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jueves, 11 de mayo de 2017

Unión Europea, ¿Sociedad de Naciones?




Rafael Poch de Feliu
La Vanguardia


¿Saben contar los que celebran la victoria de Emmanuel Macron en Francia como el gran éxito europeísta? El 66% obtenido por el joven candidato y futuro presidente se reduce al 43% de los inscritos en el censo electoral en unas elecciones con récord histórico de abstención y voto de protesta. En parte ocurre en todas las elecciones, pero nunca en tal proporción. En la última final presidencial contra el Frente Nacional (2002), Jacques Chirac obtuvo el voto del 62% de los inscritos contra Jean-Marie Le Pen. Un retroceso de 19 puntos en quince años. Y sólo el 43% del actual voto a Macron ha sido un voto de adhesión. Alrededor de 10 millones sobre un censo de 47 millones. Es una proporción habitual en Estados Unidos. En Francia es nueva.

El "populismo" ha sido detenido en Francia, dicen. Se ignora la extrema fragilidad de la situación. Tienen tan asumido el desastre, que celebran que el Frente Nacional sólo haya doblado su número de votos respecto al 2002, pese a la apabullante y unánime acción en contra de los medios de comunicación. Lo que se celebra es que el Frente Nacional no haya triplicado su voto del 2002, que era lo que necesitaba para ganar. Pero el asunto no es de aritmética, sino de fondo.

El candidato "europeísta" vencedor en Francia representa la continuidad de todo lo que ha hecho fuerte a la ultraderecha en los últimos veinte años. Representa el progreso de todo lo que está desintegrando la Unión Europea: la defensa de los bancos, el incremento de la desigualdad, el marco austeritario alemán –que tan mal encaja con los intereses nacionales de tantos países–, el retroceso de derechos sociales y de soberanías nacionales. ¿Es europeísta esta victoria que continúa erosionando los pilares históricos de toda idea europea decente: democracia, Estado social y antibelicismo?

¿Es un problema de ignorancia el de los actuales celebradores o es ceguera sectaria de funcionarios-militantes del Partido Neoliberal Unificado Europeo?

Reformular la necesaria integración europea, una causa que hay que defender con uñas y dientes, es una labor a largo plazo. Pasa por desacralizar el actual estado de cosas en Europa. Bajarlo del altar, colocarlo al alcance de la crítica e iniciar una deconstrucción constructiva de un edificio que dejó de ser democrático hace muchos años. Hoy de eso no se puede ni hablar sin ser tildado de hereje. En defecto de esa puesta en cuestión democrática, continuará lo que tenemos ahora: el derrumbe paulatino de la actual Unión Europea.

En ese escenario la Unión Europea se convertiría en una especie de muerto viviente cada vez más irrelevante a todos los efectos. Podría ser un poco como la Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU. ¿Recuerdan? Aquello también nació de un buen propósito, en 1919, para imponer la paz entre europeos y acabó siendo un instrumento de los intereses de los imperios coloniales occidentales.

La Sociedad de Naciones fue completamente inoperante en la génesis de la Segunda Guerra Mundial, el rearme alemán y la invasión japonesa de China, y cuando la disolvieron en abril de 1946 sobre el panorama de una Europa y un Japón en ruinas, nadie la echó a faltar porque hacía tiempo que había muerto.

​Fuente: La Vanguardia, 10 de mayo de 2017

sábado, 6 de mayo de 2017

<<¡ESO NO!>>


Elección presidencial en Francia o el regreso de la propaganda en Europa


por Thierry Meyssan

En Francia, la campaña previa a la elección presidencial se ha apartado de la vía democrática. Estamos viendo un despliegue de medios destinados a condicionar a los electores nunca visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El ejemplo que analizamos en este trabajo no deja lugar a dudas: se trata de una campaña de propaganda en el sentido dictatorial del término y su objetivo es conducir a la elección del candidato Emmanuel Macron.

La actual campaña previa a la elección presidencial en Francia muestra características diferentes a todas las campañas electorales que se han desarrollado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: por primera vez, un experimentado equipo de propaganda de guerra está trabajando a la sombra de uno de los candidatos.

Inicialmente favorito para ganar la elección, Francois Fillon fue eliminado en la primera vuelta sobre la base de toda una serie de acusaciones de nepotismo y corrupción que incluso le han valido ser llevado ante la justicia. Pero ninguna de esas acusaciones ha sido verificada hasta el momento.

