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viernes, 25 de noviembre de 2016

Rita Barberá, una vieja idea del poder



Rita Barberá era popular y populista, se creía intocable. Presumía de no haberse enriquecido con la política, pero se sentía legitimada para disponer de los bienes públicos a su antojo

Adolf Beltran 

 La exalcaldesa Rita Barberá en el Ayuntamiento de Valencia
La exalcaldesa Rita Barberá en el Ayuntamiento de Valencia
En agosto de 2014 fue retirado del garaje del Ayuntamiento de Valencia un viejo Lancia cubierto de polvo. Era el coche particular de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que había permanecido allí aparcado durante 23 años, desde que asumió el mando de la ciudad. No lo retiró a iniciativa propia sino porque lo denunció en la prensa Compromís, entonces un pequeño grupo de tres concejales liderados por Joan Ribó. Tuvo que llegar al edificio consistorial un partido impulsado por los vientos del cambio político para que alguien reparara en lo anómalo de la situación.

Ahora mismo, el equipo de Ribó, a quien Barberá evitó entregar la vara de mando cuando la perdió tras las últimas elecciones, en 2015, todavía no ha conseguido vender dos Audi A-8 oficiales, uno de ellos blindado, que utilizó la exalcaldesa del PP, famosa por no reparar en gastos en sus desplazamientos dentro y fuera de España. “Era un símbolo de la forma de gobernar de la señora Barberá, que ha confundido y sigue confundiendo de forma sistemática los bienes privados con los bienes públicos”, dijo entonces Ribó.

En efecto, Barberá, a cuya muerte inesperada en Madrid este miércoles ha respondido el actual alcalde con el respeto que nunca le deparó su predecesora, tenía un concepto patrimonial del poder. No solo por un maniqueísmo característico, que delimitaba los “buenos” de los “malos” valencianos, sino por una convicción poco disimulada de pertenecer a un grupo escogido para gobernar.

Rita Barberá era popular y populista, se creía intocable. Presumía de no haberse enriquecido con la política, cosa que no podían ni pueden hacer decenas y decenas de sus correligionarios, hundidos a estas alturas en la ciénaga de la corrupción en la que ella misma acabaría atrapada. Pero se sentía legitimada para disponer de los bienes públicos a su antojo. El poder debe ostentarse, exhibirse, hasta avasallar, según una actitud que compartió durante años todo el PP valenciano. Ella llegó a convencerse de que, hiciera lo que hiciera, siempre ganaría. Su amiga Luisa Fernanda Rudi lo expresó con claridad meridiana cuando declaró a Vanity Fair: “Dejará de ser alcaldesa cuando ella quiera”.

No fue así. La desalojó de la alcaldía el pacto de las fuerzas de izquierda firmado por Compromís, PSPV-PSOE y València en Comú. Dejó de ser entonces la “mater consentidora, cuidadora, arbitraria y castradora” que vio en ella su rival socialista durante un mandato Carmen Alborch. Y perdió su carisma.

Se habla ahora de la huella, indudable, que ha dejado el paso de esta mujer brava y enérgica, que encajaba mal la crítica, por la alcaldía de Valencia. Una alcaldía a la que llegó calificando de “gris” la etapa precedente de los socialistas Ricard Pérez Casado y Clementina Ródenas. Sin embargo, no solo el Plan General de Ordenación Urbana sobre el que basó su actuación era una herencia de aquel primer periodo de política municipal democrática sino elementos de la vida urbana tan significativos como el Jardín del Turia, el Palau de la Música, el IVAM y los edificios iniciales de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Con Francisco Camps en la Generalitat, Barberá se permitió soñar a lo grande y se convirtió en la alcaldesa de los eventos, la Copa del América, la visita del Papa y la Fórmula 1. Al coste que fuera, pretendió “poner Valencia en el mapa”, aupada por el entusiasmo colectivo de una sociedad acomplejada porque no había podido presumir de Juegos Olímpicos, como Barcelona, ni de una Exposición Universal, como Sevilla. También fue la alcaldesa del menosprecio a las víctimas del accidente del metro, que se cobró 43 muertos; de la batalla perdida con los vecinos del barrio de El Cabanyal por prolongar una avenida y de un modelo de urbanismo demasiado cómodo para los promotores.

Dice una leyenda urbana que Barberá se empeñó en que Valencia fuera la ciudad más iluminada de Europa, que se pudiera leer el periódico en la calle en plena noche sin esforzarse. Logró convertirla en la que emitía una mayor contaminación lumínica. Años después, para ahorrar se apagan una parte de las miles de farolas instaladas en sus avenidas. Es una de las herencias de una vieja concepción del poder alimentada con énfasis y exageración, un combustible que también se agota.
Fuente: eldiario.es

martes, 20 de septiembre de 2016

La madrina



Rita Barberá acaba de iniciar un camino judicial donde no se la imputa por blanquear 1000 euros. Se la imputa por formar parte y ser cabeza de semejante organización

Antón Losada

El PP de Valencia va camino de ser declarado por los tribunales una especie de organización mafiosa que cobraba a cambio de protección y contratas públicas mientras se repartían la pasta contándola, billete a billete, en coches aparcados en callejones oscuros o en fiestas con vinos caros y volquetes de putas.

