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lunes, 14 de diciembre de 2015

El bloqueo a la ultraderecha de Le Pen alivia, pero no resuelve el problema

El Frente Nacional no ha conseguido el poder en ninguna región de Francia.- EFE
El Frente Nacional no ha conseguido el poder en ninguna región de Francia.- EFE

 

Poco importa ya el resultado final de esta segunda vuelta. Como afirmaba el primer ministro Valls al cierre de los colegios electorales: “Nada será como antes”.  A un mes y un día de los atentados, el Frente Nacional de Marine Le Pen se ha hecho con una victoria simbólica que evidencia el malestar de una sociedad en pleno desencanto.


CRISTINA RIVAS
@crisrivas
PARÍS.- El Frente Nacional no consiguió ayer ninguna región de entre las que se situó a la cabeza en la primera vuelta. El abstencionismo disminuyó incontestablemente ante el sobresalto producido por los resultados del domingo pasado, claramente favorables al partido ultraderechista liderado por Marine Le Pen. Una vez más, ha funcionado el “todo excepto el FN”. ¿Hasta cuándo?
Poco importa ya el resultado final de esta segunda vuelta. Como afirmaba el primer ministro Valls al cierre de los colegios electorales: “Nada será como antes”. Cierto. A un mes y un día de los atentados que sembraron el terror en París, el Frente Nacional de Marine Le Pen se ha hecho con una victoria simbólica que evidencia el malestar de una sociedad en pleno desencanto.
Si el FN no está (todavía) a las puertas del Elíseo sí ha conseguido ganar batallas clavecomo por ejemplo la del lenguaje: Marine le Pen ha fijado en el debate público binomios que han pasado a formar parte del vocabulario común. Inmigración y delincuencia, islam y problema, fronteras y seguridad, mundialización y catástrofe.

Alivio entre las fuerzas políticas tradicionales

Una conjunción de factores –crisis económica global, paro, flujos migratorios jamás vistos, sensación de inseguridad… - se han alineado a favor de una “vague bleu Marine”* que se expande ante el pasmo de unos competidores políticos desprovistos de estrategia clara.
Los partidos tradicionales, encarnados principalmente por el PS del presidente Hollande y la nueva organización de Sarkozy, Los Republicanos, respiran hoy aliviados. No es suficiente. Es hora de una verdadera toma de conciencia: ni unos ni otros han sabido idear programarios convincentes. Los unos y los otros se han concentrado en fabricar juicios morales y en el ataque o la crítica directa al Frente Nacional: el primer ministro Manuel Valls, por ejemplo, no ha cesado de alertar del “peligro” que puede suponer que el FN acceda al poder. De nuevo la narrativa del miedo.
Los partidos tradicionales, encarnados principalmente por el PS del presidente Hollande y la nueva organización de Sarkozy, Los Republicanos, respiran hoy aliviados.
Sin ir más lejos, el pasado viernes, el primer ministro galo advirtió en una emisora de radio que la extrema derecha podría conducir a Francia a una guerra civil.Cuestión de énfasis. Además, tanto Los Republicanos como el Partido Socialista se casan desde hace demasiado con ideas promovidas desde la extrema derecha al defender medidas como la privación de la nacionalidad francesa a ciudadanos con doble nacionalidad que “atenten a los intereses fundamentales de la nación”. (Hollande ante el Congreso reunido en Versalles, 15-11)
La política vira desacomplejadamente a la derecha en Francia, el país que acoge al mayor número de musulmanes de Europa y dónde, según los sondeos, crece la percepción de que hay demasiados inmigrantes ( según los últimos informes de la CNCDH - Comisión Nacional Consultiva de Derechos del Hombre).
Los indicadores de tolerancia bajan desde el 2009 en el país vecino. Investigadores como la politóloga Nonna Mayer encontraban ya entonces una lógica a esa dinámica en la política y de Nicolas Sarkozy, que creó bajo su mandato el controvertido “ministerio de la inmigración, de la integración y de la identidad nacional”. Nonna Mayer señala también al silencio de la izquierda como parte responsable de un clima general de incertidumbre que deriva hacia el etnocentrismo, el antisemitismo y la islamofobia.

El FN de Marine Le Pen

Desde su llegada a la presidencia del partido, en enero de 2011, Marine Le Pen ha hecho esfuerzos por moderar el discurso de su padre y fundador del partido, Jean Marie Le Pen: nuevo liderazgo, nuevo partido. Se trataba de mostrar que ella no es ni racista, ni xenófoba, ni antisemita. Al menos, “no tanto” como su predecesor. Esos esfuerzos -para algunos puro teatro- de esta abogada de 47 años se remontan a 2005. Entonces en calidad de vicepresidenta, Le Pen se enfrentó ya a su padre, quien afirmaba que “la ocupación alemana no había resultado tan inhumana”.
. La violencia terrorista justificó a ojos de los dirigentes de la ultraderecha un discurso mucho más agresivo sobre la inmigración.
De hecho, la campaña electoral para estas regionales llegó precedida de una especie de culebrón que captó durante semanas la atención de los media y que ponía punto final a esa estrategia de“dédiabolisation” , por emplear el término utilizado en el Hexágono. El desencadenante: una enésima provocación de Jean Marie Le Pen, esta vez elogiando la figura del mariscal Petain. Marine Le Pen inició ahí un proceso que terminó con la expulsión definitiva de su padre del Frente Nacional. El conflicto familiar sirvió a la actual presidenta frontista para sellar la supuesta mutación de la que ella es líder absoluto.
Y llegaron los atentados como regalo electoral. La violencia terrorista justificó a ojos de los dirigentes de la ultraderecha un discurso mucho más agresivo sobre la inmigración. En cierta manera, el discurso quedaba avalado por los hechos. A partir del 13 de noviembre, la campaña del Frente Nacional deja al margen las cuestiones económicas y se centra en la cuestión de las fronteras, apelando al patriotismo.

¿Soufflé o progresión constante?