De cara a la segunda vuelta, los electores franceses ahora se disponen a votar en masa a favor de un personaje contra el que manifestaban –también masivamente– hace sólo 2 años. Pero ahora van votar por él en aras de protegerse de un peligro que creen mucho más grave: la candidata Marine Le Pen.

Sin embargo, cuando se les pregunta a esos electores en qué consiste el peligro que esta candidata representa… no encuentran nada preciso que reprocharle y sólo logran citar una serie de críticas contra su padre.

Todas las publicaciones periódicas regionales y nacionales de Francia, sin excepción, denuncian el peligro que representa Marine Le Pen y llaman a cerrarle el camino votando por Emmanuel Macron.

Todos los franceses a los que preguntamos lo que piensan de la acusación en la que Emmanuel Macron afirmó que Marine Le Pen apoyó la invasión prusiana, ¡en 1870!, y la agresión alemana... en 1914, se rieron a carcajadas. La señora Le Pen nació… en 1968.

El video que incluimos en este trabajo ha sido objeto de una gran difusión tanto a través de los canales de televisión como en internet. Cuando lo mostramos a nuestros interlocutores franceses, todos recordaron haberlo visto antes y haber pensado que lo que el señor Macron estaba diciendo era realmente absurdo. Cuando volvimos a mostrarles el video, se quedaron pasmados al descubrir en esas imágenes las acusaciones que anteriormente los habían hecho reír.

O sea, se ha vuelto posible decir ese tipo de sandeces sin que nadie reaccione de inmediato. Veamos el video:





Agitando la medalla conmemorativa que se distribuye a los visitantes de la necrópolis de Notre Dame de Lorette, donde reposan los restos mortales de 45 000 combatientes de la Primera Guerra Mundial, Emmanuel Macron afirma que ese conflicto fue desatado por dirigentes que pensaban: «Somos mejores que nuestros vecinos, así que ¡vamos a destruirlos!» Seguidamente acusa a Marine Le Pen y sus amigos «refugiados en el castillo de Montretout» de compartir la misma ideología que el agresor y de querer empujar a Francia hacia una guerra similar. Y termina vociferando: «¡Eso no! ¡Eso no! ¡Eso no!»
El castillo de Montretout, donde creció Marine Le Pen, fue ocupado por los prusianos durante el asedio de París, en… 1870. La frase «refugiados en el castillo de Montretout» sugiere algún tipo de vínculo entre la niña que fue Marine Le Pen y Guillermo I, rey de Prusia y emperador de Alemania.
Los héroes de Notre-Dame de Lorette cayeron honrosamente en el campo de batalla en… 1914-1918. Y el objetivo de guerra del emperador Guillermo II ciertamente no era destruir Francia.
Es la primera vez que alguien inventa una relación de causa y efecto entre la guerra de 1870, la Primera Guerra Mundial y el Frente Nacional.

Es justo reconocer que la manera de presentar las cosas impidió a los electores percibir de forma consciente el sentido de las palabras de Emmanuel Macron, pero no comprenderlas inconscientemente.

Así se justifica en sus mentes que vayan a votar por un personaje que en realidad detestan, pero que supuestamente va a protegerlos de una mujer que dice representar a la Nación, a pesar de que ya traicionó a Francia en el pasado y de que tiene sobre su conciencia los millones de muertos de las guerras de 1870 y de la Primera Guerra Mundial.

Según el sociólogo Jean-Claude Paye [1], la enormidad de tales acusaciones, respaldadas por toda la prensa, sin excepción, literalmente petrifica a los franceses. Aturdidos, marchan como zombies hacia las urnas para votar como se les ordena que lo hagan.

Mientras más increíble, más fácil de hacer tragar.
Thierry Meyssan

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : ««¡Eso no!»», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 5 de mayo de 2017, www.voltairenet.org/article196244.html

Le Pen, Macron y el fascismo global

Fuente: La Vanguardia


JF-Cordura

Rebelión


Reciente aún la disyuntiva Clinton-Trump, nos llega otra: Macron vs. Le Pen. Y, como entonces, los medios sensatos nos señalan la opción “buena” y la “mala”. Le Pen, dicen, representa a la peligrosa extrema derecha antieuropea. La izquierda, recelosa del “neoliberal” Macron, no tiene tan clara su opción. Pero el dilema se rompe identificando a Le Pen con el fascismo…



Veamos… El Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen ha cambiado mucho desde que lo dirigiera su padre, Jean-Marie. En cuestiones migratorias, hoy se diferencia muy poco de cualquier partido “liberal” o conservador al uso. Buena parte de sus propuestas sobre inmigración remiten a medidas reaccionarias de gobiernos europeos (británico, neerlandés, suizo…) no considerados de ultraderecha. Su énfasis explícito contra el islam (contra el “fundamentalismo islámico”, prefiere decir la lideresa) sí sería, con matices, un elemento diferencial del FN. Incluso su defensa de un laicismo más radical parece inspirada por un grado nada desdeñable de islamofobia, al menos de facto.

