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jueves, 21 de abril de 2016

“Si no se reforma el Islam, nos estamparemos”


El imam reformista Hocine Benabderrahmane, el sábado en una mezquita de Bruselas. BERNARDO PÉREZ.


Hocine Benabderrahmane es un conocido imam reformista de Bruselas que se siente derrotado. Historiador, de origen argelino, cree que los salafistas están ganando la batalla, que si el islam no se reforma se estrellará contra un muro y que hace falta deconstruir el discurso extremista con argumentos teológicos. Dirige un centro de reflexión islámica y da cursos para jóvenes en las mezquitas belgas. “Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam”, lamenta.

Pregunta. ¿Cómo es posible que haya tantos jóvenes musulmanes en Europa que crean la distorsión del islam que propaga el Estado Islámico?
Respuesta. Desde los ochenta, el islam europeo ha estado representado fundamentalmente por la escuela salafista y la de los Hermanos Musulmanes. Esa base teológica clásica nunca se ha cuestionado. Los imames aquí imitaban a los de Arabia Saudí, empeñados en aislar a los musulmanes del resto de la sociedad. Han ido imponiendo fatuas como las de que dar la mano a una mujer o decir a tu vecino “feliz Navidad” es haram (ilícito). Ese es el discurso que han escuchado los jóvenes europeos y para ellos eso es el islam. Empiezan a autoimponerse reglas que el islam no ordena porque creen que ese es el islam verdadero. Ese es el inicio de la radicalización. Los grupos radicales las instrumentalizan a favor de su causa. Todos los días veo chicos radicalizados que creen que solo hay una versión del islam.

P. ¿Qué hace que den el paso del salafismo al terrorismo?
R. Ahí es donde entra en juego el reclutamiento que se hace en familia, entre amigos o en Internet. Es cuando empiezan a considerar el discurso de las mezquitas y de las instituciones ilegítimo. La mayoría son jóvenes que no conocen el islam.

 P.¿Cómo se puede frenar?

R. Hay que hacer una deconstrucción de sus ideas con argumentos teológicos. Hay que hacer un trabajo de fondo para desmontar las ideas de la yihad, del martirio. La familia de Bilal Hadfi [uno de los terroristas suicidas de París] me vino a ver después de los atentados de París y me preguntó si su hijo era un mártir. Les dije que era un criminal.

P. ¿Pueden los imames europeos hacer ese trabajo?
R. La mayoría de los imames no conocen la realidad social. No son europeos e importan fatuas de otros países con una realidad totalmente diferente.

P. Ustedes, los reformistas, ¿están perdiendo la batalla?
R. Sí. El discurso salafista ha conseguido deslegitimar a los imames de las mezquitas. Hay que restablecer la confianza de los jóvenes. Para eso, los imames tienen que tener más nivel.

P. ¿Es necesaria una reforma del islam?
R. Es inevitable. Sin una reforma jurídica, de interpretación de los textos, nos estamparemos contra un muro. Tenemos que evolucionar al ritmo de la humanidad. En el islam hay muchas voces progresistas, pero dispersas. El islam tradicional está ganando la batalla.

P. Los extremistas se alimentan de la confrontación y la creciente separación entre musulmanes y no musulmanes.
R. Ese es el gran caballo de batalla. Los salafistas no tienen un discurso de cohesión social, al contrario. Tratan de enfrentar a los musulmanes con el resto de la sociedad.

P. ¿Qué le dice a los jóvenes que quieren irse a Siria para ayudar a los musulmanes?
R. Que cuando el pueblo sirio se levantó, no pidió el establecimiento de la sharia (ley islámica), pidió la libertad y la caída de Bachar el Asad [el presidente sirio]. Yo les digo que Daesh [acrónimo en árabe de Estado Islámico] nunca ha servido al pueblo sirio ni iraquí, que el único que se ha beneficiado de lo que ha pasado en París y en Bruselas ha sido El Asad. Que si quieren servir la causa justa del pueblo sirio no lo van a conseguir con la violencia.

P. A Salah Abdeslam, uno de los terroristas de París, la policía le encontró en Molenbeek. Es difícil pensar que la comunidad no le ha encubierto.
R. También hay que deconstruir el concepto de colaboración. Los colaboradores no están bien vistos. Hay que explicar que por el bien de nuestra religión tienen que informar.

Ana Carbajosa “Si no se reforma el Islam, nos estamparemos” (El País, 29 de marzo de 2016).

