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sábado, 2 de julio de 2016

La India y Pakistán entraron en la OCS el día del Brexit


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La Organización de Cooperación de Shanghai representa ahora dos terceras partes de la población mundial, además de contar entre sus miembros la primera economía mundial (China) y la primera potencia militar en materia de guerra convencional (Rusia).

por Alfredo Jalife-Rahme

Para el profesor Alfredo Jalife-Rahme, considerado el principal especialista latinoamericano en geopolítica, la simultaneidad entre la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la entrada de la India y Pakistán en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) marca el viraje que está viviendo el mundo. La desglobalización está en marcha.



La caída del muro de Berlín en 1989 impuso la unipolaridad geoestratégica de Estados Unidos y la tóxica globalización financierista, que sembró una descomunal desigualdad local/regional/global, aparejada de un enorme desempleo y una austeridad ­asfixiante.

El Brexit, medio siglo después del desregulado y pernicioso thatcherismo y a 27 años de la caída del muro de Berlín, marca el inicio del doloroso trayecto de la desglobalización [1] que implica cambios geoestratégicos que acentúan la tendencia dinámica de la multipolaridad.

El Brexit constituye la placa tectónica geoestratégica en movimiento que traerá consecuencias profundas para el nuevo orden global que defino como tripolar entre Estados Unidos, Rusia y China.

En una visión de corto y mediano plazos, el Brexit equivale a la caída del muro de Berlín.

En una visión de largo plazo, al estilo de Fernand Braudel, el Brexit equivale a un "anti-Waterloo": revierte el trayecto ascendente de Gran Bretaña desde su decisivo triunfo militar de hace 201 años en la antigua Bélgica, sede hoy de la dislocada Unión Europea.

Para el editorial del diario chino Global Times, «el futuro paisaje de la política global es probable que conlleve a cambios mayores, similares a los atestiguados en la historia geológica con la ruptura del antiguo supercontinente Gondwana hace 180 millones de años» (sic) [2].

Las fichas geoestratégicas dispersas de la Unión Europea serán repartidas entre Estados Unidos y Rusia (con China en el asiento de atrás).

En los asertos selectivos de las tres superpotencias quizá se resuma el núcleo del nuevo orden global como consecuencia del Brexit: Estados Unidos afirma que ganó Rusia; China asevera que ganó el dólar y perdió el euro y Rusia asegura que ganó China.

En forma "premonitoria", tres días antes del Brexit, el maligno megaespeculador George Soros –quien contribuyó a la demolición de la Unión Europea y del euro usando a los migrantes y los «capitales golondrinas»– vislumbraba ya a Rusia como la «potencia global emergente», al unísono del «desvanecimiento de la Unión Europea» [3].

El primer ministro de Hungría, Victor Orban, había ya responsabilizado a Soros de propiciar la crisis migratoria del Medio Oriente para hundir a Europa [4].

No fue gratuito que Soros haya sido de los principales ganadores del tsunami financiero causado por el Brexit al haber apostado al desplome de las acciones bursátiles y al alza del oro [5].

Ahora Soros apuesta por aniquilar el principal banco alemán/europeo, Deutsche Bank, y así beneficiar a los “banksters” de Wall Street y la City [6].

Mi artículo del año pasado resultó premonitorio:

«Gran Bretaña abandona a Estados Unidos por China: alianza geofinanciera con “holandización”, cuando la complementariedad de las máximas reservas de divisas de China con el know-how financierista de la City (Londres) construye el andamiaje multipolar para el nuevo orden geofinanciero del siglo XXI» [7].

No muy alejado de mi abordaje, Thierry Meyssan, director de Red Voltaire, arguye que el Brexit, apoyado por la reina Isabel II de Inglaterra, y la reorientación de Gran Bretaña hacia el yuan chino, equivale a la caída del muro de Berlín y representa la «redistribución de cartas de la geopolítica mundial» [8].

