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viernes, 6 de mayo de 2016

Arabia Saudí compra Egipto y asalta el Mar Rojo



Tiran y Safrein


Por 25.000 millones de dólares la dictadura militar de Egipto ha cedido las islas Tiran y Safrein y algo más a la dictadura teocrática de Arabia saudí, provocando la ira de miles de ciudadanos y las primeras grandes manifestaciones que se organizan después del fracaso de su primavera en 2011. Empieza el fin del síndrome de Estocolmo que padecen los egipcios; nada como la pérdida de territorios por parte de la “madre patria” puede generar tales movilizaciones en un pueblo ancestral: la mayoría ni siquiera se acordaba de la existencia de estas islas deshabitadas.
La transferencia de la soberanía de Tiran y Safrein, islas ubicadas en la entrada del Golfo de Aqaba en el Mar Rojo y con fronteras marítimas con Egipto, Israel, Jordania, y Arabia Saudita (que obviamente se ha realizado previa autorización de EEUU e Israel), cambia las fronteras internacionales en una región de frágil equilibrio. De hecho, esta cesión afecta al Tratado de Camp David que reconocía la soberanía de Egipto sobre las islas, que fueron ocupadas por Israel una vez durante la guerra de los Seis Días del 1967 y otra en 1973 cuando el presidente Anwar Sadat reclamaba la liberación de las tierras conquistadas en aquella guerra. Fue tras la firma del acuerdo de paz, y el reconocimiento del Estado israelí por parte de Egipto, cuando el país árabe recuperó la soberanía sobre las islas.
Una polémica renuncia
Mientras los medios oficiales alegan que aquellas rocas, en realidad, siempre habían sido de propiedad saudí y que habían sido arrendadas a Egipto en 1950, algunos juristas e historiadores egipcios ofrecen otras versiones:
1. Que un tratado marítimo fechado en 1906 (antes de la fundación de Arabia Saudí en 1932), y firmado por Egipto y el Imperio Otomano, reconoce la soberanía egipcia sobre las islas.
2. Que durante el Conflicto de Suez de 1956, Tiran y Safrein fueron “abandonadas” por los saudíes, dejando que las tropas de Jamal Abdel Naser las protegiera. De este modo, Riad se mantenía al margen de la guerra, y de paso se salvaba de las críticas por su pasividad en el conflicto.
Más allá del pretexto, los dos principales motivos que han llevado al general Al Sisi a renunciar a una parte del territorio del país son:
1. Que ya había vendido su alma a Riad, cuando los jeques financiaron su golpe de Estado contra el califato de Muhammed Mursi.
2. Y que la poderosa casta militar egipcia, que controla cerca de la mitad de la economía y la fortuna del país, seguirá recibiendo más petrodólares de Arabia, a cambio de proteger los intereses de la familia Saud en la región.
Riad y la diplomacia de la chequera
Lo que busca Riad con este inaudito movimiento estratégico de hacerse con islas egipcias  son:
1. Proyectar su poder desde el Mar Rojo sobre las rutas marítimas: por ejemplo, el Golfo de Aqaba es la única salida de Jordania la mar.
2. Mejorar su posición para poder presionar a Egipto, el peso pesado del mundo árabe, quitándole la hegemonía actual que ostenta. Consolidar la dependencia económica y política casi absoluta de El Cairo a Riad es uno de los medios para conseguir este objetivo.
3. Estrechar la alianza entre ambos países contra el nuevo enemigo: Irán, el país “musulmán” sustituye el “ente sionista”.
4. Fortalecer la hermandad militar entre los dos pilares de la llamada “OTAN árabe”. Mientras Arabia mantiene su posición de ser el segundo importador mundial de armas, (después de la India), la compra del material bélico por Egipto se multiplicó por tres en 2015 comparado con el 2014, alcanzando así la cifra de 1.475 millones de dólares, que tapa otras estadísticas; como por ejemplo que el 40% de sus 80 millones de habitantes sufra una pobreza escandalosa, o que el 51,2%  de los jóvenes no tiene empleo.
5. Cambiar su política de “dinero a cambio de lealtad” con sus aliados árabes. Ahora, imita al Fondo Monetario Internacional tomando de rehén a los que reciben sus formidables cheques e inversiones vitales. No le perdona a Al Sisi haberse negado a participar de forma activa en las guerras contra Yemen y Siria. A todas luces, está convirtiendo a un gigante como Egipto en un humillado y servil cliente.
6. Dar un paso más hacia el reconocimiento del Estado de Israel. Al aceptar el estatus de las dos islas —registrado en el Tratado de Camp David—, los saudíes respetarán el derecho de Israel a usar el Golfo de Aqaba y también ahora las aguas oficiales de Arabia. Las autoridades de Riad, que a pesar de la BDS —la campaña internacional de boicot a Israel—, importan productos y tecnología de Israel, según revela Haaretz, miran a Tel Avive como un aliado imprescindible en su batalla contra Teherán. Así, ha nacido de forma discreta el eje Jerusalén-Riad-El Cairo, una asociación de cooperación militar sin precedentes entre los árabes y los israelíes.
Cambio en el mapa del Mar Rojo
El Mar Rojo, que perdió su color en 1991 cuando se desmoronaron los gobiernos de izquierdas en Etiopía y Yemen (del sur), hoy vuelve a ser el centro de unos cambios fundamentales:
. Arabia Saudí planea construir  un megapuente sobre el Mar Rojo que una Egipto con la Península Arábiga. Su objetivo es diversificar sus rutas comerciales, y ampliar los beneficios por los peregrinos que atravesaría dicha ruta terrestre a la Meca. Los saudíes construyeron otro puente que empalmó Bahréin con Arabia, aunque lo utilizaron en marzo del 2011 para enviar un contingente militar para aplastar la “Primavera bahreiní”
. China, que sigue con su estratégica de la Nueva Ruta de la Seda, está construyendo un largo tren eléctrico que conectará la capital etíope de Addis Abeba con Kenia, Sudán del Sur, Sudán y Yibuti, enlazando los mercados africanos con China, en el medio de una cruenta batalla entre las potencias mundiales y regionales por los recursos naturales del continente.
El desaire de Salman a Obama
El divorcio religioso entre Arabia Saudí y la Administración Obama por  “su benevolencia con Irán”,  es tal que el rey Salman no fue a recibirle al aeropuerto de Riad el pasado 21 de abril en la última visita oficial que realizaba el presidente de EEUU al viejo aliado. Obama, si bien ha apoyado la formación de un frente amplio anti-iraní en la región que contenga el aumento de la influencia de Teherán, también ha mirado con preocupación la “agenda” económica, política y militar de la Casa Saud en el mundo a golpe de petrodólares y del clérigo wahabita.
EEUU sin retirarse de Oriente Próximo y Norte de África está ofreciendo más espacio a las rivalidades entre Irán y Arabia Saudí, que serán quienes, aparentemente, determinarán la dirección de los acontecimientos.

