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La reunión del Consejo Ciudadano de Podemos ha aprobado la nueva hoja de ruta de la formación morada
Por Santiago Aparicio
En la reunión del Consejo Ciudadano Estatal había dos decisiones que tomar. Por un lado, el tipo de política que debe llevar a cabo Podemos en esta nueva etapa y, por otro, la nueva ejecutiva que rodeara a Pablo Iglesias. Pocas voces discrepantes se han escuchado. Tan sólo matices a las palabras de amado líder. Los inscritos de Podemos habían decidido el pasado fin de semana un modelo y una forma de hacer política y no cabían oposiciones reales. Se votó por un partido más monocrático y así lo ha aceptado el consejo.
SE VOTÓ POR UN PARTIDO MÁS MONOCRÁTICO Y ASÍ LO HA ACEPTADO EL CONSEJO
Los medios de comunicación se regodeaban ante las posibles purgas internas, pero las aguas no han llegado al río. Iglesias y sus corifeos han templado gaitas como les pidieron masivamente en Vistalegre II. Ha elegido una ejecutiva que cumple perfectamente con sus expectativas de fidelidad y apoyo a sus propuestas estratégicas. Curioso, en este caso, que vaya a ser Íñigo Errejón quien se encargue de la estrategia del partido, cuando su visión es contraria a lo deseado por Iglesias. Al final, por el bien del partido, ha habido cierre de filas de todos los componentes.
Una apuesta firme por el conflicto social
Iglesias y su equipo entienden, y así fue aprobado por la mayoría (50,8%), que la fuerza de Podemos reside en su lucha no sólo en las instituciones, sino también en la calle. Al lado de aquellos que peor están siendo tratados por el sistema de la Gran Coalición. El líder de la coleta ha pedido al CCE que deben hacer cumplir el mandato de Vistalegre, como es “articular un movimiento popular como contrapoder real en la sociedad civil”. Esto solamente se logrará mediante el potenciamiento de la autoorganización de las personas. Ese contrapoder debe ser articulado por todas las fuerzas que realmente desean un cambio para este país.
CURIOSO, QUE VAYA A SER ÍÑIGO ERREJÓN QUIEN SE ENCARGUE DE LA ESTRATEGIA DEL PARTIDO, CUANDO SU VISIÓN ES CONTRARIA A LO DESEADO POR IGLESIAS
Dentro de esa estrategia, ha indicado Iglesias que espera poder atraer al PSOE hacia las posiciones del cambio social para la construcción de un nuevo país. Difícil tarea la que se impone Iglesias si ganasen los sectores más institucionalizados del partido socialista. Pero entiende que, como actor importante de la izquierda española, debe hacer ese esfuerzo de “atraerles a posiciones más cercana al bloque de la transformación”. Es de esperar que en la formación morada recen por la victoria de Pedro Sánchez, ahora mártir de las bases socialistas.
Tampoco se ha escondido Iglesias al hablar de la necesidad de crear un país plural que recoja todas las sensibilidades regionales y/o nacionales. Un país donde esa pluralidad aporte y no sirva de conflicto. Por ello es necesario dar la voz a aquellos que reclaman otra forma de coexistencia. El referéndum, entienden en la cúpula de la formación morada, sería una buena muestra democrática de articulación de ese nuevo país. No hay que tener miedo a la democracia. Y dentro de esa pluralidad ha pedido hacer un esfuerzo para que En Comú Podem siga creciendo, al igual que otras confluencias.
La nueva estrategia política y Errejón camino a la Comunidad de Madrid
Pablo Iglesias tiene una idea clara, la formación de un bloque de contrapoder y de lucha contra las oligarquías sólo se puede generar desde las instituciones más bajas. Amado líder ha sido claro en establecer como máxima ganar en las elecciones municipales y autonómicas. “Es estratégico que en las próximas elecciones municipales no solo seamos capaces de revalidar los gobiernos que tenemos, sino también en las elecciones autonómicas”. El trabajo de Teresa Rodríguez en Andalucía o el buen hacer de Mónica Oltra, aunque no forme parte de Podemos, son ejemplos de lo que hay que hacer.
Dentro de esa estrategia, Iglesias ha acordado con Errejón que éste sea candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid frente a Cifuentes. En parte, este acuerdo supone una desautorización de uno de los más fieles compañeros de viaje de Iglesias, Ramón Espinar. El discurso democrático hacia las bases y el esfuerzo por normalizar Madrid podrían caer en saco roto con esta decisión. De hecho, Isabel Serra, de Anticapitalistas, ya se ha manifestado contraria a que la decisión sea un acuerdo elitista. “No podemos saltarnos la voluntad de los inscritos y los órganos recientemente elegidos para hacer un reparto de sillones” ha expresado con contundencia Serra. Algunos dirigentes regionales, incluso del errejonismo, consultados manifiestan que, pese a poder ser un candidato aceptable y aceptado, lo importante es que el Consejo Autonómico debata y que las personas inscritas voten.
La nueva ejecutiva
Lo menos importante, pero tal vez lo más mediático, de la reunión ha sido la composición de la nueva ejecutiva o coordinadora de Podemos.
Irene Montero pasará a ocupar la portavocía del grupo parlamentario y la secretaría de Acción.
Pablo Echenique mantendrá, de momento y hasta que decide si ser secretario general en Aragón o no, la secretaría de Organización.
Rafael Mayoral será el secretario de Sociedad Civil y Movimiento Popular.
Juan Manuel del Olmo, se incorpora a la ejecutiva como secretario de Comunicación y Tecnologías de la Información.
Gloria Elizo asume la secretaría de Acción Institucional.
Noelia Vera asume la secretaría de Participación y la portavocía de la ejecutiva.
Sofía Castañón será la nueva secretaría de Igualdad, Feminismos y LGTBI.
Idoia Villanueva será la secretaria de Coordinación Ejecutiva del Consejo.
Meri Pita se hace cargo de la secretaría de Plurinacionalidad y Diversidad Territorial.
Pilar Garrido asume la nueva secretaría de Políticas Sociales.
Íñigo Errejón se encargará del Análisis Político.
Pablo Bustinduy mantiene la secretaría de Relaciones Internacionales.
Auxiliadora Honorato permanecerá en la secretaría de Administraciones Públicas.
Miguel Urbán asumirá la secretaría de Acción en el Parlamento Europeo.
Nacho Álvarez será invitado.
Este fin de semana he estado en la II Asamblea Ciudadana de Podemos en Vistalegre y he podido ver desde el primer minuto hasta el último lo que estaba ocurriendo. Creo conocer bien, pues, lo que ha pasado allí y que coincide muy poco con lo que he estado leyendo en la prensa, oyendo en la radio o viendo en la televisión sobre Vistalegre durante este fin de semana (y en días anteriores). Claramente ha habido estos días dos Vistalegres: el real (lo que ocurrió en Vistalegre) y el mediático, es decir, el Vistalegre que los medios (que se autodefinen como de información) intentaron presentar con una abundante manipulación, escasa veracidad y gran hostilidad hacia Podemos. Una vez más, es fácil de ver que uno de los mayores problemas que tiene la muy limitada democracia española es la falta de libertad de prensa, con una escasísima diversidad ideológica y con una ausencia de medios progresistas que puedan mostrar y denunciar su enorme sesgo derechista. En lugar de medios de información, lo son de persuasión y propaganda. Veamos los datos, y primero hablemos del Vistalegre real.
Qué ocurrió en el Vistalegre real
En Vistalegre vi un gran debate que se inició ya hace varias semanas sobre temas esenciales para el país, tales como la estrategia para alcanzar un país más justo, más democrático, más solidario y más plurinacional. Una fuerza política que no existía hace solo tres años se había convertido en la segunda fuerza del país (en alianza con IU), convirtiéndose en la oposición real a la coalición PP-PSOE-Ciudadanos, comprometidos estos últimos en continuar las políticas que se han estado imponiendo a la población española sin que hubiera un mandato para ello. Tales políticas –reformas laborales encaminadas a reducir los salarios y la protección social del mundo del trabajo, y recortes del gasto público social destinados a reducir y debilitar los servicios (como sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a personas con dependencia, prevención de la pobreza y exclusión social, entre otros) y de las transferencias del Estado del Bienestar (como pensiones)- han tenido un impacto sumamente negativo en la calidad de vida y bienestar social de las clases populares. Los datos que documentan esta realidad son claros y convincentes. No es sorprendente, pues, que estas clases hayan canalizado su enfado y frustración a través de nuevas fuerzas políticas a lo largo del territorio español, dentro de las cuales Podemos y su aliado, IU, junto con las confluencias como En Comú Podem, En Marea, Compromís y otros han sido las más importantes.
Y es de gran importancia e interés observar que, mientras este rechazo y enfado hacia el establishment (es decir, la estructura de poder político) se ha canalizado a través de partidos políticos de extrema derecha en países como EEUU (Trump) y Francia (Le Pen), en España han sido partidos claramente progresistas, enraizados en las izquierdas, los que han sabido oír y verbalizar dicha protesta y rechazo, y responder con propuestas auténticamente transformadoras cuya aplicación significaría predeciblemente una amenaza para tales establishments políticos y los intereses financieros y económicos que representan. El empuje de estos movimientos ha significado un tsunami político que se está expandiendo a nivel no solo central, sino también autonómico y municipal. Y todo ello ha ocurrido en un periodo de tiempo extraordinariamente corto.
La importancia de Vistalegre II
No es, por lo tanto, de extrañar que en un movimiento político-social que ha crecido de una manera tan rápida haya tenido que ir resolviendo problemas surgidos como consecuencia de su limitada experiencia y de la enormidad de la labor a realizar. De ahí la necesidad de los grandes debates sobre temas esenciales en un partido como Podemos, que aparecieron en los documentos que las tres principales sensibilidades existentes dentro de Podemos presentaron en el congreso, y que contenían sus propuestas de orientación política (de dónde venimos y a dónde queremos ir), de forma organizativa, de planteamiento ético y sus propuestas de cómo alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. La lectura de cada uno de estos documentos era fundamental para entender tal movimiento político-social y los debates en Vistalegre.
