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lunes, 10 de julio de 2017

Donald Trump ante el «Cuarto Poder»



por Thierry Meyssan

Al arrogarse el título de «Cuarto Poder», la prensa estadounidense se sitúa en un plano de igualdad con los 3 poderes democráticos reconocidos, a pesar de que los medios de prensa no gozan de ningún tipo de legitimidad otorgada por el Pueblo. Tanto en Estados Unidos como en el extranjero, esa prensa está desarrollando una gran campaña contra el presidente Trump, para desacreditarlo y provocar su destitución. Esa campaña comenzó la noche misma de la elección del actual presidente, o sea mucho antes de su llegada a la Casa Blanca, y está teniendo gran eco entre los electores favorables al Partido Demócrata y en los países aliados de Washington, donde la población está convencida de que el actual presidente de Estados Unidos no está en su sano juicio. Pero los electores que votaron por Donald Trump resisten a esa gigantesca campaña mientras que el ahora presidente logra luchar eficazmente contra la pobreza.
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 4 de julio de 2017
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Se mantiene la campaña internacional de prensa para desestabilizar al presidente Trump. La máquina de injuriar que David Brock armó durante la etapa de transición entre la administración saliente de Barack Obama y la de Donald Trump [1] resalta cada vez que puede el carácter apresurado y la frecuente grosería de los tweets presidenciales. La Entente de medios difusión creada por la misteriosa ONG First Draft [2] repite incansablemente que la justicia está investigando presuntos vínculos entre el equipo de campaña del ahora presidente y los tenebrosos complots que se atribuyen al Kremlin.

Un estudio del profesor Thomas E. Patterson, de la Harvard Kennedy School, muestra que la prensa de Estados Unidos, del Reino Unido y de Alemania ya ha citado a Donald Trump el triple de veces que a los anteriores inquilinos de la Casa Blanca y que en los primeros 100 días de su mandato el 80% de los artículos eran claramente desfavorables a él [3].

Durante la campaña del FBI para forzar la renuncia del presidente Nixon [4], la prensa estadounidense se atribuyó el título de «Cuarto Poder», con lo cual implicaba que los propietarios de los medios de difusión tenían más legitimidad que el Pueblo mismo. Lejos de ceder a la presión, Donald Trump, consciente del peligro que representa la alianza entre los medios de difusión y el 98% de altos funcionarios que votaron contra él, declaró «la guerra a la prensa» en su discurso del 22 de enero de 2017, una semana después de su investidura. Por su parte, su consejero especial Steve Bannon declaraba al New York Times que la prensa se ha convertido de hecho en «el nuevo partido de oposición».

Pero lo más interesante es que los electores del actual presidente no le han retirado su confianza.

Recordemos aquí cómo empezó todo. Fue durante el periodo de transición, o sea antes de la investidura de Donald Trump. Una ONG llamada Propaganda or Not? lanzó la idea de que Rusia tenía previsto difundir, durante la campaña electoral estadounidense, una serie de informaciones falsas para torpedear a la candidata demócrata Hillary Clinton y favorecer la elección de Donald Trump. En aquel momento, nosotros subrayamos los vínculos de esa ONG con Madeleine Albright y Zbigniew Brzeziński [5]. La acusación contra Rusia, ampliamente repetida por el Washington Post, incluía una “lista de agentes” del Kremlin, entre los que se hallaba Red Voltaire. Pero nada, absolutamente nada, ha demostrado en ningún momento esta tesis del complot ruso.

Todos han podido comprobar que los argumentos que se esgrimen contra Donald Trump no son solamente los que habitualmente se manejan en la lucha política sino que vienen, evidentemente, del arsenal de la propaganda de guerra [6].

El premio a la mala fe podría otorgársele a la CNN, cuyo tratamiento de ese tema alcanza proporciones francamente obsesivas. CNN se vio incluso obligada a presentar excusas por haber transmitido un reportaje donde acusaba al banquero Anthony Scaramucci, estrechamente vinculado a Trump, de estar indirectamente a sueldo de Moscú. Pero CNN se encontró esta vez con la horma de su zapato porque Scaramucci es lo suficientemente rico como para darse el lujo de llevar a ese canal de televisión ante los tribunales por haberlo difamado con la transmisión de una acusación completamente inventada. Así que CNN tuvo que presentar excusas y los 3 periodistas de su grupo de investigación «dimitieron».
Posteriormente, el Project Veritas, del periodista James O’Keefe publicó 3 secuencias de videos grabados con cámara oculta [7]. En el primero de esos videos se ve a un supervisor de CNN declarar entre risas en un ascensor que las acusaciones de colusión del presidente Trump con Rusia son sólo «estupideces» que se transmiten «para la audiencia». En el segundo video, un presentador estrella de CNN y ex consejero del presidente Obama reconoce que toda esa historia es completamente absurda y en el tercero un productor de CNN declara que Trumo es un enfermo mental y que sus electores son «estúpidos como la mierda» (sic).
En respuesta, el presidente Trump colgó en la red un montaje de imágenes de sus tiempos de responsable de la WWE (la Federación estadounidense de lucha, espectáculo muy popular en Estados Unidos) donde él mismo aparece dándole una paliza a su amigo Vince McMahon –esposo de la secretaria de la administración Trump a cargo de las pequeñas empresas–, cuyo rostro es reemplazado por el logo de CNN. El montaje termina con la presentación de un logo modificado de CNN, sigla que se convierte en Fraud News Network, algo así como “Red de Noticias Fraudulentas”.

Todo este episodio nos muestra que en Estados Unidos, Donald Trump no tiene la exclusividad de la grosería y confirma que CNN –que en sólo 2 meses ha abordado la cuestión de la injerencia rusa más de 1 500 veces– no se dedica al periodismo y se burla de la verdad. Esto ya lo sabíamos desde hace tiempo, por haber seguido su tratamiento de los temas de política internacional, pero ahora se descubre que hace lo mismo en materia de política doméstica.

Aunque resulta mucho menos significativa, una nueva polémica ha surgido entre el presidente y los presentadores del programa matinal de MSNBC Morning Joe, que desde hace meses han venido criticando implacablemente al inquilino de la Casa Blanca. Uno de ellos, Joe Scarborough, es un ex abogado y parlamentario por el Estado de La Florida que aboga contra el derecho al aborto y por la disolución de los ministerios «inútiles», que según él son los de Comercio, Educación, Energía y Vivienda. Su compañera, tanto en sentido recto como en sentido figurado, Mika Brzezinski es una simple lectora de teleprompter que apoyaba a Bernie Sanders. En un tweet, el presidente los insultó identificándolos como «Joe el sicópata» y «Mika, la del bajo coeficiente intelectual». Nadie duda que tales calificativos estén cerca de la realidad, pero formularlos así no tiene más objetivo que herir el amor propio de ambos periodistas. En definitiva, los dos presentadores de Morning Joe publicaron en el Washington Post un texto donde ponen en duda la salud mental del presidente.

Mika Brzezinski es la hija del recientemente fallecido Zbigniew Brzezinski, uno de los personajes que manejan desde la sombra la ONG Propaganda or not? anteriormente mencionada.

La grosería de los tweets presidenciales no es un síntoma de locura. Dwight Eisenhower y sobre todo Richard Nixon fueron mucho más obscenos que Donald Trump y no por ello dejaron de ser grandes presidentes.

Trump no es tampoco un individuo impulsivo. En realidad, sobre cada tema, Donald Trump reacciona de inmediato con tweets agresivos. Después, lanza ideas en todos los sentidos, sin vacilar en contradecirse en diferentes declaraciones, y observa detenidamente las reacciones que estas suscitan. Finalmente, luego de haber llegado a crearse una opinión personal, se reúne con la parte adversa y generalmente llega a un acuerdo con ella.

Donald Trump ciertamente no tiene la buena educación puritana de un Barack Obama o una Hillary Clinton. Es más bien portador de la rudeza del Nuevo Mundo. A lo largo de su campaña electoral se presentó siempre como el hombre capaz de poner fin a las innumerables formas de deshonestidad que esa buena educación permite esconder en Washington. Y finalmente fue a él –no a la señora Clinton– a quien los estadounidenses pusieron en la Casa Blanca.

Por supuesto, cada cual está en su derecho de tomar en serio las declaraciones polémicas del presidente, encontrar que algunas son chocantes e ignorar las que dicen lo contrario. Pero no debe confundirse el estilo de Trump con su política. Al contrario, hay que analizar con precisión sus decisiones y sus consecuencias.