Nazanín Armanian

Fuente: Público.es


martes, 26 de abril de 2016

¿Hacia dónde va Egipto?





por Thierry Meyssan

Desde hace 5 años, la historia de Egipto, al igual que la de otros Estados árabes, ha sido una sucesión de complots, de actos de violencia, de anuncios y de desmentidos. Nuevos elementos han venido a cuestionar todo lo que la opinión pública internacional creyó en un momento dado. Thierry Meyssan trata de separar aquí lo verdadero y lo falso, interrogándose al mismo tiempo sobre lo que aún esconde el actual presidente egipcio al-Sissi.



El ex présidente egipcio Hosni Mubarak fue condenado por malversación de fondos y por su responsabilidad en la represión de manifestaciones. Pero los hechos, sobre los que en aquel momento existía una opinión unánime, nunca llegarán a demostrarse.

Egipto, sociedad extremadamente conservadora, dirigida por militares, ha vivido durante los últimos 5 años un periodo de agitación del que aún no está completamente restablecido.

Esos acontecimientos pueden abordarse de 3 maneras diferentes, pero ninguna de ellas es enteramente satisfactoria:
- Para los gobiernos occidentales y su prensa, todo régimen militar es malo per se y lo que vimos en Egipto fue una lucha entre los partidarios de ese régimen y los demócratas. El problema de esa lectura es, por un lado, que los militares egipcios son republicanos y, por otro lado, que esos militares disponen de un apoyo popular infinitamente más importante que el que pudieran presentar los demócratas.
- Para los defensores del derecho, Mohamed Morsi fue proclamado legalmente como presidente electo por un 17% de los electores. Pero su legitimidad debería haber visto cuestionada cuando 33 millones de egipcios exigieron su destitución y cuando resultó, lo cual sí está perfectamente comprobado, que la Comisión Electoral no había respetado el voto de los ciudadanos en 2012. A partir de ese momento, es imposible calificar su derrocamiento de «golpe de Estado».
- Para los propios egipcios, esos acontecimientos son la prolongación de la lucha entre nacionalistas e islamistas. La Hermandad Musulmana, que trató en numerosas ocasiones de llegar al poder por la fuerza con los asesinatos de primeros ministros, en 1945 y 1948, y de un presidente, en 1981, finalmente llegó al poder con ayuda de Estados Unidos y “arreglando” las elecciones. Pero, hoy en día, el campeón de los nacionalistas vende el país a los sauditas.

La dimisión de Hosni Mubarak
(11 de febrero de 2011)
En 2011, una serie de manifestaciones populares fueron manipuladas por Washington, que ya había desplegado en Egipto una legión de ONGs implicadas en las «revoluciones de colores» y bajo la coordinación del equipo de Gene Sharp [1]. La «primavera árabe» estaba comenzando. La Casa Blanca envió al Cairo un alto responsable de la CIA (por cierto, padrastro del entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy [2]), el embajador Frank Wisner. Después de haber dado la impresión de que respaldaba a Hosni Mubarak, el embajador Frank Wisner lo intimó a dimitir. Sabiendo que no lograría restablecer el orden, Mubarak renunció a transferir el poder a su hijo Gamal y abandonó la presidencia, dejándola en manos de su vicepresidente. Esto se designó como la «revolución del loto». El desorden se extendió por todo el país. Al principio, los responsables de las ONGs fueron arrestados por haber financiado el «cambio de régimen», utilizando para ello 48 millones de dólares. Pero luego fueron liberados y, al mismo tiempo que los que se habían refugiado en la embajada de Estados Unidos, fueron sacados de Egipto en un avión especial de la CIA [3].

Washington respaldó al candidato de la Hermandad Musulmana, Mohamed Morsi, a la presidencia de Egipto. Durante la campaña electoral, Yusef al-Qaradawi, predicador de la Hermandad Musulmana y «consejero espiritual» del canal de televisión Al-Jazeera, hizo acto de presencia en la plaza Tahrir para explicar que lo más urgente ya no era luchar por el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino sino… limpiar la sociedad de homosexuales.

Al término del escrutinio, que registró sólo un 35% de participación y donde obtuvo el apoyo de sólo un 17% de los electores, Morsi fue proclamado ganador de la elección. Sin embargo, en una carta que se hizo pública posteriormente, el presidente de la Comisión Electoral escribe que no se basó en los resultados del escrutinio sino que quiso evitar que la Hermandad Musulmana desatara una guerra civil, lo cual habría sucedido si se hubiese anunciado la victoria del general Ahmed Shafiq –el efímero primer ministro nombrado por Mubarak [4]. Estados Unidos, que había orquestado toda la operación, felicitó al doble nacional egipcio-estadounidense Morsi por su «democrática» elección, versión falsa que de inmediato adoptaron todos los demas países. En el extranjero, todos celebraron la «normalización» de Egipto, que al fin tenía su primer gobierno civil al cabo de 5 000 años de gobernantes militares en el poder.

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El 6 de octubre de 2012, aniversario del asesinato del presidente egipcio Anwar el Sadat, el presidente Mohamed Morsi recibe a 3 miembros de la Hermandad Musulmana que participaron en la conspiración que acabó en el asesinato de Sadat. Mursi incluso nombró a uno de estos individuos miembro del Consejo de Derechos Humanos y a otro le dio un puesto de senador.

La presidencia de Mohamed Morsi

(30 de junio de 2012 - 3 de julio de 2013)

Ya instalado en el sillón presidencial, Mohamed Morsi instaura una dictadura supuestamente religiosa. Introduce miembros de la Hermandad Musulmana en la administración del país y rehabilita a los miembros de esa cofradía que habían sido condenados por terrorismo. Incluso recibe y felicita públicamente a los asesinos del presidente egipcio Anwar el-Sadat y nombra gobernador de Luxor al responsable de la masacre perpetrada en 1997 en ese distrito [5]. También persigue a los demócratas que habían manifestado contra ciertos aspectos de la política de Hosni Mubarak (pero no por su dimisión), apoya una verdadera campaña de pogromos desatada contra los cristianos por la Hermandad Musulmana y cubre los crímenes de esta cofradía: linchamientos, saqueo de los arzobispados e incendios de iglesias. Simultáneamente privatiza las grandes empresas egipcias y anuncia la posible venta del Canal de Suez a Qatar, que apadrinaba entonces la Hermandad Musulmana.

Desde el palacio presidencial, Morsi se entrevista por teléfono, al menos 4 veces, con Ayman al-Zawahiri, otro participante en el asesinato de Anwar el-Sadat y hoy convertido en jefe mundial de al-Qaeda  [6].

