989, y desde entonces se ha registrado en Rusia una transformación que ha sepultado las esencias del modelo de socialismo real que caracterizó a la URSS.
La transición fue tan brusca que, tanto en la caótica época de Borís Yeltsin -en la que se esquilmó de forma salvaje la propiedad estatal-, como en la de Putin –con control centralizado y la corrupción más ordenada y sometida al Kremlin- se ha convertido en algo evidente una frase que los rusos no se cansan de repetir desde hace un cuarto de siglo entre la amargura y la ironía: “Lo que nos contaban del comunismo era falso y lo que nos contaban del capitalismo era cierto”.
Por supuesto, hay de ideología en la nueva guerra fría, pero no tiene que ver sobre todo con el choque entre modelos sociales antagónicos, sino con el nacionalismo y el imperialismo. El imperio que cobró fuerza y tamaño con Pedro I, Catalina la Grande y Iosif Stalin, y que se quebró con la explosión de la URSS, ya no existe, salvo quizás en el imaginario colectivo de una población que añora los tiempos de esplendor, y que ve en Putin al líder que puede devolver a Rusia la influencia que tuvo en el mundo y que le permitía tratar de tú a tú a Estados Unidos. Entre otras cosas, es una cuestión de orgullo y de respeto; de ideología, pero también de intereses.
La clave del choque de trenes entre Rusia y Occidente (o, por simplificar, Estados Unidos) es que la desintegración de la URSS provocó en su heredera Rusia un encogimiento, una  jibarización, que no sólo fue territorial, sino también económica, social y, en último extremo, existencial. Yeltsin permitió que se cruzasen todas las líneas rojas y que, su país, humillado, contemplase impotente cómo, uno tras otro, la mayor parte de los antiguos países satélites e incluso algunos de los que formaban parte de la Unión Soviética –los bálticos- se arrojaban en brazos de la Unión Europea y de la OTAN.
No se podrá entender lo que ocurre en Ucrania y Siria, los dos frentes calientes más notorios del choque entre los antiguos y nuevos antagonistas, sin tener en cuenta esta sensación de asedio, de acoso permanente, que sufre Rusia. Más allá del innegable derecho de los pueblos a decidir su destino en libertad –que EE UU sólo respeta cuando le interesa-, lo que Putin defiende hoy en romper ese cerco, siquiera parcialmente, y conservar una parte del peso que un día tuvo en dos regiones de vital importancia estratégica y económica: Europa Central y Oriente Próximo.
Es nacionalismo, pero sobre todo es pragmatismo, y no solo por el gas y el petróleo, sino de carácter global, porque Rusia no puede aspirar a defender adecuadamente sus intereses económicos y estratégicos sin mantener en el exterior una influencia notable, al menos en las zonas sobre las que ejerció su influencia hasta la explosión del imperio soviético.
Desde Occidente se insiste en presentar a Putin como un líder con una ambición desmedida, un sátrapa sediento de poder, que controla la judicatura, ha implantado un régimen de virtual partido único, reprime a la oposición y las libertades, y está dispuesto a no pararse en medios para devolver a su país al rango de superpotencia que cree merecer, entre otras cosas por su aterrador arsenal nuclear.
Es cierto que el presidente ruso tiene un perfil con notables aspectos siniestros –como pueden atestiguar sus enemigos políticos- y no parece que le importen demasiado los medios a emplear para conseguir sus fines, pero será difícil avanzar hacia una convergencia de intereses o al menos una coexistencia pacífica –expresión que hizo fortuna en la antigua guerra fría- si no se intenta comprender sus razones.
Son muy escasas, por ejemplo, las voces que se alzan desde Occidente para denunciar la prepotencia con la que han actuado en Ucrania tanto Estados Unidos como la Unión Europea, propiciando un golpe de Estado –por mucho que se presente como “revolución democrática”- que derribó un Gobierno libremente elegido en las urnas. El gran error de Víktor Yanukóvich –incluso más allá de permitir una corrupción generalizada- fue apostar entre dos opciones igualmente legítimas por estrechar lazos con Rusia en lugar de con la UE, por motivos tan pragmáticos como la dependencia energética de Moscú y tan espirituales como respetar la huella de una secular historia común.
