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martes, 2 de agosto de 2016

Erdogan: “El fiscalizador del útero” de las mujeres de Turquía

Cerca de dos tercios de las mujeres turcas usan velo


NAZANÍN ARMANIAN

En las primeras imágenes de las manifestaciones en apoyo al gobierno de Tayyeb Erdogan durante el intento del Golpe de Estado del 15 de julio no se veía ni a una sola mujer. En cambio, sí hubo una en el bando de los golpistas: Karima Komsch, pilota de uno de los dos F-16 que sobrevoló el cielo de Estambul. Nada que ver con la presencia contundente de mujeres detrás de las barricadas en el Parque Gezi en 2013, o en las filas de la guerrilla del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK).

La política oficial del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) durante sus catorce años de gobierno ha sido eliminar la figura de la mujer-ciudadana para sustituirla por la de esposa-madre tutelada por los hombres. Incluso el código penal turco incluye los “crímenes de honor” en el capítulo de las cuestiones de familia y no en la categoría de “crímenes contra las personas”. Entre 2010 y 2015, sólo bajo este concepto, fueron asesinadas 1.134 mujeres.

Hoy parece una anécdota histórica que en 1930 las turcas ya tuvieran el derecho al voto —antes que las francesas— y contaran  con una alcaldesa, la señora Sadiye Hanım, en el municipio de Kilickaya. La actual crisis estructural que sufre Turquía agravará este retroceso en los derechos de la mujer que, por otro lado, está teniendo lugar a nivel mundial.

Ser talibán a lo turco


Menospreciar la capacidad intelectual y física de la mujer y asignarle el papel de estar al servicio de las necesidades del hombre son el eje central del discurso del AKP. El propio presidente Erdogan suele recurrir a los textos sagrado para despolitizar la desigualdad y santificar la discriminación de la mujer. Ha llegado a decir que el liderazgo político de la mujer “va en contra de la naturaleza humana”. Pues decenas de millones de hombres y mujeres en Alemania, Ruanda, o Brasil han desafiado el orden natural cósmico al dejar su destino en mano de las mujeres. La misma Turquía fue gobernada entre 1993 a 1996 por una mujer: Tansu Çiller. A ver, lo contra natura es que obliguen a una mujer a cumplir con un rol que no desea, o a una niña de 13- 14 a convertirse en el juguete sexual de un hombre como “esposa”, con el riesgo añadido de perder la vida por gestar en su cuerpo no preparado a otro ser humano.

Un tercio de las novias en Turquía son menores de edad. Erdogan ha llegado a decir que las mujeres sin hijos  son “seres incompletos”, que el control de la natalidad es una “traición a la nación”, que cada mujer debe contribuir a la grandeza del país con, al menos, tres hijos y que el aborto y el parto por cesárea son parte de una conspiración orientada a destruir el país. Él ve a las mujeres como máquinas de producir niños y mide el tamaño de su poder en función del número de personas a las que gobierna. Como si Pakistán, con sus 200 millones de desarrapados, tuviera más poder que Suecia con sus 9,5 millones de almas. El presidente turco además ofrece incentivos económicos a hombres y mujeres  que quieran casarse y tener hijos. Su intento de convertir el Día Internacional de la Mujer en el “Día de la glorificación del Parto” fracasó: miles de mujeres ocuparon las calles de varias ciudades del país el 8 de marzo de 2015 para burlarse de la prohibición de manifestarse este día bajo el pretexto de “falta de seguridad”.

Los islamistas identifican la modernidad y el progreso en los derechos de la mujer con la “occidentalización” y la colonización cultural del país. El mismo pretexto sirve para  prohibir o debilitar los sindicatos por haber sido un invento de los trabajadores occidentales: La ‘Occidentofobia’ sale de los mismos sótanos oscuros que la Islamofobia.

El ex primer ministro Ahmet Davutoglu es otro ejemplo, porque ha alertado a su audiencia de que en Occidente, la igualdad entre los sexos, que es “mecánica”, ha sido el principal motivo de la elevada tasa de suicidio de sus mujeres. Supongamos que es así. ¿A qué se debe el asesinato de miles de mujeres a mano de los hombres en Turquía, país oriental y bajo un régimen “virtuoso”?

El control establecido sobre el cuerpo de la mujer es tal que la ley obliga a los laboratorios a enviar los test de embarazo positivo de mujeres a los médicos de familia para que éstos le informen al esposo o al padre de la mujer (da igual que ella sea profesora de universidad o empresaria), poniendo en peligro su vida además de violar su derecho de privacidad.

Los discursos misóginos y la transformación de las instituciones del país, las leyes, y la normalización de las prácticas religiosas en los espacios públicos han estado al servicio del AKP para fundar una teocracia civil, al tiempo que, desde el islamismo de la clase alta  se “blanquean” las más horrendas formas de esclavitud. Según Emine, la primera dama del país, los harenes otomanos eran “un centro de enseñanza para la preparación de las mujeres a la vida”, que no una prisión donde se encerraba a muchachas secuestradas para la diversión de los sultanes y pachás pervertidos. De hecho, su marido ha patrocinado a un grupo de hombres psicópatas, al ISIS, quienes secuestran a mujeres sirias e iraquíes para violarlas y matarlas delante de las cámaras.

Al servicio de este proyecto está la creación de una mezquita por cada 400 personas —mientras hay un hospital por cada 60.000— y la reapertura de las madrasas fundamentalistas llamadas “Imam Hatip” para reislamizar a los desviados musulmanes del país.


Dormir con el enemigo


No sorprende, pues, que se haya disparado el feminicidio sistemático: de 66 asesinadas en 2002 se ha pasado a 847 en 2013 y la mayoría se produjeron por solicitar el divorcio o rechazar la reconciliación. Los tribunales, en vez de proporcionar justicia para las víctimas de malos tratos, fuerzan a las victimas a reconciliarse con su maltratador para preservar “el santo matrimonio”.  El Consejo Superior de Jueces y Fiscales ha sido más atrevido y, con el fin de crear nuevas familias, sugería en 2011 que “las mujeres que son víctimas de violación pueden casarse con sus violadores“, o que “se archivarían los casos del rapto y violación en grupo a las menores de edad si uno de los culpables se casara con ella”. En caso de que el delincuente no quiera tener de esposa a la mujer a la que ha destrozado la vida, basta con ofrecer pruebas de que ella le provocó para que obtenga una reducción de la condena. ¡Y lo han conseguido! En Turquía la tasa de divorcio era del  1’7%  en 2015 mientras que la del matrimonio ha subido un 7’7%, al contrario de, por ejemplo Irán, donde el divorcio aumentó un 4’2% comparado con el año anterior. El porcentaje de bodas, por su parte, se desplomaba  en un 3’4% mostrando así la disfuncionalidad de esta institución patriarcal.