Durante ese periodo, un grupo yihadista llamado Ansar Bait al-Maqdis se estructura en el Sinaí. Estos islamistas realizan numerosos ataques contra el gasoducto que conecta Egipto con Israel y Jordania, sin que el ejército egipcio trate de evitarlo.

El presidente Morsi envía una delegación oficial de su gobierno a reunirse con el Califa del Emirato Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, miembro de la Hermandad Musulmana, al igual que el propio Morsi. Sin embargo, no logran ponerse de acuerdo porque cada uno de ellos exige que el otro se ponga a su servicio.

Finalmente, el presidente Morsi ordena al ejército egipcio prepararse para atacar la República Árabe Siria en apoyo a los miembros sirios de la Hermandad Musulmana. Será esta la decisión que desborda el vaso.

El ejército egipcio, que estuvo fusionado con el de Siria desde 1958 hasta 1961, considera la orden de ataque contra Siria como una violación del sueño de unidad árabe de Gamal Abdel Nasser y se vuelve entonces hacia la sociedad civil.

Son notorias la docilidad de la sociedad egipcia ante el poder así como sus súbitas explosiones de masas. Esta vez, la sociedad no reacciona ante las primeras decisiones del presidente Morsi, tampoco ante los asesinatos contra los cristianos, pero acaba sublevándose en conjunto. Una amplia coalición, que reúne en su seno la mayoría de las formaciones políticas de izquierda y de derecha, e incluso a los salafistas, se levanta entonces contra la Hermandad Musulmana.

Respondiendo al ejército egipcio, esta coalición organiza la mayor manifestación en la historia de Egipto para exhortar a los militares a derrocar al dictador Mohamed Morsi y a expulsar del poder a la Hermandad Musulmana. Durante 5 días, «desbordante como el Nilo», una multitud de 33 millones de egipcios vota de hecho en las calles manifestando contra la Hermandad Musulmana.

Esperando prudentemente el momento en que Estados Unidos no podrá intervenir a favor de su protegido, el ejército egipcio derroca a Morsi –ex colaborador del Pentágono que incluso dispone aún de una acreditación de acceso a los secretos militares estadounidenses– en cuanto se cierran en Washington las oficinas federales para el largo fin de semana de la fiesta nacional estadounidense. Durante un mes, las calles del Cairo se convierten en teatro de terribles enfrentamientos. Se instaura un gobierno provisional y se lanza una convocación a nuevas elecciones mientras que los occidentales, Qatar y Turquía, fieles a la lógica de la supuesta «elección democrática» de Morsi, denuncian un «golpe de Estado militar». En definitiva, el general Abdel Fattah al-Sissi, quien había dirigido la operación de restablecimiento de las instituciones, es electo con el 96% de los votos válidos, mientras que Al-Jazeera lanza un llamado a asesinarlo.

Durante 5 días, 33 millones de egipcios manifestaron en las calles del Cairo reclamando la intervención del ejército contra el presidente Mohamed Morsi.

El restablecimiento de las instituciones egipcias por Abdel Fatah al-Sissi
El mariscal Abdel Fatah al-Sissi fue director de la inteligencia militar bajo el presidente Mubarak y ministro de Defensa bajo el presidente Morsi.

Al inicio de su mandato presidencial, Abdel Fatah al-Sissi restableció el orden y la paz social. Liberó a los prisioneros políticos, presentó excusas públicas a los cristianos por las persecuciones que habían sufrido e hizo reconstruir las iglesias quemadas.

Al Sissi entrega además a Arabia Saudita documentos que prueban que Mohamed Morsi estaba preparando un golpe de Estado en Riad para instalar a la Hermandad Musulmana en el poder. El reino reacciona prohibiendo la Hermandad Musulmana en suelo saudita y otorgando a Egipto múltiples donaciones. Ante una economía en ruinas, el presidente al-Sissi ha logrado volver a encontrar un mecenas para alimentar su pueblo.

Para contentar a los sauditas, el mariscal al-Sissi compromete su ejército en la guerra contra Yemen. Al principio, el contingente egipcio se dedica sobre todo a controlar las costas, pero la opinión pública egipcia se entera rápidamente de que Riad ha puesto el mando de las operaciones contra Yemen en manos de Israel. Los soldados egipcios se retiran discretamente, lo cual nunca llega a anunciarse oficialmente.

Al mismo tiempo, en el Sinaí, Ansar Bait al-Maqdis abandona sus ataques contra los intereses israelíes y vuelve sus armas contra el Estado egipcio. Se pone además en contacto con el Emirato Islámico en Siria y reconoce la autoridad de ese grupo terrorista, creando así la «provincia del Sinaí» (Wilayat Sayna) en el seno del Califato.

Mientras tanto, con ayuda de China, el presidente al-Sissi multiplica por dos la capacidad del Canal de Suez, aunque este último no está siendo explotado al 100%. El objetivo es preparar a Egipto para el desarrollo de la nueva ruta de la seda poniéndolo en condiciones de servir de vía para el tránsito de la gigantesca producción de China hacia Europa.

Un hecho inesperado se produce en el verano de 2015, la empresa italiana ENI anuncia el descubrimiento del yacimiento petrolero de Zohr, en aguas territoriales egipcias. El Cairo podrá explotar el equivalente de 5 500 millones de barriles de petróleo.

Pero las cosas toman un mal rumbo. En el Sinaí, la Hermandad Musulmana se apoya en el Emirato Islámico y asesina a varios altos funcionarios y magistrados. El ejército egipcio se deja arrastrar por una espiral de violencia, mientras que el presidente al-Sissi aprovecha la ocasión para ordenar el arresto de nacionalistas y demócratas. Poco a poco, el juego va siendo menos claro: el gobierno defiende el interés nacional pero persigue a los líderes civiles que apoyan su objetivo oficial.

Es en ese momento que Mohamed Hassanein Heikal, el ex vocero de Nasser e ícono de los nacionalistas, declara públicamente que ya es hora de que el presidente al-Sissi
- denuncie públicamente la «carnicería» que se está perpetrando contra Yemen;
- viaje a Damasco para expresar su apoyo al presidente Bachar al-Assad y su oposición a la Hermandad Musulmana;
- se acerque a Irán para garantizar la estabilidad de la región.
Tres consejos que implican distanciarse de Arabia Saudita.

Heikal fallece bruscamente, tenía 87 años, sin haber recibido respuesta de al Sissi.

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En la noche del 11 al 12 de abril de 2016, la edición en PDF del diario “Al-Masry Al-Youm” anuncia en primera plana: «Dos islas y un doctorado para Salman… y miles de millones para Egipto». Una rápida intervención del gobierno de al-Sissi corrige el titular de la edición en papel, que sale a la calle en la mañana del 12 de abril modificada de la siguiente manera: «La cosecha de la visita de Salman: acuerdos por 25 000 millones de dólares».

