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lunes, 15 de mayo de 2017

Caricatura digital de Mariano Rajoy para chiste político sobre la hucha de las pensiones


Caricatura digital de Mariano Rajoy para chiste político sobre la hucha de las pensiones
 Publicado por jordinero

Es momento de pactos para formar gobierno. Mariano Rajoy posiblemente no renovará legislatura. Pero si se va, lo dejará todo atado y bien atado. Uno de los temas que más preocupan a la población es el saqueo indiscriminado de la hucha para las pensiones. El presidente, para tranquilizar a los ciudadanos al respecto, preguntó el otro día a Montoro si quedaba suficiente dinero en la hucha. El ministro contestó:


– Para un par de cortados, nos llega.


Con lo cual todos nos quedamos más tranquilos…


En verano quedaban en la hucha para las pensiones unos 39.520,46 millones, de los 66.815 millones de euros que había en el 2011. A este ritmo de saqueo, en 2018 ya no quedará un céntimo.

El Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido popularmente como la hucha para las pensiones, se empezó a perfilar en 1995, tras el Pacto de Toledo, se consolidó en 1997 y empezó a recibir aportaciones en el 2000, bajo el gobierno de José María Aznar. Este fondo de reserva fue creado para asegurar el pago de las pensiones a pesar de las posibles crisis económicas y el aumento de la esperanza de vida de nuestros ancianos.

Además de las rastas del diputado Alberto Rodríguez y del bebé de la diputada Carolina Bescansa, estos días se habla básicamente de las opciones para formar gobierno. El PP y Ciudadanos no tendrían suficientes escaños para gobernar juntos. El PSOE ha de hacer malabarismos para formar un gobierno progresista de izquierdas. Para poder gobernar, además de entenderse con Podemos, ha de pactar con socios tan incómodos como ERC y Bildu. Eso o convocar nuevas elecciones.

Los diputados del PP andan estos días con el estómago un poco revuelto pensando que podrían acceder al gobierno los rojos extremistas piojosos y malgastar el dinero público en tonterías para pobres como la sanidad pública, la educación pública y las pensiones.

Si la memoria no me falla, Mariano Rajoy sería el primer presidente elegido por las urnas de esta pseudo democracia monárquica que no renovaría su mandato. Eso sería una auténtica pena para el humor gráfico. Un presidente que basa toda su estrategia de genial estadista en la máxima “un vaso es un vaso y un plato es un plato” merece ser eterno.
Fuente: Caricaturas a la carta

domingo, 30 de octubre de 2016

El fantasma de Buenamuerte ronda las pensiones

Último ataque al sistema público de pensiones


Último ataque al sistema público de pensiones
El fantasma de Buenamuerte ronda las pensiones

Héctor Illueca Ballester
Diagonal


El viejo contrato social, que representaba un compromiso entre generaciones, se está deshaciendo ante nuestros ojos. El Gobierno se dispone a acometer la enésima reforma de las pensiones, recortando aún más las ya exiguas prestaciones y convirtiendo a los ancianos en trabajadores pobres.
Le llamaban Buenamuerte y siempre había trabajado en la mina. Sus esputos negros son todo un presagio del futuro que aguarda a los protagonistas de Germinal, la inmortal novela de Emilio Zola. Cincuenta años bajando a la mina, tres accidentes graves y una sucesión de trabajos extremadamente duros desde que tenía ocho años. Ahora, ya anciano y carcomido por la silicosis, acarrea carbón en el pozo de Voreaux mientras espera vanamente una pensión de 180 francos que le permitirá descansar.

Testigo privilegiado del conflicto que atraviesa la novela, el viejo sigue trabajando hasta que la enfermedad interrumpe de manera abrupta una trayectoria laboral que se prolonga durante toda la vida. Su sentido del humor y su proverbial resistencia lo hacían muy querido por sus compañeros, que como no reventaba le llamaban Buenamuerte. Su figura ilustra y resume uno de los rasgos más obscenos del capitalismo durante el siglo XIX: la utilización abusiva de los ancianos como mano de obra barata por parte de las empresas.

Como si de un déjà vu se tratase, el fantasma de Buenamuerte ronda nuevamente las pensiones de los jubilados. La ministra de Empleo y Seguridad Social en funciones, Fátima Báñez, ha anunciado que cuando arranque la legislatura el Gobierno permitirá compatibilizar la pensión de jubilación con la realización de cualquier trabajo por cuenta propia o ajena, elevando del 50 al 100 por cien la cuantía de la prestación que puede simultanearse con el desarrollo de una actividad profesional. Recordemos que, desde su introducción en 2013, la denominada “jubilación activa” implica una reducción del 50 por cien en la cuantía de la prestación a percibir por el beneficiario con independencia de la jornada efectivamente realizada, lo que supone una importante limitación en el recurso a esta modalidad de jubilación. Adicionalmente, para reforzar la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social, se contempla una cotización especial de solidaridad del 8%, no computable a efectos de prestaciones, corriendo el 6% a cargo de la empresa y el 2% a cargo del trabajador.

Por lo pronto, la intención del Gobierno es difícilmente conciliable con el tenor literal del artículo 213 de la Ley General de la Seguridad Social, donde se establece que la pensión de jubilación “será incompatible con el trabajo del pensionista, con las salvedades y en los términos que legal o reglamentariamente se determinen”. Esta norma, ahora cuestionada, traslada al orden jurídico una conquista histórica del movimiento sindical: la garantía del retiro obrero en condiciones de bienestar y “suficiencia económica”, por retomar la expresión del artículo 50 de la Constitución Española de 1978.

Partiendo de esta base, los diversos instrumentos que permiten compatibilizar el trabajo y la pensión en nuestro ordenamiento, como la jubilación flexible, la jubilación parcial o la anteriormente citada “jubilación activa”, están rodeados de cautelas y han tenido muy poca incidencia práctica. Ahora, la ministra apunta a la supresión de estas limitaciones y a la plena normalización de lo que siempre ha sido una excepción, es decir, la compatibilidad entre el trabajo y el disfrute de la pensión de jubilación.

En nuestra opinión, esta opción legislativa está relacionada con las últimas reformas del sistema de pensiones aplicadas en nuestro país, que implican un recorte sustancial en la cuantía de las prestaciones. Como cabía esperar, sus efectos se despliegan de manera progresiva y no se percibirán plenamente hasta la entrada en vigor del factor de sostenibilidad en 2019, pero ya han empezado a sentirse en el poder adquisitivo de las pensiones. Si consideramos la revalorización prevista para el año próximo en el plan presupuestario que el Gobierno acaba de enviar a Bruselas (0,25 por ciento), las conclusiones son inapelables. La evolución acumulada y comparada del IPC y de las revalorizaciones aplicadas desde 2011 revela que las pensiones han sufrido una pérdida de poder adquisitivo del 3,55 por ciento en el caso de las prestaciones superiores a 1.000 euros, y del 2,55 por ciento para cuantías inferiores a esa cifra. Todo hace pensar que esta tendencia persistirá y se intensificará en los próximos años, obligando a muchos jubilados a compatibilizar el cobro de la pensión con el desarrollo de una actividad laboral.

Ya ocurre en otros países de Europa. En Alemania, por ejemplo, la reforma de la jubilación acometida en 2004 introdujo un factor de sostenibilidad que vincula las pensiones a la evolución de la población activa, lo que ha supuesto una importante reducción de las mismas con el transcurso del tiempo. Según Carmela Negrete, el número de jubilados que se ven forzados a trabajar se incrementa continuamente, alcanzando la nada despreciable cifra de 140.000 pensionistas sólo en la región de Baviera.