Fuente: Acción en Red, Madrid

miércoles, 10 de junio de 2015

Entrevista a George Corm, economista libanés, sobre la situación actual en Oriente Próximo




"Todos los acontecimientos que estamos viviendo se derivan de los resultados de la guerra fría y de la instrumentalización del islam en la guerra" Anne Lucie Chaigne-Oudin Les clés du Moyen Orient


  ¿Cómo explicar el avance del Estado islámico desde junio de 2014?

– Son varios los factores que explican esta extraordinaria y rápida toma de poder de 40 mil km2 de Iraq por parte de una organización terrorista. Es un fenómeno que conviene analizar. Probablemente el factor principal tenga que ver con que a los militares que estaban en la ciudad de Mosul y en otras ciudades les pagaron a cambio de no combatir y de abandonar sus armas in situ. Así ocurrió durante la intervención estadounidense en Iraq: los estadounidenses sobornaron a los generales de la Guardia Presidencial que tenían a su cargo la defensa de Bagdad. No se disparó ni un tiro. Después se supo que los generales fueron trasladados a Estados Unidos. Creo que ha ocurrido lo mismo en el caso del Estado Islámico (EI). También se dice que algunos de los militares del antiguo régimen de Sadam Husein despedidos por el procónsul estadounidense, Paul Bremer, se habrían unido a ISIS para vengarse.

 Además, el autodenominado Estado Islámico, sobre el que todo el mundo tiende a olvidar que no es más que una organización terrorista, ya venía desempeñando un papel en Iraq desde hacía tiempo. Recordemos que el régimen de Sadam Husein no tenía ninguna relación con el terrorismo; al contrario, al-Qaeda consideraba al iraquí como un régimen “impío” al que había que destruir. Fue la invasión estadounidense de Iraq bajo el pretexto de que su gobierno tenía vínculos con el terrorismo y de que tenía armas de destrucción masiva, lo que hizo prosperar a un terrorismo que no existía previamente en el país. Inicialmente, la organización del EI, que es una rama de al-Qaeda, combatió contra el Ejército de Estados Unidos. Muy tempranamente volvió su sesgo terrorista también contra los chiíes. En la actualidad encontramos en Iraq exactamente la misma estructura que se formó con los talibanes, creada por la acción conjunta de la inteligencia paquistaní, estadounidense y saudí.

 Hoy en día, es la misma estructura la que se reproduce en Iraq alimentada logísticamente por Turquía, miembro de la OTAN, y por Qatar y Arabia Saudí. Estos factores han permitido al EI conquistar el interior de Iraq e imponer asimismo la determinación de derrocar al régimen sirio, que se ha convertido en la “bestia negra” de muchos gobiernos occidentales (con Francia a la cabeza), árabes, y de Turquía. En Siria no solo se ha dado asistencia al EI sino también a la otra organización terrorista que actúa en el país, al-Nusra.

 La violencia de la organización al-Nusra ha causado estragos en Siria y en la frontera libanesa. Recordemos que unos 30 soldados del ejército libanés fueron secuestrados en territorio libanés y que 4 ó 5 fueron decapitados. Al-Nusra exige la liberación de todos los presos islamistas detenidos por la justicia libanesa bajo acusación de delitos de terrorismo en Líbano. Sabemos que al-Nusra recibe asistencia logística del ejército israelí que interviene con atentados en el interior de Siria para ayudar a los combatientes de al-Nusra. También sabemos que los heridos de esta organización reciben tratamiento médico en hospitales israelíes.

 – ¿Qué opina que se utilice el concepto de suníes contra chiíes para explicar los conflictos de la región hoy en día? –

Buena parte de la destructiva desestabilización que opera hoy en día en proporciones desmesuradas se lleva a cabo bajo el falso signo de un enfrentamiento entre suníes y chiíes. La única clave explicativa que se nos ofrece es este enfrentamiento. En la época del Sha de Irán, que tenía fuertes pretensiones de hegemonía regional, el país también era chií y sin embargo nadie hablaba de una lucha entre los árabes suníes contra los árabes chiíes y contra los persas, también chiíes. En aquel momento el sha de Irán estaba bajo la influencia de las políticas estadounidenses. Es importante recordar igualmente que la confiscación de la gran revolución popular iraní por parte del clero fue un gran malentendido geopolítico pues después de todo, al iman Jomeini se le sacó de su exilio en Iraq y se le trasladó a París. Pendientes de él, todos los medios de comunicación del mundo occidental confiaban que fuera él quien tomara el poder y no los comunistas o los liberales. Estados Unidos sabía con certeza que el sha estaba gravemente enfermo y estaban obsesionados con la posibilidad de que los comunistas se hicieran con el poder. Era la época de la Guerra Fría.