Las islas de Tiran y Sanafir

El rey Salman de Arabia Saudita llega en visita al Cairo, el 11 de abril de 2016. El soberano anuncia astronómicas inversiones en Egipto, por un monto de 25 000 millones de dólares. Para sorpresa de todos, el presidente an-Sissi anuncia que, como muestra de agradecimiento, le ofrece las islas de Tiran y Sanafir en el marco de un acuerdo de delimitación de las fronteras marítimas.

Ambas islas, que cierran el Mar Rojo, eran objeto de una vieja disputa entre Egipto y Arabia Saudita. Israel las ocupó durante la Guerra de los Seis Días. Prefiriendo no verse implicada en el conflicto, Arabia Saudita renunció a reclamar las islas y las dejó en manos de Egipto, en vez de defenderlas. Posteriormente, en el marco de los acuerdos de Camp David, Tel Aviv y El Cairo internacionalizaron la salida del Mar Rojo y las tropas israelíes se retiraron de las islas de Tiran y Sanafir.

Ahora, ambas islas pasarían a formar parte de un gran proyecto de construcción de un puente que conectaría Arabia Saudita y Egipto a través del Golfo de Aqaba.

Las islas de Tiran y Sanafir son para los egipcios territorios reconocidos como suelo egipcio en 1840, por la Convención de Londres, y que, después de muchas vicisitudes, el pueblo egipcio logró recobrar gracias a la cobardía de Riad, durante la guerra contra Israel. Por esas razones, para los egipcios resulta inconcebible «ofrecer» esas islas a los sauditas, aunque estos paguen por ellas varios miles de millones de dólares.

Desde hace una semana, se suceden en Egipto manifestaciones cuyos participantes reclaman un referéndum de aprobación de la cesión de esas islas. Y en esas manifestaciones están participando todos los nacionalistas que se preguntan quién es realmente el presidente al-Sissi.

Thierry Meyssan



[1] «La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA», por Thierry Meyssan; «El manual estadounidense para la realización de una revolución «de color» en Egipto», Red Voltaire, 10 de febrero de 2005 y 25 de mayo de 2011.

[2] «Operación Sarkozy: Cómo la CIA puso uno de sus agentes en la presidencia de la República Francesa», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de julio de 2008.

[3] «Procès des membres d’ONG: les Américains quitteront l’Égypte»,Sputnik, 1º de marzo de 2012.

[4] «La Comisión Electoral egipcia cedió al chantaje de la Hermandad Musulmana», Red Voltaire, 1º de julio 2012.

[5] «Egipto: Morsi nombra gobernador de Luxor a un responsable de la masacre de 1997», Red Voltaire, 19 de junio de 2013.

[6] ««ننفرد بنص التسجيلات بين "مرسي" و"الظواهري" المعزول: لن أعتقل أى جهادي.. والمؤسسات تتحرك بأمري», Al Bawabh, 16 de octubre de 2013.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan





Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Red Voltaire

Voltaire, edición Internacional




Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «¿Hacia dónde va Egipto?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 25 de abril de 2016, www.voltairenet.org/article191435.html

martes, 9 de junio de 2015

Los residuos imperiales de la Alemania poshitleriana. Merkel y Sisi: Juego de tronos, el cómic