Una actuación más inteligente por parte de Occidente quizás habría conseguido que Ucrania siguiera siendo una democracia y un país unido, con fuertes lazos con Occidente además de con Rusia –una plasmación de su condición de país frontera- y que su poderoso vecino no se hubiera tragado Crimea –revirtiendo el regalo de Nikita Jruschov-, algo que ya no tiene vuelta atrás. Si ahora se quiere encontrar una solución definitiva a la crisis que evite que se consolide la partición de facto, la única alternativa es que, además de que Kíev dé por perdida la península, se abra un diálogo, no ya tan sólo entre Ucrania y Rusia, sino sobre todo de ésta con Estados Unidos y la UE.
Un eventual compromiso, de mayor alcance que el respeto a los acuerdos de Minsk, es difícil de imaginar mientras se mantengan las sanciones económicas a Moscú. Aunque están dañando gravemente la economía rusa –agobiada también por el derrumbe del precio del crudo-, no hacen tambalearse a Putin, muy firme en su poltrona y que cuenta con el apoyo abrumador de una población que le ve como el paladín del orgullo nacional perdido.
Algo parecido podría decirse respecto a Siria, donde el choque con los intereses occidentales es cada vez más notorio, pese a que hubo un momento en que pareció existir una convergencia de intereses, basada en la necesidad de combatir al enemigo común, el Estado Islámico. Sobre la emergencia de éste, por cierto, tiene una responsabilidad directa Estados Unidos, a causa de una interminable cadena de errores y de la falta de habilidad política que han convertido una región de dictadores, pero estable, en un campo de batalla donde la estabilidad –por no hablar de la democracia- es un sueño roto. Si con la experiencia actual se pudiera dar marcha atrás en el tiempo sería difícil negar que las guerras de los Bush –padre e hijo- fueron los barros que trajeron estos lodos.
Putin actúa en Siria con una concreción de sus fines que se echa en falta en la coalición internacional que dirige Estados Unidos, donde con frecuencia chocan los intereses particulares de los países que la forman, de tal forma que algunos de ellos, como Arabia Saudí, constituyen un factor de discordia más que de solución. Por contra, el líder del Kremlin lo tiene muy claro: su gran aliado en la región es hoy por hoy el régimen de Bachar el Asad, y en su defensa pone toda la carne en el asador, aunque oficialmente, su objetivo sea el mismo que el de la coalición: combatir al EI.
La intervención militar rusa, la masiva campaña de bombardeos, explica que el Ejército sirio no solo haya recuperado la iniciativa sino que haya reconquistado gran parte del terreno perdido en cinco años de guerra. Aunque eso no garantice que Asad controlará algún día la totalidad del país, sí apunta a consolidar un soporte territorial suficiente para la supervivencia del régimen, aunque éste sea el principal responsable de la mayoría de las más de 250.000 muertes que se ha cobrado ya la guerra. Asad no es el socio ideal, pero es el único que hoy por hoy tiene Putin, el que mejor puede preservar los intereses rusos en la región.
Rusia, pese a que su ofensiva aérea ha causado muchas de las víctimas civiles de las últimas semanas, se ha convertido en factor esencial en cualquier negociación de paz, lo que explica que el reciente acuerdo de alto el fuego y para paliar la horrenda situación humanitaria haya tenido como protagonistas más visibles a su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y al secretario de Estado norteamericano, John  Kerry. La prueba de la fragilidad de ese compromiso es que ambos han puesto luego de relieve la dificultad de que se aplique.
La principal conclusión de lo que está pasando es que, como en la antigua guerra fría, Rusia y Estados Unidos (y sus aliados) defienden intereses contrapuestos, tanto en Ucrania como en Siria. Y si no se quiere caer en el sectarismo, lo lógico es que, al analizar la situación, se parta de la base de considerar igualmente dignas (o indignas) de tenerse en cuenta las posiciones que defiende cada uno de ellos. Solo desde la asunción de ese principio, y actuando con la máxima prudencia para evitar incidentes como el derribo de un avión ruso sobre el cielo turco, se podría llegar a un diálogo global que elimine las causas del enfrentamiento y explore las vías para eliminar sus causas.
De momento no cabe hablar con propiedad de nueva guerra fría, pero si no se extreman las precauciones y se actúa con buena voluntad, podría incluso hacerse aún más caliente, aunque sea como en Siria por terceros interpuestos. Lo que, por cierto, ocurría ya en la vieja guerra fría.