A lo largo de mi larga vida en varios países y en más de un continente (como asesor y/o participante en movimientos con vocación de servicio a las clases populares y con intención transformadora), he participado en muchos congresos y he leído muchos documentos congresuales, y puedo dar constancia (como economista y como politólogo) que en Vistalegre cada uno de estos documentos reflejaba un elevado grado de compromiso con el cambio, con una gran calidad de exposición y con una feliz mezcla de idealismo con realismo. Y lo que es también importante de resaltar es que los intensos debates que existieron entre las distintas sensibilidades se realizaron con gran madurez y sin insultos. Estuve con mi esposa todos lo dos días, sin ausentarme de Vistalegre ni un minuto, y pude escuchar todas las presentaciones. Y puedo dar testimonio que no vi ningún sarcasmo, ningún insulto y ningún síntoma de la famosa mala leche ibérica que aparece con excesiva frecuencia en reuniones políticas de tal naturaleza. Y ello ocurrió, repito, en pleno ejercicio de un debate intenso con claras opiniones contrapuestas y con críticas muy fuertes hacia posturas contrarias. En realidad, el deseo de encontrar puntos comunes y establecer un proyecto unitario caracterizó a la asamblea, que transcurrió durante toda la reunión con el claro objetivo, manifestado por la gran mayoría de los presentes de, respetando la diversidad, reforzar la unidad.
Fue un placer para mi esposa y para mí estar estos dos días con gente de todas partes de España, de todas las clases sociales (con clara mayoría de clases populares), y ver, entre otros miles de ejemplos de camaradería, a una trabajadora de Coca-Cola, en huelga, fraternizar con un general del ejército, o a una enfermera con un guarda civil, todos ellos en un proyecto común: transformar profundamente este país. La única crítica que yo haría es que el excelente sentido de fraternidad que se vivía no se reflejara con una cultura del canto, desaprovechando la enorme gama de canciones populares de protesta, amor y esperanza que existe en este país. Me encanta L’Estaca, que se cantó al final, pero fue de las poquísimas que se cantaron. Espero que en Vistalegre III se cante mucho más. Hasta aquí mi informe sobre Vistalegre sobre lo que vi. Pero nada de esto apareció en lo que se presentó al público por parte de los grandes medios.
El Vistalegre de los medios
Este otro Vistalegre, el que apareció en los grandes medios de información, fue muy diferente. En primer lugar, no hubo ningún gran rotativo, o programa radiofónico o de televisión, que presentara los documentos que se debatieron en el congreso. Repito, ni uno. En su lugar, las simplificaciones que intentaban resumir las diferencias alcanzaron niveles de auténtica frivolidad. En lugar de analizar tales propuestas, prácticamente todos los medios continuaron presentando el congreso de Vistalegre como la culminación del conflicto entre dos dirigentes, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que terminaría con la expulsión de uno de ellos de la dirección, o incluso de Podemos. Todos acentuaron la inevitabilidad de la división y de la escisión, presentando el debate como una mera lucha por el poder, asumiendo, además, que luchaban para conseguir el sillón o los privilegios que conlleva el poder, concluyendo maliciosamente que se comportaban como todos los dirigentes de los otros partidos. En esta presentación llegaron a unos niveles de una enorme mezquindad, con ataques a nivel personal. En realidad, la banalización de la presentación de tales debates por los medios llegó a niveles absurdos, haciendo por ejemplo referencia a datos extremadamente personales y claramente insultantes, como las parejas y cambios de parejas, manipulaciones dignas de los Eduardo Indas de este país. Nunca, sin embargo, presentaron los debates por lo que, en realidad, eran: legítimas e importantes diferencias de estrategia en los necesarios cambios que tiene que tener España.
Los medios de información en España como medios de persuasión y de propaganda
No hay duda de que el intento de tal reportaje sobre Vistalegre era debilitar o incluso destruir a Podemos y a sus dirigentes. Esta mezquindad, manipulación y mentiras de los medios son, por cierto, una constante que, por desgracia, las izquierdas no denuncian. Honra a los dirigentes, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que se excusaran por haber aireado sus diferencias en público, haciéndoles enormemente vulnerables a ser utilizados por unos medios que tienen asignada la función de destruirlos. Y así lo intentaron los medios, mintiendo a mansalva, presentando estas diferencias como cuchilladas del uno al otro que llevarían al exterminio del enemigo, significando la derrota y desaparición de uno a costa del otro. Como dije antes, la escisión se presentaba como una situación inevitable (cuando en realidad jamás tal posibilidad existió). Ejemplos de esta presentación hay a montones. El País, que lideró esta mezquindad, publicó que el conflicto se asemejaba a la lucha entre Stalin y Trotsky; El Periódico (Iolanda Mármol) indicó que la asamblea comenzó “con el alma en vilo y el barro hasta las rodillas”, presentando la lista de miembros del Consejo Ciudadano propuesta por Iglesias como “una ‘camarilla’ que le tienen ‘secuestrado’”; La Vanguardia, que profetizó el colapso de Podemos, presentó a Iglesias como un bolchevique dispuesto a realizar purgas; y así un largo etcétera. Y no digamos ya de los reportajes de la ultraderecha como La Razón, el ABC y otros. Fue una obscenidad, una confusión en la que algunas voces de izquierda, por desgracia, cayeron también. Tales voces criticaron, con razón, a Pablo Iglesias y a Íñigo Errejón por discutir en público sus diferencias, pero no dijeron nada crítico hacia los medios, que en realidad fueron los mayores responsables de crear esta falsa imagen de escisión, con purgas incluidas. Repito que nunca hubo posibilidad de escisión, y no va a haber ninguna purga de Errejón, tal como maliciosamente se está interpretando el hecho de que Errejón deje de ser, probablemente, secretario político, pues tal cargo no existe en ningún otro partido, ya que tal responsabilidad recae en el secretario general. Dicho nombramiento era una anomalía que tenía que corregirse, pues crea confusión. Ahora bien, seguro que los medios continuarán hablando con la simplicidad que han usado, sin ningún respeto a la veracidad.
Desde que me reintegré hace ya bastantes años en la vida académica y política de este país, he ido señalando, criticando y denunciando la falta de pluralidad en los medios y su función propagandista. La cacareada libertad de prensa es la libertad de sus dueños en los medios privados y de los partidos gobernantes en los medios públicos que los instrumentalizan. Son todos ellos instrumentos al servicio del poder, y todos ellos comparten su hostilidad hacia las fuerzas política que consideran amenazantes para el poder que sostienen. Ello no es único de España, pero es mucho más acentuado en este país, que tiene prácticamente una dictadura mediática, algo bien demostrado en el hecho de que no ha habido ni un medio de información que haya presentado de forma medianamente objetiva lo ocurrido en Vistalegre.
La inmunidad de los medios y de su corrupción
Esta dictadura mediática tiene atemorizados a los dirigentes progresistas del país. Pocos dirigentes políticos de izquierdas los denuncien. Aplaudo, por lo tanto, la crítica que hizo Pablo Iglesias al programa de la SER de Pepa Bueno por las manipulaciones, falta a la verdad y vetos de este programa (pueden escucharlo en http://play.cadenaser.com/widget/audio/001RD010000004454179/), y a La Sexta Noche por no solo mantener sino promover a periodistas de sistemática y documentada manipulación y mentira, algunos de ellos cómplices con policías que falsificaron documentos para destruir a Podemos. Refleja bien la inmunidad de los medios y del Estado que los policías que falsificaron evidencias en contra de Pablo Iglesias no hayan sido expedientados y continúen trabajando, y que el periodista cómplice en la distribución de tales falsedades continúe en La Sexta Noche. La inmunidad de la que goza este tipo de corrupción en España es abrumadora y la población es consciente de esta labor de desinformación de los medios de persuasión, lo cual refleja su escasa credibilidad y su baja popularidad. Hoy criticar a los medios, pieza clave del establishment (que existe en España u en otros países como en EEUU) financiero y económico, y a sus instrumentos políticos, debe incluir también el rechazo a sus medios de persuasión. Hay un silencio ensordecedor, basado en el miedo, que debe romperse.
El popular rechazo a los medios
Una figura política que captó rápidamente esta realidad fue el candidato Trump, que en contra de lo que los medios han presentado no tiene nada de payaso. Es una persona de una enorme astucia política y con una enorme capacidad de conexión con las clases populares. Consciente de la impopularidad de los medios entre la clase trabajadora, hizo de su denuncia un punto central de su campaña. En realidad fueron los propios medios, por extraño que parezca, los que habían promocionado al principio de las primarias al candidato Trump, como manera de anular al enemigo no. 1 del establishment estadounidense, el candidato socialista Bernie Sanders, que fue el primero en denunciar el sesgo y manipulación de la mayoría de dichos medios. Una vez anulado Sanders, Trump se les fue de las manos. Nada menos que el director de la cadena CBS había dicho que Trump daba grandes audiencias, lo que representaba unos grandes beneficios empresariales, aun cuando era consciente de que sería un desastre para el país. Pero no fue Trump el que inició o se caracterizó por su denuncia de los medios. Fueron las izquierdas en EEUU las que documentaron la sistemática manipulación y sesgo de la realidad por tales medios. Fue la campaña de Bernie Sanders, por ejemplo, la que documentó las falsedades del Washington Post en su campaña de difamación de su candidatura. El director de El País, Antonio Caño, que en su día como corresponsal de tal rotativo en EEUU promocionó en sus artículos el partido de ultraderecha Tea Party (que jugó más tarde un papel clave en el surgimiento de Trump) (ver mi artículo El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de ‘El País’, Público, 24.02.14), y que definió a Podemos como la fuerza política hermana de Trump (ver mi artículo Por qué apoyo a Pablo Iglesias, a Podemos y a Unidos Podemos, Público, 09.02.17), intentó presentar el justificado enfado de Podemos hacia El País como una muestra de pertenecer a la misma familia política que Trump, que critica a los medios. En realidad, la mayoría de partidos que rechazan a los establishments financieros y económicos, y a sus instrumentos políticos, también rechazan a sus medios de propaganda y desinformación, como ha sido El País y otros medios en su cobertura de Podemos.