Veamos, por ejemplo, su decreto para impedir que entren a Estados Unidos los extranjeros cuya identidad el Departamento de Estado no tiene posibilidades de verificar.

Se observó que la población de los 7 países a cuyos ciudadanos se limitaba el acceso a Estados Unidos es mayoritariamente musulmana. De inmediato se vinculó ese factor a algunas declaraciones que el presidente había hecho durante su campaña electoral y se completó así el proceso de construcción del mito sobre un Trump racista. Se orquestaron una serie de procedimientos judiciales para obtener la anulación del «decreto islamófobo», hasta que la Corte Suprema confirmó que la medida era legal. Ante ese veredicto, se decidió pasar la página afirmando que la Corte Suprema se había pronunciado sobre una segunda versión del decreto que incluía una serie de concesiones. Y es cierto, sólo que esas concesiones ya figuraban en la primera versión, aunque redactadas de diferente manera.

Al llegar a la Casa Blanca, Donald Trump no privó a los estadounidenses de su seguro social, ni desató la Tercera Guerra Mundial. Lo que ha hecho es, al contrario, abrir numerosos sectores económicos que antes estaban tremendamente cerrados, lo cual favorecía a las grandes transnacionales. Está viéndose, además, un reflujo de los grupos terroristas en Irak, Siria y Líbano y una disminución palpable de la tensión en el conjunto del Medio Oriente ampliado, con excepción de Yemen.

¿Hasta dónde llegará este enfrentamiento entre la Casa Blanca y los medios de difusión, entre Donald Trump y ciertas potencias del dinero?
Thierry Meyssan


[1] «El “aparato Clinton” para desacreditar a Donald Trump», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 28 de febrero de 2017.

[2] «El nuevo Orden Mediático Mundial», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de marzo de 2017.

[3] «News Coverage of Donald Trump’s First 100 Days», Thomas E. Patterson, Harvard Kennedy School, 18 de mayo de 2017.

[4] Al cabo de 30 años de los hechos finalmente se supo que el misterioso personaje que se hacía llamar «Garganta profunda» y que alimentó con sus revelaciones el escándalo del Watergate era nada más y nada menos que W. Mark Felt, antiguo ayudante de J. Edgard Hoover y número 2 en la jerarquía del FBI.

[5] «La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de diciembre de 2016.

[6] «Contra Donald Trump, la propaganda de guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de febrero de de 2017.

[7] «Project Veritas destapa una campaña de mentiras de CNN», Red Voltaire, 2 de julio de 2017.
Thierry Meyssan

Red Voltaire

Voltaire, edición Internacional

domingo, 21 de mayo de 2017

¿Hacia una «primavera latina»?

Agitación contrarrevolucionaria en Venezuela

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Va en ascenso la inquietud en Latinoamérica, donde Estados Unidos y el Reino Unido están implementando una «primavera» al estilo de las «primaveras árabes». Por supuesto, como prácticamente todos los latinoamericanos son cristianos, no se tratará en este caso de sembrar la guerra enemistando a los pueblos con argumentos religiosos. Se buscará más bien la manera de recurrir a ciertos aspectos de las identidades locales. Pero el objetivo seguirá siendo el mismo: no se trata de reemplazar un gobierno por otro sino de destruir los Estados para eliminar así toda posibilidad de resistencia nacional frente al imperialismo.
Con el tiempo, numerosos líderes políticos del mundo entero han reinterpretado las «primaveras árabes». Lo que al principio parecía ser una serie de revoluciones espontáneas contra gobiernos autoritarios se ve hoy en día como lo que realmente es: un plan anglosajón de desestabilización de toda una región del mundo para poner en el poder a la Hermandad Musulmana. El recuerdo de la «revuelta árabe de 1916», durante la cual Lawrence de Arabia sublevó la región en contra del Imperio Otomano haciendo que los pueblos soñaran con la libertad para acabar sometiéndolos al Imperio Británico, está ahí para demostrarnos que Londres dispone de la experiencia necesaria para ello.
Los anglosajones están preparando al parecer una nueva ola de seudo revoluciones en Latinoamérica. Todo comenzó con un decreto del entonces presidente Barack Obama, emitido el 9 de marzo de 2015, que declaraba un estado de emergencia ante la extraordinaria amenaza que la situación en Venezuela supuestamente representaba para Estados Unidos. Ese documento suscitó en todo el continente una ola de indignación que obligó al presidente estadounidense a presentar excusas durante una cumbre regional. Obama se excusó… pero no anuló el decreto y los preparativos para una nueva guerra siguieron adelante.
Es importante observar que el texto de Obama sobre Venezuela no es una ley, como la Syrian Accountabilty Act adoptada bajo la administración de George W. Bush, en 2003, sino un decreto presidencial. Eso implica que el poder ejecutivo no está obligado a rendir cuentas al legislativo sobre los preparativos que lleva a cabo al respecto.
En el mundo árabe en general, y en el caso de Siria en particular, los anglosajones necesitaron 8 años para iniciar las acciones. Pero numerosos elementos hacen pensar que necesitarán menos tiempo para emprender un programa de destrucción en Latinoamérica.
En Brasil, justo antes de los Juegos Olímpicos, estalló una serie de desórdenes contra el gobierno de la presidente Dilma Rousseff. Esta última fue destituida como resultado de un procedimiento parlamentario, legal pero totalmente en contradicción con el espíritu de la Constitución.
El golpe parlamentario contra Dilma Rousseff fue implementado, bajo el control del Banco Central –cuyo segundo al mando tiene doble nacionalidad brasileña e israelí–, por un grupo de diputados hoy metidos hasta el cuello en graves escándalos de corrupción. Los servicios de seguridad brasileños se mantuvieron extrañamente pasivos durante el golpe. ¿Cómo se explica eso? Con vista a los Juegos Olímpicos, se hallaban bajo la supervisión de expertos israelíes. Actualmente, el nuevo presidente, Michel Temer –quien tiene doble nacionalidad brasileña y libanesa–, es objeto del más amplio rechazo popular.
La situación no es mucho mejor en México, país ya de hecho dividido en cuatro. El norte exhibe un fuerte crecimiento mientras que el sur está en plena recesión. Los dirigentes políticos mexicanos han vendido Pemex, la empresa petrolera nacional, y todas sus reservas a Estados Unidos, que por consiguiente ya no necesita el petróleo del Medio Oriente. Sólo el ejército parece creer aún en el concepto de patria.
En Venezuela, la oposición ha logrado capitalizar algunos errores económicos del gobierno para realizar unas pocas grandes manifestaciones pacíficas. Pero también organiza simultáneamente minúsculas concentraciones extremadamente violentas durante las cuales han sido asesinados tanto policías como manifestantes. Creando la confusión, las agencias de prensa internacionales dan la impresión de que ha comenzado una revolución contra los chavistas, lo cual no tiene absolutamente nada que ver con la realidad.
O sea, los tres principales Estados latinoamericanos están siendo desestabilizados al mismo tiempo. Tal parece como si los neoconservadores estadounidenses, previendo un posible restablecimiento de la paz en Siria, estuviesen acelerando la aplicación de sus planes en Latinoamérica.
El viernes, en una alocución transmitida por televisión, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, puso en guardia al pueblo sobre el proyecto anglosajón de «primavera latina». El presidente Maduro citó amplia y repetidamente los precedentes de Libia y Siria ante una audiencia de intelectuales latinoamericanos, a quienes tuve la oportunidad de unirme, como sirio de corazón.
Fuente
Al-Watan (Siria)