Para escapar de la pobreza, los ancianos aceptan los llamados minijobs, una suerte de trabajos mal pagados y no cualificados en los que se exponen a todo tipo de abusos. En el país teutón, los pensionistas se han convertido en una reserva de mano de obra barata y fácilmente explotable. Si se cumplen las previsiones de Fátima Báñez, España transitará por la misma senda y abrirá la puerta a la sobreexplotación de las personas durante la tercera edad. Sin olvidar que, con ello, la Seguridad Social podrá seguir recaudando las correspondientes cotizaciones, lo que no es cuestión menor ante una previsión de déficit de casi 19.000 millones de euros en 2017.

En nuestro país, muchos ancianos atraviesan una existencia precaria. El 20% de las pensiones contributivas y la totalidad de las no contributivas se encuentran por debajo del umbral de pobreza. El 72% de los jubilados perciben una pensión inferior a 1.100 euros y el 49% está por debajo de 700 euros. Muchos de ellos ni siquiera han acabado de pagar su hipoteca. Las reformas gubernamentales los están convirtiendo en una fuente de trabajo precario y mal pagado, permanentemente dispuestos a aceptar cualquier cosa con tal de evitar la exclusión social. Pero no sólo eso. La creciente desesperación de los ancianos representa una amenaza formidable para los trabajadores jóvenes que se encuentran en la periferia del mercado laboral. En cierto sentido, desempeñan un papel similar al de los inmigrantes: mucho más baratos que los jóvenes y provistos de una amplia experiencia laboral, pueden ser una opción muy atractiva para las empresas, especialmente en aquellos puestos en los que la edad no sea un elemento determinante.

El viejo contrato social, que representaba un compromiso entre generaciones, se está deshaciendo ante nuestros ojos. El Gobierno se dispone a acometer la enésima reforma de las pensiones, recortando aún más las ya exiguas prestaciones y convirtiendo a los ancianos en trabajadores pobres. Los Pactos de Toledo forman parte del pasado. El movimiento sindical debe prepararse para una batalla decisiva y exigir una reforma que provea mecanismos de financiación suficientes y adecuados para garantizar, e incluso mejorar, las pensiones. En definitiva, un nuevo contrato social basado en la solidaridad y al servicio de la ciudadanía.

En el camino encontrará la simpatía de la inmensa mayoría de la población, que no desea seguir trabajando tras alcanzar la edad de jubilación. Y encontrará, también, la complicidad de poderosas fuerzas sociales que han emergido al calor de la crisis y constituyen en la actualidad la izquierda más fuerte de Europa. El fantasma de Buenamuerte sobrevuela las pensiones, no dejemos que se apodere de ellas.

Héctor Illueca Ballester, doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social. Profesor de la Universidad de Valencia.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/32052-fantasma-buenamuerte-ronda-pensiones.html

miércoles, 26 de octubre de 2016

La verdad del socialismo de los obreros españoles



Por Alberto Vila 

Suelen decir que la primera víctima de la guerra es la verdad. Esta podría ser la tónica de los acontecimientos acaecidos en los últimos meses dentro del Partido Socialista Obrero Español. Sus contradicciones y flagrantes incumplimientos tuvieron el parapeto del bipartidismo. Eso, aunque parezca lo contrario, se ha terminado.

El marcador de la gravedad de la situación política interna podría ser, a juicio de lo visto con anterioridad, la prácticamente ausente cuestión venezolana de la Agenda Setting de los periódicos nacionales. La máquina mediática del poder en España se está empeñando en “hacer pedagogía”, todo para justificar la “Operación Abstención”. La cuestión no es menor, tanto que la mediación del Papa, ya no es noticia de cabecera para la prensa gubernamental. Tal vez, porque este Papa no es figura grata a la Conferencia Episcopal Española. Lo cierto, pese a ello, es que Podemos está siendo obviado de estos acontecimientos venezolanos. Grave debe ser la cuestión interna del socialismo español… y peor la de sus militantes.

Quizá porque la legislatura puede ser un remanso de paz para los integrantes del pacto o, por el contrario, un campo lleno de dificultades parlamentarias para la oposición real. En el PP, según me cuentan, están tranquilos por la solidez de la “conexión andaluza”. Siempre le bastarán su docena de votos para sacar adelante los mayores recortes de la historia de la democracia española. Esa tranquilidad también se asienta en la sumisión de los sindicatos mayoritarios del país. Paz parlamentaria. Paz social. O eso se creen.

La situación, sin embargo, parece hacer suponer un aumento de la indignación. Este sentimiento, como el agua que baja de los montes, busca caminos insospechados, pero siempre son efectivos. De aquí, las tormentas que se avecinan anuncian caudales de efectos insospechados. El miedo es el combustible del autoritarismo.

En sanidad, la privatización encubierta ha seguido progresando. Desde Aguirre, nada ha dejado esa línea de actuación. Lo único que había cambiado fue el ritmo. Pero la ejecución puede consultarse con los integrantes de la Marea Blanca.

En educación, el deterioro y la intromisión de la educación confesional en las escuelas es una evidencia. En Valencia aplicaron el modelo de los barracones. Eso es lo que pretenden aplicar en España. Regresar a un pueblo iletrado e hipnotizado por el modelo “Telecinco” o “La Sexta”, es un plan que ya se ejecuta. Pueden hacer la prueba de detener a cualquier persona por la calle y preguntar quién es el ministro de Educación. Prueben. También pueden preguntar a esas mismas personas quien es el portero de la selección española de futbol. Luego pregúntense porqué se vota como se vota en nuestro país. Porque compran las grandes mentiras que les preparan entre medias verdades.

En servicios sociales, la privatización deja fuera de una cobertura que pagamos todos, pone en riesgo de vida a dependientes y enfermos crónicos. Es paradójico que se hable de sostenibilidad, cuando se siguen permitiendo que las grandes empresas sigan eludiendo sus obligaciones fiscales. Dejo fuera a los micro y pequeños empresarios. Son las víctimas de este modelo, además de los trabajadores llanos. Ellos y ellas parecen no percatarse que los están friendo a impuestos mientras las medianas grandes y grandes, tienen sus sedes fiscales fuera de España. Otra mentira institucionalizada.

Qué decir del sistema de pensiones. Como antes lo fueron las Cajas de Ahorros, ahora lo son las jubilaciones. La banca le ha exigido eso a los miembros de la Gran Coalición.

La verdad se enmascara bajo términos grandilocuentes llenos de furor patriótico. Como “el interés general de España”. Me entran dudas de los motivos por los que el periodismo no solicita un desarrollo de ese enunciado a los entrevistados. ¿Será porque son profesionales condicionados por la máquina mediática gubernamental?

En este panorama no se puede obviar que las dirigencias socialistas fueron directas responsables de los recortes, de las claudicaciones, de las leyes permisivas a los oligopolios. Más que gestores son representantes de esos grupos en las más altas funciones del gobierno. Esa verdad les duele. Esa verdad es la que pretenden ocultar en estos momentos.

¿Qué nos espera a los ciudadanos de a pie? Nos queda agruparnos. Movilizarnos. Manifestarnos democráticamente en contra de ese atentado. Tal vez sea el modo de evidenciar que el sistema tiene menos democracia de lo que anuncian y más “verdades prefabricadas” de lo que suponíamos.