Luis Matías López
Fuente: Público.es

martes, 24 de noviembre de 2015

Francia e Israel inician una nueva guerra en Irak y en Siria

por Thierry Meyssan

Con una mano, el gobierno francés moviliza todos sus medios de prensa para atraer la atención de la población hacia los atentados del 13 de noviembre. Con la otra, el mismo gobierno francés inicia, con Israel, una nueva guerra en Irak y en Siria. Su objetivo ya no es el derrocamiento del régimen laico en Siria, tampoco la destrucción del ejército de ese país sino la creación de un Estado colonial en territorios pertenecientes a Irak y Siria, colonia que sería administrada por los kurdos, para atrapar a los Estados árabes en una tenaza. Regresa el sueño de expansión de Israel desde el Nilo hasta el Éufrates.

 

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En este mapa, publicado por Robin Wright en el New York Times, en 2013, puede verse el Sunnistán que el Emirato Islámico crearía en junio de 2014 y donde proclamaría el Califato. También aparece el Kurdistán que Francia e Israel pretenden crear en 2016. Obsérvese que este mapa no prevé la presencia de los cristianos, que serían trasladados a Europa o exterminados.
Moscú y Washington imponen en el G20 el corte del financiamiento al Emirato Islámico

La cumbre del G20 en Antalya (Turquía) ciertamente se preocupó por la economía, pero de lo que más se habló fue de la situación en el Medio Oriente. Numerosas negociaciones bilaterales tuvieron lugar durante esa cumbre y todavía se ignoran los detalles de lo que allí se habló y de las decisiones tomadas en varios encuentros cara a cara.

Sin embargo, el presidente ruso, Vladimir Putin, denunció, sin nombrarlos, los Estados participantes en la conferencia que apadrinan el Emirato Islámico. Mostró a sus colegas fotos satelitales de los convoyes de camiones-cisterna que atraviesan Turquía para vender el petróleo que la organización terrorista roba en Irak y en Siria. [1]. Públicamente señalado como violador de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y por financiar el Emirato Islámico, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan se mostró afectado. Según la oposición turca, Bilal Erdogan (el hijo del presidente) dirige personalmente ese tráfico [2].

Los presidentes Putin y Obama se pusieron de acuerdo para destruir los camiones-cisterna de la familia Erdogan y poner así punto final al tráfico de petróleo. Ese mismo día, el US Central Command bombardeaba –por primera vez en año y medio– dichos camiones-cisterna en Irak, mientras que la aviación rusa destruía gran cantidad de ellos en Siria [3].

Rusia y Estados Unidos han obligado a Francia a unirse a esa operación. Fingiendo una reacción ante los atentados perpetrados en París, el presidente Hollande anunció sin sonrojarse que estaba ordenando a las fuerzas armadas de Francia que procedieran a bombardear objetivos del Emirato Islámico en Siria, mientras que el presidente Putin daba públicamente instrucciones a las fuerzas armadas rusas para que coordinaran sus acciones con Francia y trataran a las fuerzas armadas francesas «como» un aliado [4]. El presidente francés se reunirá próximamente con sus homólogos de Estados Unidos y Rusia.

Parece, en efecto, que se han tomado medidas reales para aislar los 24 establecimientos bancarios que el Emirato Islámico utiliza desde Irak para transferir dinero –disposiciones que el subsecretario de Estado estadounidense David S. Cohen trataba inútilmente de imponer desde hace meses [5].

Francia y los «halcones liberales»
organizan una nueva guerra

Tomando nota de que iba a tener que retirar el Emirato Islámico de Siria, el grupo de países, transnacionales y personalidades estadounidenses que organizan la guerra decidió entonces iniciar un tercer conflicto armado.

- La «primavera árabe» (desde febrero de 2011 hasta enero de 2013) fue iniciada por el Departamento de Estado estadounidense. El objetivo era derrocar los regímenes laicos árabes, fuesen o no aliados de Estados Unidos, y reemplazarlos por dictaduras de la Hermandad Musulmana. Después de derrocar a los presidente de Túnez y Egipto mediante las «revoluciones» de jazmín y de loto, se declaró la guerra contra Libia y Siria –como estaba previsto en el Tratado de Lancaster House, firmado en noviembre de 2010–, pero las potencias coloniales no lograron atacar Argelia (incidente de la toma de rehenes de In Amenas).
- La segunda guerra contra Siria (desde julio de 2012 hasta octubre de 2015) fue iniciada por Francia, los «halcones liberales» estadounidenses (Hillary Clinton, Jeffrey Feltman, David Petraeus, etc.) e Israel, y financiada por un grupo de países (Turquía, Qatar, Arabia Saudita, etc.) y transnacionales (Exxon-Mobil, KKR, Academi [ex Blackwater], etc.). El objetivo no era tanto cambiar el régimen sino más bien «desangrar» el país y destruir su ejército (hasta ahora más de 100 000 soldados sirios han muerto luchando contra el terrorismo). Esta etapa terminó con la intervención militar rusa.
- La tercera guerra contra Siria (desde el 20 de noviembre de 2015) ha sido iniciada por varios miembros del grupo anteriormente mencionado, ahora con intenciones de crear un nuevo Estado en el norte de Siria y de Irak, para atrapar en una tenaza a los pueblos árabes que se resisten al expansionismo israelí [6].

