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viernes, 9 de diciembre de 2016

La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión


por Thierry Meyssan

Es una historia que comenzó hace 15 años. La OTAN trató primero de silenciar a los ciudadanos que querían saber la verdad sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Luego arremetió contra los que cuestionan la versión oficial de las «primaveras árabes» y de la guerra contra Siria. Como una cosa lleva a la otra, después atacó a quienes denunciaban el golpe de Estado en Ucrania. Ahora, la OTAN se inventa una seudo ONG para que acuse como agentes rusos a todo el que haya hecho campaña por Donald Trump.
Logo del Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN


Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 vinieron, simultáneamente, un estado de emergencia permanente y una serie de guerras. Como escribí en aquel momento, la teoría según la cual todo fue concebido y organizado por un puñado de yihadistas desde una cueva en Afganistán no resiste el más mínimo análisis. Todo hace pensar, por el contrario, que los atentados del 11 de septiembre fueron organizados por una facción del complejo militaro-industrial.

De ser cierto este análisis, los subsiguientes sucesos sólo podían conducir a la represión en Estados Unidos y en los países aliados de esta potencia.

Quince años después, la herida que abrí en aquel momento sigue sin cerrarse, incluso se abrió aún más a raíz de nuevos acontecimientos. Al Acta Patriótica y las guerras por el petróleo se sumaron las «primaveras árabes». La mayoría de la población estadounidense no sólo ha dejado de creer en lo que le dice su gobierno desde el 11 de septiembre de 2001 sino que, al votar por Donald Trump, acaba de expresar su rechazo al Sistema posterior al 11 de septiembre.

Resulta que yo abrí el debate mundial sobre los atentados del 11 de septiembre, que fui miembro del último gobierno de la Yamahiriya Árabe Libia y que tengo la oportunidad de relatar –desde el lugar de los hechos– lo que está sucediendo en la guerra contra Siria. Al principio, la administración estadounidense creyó que podía detener el incendio acusándome de escribir cualquier cosa por dinero y atacándome donde duele, o sea el portamonedas. Pero mis ideas han seguido extendiéndose.

En octubre de 2004, cuando 100 personalidades estadounidenses firmaron una petición reclamando que se reabriera la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre, Washington empezó a inquietarse [1]. En 2005, reuní en Bruselas más de 150 personalidades del mundo entero –entre las que se hallaban invitados sirios y rusos, como el general Leonid Ivashov, ex jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de la Federación Rusa– para denunciar a los neoconservadores mostrando que el problema estaba alcanzado proporciones globales [2].

Bajo el mandato de Jacques Chirac, los servicios de la presidencia de la República Francesa se preocuparon por mi seguridad. Pero en 2007, la administración Bush solicitó mi eliminación física al nuevo presidente francés Nicolas Sarkozy. Cuando un amigo personal, oficial y miembro del estado mayor, me advirtió sobre la respuesta positiva de Sarkozy, supe que no tenía más camino que el exilio. Otros amigos –en aquel momento llevaba 13 años como secretario nacional del Partido Radical de Izquierda– acogieron mi decisión con incredulidad, mientras que la prensa me acusaba de paranoia. Pero nadie vino públicamente a prestarme ayuda. Encontré refugio en Siria y viajo por el mundo evitando cuidadosamente los territorios de la OTAN, además de haber escapado a numerosos intentos de asesinato o de secuestro. A lo largo de 15 años, he abierto debates que se han generalizado. Siempre me han atacado cuando estaba solo. Pero cuando mis ideas han encontrado eco, han sido miles las personas que se han visto perseguidas por haberlas compartido y desarrollado.

Fue en aquella misma época cuando Cass Sunstein –el esposo de la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Samantha Power [3]– redactó con Adrian Vermeule un trabajo, destinado a las universidades de Chicago y Harvard, sobre cómo luchar contra las «teorías de la conspiración» [4], y así designan el movimiento que inicié. En nombre de la «Libertad» ante el extremismo, los autores de aquel trabajo definen en su texto todo un programa destinado a liquidar la oposición:

«Podemos imaginar fácilmente una serie de respuestas posibles.

El gobierno puede prohibir las teorías de la conspiración.
El gobierno pudiera imponer una especie de gravamen, financiero o de otro tipo, a quienes difundan esas teorías.
El gobierno pudiera implicarse en un contra-discurso para desacreditar las teorías del complot.
El gobierno pudiera comprometer a partes privadas creíbles para que se impliquen en un contra-discurso.
El gobierno pudiera implicarse en la comunicación informal con las terceras partes y estimularlas» [5].
La administración Obama dudó en asumir públicamente esa opción. Pero, en abril de 2009, propuso en la Cumbre de la OTAN organizada en Strasbourg-Kehl la creación de un servicio de «Comunicación Estratégica». Incluso expulsó de la Casa Blanca al célebre abogado Anthony Jones, en 2009, por haberse expresado sin rodeos sobre ese tema [6].

El proyecto de creación del servicio de comunicación estratégica de la OTAN estuvo engavetado hasta que obtuvo el apoyo del gobierno letón. Y finalmente ese servicio se instaló en Riga, bajo la dirección de Janis Karklins –por demás responsable en la ONU de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información y del Foro sobre la Gobernanza de Internet. Concebido por los británicos, ese servicio cuenta con la participación de Alemania, Estonia, Italia, Luxemburgo, Polonia y el Reino Unido. Al principio, se limitó a incrementar los estudios sobre el tema.

Pero todo cambió en 2014, cuando el think tank de la familia Khodorkovsky, el Institute of Modern Russia (Instituto sobre la Rusia Moderna), con sede en Nueva York, publicó un análisis de los periodistas Peter Pomerantsev y Michael Weiss [7]. Según ese informe, Rusia ha desplegado en el exterior un vasto sistema de propaganda. Pero, en vez de tratar de construirse una imagen favorable –como en tiempos de la guerra fría–, Moscú ha decidido ahora inundar Occidente con «teorías conspirativas» para sembrar confusión. Los autores del trabajo afirman que esas «teorías» ya no abordan solamente el tema del 11 de septiembre sino también la cobertura periodística de la guerra contra Siria.