Sé que es costumbre añadir en esta crítica a los medios la frase estándar de que hay muchos buenos profesionales trabajando en ellos, lo cual es cierto, pero es frustrante su silencio, repito, ensordecedor sobre lo que sus diarios están haciendo al servicio del poder. De ahí que considere que es poco creíble, por ejemplo, la crítica de Iñaki Gabilondo (persona que goza de gran respeto en entornos progresistas) a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, y en cambio no diga nada de la campaña de los medios en los que trabaja, tales como El País y la Cadena SER, en contra de Podemos, contribuyendo a la inmunidad de la que gozan tales medios, que es sumamente dañina para la democracia española. Seguro que son conscientes de ello.
Fuente: Público.es
"Votar al equipo de Íñigo y a sus documentos (algo muy respetable y muy legítimo) significa apostar por que Pablo deje de liderar Podemos", ha asegurado
"Sé que suena duro y sé que me expongo a salir magullado, pero no puedo quedarme callado ante algo tan obvio"
eldiario.es
El secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, se ha sumado a la cadena de críticas que se han dirigido contra Iñigo Errejón en el día en el que las dos partes en conflicto presentaban sus listas para dirigir Podemos.
Que Errejón se hiciese acompañar en su presentación por una imagen de cartón en la que salía Pablo Iglesias ha desatado las iras en el seno de la organización. En ese trozo de papel han parecido encontrar los seguidores de Iglesias la metáfora de lo que Errejón reserva para su líder: convertirlo en una figura decorativa y sin poder real.
Echenique ha decidido no guardar las distancias y ha recriminado que Íñigo Errejón arrancase su campaña sugiriendo que Pablo Iglesias siga liderando Podemos "con el equipo y el proyecto de una candidatura que no es la suya": "Creo que no está bien engañar a los inscritos, me veo en la obligación de decir aquí hoy que lo que ha planteado Íñigo Errejón en el pistoletazo de salida de su campaña es mentira".
A través de un comunicado hecho público en Facebook, Echenique ha asegurado que "es sencillamente falso" que sea posible un resultado en el que Pablo Iglesias siga liderando Podemos con el equipo y el proyecto de otro. "Este resultado es imposible y todo el mundo lo sabe (incluido Íñigo y su equipo) porque Pablo lo ha dicho y lo ha explicado en decenas de ocasiones".
"Sé que suena duro y sé que me expongo a salir magullado, pero no puedo quedarme callado ante algo tan obvio", ha dicho. "Por eso me ha sorprendido mucho que la candidatura de Recuperar la Ilusión arrancase vendiendo como su objetivo en la Asamblea Ciudadana algo que no va a ocurrir".
"Votar al equipo de Íñigo y a sus documentos (algo muy respetable y muy legítimo) significa apostar por que Pablo deje de liderar Podemos… y da igual si lo hemos votado como Secretario General. El resultado es el mismo: Pablo daría un paso atrás porque no tiene ninguna lógica tener a un Secretario General de cartón".
Teresa Rodríguez, Joan Giner, Laura Pérez, Kiko Garrido y Román Sierra
Coordinadora de Podemos Andalucía, Secretario Político y diputado de Catalunya Sí que es Pot, Secretaria General y diputada de Navarra, Secretario General de La Rioja, y Secretario de Organización y diputado de Aragón
El pasado martes Podemos cumplió tres años. Quién nos iba a decir entonces lo que íbamos a lograr en tan poco tiempo. Un tiempo en el que Podemos ha sido un revulsivo a la hora de construir fórmulas organizativas y políticas innovadoras. Y a la muestra está nuestra independencia económica respecto a los bancos, los Círculos como espacios abiertos de participación popular, nuestra potencia en redes sociales o nuestra capacidad comunicativa. Pero estos logros esconden varios reversos tenebrosos: el riesgo de claudicar ante la tentación de la auto-satisfacción o que lo alcanzado nos impida ver lo que se podría haber hecho mejor o lo que directamente se hizo mal y podría continuarse por mera inercia.
Porque también hemos visto cómo Podemos se ha ido perfilando en estos años como un partido abierto en lo formal pero bastante cerrado en la práctica. Las listas planchas, la falta de pluralismo o la preponderancia de los cargos en la vida interna de la organización son, sin duda, malas prácticas que erradicar. El “estado de excepción” en forma de “máquina de guerra electoral” aprobada en aquel primer Vistalegre ha mostrado su capacidad electoral, cierto, pero también ha borrado la frescura y la irreverencia de aquel Podemos que quería tomar el cielo por asalto, de aquel movimiento político decidido a reinventar las instituciones para ponerlas al servicio de la mayoría social que está sufriendo la crisis.
Y en esa que llega la inminente Asamblea Estatal de Podemos. Dos años después del primer Vistalegre, toca repensarnos, debatir y construir en común un proyecto capaz de desafiar a los partidos del régimen y a sus poderes. En estos dos años nos han pasado muchas cosas. Hemos conseguido avances, pero aún estamos lejos de nuestros objetivos. Tenemos que pensar colectivamente qué ha funcionado mal y que podría funcionar mejor para cambiarlo y corregirlo.
Más allá de las distintas luces y sombras, hoy parece de consenso que el modelo que salió de Vistalegre no sirve para la nueva etapa en la que entramos. Tenemos pues que superarlo para poder construir con garantías un instrumento útil para el empoderamiento de las clases populares. Pero desde Podemos en Movimiento tenemos claro que antes de entrar en medidas concretas, debemos dejar atrás de una vez por todas el elemento central que marcó la propuesta ganadora de aquella primera asamblea: tenemos que superar el miedo a nuestra gente.
Durante los primeros meses de vida de Podemos, Pablo Iglesias solía referirse a una idea fundamental: “el poder no tiene miedo a la izquierda, sino a la gente haciendo política”. Podemos nació (no deberíamos olvidarlo) como una herramienta para el “empoderamiento popular”. De esta forma, es fundamental que Podemos se siga reinventando y camine hacia un tipo de partido-movimiento abierto, participativo y democrático. Porque si algo caracterizó a aquel primer Podemos y al “espíritu de las Europeas” que ahora tanto se recuerda y reivindica por unas y otros, fue el desborde. Podemos como herramienta de auto-organización popular para que las y los de abajo hiciesen política en primera persona del plural. El primer Vistalegre cortocircuitó ese desborde popular, encorsetando a Podemos en lógicas organizativas y políticas más parecidas a una trampa que al trampolín que pretendía ser.
Pensemos si no cómo es que en estos dos años por Podemos y sus círculos han pasado decenas de miles de personas, si bien la mayoría, a pesar de haber votado a Podemos, no se han quedado a participar regularmente. Más allá del agotamiento del efecto novedad, debemos preguntarnos por las causas y, sobre todo, por las consecuencias de que Podemos haya sido capaz de fundar una política de lo “excepcional”, movilizando a millones de personas en momentos puntuales (como unas elecciones o un congreso), pero se haya mostrado menos capaz de proponer una política de lo “cotidiano”, que genere comunidad, solidaridades y redes de apoyo mutuo. Y esa pregunta no podemos responderla en solitario, ni desde los órganos de dirección ni desde Podemos en su conjunto. Pero tampoco habrá respuesta sin que Podemos adopte un papel central en encontrar soluciones a ese desafío.
En el próximo periodo nos toca territorializar la política, que no significa otra cosa que involucrarse en la creación de comunidad, en tejer movimiento en todos los espacios de la vida social, trabajando con otros actores para generar instituciones de clase autónomas. Este es uno de los principales retos que tenemos desde Podemos en el próximo periodo para no quedarnos en un partido “relámpago” ni, sobre todo, convertirnos en un partido más. Para nosotros y nosotras, confiar en nuestra gente es apostar por la descentralización y la “desmadrileñización” de la dirección y del aparato de la organización. Esto implica reforzar y generar órganos más cercanos y ligados a sus respectivos territorios, con consejeros elegidos directamente por asambleas ciudadanas autonómicas que eviten que los órganos estatales estén formados mayoritariamente por personas procedentes de una única región. Necesitamos un Podemos con implantación sectorial y con raíces en los territorios. Y ambas tareas van de la mano y se retroalimentan.
La descentralización es una de las claves del documento organizativo que hemos presentado desde Podemos en Movimiento. Queremos que Podemos eche raíces en los territorios para que los territorios florezcan en Podemos. Solo así tendremos una organización y un modelo organizativo que se parezca a ese país plurinacional que defendemos hacia fuera. Sabemos que, afortunadamente, no estamos solos en este frente. Esta es una idea compartida por muchas y muchos. Valgan los ejemplos recientes recogidos en documentos como Descentralización y Autonomía para ganar el país, presentado desde Asturias, o la propuesta del Consejo Ciudadano Andaluz de formar una organización autónoma y federable. La propuesta que presentamos desde Podemos en Movimiento garantiza ese “derecho a decidir” para los territorios, abriendo la puerta a una mayor independencia política y legal a escala autonómica. En lo concreto, esto se traduce en algunas medidas específicas:
Establecer que los máximos órganos de Podemos tengan un componente territorial al estilo del CCE y una Comisión de Garantías con representación de los territorios en su último nivel de apelación.
Trabajar por la autonomía política de los espacios autonómicos, restándole atribuciones sobre los mismos a los espacios estatales, como el CCE o el Coordinador o Secretario General. Nadie “por encima” puede revocar decisiones de las asambleas autonómicas. La dirección que lleve, por ejemplo, Podemos Andalucía la van a decidir las y los andaluces, y la de Aragón, las y los aragoneses.
Acabar con la circunscripción única en los procesos electorales.
Permitir a los territorios tener libertad de crear estructuras (provinciales, comarcales) entre el nivel municipal y autonómico.
