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miércoles, 9 de noviembre de 2016

“Hoy en día la Iglesia es un cuerpo conservador con una cabeza progresista”


“Hoy en día la Iglesia es un cuerpo conservador con una cabeza progresista”
Frei Betto


Frei Betto, referencia de la historia y el pensamiento político de Brasil, comparte con La Marea un análisis de la actualidad coincidiendo con su paso por Madrid para presentar su última obra: ‘El oro perdido de los Aerienim’ (Hoja de Lata).


José Bautista
redaccion@lamarea.com

“Escritor y asesor de movimientos sociales”. Esa es la humilde descripción con la que se presenta Frei Betto (Belo Horizonte, 1944), leyenda viva de la historia reciente de Brasil y autor de más de sesenta obras que le han valido algunos de los galardones literarios más prestigiosos a nivel internacional. Este polifacético activista, pensador de referencia de la izquierda brasileña y fraile dominico, pasó de las ideas a la acción con 13 años, lo que le llevó a la cárcel en dos ocasiones durante la dictadura militar que rigió Brasil hasta 1985.

Betto ha militado en una larga lista de movimientos y colectivos sociales, entre ellos el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), y es adepto a la Teología de la Liberación, movimiento cristiano de base nacido en América Latina a finales de los sesenta. También fue asesor especial del expresidente Lula, a quien conoció en una favela de São Paulo en los años setenta, pero abandonó su puesto porque percibió que la política de su amigo contra la pobreza no era emancipadora, sino que generaba dependencia. En su paso por Madrid para presentar su nueva novela histórica, El oro perdido de los Aerienim (Hoja de Lata), Betto habla con La Marea acerca de Brasil, el mundo y el cambio de época en la que, en su opinión, estamos inmersos. Establece una condición antes de iniciar la entrevista en la mítica librería Traficantes de Sueños: que no le hable de usted.

La primera pregunta es obligatoria, ¿de qué trata tu nuevo libro?

Es una novela histórica en la que describo 500 años de Minas Gerais, mi tierra, que centró toda la atención de Brasil en los siglos XVII y XVIII porque de allí se extrajo más oro que la suma de toda la plata de América Latina. Leí más de cien obras y pasé 13 años trabajando en este libro para describir todo ese periodo intentando usar en cada capítulo un lenguaje propio de la época. Empieza con el asesinato de un pirata inglés en Salvador de Bahía al que acusaban de tener un mapa del tesoro, pero solo encuentran la mitad del papiro. El libro es la historia de la familia buscando la otra mitad durante 500 años. Me encanta escribir ficción, pero tengo una militancia intensa y acabo publicando más ensayos.

Tú trabajas con movimientos sociales. Ahora Brasil atraviesa un momento muy difícil y se percibe una falta de esperanza generalizada, a pesar de que hay muchos colectivos que se están consolidando en este momento…

Principalmente los jóvenes con la ocupación de escuelas, un paso muy importante.

¿Qué ventanas de esperanza ves en tu país en este momento?

En primer lugar, mi esperanza está totalmente centrada en eso que yo llamo organizar la esperanza, los movimientos sociales y populares: movimientos jóvenes, movimiento de los Sin Tierra, los Sin Techo, movimiento indígena, negro, feminista, ecologista, y muchos movimientos de cultura, teatro, cine. Ese es un proceso a largo plazo. De forma más inmediata, tengo esperanza en que Lula no sea criminalizado y pueda ser candidato a la presidencia en 2018. Posiblemente no lo encarcelarán por ser uno de los brasileños más conocidos y respetados en todo el mundo, pero puede que se tope con la “ley de la ficha limpia” y eso le impediría ser candidato. Por otro lado, tengo esperanza en las contradicciones del propio sistema. Dice Correa, presidente de Ecuador, que él apoya a Trump porque eso unirá a América Latina contra Estados Unidos (risas).

La religión también está cambiando a Brasil. Río de Janeiro acaba de dar la alcaldía a un evangelista con un discurso violento…

Las iglesias evangélicas han crecido mucho en Brasil. Brasil llegó a tener 91 millones de católicos y hoy tiene 63, mientras que ya hay 26 millones de evangélicos bien organizados que crearon una estrategia política para ocupar espacios en el Congreso Nacional, y lo consiguieron. Ahora amplían su presencia en el poder ejecutivo y judicial. Tratan de ocupar espacios y establecer una “confesionalización” de la política. Me explico: ellos están en contra de los avances de la modernidad y saben que no hay forma de dominar a la sociedad dentro de sus preceptos, a no ser que tomen una de dos vías, sea a través de la conversión de toda la sociedad, que es imposible, o del empoderamiento de sus pastores. Eso les hace ser capaces de transformar sus preceptos en leyes civiles. Sucedió en Estados Unidos con la ley seca. Ahora nosotros vemos que la elección de Crivella [nuevo alcalde de Río de Janeiro] genera mucha tensión en la sociedad carioca, la más abierta y plural de Brasil.

Viajas mucho, tienes amistades en los cinco continentes y eso te da una visión global de la actualidad. Esta pregunta puede resultar difícil: ¿qué le está pasando al mundo?

Mi respuesta es sencilla. Tú y yo vivimos un cambio de era que nuestros abuelos no vivieron. Ellos vieron el paso de la radio a la televisión, pero nosotros estamos inmersos en algo que antaño ya vivieron Miguel de Cervantes, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Descartes, Copérnico, Galileo, Maquiavelo… Ellos vivieron el cambio de la era medieval a la era moderna. Nosotros estamos viviendo la transición de la era moderna a la post moderna o neo moderna. La modernidad agoniza, y con ella las tres grandes instituciones que la sustentaban: familia, iglesia y Estado. Las tres están en busca de una nueva identidad. Como todo periodo de cambio de época, eso provoca una gran turbulencia e inquietud, crisis de valores, implosión de las grandes narrativas, y eso coincide con un momento en que el capitalismo, el mismo sistema económico que impidió que la modernidad fuera positiva, es hegemónico en todo el planeta. La modernidad duró 500 años –la era medieval duró 1.000-, trajo muchos avances positivos pero inaccesibles a la mayoría de la población del planeta, y hoy tenemos a más de la mitad de la población viviendo en función de necesidades animales como comer, abrigarse del frío o tener un techo. Eso no son ni derechos humanos, son derechos animales. La modernidad trajo avances, pusimos los pies en la Luna pero no pusimos nutrientes esenciales en los estómagos de millones de niños que mueren de hambre. ¿Por qué? Porque la modernidad fue atropellada por el capitalismo, que llegó y se apropió de todas las riquezas materiales y simbólicas de la modernidad. El Medievo tuvo como paradigma la religión; la era moderna tuvo como paradigma la razón con sus dos hijas de letras, la ciencia y la tecnología; y el capitalismo mercantilizó hasta el punto de que corremos el riesgo de que la post modernidad tenga como paradigma el mercado, la mercantilización de todos los aspectos de la vida y la naturaleza. Fukuyama definió en una frase emblemática lo que estamos viviendo, y aquí voy al centro de tu pregunta: “La historia acabó”. José, si tuvieras ahora mismo un lapsus de memoria, una amnesia aguda, perderías tu identidad y te convertirías en un fantasma humano. Es eso exactamente lo que el capitalismo neoliberal está haciendo con la humanidad. Está produciendo la “deshistorización” del tiempo, la pérdida de la identidad, de forma que la gente no tiene ya noción de pueblo, de clase, de proceso histórico, ni del valor de autoestima humana. Ahora el valor está en la mercancía que porto, hasta el punto de que quien no tiene mercancía, no tiene valor. Si llego a tu casa en Mercedes, tengo valor “A”. Si llego a pie, tengo valor “C”. Soy la misma persona, pero es la mercancía la que determina mi valor, y eso es muy cruel. El neoliberalismo invirtió el proceso de la identidad humana, que ahora no reside en que seas humano sino en que seas consumista. Es un proceso arrasador.

¿Y cómo se sale de ese proceso?

Solo hay dos formas: la primera consiste en minar el sistema fortaleciendo la globalización de la solidaridad. Economía solidaria, movimientos sociales… La segunda es establecer una estrategia política e ideológica a largo plazo por debajo del capitalismo. No hay otra forma.

Pero el capitalismo es flexible y cada vez es más líquido.

