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| Dicaprio y Lenin |
Àngel
Ferrero
La eterna cuestión del entierro del líder de la URSS y la posibilidad de un
'biopic' protagonizado por el actor estadounidense potencian en Rusia el debate
en torno al fundador de la III Internacional a un año del centenario de la
Revolución de Octubre.
A nadie, o casi nadie, que fuese educado en la Unión Soviética se le han
olvidado estas palabras:
“¡Lenin vivió, Lenin vive, Lenin
vivirá!”. El lema era, en realidad, un fragmento de
Komsomólskaya (1927), un poema de Vladímir Mayakovski. “Llevado al
mausoleo / una partícula de Lenin, su cuerpo / pero no lo acepta / tampoco la
tierra, ni las cenizas”. Vladímir Ílich Uliánov, mundialmente conocido como
Lenin, murió el 21 de enero de 1924, pero su memoria se resiste a ser sepultada,
y recientemente ha retornado, de manera inesperada, al debate
público.
Durante una reunión en el Kremlin del Consejo Presidencial para la
Ciencia y la Educación, el presidente del Instituto Kurchátov para el estudio de
la energía nuclear, Mijaíl Kovalchuk, sacó a colación una cita de Borís
Pasternak sobre Lenin (“dominó el pensamiento, y con él, el país”). A su turno,
el presidente ruso, Vladímir Putin, contestó que ese dominio del pensamiento
condujo en última instancia al desplome de la Unión Soviética.
“Puso una
bomba atómica bajo el edificio que llamamos Rusia, y luego explotó”,
dijo Putin, “no nos hacía falta una revolución mundial”. ¿A qué se refería
Putin? Unos lo interpretaron como una suerte de declaración preventiva ante la
posibilidad de una nueva ola de protestas sociales causadas por la crisis
económica y la caída de los precios del petróleo. Otros, como parte del relato
nacional simplificado por el que Lenin “traicionó” a Rusia, Stalin la
“recuperó”, Gorbachov la volvió a “perder” y Putin a “recuperar”.
Para atajar las especulaciones sobre el significado de sus declaraciones,
Putin aclaró lo dicho en el foro del Frente Popular ─movimiento político-social
próximo al Kremlin─ celebrado en Stávropol el pasado 25 de enero. Según el
presidente ruso, en el debate sobre la cuestión nacional que tuvo lugar en el
primer tercio del siglo XX, Lenin se equivocó al querer conceder a las
repúblicas integrantes del Estado el derecho a la secesión “y eso fue una bomba
atómica bajo el edificio de nuestro Estado”. En un reciente artículo para
RBK, Aleksandr Ráznik sostiene que Putin probablemente busque mantener
vivo el recuerdo de la desintegración de la URSS ─a la que se refirió como
“la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” en 2005─ como
una amenaza velada de lo que le podría pasar a la Rusia moderna, y utilizarlo
como argumento moral contra potenciales adversarios.
“Me gustaban y gustan mucho todavía las ideas comunistas y socialistas”,
añadió Putin, quizá como concesión retórica. "Las ideas son buenas, entre ellas
la igualdad, la fraternidad, la felicidad,
pero la realización de estas
ideas admirables en nuestro país distaba mucho de lo que predicaban los
socialistas utópicos". El primero en responder a las declaraciones de
Putin fue, obviamente, el presidente del Partido Comunista de la Federación Rusa
(PCFR), Guennadi Ziugánov. "Sólo el genio de Lenin y la voluntad política de los
bolcheviques permitieron reunir el país en un nuevo formato, el formato
soviético de un Estado de repúblicas", afirmó Ziugánov.
El entierro de Lenin no está en la agenda
No fue la única vez que Putin se refirió a Lenin en menos de una semana. En
Stávropol Putin fue preguntado, una vez más, por la cuestión del entierro del
autor de
El Estado y la revolución. “Creo que deberíamos aproximarnos a
esta cuestión con cuidado
para no tomar pasos que no comparta nuestra
sociedad”, respondió. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, añadió
que esta cuestión “no está en la agenda”.
Las autoridades rusas saben que la
sepultura de Lenin podría tener lecturas simbólicas, que irían más allá del
hecho en sí. Irónicamente, el propio Lenin dejó dispuesto
ser enterrado
junto a su madre en el cementerio Volkov de Petrogrado (actual San Petersburgo).
La versión oficial soviética mantenía que la afluencia de visitantes a
la capilla ardiente, instalada en la Plaza Roja de Moscú frente a las murallas
del Kremlin, obligó al embalsamamiento de Lenin y a la construcción de una
instalación permanente para alojar su cuerpo, depositado en un sarcófago
diseñado por el arquitecto Konstantín Melnikov. Otros autores, como el teórico
marxista Maximilien Rubel, sostienen que fue Stalin quien tomó personalmente la
decisión, en contra tanto de la voluntad de Lenin como de su esposa, Nadezhda
Krupskapya, como parte de una estrategia que legitimase su ascenso en el partido
y el nuevo sistema político-social que estaba gestándose.
