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martes, 8 de marzo de 2016

“Los medios del sistema han actuado contra la CUP como una apisonadora”

 
 
La diputada y activista de la CUP, Anna Gabriel, participa en el aniversario del Centre Social Terra y la Librería La Repartidora de Valencia
 
 
 
Enric Llopis
Rebelión
 
En las elecciones al parlamento catalán de 2012 la Candidatura d'Unitat Popular (CUP) cosechó 126.000 votos y tres diputados, cifra que se multiplicó en los siguientes comicios autonómicos (octubre de 2015): 336.000 votos y 10 escaños. El balance de este trienio de trabajo parlamentario figura, como “ejercicio de transparencia”, en el libro “Un Peu al Parlament de Catalunya”, publicado en 2015 y presentado por la diputada Anna Gabriel en el Centre Social Terra de Valencia. El texto pretende ser un trabajo de reflexión y autocrítica, de rendición de cuentas, de la tarea parlamentaria de los diputados de la CUP. “Libros de estas características deberían ser algo normal -afirma Anna Gabriel-, pero lo cierto es que está en la vanguardia”. Más aún, agrega, “conocida la institución por dentro nos reafirmamos en la necesidad de impugnarla en su totalidad”.
El título de la presentación, “Moviments socials i institucions: qui assalta a qui?”, encaja adecuadamente en un libro que plantea cómo los actores parlamentarios han dibujado las instituciones de manera corporativa y nada favorable a las clases populares. “Incluidas las izquierdas”, apunta Anna Gabriel, pues todavía hoy, cinco años después, les cuesta posicionarse a favor del indulto a 8 personas condenadas por el Tribunal Supremo a tres años de cárcel, por las protestas ante el Parlament en junio de 2011. El objetivo de la concentración en el Parc de la Ciutadella de Barcelona, donde se emplaza el parlamento catalán- era rechazar unos presupuestos que incluían recortes leoninos en materia social. La excusa que se plantea para no significarse es que se requiere un respeto institucional, pero estas coartadas, declara Anna Gabriel, se proponen “desde una lógica de la especialización y la profesionalización en el bien público, ya que se supone que son los representantes del pueblo”.
El acto forma parte de la jornada “Construïm junts un Benimaclet comunitari i cooperatiu”, con el que se celebra el primer aniversario de la librería asociativa La Repartidora y los 15 años de actividad del Centre Social Terra. Los dos centros sociales se ubican en el barrio valenciano de Benimaclet. La presentación del libro “Un peu al Parlament de Catalunya” tiene lugar un día después del asesinato a tiros de la militante hondureña Berta Cáceres, líder indígena y coordinadora del Consejo de Pueblos Indígenas de Honduras (COPINH), cuando se hallaba en su vivienda en el sector La Esperanza (departamento de Intibucá).
El hecho de contar con una extremidad dentro de las instituciones implica dar cuenta de qué se hace con la segunda. “Hemos ido a la calle y apoyado a los movimientos sociales, pero sin ir por delante”, señala la diputada autonómica de la CUP. Afirma que por el hecho de ser representantes parlamentarios no se lanzaban a atender a los medios de comunicación, sino que éste era un trabajo de los movimientos sociales y las asambleas que se tenía que respetar. Otra cuestión era cómo gestionar sumas de 400.000 euros de las asignaciones parlamentarias, impensables antes de la entrada en las instituciones para gente que procedía de las organizaciones populares. Una parte de dedicó a iniciativas sociales, diferentes plataformas o medios de comunicación alternativos. “Nos esforzamos en desbordar la institución con una lucha ideológica de fondo, hacía mucho que no se iba a la raíz de los problemas: todo se reducía a la política de circo”. El político con mando en plaza afirma todo aquello que no se puede hacer, mientras el que se halla en la oposición dice qué haría si estuviera en el gobierno, pero que en ningún caso hará.
