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sábado, 6 de agosto de 2016

Crónicas desde Cisjordania ocupada. Parte I

Un buldócer del ejército israelí demuele la casa de un palestino en presencia de su propietario
hispantv.com


Pablo Jofre Leal
Hispantv


Desde Santiago de Chile, viajar a los territorios ocupados palestinos implica una jornada de al menos 20 horas de vuelo. Combinando el tramo Santiago-Roma.
Luego, despegar desde la capital italiana y aterrizar en Tel Aviv, una de las puertas de entrada, para asi tomar rumbo a Cisjordania, destino principal de este periplo.

Desde el momento en que se pisa este suelo milenario, ubicado en Oriente Medio, sujeto a la ocupación y dominio israelí, la emoción de mis acompañantes, gran parte de ellos miembros de la comunidad Palestina de Chile -ciudadanos chilenos cuyo origen familiar hunde sus raíces en las localidades cisjordanas de Beit Jala, Beit Sahour y Bethlemen, principalmente- se comienza a percibir con creciente intensidad. Esto, pues cada una de las injusticias cometidas contra la población palestina, sea esta musulmana o cristiana, es un dardo venenoso al corazón de los Garib, Jadue, Ebuid, Khamy, entre otros y un alerta a la conciencia de aquellos, que no siendo palestinos recorren esta zona y constatan los múltiples efectos de la ocupación israelí.

Visitar Palestina, conocer los resultados políticos, demográficos, económicos y los temas vinculados a la violación de derechos humanos, tras 49 años de ocupación israelita -derivados de la guerra del año 1967- como tambien la realidad de cientos de miles de refugiados, que tras la Nakba el año 1948 se han convertido en miembros transterrenos de su propia tierra o en países vecinos, permite acumular legítima rabia e indignación frente al actuar de la entidad sionista contra la sociedad palestina. Los primeros pasos en Palestina van acompañados de una pesada carga emocional para los descendientes de esta tierra, pues bien saben que esa aparente luminosidad, las tiendas de lujo, el agua que se muestra en todos los rincones y los oropeles exhibidos en el moderno aeropuerto de Tel Aviv, llevan en su seno el sometimiento de millones de sus hermanos y la expoliación de sus riquezas naturales e históricas. El grito contenido, los ojos vidriosos, las palabras que expresan tantos años de ignominia, son el preludio de jornadas intensas.

Cisjordania como expresión del apartheid

Tras la revisión de papeles, las preguntas de rigor, sobre todo a aquellas personas que exhiben sus apellidos de origen árabe, entramos al fin a la tierra de sus ancestros. Allí, cinco millones de palestinos viven bajo condiciones establecidas por Israel y una política de colonización, ocupación militar y violación permanente de los derechos humanos sobre la población de las localidades cisjordanas, como también contra los habitantes de la Franja de Gaza, que viven el sometimiento de la entidad sionista, aún en condiciones más extremas y sobre la cual ya tendremos oportunidad de profundizar y constatar el despojo y la violación constante a sus derechos más básicos.

Ya en Cisjordania, entramos a Ramalá, la capital administrativa de la Autoridad Nacional Palestina - ANP - no sin antes pasar por uno de los 550 check points fijos y otros tantos cientos móviles, donde obligatoriamente todo palestino debe someterse a un riguroso control de identidad, que le permita moverse por su propia tierra. En el terreno podemos visualizar, al alcance de la mano, la estructura vergonzosa del Muro que dia a dia construye y expande Israel, para cercar a la población palestina, rodear sus aldeas y ciudades, dividir sus tierras de cultivo e ir estrechando y asfixiando a su gente, que cotidianmente ve mermada sus posibilidades de desarrollo y movilidad.

Un día cualquiera, un palestino cualquiera, habitante de Tulkarem, Nablus, Bethlemen, Al-Jalil, Beit Jala, Qalquiliya, Beit Sahour, Beit Safafa, Jenin, entre otras, puede salir de su casa, ir a su pequeña huerta, trabajar la tierra y al día siguiente constatar que se está construyendo o expandiendo un muro de hormigón, de 8 metros de alto y que se ha instalado un Check Point a la puerta de su hogar, que le exige presentar sus papeles de identidad y solicitar un permiso para visitar sus tierras ancestrales. Cisjordania se convierte así en una tierra salpicada de zonas ocupadas, de muros, de controles, de impedimentos para moverse, de carreteras para palestinos y otras de uso exclusivo para israelíes. La supuesta "mayor democracia de Oriente Medio" con que suele definirse a Israel, no es mas que una pantalla de un estado totalitario, que lo mismo somete a los palestinos, que a su población de origen Árabe.

Israel es un remedo de democracia representativa, dominada por lo más execrable del sionismo. Una entidad criminal, una etnocracia como la define el académico israeli Oren Yiftachel pues prevalece en ella la pertenencia a un grupo étnico por sobre el concepto de ciudadanía. Israel, recordemos, se define como un Estado judío. Y, una entidad autodefinida asi no puede ser democrática cuando el 20 % de su población no es judía y donde todos los proyectos de desarrollo son para aquellos que profesan dicha religión. "Israel es un régimen que sirve de instrumento para una mayoría étnica - judía - en detrimento de una minoría Árabe" afirma Yiftachel.

Consigno que, cuando menciono el nombre de Cisjordania o si el lector atento acude a un mapa para saber de que se está hablando, sobre todo cuando se discute tanto sobre la idea de los Dos Estados, se omite interesadamente, por gran parte de los medios de comunicación, que la realidad de esta Cisjordania ocupada es la de un territorio absolutamente fragmentado. Expresión de esa política de balcanizar y llevar a la práctica los objetivos de dominio de la región. Una Cisjordania dividida y segregada por el Muro de la Vergüenza, que se extiende por 700 kilómetros, con el 85 % de esa construcción situada en territorio palestino, violando la denominada Línea verde y que pruebe que la supuesta defensa de la seguridad israelí es simplemente un pretexto para justificar la a sino sistemática y de facto de grandes áreas de Cisjordania mediante el despojo, el control permanente y represivo sobre la población civil y hacer del miedo una crónica y patente realidad.

Sobre todo por la política de asentamientos llevada a cabo por Israel que ha significado, desde el año 1967 a la fecha, tener 550.000 colonos israelitas en territorio palestino. Un realidad, que bajo estas condiciones de dominio, hace concluir que la idea de crear un Estado Palestino es simplemente una utopía. Una realidad que muestra bantustanes palestinos en Cisjordania, impedidos de establecer relaciones, de unirse, separados por cientos de Check points fijos y móviles. Cisjordania ha devenido así, en una tierra de Apartheid.

Una idea de un Estado palestino con plena autodeterminación es un objetivo tan lejano como imposible a 23 años de los denominados Acuerdos de Oslo, que se difumina con la misma fuerza con que aumenta la presencia y acción de asentamientos de cientos de miles de colonos israelíes. Hombres y mujeres armados, extremistas, dotados de la más extrema ideología sionista, que usurpan día a día tierras palestinas. Colonos, que en su papel de punta de lanza de la politica genocida de Israel, cuentan con la protección y complicidad del Ejército Israeli y de los políticos del Likud, muchos de ellos colonos como es el caso del Ministro de Defensa (Avigdor Lieberman) que reside en el asentamiento de Nokdim cerca de Bethlehem.

Un Lieberman calificado por sus detractores como arrogante y lunático e incluso el líder de la oposición, el laborista Isaac Herzog, sostiene que con este sionista se avecinan días de guerra y funerales. Gobierno y Ministros, que unen sus esfuerzos en hacer la vista gorda, como también alentan los crímenes que suelen cometer los habitantes de los asentamientos sionistas, que a la hora de recibir algún tiempo de respuesta legítima de los palestinos, frente a tropas de ocupación, suelen elevar el grito al cielo, avalado en ello por la complicidad criminal de sus socios europeos y el aval mayor, Washington, devenido en el principal sostén político, económico y militar de la entidad sionista. No existe mayor justicia en materia de combatir al invasor que hacer del esfuerzo cotidiano, con todas las formas de lucha, un objetivo noble y necesario de llevar a cabo, con el apoyo de los pueblos del mundo.

Israel y su política de Ocupación

​La acción de Israel contra el pueblo palestino, la conducta de sus políticos y las decisiones en materia de sentimientos, agresiones y violación de los derechos del pueblo palestino, nos hace concluir que nos encontramos ante una política de terrorismo de Estado, que viola permanentemente todas las convenciones relativas a la protección de los derechos humanos. Las resoluciones de la Organización de Naciones Unidas - ONU - que ha reiterado en innumerables oportunidades que se cumpla la resolución N° 254 del año 1967 que obliga a Israel a retirarse de los territorios ocupados. Sin que la entidad sionista, ante el incumplimiento de sus obligaciones internacionales reciba sanción alguna, con una impunidad que muestra la doble moral de la política internacional y principlamente de países como Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que suelen aplicar su veto frente a cualquier posibilidad de sancionar a Israel.

Esta división de Cisjordania tiene su origen en los Acuerdos de Oslo, duramente criticado por gran parte de la dirigencia Palestina actual, autoridades y población que tuve oportunidad de conocer. Esto -pues los Acuerdos de Oslo, llevados a cabo y firmados por un núcleo muy reducido de dirigentes palestinos, principalmente el fallecido Yasser Arafat y su círculo de hierro - acordó una serie de pactos con Israel en aras de proveer de cierta autonomía a los palestinos, que se suponía, al cabo de un lustro de gobierno internino, se concretaría con la creación de un Estado palestino. Renegociando, en el intertanto, aspectos substanciales no concretados tanto en Madrid como en Oslo. Fue en la capital noruega donde se definió dividir Cirjordania en distintas Zonas - A, B y C - con jurisdicciones diversas, mientras se avanzaba hacia la autodeterminación. Transfieriendo más poderes a la Autoridad Nacional Palestina -ANP - creada en el marco de estos acuerdos.