Los organizadores de la guerra se han dado cuenta de que ya no tienen posibilidades de seguir actuando contra Siria. Y por eso se han puesto de acuerdo para retomar y continuar el programa que ya condujo, en 2012, a la creación de Sudán del Sur. Ese proyecto corresponde al plan de Alain Juppé (marzo de 2011) y al que publicó Robin Wright (septiembre de 2013). Estos planes preveían que, después de haber utilizado el Emirato Islámico para crear un Sunnistán, sería conveniente crear un Kurdistán [7].

Ya no se trata ni de una guerra supuestamente ideológica (la «primavera árabe»), ni supuestamente religiosa –como la segunda guerra contra Siria– sino de un conflicto supuestamente étnico.

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En 1956, el miembro del Likud David Ben Gurión y el socialista francés Guy Mollet se reúnen en secreto en la localidad francesa de Sevres para establecer una alianza y apoderarse del Canal de Suez. Hoy en día, sus sucesores, el miembro del Likud Benyamin Netanyahu y el socialista Francois Hollande se han aliado para apoderarse del norte de Irak y de Siria. En el pasado, las potencias coloniales practicaban la «{política de la cañonera}». Hoy en día, prefieren recurrir al terrorismo.
Las operaciones secretas en el terreno

Para lograrlo, manipularon al partido kurdo sirio marxista-leninista YPG (ahora rebautizado como «Fuerzas Democráticas de Siria») y lo aliaron con el clan Barzani de Irak. Ambos grupos son kurdos, pero no hablan la misma lengua, se mataron entre sí durante toda la guerra fría y se identifican con ideologías diametralmente opuestas [8].

Hay que recordar de paso que, en este momento, el gobierno regional kurdo de Irak es una dictadura. Su presidente, Masud Barzani, agente del Mossad instalado en el poder por el Reino Unido y Estados Unidos, se aferra a ese poder a pesar de que su mandato terminó en junio de 2013 [9].

Los padrinos de esta nueva guerra han empujado las «Fuerzas Democráticas» (sic) a iniciar un proceso de “kurdización” forzosa de las poblaciones no kurdas del norte de Siria (desde octubre de 2015), lo cual ha provocado la sublevación de los árabes y los cristianos asirios, así como la cólera de Damasco, pero sin que se haya visto ni las más mínima reacción internacional [10], como tampoco hubo reacción internacional cuando el gobierno regional kurdo de Irak anexó –en el verano de 2014– los campos petrolíferos de Kirkuk, anexión realizada mientras la atención de la opinión pública internacional se desviaba hacia la limpieza étnica perpetrada por el Emirato Islámico. En aquella época, no sólo las grandes potencias no condenaron la guerra de conquista del gobierno regional kurdo de Irak sino que incluso propusieron entregar armas directamente a ese régimen, sin pasar por el gobierno central de Bagdad, supuestamente para favorecer la lucha contra el Emirato Islámico.

Por supuesto, los iniciadores de este nuevo conflicto no dirán que están inventando una nueva guerra para crear un Estado colonial israelí y apresar a los Estados árabes en una tenaza, pero en cuanto sea necesario afirmarán que están luchando por un Kurdistán independiente, posición absurda ya que el territorio en cuestión nunca fue parte del Kurdistán histórico y los kurdos son allí ampliamente minoritarios (menos del 30% de la población).

El 5 de noviembre, Francia anunciaba el envío del portaviones Charles-De-Gaulle a la región, supuestamente para luchar contra el Emirato Islámico. El verdadero objetivo es posicionarlo para el inicio de la 3ª guerra contra Siria. [11]. El portaaviones salió el 18 de noviembre del puerto francés de Toulon.

Entre el 13 y el 15 de noviembre, el gobierno regional del Kurdistán iraquí, con el apoyo de las ahora llamadas «Fuerzas Democráticas de Siria», expulsó al Emirato Islámico del monte Sinjar –en Irak. En realidad, los yihadistas del Emirato Islámico se habían retirado, dejando allí sólo 300 hombres frente a una coalición de varias decenas de miles de soldados. La zona liberada no ha sido devuelta al gobierno central iraquí sino anexada por el gobierno regional kurdo.

Aunque hoy aparenta no respaldar esta operación e incluso condenarla, Turquía la aprobó en 2011, cuando se concluyó el Tratado secreto Juppé-Davutoglu. Si el seudo Kurdistán llegase a crearse, Turquía se las arreglaría para empujar hacia allí al PKK.