Por último, frente a una estructura como la actual, que no deja ninguna autonomía a los municipios, que le ha negado a los Círculos cualquier capacidad de decisión real y que replicaba en todos los ámbitos de la organización, incluso en el más local o barrial, una estructura profundamente vertical, desde Podemos en Movimiento proponemos repensar cómo se participa a partir de ahora en Podemos. Necesitamos portavocías compartidas y paritarias también en los municipios, y en los más pequeños, donde la cercanía es mayor y las distancias menores, hacen falta estructuras que le devuelvan a los Círculos el protagonismo que no debieron perder nunca. Necesitamos como el comer retomar la organización horizontal, el diálogo y el trabajo colectivo y abierto como base y señas de identidad de Podemos. Es fundamental volver a hacer de los Círculos un espacio de interacción con un protagonismo específico.
Porque las elecciones no son la única “hora de la gente” y el cambio no termina en las instituciones, necesitamos un Podemos en movimiento, popular, con raíces y encantado de desbordar y desbordarse. Es hora de que suba la marea.
Teresa Rodríguez
Tenemos otra forma de entender la política porque tenemos otra forma de entender la vida. Venimos de abajo y en la calle nos encontramos, nos miramos, nos enamoramos en primera del plural, más allá del dual. Confluimos, aprendemos rápido y de repente se nos ocurre que llevamos riendas y que las queremos llevar nosotras y nosotros. Y si metemos un pie en las instituciones es para darles la vuelta, demostrar que sí se puede hacer política de otra manera y reforzar los otros miles de pies que seguimos manteniendo en las calles. Yo soy el resultado de las luchas que me tocó dar, de las victorias que arrancamos y de las que nos robaron: anticapitalista, feminista, antimilitarista, ecologista y defensora de todas las libertades que no pasan por preferir lo injusto. Soy profe de instituto, eventualmente diputada de PODEMOS en el parlamento andaluz. Lo que sigue es parte de ese camino que recorremos colectivamente.
Twitter: @TeresaRodr_
Fuente: Público.es
Entramos el año con mal pie progresista. PSOE se pelea con PSOE, Podemos se pelea con Podemos, PSOE se pelea con Podemos a la vez que Podemos se pelea con el PSOE. Un conjunto de factores, ninguno de ellos con un peso relevante, generan estas querellas internas de estos dos partidos progresistas, y externas entre las dos formaciones. Todas ellas protagonizadas por una feroz lucha por el poder. Bien arropadas dialécticamente por los teóricos que, sin proponérselo, acaban alentando la doble liquidación del PSOE y Podemos como unas fuerzas políticas relevantes. Son como ideólogos de guardia que elaboran el argumentario imprescindible para justificar hoy la inexistencia de una alternativa progresista al gobierno de los poderosos instalados en la Moncloa.
Llama la atención la fruición con la que proporcionan munición dialéctica para explicar por qué el PSOE y Podemos deben cargar entre sí y contra sí mismos antes de cargar contra Rajoy. Justo cuando el Partido Popular se encuentra en la posición más débil de toda su historia, que cuenta con menos votos que nunca y está cubierto de basura, todos estos teóricos liquidacionistas consideran que es prioritario ajustar las cuentas con la corriente propia y, no digamos, con la ajena. Tanta incoherencia estalla, además, ante ese chantaje de la Moncloa al PSOE- trágala o nuevas urnas de mayo- que, probablemente, acabe concretándose en una próxima cita electoral, aprovechando la tensión con Cataluña, que de al PP la mayoría amplia que ahora carece. Resultado: liquidación de una alternativa progresista en el instante que más falta hace.
Los ideólogos de cabecera de González no se cortan un pelo cuando reivindican la desigualdad y propugnan reconvertir el PSOE en una Cáritas política destinada hoy a luchar contra la pobreza. La crisis actual, que ha desmontado tanto el elitismo cosmopolita de un mundo globalizado como ese euroilusionismo de una Unión Europea alemana, les impide recurrir ya al desgastado modelo del Partido Demócrata estadounidense, basado en la lucha por la igualdad, y se ven ahora obligados a incorporar el ideario de Cáritas como programa electoral. Traducido al castellano: solicitar al PP que siente un pobre a la mesa de la vergonzante Gran Coalición con Rajoy. Lo que supondría la total liquidación de las históricas siglas socialistas que la inmensa mayoría del PSOE rechaza y rechazaría si pudiera expresarse en unas elecciones internas. Aquí la batalla es clara. Consolidar el golpe de Estado contra Sánchez o recuperar la democracia.
Esta claridad desaparece cuando entramos en la oscuridad de Podemos. Aquí los teóricos del liquidacionismo operan doblemente. Tanto se dispara contra Iglesias, cuando se pretende sustituirle como secretario general, como contra Errejón, cuando se le monta sobre el caballo de Troya. Según estos ideólogos, el porvenir de Podemos pasa por descabezar a uno u otro sin entender que sin ellos los morados se quedarían con una sola pierna, mano, oreja, ojo y la mitad de la columna. Sería dejar a Podemos demediado, cojo, manco, tuerto y paralítico. Ese Podemos de las esencias puras sería la reedición de la inútil Izquierda Unida de antaño, que sólo servía de muleta del PSOE; ese Podemos ganador no sería más que un inútil Podemos rompedor que acabaría liquidando una potente alternativa progresista para sustituirla, también, más pronto que tarde, por el PSOE. El empacho de teoría se paga siempre con la derrota política.
La teoría es gris, solía decir un ilustre calvo citando a Goethe, y el árbol de la vida eternamente verde. Salvo a los teóricos de guardia en el PSOE, centinelas de los golpistas que ocupan Ferraz, no se comprende por qué discuten y para qué se discute en el PSOE y Podemos. El escenario político no puede ser más claro, un frágil gobierno de los poderosos, con una brutal política antisocial que golpea a la inmensa mayoría de los ciudadanos. No hace falta ser profesor universitario o leguleyo para trazar una clara alternativa en defensa de los intereses populares sustentada en la unidad de todas las fuerzas progresistas. Ya ni siquiera existe el pretexto Albert Rivera, hoy peón de Rajoy, que pueda convertirse en un problema como lo fue ahora hace un año.
Las zarandajas dialécticas, los ajustes de cuentas históricos, atentan contra la urgente necesidad social de contar con un gobierno democrático que inicie la regeneración de España. Intentar ganar las batallas que se perdieron en 1975 o 1936 es hoy el camino más seguro para terminar siendo derrotados. Intentar reeditar el González joven sin el dinero alemán, el miedo al franquismo y el crecimiento económico, es tarea poco más que imposible. Ambas tentativas terminarían liquidando al PSOE y a Podemos. Nada más testaruda que la realidad. Sin la unidad del PSOE, bajo la dirección de Sánchez u otro líder contrario al neoliberalismo, sin la unidad de Podemos, bajo la dirección de Iglesias, y sin la unidad del PSOE con Podemos, será imposible acabar con la hegemonía de los poderosos.
El resultado del primer proceso de Podemos camino de Vistalegre 2, donde se marcaban las reglas de votación, se ha zanjado con una victoria de las tesis de Pablo Iglesias. Es evidente que, pese a esa victoria, el resultado deja un mensaje: hace falta llegar a acuerdos.
La propuesta de Pablo Echenique, respaldada por Pablo Iglesias, ha sido por tanto la ganadora. Ha sacado 40.830 votos (41,57%), mientras que la segunda candidatura, la de Íñigo Errejón, ha sacado 38.419 votos (39,12%). La tercera fuerza, los anticapitalistas, han obtenido 10.313 votos (10,50%), un resultado importante. Es importante recordar que la propuesta DesBorda ha sido la primera, ya que si el resultado hubiera sido el inverso los titulares de prensa es evidente que serían radicalmente diferentes. Que nadie abunde, pues, en trampas deshonestas. En política se gana y se pierde y eso es válido para todos y todas.
Es igualmente evidente que el resultado entre estas dos propuestas, si bien demuestra una victoria de las tesis de Echenique, no es menos cierto que no puede ignorar que hay un porcentaje alto de los inscritos en Podemos que, vista la distancia entre Podemos para todas y Recuperar la Ilusión, así como el resultado de la tercera, Podemos en movimiento, reclama diálogo. La enorme participación, la insistencia en que no estaba en juego el liderazgo de Iglesias, la exhortación de todos para encontrar fórmulas más democráticas coincide con la exigencia popular de buscar de una vez por todas el dialogo pendiente para que Podemos deje la discusión interna y se dedique en cuerpo y alma a denunciar el vaciamiento de la democracia y a encontrar soluciones. Tan cierto es que hay sensibilidades diferentes en Podemos como que los inscritos están reclamando más acuerdos y menos ruido.
La explicación de este resultado tiene dos vertientes. Creo que una parte importante de los votantes ha decantado su voto guiándose por la fórmula de votación (recordemos la insistencia en que no se cuestionaba la figura de Iglesias). En esta dirección, la propuesta de Echenique era mucho menos evidente que la de Errejón. No era fácil defender que una elección en un órgano ejecutivo no puede tener la misma proporcionalidad que un órgano legislativo -aunque sea lo correcto-. De la misma manera, la propuesta de Echenique fomentaba los acuerdos en las decisiones de Vistalegre, dando un plus a las listas que fueran capaces de llegar a acuerdos. ¿Rompe la proporcionalidad fomentar el acuerdo? Sí, pero para dar respuesta a una exigencia de unidad que reclaman las bases. De la misma manera que rompe la proporcionalidad establecer mecanismos que no laminen a las listas menos votadas. La información con la que ha trabajado la lista de Errejón, comparando el método de elección con el Parlamento de Madrid o las Cortes (con fotos de Rajoy o Cristina Cifuentes) ha sido claramente eficaz, aunque no decía toda la verdad. No es igual elegir un Parlamento que elegir un órgano ejecutivo. Sin embargo ha logrado su objetivo.