El modelo “moderado” de derecha religiosa


La Turquía de Tayyeb Erdogan es el único entre los países musulmanes (que no estén en guerra) donde decrece, desde el año 2000, el número de mujeres con trabajo remunerado. Miles de mujeres trabajan a destajo en casa para diferentes industrias y aun así no salen del umbral de pobreza, por no hablar de que pierden toda posibilidad de entrar en el espacio público. El capitalismo religioso, al contrario del modelo europeo que anima a las mujeres a tener más tiempo para producir y renunciar a cambio de formar una familia, les ha arrebatado las pocas horas que podrían dejar de ser esclavas a tiempo completo del mercado, de la familia y de la religión.

Y a pesar de todo Turquía, como todos los países musulmanes, avanza en el laicismo. Lo “sagrado”  no determina la vida cotidiana de sus gentes porque cada vez más jóvenes viven “en pecado” y el desfile del día del orgullo gay recorre sus calles cada año.

Ahora que Turquía sufre uno de los momentos más tensos de su historia, ¿qué papel jugará la mitad de la población?

NAZANÍN ARMANIAN

Fuente: Público.es

lunes, 25 de julio de 2016

Erdogan, el amigo nazi de Europa y la OTAN


 
Han sido suficientes diez días para que los grandes medios de comunicación hayan perdido el interés en Turquía y la hayan convertido en noticia de segundo o tercer nivel. Decenas de miles de personas están siendo depuradas (detenciones, arrestos, despidos o suspensiones) a las puertas de Europa sin que ello sea lo suficientemente relevante, no tanto como la lluvia sucia o las playas llenas de turistas. Más grave aún, esta purga se está produciendo sin garantías jurídicas y bajo la sombra de la restauración de la pena de muerte.
Europa se apoyó en Turquía para no mancharse las manos de sangre, para que fuera esta la que acometiese el necesario genocidio con los refugiados, pasivo si pudiera ser, por aquello de la exquisita educación europea. Mejor dejarlos morir de hambre que matarlos, aunque si no hay otra opción y hay que descerrajarles varios tiros a bocajarro, adelante. No es tiempo de sutilezas.
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Occidente se apoyó en Turquía, miembro de la OTAN, para derrocar a Siria y alimentar al siempre lucrativo Estado Islámico.
¿Quién le explica a Erdogan lo amoral e ilegal de su conducta, la Europa genocida o el Occidente creador del Estado Islámico? ¿Quién lleva a Erdogan ante un Tribunal Internacional, la España de Aznar, el Reino Unido de Blair o los EE.UU. de Bush?
No eligieron a Turquía por casualidad, escogieron a Turquía porque su presidente, Recep Tayyip Erdogan, profesaba una admiración pública por Adolf Hitler y alguien semejante puede y debe ser muy útil. El Führer siempre fue admirado secretamente (y no tan secretamente), por los poderes que nos gobiernan. Aquello de reducir costes eliminando a los más débiles siempre resultó seductor para el poder y el dinero, porque suponía eliminar de la ecuación a los que consumen recursos del sistema sin aportar al mismo, parásitos que deben desaparecer de la pirámide de población y de las estadísticas. El capitalismo va de eso, de dinero, de sumas y restas, de beneficios y cargas, de cuantificación y cosificación de los seres humanos, de campos de concentración… Perdón, quería decir campos de refugiados.
La génesis ideológica del disparatado discurso de Hitler, como la eugenesia, no habría que buscarla en su retorcida mente, sino en grandes personalidades y países que sorprenderían a más de uno (Winston Churchill o EE.UU., por ejemplo). Es por ello que en su momento resultó lógico que Adolf Hitler fuese nominado al Premio Nobel de la Paz.
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Ni siquiera la tragedia acaecida durante la “Noche de los cristales rotos” (7 de noviembre de 1938), solo unos meses antes de la candidatura a tan prestigiosopremio (1939), pudo impedirlo. Aquella noche más de 1.000 sinagogas fueron quemadas, más de 7.000 establecimientos judíos quedaron dañados y más de 30.000 judíos fueron detenidos y deportados. El Holocausto resultó para el mundo y para los alemanes tan intrascendente como lo es hoy el genocidio de los refugiados, los 65 millones de desplazados en todo el mundo o la purga turca.
La noche de los cristales rotos en Turquía va camino de las dos semanas y ha arrastrado a casi 70.000 turcos, más del doble que los nazis en tan infame noche. Erdogan puede sentirse satisfecho porque si consigue restablecer la pena de muerte y se emplea a fondo con los disidentes políticos, los refugiados y los kurdos podrá seguir los pasos de su admirado dictador.
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Ahora es cuando uno se pregunta por qué no actúa Europa aplastando sin contemplaciones al filonazi de Erdogan de la misma forma que arrodilló a Grecia hace no tanto por su insolencia. No lo hace porque la triste realidad es que la maestría para moverse en las aguas fecales del fontanero Erdogan es imprescindible para que el sistema continúe funcionando y su fontanería nos resulta tan beneficiosa como lo fue la desaparición de judíos a los alemanes que ocuparon sus casas y sus negocios.
Si dentro de una década tenemos un problema de enormes dimensiones en Turquía por su radicalización, será el momento de beneficiarnos otra vez más del asunto: aumento del gasto en seguridad y armamento, recortes en libertades y derechos y una costosa/lucrativa intervención militar.
Y nosotros, al margen de seguir narcotizados, ¿por qué no nominamos a Erdogan al Premio Nobel de la Paz?

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.
Fuente: Público.es


lunes, 11 de abril de 2016

¿Logrará el presidente Erdogan despojar a 5 millones de turcos de su nacionalidad?



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Erdogan recibe a los juristas turcos en el Palacio Blanco.


por Thierry Meyssan

Poco a poco, las declaraciones del presidente turco Erdogan se alejan cada vez más de los valores universales. Mientras que en Occidente comienzan a oírse débiles críticas sobre la «deriva autoritaria» de Ankara, Thierry Meyssan prosigue su narración sobre la imposición de una dictadura basada en la supremacía de la etnia turca y los «valores islamistas».

Dado el hecho que el gobierno turco tiene actualmente el record mundial de oficiales superiores, abogados y periodistas presos, existía gran expectación hacia el discurso que el presidente Recep Tayyip Erdogan iba a pronunciar el 5 de abril de 2016, en el Palacio Blanco, en ocasión del Día del Derecho.

El señor Erdogan dijo cosas muy contradictorias ante un auditorio de juristas silenciosos. Según Erdogan, sí, las estructuras profesionales deben ser pluralistas. Pero ese objetivo no podrá alcanzarse sin limpiar antes el colegio de abogados de la influencia de grupos parcializados, o sea de opositores políticos.