En el periodo 2012-2015 Anna Gabriel (Sallent de Llobregat, 1975) actuó como coordinadora técnica del grupo de la CUP en el Parlament de Catalunya, antes, durante ocho años, fue concejal en Sallent (Barcelona) y también ha ejercido como profesora (asociada) de Historia del Derecho en la Universitat Autónoma de Barcelona. Entiende las instituciones como un espacio más de denuncia, donde uno actúa del mismo modo que en la asamblea de su barrio, el colectivo feminista o el pleno de un ayuntamiento. El trienio que acota el libro implicó quedarse en una “cierta zona de confort” (comparado con lo que vendría tras las elecciones de 2015), ya que los tres escaños de la CUP no resultaban decisivos en las votaciones. “Pudimos por tanto dedicar más energías al combate ideológico”. “Siempre decíamos que se tenían que relativizar las instituciones”. Por eso, más que las mociones, propuestas, resoluciones e iniciativas, lo importante -y así se subrayaba- era continuar con el encierro en el hospital o la escuela del barrio. “Se supone que es lo que siempre tendrían que haber defendido las izquierdas”.
Otro argumento que contribuye a la relativización es que se trata de instituciones “asediadas”, señala Anna Gabriel, por la Unión Europea, el estado español y la lógica capitalista patriarcal. “Cuando hablan algunos políticos no intentan más que justificar sueldos de 5.000 euros, pero la cuestión va mucho más allá”. Por eso se intentaba, en coherencia con el principio municipalista de la CUP, que allí donde pudiera participar una asamblea, un grupo de trabajadores o un regidor local, no lo hiciera el grupo parlamentario. En la práctica, en el día a día, se suscitaban otros debates con fuerte trasfondo ético, como la aparición en determinados programas y medios de comunicación: “Apostamos por una presencia mediática fuerte, tal vez por ello David Fernández fuera una persona muy conocida y valorada”. En la legislatura iniciada en 2015 el tratamiento es distinto, “nos señalan siempre como a los malos”.
Se podría pensar que la prioridad de la CUP, el punto capital de su “agenda” política, fuera la investidura del nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, así como facilitar una mayoría de gobierno en Cataluña. Pero Anna Gabriel prefiere anteponer otras cuestiones, como la “centralidad” que ha cobrado el feminismo -”sin que el sistema lo pretendiera”- a partir de los insultos machistas recibidos tras las últimas elecciones autonómicas. Gabriel denuncia la campañas difamatorias de las “cavernas catalana y española, los editoriales del ABC y las tertulias de Jiménez Losantos o Catalunya Ràdio”. Con todo, “no nos tendrán sometidas y atemorizadas”. Frente a las ofensas a la diputada, no se alimentó una espiral acción-reacción, sino que en una rueda de prensa trató de explicar que los insultos se vertían contra las mujeres, en general, y que lo importante era la violencia cotidiana contra ellas. Tras los cambios llevados a término, el grupo parlamentario de la CUP Crida Constituent se compone de seis hombres y cuatro mujeres. “Algo hemos avanzado”.
Buena parte de la intervención se centra en el riesgo que implica el ingreso en las instituciones. “Entre todos contribuimos a legitimarlas”. En muchas ocasiones el sistema acepta incluso a quien pretende combatirlo, ya que se reviste así de un pátina democrática. “Cada vez que se entra por la puerta de la institución se ha de tener en cuenta que hemos venido a cambiarla, y que en ningún caso están forjadas para los intereses de las clases populares”, insiste Anna Gabriel. Está capacidad de asimilación y cooptación se puede apreciar en los discursos, por ejemplo, cuando la consellera de Governació y vicepresidenta de la Generalitat entre 2010 y 2015 además de miembro de Unió Democrática de Catalunya (UDC), Joana Ortega, hablaba del “hilo rojo de la historia”. “El adversario es tan potente que no le genera costes la usurpación de un lenguaje que no es el suyo”.