 Merkel y Sisi: Juego de tronos, el cómic


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

El dirigente de la junta militar egipcia Sisi llegó a Berlín y fue recibido con alfombra roja y honores militares plenos en el Palacio Bellevue, donde se reunió con el presidente Joachim Gauck. Sin embargo, Selmin Çalskan, de Amnistía Internacional, y Wenzel Michalski, de Human Rights Watch, encabezaron el grupo de destacadas personalidades que dirigieron una carta de queja a la cancillera Merkel por la visita. Para Çaliskan, Abdul Fatah al-Sisi ha presidido una de las “peorescrisis de los derechos humanos en la historia moderna”.
Pero el subimperio alemán tiene problemas y la gigantesca firma de ingeniería Siemens necesitaba un rescate por valor de 9.000 millones de dólares en un acuerdo con Egipto financiado mediante créditos a la exportación. Así pues, ¿por qué no? El propio über-imperio les había allanado ya el camino en diciembre de 2014 con la aprobación por el Congreso de una “dispensa retroactiva respecto a cuestiones de seguridad nacional” vinculada a toda ayuda a Egipto. Al igual que Sisi había doblegado a Kerry en sus demandas incluso de falsa democracia, la paciencia de Merkel también se había quebrado. ¿Acaso no podía Sisi haber complacido al capitalismo de estado de EEUU y de la UE, como le habían pedido, aunque hubiera sido con una apariencia de proceso democrático?
El hecho es que Sisi está dando sus últimos coletazos políticos y no puede hacer otra cosa que estar a la defensiva. Que una figura tan débil sea invitada a hacer una visita de Estado para poder firmar un acuerdo da alguna idea de la desesperación política de EEUU y la UE: A saber, que siguen duplicando las decisiones absurdas y que siguen tomando nuevas decisiones absurdas para negociar las consecuencias de sus anteriores decisiones absurdas. Antes de entrar en el motivo de la visita del circo egipcio a Berlín, veamos algo sobre Alemania:
El subimperio alemán en apuros
Antes de la introducción del euro, Alemania había sido la potencia industrial de Europa. Hacía de todo y más de lo necesario, importando sólo materias primas. Por eso, cuando su éxito exportador hizo subir el tipo de cambio del marco alemán, los gastos de la producción fabril se redujeron automáticamente. En la medida en que esto se reflejaba en una caída de la demanda, las compañías alemanas pudieron siempre permitirse reducir los precios. Sin embargo, y en gran medida debido a su calidad, la demanda de productos alemanes era bastante inelástica. Mantuvieron los precios de casi todo, consiguiendo aún mayores beneficios.
Fue una idea completamente loca que otras naciones europeas trataran de tener una moneda común con una economía como esa, a menos que pusieran en marcha algún tipo de revolución industrial estilo Meiji para ponerse al día. Pero Alemania iba muy por delante, gracias principalmente a que se beneficiaba desde 1953 de una quita sin precedentes de la deuda. Lo del euro se produjo porque los énarques (la elite de licenciados de la Escuela Nacional de Administración –ENA-, con más de 180 de coeficiente intelectual) del gobierno de François Mitterrand pensaron que Francia no podría sobrevivir de otro modo, pero arrastraron también a Italia, España et al a la trampa de la moneda común para liquidar cualquier posibilidad de devaluación competitiva.
Los alemanes no podían creerse su suerte. Para no alargar la historia, Alemania chupó la sangre de toda vida industrial del sur de Europa, cuyos gobiernos pensaron equivocadamente que los alemanes iban a comer bastantes más naranjas y pasarían bastantes más vacaciones en sus países para compensar la debacle industrial que iba a producirse. Pero los alemanes no consumen; están demasiado ocupados haciendo cosas. Si los italianos pensaban que las ventas de los Ferrari iban a dispararse, fueron los alemanes e hicieron que sus Porsche fueran mejores. Grecia, la más débil del paquete del sur europeo, se ha quedado completamente descalabrada, y su partido gobernante, Syriza, ha pedido ahora a los alemanes un acuerdo del estilo del suyo de 1953. ¡Ni hablar del peluquín!
Pero esto supone un problema serio para Alemania. Sus principales clientes están ahora al límite. No sólo eso, la maquinaria industrial china está elevando lentamente la cadena del valor añadido, amenazando el casi monopolio de Alemania en ciertos sectores del mercado mundial como el de adhesivos y turbinas. Esta situación es especialmente difícil para Siemens. El hecho de que Alemania haya dejado de invertir en la producción de energía tradicional supuso un revés doble. En esta economía mundial plana, si las viejas industrias tradicionales estaban sufriendo, la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) de Merkel trataba de asegurar el crecimiento alemán protegiendo la relación neocolonial que su “Mittelstand” (el sector de las PYME) tiene con la Europa del Este.
La externalización a Polonia y la República Checa es increíblemente importante para la rentabilidad alemana. Sin embargo, respecto a Polonia, lo que está claro es que no puedes sujetar a los polacos. El antiguo centro neurálgico del mercado negro del Pacto de Varsovia no iba a perder la oportunidad obvia de una economía rusa al lado desesperada por encontrar la manera de mejorar su mediocre rendimiento industrial. Sería un desastre para Alemania que las firmas polacas empezaran a externalizarse por su cuenta hacia Rusia, donde no hay restricción alguna en las condiciones de trabajo.
La única respuesta que Merkel tuvo fue que Alemania tenía que encontrar un competidor de Polonia, uno que fuera a la vez una amenaza y un incentivo para los polacos desde el punto de vista de un entorno de bajo coste sin restricciones de salud y seguridad que pudieran explotar conjuntamente. Ucrania era perfecta para Polonia debido a la afinidad de sus dos diásporas en el über-Imperio. Para Alemania, arrastrar a Ucrania con falsos pretextos al ámbito de la Unión Europea crearía un enfrentamiento político con Rusia que podría después utilizarse para mantener a raya a todas las naciones de la Europa del Este. Sin embargo, esta cínica estratagema no iba a servirles con Vicktor Orban, de Hungría.
Pero, en un triple revés para Siemens –y para el resto del tradicional sector industrial alemán a gran escala-, el enfrentamiento con Rusia, con las sanciones y todo lo demás, supuso el clavo final en su ataúd. Era necesario un gran acuerdo y Egipto parecía ser la respuesta. Al infierno con todo el parloteo sobre los derechos humanos y la democracia, el acuerdo para las turbinas de gas con Egipto sería tan grande que haría “historia”.
El circo egipcio llega a la ciudad: la extraordinaria admisión de Sisi
A Sisi, como a Stalin, no le gustan los economistas. El mejor lugar para ellos es la cárcel. Viaja con un grupo de actores, comediantes y bailarines de la danza del vientre que le hacen compañía y le levantan el ánimo. No creo que esta alegre agrupación tuviera alguna idea acerca del desagradable recibimiento que iban a tener por parte de los manifestantes egipcios a su llegada al aeropuerto de Tegel. En cualquier caso, ¿para qué necesitaba él economistas si Merkel iba a darle 9.000 millones de dólares en equipamiento algo así como por la cara?
El acuerdo necesitaba de una visita de Estado. Pero esto constituía un problema político, como representantes de los derechos humanos como Selmin Çaliskan señalaron. El portavoz del parlamento alemán, Norbert Lammert, pudo ayudar a que la nación germana conservara cierto grado de dignidad negándose a reunirse con el jefe de la junta. Merkel, en su calidad de cancillera, tendría sin embargo que mantener esta ficción reprendiendo públicamente a Sisi por su historial respecto a los derechos humanos, ya que nadie suele escuchar mucho de Lammert. Cómo se supone que funcionan este tipo de cosas ha sido siempre un misterio para mí, pero creo que tiene algo que ver con lo que Friedrich Engels llamó acertadamente “falsa conciencia”. Sin embargo, lo que consiguió la reprimenda de Merkel a Sisi fue una admisión extraordinaria de un asediado Sisi: una admisión que empeorarían aún más las cosas a los intentos alemanes de salvar la cara.
Bajo las firmes presiones sufridas desde que llegó a Alemania, Sisi se había quedado también atrapado en un ascensor con Merkel durante más de una hora, por lo cual su conferencia de prensa comenzó muy tarde. El sudoroso y exhausto jefe del golpe militar, al responder a una pregunta de la prensa alemana admitióque –sí- que Morsi “había sido realmente elegido a través de medios democráticos y había ganado con el 51% del voto popular en unas elecciones libres y justas”, pero añadió: “El Presidente Morsi tuvo que ser derrocado por la fuerza porque el pueblo no disponía de una vía constitucional para echarle del poder después de sólo un año de mandato”.
Pueden decir lo que quieran, pero me parece a mí que las prisas de Merkel se van a volver en su contra, al igual que sus políticas en Ucrania. La conferencia de prensa empezó mal y acabó en desastre, con una estudiante egipcia, Fajr el-Adly, que se coló entre los periodistas en la Cancillería de Berlín y se puso a gritar“¡Asesino, asesino!” con un estridente tono femenino al desaliñado Sisi. La prensa mundial reprodujo el titular original del Washington Post: “La conferencia de prensa de Sisi termina con incidentes”, que se ajustó más tarde para señalar: “Manifestante interrumpe la conferencia de prensa con al-Sisi de Egipto”. Pero elmeme estaba circulando ya por doquier.
Sin embargo, la admisión de Mursi no fue realmente un lapsus del tirano. Desde la muerte del rey Abdullah y la llegada del nuevo régimen en Arabia Saudí (contra el que se ha descubierto que Sisi había estado conspirando), su apoyo en Egipto ha ido desangrándose. Los oligarcas egipcios, con Naguib Saguiris al frente, ya se habían distanciado de él desde que Morsi insistió en el llamamiento para que pagaran los impuestos atrasados. Y ahora estaban conspirando con Mohamed bin Zayed, de Abu Dabi, supuestamente el último amigo que le quedaba a Sisi, para colocar en el poder a Ahmed Shafiq, que había perdido las elecciones frente a Morsi en 2012 y está ahora exiliado en algún lugar de los Emiratos.
Pero la ironía de todo ello es que Sisi –por su propia admisión- estaba apelando a la legitimidad de Morsi para socavar la de su potencial rival. Ni aún queriendo le habrían salido major las cosas.