Los actuales problemas de Turquía son consecuencia de la decadencia de los «valores islámicos» y de la opresión extranjera a la que el país se ha visto sometido, prosiguió Erdogan.

Tratando de ridiculizar el tribunal que declaró ilegal la construcción del Palacio Blanco [1] en un parque nacional –área por lo tanto supuestamente protegida para preservar el medio ambiente–, Erdogan denunció las fuerzas extranjeras que –según él– organizaron las manifestaciones del parque Taskim Gezi, en 2013, con el pretexto de salvar unos cuantos arboles que había que derribar para construir un centro comercial. Mofándose de sus opositores, dijo ante los juristas –que lo escuchaban boquiabiertos– que, durante su mandato como alcalde de Estambul, él no había «plantado millones de árboles» en la ciudad «sino miles de millones» (sic) y que, por lo tanto, nadie podía darle lecciones en ese sentido.

El presidente turco observó entonces que los enemigos de la Nación no cejan y dijo que ahora han tomado el control de un partido político vinculado a los terroristas. Es por eso que se iniciará un procedimiento para destituir de sus funciones a los diputados de ese indigno partido. Pero excluirlos del parlamento no bastará para “salvar” la Nación turca. Esto último sólo podrá lograrse privando de su nacionalidad a todos los que respaldan ese partido y, por consiguiente, el «terrorismo», concluyó fríamente Erdogan.

Para mantenerse en el poder, el presidente Recep Tayyip Erdogan “arregló” descaradamente las elecciones realizadas en noviembre de 2015. Pero muchos pequeños partidos se aliaron en el seno del HDP y obtuvieron más de 5 millones de votos (o sea, un 15% de los sufragios). Esas organizaciones políticas tienen intenciones de luchar por la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, independientemente de su etnia, de su religión o de su orientación sexual.

Destituir diputados y privar de su ciudadanía a 5 millones de personas son actos que entran en abierta contradicción con las normas y tratados internacionales. A pesar de ello, ninguna personalidad internacional ha reaccionado ante esas declaraciones del «presidente», cuyo verdadero objetivo es despojar de su nacionalidad a los kurdos y los cristianos de Turquía. Lo que pasa es que la Unión Europea, dejándose arrastrar por su odio obsesivo contra la República Árabe Siria, ha concluido con Ankara un acuerdo para financiar la guerra y frenar a la vez la oleada de refugiados.

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La recepción organizada en el Palacio para los jefes de la Policía Nacional turca, después de la purga.
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Dos días después, el 7 de abril, el presidente Erdogan recibía, también en el Palacio Blanco, a los dirigentes de la Policía Nacional. Después de elogiar a las fuerzas del orden y denunciar el daño que les han hecho las «instituciones paralelas» [o sea, los adeptos de Fethullah Gulen, ex aliado del propio Erdogan], el presidente recordó que la única definición justa y aceptable del «terrorismo» es la de él, definición que por cierto tuvo el cuidado de no expresar, pero que abarca a todos los que rechazan la dominación de la etnia turca.

«Todos los que participan en ese sin sentido, negándose a llamar terrorista a un terrorista, son responsables de cada gota de sangre derramada», declaró Erdogan. Y acto seguido recordó que si él mismo no hubiera emprendido una enérgica política antiterrorista después del atentado perpetrado en Suruc, el 20 de agosto de 2015, el terrorismo se habría extendido por todo el país.

Sobre todo, ¿cómo es posible no reconocer la grandeza y la generosidad de Turquía?, una Nación que no tiene parangón, que alberga más de 3 millones de refugiados. ¿Y con qué derecho exige la Unión Europea que Ankara aplique el acuerdo concluido el 18 de marzo cuando Bruselas todavía no ha cumplido su compromiso de eliminar la exigencia de la visa Schengen para los ciudadanos de Turquía?

En este encuentro, Erdogan contaba con un auditorio favorable. Nadie se atrevió a señalar que el atentado de Suruc no sólo no fue cosa del HDP sino que ese partido incluso fue blanco de ese acto terrorista. Nadie se atrevió a observar que recibir 3 000 millones de euros por acoger 200 migrantes no es exactamente algo que pueda calificarse como un desequilibrio en detrimento de Turquía.

Elementos fundamentales:
- El presidente Erdogan ya no disimula su proyecto de dominación étnica turca y de creación de un 17º imperio.
- Dejándose llevar por una lógica racial, Erdogan acaba de iniciar un procedimiento para destituir a los parlamentarios del partido de las minorías turcas: el HDP. Ahora planea privar de su nacionalidad a todos los electores que votaron por el HDP, o sea 5 millones de opositores.
- Estimulado por la pasividad de la Unión Europea, Erdogan está tratando adquirir aún más ventajas amenazando con suspender el acuerdo sobre los migrantes concluido el 18 de marzo hasta que Bruselas elimine la exigencia de la visa Schengen a los ciudadanos turcos que desean viajar a los países de la Unión Europea.

Thierry Meyssan

Fuente: Red Voltaire<:recommander:recommander:>TwitterSeenthisRSS[1] El Palacio Blanco es el palacio presidencial construido, por orden del presidente Erdogan. Nota de la Red Voltaire.

lunes, 10 de agosto de 2015

UNA LOCA AMBICIÓN QUE CONDUCE A LA GUERRA CIVIL

 

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan

La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 3 DE AGOSTO DE 2015

 

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Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.

Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…

Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando

Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.

La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoducto Turkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
- a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
- a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisiónA Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil

Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.

Thierry Meyssan

 


[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.

[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

Thierry Meyssan

Thierry MeyssanIntelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

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La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

Fuente : «Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK», por Thierry Meyssan,Red Voltaire , 3 de agosto de 2015,www.voltairenet.org/article188339.html

lunes, 15 de junio de 2015

TURQUÍA, ERDOGAN ES MENOS SULTAN











Turquía: un nuevo escenario político gracias a la izquierda laica. Dossier





Erdogan ve como se escapa su sueño de un sultanato

Marie Jego

 Las elecciones legislativas del 7 de junio en Turquía han supuesto un serio revés para el Partido Justicia y Desarrollo (AKP, islámico-conservador), que por primera vez desde 2002, ha perdido la mayoría absoluta en el Parlamento. Con el 40,7% de los votos, 258 diputados de 550, el AKP sigue siendo el primer partido político del país, pero su caída es dramática.

Por primera vez en trece años, los islamistas-conservadores se verán obligados a formar un gobierno de coalición. No podrán ya gobernar como amos absolutos del país. "Si Dios quiere, la decisión de la nación es buena", declaró el primer ministro, Ahmet Davutoglu, al anunciar los resultados. El presidente, Recep Tayyip Erdogan, no ha hecho aun declaraciones.