Sí, cada vez más líquido, como dice Obama. Pero tenemos que ser conscientes de sus contradicciones. Algunos hechos: desde su fundación en 1776 hasta 2016, los Estados Unidos solo han pasado 21 años sin estar en guerra. Desde que acabó la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estuvo en cinco guerras y las perdió todas. No ganaron en Iraq, ni en Afganistán, ni está ganando en Siria, perdieron en Vietnam…

Hablas de guerra y automáticamente pienso en una palabra: miedo. Tu generación creció en un contexto más precario, con menos posibilidades materiales, pero al mismo tiempo tuvo mucho valor para luchar contra la dictadura…

Ustedes están sufriendo una presión brutal por parte del sistema para cambiar la libertad por la seguridad. Tú y yo somos libres para escoger entre distintas marcas de cerveza, ropa o jabón, pero en otro sistema esa libertad no existe. Mi generación fue revolucionaria en América Latina. Había drogas pero no había drogados porque nuestro vicio era la utopía. Estoy convencido de que cuanta más utopía, menos droga. Lo que no es posible es vivir sin sueños. Los sueños son políticos o químicos, pero no se puede vivir sin ellos. Yo empecé a militar muy temprano, con 13 años. Me metieron en la cárcel dos veces, primero con veinte y después con 25 años, y estuve encarcelado hasta los 29. Puedo decir con toda sinceridad que fui feliz en todo ese periodo gracias a la mística utópica que impregnaba mi subjetividad. Me sentía parte de un proceso histórico, a pesar de que mi vida estaba en riesgo.

He echado de menos una palabra hasta ahora: clima.

Es un factor determinante. Siempre recomiendo leer lo que considero el documento más importante de toda la historia de la cuestión ambiental, y es la encíclica del Papa Francisco Laudato Si. Un documento que no tiene nada de religioso. La mayoría de textos hablan de los efectos, pero no hablan de las causas y los causantes, y el Papa sí apunta a eso. Por eso fue un documento muy criticado en medios europeos y en Estados Unidos. La cuestión climática es importante desde todos los puntos de vista: en primer lugar porque afecta sin hacer distinciones a ricos y pobres –es el único tema que escapa a la lucha de clase-, en segundo lugar porque es urgente. En los últimos 200 años destruimos la capacidad autorregeneradora del planeta. Con la intervención humana, la naturaleza no fue herida sino que fue amputada. O se realiza ya el implante, o el apocalipsis llegará antes de tiempo.

Ahora que menciona la encíclica, el fin de semana pasado el Papa concluyó el tercer Encuentro Mundial de Movimientos Sociales. ¿Qué opinión tiene del Papa? Usted apoya la Teología de la Liberación y el Papa no aceptó reunirse con uno de sus fundadores, Leonardo Boff…

Pero se reunió con Gustavo Gutiérrez, con João Sobrinho, se encontró conmigo.

¿Os conocéis personalmente?

Nos conocimos el 9 de abril de 2015. Me recibió en persona y estuvimos hablando, de hecho está interesado en este libro [El oro perdido de los Aerienim, cuyo título original es Minas de ouro]. Le pedí que habilitara a dos frailes dominicos, orden a la que yo pertenezco, que están censurados por afirmaciones que en la época eran consideradas heréticas pero que hoy ya están refutadas por la ciencia. El Papa me dijo “reza por eso, yo estoy a favor pero no es fácil”. Hoy en día la Iglesia es un cuerpo conservador con una cabeza progresista. Nosotros consideramos al Papa un miembro activo de la Teología de la Liberación y nuestro representante. Si lees su discurso del sábado al finalizar el encuentro, verás que va más lejos que cualquier líder de izquierda actual. Acaba con el capitalismo sin usar una sola vez esa palabra, es muy inteligente. Pone ejemplos, dice “cuando un banco quiebra, aparecen miles de millones para salvarlo, pero ahí están los refugiados sufriendo la globalización de la indiferencia”.

Fuente: Lamarea.com

lunes, 10 de octubre de 2016

Un golpe desde arriba tras un colapso desde abajo

Resultado de imagen de senado brasileño en vivo
Senado Brasileño


Federico Fuentes
Green Left Weekly

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Menos de dos años después de que la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) Dilma Rousseff fuera reelegida presidenta de Brasil, el senado brasileño la destituyó.

La derecha brasileña, que controla el Senado brasileño, llevó a cabo un golpe constitucional. Al hacerlo dejó claro su desprecio por la democracia.

Dilma no cometió ningún crimen y menos uno que pudiera haber provocado un proceso de destitución. Sin embargo, muchos senadores, acusados ellos mismos de corrupción, votaron a favor de su proceso de destitución y de su destitución. Con ello los votos de estos 61 senadores en su mayoría hombres blancos mayores invalidaron los emitidos por más de 50 millones de brasileños, en su mayoría jóvenes, negros y mujeres, que votaron por Dilma, como se la conoce en Brasil.

Con todo, la pregunta sigue siendo, ¿cómo un partido de izquierda reconocido internacionalmente como el PT se encontró, después de cuatro victorias electorales presidenciales sucesivas, luchando contra acusaciones de corrupción en el Parlamento y haciendo frente a enormes protestas en las calles?

Para entender el golpe hay que analizar la campaña contra del gobierno de Dilma emprendida por la clase capitalista de Brasil y el proceso de desmovilización de la base de apoyo del PT.

Un desafío desde arriba

En el plano internacional el gobierno del PT, primero con Luiz Inácio Lula da Silva y después con Dilma, no tuvo miedo a enfrentarse a Washington. En 2005 desempeñó un papel fundamental en el rechazo del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas que respaldaba Estados Unidos.

Pero a diferencia del presidente de Venezuela Hugo Chavez, el PT nunca afirmó estar construyendo un socialismo del siglo XXI en el país, donde sus políticas económicas eran mucho más conservadoras.

En un intento de romper con las fracasadas políticas neoliberales de la derecha, el PT trató de llevar al país en una dirección neodesarrollista. Trató de industrializar la economía a través de una mayor planificación, financiación y regulación estatales.

El PT también amplió exponencialmente los programas de bienestar social. Estos programas, que se consideraban algo más que una simple manera de reducir la pobreza, contribuyeron a expandir el mercado interno, una tabla de salvación para cualquier proyecto de industrialización.

El auge mundial del precio de las materias primas y el fuerte aumento del consumo interno experimentado por Brasil en los años de gobierno de Lula (2002-2008) ayudaron a impulsar el crecimiento económico. La estrategia neodesarrollista del PT también se benefició del apoyo de los sindicatos, de los pobres de las ciudades y de los capitalistas industriales.

Con Lula disminuyeron los índices de desigualdad y pobreza: los ingresos del 20 % más pobre crecieron a más velocidad que los del 20 % más privilegiado y 28 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Sin embargo, al mismo tiempo aumentó todavía más la riqueza del 1 % más rico. Los bancos fueron los mayores beneficiarios. A pesar de que el sector de las finanzas era uno de los críticos más feroces del gobierno del PT, logró unos beneficios récord y recibió un apoyo estatal descomunal en forma de pago de la deuda. Siguiendo un proceso que había comenzado con los gobiernos anteriores, durante el gobierno de Lula las instituciones financieras consolidaron su control de la economía.

Este no fue el único obstáculo al que se enfrentó la estrategia del PT. El auge del precio de las materias primas encaminó la inversión hacia la industria primaria a expensas de la fabricación, lo que hizo que la economía mostrara indicios de desindustrialización.

Crisis económica

Ante las evidentes debilidades en su estrategia y el impacto de la crisis económica mundial que provocó un colapso en los precios de las materias primas, el PT trató de revertir esta situación, para lo que se centró fundamentalmente en los bancos.

Los primeros pasos en este sentido se emprendieron en 2011 cuando Dilma anunció que su gobierno iba a tratar de resolver el problema de las tasas de interés de Brasil, que tiene uno de los regímenes de interés a largo plazo más altos del mundo y en el que los prestatarios pagan a los prestamistas entre cinco y veinte veces el costo del dinero.

Además de recortar las tasas de interés, el gobierno afirmó que reduciría los precios del sector eléctrico, aumentaría los aranceles, implementaría nuevos controles sobre el capital, devaluaría la moneda local y emprendería un nuevo plan de industrialización encabezado por el banco estatal de desarrollo.

En un primer momento los industriales de Brasil saludaron públicamente con entusiasmo estos pasos ya que, sobre el papel, muchos de ellos beneficiaron directamente a este sector. Sin embargo, no mucho tiempo después rompieron con el PT para unirse al sector financiero en la campaña para destituir a Dilma. Los capitalistas industriales se unieron a las protestas contra el gobierno que empezaron en 2013.