En un esfuerzo por reactivar el antisovietismo de la guerra fría, ese informe marcaba el inicio de una inversión de valores. Hasta entonces, la clase dirigente estadounidense sólo trataba de disimular el crimen del 11 de septiembre atribuyéndolo a unos cuantos barbudos sin importancia. Ahora se trata de acusar a un Estado extranjero de ser responsable de los nuevos crímenes que Washington ha cometido en Siria.

En septiembre de 2014, el gobierno británico creó la 77ª Brigada: una unidad encargada de contrarrestar la propaganda extranjera. Esa 77ª Brigada británica se compone de 440 militares y más de un millar de civiles provenientes del ministerio británico de Exteriores, así como del MI6, del organismo de cooperación externa y de la Stabilisation Unit. Y no se conocen sus objetivos. Esa brigada trabaja con la 361st Civil Affairs Brigade del Ejército de Estados Unidos, con bases en Alemania e Italia. Ambas unidades militares estaban siendo utilizadas para sabotear los sitios web occidentales que tratan de dar a conocer la verdad sobre el 11 de septiembre y sobre la guerra contra Siria.

A principios de 2015, Anne Applebaum –esposa del ex ministro de Defensa de Polonia Radosław Sikorski– creó en el Center for European Policy Analysis (Centro de Análisis de la Política Europea), con sede en Washington, una unidad designada como Information Warfare Initiative (Iniciativa sobre la Guerra de la Información) [8]. Su objetivo inicial era contrarrestar la información rusa en el centro y el este de Europa. La señora Applebaum puso esa iniciativa en manos del ya mencionado Peter Pomerantsev y de Edward Lucas, uno de los jefes de redacción de la conocida publicación The Economist.

Aunque Pomerantsev es a la vez coautor del informe del Institute of Modern Russia y uno de los dos principales responsables de la Information Warfare Initiative, ahora resulta que ya no habla del 11 de septiembre y que tampoco considera ya la guerra contra Siria como un tema central sino sólo como un tema recurrente que permite “percibir” la acción del Kremlin. Este personaje concentra sus ataques sobre el canal de televisión Russia Today y la agencia de prensa Sputnik, dos órganos de prensa públicos rusos.

En febrero de 2015, le llega a la Fondation Jean Jaures –think tank del Partido Socialista francés y contacto de la National Endowment for Democracy (NED)– su turno de publicar una Nota titulada Conspirationnisme, un état des lieux [9]. Pasando por alto todo lo sucedido alrededor de Rusia, esa Nota toma el debate en el punto donde lo había dejado Cass Sunstein y propone simple y llanamente prohibir que los «conspiracionistas» puedan expresarse. Por su parte, la ministra de Educación de Francia organiza talleres en las escuelas para advertir a los alumnos en contra de los «conspiracionistas».

El 19 y el 20 de marzo de 2015, el Consejo Europeo pide a la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, que prepare un plan de «comunicación estratégica» para denunciar las campañas de desinformación de Rusia sobre Ucrania. El Consejo no mencionaba ya ni el 11 de septiembre, ni la guerra contra Siria sino que cambiaba de objetivo para concentrarse en Ucrania

En abril de 2015, la señora Mogherini crea un Servicio Europeo para la Acción Exterior (EEAS, siglas en inglés) que no es otra cosa que una unidad de Comunicación Estratégica dentro de la Unión Europea [10]. Esa estructura está bajo la dirección de un británico agente del MI6, Giles Portman, y distribuye a numerosos periodistas europeos, dos veces por semana, toda una argumentación que supuestamente demostraría la mala fe de Moscú, argumentos que posteriormente aparecen publicados en los medios de difusión europeos.


El 20 de agosto de 2015 se inaugura en Riga el Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN, bajo la dirección de Janis Sarts. Participan en la ceremonia el senador estadounidense John McCain, director de una de las dos ramas de la NED, quien conversa en la foto con la presidente de Lituania, Dalia Grybauskaite.
Foto: Gatis Diezins


A partir de su creación, el Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN se vincula a un servicio del Atlantic Council: el Digital Forensics Research Lab. La OTAN redacta un Manual de Comunicación Estratégica, cuyo objetivo es coordinar y reemplazar todo el dispositivo anterior en materia de Diplomacia Pública, de Relaciones Públicas (Public Affairs), de Relaciones Públicas Militares, de Operaciones sobre los Sistemas Electrónicos de Comunicación (Information Operations) y de Operaciones Sicológicas.

Bajo la inspiración de la OTAN, Anna Fotyga, la ex ministra de Exteriores de Polonia, ahora convertida en eurodiputada, lleva al Parlamento Europeo una resolución –adoptada el 23 de noviembre de 2016– sobre «la comunicación estratégica de la Unión [Europea] tendiente a contrarrestar la propaganda dirigida contra ella por terceros» [11]. Obsérvese que existe un nuevo desplazamiento del blanco: ya no se trata de contrarrestar el cuestionamiento sobre el 11 de septiembre –asunto de hace 15 años–, ni tampoco el cuestionamiento de la guerra contra Siria sino de crear una mescolanza entre la impugnación de los acontecimientos en Ucrania y el discurso del Emirato Islámico (Daesh). Y se vuelve así al punto inicial: quienes cuestionaban el 11 de septiembre trataban, según la OTAN, de rehabilitar a al-Qaeda; quienes le hacen el juego a Rusia tratan de destruir a Occidente, como lo hace Daesh. Pero no importa que la OTAN esté apoyando a al-Qaeda en el este de Alepo.

Dado a conocer el 24 de noviembre de 2016 en un sonado artículo del Washington Post [12], un misterioso grupo llamado Propaganda or Not? ha elaborado una lista de 200 sitios web –entre ellos Voltairenet.org– a los que el Kremlin supuestamente ha confiado la tarea de repercutir la propaganda rusa y confundir a la opinión pública estadounidense hasta el extremo de llevarla a votar por Donald Trump.