Nada de ello se cumplió, dejando lo transitorio como algo permanente, sin resolver y con la decisión israelí de aprovechar esta situación para ir apropiándose de más y más tierras, asentando miles de colonos en tierras cisjordanas, adicionando nuevos tramos del muro, demoliendo hasta ahora 10 mil viviendas palestinas bajo las más abyectas excusas y ejecutando acciones armadas destinadas a aterrorizar a la población palestina. Los Acuerdos de Oslo han sido un fracaso para el pueblo palestino, la rúbrica de sus destrucción. Un documento cuya esencia ha sido prostituida, violada y sólo ha servido para oprimir, en un supuesto marco de acuerdos, a millones de palestinos, que viven bajo el yugo israelí tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania.

La Zona A a la cual hago referencia refiere a ciertos territorios en la Cisjordania donde la ANP tiene, aparentemente, el control total sobre la seguridad y sobre asuntos civiles. Es hablar de un 18% del territorio y engloba las principales ciudades y los territorios de alrededor, sin asentamientos -según lo señalaba Oslo, pero que hoy, por donde enfoques la mirada se alzan las cómodas, protegidas y subsidiadas viviendas de los colonos-. En teoría la ANP controla la seguridad de estas zonas, pero la realidad cotidiana indica que no hay dia en que el ejercito israelí no entre en la Zona A para realizar sus incursiones, arrestar a posibles sospechosos de lo que se le ocurra al mando militar israelí, demoler viviendas y sembrar el terror.

El propio ejército ocupante define el empleo de la violencia contra los palestinos, su población civil y el castigo colectivo, como parte de su política de "cauterización de la conciencia" convirtiéndose así en una de las bases de la estrategia de ocupación: asesinatos selectivos, arrestos indiscriminados, destrucción y confiscación de propiedades e infraestructura Palestina. Invasión y control del ámbito privado de los hombres y mujeres de las ciudades y pueblos de Cisjordania. Se une a ello lo que los militares sionistas definen como "la demostración de fuerza" destinado a infundir temor mediante patrullajes nocturnos, disparos a diestra y siniestra, actividades de hostil inacción y perturbación de la vida cotidiana, controles de identidad, imposición de toque de queda, ocupación de viviendas como centros de vigilancia entre otras múltiples actividades de este ejército ocupante.

La Zona B, y claramente en teoría, es un sector de la Cisjordania donde la ANP tiene el control civil y comparte con los israelitas el control militar. Constituye el 21% del territorio y se supone no debería tener asentamientos, pero la realidad indica que dicho acuerdo es parte de una más de las ficciones establecidas con Israel que juega con el tiempo y la paciencia del pueblo palestino. Consciente del poder de sus armas, la desunión de la sociedad palestina a través de sus representantes políticos, el abandono del mundo Árabe a las pretensiones de autodeterminación y sobre todo la complicidad de Washington y sus aliados en mantener el actual estado de cosas. La zona B ha visto crecer en su entorno miles de viviendas en asentamientos de colonos en Ma ale Adumin, Gilo, Har Homa, Efrata Elazar, Nokdim, Altarot y las zonas de expansión definidas en el Área signada como E1 parte de un plan destinado a partir Cisjordania en dos. Itamar, colonia judía situada a cinco kilómetros de Nablus, es uno de los ejemplos de la forma de actuar mancomunada de colonos, ejército y gobierno. Itamar ha sido creada en virtud de la usurpación de propiedades palestinas, instalando unas cuantas casas rodantes, para cambiarlas posteriormente por unos containers y la posterior petición al ejército para "protegerlos" de los legítimos dueños de esa tierra. Una estrategia repetida hasta el hartazgo, que expresa no sólo una conducta criminal, sino que el claro objetivo de llevar a cabo una política genocida contra el pueblo palestino, hacerlo desaparecer del conjunto del territorio.

La Zona C es de exclusivo control civil y militar de Israel y supone el 60% de Cisjordania. Incluye todos los asentamientos -ciudades, pueblos barrios, tierras, cultivos, carreteras exclusivas para Israelitas- que conectan esos asentamientos con Israel. A lo que se suman las áreas que la ley israelí define como "zonas de seguridad" que incluyen, entre otras, a las tierras adyacentes al muro de la vergüenza, tierras declaradas parques naturales y aquellas zonas descritas como "áreas de entrenamiento militar". En esta Zona C viven 400.000 israelitas bajo la condición de ocupantes ilegales y 150.000 palestinos sometidos al permanente arbitrio de las leyes de la entidad sionista.

Sumemos a lo descrito el hecho que las restricciones a la vida palestina suma, por ejemplo, las limitaciones para construir casas nuevas o renovar aquellas existentes o refaccionar las que requieren trabajos indispensables. Únase a ello el tema del agua, parte de la estrategia de construir asentamientos sionistas alli donde se construyen, porque los estudios hidrográficos establecen la presencia de importantes reservas acuíferas, quedando asi, en manos de Israel, gran parte de las fuentes de agua dulce del territorio palestino y su distribución. El 55% del agua de Cisjordania es utilizada por Israel y sus colonias y el 15% restante es para los habitantes palestinos de Cisjordania, que han poblado el paisaje de sus ciudades y aldeas de los característicos tanques de color negro para abastecerse del vital elemento. En sitios como Betheleme, por ejemplo, como en Beit Jala, el agua llega cada diez dias o cada 20 según disponga el "criterio" israelí dejando a miles de familias sin agua. Una de las formas de oprimir a su población y tratar de obligarlas a emigrar.

Hoy, las ciudades palestinas en la Cisjordania ocupada son urbes, aldeas y pueblos rodeados de muros, carreteras exclusivas para sus residentes judíos y que poco a poco están cortando el acceso entre el norte y el sur de Cisjordania. Justamente esa es la idea, el objetivo, la estrategia israeli y sus gobiernos sean estos laboristas o del Likuk: dividir e impedir cualquier posibilidad de concretar un Estado Palestino. La ruptura de la continuidad territorial de Cisjordania, que hace imposible el establecimienrto de un Estado Palestino viable, es una política llevada a cabo centralizadamente, con plena aprobación de los más altos cargos políticos y militares israelies, que bien saben que no tendrán resistencia alguna de parte de los gobiernos aliados, que ciegos, sordos y mudos son cómplices por acción y omisión de los crímenes de lesa humanidad que Israel comete contra el pueblo palestino.

Al entrar a Ramalá, ubicada a 15 kilómetros al noroeste de Al-Quds - Jerusalén - en la denominada Zona A notamos una ciudad rodeada del Muro de la Vergüenza con que los israelitas fragmentan el territorio palestino. Alambre de púas, cemento, torres de vigilancia, dividiendo los terrenos agrícolas, aislando a su habitantes. Con avisos intimidantes que alertan a los israelitas que, al entrar a esta ciudad, están ingresando en una zona donde violan la ley e incluso está en peligro sus vidas. En todas direcciones vemos soldados jóvenes, imberbes y claramente faltos de madurez, para tratar situaciones de mucha tensión.

Seres humanos que la entidad sionista ha dotado del poder de la vida o la muerte sobre millones de personas a las cuales desprecian, a las cuales humillan y denigran. Una soldadesca que es aplaudida desde Tel Aviv y desde las colonias cuando muestran que son capaces de matar a niños y adultos, menospreciar la dignidad de hombres y mujeres, destacarse como un ejército bárbaro y brutal, un ejército de ocupación que se ensaña contra civiles desarmados. La realidad de Palestina muestra, desde el momento mismo en que se pisa su territorio, que más temprano que tarde la sociedad palestina se levantará con toda la fuerza de la historia y la razón de su parte, para expulsar definidamente al invasor. Y, para ello, desde ya, sus autoridades políticas deben estar a la altura de las demandas de la población, que desde Jenin en el norte pasando por Tubas, Tulkam, Nablus, Qalquiliya, Salfit, Ramalá, Jericó, Al-Quds, Bethlehem, Al-Jalil por el sur y la Franja de Gaza por el oeste, exige avanzar hacia la definitiva autodeterminación.



Fuente original: http://www.hispantv.com/noticias/opinion/283830/cronica-cisjordania-ocupada

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 3 de junio de 2016

Fotografías de la “normalidad” palestina

Fotografías de la “normalidad” palestina






¿Cuál es la realidad de la Palestina anterior a la “Naqba”, la época previa a la fundación del Estado de Israel? ¿Cómo se vivía en Palestina antes de la “limpieza étnica” de 1948, proceso que implicó la expulsión de más de 750.000 palestinos de sus hogares, la “limpieza” de cerca de 530 pueblos, 11 barrios urbanos y la implantación en estos territorios de “asentamientos” de colonos judíos? El libro coordinado por Teresa Aranguren y Sandra Barrilaro -“Contra el olvido” (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo)- aporta fotografías de aquellos tiempos previos a la “Naqba”, entre 1889 y 1948. Son testimonios gráficos de “aquella existencia que se quiso borrar”, afirman las autoras. El hecho de que esta documentación sea tan accesible como poco conocida, señala un interés en que los hechos –la historia del pueblo palestino- permanezcan en el olvido.

La propaganda israelí ha intentado sistemáticamente negar la “Naqba”. Uno de los argumentos utilizados es que se compraron las tierras a los propietarios palestinos. Para que el lector pueda hallar respuestas, el libro en el que han colaborado Bichara Khader y Johnny Mansour, aporta imágenes del Archivo Fotográfico del Hotel American Colony de Jerusalén además de álbumes de familias residentes en la zona norte de Palestina. En el libro “Bajo el olvido” también se incluyen breves textos explicativos. La periodista especializada en Oriente Medio, Teresa Aranguren, toma como fuente de referencia los censos. “Sabemos cómo era la composición demográfica de Palestina en el siglo XIX, a comienzos del siglo XX y en los años 20 y 30”, explica en acto organizado por el BDS-País Valenciá en la Facultat de Geografia i Història de València. Cuando Palestina se hallaba bajo la férula del Imperio Otomano, la población árabe no fue asimilada pero sí tuvo que pagar impuestos que requerían censos de población y registros de la propiedad de la tierra. “Sólo con mirarlos, igual que cuando se analizan los registros de la propiedad de la tierra británicos, se desmiente el argumento central israelí de la adquisición de tierras”.