Esa es la cuestión. A pesar de la derrota de Marine Le Pen, ningún problema político queda resuelto en Francia. Habrá que ver cómo se canaliza esa toma de conciencia que exhibían anoche tanto los líderes de la derecha como los de la izquierda: a partir de ya deben ponerse en marcha los motores de una auténtica renovación que satisfaga a un electorado que todavía se moviliza contra el peor de los escenarios.
Si la reacción no es rápida y clara, el voto de ruptura o de cólera puede convertirse en voto de adhesión, sobre todo entre los más desfavorecidos. Los comicios por la presidencia de la República están por llegar y el eterno juego del bloqueo al Frente Nacional por el voto útil puede no durar para siempre.
*(Eslogan del FN: “ola azul “Marine”, juego de palabras que mezcla el nombre de la presidenta y el color corporativo del partido)

Fuente: Público.es

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Frente Nacional de Le Pen, el partido más votado en Francia en los comicios regionales

El FN ganará la primera vuelta de las regionales francesas, según un sondeo

El FN ganará la primera vuelta de las regionales francesas, según un sondeo EFE

El ultranacionalista Frente Nacional (FN) ha obtenido este domingo una histórica e incontestable victoria en la primera vuelta de las elecciones regionales, que le coloca por primera vez a las puertas de hacerse con alguna de las regiones del país.

Con un porcentaje cercano al 30 % según las primeras proyecciones, el partido de Marine Le Pen obtuvo su resultado soñado -y anticipado por las encuestas-, al tiempo que asestó un duro golpe a la alianza de centro-derecha encabezada por Nicolas Sarkozy.

Capítulo aparte merece el batacazo sufrido por el Partido Socialista (PS), no por esperado menos doloroso, que se arriesga a perder gran parte de su cuota de poder en las regiones, que en la actualidad dominaba casi por completo.

La división en las listas de izquierda -los Verdes y el Frente de Izquierda concurrieron por separado- y la erosión del presidente François Hollande, que no podido ganar ni una sola cita electoral desde que fue elegido presidente en 2012, supusieron una losa insalvable para los socialistas.

Los grandes tenores de la ultraderecha, encabezados por la propia Le Pen, obtuvieron unos resultados demoledores allá donde se presentaron. Tanto la presidenta del partido como su sobrina y heredera política, Marion Maréchal-Le Pen, superaron el 40 % de los votos en las regiones de Nord Pas de Calais Picardie y Provenza Alpes Costa Azul, respectivamente.

También consiguió un resultado histórico el número dos de Le Pen, Florian Philipot, que se alzó con cerca del 40 % de los votos en Alsacia Lorena Champagne Ardenas.

En total, el Frente Nacional fue, según las estimaciones, el partido más votado en seis de las trece regiones en que se divide el país tras la simplificación administrativa lanzada por Hollande (hasta ahora eran 22).

Los Republicanos de Sarkozy, aliados con los centristas de la UDI, fracasaron en su intento de ser la fuerza más votada, aunque quedan en buena disposición para hacerse con varias regiones en la segunda vuelta, a la que pasan todas las listas que han superado el 10 %.

En ese objetivo contarán con la renuente ayuda del Partido Socialista, que para frenar al FN decidió retirar sus candidaturas de las dos regiones donde las Le Pen tienen posibilidades de triunfar.

El primer secretario de los socialistas, Jean Christophe Cambadélis, anunció de forma grave la formación de un llamado "dique republicano" para impedir el paso a los ultranacionalistas.

Sin embargo, el gesto no halló reflejo en el centro-derecha. De un plumazo Sarkozy acabó con las conjeturas, al proponer que su partido "ni se fusione (con la izquierda) ni se retire" en la segunda ronda allá donde pueda beneficiar al Partido Socialista frente a la ultraderecha.

"Tenemos que escuchar y comprender la exasperación de los franceses y también a los que han elegido al FN", porque no hacerlo sería "irresponsable", declaró Sarkozy tras conocerse los primeros resultados.

La gran triunfadora de la jornada, Le Pen, compareció eufórica ante sus seguidores para pedir a "todos los patriotas franceses" que se unan al FN en la segunda vuelta, tras criticar la "campaña de calumnias e intimidación" que a su juicio han sufrido.

Estas elecciones se celebran en un contexto especialmente atípico, en medio de un estado de emergencia y solo tres semanas después de los atentados yihadistas de París y Saint Denis, el pasado 13 de noviembre, en los que murieron 130 personas.
La campaña pasó de manera prácticamente desapercibida para los franceses, aparentemente más preocupados por llorar a sus víctimas y por lidiar con nuevas medidas de seguridad.

Sin embargo, el mar de fondo de los resultados -con una participación superior al 50 %, más alta que en las últimas regionales- apuntala una tendencia ahora mismo inexorable: Marine Le Pen aparece como una seria aspirante al Elíseo en 2017. 

Las de hoy son las últimas elecciones que se celebran en el país galo antes de las presidenciales de 2017. El partido liderado por Le Pen ya fue el partido más votado en las pasadas elecciones europeas de 2014 y gobierna en doce localidades. Los comicios de este domingo pueden suponer que el partido de ultraderecha pueda llegar a gestionar presupuestos más grandes si se hiciera finalmente con el poder. 

Los socialistas se retirarán de las regiones donde la izquierda no pueda ganar

El Partido Socialista (PS) se retirará de la segunda vuelta de las elecciones en aquellas regiones donde las listas de la izquierda no tengan posibilidades de ganar, anunció hoy el primer secretario de la formación, Jean Christophe Cambadélis.

En particular, Cambadélis aludió a las regiones de Nord-Pas de Calais Picardie y de Provenza Alpes Costa Azul, donde la líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, y su sobrina, Marion Maréchal Le Pen, obtuvieron claras victorias con más del 40 % de los votos.

Los socialistas "estarán presentes allá donde el total de votos de la izquierda permita su triunfo", señaló Cambadélis, antes de anunciar de forma grave la formación del llamado "dique republicano" para impedir el paso a la ultraderecha.

El dirigente socialista criticó duramente al líder conservador Nicolas Sarkozy, quien previamente había dicho que propondrá a su partido "ni fusionarse (con la izquierda) ni retirarse" de la segunda vuelta para evitar el triunfo del FN.

Según el sistema electoral de las regiones francesas, pasan a segunda vuelta las listas que hayan obtenido más de un 10 % en la primera. Esto hace que el próximo domingo, si hay más de una lista en liza, los candidatos del Frente Nacional puedan conseguir la victoria con menos del 50 % de los votos.

EFE/eldiario.es

06/12/2015

Fuente: EFE/eldiario.es

viernes, 30 de mayo de 2014

Una Europa a la deriva, ¡un terremoto en Francia!