En cualquier caso. La movilización es la herramienta que nos queda. O eso, o la aceptación sumisa del relato que nos impongan los de siempre. No son verdades iguales. Son tan diferentes como lo somos nosotros en relación a ellos.

La “verdad” del socialismo de los obreros españoles está en sus manos. En la fuerza que tengan para reivindicar como lo hicieron sus padres y abuelos, los derechos que por justicia les corresponde. Allí reside. No en el seno de Ejecutivas o Gestoras.

Si lo olvidaron, va siendo hora que lo recuerden.

Fuente: diario 16

miércoles, 19 de octubre de 2016

Que se vayan preparando los pensionistas

Una pareja de pensionistas, en una manifestación contra los recortes de Rajoy


Juan Carlos Escudier

Mientras se mantiene artificialmente el suspense sobre la investidura de Rajoy, que se consumará a finales de este mes como está mandado, los espectadores de la opera bufa han olvidado que la representación tendrá un segundo acto dramático. Así, una vez que abandonen la escena los figurantes del PSOE que tan buenos momentos han hecho pasar al respetable, y caiga el telón sobre esa actriz andaluza que ha sido la encarnación misma de una de las hilanderas de Velázquez, de lo bien que ha cosido la criatura, llegará Mariano el de las rebajas con sus tijeras y se acabarán las risas.

Lo primero que hará nuestro jardinero presidente será podar 5.500 millones de euros de los nuevos Presupuestos por eso de cumplir con el objetivo de déficit que exige Bruselas. Para explicar cómo se ha consumado este desfase con Montoro y Guindos de carabina de las cuentas y con un crecimiento de la economía en el entorno del 3% no hace falta más que recordar la última reforma fiscal con la que el Ejecutivo quería presentarse a las elecciones y por la que se dejaron de ingresar 8.000 millones. Cambiar impuestos por votos siempre fue una jugada maestra.

Lógicamente, ahora toca desandar el camino, algo que como todo el mundo entiende sólo es posible aumentando los ingresos, es decir, volviendo a elevar la fiscalidad ahora que ya no hay elecciones, o recortando el gasto público, de manera que los justos vuelvan a pagar por los pecados de otros. Para resolver el dilema shakesperiano de decidir entre subir el IVA de los productos básicos o meterle un tajo a las becas ya se ha lanzado en Moncloa una moneda al aire.

Será el aperitivo. El plato fuerte volverán a ser las pensiones, cuya hucha ha sido esquilmada sin piedad y quedará vacía a finales de 2017. Para entendernos, el desequilibrio entre ingresos y gastos ronda los 20.000 millones, por lo que ya se dibuja en el horizonte una nueva reforma que se sumará al latrocinio que se perpetró contra los pensionistas hace un par de años.

Conviene recordar que, pese a la propaganda oficial que proclama que las pensiones subirán siempre gracias al PP y que la prueba es que el próximo año lo harán en un espectacular 0,25% con un IPC negativo, la realidad es que el sistema se concibió para desvalijar a los jubilados, hasta el punto de que se calculó un “ahorro” de 33.000 millones en nueve años.

La cosa funciona así. Las pensiones se revalorizan hasta un tope del 0,25% respecto a la inflación pero siempre que los ingresos del sistema sean superiores a los gastos. Es decir, si el próximo año el IPC fuera del 1,5% y las cuentas de la Seguridad Social siguieran en números rojos, que lo estarán, las retribuciones de los pensionistas sólo aumentarían ese 0,25% citado. En consecuencia, harían falta unos lustros de superávit para que recuperaran el poder adquisitivo que perderán cada año de plomo.

Lo que se planteará ahora serán varias vueltas de tuerca al tornillo y como se comprenderá no es indiferente quién gobierne a la hora de decidir cómo se maneja la llave inglesa. No es lo mismo eliminar el tope a las cotizaciones sociales para que contribuyan más los que más ganan o eliminar las bonificaciones empresariales que implantar por decreto planes privados de pensiones o aplicar de inmediato el factor de sostenibilidad en función de la esperanza de vida. No es lo mismo incidir en los ingresos que en los gastos.

El agujero negro de la Seguridad Social no habría sido posible sin el denodado esfuerzo del Ejecutivo, que vino a prepararnos un cóctel explosivo de destrucción de empleo y reducción de salarios de los de no levantar cabeza al día siguiente por la resaca. Su gran mérito en este campo fue la de haber frenado, por primera vez en la serie histórica, la esperanza de vida de los españoles, algo muy útil a efectos presupuestarios porque, salvo excepciones, los muertos no cobran pensiones.

También fue muy inteligente obligar a los jubilados a pagar por sus medicinas, que era una forma de que sus pensiones retornaran al Estado, o eliminar las ayudas a la dependencia, que eso mata bastante y alivia el problema de caja. Como nada de eso ha sido suficiente, la reforma se torna imprescindible. Los pensionistas presentes y futuros pueden irse preparando. De la comedia al drama, en dos actos.

Juan Carlos Escudier

Fuente: Público.es

viernes, 29 de julio de 2016

El drama de las pensiones



EULÀLIA SOLÉ

 Alarmante la impunidad con que el Gobierno español, en funciones o no, está vaciando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Es una caja que se creó en el año 2000 a fin de contar con fondos destinados a atender las necesidades “especiales” que pudieran surgir. Lo que sucede es que lo especial lo han convertido en general.

La sustracción comenzó en el 2012 para una paga extraordinaria de pensiones, y a partir de esta fecha las detracciones han continuado hasta sumar la cantidad de 24.651 millones de euros. En aquella fecha se extrajeron 7.003 millones; en el 2013, 11.648 millones; y este año ya han sido 6.000 millones con objeto de hacer frente a las pensiones del mes de junio. Actualmente, en el Fondo de Reserva sólo quedan 25.176 millones, cifra que conduce a calcular que con algunas pagas extras más la hucha se habrá agotado. Los jubilados, que con sus cotizaciones la habían colmado, perciben que sus pensiones están en el aire, a menos que se tomen medidas.

¿Cómo se ha llegado a tan penosa situación? Las causas principales provienen del desempleo, por un lado, y de la contundente reducción de los salarios, por otro, ya que esto último conlleva una mísera contribución a la Seguridad Social. Y cuando por añadidura se establece que para fomentar la contratación se reduzcan todavía más las cotizaciones, se estima, según advierten los sindicatos, que con este método dejarán de ingresarse 2.500 millones de euros. Así pues, las arcas se vacían y no se llenan.

Las fuerzas políticas, todas, tendrían que tomar conciencia de la gravedad del pro­blema y comprometerse a evitar la bancarrota. La tasa de paro del 20%, muy por encima de la media europea, los contratos precarios, los salarios menos que mileuristas, todo en conjunto encamina a la desigualdad y al precipicio. Sólo unas reformas económicas estructurales y unas leyes laborales más justas serían capaces de preservar al Fondo de Reserva de futuras usurpaciones. Con ello preservarían a los mayores de hoy y a los de mañana de caer en una absoluta ­penuria.

Por lo demás, las pensiones también podrían ser financiadas vía impuestos, pero se trata de una solución que las despojaría de su auténtico carácter. La población en edad de trabajar tiene derecho a hacerlo, con dignidad, con una justa remuneración, y más tarde poder retirarse con lo bien merecido.