Propaganda or Not? no publica los nombres de sus responsables, pero dice reunir en su seno a 4 organizaciones: Polygraph, The Interpreter, el Center for European Policy Analysis y el Digital Forensic Research Lab.
- Polygraph es un sitio web de la Voice of America [13], la radio y televisión pública de Estados Unidos bajo control de la Broadcasting Board of Governors.
- The Interpreter es la revista del Institute of Modern Russia, ahora difundida por la Voice of America.
- El Center for European Policy Analysis es un apéndice de la National Endowment for Democracy (NED) dirigido por Zbigniew Brzezinski y Madeleine Albright.
- Digital Forensic Research Lab es un programa del Atlantic Council.

En un documento divulgado por Propaganda or Not?, esta falsa ONG nacida de varias asociaciones financiadas por la administración Obama señala al enemigo: Rusia. Y acusa a ese país de haber dado origen al movimiento a favor de la verdad sobre los atentados del 11 de septiembre y de los sitios web de apoyo a Crimea y Siria.

El 2 de diciembre de 2016, el Congreso de Estados Unidos votó un ley que prohíbe toda cooperación militar entre Washington y Moscú. En pocos años, la OTAN ha reactivado el maccarthysmo.

Thierry Meyssan

[1] «100 personalidades impugnan la versión oficial sobre el 11 de septiembre», Red Voltaire, 25 de noviembre de 2004.

[2] «Axis for Peace», Red Voltaire.

[3] «La cara oculta de la administración Obama», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de noviembre de 2015.

[4] También llamadas indistintamente «teorías del complot», «teorías conspirativas», «teorías conspiracionistas» o «teorías complotistas». Nota del Traductor.

[5] «Conspiracy Theories », Cass R. Sunstein y Adrian Vermeule, Harvard Law School, 15 de enero de 2008.

[6] «11 de septiembre: Obama se separa de uno de sus consejeros», Red Voltaire, 14 de septiembre de 2009.

[7] «The Menace of Unreality: How the Kremlin Weaponizes Information, Culture and Money», Peter Pomerantsev & Michael Weiss, The Interpreter/ Institute of Modern Russia, 2014.

[8] Information Warfare Initiative, sitio web oficial.

[9] «El Estado contra la República», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 9 de marzo de 2015.

[10] «La propaganda de la Unión Europea contra Rusia», Red Voltaire, 5 de julio de 2016.

[11] «Resolución del Parlamento europeo sobre la comunicación estratégica de la Unión para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra», Red Voltaire , 23 de noviembre de 2016.

[12] “Russian Propaganda Effort Helped Spread ’Fake News’ During the Election, Experts Say”, Craig Timberg, The Washington Post, 24 de noviembre de 2016

[13] El autor se refiere a La Voz de los Estados Unidos de América, también conocida en español como La Voz de América o La Voz de las Américas. Nota de la Red Voltaire.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión », por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 5 de diciembre de 2016, www.voltairenet.org/article194331.html

martes, 19 de julio de 2016

¿Es España una democracia?




Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y autor del libro ‘Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante’, Anagrama, 2015

A primera vista, esta pregunta podría parecer una provocación, pues es obvio que España tiene unas instituciones representativas y un sistema de elecciones que permite a la ciudadanía escoger a sus representantes, características indispensables para que un país pueda definirse como democrático. Pero se olvida que estas condiciones son necesarias pero no suficientes para que a un país se le pueda considerar democrático. Y no me estoy refiriendo solo a la escasa representatividad que tienen nuestros representantes (consecuencia de una ley electoral muy poco proporcional, diseñada originalmente por las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado durante la Transición, y cuyo objetivo –como varios historiadores han reconocido– era discriminar a la clase trabajadora, la mayor cantera de los votos a opciones de izquierda), sino a otro elemento clave, que es la pluralidad de los medios de información, sin la cual la población no goza de un derecho democrático: tener el derecho a estar informado, con acceso a distintos puntos de vista que le presenten y expliquen la realidad que la rodea. En ausencia de esta pluralidad ideológica que garantice tal derecho, no hay democracia posible, pues la información sobre la cual la población decide su voto está sesgada a favor de los intereses políticos y/o económicos y financieros de aquellos que controlan los medios de información (que son también medios de persuasión).

¿Es posible la democracia en ausencia de la pluralidad de los medios?


Se me dirá que en España hay diversidad de opiniones en los medios. La Razón y El País, por ejemplo, dan versiones diferentes de lo que ocurre en el país. Y de ahí se deriva que España sea un país democrático. Ahora bien, el problema que existe en esta percepción es que, en general, ambos rotativos informan dentro de un marco común, lo cual explica que, muy frecuentemente, den la misma versión de los hechos en aspectos muy importantes de la realidad que nos rodea, o adopten posturas comunes. Así, por ejemplo, los dos periódicos (y todos los otros grandes medios de comunicación) están transmitiendo mensajes (a través de sus editoriales, de los artículos de opinión que promueven, de sus encuestas que siempre concluyen con las opiniones que cada rotativo favorece, entre otras medidas) que contienen una gran hostilidad hacia Podemos y ahora hacia Unidos Podemos (también mostrada por la gran mayoría de los principales medios de información). Y tal sesgo anti izquierdas (que también se manifestó contra IU) aparece constantemente en diferentes formas.

Una de ellas es el continuo énfasis que las únicas alternativas que tiene el PSOE en este proceso de investidura son apoyar, bien por activa o bien por pasiva (absteniéndose), al Sr. Rajoy, o enfrentarse a unas terceras elecciones, que consideran que sería un paso enormemente negativo para la democracia española. Este mensaje es transmitido por tierra, mar y aire, las veinticuatro horas del día, por la gran mayoría de los medios de información. Sin embargo, esta imagen no es cierta, como tampoco era cierta la lectura de lo que se consideró posible después de las elecciones de diciembre del 2015, cuando también hubo consenso en que las únicas alternativas posibles en el proceso de investidura eran o investir a Pedro Sánchez (tras un pacto con Ciudadanos), o convocar elecciones, alternativa ya considerada en aquel momento.