 

 

Francois Sabado

Democracia Socialista

La victoria del Front National (FN) constituye una sacudida histórica para Europa y un terremoto para Francia. El resultado de las elecciones europeas confirma la grave crisis política que atraviesa Europa. Estamos frente a una onda de choque cuya amplitud aún es difícil de valorar. Si bien hay que evitar realizar una lectura “francesa” de los resultados electorales europeos (según la situación política de cada país, las relaciones de fuerzas varian de un país a otro), estas son las grandes tendencias se desgajan sobre el telón de fondo de la crisis y de la degradación de las relación de fuerzas para el movimiento obrero: abstención masiva, crecimiento de la extrema derecha, retroceso de la derecha tradicional, debilitamiento considerable de la social-democracia y estabilidad de la izquierda radical con el ascenso de Syriza en Grecia y Podemos en el Estado español.

1. Una abstención masiva

Se trata de una tendencia fuerte en todas las consultas electorales, en particular en las elecciones europeas, y aún cuando no progrese, el partido de la abstención es el primer partido en Europa (cerca del 57% de abstención). Estas elecciones confirman el rechazo masivo de la Unión Europea por parte de las clases populares. Desde su inicio, la construcción europea ha estado reservada a las clases dominantes, a los gobiernos y a las élites tecnocráticas; los pueblos nunca han sido tomados en cuenta. Actualmente la conjunción de este modelo de construcción y las políticas de austeridad que estrangulan a los pueblos conduce a un rechazo masivo, poniendo al descubierto la enorme crisis de representación política que afecta a casi todos los países de Europa y abriendo un fase de crisis política aguda, no sólo en las instituciones europeas sino también en las relaciones intra-europeas.

La abstención ha sido particularmente fuerte en los barrios populares. Es normal, ¿cómo sumarse a es “bella idea de Europa” cuando para millones de personas la Unión Europea que promueven los gobiernos significa más austeridad, más paro y más pobreza?

En muchos casos es esta abstención la que ha favorecido los resultados de los partidos populistas o neofascistas.

2. Crecimiento de la extrema derecha, de los partidos populistas y de los neofascistas

La expresión más significativa de este crecimiento es el primer puesto alcanzado por el Front National en Francia. Supone una sacudida sin precedentes. En la historia europea se ha hablado a menudo de la “excepción francesa” para evocar las luchas y las revoluciones populares. En esta ocasión existe una excepción, pero esta vez va contra los movimientos populares.

El FN toma arraigo en la sociedad francesa. Según los sondeos, ha cosechado el voto del 43% de los obreros, del 38% de los empleados y del 37% de los parados. Las listas del PS, por su parte, el 8% de los obreros, el 16% de los empleados y el 14% de los parados. ¡Un joven sobre tres ha votado al FN! Es verdad que el auge de la extrema derecha o de los “partidos eurófobos” afecta a todo el continente, pero es Francia donde provoca la crisis política más aguda. En primer lugar, porque Francia es, junto con Alemania, una de las dos potencias claves de la Unión Europea. En segundo lugar, porque el ascenso del FN viene acompañado en Francia de la caída del resto de las formaciones políticas. La derecha tradicional se hunde bajo los escándalos de corrupción y una crisis de dirección abierta. ¿quién puede decir donde terminara la UMP -derecha tradicional- en los meses que vienen? En cuanto a la izquierda, globalmente está en sus peores resultados: apenas alcanza el 34% de los sufragios. De golpe, se pasa de una situación bipolar, derecha/izquierda, a una situación tripolar o tripartita: derecha/ PS/ FN.

Ahora bien, la progresión de las formaciones de extrema derecha o populistas no se limita a Francia: el Partido del Pueblo en Dinamarca logra el 27% de los sufragios, el UKIP de Gran Bretaña se sitúa a la cabeza con el 37%, el FPO austriaco supera el 20%, y eso sin contar los partidos “anti-Europa” -en Alemania, Polonia o Suecia- que salen reforzados. Por último, hay que indicar que las organizaciones abiertamente fascistas como Amanecer Dorado en Grecia con el 10% de los votos o el partido Jobbik húngaro que supera a la socialdemocracia con cerca del 15%, también van a pesar en la situación política de sus países.

Aún cuando se puedan dar otras situaciones, como el retroceso del partido islamófobo de Wilders en Holanda que tiene que ver con la recuperación económica del país, se tratade una tendencia de fondo

En el Estado español y en Portugal, las formaciones neo-fascistas apenas existen, lo que se puede explicar por el profundo rechazo popular a las dictaduras policiales tras decenios de franquismo y salazarismo. Señalemos, en todo caso, la presencia de una derecha extrema en el Partido Popular de Rajoy que, con la presión de la jerarquía católica, explica los proyectos de ley para poner en cuestión el derecho al aborto.

Este progreso general es fruto del ascenso de los nacionalismos en una situación de crisis económica y de debilitamiento histórico del movimiento obrero. La identidad social retrocede frente a la identidad nacional, los conflictos de clases dejan lugar a la “etnizacion” de las relaciones sociales, el racismo gana a sectores de masas de las clases populares. “Es más fácil emprenderla con un inmigrante que con un banquero”… No es la primera vez en la historia de Europa que estamos confrontados al ascenso de la extrema derecha. En los años treinta, tanto por los imperativos de una crisis, que exigía la superexplotación del trabajo para garantizar las ganancias de los grandes grupos capitalistas, como por la necesidad de contener el ascenso revolucionario vinculado a la fuerza propulsiva de la revolución rusa, condujeron a las clases dominantes a optar por el fascismo.

Otra referencia que marca las tensiones sobre el continente es la crisis ucraniana. Y las posibles dislocaciones nacionales en Europa central pueden incluso traer a la memoria las confrontaciones nacionalistas de antes de la guerra del 14-18. Por supuesto, las situaciones no son comparables y cuando se hace referencia a los años 1930, hay que hacerlo desde el punto de vista de los “años 30 al ralentí”. Ahora bien, es preciso añadir que la configuración del mundo, de las clases y de la relación de fuerzas no son las mismas. A diferencia de ese períodos histórico marcado por las opciones nacionalistas de las burguesías europeas, actualmente las clases dominantes optan claramente por la integración en la globalización capitalista y no existen amenazas revolucionarias que les obliguen a optar por soluciones fascistas para la destrucción violenta del movimiento obrero y de las libertades democráticas.