El embalsamiento y el mausoleo estuvieron, en cualquier caso, rodeados de
polémica desde el comienzo. El edificio fue originalmente diseñado por el
arquitecto Alekséi Shchusev y construido en madera. A partir de este primer
diseño se construyó el mausoleo actual, utilizando como materiales mármol,
granito, pórfido y labradorita. El diseño de Shchusev, que mezclaba elementos
constructivistas con los de mausoleos de la Antigüedad como la pirámide
escalonada de Zoser, en Egipto, y la tumba del rey Ciro, en Irán, fue criticado
por sus colegas del grupo LEF (Frente de Izquierdas de las Artes) como una
"muestra de barbarismo asiático", "indigna de un marxista".
Boris Groys ha ofrecido en
Obra de arte total Stalin la que quizá
sea la interpretación más interesante de lo que simbolizó el mausoleo de Lenin
durante la etapa soviética. Según Groys, los críticos de LEF fueron “ciegos a la
originalidad de la nueva cultura estalinista que estaba tomando cuerpo ante sus
ojos”. “Las momias de los faraones y otros gobernantes de la Antigüedad”,
escribe Groys, “estaban enmuralladas en pirámides y escondidas a los mortales.
[…]
Lenin estuvo, desde el comienzo, simultáneamente enterrado y
expuesto al público. […] Mientras las momías tradicionalmente se
vestían en ropajes que marcaban la transición del mundo terrenal al otro mundo,
la apariencia externa de Lenin ha sido reconstruida 'de modo realista', hasta el
último detalle, a como era 'en vida'. […] Podría decirse que, antes, el cuerpo
de los fallecidos era honrado por su absoluta otredad, porque pertenecía a un
mundo que era alternativo al nuestro terrenal y -como en el judaísmo y el
cristianismo- porque ofrecía la esperanza de resurrección.
El cuerpo de
Lenin es reverenciado porque el fallecido lo ha abandonado
irremediablemente”.
En otras palabras, continúa Groys, “ya no
corresponde a una realidad espiritual. En este sentido, el cuerpo de Lenin era
venerado y dispuesto como una prueba del hecho de que se había marchado para
siempre del mundo, como un testimonio de que ha abandonado su encarnación en
éste sin dejar ninguna huella y que, en consecuencia, su espíritu o su 'causa'
estaba
disponible para la 'encarnación' en los subsiguientes líderes
soviéticos” los cuales, recuerda, dos veces al año, se subían a lo alto
del mausoleo para presidir los desfiles del Día Internacional de los
Trabajadores y el aniversario de la Revolución de Octubre.
Lenin y DiCaprio
“De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”, le señaló
Lenin al primer comisario de Educación de la URSS, Anatoli Lunacharski. Poco
podía imaginar que algún día se convertiría en objeto de interés del star system
de Hollywood. En una entrevista a comienzos de enero con el diario
Die
Welt, Leonardo DiCaprio expresó su interés en interpretar, entre otros, a
Putin y a Lenin.
“Creo que debería de haber más películas sobre la
historia rusa. Tiene muchas historias dignas de Shakespeare”, dijo el
actor.
El estudio Lenfilm en San Petersburgo no tardó más de un día en
ofrecerle al actor estadounidense la posibilidad de protagonizar una película
sobre el dirigente bolchevique.
"Leo se parece al joven Lenin y es a
menudo comparado a él. Tenemos suficientes decorados y accesorios para
recrear la época prerrevolucionaria", indicó el portavoz de Lenfilm, Valeri
Karpov, citado por la agencia Sputnik. El director Vladímir Bortko, miembro del
PCFR, se ofreció a dirigirla. "DiCaprio es un buen actor. Puede desempeñar
cualquier rol. Me gustaría rodar una película con él, si Leo me invita como
director. ¿Cuál de los mencionados proyectos tendrá más éxito?, eso depende del
guión", comentó.
Pero no todo el mundo está tan entusiasmado con la idea. "Enviamos hoy una
carta a Lenfilm expresando que si ellos le dan la posibilidad (a DiCaprio de
interpretar el papel de Lenin), se realizarán protestas y acciones de
desobediencia junto a la entrada de Lenfilm, y no les dejaremos entrar", afirmó
a la agencia RIA Novosti Serguéi Malinkovich, miembro del Comité Central del
PCFR. Según Malinkovich, cuyo sentimiento dijo que muchos militantes del partido
compartían,
el actor estadounidense "no tiene ninguna base moral para
interpretar a Lenin después de que fuese interpretado por actores como
Uliánov, Schukin, como Kiril Lavrov".