Otra discusión más difícil de valorar tiene que ver con separar la votación de los documentos políticos y de las personas que vayan a representarlos en la dirección. Si Bertín Osborne escribe una canción, no puede ser que se obligue a cantarla a Sabina. ¿Querían los votantes de la lista Recuperar la ilusión hacer esta separación? Lo dudo. Sin embargo, sí parece claro que Errejón quería evitarse competir con Iglesias pero buscaba intentar marcarle el rumbo buscando ganar los documentos políticos. E, incluso, algunos de su equipo querían ir un poco más allá. El resultado de esta votación puede invitarle a dar ese salto. Aunque no creo que tenga lugar. No es evidente que los 38.000 votos obtenidos buscaran sustituir a Iglesias por Errejón, de la misma manera que los 10.000 votos de los anticapitalistas tampoco cuestionan el liderazgo de Iglesias. La campaña la han realizado todos negando ese supuesto. Es evidente que los que buscan insistir en enzarzar a Podemos en una pelea interna hasta Vistalegre 2 van a ir en esa dirección. Y es de suponer que no es lo mismo el planteamiento de Errejón que el de su equipo. También a la interna todas las candidaturas deben hacer su reflexión. Iglesias ha ganado el derecho a asumir la dirección de Podemos si gana, en su caso, la votación junto a los documentos políticos. Es tiempo de llegar a acuerdos o de disputar liderazgos. Ojalá triunfe lo primero.
Creo que una parte no pequeña de la pérdida de votos en junio de Podemos tuvo que ver con el zigzag ideológico marcado por la campaña electoral. El otro gran responsable fue la parlamentarización de la imagen de Podemos, que terminó acercándolo en exceso a los demás partidos. Pablo Iglesias no es un león enjaulado ni puede defender cosas que o bien no se cree o son casi imposibles de explicar en un contexto electoral (como lo de la socialdemocracia). Por eso era una exigencia que Iglesias defendiera ligar la línea política a las personas que vayan a representarla. La victoria de las tesis de Pablo Iglesias pone a Podemos en una línea correcta: instituciones y calle, calle e instituciones. Podemos no nació para sustituir ni al PSOE ni a Izquierda Unida. Nació para reinventar el espacio de la emancipación que antaño ocupaba la izquierda. No para reinventar la izquierda, que es un presupuesto que está lleno de sorpresas. Hasta Felipe González y Renzi y Hollande y Schulz y Susana Díaz dicen que son de izquierdas. Ese espacio está lleno de ruido y confusión. La respuesta está quebrada. Pero la pregunta de la emancipación sigue intacta. Ese espacio debe ser ahora ampliado, reenunciado, desetiquetado y renovado. Los nombres no debieran fragmentar ese ámbito. Gracias a eso Rajoy ha tenido mayoría absoluta con el 30% de los votos.
Quedan dos meses para Vistalegre 2. Ya hay reglas de juego y además un mensaje: toca hablar más, dialogar más y enredar menos. Pero hablar de política. No de liberados, espacios, cargos. Eso es viejo. La honestidas se demuestra en la victoria y en la derrota. La dinámica de estas semanas no ha sino especialmente alegre, lanzando a la opinión pública una imagen de desunión y ruido magnificada por los medios. Es muy importante que nadie en Podemos use los recursos que pone el sistema al servicio de la división. La ciudadanía sabe que solamente Podemos puede plantear una alternativa, y la imagen bronca debilita esa esperanza. Todas las candidaturas deben ahora encontrarse, discutir, llevar a un psicólogo de pareja los desencuentros, recordar todas las cosas que se comparten y saber que son muchos más los asuntos que convocan que los que alejan. Ahora la discusión deja de ser táctica y pasa a ser estratégica: de ideas. Ojalá a partir de ahora empecemos a escuchar planteamientos políticos de fondo. Que sepamos si, realmente, hay diferencias entre las candidaturas más allá de la pelea de poder. Y que Podemos demuestre que, efectivamente, es un partido diferente a los demás.
Los diputados de Podemos Pablo Iglesias, Irene Montero e Íñigo Errejón, el 13 de enero de 2016 durante la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados de la XI Legislatura.
Los líderes de Podemos sabrán hacer de la necesidad virtud, y convertir las discrepancias en exhibición de diversidad y lección de unidad
Isaac Rosa
Vengo del futuro, de un pequeño salto en el tiempo, apenas dos meses: 13 de febrero de 2017. Me he traído las portadas de la prensa de ese lunes, al día siguiente de la asamblea de Podemos en Vistalegre. En todas ellas la misma foto: Iglesias y Errejón se dan un fuerte abrazo, sellado con un beso. Tras ellos Miguel Urban, como representante de los anticapitalistas, aplaude la escena. El titular, compartido por varios diarios: "El beso de Vistalegre".
El beso que pone fin a semanas de tensión, desencuentros, tuits, manifiestos, consultas ciudadanas y mucha tele; el beso que resuelve el pulso interno y deja sin materia prima a editorialistas, tertulianos, columnistas, humoristas y tuiteros, tras meses de sacar jugo al debate de Podemos. Ahí tienen el resultado de Vistalegre II: Iglesias reelegido y reforzado, al frente de un equipo que integrará a pablistas, errejonistas y anticapitalistas, además de las diversas sensibilidades territoriales. Unidad y diversidad. Prueba superada.
No hace falta viajar al futuro ni ser adivino para anticipar que Vistalegre terminará con beso, integración y acuerdo. Tampoco hace falta ser conspiranoico y malpensar que todo esto es un teatrillo de los inseparables Iglesias y Errejón para crear su propia crisis antes de que se la creen otros, encauzar las distintas sensibilidades, trasladar a la ciudadanía un mensaje de pluralidad, y rematar con una lección de unidad. En público discrepan, mientras en privado se telegramean emoticonos, se ríen de nosotros y planifican la discrepancia de mañana.
No, no creo que Iglesias y Errejón sean tan retorcidamente inteligentes como para tramar una autoconspiración de ese calibre. Pero sí son lo suficientemente inteligentes como para hacer de la necesidad virtud, coger las discrepancias (que existen, aunque más entre pablistas y errejonistas que entre los propios Iglesias y Errejón) y convertirlas en una exhibición de diversidad que deje alicatado Podemos en lo interno, y lo expanda hacia el exterior.
Los partidos grandes necesitan varias almas, para así dar cabida a más variedad de votantes. El PSOE tuvo siempre su alma institucional en convivencia con otras almas de fondo de armario, más de izquierda, más federalista, y hasta republicana. Incluso el PP, tan monolítico, supo jugar en algunos momentos con sensibilidades derechistas, y lo mismo reunía al nacionalcatolicismo que a ultraliberales, neocons y hasta la "derecha que no parece derecha" (aquel Gallardón que intentaron colarnos, ¿recuerdan?).
En Podemos hay muchas más de esas tres almas hoy visibles. Como partido de aluvión, reúne muchas formas de entender la política. Todas diferentes, todas compatibles. Y ninguna prescindible. Sus dirigentes saben que Podemos podría vivir sin Errejón, y hasta sin Pablo Iglesias; pero no llegaría muy lejos si tuviera que prescindir de parte de su militancia por derrotarla y no integrarla; y en ningún caso tendría futuro si perdiese a los votantes que se identifican más con el errejonismo que con el pablismo (en la versión simplificada que los medios damos de ambas).
Con un pequeño esfuerzo en las próximas semanas, tienen a mano presentarse ante la ciudadanía como un partido abierto, plural y democrático, donde caben por igual partidarios de priorizar la lucha social, defensores de la vía institucional, populistas, izquierdistas de toda la vida, ni-izquierda-ni-derechistas, 15emistas, rupturistas, reformistas y todas las etiquetas que hoy manejamos. Si consiguen celebrar un Vistalegre así, será como para beso con lengua, balada de fondo y fuegos artificiales.
Fuente: eldiario.es
Alberto Garzón, en la redacción de eldiario.es. MARTA JARA
ENTREVISTA: Alberto Garzón (IU)
Garzón defiende que Unidos Podemos evolucione hacia un "sujeto político" de momento indefinido: "Uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo" "Tenemos un proyecto de país y el PSOE no, salvo el de ser subalterno del PP", afirma "Quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años" Ante el Congreso del PCE: "Podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso"
Andrés Gil / Aitor Riveiro
ENTREVISTA
Alberto Garzón (Logroño, 1985) fue el artífice de que Izquierda Unida sobreviviera al tsunami de Podemos el 20D y, seis meses después, de la firma de un acuerdo electoral con el partido de Pablo Iglesias para el 26J. El coordinador federal de IU y diputado de Unidos Podemos defiende que ese espacio de confluencia debe crecer y convertirse en un sujeto propio –"creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo"–, y apuesta con la presencia de la organización allá donde "sufre la gente" para conectar con el votante al que quieren representar.
Ese análisis, el de adaptar la organización política a las necesidades de un cuerpo electoral cambiante –"con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias"–, entiende que es fundamental para frenar discursos de extrema derecha crecientes en Europa: "Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años".
Esa adaptación a la realidad, según Garzón, también ha de llegar al PCE, partido integrado en IU en el que milita: "Es normal que en todos los partidos cambien las caras con el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque, si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso, tendrían que ir las dos acompañadas, fundamentalmente por coherencia".
Este fin de semana hablaba del "monstruo" de Donald Trump, ¿cómo cree que ha surgido?
Ha ganado mucho peso entre los perdedores de la globalización, los sectores que son víctimas de los procesos de desregulación financiera y productiva a lo largo de las últimas décadas, que han sufrido la desindustrialización y todas las consecuencias de la fase histórica del capitalismo actual. Han optado en busca de protección por un discurso xenófobo, racista, pero que les protege en lo económico. Estos son los ingredientes transversales al crecimiento de la extrema derecha en la actualidad pero ya se dio en los años 30 del siglo pasado. Una vez diagnosticamos eso, es evidente que la materia política está en cómo conseguimos que esa canalización se haga por la izquierda, en torno a labores y principios de libertad, igualdad y fraternidad en vez de por la extrema derecha. Esa es la verdadera batalla política.
¿Y cómo se hace?
Con estar presente como organizaciones políticas en el conflicto. Explicar a la gente que las causas de sus problemas no están en la inmigración sino en el propio sistema económico y por lo tanto las soluciones son distintas a las que propone la xenofobia de la extrema derecha. Tenemos que estar en los barrios, en el tejido social y en los espacios laborales. Esa es la vacuna real que existe.
¿Un discurso populista de izquierdas no ayudaría a derrotar a un discurso populista de derechas?