EULÀLIA SOLÉ   

Fuente: La Vanguardia

viernes, 22 de julio de 2016

El apagón del Sol y la hucha de las pensiones

pensiones
Imagen de una campaña de Bankia. Fuente: bankia.com


La hucha se quedará tiesa en un año, pero a quienes crecimos oyendo lo de "el sistema de pensiones es insostenible", no parece importarnos

Isaac Rosa  

 El Sol morirá dentro de 5.000 millones de años, el nivel del mar subirá un metro a finales de este siglo, y la hucha de las pensiones se acabará en diciembre de 2017. Tres noticias que nos preocupan mucho, tres predicciones que nos quitan el sueño por igual. Bueno, por igual no: lo del Sol me tuvo dando vueltas hasta la madrugada. ¿Se apagará poco a poco, o de un día para otro?

Vale, no nos quitan el sueño. Confiamos en que el gobierno tomará medidas en el último minuto para paliar los efectos. Inventarán algo para vivir sin luz solar, construirán diques contra la subida del mar y… lo de las pensiones… no sé, ya se les ocurrirá algo. Financiarlas con impuestos, algo así he oído, espera que lo busco en Google.

Ahora en serio: me pasma la inconsciencia con que vemos desmoronarse el sistema público de pensiones, lo poco que parece importarnos. Tanto como las predicciones astronómicas o el calentamiento climático. Como algo que no nos acabamos de creer, que seguro que han exagerado y al final nunca pasa, y que además no nos va a alcanzar a nosotros, porque de aquí a entonces todos calvos y que nos quiten lo bailao.

Pero resulta que diciembre de 2017 es el año que viene. Está tan cerca que igual nos pilla sin gobierno. Y ya no son unos economistas apocalípticos, sino una sencilla cuenta: con los 24.200 millones que quedan en el Fondo de Reserva tras el último mordisco, da para tres pagas extra: navidad, verano de 2017, y con la siguiente se quedará tiesa, y no habrá de dónde sacar para tapar donde no llegan las menguantes cotizaciones. Si es que antes no le meten mano para otro imprevisto, que la hucha de las pensiones lo mismo vale para un roto que para un descosido, y hoy está sirviendo para soportar irresponsablemente las bonificaciones sociales a las empresas.

En realidad, es normal que no nos preocupe la hucha: con la mierda de sueldos y cotizaciones que tenemos la mayoría, más los períodos en paro que pasaremos en la vida, ni una hucha tamaño cámara acorazada nos librará de unas pensiones de miseria. Pero esto tampoco nos quita el sueño, reconozcámoslo, al menos a mi generación, no digamos ya los más jóvenes. Habiendo mamado desde chiquitos lo de “el sistema de pensiones es insostenible”, hemos asumido de tal manera que cuando seamos viejos no quedarán ni las raspas, que hoy nos desentendemos del tema. Así se da la paradoja de que las pensiones preocupan a los que ya las cobran y por tanto las tienen garantizadas, y no a quienes deberíamos pelear por asegurarlas en el futuro.

Es verdad que desconfiamos de los discursos apocalípticos, porque durante mucho tiempo estaban en boca de quienes buscaban asustarnos para que contratásemos un plan de pensiones. Uno de esos planes tan simpáticos que anunciaba Bankia usando a la abeja Maya y Vicky el vikingo para ganarse el corazón nostálgico de los forever young. Pero también hay economistas críticos que llevan años avisando, y no para vendernos un plan. Por ejemplo, Alejandro Inurrieta, del que deberían leer esto y discutirlo con la almohada.

Por mucho que nos hablen en lenguaje económico, las pensiones son un tema político: habrá o no recursos suficientes en función del sistema que elijamos tener. Si no queda hucha, se pueden recortar (más) las pensiones, buscar otras fuentes de ingresos, o poner patas arriba el sistema entero. Se acerca el momento de tomar decisiones cruciales, que van a condicionar la jubilación de las próximas generaciones. Pero como el tema nos siga importando tanto como el apagón del Sol, ya las tomarán otros por nosotros.
Fuente: eldiario.es

sábado, 21 de mayo de 2016

Podemos no es quien ha enloquecido en España




McCoy es uno de los analistas económicos más brillantes y mejor informados de España. Sus artículos en El Confidencial, se esté o no de acuerdo con todo lo que afirma, suelen ser rigurosos y siempre útiles, con claves fundamentales para entender lo que sucede en la economía española. Pero, como le suele pasar a quienes tienen servidumbres concretas con el sistema económico y financiero, cuando se pone de por medio Podemos y la posibilidad de que cambien algunas cosas importantes en España pierde la mesura y hasta la educación. Le salta el chip y no sabe sino recurrir al insulto y a la zafiedad, sin temor a mentir y a decir simplezas con tal de atacar como un lobo hambriento a Podemos. La yugular de Pablo Iglesias y sus colegas cotiza bien en el parqué de los medios que viven de los bancos y las grandes empresas y hay que ir a por ellos como sea.

Como prueba de lo que digo, McCoy acaba de escribir un artículo titulado Podemos enloquece: no a los planes privados de pensiones que está lleno de mentiras y que oculta lo que de verdad hay detrás de la cuestión que se debate.

El asunto viene porque en el programa de la coalición Unidos Podemos se propone “la eliminación de los beneficios fiscales para la previsión complementaria individual, como en el caso de los planes de pensiones privados” .

El propio McCoy dice que “No se entiende muy bien el porqué de esta medida”. Y como no la entiende ya dice que Podemos ha enloquecido.

Para justificar el insulto a unos 6 millones de personas que votan a las fuerzas políticas que hacen esa propuesta, McCoy recurre a los siguientes “argumentos” en su artículo:

    Si se trata de “penalizar al rico, Iglesias y Garzón yerran el tiro” porque “la contribución media del españolito de a pie se sitúa en los 1.400 euros” y “No da la impresión, por tanto, de que sean los más adinerados los que obtengan ventajas exclusivas por esta vía”.
    La sostenibilidad del sistema público de pensiones está “aritméticamente en duda”.
    Lo que se debe hacer es abrir las ventajas fiscales “a cualquier instrumento equivalente”. De este modo “sí que ayudarían a los cotizantes actuales a tener un futuro mejor, y no prometiéndoles la utopía de unas prestaciones que el paso del tiempo va a convertir en impagables”.
    “Carteras de acciones, de fondos de inversión con el correspondiente peaje fiscal, activos alternativos y hasta inmuebles podrían servir a tal fin, siempre que se trate de un dinero inmovilizado para que el titular pueda disfrutar de él cuando termine su vida laboral”.
    “Se pueden vivir tragedias personales tremendas en un futuro no muy lejano, cuando muchos descubran que donde no hay, no hay, y además no se puede sacar”.
    Todo lo anterior, dice McCoy, es “Palabra de patronal”.