Omar Qasim publica sus trabajos en la página web: http://different-traditions.com/  
Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/06/05/merkel-and-sisi-games-of-thrones-the-comic/  

domingo, 14 de julio de 2013

Cuatro días que estremecieron al mundo

 

 

The Guardian, 5 de julio de 2013

Declaración de los Socialistas Revolucionarios de Egipto

Lo que ocurrió el 30 de junio fue, sin la menor duda, el principio histórico de una nueva ola de la revolución egipcia, la mayor desde enero de 2011. Se estima que el número de personas que se manifestaron en ese día legendario excedió los 17 millones de ciudadanos, algo sin precedentes en la historia.

Su importancia supera cualquier participación de los restos del antiguo régimen o del aparente apoyo del ejército y la policía. Las manifestaciones masivas de millones de personas son eventos extremadamente raros en la historia de la humanidad, y su efecto sobre la conciencia y la confianza de la población en sí mismos y en su poder de cambiar el curso de la historia, trascienden las limitaciones de las consignas planteadas y las alternativas políticas formuladas.

Sí, la élite burguesa liberal quería utilizar esta movilización de masas para derrocar la dominación de la élite islamista, con el fin de poder llegar a ellos al gobierno con el respaldo y el apoyo de la institución militar. Y es cierto que los feloul [los restos del antiguo régimen] querían volver a la escena política a través de esta nueva ola revolucionaria. Pero hay una lógica especial implícita en las revoluciones populares que no se somete a las ilusiones o planes de los liberales o los feloul, aunque sectores de las masas siguieran temporalmente las consignas y las promesas de esas élites, de la misma manera que siguieron antes las consignas y promesas de la élite islamista.

Sí, los grandes medios de comunicación y sus campañas de propaganda tienen influencia, y las utilizan a favor de sectores de la clase dominante opuestos a los Hermanos Musulmanes, en el sentido de que el ejército y la policía están con la gente, que hacen gala de su neutralidad y su patriotismo, incluso de su ¡"naturaleza revolucionaria"! Pero esta influencia es momentánea y superficial, y no puede borrar de la memoria y la experiencia directa de la gente su carácter contrarrevolucionario, y se han enfrentado a las masas, ya sean las instituciones de las fuerzas armadas o los servicios de seguridad.

La verdadera razón de esta influencia temporal es la traición de la oposición liberal, representada por el Frente de Salvación Nacional, de los objetivos de la revolución egipcia y la sangre de los mártires, con el fin de acortar su camino hacia el poder. La verdadera razón es la ausencia de una alternativa política revolucionaria unida capaz de denunciar la verdadera naturaleza del FSN y ganar a las masas a un programa revolucionario concreto, un proyecto que puede superar tanto a la elite liberal y a la islamista y avanzar para profundizar la revolución egipcia, acabando con todas las instituciones del antiguo régimen, incluidas las instituciones militares y de seguridad, que son el corazón de la contrarrevolución.

Las masas no se han rebelado de nuevo porque quieran un gobierno militar o por amor a una alternativa liberal feloul a la Hermandad Musulmana. Las masas se han rebelado de nuevo porque Morsi y la Hermandad han traicionado la revolución. La Hermandad no implementó ni una sola de las exigencias de la revolución de justicia social, libertad, dignidad humana o retribución a los mártires de la revolución, que cayeron a manos de Mubarak y al-Adly, o el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF), la Hermandad y el Ministerio del Interior durante el periodo de gobierno de los Hermanos Musulmanes.

De hecho, el gobierno de la Hermandad profundizó las mismas políticas del régimen de Mubarak, que siguen provocando el empobrecimiento y la corrupción, en una defensa desesperada de las grandes empresas al servicio de los intereses norteamericanos y sionistas.

En vez de purgar el aparato estatal de corrupción y de todos los que se han manchado las manos con la sangre de los mártires, ya sea en el Ministerio del Interior, el aparato militar o la policía secreta, la Hermandad negoció con ellos, con la esperanza de participar en la administración del Estado junto con los feloul y los hombres de Mubarak.

Por lo tanto, el régimen de la Hermandad se convirtió en más que una extensión a todos los niveles del régimen de Mubarak contra el pueblo egipcio que se había rebelado.

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Esta es la esencia de la nueva explosión revolucionaria que se inició el histórico 30 de junio. La Hermandad no entendía esta esencia, por lo que su popularidad se evaporó en cuestión de meses. Y esto es lo que los líderes de las fuerzas armadas no entienden - ni su fachada civil, representada por los liberales y los feloul del Frente de Salvación Nacional. Porque no es a punta de pistola que se vean obligados a aplicar las mismas políticas con Morsi, que con el consejo militar y con Mubarak antes que ellos: las mismas políticas económicas neoliberales, las mismas alianzas estratégicas con las monarquías represivas del Golfo Pérsico, la misma dependencia humillante de EE UU y el colonialismo sionista.

Los gobiernos y los medios de comunicación de la burguesía americana y europea están tratando de describir lo que ha sucedido en Egipto, como si no fuera más que un golpe militar

contra un presidente democráticamente elegido, o un golpe de estado en contra de la "legitimidad" de la democracia formal. Pero lo que ha sucedido en realidad supera con creces la democracia formal y sus urnas. Se trata de una legitimidad que surge del carácter democrático de la revolución popular: la democracia directa es la que crea la legitimidad revolucionaria. Se abre el horizonte a nuevas formas de poder popular, que empequeñecen la democracia temporal de las urnas que se traduce solo en mantener la dominación de la burguesía, en sus diferentes alas.

La democracia temporal de las urnas asegura sólo la permanencia del poder del aparato estatal capitalista. Refuerza las ilusiones de la gente que cree que tiene el poder porque eligen una vez cada cierto número de años que sector de la élite burguesa gobernará y les explotará, sin, por supuesto, conseguir nada del aparato del Estado o de las empresas capitalistas a las que protege y que manipulan las urnas.

Lo que ha ocurrido en Egipto es un punto álgido de la democracia, una revolución de millones de personas para derrocar directamente el régimen. En cuanto al desplazamiento militar de Morsi, no era más que una conclusión inevitable una vez que la institución militar vio que las masas ya habían resuelto el problema en las calles y plazas de Egipto.

El-Sisi hizo el 3 de julio de 2013 lo que Tantawi hizo antes de él el 11 de febrero de 2011: cedió ante la voluntad del pueblo que se había rebelado, no por patriotismo ni fervor revolucionario, sino por miedo a la revolución. Porque si El-Sisi no hubiera intervenido para desalojar Morsi, la revolución no se habría detenido con el derrocamiento de Morsi y la Hermandad, sino que ha sido -y sigue siendo- capaz de transformarse en una revolución social completa que acabe con todo el estado capitalista, incluyendo a los líderes de la institución militar.