El revés sufrido por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha sacudido fuertemente la Bolsa de Estambul, que cayó un 8% en la apertura del lunes, 8 de junio El Banco Central de Turquía anunció que bajaba sus tasas de interés para los depósitos en moneda extranjera a una semana, mientras que la lira turca llegó a su nivel más bajo frente al dólar y el euro.

 El Banco Central turco interviene para frenar la caída de la moneda turca 


El curso de la lira turca ha perdido cerca del 4% frente a las otras dos divisas. Por lo tanto, las tasas de interés han sido recortadas del 4 al 3,5% desde el martes 9 de junio para el dólar, y del 2 al 1,5% para el euro. Tras el anuncio de esta medida, la lira turca cotizaba a 2,76 dólares (-3,75%) y 3,08 el euro (-4%).

La tabla de los resultados por regiones muestra cómo el descontento es mayor en primer lugar en las regiones de habla kurdas del este y el sudeste, pero también en todas las costas(Marmara, Mediterráneo, Egeo), donde el voto a favor del AKP ha caído en comparación con las elecciones de 2011.

Sobre todo, es un revés para Erdogan, que ya se veía como un super presidente. Al poner su propuesta de "sultanato" en el centro del debate de estas legislativas, a sometido su persona a un referéndum. La respuesta del electorado es clara. ¿Imaginó tener 400 diputados del AKP en el parlamento? No los tiene. ¿Quería reformar la Constitución para fortalecer su poder? No puede. No sólo su proyecto de super-presidencia nace muerto, su propia estrella se ha desvanecido considerablemente.

Autoritarismo ilimitado

Arrojándose de cabeza a la campaña - a pesar de la neutralidad debida a la oficina presidencial - polarizando la sociedad con sus discursos (seculares contra religiosos, suníes contra alevis, kurdos contra los turcos) Erdogan ha perdido la adhesión de buena parte de su electorado. Muy lejos del Tayyip de 2002, que capturó la atención de las multitudes, hablando del pluralismo, la libertad y la reforma. En 2015, las palabras "conspiración" "terrorismo" y "estructura paralela" han sido constantes en cada discurso. 

Su autoritarismo no tiene límites. La prensa, el poder judicial, la policía están bajo su estricto control. Comprometido desde diciembre de 2013, en una vasta purga contra la hermandad de su antiguo mentor, el imán Fethullah Gülen, exiliado en los Estados Unidos, ha silenciado, eliminado o hecho arrestar a policías, jueces y fiscales. 

¿Un periodista hace una crítica? Se le intimida, se le despide, acusado de "terrorismo" o "conspiración contra el Estado". ¿No le gusta un vídeo en YouTube o Twitter? Se bloquea. Sus oponentes son "traidores" y el Sr. Demirtas, líder del Partido Popular Democrático (HDP), cuya sombra le ha perseguido toda la campaña, es un "ateo". 

Instalado en un palacio de más de 1.000 habitaciones en Ankara después de su elección a la presidencia en agosto de 2014, Erdogan ha llevado al límite su megalomanía que le ha valido el apodo de "Sultán". La creación de una guardia presidencial con uniformes dignos de Juego de Tronos ha colmado de ridículo su megalomanía.

 Hasta entonces, los turcos habían tragado con todo, incluyendo las revelaciones de corrupción que habían salpicado en diciembre 2013 su círculo familiar y su gobierno: Erdogan era el primer ministro. Una desafortunada conversación con su hijo, Bilal, incapaz de "poner los contadores a cero" (eliminar el dinero en efectivo) en el momento en que se investigaba a los hijos de varios ministros, ha revelado la existencia de cajas de zapatos llenas de dinero, dejando un sabor amargo a los que creen en la blancura inmaculada del partido "AK" (en turco “ak” significa "blanco, limpio").

 Pero esto no impidió que el "partido de la bombilla" (el símbolo del AKP) ganase fácilmente las elecciones municipales de marzo de 2014 y su líder histórico las presidenciales en agosto de 2014. Sin embargo, cuando llegó la hora de dar plenos poderes a Erdogan, los votantes dijeron que no. Atrapado por su sueño de grandeza, la estrella fugaz de la escena política turca fue detenido en su ascenso por las urnas.

Un punto de inflexión en la historia del país


Y si el 88% de los votantes acudieron a las urnas, no fue tanto para elegir a sus diputados como para decir No a las aspiraciones autocráticas del líder histórico del AKP. Misión cumplida, ya que no tiene otra perspectiva de regresar a su papel como presidente sin poder, como estipula la actual Constitución. "Es el triunfo de la paz sobre la guerra, de la modestia sobre la arrogancia, de la responsabilidad sobre la irresponsabilidad", dijo Sirri Süreyya Önder, diputado del HDP, después de conocerse los resultados en la noche del domingo. Al ganar 79 escaños, la pequeña organización kurda hizo añicos el sueño del líder histórico del AKP. Todo se jugaba en esos votos.

En Turquía, el umbral requerido para que un partido esté representado en el parlamento es el 10%. La apuesta era arriesgada para el HDP ya que en caso de no lograrlo, habría favorecido a su oponente, sus votos hubieran reforzado automáticamente al AKP, según el sistema proporcional en vigor. La entrada de un partido pro-kurdo en el Parlamento es un hito en la historia del país. Fue posible gracias a Selahattin Demirtas, un abogado carismático de 42 años, quien hábilmente condujo a este éxito. Bajo el impulso de este ex activista por los derechos humanos, nacido en una familia kurda modesta de Elazig en el este del país, el HDP ha desdibujado su perfil prokurdo, distanciándose del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK en Turquía) para expandir su base entre los decepcionados del "tayyipismo". Buen tribuno, con un fuerte sentido del humor, el Sr. Demirtas, que admite “plancharse sus camisas", se ha convertido en el portavoz de otra Turquía, la de las minorías étnicas y religiosas, las mujeres, los homosexuales, los ecologistas. Su victoria es un poderoso mensaje a la dirección del PKK: es tiempo de pensar en las elecciones y olvidarse de las armas. 

Marie Jégo es la corresponsal en Estambul del diario francés Le Monde 

Le Monde 7 de julio de 2015.

El HDP es una barrera a las ambiciones de Erdogan


Esen Uslu 

Las elecciones generales celebradas el 7 de junio podrían ser un hito en la turbulenta historia de la democracia multipartidista en Turquía. Como los lectores sabrán, la democracia turca ha sido un producto de las circunstancias imperantes después de la Segunda Guerra Mundial y evolucionó de acuerdo con las exigencias de la Guerra Fría. Durante las siguientes décadas, siempre que fue necesario, la democracia multipartidista fue recortada varias veces mediante la intervención del segundo ejército más grande de la OTAN, y congelada. Después de lo cual, hubo intentos de poner en marcha un marco político más "controlado", destinado a mantenerse sin ningún tipo de oposición al régimen. El último de esos vanos intentos fue la constitución diseñada por el general Kenan Evren, el ex dictador militar recientemente fallecido, y sus secuaces.