La enorme confluencia de intereses de clase entre los industriales y el capital financiero explica en gran medida la ruptura de la alianza del PT con los industriales.

Para empezar, los años de altos beneficios en el sector financiero significaban que muchos industriales habían empezado a invertir en el sector. Además, la clase capitalista en su conjunto sentía los efectos de la disminución del crecimiento económico que hizo que Brasil entrara en recesión en 2014, la caída de los márgenes de beneficio y el aumento de la inflación. Para los capitalista la manera de salir de la crisis no era un mayor control del capital y más inversión, sino una nueva oleada de privatizaciones de bienes públicos y de servicios sociales.

Igual de importante fue un aumento de la lucha de clases. En 2012 la cantidad de huelgas en Brasil llegó a 873 en 2012 y a más de 2000 en 2013.

Todos estos factores juntos contribuyeron a fortalecer la solidaridad entre clases en contra del gobierno del PT.

Un colapso desde abajo

Ante a una ardua batalla para ganar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2014 Dilma adoptó un discurso cada vez más de izquierda. La ex guerrillera y presa política declaró que votar a su oponente era votar por la austeridad y el neoliberalismo. Su discurso antineoliberal fue fundamental para obtener un impulso de última hora que le hizo ganar las elecciones.

Sin embargo, a los pocos días Dilma afirmó que su gobierno implementaría alguna de las medidas de austeridad a las que ella se había opuesto durante la campaña. El PT esperaba que esta medida le devolvería el apoyo de un sector de la clase capitalista. Pero la derecha empezó a conspirar la destitución de Dilma al percibir debilidad.

El problema al que se enfrentaba el PT era que, aunque había ganado las elecciones, había perdido su capacidad para movilizar a la calle, que era de donde el partido tenía sus orígenes.

El PT surgió en la década de 1980 como un partido obrero socialista de masas, forjado en las luchas sindicales y contra la dictadura. Su crecimiento a lo largo de las dos décadas siguientes se debió a la capacidad del PT de incorporar al partido a un amplio abanico de sectores de izquierda, populares y obreros, e incluso a segmentos de la clase media. Las estructuras democráticas del PT facilitaron este proceso. El partido estaba basado en células de base de participación local, hacía hincapié en el consenso y en la representación proporcional en los órganos de dirección. Y lo que quizá es más importante, en su condición de partido surgido desde fuera de la clase política, el PT se pudo presentar como una alternativa limpia al deteriorado status quo.

Muchas personas, incluidas algunas que nunca habían apoyado a la izquierda, asociaban el PT a una nueva manera de hacer política. Esta imagen se vio fortalecida por los programas que implementó en el ámbito tanto local como estatal, como un presupuesto participativo que implicó a las comunidades locales en la toma de decisiones públicas.

Antes de ganar las elecciones presidenciales de 2002 el PT había ido logrando controlar más gobiernos locales y estatales. En Venezuela y Bolivia el gobierno de izquierda había ganado el poder tras unos movimientos de lucha masivos. Sin embargo, la victoria del PT en 2002 fue el resultado de una acumulación de fuerzas y de experiencias en el ámbito institucional.

A lo largo de este proceso el PT empezó a moverse lentamente desde sus raíces radicales a convertirse en un partido orientado a las elecciones y al gobierno.

El hecho de que el PT llegara al gobierno significó una presión para los movimientos sociales y los sindicatos. El PT argumentaba que la prioridad tenía que ser defender a su gobierno de la derecha, aunque fuera a expensas de la movilización de los movimientos sociales para defender y aumentar sus derechos.

Esta lenta transformación del PT provocó que varias corrientes más pequeñas y de izquierda radical abandonaran el PT: primero para mostrar su oposición a las regresivas reformas de la seguridad social en 2004 y después tras un escándalo de corrupción en el que estuvieron implicados varios dirigentes del PT que habían pagado a diputados de la oposición para que votaran a favor de determinados proyectos de ley en 2005.

Grandes movilizaciones

Con todo, la magnitud de la brecha que había surgido entre el PT y las calles se vio gráficamente en las manifestaciones que empezaron en 2013. Estas manifestaciones pusieron de manifiesto que la oposición al PT no se limitaba a los grandes negocios y las tradicionales clases medias que siempre habían sido hostiles al PT.

El motivo inicial de las protestas de junio 2013 (una subida las tarifas del transporte público) en realidad no fue sino el detonante para que la gente empezara a discutir sobre problemas importantes que son comunes a las personas que residen en las grandes ciudades de todo el mundo.

El acceso a los servicios social había aumentado de manera espectacular bajo el PT, pero estas movilizaciones se centraron en la baja calidad de estos servicios que experimentaban un estrés extremo.

Para resolver estos problemas se necesitaba una inmensa inversión por parte del Estado, lo que solo hubiera sido posible aumentando los impuestos a los ricos o cancelando el pago de la deuda del gobierno, unos pasos que el PT no estaba dispuesto a dar.

La naturaleza en buena parte descentralizada y espontánea del movimiento que estalló en 2013 junto a la incapacidad del PT para lidiar con un movimiento que en muchos aspectos luchaba por lo mismo que el PT había defendido anteriormente dejó un gran vacío que la derecha pudo llenar.

Los movimientos sociales, como los sindicatos o el Movimiento Sin Tierra (MST), no lograron ponerse a la cabeza, en parte porque muchas personas consideraban que eran demasiado cercanos al PT o incluso lo mismo.

El PT perdió gran cantidad de votos frente a los capitalistas debido a que el partido se vio envuelto a diario en nuevos casos de corrupción. Con los movimientos sociales desorientados y desmovilizados, el PT optó por retirarse hacia la derecha, con lo que se desvió de lo que quedaba de su base tradicional.

Después de eso parecía que solo era cuestión de tiempo que la derecha tratara de lograr por otros medios lo que no había conseguido hacer por medio de las elecciones: quitar al PT del gobierno.

Federico Fuentes es miembro de la Alianza Socialista de Australia y coautor de Latin America’s Turbulent Transitions.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

Fuente original: https://www.greenleft.org.au/content/brazil-blow-above-after-collapse-below

Fuente: Rebelión

sábado, 24 de septiembre de 2016

Mientras corta derechos, en las calles se escucha con más fuerza el rechazo al gobierno no electo ¡Fuera Temer!



João Pedro Stedile
Brasil de Fato


1. El día 31 de agosto se consolidó el golpe judicial/mediático en el Congreso Nacional. La burguesía concluyó la primera etapa de la conspiración que viene desde octubre de 2014, para entronar, de cualquier manera, un gobierno totalmente subordinado y dispuesto a cargar todo el peso de la crisis económica sobre los hombros de la clase trabajadora.

Ahora, está en curso la etapa de acelerar la implantación de medidas neoliberales, que sólo interesan al capital financiero y al gran capital, aumentando la explotación del trabajo, disminuyendo salarios, aumentando el desempleo y aplicando un programa de privatizaciones y ajuste fiscales que avergüenzan hasta al FMI.

Todos los días hay anuncios absurdos que violan la CLT [Consolidación de Leyes de Trabajo], la Constitución y los derechos sociales conquistados a duras penas, por décadas de luchas sociales.
2. Por lo tanto, el gustito de la victoria parlamentaria duró poco. El golpe no consiguió ser legitimado, ni por opinión pública, ni por el pueblo y hasta fue deslegitimado internacionalmente.

El presidente impostor fue humillado en la reunión del G-20, en que los demás gobernantes ni siquiera lo llamaron como presidente. ¡Y él tuvo que aprovechar el viaje para ir a comprar zapatos en un Shopping Center cualquiera! ¡Pobrecito!

Desde el punto de vista jurídico, la farsa cayó cuando los senadores no tuvieron el coraje de imputar la pérdida de derechos de la presidenta Dilma, revelando así que no hubo crimen. Y peor, tres días después, los mismos senadores aprobaron el proyecto que legaliza las "pedaleadas fiscales". Acaso, ¿no era crimen?

Pero la más dura respuesta vino de las calles. El domingo 4 de septiembre, a menos de una semana del golpe, más de cien mil jóvenes de São Paulo salieron  a las calles a protestar, levantando las banderas de FUERA, TEMER, ELECCIONES DIRECTAS YA y NINGÚN DERECHOS MENOS. Sin ningún estímulo de las radios y cadenas de televisión, que siguen siendo totalmente serviles a los golpistas.

Después, el día 7 de septiembre, se repitieron centenares de manifestaciones en todo Brasil, con miles de brasileños/as, en torno al “Grito de los Excluidos”, con las mismas banderas.

