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sábado, 4 de febrero de 2017

Las sonrisas de la señora May





por Thierry Meyssan

En momentos en que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca abre una nueva etapa en las relaciones internacionales, cada Estado va tratando de reposicionarse. El gobierno británico, después del referéndum que lo obliga a salir de la Unión Europea, trata de conciliar los intereses de su clase dirigente con los del pueblo. Con ese objetivo, la primera ministro Theresa May está explorando opciones contradictorias.
Las cosas nunca son sencillas. El cambio de administración en Washington debería llevar a la erradicación de la Hermandad Musulmana y del conjunto de grupos yihadistas nacidos de esa cofradía. En sólo una semana, el nuevo presidente de Estados Unidos publicó un Memorándum sobre la manera de combatir realmente contra el Emirato Islámico (Daesh) [1]. Sin embargo, los aliados de Estados Unidos no parecen dispuestos a someterse tan fácilmente a ese giro de 180 grados en relación con una política de la que ya han aprendido a sacar ventajas.

El Reino Unido se plantea en este momento diferentes opciones que se le abren con el Brexit: acercarse a la potencia económica en ascenso, que es China, o apostar nuevamente por la alianza anglosajona y conformar un directorio mundial con Estados Unidos. El problema es, por un lado, que los chinos conservan un desastroso recuerdo de la colonización británica y que están mostrando a Hong Kong que no tienen ninguna intención de ir más allá con el acuerdo conocido como «Un país, dos sistemas» mientras que, por otro lado, los estadounidenses quieren reemplazar el imperialismo militar por un renacimiento comercial.

Dado el hecho que Donald Trump no quiso por el momento viajar a Londres, fue la primera ministro Theresa May quien se apresuró a cruzar el Atlántico. En un sorprendente discurso pronunciado ante los congresistas republicanos en Filadelfia, la señora May recordó la historia común que comparten su país y Estados Unidos y la influencia internacional del Commonwealth, para concluir anunciando que está dispuesta a establecer con el presidente Donald Trump una relación similar a la que existió entre Ronald Reagan y Margareth Thatcher, tándem que dominó el mundo occidental en los años 1980.

Durante su encuentro con el presidente Trump, la primera ministra británica fue toda sonrisas. Se felicitó por el acuerdo comercial bilateral que anunció Trump, aunque ese acuerdo no podrá entrar en vigor hasta que el Reino Unido haya salido efectivamente de la Unión Europea, lo cual no ocurrirá antes de uno o 2 años.

Como no está segura de haber sido lo suficientemente convincente, la señora May viajó después a Turquía. Durante su encuentro con el presidente Recep Tayyip Erdogan, la primera ministro británica anunció –por supuesto– un desarrollo del comercio bilateral. Pero, no era ese el verdadero objeto de su visita. Las conversaciones con Erdogan estuvieron dedicadas principalmente a buscar la manera de que Londres y Ankara puedan aprovecharse juntos de la Unión Europea, desde afuera.

Pero lo primero que hizo la jefe del gobierno británico fue felicitar al dictador por haber defendido de manera brillante la democracia durante el abominable intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016, que en realidad fue un intento de asesinato orquestado por la CIA contra Erdogan. Ya en julio, el embajador británico en Turquía fue el primero en cambiar de casaca y celebrar la victoria del «Estado de derecho».

La idea más reciente del Foreign Office consiste en “resolver” el conflicto chipriota otorgando derechos económicos especiales a Turquía. Ankara podría así gozar de las ventajas del mercado común europeo sin ser miembro de la Unión. Esa jugada también permitiría a Londres utilizar ese privilegio para seguir comerciando con la Unión más allá del Brexit. La idea es ciertamente una muestra de astucia, pero no de buena fe, ni tampoco inspira la confianza que la propia señora May exige a Bruselas para negociar el Brexit.

Theresa May expresó inquietud ante el acercamiento entre Turquía y Rusia, surgido a pesar del antagonismo secular existente entre ambas partes. Como la señora May ha entendido que las negociaciones de Astaná no tienen como objetivo conciliar puntos de vista entre los sirios sino permitir a Turquía dar un primer paso hacia Damasco, lo que hizo fue tratar de crear problemas en el seno de la naciente alianza. Desde su punto de vista, el problema no es que Erdogan esté preparándose para abrazar al presidente Assad –después de haberlo combatido durante largo tiempo– sino que lo haga bajo los auspicios del gran rival ruso del Reino Unido.

En cuanto a Siria, Londres podría ayudar en la lucha contra los kurdos si Ankara le entregara el control de los yihadistas –una propuesta que contradice totalmente la que hizo a los estadounidenses. Pero eso no importa, históricamente la «pérfida Albión» siempre ha tenido la costumbre de decir cosas muy diferentes a sus distintos interlocutores para ver con el tiempo lo que funciona y lo que no.

Thierry Meyssan
[1] «Donald Trump disuelve la organización del imperialismo estadounidense», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 30 de enero de 2017.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).



Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional


Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Las sonrisas de la señora May», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 31 de enero de 2017, www.voltairenet.org/article195151.html

viernes, 5 de agosto de 2016

Turquía, la contrarreforma



VALENTÍN POPESCU 


La actual crisis turca y, sobre todo, la extrema violencia de la represión gubernamental adquieren una lógica impecable si se las enmarca en la más ambiciosa contrarrevolución en la historia del país.

En los años veinte del siglo pasado, un grupo de jóvenes militares encabezado por Mustafa Kemal Atatürk se rebeló contra el sultanato y llevó a cabo una de las revoluciones más profundas de los tiempos modernos. Transformó una nación atrasada, inmovilista, corrupta y sumida en una cultura –la árabe y coránica– que no era la suya en un Estado laico, occidentalista (hasta el extremo de adoptar el alfabeto latino), parlamentario y moderno.

Atatürk, consciente de las dimensiones del cambio emprendido, nombró albacea político de la revolución reformista al ejército. Y si bien el generalato ejerció repetidas veces su función de juez último de la política turca con golpes de Estado sangrientos (como el ahorcamiento del presidente Mandes en 1960), ni pudo ni intentó atajar la corrupción renaciente ni una decadencia cultural y económica cada vez mayor.

En este contexto aparece políticamente Recep Tayyip Erdogan, hijo de un marinero pobre de Estambul, que logra escolarizarse en un centro islámico en el que destaca por la vehemencia de su fe. Esto ya es una primera confrontación con la revolución kemalista, que es ante todo laicista. La segunda se produce cuando Erdogan, envalentonado por sus grandes éxitos como alcalde de Estambul, comienza a movilizar a los descamisados de toda Turquía en nombre Alá y la justicia. La respuesta de los militares es inmediata y Erdogan es encarcelado en 1999, con lo cual el odio del actual presidente turco al generalato se vuelve infinito.