Se habla mucho de populismo sin definirlo. Es un problema socrático porque si no defines bien las cosas no estás hablando de lo mismo. No creo que nos estemos refiriendo a lo mismo cuando hablamos de populismo si escuchamos a Esperanza Aguirre, a Íñigo Errejón, a Pablo Iglesias o a mí. Podemos desistir de definir el populismo e insistir más en lo positivo, en cómo se puede evitar que un proceso de extrema derecha pueda canalizar la frustración de una gran parte de la sociedad.
Esto tiene mucho que ver con una clase trabajadora que ha quedado fuera de los ganadores de la globalización. Ese es el sector fundamental que está decantando la balanza a favor de la extrema derecha en Europa, de procesos como el Brexit y a favor de Donald Trump. La solución no es tanto una pelea discursiva, centrar en la utilización de unas palabras en lugar de otras, sino más bien en vivir lo que vive la gente que sufre la globalización y que sufre la dinámica del capitalismo.
Yo siempre pongo el ejemplo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Si en vez de ser una organización cuyos principios podemos identificar con la izquierda, hubiera sido una organización cuyos principios se identificaran con la extrema derecha, en este país tendríamos ya un germen muy importante de extrema derecha. La vacuna es una organización que sea capaz desde el conflicto de transformar la rabia y la frustración de la gente en un compromiso político, que tiene unos contornos ideológicos de izquierdas y no de derechas, porque en esa praxis así se ha discutido y se ha combatido.
Creo que esa es la clave más allá de que cuando llegas al conflicto adaptas tu discurso a las circunstancias concretas de esa praxis. No llegas a un desahucio y hablas de la plusvalía absoluta o la plusvalía relativa, conceptos del marxismo académico, porque no son útiles. Llegas con otro discurso. Pero lo esencial es estar en el conflicto porque es donde se genera la subjetividad de la gente.
Habla de clase trabajadora, ¿no ha cambiado ya el sujeto político al que se dirige una organización como es IU?
La clase trabajadora existe. Existe en un nivel abstracto cuando haces un análisis del capitalismo, que es lo que hace Marx en El Capital cuando define dos clases abstractas, capitalistas y clase trabajadora. Y luego la clase trabajadora concreta existe en formas cada vez más diversas, como resultado de la dinámica del capitalismo en una sociedad que ya no es fordista, con trabajo estable en grandes empresas, con afiliación sindical masiva.
Estamos en escenarios de precariedad permanente, de incapacidad de afiliarse y de menos derechos laborales. Todo eso condiciona y hace que la clase trabajadora tal y como se ha entendido sobre el papel en la práctica sea mucho más diversa y heterogénea y, por lo tanto, tiene unos intereses más complejos. Esto no es nuevo. Marx, en el 18 Brumario, en el siglo XIX, ya especifica que la heterogeneidad es mucho más importante de lo que pudiera parecer.
Creo que tiene vigencia hablar de clase trabajadora en la medida en que son sectores sociales enfrentados en forma antagónica quienes están gestionando nuestro país y nuestras economías. Y cuando los propietarios, los accionistas, toman decisiones en favor de rescatar sus bancos, autopistas quebradas, de rescatar a la élite de este país, están tomando decisiones que afectan negativamente a la mayoría social, a la clase trabajadora por muy fragmentada que esté.
Lo importante no es embarrarse en la definición del sujeto sino estar en la práctica política, con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias y que a lo mejor se considera clase trabajadora, a lo mejor se considera precario o a lo mejor no se considera de ninguna forma. Pero lo que es evidente es que son sujetos de pleno derecho que pertenecen al espacio social que nosotros identificamos como los perdedores del capitalismo y que necesitamos autoorganizarnos. En resumen: menos academicismo y más práctica política.
En los últimos días se han publicado varias encuestas y Unidos Podemos no recoge el descontento de los votantes del PSOE, que se van a la abstención la mayoría. ¿A qué cree que se debe?
El PSOE hay que analizarlo en dos planos. El primero es el análisis más objetivo de los intereses que representa su práctica política. Uno analiza la historia del PSOE y se encuentra con hitos fundamentales donde la dirección socialista siempre ha apoyado al establishment, al régimen. Ha apoyado la construcción europea, desde Maastricht hasta acá, la modificación del artículo 135 (de la Constitución) o el referéndum de la OTAN, una serie de hitos que han establecido los pilares del sistema. Pero es verdad que en su retórica y en su discurso se ha intentado plantear como el sujeto antagónico al PP.
Creo que con la decisión del PSOE de abstenerse ante el Gobierno de Mariano Rajoy este segundo nivel de escenificación entra en una contradicción brutal. Y la gente se da cuenta de que era mentira. Aunque en otros procesos no hubiera sido consciente en este es inevitable darse cuenta de que el PSOE está apoyando a las grandes fortunas, las grandes empresas. Hay mucha gente de la base social del PSOE que ha entrado en crisis. Y es normal que en primera instancia haya una impugnación de su propio partido. Dejan de creer en lo que hasta ahora creían.
Eso no significa que vaya a haber un automatismo entre esa decisión y el crecimiento de otras formaciones. Esto hay que dejarlo muy claro: no hay un automatismo entre la caída del PSOE y de su legitimidad entre su base social y el crecimiento de Unidos Podemos. Que eso sea así o que no lo sea es una cuestión de batalla política. Tenemos mucho trabajo por delante. Conseguir convencer al votante desencantado del PSOE requiere de mucha inteligencia y habilidad. No se trata tanto de convencerles, atraerles y seducirles con discursos sino de demostrarles con hechos que somos lo que ellos quisieran para su sociedad y su país.
El CIS asegura que el 50% de los votantes del PSOE jamás votaría a Unidos Podemos. ¿Es el liderazgo de Pablo Iglesias un problema?
La gente que dice que no vota a Unidos Podemos pero que ha votado al PSOE también es muy heterogénea. En ese sector habrá mucha gente que sociológicamente pertenece a la izquierda y que en este periodo convulso en el que hemos estado viviendo se ha enfrentado de forma muy enconada con el espacio político de Unidos Podemos. Es normal que digan que no nos van a votar nunca, pero eso también puede cambiar. Estamos haciendo una foto fija a un momento de enorme tensión.
Si caemos en decirle al votante del PSOE "ves como yo tenía razón, te equivocaste porque en definitiva eres idiota", sería un grave error. No se trata de regañar a los votantes, se trata de convencerles de que tu práctica política, tu programa, es con el que ellos en realidad están de acuerdo. Con el que mejorarían su forma de vivir. Si eso se hace bien ese porcentaje puede reducirse e incrementar nuestra base social que es de lo que se trata. No creo que tenga tanto que ver con los liderazgos como con la práctica política.
Habla de estar en la calle, en el conflicto, en los barrios, en la sociedad. Es lo que en IU teorizan como un movimiento político y social. ¿No es Unidos Podemos ya ese espacio?
Unidos Podemos de momento no es un movimiento político y social, pero tiene que aspirar a ello. Unidos Podemos es una alianza electoral, de momento. Pero Unidos Podemos sí tiene los ingredientes para ser el germen de un movimiento político y social. No me voy a entretener en las discusiones jurídicas o de nombre. Creo que ese espacio heterogéneo y plural que representa a las diferentes izquierdas rupturistas de nuestro país debe caminar más allá del Parlamento.
Debe participar en la calle no solo con una actitud pasiva de acompañar los procesos del conflicto social, como pasó con el CIE, sino ser parte. Hay que estar involucrado, que la gente sienta que ese es el instrumento. Ahora mismo la gente que vota a Unidos Podemos cree que somos el instrumento para transformar las leyes. Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años.
¿Eso cómo se hace? ¿Cómo se camina?
Se camina primero poniéndose de acuerdo en que ese es el objetivo. Si entendemos que venimos de diferentes tradiciones políticas, pero que queremos construir un espacio político en el que la gente se vea representada pero además crea que es útil, que sean parte de Unidos Podemos porque saben que es un instrumento que mejora su vida, que impide que sufran la precariedad o regresiones vitales como puede ser un despido laboral o que mejora muchas instancias de la vida como puede ser la instancia ecológica o feminista.
Eso se construye, insisto y hago mucho hincapié en ello, en la práctica. En la izquierda siempre tenemos un problema para ponernos de acuerdo. Ponemos un papel encima de la mesa e intentamos ponernos de acuerdo en la letra de un manifiesto, por ejemplo, y siempre tenemos problemas con las comas, las palabras o los significantes. Pero si en vez de ir por el camino de definir las cosas antes, lo que hacemos es una práctica política consecuente con lo que estamos diciendo se irá definiendo solo.
Cuando ocurrió lo del CIE (la protesta en el CIE de Aluche en Madrid), el espacio político de Unidos Podemos dentro de toda su diversidad, teníamos muy claro cuál era nuestra posición y hasta dónde teníamos que llegar. Así debe ser con todos los conflictos. Eso es lo que significa construir pueblo desde un punto de vista de la clase política.
Pero en Catalunya ya se está construyendo el nuevo sujeto político.
En Catalunya van a una velocidad diferente del resto del Estado porque tiene sus propias singularidades. No me refiero a singularidades de identidad nacional, sino que allí hay un espacio de movimientos sociales mucho más amplio y desarrollado que en otras partes del Estado.
Cuando hablamos de la unidad de la izquierda o de la unidad de los sujetos subalternos y que queremos construir una alternativa de país y de sociedad, se hace desde esa práctica política. Si uno observa la trayectoria de Barcelona En Comú se da cuenta de que es desde abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Son muchas asambleas de base, mucha discusión. La PAH. Otra serie de movimientos. Una tradición muy fuerte de la izquierda antagonista, ecologistas, feministas y pacifistas. Todo eso ha ido solidificándose en torno a una práctica cotidiana en los barrios. Y después ha surgido Barcelona en Comú. Ese es el proceso. Si empezamos por arriba, tenemos muchas papeletas de que salga mal.
Ese proceso debe acabar en un partido o alguna estructura orgánica, ¿es una hoja de ruta de Alberto Garzón, de IU o de Unidos Podemos? ¿Lo tiene hablado con Pablo Iglesias?