domingo, 14 de mayo de 2017

Armas nucleares en Corea del Norte





La amenaza de una confrontación militar en Corea se acompaña de un relato tan simple como engañoso. La narrativa más difundida es que un malintencionado régimen dictatorial en Pyongyang está decidido desde hace décadas a obtener armas nucleares. Los medios internacionales se han encargado de difundir y desarrollar las noticias sobre la irresponsabilidad de Corea del Norte. Como siempre, la historia que lleva a la crisis actual es más compleja. Es cierto que el régimen de Pyongyang ha mantenido una postura militar belicosa como elemento de disuasión y su brazo castrense ha sido un elemento clave para perpetuar el régimen. En la actualidad tiene un poderoso ejército convencional y un programa de armamentos nucleares que incluye esfuerzos para miniaturizar bombas y el desarrollo de misiles de alcance intermedio. Éstos últimos componentes son el principal foco de atención de la administración Trump, quien vocifera con estridencia que la imprudencia de Pyongyang sólo puede detenerse con muestras de firmeza.
Sin embargo, la experiencia muestra que el proyecto nuclear de Corea del Norte pudo frenarse mediante esfuerzos diplomáticos. También enseña que los seguidores de la línea dura en Washington han entorpecido las posibilidades de un acercamiento y la normalización de relaciones.
En 1994 la administración Clinton firmó un Acuerdo marco con Pyongyang con el que Corea del Norte congelaría su incipiente proyecto nuclear a cambio de concesiones diplomáticas y económicas por parte de Estados Unidos. En particular, el acuerdo establecía que la planta nuclear de Yongbyon se cerraría y quedaría sujeta a inspecciones internacionales. Hoy se estima que sin ese acuerdo Corea del Norte tendría más de un centenar de bombas nucleares.
La implementación del acuerdo avanzó muy lentamente, pero en 2000 una delegación de Pyongyang visitó Washington y los dos países emitieron un comunicado conjunto en el que se comprometían recíprocamente a no mantener intenciones hostiles. Ese mismo año Clinton envió en visita oficial a Pyongyang a su secretaria de Estado, Madeleine Albright. Se estaba planeando una histórica visita del presidente estadounidense a Corea del Norte.
Las cosas cambiaron con la llegada de George W. Bush a Washington. La declaración sobre intenciones hostiles no fue confirmada y el Acuerdo marco fue relegado a un segundo plano. En 2002 Bush incluyó a Corea del Norte en la lista de países que formaban el eje del mal (junto con Irak e Irán). Además, Washington canceló el Acuerdo marco argumentando que Pyongyang continuaba embarcado en un programa para dotarse de armas nucleares.
La guerra en Irak y la doctrina de cambio de régimen que Bolton, Cheney y Rumsfeld promovieron convenció a los norcoreanos sobre el camino a seguir. Bolton sentenció que Pyongyang debería sacar las lecciones apropiadas de la guerra en Irak. Y, en efecto, la jerarquía norcoreana le hizo caso: la aceleración del programa nuclear sería el pilar de una política de disuasión.
En 2004 la diplomacia china convenció a Estados Unidos, Japón, Rusia y las dos Coreas para iniciar negociaciones entre las seis partes. En septiembre 2005 se llegó a un acuerdo, pero ese mismo mes el Departamento del Tesoro anunció que un banco en Macao, el Banco Delta Asia, era culpable de operaciones de lavado de dinero y lo castigó con fuertes sanciones financieras. Ese banco tenía numerosas cuentas del régimen norcoreano y la irritación en Pyongyang llevó a terminar las pláticas entre los seis y proponer negociaciones para resolver la cuestión del Banco Delta Asia. Washington rechazó la propuesta y pidió a otros países intensificar las sanciones contra Pyongyang. En 2006 Corea del Norte llevó a cabo su primera prueba nuclear.
China trató de revivir las pláticas de los seis en 2007, para llegar a un nuevo acuerdo. Sin embargo, los halcones en Washington exigieron un severo régimen de inspecciones que Pyongyang rechazó. Hoy Corea del Norte considera que sus armas nucleares no son negociables y las ha elevado a rango constitucional. Quizás el proceso nuclear en Corea del Norte hubiera tomado otro derrotero si la vía diplomática se hubiera consolidado.
Trump señaló recientemente que estaría dispuesto a reunirse con Kim Jong-un, el líder norcoreano. Es posible que la táctica del presidente estadounidense incluya hoy una especie de apertura para medir la reacción de su adversario. Pero las condiciones para tal encuentro incluyen la aceptación por parte de Pyongyang de desmantelar su programa nuclear. Esa es una condición inaceptable para Corea del Norte.
Es recomendable no olvidar que durante la guerra de Corea el bombardeo de Corea del Norte llegó a extremos inauditos. Más de 635 mil toneladas de bombas fueron lanzadas sobre su territorio (en comparación con las 503 mil toneladas usadas por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en todo el teatro del Pacífico). La propia fuerza aérea estadunidense reconoce que la destrucción al norte del paralelo 38 fue peor que la de Japón al terminar 1945. Nadie en Corea del Norte ha olvidado ese bombardeo.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/05/03/opinion/021a1eco

jueves, 4 de mayo de 2017

¿Y por qué Trump bombardeó Sheyrat?



por Thierry Meyssan

A pesar de las apariencias, la administración estadounidense, lejos de comportarse de forma errática, está tratando de fijar el marco de su política exterior. El presidente Donald Trump está negociando con un representante del Estado Profundo, la estructura que gobierna Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001. Y parece que han llegado a un acuerdo cuyos detalles están todavía por precisar. Varios miembros de la administración aclararían la nueva política exterior de la Casa Blanca a fines de mayo, ante una comisión del Congreso.

En el momento del ataque estadounidense contra la base aérea siria de Sheyrat, hice notar que aquella acción no era más que una farsa y que el secretario de Estado la había utilizado para presionar a sus aliados europeos y obligar al verdadero organizador de la agresión contra la República Árabe Siria –el Reino Unido– a mostrar su rostro. Hoy se sabe un poco más al respecto.

El presidente Trump, enfrentado simultáneamente a la oposición de la clase dirigente y la del Estado Profundo estadounidense, utilizó el ataque contra la base siria de Sheyrat para «restaurar la credibilidad» (sic) de la Casa Blanca.

En el verano de 2013, el presidente Obama, acusó a Siria de haber utilizado armas químicas y de haber cruzado así una «línea roja». Pero Obama no decidió tomar “represalias”, incluso se escudó en el Congreso para no hacerlo. Su impotencia fue entonces particularmente evidente ya que, en virtud de la «Syrian Accountability Act» –la declaración de guerra que el Congreso había adoptado contra Siria en 2003–, Obama podía haber bombardeado ese país sin pedir la opinión de los congresistas.

Al acusar a Siria de haber utilizado armas químicas, esta vez en Khan Cheikhun, y bombardeándola de inmediato, Donald Trump no buscaba otra cosa que dar prueba de la «credibilidad» que había faltado a su predecesor.

Sabiendo perfectamente que Siria no era culpable –ni en el verano de 2013, ni ahora en Khan Cheikhoun–, el presidente Trump se las arregló para que el Ejército Árabe Sirio supiera de antemano que la base iba a ser atacada y tuviera tiempo de evacuarla.

A continuación, Trump inició negociaciones con el Estado Profundo estadounidense –o al menos con uno de sus voceros, el senador John McCain. Un representante de Israel, el también senador [estadounidense] Lindsey Graham, participó en las discusiones.

Por supuesto, los europeos se sorprenderán mucho al enterarse de que Donald Trump tuvo que comportarse como un vulgar «señor de la guerra» para reafirmar su posición como presidente de un Estado miembro de la ONU. No estaría de más que tuviesen en mente el excepcional contexto actual en Estados Unidos, donde el Estado Profundo se compone fundamentalmente de militares y, sólo de forma secundaria, de civiles.

Según nuestras informaciones, el presidente Trump aceptó al parecer renunciar –al menos por ahora– al desmantelamiento de la OTAN y de su versión civil –la Unión Europea. Esa decisión implica que Washington sigue –o finge seguir– considerando a Rusia como su principal enemigo. Por su parte, el Estado Profundo estadounidense parece haber aceptado renunciar a seguir apoyando a los yihadistas y haber abandonado a la aplicación del plan británico de las «primaveras árabes».

Para sellar ese acuerdo, dos personalidades provenientes de las filas de los neoconservadores entrarían próximamente en la administración Trump y se encargarían de dirigir la política hacia Europa:
- Kurt Volker, el director del McCain Institute (universidad del Estado de Arizona), sería nombrado director de Eurasia en el Departamento de Estado. Volker es un ex juez militar y fue embajador del presidente Bush Jr. ante la OTAN durante la guerra de Georgia –en agosto de 2008.
- Tom Goffus, uno de los asistentes del senador McCain en la Comisión senatorial a cargo de las fuerzas armadas, sería nombrado asistente adjunto del secretario de Defensa a cargo de Europa y de la OTAN. Goffus es un oficial de la US Air Force y ya desempeñó ese tipo de funciones bajo la jefatura de Hillary Clinton y en el Consejo de Seguridad Nacional.

En cuanto a Siria, ese acuerdo –si ambas partes llegan a ratificarlo– debería poner fin a la guerra de Estados Unidos contra la República Árabe Siria. Pero la guerra podría continuar por iniciativa del Reino Unido y de Israel, respaldados por sus aliados –Alemania, Arabia Saudita, Francia, Turquía, etc.