La primera colonia sionista arribó a Palestina en 1878, cerca de Jaffa en torno a la franja costera. Contaron con ayuda y financiación de uno de los multimillonarios de la época, el barón Rotschild. En su inicio las colonias no lograron ser autosuficientes, de hecho contaron siempre con dinero del exterior. En ese momento, en torno al 80% de la población de palestina era de origen musulmán, el 11% cristiano y cerca del 7% judío (se trataba de judíos integrados en el tejido social palestino, hasta el punto que hablaban en árabe; no tenían nada en común con los colonos del movimiento sionista que empezaban a llegar a Europa). El estudio del proceso desmiente otro argumento difundido por la propaganda israelí: que el proyecto de Estado judío fuera una consecuencia –a modo de reparación- del Holocausto nazi. “En 1880 el mundo no conocía el nombre de Hitler”, aclara Teresa Aranguren. “El proyecto de nuevo estado va desarrollándose primero bajo el dominio otomano, y a partir de 1917 bajo control británico”. El apoyo incondicional de la gran potencia de la época, Gran Bretaña, y la financiación exterior, generosa, hicieron posible que se materializara el objetivo, más allá de los mitos sobre un movimiento sionista pionero y emprendedor.

Es cierto que en Europa surgió un movimiento –sionista- con una capacidad importante de suscitar adhesiones. Se apelaba al factor de la religión, “aunque los fundadores del estado de Israel no fueran religiosos”, matiza Teresa Aranguren. Sobre todo se infamaba un sentimiento nacionalista que estaba gestándose a favor de un pueblo y una nación judíos. Pero siempre judíos europeos. El proceso se inicia a finales del siglo XIX y culmina en una limpieza étnica por medios militares (entre diciembre de 1947 y junio de 1949). ¿Cómo puede recogerse esta complejidad histórica en un libro de fotografías de 240 páginas? “Contra el olvido” incluye fotografías de una vida cotidiana, “normal”, que los procesos de limpieza étnica arrancarán de cuajo. Instantáneas de los chicos de un colegio que forman un equipo de fútbol, excursiones de grupos de amigos al lago Tiberiades, personas que juegan poniéndose una cacerola en la cabeza… Hay fotografías, de los años 30, que muestran un cine nocturno al aire libre cerca de Hebrón, en el que las imágenes se proyectan en la pared exterior de una mezquita. También se incluyen testimonios gráficos de familias de Belén y de Ramala, con toda la diversidad de situaciones de la Palestina tradicional: por ejemplo campesinas ataviadas con su túnica. Junto a retratos de las clases medias, hay otros de mujeres trabajadoras del departamento de aduanas de Haifa, en la década de los 40. “Podían ser fotos de nuestros álbumes familiares, no somos diferentes a ellos; también hay mujeres más modernas que las mujeres árabes que actualmente vemos en Palestina”.

Teresa Aranguren es miembro del Consejo de Administración de RTVE desde 2007 a propuesta de Izquierda Unida. Cubrió como enviada especial la invasión israelí de Líbano en 1982 y desde Teherán la guerra entre Irán e Iraq. En 1990 viajó a Ammán y Jerusalén para informar de la guerra del golfo; también dio cuenta sobre el terreno de las crisis de Iraq y del conflicto entre Israel y Palestina. No sólo ha trabajado en Oriente Medio. En 1999 narró en directo los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia. Del libro colectivo de fotografías extrae la siguiente conclusión: “No sólo Palestina no estaba vacía de población antes de la Naqba; había una sociedad compleja, con ricos y pobres, con hombres de negocios, poetas, campesinos y comerciantes”. Podían encontrarse, en un movimiento pendular, tradiciones y tendencias tanto modernas como conservadoras. Era una sociedad, en los albores del siglo XX, no muy diferente de la española, la italiana, la griega y otras de la cuenca del Mediterráneo. La propaganda de Israel consiguió ocultar esta realidad.

Otra consigna que ha cundido es la de un desierto que floreció gracias a los colonos emprendedores, judíos, aterrizados de Europa. “Pero Palestina nunca fue un desierto”, rebate Aranguren. Como otras zonas de la cuenca del Mediterráneo, cuenta con áreas semidesérticas, hortícolas, de ásperas montañas y de desierto como Neguev o Sinaí, donde las zonas desérticas hoy continúan siéndolo. Durante la fase preparatoria del libro, el arabista Pedro Martínez Montávez aportó una prueba de interés. Un libro de dos profesores de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, que en 1875 decidieron realizar un viaje por los “lugares santos” del mundo. El texto, publicado en 1881, relata la experiencia y dedica un párrafo a la ciudad de Jaffa y sus alrededores: “Existen extensos bosques de granados, naranjos, limoneros, manzanos, cañas de azúcar y palmeras; sus preciosos jardines tienen gran variedad de plantas, huertos con toda clase de legumbres y hortalizas, regados todos con agua sacada de multitud de norias; la naturaleza es prodigiosa: posee unos extraordinarios jardines que posiblemente dan las primeras naranjas del mundo”. Es una realidad documentada, pero invisibilizada.

La periodista resalta la capacidad propagandística que tuvo desde un inicio el movimiento sionista. “Hoy la continúa teniendo”. “A ello hay que agregar la ceguera del mundo occidental y su mirada colonial”. Los oficiales del ejército británico mantenían una relación muy cercana con sectores de la burguesía palestina, `”pero ocurre que finalmente son árabes, pueblos sometidos que cuando nos interesa podemos desgajarlos de su entorno para crear un enclave occidental: eso también está en el origen del sufrimiento del pueblo palestino”. En términos todavía más claros: “Si no hubiera sido por el mandato británico (en vigor desde 1922), el movimiento sionista no hubiera tenido suficiente fuerza para desplazar a una sociedad entera”. El profesor Bichara Khader caracteriza lo ocurrido durante la “Naqba” como “sociocidio”. “Contra el olvido” termina en 1948, pero incluye diez fotografías de 1950-1951 cedidas por la UNRWA. Se aprecia cómo una sociedad que vivía en la “normalidad” terminó convertida en un territorio de refugiados.

Bichara Khader sostiene que el plan de partición realizado en 1947 por Naciones Unidas conducía inevitablemente a la limpieza étnica. En 1947 la situación en Palestina ya era explosiva. En 1936 se había producido un gran levantamiento, iniciado con una huelga general de seis meses (lo que da cuenta de una sociedad articulada) que se prolongó en forma de revueltas y partidas guerrilleras hasta 1939. Fue la primera Intifada palestina, reprimida brutalmente por las autoridades británicas y con un centenar de condenas a muerte. También se demolieron casas, prácticas de laminación que después Israel extremó. En la partición de Palestina en dos estados promovida por Naciones Unidas, al Estado judío se le asignó el 56% del territorio (básicamente la franja costera y las tierras más fértiles), mientras que al Estado árabe se le otorgó el resto (salvo un área que quedó bajo control internacional). En ese momento los registros de la propiedad de la tierra elaborados por la autoridad británica daban cuenta de una propiedad judía (del movimiento sionista en Palestina) sobre el 6,6% de las tierras, mientras que el resto correspondía a titulares árabes. Lo decisivo es que en el territorio destinado a acoger el nuevo Estado judío, la población judía no era mayoritaria y tampoco tenía la propiedad de la tierra. ¿Cómo construir entonces un estado propio? Vaciando el territorio de población palestina mediante operaciones militares, tal como sucedió entre diciembre de 1947 y el verano de 1949.

Israel también alega que la “Naqba” fue resultado de la guerra árabe-israelí declarada el 15 de mayo de 1948, y de la huida masiva de la población. Pero el contingente mayor de palestinos expulsados y las matanzas más atroces se dio en los meses previos a la declaración bélica. Por ejemplo el ocho de abril de 1948 en Deir Yassin, pueblo palestino de unos 700 habitantes al oeste de Jerusalén, donde los asesinados oscilan según las fuentes entre las 93 y las 254 personas. Ni siquiera Ben-Gurión había proclamado el nuevo Estado de Israel (14 de mayo de 1948). “La memoria es uno de los elementos clave de la resistencia del pueblo palestino, y que con más medios combaten los sistemas de comunicación de Israel”, remata Teresa Aranguren, autora del libro “El hilo de la memoria” y de la compilación de relatos “Olivo roto: escenas de la ocupación”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 19 de mayo de 2016