Por lo demás, en la mayoría de cuestiones sociomorales, el FN apenas se distingue de las corrientes tenidas por progresistas (ya no se opone a las uniones homosexuales, tampoco al aborto; ni defiende la pena de muerte; se mantiene, eso sí, contrario a la eutanasia). Y en asuntos económicos y políticos, sus posturas son en gran medida asimilables a las que sostiene hoy la izquierda de Mélenchon: defensa del sector público, cuestionamiento de la Unión Europea (UE), rechazo de la OTAN y del FMI, todo ello desde una óptica nacionalista y antiglobalista. Se opone, además, al acoso a Rusia y a las guerras del Imperio de manera (aún) más resuelta que la izquierda citada.
El fascismo global

Llamar a Le Pen “fascista”, como se hace desde sectores de la izquierda, parece exagerado y, sobre todo, anacrónico. El fascismo real, el histórico, al que se pretende asimilar al FN, surgió sobre todo para hacer frente al comunismo, encarnado en la Unión Soviética. Hoy no existe nada de eso. Lo que hay, en su lugar, es un imperio ultracapitalista de clara proyección unipolar que busca la hegemonía planetaria absoluta. En todo caso, cuando se ven las cosas con perspectiva, no es difícil comprender que la cuestión no es si el partido de Le Pen es o no fascista, sino dónde está el mayor y verdadero peligro para la libertad, la paz e incluso la supervivencia en el mundo. Y ahí es donde, puestos a usar la palabrita, conviene volver a hablar del Fascismo Global, que presenta estos rasgos:

    Guerrerismo imperialista, incluso “preventivo” (al modo nazi), con la excusa de un terrorismo “yihadista” de oscuro origen y de cantinelas como las “armas de destrucción masiva” o “dictadores” demonizados.
    Creciente liberticidio con la misma excusa (Francia, el país que nos ocupa, lleva casi año y medio en estado de emergencia: régimen excepcional que no parece escandalizar a nadie).
    Masivo espionaje a todo el mundo por parte de los servicios secretos imperiales en colaboración con las grandes compañías tecnológicas.
    Grupos mediáticos que, con un mismo discurso básico, controlan la información a escala global y cuyo accionariado está en manos de la gran banca y empresas transnacionales.
    Imposición al mundo de una política económica que asegure los negocios de esos poderes, con la fachada de la UE en el caso europeo, los medios de comunicación convertidos en instrumentos de adoctrinamiento general del pensamiento único, y la OTAN (surgida frente a la “amenaza” soviética, hoy inexistente) como garante último del montaje, todo lo cual evidencia que nuestra cacareada democracia es en el fondo una ficción, al ser imposible de hecho un cambio social real.
    Descomunal e inédita concentración de poder global obviamente en busca de implantar un gobierno mundial que, como se desprende de los rasgos anteriores, tendrá un signo totalitario, para lo cual necesitan primero cerrar el mundo acabando con los gobiernos (Siria, Irán, Rusia, China, Venezuela…) que se salen del guión.

Este es el Fascismo que debería preocuparnos, el que nos engaña, espía, amordaza, acosa y aun derroca a gobiernos legítimos, machaca a los pueblos disidentes, arrasa y destruye países. El Fascismo Global, rabiosamente elitista y supremacista, que utiliza a (supuestos o reales) fascistas menores (desde Trump hasta Amanecer Dorado, pasando por el FN) como cortinas de humo y chivos expiatorios. La globalización hecha sangre de los pueblos y cifras cada vez más largas en las cuentas de los opulentos. El Sistema-Imperio.

El mismo que ya ha logrado poner contra Rusia al necio Donald Trump, y cuyo representante actual en Francia no es otro que Emmanuel Macron.

Si Marine fuera una ferviente otanista, ¿la odiaría tanto el sistema?