Pues bien, al respecto de todas estas afirmaciones de McCoy cabe señalar lo siguiente:

    Miente McCoy cuando achaca solo a Podemos e Izquierda Unida la propuesta porque la hacen una gran cantidad de expertos, mucho de ellos en las antípodas ideológicas de esos partidos. Uno de los autores de un estudio reciente del IESE sobre los fondos privados decía: “para que el partícipe no obtenga buenas rentabilidades y sea desplumado a comisiones no es preciso otorgar incentivos fiscales a estos instrumentos”. E incluso lo ha propuesto la propia Unión Europea, quien afirmó que “La desgravación fiscal de las contribuciones a planes de pensiones tiene efectos regresivos y falsea la composición del ahorro”.
    Miente McCoy cuando dice que no son los adinerados los que más se benefician de esa ayuda fiscal. Esa desgravación, en contra de lo que dice, es muy regresiva porque la ayuda aumenta a medida que aumenta el salario: Ahorrar con planes de pensiones solo es rentable para quien gane más de 60.000 euros anuales, se decía en un artículo en El Economista nada sospechoso de izquierdismo.
    Miente McCoy cuando dice que solo apoyando a los planes de ahorro privados van a tener los cotizantes actuales un futuro mejor. Se trata de una de las grandes mentiras financieras que utilizan los partidarios de los fondos privados para defender los intereses de las entidades financieras. Si dentro de 20 o 30 o 40 años no hay ahorro para las pensiones públicas (por ejemplo, como dicen, porque las sociedades habrán envejecido y no haya suficientes cotizantes) tampoco lo podrá haber para las privadas. Eso es indefectiblemente así porque las pensiones de cada momento se pagan con el ahorro que haya en ese momento y si no hay ahorro para las públicas tampoco lo habrá para las privadas.
    Miente McCoy cuando dice que dinero del ahorro que la gente deposita en planes privados está “inmovilizado para que el titular pueda disfrutar de él cuando termine su vida laboral”. En realidad, está en continuo movimiento porque las gestoras de esos fondos lo utilizan para llevar a cabo inversiones. Y ese es el problema que no menciona McCoy porque esas inversiones, casi siempre puramente especulativas, son arriesgadísimas, muy peligrosas, de modo que continuamente provocan quiebras y que los ahorradores (sobre todo los de menor aportación) pierdan sus fondos.
    Miente McCoy cuando dice que las pensiones públicas son las que se van a convertir en impagables mientras que los planes de ahorro privado aseguran la pensión futura. La historia ha demostrado que los fondos privados son los que más han quebrado y que millones de personas en todo el mundo han perdido sus ahorros.
    Miente también McCoy porque no menciona que la única rentabilidad que proporcionan esos fondos es la que proviene de la desgravación fiscal. Como señala el informe del IESE que he mencionado arriba, la rentabilidad media de los fondos de pensiones privados en España entre 2008 y 2012 fue negativa en términos reales (descontando la inflación), y de los 257 fondos con al menos 15 años de historia, únicamente tres lograron una rentabilidad media superior a los bonos del Estado a 15 años.
    Miente McCoy cuando dice que “La sostenibilidad del sistema público de pensiones está aritméticamente en duda”. El sistema público de pensiones esta políticamente en duda, eso sí, pero multitud de investigadores han demostrado, aritméticamente como él dice, que puede ser perfectamente viable y que, en todo caso, si predominan las circunstancias que sus críticos aducen para ponerlo en duda entonces tampoco serán viables las pensiones privadas salvo, lógicamente, para quienes sean suficientemente ricos como para ahorrar a lo largo de su vida. Y, como hemos demostrado Vicenç Navarro y yo en nuestro libro Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión, da la casualidad de que, con el paso del tiempo, se ha podido comprobar que quienes defienden aritméticamente la insostenibilidad de las pensiones públicas se han equivocado siempre, siempre, siempre en sus cálculos.
    McCoy oculta la verdad cuando no dice que “la mitad de los españoles no puede ahorrar más de 100 euros al mes” o que “un 44% sufre para hacer frente a los pagos y tiene dificultades para llegar a fin de mes”. Es decir, que nunca podrán generar los suficientes fondos a lo largo de su vida para financiar una pensión privada cuando ya no trabajen.
    McCoy solo dice la verdad cuando él mismo reconoce al final de su artículo que sus palabras son “palabra de patronal”. Efectivamente, su artículo es la palabra de la patronal de las entidades financieras que hacen el agosto a base de cobrar comisiones a los ahorradores, algo que McCoy oculta.

En fin, McCoy se ha mostrado como uno más de esos liberales que desprecian al Estado y a los impuestos pero que defiende que el Estado, es decir, la inmensa mayoría de los españoles, sufrague un negocio privado que despilfarra y que no tiene rentabilidad ni personal ni social, salvo para quien lo gestiona.

Quien ha enloquecido no es Podemos ni Izquierda Unida, ni los investigadores, ni la Unión Europea que también hacen la misma propuesta que critica McCoy. Quien enloquece son periodistas e ideólogos como él que, con tal de defender a los intereses de los más privilegiados, son capaces de tirar a la basura la realidad de los hechos para atacar a base de insultos a los compatriotas que no piensan como ellos.
Juan Torres López
Juan Torres López es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla. Autor de numerosos libros y trabajos científicos entre los que destacan últimamente Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero y Lo que debes saber para que no te roben la pensión, escrito junto a Vicenç Navarro, y la última edición de Economía Política, un conocido manual de introducción a la economía. Su web es Ganas de Escribir.
Fuente: Público.es

lunes, 4 de abril de 2016

El debate sobre las pensiones, o cómo nos dan gato por liebre


Gato por Liebre


Fernando Luengo

La tendencia hacia el envejecimiento de la pirámide poblacional es evidente, tanto en conjunto de la Unión Europea como en el estado español. Mientras que la esperanza de vida –número de años promedio que vive una persona- ha aumentado, la tasa de natalidad se ha reducido. La conjunción de ambos procesos supone que la parte de la población que supera los 65 años con respecto a la población no ha dejado de crecer; en España, en 1970 no llegaba al 10% en la actualidad alcanza en torno al 20%.



No nos detendremos en los factores, de muy diversa naturaleza, que explican esa evolución, sino en las consecuencias que tiene sobre la relación entre la población activa y la inactiva (la denominada tasa de dependencia).

El problema que suscita esta trayectoria demográfica es que un porcentaje menor de la población incorporada (ocupada) o que podría incorporarse (desempleada) al proceso de creación de riqueza tiene que sostener los ingresos de la parte de la población que no produce y que dependen, en consecuencia, de los generados por la población activa. No está de más recordar, antes de proseguir, que este ha sido uno de los pilares sobre los que se han levantado los estados de bienestar: la solidaridad intergeneracional.

Se trata, sin duda alguna, de un asunto crucial para el futuro de nuestras economías, que merece toda nuestra atención, que afecta a planos tan decisivos como el crecimiento potencial, el ahorro o la inversión. Y sí, ha suscitado un amplio debate, pero enfocado, sobre todo, a la viabilidad de las pensiones sostenidas con fondos públicos.

Buena parte de los economistas con mayor proyección mediática sostienen que se han encendido las luces rojas. El declive de la ratio población activa/inactiva –por el lado, sobre todo, de los grupos de población de más edad- sería la prueba irrefutable de la insostenibilidad del actual esquema de pensiones, lo que obligaría a su reforma radical; para hacerlo sostenible, se afirma.

Entre las medidas que los gobiernos deberían introducir (y que de hecho ya están aplicando) destacan la congelación o subida moderada de las pensiones (por debajo de la tasa de inflación), el endurecimiento de las exigencias que deben cumplir los nuevos perceptores de las mismas (en lo que concierne, por ejemplo, al número de años cotizados), el alargamiento progresivo de la edad de jubilación (apoyándose, justamente en que la esperanza de vida no ha dejado de aumentar) y la necesidad de dar un mayor protagonismo a las pensiones privadas (para que las finanzas públicas suelten lastre).

No entraré ahora en el contenido y alcance de estas y otras propuestas, pero si quiero llamar la atención sobre el pronunciado y descarado sesgo de las mismas. Trabajar más años, privatizar y recortar derechos. Este es el camino que nos invitan (que nos obligan) a recorrer quienes defienden esas alternativas.