En la mejor tradición de los Corleone o los Soprano, disponía de una rígida estructura jerárquica que servía para organizar la maquina recaudatoria, blanquear las ganancias o resolver la disputas sobre reparto de dinero y territorios que pudieran surgir entre los diferentes capos antes de que Marcos Benavent se fuera de la lengua, a Carlos Fabra le volviese a tocar la lotería o la sangre llegase al río o a los pliegos de condiciones de los contratos de la administración valenciana. 

La relación con la dirección nacional parecía ser de lo más sencilla: Valencia entregaba puntualmente la pasta que le correspondía para financiar al partido y sus campañas, atendía como se merecía a los contratistas vip, llenaba cuando tocaba la plaza de toros y, a cambio, Génova no hacía preguntas.

Como en la Cosa Nostra el mando se revela estrictamente piramidal. Los pequeños “caporégime” dirigen y rinden cuentas ante sus “sottocapos” y éstos ante algún capo mientras todos se quejan de lo mucho que les roban todos los demás. La órdenes van de arriba a abajo y el dinero va de abajo a arriba. Siempre hay un padrino o una madrina que tiene la última palabra.

Rita Barberá acaba de iniciar un camino judicial donde no se la imputa por blanquear 1000 euros, como proclaman algunos de sus defensores mientras la comparan con los cientos de millones robados con los ERE. Se la imputa por formar parte y ser cabeza de semejante organización. No pasaba por allí y los malos le pidieron un favor al que no podía negarse. De acuerdo con los testimonios en sede judicial y los informes policiales se parecía más a una autentica madrina que a una simple mulera de dinero negro. La Justicia dirá.

Antón Losada 

Fuente: eldiario.es

jueves, 15 de septiembre de 2016

Rita la cantaora o la señora esa de la que estamos hablando




Juan Carlos Escudier

La mejor y, posiblemente, la única explicación de los miramientos que el PP ha tenido con Rita Barberá la dio ayer el portavoz del PSOE en el Senado, Óscar López: “El PP no estaría aguantando el coste de Barberá si no fuera por algo. Tienen miedo, ella no es cualquiera en el partido y sabe mucho. Hay miedo de que Rita se convierta en la cantaora”. Y es que por facultades, podría tocar todos los palos del flamenco, del martinete a la seguiriya y de la bulería a la taranta a poco que caliente la voz como acostumbra. Un recital de la exalcaldesa sería impagable.

La historia ha demostrado, sin embargo, que o el talento es fingido o tiende a ocultarse y a circunscribirse a espacios más íntimos como el de la ducha. Muy pocos se atreven a salir al escenario a cantar de plano y, como en el caso de Barberá, prefieren ocultarse tras los visillos. Son artistas que valen más por lo que callan y, muy posiblemente, la de Valencia haya puesto un precio altísimo a su silencio. Su caché lo merece. Sería una sorpresa que fuera a arrancarse en el último momento.

A las grandes se las mima y Rajoy, que debe de ser un entendido mas allá de la copla, se ha esmerado con su amiga, a la que ni siquiera ha sido preciso decirle que sea fuerte porque con uno solo de sus mandobles le hubiera descoyuntado las cuadernas. Barberá sufre porque su familia le ha dado la espalda y de entre sus más cercanos el que aún no ha transitado por los juzgados es porque tenía un esguince. De no ser por el presidente, a la exalcaldesa la hubieran abandonado hace tiempo a su suerte, como a un abuelo en una gasolinera de camino hacia la costa. Ahora, sin embargo, ha llegado el momento de la despedida y la señora esa de la que estamos hablando tiene que entenderlo.

En todo caso se trata de un riesgo porque Barberá -24 años de alcaldesa, 32 de diputada autonómica y de gustos caros cuando los pagan otros- sabe más de trapos sucios que cualquiera de las lavanderas de Goya. Librada del caso Noos y de la investigación de sus gastos suntuarios a costa del contribuyente, el Supremo está a punto de imputarla un posible delito de blanqueo de capitales en la financiación de su grupo municipal, del que por cierto sólo queda un edil, que debió de entender mal las instrucciones por eso de que iba de independiente o no tendría suelto.

Como se ha dicho aquí en alguna otra ocasión, es razonable pensar que el mecanismo usado por el partido en Valencia para blanquear el dinero negro de las supuestas mordidas con donaciones ficticias de sus dirigentes no se inventó a orillas del Turia, y hasta cabría suponerlo habitual en el conjunto de la organización, que en lo que a morder se refiere nunca conoció fronteras.

Una revelación semejante por parte de Barberá explicaría las atenciones de Rajoy, que cuando siente que la camisa no le llega al cuerpo se desvive por los que padecen la persecución de la Justicia. ¿Habrá donado el presidente dinero a su partido en alguna ocasión siendo la suya un alma tan generosa?