Poco a poco sigue reduciéndose el grupo de los llamados «Amigos de Siria», que en 2012 llegó a reunir 130 países y organizaciones internacionales. Hoy sólo quedan 10.
Thierry Meyssan

Fuente: Al-Watan (Siria)

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Y por qué Trump bombardeó Sheyrat?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 2 de mayo de 2017, www.voltairenet.org/article196182.html

sábado, 8 de abril de 2017

EEUU inicia la tercera fase de la operación “Desmantelar Siria”




Nazanin Armanian

Bajo el pretexto de castigar al gobierno de Bashar al Assad por el supuesto uso de armas químicas contra la población de Khan Sheikhoun el día 4 de abril, el régimen de Donald Trump ha lanzado unos 60 misiles sobre una base militar siria, sin la autorización de la ONU, ni siquiera la del Congreso de EEUU. Washington y sus aliados europeos, árabes, turcos e israelíes no han presentado ni una sola prueba, ni han realizado ninguna investigación al respecto. La ausencia de información impide saber el tipo de arma química utilizado. Si ha sido el gas nervioso Sarín (el que Assad entregó a la ONU en 2013) ¿por qué los llamados “Cascos Blancos” -que operan en la zona controlada por los terroristas-, tocan el cuerpo de los heridos y fallecidos sin protección?. Siria, recientemente denunció ante la ONU la entrada en Idlib de productos químicos desde Iraq y Turquía, países bajo el control militar de EEUU.

Es posible que estemos ante la tercera fase de la destrucción del estado sirio: la primera tuvo lugar entre 2008 y2014 desestabilizando el país, y la segunda se inició patrocinando a los “yihadistas” del Estado Islámico, quienes ya han cumplido su misión: arrasar Siria, para allanar el camino de una intervención terrestre “low cost” de la OTAN.

¿“Cui bono” del uso de armas químicas?

Sobre la autoría de lo sucedido hay varias versiones:

Que la aviación siria haya lanzado gas Sarín sobre una fábrica de armas tóxicas controlada por los terroristas, desatando el letal agente nervioso. Si es así, Assad además de tonto debe ser un suicida, justo cuando días antes Trump había afirmado que abandonaba la idea de derrocarle.  
Que, como afirma Kremlin, Siria bombardeó esta fábrica de armas de los rebeldes, sin saber que allí habían depositado armas químicas.
Que los terroristas hayan cometido este acto bajo la “bandera falsa”, dando pretexto a la OTAN para intervenir, al ver que Trump se negaba a deponer al presidente sirio. Según New York Times (del 21 de noviembre del 2016), el ISIS ha utilizado armas químicas en 52 ocasiones en Siria e Iraq. ¿Quién se los proporciona?
Que un grupo de la oposición las haya usado contra otro, culpando al gobierno sirio. Al Qaeda en varias ocasiones ha realizado matanzas colectivas de los militantes de grupos rivales.
No se debe descartar que fuese una de las “operaciones encubiertas” de los Escuadrones de la muerte creados en 2011 por el experto en la materia Robert Ford, el ex embajador de EEUU en Damasco y en Bagdad.
El asesinato de los civiles, considerado “daño colateral” por una causa superior es un atroz crimen de guerra. Los propósitos de EEUU de esta acusación son las mismas que persiguió en septiembre del 2013 acusando al gobierno sirio del uso de armas de destrucción masiva, a pesar de que los rebeldes reconocieron su implicación a la periodista de Associated Press, Dale Gavlak: las habían recibido de Arabia saudí y fue un “accidente” por mala manipulación de las mismas.

Los objetivos del ataque de EEUU

Asestar un duro golpe a aquella facción del stablishment  que se acercaba a Rusia e Irán, al considerar a China el principal enemigo del imperio, y cuya representante fue Obama. Los gobiernos de Israel, Arabia Saudi y Turquía no ocultan su satisfacción.
Suspender la conferencia organizada por la ONU sobre la paz en Siria, que iba a celebrarse el 5 de abril. El fracaso de las negociaciones realizadas entre Turquía, Irán y la oposición siria de Astaná (Kazajistán) dirigidas por Moscú, puede haber contribuido a la toma de esta decisión.
Crear zonas de exclusión aérea y terrestre en las fornteras de Siria con Jordania y Turquía. Trump ordenó públicamente al Pentágono establecer zonas “seguras” en Siria el 19 de enero pasado, iniciando la balcanización del país que iría con una paz armada.
Forzar a Assad a elegir entre una de las 5 opciones de cómo puede abandonar el poder, que se le ofreció el mayo del 2016: Rex Tillerson anuncia que se está dando pasos para eliminar al presidente sirio. Éste ha sido el propósito de EEUU desde el 2006. Al contrario de quienes (peligrosamente) menosprecian el incontestable poderío militar de EEUU, afirmando que Rusia e Irán han conseguido salvar a Assad de los ataques de la suma de las fuerzas de la OTAN, Israel, y los 11 países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, lo cierto es que Barak Obama retrasó el destitución del doctor Assad por las siguientes razones:
No provocar a Irán (que considera a Siria su profundidad estratégica para disuadir a Israel de un ataque) en el medio de las negociaciones nucleares. Para Obama era más importante entrar en la historia por haber impedido un Irán nuclear (y sin dispararle un sólo misil) que eliminar a un presidente en Siria que se iba a caer tarde o temprano.
La incapacidad de la oposición a formar una alternativa viable a Assad.
Decidió convertir a Siria en un pantano, donde los enemigos de EEUU e Israel (Rusia, Irán, Turquía, Hizbolá, etc.) se desgastaban, que no cerrar la guerra. Ante enemigos debilitados, los costos de una intervención directa en el futuro serían menor.
EEUU avanza en su plan de reconfigurar el mapa del estratégico Oriente Próximo, iniciado tras el derrumbe de la Unión Soviética.  La principal tarea de las fuerzas progresistas en estos momentos no es defender la inocencia de Assad (que se está cayendo desde el 2011 a cámara lenta, por la conspiración de las potencias regionales y mundiales, pero también por sus propias políticas), sino organizar movimientos contra la guerra imperialista a nivel mundial: imaginad por un momento cómo cambiaría de forma cualitativa la dimensión de ésta guerra si EEUU causa grandes bajas entre los militares rusos en Siria.

 Fuente: Público.es

lunes, 3 de abril de 2017

¿Destruir Daesh?


por Thierry Meyssan

Mientras Washington multiplica las señales que confirman su intención de destruir el Emirato Islámico (Daesh), británicos y franceses –y tras ellos el conjunto de los europeos– se plantean un rumbo diferente. Londres y París parecen haber coordinado una ofensiva contra las ciudades sirias de Damasco y Hama para obligar al Ejército Árabe Sirio a concentrarse en su defensa, debilitando así la presencia de tropas del gobierno sirio alrededor de Raqqa. Los europeos esperan organizar la huida de los yihadistas hacia la frontera turca.

La reunión de la coalición anti-Daesh realizada en Washington el 22 y el 23 de marzo estuvo muy lejos de ser una muestra de unidad. En apariencia, los 68 miembros de esa coalición reafirmaron su voluntad de luchar contra esa organización terrorista. En realidad, lo que hicieron fue exponer sus profundas divergencias.

El secretario de Estado Rex Tillerson recordó a sus socios que el presidente Donald Trump se comprometió ante el Congreso de Estados Unidos a acabar con el Emirato Islámico (Daesh) y no a limitarse a reducirlo, como pretendía hacer la administración Obama. A la vez que hacía ese recordatorio, y sin aceptar discusiones, Tillerson puso a los demás miembros de la coalición ante hechos consumados.

Primer problema: si ya no se trata sólo de desplazar a los yihadistas sino realmente de liquidarlos, ¿cómo podrán los europeos, sobre todo los británicos, salvar a “sus” yihadistas?

El secretario de Estado Tillerson y el primer ministro iraquí Haider al-Abadi, presentaron un balance de la batalla de Mosul. A pesar de las muestras publicas de satisfacción, es evidente para todos los expertos que los combates por Mosul están llamados a durar aún por largos meses dado el hecho que en esa ciudad iraquí prácticamente cada familia tiene al menos uno de sus miembros enrolado en las fuerzas de Daesh.

En el plano militar, la situación en Raqqa es mucho más simple. En esa ciudad siria los yihadistas son extranjeros. La prioridad sería entonces comenzar por cortarles el aprovisionamiento y después separarlos de la población siria.

Segundo problema: el ejército de Estados Unidos debe obtener previamente la autorización del Congreso, y también la autorización de Damasco, para desplegarse en Siria. Los generales James Mattis –secretario de Defensa– y John Dunford –jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense– han tratado de convencer a los congresistas, pero nada garantiza que obtengan esa autorización. Habrá entonces que negociar con Damasco y, por tanto, aclarar cierto número de cosas.