Y culminó con la clase media abucheando por cinco minutos durante la apertura de las olimpiadas paraolímpicas en el Estadio Maracaná.

3. Qué será de este gobierno, nadie lo sabe. Del lado de la burguesía, ellos también tienen dudas. El gobierno golpista no consigue unir políticamente a las fuerzas conservadoras. Su plan neoliberal no va a sacar al país de la crisis económica y política; al contrario va a agravarla, trayendo consecuencias graves para toda la población. Los signos de corrupción de sus miembros se contradicen con el discurso y los intereses de la llamada “Republica de Curitiba”. Por eso, el Abogado General de la Unión fue demitido sumariamente.

¿Hasta cuándo los medios y el poder judicial van a esconder las declaraciones de los empresarios, de las propinas ilegales que involucran a ilustres ministros e inclusive al propio presidente impostor?

El gobierno golpista podrá convertirse en un gobierno en crisis permanente, que sólo va a desgastar a los partidos que lo sustentan, como fueron los últimos años del caótico gobierno de Sarney (1985-1989). O la burguesía podrá cambiarlo por la vía indirecta a partir de enero de 2017 y colocar a algún impostor de mayor habilidad y confianza de poder económico.

De nuestro lado, el de la clase trabajadora, el tiempo de vida útil de este gobierno debería ser el mínimo posible. Pero en la política, los hechos y la correlación de fuerzas no dependen de la voluntad o deseos. Depende de las fuerzas acumuladas de cada lado.

Y el tiempo de su permanencia va a depender de nuestra capacidad de movilizar a la clase trabajadora para asumir esa bandera. Hasta ahora ella quedó parada, en compás de espera, como si el juego político no fuese con su equipo.

4. Las próximas semanas… el gobierno golpista acelerará su ofensiva contra los derechos de la clase trabajadora. Los anuncios diarios de la pérdida de derechos, de la reforma de la seguridad social, de la política de subordinación al capital extranjero, con privatizaciones y venta de tierras, de entrega del petróleo del pré-sal, del gasoducto, de la BR distribuidora, y otras riquezas nacionales, están despertando un sector cada vez mayor de la población y de la clase trabajadora.

Frente a esto, varios sectores en el campo y en la ciudad aumentaron sus movilizaciones y luchas nacionales, como viene sucediendo con los trabajadores rurales, los campesinos, los bancarios, los metalúrgicos, los profesores, los trabajadores del correo y los servidores públicos.

Y en un proceso de mayor articulación de esas luchas sectoriales, las centrales sindicales están llamado a una paralización nacional para el próximo 22 de septiembre. Habrá un esfuerzo no solo del movimiento sindical, sino de todos los movimientos del FRENTE BRASIL POPULAR y PUEBLO SIN MIEDO, para que esa paralización sea, de hecho, victoriosa y suspenda las actividades de la producción, transporte, servicio público, comercio y de las escuelas.

Y como alertan los sindicalistas, esto servirá como un ensayo general para avanzar en un HUELGA GENERAL contra el gobierno golpista.

Al mismo tiempo, en São Paulo y en otras ciudades, se multiplicaron las manifestaciones, en general los domingos, algunas veces incluso autoconvocadas, casi espontáneas, mayoritariamente por la juventud y por movimientos de mujeres, gritando cada vez más alto Fuera Temer, elecciones directas ya,  como una propuesta generosa de que el orden democrático solamente volverá, si el pueblo tiene el derecho de elegir a sus representantes en las urnas; por NINGÚN DERECHO A MENOS, o sea, contra las medidas del plan neoliberal en curso.

Como ven, los tambores están calentando y la lucha será cada vez más intensa…

Vamos a la lucha, compañeros y compañeras.

Traducción: María Julia Giménez

Fuente original: https://brasildefato.com.br/2016/09/13/fuera-temer/
Fuente: Rebelión

jueves, 22 de septiembre de 2016

Las convicciones imperiales en contra de Lula

Moro y Lula


Emir Sader
ALAI Agencia Latinoamericana de Información


Antes incluso de abrir las compras que trajo de un nuevo viaje a los EEUU, el promotor Sergio Moro trasformó a Lula, de nuevo, en reo de su operación jurídico-policial. Son tantos sus viajes al Imperio, que no queda claro si vive allá y viene actuar en Brasil o si vive en Brasil y va regularmente a los EEUU recibir orientaciones para actuar en Brasil. Un buen tema de investigación para el Parlamento.

Lo cierto es que Moro, frente al fracaso espectacular de la nueva farsa montada por sus comparsas en un hotel de Curitiba en contra de Lula, en la que recibió la condena unánime, incluso de los que apoyan esa operación, no tuvo el coraje de tomar una decisión solo. La sensación era que con ese nuevo paso en falso de sus comparsas, que habían tomado una vez más una actitud precipitada, para buscar protagonismo, en medio de la campaña electoral municipal, dejaban a Moro y sus gang en una situación difícil, porque sería imposible, en base a la ridícula demostración del power point y de la falta de pruebas, hacer de Lula reo de nuevo.

Pero frente a esa situación difícil, Moro fue, una vez más,  a buscar nuevas instrucciones, seguramente de aquellos que, según WikiLeaks, le entregaron los materiales obtenidos por EEUU en el espionaje de la Presidencia de Brasil, en el Ministerio de Minas y Energía y en la misma Petrobras, y le han permitido iniciar su operación. Como confesión de que no solamente sus comparsas, sino el mismo, no tienen pruebas, sino tan solamente convicciones, Moro ha refrendado la misma presentación de la farsa del power point. Esto es, no posee ninguna otra acusación con pruebas en contra de Lula, habiendo viajado para reforzar sus convicciones hacia su patria adoptiva, viniendo enseguida a tomar rápidamente la decisión para reforzar la manipulación en el escenario electoral municipal.

Significativamente Lula viaja en este mismo momento al nordeste de Brasil para hablar con el pueblo, mientras Moro fue a los EEUU a hablar con sus patrones. Cada cual en lo suyo, cada uno con su gente. Mientras uno intenta ampliar los espacios democráticos achicados en el país, en medio a tantos golpes en contra de la democracia, el otro refuerza la idea de que su operación Lava Jato no cabe en la democracia brasileña, tiene que destruirla definitivamente para triunfar.

Se trata de dar continuidad al proyecto ambicioso de Moro y de sus comparsas de reescribir la historia reciente de Brasil, como copia ridícula de la Operación Manos Limpias de Italia. Solo que en Brasil es en contra de la izquierda, de Lula y del PT. Con el intento grotesco de intentar invalidar la historia reciente del país, que no sería un momento virtuoso de combate a las desigualdades sociales, sino una farsa montada por la corrupción de recursos públicos.

Había así que destruir la imagen de Lula, para invalidar ese período de la historia de Brasil, revertir su sentido, mostrar que solo habría sido posible gracias a la corrupción, aunque no haya pruebas, solo convicciones. De ahí la decisión estrafalaria de hacer Lula un reo aun con la falta de pruebas, ya ridiculizada en Brasil y en el exterior mediante un power point, con la grotesca alegación de que faltan pruebas pero sobran convicciones.

Moro llega así a su fin de línea. Ha agotado sus investigaciones, los intentos de lograr,  con presiones, delaciones premiadas con tal de que impliquen a Lula y puedan ser fuentes de pruebas forjadas, demuestran  que los malabarismos realizados con espectáculos mediáticos son todo lo que disponen en contra de Lula. Que el departamento y el sitio que atribuyen a Lula no son de él, pero son las únicas convicciones de Moro y de sus comparsas.

Como marioneta de la derecha brasileña y de los proyectos macabros del Imperio en contra de Brasil - que suponen el desmonte de las bases económicos del proyecto de desarrollo con distribución de renta, incluyendo la destrucción de Petrobras y del Pre sal -, Moro se revela así un obstinado militante en contra de la democracia, la distribución de renta y el proyecto nacional de Brasil. Luego se mandará a cambiar a EEUU, donde terminará recibiendo algún oscuro título de alguna universidad de segunda de Miami y gozar de buenas remuneraciones por los servicios prestados al Imperio.

Pero con ese nuevo paso en falso – que se suma a la tentativa frustrada de tomar preso a Lula y a otras denuncias pirotécnicas de sus resoluciones – Moro corre el grave riesgo de ser desenmascarado en público y frenado en sus aventuras por el Supremo Tribunal Federal y por el propio Congreso. La farsa montada por sus amigos ya fue condenada mayoritariamente en Brasil. Si él la reforzó, antes de que fuera desechada completamente, es porque es su última coartada. Por lo menos fue lo que han decidido en la reunión recientemente realizada en el Imperio y cuyas decisiones las tomó así que bajo del avión que lo traía de EEUU, país a quien él se debe de cuerpo y alma.