Hace algunas semanas que Anna Gabriel participó en París en unas jornadas que abordaban la “descolonización”, de las que rescata el siguiente aprendizaje: “Tal vez en Europa haya que mirar más a estos pueblos originarios que en América Latina llevan 500 años de lucha”. De ese modo se evitaría el “desencanto” cuando las reivindicaciones en la plaza no dan resultado en pocos meses o se actúa con la lógica, fugaz e inmediata, de las redes sociales. “Nosotros somos pensamiento colonial, aunque no lo veamos”, abunda Anna Gabriel. De las poblaciones indígenas puede aprenderse la humildad y la cosmovisión basada en la armonía con el medio natural. Desde esta perspectiva a largo plazo, “la actitud ha de ser de la de una militancia permanente”, lo que incluye recordar “que antes de nosotros ha habido experiencias muy potentes, como las primeras diadas nacionales o la celebración del primero de mayo en 1976 y 1977, entre otras muchas”. “¿Qué ha pasado con la gente torturada, represaliada y asesinada, que su memoria se nos ha diluido como un azucarillo?”
Limitación de mandatos, rotación en las cargos y rendición de cuentas. Son algunas de las medidas que en el caso de la CUP Crida Constituent se plantean para que no se rompa el vínculo con el movimiento social. El caso más claro es el de David Fernández, diputado de la CUP entre diciembre de 2012 y agosto de 2015, que no repitió en la siguiente convocatoria electoral -pese al capital político acumulado que suponía para las candidaturas independentistas- con el fin de “volver a la calle”, destaca Anna Gabriel. “Se trata de no caer otra vez en los errores de inmediatez y parcialización en que otros incurrieron”, añade. La pregunta de un joven activista en el Centre Social Terra permite a Gabriel ahondar en la respuesta: “Venimos de una práctica militante muy castigada, por eso la acción institucional la entiendo desde el privilegio que implica que me paguen por militar; hay que ser consciente de ello, y por eso la dedicación ha de ser máxima”. Por esta razón los diputados de la CUP establecen “líneas rojas” y “cordones sanitarios”, que siempre son pocos. “No te pueden ver haciéndote un gin-tonic con el Conseller de Salut, hemos realizado este trabajo durante mucho tiempo sin remuneración y muchos compañeros lo continúan haciendo de modo desinteresado”, aclara la activista y diputada autonómica de la CUP. “Aquí no hemos venido a hacer una segunda transición”.
En una sala abarrotada de público mayoritariamente joven, se sucedían las preguntas y las reflexiones en voz alta, alguna de ellas, incisiva, sobre las querellas internas en las candidaturas independentistas. “La CUP será lo que la militancia quiera”, apunta Anna Gabriel, pero también recuerda que muchos de los debates y conversaciones han sido “televisados, filtrados y pinchados, lo que en nada nos ha ayudado”. “Tenían interés en liquidarnos”, agrega la activista. “Las decisiones se han de tomar como siempre de forma asamblearia y colectiva, pero sin regalarles el favor de que terminen con nosotros”. En el debate político previo a la investidura de Carles Puigdemont, en enero de 2016, los medios de comunicación se han empleado a fondo durante meses. “Todo lo que ha ocurrido sólo se explica por su fortaleza, todos los medios del sistema han actuado como una apisonadora, pero no hemos de caer en el primer titular de impacto y, de inmediato, iniciar campañas en las redes sociales; los medios de comunicación convencionales nunca van a venir a explicar nuestras propuestas”. Son riesgos a los que se expone quien lleva la voz de la calle a las instituciones. “Sabes que te sometes a las lógicas del circo televisivo”, pero entonces caben varias opciones: reafirmarse en el discurso, moderarlo o definitivamente renunciar a los principios. “Nosotros defendemos a los presos políticos, a Venezuela y el derecho al aborto, aunque no dé votos, y lo hacemos con la cabeza bien alta”, remata la diputada y activista.