La resolución 2249 autoriza de factola nueva guerra

El 20 de noviembre, Rusia trataba nuevamente de obtener la aprobación del proyecto de resolución que había redactado para la reunión del 30 de septiembre, y que había tenido que retirar [12]. Las únicas modificaciones del texto inicial eran la inclusión de varias referencias a los atentados del Sinaí, de Beirut y de París, así como la mención del artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas (sobre el derecho de legítima defensa). Y, por segunda vez, Rusia tuvo que renunciar a ese texto y aceptar la adopción de un proyecto de resolución francés que legaliza toda intervención militar contra el Emirato Islámico en Siria y en Irak, proyecto que el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad (resolucion 2249) [13]. Aunque puede interpretarse de varias maneras, esa resolución pisotea de factola soberanía nacional de Irak y de Siria ya que autoriza la injerencia de las grandes potencias, a condición de que aparenten luchar contra el Emirato Islámico [14]. En realidad se trata, evidentemente, de liberar el norte de Siria del Emirato Islámico, pero no para restituir ese territorio a la República Árabe Siria, sino para proclamar allí un Estado independiente bajo control kurdo.

Rusia no se opuso a esa resolución y votó a favor. Al parecer, Moscú prefiere, por el momento, aprovechar el plan franco-israelí para expulsar de Siria el Emirato Islámico, sin aceptar por ello el principio de un seudo Kurdistán. La creación de un Estado así no tendría ninguna legitimidad a la luz del derecho internacional ya que los kurdos de Siria no están oprimidos sino que gozan de los mismos derechos que los demás sirios. La creación de ese Estado reabriría además la cuestión de los derechos de las minorías, ya planteada cuando la OTAN convirtió Kosovo en Estado. Ello autoriza de facto a cualquier grupo étnico, independientemente de su situación política, a reclamar la creación de un Estado independiente, lo cual implica –por consiguiente– la posible disolución de la mayoría de los Estados del mundo –incluyendo Francia– y el triunfo de la «globalización».

Elementos fundamentales: :
- El Kremlin y la Casa Blanca se han puesto de acuerdo para cortar los medios de financiamiento del Emirato Islámico. Para ello bombardearon los camiones-cisterna de la empresa de Bilal Erdogan en Irak y en Siria y aislaron los bancos utilizados por el Emirato Islámico.
- Luego de la anexión de los campos petrolíferos de Kirkuk, en junio de 2014, Israel y Francia han logrado proseguir la expansión del territorio del gobierno regional kurdo de Irak –mediante la anexión de la región de Sinjar– y emprender la conquista del territorio no kurdo del norte de Siria, utilizando para ello el`YPG, ahora rebautizado como «Fuerzas Democráticas de Siria». Lo que pretenden en definitiva es fusionar el territorio sirio conquistado por esas fuerzas kurdas con la entidad regional kurda de Irak y proclamar la independencia de un Estado supuestamente kurdo.
- A la luz del derecho internacional, la creación de un seudo Kurdistán en territorios no kurdos no tiene ninguna legalidad. Su único objetivo, al igual que la creación de Sudán del Sur, es atrapar a los principales Estados árabes (Egipto, Siria e Irak) en una tenaza para realizar el sueño israelí de expansión desde el Nilo hasta el Éufrates.

Thierry Meyssan

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[1] “President Putin Responses to journalists’ questions following the G20 summit”, Kremlin, 16 de noviembre de 2015.

[2] «Vínculos de la familia Erdogan con el Emirato Islámico», Red Voltaire, 26 de julio de 2015.

[3] «L’armée américaine a détruit 116 camions-citernes de l’EI», Robert Burns, Associated Press, 16 de noviembre de 2015.

[4] «Syrie: Poutine ordonne d’établir un contact direct avec la France et de la traiter comme un allié», Russia Today, 17 de noviembre de 2015.

[5] “Why Is Money Still Flowing to ISIS?”, The Editorial Board, The New York Times Sunday Review, 10 de octubre de 2015.

[6] «Cómo espera Israel reactivar la guerra en el Levante», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 11 de mayo de 2015.

[7] “Imagining a Remapped Middle East”, por Robin Wright, The New York Times Sunday Review, 29 de septiembre de 2013.

[8] «El Kurdistán y el Califato», «“Kurdistán”… pero al estilo israelí», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 7 y 13 de julio de 2014.

[9] «Los kurdos de Irak se oponen a la reconducción de su presidente»,Red Voltaire, 21 de agosto de 2015.

[10] «Estados Unidos e Israel inician la colonización del norte de Siria»,Red Voltaire, 1º de noviembre de 2015.

[11] «Le porte-avions «Charles-De-Gaulle» déployé contre le groupe État islamique», Le Monde con la agencia AFP, 5 de noviembre de 2015.

[12] “Russian draft resolution on Counterterrorism”, Voltaire Network, 1 October 2015.

[13] “Resolution 2249 on combating ISIS”, Voltaire Network, 20 November 2015.