Nada se dice sobre sobre las políticas económicas aplicadas durante estos años, que han destruido millones de puestos de trabajo, privando de este modo a las administraciones públicas de las cotizaciones sociales necesarias para financiar las pensiones. Del mismo modo que se pasa de puntillas sobre la calidad de los empleos que se están generando y la degradación de las condiciones salariales de los trabajadores que han tenido la suerte de conservarlos, sobre los salarios indecentes que abonan las empresas y el impacto negativo que todo ello tiene en las cuentas de la Seguridad Social. También queda fuera de este debate la imperiosa necesidad de mejorar la productividad de la economía, sin que dicha mejora deba abordarse por la vía tramposa y de corto plazo de ajustar las plantillas e intensificar la explotación de los trabajadores. Ninguna reflexión sobre el fraude al que se entregan empresarios sin escrúpulos que no ingresan las cotizaciones de sus empleados o contratan trabajadores en condiciones irregulares o abiertamente ilegales. Y, claro, no merecen ninguna consideración las políticas encaminadas a bonificar a las empresas en las cotizaciones sociales para estimular la creación de empleo. Por no hablar de que, simplemente, se cierra la posibilidad de que la financiación de las pensiones, siendo un derecho ciudadano básico, se realice con cargo a los impuestos.

Si no ponemos el foco en estos asuntos, tendremos la sensación de estar asistiendo a un simulacro de debate que no tiene otro objetivo que convertir en negocio (suculento negocio) el derecho de nuestros mayores a una pensión digna.

Fernando Luengo

Profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de econoNuestra y del Consejo Ciudadano Autonómico de Madrid de Podemos

Fuente: Sin Permiso

https://fernandoluengo.wordpress.com/2016/03/28/el-debate-de-las-pensiones-o-como-nos-dan-gato-por-liebre/

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Es "Putin el Grande"

 

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Pepe Escobar

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Es el drama de suspense geopolítico fundamental de la temporada: ¿Terminará por decidir el presidente de EE.UU. Barack Obama reunirse con el presidente ruso Vladimir este viernes o durante la Asamblea General de las Naciones Unidas la semana próxima en Nueva York?

El elemento de cambio real de Rusia en Siria –no solo la entrega de armas sino la perspectiva de una verdadera intervención de la Fuerza Aérea Rusa– hizo tambalear a Washington.

El ministro de Exteriores sirio Walled Muallem puso de manifiesto a RT que la participación rusa directa en la lucha contra EI/ISIS/ISIL/Daesh y esos “moderados” (denominación neoconservadora estadounidense) de Jabhat al-Nusra, también conocida como al-Qaida en Siria, es aún más importante que la entrega de armas.

Washington, mientras tanto, se mantiene enzarzado en un agujero negro geopolítico en lo que a la estrategia de Putin se refiere. La reacción del Gobierno de Obama dependerá de cómo se reciba en el mundo el discurso de Putin en la ONU y de cómo se comporte la frenética diplomacia relacionada con el teatro de guerra sirio.

Es ingenuo interpretar el fortalecimiento militar ruso como una simple muestra de fuerza, una invitación a los estadounidense a sentarse finalmente y discutir todo, desde el sudoeste de Asia hasta Ucrania.

También es ingenuo interpretar la acción como desesperación de Moscú por algún tipo de diálogo, cualquier diálogo. No existe ninguna ilusión en el Kremlin. Obama y Putin intercambiaron unas palabras en Pekín el año pasado y eso es todo; ninguna visita oficial, ninguna reunión detallada.

Lo que es seguro es que la última jugada de ajedrez de Putin conlleva el potencial de romper en pedazos la “estrategia” post-Maidan del Gobierno de Obama de aislar a Rusia. De ahí el predecible temor, la aversión y la paranoia que invaden Washington.

Los antiguos hábitos de la Guerra Fría 2.0 tardan en morir, si mueren. Washington puede extender el proverbial “apoyo financiero” al Estado fallido en bancarrota de Ucrania y permanecerá la presión sobre la UE para mantener las sanciones durante todo 2016. El “Mundo de los think tanks sigue perorando frenéticamente que el Gobierno de Obama “no está listo” para llegar a un trato con Rusia.

Bueno, por lo menos la Casa Blanca y el Departamento de Estado parecen haber terminado por comprender que esos Sukhois y misiles tierra-aire que ahora están en Siria, se encuentran allí para proteger la base aérea Latakia. El Pentágono tuvo que explicar a un desorientado John Kerry, son para “protección de fuerza”.

El nuevo envío incluye 4 jets de combate de múltiple uso Su-30SM, 12 jets de ataque terrestre Su-24 y seis posibles helicópteros de ataque Ka-52. Según IHS Jane’s, estos proveen “una capacidad significativa de atacar a rebeldes opuestos al Gobierno sirio y de asegurar Latakia, la tierra natal del presidente Bashar al-Asad”.

La aclaración tuvo lugar después de que el jefe supremo del Pentágono Ash Carter y el ministro de Defensa ruso Sergei Shoigu tuvieran una conversación telefónica de 50 minutos. El hecho de que haya sido su primera conferencia telefónica en más de un año dice todo lo que se necesita saber sobre la capacidad “diplomática” del Gobierno de Obama.

Inevitablemente, Kerry tuvo que cambiar el tono. Las armas ya no provocan “serias preguntas”. Ahora Kerry dice esencialmente que Moscú tiene derecho a fortalecer su impulso por la paz en Siria y la Casa Blanca ya no fastidia sobre la partida de Asad, mientras haya una “transición”,

Atención al tablero de ajedrez

Se espera que Putin presente algo sensacional en la ONU. Pensad un momento en las "marionetas" de la política exterior del Gobierno de Obama, incluyendo la célula neoconservadora en el Departamento de Estado. Putin, bajo la atención de la opinión pública global, colocará la derrota total de EI/ISIS/ISIL/Daesh como el tema geopolítico clave de estos tiempos, comprometerá a Rusia en este sentido y propondrá que “Occidente” se sume al esfuerzo.

Escenario 1: Washington y sus acólitos de la UE deciden apoyar la acción rusa, o por lo menos hacer que la coalición dirigida por EE.UU. de sórdidos oportunistas trabajen codo con codo con Rusia e Irán. Esto significa ayudar a Damasco a ganar una verdadera guerra contra el terror (del “Califato”). “Asad debe irse” puede incluso suceder posteriormente. Pero se irá como vencedor. El Gobierno de Obama –así como Erdogan, Catar y la Casa de Saud– serán considerados responsables en todo el mundo de prolongar una tragedia que podría haberse resuelto en 2012. Y se reconocerá a Rusia como la máxima defensora de la civilización contra la barbarie.

Escenario 2 : Washington y sus acólitos de la UE se niegan a actuar codo con codo con Rusia y siguen basándose en el desastroso desempeño de la coalición de los sórdidos oportunistas, por ejemplo, como en los bombardeos de los kurdos y no del EI por Erdogan y los franceses realizando insignificantes ataques aéreos invocando la “autodefensa” (no lo estoy inventando, es la versión oficial del Palacio del Elíseo). Todo el mundo lo interpretará como lo que es: el combo OTAN-CCG no está realmente interesado en destruir a los salafi-yihadistas. Imaginad el catastrófico efecto diplomático/geopolítico de cinco años de apoyo de OTAN-CCG a yihadistas de la línea dura.

Y por supuesto existe la coda: si el empuje del Ejército Árabe Sirio y de los militares rusos contra el EI tiene éxito, adivinad quién se llevará el mérito.