La institución militar es hostil a la revolución egipcia. Se deshizo de Mubarak para salvarse de la línea de fuego de la revolución. El ejército se deshizo de la Hermandad y de Morsi, sus antiguos aliados, porque teme el momento en el que el terremoto de la revolución les alcance. Al igual que amplios sectores de la población tuvieron ilusiones en la neutralidad militar y su apoyo a la revolución al comienzo del gobierno del SCAF, hoy se ven afectadas por la propaganda mentirosa sobre el heroísmo y lealtad revolucionaria de El-Sisi y sus generales.

Pero las masas rápidamente superaron estas ilusiones, producto de la propaganda en los días de Tantawi a través de su experiencia y de su lucha, y de la misma manera superarán de nuevo la ilusión de que "el ejército y el pueblo son una misma cosa" en las semanas y meses venideros.

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Las masas egipcias han logrado derrocar a dos presidentes en 30 meses. Este gran poder no sólo se refleja en las protestas de millones de personas, sino también en las posteriores olas de huelgas y manifestaciones populares. La confianza política se transformará en confianza en la lucha social y económico, y viceversa.

Después de la primera oleada revolucionaria, el ejército había apostado por la capacidad de organización y el populismo de la Hermandad para asimilar y abortar la revolución. Pero esta apuesta falló el 30 de junio. Ahora, el ejército utiliza a la oposición liberal con el mismo objetivo. Pero el vasto abismo entre las expectativas de las masas revolucionarias y lo que las fuerzas liberales están ofreciendo en términos de políticas económicas y sociales en medio de una profunda crisis económica conducirá rápidamente a que quede expuesta a la luz la naturaleza de estas fuerzas, y quienes detrás de ellos son los verdaderos gobernantes de Egipto, las instituciones militares y de seguridad.

Uno de los peligros a los que nos enfrentaremos en las próximas semanas y meses es que la ola de represión dirigida contra los Hermanos Musulmanes y el movimiento islamista se utilizará como propaganda a favor de los liberales y por motivos de seguridad por el ejército y la policía para atacar al movimiento obrero y las manifestaciones populares, con el pretexto de mantener la estabilidad durante "este período crítico." Restaurar el aparato de seguridad de confianza para hacer frente a los islamistas se traducirá sin duda en olas de represión contra

las huelgas y sentadas, y será justificada por los medios de comunicación burgueses.

Debido a ello, hay que ser coherente en la lucha contra todas las formas de abuso y de represión contra los islamistas en forma de detenciones y cierres de canales vía satélite y periódicos: lo que sucede hoy contra los islamistas les pasará mañana a los trabajadores y la izquierda.

El dilema de la revolución egipcia hoy es la debilidad política de las fuerzas revolucionarias que defienden la exigencia de continuar la revolución, que tiene las demandas sociales en su corazón. Para estas fuerzas, las urnas no son suficientes, y no van a aceptar la continuación de las políticas capitalistas de empobrecimiento. No van a renunciar a la exigencia de retribución por la sangre de los mártires revolucionarios. Seguirán insistiendo en el derrocamiento del estado de Mubarak, incluidas sus instituciones de seguridad, militares y judiciales. Estas instituciones siguen controlando el país y así protegen los intereses de los grandes empresarios y feloul de Mubarak. Siguen siendo un gran pantano de corrupción, saqueo y despotismo.

Corresponde a las fuerzas revolucionarias hoy unir sus filas y presentarse como una alternativa revolucionaria convincente para las masas - una alternativa a las fuerzas liberales que están en ascenso a hombros de los militares y de las fuerzas del Islam político que han dominado a las amplias franjas de la población durante décadas. Tenemos que crear una plataforma para unir la lucha económica y social en las filas de los trabajadores y los pobres, para unir a todos los sectores oprimidos de la sociedad. Porque son estas personas las que tienen interés en la continuación de la revolución, en derrocar al corazón del régimen y no sólo a sus representantes, ya sea Mubarak o Morsi en el pasado, o tal vez ElBaradei en un futuro próximo.

Así que empezamos desde este mismo momento a preparar la tercera revolución egipcia que se avecina inevitablemente, preparémonos para liderar esa revolución hasta la victoria final. Las masas han demostrado de nuevo que su energía revolucionaria es infinita, que su revolución es una verdadera revolución permanente. Pongamos a la altura de esta responsabilidad histórica, y trabajemos juntos para el éxito de la revolución.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

http://socialistworker.org/2013/07/05/four-days-that-shook-the-world

La Segunda Revolución de Egipto: cuestiones de legitimidad

 

 

 

La democracia se constituye con la voluntad expresa y activa de personas reales, vivas, y no con la de unas urnas. Esta máxima se torna aún más cierta cuando aquellas personas están llevando a cabo una revolución, mediante la cual trazan su futuro y el de su nación.

El gobierno estadounidense, una parte importante de los principales medios occidentales y los derrocados Hermanos Musulmanes parecen estar de acuerdo: lo que ha ocurrido en Egipto en los últimos días ha sido un golpe militar, un revés a la presunta "transición" hacia la democracia.

Independientemente de la diversidad de intereses creados puestos en juego, lo que los tres detractores de uno de los levantamientos revolucionarios más potentes y populares de la historia moderna comparten es el desprecio. Se han reunido veintidós millones de firmas (casi un 50 por ciento de la población adulta del país) exigiendo la destitución del presidente; la misma exigencia la han vehiculado diecisiete millones de personas (casi un 30 por ciento de la población adulta) en marchas callejeras a lo largo del país, en lo que se ha descrito como la mayor manifestación de la historia del ser humano, efectuada a pesar del aluvión de amenazas y advertencias de que el 30 de junio se convertiría en un "río de sangre", y prolongada hasta el día de hoy.

Por inaudito que resulte, y parece que a ojos de la prensa aún no merece consideración (el Washington Post insiste en hablar de manifestaciones "opositoras" entre los partidarios de Morsi y la "oposición"), no se trata de un proceso democrático, sino del ejército y del "estado profundo". Nada que no fuera un insondable sentimiento de desprecio podría explicar tamaña ceguera.

El desdén de los Hermanos Musulmanes está firmemente arraigado en una doctrina que designa a los líderes de Gama'a como últimos intérpretes de la voluntad de Dios en la tierra, y como tales su "rebaño" les debe obediencia ciega e innúmeros besos en la mano — no cabe duda de por qué a los rebeldes egipcios los denominan "corderos".

Desde el lado occidental de la ecuación — y todavía trato la cuestión más desde una perspectiva ideológica que desde el craso interés — existe la convicción igualmente arraigada de que árabes y musulmanes son incapaces de desarrollar el tipo de "libertades" que el "hombre occidental" da por sentado.

Ciertamente, la raza ha pasado de moda, ahora remplazada por la "cultura"; pero a lo único que se supone que podemos aspirar los árabes con nuestra cultura "musulmana", al parecer de forma inherente, es al tipo de "democracia" atrofiada y deformada que Morsi y su tribu ofrecían, sin importarnos la libertad de expresión, de creencia, de asociación y protesta, y sin importarnos tampoco el atraco histérico de poder de la maquinaria estatal excesivamente autoritaria de la oligarquía de Mubarak, la cual se ha mantenido perfectamente intacta a no ser por una muda simbólica de líderes.