Blog del autor: https://sontantascosas.wordpress.com/2017/05/05/le-pen-macron-y-el-fascismo-global/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 2 de mayo de 2017

Los franceses hunden su propio barco

Celebración privada en el restaurante parisino La Rotonde. Considerado ya como nuevo presidente de Francia, e incluso felicitado como tal, el aún candidato Emmanuel Macron recibe jefes de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París y personalidades del mundo del espectáculo justo después de anunciarse el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial. Aquí aparece conversando con su amigo, el banquero Jacques Attali.



por Thierry Meyssan


Estamos siendo testigos de un viraje histórico en Francia, donde el antiguo espectro político vuela en pedazos y está apareciendo una nueva fractura. Abrumados por la intensa propaganda mediática que inunda su país, los franceses han perdido las referencias esenciales y se empeñan en ver líneas rojas que ya ni siquiera existen, a pesar de que los hechos son muy claros y de que ciertas evoluciones son perfectamente previsibles.
Celebración privada en el restaurante parisino La Rotonde. Considerado ya como nuevo presidente de Francia, e incluso felicitado como tal, el aún candidato Emmanuel Macron recibe jefes de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París y personalidades del mundo del espectáculo justo después de anunciarse el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial. Aquí aparece conversando con su amigo, el banquero Jacques Attali.
Después de una campaña electoral tremendamente agitada, los franceses eligieron a Emmanuel Macron y Marine Le Pen para disputar la segunda vuelta de la elección presidencial.

En este momento, y es un hecho que está lejos de ser casual, ya casi todos los candidatos ahora eliminados, exceptuando a Jean-Luc Melenchon, han llamado a sus electores a votar por Macron, quien debería por tanto alcanzar fácilmente la victoria.

Los dos grandes partidos históricos que habían gobernado Francia desde los inicios de la Quinta República –el ahora llamado Les Républicains (ex gaullistas) y el Partido Socialista (el antiguo partido de Jean Jaures)– han sido derrotados y una formación de nueva creación –llamada En Marche!– aparece en el escalón más alto de esta primera vuelta para disputar la segunda contra la candidata del Frente Nacional (FN).

¿Hay realmente un candidato del fascismo?

No es la primera vez que se produce en Francia este tipo de situación: de un lado, un partidario de la alianza con el país que parece ser la primera potencia del momento –Estados Unidos– y del otro, un movimiento en busca de la independencia nacional; de un lado, todo el conjunto de la clase dirigente, sin grandes excepciones, y del otro, un partido mucho menos homogéneo, que se compone masivamente de proletarios provenientes, en dos terceras partes, de la derecha mientras que la otra tercera parte proviene de la izquierda.

Todo indica que el futuro presidente de Francia será por tanto Emmanuel Macron, un ex cuadro del banco Rothschild & Cie, que ahora cuenta con el respaldo de todos los patrones de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París.

Sin embargo, a pesar de todo lo que afirman los prejuicios profundamente anclados en las mentes, la principal característica de los partidos fascistas es… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros.

Esa unanimidad del gran capital viene siempre acompañada de una “unidad de la Nación” que borra todas las diferencias. Para ser iguales, tenemos que hacernos idénticos. A eso dio inicio el presidente saliente Francois Hollande, en 2012-2013, con su ley del «Matrimonio para todos». Esa ley fue presentada como algo que establecería la igualdad entre todos los ciudadanos, independientemente de la orientación sexual de cada cual, cuando en realidad planteaba de facto que las parejas homosexuales y las parejas con hijos tienen las mismas necesidades. Pero había otras soluciones más inteligentes. La oposición a esa ley dio lugar a grandes manifestaciones, que desgraciadamente no planteaban ningún tipo de proposiciones y en las que a veces aparecieron consignas homófobas.

De idéntica manera, en respuesta a la matanza perpetrada en los locales del semanario humorístico Charlie-Hebdo se impuso la consigna «Je suis Charlie!» [¡Yo soy Charlie!], y quienes osaban declarar «Yo no soy Charlie» fueron incluso enviados a los tribunales.

Es muy triste comprobar la ausencia de reacción de los franceses ante la unanimidad del gran capital y la manera perentoria en que se les conmina a recurrir a los mismos dispositivos jurídicos, a profesar las mismas convicciones y a repetir los mismos eslóganes. Así que hoy se obstinan en considerar que el actual Frente Nacional es «fascista», sin otro argumento que el ya lejano pasado de esa formación política.

¿Es posible la resistencia ante el candidato del fascismo?

La mayoría de los franceses creen que Emmanuel Macron será un presidente al estilo de Sarkozy o de Hollande, que seguirá la política de sus dos predecesores. Estiman, por consiguiente, que Francia está llamada a seguir decayendo cada vez más y se resignan a aceptar esa maldición creyendo evitar así la amenaza de la extrema derecha.