En mi artículo anterior [9] argumenté sobre la «coincidencia geoestratégica de destino: el mismo día que la Unión Europea iniciaba su implosión, el Grupo de Shanghai (OSC) celebraba su 16ª Cumbre en Tash­kent (Uzbekistán), donde se reunieron el zar Vladimir Putin y el mandarín chino Xi, y aprobaron el protocolo de ingreso de dos grandes pesos pesados nucleares [10]: India y Pakistán [11]. ¡Fin de una era!»

En realidad, se trató de dos coincidencias de destino geoestratégico, porque, al día siguiente del Brexit y despúes de haber concurrido a la cumbre 16 del Grupo de Shanghai en Tashkent, Putin realizó una visita de 2 días en China, donde profundizó sus lazos estratégicos con Xi.

Las dos coincidencias geoestratégicas en Eurasia –de Tashkent a Pekín– fueron escamoteadas por los desinformativos mass media del angustiado "Occidente".

Con su legendario sarcasmo, el zar Putin, 7 días antes del Brexit, aceptó –en la reunión financiera de San Petersburgo– que «probablemente Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia mundial» (doble sic), mientras se alistaba «para trabajar con quien sea que gane este año la presidencia en Washington», aunque «no quiere que los estadounidenses le digan cómo tiene que vivir» [12].

El mismo día del Brexit ingresaron al Grupo de Shanghai dos potencias nucleares del subcontinente indio: la India, dotada de 110 a 120 ojivas nucleares [13], y Pakistán, de 110 a 130 ojivas [14].

El Daily Times aduce que «el ingreso de Pakistán a la OSC es muy significativo en el escenario geopolítico cambiante» [15].

Con menor entusiasmo que Pakistán, The Hindu exulta que «la India y Pakistán serán miembros plenos de la OSC» [16]. Se infiere que China apadrina a Pakistán y Rusia a la India.

No todo es color rosa en el Grupo de Shanghai, ya que, según Yang Jin, de la Academia de Ciencias Sociales de China, la «crisis financiera global, los precios alicaídos de las materias primas de primera necesidad (staple commodities) y el deterioro por las sanciones económicas aplicadas a Rusia han ejercido efectos negativos en la estabilidad y la economía de los miembros de la OSC», cuando las «grandes potencias (léase: Estados Unidos y su "plan Brzezinski") han intervenido profundamente en los asuntos regionales y perturbado los intereses conjuntos de los miembros de la OSC», lo cual «ha dificultado su cooperación circular» y que, además del binomio de las superpotencias China y Rusia, ostenta la membresía de cuatro países centroasiáticos –Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán– con un «numero de disputas sobre territorio, recursos acuíferos y etnicidad» [17].

¿Cuál será el ímpetu que dará la incorporación de dos potencias nucleares como la India y Pakistán al Grupo de Shanghai, que no ha tenido el desarrollo esperado después de 16 cumbres?

El grave problema del despliegue de la OSC es que tiene que definir su objetivo primordial, cuando padece el dilema de formar un grupo de «seguridad militar euroasiático» para contrarrestar a la OTAN y/o integrar un vulgar bloque mercantilista.

La mayor coincidencia geoestratégica resultó el transcendental acercamiento entre el oso ruso y el dragón chino.

The People’s Daily afirma el «compromiso de una asociación implacable (sic) entre China y Rusia» [18], mientras Cao Siqi comenta que «China y Rusia fortalecen la estabilidad global» y «han alcanzado un consenso contra la hegemonía de Estados Unidos» [19].

Un editorial del Global Times considera que la «presión de Estados Unidos estimula lazos más estrechos entre China y Rusia», cuando «Washington es incapaz de derrotar al dragón chino y al oso ruso al mismo tiempo» [20].

¡Murió la vieja era; viva la nueva era!

Alfredo Jalife-Rahme
Fuente
La Jornada (México)
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[1] Hacia la desglobalización, par Alfredo Jalife-Rahme, Jorale/Orfila (2007), ISBN 978-9685863223.

[2] “Shock waves of UK exit’s impact will rearrange the face of global politics and markets”, Anbound, The Global Times, 27 de junio de 2016.

[3] “Soros sees Russia emerging as global power as EU fades”, Andy Bruce y Kit Rees, Reuters, 20 de junio de 2016.