Las especificidades de la situación actual condicionan una determinada configuración de la que dependen las fuerzas de extrema derecha. Existe toda una variedad de ellas. Algunas, como la Alianza Nacional de Italia, se han integrado completamente en el juego parlamentario y han roto con sus amarras fascistas. Otras son abiertamente profascistas e incluso neo-nazis, como Amanecer Dorado en Grecia y el partido Jobbik en Hungria. En Europa del Norte, estas formaciones adquieren un perfil populista y alimentan la histeria anti-inmigración e islamofoba. En Francia, el FN combina la “dirección” y la “matriz neo-fascista” con objetivos de integración en el juego político tradicional que a la larga pueden crear tensiones y diferenciaciones en su seno. Es cierto que desde el punto de vista de los temas que plantea como del de sus dirigentes el FN ha evolucionado: ya no se trata de la organización fascista de los años 80; ahora bien, esta evolución no ha llegado al punto de romper con los orígenes de la matriz neofascista, lo que hace que, de un lado, el FN se “desdiabolice” y, de otro, ampare corrientes abiertamente fascistas en su seno o en su periferia. Por último, el ascenso del -FN provoca un fenómeno doble: una presión sobre la derecha tradicional y espacios para grupos fascistas extraparlamentarios que agreden a los militantes de todas las fuerzas de izquierda.

También hay que sumar a esta categoría de “populistas” a las formaciones llamadas “eurófobas” como el UKIP de Gran Bretaña, el AfD alemán o el partido “Derecho y justicia” polaco. En toda esta galaxia nacionalista y populista existen sectores, segmentos fascistas que en determinadas circunstancias de agudización de los conflictos sociales y políticos pueden pasar a atacar a la población inmigrada y a las organizaciones democráticas. La situación de Grecia, con el desarrollo de Amanecer Dorado muestra bien el papel de estas bandas contra la izquierda y la población inmigrante.

Pasando a otro registro, el Movimiento de las 5 estrellas de Beppe Grillo que no procede de la extrema derecha, aunque que se reclama abiertamente del populismo, ha obtenido casi el 24% de votos, lo que pone de manifiesto la continuidad de la crisis política e institucional en Italia. Se sitúa delante del partido de derechas Forza Italia, pero deja la primera plaza al Partido Demócrata italiano. El eclecticismo de sus posiciones -rechazo de las políticas de austeridad de la Unión Europea, pero también posicionándose contra la inmigración- así como su funcionamiento interno muestran que, si bien contribuye a la crisis italiana, no puede constituir uno de los elementos de una alternativa política.

Conclusión política: mientras las clases dominantes necesitan partidos o coaliciones estables de partidos en el poder orientados a la integración en la economía mundial -es decir, partidos de la derecha tradicional parlamentaria o de la socialdemocrácia- se encuentran frente a una desestabilización política profunda marcada por el ascenso de los partidos nacionalistas, populistas o neo-fascistas. ¿Qué consecuencias tendrá, por ejemplo, el ascenso del UKIP Gran Bretaña si el referéndum sobre “la pertenencia a Europa” termina con la salida del Reino Unido de la UE? ¿Qué sería la UE sin el Reino Unido? ¿No estaríamos asistiendo al principio de su desintegración?

Los intereses “bien entendidos” de la burguesía no empujan hacia el fascismo, pero las múltiples crisis a las que está confrontada le lleva a orientarse cada vez más hacia soluciones autoritarias. Las clases dominantes tienen otras soluciones diferentes al fascismo para meter en vara a los asalariados y asalariadas, a la juventud y a las clases populares. Las instituciones europeas son antidemocrática y las de la democracia parlamentaria a nivel nacional están vacías de contenido; las diversas intervenciones de la Troika en el Sur de Europa han mostrado como se pisotean los parlamentos nacionales. Estas soluciones autoritarias pueden darse con coaliciones de la derecha con la extrema derecha.

Esta larga fase de descomposición económica, social y política de las sociedades europeas, la crisis histórica de representación y de dirección política, el preocupante debilitamiento del movimiento obrero, la propia crisis de Europa, pueden conducir ahora a situaciones imprevisibles, a cambios bruscos, que propulsen la extrema derecha a las puertas del poder.

3. La derecha tradicional

La derecha tradicional retrocede, incluso aunque haya confirmado su mayoría en el Parlamento europeo obteniendo 213 contra 190 diputados del Partido socialista europeo. Aliándose con el centro y los liberales, controlará el próximo parlamento.

La Democracia cristiana alemana continúa conservando el liderazgo político de las derechas europeas e inspira las políticas de los gobiernos de unión nacional con la izquierda social en varios países.

En algunos países existen coaliciones entre la derecha, el centro y la izquierda liberal: Alemania, Holanda, Austria, Irlanda, Grecia, Italia, Bélgica y Finlandia. La derecha tradicional continúa siendo el eje de dominación de las clases dominantes bastantes países.

Pero más allá de esos resultados, la derecha parlamentaria tradicional sale debilitada. De entrada sobre la cuestión de Europa, con la división entre quienes desean una integración óptima en la UE y las llamadas fuerzas “euroescépicas”, en determinados países bajo la presión de la extrema derecha.

Los partidos demócrata cristianos, las derechas populares y diversos partidos de centro se sitúan a menudo a la cabeza, pero es necesario señalar que la crisis mina las bases sociales políticas y electorales de esos partidos que ya no son más que máquinas electorales. Confrontados a la presión de la extrema derecha y del nacionalismo, la derecha se radicaliza y se fragmenta: se radicaliza bajo la influencia de la extrema derecha, sobre todo en lo que se refiere a la inmigración, provocando divisiones internas, y se fragmenta entre sectores de la “derecha fuerte” y los que desean aliarse con el centro. Un centro a su vez atraído por la social-democracia. Terminar señalando que en Francia, ¡una vez más!, la dirección del UMP se encuentra en plena tormenta debido a escándalos de corrupción que pueden debilitarla de forma duradera, lo que beneficia una vez más al Frente Nacional.