Muchos recuerdan que, en el momento de su creación, el Frente Nacional reunía en su seno a los perdedores de la Segunda Guerra Mundial y de la política socialista de colonización de Argelia. Se concentran en la presencia en esa organización de unos cuantos personajes que colaboraron con el ocupante nazi, lo cual les impide ver que el Frente Nacional de hoy no tiene absolutamente nada que ver con esos individuos.

Los franceses se obstinan en ver al entonces subteniente Jean Marie Le Pen –el padre de Marine, la hoy candidata a la presidencia– como responsable de los terribles abusos que Francia cometió en Argelia mientras que exoneran de su enorme responsabilidad histórica a los dirigentes socialistas que trazaron la política colonialista de Francia en aquel país del norte de África, principalmente al terrible ministro francés del Interior de aquella época, Francois Mitterrand, quien años más tarde habría de convertirse en presidente de Francia bajo la etiqueta del Partido Socialista.

Nadie recuerda hoy que en 1940 fue un ministro fascista, el general Charles De Gaulle, quien rechazó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Considerado entonces como el sucesor oficial del mariscal Philippe Petain –que incluso era el padrino de su hija–, De Gaulle se lanzó solo en la creación del movimiento de resistencia. Luchando contra su propia educación y sus prejuicios, poco a poco reunió a su alrededor –en contra de su antiguo mentor– a franceses de todos los horizontes y tendencias para defender la República Francesa. En esa lucha adoptó como aliado a Jean Moulin, una personalidad de izquierda que años antes había desviado fondos del ministerio de Marina y contrabandeado armas para ayudar a los republicanos españoles en su lucha contra los fascistas.

Nadie parece recordar hoy que un colega de De Gaulle, Robert Schuman, firmó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Años después, ese mismo Robert Schuman fundó la Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea, una organización supranacional basada en el modelo nazi del «Nuevo Orden Europeo», en aquel entonces dirigida contra la Unión Soviética y actualmente contra Rusia.

El modelo Obama-Clinton

El ex presidente estadounidense Barack Obama ya expresó públicamente su apoyo al candidato Emmanuel Macron, quien a su vez se ha rodeado de un equipo de política exterior que incluye a los principales diplomáticos neoconservadores y no oculta su respaldo a la política exterior del Partido Demócrata estadounidense.

En Estados Unidos, el demócrata Barack Obama presentó su política exterior utilizando una retórica diametralmente opuesta a la de su predecesor, el republicano George Bush. Pero en la práctica, Obama sólo siguió –en todos los aspectos– los pasos de las administraciones de Bush hijo. Al igual que el republicano Bush Jr., el demócrata Obama aplicó el mismo plan de destrucción contra las sociedades del Medio Oriente ampliado, plan que ya ha causado más de 3 millones de muertes. Emmanuel Macron apoya esa política, sólo habrá que esperar un poco para saber si la justifica hablando de «democratización» o de «revolución espontánea».

En Estados Unidos, Hillary Clinton perdió la carrera por la presidencia, pero en Francia Emmanuel Macron tiene las mayores probabilidades de ganar la segunda vuelta y convertirse así en presidente de la República.

Nada demuestra que Marine Le Pen sea capaz de asumir el papel que Charles De Gaulle desempeñó en el pasado, pero sí son seguras 3 cosas:
- Al igual que en 1940, cuando los británicos no tuvieron otra opción que acoger a De Gaulle en Londres, los rusos de hoy apoyarán a la señora Le Pen.
- Al igual que en 1939, cuando fueron pocos los comunistas que –en contra de las orientaciones de su partido– se unieron a la resistencia, hoy son pocos los partidarios de Jean-Luc Melenchon que darán ese paso. Pero hay que recordar que, a partir de la agresión nazi contra la URSS, todo el Partido Comunista respaldó a De Gaulle y sus militantes fueron mayoría en las filas de la resistencia francesa. No cabe duda de que, en los próximos años, Melenchon y la señora Le Pen acabarán en el mismo bando.
- Emmanuel Macron nunca podrá entender a los hombres y mujeres que oponen resistencia a las fuerzas que tratan de imponer su dictado a su patria. Así que no podrá entender tampoco a los pueblos del «Medio Oriente ampliado», que siguen luchan por su verdadera independencia alrededor del Hezbollah libanés, de la República Árabe Siria y de la República Islámica de Irán.

Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Los franceses hunden su propio barco», por Thierry Meyssan, Red Voltaire , 25 de abril de 2017, www.voltairenet.org/article196101.html

martes, 14 de junio de 2016

Francia: La etiqueta de “izquierda” se ha convertido en una estafa. Entrevista



Jean-Luc Mélenchon

El eurodiputado y líder del Front de Gauche cree poder ganar las próximas elecciones presidenciales francesas. Entretanto, ataca contundentemente a Hollande y Valls, a los que acusa de haber “mancillado” la idea de progreso social, provocando una crisis de identidad política profunda, en declaraciones al semanario Marianne recogidas por Éric Decouty, Marc Endeweld y Sazig Quéméner. 


Marianne : ¿Ha escrito en su blog que Francia ha llegado a un «punto de de ebullición». ¿Qué quiere usted decir ?

Jean-Luc Mélenchon: Entramos en un momento de hundimiento de la autoridad política y del consentimiento a la autoridad, ese hilo psicológico, moral y político que mantiene unida a una sociedad. El Estado está agotado, víctima a la vez de una hiperutilización y de una falta de inversiones, sobre todo con la bajada del número de funcionarios. Lo social, el imperativo ecológico, la democracia, lo internacional: todo está en tensión y el caos se extiende por doquier. Francia no tiene proyecto, ni para ella ni para Europa, ni para mañana por la mañana. El Estado está gestionado desde el ángulo de las luchas de poder personal entre los bobos que lo dirigen. El campo político se disloca. ¡Y se ha impedido que se piense en ello por el robo de palabras y símbolos por  parte de esta gente que se dice de izquierdas y que hace una política de derechas! Un acontecimiento fortuito puede hacer que todo se desplome. En julio, con la moción de censura, puede caer el gobierno de Valls.

¿Ese hundimiento va a entrañar, eventualmente, una recomposición de la cartografía política?

Tiene más gravedad que eso. La dislocación del campo político no es un acontecimiento que afecte a una delgada capa superficial en lo alto de la sociedad. Esta falsificación de la representación política ha bloqueado en profundidad el país en el momento en el que sufre la dislocación social ligada a las políticas de austeridad, al paro masivo.

El remedio que hay que aplicar no consiste en un arreglo entre subgrupos con la salsa de las corrientes del Partido Socialista. No se trata hoy de recomponer el campo político sino Francia misma. Hay que reajustar todo el sistema político. La terapia dulce que yo propongo es la constituyente para pasar a la VI República. Si no, el hundimiento en curso terminará en el caos y la violencia.

¿Es este un fenómeno estrictamente francés ?

Desde luego que no. La orientación liberal lleva en todas partes a lo que Jacques Généreux ha denominada La Dissocieté [la disociedad]: la sociedad se pulveriza en la guerra organizada de todos contra todos. Esta dislocación de la sociedad y el impedimiento de la representación política están encontrando una respuesta en los Estados Unidos con la campaña de Bernie Sanders, en la izquierda, o incluso en la de Donald Trump. Los representantes de la izquierda francesa harían bien en interesarse más en lo que pasa al otro lado del Atlántico. El debate político del Hexágono desprecia en demasía la experiencia de otros pueblos. En la izquierda es como para llorar: la jet-set del PS no ha seguido nada de las experiencias latinoamericanas y desprecia lo que está pasando con Bernie Sanders. Están ya aferrados a Hillary Clinton: ella encarna tan bien este universo de guita sin complejos, esta «izquierdita» podrida hasta la médula de los Clinton y de su fundación de cajero automático, de la que su hija ¡cobra un salario de cinco millones de dólares!    

La iniciativa de estos diputados del Front de Gauche, de ecologistas o de contestatarios, que han intentado presentar el miércoles, 11 de mayo una moción de censura de izquierda contra el gobierno Valls, se inscribe en esta dislocación?

Es un acontecimiento sin precedentes que un sector de la mayoría parlamentaria presente una moción de censura…Lástima, faltaron dos firmas. François Hollande ha dividido, así pues, a la izquierda, al frente sindical e incluso a su mayoría parlamentaria.   Al final, se impondrán las leyes de la física ¡y el sistema entero volará en pedazos! He propuesto en vano durante meses que se reagrupe la «oposición de izquierda», se reafirme y se responsabilice ante los electores, sobre todo en las regionales. En vano. Los planes para hacer carrera y los juegos del aparato en Los Verdes lo han bloqueado todo. ¿Y ahora ? Esto sigue: los diputados del PS y los verdes actúan como oposición, pero no quieren asumirlo ante los electores.

¿Los contestatarios son demasiados timoratos?

