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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Todos a bordo del mundo post-TTP

Fotografía oficial de la cumbre por EFE


Pepe Escobar
Fundación de la Cultura Estratégica


Un apretón de manos no muy efusivo entre el presidente de EEUU, Barack Obama y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, antes y después que conversaran "durante unos cuatro minutos", de pie, en el marco de la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima, Perú, captó a la perfección el melancólico declive de la era de Obama.

En una breve retrospectiva, la díscola relación entre Obama y las "amenazas existenciales" de Rusia y China lo incluye todo, desde el Maidan en Kiev patrocinado por Washington hasta el "Assad se tiene que ir" en Siria, con una mención especial para la guerra de precios del petróleo, las sanciones económicas, las agresiones contra el rublo, la demonización de Putin y todo lo que sea ruso, las provocaciones en el Mar del Sur de China –todo eso hasta el floreado final con la muerte del muy alardeado tratado Asociación Trans-Pacífico (TPP), lo que fue reconfirmado en la APEC inmediatamente después de la elección de Donald Trump.

Fue casi demasiado doloroso ver a Obama defender su no precisamente espectacular legado en su última conferencia internacional de prensa, irónicamente con el telón de fondo de la costa sudamericana del Pacífico, justo cuando el presidente chino Xi Jinping disfrutaba muy a gusto de su aura geopolítica, algo que ya comparte con Putin. En cuanto a Trump, aunque invisible en Lima, estaba en todas partes.

El entierro ritual en aguas del Pacífico peruano del "brazo mercantil de la OTAN" y del pivote hacia Asia (anunciado pro primera vez en el mes de octubre del 2011 por Hillary Clinton) le proporcionó a Xi la plataforma perfecta para agitar los méritos de la Asociación General Económica Regional (AGER) ampliamente apoyada por China.

La AGER es una ambiciosa idea que apunta a convertirse en el más grande acuerdo de libre comercio del mundo: 46% de la población mundial, con un PIB combinado de 17 billones de dólares y el 40% del comercio mundial. La AGER incluye a diez naciones de la ASEAN más China, Japón, Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda.

La idea AGER nació hace cuatro años durante una cumbre de la ASEAN celebrada en Camboya y ha sostenido hasta el momento nueve rondas de negociaciones. Curiosamente la idea inicial vino de Japón como un mecanismo para modificar una plétora de acuerdos bilaterales que la ASEAN había logrado con sus socios. Pero ahora China está a la cabeza.

La AGER es también la piedra angular del Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico, concepto que fue introducido durante una reunión de la APEC en Beijing por, quién más, China con el objeto de convencer a países cuyo principal socio comercial es China y alejarlos de la idea del TPP.

La AGER e incluso el ALCAP no constituyen un nuevo conjunto de normas comerciales ultra extensivas (fraguadas por corporaciones multinacionales norteamericanas) sino la ampliación de acuerdos existentes entre la ASEAN e importantes naciones de noreste asiático, el sur de Asia y Oceanía.

No son necesarios experimentados meteorólogos para darse cuenta en qué sentido los vientos del Pacífico están soplando. Perú y Chile ya están a bordo para unirse a la AGER. Y Japón, que estuvo negociando el TPP hasta el último aliento, ahora se dirige también a la AGER.

El Sultán entra en acción

Mientras tanto Putin y Xi se reunieron una vez más y Putin reveló que visitará China la próxima primavera para profundizar la participación de Rusia en la Nueva Ruta de la Seda, también conocida como Una Faja, Una Ruta (UFUR). El objetivo final será la fusión de la UFUR encabezada por China con el desarrollo de la Unión Económica Euroasiática (UEE) encabezada por Rusia.

Ese es el espíritu de los 25 acuerdos inter gubernamentales sobre inversiones económicas y en la industria nuclear firmados por el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, y el primer ministro chino, Li Keqiang, a comienzos de noviembre en la ciudad de San Petersburgo así como también la organización conjunta de un Fondo de Inversiones Rusia-China.

En paralelo, casi caído del cielo y de un solo plumazo, el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, de regreso de su visita a Paquistán y Uzbekistán confirmó lo que ya era evidente durante los últimos meses. "¿Por qué Turquía no debería estar entre los Cinco de Shangai? Se lo comenté al Sr. Putin, a Nazarbayev (el presidente kazajo) y a aquellos que conforman actualmente los Cinco de Shangai. Yo creo que si Turquía ingresa a los Cinco de Shangai esto los capacitaría para actuar con mucha mayor facilidad."

Esta bombam, por supuesto, se refiere a la Organización de Cooperación de Shangai que se formó el año 2001 como los Cinco de Shangai –China, Rusia y tres países de Asia Central: Kazajstán, Kirguizistan y Tayikistán, ingresando posteriormente Uzbekistán- como un bloque de seguridad contra los Salafistas-jihadistas y contra el narcotráfico proveniente de Afganistán.

Con los años, la OCS ha evolucionado aún más convirtiéndose en un mecanismo de cooperación e integración de Asia. India, Paquistán, Irán, Afganistán y Mongolia son observadores. India y Paquistán podría decirse que serán aceptados como miembros con todo derecho durante el 2017, seguidos también por Irán. Desde el año 2013 Turquía y Bielorrusia son "interlocutores".