Nosotros tenemos esa posición política. Es la mía personal y la que ha aprobado IU en sus órganos. Aparte, creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo. Lo que hay que concretar es el acercamiento, la coordinación y la construcción del sujeto. Es decir, el cómo. Pero el qué, en sus contornos, estamos absolutamente de acuerdo Pablo Iglesias y lo que decimos en IU.
Hablaba antes de que el PSOE, en los momentos importantes, acaba siendo un sostén del régimen. El próximo hito de esas características serán los Presupuestos Generales del Estado. Si no se aprueban, iremos a elecciones. ¿Cree que el PSOE los apoyará?
Es difícil de saber, todo es especulativo. Lo que es correcto es que el PSOE ha apoyado a Mariano Rajoy con el argumento de que no quería terceras elecciones porque podía tener mucho coste para ellos. Esa amenaza va a estar sobrevolando cada decisión que se tome en el Congreso porque el PP tiene un botón nuclear, que es el de la repetición electoral, que lo puede presionar en el momento que considere oportuno. Y si ve que no tiene respaldo suficiente lo va a hacer.
Por eso vamos a estar en juego dialéctico entre los intereses del PSOE a corto plazo y medio plazo. El PSOE quiere ganar tiempo para reconstruir un relato de antagonismo al PP pero para ganar ese tiempo necesita que no haya elecciones y para eso tiene que ayudar al PP. A veces serán votaciones de elementos centrales como los presupuestos o el techo de gasto y otras tendrán que ver con otra serie de leyes. El PP tiene la sartén por el mango, cuando quiera convoca elecciones y el PSOE si no quiere elecciones tiene que pasar por el aro. Punto.
¿No hay un espacio sociológico y electoral desde el que el PSOE pueda remontar y rehacerse como el partido hegemónico del centro-izquierda?
Vivimos tiempos que no permiten llegar a ese tipo de conclusiones. Son tiempos en los que la gente está cambiando su identidad política, son tiempos de crisis de régimen. Y eso no solo significa que el sistema de partidos haya implosionado, significa también que la gente está pensando la política de una forma más diferente, más líquida, y los cambios de comportamiento son más importantes y se dan con más frecuencia.
No es fácil predecir lo que va a suceder en ningún sentido. Estamos en una batalla política y el PSOE va a intentar convertirse en antagonista del PP. Lo tiene difícil porque les ha apoyado y porque necesita tiempo, pero también porque nosotros existimos, con una hoja de ruta que pasa por canalizar la frustración de la gente para construir un instrumento que cambie el sistema. Eso no tiene tanto que ver con el eje izquierda-derecha, sino que estamos en un momento donde la gente cambia muy rápido su intención de voto, por lo que la batalla está muy abierta y se premia que haya un proyecto de país detrás. Nosotros sí tenemos un proyecto de país y el PSOE de momento no, salvo el de ser subalterno del PP.
El PCE, partido integrante de IU al que usted pertenece, tiene pendiente la segunda fase de su congreso para elegir una nueva dirección. ¿La renovación que se hizo en IU se trasladará al PCE? ¿Seguirá siendo José Luis Centella el secretario general del PCE?
Nosotros somos de una tradición en la que preferimos hablar primero del proyecto antes que de nombres, y creo que es precipitado hablar de nombres en general en relación al congreso del PCE.
Me interesa más plantearlo desde el punto de vista de la renovación de un proyecto político. En primer lugar, se trata de reconstruir la izquierda, y no de demolerla, que es uno de los debates que está encima de la mesa en nuestro país. En segundo lugar, se trata de construir instrumentos que sirvan a lo que hemos planteado en las preguntas anteriores sobre cuál es el objetivo de una organización política.
Y si hemos diagnosticado que nuestras organizaciones políticas de izquierdas, no sólo en España sino en toda Europa, no solemos llegar con facilidad a las clases populares que decimos representar, un ejemplo es un nivel de parados. Nosotros en Unidos Podemos hemos llegado al 13% de los parados, pero el 21% vota a PP/Ciudadanos, el 11% al PSOE y el 20% se abstiene. Claramente es una manifestación de que hay cosas que no estás haciendo bien y eso hay que corregirlo.
Y uno de los elementos que debes reflexionar es si tu organización representa efectivamente a la sociedad en sus propios dirigentes. ¿Somos como organización el espejo en términos de reflejo de la sociedad o somos algo desconectado? Creo que sería importante introducir un componente de clase muy claro en el PCE. Tiene que haber un cupo de trabajadores manuales, un cupo de gente en el estado actual de precariedad, tiene que haber una representación real de la sociedad, el partido tiene que ser imagen de lo que es la sociedad en su estructura, para que seamos capaces de defender con eficacia nuestra clase social.
Ese tipo de cuestiones son las que se derivan de un análisis como el que parte siempre de analizarlo desde el punto de vista de la clase social, que creo que es lo que le corresponde al PCE, pero también al resto de organizaciones. Hay que resolver cómo se llega a las clases populares, aceptando que ni el PCE, ni IU ni Podemos ni ningún otro de la izquierda anticapitalista de la Europa actual llega a esos sectores. Y hay que llegar, y eso significa acometer cambios en tu partido para que esa tarea sea cumplida con éxito.
Esta es una primera reflexión y hay otras muchas derivadas de un mismo análisis, creo que el análisis es correcto y habrá que tomar medidas para que no se quede sólo sobre el papel, sino para que se ponga efectivamente en marcha.
¿Eso se puede hacer con la actual dirección del PCE?
Bueno, por suerte nuestras organizaciones son democráticas y primero debates del proyecto, de para qué sirve un partido y después das responsabilidades para cumplir. Es lo que hemos hecho en IU: apoyamos unas tesis muy determinadas en la XI Asamblea Federal y a partir de esas tesis se eligió una dirección, y esa dirección es la que hemos sido elegidos para cumplir, y si no cumplimos tenemos la opción ética de marcharnos o, incluso, la militancia tiene un instrumento: el revocatorio, echarnos porque no estamos cumpliendo.
Por tanto, lo primero es definir el proyecto y luego elegir a la gente. Creo que es normal que en todos los partidos cambien las caras de las organizaciones en función de que va pasando el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso. Por coherencia tendrían que hacerse las dos cosas a la vez.
¿Va a participar en el diseño del nuevo proyecto?
Yo participo en los debates de mi partido, el PCE, igual que lo he hecho en los de IU, como militantes influyendo en la medida de nuestras posibilidades y capacidades, y cuando se vaya acercando iremos viendo, pero nosotros somos conscientes de que no se pueden duplicar las responsabilidades, lo importante es ayudar a contribuir en la discusión política y luego surgirán opciones para ser dirigentes del PCE en esta nueva etapa y ahí tendremos nuestra opinión. Pero aún no estamos en nuestra fase.
¿Cuándo tendría que ser el congreso?
Aún está la fecha en discusión, creo que no hay que precipitarse, pero tampoco hay que alargarlo mucho. Todo tiene que estar integrado en la estrategia de país, el congreso no puede estar aislado de los problemas de nuestro país y necesitamos integrarlo en la estrategia que estamos intentando acometer en el conjunto de Europa: el análisis de clase, de por qué no llegamos a las clases populares; qué necesitamos para llegar a las clases populares –instrumentos que estén en el conflicto social–; y cómo adecuamos el partido a ese objetivo: el partido tiene que tener una orientación de clase y no de marca jurídica o de liturgia autorreferencial, que sería un grave error. Tiene que tener una práctica política y una coherencia con lo que se dice.
Fuente: eldiario.es
Podemos no es el PSOE. Alentada por el éxito del golpe de Estado en el PSOE, Prisa planeaba iniciar un claro proceso de injerencia en los morados con vistas a readecuar Podemos en el formato diseñado por los 35 poderosos que configuran el núcleo mayoritario de sus accionistas. Tras Pedro, señalábamos hace poco, ¡a por Pablo! Colocando el punto de mira de la calumnia en el candidato Ramón Espinar, manipulando todos los datos sobre la compraventa de una vivienda de protección oficial, disparaba por elevación contra Pablo Iglesias con el fin de abrir hoy El País y los informativos de La Ser con el titular Errejón derrota a Iglesias. Publicada justo antes del inicio de las primarias madrileñas, para influir en la votación de los morados, ha sido todo un bumerán político que se ha estampado en el rostro de Cebrián, obligado a dar la victoria de Espinar.
Esta amplia intervención ha sido tan descarada que los militantes han acudido masivamente a votar contra Prisa. Al entender que ya no se trataba de elegir entre Ramón Espinar o Rita Maestre, sino de defender la independencia de Podemos, la reacción ha sido muy proporcional a la injerencia del diario oficial de los 35. Verse tratados como lo han sido los socialistas, ha reforzado el patriotismo de partido de quienes aún no son un partido. Tanto que la candidatura de Rita Maestre, utilizada objetivamente como percha por Juan Luis Cebrián, se ha visto perjudicada porque antes de que los militantes pudieran discutir sobre estos dos candidatos era prioritario quebrar la espina dorsal de Prisa. Baste que este lobby se inmiscuya en los asuntos internos para que Podemos cierre sus filas en torno a Pablo Iglesias.
Intervenir en el PSOE ha sido bastante fácil para este lobby mediático porque su intervención comenzaba con la previa prohibición de votar a sus militantes. No podía serlo en Podemos dado que se trataba de unas primarias en la que todos sus militantes podían ejercer el derecho al voto que tienen prohibidos sine día los socialistas. Probablemente, calculaban que duplicando el número de electores con la citada información tendenciosa perdería Ramón Espinar, pero al triplicarse como reacción a la intervención de Prisa han ayudado mucho a la clara victoria de Espinar. Cuanto más ha insistido , tanto en El País como en la Ser, en reconducir el voto de los morados madrileños, más apoyos ha enontrado el nuevo secretario general de Podemos en Madrid. La pregunta era obvia ¿ por qué le apuntan desde el búnker mediático de los poderosos?