Unas reformas jurídicas le permiten a Erdogan volver a la política y conquistar el poder en el 2003, en el momento de mayor decadencia económica sufrido por el país desde la supresión del sultanato. Los éxitos económicos se suceden a partir de entonces y con ello crecen las ambiciones erdoganistas de contrarreforma de Turquía y la sociedad turca. Quiere volver a la preeminencia absoluta del islamismo en la vida del país; quiere restaurar una especie de “sultanato parlamentario”, en el que lo parlamentario es sólo forma y el poder del jefe, absoluto. Y quiere una hegemonía étnica turca en el país que resulta incompatible con las pretensiones autonómicas de los kurdos.

Desde el primer momento de su ascenso al poder, Erdogan se ha dedicado a debilitar al ejército y a marginar a los intelectuales laicistas porque son sus principales enemigos fácticos e ideológicos. Lo fue haciendo paso a paso, ya que la empresa era excesiva para un golpe de fuerza o un decretazo.

También su islamismo se fue personalizando y adquirió tintes más de califato que de sultanato, por lo que rompió la alianza con el líder religioso Fethullah Güllen, exilado ahora en Estados Unidos.

Y así, el frustrado golpe de Estado del pasado 15 de julio fue el pretexto esperado – si es que no fue provocado– para proceder a una eliminación radical de enemigos reales y potenciales con decenas de miles de detenidos y miles de centros culturales clausurados.

Fuente: La Vanguardia

viernes, 22 de julio de 2016

Erdogan en fase mutante




Tino Burgos
Cuando se todavía no se ha cumplido una semana del intento de golpe de estado frustrado en Turquía siguen existiendo numerosas zonas de sombra que dificultan comprender, en condiciones, lo que está ocurriendo realmente en el país. En todo caso, aunque se mantienen en el aire preguntas importantes (quién animó el golpe y quiénes eran los inductores, cómo es posible que la conspiración no fuera detectada por los servicios de seguridad, por citar las más interesantes) lo cierto es que el aluvión de medidas adoptadas en los días siguientes por el gobierno de Erdogan permiten ver claramente quién va a resultar finalmente beneficiado tras estos hechos.

No hubo golpe laico

Aunque en los primeros momentos se presentó el cuartelazo como un movimiento militar de carácter laico, la realidad ha venido a demostrar que tal apreciación era errónea. Sin duda la tradición intervencionista del ejército turco en décadas pasadas hizo que se deslizara la idea de que se trataba de un golpe más de la serie de intervenciones militares para corregir el rumbo político de la república laica fundada por Mustafa Kemal (“Ataturk”). A este hecho contribuyó, sin duda, la deriva islamizadora impulsada por Erdogan en los últimos meses así como su empeño en impulsar una intervención en Siria que no ha ocultado su apoyo a grupos yihadistas radicales como es el caso del autoproclamado Estado Islámico.

En todo caso algunos medios han señalado, a posteriori, la dificultad del sector laico del ejército para impulsar un golpe teniendo en cuenta que durante su primera legislatura Erdogan se empleó a fondo para golpear a esta corriente por medio de grandes procesos judiciales englobados bajo el nombre de Ergenekon.

Hay un aspecto que llama la atención, y es el hecho del tiempo que ha tardado Erdogan en reunir al Consejo de Seguridad Nacional teniendo en cuenta la gravedad de la situación. Tal vez el gobernante haya decidido tomar las decisiones antes de esa reunión para presentarse ante los militares en posición de fuerza.

Otro aspecto sorprendente a considerar es la posible transformación sufrida por el ejército turco en la última década. Considerado tradicionalmente como bastión del laicismo, esta corriente ha debido acostumbrarse a convivir con un gobierno islamista que aplica una política cada vez más descubierta. Pensar en la existencia de una facción islamista dentro del ejército es algo que entra dentro de lo posible. Sin embargo lo que resulta difícil de explicar es la desaparición del sector laico y su sustitución por dos facciones islámicas enfrentadas que serían, supuestamente, quienes han medido sus fuerzas en estos días. Algunas piezas no encajan bien en ese rompecabezas.

Sobre el desarrollo del golpe hemos visto en los días siguientes una serie de imágenes que llaman la atención por su brutalidad. Los militares insurrectos no tuvieron ningún problema en bombardear las instalaciones del hotel donde supuestamente se alojaba Erdogan así como el Parlamento, pese a que justificaban el golpe con la idea de restablecer la democracia. Igualmente los enfrentamientos entre civiles y militares por el control de los puentes del Bósforo han ofrecido imágenes violentas que permiten hacer una reflexión sobre el modo de actuación del ejército turco. El resultado de estos enfrentamientos ha sido el de trescientos muertos en diversas zonas de las grandes ciudades. Si este ejército es capaz de bombardear espacios civiles en la propia Estambul, se puede imaginar, sin dificultad, los niveles de violencia y destrucción que viene causando en los últimos meses en las ciudades kurdas como Diyarbakir (barrio de Sur), Cizre, etc. para retomar el control de las mismas que hoy están en manos de milicias kurdas.

El golpe era entre islamistas

A estas alturas parece claro que el golpe era entre islamistas, el AKP y Erdogan frente a los seguidores del clérigo Fetullah Gülen. Una batalla entre dos colosos que tiene su origen cuando los medios de comunicación adeptos a la línea de Gülen denunciaron casos de corrupción en los que estaría implicado el hijo de Tayip Erdogan. Desde entonces la lucha es a muerte y las detenciones, juicios con acusaciones de deslealtad al estado, cierre de periódicos, etc. han sido moneda corriente.

En todo caso, la afirmación de que se trata de un golpe de inspiración islamista es algo que no se puede apoyar, a día de hoy, en hechos concretos, aunque sí en las consecuencias de la asonada militar. Observando quiénes resultan beneficiados y perjudicados parece claro que el AKP va a impulsar una línea de control absoluto de las instituciones del estado y los seguidores de la cofradía de Gülen van a ver cómo se desmantelan sus estructuras y se detiene a sus seguidores.

El llamamiento a la movilización del AKP y el apoyo de las milicias del ultranacionalista MHP han logrado por el momento poner fin al cuartelazo. En las manifestaciones desarrolladas en días posteriores se ha podido ver una profusión de banderas turcas (algo habitual) así como de grupos islamistas y nacionalistas. Todo el arco parlamentario ha condenado el golpe pero solo el partido de los Lobos Grises (milicias ultra nacionalistas y anticomunistas acusadas de múltiples asesinatos en los años setenta y ochenta) se ha unido a la causa de Erdogan en una reedición de la anticomunista síntesis turco-islámica que tanto gustaba a los militares turcos en la época de la Guerra Fría para enfrentar el ascenso de la izquierda.