[14] «Le Conseil de sécurité adopte une résolution appelant à la lutte contre Daech», Centre de Nouvelles de l’Onu, 20 de noviembre de 2015.

jueves, 30 de abril de 2015

Pakistán, China, Irán y la reconstrucción de la seguridad regional

 

LÍDERES DE CHINA, PAKISTAN, E IRÁN

 

M.K. Bhadrakumar

Asia Times

La seguridad regional en Asia del Sur y las regiones adyacentes al oeste y al norte se encuentran en la cúspide de una profunda transformación. En términos generales, hay tres vectores implicados aquí.

Uno, la integración de Irán con la comunidad internacional como un "país normal", un proceso que ya ha comenzado; dos, la entente histórica entre Rusia y China, que se ha consolidado significativamente en el último año, desde que las tendencias nueva guerra fría comenzaron a aparecer; y, tres, un cambio en gran parte desapercibido, pero muy significativo en las prioridades de política exterior de Pakistán, un Estado auténticamente ’fundamental’ en la política del sur de Asia dada su ubicación geográfica muy estratégica en la región del sur de Asia, en términos de la seguridad regional en Asia Central y Asia Occidental.

La visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, a Pakistán el lunes 15 de abril en muchos aspectos reúne a los tres vectores. La visita es un evento bilateral de importancia histórica para los vínculos de larga data entre los dos países, que ha añadido mucho contenido estratégico a la relación y la ha elevado a un nivel cualitativamente nuevo.

Sin embargo, China también está jugando a largo plazo en la medida en que Beijing está realmente empezando la aplicación de su iniciativa "Un Cinturón, Un Camino", que es un proyecto global para el inexorable crecimiento de China en el escenario mundial como superpotencia.

Es extraordinario que China está acometiendo inversiones que superan los 40.000 millones de dólares en un solo país, sin inmutarse por la percepción en los círculos financieros occidentales de que Pakistán es un "estado fallido" y una puerta giratoria del terrorismo internacional.

En los años 1980-90 esto se habría prestado como un movimiento diabólico de las autoridades chinas para fortalecer la capacidad de Pakistán para desafiar a la India, un enemigo común. Pero ese no es el caso hoy en día. Los impulsos que impulsan las políticas chinas hacia Pakistán hoy se encuentran en otros lugares.

En primer lugar, la estabilidad de Pakistán ha llegado a ser un motivo de grave preocupación desde la perspectiva de las necesidades de seguridad interna de China, que es atribuible no sólo a la racha en actividades terroristas en Xinjiang por los grupos que se refugian a la región Af-Pak , sino también fuera de las preocupaciones emergentes de China como una de las partes interesadas en la estabilidad regional que es una necesidad imprescindible para avanzar de manera óptima en sus políticas regionales y globales (político-militar, económica y cultural).

El cambio dramático en el pensamiento chino a propósito de las cuestiones de terrorismo en el sur de Asia y la empatía inconfundible de Beijing con las preocupaciones de la India como una víctima del terrorismo dan testimonio de esto. Uno de los diarios de mayor tirada de la India ha publicado una declaración extraordinaria atribuida al jefe de la cancillería china y miembro del think tank Instituto de Estudios del Sur y Sureste de Asia y de Oceanía, Hu Shisheng, en la que se dice que China se encuentra "incómoda diplomáticamente" haber mantenido una "posición neutral" en el ataque terrorista en Mumbai en noviembre de 2011 dado que “China también ha sufrido a causa del terrorismo, y ha sufrido los dobles raseros de EEUU sobre el terrorismo, por lo que no debe comportarse de una manera similar”. En consecuencia, “China abordará las preocupaciones de la India por el terrorismo de una manera más constructiva”.

Por lo tanto, por un lado, China espera contribuir a la estabilización de Pakistán de una manera que los Estados Unidos nunca ha intentado en toda la crónica de su coqueteo con Pakistán como un "aliado extra OTAN" en las últimas décadas - ya sea debido a la escasez de recursos o falta de interés genuino o una vacilación innata para lograr una alianza profunda, mientras que por otro lado, tanto en términos de sus propios intereses y en los intereses más amplios de la seguridad regional, China espera aprovechar su amistad y cooperación con Pakistán para reforzar los recientes cambios en las políticas de Islamabad hacia grupos terroristas.

Si Estados Unidos había estado esperando que podría haber un condominio chino-estadounidense sobre el futuro de Pakistán (algo que los funcionarios y analistas estadounidenses han estado propagando en los últimos años), claramente han estado ladrando al árbol equivocado. China no está mostrando ningún signo de interés por enredarse con lo que pasa por las estrategias regionales de Estados Unidos.