A la pregunta de los europeos sobre lo que Washington haría con Raqqa después de la liberación de esa ciudad, Rex Tillerson respondió enigmáticamente que haría regresar la población desplazada o refugiada. Los europeos sacaron como conclusión que, dado que esa población es masivamente favorable al gobierno de Damasco, la intención de Washington sería devolver ese territorio a la República Árabe Siria.

Al hacer uso de la palabra, el ministro de Exteriores de Portugal, Augusto Santos Silva, señaló que esa proposición contradecía lo que se había decidido anteriormente. Y afirmó seguidamente que los europeos tiene el deber moral de continuar su esfuerzo por proteger a los refugiados que huyeron de la «dictadura sanguinaria». Eso da a entender que, después de ser liberada de los yihadistas, Raqqa no sería todavía una zona segura ya que el Ejército Árabe Siria sería peor que el Emirato Islámico (Daesh).

No es por casualidad que los europeos optaron por el representante de Portugal para hacer esta intervención. El actual secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue primer ministro de Portugal y tuvo a Santos Silva entre los miembros de su gobierno. El hoy secretario general de la ONU Antonio Guterres fue también presidente de la Internacional Socialista, organización totalemente controlada por las estadounidenses Hillary Clinton y Madeleine Albright. En otras palabras, Guterres es la nueva fachada en la ONU del embajador estadounidense Jeffrey Feltman –a cargo de los “Asuntos Políticos” en la organización internacional– y del clan belicista.

Tercer problema: Todos parecen de acuerdo para liberar Raqqa de Daesh, pero –según los europeos– no para restituirla a Damasco, de ahí las maniobras de Francia en el terreno.

Inmediatamente después del encuentro de Washington, los yihadistas atrincherados en Yobar –un barrio en la periferia de Damasco– iniciaron una ofensiva hacia el centro de la capital. Y los de la provincia de Hama emprendieron ataques contra aldeas aisladas. Quizás se trata para ellos de un intento desesperado por obtener un premio de consuelo en Astaná y Ginebra antes de que termine la partida. Pero es también posible que sea una estrategia coordinada por Londres con París.

En este último caso, seguramente veremos una gran operación de las potencias coloniales en Raqqa. Londres y París decidirían atacar Raqqa antes de que esté completamente cercada, propiciando así la huida de Daesh, o sea obligando a los yihadistas a desplazarse nuevamente y salvándolos con ello del exterminio. Daesh se replegaría entonces hacia la frontera turca y sería la fuerza que podría liquidar a los kurdos por cuenta de Recep Tayyip Erdogan.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria)
Thierry Meyssan
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Destruir Daesh?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 29 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195785.html

domingo, 26 de marzo de 2017

Un ataque aéreo de EEUU en la batalla de Mosul mata a 130 civiles

25/03/2017 - 12:58h
Unos 180.000 desplazados del oeste de Mosul en un mes de campaña contra el EI
Una familia huía de los combates en Mosul, Irak, el pasado 12 de marzo. EFE

Tres edificios donde los civiles se habían escondido en sus sótanos quedaron completamente destruidos

Los vecinos dicen que se recuperaron al menos 80 cadáveres de una sola casa

"¿Es suficiente que haya un francotirador del ISIS en la azotea para enviar un avión a que destruya una casa con una bomba?"

Martin Chulov - Mosul


 Unos 180.000 desplazados del oeste de Mosul en un mes de campaña contra el EIUna familia huía de los combates en Mosul, Irak, el pasado 12 de marzo. EFECuando llegaron los equipos de rescate, no quedaba nadie vivo. Durante casi una semana, los desesperados habitantes del barrio habían buscado entre los escombros, buscando a unas 130 personas ( la última actualización en The Guardian habla de al menos 150 personas) que habían quedado enterradas después de que tres casas de un suburbio de la zona occidental de Mosul fueran destruidas por ataques aéreos de la coalición (dirigida por EEUU contra ISIS).
La imagen completa de la carnicería comenzó a quedar clara el viernes, cuando se recuperaron 20 cadáveres. Se cree que decenas más continúan enterrados en lo que podría ser el incidente más trágico para los civiles en la guerra contra Estado Islámico (ISIS). 
Los equipos de emergencia en Yadida, suburbio de Mosul, llegaron desde Bagdad pero no pudieron entrar en la zona hasta el miércoles, cinco días después de que los ataques aéreos alcanzaran a las casas donde los residentes se habían refugiado para protegerse de los combates entre ISIS y las fuerzas iraquíes. 
Los vecinos dicen que se recuperaron al menos 80 cadáveres de una sola casa, donde los responsables del barrio habían recomendado a la gente que se refugiara. Los trabajos continúan entre las ruinas de la casa y de otros dos edificios cercanos, que quedaron pulverizados en unos ataques descritos como "constantes y terribles". 




Los militares norteamericanos afirman que han iniciado una investigación. El coronel Joseph Scrocca, del mando militar dirigido por EEUU en Bagdad, dice que "la coalición ha iniciado una valoración de la credibilidad de la denuncia de bajas civiles en Mosul". 
La destrucción se produjo en un distrito que la pasada semana se había convertido en la línea del frente en la batalla de Mosul. Los habitantes afirman que los miembros del ISIS habían colocado un francotirador en la azotea del edificio en el que se había escondido el mayor número de personas. Esto suscita interrogantes sobre las reglas de combate en la guerra contra el grupo terrorista, después de que dos recientes ataques aéreos norteamericanos en Siria se saldaran con la muerte de al menos 90 personas, casi todas ellas civiles. 
Mapa de Mosul con las zonas donde se han producido los últimos combates. THE GUARDIAN


Los habitantes de Yadida en Mosul afirman que no había miembros del ISIS escondidos entre los civiles, aunque decenas de sus combatientes habían estado intentado defender la zona en un ataque de las fuerzas especiales iraquíes. 
"Todos nos conocemos y estamos emparentados", dice Mayid al-Nayim, de 65 años, junto al cuerpo de su sobrino en un cementerio local. Los sepultureros preparan la tumba mientras la gente llora en torno al cadáver. "Y todas las familias estaban en una de las casas. Somos las familias Yabur, Dulaim y Tai. Ese día, los ataques comenzaron en torno a las ocho de la mañana. Al principio, nos escondimos en esa casa, pero nos fuimos antes de que volvieran los aviones. Hubo tres horas entre nosotros y la muerte". 
"Estos días han sido horribles. Había niños gritando entre los escombros. Nadie vino a ayudarles. La policía nos dijo ayer que no podía hacer nada". 
Otro hombre, Thanom Hander, que ve cómo varias personas retiran piedras y metal, dice que su hijo y su nuera eran los únicos a los que se había podido rescatar. Los dos hijos de la pareja murieron en el ataque. La nuera había perdido ambas piernas. 
"Pensaban que el sótano era seguro", dice. "Esa mañana, oí las bombas y corrí hacia la casa. Había civiles gritando. No pude hacer nada". 
"Caían muchas bombas sobre nosotros, y de repente vi que todo se venía abajo sobre nosotros", dice en la clínica en la que le están atendiendo, el hijo de ese hombre, Alí Hander. "Quedamos enterrados durante diez horas hasta que nos sacaron los vecinos. Perdí a mis hijos". 

Refugiados en los sótanos

ISIS ha sido acusado en muchas ocasiones de utilizar a civiles como escudos humanos colocando armas y combatientes en la parte superior de las casas. La mayoría de los residentes de la zona afirma que aunque había miembros del grupo en la azotea de al menos una de las casas, los que se refugiaron en el sótano lo hicieron de forma voluntaria. 