Erdogan como mutante

Como consecuencia del fracaso del golpe, los medios de comunicación se han hecho eco de numerosas declaraciones que llamaban a defender las instituciones y libertades democráticas y se felicitaban por el fracaso del levantamiento. Sin embargo, pocas horas después, cuando comenzaron a hacerse públicos los datos de detenciones así como las medidas adoptadas desde el gobierno, surgieron las primeras sospechas y recelos. El fracaso del golpe, en lugar de fortalecer las libertades democráticas, está sirviendo para que Erdogan limite, aún más, el débil marco de libertades existentes en Turquía. El triunfo del gobierno se está convirtiendo en un auto-golpe en la medida en que todas las decisiones se deslizan hacia el campo del despotismo. Con Erdogan la democracia estaría entrando en un proceso de mutación que puede suponer el final de las libertades democráticas que dice defender. A la luz de los hechos recientes confiar en la sinceridad de Erdogan para defender la democracia podría ser tan arriesgado como poner al zorro a cuidar el gallinero.

Conviene recordar aquí que Erdogan y su AKP surgieron, con el inicio del siglo, presentando como ejes de su política la renovación, el liberalismo y la democratización. Con estas ideas se pretendía dar seguridad a los militares de que el nuevo islamismo era compatible con el modelo de estado laico y las libertades democráticas. El hecho de que Erdogan impulsara su formación tras haber sido encarcelado, contribuyó a forjar la idea de que su propuesta era capaz de cerrar el enfrentamiento y la desconfianza con la que el ejército, guardián de las esencias laicas, veía a los grupos islamistas desde décadas atrás.

Sin embargo, aunque durante su primera legislatura se contuvo en su aspiración islamizadora, en la práctica los sectores laicos capitaneados por el oficialista CHP denunciaron la existencia de una agenda oculta para islamizar el país. Cuando han transcurrido más de diez años algunos datos pueden ilustrar cómo se ha desarrollado el proceso. En la actualidad existen en Turquía ochenta y cinco mil mezquitas de las cuales diez mil se han construido durante el mandato de Erdogan. Los funcionarios religiosos han pasado de setenta y cinco mil a ciento veinticinco mil en una década. Se ha procedido a limpiar el ejército de elementos laicos, se han impulsado leyes que afectan a las mujeres y sus derechos reproductivos, se aprobó la posibilidad de que las niñas puedan usar velo a partir de los diez años, ha resurgido la censura en medios como la televisión, cerca de mil quinientos centros escolares de la red pública se han convertido en escuelas religiosas (iman hatip) etc. Desde el estallido de las revueltas árabes Erdogan se presentó como el abanderado de los cambios desde una perspectiva islámica enfrentada a una solución democrática, ofreciendo el modelo turco como la vía para acercarse a occidente. Con el estallido de la revolución en Siria y su evolución hacia un conflicto civil generalizado, la vinculación a grupos islamistas radicales se ha profundizado. Convertir la caída de Basher el Assad en objetivo nacional ha significado vincularse a fuerzas oscuras como el autoproclamado Estado Islámico quien, finalmente, ha comenzado a actuar en el interior de Turquía, primero contra el movimiento kurdo durante las campañas electorales, buscando acabar con su apoyo a los combatientes kurdos de Kobane en Siria y, finalmente, con atentados en las grandes ciudades de Ankara y Estambul. Definitivamente Erdogan ha entrado en una fase de mutación que no se sabe todavía cómo acabará.

En el plano interior habría que reseñar que tras la primera mayoría absoluta de Erdogan, el presidente anunció en varias ocasiones su deseo de proceder a una reforma constitucional que permita convertir a Turquía en una república presidencialista que concentre amplios poderes en manos del ejecutivo. Este proyecto estaba incluido en las propuestas con las que el AKP se presentó a las elecciones del año 2014 en las que perdió la mayoría absoluta, un factor que impedía poner en práctica el modelo planteado. Sin embargo aquellos resultados electorales ofrecieron un Parlamento en los que no había posibilidad de formar gobierno, hecho que aprovechó el AKP de Erdogan para convocar nuevamente a las urnas al año siguiente, ocasión en la que pudo ver logrado su objetivo. En ambos casos las fuerzas de izquierda, turcas y kurdas, se presentaron bajo las siglas del DHP logrando un éxito histórico al alcanzar la posibilidad de obtener un grupo parlamentario propio.

Un riesgo importante de todo este proceso de islamización es la posibilidad de que se reactive el enfrentamiento entre alevis, de inspiración chiita que representan en torno al 20% de la población y la mayoría sunnita ortodoxa. Esta fractura sectaria estaba presente en los enfrentamientos en los años setenta y noventa. La islamización emprendida desde el gobierno, reforzada por la rigidez del autoproclamado Estado Islámico, se dirige hacia una sunnización del país lo que sin duda es un riesgo para la estabilidad interna. La población alevi, que comprende a turcos y kurdos, es importante en el este kurdo y está presente también en grandes barrios de las ciudades del oeste de Turquía. Tradicionalmente los alevis se identifican con el modelo laico como medio para evitar que la ortodoxia sunnita se imponga sobre sus costumbres y prácticas religiosas. En las zonas donde predominan los alevis las fuerzas laicas y corrientes de izquierda suelen tener una presencia mayor. Precisamente en los días del golpe, en algunos barrios de Estambul grupos radicales como el Halk Cephesi (Frente Popular) han impulsado la formación de milicias de autodefensa ante el temor de que la inestabilidad sea aprovechada por sectores yihadistas para provocar atentados.

Los datos de la represión

Cuando apenas ha pasado una semana desde el inicio del golpe los datos que comienzan a manejar los diferentes medios de comunicación y gobiernos occidentales dan miedo por la amplitud de la represión y la diversidad de sectores afectados: se han cerrado medios de comunicación cono Zaman, de inspiración islamista y amplia circulación por el país, así como la agencia de noticias Cihan. El número de militares detenidos asciende a 7 500 entre los que se encuentran 85 generales y almirantes; 2 750 jueces han sido también detenidos así como 8 000 policías a los que habría que añadir otro millar suspendido en sus funciones. En el sector de enseñanza se habla ya 21 000 enseñantes de la red privada, muy importante en el país, en manos de sectores religiosos, suspendidos a lo que habría que añadir más de 1 500 decanos y catedráticos de universidad y otros 20 000 funcionarios religiosos y de enseñanza. Los estudiantes presentes en el extranjero han sido comninados a retornar al país. De seguir con este ritmo los próximos días las cárceles turcas volverían a llenarse de presos políticos como ocurrió tras los golpes de 1971 y 1980 siendo este último el que dejó un mayor número de personas detenidas, torturadas y sometidas a duros procesos judiciales de los que salieron con graves condenas y sentencias de muerte.