Nunca se citó que había otras alternativas posibles. Como tampoco se señaló que hay otras alternativas posibles ahora. Tanto entonces como ahora había otras alternativas en las que las izquierdas hubieran sido las fuerzas mayoritarias en la alianza que hubiera podido investir a Pedro Sánchez como presidente del gobierno. Los datos lo muestran claramente. Sumando los 90 diputados del PSOE, los 69 de Podemos y los 2 de IU, más los 6 del PNV, da 167, un número mayor que la suma del PP, 123, más Ciudadanos, 40, que da 163. Los partidos nacionalistas se hubieran abstenido, pues es conocida su animadversión hacia el PP, y con ello el Sr. Sánchez hubiera podido ser investido. Pues bien, lo que es extraordinario es que esta alternativa nunca, repito, nunca, se debatió en los medios. En realidad, la población ni siquiera fue consciente de que existía. ¿Por qué?

Cómo lo mismo ocurre ahora


Un tanto igual aparece ahora, después de las elecciones del 26-J. Sumando los escaños del PSOE, 85, con los de Unidos Podemos, 71, más los del PNV, 5, los 9 de ERC y los 8 de CDC dan suficientes escaños para que Sánchez sea investido. ¿Cómo es que esta alternativa nunca se ha considerado o se ha discutido en los medios?

En ambos años, 2015 y 2016, los números salían. Y la pregunta que cualquier demócrata debería hacerse es: ¿por qué no fue ni siquiera presentada tal alternativa? La respuesta es fácil de ver. Porque, en ambos casos, las izquierdas hubieran podido gobernar. Y ello es precisamente lo que los intereses económicos y financieros que controlan los medios de información y persuasión no querían que ocurriera, pues se oponen a que Unidos Podemos y sus confluencias tengan alguna influencia en el gobierno liderado por el candidato investido. La explicación que han dado los medios por no haber ni siquiera informado de que existía tal alternativa es que el aparato del PSOE no quería considerarla, pues no querían colaborar con los partidos nacionalistas. Pero este argumento carece de credibilidad, pues el aliado del PSOE, el PSC en Catalunya, ha gobernado en el pasado con ERC (en el tripartito en Catalunya) y también ha contado con el apoyo de CDC en las Cortes Españolas. ¿Por qué ahora dice lo que dice, y no entonces, cuando gobernó y/o colaboró con ellos? ¿No cree el lector que presentar la razón por la cual tal aparato, el del PSOE, no quería considerar esta alternativa (cuando ha contado con la colaboración de loa partidos nacionalistas en periodos anteriores) era materia que merecía la atención de los medios? En su lugar, ignoraron la noticia y prefirieron informar, errónea y maliciosamente, que Podemos era responsable de que continuáramos siendo gobernados por Rajoy después de diciembre de 2015 y también ahora.

El sesgo derechista de los medios de información


Otro indicador de la falta de diversidad de los medios en España aparece también en el conflicto que existe sobre lo que es permisible o no en los medios que ha aparecido en el enfado de El País con La Sexta. El País, que ha alcanzado un nivel de derechización desconocido en su pasado (y que ha liderado la campaña de hostilidad mediática contra Podemos), ha criticado a La Sexta por invitar a dirigentes de Podemos a sus tertulias (en programas, por ejemplo, como La Sexta Noche y Al Rojo Vivo), presentando a este canal televisivo como la cadena que ha estado polarizando el debate político del país, promoviendo el “extremismo” de Podemos. Presenta así a La Sexta como un canal de las izquierdas extremistas (ver el editorial “Una gran impostura” en El País, 05.06.16), que está promoviendo en sus tertulias, como La Sexta Noche y Al Rojo Vivo, la visión extremista de Podemos. Esta acusación muestra un comportamiento profundamente antidemocrático. El País, que sistemáticamente excluye colaboraciones de autores de izquierdas (antes de IU, y ahora de Podemos y de Unidos Podemos), acusa a otro medio de permitir que tales voces aparezcan en sus tertulias en las que, por cierto, la mayoría de tertulianos son de derechas y donde los dos tertulianos que aparecen más tiempo en uno de ellos, La Sexta Noche, son dos voces de ultraderecha (Eduardo Inda y Francisco Marhuenda). Estos personajes aparecen muchísimas veces con mayor frecuencia que las voces de Podemos. Y tal acusación aparece incluso más absurda cuando uno puede ver que en las secciones económicas de tales programas la gran mayoría de economistas son de tendencia neoliberal o socioliberal, siendo el que aparece más habitualmente el Sr. José Carlos Díez, que es el economista que El País promueve con mayor frecuencia.

Ahora bien, para El País lo que es intolerable es que personas de Podemos aparezcan en tales programas. Deberían ser vetadas, según este periódico. Es interesante remarcar que el Sr. Antonio García Ferreras, director de Al Rojo Vivo, señaló que Podemos estaba vetado en muchos medios, incluyendo hasta recientemente La Sexta, añadiendo –en tono defensivo- que “ahora damos las mismas oportunidades a Podemos que a los demás”, alardeando, además, de que en su programa es donde se entrevista con mayor dureza a dirigentes de Podemos. Cualquier persona con sensibilidad democrática puede constatar la enorme agresividad de la gran mayoría de los medios hacia las izquierdas en este país, como se ha visto y continúa viéndose en el tratamiento mediático de Unidos Podemos (“Ferreras: ‘Antes había una orden de no entrevistar a Podemos’”, entrevista en Zeleb TV, 11.07.16).

Una última observación: respuesta a José Ignacio Torreblanca, jefe de opinión de El País


 Cuando terminé de escribir el artículo, leí un artículo del Sr. José Ignacio Torreblanca, titulado “Derechización” (14.07.16), en el que, tras ridiculizar a las izquierdas insultando la inteligencia del lector (atribuyendo a la izquierda comentarios de gran vulgaridad, presentándolos como representativos, sin ni siquiera citar quién está diciendo lo que él les atribuye), desmerece la observación que han hecho no solo las izquierdas, sino amplias zonas de la población española, de que El País se ha estado derechizando, atribuyendo esta percepción a un tipo de paranoia que, por lo visto, afecta a gran parte del pueblo español. Probablemente, para “probar” lo infundado de tal observación, El País se sacará de la manga en un futuro próximo una encuesta que muestre como El País es un periódico percibido como ejemplar en su compromiso con la libertad de prensa y con la democracia.