4. La social-democracia ha retrocedido

No será mayoritaria en el Parlamento europeo. En Francia, donde el conjunto de la izquierda se encuentra a su nivel más bajo (alrededor del 34%), ha recibido un fuerte varapalo. En la historia de Francia es raro encontrar un presidente que haya tenido una base electoral tan mermada: menos del 15%. Sufre derrota tras derrota en todas las citas electorales y sólo se mantiene gracias al presidencialismo de las instituciones de la V República.

En un sentido más profundo, las elecciones muestran los cambios estructurales de la social-democracia en Europa. La crisis actual a acelerado su adhesión a las políticas neo-liberales y la campaña electoral de Martin Schultz, definida como “anti-austeridad”, no ha podido camuflar esta realidad. En una contexto dominado por el capital financiero, la socialdemocracia, siempre cuidadosa de respetar los equilibrios capitalistas, ha abandonado las fórmulas keynesianas clásicas. La convergencia de las políticas de los gobiernos de derecha e izquierda liberal es manifiesta a los ojos de millones de trabajadores.

En Francia, las instituciones bonapartistas de la V República impiden la constitución de un gobierno de unión nacional entre la derecha y la izquierda; si bien ésta se materializa a través del sucedáneo del acuerdo entre el gobierno y la patronal francesa sobre el “pacto de responsabilidad”.

De ese modo, cara a la crisis, lo esencial de las fuerzas de derecha y la social-democracia convergen a la hora de gestionar la crisis en el marco de la Unión Europea, respetando los intereses de los mercados financieros y de las multinacionales.

Más allá de esta secuencia electoral, son los fundamentos de la social-democracia los que están en cuestión. Si los PS guardan aún vínculos históricos y políticos con los social-demócratas de antaño, su transformación social liberal está a punto de llegar a término. Los PS mutan: se convierten en el equivalente del partido demócrata americano, instrumento de la alternancia burguesa. En ese proceso, lo que aún queda del “origen social-demócrata” está en vías de extinción.

En efecto, el principal pilar de la social-democracia europea, el SPD alemán mantiene sus posiciones pero mantiene una posición subordinada al CDU en la Gran Coalición. Esta situación no sólo es debido a formar parte de esta coalición, sino de la situación económica de Alemania y su liderazgo europeo. Allí donde los partidos socialistas se han hecho cargo de las políticas de austeridad, se hunden progresivamente, como es el caso del PASOK en Grecia.

En Francia, el PS, bajo la batuta de Hollande y Valls, conoce una verdadera derrota y acumula una dinámica de derrotas que puede provocar un crash en los meses que vienen o durante las próximas elecciones presidenciales en 2017.

En Italia, para sorpresa general, el Partido Demócrata de Renzi ha obtenido más del 40% de votos y frena el ascenso del Movimiento de las 5 estrellas de Beppe Grillo. Estos resultados ¿hay que ponerlos en la cuenta de la capacidad de iniciativa del Primer Ministro italiano y de determinadas medidas como la reducción de impuestos? Es muy pronto para decirlo, pero estas elecciones confirman que el Partido Demócrata que ya no tiene nada de comunista ni de socialista, en el sentido social-demócrata, sino que es un partido burgués… como el resto.

En el Estado español, el PSOE retrocede de forma neta: pasa de más de 6 millones de votos en 2009 a 3,5 millones en estas elecciones. En Portugal, tras años ejerciendo el poder y sufrir un retroceso neto, el encontrarse en la oposición ha dado al PS una salud electoral, aunque de proporciones limitadas.

La crisis de la socialdemocracia produce divisiones internas pero pocas fracturas o rupturas. En los últimos años, sólo corrientes en torno a Oskar Lafontaine en Alemania y Mélenchon en Francia han dado paso para crear sus propios partidos. En general, la presión es tal que siempre hay voces que, aquí y allí, se contra tal o cual medida de los gobiernos socialistas que asumen, sin complejos, las políticas de austeridad. Incluso puede haber cambios en los equipos de dirección, pero la cosa no va más allá. Todas las tendencias asumen, poco más o menos, la adaptación social liberal. A diferencia de otros períodos históricos, actualmente, la crisis de la socialdemocracia no ha cristalizado en corrientes de izquierda en el seno del PS. Por último, si bien se ha dado el hundimiento del PASOK, el resto de partidos socialdemócratas retroceden pero no se hunden. Incluso pueden recuperarse en la oposición ante el descrédito de la derecha. Será necesario hacer seguimiento de lo que ocurra en los meses que vienen en el PS de Francia, porque la continuidad en sus políticas de austeridad le pueden hacer caer.

5. Los ecologistas

Confirman la realidad de la ecología política en Europa. Obtienen una cincuentena de escaños y sus resultados rondan el 10% en una serie de países como Francia, Austria y Alemania. La dimensión sistémica de la crisis actual, la crisis ecológica y el riesgo nuclear nutren políticamente a las corrientes ecologistas. Se apoyan tanto en una red impresionante de asociaciones como en una integración cada vez mayor en el juego institucional que les lleva a la participación o al apoyo de coaliciones dominadas por la social-democracia. En determinados sectores de la juventud, de capas superiores del asalariado o de la pequeña burguesía, los partidos ecologistas continúan estando entre “los partidos más europeos”, lo que les puede dar una base social y electoral. Sin embargo es necesario anotar el carácter volátil de ese electorado: en Francia, los ecologistas han perdido más de 6 puntos en relación a 2009, tras la retirada de la escena electoral europea de Daniel Cohn-Bendit.

6. La Izquierda radical

Mantiene sus posiciones, consolidándose y progresando en Grecia, en el Estado español y en Bélgica.

Syriza ha obtenido más del 26% de votos. Confirma que es una alternativa al poder de la coalición de Nueva Democracia y el Pasok. Apoyándose en las movilizaciones y en las redes de solidaridad social en todo el país, aparece como la primera fuerza política. Más allá de determinadas declaraciones de sus dirigentes que buscan vías de acuerdo con la UE, se mantiene como la fuerza anti-austeridad radical del país. Ha exigido elecciones anticipadas. Syriza se encuentra ahora entre la espada y la pared: bien defiende una política anti-austeridad consecuente anulando la deuda y rechazando de todos los memorandums o bien cede a las presiones de la burguesía griega y de la Unión Europa. En esta batalla, la izquierda de Syriza que propone un gobierno de izquierda con el KKE y Antarsya juega un papel decisivo.