Es el final de la línea del proceso de corrupción moral de los farsantes que actúan conforme a los intereses extranjeros en el intento de relegar a Brasil a ser una república bananera, sin democracia, ni Poder Judicial, sin proyecto nacional.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Fuente original: http://www.alainet.org/es/articulo/180407
Fuente: Rebelión

jueves, 15 de septiembre de 2016

BRASIL. Final de historia, comienzo de pesadilla

Eduardo Cunha


Eric Nepomuceno
“Michel no hizo nada para ayudarme”, se quejó Eduardo Cunha poco antes de perder su mandato de diputado nacional por aplastantes 450 votos contra diez en su defensa y nueve abstenciones.
“Michel” es Temer, el presidente ungido a raíz de un golpe institucional desencadenado precisamente por Cunha, cuando era el todopoderoso presidente de la Cámara de Diputados. Al perder su quinto mandato de diputado, Cunha también perdió sus fueros de privilegio. Cae, a partir de ahora, en las furiosas manos del provinciano juez de primera instancia Sergio Moro. Bandolero compulsivo, con una nutrida secuencia de juicios abiertos en el Supremo Tribunal Federal, Cunha se transforma ahora en un ciudadano de a pie. Y a juzgar por la conducta de Moro, lo esperan sentencias de pesadilla. La cantidad de decenas de años de cárcel a que será condenado no se cuenta ni con los dedos de dos manos.
Le queda una salida, la única para suavizar su futuro de sombras: delatar. Luego de ser defenestrado por sus pares, Cunha rechazó la idea de adherir a la tan polémica modalidad de la “delación premiada”, en que el condenado tiene sus condenas sustancialmente disminuidas a cambio de contar lo que sabe y todo lo que interesa a los fiscales y a la Policía Federal. Dijo, con la soberbia habitual, que no tiene qué delatar porque no cometió crimen alguno.
Bueno, cometió muchos, diversificados y graves. Aseguró que está escribiendo un libro, relatando todos los detalles del largo proceso de juicio político que abrió, por pura venganza personal, contra la ex presidenta Dilma Rousseff. “Todos los diálogos, toda la trama”, anticipó, para en seguida decir que espera ganar mucho dinero con el libro.
A interlocutores de su confianza (como si en el mar de lama en que se transformó la política brasileña la palabra “confianza” todavía tuviese algún espacio…), Michel Temer dice que no abandonó a su aliado. En tono de lamento, dice que era casi nada lo que habría podido hacer.La verdad es otra, y nada ni nadie logrará ocultarla. Para Michel Temer y los que se engancharon en el poder, tan pronto se abrió contra Dilma Rousseff el juicio en el Congreso el escenario cambió y Cunha, antes elemento esencial, perdió utilidad. Con su consolidada (y más que justa) fama de símbolo perfecto de la corrupción, pasó a ser una figura incómoda. Sobrevivió por un tiempo, pero su condena estaba más que anunciada.
El problema ahora es otro: a lo largo de una carrera política construida en las sombras, sus archivos son implacables. Si cuenta lo que sabe y lo que hizo y lo que hicieron sus aliados y comandados, destroza a medio Congreso. Esa era su fuerza para dominar a dos centenares de diputados de escasa o nula significancia y fuerza. Fue traicionado. Ahora, es su fuerza para librarse de décadas de cárcel. Y, claro, su venganza.
Desde principios de 2015, inicio del segundo mandato de Dilma Rousseff, ese político de trayectoria gris y fuerza descomunal se lanzó a las estrellas. Dominando como nadie los regimientos y reglas jurídicas de la Cámara, maniobró a sus anchas. Acosó y boicoteó al gobierno, se hizo aliado esencial de Michel Temer y su grupo, ostentó su poderío político con la misma osadía que su mujer, Claudia Cruz, una ex presentadora igualmente opaca de la TV Globo, ostentaba gastos millonarios, absolutamente incompatibles con el patrimonio y la renta de la pareja. De carteras de cinco mil dólares a clases de tenis de 60 mil en seis meses, hubo de todo. Nada parecía tener límite para la mujer que comentaba alegremente con sus amigas que estaba entrenándose para ser primera dama, mientras el marido insinuaba claramente que para él, ni siquiera el cielo era un límite.
Bueno, ese tiempo se acabó. Los diputados todos (se calcula en poco más de 200) a los cuales Cunha, en sus buenos tiempos, financió campañas y facilitó negocios nada republicanos, lo abandonaron, con la solitaria excepción de los diez que votaron contra la suspensión definitiva de su mandato y los otros nueve que se abstuvieron de votar. También los medios hegemónicos de comunicación, la banca y el empresariado que elogiaban su desempeño cuando presidía la Cámara y boicoteaba el gobierno de Dilma ahora lo tratan como lo que realmente es, un ladrón voraz y vulgar.
Se acabó el ciclo de poder del corrupto más poderoso de estos tiempos tenebrosos que vivemos en mi país.
Empieza ahora otro tiempo de pesadillas para Michel Temer y el grupo que compone su “núcleo duro”. Todos responden a investigaciones o causas judiciales de corrupción, a empezar por el mismo presidente. Cunha sabe todo de todos.
Podrían, es verdad, haber intervenido para que a Cunha le tocase una punición más blanda. Habría sido un escándalo de dimensiones siderales.
Al abandonarlo a su propia suerte, corren el riesgo tremendo de ser denunciados con amplitud igualmente sideral de pruebas. En esa apuesta, quien más perdió ha sido el país. Temer sigue buscando una legitimidad inalcanzable. Sabe que es y será, para siempre, la más contundente y visible herencia de Eduardo Cunha, el corrupto que a última hora fue abandonado y traicionado por sus pares y por sus cómplices.
Y que sabrá vengarse. O al menos insinúa que sabe.

Fuente: Rebelión.org

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Golpe de 1964 y de 2016, el mismo golpe de clase



Leonardo Boff
Koinomía

Entre el golpe de 1964 y el golpe de 2016 hay una connaturalidad estructural. Ambos son golpes de clase, de los dueños del dinero y del poder: el primero usa a los militares, el otro al parlamento. Los medios son diferentes pero el resultado es el mismo: un golpe con ruptura democrática y violación de la soberanía popular.
Veamos el golpe de 1964. René Armand Dreifuss en su monumental tesis en la Universidad de Glasglow: “1964: la conquista del Estado, acción política, poder y golpe de clase” (Vozes 1981) –un libro de 814 páginas, 326 de las cuales son documentos originales– dejó claro que: «lo que hubo en Brasil no fue un golpe militar, sino un golpe de clase con uso de la fuerza militar» (p. 397).

El asalto al poder del Estado fue tramado por el general Golbery de Couto y Silva sirviéndose de cuatro instituciones que difundían la idea del golpe: el Instituto de Investigaciones y Estudios Sociales (IPES), el Instituto Brasilero de Acción Democrática (IBAD), el Grupo de Análisis de Conyuntura (GLC) y la Escuela Superior de Guerra (ESG). El objetivo manifiesto era: «readecuar y reformular el Estado» para que se adecuase a los intereses del capital nacional y transnacional. He aquí el carácter de clase del golpe.

El asalto al Estado se dio en 1964 y en toda su dureza en 1968 con represión, tortura y asesinatos. El Régimen de Seguridad Nacional pasó a ser el Régimen de Seguridad del Capital.

Para el golpe de 2016 tenemos una minuciosa investigación del sociólogo y expresidente del IPEA, Jessé Souza “La radiografía del golpe” (Leya 2016). Semejante al golpe de 1964, Jessé desvela los mecanismos que permitieron a la élite del dinero ser la organizadora del golpe, realizado en su nombre por el parlamento. Por lo tanto, se trata de un golpe de clase y parlamentario.

Además de esto, Jessé enfatiza «que todos los golpes, inclusive el actual, son un fraude bien perpetrado por los dueños del dinero, que son los reales ‘dueños del poder”. ¿Quién compone esa élite? «La élite del dinero es ante todo la élite financiera, que dirige los grandes bancos y fondos de inversiones y lidera otros sectores de adinerados como el del agronegocio, la industria (FIESP) y el comercio, secundada por los medios de divulgación que deforman y falsean sistemáticamente la realidad social como si fuese “tierra arrasada y país fallido” (es exageración), escondiendo los intereses corporativos detrás del fraude golpista».