Israel y Palestina sin absolutos



Avraham Burg

Ghaida Rinawie Zoabi


Nadie tiene el monopolio del dolor y el trauma. Hubo un Holocausto, hubo una Nakba, y no tiene sentido competir sobre quién sufrió más.
Somos dos. Compañeros que todavía no son iguales. Similares y diferentes. Él, un varón de la sociedad mayoritaria que lo tiene todo; ella, una mujer de una minoría a la que se despojó de casi todo. Y sin embargo, estamos unidos, en aras de un futuro humano, justo y equitativo, para nosotros y nuestros hijos.
Soy árabe, una palestina nacida en Israel. Toda mi familia ha vivido aquí durante siglos. Lo perdimos casi todo en 1948, y una vez más tenemos mucho que transmitir a nuestros hijos. Soy una musulmana laica que se preocupa por sus hijos y las circunstancias de nuestras vidas. Soy la guardiana de la memoria de mis padres y abuelos, no la olvido, pero no vivo sólo en el pasado. En estos días no puedo encontrar refugio alguno. Hay cada vez menos espacio para mi laicidad en las tormentas que azotan a los países árabes. Como árabe, hija orgullosa de una triste minoría, me rechazan con condescendencia las mujeres judías israelíes; como musulmana, el Occidente cercano no me da exactamente la bienvenida.
Soy un judío nacido en Israel. Con ocho generaciones en Israel por parte de mi madre y la primera de mi padre. Me crié como un privilegiado: un varón ashkenazi de la aristocracia religiosa-sionista y un representante del movimiento laborista. Cuando estaba en el cómodo centro de la corriente principal de un Israel indolente, me di por vencido a mí mismo. Y ahora, cuando me niego a ser definido por el tribalismo, la genética, la etnia judía o la estrechez de miras religiosa, solo me queda un pedacito de tierra para estar de pie.
Somos dos, somos decenas de miles. Somos iguales sobre todo, a pesar de la desigualdad, y sólo después de eso todo lo demás. Sabemos que cuando el mundo y el hombre fueron creados, no había religiones ni instituciones de poder y exclusión; no había fronteras, ni se había creado aun la discriminación. Fue llamado el Jardín del Edén, y eso es lo queremos.
Entiendo que si soy prisionero de definiciones rígidas, tendré que renunciar a parte de mí mismo, para convertirme en absoluto y unidimensional y tendré que luchar contra mi pareja. Pero creo en algo que el fallecido poeta palestino Mahmoud Darwish dijo una vez: "Si no hay un extraño en mi identidad, no me reconozco. Sólo se puede definirme a través de la relación dialéctica entre el yo y el otro. Si estuviera solo, sin mi prójimo, ¿qué comprendería? Estaría lleno de mí mismo, de toda mi verdad ... ". Todos los días doy gracias de nuevo por la existencia mi pareja judía, porque si no fuera por él, caminaría sola con una sensación de justicia suprema despiadada.
Las enseñanzas de Hillel son mi identidad: "No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti" y "Si yo no soy para mí, ¿quién será para mí? Pero si yo sólo soy para mí, ¿quién soy yo? ¿Si no ahora, cuándo?” y su elaboración por Martin Buber: Dios prohíbe que hagamos a los demás lo que se ha hecho contra nosotros.
Tenemos que vernos como si estuviéramos en la posición del otro, el extranjero, y relacionamos con su alma como si fuera la nuestra. "Debo confesar," escribió Buber, "que me horroriza lo poco que conocemos a los árabes". Todos los días estoy agradecido a mi pareja palestina, porque de otra forma mis sentidos democráticos y humanos se hubieran extinguido hace mucho tiempo.
Entendemos que seguir viviendo, separados y juntos, nos obliga a preservar tenazmente ciertas cosas, y hay cosas que son esenciales abandonar para conseguir algo mucho mejor. En primer lugar,  hay que renunciar a la exclusividad. Ninguno de nosotros tiene el monopolio del dolor y el trauma. Hubo un Holocausto y hubo una Nakba, que los palestinos sufrieron con la creación de Israel, y no competimos sobre quién sufrió más. Cada uno de nosotros tiene su sufrimiento y su memoria. Mostramos respeto y acompañamos al otro en su sufrimiento y no negamos nada.
No tenemos ninguna necesidad de monopolio en nuestra presencia. Hay espacio en esta torturada tierra para todos nosotros, a veces juntos, otras veces separados. Yo, como palestina renuncio a una Palestina solo para nosotros. Yo, como judío israelí renuncio a la Tierra de Israel para el pueblo judío en exclusiva. Nuestra paz es un rompecabezas, una paz a completar. Mi parte y tu parte forman un todo que es más grande que sus partes. No podemos hacer la paz sólo con nosotros mismos. La paz se hace con lo disonante, combinando los diferentes tonos en una nueva armonía. Es el violín y el laúd, el mawwal y la octava, Umm Kulthum y Chava Alberstein.
Yo, palestina, estoy dispuesta a romper algunas de las costuras que me unen al espacio árabe que me rodea para volver a conectar con la larga historia de convivencia judía y árabe. Voy a ser el puente entre el nuevo- anciano brote judío y todos aquellos que no tuvieron el privilegio de vivir con él y en su proximidad.
Y yo, judío, me comprometo a renunciar a partes del carácter de Israel; la condescendencia colonialista ashkenazi-europea. Debo abrirme a los componentes árabes de mi identidad, a los judíos árabes y la herencia judía de los Estados islámicos, que nos construirá puentes, espacios culturales y enriquecerá la conversación. Nunca olvidaré a la nodriza palestina de mi madre ya fallecida y a Umm Shaker, que salvó su vida en Hebrón. Mis nietos pequeños ya charlan en árabe. Me resulta evidente que mi monopolio absoluto de tierra y poder, recursos, identidades y libertades en el espacio entre el mar Mediterráneo y el río Jordán me impiden una asociación mucho más rica. Es extraño, pero reducir mi yo judío me puede abrir mundos cerrados.
Y yo, una árabe palestina, tengo que entender la escisión emocional judía. En el interior de las fronteras de "su" Israel, son una mayoría que me está pisoteando brutalmente, mientras que en mi espacio yo soy la mayoría y ellos son una pequeña minoría, razón por la que tienen tanto miedo y son tan agresivos. Por extraño que parezca, soy en realidad la única que puede calmarlos.
No negamos el pasado diferente y violento de nuestros padres y el nuestro propio. No nos olvidamos por un minuto de la injusticia y la locura. Y no vamos a renunciar al futuro de nuestros hijos, tanto separado como compartido. Juntos, nos comprometemos a apartarnos del mal y a hacer el bien, luchar cada uno contra el fanatismo en su propio campo y crear juntos un tercer grupo, el de los muchos miles que son leales a la fe en un espíritu humano atrevido. Somos un grupo que renuncia a lo absoluto y lo limitado en favor de una comprensión, vida y paz que no tengan fin.
(1955) Hijo de otro destacado político, Yosef Shlomo Burg, que formó parte de varios gobiernos israelíes hasta su muerte en 1980, Avraham Burg fue teniente de una brigada paracaidista del Tsahal (el ejército israelí) antes de estudiar ciencias sociales en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En 1988 fue elegido diputado de la Knéset, por el Partido Laborista. En 1995 fue nombrado presidente de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial. En 1999-2003 fue presidente de la Knéset. En septiembre de 2003, Burg abjuró del sionismo a través de un polémico artículo titulado «La revolución sionista ha muerto», publicado en el diario Yedioth Ahronoth, e inicia su actividad pública en contra del sionismo y del carácter judío del Estado de Israel.
Cofundadora y directora general de la ONG israelí Injaz (Centro profesional para el gobierno local palestino).
Fuente original:
http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.719296
Traducción:
Enrique García  
Fuente: Sin Permiso

domingo, 8 de mayo de 2016

¿Han traicionado los árabes a Palestina?