Por lo tanto Putin gana en ambos escenarios. Olvidad la despiadada demonización, los memes sobre el nuevo Hitler-Stalin. “Putin el Grande” no será nada menos que el Perseo eslavo, el exterminador de la Medusa yihadista.

Vuelve la gran potencia

Pero hay mucho más. Sea cual sea el escenario, 1 o 2, Putin simultáneamente planea una jugada final respecto a Ucrania, que involucra el fin de sanciones, probablemente en 2017. Las naciones que realmente cuentan en la UE quieren eliminarlas. Y lo harán si Putin hace lo que ellos no pueden hacer, destruir el “Califato” que está enviando oleadas de refugiados hacia la Fortaleza Europa.

Aquí deduje que cualquier paz posible en Siria se deberá a Putin. Ahora imaginad las consecuencias. Rusia de vuelta como la verdadera nación indispensable en Oriente Próximo y más allá. Y Rusia de vuelta como gran potencia, punto y aparte.

Algunos signos de vida inteligente en la UE lo anticipan. Aparece Helene Carrère d’Encausse, historiadora experta en Rusia y miembro de la venerable Académie Française desde 1990, de la cual es secretaria perpetua. Madame d’Encausse entiende claramente que Putin se ve heredero de Pedro el Grande, un gran modernizador.

E incluso mientras reconoce que Europa ya no es el centro del mundo. Putin no es un adversario de Europa. No obstante cree firmemente que para los estadounidenses y los europeos Rusia es un país al que se puede tratar con desdén. Es imperativo revertir esa situación.

El proyecto de "Putin el Grande" es hacer que Rusia recupere su status de gran potencia. Cuando fue elegido a la presidencia en el año 2000 –lo recuerdo bien, estuve en Moscú cubriendo el evento– Rusia se encontraba en un caos total, perpetrado por el neoliberalismo desbocado. Putin devolvió a Rusia a su estado anterior.

Lo que quiere sobre todo –contrariamente a las estupideces superficiales que reinan en el mundo de los think-tanks de EE.UU.– no es rehacer el imperio ruso o soviético, sino liberarse para siempre de la humillación de los años 90 –la década de los saqueos– y devolver su orgullo a la nación. Basta con ver su nivel de popularidad: el 85 % de los rusos –y siguen aumentando– están de acuerdo.

Este artículo apareció primero en RT.

Pepe Escobar es el corresponsal itinerante de Asia Times/Hong Kong, y analista para RT y TomDispatch .

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/09/25/live-from-new-york-its-putin-the-great/ – Rebelión

jueves, 24 de septiembre de 2015

Verdades y mentiras sobre las pensiones en Catalunya y España

 

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Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona

Uno de los temas que han centrado el debate que está ocurriendo durante el proceso electoral en Catalunya es el tema de la viabilidad de las pensiones públicas en Catalunya en caso de que se separara de España. Portavoces del independentismo como Artur Mas, presidente del partido liberal CDC (que gobierna la Generalitat de Catalunya) y Oriol Junqueras, presidente del partido independentista ERC, han afirmado que en una Catalunya independiente las pensiones catalanas, como consecuencia de que los cotizantes de la Seguridad Social catalana dejarían de subsidiar a los pensionistas no catalanes, podrían aumentar nada menos que un 20%, afirmación que han ido repitiendo con gran contundencia en las últimas semanas de la campaña. Por el otro lado, los portavoces de las derechas españolas, tanto el Partido Popular como Ciudadanos, han intentado frenar el crecimiento del independentismo indicando que una Catalunya independiente no podría pagar las pensiones, afirmación que comprensiblemente asusta a los pensionistas catalanes.

En realidad, ambas posturas están no solo profundamente equivocadas, sino que son fruto probablemente de la enorme ignorancia de sus defensores, que desconocen cómo funciona y cómo se financia la Seguridad Social. Quiero aclarar que no estoy acusándoles de que estén mintiendo (para mentir hay que conocer la verdad, que estoy seguro desconocen), sino que la información que se les está proveyendo por sus asesores son resultado de una manipulación o de una enorme ignorancia. Asumiré que es lo último, pues cometen errores que son ampliamente cometidos no solo en la prensa, sino también en revistas académicas. Así, confunden el número de pensiones con el número de pensionistas (un pensionista puede estar recibiendo varias pensiones) y cotizantes con personas que trabajan cotizando a la Seguridad Social, ignorando que personas que no trabajan, pero que reciben fondos públicos, por ejemplo, a través del seguro público de desempleo, también cotizan a la Seguridad Social. Pero además de estos errores, se ve que sus asesores económicos, llevados por su entusiasmo electoralista, no han leído correctamente las cifras de la Seguridad social.

Los datos no confirman lo que están diciendo los independentistas catalanes. Veamos, pues, el estado actual de las pensiones en Catalunya y en España. Según los últimos datos disponibles, procedentes de la Intervención General de la Seguridad Social (información Presupuestaria y Financiera, estadísticas de la Seguridad Social, del último año 2014, en el que tales cifras están disponibles), elgasto de las pensiones contributivas en Catalunya fue de 19.973 millones de euros, representando el 19,1% de todo el gasto en pensiones contributivas en España (104.701 millones). Los ingresos por cotizaciones sociales en aquel año (por cotizantes que cotizan en Catalunya) fue de 17.178 millones, que representa el 19,1% del total de ingresos por cotizaciones sociales (89.709 millones). Estos datos muestran que los ingresos representan el 86% del gasto en pensiones contributivas, porcentaje que es prácticamente el mismo que el que se registra a nivel de toda España (85,7%). No hay, pues, ningún subsidio o transferencia de Catalunya a España que pudiera ahorrarse para mejorar las pensiones en Catalunya. En ambos casos, el déficit es cubierto por el Fondo de Reserva, que ha ido descendiendo debido primordialmente al enorme deterioro del mercado de trabajo, debido, en parte, a las sucesivas reformas laborales aprobadas por el partido liberal CDC que preside la Generalitat de Catalunya, con el Sr. Artur Mas, así como por el gobierno del Partido Popular presidido por el Sr. Rajoy y, antes, por el gobierno socialista del Sr. Zapatero. Todas estas reformas han causado un gran descenso de los salarios (y, por lo tanto, de las cotizaciones sociales) y que han destruido mucho empleo (más de 231.000 puestos de trabajo solo en los dos primeros años del segundo mandato del Presidente Mas), reduciendo así el número de cotizantes.

En cuanto a los cotizantes, estos incluyen todos los que están en el mercado de trabajo, bien estén ocupados o bien reciban alguna transferencia pública que exija cotización. Como indiqué antes, una persona que está en el paro y que recibe una cantidad de su seguro de desempleo, cotiza también a la Seguridad Social. En Catalunya hay 3.083.289 personas trabajando (ocupadas), que representan el 17,9% del número total de cotizantes en España (17.256.395). Por otra parte, el número de pensiones contributivas fue de 1.666.603 en Catalunya y de 9.293.958 en España, lo cual quiere decir que la relación número de cotizantes por pensión contributiva fue en 2014 de un 1,85 en Catalunya y un 1,86 en España, que es una relación casi idéntica. Si al número de cotizantes ocupados añadimos las cotizaciones de las personas en paro (cotizantes no ocupados) que reciben prestaciones del seguro de desempleo (y que cotizan a la Seguridad Social), y en lugar de considerarse el número de pensiones, consideramos el número de pensionistas (como he dicho antes, un pensionista puede recibir varias pensiones, como ocurre con 950.000 pensionistas), entonces la relación de cotizantes (ocupados y no ocupados) por pensionista es de 2,26, que es bastante uniforme a través del territorio español, incluyendo Catalunya. El ratio cotizante pensionista no es, como se ha estado indicando, superior en Catalunya que en el resto de España.