El motor de todo el proceso, reafirma Jessé, es la voracidad de la élite del dinero para apropiarse de la riqueza colectiva sin trabas, con otros socios como los medios ultraconservadores, el complejo jurídico-policial del Estado y una parcela del STF (piénsese en Gilmar Mendes).

El proceso dedestitución (impeachment) fue a parar al Senado. Este promovió la destitución de la Presidenta Dilma por delito de responsabilidad fiscal. Los principales juristas y economistas, además de notables testimonios durante las audiencias y de los informes oficiales de varias instituciones, negaron rotundamente la existencia de responsabilidad. La mayoría de los senadores ni se tomó la molestia de oír las consultas con especialistas altamente calificados pues ya habían tomado previamente la decisión de deponer a la presidenta.

El audio de la conversación entre Romero Jucá, ministro de planeamiento, y el exdiretor de Transpetro Sergio Machado, revela la trama: “meter a Michel en un gran acuerdo nacional con el Supremo y con todo; ahí se para todo… y se detiene la sangría del Lava Jato”. Uno de los motivos del golpe era también librar del brazo de la justicia a los 49 senadores (de 81) indiciados o implicados en corrupción. De esta forma, con excepción de los valerosos defensores de Dilma, ese tipo de políticos sin moral, decidieron deponer a una mujer honesta e inocente.

Condenar sin delito es golpe. Golpe de clase y parlamentario. Golpe significa violar la constitución y traicionar la soberanía popular por cuya fuerza Dilma Rousseff fue elegida con 54 millones de votos.

Ayer en 1964, y hoy en 2016, ya sea por vía militar o por vía parlamentaria, funciona la misma lógica: las élites económico-financieras y la casta política conservadora practican la rapiña de gran parte de la renta nacional (Jessé apunta a 71.440 personas, sólo el 0’05% de la población) contra la vida y el bienestar de la mayoría del pueblo, sometido a la pobreza. Buena parte del Congreso es cómplice de este golpe. En él prevalece mayoritariamente la misma intencionalidad estructural de garantizar el statu quo que favorece sus privilegios y sus ganancias.

El proyecto del PMDB “Un puente para el futuro”, de un descarado neoliberalismo como para enrojecer, revela el propósito del golpe: reducir el Estado, disminuir los salarios, liquidar la política de revalorización del salario, cortar gastos de los programas sociales, privatizar empresas estatales, especialmente el Pré-Sal, desvincular gastos obligatorios de la salud y de la educación, reducir al mínimo todo lo que tiene que ver con la cultura, los derechos humanos, las mujeres y las minorías. El ministerio está formado por blancos y en gran parte acusados de corrupción. No hay mujeres ni negros ni representantes de las minorías.

Estamos ante un espantoso retroceso político-social, que agrava la desigualdad, nuestra perversa llaga social, y vacía las conquistas sociales de trece años de los gobiernos Lula-Dilma.

Hay resistencia y oposición multitudinaria en las calles de fuertes grupos sociales y de intelectuales que no aceptan un presidente conspirador y sin credibilidad. La solución serían unas elecciones generales y mediante la soberanía popular se escogería un nuevo presidente que de hecho representase al país.

Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=791

lunes, 5 de septiembre de 2016

Las motivaciones económicas detrás del golpe neoliberal en Brasil


El beneficiario del golpe


Sergio Martín Carrillo
CELAG


Semana aciaga para la democracia en Brasil y en toda la región. Se consumó el golpe contra el gobierno de Dilma Rousseff. Es un golpe contra la democracia. Es un golpe contra los gobiernos del “Partido dos Trabalhadores” (PT) que consiguieron reducir la pobreza extrema en más de un 63%. Es indudablemente un golpe motivado por fuertes razones económicas, pero también es un “golpe racista, misógino y homofóbico” como la propia mandataria reflejó en su discurso ante el Senado. Es un golpe de la élite contra las mayorías. Brasil, ese gigante que durante tantas décadas padeció el hambre, la miseria y las desigualdades heredaras del inefable pasado colonial, que comenzó a despertar de su pesadilla en 2003 con la llegada al poder del PT, y que ahora ve truncarse su sueños de poder cerrar sus venas abiertas por culpa de la voluntad egoísta de unas élites ligadas al capital transnacional.

El siglo XXI supuso para la región un nuevo aroma que hacía demasiado tiempo que no se respiraba. La larga y oscura noche neoliberal acababa. Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay… una ola de cambio recorría la región. Esto se tradujo en avances indudables en los indicadores sociales (sanidad, educación, pobreza, desigualdad…) y en muchos casos también institucionales. Los cambios eran urgentes, porque el paciente entraba en el nuevo siglo en estado de coma. Las recetas muy diferentes de aquellas aplicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM). Aquellas siempre se han mostrado efectivas para el beneficio de las élites y el empobrecimiento de las mayorías.

Pero no es objeto de este texto hacer un mapa del estado de situación en la región y debatir sobr la tesis del supuesto cambio de ciclo. El objeto es centrarnos en Brasil, y concretamente en la propuesta económica que empuja hacia el golpe en Brasil y nos ayuda a entenderlo. Para esto tenemos que volver la mirada atrás un poco hacia atrás.

En primer lugar, como ya se ha dicho, los logros sociales y económicos de los gobiernos del PT son incuestionables. Estos logros sociales se fundamentaron en un aumento de la capacidad redistributiva del Estado, esto a través de una gran cantidad de programas sociales y el fuerte aumento de la inversión social. Sin embargo, la distribución primaria del ingreso no se modificó, pero como el pastel era cada vez más grande, aunque el Estado sacara una buena parte del mismo y lo destinara para mejorar las condiciones de vida de la mayoría, las élites económicas también veían aumentar sus ingresos sin ver en peligro sus privilegios. Así funcionaba el pacto interclasista con el beneplácito del Estado.

En segundo lugar, la ruptura de este pacto se produce con el segundo mandato de Dilma, donde el desencadenante fue la menor disponibilidad presupuestaria. Esta reducción de recursos se presenta en forma de dilema dicotómico. A menores recursos caben dos opciones: 1) quitar a las grandes mayorías y que sean ellas las que soporten el peso de la restricción presupuestaria al más puro estilo neoliberal, o 2) apostar a que sean las élites privilegiadas y adineradas las que soporten con mayor fuerza el ajuste.

¿Por qué salida apostó la presidenta Dilma Rousseff? Pues en un primer momento intentó alargar el pacto con las élites y fruto de ello, entre otras cuestiones, fue la designación como Ministro de Economía de Joaquim Levy, que entró en el gabinete el 1 de Enero de 2015. La prensa opositora lo tomó bien porque esa entelequia que son los mercados decían estar contentos con la apuesta. El resultado tras conocerse esta designación fue la fuerte subida de la bolsa brasilera (la mayor en los tres años anteriores) y el fortalecimiento del Real frente al Dólar estadounidense. Por su parte, en este momento, el lobo con piel de cordero del PMBD celebraba esta reorientación y su recompensa en el Gabinete que pasó de 5 a 6 miembros del partido. El pacto con el diablo parecía funcionar, al menos para mantener contentas a las élites.

Sin embargo, las disputas no tardaron en saltar a la luz, ya que esta reorientación suponía romper con los postulados clásicos del PT. El pacto con la ortodoxia exigía cada vez más ajustes. El detonante se dio en la controversia entre la presidenta Dilma y Joaquim Levy con uno de los programas sociales estrellas del PT, el programa Bolsa Familiar[1]. Finalmente, a menos de un año desde su llegada, concretamente el 17 de diciembre de 2015 se hacía oficial un secreto a voces, la salida de Joaquim Levy del Ministerio de Economía. Ese día, los “mercados” mostraron su descontento. La bolsa brasilera cayó un 2,14% y el Real cayó fuertemente frente al Dólar. Aunque la salida se produjo el 17, las discrepancias venían de mucho antes por la apuesta de la presidenta por la otra salida, aquella que apostaba porque fueran los que más tienen, los que soportaran la restricción presupuestaria. Fruto de esto fue el inicio del proceso de impeachment el 2 de diciembre de 2015. Es decir, el detonante para la activación fue la elección del camino contrario a los intereses de las élites económicas. Las cartas se iban poniendo sobre la mesa. O Dilma Rousseff aceptaba el pacto (chantaje) o la sacarían por cualquier medio de la presidencia.