La comunidad internacional desorientada

En medio de todos estos hechos la comunidad internacional apenas está levantando la voz para pedir explicaciones o solicitar el respeto a las libertades y los Derechos Humanos. A unas primeras declaraciones de condena al golpe han seguido tímidas muestras de preocupación por la dirección que está tomando el país. Sin embargo, desde los medios oficiales europeos, gobiernos occidentales y el norteamericano existe la convicción de que Turquía es una pieza clave para intentar contener la guerra en Siria, el flujo de refugiados hacia Europa así como en la lucha contra el autoproclamado Estado Islámico. Si antes se venía aplicando una política oídos sordos consistente en no darse por enterados de algunas actuaciones políticas de Turquía (flujo de refugiados y respeto a derechos individuales, connivencia con el autoproclamado Estado Islámico, etc.) ahora la diplomacia occidental debe hacer frente a una situación inesperada. Turquía, el aliado preferencial, miembro de la OTAN, modelo laico y demás, se está convirtiendo en una dictadura gracias al gobernante que se transformó en un despótico tirano. Occidente necesita a Erdogan y éste utiliza esta necesidad para imponer sus propios objetivos sabiendo que será muy complicado romper los múltiples lazos que unen a Turquía con Europa.

De momento de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional han salido temas que incomodan a cualquier demócrata, como son la declaración del estado de emergencia en todo el país durante tres meses, la posible reintroducción de la pena de muerte y la amenaza lanzada por Erdogan de derogar la vigencia de la Convención Europea de los Derechos del Hombre. Conviene recordar la existencia de trágicos antecedentes como la condena a la horca del exPresidente Adnam Menderes en 1961 y la vigencia del estado de excepción (OHAL) en las provincias kurdas del sureste durante varios lustros, hecho que facilitó la aplicación de una política de tierra quemada causante de treinta mil muertes.

El movimiento kurdo ante el golpe

El HDP, partido prokurdo presente en el parlamento, condenó el intento el golpe sin paliativos. Sin embargo, las fuerzas kurdas tienen que hacer frente a una situación diferente a la que existe en el conjunto de Turquía por lo que su análisis es distinto en algunos aspectos.

Habría que señalar que, en las zonas kurdas, la guerra entre militantes del PKK y tropas gubernamentales es una realidad presente en todos los rincones. Numerosos combates se suceden en las zonas montañosas causando bajas por ambas partes. La ruptura de la tregua por parte del gobierno ha sido calificada como el adiós a la última posibilidad de resolver el conflicto por medio de métodos pacíficos. Desde entonces los combates se han extendido a varias ciudades que han proclamado su autonomía siendo sometidas a duros asedios y la implantación de un estado de excepción que ha causado cientos de muertes. Como consecuencia de todo ello se está procediendo a la disolución de ayuntamientos democráticos, detenciones generalizadas de cargos electos al tiempo que el parlamento ha dado luz verde a un proyecto de ley para levantar la inmunidad de los parlamentarios del HDP e iniciar el proceso de ilegalización.

Con estos datos parece normal que la primera reacción expresada por el KCK (Consejo de Comunidades del Kurdistán), organización paraguas que agrupa a todos los grupos situados en la órbita del PKK, sea una descalificación total de Erdogan señalando que un individuo capaz de aplicar una política de guerra como la que está impulsando en Kurdistán no puede ser considerado como un demócrata. Para el CKC el golpe de Erdogan se puso en marcha a partir de la repetición de las elecciones del año 2015 coincidiendo con el reinicio de la guerra y la represión generalizada sobre la población civil en las zonas kurdas. Alerta de la gravedad de la situación y denuncia la aprobación de una ley que blindará a los militares turcos ya que se garantiza que no se les podrá juzgar por sus actuaciones ocurridas para combatir a las guerrillas del PKK.

Considera el CKC que el golpe es un fiel reflejo de la falta de democracia en Turquía donde un poder despótico debe ser desplazado por otro semejante. Solamente la alternativa patrocinada por el movimiento kurdo puede impulsar un proceso de democratización real a la vez que proceder a una solución pacífica del conflicto kurdo.

Fuente: Viento Sur

* Tino Brugos es miembro del Consejo de Redacción de VIENTO SUR

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martes, 19 de julio de 2016

Erdogan, el gran manipulador

Recep Tayyip Erdogan EFE


Es un tipo frío, manipulador e implacable que ha ido perdiendo el halo con el que llegó a poder: el rostro de un islam amable y moderado capaz de integrarse en la Unión Europea
Estamos ante un autócrata en grave riesgo de acabar como un dictador


Ramón Lobo  


Grupo de Gülen considera "irresponsables" las acusaciones de Erdogan

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan (Estambul, 1954), es un émulo del ruso Vladimir Putin: utiliza las instituciones democráticas más o menos vaciadas de contenido para llevar a cabo un gobierno autoritario sin concesiones a la disidencia. Así gobierna desde que se encaramó a la presidencia en 2014. Ahora, será peor.

Es un tipo frío, manipulador e implacable que ha ido perdiendo el halo con el que llegó a poder en 2003 (como primer ministro): el rostro de un islam amable y moderado capaz de integrarse en la Unión Europea, un puente entre la radicalidad de Al Qaeda y la democracia occidental. Ese fue el personaje que compró José Luis Rodríguez Zapatero en 2007 para la Alianza de las Civilizaciones, que hoy parece una antigualla en una región arrasada por la guerra y la violencia desencadenada por la estúpida invasión de Irak de marzo de 2003 y los aún más estúpidos primeros meses de postguerra, cuando EEUU disolvió las Fuerzas Armadas de Irak creando todo tipo de insurgencias, incluido el germen de lo que hoy es el Estado Islámico.

Erdogan reactivó el conflicto kurdo con la excusa de la guerra de Siria, después de que la guerrilla del PKK se asentara en un alto el fuego que parecía la antesala de un acuerdo de paz capaz de poner fin a un conflicto de décadas que ha causado miles de muertos. Los kurdos turcos representan algo más del 15% de la población. No es una realidad que se pueda ignorar. Para el émulo de Putin sus kurdos son Chechenia: un pin pan pun que se puede activar cuando la base de poder se tambalea.