Resultado de imagen de Ramzy Baroud
Ramzy Baroud

Palestine Chronicle

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós

Cuando tenía 21 años crucé de Gaza a Egipto para licenciarme en Ciencias Políticas. El momento no podría haber sido peor. La invasión iraquí de Kuwait en 1990 había derivado en la creación de una coalición internacional y una guerra trascendental lideradas por Estados Unidos que acabaron allanando el camino para la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Me di cuenta de que de repente en Egipto se empezaba a odiar a los palestinos por el respaldo que Yasser Arafat estaba dando a Iraq en aquel momento. La verdad es que desconocía el alcance de ese supuesto odio. Me alojaba en un hotel barato de El Cairo que consumía las escasas libras egipcias con las que contaba y donde conocí a Hajah Zainab, una anciana y amable portera que me trató como a un hijo. No tenía buen aspecto, se tambaleaba al caminar y se apoyaba en las paredes para recuperar el aliento antes de continuar con sus interminables labores. Los tatuajes de su rostro que antaño debieron lucir un perfilado diseño se habían convertido en un amasijo de tinta arrugada que le desfiguraba la piel. Aún así, la dulzura de sus ojos permanecía. Siempre que me veía me abrazaba y se echaba a llorar.
Hajah Zainab lloraba por dos motivos: se apiadaba de mi porque me enfrentaba a una orden de expulsión de El Cairo por la única razón de ser palestino en un momento en que Arafat apoyaba a Sadam Husein cuando Hosni Mubarak había optado por aliarse con Estados Unidos. Mi desesperación iba en aumento porque temía que me las tendría que ver con la inteligencia israelí, el Shin Bet, cuando probablemente me citaran en sus oficinas una vez cruzase la frontera de vuelta a Gaza. El otro motivo era que el único hijo de Hajah Zainab, Ahmad, había muerto luchando contra los israelíes en el Sinaí.
La generación de Zainab percibía las guerras de Egipto contra Israel, las de 1948, 1956 y 1967, como guerras cuya causa central fue Palestina. Ni la codicia de ningún político ni la subordinación de ningún medio de comunicación hubieran podido cambiar eso. Pero la guerra de 1967 fue la de la derrota sin paliativos. Con el apoyo generalizado y directo de Estados Unidos y de otras potencias occidentales, los ejércitos árabes fueron sacudidos profundamente en tres frentes diferentes. Gaza, Jerusalén Oriental y Cisjordania se perdieron, al igual que los Altos del Golán, el valle del Jordán y también el Sinaí.
Fue entonces cuando las relaciones de algunos países árabes con Palestina comenzaron a cambiar. La victoria de Israel y el apoyo incesante de Estados Unidos y de Occidente hicieron que algunos gobiernos árabes rebajasen sus expectativas confiando en que los palestinos hicieran lo mismo. Egipto, una vez portador de la antorcha del nacionalismo árabe, sucumbió a un sentimiento colectivo de humillación para acabar después re-definiendo sus prioridades con el fin de liberar su propio territorio de la ocupación israelí. Sin el vital liderazgo egipcio los países árabes se dividieron en bandos cuyos gobiernos tenían, cada cual, su agenda particular. Como toda Palestina quedó entonces bajo control de Israel, los árabes se alejaron poco a poco de lo que antes percibían como la causa central de la nación árabe.
[El resultado de] la guerra de 1967 también puso fin al dilema de la independencia de la acción palestina al quedar ésta casi totalmente secuestrada por varios países árabes. Por otra parte, la guerra cambió el foco hacia Cisjordania y Gaza y permitió que la facción palestina de Fatah fortaleciera su posición a la luz de la derrota y posterior división árabes.
Esa fractura se manifestó sin ambages en la cumbre de Jartum de agosto de 1967, donde los líderes árabes se enfrentaron por definir las prioridades y las decisiones. ¿Debían ser las conquistas territoriales de Israel las que definieran el status quo? ¿Debían centrarse los árabes en volver a la situación anterior a 1967 o a la previa de 1948, cuando la Palestina histórica fue ocupada por primera vez y los palestinos objeto de la limpieza étnica?
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 242 el 22 de noviembre de 1967 como reflejo del deseo del gobierno estadounidense de Johnson de aprovechar el nuevo status quo: retirada israelí “de los territorios ocupados” a cambio de la normalización con Israel. El nuevo lenguaje del período inmediatamente posterior a 1967 alarmó a los palestinos, que tomaron conciencia de que cualquier futuro arreglo político ignoraría la situación existente antes de la guerra.
Con el tiempo, Egipto combatió en la guerra de 1973 y celebró su victoria, lo que le permitió consolidar el control sobre la mayor parte de sus territorios perdidos. Unos años más tarde, los Acuerdos de Camp David de 1979 dividieron a los árabes aún más poniendo fin a la solidaridad oficial de Egipto con los palestinos, al tiempo que otorgaron al más poblado de los Estados árabes un control condicionado sobre su propio territorio del Sinaí. Nunca se subrayará lo bastante la magnitud de las perniciosas secuelas que tuvo ese acuerdo. Y sin embargo, a pesar del paso del tiempo, el pueblo egipcio nunca ha aceptado la normalización con Israel.
En Egipto sigue existiendo un abismo entre sus gobiernos, cuyos comportamientos se fundan en la urgencia política y en el instinto de conservación, y un pueblo que a pesar de una decidida campaña mediática anti-palestina, sigue determinado, como siempre, a rechazar la normalización con Israel hasta que Palestina sea libre. A diferencia del bien financiado circo mediático que ha demonizado a Gaza en los últimos años, la gente como Hajah Zainab tiene muy pocas plataformas desde las que poder expresar abiertamente su solidaridad con los palestinos. Yo tuve la fortuna de ir a dar con la vieja portera que durante todos esos años lloró por Palestina y por su único hijo.
Sin embargo, a lo largo de mis viajes, una y otra vez, he encontrado a Zainab en otras gentes. La conocí en Iraq en 1999, en un vieja vendedora de verduras que vivía en Ciudad Sadr. La vi en Jordania en 2003, en aquel taxista que portaba una bandera palestina colgada del espejo roto del retrovisor. Era ella también en el periodista jubilado que conocí en Yeda en 2010, y en la estudiante marroquí que vino a una de mis conferencias en París durante una gira en 2013. Tenía unos veinte años. Después de mi charla me contó entre sollozos que Palestina es para su pueblo como una herida abierta. “Rezo por una Palestina libre todos los días”, me dijo, “como hacían mis padres al terminar cada plegaria”.
Hajah Zainab es también Argelia, toda Argelia. Cuando el equipo nacional de fútbol palestino se enfrentó al argelino en febrero pasado sucedió un acontecimiento extraño y singular que dejó a muchos perplejos. Los aficionados argelinos, hinchas de los más entusiastas dentro del fútbol internacional, animaron a los palestinos sin parar. Y cuando el equipo palestino marcó un gol fue como si las gradas se encendieran en llamas. El estadio abarrotado explotó como en trance coreando consignas por Palestina y solo por Palestina.
De manera que, ¿han traicionado los árabes a Palestina? La pregunta se repite con frecuencia, al igual que la afirmación “sí, la han traicionado”. Se citan como ejemplos el uso de chivo expiatorio que los medios de comunicación egipcios han dado a los palestinos de Gaza, a los ataques y la hambruna de los palestinos de Yarmuk, en Siria, a la pasada guerra civil de Líbano, al maltrato de los palestinos en Kuwait en 1991 y después en Iraq, en 2003. Ahora hay quienes insisten en que la llamada 'primavera árabe' fue el último clavo en el ataúd de la solidaridad árabe con Palestina.
Me permito disentir. El resultado de la malograda 'primavera árabe' fue enormemente frsutrante, si no una traición, no sólo para los palestinos sino para la mayoría de los árabes. El mundo árabe se ha convertido en un vasto territorio para políticas obscenas entre antiguos y nuevos rivales. Si los palestinos ya eran víctimas antes, los sirios, egipcios, libios, yemeníes y otros, también lo son ahora.
Tiene que establecerse una demarcación política nítida de la palabra árabe. Árabes pueden ser tanto los gobernantes que nadie ha elegido como una amable anciana que gana dos dólares al día en un sucio hotel de El Cairo. Árabes son las envalentonadas élites que sólo se desvelan por sus propios privilegios y riquezas y a quienes nada preocupa Palestina ni sus propias naciones, pero también una multitud de pueblos, diversos y únicos, empoderados y oprimidos, que en este momento de la historia se están consumiendo por sobrevivir luchando por la libertad.
Estos últimos árabes nunca traicionaron a Palestina; lucharon y murieron voluntariamente por ella cuando tuvieron la oportunidad.
Lo más probable es que Hajah Zainab haya muerto hace mucho. Pero todavía existen millones como ella que aspiran también a una Palestina libre mientras siguen persiguiendo su propia libertad y su salvación.

Fuente: http://www.palestinechronicle.com/did-the-arabs-betray-palestine/
Fuente: Rebelión

jueves, 25 de febrero de 2016

Roger Waters, el líder de Pink Floyd, explica por qué los músicos tienen miedo de criticar a Israel


 
Roger Waters


Paul Gallagher
The Independent
Traducido del ingles para Rebelión por J. M

Exclusiva: "Si dicen algo, se acaba su carrera. Me han acusado de nazi y antisemita"
Según Roger Waters, hay músicos estadounidenses que apoyan el boicot a Israel en la cuestión de los derechos de los palestinos pero están aterrorizados de hablar por temor a ver sus carreras destruidas.
El líder de Pink Floyd -destacado partidario de la campaña de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel desde su creación hace 10 años- dijo que la experiencia de verle constantemente etiquetado de nazi y antisemita asustó a la gente y la llevó al silencio.
"La única respuesta al BDS es que es antisemita", dijo Waters a The Independent , en su primera entrevista importante en el Reino Unido sobre su compromiso con el activismo israelí. "Lo sé porque he sido acusado de nazi y antisemita durante los últimos 10 años.
"Mi afán ha sido particularmente insistente para levantar una voz [contra Israel]. Estamos Elvis Costello, Brian Eno, Manic Street Preachers, yo y una o dos personas más, pero no hay nadie en los Estados Unidos, donde vivo. He hablado con muchos de ellos y están cagados de miedo.
"Si dicen algo en público, se quedarán sin carrera. Los destruirán. Tengo la esperanza de animar a algunos de ellos a dejar de estar asustados y ponerse de pie y sumarse, porque los necesitamos. Los necesitamos desesperadamente en este debate de la misma manera que necesitábamos a los músicos para unirse a los manifestantes contra la guerra de sobre Vietnam".
Waters comparó el tratamiento de Israel a los palestinos con la Sudáfrica del apartheid. "La forma en que el apartheid de Sudáfrica trató a su población negra, pretendiendo que tenían algún tipo de autonomía, era una mentira", dijo.
"Al igual que es una mentira que existe alguna posibilidad en la actual situación actual de que los palestinos logren la libre determinación y alcanzar, al menos, un Estado de derecho en el que puedan vivir, criar a sus hijos y emprender sus propias industrias. Se trata de una antigua civilización, brillante, artística y muy humana que está siendo destruida delante de nuestros ojos".
Un viaje a Israel en 2006, durante el cual Waters había planeado hacer un concierto en Tel Aviv y era al final de la etapa europea de su gira para presentar El lado oscuro de la Luna en vivo, transformó su visión de Oriente Medio.
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Roger Waters menciona las canciones de la banda mientras pinta en el muro entre Israel y Palestina en Belén en 2006 (Getty)
Después de hablar con los artistas palestinos, así como con manifestantes contra el Gobierno israelí, quienes le han pedido que se utilice el concierto como una plataforma para hablar contra de la política exterior de Israel, Waters cambió el concierto en el parque Hayarkon de Neve Shalom, un pacífico pueblo árabe israelí. Pero a medida que las entradas se iban vendiendo, el público seguía siendo enteramente israelí judío.
Waters dijo: "Fue muy extraño presentarnos para audiencias completamente segregadas, porque no había palestinos allí. Sólo había 60.000 judíos israelíes, que no podría haber sido más acogedores, agradables y leales a Pink Floyd. Sin embargo, dejó una sensación incómoda".
Viajó por las ciudades cisjordanas de Jenin, Ramala y Nablus, viendo cómo se segregaron las dos comunidades y también visitó el muro que separa Israel de los territorios ocupados utilizando un pulverizador para dejar un mensaje firmado de su trabajo más conocido The Wall, que decía: "no necesitamos ningún control del pensamiento".
Waters se unió pronto al movimiento BDS, recibiendo el oprobio y la condena por haberse atrevido a hacer algo por lo que tan pocos músicos se la juegan. "Estoy contento de haberlo hecho", dice, mientras la gente en Israel es "tratada de manera muy desigual en función de su origen étnico. Los ciudadanos israelíes palestinos y los beduinos son tratados completamente diferente de los ciudadanos judíos. Hay entre 40 y 50 leyes diferentes dependiendo de si son o no judíos".
Waters sabía que sería abucheado por los críticos, pero es la acusación de nazi loa que considera más absurda, sobre todo teniendo en cuenta que su padre, el teniente Eric Waters que pertenecía al 8º Batallón Real de Fusileros murió a los 31 años en una batalla contra los nazis en Anzio, Italia, a principios de 1944. Su cuerpo nunca se encontró, pero su nombre se conmemora en el cementerio del Commonwealth War Graves en Montecassino.
Israel: De la independencia a la intifada
El dolor de no haber conocido a su padre, que murió cuando Waters tenía cinco meses, influyó en algunas de las canciones más famosas de Pink Floyd.
"Hay veteranos que llegan a todos mis conciertos y me reúno con ellos. En un concierto en 2013 un veterano se me acercó, tomó mi mano y sin soltarla me miró a los ojos... apenas te puedo decir esto sin emocionarme. Me dijo: 'Tu padre habría estado orgulloso de ti'".
"Mi padre murió luchando contra los nazis, mi madre [una gran luchadora por el desarme mundial y fuerte partidaria del laborismo] dedicó su vida a hacer todo lo posible para crear un mundo más humano".
"Nos estamos haciendo preguntas que nunca nos habíamos hecho hasta hace un par de años, que están provocando la ira del lobby israelí que cae sobre la gente como yo y todos los demás que se atreven a cuestionar y criticar.
"[El lobby israelí] está decidido a no permitir el desarrollo de un debate para que la gente pueda escuchar y es por eso que nos acusan de nazis. Esta idea de que el BDS es el extremo delgado de una especie de cuña genocida nazi que termina en otro Holocausto, bueno no es así".
Nick Mason, batería de Pink Floyd, escribió acerca de Waters en su autobiografía: "Una vez que ve una confrontación como necesaria, se siente totalmente comprometido a ganar todo lo que lanza al combate y esto puede ser bastante aterrador".
El embajador de Israel entrante en el Reino Unido, Mark Regev, exportavoz de Benjamín Netanyahu, parece ser el siguiente hombre en la mira de Waters en "esta batalla de las palabras".
"Les puedo decir lo que Mark Regev va a decir acerca de cualquier situación. Va a decir: "¿Qué haría usted si sus hijos estuvieran siendo sacrificados por los terroristas? ¿No tenemos derecho a defendernos? ' Y ese es el mantra", dijo Waters.
Waters resalta el creciente activismo en los campus universitarios de Estados Unidos -a menudo de los estudiantes judíos- como razones para el optimismo de que el statu quo puede cambiar en el transcurso de su vida. A menudo escribe cartas a aquellos alumnos que, dijo, se implican para desempeñar un papel tan importante en el futuro de Israel como el que los manifestantes contra la guerra de Vietnam jugaron para influir en la política exterior estadounidense en los años 1960 y 1970.
"Hace que mi corazón cante al ver estos jóvenes organizándose y yo los aplaudo por tomar una posición en lo que creen frente a tan enorme oposición", dijo.
"Se trata de jóvenes valientes y no pueden ser comprados. Creen en su empatía y amor por los demás seres humanos. No creemos en la construcción de muros. Es muy importante entender la mutua humanidad y cooperación entre nosotros para crear un lugar mejor para nuestros hijos y nietos".