Los proyectos que se espera que se harán público durante la visita de Xi a Pakistán se financian totalmente fuera de riqueza soberana de China. El meollo del asunto es que los futuros historiadores hablarán de la visita de Xi a Islamabad como el principio del fin de la manipulación de América de la política paquistaní, que comenzó hace seis décadas con el golpe militar organizado por Ayub Khan en los principios de 1950.

Como mínimo, China está creando una situación, a sabiendas o no, que obligará a EEUU a negociar mucho más duro, por parte de los otros países, de lo que ha hecho hasta ahora para lograr favores. Es un movimiento táctico por parte de China. Pero entonces, en realidad, el debilitar la influencia estadounidense en Pakistán también es una necesidad estratégica para China dado el cambio de estrategia de Washington hacia el "pivote Asia".

Sin duda, Pakistán (junto con Asia Central e Irán) se convierte en una puerta de entrada para China al mercado mundial y es crucial para Beijing que la capacidad de Washington para bloquear esta puerta de enlace sea "cero". Pakistán es en realidad la única puerta de entrada más importante para China en el paradigma emergente. Podría decirse, que por sí sola podría explicar la extraordinaria medida en que China está haciendo de la estabilización de Pakistán una dimensión en tiempo real a sus propias políticas nacionales de desarrollo.

Las relaciones de China con la región de Asia Central ya están en un gran nivel. A pesar de los intentos de Estados Unidos para crear inquietud en la opinión de Rusia con respecto a la creciente influencia de China en la región de Asia Central, las dos grandes potencias han visto claras las maniobras estadounidenses y han calibrado cuidadosamente sus movimientos de tal manera que, hasta ahora, han logrado un notable grado de armonización de sus respectivas políticas.

China pisa con cuidado para no ser vista como un adversario a la reto presencia dominante de Rusia en la región central, mientras que Moscú considera la contribución de China para el progreso y el desarrollo económico de la región y confía en los líderes de Asia central a apreciar que el liderazgo regional de Rusia es único y es insustituible, tanto históricamente hablando como en un sentido contemporáneo. Lo más importante, China y Rusia comparten una gran desconfianza sobre cualquier proyección del poder estadounidense en Asia Central. Por lo tanto, China y Rusia se han convertido en partes interesadas en la seguridad de la región y la estabilidad de los regímenes allí.

La entente y mutuo entendimiento entre Rusia y China ha alcanzado un nivel muy alto que hace imposible que Washington cree percepciones erróneas o siembre las semillas de la discordia entre las dos grandes potencias. Los "occidentalistas" entre las élites rusas están en retirada y las consideraciones objetivas en las que Rusia se coloca en Eurasia también incitan Moscú para acercarse a Pekín.

Sólo la semana pasada funcionarios del sector energético ruso por primera vez hablaron de un escenario en el que más allá de 2019 Europa tendrá que buscar y asegurar que el gas ruso le llegará desde Grecia, donde a su vez llegará a través del gasoducto a Través de Turquía, mientras que Moscú siempre tiene la alternativa de desviar el "gas europeo" para el mercado de China a través del nuevo gasoducto Altai.

Curiosamente, Moscú también anunció la semana pasada que China es el primer país al que ha suministrado su último sistema S-400, misiles antibalísticos de defensa, que está actualmente en servicio sólo en las fuerzas armadas rusas y está clasificado como el sistema SAM más capaz en la región de Asia-Pacífico.

Para que se entienda: tanto China como Rusia entienden perfectamente bien que está en su interés común contrarrestar las estrategias regionales de Estados Unidos. Tienen muy claro de que la estrategia de contención de EEUU está dirigido a los dos y, por lo tanto, es en de su interés coordinar sus movimientos para derrotar la agenda de Estados Unidos.

Como era de esperar, un nivel de coordinación entre Moscú y Beijing en cuanto a sus políticas regionales hacia Pakistán también es concebible. Los ministros de Defensa de Rusia y Pakistán firmaron un acuerdo en Moscú, dos días antes de la llegada de Xi a Islamabad, que marca el comienzo por primera vez de ejercicios militares entre los dos países dando un significativo paso adelante hacia el "deshielo" de su relación en general.

Sin duda, Rusia puede esperar a sacar provecho de la disminución de la influencia estadounidense en Pakistán. Desde el punto de vista ruso, la cooperación de Pakistán es vital para aumentar sus esfuerzos para prevenir los planes que en el futuro ponga en marcha EEUU para utilizar grupos islamistas violentos como herramienta geopolítica para desestabilizar el norte del Cáucaso y los regímenes de la región de Asia Central. Rusia está reforzando su presencia militar en Asia Central en el marco del establecimiento de bases militares estadounidenses en Afganistán y también ha abierto un canal político con el gobierno de unidad nacional en Kabul. El ministro de Relaciones Exteriores, Sergey Lavrov, recibió al asesor de seguridad nacional afgano, Mohammad Hanif Atmar, en Moscú en febrero.