Los resultados electorales muestran que en los países del Sur de Europa en los que se han desarrollado luchas masivas contra la austeridad se da una traducción política con resultados significativos a la izquierda de los social-liberales.

En el Estado español, Podemos ha obtenido 7,9% de votos y cinco escaños. No se puede entender este resultado sin tomar en cuenta las jornadas de movilización nacional, las Mareas (blanca, verde…) y la emergencia de un movimiento como los Indignados. Es preciso añadir a ello la crisis política e institucional del modelo político de la transición post-franquista de 1978.

En el Estado español, el bipartidismo también sufre los avances de IU y Podemos. Entre estas dos formaciones políticas suman el 18% de los votos; un resultado que pone sobre la mesa la cuestión de las relaciones unitarias. La fuerza de Podemos tiene sus referencias a los procesos de lucha y autoorganización de estos últimos meses en el Estado español. Este movimiento puede jugar un papel fundamental en la reconstrucción de una perspectiva social y política unitaria que pese en el conjunto de la izquierda. Para las y los revolucionarios que forman parte del mismo constituye todo un desafío.

Añadamos a ellos los buenos resultados del PTB-Gauche d’ouverture en Bélgica que con el 5,48% de votos avanza significativamente en la Bélgica francófona. En estos países el rechazo a las políticas de austeridad ha cristalizado en fuerzas anticapitalistas o antiliberales.

En Francia, el Front de Gauche obtiene los mismos resultados que en 2009, pero muy por debajo de lo esperado. El mismo Mélenchon había previsto que su formación se situaría por delante del PS en estas elecciones. Die Linke obtiene el 7,5%. Hay que anotar que los partidos comunistas mantienen sus posiciones e incluso progresan, como en Portugal -el PCP ha obtenido el 12% de los sufragios mientras que el Bloco d’Esquerda se sitúa un poco por encima del 4%- pero retroceden en Grecia en beneficio de Syriza y no obtienen los resultados esperados en el Estado español donde Podemos se sitúa al mismo nivel que Izquierda Unida.

Mencionemos también el retroceso de la izquierda revolucionaria, sobre todo en Francia, donde el NPA -privado de la propaganda electoral por motivos económicos presentándose sólo en 5 circunscripciones sobre 8- no alcanza el 1% y Lutte Ouvrière obtiene el 1,4%. El NPA participa del retroceso general de todas las listas de izquierda y ve retroceder sus propias posiciones en relación a las últimas citas electorales tras haber jugado un papel importante en la manifestación unitaria contra la austeridad el 12 de abril y a pesar de una buena campaña. No logra obtener unos resultados que se correspondan a su papel en la lucha de clases.

7. ¿A dónde va Europa?

Es la cuestión que está al orden del día. Hemos entrado en una fase de crecimiento débil o de recesión de largo alcance. Si los gobiernos y la BCE se han dotado de instrumentos para evitar una nueva crisis bancaria, nadie puede poner la mano en el fuego descartando la crisis de alguno de los grandes bancos. ¿Hasta que punto el reembolso de la deuda puede seguir sangrando las economías de una serie de países del Sur y de países intermediarios como Italia o Francia?

En el plano político, la crisis de dirección es total. Europa continua siendo el continente más rico, pero pierde peso en el mundo. Las políticas de austeridad al igual las diferentes trayectorias de las economías europeas agravadas por la crisis, tienden a hacer estallar el marco europeo. Una vez más, tras los resultados de UKIP en Gran Bretaña, nadie puede prever las consecuencia de una salida de este país de la Unión Europa. Es cierto que el poder de los intereses económicos de las clases dominantes, el margen de maniobra que detentan los gobiernos así como las direcciones de los grandes bancos y las multinacionales, o la solidez de las instituciones de los Estados europeos, contienen la crisis, pero el tipo de construcción actual de la UE (sin verdadera democracia, sin políticas social, fiscal, presupuestaria, sin cohesión gubernamental salvo para las políticas de austeridad sin fin), vacía los proyectos europeos de todo contenido.

En gran parte, es el debilitamiento del movimiento obrero el que concede estos márgenes de maniobra a las clases dominantes europeas. Aquí también existe una contradicción entre la opción de la globalización capitalista de sectores claves de la burguesía europea y el ascenso del nacionalismo reaccionario que se encarna en los partidos neofascistas y populistas, pero que desgraciadamente irriga también a otras formaciones políticas de derechas e izquierdas. Las fórmulas y propuestas de un Sarkozy para salir de Schengen expresan esa salida nacionalista. Las propuestas de patriotismo económico o las salidas de unos y otros contra la “Europa alemana” traducen también la presión nacionalista.

Frente al ascenso del nacionalismo reaccionario, es necesario, una vez más en la historia, unir todas a las corrientes, asociaciones, partidos militantes que se oponen al peligro populista o neofascista. La cuestión de la unidad de acción, de la unión en las luchas así como en la construcción de una oposición políticas unitaria anti-austeridad, es central. También habrá que estar atentos para diferenciar la movilización unitaria de masas de una parte y el llegar a acuerdos políticos o programáticos que autolimiten la lucha anticapitalista, por otro.

En esta situación es necesario “ponerse a trabajar sin descanso”, oponer la urgencia social y democrática a las políticas de austeridad patronal y gubernamental, redoblar la lucha contra la derecha y la extrema derecha, no ceder en la independencia respecto al social-liberalismo -ninguna alianza gubernamental o parlamentaria con el PS- y mantener el rumbo de una política internacionalista, rompiendo con la Unión Europea actual, pero defendiendo una Europa cooperativa y solidaria de los pueblos y de los trabajadores y trabajadoras.

Fuente: http://www.democraciasocialista.org/?p=3180

lunes, 28 de octubre de 2013

Francia: la caída anunciada

 

 

Brignoles, un triunfo del Frente Nacional en Francia

 

Hugo Moreno · · · · ·

Con la derrota de Nicolas Sarkozy, en mayo de 2012, la derecha conservadora sufrió un duro golpe y entró en desbandada. Sin embargo, la victoria del socialista François Hollande tenía un escaso margen de confianza. El voto fue contra Sarkozy, un voto de rechazo, por la negativa; un sentimiento de alivio. Pero lejos de toda esperanza, salvo en la de algunos creyentes, que siempre existen.