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/people/roger-waters-pink-floyd-israel-boycott-ban-palestine-a6884971.html
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión como fuente de la traducción.

jueves, 25 de junio de 2015

Entrevista a Omar Barghouti, el hombre detrás del movimiento BDS

 

 

 

"El movimiento BDS está llegando a un punto de inflexión debido a que su estrategia funciona y a que Israel se ha desplazado hacia la derecha fanática"

Rami Younis

+972 Magazine

A medida que crece el movimiento de boicot, desinversión y sanciones, su cofundador, Omar Barghouti, se ha convertido en blanco de la satanización israelí. Rami Younis, de +972 Magazine, se sentó con él para discutir sobre los objetivos del BDS, sus éxitos recientes y las frecuentes acusaciones de que el movimiento es antisemita. 

Omar Barghouti es en este momento uno de los nombres más denostados en los círculos del gobierno israelí y sus aliados. Los funcionarios han calificado a este activista de derechos humanos palestino y líder del movimiento BDS –que él ayudó a fundar hace una década- como una amenaza al Estado de Israel. ¿Qué tan grande es esa amenaza? Bueno, apenas la semana pasada el periódico de más venta en el país, Yedioth Ahronot, publicó un artículo sobre él en primera página, apodándolo “el explosivo Omar”. Y si él y el movimiento de boicot están provocando un ataque de pánico a los políticos y a los medios israelíes, uno solo puede concluir que están haciendo las cosas bien.

Sin embargo Barghouti (51) se niega a responder a sus acusadores, porque mantiene un boicot a la prensa israelí. Aceptó dar esta inusual entrevista debido a mi identidad palestina y a condición de que primero se publicara en árabe en el sitio palestino Bokra, además de publicarse aquí en inglés y en hebreo en Local Call, donde yo blogueo. Antisionismo trilingüe unitario en su máxima expresión, se podría decir.

Barghouti explica su decisión de no hablar con los medios israelíes y la lógica del llamado más general al boicot, la desinversión y las sanciones a Israel en su conjunto: “En cualquier otra situación de opresión prolongada, los grupos de derechos humanos piden medidas punitivas contra el Estado y sus instituciones, no solo contra un sector del Estado que es directamente responsable de la injusticia. Nadie pidió que se prohibiera los productos de compañías ubicadas en Darfur en respuesta a los crímenes de guerra cometidos por Sudán: la medida se planteó para Sudán como país.

“Como dijo una vez el arzobispo Desmond Tutu: en Occidente ponen a Israel en un pedestal y lo tratan como si estuviera por encima del derecho internacional. El BDS busca terminar con esta excepcionalidad y su impunidad criminal. Israel debe ser tratado como cualquier otro país que comete crímenes igualmente escandalosos.”

El movimiento BDS se puso en marcha el 9 de julio de 2005, cuando una amplia alianza de más de 170 organizaciones sociales y de base, sindicatos, ONG, partidos políticos y redes de refugiados palestinos hicieron un llamamiento abierto al boicot, dirigido a las organizaciones de la sociedad civil internacional y a las personas de conciencia. Llamaban a “imponer amplios boicots e implementar iniciativas de desinversión contra Israel, similares a las aplicadas contra Sudáfrica en la era del apartheid”, dice Barghouti. “Hoy, el movimiento global de BDS es liderado por la mayor coalición de la sociedad palestina: el Comité Nacional de BDS” [BNC por sus siglas en inglés].

El movimiento BDS exige el fin de la ocupación de los territorios palestinos y árabes ocupados desde 1967, incluyendo el desmantelamiento del muro y las colonias, el fin del sistema de discriminación racial contra las personas palestinas con ciudadanía israelí y respeto del derecho fundamental –reconocido por la ONU- de las personas palestinas refugiadas de retornar a su tierra.

“Estos tres derechos básicos corresponden a los tres principales componentes del pueblo palestino: los que están en la Franja de Gaza y Cisjordania (incluyendo Jerusalén Este); los que están en el territorio de 1948 y viven bajo el apartheid israelí y los que están en el exilio”, dice Barghouti. Sostiene que cualquiera que sea la forma que adopte la solución política al conflicto, debe basarse en estos tres principios.

La herramienta que esas 170 organizaciones de la sociedad civil palestina eligieron para reclamar esos derechos y luchar contra la ocupación israelí se apoya enteramente en el discurso de los derechos humanos y en la acción no violenta, en oposición a la violencia de la ocupación. Al menos por esa razón es importante escuchar y entender lo que Barghouti tiene que decir. 

- La campaña ha tenido una cantidad de éxitos recientemente. Dos buenos ejemplos son la cancelación de Lauryn Hill de su show en Israel y la compañía Orange que amenazó con retirarse del país. ¿De qué otros casos exitosos que no hayan tenido tanta atención mediática me puedes hablar?

- El gigantesco fondo de pensiones danés PGGM, cuyas inversiones internacionales están cerca de los 200.000 millones de dólares, decidió el año pasado retirar inversiones de los cinco principales bancos israelíes, debido a su implicación en financiar la ocupación. A eso le siguió la decisión de la Iglesia Presbiteriana de EE.UU. de retirar inversiones de Caterpillar, HP y Motorola por su complicidad en la ocupación, y lo mismo hizo [la fundación de] Bill Gates con G4S, la compañía de seguridad más grande del mundo, involucrada en los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. El BDS está teniendo éxito en revelar la toxicidad de la “Marca Israel” .

- Algunos activistas del BDS eligen boicotear a Israel en su conjunto, no simplemente a las compañías o instituciones que  se lucran con la ocupación. ¿Por qué?

-La distinción –artificial e insostenible- entre Israel y "la ocupación" es política e ideológica; no se basa en consideraciones prácticas, legales o morales. Es a Israel al que el derecho internacional considera el poder ocupante y por lo tanto es el responsable de la construcción y el mantenimiento de no solo los asentamientos coloniales, sino también todo el sistema de ocupación.

“Israel también es responsable de lo que incluso el Departamento de Estado de EE.UU. ha criticado como discriminación institucional, legal y social hacia los ciudadanos palestinos de Israel, y ese sistema se ajusta a la definición de apartheid de la ONU.”

Pero la mayor injusticia de Israel, alega Barghouti, es negar el derecho al retorno a los refugiados palestinos. Esos refugiados, desarraigados y despojados en 1948, comprenden el 68% del pueblo palestino. Y también merecen iguales derechos humanos, insiste.

- Una acusación frecuente contra la campaña internacional de BDS es que alimenta el antisemitismo. ¿Qué dice sobre eso?

- El BDS es un movimiento no violento de derechos humanos que aspira a la libertad, la justicia y la igualdad para el pueblo palestino, basado en el derecho internacional y los principios universales de derechos humanos. Como tal, el BDS rechaza categórica y consistentemente toda forma de discriminación y racismo, incluyendo el antisemitismo, así como docenas de leyes racistas israelíes.

“Nuestra lucha no violenta nunca ha sido contra los judíos o contra los israelíes en tanto que judíos, sino contra un régimen injusto que esclaviza a nuestro pueblo con la ocupación, el apartheid y la negación de los derechos de los refugiados, reconocidos por la ONU. Estamos orgullosos del número desproporcionadamente alto de activistas judíos en el movimiento BDS, especialmente en EE.UU.

"Confundir acciones puntuales y basadas en los derechos humanos con el racismo antijudío no sólo es falso, sino que es un intento racista de poner a todos los judíos en la misma canasta y de implicarles en los crímenes de Israel contra el pueblo palestino. Israel acusando de racismo al movimiento BDS es equivalente al Ku Klux Klan acusando de racismo a Martin Luther King y a Rosa Parks. ¡Es descaradamente propagandístico!

- ¿Cómo identifican a una persona, una organización o cualquier otra entidad como objeto de boicot? Y una vez que los han identificado, ¿cómo proceden a partir de allí?

- Los tres criterios generales que el BDS palestino recomienda para elegir objetivos estratégicos son: 

- Primero, el nivel de complicidad: enfocarse en las compañías y productos que están más directa y claramente involucrados en las violaciones israelíes de los derechos humanos, y por lo tanto son más fáciles de explicar a un público amplio.