Creo que les falta coherencia y estabilidad. Quiero animarles a reafirmarse en la Asamblea [Nacional] junto a los comunistas y los verdes disidentes. Pueden acortar sufrimientos. Cuanto antes consigan encontrar dos contestatarios más para la moción de censura, antes terminaremos con este gobierno. El objectivo debe estar bien claro: hay que bloquear en julio la Ley El Khomri. Imagínese: ¡un Code du Travail [equivalente laboral en Francia del Estatuto de los Trabajadores] por empresa! ¡Y si hace falta, votar una moción de censura presentada por la derecha! La cólera popular no es superficial, la gente ha entendido que su vida cotidiana podría echarse a perder con esta ley! Miles de jóvenes se han movilizado para defender el código laboral, es una orden clara. ¡Esto tiene que terminar en victoria!

¿Puede todavía unirse la izquierda?

¿Unirse la izquierda? ¿De qué habla usted ? Eso se viviría muy mal en la base, ese reagrupamiento indecente «de Macron a Mélenchon», como querrían en el PS. Los franceses saben que la etiqueta de «izquierda» se ha convertido en una estafa. Saben que es una usurpación de identidad ver a Hollande reclamarse de Jaurès cuando impone la Ley El Khomri. ¡Hay que ver cómo han mancillado nuestros símbolos Hollande y Valls! Uno que se inventa la jubilación a los 66 años, o sea, un año más de lo aceptado por Jaurès en 1910 y otro que celebra el 10 de mayo [fecha que conmemora en Francia la abolición de la esclavitud en la metrópolis] utilizando el [artículo] 49.3 [de la Constitución francesa, que entraña la suspensión inmediata de la discusión de un proyecto de ley, dándole vía libre]. Los fantasmas del pasado se han reagrupado para gritar: «¡En nuestro nombre, no!»

Nuestra tarea es distinta: ¡se trata de federar al pueblo! Es una cuestión de un programa capaz de hacer converger las energías populares. Sin pretextos falsos. La Constitución: ¿la cambiamos o no? El TTIP: ¿votamos a favor o en contra? El tratado europeo que se está redactando: ¿lo paramos o no?  La riqueza, ¿se comparte o no? Son estas preguntas urgentes. ¡Se trata de formar en la base un bloque progresista que arrastre a la sociedad para decir que hay otro futuro que los empleos de mierda y el sufrimiento en el trabajo! Y decir: «No, señor Macron, el sueño que hay que proponer a la juventud no consiste en convertirse en esos parásitos sociales que son los multimillonarios». Lástima: estamos dirigidos por personas que gobiernan a dos meses vista en función de sus intereses políticos. Hay que reconquistar el largo plazo, lanzar la planificación ecológica. ¡Partir a la conquista del mundo virtual, tomar por horizonte el mar y el espacio!

¿Ha cambiado usted lo bastante para ser el hombre adecuado para formar ese bloque progresista?

Como hombre, no me van a cambiar ustedes. Yo soy un mediterráneo apasionado. Pero tengo la ventaja de mi edad y mi experiencia. Hago campaña asumiendo mi responsabilidad personal. No me escaqueo con el “nosotros” y con “los que se engañan”. Pero sí, estoy más sereno: soy un intelectual; pues, cuando el orden de los hechos se corresponde con el orden del análisis, hay una suerte de culminación. Digo que puedo ganar las presidenciales. Y me siento en condiciones de formar equipo con todos aquellos que quieran unirse a nosotros, los 100.000 de la “Francia insumisa” [1]. Conozco bien a los personajes de la escena. El realismo lo logrará.

Resulta sorprendente oírle decir que quiere usted trabajar en equipo…

¿Por qué? Me paso la vida trabajando colectivamente. ¡Más de cien personas trabajan ya directamente conmigo en esta precampaña! En el Front de Gauche había nueve partidos. ¿Quién, aparte de mí, ha reunido en este país desde antiguos verdes a marxistas- leninistas? ¿Quién quiere discutir conmigo? Estoy dispuesto en todo momento. ¡Se hablará de cosas concretas, no de mi carácter ni de mis corbatas! Mi programa comporta ocho puntos clave. He escrito L´Ere du peuple [2] para presentar mi método. Explico por qué el punto de partida de una política progresista es el interés general humano ecológico con un actor nuevo, el pueblo, y un método, la revolución ciudadana. He sometido el programa a debate público en Internet con la totalidad de quienes quieren apoyar mi candidatura. ¿Qué más colectivo y más abierto que eso? ¿La endogamia de las sedes de los partidos para repartirse las circunscripciones?

¿Teme usted una candidatura de Montebourg?