Tanto Pekín y Moscú han observado con interés las reclamaciones de Pakistán de un cambio fundamental en su enfoque de los grupos terroristas.

Es evidente Pakistán tomó una decisión muy dolorosa al rechazar la solicitud de Arabia Saudita de una ayuda militar para sostener la intervención de los Estados del CCG en Yemen. Es algo que va mucho más allá de una declaración de la política de Pakistán hacia Yemen. Se ha convertido en la prueba de fuego del gobierno ante la opinión pública paquistaní de que es un gobierno representativo elegido democráticamente.

Pero, más allá de todo lo que hay es una señal profundamente significativa en la medida en que también está indicando una falta de interés en ser arrastrado a otra guerra, y una medida de retirada, por lo tanto, de las empresas regionales de Arabia Saudita aunque ello tenga un impacto nocivo en las relaciones de dos países que son todavía aliados.

En pocas palabras, Islamabad también está mostrando renuencia, rozando la falta de interés, en escarceos con una trayectoria política regional que ha llevado en última instancia sólo dolores indecibles y devastación en las últimas décadas, desde la toma de poder comunista en Kabul en 1978 y la Revolución Islámica en Irán al año siguiente, momento en el que comenzó el coqueteo entre Arabia y Pakistán y que se convirtió en una floreciente alianza estratégica bajo el patrocinio estadounidense y todo ello remachado con el señuelo del "yihadismo".

Tanto Rusia y China comprenden que Pakistán está buscando desesperadamente una nueva dirección y los obstáculos son muchos (India tampoco está ayudando). Ambos se dan cuenta de que está en sus propios intereses vitales que la búsqueda de Pakistán de esa nueva dirección se fortalezca y dé frutos para que se vuelva irreversible.

Comparativamente hablando Rusia tiene un carácter de mayor urgencia en ampliar las relaciones con Pakistán, dado que la alianza entre EEUU y Pakiskistán que se ha mantenido durante décadas parece tener un final a la vista. Y ello tiene lugar precisamente en un momento en que las estrategias chinas hacia Pakistán están superando sus dimensiones bilaterales (o regionales) tradicionales y comenzando a asumir un carácter global.

De manera significativa, tanto Rusia como China (y Pakistán, también) están también actualmente reestructurando sus políticas hacia Irán al tiempo que la integración de ese país en la comunidad internacional se pone en marcha. Ha habido varios intercambios de alto nivel entre Moscú y Teherán antes de que se llegase al preacuerdo entre Teherán y las "potencias mundiales" en el tema nuclear.

Muchas de las nuevas propuestas han surgido últimamente en la dirección de añadir un contenido estratégico para relación ruso-iraní -regreso de las compañías petroleras rusas a Irán, construcción de plantas de energía nuclear de fabricación rusa en Irán, la Fase II de la planta de Bushehr, el trueque del acuerdo por valor de 20.000 millones de dólares en virtud del cual Rusia recibiría medio millón de barriles de petróleo iraní por día a cambio del suministro de diversos productos y así sucesivamente.

Para colmo, el presidente Vladimir Putin levantó el veto a la venta del sistema de defensa de misiles S-300 a Irán. Evidentemente, Rusia espera establecer una presencia clave en Irán en la cuestión energética y la esfera militar. Pero la dimensión estratégica es que Rusia está animando a Irán a preservar sus políticas exteriores independientes y "autonomía estratégica" y está desafiando las aspiraciones de Occidente para transformar a Irán en una ciudadela de los intereses occidentales, algo similar a lo que solía ser hasta la Revolución Islámica de 1979 cuando ^con el impulso de Jomeini] Irán reescribió la política regional y la historia actual en esa región.

Una vez más, hay suficiente evidencia de que Rusia y China podrían coordinando sus enfoques hacia la Nueva Irán. El Wall Street Journal informó la semana pasada que China podría estar dispuesta a emprender la construcción de un gasoducto Irán-Pakistán. Mientras tanto, Xi está planeando una visita pionera a Irán muy pronto. La visita de Putin también está pendiente. ¿Van a vencer a Obama en Teherán? Podrían.

En suma, tiene sentido que Rusia y China esperen incluir a Irán y Pakistán en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) como miembros de pleno derecho en un futuro muy próximo. La incluisión de estas dos potencias regionales estratégicamente colocadas haría que la OCS saliese de las estepas de Asia Central a las cálidas aguas del Océano Índico y el Golfo Pérsico y asumiese una nueva identidad como el proveedor de seguridad para un amplio arco de países.

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1989

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

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