Mustafá Aluán, un comerciante local, no está de acuerdo. "Mi primo y mi hermana fueron a esa casa", dice mientras señala las ruinas en las que hay gente trabajando. "ISIS les obligó a ir allí. Les apuntaron con armas y les hicieron entrar. Los perdí a los dos". 
Otro hombre, Subán Ismaíl Ibrahim, dice que su esposa y tres hijos murieron en la misma casa. "Un niño tenía cuatro años; el otro, uno; y el tercero, menos de tres meses". Hablando con mucha calma, añade: "Los he perdido a todos, y el mundo deber saber lo que les ocurrió". 
Los oficiales iraquíes suelen ser los responsables de solicitar los ataques aéreos, que luego son coordinados con los centros operativos dirigidos por EEUU después de que reciban la aprobación de mandos militares. Sobre el terreno, fuerzas de la coalición guían las bombas a los objetivos designados. 
Donald Trump ordenó una revisión de las normas de combate marcadas por su antecesor, que había insistido en que se tuviera una seguridad "casi total" de que no habría bajas civiles antes de aprobar los ataques aéreos. Aunque aún no ha sido finalizada, existe una creciente preocupación de que el hecho de que se haya ordenado esa revisión ha hecho que el nivel de exigencia haya bajado. 
En respuesta a una pregunta anterior sobre un ataque aéreo sobre Raqqa que causó un alto número de víctimas esta semana, el mando militar norteamericano en Irak negó que haya habido "cambios recientes en los procedimientos para aprobar ataques aéreos en la anterior o actual Administración". Pero dijo que en diciembre el jefe de las operaciones, el general Stephen Townsend, "delegó la autoridad para aprobar ciertos ataques en los mandos militares sobre el terreno" con el fin de agilizar la ayuda a las fuerzas iraquíes en sus difíciles combates en Mosul. Esos ataques "aún están sujetos al mismo escrutinio y control que antes", dijo el mando militar.

"Esto es un crimen enorme"


"¿Es suficiente que haya un francotirador del ISIS en la azotea para enviar un avión a que destruya una casa con una bomba?", se pregunta Mayid al-Nayim en el cementerio. "La bombardearon muchas veces. Querían destruir todo lo que hubiera dentro". 
"Después de eso, necesitábamos material para rescatar a la gente. Aunque fuera sólo un bulldozer. Cualquier cosa. Los corruptos del Gobierno no podían ayudarnos y no lo habrían hecho si hubieran podido. Esto es un crimen enorme". 
En una cercana base iraquí, un comandante de las fuerzas especiales se muestra incómodo cuando se le comunican los hechos sobre el desastre: "Esa no es nuestra zona y no sabemos nada. Nosotros también hemos perdido gente, unos 20 compañeros luchando contra un enemigo de todo el pueblo". Un rato después, se encoge de hombros y dice: "¿Qué podemos hacer? Es la guerra". 

Fuente: eldiario.es

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Qué pasaría si Washington renunciara a la yihad?



por Thierry Meyssan

La voluntad del presidente Trump de combatir a Daesh y acabar con el terrorismo internacional resulta extremadamente difícil de concretar porque perjudica a los países que lo organizaron e implica una reorientación de la política internacional. El nuevo presidente estadounidense no parece en condiciones de ordenar a sus tropas el paso a la ofensiva mientras no logre establecer nuevas alianzas.

La oposición que el presidente Donald Trump está teniendo que enfrentar es tan fuerte que el plan de lucha contra el Emirato Islámico (Daesh), cuya presentación debía tener lugar el 22 de marzo en una cumbre de la coalición prevista en Washington, todavía no está listo. Su línea política sigue siendo poco clara. El único objetivo confirmado es la erradicación del yihadismo, pero no se ha resuelto ninguna de sus implicaciones.

El general Joseph Votel, jefe del CentCom, sigue sin presentar las opciones existentes en el terreno. Al parecer ya no habrá de hacerlo hasta el mes de abril.

En el terreno, todo se limita por tanto a un intercambio de información entre los estadounidenses, de un lado, y rusos e iraníes del otro. Para mantener la situación, estas 3 potencias han acordado evitar un enfrentamiento entre los turcos y los kurdos y se están realizando intensos bombardeos aéreos contra al-Qaeda, en Yemen, y contra el Emirato Islámico, en Irak. Pero no se ve nada decisivo. Se mantiene el compás de espera.

Quien se ocupa del manejo del terrorismo internacional por cuenta de Londres y Washington es la Liga Islámica Mundial, que ha venido haciéndolo desde 1962. La Liga Islámica Mundial abarca simultáneamente la Hermandad Musulmana –que se compone de árabes– y la Orden de los Naqchbandis –cuyos miembros son fundamentalmente turco-mongoles y caucásicos.

Hasta el inicio de la guerra de Yemen, el presupuesto militar de la Liga Islámica Mundial era más alto que el del ejército de Arabia Saudita, lo cual quiere decir que la Liga es el primer ejército privado del mundo, sobrepasando ampliamente al tristemente célebre Academi/Blackwater. Aunque es una fuerza estrictamente terrestre, resulta particularmente eficaz en la medida en que su logística depende directamente del Pentágono y porque dispone de numerosos combatientes suicidas.

Fue la Liga Islámica Mundial –o sea, la familia real de Arabia Saudita– quien garantizó a Londres y a Washington el personal que organizó en 2011 la segunda «Gran Rebelión Árabe», siguiendo el modelo de la que tuvo lugar en 1916, pero respondiendo esta vez a la denominación de «primavera árabe». En ambos casos, el objetivo era apoyarse en los wahabitas para redefinir las fronteras regionales en interés de los anglosajones.

Por consiguiente, ahora no se trata simplemente de abandonar el arma que constituye el terrorismo sino también:
- de romper la alianza entre Londres y Washington tendiente a garantizar el control del Medio Oriente Ampliado;
- de privar a Arabia Saudita y Turquía del arma que habían venido desarrollando por cuenta de Londres y de Washington durante más de medio siglo;
- de decidir el futuro de Sudán, Túnez y Libia.
Por otro lado, hay que llegar también a un acuerdo con Alemania y Francia, países que desde 1978 acogieron dirigentes de la Hermandad Musulmana y financiaron la yihad.

Pero ya estamos viendo que el Reino Unido no está muy conforme con todo eso. Ahora resulta que fue el GCHQ –o sea, el servicio británico que se dedica a la intercepción satelital– la entidad que garantizó la escucha de las comunicaciones de la Trump Tower durante la campaña electoral estadounidense y el posterior periodo de transición. Por su parte, según la agencia jordana de noticias Petra, Arabia Saudita financió en secreto un tercio de la campaña electoral de Hillary Clinton contra Donald Trump.

Es por eso que el presidente Trump parece estar en busca de nuevos aliados cuyo respaldo le permita imponer el cambio.

Trump está organizando ahora un encuentro con el presidente chino Xi Jinping, durante el cual podría planificar la adhesión de Estados Unidos al banco chino de inversiones. Con esa jugada, Trump pondría a sus aliados ante el hecho consumado: si Estados Unidos participa en la construcción de las rutas de la seda, será imposible para el Reino Unido, Arabia Saudita, Turquía, Alemania y Francia continuar la yihad en Irak, Siria y Ucrania.

Thierry Meyssan
Fuente: Al-Watan (Siria)
Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

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Fuente : «¿Qué pasaría si Washington renunciara a la yihad?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 21 de marzo de 2017, www.voltairenet.org/article195670.html

lunes, 6 de marzo de 2017

El “aparato Clinton” para desacreditar a Donald Trump

David Brock está considerado como un maestro de la “agitprop” (agitación y propaganda) del siglo 21. Totalmente carente de escrúpulos, este personaje es tan capaz de defender una causa como de reducirla a polvo, según las necesidades de quién solicite sus servicios… y se halla a la cabeza de un verdadero imperio de la comunicación de masas.


por Thierry Meyssan

Este artículo es una alerta. Desde noviembre de 2016, se ha montado un enorme aparato de agitación y propaganda para acabar con la reputación y autoridad del hoy presidente Donald Trump en cuanto entrara en la Casa Blanca. Es la primera vez que se ve este tipo de campaña, científicamente organizada, contra un presidente de los Estados Unidos y con el uso de los medios que están desplegándose. Estamos entrando en la era de la post-verdad, pero los papeles de los protagonistas no son los que parecen ser.


Sigue su curso la campaña que actualmente dirigen los padrinos de Barack Obama, de Hillary Clinton y de la destrucción del Medio Oriente ampliado, contra el nuevo presidente de Estados Unidos. Después de la “Marcha de las Mujeres” realizada el 22 de enero, ahora están montando una “Marcha por la Ciencia” que tendría lugar el 22 de abril, pero no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo occidental. Su objetivo sería demostrar que Donald Trump, además de misógino, es también un oscurantista.

Que haya sido organizador del concurso de Miss Universo y que esté casado, después de dos divorcios, con una ex modelo “demuestra” que desprecia a las mujeres. Que cuestione el papel de Barack Obama en la creación de la Bolsa de Clima de Chicago [1] (lo cual hizo mucho antes de ser presidente) y que rechace la tesis según la cual las perturbaciones climáticas son resultado de las emisiones de carbono “demuestra” que no entiende nada sobre la ciencia.