Y para rematar su artículo en el que niega tal derechización, pregunta a sus críticos que le digan cuándo ha ocurrido tal derechización, asumiendo que no le pueden contestar, pues –según él- no ha habido tal derechización. Pues invito al Sr. Torreblanca, jefe de opinión de El País, a que mire el número de colaboradores de izquierdas que han tenido a lo largo de sus cuarenta años de existencia en las páginas de Opinión, y que compare el número de cuando Joaquín Estefanía era director y cuando el Sr. Caño lo es ahora. Este cálculo ha sido hecho por estudiantes de periodismo de la UPF y la diferencia es abrumadora. Un tanto igual ocurre con el tema nacional. El País ha liderado la defensa de la uninacionalidad de España, oponiéndose (con un tono agresivo) a la visión plurinacional de ésta, identificando a aquellas voces que piden tal plurinacionalidad como defensoras de la ruptura de España, en un estilo y contenido semejantes a los de la ideología franquista.

En realidad, muchas son las causas de esta indudable derechización, pero una de ellas es su creciente dependencia de las instituciones financieras como resultado de su enorme deuda. Su apoyo a los regímenes más derechistas de América Latina bajo la batuta del Sr. Vargas Llosa es uno de los indicadores de tal dependencia. Dicha derechización ha tenido un impacto en su calidad y credibilidad, algo de lo cual el Sr. Torreblanca no parece ser consciente. Es una lástima (para ejemplos de tal limitada credibilidad, ver mi artículo “Manipulaciones y mentiras en El País”, Público, 30.12.14).

Fuente: Público.es

jueves, 26 de mayo de 2016

Miedo a los medios



Debemos de tener miedo a los medios porque son los tanques del poder hoy. Por eso son tan importantes medios como éste que pretenden un tratamiento profesional de la información
En el tema de España y Catalunya, desde El País a La Razón las cabeceras madrileñas y los canales de televisión de ámbito estatal son unánimes. Ni siquiera mintieron tanto cuando Franco presidía el Bernabeu


Suso de Toro
  
Un día veo en "La Sexta" una entrevista a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Sin duda, se trata de una entrevista cariñosa, hay complicidad y simpatía. Dos días después el noticiario del mediodía de Antena 3 da dos noticias seguidas sobre el ayuntamiento de Madrid de forma tan sesgada que daña la imagen de la alcaldía.

Son dos cadenas de la misma empresa, ¿qué debo pensar? Sé que en esas cadenas hay periodistas con criterio profesional y ética demostrada, también hay otros a los que desconsidero, pero sé que el grupo empresarial tiene posiciones tomadas públicamente ante el proceso político catalán, por ejemplo, y que su capital depende de la banca. Y sé que la banca toma partido y que actúa para conducir las decisiones políticas y que, lógicamente, lo hace con todos los instrumentos a su alcance. Empezando por los medios de comunicación que controla. O sea, todas las cadenas de televisión y las cabeceras de prensa en papel.

Incluido el grupo Prisa, que edita El País y hace unos días justamente criticaba ese juego a dos manos del grupo Planeta. En un editorial denunciaba que ese juego beneficiaba a Podemos y perjudicaba al PSOE. Pero qué debemos pensar de una cabecera que desde la aparición de Podemos no hizo sino poner obstáculos, primero con una fingida ignorancia y después con franca hostilidad. Sí, es evidente que El País también tiene una opción, conservarle el papel de segunda fuerza al PSOE y que llegue a entendimientos con el PP. Y así cada empresa de comunicación, y tras ellas la banca, interviene con sus matices particulares en el juego de partidos para conducir el resultado electoral.

Ya no digamos en el tema de España y Catalunya, desde El País a La Razón las cabeceras madrileñas y los canales de televisión de ámbito estatal son unánimes. Acabamos de ver la retransmisión de la Copa del Rey, antes Copa del Generalísimo, más vergonzosa de su historia. Ni siquiera mintieron tanto cuando Franco presidía el Bernabeu. Lo de hace unos días fue mucho peor, fue el fascismo televisivo, la mentira y la desaparición de la imagen de la afición entera de uno de los dos equipos. Pero en el tratamiento a los catalanes en los medios españoles ya lo hemos visto todo.

Debemos de tener miedo a los medios porque son los tanques del poder hoy. Por eso son tan importantes medios como éste que pretenden un tratamiento profesional de la información. Naturalmente que tienen línea ideológica, como cualquier ser pensante, pero no deben ser medios de partido. Por eso es tan negativa la demanda de algunos lectores que repetidamente exigen y claman que se ponga al servicio de unas siglas u otras, hacer caso de esa presión sería el fin de la independencia del medio.

La ciudadanía necesita medios de comunicación que nos merezcan respeto por su independencia y que podamos contar con que, aunque no nos guste lo que nos cuenten o que nos digan, lo hacen porque creen que es lo que pide la profesionalidad, el servicio que debe prestar el periodismo a la sociedad.

Fuente: eldiario.es

domingo, 8 de mayo de 2016

Liberados los tres periodistas españoles desaparecidos en Siria hace casi un año



Los periodistas José Manuel López, Ángel Sastre, y Antonio Pampliega, de izquierda a derecha.
Los periodistas José Manuel López, Ángel Sastre, y Antonio Pampliega, de izquierda a derecha. EFE 