 Esa "democracia" fue diseñado para mantener los enemigos tradicionales del régimen republicano de Turquía - es decir, a la clase obrera (los comunistas en su jerga), los islamistas y los kurdos – bajo control. Iba a ser un sistema “ democrático” bipartidista: un partido del poder que apoyase los objetivos de los militares con un disfraz civil; y un partido que permanecería en la oposición perpetua, pero fiel a la ideología oficial del estado. Tal régimen aseguraría el mantenimiento de la "seguridad y la estabilidad" requeridas por el capitalismo en rápido desarrollo en Turquía. El régimen era consciente de que no podía detener la formación de partidos indeseables, incluso en una falsa democracia, por lo que ideó mecanismos “constitucionales” para excluirlos del parlamento y de la política en general. Para marginar a esos partidos la ley electoral preveía un sistema de umbrales electorales brutales (la "barrera electoral", para traducir la frase turca literalmente). Si un partido político no deseado sobrevivia a pesar del umbral, entonces entraba en juego un sistema judicial amañado. El proyecto de ingeniería social de la Junta fracasó y su proyecto de una “democracia controlada multipartidista" se derrumbó en 1983. Sin embargo, algunos de los principios básicos de ese régimen le han sobrevivido, y la barrera electoral se ha mantenido hasta ahora: antes de que ningún partido pueda ganar legalmente un escaño parlamentario en cualquier distrito electoral tiene que obtener más del 10% de los votos emitidos en todo el país. 

Kurdos


 El umbral electoral y otros medios de control político no han podido contener el creciente movimiento de liberación kurdo. Durante un breve período tuvo representación en el parlamento a partir de 1991, cuando 21 representantes del HEP (Partido Popular de los Trabajadores) legalmente reconocido fueron elegidos en las listas del SHP (Partido Social Demócrata Populista) en las provincias kurdas. Poco después de las elecciones abandonaron el SHP para formar su grupo independiente, pero en 1994 fueron despojados de la inmunidad parlamentaria y sus representantes más destacados fueron encarcelados 10 años. 

En las siguientes elecciones generales en 1995, el movimiento de liberación kurdo intentó una maniobra similar con los partidos de izquierda, pero esta vez no pudieron alcanzar el umbral electoral. Aunque habían tenido cierto éxito en las elecciones locales del año anterior, su voto se mantuvo muy por debajo de la barrera. Las elecciones generales de 1999 y las elecciones sucesivas hasta 2007 produjeron resultados similares. Ese año ganaron 26 escaños, y los 26 parlamentarios hicieron un gran trabajo en el parlamento en paralelo a la utilización de otros medios para llevar adelante la lucha de liberación.

 En las elecciones generales de 2011 los candidatos "independientes" presentados por el movimiento de liberación kurdo en cooperación con algunos pequeños partidos de izquierda turcos obtuvieron 36 escaños. Posteriormente se ha llegado a una situación en la que un partido basado en el movimiento kurdo ha logrado reunir la fuerza suficiente para desafiar el umbral en las elecciones de 2015. 

Desde la creación del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) a finales de los años 70, el objetivo principal del programa del movimiento ha sido la independencia del Kurdistán, dividido en cuatro países, y su posterior unificación. Pero el nuevo programa presentado por Abdullah Öcalan marcó un importante cambio en relación con la anterior reivindicación de un estado kurdo independiente. Quería la democracia para todos los pueblos en la región. 

El nuevo programa no fue comprendido de inmediato por muchos cuadros kurdos, ya que poco después de su publicación Öcalan fue obligado a abandonar su refugio en Siria, y emprendió una huida peligrosa. Finalmente, fue detenido por las fuerzas estadounidenses en Kenia y entregado a las autoridades turcas en 1999. 

Öcalan continuó elaborando su estrategia en la cárcel, abriendo el camino hacia una posible solución negociada. Su liderazgo ideológico sobre los cuadros más destacados de la dirección y de la organización guerrillera fue excepcional, e incluso los opositores más decididos contra el nuevo programa se vieron obligados a seguir la línea.

 La nueva estrategia era imprescindible a fin de crear un vínculo inseparable con los demócratas y socialistas radicales turcos, por lo que el movimiento de liberación kurdo se fue convirtiendo en un movimiento que abarcaba a todas las fuerzas de la oposición progresistas en Turquía; es decir, a todos aquellos dispuestos a avanzar hacia un cambio importante en la política turca.

 La respuesta de las diferentes tendencias de la izquierda turca a la nueva línea de Öcalan fue mixta. Algunos la apoyaron, pero la mayoría se distanció. El exito electoral de esta semana del Partido Democrático del Pueblo (HDP) es la prueba de la corrección de la dirección general de la línea política de Öcalan. A través de las llamadas negociaciones del proceso de paz de Oslo, que más tarde fueron saboteadas por el Estado y, a continuación, mediante las negociaciones de Imrali, que terminaron en una tregua tácita, el programa de Öcalan comenzó a hacer incursiones incluso entre los sectores más nacionalistas de la sociedad turca.

 Öcalan volvió gradualmente a intervenir en la política del país a través, por ejemplo, de sus discursos públicos con ocasión de la celebraciones de Newroz (año nuevo), así como en conferencias de prensa. En ellas expresó su firme compromiso con el alto el fuego y las negociaciones hacia una solución pacífica del conflicto. Sin embargo, en la medida que maduraban las condiciones para las negociaciones, el gobiernodel AKP se echó atrás y comenzó a buscar excusas para frenarlas. A medida que el gobierno se volvió más y más autoritario en relación con la guerra en Siria y los avances de la reacción sunita islamista organizada bajo el disfraz del Estado Islámico (ISIS), la única capacidad de defensa contra la embestida del ISIS fueron los guerrilleros kurdos en Kobanê. 

Recep Tayyip Erdogan y su partido abandonaron los acuerdos negociados y recurrieron a tácticas de chantaje para intentar forzar a los kurdos a apoyar al AKP en las elecciones presidenciales. Pero el movimiento de liberación kurdo se negó a aceptar tales dictados y presentó a su propio candidato. Las elecciones presidenciales se convirtieron en un catalizador para la HDP y uno de sus copresidentes, Selahattin Demirtas, se convirtió en el rostro afable del movimiento en la política del día a día.

 El HDP había dejado clara su intención de postularse como un partido independiente en las elecciones generales, y en un principio esta táctica de “todo o nada” fue considerada muy arriesgada. Los que no estaban dispuestos a correr el riesgo de perder la pequeña representación obtenida con la presentación de candidatos "independientes" en varias listas se resistieron a la idea.