- Segundo, la posibilidad de hacer alianzas entre movimientos: priorizar las compañías o productos que permitan la creación de alianzas transversales. Por ejemplo, una campaña para frenar los contratos con Mekorot, la compañía israelí de agua, puede involucrar a un amplio espectro de grupos ecologistas y anti-privatización;

- Tercero, el potencial de éxito: una campaña de BDS debería tener una posibilidad realista de éxito, más allá de la simple concientización; por ejemplo, persuadir a una compañía o institución internacional de que corte vínculos con una compañía israelí ”.

- Hace un par de meses facilité una discusión pública con Barghouti ante 400 ciudadanas y ciudadanos palestinos de Israel en la ciudad de Ara’ra. Antes de empezar pedí a los asistentes que levantaran la mano si alguna vez habían oído hablar del movimiento BDS. Solo 20 personas lo hicieron. Miré a Barghouti, sonreía. Sabía lo que yo iba a preguntar. Ahora le recuerdo ese momento. (Una nota sobre lo que sigue: los términos “palestinos/as del 48” y “región del 48” se refieren a los palestinos ciudadanos de Israel y a los territorios ubicados dentro de Israel según las fronteras anteriores a 1967).

- "Los Acuerdos de Oslo excluyeron a los palestinos de la región del 48, provocando una ruptura grave", explica. "Por el contrario, el movimiento BDS insiste en el derecho de todos los palestinos a ejercer su libre determinación como pueblo unificado y, como tal, insiste en los derechos de todos los palestinos, incluidos los del 48. Muchos grupos importantes dentro del 48 fueron parte del lanzamiento del BDS en 2005, pero el movimiento no ha hecho lo suficiente para darse a conocer allí.

Además, la lucha por descolonizar nuestras mentes es una lucha cuesta arriba en la región del 48, porque el proceso de "israelización", o colonización de nuestras mentes se ha arraigado en las últimas siete décadas. Una parte esencial de lo que hace el movimiento BDS diariamente es combatir la desesperación y alimentar la esperanza y la convicción de que nosotros, los oprimidos, somos capaces de terminar con la opresión".

- Es probable que cada vez más empresas vayan a retirarse de Israel en los próximos años, como resultado de los esfuerzos del BDS, y eso sería un éxito para el movimiento. Sin embargo, ¿qué dice a los ciudadanos palestinos de Israel que podrían enfrentar despidos u otras consecuencias económicas si las empresas multinacionales abandonan el mercado israelí?

- El régimen de opresión israelí, y no la resistencia a la ocupación y el apartheid, es el responsable de eso y de cualquier otra consecuencia que tenga esta resistencia a la opresión. 

Quienes afirman que el BDS perjudica a los palestinos no solamente están haciendo afirmaciones infundadas y carentes de ética, sino que además no parecen entender que la resistencia siempre tiene un costo al principio. También están siendo paternalistas al decirnos que entienden mejor que nosotros nuestros intereses. Rechazamos completamente esta actitud colonial. Nada afecta tanto al pueblo palestino, ya sea en los territorios del 67, del 48 o en el exilio, como la opresión racista y colonial de Israel".

- Como ciudadano palestino de Israel que no puede apoyar públicamente el BDS debido a la legislación criminalizadora, siento que no puedo unirme a vuestro movimiento popular no violento. ¿Cómo podemos apoyar los activistas locales?

- Esa es una mala interpretación de la ley israelí anti-BDS, draconiana y antidemocrática. Mala como es, la ley no impide en realidad apoyar el BDS. Sólo hace ilegal abogar públicamente por el boicot a Israel o a cualquier institución israelí. Cualquier ciudadano judío o palestino de Israel que desee apoyar al movimiento BDS puede declarar públicamente su apoyo sin violar la ley siempre y cuando no exhorte directamente al boicot [1].

Hay maneras de burlar esta ley represiva. Por ejemplo, yo puedo explicar por qué la empresa X es cómplice de violaciones del derecho internacional y luego decir: "Estoy boicoteando los productos de esta compañía, pero debido a la represiva ley antiboicot no se me permite exhortarles a ustedes a boicotearla también". De esa manera estoy indirectamente llamando al boicot sin violar la ley.

Pero en última instancia necesitamos una desobediencia civil generalizada contra ésta y todas las demás leyes draconianas de Israel, como hizo el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y el movimiento antiapartheid sudafricano. Las leyes injustas y contrarias a la ética no deben obedecerse. Las personas de conciencia deben desobedecerlas colectiva y activamente, y eventualmente repudiarlas".

Otro éxito reciente de la campaña BDS, que llenó los titulares en Israel y en todo el mundo, no fue –sorprendentemente- organizado por Barghouti y el BDS, sino por la Autoridad Palestina. Como miembro de la FIFA, la Asociación Palestina de Fútbol logró amenazar a Israel con ser expulsado de torneos deportivos internacionales y al final lo forzó a cambiar las políticas que afectan al fútbol palestino. Quise entender qué piensa Barghouti de esto, y de la misma ANP.

"El BDS es un movimiento de derechos humanos de base y de la sociedad civil, totalmente independiente de las estructuras oficiales palestinas y de cualquier gobierno", enfatiza. "Jugó un papel decisivo en la campaña para expulsar a Israel de la FIFA y muchos observadores reconocen ese papel. Los activistas de solidaridad con Palestina, que casi en su totalidad apoyan el BDS, estuvieron luchando durante meses para concienzar sobre las violaciones a los derechos de los atletas palestinos cometidas por Israel en el contexto general de ocupación y opresión.

El hecho de que los funcionarios palestinos lideraran el esfuerzo público en este sentido fue nuestro talón de Aquiles, porque la Autoridad Palestina está encadenada a los humillantes Acuerdos de Oslo y no está concebida para resistir al régimen de opresión israelí de ninguna manera significativa o estratégica".

- El movimiento BDS se está volviendo más y más popular. ¿Hacia dónde ve que va el movimiento, tanto en el futuro cercano como lejano?

- Estamos en camino de volvernos mainstream. Es nuestro desafío. Y no estamos pidiendo caridad, estamos apelando a la solidaridad efectiva. Como dijo Martin Luther King Jr., el boicot en un nivel básico implica "retirar la cooperación a un sistema perverso". Cuando pedimos a instituciones y organizaciones que retiren inversiones de compañías involucradas en los crímenes de Israel no estamos pidiendo nada heroico, estamos simplemente pidiendo a esas organizaciones que cumplan una profunda obligación moral. Esa es la lógica persuasiva y ética del BDS y es un factor fundamental en el impresionante crecimiento del movimiento en la última década.

El movimiento BDS está llegando a un punto de inflexión, principalmente debido a que su estrategia funciona -y funciona bien- y a que Israel se ha desplazado hacia la derecha fanática, con elementos fascistas en el Gobierno, dejando caer la última máscara de su engañosa "democracia". Quizás nuestro logro más importante es haber unido a los palestinos de todo el espectro político e ideológico en una plataforma de derechos humanos y en torno a una forma no violenta de resistencia que está anclada en el derecho internacional.

A juzgar por las victorias que el BDS ha estado acumulando recientemente parecería que, finalmente, esta estrategia basada en una lógica de presión sostenida y creciente sobre Israel en todos los campos -académico, cultural, económico y militar- está empezando a tener un efecto real y serio. O como dice Omar Barghouti: "todavía no estamos allí, pero nuestro momento sudafricano está llegando".

Nota del editor:

[1]  La ley antiboicot en Israel no penaliza al que exhorta a boicotear a Israel o a sus instituciones, pero sí permite a los ciudadanos particulares demandar por daños económicos a cualquiera que haga un llamamiento público a boicotearlos.   

Traducción del inglés: María Landi.

Publicada en +972 Magazine. Fuente: Rebelión

lunes, 3 de noviembre de 2014

Jerusalén arde: “una ciudad, dos capitales”

 

 

JERUSALÉN, MURO DE LOS LAMENTOS

 

 

Meir Margalit · · · · ·

 


 

Jerusalén arde. Desde hacen ya cuatro meses una ola de disturbios ha arrasado Jerusalén Oriental y, a esta altura de los acontecimientos, nadie puede predecir adonde nos conducirá. Este levantamiento posee características muy particulares- es espontaneo, carece de liderazgo y esta dirigido casi exclusivamente por adolecentes y jóvenes que no llegan a los 20 años. Todo estalló con el brutal asesinato de Muhamad Abu Khder, un joven de 16 años, el 3 de julio, y cobró dimensiones descomunales durante la guerra en Gaza. Desde aquel entonces, la violencia se ha extendido por todo Jerusalén Oriental y la torpe reacción israelí, basada sola y exclusivamente en el uso de fuerza policial, incrementada por una serie de pésimas decisiones gubernamentales -como permitir que los colonos se apropien de nueve edificios en la aldea de Silwan o, lo que es mucho mas peligroso, permitir la entrada de judíos nacionalistas a la Explanada de las Mezquitas durante las fiestas hebreas de octubre, alimentaron las llamas hasta un punto que nadie sabe ahora como contener. Una buena descripción de los acontecimientos se puede leer en Al-Monitor. Si bien no podemos predecir como acabará todo este proceso, los efectos parciales de este levantamiento ya son evidentes: la fórmula "Jerusalén, capital eterna y unificada de Israel", ha colapsado, fracasado, rotundamente. El único problema es que el gobierno israelí todavía no se ha percatado.

La reacción israelí ha sido sumamente severa y exagerada. Se debe a que los jóvenes insurgentes han desafiado al gobierno israelí, atentado contra la autoridad y, para el gobierno israelí la estabilidad de sus instituciones depende de la recomposición de su imagen de autoridad y del restablecimiento del equilibrio de fuerzas entre israelíes y palestinos. El objetivo de la represión no es restablecer el orden, sino restituir el temor y volver a grabar en la carne de los palestinos el precio que deben pagar por desobedecer las reglas israelíes y osar desafiar su autoridad. Dichas redadas, que encajan dentro de lo que podría calificarse como actos de terror estatal, han incluido arrestos multitudinarios, inundar las calles de cantidades improcedentes de gases lacrimógenos y fluidos nauseabundos, demoliciones de viviendas, confiscación de vehículos por deudas a instituciones estatales, clausura de comercios y hostigar a los padres de familia para obligarles a refrenar a sus hijos, porque de lo contrario deberán pagar multas personales cada vez que sus hijos se manifiesten. Volvamos a recalcarlo: el objetivo de las redadas no es restablecer el orden, ya que es de esperar que con las próximas lluvias los disturbios se irán desgastando por si solos, sino restituir el miedo, piedra angular de todo sistema totalitario.