[4] “Hungarian Prime Minister accuses billionaire investor George Soros of trying to undermine Europe by supporting refugees travelling from the Middle East”, Jennifer Newton, Daily Mail, 30 de octubre de 2015.

[5] “Billionaire Soros Was ‘Long’ on Pound Before Vote on Brexit”, Francine Lacqua & Sree Vidya Bhaktavatsalam, Bloomberg, June 27th, 2016.

[6] “Soros had Deutsche Bank ’short’ bet at time of Brexit fallout”, Arno Schuetze, Reuters, June 28th, 2016.

[7] «Gran Bretaña abandona a EU por China: alianza geofinanciera con "holandización"», Alfredo jalife-Rahme, La Jornada, 25 de octubre de 2015.

[8] «El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 27 de junio de 2016.

[9] “Brexit: ganó el nacionalismo británico/Perdió la globalización/Derrota de Obama/Triunfo de Putin”, Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, 26 de junio de 2016.

[10] « Ташкентская декларация », Сеть Вольтер, 24 июня 2016.

[11] «"Un nuevo significado, un nuevo peso": La organización que unirá casi a la mitad del planeta», Russia Today, 24 de junio de 2016.

[12] «Presidente ruso Putin dice acepta rol de superpotencia de EEUU, diluye elogios a Trump», Grigory Dukor, Reuters, 17 de junio de 2016.

[13] “Indian nuclear forces, 2015”, Hans M. Kristensen & Robert S. Norris, Bulletin of Atomic Scientists, 1º de septiembre de 2015.

[14] “Pakistani nuclear forces, 2015”, Hans M. Kristensen y Robert S. Norris, Bulletin of Atomic Scientists, 1º de septiembre de 2015.

[15] “Pakistan’s entry at SCO significant in changing geopolitical scenario”, Daily Times, 26 de junio de 2016.

[16] “India, Pakistan become full SCO members”, The Hindu, July 11th, 2015.

[17] “SCO needs to overcome diverse demands”, Yang Jin, Global Times, 26 de junio de 2016.

[18] “China, Russia pledge "unswerving" partnership”, People’s Daily, 27 de junio de 2016.

[19] “China, Russia to strengthen global stability”, Cao Siqi, Global Times, 27 de junio de 2016.

[20] “US pressure spurs closer Sino-Russian ties”, Global Times, 27 de junio de 2016.

Alfredo Jalife-Rahme

Alfredo Jalife-Rahme Profesor de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Publica crónicas sobre política internacional en el diario La Jornada. Último libro publicado: China irrumpe en Latinoamérica: ¿dragón o panda? (Orfila, 2012).

Fuente:  La Jornada (México)

Artículo bajo licencia Creative Commons

lunes, 10 de febrero de 2014

El futuro de Pakistán está vinculado a los talibanes

 

RAWLPINDI, PAKISTAN

 

 

La agonía de Afganistán y las consecuencias de la retirada de EE UU y sus aliados. Dossier

Tariq Alí

Hace doce años, unas pocas semanas después de la ocupación de Afganistán,sugerí (en estas páginas) que la euforia despertada por una conquista fácil estaba fuera de lugar. Sería una guerra larga y uno de sus efectos secundarios sería desestabilizar seriamente Pakistán. Por desgracia, los acontecimientos no han contradicho el análisis. El desbordamiento en Pakistán ha estado provocando el caos durante años. La opinión de que esto no tiene nada que ver con Afganistán es demasiado superficial para merecer una consideración seria.

No es ningún secreto que, desde el 9/11, los sucesivos gobiernos -Musharraf, Zardari y ahora los hermanos Sharif - han consentido los ataques con aviones no tripulados de Estados Unidos y han estado al tanto de las operaciones encubiertas de la CIA en Pakistán. Las encuestas de opinión, sin embargo, revelan que una gran mayoría de ciudadanos paquistaníes se oponen a las políticas estadounidenses. La capitulación de los partidos laicos liberales ante Washington dejó el campo libre a los grupos armados fundamentalistas religiosos, que comenzaron a desafiar el monopolio de la violencia legítima del Estado, presentándose como defensores del Islam y de los oprimidos pastunes en Pakistán. Sus afirmaciones son falsas.