Para esa fecha, Joaquim Levy ya había cumplido su función. Iniciar una fase de shock económico que además de promover fuertes ajustes, elevó la inflación por encima del 10%, algo impensable un año antes. Las condiciones estaban dadas para que el FMI y el Banco Mundial se unieran al festín. Y por cierto, desde finales de 2015 Joaquim Levy también era Director General y Director Financiero del Grupo Banco Mundial.

Pero aún faltaba el toque de complot de los capitales internacionales. Para esto el FMI fue reduciendo progresivamente las proyecciones de crecimiento de Brasil hasta convertir la situación de la economía brasilera en una gran recesión que no levantaba cabeza. Cuando iniciaba el proceso de impeachment el FMI anunciaba una recesión del PIB de Brasil del 3,8%, mientras que la CEPAL decía en el mes de abril que la caída del PIB sería del 0,9%. El shock, si no es real, debe ser inducido. Sin embargo, tras la llegada provisional al poder de Temer en Abril y con la revisión que hizo en julio el FMI de la economía brasilera, corrigió la caída del PIB para este año al 3,3% debido “a que el desempeño de la economía brasileña en el primer semestre ha sido mejor de lo previsto, y con ello se prevé que la contracción anual será menos drástica de lo que se había pensado”. Además, el FMI también mejoró las previsiones de crecimiento para el 2017, pasando de un crecimiento nulo a un crecimiento estimado del 0,5%. Con esto, se quería evidenciar que el primer paquetazo de Temer tenía rápidamente efectos positivos sobre el crecimiento. Eso sí, por supuesto que obviando las condiciones de vida de las grandes mayorías, la calidad democrática, y cómo no, comparándo con las previsiones anteriores que el organismo había lanzado para desacreditar el desempeño económico del ejecutivo de la presidenta Rousseff. Si finalmente la economía brasilera cae “sólo” el 2%, incluso más de lo que auguraba la CEPAL a comienzos de año, será un supuesto éxito de las políticas temerarias del nuevo ejecutivo en comparación con las previsiones catastrofistas del FMI.

Pero ¿en qué consisten estas medidas económicas del Gobierno de Temer?. El primer paquetazo ha consistido en un fuerte impulso de las privatizaciones de todo aquello que era rentable para el Estado, y por tanto, para la sociedad brasilera. Comenzó por el sector eléctrico, donde se están privatizando más de 200 pequeñas empresas que además de rentabilidad cumplían la función social de llevar electricidad a la mayoría de lugares del país. Las privatizaciones también han llegado a las empresas de transporte y a las de gestión aeroportuaria y portuaria. Otras instituciones públicas se abren a una mayor participación privada como el Seguro de Caixa Económica Federal o el Instituto de Reaseguro de Brasil[2]. Y por supuesto, en la puja por el expolio, no podía faltar la nueva joya de la corona brasilera, los grandes yacimientos petrolíferos del presal.

No sólo están en venta los activos del país. Sino que toda la inversión social, aquella que ha conseguido los tan importantes avances sociales en términos de reducción de la pobreza y la desigualdad o acceso a la educación y la sanidad, también está sufriendo el ajuste. Desde que Temer ocupó de forma provisional la presidencia, expuso su voluntad de eliminar el fondo creado para invertir los ingresos petroleros en educación, en julio eliminó las prestaciones de la Bolsa Familia excluyendo a 10 millones de familias de dicha ayuda. Y esto sólo fueron algunas de las cosas realizadas durante el interinato antes del 31 de agosto. Ahora, ya consolidado el golpe, ha lanzado nuevos recortes en derechos laborales y pensiones, recortes para la salud, donde el ajuste para el próximo año se espera que llegue casi al 40%. Sin embargo, a pesar de todos estos recortes, el déficit público en 2016 según el propio ejecutivo de Temer será de $48.000 millones, mucho más alto que los $27.286 millones de déficit en 2015, que supuestamente era intolerable y motivado por el supuesto despilfarro del dinero público en las medidas de protección social.

Quienes son los ganadores y quienes son los perdedores con el golpe están claros. Cuales son los intereses de los ganadores también. Como dijo Dilma, “la historia será implacable con los que se creen vencedores”. Dilma Roussef sobrevivió a las torturas y vejaciones de un régimen militar, seguro no se arrodillará ante los atropellos de unas élites corruptas que para nada gozan del apoyo popular. El golpe contra la democracia en Brasil es un golpe del capital, intolerante con aquellos gobiernos que piensan en las mayorías por sobre las élites. El neoliberalismo ha vuelto en forma de golpe.

 Notas:

[1] El Programa Bolsa Familiar beneficiaba a casi 60 millones de pobres proporcionando una ayuda financiera para cubrir las necesidades básicas de las familias.

[2] Para un mayor detalle de la primera oleada privatizadora ver Serrano, A. (2016). “Brasil en rebajas” publicado en http://www.celag.org/brasil-en-rebajas/  publicado el 19 de Julio de 2016.

Fuente: Rebelión.org

Fuente: http://www.celag.org/el-neoliberalismo-detras-del-golpe-en-brasil/

jueves, 1 de septiembre de 2016

Brasil después de la democracia




Qué rumbo tomará el descontento popular



Ignacio Díaz
América XXI


¿Y ahora qué? La pregunta resuena en cada rincón de América Latina. La incógnita por el futuro del país más grande de la región está instalada en casi todas las sedes de gobierno del mundo y miles de organizaciones políticas y sociales intentan anticipar las consecuencias de lo que ha ocurrido. Un proceso de impeachment (jui­cio político) sin base jurídica llegó hasta la última instancia, puso al mando del país a un Presidente no electo y revirtió una deci­sión tomada en las urnas por 54 millones de personas hace menos de dos años.

La clausura de esa instancia política fundamental, pese a la notoria pérdi­da de popularidad de quien fue electa presidente, Dilma Rousseff, plantea un dilema central para el futuro nacional y latinoamericano. Si las democracias bur­guesas se sostienen en base al voto de los ciudadanos casi como única instan­cia de participación popular, ¿por dónde se canalizará el descontento social sin esa posibilidad?

El sistema político brasileño está atra­vesado por la corrupción, como mues­tran los avances judiciales del proceso denominado Lava Jato, y cada vez se aleja más del grueso de la población, que reclama elecciones anticipadas para ele­gir un nuevo presidente. Michel Temer apenas tiene el apoyo de entre el 10 y 14% de los brasileños según encuestado­ras pero, sin haber sido elegido, podría ocupar el cargo máximo del país hasta el 1 de enero de 2019.

Giro político

El débil gobierno al mando del país se propone tareas de gran magnitud e impo­pularidad, que probablemente deterioren aún más su pequeña base de sustentación social. La silbatina masiva que recibió en la inauguración de los Juegos Olímpicos en el estadio Maracaná de Río de Janeiro y lo hizo desistir de participar de la cere­monia de cierre junto al primer ministro japonés Shinzo Abe (Tokio será la próxi­ma sede olímpica) le demostró a Temer que su punto de partida es el repudio ge­neralizado.

Su objetivo no es sin embargo ganar apoyos masivos, aunque necesita garanti­zarse un margen mínimo de gobernabili­dad. La Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp) y otras importantes organi­zaciones empresariales, los grandes capi­tales extranjeros (“los mercados”) y fuer­zas políticas de derecha como el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb) son sus verdaderos apoyos. A cambio, debe llevar adelante los planes de ajuste que le exigen. Por eso el Psdb no afloja la presión y llevará hasta el final su denuncia ante el Tribunal Supremo Electoral contra la candidatura Rousseff-Temer de 2014 por financiamiento ilegal, que en última instancia podría anular el resultado de la elección. No buscan eso, pero reclaman un mayor ajuste fiscal.

Temer tendrá su primera presenta­ción internacional el 4 y 5 de septiembre en China, en la cumbre del G-20. Allí bus­cará celebrar reuniones bilaterales, firmar nuevos acuerdos comerciales con China y captar inversiones extranjeras. Irá con un anzuelo: el amplio plan de privatizaciones que prevé anunciar e implementar para reducir el elevado déficit fiscal, agravado desde la suspensión de Dilma.