 Sin embargo, Öcalan y el liderazgo de la HDP vieron una oportunidad para agrupar a la izquierda turca en un esfuerzo conjunto, e insistieron en una lista de partido para estas elecciones.

Desplazamiento Voto


Después de haber identificado la posibilidad de movilizar a la izquierda turca - incluso algunos de sus segmentos nacionalistas - se lanzó una campaña de persuasión. El cada vez más autoritario gobierno del AKP y las aspiraciones de Erdogan de convertirse en un todopoderoso dictador electo bajo la apariencia de presidente ejecutivo alienaron a amplios sectores de la opinión pública. La oposición a semejante recorte democrático se reflejó en el enfoque de la izquierda turca. Muchos grupos se sintieron atraídos y participaron en la campaña del HDP.

 A pesar de estos esfuerzos algunos sectores de la izquierda turca optaron por permanecer al margen. El principal grupo que no se unió a la campaña del HDP fue el Movimiento de Junio, que es una amalgama de fracciones del Partido Comunista legal recientemente escindido, alrededor del ODP (Partido Libertad y Democracia), que no es sino una reencarnación del movimiento Dev -Yol (Sendero Revolucionario) de los años 70 y 80. A pesar de la abrumadora presión de otros sectores de la izquierda, se mantuvieron al margen, y no pidieron a sus seguidores votar al HDP. 

Otro sector importante de la oposición al gobierno del AKP que no estaba dispuesto a votar al HDP fueron los alevis de Anatolia central. Los años de adoctrinamiento e ideología oficial dieron sus frutos y el nacionalista MHP (Partido de Acción Nacionalista, el partido de los infames Lobos Grises) aumentó su cuota de apoyo entre los votantes alevis, mientras que el partido de la oposición kemalista, el CHP (Partido Republicano del Pueblo), logró mantener su cuota de votos.

 La población aleví y kurda de los barrios obreros en las grandes ciudades transfirieron en gran medida su voto del AKP al HDP. Se estima que el AKP perdió el 8% de sus votos en esas áreas, mientras que el 15% de los votos alevis fueron para el HDP. Sin embargo, la cifra sigue siendo bastante baja, lo que indica que hay mucho por hacer para ganarse a la oposición alevi. Sin embargo, si se comparan las encuestas antes y después del inicio de la campaña electoral, los resultados indican un cambio considerable de opinión entre los alevis durante el período de la campaña electoral. 

En las provincias kurdas también ha tenido lugar otro gran cambio. Las tribus y confederaciones tribales, incluyendo las que participaron en la guerra sucia en el lado turco, cambiaron su lealtad del AKP al HDP. En las provincias kurdas los votos y, por consiguiente, los escaños obtenidos por el AKP han sido insignificantes. Hubo algunas circunscripciones en las provincias kurdas donde el HDP ha recibido más del 90% de los votos. 

El programa para la democracia de Öcalan implicaba que el HDP abordase a los diferentes sectores oprimidos de la sociedad y les animase a participar en las elecciones. Las mujeres fueron uno de los objetivos principales. El HDP mantuvo su posición de principios de nombrar a una mujer co-presidente en todos los niveles de la organización, y casi consiguió presentar en sus listas a tantas mujeres como hombres. Durante la campaña electoral las mujeres desempeñaron un gran papel, y el HDP consiguió una gran parte del voto de las mujeres urbanas educadas. 

Miembros prominentes de las comunidades armenias, romaníes y yezidis, así como alevis, fueron seleccionados para puestos de salida en las listas del HDP. Un enfoque similar fue utilizado para miembros conocidos de antiguas y nuevas organizaciones de izquierda.

 Se impulso una campaña entre los ciudadanos turcos que viven en el extranjero, y pagó dividendos. Por ejemplo, en Londres, a pesar de una baja participación (29%), el HDP obtuvo 60% de los votos. Los votos emitidos en el extranjero le otorgaron al HDP un escaño adicional. 

Posibilidades


El resultado de la elección fue un éxito a pesar de los ataques físicos a los mítines, las palizas y los asesinatos, así como la quema de los vehículos utilizados durante la campaña. La peor atrocidad fueron las dos bombas colocadas en una plaza de Diyarbakir, programadas para explotar durante un mitin electoral. Mataron a cuatro personas e hirió a cientos. Tales provocaciones fueron, sin embargo, evitadas en gran parte gracias a la actitud serena y sobria de los militantes de base del HDP y sus dirigentes.

 El HDP es ahora el tercero grupo parlamentario, pero este éxito implica nuevas responsabilidades y tareas. El incidente en Diyarbakir muestra cuan peligroso es el camino a seguir. La posibilidad de una dictadura de Erdoğan se ha evitado, y el AKP ha perdido su mayoría parlamentaria, pero los partidos de la derecha aún pueden formar un bloque mayoritario. 

El HDP debe encontrar como mantener el impulso de la elección para ampliar sus alianzas con otras fuerzas. En primer lugar, tiene que lidiar con sus propios defectos como partido formado tan rápidamente. Tiene que reorganizarse adoptando normas adecuadas sobre la base de la afiliación individual y garantizar la democracia interna, transformándose de una fusión de varios grupos, con todas las negociaciones internas que ello requiere y la existencia de disciplinas rivales, en una fuerza política coherente. 

El HDP debe abrir ante todo un amplio debate sobre el programa necesario para el movimiento. También tiene que planificar su futura actividad unitaria en apoyo de Öcalan, que sigue prisionero, y los dirigentes de la guerrilla, que tienen su base en las montañas de Qandil, en el Kurdistán iraquí. Deben aspirar a una solución negociada de la cuestión kurda a través de la democratización de Turquía y de los otros países de la región. 