Antes de seguir hay que aclarar que existen dos tipos de kurdos: los buenos, los de Irak que luchaban contra Sadam Husein y hoy controlan pozos petroleros cuyo maná nos llega a través de las compañías occidentales, y los kurdos malos, los de Turquía, a los que Ankara y EEUU consideran terroristas pese a que sus métodos de lucha no se diferenciaran tanto de los métodos de los kurdos buenos. Luego están los kurdos sin calificar; no sabemos si favorecen o perjudican nuestros intereses. Son los kurdos sirios, la única fuerza armada fiable de las que luchan contra el Estado Islámico en Siria si Occidente tuviera ojos y cabeza. Y están los kurdos de Irán.

El PKK volvió a ser el malo de la película cuando el izquierdista y prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP: Halkların Demokratik Partisi), obtuvo un excelente resultado en las elecciones de junio de 2015: un 12,5% de los votos y 78 escaños. El HDP arrasó en las provincias kurdas: Diyarbakir (78%); Hakkari (86%); Sirnak (88%).

En aquellas elecciones, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan no obtuvo su esperada cuarta mayoría absoluta ni los dos tercios que anhelaba para reformar la Constitución y diseñar un sistema a su medida. Hubo bloqueo, pasaron los plazos, no se pudo constituir gobierno y se repitieron las elecciones.

En el segundo intento en noviembre de 2015, con la guerra contra el PKK convenientemente activada y unida a la criminalización del HDP desde los muchos medios oficiales, el AKP de Erdogan alcanzó su mayoría absoluta. El líder del HDP, Selahattin Demirtas, resumió bien lo que el presidente Erdogan busca: una dictadura constitucional. Lo que le negaron las urnas, se lo ha servido en bandeja de plata el fracasado del golpe. El mismo Erdogan lo dijo en Estambul: “Un regalo de dios”.

Turquía es miembro de la OTAN, pero en el caso de la guerra de Siria tiene agenda propia. Más allá de la compra del petróleo contrabandeado por el Estado Islámico, la vista gorda en su frontera con Siria por la que entran armas, dinero, pertrechos y combatientes extranjeros, Erdogan quiere marcar territorio, erigirse en potencia regional frente al Irán chií y sus sucursales en Bagdad, Damasco y el sur de Líbano (Hezbolá). No hay que olvidar que debajo de la piel de la Turquía actual fluyen siglos de civilización e imperio que los convierte orgullosos de su pasado.

Sus supuestas intervenciones militares en Siria contra el Estado Islámico han estado enfocadas en atacar posiciones de la guerrilla kurda de aquel país (YPG: Unidad de Protección del Pueblo), por miedo a que sus éxitos en una Siria en descomposición puedan dar vida al sueño de un Kurdistán independiente, incrustado en todos los kurdos desde el hundimiento del imperio otomano y la traición británica, que incumplió su promesa de ayudarles a tener un Estado.

Todo esto es esencial para entender el golpe de Estado del viernes, quizá el último coletazo de las Fuerzas Armadas creadas por Mustafá Kemal Atatürk, padre de la Turquía moderna, que las modeló como garante del Estado laico. El fracaso de la intentona deja expedito el camino para que Erdogan realice una profunda purga en el Ejército, que de alguna manera estaba en marcha desde hace años.

Que se extienda a miles de jueces y fiscales indica cuáles son los fines del presidente: acabar con toda resistencia a sus planes de refundar la república, sea militar, judicial o legislativa. Ya ha dictado orden de perseguir a los partidarios del religioso exiliado en EEUU, y antiguo mentor, Fetullah Gülem, una venerable figura convertida en el único verdadero opositor junto al HDP. Erdogan en su desvarío de poder, entiende como crítica cualquier muestra de tibieza en el apoyo inquebrantable.

Ya ha acabado con la mayoría de los medios de comunicación independientes y encarcelado a decenas de periodistas, defensores de los derechos humanos, líderes de la sociedad civil y profesores universitarios. Ahora amenaza a los diputados de la oposición con retirarles la inmunidad parlamentaria a capricho. Si hay dudas del delito, se les acusa de terrorismo.

Su censura no es solo analógica, llega también a las redes sociales, que corta y vigila. Es una ironía que el censor de Facebook, Twitter y YouTube salvara su presidencia en un mensaje en FaceTime llamando a sus seguidores a salir a la calle.

El golpe y su fracaso, las purgas y las declaraciones subidas de tono, en las que se acusa a EEUU y a la OTAN de estar detrás del golpe (es sospechosa la tardanza en condenar la intentona; hasta que no habló Obama, ya fracasada, no habló nadie) van a tensar unas relaciones que ya estaban deterioradas, hasta el punto de que algunos analistas estadounidenses abogaban hace meses por expulsar a Turquía de la OTAN.

A esta Turquía intolerante y represora estamos devolviendo (con el pago añadido de 6.000 millones de euros) a decenas de miles de refugiados sirios que huyen de la guerra con la excusa de que es “un país seguro”. ¿Seguro? ¿Para quién?

Llamar sultán a Erdogan es un recurso reduccionista, un titular fácil. Estamos ante un autócrata en grave riesgo de acabar como un dictador. Fracasó un golpe, ahora triunfará el otro. Pierden los turcos, pierde la UE, pierden las víctimas.

Fuente: eldiario.es

domingo, 17 de julio de 2016

La frágil Turquía de Erdogan




EDITORIAL
 La Vanguardia

Los golpistas han fracasado pero el presidente Recep Tayyip Erdogan no sale reforzado de este episodio, al contrario. Turquía, miembro de la OTAN y socio clave de la Unión Europea, país bisagra estratégica entre las democracias occidentales y un Oriente convulso, vive horas de inestabilidad y tensión, que se añaden al resto de crisis regionales que impactan sobre la frontera más vulnerable del espacio europeo. Tras el terrible atentado yihadista en Niza, la posibilidad de un conflicto civil en Turquía ha hecho saltar todas las alarmas de la comunidad internacional.

Los mandatarios de las principales potencias y las cancillerías europeas han expresado su apoyo al Gobierno constitucional turco, a pesar del descontento con muchas de las actuaciones de Erdogan, especialmente por su ambigüedad oportunista y su inhibición en la lucha contra el Estado Islámico, prioridad principal de Estados Unidos, Rusia y la UE. Por el contrario, Erdogan ha aprovechado la confusión en suelo sirio para intentar acabar con su otrora amigo Bashar el Asad y castigar militarmente a la población kurda, cuyas tropas constituyen la primera línea de combate contra las fuerzas del Estado Islámico. A este juego ventajista de Erdogan en el tablero geopolítico hay que sumar la intensificación de su deriva autoritaria interna: se han multiplicado las medidas represivas contra los adversarios políticos, la minoría kurda, los medios, el mundo académico y los sectores sociales contrarios a la islamización de la vida pública. El único momento en que Erdogan ha podido exhibir un cierto éxito ha sido la firma del discutible acuerdo entre Turquía y la UE para la acogida de los refugiados sirios e iraquíes.