Sólo el año pasado el TTP (Movimiento Talibán de Pakistán), el mayor de los grupos fundamentalistas armados, ha llevado a cabo cientos de ataques en diferentes partes del país, masacrando a cientos de inocentes y la mitad de esa cifra de personal de seguridad y militar. ¿Quiénes eran los muertos? Los cristianos en Peshawar, chiítas en otras partes del país, la flota de guerra en Karachi, agentes de inteligencia y policías y soldados en todas partes.

Los intentos de los militares en los últimos años para desalojarlos de ciertas áreas que controlaban (Swat es el mejor ejemplo) fracasaron por dos razones: la aplanadora maquina militar es torpe e imprudente, a menudo logra exactamente lo contrario de lo que se ha propuesto antes de tener que retirarse, y, en segundo lugar, una vez que los soldados regresan a los cuarteles, la infraestructura civil es demasiado débil para resistir las intrusiones armadas de los militantes islamistas. El patrón se repite y nada cambia.

Hace unas semanas, el TTP atacó el cuartel general militar en Rawalpindi, matando a soldados y civiles. Cuando el primer ministro, Nawaz Sharif, llegó a visitar a los heridos en un hospital local, multitudes de ciudadanos enojados corearon los más selectos insultos en punjabi contra el TTP y exigieron una respuesta contundente. Sharif, visiblemente afectado, autorizó a uno de sus ministros más cercanos a declarar virtualmente la guerra: se ordenó a la fuerza aérea paquistaní atacar las bases del TTP. Los líderes del TTP se sorprendieron, y pidieron de inmediato conversaciones con el gobierno.

Pidieron a Imran Khan, líder del PTI - el gobierno provincial en la provincia de Pakhtunkhwa, fronteriza con Afganistán - que formase parte de su delegación. Avergonzado por la solicitud, se negó. Pero otros han aceptado, incluyendo Sami-ul-Haq, el espeluznante clérigo a quién se considera como el "padre de los talibanes". Nawaz Sharif ha decidido dar marcha atrás a partir de la acción militar, y se espera que las conversaciones comiencen muy pronto. Pueden producir un alto el fuego temporal, pero no mucho más.

A pesar de horrorosa la serie de atentados recientes, el corazón del problema sigue siendo Afganistán. No es porque el TTP y sus redes sean tan poderosos que sus líderes no puedan ser encontrados, capturados, acusados y castigados. El hecho es que, con la retirada inminente de los EE.UU. de Afganistán, el servicio de inteligencia de Pakistán, el ISI, y sus jefes en Pakistán no puede permitirse el lujo de ofender al TTP demasiado. Islamabad ha desarrollado la teoría de la "profundidad estratégica": mantener Afganistán fuera de las manos de los aliados de la India como una estrategia defensiva contra la India. Esto siempre fue un poco absurdo, teniendo en cuenta que tanto la India como Pakistán son potencias nucleares y cualquier conflicto serio sería un desastre para ambos países.

Además, los pastúnes de Afganistán siempre han resentido la división británica de sus tierras y no pocos en Pakistán se sienten más cerca de sus hermanos afganos que del régimen en Islamabad. El velo de los talibanes ha enmascarado esta hostilidad y le ha dado colores religiosos, pero, en el fondo, la cuestión nacional sigue siendo fuerte. Si una sección del ISI apoya a las redes armadas, es difícil para otras alas del ISI acabar con ellas.

Una solución duradera, que puede muy bien que no sea la preferida por muchos paquistaníes, vendrá después de que los EE.UU. y sus aliados hayan abandonado el país. El presidente títere, Hamid Karzai, es consciente de todo esto, y ha declarado: "Los talibanes son nuestros hermanos", y denunciado la presencia británica en Helmand. Probablemente tratará de promover el nacionalismo pastún para debilitar a Islamabad. Hay mucho en juego para todas las partes.

Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Uno de sus últimos libros publicados esThe Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power [hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid, 2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].

http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/feb/04/pakistan-future-tied-to-taliban

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