El astuto Erdogan hizo su apertura hacia la OCS haciendo hincapié en que Turquía no necesitaba ingresar a la Unión Europea "a toda costa". Ese aspecto ha sido más que evidente desde que Erdogan sobrevivió al golpe de estado del mes de julio pasado y ha desatado una durísima represión, que ha horrorizado a Bruselas (donde las negociaciones sobre el ingreso de Turquía a la UE ya llevan once años y ahora se encuentran totalmente paralizadas). Francia, la potencia número dos de la UE después de Alemania, inevitablemente las va a seguir bloqueando con independencia de quién sea elegido presidente el próximo año.

Si Turquía ingresase en la OCS, a largo plazo, junto con Irán, India y Pakistán, representaría un nuevo e importante enclave para la integración Euroasiática, en tanto la OCS se está progresivamente vinculando con la UFUR, la UEE, el Fondo de Inversiones de la Ruta de la Seda de China, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) e incluso con el nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, el cual comenzará financiando proyectos de los miembros para luego expandirse hacia otras naciones en el Hemisferio Sur. Moscú y Beijing recibirían a Ankara con los brazos abiertos.

Cualesquiera que sean los contornos de la política exterior de Trump hacia China y Asia, la integración euroasiática continuará inalterable. China está desarrollando su propio pivote tanto interno como externo lo cual implica la modificación de sus políticas financieras, fiscales e impositivas para promover el consumo en el comercio minorista, la salud, los deportes y los viajes en paralelo con el impulso de la UFUR a través de toda Eurasia, en todas sus formas, con el objeto de solidificarse como la superpotencia económica.

El TPP –o brazo comercial de la OTAN en su versión asiática— es solo un rasguño en una larga y serpenteante ruta. El diálogo sobre el Mar del Sur de China avanza lentamente evitando la confrontación que ha sido fomentada durante todo el gobierno de Obama.

Durante la APEC, Xi también se reunió con el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, e hizo un llamado para que China y Filipinas desarrollen la cooperación marítima. Un resultado práctico de esto es que los pescadores filipinos continuarán teniendo acceso al Scarborough Shoal, espacio de abundante pesca dentro de la zona económica exclusiva de las Filipinas (ZEE) y que ha estado bajo control chino desde el año 2012. Beijing también se comprometió a ayudar a los pescadores filipinos en industrias alternativas como la acuacultura.

Lo llaman Asociación Trans-Mar del Sur de China.

Fuente: http://www.strategic-culture.org/news/2016/11/24/all-aboard-post-tpp-world.html

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

FUENTE: REBELIÓN

sábado, 15 de octubre de 2016

El TTIP y la recomposición de Occidente

 Solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU.

Eddy Sánchez

El Tratado de Inversiones y Libre Comercio (TTIP) y su hermano, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), tienen una trascendencia geopolítica mayor que económica.

Para entender esta realidad geoestratégica, habría que remontarse al fracaso de la Ronda de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que comenzó en noviembre del 2001, relativa a la liberalización del comercio de la agricultura, los servicios y la propiedad intelectual, la cual terminó en “colapso” tras la ruptura realizada por los países del centro occidental (fundamentalmente EEUU y la UE) ante la pérdida de control de dichos países frente al bloque de países periféricos liderados por Brasil, India y Sudáfrica y, la posterior entrada en la OMC de China (2002) y Rusia (2012). El TTIP, TPP y TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios) nacen como una reacción del Occidente capitalista ante el ascenso de una nueva semiperiferia amenazante, que luego llamarían BRICS.

El FMI publicó en 2015 el PIB ajustado por paridad de compra (PPP). Por primera vez desde 1872 la primera posición de la lista no está ocupada por los EEUU, índice que marca el imparable declive de la UE y el incontestable ascenso de países como China. De confirmarse estas, y otras previsiones, estaríamos asistiendo a un cambio geopolitico trascendental. No esperar una respuesta de los países del centro capitalista sería sencillamente una ingenuidad.

Desde la crisis del sistema financiero en 2008, esta realidad no ha hecho más que profundizarse. Visto desde esta perspectiva el TTIP conformaría el ala “Atlántica” de un tratado mucho mayor que engloba también al TPP y al TISA, con la intención de crear desde Occidente de un poderoso instrumento geopolitico de contención de sus periferias.

Tal y como señala el experto en geoeconomía, David García, al analizar los acuerdos resaltan tres elementos. El primero está marcado por sus ausencias. Los llamados BRICS no forman parte de los países negociadores, pese a su importancia económica y demográfica. En segundo lugar, solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU. Y por último, un tercer aspecto resalta: todos los países forman parte de la óptica económica y política de Occidente, como México, Chile y Colombia en América Latina y Australia, Japón y Nueva Zelanda en el Área Pacífico.

De lograrse conformar, el TTIP-TPP-TISA englobaría el 75% del comercio mundial lo que impondría condiciones económicas globales que todos los países se verían forzados a cumplir, pero sobre todo, sería una poderosa herramienta de reorganización geográfica del espacio económico, con una periferia aún más dependiente y una Europa más subordinada a EEUU, el cual pasaría a liderar, ya de forma expresa, un poderoso bloque Occidental marcado por el principio rector “everyone but China“ (todos menos China).

Eddy Sánchez

Fuente: Público.es

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