Los periodistas españoles Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre, que permanecían secuestrados en Alepo, al norte de Siria, desde julio del año pasado, han sido liberados, según fuentes del Ejecutivo español. Estas fuentes han informado de que los periodistas han sido liberados hace pocas horas y de que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha contactado esta misma tarde con ellos.
Asímismo, han señalado que su liberación ha sido posible gracias "al trabajo de muchos servidores públicos y la colaboración de países aliados y amigos", principalmente en la fase final desde Turquía y Qatar.
Los periodistas se encuentran ahora en Turquía, según han comunicado fuentes de su entorno a la agencia Europa Press, que han afirmado que está previsto que los periodistas lleguen mañana a Madrid, a la base aérea de Torrejón de Ardoz.
No se sabía nada de estos tres reporteros desaparecidos en Alepo desde el 13 de julio del año pasado. Todos ellos estaban muy vinculados profesionalmente a Siria, desde donde han informado para diversos medios. Trabajaron juntos allí ya en 2013.
Antonio Pampliega es autor de Siria. Más allá de Bab Al-Salam, un libro sobre su experiencia en el país como reportero. También ha participado en el programa Infiltrados de Cuatro y es autor del blog 'Un Mundo en Guerra'. En eldiario.es publicó  esta opinión en la que elogiaba el trabajo del periodista Jim Foley, asesinado por el ISIS.
El extremeño Ángel Sastre ha colaborado con diversos medios como Cuatro, Onda Cero y La Razón. Además de en Siria ha trabajado en diversos países de Oriente Próximo y América Latina, dos regiones entre las que tiene el "corazón partido" según afirma en su cuenta de Twitter. Ha recibido reconocimientos como el Premio Larra 2010, concedido por la Asociación de la Prensa de Madrid al "periodista menor de 30 años que más se haya distinguido durante el año".
José Manuel López, fotógrafo leonés, ha estado en varias ocasiones en Siria casi desde los inicios de la guerra. Ha desarrollado su labor en más de 60 países, entre los que se encuentran  Afganistán, Palestina, Kosovo, Haití, Guatemala y República Democrática del Congo. Ha publicado imágenes en medios como Le Monde, L'espresso, El Mundo, La Vanguardia y Tiempo. Ha recibido la Medalla de Oro en la categoría de Prensa del 'Px3 Prix' de Fotografía de París, así como el tercer premio de los Internacional Photography Awards (IPA) en el año 2012 y un segundo en los Premios 'Foto del Año' de Unicef en 2011.

Fuente: eldiario.es

martes, 26 de abril de 2016

Pablo Iglesias tiene razón: los medios manipulan



Ramón Reig

Ramón Reig

Rebelión

La universidad es una isla de libertad, al menos la universidad pública. Porque el conocimiento, o es, o no es. Nada es incuestionable en la universidad, nada, colocar diques a la libertad de pensamiento y expresión es colocarlos a la libertad de cátedra y al avance del saber. A mí, Podemos no me convence ni IU tampoco y si hay elecciones nuevamente me volveré a abstener como hago desde hace bastante tiempo. Si Podemos e IU no se entienden ya no serán alternativas a ningún problema sino parte del problema mismo. Pero uno tiene sus principios -aunque sean personales e intransferibles- y no me va eso de estar aguantando durante años clarísimas campañas mediáticas de desprestigio contra Podemos e IU y estar callado, así como no me callo cuando al profesor doctor Pablo Iglesias –con un notable curriculum académico- le llaman una y otra vez “el Coleta”.

Aunque les pese a muchos, el profesor Iglesias –a quien no conozco salvo que hayamos coincidido en alguna reunión de la también demonizada fundación CEPS cuando yo pertenecía a ella, a mucha honra- es un representante de millones de personas y merece un respeto. Si tras su intervención en la universidad decide matizar sus palabras y aparecen Errejón y Echenique corrigiéndole la plana, allá él, Podemos y sus aliados habrán ofrecido otra muestra más de debilidad, inmadurez e incoherencia, motivos, entre otros, por los que no estoy de acuerdo con su proceder. Los experimentos se hacen con gaseosa, cuando salta uno a la arena pública hay que tener claras las bases fundamentales sobre las que actuar.

Es significativo que, en estos tiempos de pensamiento anémico derivado de lo postmoderno, cuando alguien se siente seguro de sus planteamientos –aunque las dudas supongo que van por dentro- lo llamen engreído, prepotente y calificativos parecidos, da la impresión de que se quiere empujar a cualquiera que sobresalga hacia el ejército de mediocridad política y social que envuelve a diversos países entre ellos el nuestro. Parece que parte de la clase política y mediática quiere echar abajo a quien destaca y siembra ilusiones en los demás debido a desaciertos y sumisión del bipartidismo a poderes a los que no se atreven a desafiar. Podemos es el efecto de ese hecho, no se olvide.

Era la universidad, no una rueda de prensa

El jueves 21 de abril de 2016 Pablo Iglesias presentó un libro en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, En defensa del populismo, de Carlos Fernández Liria. Allí, Iglesias mencionó a un periodista del diario El Mundo y en él personalizó/simbolizó los ataques y desinformaciones que muchos medios de comunicación (no todos, por fortuna) han perpetrado y siguen perpetrando contra la imagen de Podemos en general y de Iglesias en particular.

Que Pablo Iglesias tiene toda la razón en lo que dice no cabe duda, ¿o es que puede uno escribir lo que desee y como desee y esperar además que nunca le digan nada en público?, ¿desde cuándo el periodista y el periodismo no puede ser sometido a crítica libre y abiertamente mientras ellos se permiten enjuiciar a los demás?

Soy catedrático de periodismo y he ejercido la profesión durante quince años y mi manera de defenderla no es marchándome cuando me cuestionan sino explicar y escribir sobre las causas que existen para que la credibilidad del periodismo haya caído por los suelos. Hay colegas que afirman que los periodistas que estamos en la universidad somos los malos periodistas. No, nada de eso, somos los que nos viene estrecha la profesión, somos los que tenemos que valorar los curricula de los colegas víctimas de EREs o cansados de una profesión que –por regla general- se ha vuelto rutinaria y servil y por eso quieren acceder a la universidad y no pueden por falta de méritos académicos porque en la universidad no basta con contar “batallitas” profesionales, hay que poseer bastante más preparación ya que no se trata sólo de enseñar un oficio sino una profesión.

Denunciar con nombres y apellidos

Pertenezco a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y no estoy de acuerdo con defender a quienes manipulan interesadamente la información para servir a un poder al que Podemos inquieta, lo de menos aquí es el periodismo, lo importante es que el periodismo se convierte en propaganda, en servosistema, como diría el profesor Fernando Quirós, catedrático de la misma Universidad Complutense, y encima pretende que todos callemos.