La indignación del PCFR ─convertido en (y acaso limitado a) guardián de las
esencias de la extinta Unión Soviética─ tiene raíces históricas. Como han
observado diferentes autores, el comunismo soviético se desarrolló en unas
condiciones históricas particulares que acabaron creando
una identidad
político-cultural diferenciada de la del socialismo europeo, y esa
identidad en no pocas ocasiones entroncó con el milenarismo cultural ruso. Ya la
vanguardia soviética invitó a convertir el rincón del hogar reservado a los
iconos ortodoxos (krasny ugol) en el espacio donde instalar la nueva propaganda
roja (krasny ugolok).
Más adelante, durante el estalinismo, como notaron André Gide y otros, los
iconos ortodoxos fueron sustituidos por los retratos de los dirigentes
soviéticos, y hay incluso quien atribuye la idea de este desplazamiento
al propio Stalin, quien se educó en un seminario ortodoxo. El
trato reverencial que se llegó a dispensar a estos retratos hizo que muchos zek
(prisioneros e internos en campos de trabajo) se los tatuasen en el pecho
creyendo que así evitarían su ejecución ante un pelotón de fusilamiento. Sólo
con la desintegración de la URSS la imagen de Lenin pudo ser tratada por los
artistas y cineastas con mayor libertad, y aunque la primera reacción a las
directrices estéticas anteriores fue sobre todo la parodia o la ironía, años
después permitió obras como
Taurus (2011) de Aleksandr Sokurov, en la
que Leonid Mozgovoi da vida al Lenin gravemente enfermo y en silla de ruedas de
sus últimos días.
De llegar a filmarse la película con DiCaprio, no será la
única cinta sobre Lenin llamada a la controversia. El novelista Vladímir Sorokin
anunció el pasado mes de mayo que había terminado de redactar
un guión
sobre la vida del fundador de la IIIª Internacional. Según RIA Novosti,
el director estadodunidense Steven Soderbergh mostró inicialmente interés en
dirigirla, pero finalmente renunció para concentrarse en su trabajo para
televisión. También se le ofreció el guión al director de
La vida de los
otros (2006), Florian Henckel von Donnersmarck, que declinó igualmente la
oferta. Sorokin ya tuvo que enfrentarse en 2002 a un pleito judicial de la
organización juvenil pro-Kremlin 'Caminando juntos' por “difusión de pornogafía”
por su novela
Salo azul, por lo que la película, cuyo estreno está
previsto para marzo de 2017, no dejará previsiblemente a nadie indiferente.
Cuenta atrás para el centenario
En 2017 se conmemora el centenario de la Revolución de Octubre, uno de los
hechos que indiscutiblemente cambió la historia de la humanidad. A diferencia de
lo que ocurre con la Gran Guerra Patria (1941-1945), la Rusia post-soviética
sigue teniendo problemas para encajar este episodio en su relato histórico,
como demuestra el reciente debate en torno al legado de Lenin.
En mayo de 2015, el ministro de Cultura, Vladímir Medinski, planteó la
posibilidad de celebrar el aniversario en clave de reconciliación. “Esta
revolución, el intento del pueblo de construir una sociedad justa, cambió el
mundo. El resultado fue un Estado con orientación social.
Pero dividió a
la sociedad y siguió dividiéndola”, dijo Medinsky. “Es necesario
condenar el terror, pero hemos de mostrar respeto a los héroes de todos los
bandos: los rojos, los blancos y, quizá, los verdes”, explicó al referirse a las
milicias campesinas que lucharon por igual contra el Ejército Rojo y el Ejército
Blanco durante la guerra civil (1917-1922).
La idea de Medinski pasa por
construir
un monumento en Sebastopol que represente al barón
Piotr Nikolayevich Wrangel, comandante del Ejército Blanco, al comandante del
Ejército Negro, Nestor Majnó, y a Mijaíl Frunze, quien, al mando del Ejército
Rojo, expulsó a los dos anteriores de Ucrania, así como a los nacionalistas de
Simón Petliura. Aunque hay quien ha querido comparar la propuesta de Medinski
con la rehabilitación parcial del almirante Aleksandr Kolchak ─el último
representante del gobierno blanco─, es evidente que los tres protagonistas, que
se combatieron ferozmente entre sí, hubieran considerado la mera idea poco menos
que una afrenta.
Lo cierto es que, a un año del centenario, nadie sabe
todavía cómo será la conmemoración de la Revolución de Octubre. El 7 de
noviembre de 1917, a las 09.45, el crucero Aurora, atracado en el río Neva,
anunció con la señal convenida, el disparo de un cañón, el asalto al Palacio de
Invierno.
Cien años después ese disparo aún reverbera. Por lo
menos, y por ahora, en el debate intelectual.
Àngel
Ferrero
miembro del Comité de Redacción de SinPermiso
Fuente:
http://www.publico.es/internacional/putin-fantasma-lenin-dicaprio.html