Ante la hipótesis de una mayor inestabilidad en el flanco sudoriental de Europa, la teoría del mal menor rige todas las declaraciones y gestos occidentales, a pesar de que debajo del islamismo moderado de Erdogan –que en su día fue celebrado como modelo que exportar a otros estados de la región– anida un proyecto reaccionario que desvirtúa las reglas democráticas, relega los derechos humanos y coquetea con el yihadismo. Por otro lado, como ya se ha visto en situaciones análogas en otros países, sería muy aventurado pensar que los golpistas están inspirados por un verdadero espíritu democrático. Los ciudadanos turcos parecen condenados a ser víctimas de alternativas inquietantes y sombrías.

La intentona golpista –la quinta en menos de un siglo– es un aviso severo para Erdogan y refleja la profunda di­visión y polarización de la sociedad turca, donde conviven sectores afines al presidente –que salieron a la calle a frenar el golpe– con sectores que lo rechazan por su creciente caudillismo e intransigencia, y porque desean mantener los valores laicos de la Turquía moderna fundada por el general Atatürk en 1923. El ejército ha tenido un papel determinante en la política turca y ha protago­nizado varios golpes de Estado pero Erdogan ha conseguido en los últimos años –contra pronóstico– que la cúpula castrense se haya quedado en los cuarteles, algo que podría explicar la debilidad de los golpistas en la madrugada del sábado.

A pesar del eufórico baño de multitudes que se ha dado Erdogan para celebrar su triunfo frente a los golpistas y a pesar de las detenciones en masa y las purgas inmediatas ordenadas dentro del Ejército y la judicatura, es pronto para saber si el presidente turco corregirá sus políticas o bien seguirá impulsando una reforma constitucional de corte presidencialista y gobernando con un estilo cada vez más despótico y excluyente.
Fuente: La Vanguardia

sábado, 30 de abril de 2016

¿Cuál es el juego de Angela Merkel con Turquía?

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A primera vista, la canciller alemana apoya la guerra turca contra Siria y subvenciona el cierre de las fronteras turcas con la Unión Europea. Pero resulta imposible entender cómo piensa lidiar con las consecuencias de la militarización turca, principalmente en lo que concierne a la expansión del terrorismo y la expulsión de los kurdos y los cristianos.

por Thierry Meyssan

¿Se aplicará finalmente el acuerdo del 18 de marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía? Oficialmente, Turquía debería recibir 6 000 millones de euros en 2 años y la Unión Europea eximiría a los ciudadanos turcos de la exigencia de visa para circular en el espacio Schengen a cambio de un cierre de la frontera turca al flujo de migrantes y de que Turquía aceptara acoger de vuelta en suelo turco a todos los migrantes que logren penetrar en la Unión Europea.

Este acuerdo no afecta a los 1,8 millones de migrantes que ya entraron en la Unión Europea desde Turquía. Tampoco concierne a los 2,7 millones de refugiados sirios que se amontonan en Turquía.

Un mes después de la firma de ese acuerdo, sólo 325 migrantes han sido enviados de vuelta a Turquía y solamente 103 refugiados sirios han sido aceptados legalmente en la Unión Europea.

Es evidente que no fue para obtener estos magros resultados que Bruselas prometió a Turquía 6 000 millones de euros. En realidad se trataba de un financiamiento oculto de la guerra turca, financiamiento otorgado por la Unión Europea a pedido expreso de Francia y de Alemania.

El viaje de Angela Merkel a Turquía, el 23 de abril de 2016, tenía como objetivo, según Berlín, completar la aplicación del acuerdo. Así que la canciller alemana visitó el campamento modelo de Nizip-2. Se trata del único correctamente mantenido en Turquía y las condiciones que allí existen no tienen absolutamente nada que ver con las deplorables condiciones de vida de la inmensa mayoría de los refugiados sirios en Turquía.

Esta extraña visita, de la que se vieron excluidos los periodistas (fue cubierta solamente por los servicios de prensa oficiales), permitió a la canciller alemana hacerse lindas fotos, rodeada de niños bien alimentados, como dando a entender que Turquía no necesita el dinero de la Unión Europea para ocuparse de los refugiados sino, más bien, para continuar la guerra.

Alemania ha desempeñado un papel importante contra Siria. En 2005, fue Alemania el país que proporcionó el arma que Estados Unidos e Israel utilizaron en el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. En 2012, fue también Alemania quien organizó la reunión de los «Amigos de Siria» en Abu Dabi, donde las potencias coloniales se repartieron los yacimientos sirios de gas. También fue Alemania quien organizó, igualmente en 2012, la redacción del plan secreto de rendición total e incondicional de Siria, redactado por el estadounidense Jeffrey Feltman. Y es también Alemania quien aún sigue tratando de imponer ese proyecto en Ginebra, a través de Volker Perthes, el ayudante de Stefan De Mistura.

Durante su viaje a Gaziantep, la canciller alemana declaró: «He (…) reclamado nuevamente que tengamos una zona donde el alto al fuego sea particularmente reforzado y donde se pueda garantizar un nivel suficiente de seguridad». Para las agencias de prensa occidentales, Merkel también apoyó el proyecto turco de «no fly zone» sobre el territorio sirio. La realidad es que se trata de un apoyo que no compromete a nada ya que su aplicación exigiría un voto en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia, China y Estados Unidos votarían en contra.

Es difícil interpretar la posición alemana. Es evidente que la señora Merkel está tratando de ganarse la simpatía de su aliado turco, de lograr que detenga el flujo de migrantes y de ayudarlo a continuar su guerra contra el pueblo sirio. Pero resulta imposible imaginar que no sienta inquietud ante la extensión de sus actividades terroristas hacia Europa, ni ante su anunciada voluntad de despojar de su nacionalidad a 6 millones de turcos, lo cual provocaría una nueva ola migratoria.