Comprendo que la FAPE está en su papel de salir en pro de un periodista pero no es cierto que se le deba censurar a Iglesias la personalización en nombre de la deontología periodística y la ética política. Precisamente es al revés, hace bastantes años que la profesora Petra M. Secanella, en su libro de referencia, Periodismo de investigación, recogió el Decálogo de Sanford, elaborado en EEUU, un decálogo deontológico en cuyo punto 7 puede leerse: “No difamar vagamente, si se quiere hacer, hacerlo, pero aceptando las responsabilidades”. Difamar es “decir en público o escribir cosas negativas en contra del buen nombre, la fama y el honor de una persona; en especial cuando lo dicho o escrito es falso”. Pues bien, el profesor Iglesias no ha difamado, ha denunciado con nombres y apellidos, no ha tirado la piedra y ha escondido la mano ni ha hablado en potencial (“Fulano podría” o “al parecer”) sino que lo ha hecho con concreción, como debe ser. Mi colega el profesor y periodista José Manuel de Pablos, catedrático de la Universidad de la Laguna, publicó en 1997 un libro al que llamó Amarillo en prensa donde afirma que el periodismo no se escribe en potencial ni se especula con la actualidad.

Igual que le indican al señor Iglesias desde los medios que no denuncie en público sino que lo haga desde los juzgados o desde los propios medios de comunicación (en el primer caso la causa dura años y en el segundo las puertas están casi todas ellas cerradas), si el periodista aludido cree que ha sido difamado, cuenta igualmente con los tribunales de justicia porque del apoyo mediático ya goza. Tal vez en el juzgado salieran a relucir los numerosos trabajos de investigación que se han elaborado dentro y fuera de la universidad sobre las tergiversaciones que ha sufrido Podemos desde los medios de comunicación más masivos, cuando los mensajes de medios supuestamente progresistas han coincidido con otros de medios que se definen como de centro derecha, liberales o conservadores. Por ejemplo, El País, Abc y El Mundo coincidieron en 2014 en lanzar en primera página un único mensaje: que los ciudadanos temieran la presencia de Podemos porque estaba apoyando a ETA y porque el Bundesbank creía que era una amenaza para la estabilidad económica de España. Esta “información” tuvo un “efecto de arrastre” en otros medios.

Defender al periodismo desde el estudio

Mi indignación no es por el hecho que ha sucedido en sí, sino porque no poca prensa pretende hacer creer a la opinión pública algo así como que es inmune a las críticas desde la universidad cuando en la universidad ya tenemos clara esta campaña anti-Podemos y, como ya indiqué, se ha demostrado en no pocos trabajos de investigación elaborados sobre el fenómeno Podemos. ¿Creen los colegas periodistas que los profesores-periodistas que nos dedicamos a estudiar a diario sus mensajes no estamos defendiendo nuestra profesión? Ellos saben que numerosas indagaciones publicadas (y silenciadas) sobre el asunto están en lo cierto pero deben comer todos los días, ni siquiera entrevistan ni dan cancha a quienes hemos demostrado que el periodismo no es libre, no los dejan o ellos se autocensuran.

El propio Pablo Iglesias elaboró en 2014 el guión del conocido documental –a pesar del silencio de la prensa- Una mosca en una botella de Coca Cola –dirigido por Javier Couso- donde se exponen algunos de los intereses que ocultan los grupos mediáticos en España. Este documental puede ser completado por el libro Traficantes de información, de Pascual Serrano, y por otro documental, Sombras de libertad, emitido por La 2 en Documentos TV, si bien en esta ocasión se denuncian las censuras y choques de intereses en el ámbito de las corporaciones mediáticas en Estados Unidos, con un destacado papel del profesor McChesney, uno de los pocos investigadores de estos temas en aquel país, que está sufriendo las consecuencias de su línea de trabajo en forma de negación de subvenciones, por ejemplo. Ambos documentales pueden hallarse en Internet.

El verdadero poder

Es curioso que las organizaciones de periodistas nacionales e internacionales hayan denunciado reiteradamente la influencia de la propiedad de los medios en la libertad del periodista y ahora cuando Iglesias lo vuelve a expresar desde la universidad condenen su derecho y su deber a comunicárselo a una opinión pública que lo sabe pero que ignora hasta dónde llega esa influencia y esa presión contra el periodista y si se coacciona al periodista y al periodismo se le niega al ciudadano su derecho constitucional a una información veraz y, por tanto, se daña a la propia democracia.

Siempre digo que todo poder tiene el deber de ser poder y de mantenerse en el poder todo el tiempo que pueda. No me refiero al poder de la Moncloa ni al de Las Cortes sino a este otro que se desprende de unas palabras del ministro de asuntos exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, que, al referirse al problema catalán, pronunció en una entrevista concedida a Abc el 4 de agosto de 2013: «En esta época hay que tener muy claro que, frente al poder nacionalmente inabarcable de grupos multinacionales que con su capacidad de crear y destruir empleo, de crear y destruir felicidad, pueden poner de rodillas a muchos Estados soberanos, cualquier movimiento disgregador o separatista va contra el sentido de los tiempos. De ahí la importancia de integrarse en unidades cada vez más grandes, como la misma UE.».

El señor García-Margallo –un político al que creo competente- nos aclara quién manda aquí y se le agradece pero entonces, ¿qué poder tiene él y quienes le votan? Leyéndolo se comprende perfectamente la paranoia anti-Podemos que es especialmente grave porque tergiversa y miente, es cierto y está demostrado, negar eso es, a nivel científico, como negar la validez de los descubrimientos del Dr. Fleming, no podemos estar dudando siempre, El Mundo no es el El Mundo sino Fiat y los accionistas de Fiat (Mediobanca, etc.) y Fiat no sólo fabrica coches sino misiles antimisiles y otras herramientas.

¿Se desmorona Unedisa?