Los cuatro millones de votos por el Frente de Izquierda (11 %) –que luego contribuyeron a la elección de Hollande— tuvieron ese sentido. Por otra parte, la abstención, próxima al 20 %, y en particular el voto del Frente Nacional (que recogió más de 6 millones de votos. casi el 18 %), mostraron un panorama político confuso y peligroso.

En poco tiempo, el equipo de Hollande y su primer ministro, Jean-Marc Ayrault, se encargó de borrar cualquier resto de optimismo. La aplicación de una política neoliberal privilegiando el sometimiento a la “Troika” y a sus imperativos de austeridad y rigor, el alineamiento internacional con los Estados Unidos, entre otros, no permitió hacer la diferencia con el gobierno precedente.

En los hechos –y en lo esencial— Hollande apareció como una continuidad delsarkozismo, abandonando una tras otra hasta sus más tibias promesas. La ley presupuestaria 2013, con su contenido de austeridad y disminución drástica del gasto público; el pacto de competividad –caballo de batalla de la organización patronal Medef— imponiendo la baja del costo salarial; la ley sobre la Salud y la Seguridad Social, cuestionando uno de los fundamentos del Estado de Bienestar desde 1946, son algunos ejemplos. Finalmente, la “reforma” del sistema jubilatorio que prolonga a 43 años la cotización de trabajo efectivo, aprobada el 15 de octubre por 270 diputados contra 249 (la derecha UMP, por sus propias razones e intereses, y también los representantes del Frente de Izquierda) y la abstención de Europa-Ecología-Verdes –que están en el gobierno— y los Radicales de Izquierda. (Sobre la reforma del sistema jubilatorio hay que destacar la abstención de 17 diputados socialistas, que no acataron la disciplina partidaria).

Esos son solo algunos datos de un inventario mucho más largo. No resulta extraño, pues, el rápido descrédito en que se hunde el gobierno, impotente para resolver los problemas fundamentales (el cierre de fuentes productivas, la desocupación creciente, la disminución del poder adquisitivo, el deterioro de la salud pública, etc.). Resultado: en un año y medio de gestión, Hollande recoge una opinión ampliamente desfavorable, más negativa que la que tenía Sarkozy al final de su mandato, que es mucho decir. La funambulesca travesía sobre una cuerda floja deja ya adivinar una eventual caída en el abismo.

Al mismo tiempo, el FN de Marine Le Pen consolida su posición de tercer partido de Francia, con una marcada tendencia a su favor. Fue largo el camino recorrido desde 1972, cuando los grupúsculos nostálgicos del orden fascista, del Estado Francés de Pétain y de la Argelia francesa fundaron el FN. Recién en las elecciones municipales de 1983, el partido de Jean-Marie Le Pen logró un progresivo avance, influenciando sectores de la población, obreros y empleados, comerciantes, pequeños productores rurales, desocupados. Y además, fue ganando terreno en el plano político y cultural con su influencia sobre sectores de la derecha conservadora y su electorado tradicional. El duelo entre François Fillon, ex primer ministro de Sarkozy, pronunciándose por el “ni-ni” entre el FN y el PS, y su rival Jean-François Copé, jefe actual de la UMP, heraldo de una “derecha descomplejada” y que, sin reparos, asume buena parte del discurso lepenista, es un ejemplo. Si no fuera por la gravedad de lo que anda en juego, las élites políticas de las clases dominantes parecieran jugar un papel en una comedia ligera.

El fin de los Treinta Gloriosos, con su agotamiento desde los años 80 del siglo pasado, y en particular lacrisis mayor que estalló, con violencia, en los últimos años, abonaron el terreno para los argumentos –simplistas pero efectivos— del “populismo” de derechas. La vieja extrema derecha, tratando de ocultar su propio pasado con una dudosa “honorabilidad”, se presenta como el partido del orden, nacionalista, xenófobo, atizando todos los “miedos” ancestrales y actuales de una sociedad golpeada y atomizada al extremo.

La Europa neoliberal, la mundialización, la exclusión geográfica y social en zonas “periféricas”, el aumento de las desigualdades, la desindustrialización, la desocupación –11 % según las últimas cifras oficiales; mayor en realidad—, todo confluye para alimentar los temores. El miedo al “otro”, al extranjero, a los “nuevos bárbaros” que nos rodean y se aprestan a invadirnos, supuestamente. Esos temores pueden ser imaginarios, pero es así como se perciben en una franja social amplia, en particular en los sectores más frágiles económica, política y culturalmente. El rechazo al sistema político estimuló, además, el renacimiento de aquel nefasto Tous pourris (todos podridos) común a esta ideología del miedo y el desencanto. En otros tiempos y circunstancias, conviene siempre recordarlo, disposiciones de ánimo parecidas contribuyeron los suyo a generas las tremendas catástrofes conocidas durante el siglo XX.

La “lepenización” de la derecha liberal, acentuada durante el sarkozismo, legitimaron el Frente Nacional como un “partido como los demás”. Al mismo tiempo, tanto losaffaires de la UMP, que involucraron a altas personalidades del Estado, como los del Partido Socialista, desde el caso Strauss-Kahn hasta el más reciente del ministro encargado del presupuesto, Jérôme Cahuzac, aportaron agua al molino. Como es público, Cahuzac –el encargado de la gestión fiscal y de perseguir precisamente el fraude– tenía él mismo depositados 600.000 euros en una cuenta oculta en Suiza. Denunciado por Mediapart, fue el primer escándalo del gobierno de Ayrault. El ministro tuvo que renunciar y fue separado del partido. Pero el daño moral y político ya estaba hecho. Esos son los terrenos donde germinan las pestes más nefastas, y la factura siempre se paga. Por ahora, expresado con un fuerte rechazo a la política, al régimen de partidos, con la abstención. Pero también, mucho más peligroso, con el ascenso del partido lepenista. Éste saca provecho de las aguas que bajan turbias, y se postula como el partido popular antisistema. La falacia extrema es la repetida amalgama “UMPS”, o sea, todos iguales, centro-izquierda y derecha liberal.