Thierry Meyssan

Fuente
Al-Watan (Siria)

Red Voltaire

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Fuente : «¿Cuál es el juego de Angela Merkel con Turquía?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria) , Red Voltaire , 29 de abril de 2016, www.voltairenet.org/article191544.html

sábado, 2 de abril de 2016

Nubes negras sobre el presidente Erdogan




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En sólo una semana, nuevos nubarrones vienen a agolparse sobre la cabeza del presidente turco Erdogan


por Thierry Meyssan
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Siguen acumulándose las acusaciones contra el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Mientras que Rusia y Estados Unidos abastecen indirectamente con armas al PKK, se acusa a Turquía de haber ordenado los atentados perpetrados en París y Bruselas, acusación que encuentra confirmación en las recientes declaraciones del propio Erdogan y en un importante testimonio del rey Abdala de Jordania. Por otra parte, Washington acaba de abrir una investigación sobre una enorme malversación de fondos a favor del AKP.
En primer lugar están las sospechas sobre su responsabilidad en los atentados terroristas perpetrados en París y Bruselas.

En el caso de los atentados de París, se estima que el objetivo era chantajear al presidente francés Hollande por no haber respetado su compromiso de ayudar a «resolver» el «problema kurdo».

En efecto, a principios de 2011, los ministros de Relaciones Exteriores de Francia y Turquía, Alain Juppé y Ahmet Davutoglu, habían firmado un acuerdo secreto que estipulaba las condiciones sobre las guerras contra Libia y Siria. Una de las cláusulas de aquel acuerdo señalaba que Francia respaldaría una solución del «problema kurdo» que no afectara «la integridad territorial de Turquía». En otras palabras, se trataba de crear un nuevo Estado, en territorios pertenecientes a Irak y Siria, para expulsar hacia allí a los kurdos de Turquía. Ese proyecto de limpieza étnica, correspondiente a un viejo plan de los estrategas israelíes, recibió el aval del Departamento de Defensa de Estados Unidos y Robin Wright lo publicó en el New York Times, en septiembre de 2013.

A su llegada al poder, el presidente francés Francois Hollande se comprometió a aplicarlo y, el 31 de octubre de 2014, recibió a Erdogan en la sede de la presidencia francesa, donde ambos se reunieron en secreto con Salih Muslim, copresidente de las YPG [1], a quien prometieron convertirlo en presidente del nuevo Estado. Pero, después de la victoria de los kurdos en Kobane, Hollande cambió de casaca. Recibió en el Elíseo a la otra copresidente de las YPG, Asya Abdullah, fiel al líder histórico del PKK y de los kurdos de Turquía, Abdullah Ocalan. Sin saber todavía bien qué hacer con los kurdos, Hollande decidió utilizar como pretexto la crisis de los refugiados para financiar más ampliamente la guerra contra Siria. En definitiva, la campaña de bombardeos rusos puso fin definitivamente al sueño israelo-franco-turco de creación de un seudo Kurdistán. Tratando de hacerse perdonar de alguna manera, Hollande propuso ampliar el financiamiento de la guerra contra Siria haciendo que la Unión Europea asignara a Turquía 3 000 millones de dólares, con el pretexto de la crisis de los refugiados. Furioso, Erdogan habría ordenado entonces los atentados perpetrados en París, el 13 de noviembre de 2015.

En segundo lugar, numerosos Estados europeos han expresado su irritación ante la política antisiria que Francia impone a la Unión Europea. Bélgica estuvo entre los países más críticos hacia esa política y, como expresión de su desacuerdo, otorgó asilo político a varios líderes del PKK. El proyecto de un seudo Kurdistán parecía nuevamente realizable cuando Rusia anunció la retirada de sus bombarderos tácticos, pero Francia no logró obtener el respaldo de la Unión Europea. En un discurso transmitido por televisión, Erdogan amenazó entonces a Bélgica con explosiones de bombas en suelo belga y ordenó los atentados del 22 de marzo de 2016 en Bruselas.

La tesis de la responsabilidad turca coincide con el testimonio del rey Abdalá de Jordania, registrado el pasado 11 de enero ante miembros del Congreso de Estados Unidos. Según las minutas de ese encuentro, oportunamente “filtradas” a la prensa, el rey de Jordania aseguró que Erdogan está introduciendo combatientes en Europa para extender la yihad a ese continente.

Y, como un problema nunca viene solo, el implacable fiscal de Manhattan acaba de arrestar al hombre de negocios turco-irano-azerí al que la justicia turca había acusado de haber malversado 2 800 millones de dólares en Irán para financiar el partido de Erdogan, el AKP.Thierry Meyssan

[1] Las YPG (siglas correspondientes a Unidades de Protección del Pueblo) se componen de combatientes kurdos refugiados en Siria a quienes el gobierno sirio otorgó la nacionalidad siria al inicio de la guerra. Las YPG alcanzaron notoriedad mundial durante la tenaz resistencia que opusieron a los yihadistas del Emirato Islámico en la localidad siria de Kobane, próxima a la frontera con Turquía. Nota de la Red Voltaire.


Fuente: Red Voltaire

miércoles, 30 de marzo de 2016

Erdogan anuncia 5 000 kurdos muertos en 9 meses




En un discurso pronunciado el 28 de marzo de 2016 en la Escuela de Guerra, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan hizo un balance de la «guerra contra el terror» que su gobierno dice haber emprendido después del atentado perpetrado el 20 de julio de 2015 en la ciudad de Suruc.


En un discurso pronunciado el 28 de marzo de 2016 en la Escuela de Guerra, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan hizo un balance de la «guerra contra el terror» que su gobierno dice haber emprendido después del atentado perpetrado el 20 de julio de 2015 en la ciudad de Suruc.

Aunque las víctimas del atentado de Suruc, reivindicado por el Emirato Islámico, eran militantes del PKK y alevitas favorables al presidente sirio Bachar al-Assad, la conclusión de Erdogan fue que había que reiniciar la guerra… contra los kurdos.

En 9 meses, las fuerzas de seguridad turcas (ejército y policía) han matado más de 5 000 kurdos, miembros o no del PKK, mientras que los uniformados turcos han perdido 355 hombres.

Si las víctimas de la represión turca fuesen realmente combatientes del PKK, esa organización estaría ya profundamente debilitada. Pero todo indica que gran parte de los kurdos muertos a manos de las fuerzas de seguridad turcas son, en realidad, simples civiles. Eso implica que la represión no hará más intensificar la rebelión e incitar más kurdos a unirse a las filas del PKK.

A quienes lo acusan de haber suprimido las libertades públicas en nombre de la guerra contra el terror, el presidente Erdogan respondió que su país por lo menos ha conservado el equilibrio entre la seguridad y la libertad. Prosiguió diciendo que la guerra civil se ha limitado a pequeñas porciones de territorio, sin afectar –según él– a la mayoría de los ciudadanos.