En cuanto al tamaño de la pensión media de jubilación, en Catalunya era de 1.035 euros, que es el 101,47% de la pensión media en España, 1.020 euros. Si incluimos todo tipo de pensiones (jubilación, invalidez, viudedad, orfandad y ayuda a las familias), el valor medio es en Catalunya de 918 euros, y en España de 886 euros. El hecho de que el promedio sea un número inferior al de la pensión de jubilación se debe a que las otras pensiones son mucho más bajas, y por lo tanto la suma de pensiones dividida por el número de pensionistas es más baja. Podemos ver, por lo tanto, que la situación en Catalunya es muy semejante a la del resto de España, tanto en sus cotizaciones como en sus beneficios, estando ambos lados del Ebro en situación deficitaria. Los fondos provenientes de las cotizaciones cubren el 86% del gasto, no el 100%.

Estos datos muestran que la aseveración hecha por los independentistas, que sostienen que Catalunya está pagando las pensiones (que, además, se presentan erróneamente como superiores) de los pensionistas españoles, no es sostenible en base a los datos.

¿Son las pensiones públicas viables en Catalunya?

Por otra parte, la aseveración de que el sistema de pensiones en la Catalunya independiente no sería viable, tampoco es creíble. Ahora bien, dicho esto, conviene aclarar que su viabilidad podría disminuir por el mero hecho de que, al disminuir el tamaño del  país, y por lo tanto del sistema de reparto (donde los cotizantes actuales pagan las pensiones de los pensionistas actuales), se aumenta la posibilidad de amplios vaivenes en el número de cotizantes que podrían derivar en un sistema más inestable. Entre los expertos en temas de la Seguridad Social es conocido que cuanto menor sea el denominador –es decir, el tamaño total de la población cotizante- mayor es el riesgo de inestabilidad en las variaciones en el mercado de trabajo, y por lo tanto en la viabilidad del sistema de pensiones públicas (el numerador).

Frente a este riesgo, algunos economistas de sensibilidad liberal (e incluso ultraliberal, como el omnipresente Sr. Sala i Martín, el gran gurú económico de CDC) que son promovidos por los mayores medios de información, incluidos los mayores medios de comunicación de la Generalitat de Catalunya, TV3 y Catalunya Ràdio, han sido críticos con los sistemas de reparto, enfatizando en su lugar los sistemas de capitalización, es decir, que cada ciudadano se haga su propio seguro de pensiones, acumulando fondos (que incrementados en teoría por la rentabilidad de sus inversiones pueden tener mejores resultados, y por lo tanto, pensiones). Por regla general, tales autores se refieren a los sistemas de pensiones basados en la capitalización (como el que existe en Chile, establecidos por la dictadura del General Pinochet) como mejores que los basados en el sistema de reparto.

La evidencia científica, sin embargo, no apoya tales supuestos. En realidad, la reciente crisis financiera (que todavía no se ha resuelto) ha afectado muy negativamente a estas pensiones individuales y privadas, creando grandes dramas humanos. De ahí que el sistema de capitalización, donde cada persona es responsable de acumular los fondos para pagar más tarde su jubilación, sea un sistema de elevado riesgo. La evidencia acumulada durante estos últimos treinta años muestra que el sistema de reparto es mejor, pues el posible riesgo se diluye con el elevado número de cotizantes actuales y potenciales. Ahora bien, a menor el número total de cotizantes (al disminuir el tamaño de la población, en caso de que Catalunya se independizara) mayor podría ser su inestabilidad, consecuencia de una mayor variabilidad. La existencia de sólidos planes de Seguridad Social en países pequeños, como Suecia o Dinamarca, parecería, sin embargo, negar dicho riesgo. Ahora bien, hay que ser conscientes de que los salarios, el número de asalariados y el gasto público social en aquellos países son mucho mayores que en Catalunya y en España.

La importancia del nunca citado contexto político

Lo cual me lleva a tocar un tema clave que nunca se toca y que determina la viabilidad no solo de las pensiones públicas sino de todo el Estado de Bienestar. El argumento del pensamiento liberal dominante asume que las transferencias –como las pensiones– y los servicios públicos –como sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, y vivienda social, entre otros– del Estado del Bienestar, ya no son sostenibles por falta de dinero público. Pero tal argumento carece también de credibilidad (ver mi último libro, Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Editorial Anagrama, 2015). Y el caso de las pensiones es un claro ejemplo de ello. Los ingresos a la Seguridad Social dependen primordialmente de la distribución de las rentas en un país –el tema tabú en el pensamiento económico liberal dominante. Catalunya y España son países sumamente desiguales (de los más desiguales en la UE-15, el grupo de países de semejante desarrollo al nuestro) debido a que las rentas del trabajo representan un porcentaje bajo y descendiente de todas las rentas del país, mientras que el porcentaje que las rentas del capital representan sobre la renta nacional es de los más altos de la UE-15. Ello es resultado de que los salarios son bajos y el número de asalariados es también bajo. Esta situación se presenta, por cierto, en todos los países –como Catalunya, Grecia y Portugal– donde las fuerzas conservadoras y liberales (lo que a nivel popular se llaman las derechas) han dominado sus Estados. Y puesto que la mayoría de ingresos al Estado (y a su Seguridad Social) proceden del mundo del trabajo, se entiende que al ser las rentas del trabajo bajas, los ingresos a la Seguridad Social también sean bajos (en España, los ingresos a la protección social representan un 24,4% del PIB).

En el norte de Europa, sin embargo, donde las izquierdas han sido fuertes, las rentas del trabajo representan un porcentaje de todas las rentas muy superior al que representan en el sur de Europa, y por lo tanto los ingresos a la Seguridad Social son mucho mayores (en Suecia un 32,2% del PIB, y en Dinamarca un 37,1%).

De ahí que la viabilidad del sistema de pensiones de la Catalunya independiente dependería de si se redujeran las desigualdades de renta o no, lo cual dependería de variables políticas, es decir, de la fuerza política que dominara la Transición a la nueva Catalunya. La historia del partido gobernante de la Generalitat, el partido liberal CDC (que la ha liderado en el 80% del periodo democrático) no parece mostrar una vocación correctora de las enormes desigualdades de renta en Catalunya. En realidad, las políticas públicas de la Generalitat de Catalunya tienen un impacto redistributivo muy menor. Y es ahí donde la viabilidad de las pensiones en la futura Catalunya dependería de quién dominara la Transición a esta Catalunya independiente, y del gobierno que se estableciera, un tema ocultado por los independentistas bajo el argumento de que “ahora ganemos la independencia y luego ya decidiremos”. Esta línea argumental ignora que aquel que domine la Transición (que estaría gobernada, según aprobado en la coalición Junts pel Sí, por el partido CDC) dominaría el nuevo Estado. Y ahí el sistema público de pensiones bajo un gobierno liberal podría peligrar. En realidad, ha sido el dominio de partidos conservadores, liberales y socioliberales los que explican que tanto Catalunya como el resto de España sean países muy desiguales, con escasos ingresos al Estado (incluyendo la Generalitat de Catalunya), y con pensiones que pueden estar en peligro, y muy en especial en Catalunya, donde la estabilidad financiera del sistema de pensiones podría incluso estar en peor situación debido a la reducción del sistema.

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