Pero aunque la policía lograra reprimir este levantamiento, el desgastado mantra que Israel repite desde la anexión de Jerusalén Oriental en 1967, la "Jerusalén unificada", ha perdido vigencia. Hoy día, no hace falta ser un "izquierdista" para reconocer que Jerusalén esta más dividida que nunca, que los muros invisibles entre las dos partes de la ciudad son mas altos que los que antes dividían la ciudad y que los residentes palestinos no están dispuestos a vivir toda la vida bajo las botas de la ocupación israelí. Lo paradójico es que durante 65 años, Israel ha hecho todo lo posible para que este modelo no funcione. Políticas municipales discriminatorias, humillaciones y aberraciones sistemáticas, son el caldo de cultivo en el cual crecieron los jóvenes que en estos precisos momentos están apedreando todos los símbolos de soberanía israelí que se cruza en su camino. Este estallido era de esperar. Todos aquellos que conocen la realidad en el campo, sabían que era cosa de tiempo que se produjera la explosión: demasiados pirómanos andan sueltos en esta ciudad como para poder evitarlo. Los últimos acontecimientos en la Explanada de las Mezquitas, o el Monte del Templo como lo denominan los israelíes, han agregado al conflicto político una dimensión religiosa implacable. En estas mismas páginas de Sinpermiso ya he escrito que Jerusalén es una "no-ciudad", por falta de denominador común entre sus habitantes, y la excesiva politización de las relaciones humanas. En un clima tan tenso no se puede constituir una ciudad sana, un espacio en el que haya un mínimo sentimiento de pertenecía y solidaridad. Es por ello que el modelo de "la ciudad unificada" no tiene futuro y si puntualmente las fuerzas policiales lograran restaurar el orden, no cabe duda que volverá a estallar.

Jerusalén debe dividirse indefectiblemente y lo antes posible. Dada la complejidad del entramado espacial, esta división requiere un alto grado de creatividad y buena voluntad. Las dos partes de la ciudad están tan entrelazadas que es casi imposible dividirla territorialmente y no hay forma de trazar una línea divisoria coherente. Es por ello que la solución pasa por una división funcional de la ciudad, o sea, la creación de dos municipalidades en un mismo espacio territorial: la parte occidental se constituiría en la capital del Estado de Israel, mientras que la parte oriental se constituirá en capital del Estado Palestino, cuando se constituya, y ambas capitales compartirán una ciudad unificada, sin fronteras ni murallas que separen sus dos partes. Este modelo organizativo puede parecer irrealizable a primera vista. Efectivamente, es complejo y tampoco hay antecedentes de ciudades binacionales, en las cuales funcionen dos capitales para dos naciones. Pero el hecho de que no existan precedentes no significa que la idea sea ilusa e imposible de ejecutar. Partiendo de la base de que no hay otra solución factible, debemos movilizar todas nuestras energías y creatividad para que esta fórmula sea viable.

Pero tal como hemos dicho al principio, el gobierno israelí todavía no se ha percatado de que la ciudad deberá ser dividida. Para ello, necesitamos, tal como venimos repitiendo ya hace mucho, la ayuda de la comunidad internacional. El futuro de Jerusalén es un tema demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos israelíes.

Meir Margalit es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, reside en Jerusalén, donde es un activo militante del campo por la paz israelí.

Fuente: Sin permiso

jueves, 21 de agosto de 2014

Acusamos a Israel

 

 

Un templo del judaísmo en Tel-Aviv

¿Pueden ciudadanos de a pie de todo el mundo organizarse para proponer en todas las posibles instancias de jurisdicción universal una demanda colectiva contra el Estado de Israel para que se declare su extinción, ya que el estado judío a lo largo de su existencia ha cometido reiteradamente crímenes contra la humanidad, pero sobre todo porque por su propia constitución como estado judío constituye un crimen contra la humanidad? Pueden. Y ya que este tipo de delito no prescribe, estamos a tiempo para hacerlo.

Un templo del Islam en Jerusalén

He aquí los argumentos y soluciones para devolver a los judíos y palestinos, y al mundo en general, la dignidad que les fue robada mediante uno de los actos más violentos del colonialismo europeo en el siglo XX, con el apoyo del imperialismo estadounidense y por la mala conciencia europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El término sionismo se refiere al movimiento que apoya el “retorno” de los judíos a su presunta patria de la que supuestamente fueron expulsados en el siglo V antes de Cristo.

Hay que distinguir, sin embargo, entre el sionismo judío y el sionismo cristiano. El sionismo judío tiene su origen en el antisemitismo que desgraciadamente siempre persiguió a los judíos en Europa y que culminó en el holocausto nazi. El sueño de Theodor Herzl, un judío austriaco y gran defensor del sionismo, fue la creación no de un estado judío, sino de una patria segura para los judíos. El sionismo cristiano es a su vez antisemita. La idea de un estado judío se debió a los políticos británicos, sionistas y devotos anglicanos, como Lord Shaftesbury, quien por encima de todo, quería ver a su país libre de judíos en su calidad de judíos. Sólo los judíos cristianizados eran tolerados, como Benjamin Disraeli, que llegó al cargo de primer ministro.

Esta tolerancia tenía que ver con la profecía cristiana según la cual el destino de los judíos era la conversión al cristianismo. El mismo sentimiento existe hoy en día entre los evangélicos norteamericanos, que apoyan a Israel como un estado judío y su despiadada expansión colonial contra los palestinos, porque creen que la total redención se producirá al final de los tiempos, con la conversión de los judíos en la Parusia, con el retorno glorioso de Jesucristo.

Fue Lord Shaftesbury quien, en el siglo XIX, formuló el pensamiento “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, que ayudaría más tarde a justificar la creación del Estado de Israel en Palestina en 1948. Y algunos años más tarde, otro sionista no judío, Arthur James Balfour, fue quien propuso la creación de una “patria para los judíos” en Palestina, sin consultar a los pueblos árabes que habitaban este territorio durante más de mil años. “Las grandes potencias” (Austria, Rusia, Francia, Inglaterra), se dice en el Memorándum Balfour de 11 de agosto de 1919, “están comprometidas con el sionismo. Y el sionismo, correcto o incorrecto, bueno o malo, tiene sus raíces en tradiciones seculares, en necesidades presentes y futuras esperanzas, que son mucho más importantes que los deseos de los 700.000 árabes que ahora habitan en ese antiguo territorio”.

Urgía, por lo tanto, transformar a aquellos árabes en un no-pueblo. En 1948, con el beneplácito de las potencias occidentales, especialmente Inglaterra, fue creado el Estado de Israel en una Palestina poblada por árabes y un 10 por ciento de inmigrantes judíos. Se argumentó entonces que había que encontrar un espacio para el pueblo judío, al que nadie quería recibir tras el genocidio en Alemania.

Mucho antes de esta catástrofe, los judíos sionistas ya habían pensado en varias ubicaciones para su futuro Estado. A finales del siglo XIX, una región de Uganda, en lo que hoy es Kenia, entonces colonia británica, fue considerada como un posible sitio para el futuro Estado de Israel. En Argentina también llegó a ser considerado un espacio. Más tarde, consultado sobre una ubicación en el norte de África, en lo que hoy es Libia, el rey de Italia, Víctor Manuel, se negó respondiendo: “Ma è ancora casa di altri” (Sigue siendo casa de otros). Pero ningún europeo, sin embargo, preocupado por la situación de los judíos, pensó nunca en un lugar en la propia Europa. Había que inventar “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.Aunque fuera incluso necesaria la destrucción de un pueblo.

Y así, paulatinamente, hemos visto la eliminación de un pueblo de la faz de la tierra desde hace sesenta y seis años. La Cisjordania palestina está siendo desmantelada por los asentamientos ilegales y la Franja de Gaza convertida en prisión al aire libre. La extrema derecha israelí apenas es un poco más estridente que su gobierno cuando reclama que “los árabes hediondos de Gaza sean arrojados al mar”. Lo que es sorprendente, dice el historiador judío israelí, Ilan Pappé, en The Ethnic Cleansing of Palestine (2006), es ver cómo los judíos en 1948, recién expulsados de sus casas, expoliados de sus bienes y finalmente exterminados, procedieron sin pestañear a la destrucción de aldeas palestinas, con la expulsión de sus habitantes y la masacre de aquellos que se negaron a abandonar.

El comentario controvertido de José Saramago de hace unos años, de que el espíritu de Auschwitz se reproduce en Israel hoy en día, tiene más sentido que nunca. Así fue sacrificada Palestina, invocando razones bíblicas e históricas que la Biblia no sanciona y la historia desmitifica. Muchos judíos, como los que forman parte de la “Voz Judía por la Paz”, no son sionistas y consideran que el Estado de Israel, en las condiciones en las que fue creado (un territorio, un pueblo, una lengua, una religión) es una aberración colonialista arcaica, basada en el mito de una “tierra de Israel” y un “pueblo judío” que la Biblia ni siquiera confirma.

Como bien demuestra, entre otros, el historiador judío israelí Shlomo Sand, Palestina como “tierra de Israel” es un invento reciente (The Invention of the Land of Israel, 2012). Por cierto, según el mismo autor, el concepto de “pueblo judío” es un invento reciente (The Inventions of the Jewish People, 2009). La creación del Estado judío de Israel constituye un crimen continuado cuya inhumanidad más profunda hoy es patente. Declarada su extinción, los ciudadanos del mundo proponen la creación en Palestina de un Estado laico, plurinacional e intercultural, donde judíos y palestinos puedan vivir en paz y con dignidad. La dignidad del mundo de hoy está hipotecada a la dignidad de la convivencia entre palestinos y judíos.

Fuente: Público.es

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