Acto seguido, Erdogan criticó duramente a los diplomáticos occidentales que asistieron al juicio del redactor-jefe deCumhuriyet –enviado a los tribunales por haber publicado fotos y videos de los envíos de armas de los servicios de inteligencia de Turquía a los yihadistas que operan en Siria– y acusó a dichos diplomáticos de apoyar a un «espía» vinculado a los terroristas.

Durante el mismo discurso, el presidente Erdogan declaró que Turquía no podía ignorar lo que está sucediendo en los Balcanes, en el Levante, en el norte de África y en el Cáucaso, donde viven poblaciones afines a Turquía o vinculadas a la cultura turca. También afirmó que el Asia Central es la «patria» de los turcos.

Erdogan concluyó su discurso garantizando que Turquía no apoya a los yihadistas y que ha expulsado a más de 3 500 extranjeros vinculados a estos y encarcelado a más de 1 000.

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Fuente : «Erdogan anuncia 5 000 kurdos muertos en 9 meses», Red Voltaire , 29 de marzo de 2016, www.voltairenet.org/article191015.html

martes, 22 de marzo de 2016

El "Sultán" neo-otomano






Francesc Casadó

Rebelión

Recep Tayyip Erdogan, el actual presidente de Turquía, tiene que hacer frente a las acusaciones de la población turca de autoritarismo y por mantener un enfrentamiento armado contra el pueblo kurdo a la vez en una guerra civil interior y en la guerra civil siria.
El líder político también está siendo objeto de duras críticas desde la comunidad internacional por los múltiples indicios de colaboración entre su gobierno y Daesh (autodenominado Estado Islámico) en ámbitos como el apoyo a los rebeldes yihadistas que actúan en territorio sirio y el tráfico de petróleo entre ambos países.
El perfil de líder “carismático” con el que Erdogan es calificado habitualmente denota connotaciones religiosas y familiares, incluso atributos divinos, según el sociólogo Max Weber. A pesar de que la Constitución turca establece un Estado laico el dirigente ha destacado en su trayectoria política por ser un ideólogo del Islam Político y de la doctrina neo-otomana.
La influencia de Turquía en los Balcanes es indudable, su líder ha llevado a cabo una diplomacia muy eficaz entre los países que surgieron tras la guerra de la antigua Yugoslavia. No fue casual que en 2010, finalizado dicho conflicto, fuese Erdogan quien encabezara el acto del aniversario de la Masacre de Srebrenica, ciudad donde murieron miles de personas de etnia bosnio musulmana y en el que estrecharon la mano los presidentes de las tres naciones beligerantes (Croacia, Serbia y Bosnia).
Ankara promueve una política exterior destinada a ampliar su influencia en los antiguos territorios del Imperio otomano en el Mediterráneo. Desde diversos medios de comunicación se ha hecho público un artículo de investigación en el que se analizan documentos de los servicios de inteligencia norteamericana y rusa, así como de diversos expertos donde se destaca como consecuencia de la islamización la probable unificación de Albania y Kosovo, países que cuentan con mayoría suní. Ambos forman parte de las rutas de los Balcanes donde las mafias controlan el negocio de los migrantes que atraviesan Europa.
Bilal Erdogan es el tercer hijo del dirigente turco, cursó estudios universitarios en EE.UU. y regresó a su país en 2006 como hombre de negocios convirtiéndose en copropietario del Grupo BMZ, una empresa familiar dedicada al transporte marítimo. Aunque el ha negado cualquier implicación en la exportación de petróleo procedente del Estado Islámico el ministerio de Defensa ruso ha presentado pruebas de la supuesta complicidad del Clan Erdogan.
Los intensos bombardeos por parte de la aviación rusa contra los convoyes del Califato que transportan petróleo robado de los yacimientos en Irak y Siria puso fin al considerable incremento del contrabando en Reyhanli, localidad situada en la frontera al oeste de Alepo y desde donde los convoyes se dirigen hacia el puerto turco de Ceyhan, una vez allí la compañía marítima de Bilal Erdogan embarca el hidrocarburo con destino a empresas petroleras japonesas.
El año pasado Bilal y su familia se asentaron en Italia, desplazando con ellos grandes sumas de dinero sin declarar del que se desconoce su origen por lo que la Fiscalia de Bolonia ha decidido abrir una investigación.
Estados Unidos y Rusia anunciaron recientemente un plan de paz con los rebeldes moderados sirios, la medida no incluye a organizaciones declaradas terroristas por la ONU como Daesh y el Frente al Nusra. Desde Washington se está discutiendo un “Plan B” que se aplicaría en caso de no respetarse el alto el fuego, una iniciativa que ya ha sido rechazada por Moscú. Es el propio Secretario de Estado, John Kerry, quien propone dividir el territorio sirio en 4 provincias de las cuales el gobierno del presidente Bashar al Assad solo controlaría una y la oposición moderada con la “ayuda” de Turquía estaría en posesión de la provincia de Idlib.
El paso fronterizo hacia la ciudad turca de Reyhanli, importante enclave para el contrabando de petróleo, forma parte de la Gobernación de Idlib, este territorio está ahora controlado por el Ejército Libre Sirio (ELS) excepto la frontera que continua en poder de los rebeldes extremistas del Frente al Nusra. La posesión definitiva de está provincia por los islamistas moderados del ELS y el gobierno de Ankara podría devenir en un paso permeable para el contrabando ilegal de crudo desde territorio del Daesh hacia el puerto turco de Ceyhan.
Erdogan consiguió por segunda ocasión la presidencia al alcanzar la victoria el conservador Partido de la Justicia y el Desarrollo en las elecciones legislativos en noviembre de 2015, tras forzar la repetición electoral que había tenido lugar en junio y donde su coalición había perdido la mayoría absoluta a favor de la entrada en el Parlamento del prokurdo Partido Democrático Popular.
El llamamiento del Consejo de Europa para que el mandatario inicie una descentralización del Estado no parece que vaya a tener ningún efecto, al contrario, su intención es convocar un plebiscito para abandonar el sistema parlamentario europeo y adoptar el sistema presidencialista habitual en el continente americano pero adaptado a Turquía. Desde el inicio de su presidencia en 2014 Erdogan ha estado realizando las funciones de primer ministro. Instalado en su Palacio Blanco, un lujoso complejo residencial situado en la capital Ankara, tiene la potestad de convocar cuando lo considera necesario al gabinete de gobierno, de hecho, el dirigente turco esta asesorado por 12 tecnócratas de su confianza, uno por cada departamento, que hacen la función de ministros en la sombra.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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