Es extraña la actitud de los periodistas en este caso aunque comprensible. El mismo día en que Iglesias proyectaba sus críticas se producía otro hecho, ignorado o casi por la opinión pública. Los periodistas de El Mundo estaban movilizándose por el ERE que prepara Unidad Editorial (Unedisa), la empresa editora. Hasta mi buzón de correo electrónico llegó un escrito de los propios periodistas donde pude leer:

El grupo Unidad Editorial pretende despedir a 224 personas aplicando directamente la ley (20 días de salario por año trabajado con un límite de 12 mensualidades) y sin presentar ningún plan de bajas incentivadas. Este ERE salvaje conlleva el despido de 39 trabajadores en el Corporativo (3 de ellos del centro de Meco de Logintegral) y 185 en redacciones con el siguiente reparto: 58 en El Mundo Madrid, 32 en Delegaciones, 24 en Marca, 19 en Radio Marca, 16 en Expansión, 27 en Revistas, 5 en Ediservicios y 4 en Telva. Esto supondría el cierre de varias Delegaciones y algunas de las publicaciones del grupo. Los representantes de los trabajadores consideramos que esto significa un paso más en el progresivo desmantelamiento de Unidad Editorial como empresa informativa. El acta de constitución de la comisión negociadora incluye la exigencia por parte de la representación social de la paralización del ERE, al menos mientras dure la OPA presentada por Cairo Communications sobre RCS, empresa propietaria de Unidad Editorial. La próxima reunión con la empresa ha sido fijada para el próximo miércoles, 27 de abril, plazo en el que tenemos que estudiar los cinco tomos de documentación de los que la empresa no ha querido dar detalle alguno.

¿Por qué no se levantan y se van los periodistas de ningún acto como protesta por éste y los otros numerosos EREs que se van presentando paulatinamente en todos y cada uno de los grupos mediáticos españoles? ¿Por qué no se van cuando Mariano Rajoy o el PP los despacha con una rueda de prensa virtual o sin palabras? ¿Por qué cuentan los periodistas una cosa en público y a mí me dicen otras en privado que no voy a revelar para no perjudicar a nadie?

Por otra parte, ¿qué es Cairo Communications? A poco que se indague se descubre: un grupo cuyo accionista mayoritario ha trabajado para Berlusconi, para la empresa que actualmente respalda a Unedisa (es accionista de RCS) y que además es presidente del Torino CF: Urbano Roberto Cairo. ¿Qué pintan estos empresarios en los medios de comunicación?, ¿cómo se va a desarrollar así el periodismo que los ciudadanos demandan? Es cierto que aún se elabora un buen periodismo pero también lo es que se quedan fuera numerosos temas de interés y que la atención del periodista se desvía hacia el mundo público y político dejando a salvo –en gran medida- lo que se hace en el mundo privado que es en realidad donde se concentra más poder y para el que trabajan más ciudadanos.

Y es que hay que estar al pie de la realidad. Como la prensa –en general- no es un contra-poder sino que es un elemento del poder, todo le está permitido, basta que lo haga con glamour y que se sienta víctima de los demonios Pablo Iglesias, Evo Morales, Rafael Correa o Hugo Chávez a quien no dejan descansar en paz. Cuando aparece un disidente, a por él. Le ocurrió a Anguita con El País y otros medios, le ocurrió a Tsipras, le ocurre a Assange y a Snowden y le está ocurriendo a Iglesias, hay que matar al niño antes de que siga creciendo. Y lo lograrán (“Me llamarán, nos llamarán a todos”, escribió Blas de Otero) porque el Poder es implacable y hace lo que debe: defenderse de quienes lo cuestionan pero también estos están obligados a desarrollar su papel rebelde y díscolo, así es la Historia. Esperemos que el nuevo periodismo sea más sensato para poder darle del todo la razón al grito de Pascual Serrano: “La prensa ha muerto, ¡viva la prensa!”. Pero, ¿cómo cuestionar un sistema teniendo que vivir de él y en su interior?

El teatro mediático y de nuevo la universidad

Los papeles están repartidos, la SER promociona al PSOE con descaro y la COPE al PP sin disimulo, es lo que hay y bien que lo lamento porque no me gustan las manipulaciones ni contra Podemos ni contra nadie. El periodismo riguroso –si es que lo hubo- lo tiene muy difícil porque también los simpatizantes de Podemos y de IU desean oír lo que van buscando: que el capitalismo es el malo y que ellos son los buenos. Menudo maniqueísmo nos invade, sólo queda la universidad como isla de libertad, con todos sus defectos y, aún así, el Plan Bolonia y los futuros grados van a terminar poco a poco con el conocimiento al menos en ciencias sociales y humanidades. Y la libertad de cátedra está en peligro ante la revolución neoliberal que es la única que está en marcha.

Lo mejor que dijo Pablo Iglesias en la citada presentación del libro es que estaba en la universidad, no en una rueda de prensa. En efecto, estoy cansado de escuchar en la universidad a supuestas estrellas del periodismo que no hablan en clave universitaria sino publicitaria de sus empresas, no hablan para formar estudiantes ni para los docentes y los científicos sino para agradar a sus jefes y preservar el estatus o subir. Los periodistas de pro se ponen nerviosos en la universidad, es cierto, porque en la universidad no se depende de intereses de grupos mediáticos y puede haber en la sala quien se levante en un coloquio y plantee asuntos imprevistos y hasta desconocidos. Hay que tener valor para todo: para irse cuando no gustan las palabras de Pablo Iglesias pero también para largarse si en lugar de Pablo Iglesias se trata de un banquero o de los propietarios de una corporación cualquiera que, a su vez, es accionista y anunciante de los medios de comunicación en los que los protestones periodistas trabajan.

Pongamos un caso, para terminar. Todos los años se falla el Premio Planeta de novela. Días antes se suele filtrar el ganador. Al menos dos miembros que lo han sido del jurado de este galardón han hablado de sus circunstancias internas. Pero la prensa está allí, en masa, compartiendo mesa y mantel y hasta la Casa Real ha acompañado esta ceremonia. En esta ocasión, nadie se levanta y se marcha a desarrollar otros asuntos. Si Pablo Iglesias se convirtiera en un magnate con inversiones en medios de comunicación tal vez ya no sería un deslenguado sino un millonario excéntrico, acaso como Jeff Bezos, dueño de Amazon y de The Washington Post, el diario que destapó el Watergate, ¿se acuerdan?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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