Fuente: Rebelión
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 15 de enero de 2016

Crítica a la CUP


 
Ander Jiménez Cava
Rebelión
El día 27 de Septiembre, la CUP fue la única formación independentista que leyó los resultados electorales en el siguiente sentido: “La declaración unilateral de independencia iba ligada al plebiscito: no hemos ganado el plebiscito, luego no hay declaración unilateral de independencia”. Antonio Baños y Anna Gabriel valoraban así el hecho de que la CUP y JXSí no alcanzasen el 50% de los votos. De haberse tratado de un plebiscito, los votos por la independencia se hubieran quedado en el 48%. Y ahí se acabó la coherencia.
Entonces comenzó el espectáculo, una formación que se presupone anticapitalista y asamblearia arrojada al fango de la realpolitik. El hecho de que JXSí necesitara al menos seis escaños de los diez de la CUP para obtener la mayoría absoluta en el parlamento, situaba a la CUP en situación de partido bisagra, o sea, un partido minoritario que gracias a la pútrida matemática electoral tiene la llave para la formación de un gobierno.
Si ya es bastante dudosa la legitimidad de un parlamento burgués que emana directamente del orden continuista del 78, esa duda sobre la legitimidad se multiplica exponencialmente cuando es un partido con 336.375 votos quien decide sobre la formación de un gobierno en unas elecciones en las que han votado 4.115.807 personas. La sobrerrepresentación política de este partido es una consecuencia del profundo carácter antidemocrático del parlamentarismo tal y como lo conocemos en occidente. En parte, es la crítica a dichos fallos estructurales del sistema político los que han aupado a partidos como Podemos, Ahora en Común, y la mismísima CUP. Sin embargo los dirigentes de la CUP se han sentido muy cómodos en dicha situación, y aunque parezca contradictorio, han gestionado de la manera más “democrática” posible entre sus militantes la elección del nuevo gobierno catalán. Parece que la luz de los focos de los mass media disimulan muy bien las vergüenzas.
La legitimidad que concede este partido de izquierdas al parlament raya el surrealismo. Como he dicho, el parlament no es más que un tentáculo del régimen político del 78, hecho a imagen y semejanza del parlamento español. Además de las competencias, y que representa a aquellos que el establishment español decidió que eran catalanes allá por 1979, no difiere en nada del español en cuanto a “legitimidad democrática”. ¿Por qué un partido, pretendidamente de izquierdas, eleva este parlamento a la categoría de Voz del Pueblo de Catalunya? ¿Qué ha cambiado, sino el autonomismo de cierto sector derechista de la sociedad catalana (y levemente)?
Al entrar en el mundo de la política espectáculo (y abandonar la calle y la fábrica), la CUP se ha visto obligada a defender una impostura. Han vencido en el juego simbólico, ganando el pulso a la persona de Más (que no a su personificación), evitando que él obtuviese la presidencia. Pero en ese pulso han perdido la dignidad como organización, al ceder, de hecho, dos diputados al grupo parlamentario de JXSí , al obligar a dimitir a dos de sus diputados, y lo que es más importante, al investir a un representante de la derecha más reaccionaria de Europa, de la vieja oligarquía catalana, y de los poderes financieros. Toda esta desvergüenza no se puede tapar, ni siquiera con la legítima idea de libertad nacional, máxime cuando los opresores del pueblo catalán son los mismos que los opresores de clase, y son viejos conocidos en Catalunya, también por los militantes de la CUP.
El trabajo de legitimación del parlament por parte de la CUP ha dado sus frutos, un movimiento de base, presuntamente político, ha mutado en un partido burgués al uso, basando su dialéctica en una contradicción ficticia que enfrenta a los trabajadores entre sí y los integra con sus respectivas burguesías nacionales. Ese es el trabajo sucio y real que ha hecho la CUP, y con el que se ha ganado el aplauso y el respeto de una vieja oligarquía en transformación, que ha entendido, y muy bien, que sólo refundándose se mantendrían en el poder. En lugar de asestarles la estocada final, como han tenido oportunidad, han preferido mantener los castellets y que sea el pueblo catalán el que soporte sobre sus espaldas a los que están arriba, que son los mismos de siempre.
Dentro de la política institucional, las formas de funcionamiento son poco éticas (menos que en la academia, si cabe). El arribismo, el nepotismo, la corrupción y el tráfico de influencias son las armas de la clase política para conseguir cargos. Así es como ha funcionado siempre, y la CUP demuestra muy pocos escrúpulos al asumir acríticamente este hecho. Ya que han dejado a un lado la crítica a la podredumbre política y moral de los dirigentes de siempre, en pos de un procés que sigue apestando a continuismo y en el que la palabra ruptura cada vez se reduce más a una cuestión lingüística, mientras se vacía de contenido político.
Sigan pues, aclamando la investidura de un enemigo de clase. Los otros, los de siempre, seguiremos en la calle siendo perfectamente conscientes de que el cambio se ha de dar en la calle, en las relaciones sociales, en la fábrica y en la casa. No como una cuestión de identidad nacional que se dirime en el mundo emocional de los individuos para proyectarse en otra institución capitalista, sino en la realidad política de los deseos de transformación, que se establecen en la razón de que un cambio social es necesario, y cada vez más inevitable. Sigan regocijándose en la ilusión de que el bufón de la corte puede ser transgresor.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 10 de enero de 2016