Un año como el que todavia no ha terminado ha agudizado el olfato político de Podemos. Ha ocurrido lo que el dirigente antifranquista Simón Sánchez Montero contaba sobre su sus años mozos en Toledo en 1931. Convocadas las elecciones municipales que trajeron la II República, él y sus compañeros de trabajo no sabían a quien votar de los dos candidatos que se presentaban, hasta que el más viejo de ellos sugirió que se enterasen de cuál iba ser el voto del rico del pueblo, para así votar al contrario. Al lobby Prisa, tan desacreditado, le ocurre lo mismo. Su sí a un líder, proyecto o candidatura es leído como un no. Es cierto que, como dice Iñigo Errejón, sus periodistas hacen su trabajo; pero no lo es menos que es editado, titulado y publicado por el equipo mediático habitual de los 35 entre los que incluso figura Rubalcaba en su Consejo Editorial.
Perdiendo la batalla de Madrid, como la han perdido igualmente en Andalucía o Extremadura, han perdido la que pensaban dar en la asamblea de Vistalegre en el inmediato invierno. La quintacolumna tendrá que esperar mejores oportunidades, porque lo que sí es cierto es que el cerco sobre Podemos se incrementará hasta que pueda constituirse como un sólido partido con una dirección sin fisuras y una línea progresista basada en la unidad de la izquierda como base esencial de una alternativa progresista. Los resultados de las primarias madrileñas, como la de las restantes comunidades que también las han celebrado, indican un muy elevado grado de conciencia política de sus militantes evidenciado en que han resistido el ataque por tierra, mar y aire de Prisa sin apenas contar con artillería propia.
La conclusión es muy patente. Podemos ya no será lo que querían que fuese los promotores de esta nada irreal conspiración ajena a Podemos. No será un PSOE bis, ni se sumará al nombre de la cosa– como llegó a denominarse al hundido eurocomunismo del PCI tras su fracaso– que algunos preparan en sus despachos para difuminar a los morados en un arco iris político que posibilitara impedir una alternativa progresista. No es que de estas primarias pudiera depender el futuro de Podemos, sino que dependía no solo el porvenir de Podemos sino también la derrota de la nada santa alianza, esa triple A, que comienzan a configurar estos días el PSOE secuestrado, Ciudadanos y el PP. Prisa podrá seguir aún nombrando secretarios generales, mejor dicho dando golpes de estado, en el PSOE; no en Podemos donde lo ha intentado con todas sus fuerzas, como se verá cuando se conozca, probablemente, toda la trama.
"Pedro Sánchez fue depuesto por un golpe de su propio partido, destinado a asegurar la abstención del PSOE en el Parlamento para permitir que Mariano Rajoy volviera al Gobierno". EFE
Los socialdemócratas europeos se están desangrando en múltiples direcciones, con independencia del carácter más o menos progresista o derechista de sus líderes El PSOE ha iniciado el camino de sus compañeros griegos del PASOK, cuyos votantes naturales se pasaron en masa a Syriza Si Podemos logra capitalizar el desencanto con los socialistas y los conservadores, serán un ejemplo para toda la izquierda europea; si fracasan, tendrá consecuencias terribles en todo el continente.
Owen Jones
Con frecuencia, la democracia entra en rumbo de colisión con las élites económicas, y no siempre de forma sutil. La situación actual de España es un buen ejemplo. Pedro Sánchez, líder de los socialistas españoles, fue depuesto el mes pasado por un golpe de su propio partido, destinado a asegurar la abstención del PSOE en el Parlamento para permitir que el conservador Mariano Rajoy volviera al Gobierno.
Muchos de los votantes tradicionales del PSOE lo consideraron una traición. Para ellos, el Partido Popular de Rajoy no es más que el ala política de una élite inescrupulosa, corrupta y de derechas. Sin embargo, las revelaciones posteriores de Sánchez dejaron al descubierto las maniobras de importantes grupos de poder.
Tras dos elecciones marcadas por el colapso del bipartidismo y la imposibilidad de formar una mayoría parlamentaria estable, Sánchez intentó un gobierno de la izquierda al estilo del portugués. Pretendía gobernar con Podemos (un partido nuevo, sugido de los movimientos de protesta contra los recortes que han devastado la sociedad española) y conseguir el apoyo de los nacionalistas catalanes.
Pero esta misma semana Sánchez reveló que un grupo de corporaciones –entre las que están varios bancos y el gigante español de telecomunicaciones, Telefónica– sabotearon su plan. Si no permitía otro gobierno de Rajoy o no aceptaba la convocatoria de otras elecciones, organizarían una feroz campaña contra él a través de uno de sus diarios, El País, el periódico más importante de España. Sencillamente, no iban a tolerar una coalición con Podemos. Era una intervención directa de poderes fácticos para impedir la formación de un Gobierno progresista.
"Sánchez ha reconocido las presiones de la oligarquía, y que cometió un error al no buscar un acuerdo con nosotros", aseguró Pablo Iglesias, líder de Podemos. Y ciertamente, Sánchez tiene motivos para arrepentirse: intentó formar una alianza con otro de los beneficiarios de la implosión del bipartidismo, Ciudadanos, un partido de centro derecha, pero solo fue un ardid. Pidió a Podemos que apoyara dicha alianza, aunque sabía que rechazaría el ofrecimiento porque implicaba renunciar a una política económica de izquierdas. No era nada más que una forma de culpar a Podemos de la posible vuelta de Rajoy al poder.
"Organizarían una feroz campaña contra él a través de uno de sus diarios, El País, el periódico más importante de España. Sencillamente, no iban a tolerar una coalición con Podemos. Era una intervención directa de poderes fácticos para impedir la formación de un Gobierno progresista"
Los socialistas españoles se encuentran ahora en una situación terrible. Sus bases están en rebeldía, y los triunfantes conservadores pueden utilizar la amenaza de nuevas elecciones, de las que el PSOE saldría mal parado, para que apoyen unos presupuestos reaccionarios. Los socialistas han iniciado el camino de sus compañeros griegos del PASOK, cuyos votantes naturales se pasaron en masa a Syriza. Además, los socialistas catalanes están tan descontentos con la jefatura del PSOE que hasta se podría producir una escisión, y Podemos se ha encontrado de repente con la posibilidad de presentarse como la única oposición real; pero eso no es un consuelo para las bases de Podemos, que se pueden ver obligadas a sufrir varios años más de un gobierno conservador del que pretendían liberarse.
La situación de España arroja luz sobre sucesos que están mucho más allá de sus fronteras. En Gran Bretaña, la oposición interna a Jeremy Corbyn señala legítimamente el hundimiento de los laboristas en las encuestas, aunque sus resultados son mejores que los de la mayoría de los partidos socialdemócratas del otro lado del Canal, lo cual dice bastante del estado de la socialdemocracia europea.
En 1997, cuando Tony Blair obtuvo su mayor victoria electoral, los socialdemócratas dominaban todo el continente, desde Alemania, Francia e Italia hasta los países escandinavos. Hoy, los partidos socialdemócratas sufren una hemorragia constante en favor de la nueva izquierda, la derecha populista y el nacionalismo cívico. Puede que los socialdemócratas alemanes sigan comprometidos con las políticas de la "tercera vía" que algunos laboristas quieren recuperar, pero languiceden con el 22% de los votos, según el último sondeo.
Entre tanto, el Frente Nacional podría superar al Partido Socialista Francés en la primera ronda de las elecciones presidenciales del año que viene; los socialdemócratas suecos se aferran al poder por los pelos mientras sus aliados nórdicos lo pierden y, a pesar de que el centroizquierda italiano sea una excepción, está en situación precaria y amenazado por el asenso del populista M5S.
Pablo Iglesias participa el viernes en Mérida en un acto público en el marco de la iniciativa 'Vamos!'
Los socialdemócratas europeos se están desangrando en múltiples direcciones, con independencia del carácter más o menos progresista o derechista de sus líderes. Sus bases se han fragmentado entre votantes jóvenes y viejos, universitarios y obreros, hostiles a la inmigración y favorables a ella. La guerra destatada entre el centroizquierda y la izquierda radical europea oculta con demasiada frecuencia una verdad incómoda: que ninguna de las dos ha ofrecido hasta ahora una solución convincente para dichas fracturas ni una forma viable de organizar una coalición electoral que pueda alcanzar el poder.
Podemos está ahora ante un dilema, y su decisión tendrá repercusiones en toda Europa. A fin de cuentas, Podemos surgió de la frustración ante las élites. Hace cinco años, millones de españoles –hartos de un poder político decidido a pasarles la factura de una crisis que ellos no habían provocado– se movilizaron por todo el país. Sin los 'indignados', Podemos y sus aliados no se habrían convertido jamás en un partido de masas. Podemos tiene mucho que enseñar a otras izquierdas europeas sobre la forma de comunicarse fuera de las zonas tradicionales de confort; pero sus resultados en las elecciones de junio fueron decepcionantes: esperaban superar al PSOE y convertirse en el segundo partido, y sufrieron el trauma del fracaso.
También han estado por debajo de lo que anunciaban los sondeos en las elecciones locales posteriores. El partido se ha sumido en un profundo examen de conciencia, e intenta encontrar el modo de democratizar sus estructuras para volver a conectar con los movimientos sociales de los que surgió.
Si Podemos logra capitalizar el desencanto con los socialistas y los conservadores, serán un ejemplo para toda la izquierda europea; si fracasan, tendrá consecuencias terribles en todo el continente. El populismo de derechas está en plena ofensiva, y ha hecho grandes avances en comunidades de trabajadores que tradicionalmente optaban por la izquierda. Si el descontento sigue creciendo en el mundo occidental, o si se produce otra crisis, la derecha populista estará en una posición perfecta para hacerse con el poder.
El viejo modelo socialdemócrata se está derrumbando, y no hay garantía de que las fuerzas progresistas puedan llenar el vacío que deja. En Polonia, la izquierda ha dejado de existir: la política se convertido en un debate entre liberales conservadores como David Cameron y populistas de derecha. Si la izquierda fracasa, Europa podía caer en un proceso de polonización.
No te agobies, España; pero puede que el futuro del continente dependa de ti.