Esen Uslu es un analista político residente en Estambul que contribuye con artículos regularmente a las revistas Sercesme y Sakayak.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

Fuente: sinpermiso

martes, 9 de diciembre de 2014

EL PACHÁ ERDOGÁN


  

Putin deja patidifusos a Obama y a los dirigentes europeos con el acuerdo-sorpresa de gas

Que hable Turquía
Mike Whitney
CounterPunch


El 1 de diciembre, el Presidente ruso Vladimir Putin cerró un revolucionario acuerdo con el Presidente turco Tayyip Erdogan que reforzará los lazos económicos entre las dos naciones y ha hecho de Turquía el principal receptor en la región del gas ruso. En función de los términos del acuerdo, Rusia bombeará gas adicional a las poblaciones del centro de Turquía y a un “enclave en la frontera turco-griega” que en última instancia va a facilitarle a Putin un acceso por la puerta trasera al lucrativo mercado de la UE, sirviendo Turquía de fundamental intermediario. La medida crea de facto una alianza ruso-turca que podría cambiar decisivamente el equilibrio regional del poder a favor de Moscú, dando así otra formidable estocada a la estrategia del “pivote hacia Asia” de Washington. Aunque los medios están describiendo el cambio en los planes (Putin ha abandonado el proyecto del gasoducto de la Corriente del Sur que habría transportado gas al sur de Europa) como una “derrota diplomática de Rusia”, parece ser que la realidad es todo lo contrario. Putin le ha ganado de nuevo la partida a EEUU tanto en el frente energético como en el geopolítico, añadiéndola a su larga lista de triunfos políticos. Aquí expongo un breve resumen del artículo de Andrew Korybko en Sputnik News:
“Rusia ha dejado atrás el conflictivo proyecto de la Corriente del Sur y lo ha sustituido ahora por Turquía. Esta trascendente decisión indica que Ankara ha optado por rechazar el euroatlantismo y abrazar la integración euroasiática.
En lo que posiblemente constituya el movimiento más importante hasta ahora hacia la multipolaridad… Turquía ha puesto fin a sus antiguas aspiraciones euroatlánticas. Nadie hubiera podido prever esto hace un año, pero el absoluto fracaso de la política de EEUU hacia Oriente Medio y la política energética de la UE han posibilitado este impresionante cambio en menos de tal período. Todavía se espera que Turquía tenga algunas relaciones privilegiadas con Occidente, pero la naturaleza global de la relación ha cambiado para siempre mientras el país se compromete oficialmente con una multipolaridad pragmática.
Los dirigentes de Turquía dieron un paso importante al sellar un acuerdo tan colosal con Rusia en un ambiente político extremadamente sensible, y es posible que la vieja amistad no pueda restaurarse de nuevo… Las repercusiones serán verdaderamente globales.” (“Cold Turkey: Ankara Buckles Against Western Pressure, Turns to Rusia”, Sputnik News)
Korybko parece hallarse solo en la comprensión de la magnitud de lo que sucedió ese lunes en Ankara, aunque –si juzgamos por el silencio de la administración Obama ante los hechos- la gravedad de la transacción está empezando a calar. El reciente movimiento del Gran Maestro Vlad ha cogido desprevenidos a los mandamases estadounidenses, dejándoles sin palabras. Es este un escenario que nadie había previsto y, como no se maneje de forma correcta, puede convertirse en una verdadera pesadilla. Veamos la conferencia de prensa de Russia Today:
“Putin dijo que Rusia está preparada para construir un nuevo gasoducto que satisfaga la creciente demanda de gas por parte de Turquía que va a incluir un núcleo especial de distribución en la frontera turco-griega para los clientes del sur de Europa.
Por ahora, el suministro de gas ruso a Turquía alcanzará los tres mil millones de metros cúbicos a través del gasoducto ya operativo Corriente Azul… Moscú reducirá también el precio del gas a los clientes turcos en un 6% a partir del 1 de enero de 2015, según manifestó Putin.
‘Estamos preparados para reducir los precios del gas además de la puesta en marcha de nuestros proyectos conjuntos a gran escala’, añadió.” (“Putin: Russia forced to withdraw from S. Stream Project due to EU stance”, Russia Today)
¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Cómo puede Putin dirigirse tan campante hacia Ankara, garabatear su nombre en unas pocas hojas de papel y escaparse con un aliado clave de EEUU justo bajo la nariz de Washington? ¿No hay nadie en la Casa Blanca que fuera suficientemente inteligente como para prever un escenario como este o es que todos han sido reemplazados por camorristas como Susan Rice y Samantha Powers?
La administración Obama ha hecho cuanto estaba en su poder para controlar el flujo del gas del este al oeste y socavar la integración económica rusa en la UE. Ahora parece que el astuto de Putin ha encontrado una vía para evitar las sanciones económicas (Turquía se negó a suscribir las sanciones a Rusia), sortear las coacciones y chantajes de EEUU (utilizados con Bulgaria, Hungría y Serbia) y evitar la inacabable beligerancia y hostilidad de Washington, al tiempo que consigue sus objetivos. Pero, -de nuevo-, ¿no es eso lo que Vd. esperaría de un astuto aficionado a las artes marciales como Putin?
“No quiero pegarte”, dice Vlad el malo. “Voy a dejar que tú mismo te atices”.
Y eso es lo que ha sucedido. Sólo tienen que preguntarle al aturdido de Obama quién ha quedado por encima de quién en cualquiera de sus encuentros con Putin.
Pero, ¿por qué el silencio? ¿Por qué la Casa Blanca no ha emitido un comunicado sobre el gran acuerdo gasístico ruso-turco del que todo el mundo está hablando?
Les voy a contar por qué. Porque aún no saben que el infierno ha acabado por alcanzarles, esa es la razón. El anuncio les ha pillado totalmente por sorpresa y no pueden comprender muy bien lo que todo ello implica para las cuestiones que están en lo alto de su agenda política exterior, como el pivote hacia Asia, las guerras en Siria y Ucrania, el tan cacareado gasoducto que iba desde Qatar a la UE y que se suponía que tenía que atravesar –sí, acertaron- Turquía. ¿Está todavía en marcha ese plan o la alianza Putin-Erdogan ha dado al traste también con esa joya? Seamos realistas, esta vez Putin les ha sacado del campo. El equipo de Obama está claramente fuera de la liga y no tiene ni idea de lo que está pasando. Si Turquía se vuelve hacia el este y se une al bloque ruso en ascenso, los políticos estadounidenses van a tener que descartar la mejor parte de sus planes estratégicos para el siglo que viene y volver a la Casilla 1. ¡Qué dolor de cabeza!
Hay un buen artículo en el New York Times del miércoles que resume perfectamente la ambivalencia de Washington hacia el gasoducto Corriente del Sur. He aquí el siguiente extracto:
“Rusia lleva mucho tiempo presentando el proyecto, propuesto en 2007 con buen sentido empresarial porque iba a proporcionar una nueva ruta para que el gas ruso llegara a Europa. Washington y Bruselas se han opuesto al proyecto sobre la base de que era una vía para cimentar la influencia rusa sobre el sur de Europa y por circunvalar Ucrania, cuyas disputas con Gazprom a causa de los precios interrumpieron dos veces los suministros hacia Europa en los últimos años.” (“Putin’s Surprise Call To Scrap South Stream Gas Pipeline Leaves Europe Reeling”, New York Times).