La CUP paga un precio alto por la cabeza de Artur Mas


La CUP acusa a CDC y ERC de "uso partidista" de la negociación de investidura
Los diputados de la CUP en una imagen de archivo EFE


La CUP ha pagado un precio alto por la cabeza de Artur Mas. Dos diputados dimitirán, y otros dos (que aún está por ver si serán los que entrarán o del actual grupo parlamentario) pasarán a formar parte de facto de Junts pel Sí. Los cupaires investirán mañana a Carles Puigdemont en primera votación.
La CUP también ha aceptado no votar “en ningún caso” en el mismo sentido que los grupos parlamentarios contrarios al proceso o al derecho a decidir cuando esté en juego la estabilidad parlamentaria. Fuentes de la CUP circunscriben este punto del acuerdo a garantizar el avance del proceso soberanista, en ningún caso, por ejemplo, a avalar de forma automática una ley de presupuestos. La CUP ha presentado de hecho la participación de dos de sus diputados en los "espacios de deliberación" de Junts pel Sí como la manera de fiscalizar y garantizar el cumplimiento de los acuerdos y de la moción soberanista.
¿Cuál será el paso siguiente de la investidura? Fuentes de la CUP aseguran que “desde el primer minuto” trabajarán para implementar “hasta el final” la declaración de soberanía aprobada el pasado 9 de noviembre con los votos de Junts pel Sí.
Dicha declaración, anulada por el Constitucional en diciembre, incluía declarar la desobediencia a las instituciones españolas, empezando por el alto tribunal, e instaba a la Generalitat a cumplir sólo las leyes aprobadas por el Parlament. En este sentido, si se sigue lo que dice la declaración, en un mes se empezarán a tramitar la ley de proceso constituyente, la de Seguridad Social y de Hacienda pública.
El documento firmado este sábado, sin embargo, parece más el de un castigo que el de un acuerdo. Así, la CUP “reconoce errores en la beligerancia expresada hacia Junts pel Sí”, en especial en lo relativo “a la voluntad inequívoca de avanzar en el proceso de independencia”. La diputada Eulàlia Reguant ha pedido perdón por la “excesiva demora” y la “lentitud de los pasos” hacia el acuerdo.
Formalmente, el Secretariado Nacional de la formación y el grupo parlamentario han sido los que han aceptado el acuerdo, “cumpliendo el mandato”, añaden fuentes de la CUP, del 'no' a Artur Mas expresado en la reunión del Consejo Político y del Grupo de Acción Parlamentaria del 3 de enero.
“La CUP no renuncia a su identidad política ni a su lucha contra los recortes, la corrupción y la Catalunya autonómica”, ha añadido Reguant. Los diputados que dimitirán, los que entrarán y los que pasarán a formar parte de facto del grupo de Junts pel Sí todavía están por conocerse. Sin embargo, la CUP ha asegurado que los dimisionarios “seguirán trabajando con las mismas responsabilidades políticas y organizativas” dentro del grupo parlamentario y la organización.
Horas después de que se difundiera el acuerdo y de la dura rueda de prensa de Artur Mas, la CUP ha difundido un tuit explicando su posición sobre el pacto. La formación asegura que "no renuncia a la lucha", que cumple sus compromisos electorales y que el acuerdo tiene una fecha de caducidad: "18 meses para fundar una república, un proceso constituyente y un plan de choque".

Fuente:El Diario.es

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