Después, en Brasilia, se discutirá el centro del programa que burló las urnas. Tres proyectos fundamentales llegarán al Congreso en cuanto sea posible: las refor­mas laboral y jubilatoria y una enmienda constitucional para impedir el aumento real del gasto público. Los contenidos: aumento en diez años de la edad mínima jubilatoria y en cinco años el tiempo ne­cesario de las contribuciones; reducción de derechos laborales como el aguinaldo, horas extras, vacaciones, duración de la jornada; prohibición constitucional del crecimiento del gasto real en educación, salud y viviendas durante 20 años. “Va a imponer que las reglas del trabajo sean firmadas solo entre las dos partes, obreros y patrones. Y promete aprobar una ley en el Congreso que libere la venta de tierras al capital extranjero”, advirtió el fundador del Movimiento Sin Tierra (MST), João Pedro Stedile.

A esto hay que sumarle medidas con­cretas contra la agricultura familiar; obligatoriedad de pagar planes de salud; cierre de las fronteras a los refugiados si­rios; recortes en programas educativos; eliminación de la exclusividad de Petro­bras para la explotación de los yacimien­tos de petróleo en aguas profundas; re­tiro del paquete de leyes anticorrupción enviado por Dilma al Congreso.

Otro giro de envergadura se desenvuel­ve ya en el campo de la política interna­cional. Durante los gobiernos de Lula y Dilma, Brasil confrontó a Estados Unidos en la región, apoyó la incorporación de Venezuela al Mercosur, trabajó en la edi­ficación de Unasur y fundó el grupo Brics junto a China, Rusia, India y Suráfrica. Con José Serra –del Psdb– en la cancille­ría, Brasilia se desplaza nuevamente hacia la órbita de Washington.

Obstáculos sociales

En este nuevo escenario la cuestión clave a dilucidar es cuánto margen social tiene Temer para encarar las medidas que se le exigen, más allá de tener el apoyo de ambas cámaras en el Congreso. Has­ta ahora, decenas de fuerzas sindicales, estudiantiles y campesinas –entre otras– vinculadas al Partido de los Trabajadores (PT) y otros sectores de izquierda se han organizado en torno al Frente Brasil Po­pular, para formar una gran alianza “en defensa de la democracia y de otra políti­ca económica”. Si bien su objetivo inme­diato fue enfrentar el golpe parlamentario con fachada institucional, se reunieron en torno a cuatro puntos: defensa de los de­rechos de los trabajadores; ampliación de la democracia y la participación popular; campaña por reformas estructurales (del Estado, política, del poder judicial, de la seguridad pública, de los medios de co­municación, agraria, urbana, de salud, de la educación y tributaria) y defensa de la soberanía nacional.

Otra alianza de organizaciones, pero sin la presencia formal del PT, es el Frente Pueblo Sin Miedo. Ambos ya tienen casi un año de existencia y tienden a la con­fluencia. Sin embargo todavía no ha ha­bido grandes movilizaciones de masas y, pese a la creciente insatisfacción social, los que salen a las calles por ahora son sólo los militantes.

Ante la posibilidad del llamado a una huelga general, Stedile explicó que “el movimiento sindical encuentra dificultades. Hace 28 años no se realiza en el país una huelga política y la clase obrera, muy joven, no tiene experiencia. Por eso esta­mos discutiendo con las bases la practici­dad de una huelga general”. Pero advirtió que “la lucha de los campos se intensifica­rá”, con crecientes movilizaciones y ocu­paciones de tierras. “Hay un proyecto de ley para liberalizar la venta de las tierras brasileñas al capital extranjero. Los movi­mientos campesinos han amenazado que si el proyecto se convierte en ley, cada ha­cienda vendida al capital extranjero será inmediatamente ocupada”, desafió.

Pese a las dificultades y la fragmenta­ción actual, las condiciones para la re-emergencia del movimiento popular bra­sileño ya están dadas y su poder potencial es demasiado grande para un gobierno que carece de apoyos significativos en la población. Aunque en lo inmediato no se espera una explosión social que revierta la acción del Congreso, no se puede descar­tar una salida anticipada de Temer.

Otro frente para el ex vicepresidente de Dilma es el judicial. Si bien la ley protege al Presidente contra cualquier denuncia por delitos cometidos antes de asumir el car­go, la declaración del empresario Marcel Odebrecht (de la constructora más grande del país) en el caso Lava Jato amenaza con reducir todavía más la popularidad de Temer, que le habría pedido dinero para la campaña de 2014, canalizado ilegalmente a través de Petrobras. Su círculo de fun­cionarios también puede sucumbir ante las delaciones de los “arrepentidos”. Entre ellos José Serra, acusado por el empresario de recibir 23 millones de reales “por fuera” para su campaña presidencial de 2010.

Pese a todo, una de las ruedas institucio­nales sigue su movimiento y los partidos ya están en campaña para las elecciones municipales del 2 de octubre. A un mes de la votación, predominan las denuncias cru­zadas de corrupción y otros delitos contra una larga lista de candidatos. Será la pri­mera vez que los partidos se sometan a las urnas desde que las investigaciones judi­ciales por corrupción salpicaron a miem­bros de casi todas las fuerzas políticas. La prueba es importante para el PT, el Psdb y el Pmdb de Temer. Para el partido de Lula, al que algunos exigen que se lo declare ile­gal, el eje está puesto ahora en la moviliza­ción social.

Obstáculos económicos

La continuidad de la recesión, con una caída del PIB estimada en 3,5% para este año, el desempleo por encima del 11% y el alto déficit fiscal ensombrecen los pro­nósticos favorables que busca instalar el gobierno de Temer. Según el presidente en funciones la economía ya da “señales de recuperación”, las empresas y familias elevan la confianza y en 2017 Brasil vol­verá a crecer. Una de las señales serían las ganancias que los capitales financieros es­tán obteniendo en la Bolsa de San Pablo. Otra es la fuerte apreciación del real frente al dólar durante los últimos ocho meses.

La principal exigencia empresarial es la reducción del déficit. Pero el Pmdb profundizó el rojo de las cuentas fiscales al aumentar salarios de funcionarios pú­blicos y jueces y multiplicar la cantidad de cargos para nombrar en el Congreso, con la inconfundible intención de garan­tizar el avance y aprobación definitiva del proceso de impeachment. Este año el déficit no bajará de los 170 mil millones de reales (53 mil millones de dólares) y la meta para 2017 es llevarlo a 139 mil millones de reales (43 mil millones de dólares) con los ingresos que se esperan de las privatizaciones.

En el terreno industrial, la producción fabril aumentó 1,1% de mayo a junio, pero registró una caída interanual de 6% y una baja semestral de 9% según información oficial. Datos de julio mos­traron el desplome de la producción de automóviles: 15,3% en doce meses por una merma de 20,3% en la demanda de nuevos vehículos.

Los 12 millones de brasileños desem­pleados y los 10,3 millones a los que se considera “trabajadores informales”, incluyendo los que pasan el día en los semáforos, y ganan hasta medio salario mínimo (440 reales) siguieron creciendo en los últimos meses, según datos de la FGV.

Pese a la falta de empleos, Temer cortó de inmediato el plan de vivienda guberna­mental, que procuraba construir dos mi­llones de casas en dos años y generar 1,3 millones de empleos, según cálculos de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Futuro del PT

El 16 de agosto Dilma y Lula fueron for­malmente imputados y serán investigados por “obstrucción de la justicia” en el caso Lavo Jato, que develó el esquema de sobor­nos pagados por grandes constructoras con eje en la estatal Petrobras. La acusación seña­la que estaban al tanto del sistema de coimas y quisieron bloquear las investigaciones.

Lula eligió apostar a una campaña inter­nacional para denunciar una persecución política y judicial en su contra, cuyo fin se­ría impedir su candidatura en 2018. Busca reconstruir el PT desde la movilización de las bases en las calles.

Dilma decidió enfrentar a los senado­res y dar un mensaje público al pueblo brasileño en apoyo a la convocatoria a elecciones anticipadas. Propuso un pac­to por la unidad nacional, el desarrollo y la justicia social como “único camino para salir de la crisis” y sostuvo el lema “ni un derecho menos”. También habló del “agotamiento del sistema político” y planteó que es necesario “superar la frag­mentación de los partidos, transparentar el financiamiento electoral, fortalecer la fidelidad partidaria y dar más poder a los electores”. Por último, defendió con ar­gumentos claros su honestidad y señaló la ilegalidad del impeachment, pero no hizo autocrítica sobre el rumbo que im­primió a su gobierno el año pasado tras dar la espalda a sus votantes.

¿Se recuperará el PT de este último golpe? Es la gran incógnita. Y no sólo para Brasil. El partido estaba debilitado, desmotivado y desmovilizado hace tiempo. Su posibilidad de resurgir depende ahora de la reacción social que provoquen el golpe y el nuevo programa de gobierno.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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