Para convencer a la opinión pública estadounidense de que el presidente que dice querer hacer la paz con los enemigos de Estados Unidos y colaborar con ellos en pro de la prosperidad económica internacional tiene que estar loco, David Brock, uno de los más grandes especialistas de la “agitprop” (agitación y propaganda), ha montado un dispositivo imponente, incluso antes de la investidura de ese presidente.

Cuando trabajaba para los republicanos, David Brock inició contra el presidente Bill Clinton las maniobras que acabaron convirtiéndose en el Troopergate, el caso Whitewater y el caso Lewinsky. Posteriormente cambió de bando y hoy está al servicio de Hillary Clinton, para quien ya organizó anteriormente tanto la destrucción de la candidatura de Mitt Romney como la defensa de la señora secretaria de Estado ante el escándalo provocado por el asesinato en Bengazi del embajador de Estados Unidos en Libia. Durante las elecciones primarias del Partido Demócrata, era David Brock quien dirigía los ataques contra Bernie Sanders. La publicación estadounidense The National Review incluso ha calificado a Brock de «asesino de derecha convertido en asesino de izquierda».

Es importante recordar que los 2 procedimientos de destitución de un presidente estadounidense en pleno ejercicio de sus funciones, posteriores ambos a la Segunda Guerra Mundial, no se iniciaron para favorecer la democracia sino en beneficio del Estado profundo. El Watergate fue piloteado de cabo a rabo por el misterioso personaje que se identificaba como «Garganta Profunda», que al cabo de 33 años resultó ser Mark Felt, el segundo del director del FBI Edgar Hoover. En cuanto al caso Lewinsky, sólo fue el medio utilizado para obligar a Bill Clinton a aceptar la guerra contra Yugoslavia.

La actual campaña está siendo orquestada subrepticiamente por 4 asociaciones:

- Media Matters (“Los medios [de difusión] son importantes”) se encarga de rastrear los errores de Donald Trump. Su boletín contiene lo que usted va a leer diariamente en los diarios: no se puede confiar en el presidente porque se equivocó en esto o aquello.

- American Bridge 21st Century (“El Puente Americano del Siglo 21”) ya ha pasado en revista más de 2 000 horas de videos en los que aparece Donald Trump desde hace años y más de otras 18 000 horas de videos de miembros de su gabinete. Dispone de sofisticados medios tecnológicos concebidos por el Departamento de Defensa –que por demás son en principio imposibles de encontrar en el mercado– que le permiten buscar contradicciones entre las posiciones anteriores de todas esas personas y sus posiciones de hoy. Está previsto extender todo ese trabajo a los 1 200 colaboradores del nuevo presidente.

- Citizens for Responsibility and Ethics in Washington – CREW (“Ciudadanos por la Ética y la Responsabilidad en Washington”) es un gabinete de juristas de alto nivel encargado de rastrear todo lo que pueda convertirse en escándalo en contra de la administración Trump. La mayoría de los abogados de esta asociación trabajan gratuitamente “para la causa”. Son ellos quienes prepararon la denuncia del fiscal general del Estado de Washington, Bob Ferguson, contra el decreto sobre la inmigración.

- Shareblue es un arma electrónica que ya alcanza a 162 millones de internautas en Estados Unidos. Se encarga de la divulgación de temas preestablecidos, como:
• Trump es autoritario y ladrón.
• Trump se halla bajo la influencia de Vladimir Putin.
• Trump tiene una personalidad débil y es propenso a la cólera, es un maníaco-depresivo.
• Trump no fue electo por la mayoría de los electores y es por consiguiente un presidente ilegítimo.
• Su vicepresidente, Mike Pence, es un fascista.
• Trump es un multimillonario que va a tener constantes conflictos de intereses entre sus negocios personales y las cuestiones de Estado.
• Trump es un títere de los hermanos Koch, los célebres financieros de extrema derecha.
• Trump es un supremacista blanco que amenaza a las minorías.
• La oposición anti-Trump está en constante aumento fuera de Washington.
• Para salvar la democracia hay que apoyar a los congresistas demócratas que atacan a Trump y acabar con los que cooperen con él.
• Hay que hacer lo mismo con los periodistas.
• Derrocar a Trump llevará tiempo pero hay que mantener la lucha.
Esta asociación va a producir boletines que serán enviados por correo electrónico y videos de 30 segundos con el apoyo de otros 2 grupos: una firma realizadora de videos documentales, The American Independent (“El Americano Independiente”), y una unidad estadística Benchmark Politics (“Política Comparativa”).

Todo ese dispositivo –creado durante el periodo de transición, o sea entre el momento de la elección de Donald Trump y su llegada a la Casa Blanca– ya emplea en este momento más de 300 especialistas, respaldados por un gran número de colaboradores voluntarios (que trabajan gratuitamente). Su presupuesto anual, que inicialmente ascendía a 35 millones de dólares, ha sido incrementado y hoy se eleva a unos 100 millones de dólares.

Este enorme esfuerzo por destruir la imagen –y por consiguiente la autoridad– del presidente de Estados Unidos antes de que haya tenido tiempo de hacer algo puede traer gravísimas consecuencias. Al eliminar a Saddam Hussein y a Muammar el-Kadhafi, la CIA hundió sus países respectivos en un largo caos, y lo mismo podría suceder en el «país de la Libertad». Nunca antes se había recurrido a este tipo de técnica de manipulación de las masas contra un dirigente de un país occidental.

Por el momento, el plan está funcionando: ningún líder político del mundo se ha atrevido a felicitar a Donald Trump por su eleccion… con excepción de Vladimir Putin y de Mahmud Ahmadineyad.

Thierry Meyssan
Fuente: Crítica (Panama)

 Artículo bajo licencia Creative Commons

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Fuente : «El “aparato Clinton” para desacreditar a Donald Trump», por Thierry Meyssan, Crítica (Panama) , Red Voltaire , 28 de febrero de 2017, www.voltairenet.org/article195454.html

jueves, 16 de febrero de 2017

Trump: los negocios contra la guerra

Donald Trump inaugura el “Strategy and Policy Forum” en la Casa Blanca, el 3 de febrero de 2017.

por Thierry Meyssan


Thierry Meyssan nos invita a que observemos a Donald Trump sin juzgarlo según los criterios de su predecesor sino tratando de entender su propia lógica. Y observa que el nuevo presidente estadounidense está tratando de restaurar la paz y de reactivar el comercio mundial, pero sobre una nueva base, totalmente diferente a la actual globalización.
Tratando de echar por tierra el poder que le precedió y que se aferra al control en contra suya, el presidente Donald Trump no puede conformar su administración apoyándose en la clase política ni en altos funcionarios. Por eso está recurriendo a nuevas personalidades, a empresarios como él, a pesar de los riesgos que eso implica.


Según la ideología puritana en boga desde la disolución de la Unión Soviética, es un crimen mezclar la política de un Estado con los negocios personales, razón por la cual se instauró una estricta separación entre ambas cosas. En siglos anteriores, por el contrario, la política no se abordaba bajo una perspectiva moral sino siguiendo el principio de la eficacia. En esos tiempos se consideraba normal asociar los empresarios a la política. El enriquecimiento personal de estos últimos se calificaba de «corrupción» sólo si se enriquecían en detrimento de la Nación, no cuando la desarrollaban.

En lo que concierne a sus relaciones con los Dos Grandes, el presidente Trump aborda el tema de Rusia en el plano político y el tema de China en el plano comercial. Por eso recurre a Rex Tillerson –el ex patrón de Exxon-Mobil–, amigo personal de Vladimir Putin, como secretario de Estado; y a Stephen Schwarzman –el mandamás de la firma de inversiones y capital Blackstone–, amigo personal del presidente Xi Jinping, nombrándolo presidente del nuevo órgano consultativo encargado de proponer la nueva política comercial estadounidense: el Foro Estratégico y Político (Strategy and Policy Forum), inaugurado personalmente por el presidente Trump en la Casa Blanca, el 3 de febrero [1]. Ese Foro reúne a 19 empresarios de muy alto nivel. Contrariamente a las prácticas anteriores, esos consejeros no fueron designados teniendo en cuenta si apoyaron o no al presidente en su campaña electoral, ni tampoco en función de las empresas que dirigen, del tamaño de estas o de su influencia. Sólo se tuvo en cuenta la capacidad personal de dirección de los seleccionados.

Rex Tillerson


Como director de ExxonMobil, Rex Tillerson concibió una forma de asociación con sus homólogos rusos. Gazprom y, posteriormente, Rosneft autorizaron a los estadounidenses a trabajar en Rusia, a condición de que los estadounidenses hicieran lo mismo autorizando esos consorcios a trabajar con ellos en otras partes del mundo. Los rusos cubrieron así un tercio de las operaciones de ExxonMobil en el Golfo de México, mientras que la transnacional estadounidense participó en el descubrimiento de un gigantesco campo de hidrocarburos en el Mar de Kara [2].