En plena campaña electoral en Galicia y Euskadi y pendiente de que el veleta de Rivera no le vaya a dejar tirado en otro intento de investidura, Rajoy ha hecho lo que estaba en su mano por su amigos, aunque ellos no lo valoren. A Soria le quiso poner un piso en Washington y a Barberá le abrió las puertas del Senado para que luciera sus peinados. No ha habido corrupto en el PP que no recibiera su aliento. Y todo ello a pesar de que este hombre providencial no sabía nada de la contabilidad del PP, ni de sus extesoreros, ni de sus mordidas, ni de los ordenadores de Barcenas -que ahora, por cierto, vuelve a ser fuerte-, ni del Sursum corda. Más no le puede pedir esa gente de la que estamos hablando.

Juan Carlos Escudier

Fuente: Público.es

miércoles, 30 de marzo de 2016

Rita Barberá y el PP en el Senado vetan acabar con los aforamientos


El PP desconoce si Barberá volverá al Pleno del Senado, que debatirá una moción del PSOE contra el aforamiento

Rita Barberá, exalcaldesa de Valencia y ahora senadora.

El PP desconoce si Barberá volverá al Pleno del Senado, que debatirá una moción del PSOE contra el aforamiento




Luz Sanchis

El PP impone su mayoría absoluta y gana tiempo al proponer una ponencia que estudie "revisarlos" para no apoyar la moción del PSOE

El senador socialista Rodríguez Esquerdo reconoce que en su partido han sido "timoratos e indecisos" en una iniciativa exigida por Ciudadanos y que han apoyado el resto de grupos

El Senado ha debatido en el Pleno de este martes una moción que aboga por poner fin al aforamiento del que disfrutan los diputados y senadores así como los miembros de los parlamentos autonómicos. La discusión, a propuesta del PSOE, se ha producido en presencia de Rita Barberá, que ha acudido a la Cámara Alta aunque se ha negado a hacer declaraciones. El grupo parlamentario del PP ha votado en contra porque el PSOE no ha aceptado su enmienda de dejarlo para una futura ponencia que estudie restringirlos "y adaptar la figura a los tiempos que corren". El PP ha hecho valer su mayoría absoluta y la medida ha sido rechazada por 144 votos en contra y 117 a favor.

El plan de los conservadores es enmarcar la ponencia dentro de la comisión constitucional que estudie una futura reforma de la Constitución. Hasta ahora, Rajoy sólo ha concedido estudiar el asunto pese a haberse negado durante su mandato y ha recordado en muchas ocasiones que la mayoría necesaria para hacerlo pasa por contar con el "sí" de su partido.

Cercada por la Operación Taula y con un expediente informativo abierto por decisión del PP nacional, Barberá disfruta del privilegio del aforamiento como todos los senadores. Como ocurrió en el primer Pleno del Senado, en la sesión de este martes también ha sido centro de atención ya que ella cuenta además con el extra de que al ser miembro de la Diputación Permanente su protección se mantiene aunque se disuelvan las Cortes.

Por el momento, el juez le ha dado la opción de colaborar mediante una declaración presencial o escrita para tratar de aclarar los hechos. En cambio, los concejales del PP en el grupo municipal que han sido imputados han visto como su militancia ha sido suspendida por Génova de forma cautelar. Mariano Rajoy ha llamado esta misma mañana durante una entrevista a "no adelantar acontecimientos" para no responder a si piensa tomar la misma medida con ella si resulta imputada.

El socialista Antonio Rodríguez Esquerdo ha defendido la moción que pretende llevar a cabo una reforma urgente de la Constitución para, entre otros aspectos, suprimir el aforamiento de los parlamentarios. El asunto era una exigencia de Ciudadanos y formó parte del acuerdo suscrito con el PSOE. El senador ha asegurado que esa figura "se ha convertido en un verdadero problema social". Ser juzgado por un tribunal diferente al de cualquier ciudadano, ha asegurado, es "una extravagancia, un privilegio y un escudo" en los casos de corrupción.

Rodríguez lo ha reconocido: "Los socialistas hemos sido timoratos e indecisos en este asunto" y ha subrayado la desproporción que hay en España si se compara con el resto de países. El hecho de que la propuesta afecte a los parlamentarios autonómicos, cuya regulación no está en la Constitución, no ha convencido a los grupos nacionalistas. El PP, por boca de Rosa Vindel y Pilar Barreiro, ha subrayado el cambio del PSOE exigido por Ciudadanos para suscribir su acuerdo.

"Ustedes vinculan aforamiento con impunidad y aparte de falso, no es de recibo. En esta Cámara se han concedido cuantos suplicatorios se han solicitado menos uno del grupo socialista", ha dicho Vindel. La conservadora se ha mostrado a favor de reducirlos y ha recordado que la mayoría de los aforados pertenecen al sistema judicial. Y ha abogado por crear una ponencia dentro de la comisión constitucional "para adaptar la figura a los tiempos que corren".

Fuente: eldiario.es

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