No, todo lo contrario, porque debilita a Hollande. Pero Arnaud Montebourg lucha por participar en las primarias de los socialistas. Esta competición no me atañe.

¿Cree usted que es el único capaz de encarnar esta alternativa de la izquierda?

En todo caso, tengo un programa, una estrategia y 100.000 personas para llevarlo a cabo. ¿Y si no? ¿Qué otro nombre sugerir sobre el que se pongan todos de acuerdo? Se ve la profusión de candidatos para la candidatura: ¡no se puede decir que destaquen por el amor que se tienen entre ellos! Imaginemos que yo no estuviera en eso. ¿Qué quedaría? Una competición de personas y de reuniones llenas de humo. Pido que se terminen los pretextos falsos. Desde diciembre, todo el mundo estaba avisado de lo que yo iba a hacer y he anunciado claramente que no iré a las primarias. Yo quiero pasar página. Lo he probado todo para crear una gran unión, del PC a los Verdes en las elecciones locales: no me ha escuchado nadie. El Front de Gauche, el PCF, han rechazado abrirse a adhesiones directas y crear instancias comunes. ¡Todas estas cuestiones las he resuelto con la creación del movimiento “Francia insumisa”! En la actualidad, mi deber consiste en asumir y avanzar.

Las manifestaciones [recientes en protesta contra la Ley El Khomri] se han visto minadas por la violencia. ¿No corre el riesgo de resultar, sobre todo, contraproducente?

Tenemos que mantener la presión social. Pero las violencias son un terrible obstáculo para nosotros. Seamos claros: la violencia sólo beneficia a François Hollande y Manuel Valls. Y no tenemos nada que ver con ella. ¿Quién puede alegrarse viendo como a un hombre de 35 años le rompen la cabeza con un adoquín, con el pretexto de que es policía? Golpear a un policía es envilecerse. Igualmente, las instrucciones de uso de la policía producen una violencia muy peligrosa. Disparos, granadas lacrimógenos…es todo desproporcionado. Ya hay decenas de heridos y dos personas que han perdido un ojo. Sin embargo, eso no se debe reprochar a la policía sino a los que dan las órdenes y provocan de manera deliberada situaciones de violencia. Encuentro muy extraño el silencio del ministro del Interior. No dice una palabra para recordar, por ejemplo, que está prohibido disparar. Sabe muy bien que esto va a acabar mal. Sospecho que le satisface esta situación que disuade a la gente de movilizarse. Les recuerdo que tiene ya sobre su conciencia la muerte de Rémi Fraisse [ecologista muerto en octubre de 2014 por una granada aturdidora de la policía durante una protesta contra las obras de una presa en Sivens].    

¿Cómo contempla las primarias de la derecha?

Serán destructivas. Hollande ha abierto los diques antisociales y hasta antiecológicos, por ejemplo, al santificar lo nuclear. Ha desacomplejado así a la derecha, la empuja a un quién da más. Véase Juppé: los sondeos dicen que hasta la gente de izquierda votaría por él. Pero desde enero hay un viraje total en el ala derecha. La sociedad no puede unirse en torno a lo que contiene su ultraliberalismo. En su programa propone algo peor que la Ley El Khomri. Ese programa son cinco años de guerra social. El globo electoral se va a desinflar, por tanto, a toda velocidad. Hay una consecuencia electoral evidente: habrá una suerte de ajuste de cuentas.

En 2002, Le Pen llegó a estar presente en la segunda vuelta con 4,8 millones de votos. Yo conseguí 4 millones la última vez. Chirac llegó a la segunda vuelta con un 17% de los votos. El desmigajamiento político de Francia tiene raíces profundas. No permite que las elecciones hagan aparecer de golpe una homogeneidad política. No es posible. Pues la elección está mucho más abierta de lo que hoy creemos.

¿Y François Hollande? ¿Debe ser candidato a su sucesión?

Tiene visiblemente ganas de serlo. Sería sano que los franceses pudieran decir lo que piensan de su balance. ¡Que se responsabilice! La lógica republicana pediría eso. Si no es candidato, eso querrá decir que él mismo reconoce su fracaso. Más le valdría entonces marcharse enseguida.

Notas:

[1] Mélenchon convoca a la “Francia insumisa” a manifestarse el 5 junio en París.

[2] L´Ere du peuple, Fayard-Pluriel, 180 págs.

Jean-Luc Mélenchon  Eurodiputado y dirigente del Parti de Gauche.

Fuente original: Marianne, 20-26 de mayo de 2016
Fuente: Sin Permiso
Traducción: Lucas Antón

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