Este ha sido el argumento desde el principio, que vender gas a la UE refuerza de alguna forma el control maniaco de Putin sobre el continente. ¡Qué mentira! ¿Estaría Vd. dispuesto, querido lector, a apagar la calefacción, a romper su factura energética y morir de frío en la oscuridad para demostrarle a su compañía de gas que no está dispuesto a capitular ante su dominio tiránico?
Desde luego que no, porque la idea es ridícula. Al igual que bloquear la Corriente del Sur es ridícula. Putin está vendiendo gas, no tiranía. No pretende que la gente se ponga a taconear y marche al trabajo a paso de ganso. Eso es solo la propaganda de los tipos de la industria petrolera que han perdido en la competición por el suministro de combustible a la UE. Llámenlo frustración si quieren, porque eso es lo que es. Su gasoducto fracasó (Nabucco) y Putin ganó. Fin de la historia. Se llama capitalismo. Lidien con él.
Y aquí va otra cosa: Los países a los que habría servido la Corriente del Sur no tienen un suministrador sustituto para satisfacer sus crecientes necesidades de gas. Por tanto, por marchar tras las huellas de Washington, se han disparado a sí mismos en el pie. Los analistas dan por sentado que cualquier sustituto del gas ruso será probablemente un 30% más caro que si se lo hubieran pagado a Gazprom.
¡Hurra por EEUU! ¡Hurra por la estupidez!
EEUU estaba decidido a sabotear la Corriente del Sur desde el mismo principio, sobre todo porque Washington quiere que sus corporaciones y bancos controlen el flujo del gas hacia el mercado de la UE a través de gasoductos de propiedad privada en Ucrania. De esa forma pueden amontonar mayores beneficios aún en los monederos de sus accionistas. Sin entrar en demasiados detalles sobre los diversos métodos que EEUU ha utilizado para torpedear el proyecto, hay una historia que merece contarse y que apareció en Zero Hedge:
“… dos meses antes de que el gobierno de Ucrania fuera derrocado, el primer ministro de Bulgaria, Plamen Oresharski, ordenó detener los trabajos en la Corriente del Sur por recomendación de la UE. La decisión la anunció tras conversaciones con senadores estadounidenses.
‘En este momento hay una petición de la Comisión Europea, tras la que he ordenado suspender los actuales trabajos’, dijo Oresharski a los periodistas tras reunirse con John McCain, Chris Murphy y Ron Johnson durante su visita a Bulgaria el domingo. ‘Una vez consultemos con Bruselas, se adoptarán otras medidas’.
En aquel momento, McCain, al comentar la situación, dijo que ‘Bulgaria debería resolver los problemas de la Corriente del Sur en colaboración con sus colegas europeos’, añadiendo que en la actual situación querrían ‘menor implicación de Rusia’ en el proyecto.
‘EEUU ha decidido que quiere colocarse en una posición donde excluya a cualquiera que no le guste en los países donde crea que puede tener intereses, y no hay racionalidad económica alguna en esto’, dijo Ben Aris, editor de Business New Europe a RT.” (“Europe Gives Bulgaria A Bank System Lifeline As Battle Over ‘South Stream’ Pipeline Heats Up”, Zero Hedge).
A ver si lo entiendo: ¿El loco de McCain fue a darse una vuelta e inmediatamente empezó a ordenar a la gente que dijera que quiere “menos implicación rusa” y eso fue suficiente como para interrumpir la Corriente del Sur? ¿Es eso lo que me están diciendo?
Pues sí. Parece que es eso.
¿Les ayuda a ver lo que está realmente sucediendo? No se trata de Putin. Se trata del gas y de quién va a sacar beneficios de ese gas y en qué moneda se van a emitir las facturas de ese gas. De eso se trata. El resto de las tonterías sobre la “implicación rusa” o el terrorismo o los derechos humanos o la soberanía nacional es como hablar en chino. A la gente que dirige este país (como McCain) se le da una higa todo eso. Lo que les preocupa es el dinero; dinero y poder. Eso es.
Por tanto, ¿qué van a hacer ahora? ¿Cómo van los grandes supermachos de Washington a expresar su rabia ante esta nueva amenaza creada por Putin y Erdogan?
No hace falta ser un genio para imaginárselo, después de todo ya lo hemos visto antes un millón de veces.
Van a ir como fieras a por Erdogan. Es lo que hacen siempre, ¿no es cierto?
La única razón de que no hayan ido ya es porque están tratando de aclararse y eso les lleva normalmente un día o dos. Pero tan pronto como se organicen empezarán a cargarse poco a poco al viejo Recep con descalificaciones humillantes. Erdogan va a ser el nuevo Hitler y la mayor amenaza para la humanidad que el mundo ha visto. Pueden apostar por ello.
La denunciante Sibel Edmonds piensa que Washington se la tiene jurada a Erdogan desde hace tiempo, que la historia se remonta a una bronca que tuvo con la CIA unos cuantos años atrás. En cualquier caso, da buena cuenta de lo que podemos esperar ahora que Erdogan está en la lista de los enemigos de Washington. He aquí un extracto de su escrito en Boiling Frogs:
“Todos sabemos lo que sucede con esos títeres cuando acaban alejándose de la CIA. ¿No es verdad? La ruptura conlleva siempre expiración. Una vez que se considera que un títere está acabado, he ahí entonces que de repente empieza la inversión propagandística: Se sacan todos los esqueletos de lo profundo del armario y se filtran a los medios. Sus violaciones de los derechos humanos anteriormente pasadas por alto son sometidas a escrutinio bajo microscopio. La carta terrorista entra asimismo en la ecuación. Y la lista continúa…
Todos los regímenes y títeres instalados por el Imperio deben comprometerse con los mandamientos del Imperio… No violarás los mandamientos imperiales. Porque si lo haces entonces te vas a ver humillado, expuesto, desinstalado y puede que incluso te maten. Todo lo que tienen que hacer es mirar la historia del siglo pasado. Vean lo que sucede cuando un títere instalado se confía demasiado, se vuelve arrogante y hace caso omiso de uno o más mandamientos. Entonces es cuando renace convertido en dictador, déspota, torturador y, sí, terrorista. Y se ponen a excavar en los patios traseros hasta encontrar unos cuantos gramos de armas de destrucción masiva…
Lo miren por dónde lo miren, los días de Erdogan están contados… Cualquiera que se atreva a ser temerario será castigado y convertido en ejemplo para el resto de títeres instalados…” (“Turkish PM Erdogan: The Speedy Transformation of an Imperial Puppet”, BFP)
Ahí lo tienen. Eso es lo que pueden esperar a finales de semana cuando los medios empiecen a demonizar a toda máquina a Erdogan, el hombre que se atrevió a actuar con independencia y puso los intereses de su propio pueblo por encima de capos mafiosos. Como les diría cualquiera que haya seguido la política exterior estadounidense durante los últimos sesenta años: ¡Eso no se hace!

Mike Whitney vive en el Estado de Washington. Colaboró en el libro “Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion” (AK Press). Hopeless también existe en una edición Kindle. Contacto

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.



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