(En junio de este año, el presidente depuesto de la Hermandad designó de una sola vez a 17 gobernadores pertenecientes todos a su grupo o a sus aliados, a tan sólo tres meses de las elecciones parlamentarias, lo mejor que pudo hacer para amañarlas de forma más efectiva).

Nada de todo esto, aun así, parece tenerse en cuenta. No son más que los pequeños inconvenientes de la "transición", ya que a todo lo que podemos aspirar y nos merecemos los árabes y musulmanes es a un margen del 2 por ciento en las urnas — con esto ya tenemos suficiente democracia para nuestra "cultura".

Hay también otro aspecto que contribuye a la ceguera. A lo largo de la historia, las revoluciones culturales llevadas a cabo por un pueblo han mostrado una tendencia a inspirar levantamientos revolucionarios en otros pueblos, de tal manera que la de Egipto fue inspirada por las de Túnez, Yemen y Bahrein, y la de Siria fue inspirada por ambas. El que una revolución desemboque en un régimen islamista torpe y denodadamente opresivo, cuya única reivindicación para la "democracia" son unas elecciones en apariencia "libres y justas", extingue drásticamente su valor inspirador. ¿Podrían los griegos o los brasileños inspirarse en un resultado como éste?

Fue tan sólo en el cuarto día de la segunda revolución egipcia, y de la consecuente intensa presión estadounidense por mantener a Morsi y a los Hermanos Musulmanes en el poder, que el presidente de los EEUU Barak Obama pareció descubrir — de repente — que la democracia no se reduce a las urnas.

¡Muy Bien! La historia de la democracia en el mundo es la historia de las conquistas de libertades democráticas en las calles, no en las urnas. Aunque dejemos a un lado las revoluciones fundacionales de la democracia en el mundo moderno, desde Cromwell hasta Robespierre, incluyendo a los padres fundacionales de los Estados Unidos (frente a las cuales las dos revoluciones gemelas de Egipto parecen pulcras y relucientes en términos de legitimidad), la universalidad del sufragio se conquistó en las calles, igual que el derecho de la mujer al voto; los sindicatos, cruciales en la definición de la esencia de la democracia y de las libertades democráticas en el mundo actual, no salieron de las urnas, sino que nacieron y se desarrollaron en los talleres y en las calles, del mismo modo que ha ocurrido con la redefinición de la democracia en lo referente a derechos y liberación de la mujer, más allá del mero derecho al sufragio.

Por último, pero no menos importante, Sr. Obama, ¿cabe recordarle que la sola idea de postularse a la presidencia no se habría dado si no hubiera sido por el Boicot de Autobuses en Montgomery, las Sentadas en Greensborro, la Marcha en Washington y las miles de otras batallas, grandes y pequeñas, libradas con tremendos sacrificios, en las calles de la autoproclamada "mayor democracia del mundo", por parte de cientos de miles de personas, entre las que se incluyen personajes hostiles a la "legitimidad" tales como Malcom X, Rap Brown, Stokely Carmichael y Angela Davis?

Una marcha larga y heroica, repleta de sangre y lágrimas, le otorgó a usted su cargo Sr. Obama, y fue en las calles donde los héroes de estas luchas marcharon. Las urnas simplemente trasladaron, casi siempre parcialmente y de forma atrofiada, las conquistas llevadas a cabo, sí, en las calles.

Todo lo cual parece llevarnos de vuelta a nuestro anterior presidente, el propio Dr. Morsi.

En su último comunicado al país, con su habitual incoherencia, el anterior presidente (¿no resulta encantador el prefijo "anterior" antecediendo al título de dos presidentes en tan poco tiempo?) repitió la palabra "legitimidad" literalmente una docena de veces. Sin embargo, cabe recordarle, Sr. anterior-presidente, que visitó usted la cárcel cuando su predecesor, el presidente "legítimo" del país, votado en su cuarto ejercicio en lo que sus aliados estadounidenses y occidentales entonces aclamaron como las primeras elecciones presidenciales egipcias con varios candidatos, fue derrocado de forma ilegítima. (Nada en la Constitución egipcia en aquellos momentos vigente permitía al presidente ceder sus poderes a una institución denominada Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas – SCAF).

No conocemos la verdadera historia de cómo salió de la prisión, si fueron los que detentaban el poder quienes le sacaron o fue un contingente de Hamas importado especialmente con ese objetivo, como se ha sugerido en los últimos meses. Sinceramente, me da igual. Morsi y otros líderes de la Hermandad Musulmana eran presos políticos, y en una revolución, liberar a los prisioneros políticos resulta correcto, incluso siendo "ilegítimo".

El caso es que, desde la revolución, los detentadores del poder en Egipto, todos piratas de sus cargos, has estado haciendo malabarismos entre la "legitimidad revolucionaria" y la legitimidad formal, legal, estipulada por la Constitución y la ley del país de manera arbitraria y siempre en la forma que mejor se ajustara a sus fines inmediatos. El SCAF lo hizo, una y otra vez, igual que lo hicieron los Hermanos Musulmanes.

El ejemplo más crudo y flagrante fue el alarde de constitucionalidad, ley y normas democráticas del presidente "electo", mediante la promulgación, en noviembre del 2012, de una Declaración Constitucional que inmunizaba sus decisiones frente a los exámenes jurídicos, inmunizaba también aquella pantomima de cuerpo legislativo, el Consejo consultivo Shura (un tercio de cuyos miembros fue designado por el presidente y los otros dos tercios fueron votados con desdén por un mísero 7 por ciento del electorado), confiriéndole mientras tanto completa autoridad legislativa e inmunizando además a una Asamblea Constituyente, la cual se había transformado en un club cerrado de la Hermandad Musulmana y sus aliados Salafistas y Yihadistas. Ambas instituciones se han enfrentado a fallos inminentes de inconstitucionalidad por la Corte Constitucional Suprema de Egipto.

¿Y cuál ha sido, entonces, la justificación de Morsi por estas medidas draconianas, claramente encauzadas a perpetuar el dominio de la Hermandad Musulmana sobre el país hasta los tiempos en que la humanidad se reúna con su hacedor? "¡Legitimidad Revolucionaria!" Pues bien, Sr. anterior-presidente, esto es exactamente lo que se conoce como "salir el tiro por la culata", con la salvedad de que el suyo fue el de un secuestrador, mientras que el pueblo que lo derrocó obtuvo su legitimidad revolucionaria de una revolución real y viva, sin precedentes históricos, por virtud de 22 millones de firmas y por virtud de millones de personas en las calles.

Hani Shukrallah es el editor en jefe de Ahram Online.

Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella

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