Se agrega la denuncia contra la Europa y el tratado de Schengen, levantado como espantapájaros, supuestamente favorable a la “invasión” de los nuevos bárbaros. Poco o nada tiene que ver con la realidad, pero se martillea con la idea hasta lograr que penetre. A pocas semanas de la terrible tragedia de Lampedusa, esos propósitos resultan de una obscenidad insoportable. Sin embargo, cuando la memoria es corta, la repetición sistemática de la mentira deja su huella. Bien lo sabían los fascistas y los nazis en los años 30. ¿Cómo no iba, así pues, a difundirse en este clima putrefacto una extraña confusión, cuyo principal beneficiario es la extrema derecha? Esa misma que se rasga hoy las vestiduras, con irritante cinismo y estupefaciente hipocresía, cuando se la llama por su verdadero nombre, suyo por naturaleza y por propia elección.

En esta coyuntura, quien saca el mayor provecho es el Frente Nacional. Un reciente sondeo de la agencia Ifop para “Le Nouvel Observateur”, por ejemplo, le otorga una intención de voto para las elecciones europeas, en 2014, próxima al 24 %. Con la precaución necesaria para analizar toda encuesta –como es sabido, la “opinión pública” también se fabrica— es probable que este pronóstico no ande muy lejos de la realidad. En todo caso, el resultado reciente (13 de octubre) de las cantonales parciales en Brignoles (Var), pequeño municipio situado entre Marsella y Tolosa, hicieron aparecer una situación inquietante. Eliminada en el primer turno la lista PS, así como PCF-Frente de Izquierda, el FN se enfrentó en un duelo electoral con la derecha liberal de la UMP. Con una participación superior, el segundo turno consagró al candidato lepenista Laurent López. Éste obtuvo un 53,9 % de votos contra 46,1 % de la candidata UMP (sostenida por un “pacto republicano” que no funcionó). Se puede especular con que se trataba de la tercera elección en dos años –las dos primeras habían sido invalidadas—, con que Brignoles “no es Francia”, o con lo que se quiera; pero eso no altera el resultado ni sus consecuencias. La progresión y el enraizamiento del FN es un hecho.

El gobierno de Hollande no encuentra solución ninguna, como no sea la tentativa, huera y peligrosísima, de intentar competir con el lepenismo en su propio terreno. La polémica suscitada por Manuel Valls, el ministro del Interior, es un ejemplo. El 24 de septiembre declaró públicamente que esos “gitanos”, procedentes en gran parte de Rumania y Bulgaria, “no eran integrables, salvo algunas familias, y tenían vocación de retornar a sus países de origen”. (Vale la pena recordar que éstos pertenecen a grupos humanos nómadas establecidos hace 1000 años en Europa, y particularmente en la Centroeuropa oriental, en donde son actualmente una minoría de entre 10 y 12 millones. 20.000 han llegado a Francia en los últimos diez años; el desmantelamiento de sus campamentos, así como las expulsiones comenzaron a generalizarse en 2007). Los propósitos de Manuel Valls chocaron hasta en el propio seno del gobierno. Cécile Duflot, representante de los Verdes y ministra de Vivienda, denunció públicamente “el peligro de una ruptura del pacto republicano”. Otros tenores del PS –incluso de su dirección– también los desaprobaron; no así Hollande, que guardó un “normal” silencio, limitándose a un llamado a la unidad.

Jean-Luc Mélenchon y Pierre Laurent, dirigentes del Frente de Izquierda, los condenaron duramente, así como otras organizaciones políticas y asociativas. No era para menos, pues la estigmatización de los “gitanos” –un hecho inédito desde la segunda guerra mundial– va contra los principios del derecho internacional y del respeto a los más elementales principios democráticos y humanos. Sin embargo, estos propósitos tuvieron eco favorable en dos tercios de los franceses, según informa, entre otros, el diario popular “Le Parisien”. Ese es el clima malsano que reina en Francia en estos días.

Otro acontecimiento se sumó en las últimas semanas. El 9 de octubre, una joven de origen kosovar, Leonarda Dubroni, 15 años, escolarizada desde hacía cuatro en su región de Doubs, fue expulsada de Francia. Un destacamento de gendarmería y la policía aeroportuaria la hizo descender de un autobús escolar, reunirse con su madre y hermanos, y los embarcó en un avión rumbo a Mitrovica, Kosovo, en donde ya se encontraba el padre expulsado un tiempo antes. Revelador de una política brutal contra la inmigración “ilegal”, el hecho tomó importancia por tratarse justamente de una joven escolarizada, integrada ya en la sociedad francesa. Cualesquiera que sean los argumentos jurídicos y/o administrativos utilizados, la expulsión de Leonarda y su familia cobró una importancia nacional. Unos y otros trataron de utilizarla para llevar agua al propio molino. Finalmente, obligó a una intervención pública del presidente Hollande, ofreciendo a Leonarda la posibilidad de regresar a Francia, aunque no a su familia. A la impotencia presidencial se sumó así el ridículo. ¡El presidente de Francia ofreciendo por televisión una “escapatoria”, aberrante en sí misma, a una joven de 15 años !

El asunto fue aún más lejos. Aprovechando la ocasión, el dúo de amigos/adversarios representado por Copé y Fillon, se precipitó para poner en cuestión, nada menos, y cada quién a su manera, uno de los principios democráticos más arraigados en la historia moderna del país : el derecho al suelo. O sea, es francés quien nace en Francia. Con algunas condiciones y restricciones que fueron imponiéndose en los últimos años, ese principio se mantuvo siempre vigente. El mismo Sarkozy se negó a revisarlo cuando las tendencias duras del UMP lo presionaron en ese sentido.

Ahora, sus amigos y eventuales adversarios, lo proclaman abiertamente. Es otro paso en el acercamiento ideológico al FN de Marine Le Pen. Ésta se frota las manos y reafirma que siempre es mejor el original que la copia... En resumen, todos los ingredientes están concentrándose para un desastre. La caída estrepitosa de François Hollande le abre una amplia avenida. Por supuesto, hay motivos para inquietarse; alegrarse sería insensato.

La próxima estación serán las elecciones municipales de marzo 2014. En ellas, elFrente de Izquierda tendrá una oportunidad para afirmar su presencia y convertirse en un factor decisivo de la recomposición de una Izquierda realmente digna de ese nombre. En caso contrario, con el escrutinio proporcional en estas elecciones, puede aparecer una disyuntiva dominada por la hegemonía política e ideológica del lepenismo. Es un peligro real.— París, 25 de octubre de 2013.

Hugo Moreno es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

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