Fue ese éxito lo que le valió a Rex Tillerson recibir la Medalla de la Amistad de manos del presidente Vladimir Putin. Pero la prensa prefiere resaltar los vínculos personales que Tillerson estableció con el presidente ruso y con Igor Sechin, hombre de confianza de Putin.

A la cabeza de ExxonMobil, Tillerson se enfrentó a la familia Rockefeller, fundadora del emporio. Pero logró hacer valer su punto de vista y los Rockefeller comenzaron a vender sus acciones para abandonar la compañía [3].

Según los Rockefeller, el petróleo y el gas son recursos finitos, o sea limitados, que están a punto de agotarse –conforme a la teoría divulgada en los años 1970 por el Club de Roma. El uso de esos recursos provoca emisiones de carbono hacia la atmósfera y así da lugar al calentamiento climático del planeta –teoría difundida en los años 2000 por el GIEC y el ex vicepresidente demócrata estadounidense Al Gore [4]. Y es hora de pasar a fuentes renovables de energía.

Por el contrario, para Rex Tillerson, nada permite validar la idea de que los hidrocarburos son una especie de compost de detritus biológicos. Constantemente siguen apareciendo nuevos yacimientos en zonas donde no parecía que pudiese haber yacimientos y a profundidades cada vez mayores. Nada demuestra que los hidrocarburos vayan a agotarse en los próximos siglos. Nada prueba tampoco que el carbono proveniente de las actividades humanas sea la causa del cambio climático. Los dos bandos inmersos en ese debate han financiado un intenso cabildeo para convencer a los políticos que toman las decisiones porque ninguna de las dos partes dispone de un argumento determinante [5].

Pero los dos bandos también defienden, por otro lado, posiciones diametralmente opuestas en materia de política exterior. Es por eso que la lucha entre los Rockefeller y Tillerson tuvo un impacto en la política internacional. Veamos:

En 2005, los Rockefeller aconsejeron a Qatar –cuyos ingresos provienen de ExxonMobil– que apoyara a la Hermandad Musulmana. Después, en 2011, aconsejaron a Qatar que se implicara en la guerra contra Siria. Y Qatar dilapidó decenas de miles de millones de dólares en apoyo a los grupos yihadistas.

Tillerson, por el contrario, consideró que la guerra clandestina es buena para la política imperial, pero no hace avanzar los negocios. Desde la derrota de los Rockefeller, Qatar ha venido retirándose paulatinamente de la guerra y dedica sus gastos a los preparativos de la Copa Mundial de futbol.

En todo caso, la administración Trump no ha tomado, hasta ahora, ninguna decisión sobre Rusia, exceptuando la abrogación de las sanciones adoptadas en reacción a una injerencia en la campaña electoral estadounidense, injerencia supuestamente observada por la CIA.

Stephen Schwarzman


El presidente Trump inicialmente incomodó a China al aceptar una llamada telefónica de la presidenta de Taiwán, a pesar del principio de «Una China, dos sistemas». Recientemente ofreció excusas al presidente Xi Jinping, deseándole calurosamente un «Feliz año del Gallo de Fuego».

Pero antes le hizo un regalo de lujo al anular la participación de Estados Unidos en el Tratado Transpacífico. Ese acuerdo, que ni siquiera estaba firmado aún, estaba concebido –como todo el conjunto de la globalización de los 15 últimos años– para excluir a China del poder de decisión.

El presidente Trump ha abierto un canal de negociación con las principales autoridades comerciales y financieras chinas, a través de los miembros de su Foro Estratégico y Político. Un 9,3% de la empresa de Stephen Schwarzman, Blackstone, pertenece desde 2007 al fondo soberano chino China Investment Corp. [6], cuyo director de aquella época, Lou Jiwei, es el actual ministro de Finanzas de la República Popular China.

Schwarzman es miembro del Consejo Consultativo de la Escuela de Economía y Gestión de la Universidad Tsinghua [7]. Y ese Consejo, bajo la presidencia del ex primer ministro Zhu Rongji, reúne en su seno a importantísimas personalidades chinas y occidentales. Basta con citar a Mary Barra, de General Motors; Jamie Dimon, de JPMorgan Chase; Doug McMillon, de Wal-Mart Stores; Elon Musk, de Tesla Motors; e Indra K. Nooyi, de PepsiCo; quienes además son ahora miembros del nuevo Foro Estratégico y Político de la Casa Blanca.

En un artículo anterior, indiqué que desde su encuentro con Jack Ma –de Alibaba e igualmente miembro del Consejo Consultativo de la Universidad Tsinghua–, Donald Trump se plantea la posibilidad de que Estados Unidos se incorpore al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infraestructure Investment Bank o AIIB). Si esa posibilidad se concretara, Estados Unidos estaría iniciando una verdadera cooperación para desarrollar las «rutas de la seda», lo cual haría inútiles los conflictos en Ucrania y en Siria [8].

La cooperación a través del comercio


Desde la disolución de la URSS, la política de Estados Unidos se trazaba según la «doctrina Wolfowitz». Para garantizar que Estados Unidos fuese «el primero», las sucesivas administraciones no vacilaron en librar de manera consciente toda una serie de guerras que empobrecieron el país [9].

Por supuesto, ese empobrecimiento no fue para todos. Por eso se vio un conflicto intestino del capitalismo entre las empresas que se benefiaban con la guerra –actualmente BAE, Caterpillar, KKR, LafargeHolcim, Lockeed Martin, Raytheon, etc.– y las que sabían que podían beneficiarse con la paz.

La administración Trump pretende reactivar el desarrollo de Estados Unidos rompiendo con el ideal de ser «el primero» y fijando como objetivo ser «el mejor». Para eso hay que actuar rápido. Se necesitarán años para abrir las «rutas de la seda», aunque su construcción ya está ampliamente iniciada. Por consiguiente, Estados Unidos no tiene tiempo para ponerse a renegociar los grandes tratados comerciales multilaterales ya existentes. Tiene que concluir sin demora acuerdos bilaterales para que los contratos se apliquen de inmediato.

Consciente de que es extremadamente difícil convertir una economía de guerra en economía de paz, Donald Trump asoció a su Foro Estratégico y Político un empresario proveniente de una de las grandes firmas que podrían desarrollarse tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra:: Jim McNerney, de Boeing.

Thierry Meyssan

[1] “Remarks by President Trump in Strategy and Policy Forum”, The White House, 3 de febrero de 2017.

[2] «Rosneft exploitera le pétrole du golfe du Mexique », por Juliana Gortinskaïa, Оdnako (Rusia) , Réseau Voltaire, 8 de marzo de 2013.

[3] “The Rockefeller Family Fund vs. Exxon”, David Kaiser y Lee Wasserman, The New York Review of Books, 8 de diciembre de 2016.

[4] «1997-2010: La ecología financiera», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) , Red Voltaire, 28 de abril de 2010.

[5] “Exxon Mobil Accuses the Rockefellers of a Climate Conspiracy”, John Schwartz, The New York Times, 21 de noviembre de 2016. “Rockefeller Foundations Enlist Journalism in ‘Moral’ Crusade Against ExxonMobil”, Ken Silverstein, The Observer, 16 de enero de 2017.

[6] Annual Report 2008, p. 40 & 56, The Blackstone Group.

[7] “The Advisory Board of Tsinghua University School of Economics and Management (2016-2017)”, Tsinghua University.

[8] “The Geopolitics of American Global Decline”, Alfred McCoy, Tom Dispatch (Estados Unidos) , Voltaire Network, 22 de junio de 2015.

[9] La doctrina Wolfowitz se elaboró en el marco de la Defense Policy Guidance for the Fiscal Years 1994-1999. Aunque ese documento no ha sido desclasificado, su contenido fue revelado en el artículo «U.S. Strategy Plan Calls For Insuring No Rivals Develop», por Patrick E. Tyler, The New York Times, el 8 de marzo de 1992. Ese mismo diario publica largos pasajes del informe en la página 14: «Excerpts from Pentagon’s Plan: "Prevent the Re-Emergence of a New Rival"». Informaciones adicionales aparecen en «Keeping the U.S. First; Pentagon Would Preclude a Rival Superpower», por Barton Gellman, The Washington Post, 11 de marzo de 1992.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).


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Fuente : «Trump: los negocios contra la guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 14 de febrero de 2017, www.voltairenet.org/article195245.html

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