 Creo que hoy en día todos los acontecimientos que estamos viviendo se derivan de los resultados de la guerra fría y de la instrumentalización del islam en la guerra. Porque una vez que la URSS se desintegró se halló un nuevo enemigo: al-Qaeda. Después, una vez que se ha dado muerte a Bin Laden, el nuevo enemigo es el EI contra el que se ha formado una gran coalición para hacerle frente.

 – ¿Cómo analiza el posicionamiento de Estados Unidos en la región? –

 Partamos del EI. Es importante señalar que el concepto del califato y la invocación visionaria de su restablecimiento por parte de al-Baghdadi va muy en serio. Las imágenes que reiteran los medios de comunicación alimentan la profecía autocumplida de la guerra de civilizaciones que es en sí misma una vieja herencia del avance europeo más allá de Europa en nombre del cristianismo. Se trata del retorno a la vieja tesis que dividía el mundo entre arios y semitas. Esta noción de la guerra de civilizaciones y la utilización de los debates sobre la teología islámica desvían el análisis sobre la verdadera geopolítica del despliegue imperial estadounidense en todo el mundo. Se necesita un enemigo que justifique tal despliegue. Así, después del 11 de septiembre, el ejército de Estados Unidos ha logrado desplegarse en forma de S, es decir, rodeando a la vez a Rusia y a China, mediante la inclusión de los países de Europa Central y Oriental en la OTAN, lo que se suma al intenso despliegue militar en la Península Arábiga desde 1990. Las mayores bases militares estadounidenses se ubican allí.

 Hoy en día los estrategas estadounidenses consideran que la gran batalla geopolítica hay que dirigirla contra la creación de un bloque euroasiático –existe mucha documentación al respecto– cuyos motores principales son Rusia y China –que además han comenzado a estrechar lazos muy importantes entre sí– así como otros países emergentes, incluido Irán. Esto se percibe como una seria amenaza a la hegemonía estadounidense en el mundo. Y explica asimismo que para Estados Unidos es esencial controlar Oriente Próximo.

Desde mi punto de vista, es por esto por lo que no podemos considerar que se esté produciendo una retirada estadounidense de la región. Estados Unidos es una sociedad muy vibrante, su presupuesto militar es mucho mayor que el de China y Rusia; sigue contando con una gran vitalidad científica y tecnológica, es el lugar de las grandes universidades cuyo prestigio atrae a cientos de miles estudiantes de todo el mundo, y cuenta, junto con Europa, con medios internacionales muy poderosos. Nos referimos al “poder blando”, que es tan importante, si no más, que el “poder duro” (el poder militar). Desde 1990, la invasión de Kuwait por parte del régimen de Sadam Husein permitió crear las condiciones para constituir alianzas y movilizarlas a escala internacional, para hacer resurgir el terrorismo como ventaja e instalarse allí. Del mismo modo, el EI se está utilizando hoy en día con esa finalidad como demuestra la formación de una gran coalición en contra de esta organización.

 – El EI ¿tiene objetivos en Jordania, en Siria y en Líbano?

– Jordania está protegida. El país está sostenido por Estados Unidos, el Estado de Israel y Arabia Saudí. La monarquía no tiene visos de que vaya a colapsar, y lo que es más importante, los jordanos, independientemente de las críticas que puedan oponer a la monarquía, prefieren aferrarse a ella porque es la institución que sostiene el país.

 Uno de los principales objetivos hoy en día es Siria. Está sometida a una destrucción sistemática que afecta a muchas áreas incluido su patrimonio arqueológico (aunque en las zonas donde el Estado sigue funcionando, la vida sigue siendo casi normal, los salarios se pagan). Pongamos algunos ejemplos. El pueblo de Maalula fue tomado por los islamistas de al-Nusra y liberado por el ejército sirio. Al-Nusra mantuvo secuestradas a doce monjas hasta que Qatar pagó por su liberación. Dos obispos han sido secuestrados y todavía están desaparecidos desde hace tres años.

 En cuanto a Líbano, es muy fácil ocultarse en los fríos macizos montañosos de la cadena del Ante-Líbano que atraviesa la frontera con Siria, donde se encuentra al-Nusra y la organización del EI. Estas organizaciones tienen algunos partidarios entre los refugiados sirios en Líbano, pues se trata de poblaciones muy depauperadas que no tienen nada más. Sirva de ejemplo la ciudad libanesa de Arsal, con una población de entre 30 mil y 40 mil habitantes, en la que se han producido muchas infiltraciones. También sabemos que el Movimiento Futuro de Líbano ha mantenido estrechos vínculos con estas organizaciones. Previamente estaba instalada allí la organización Fatah al-Islam que ya en 2007 forzó la intervención del ejército libanés durante varios días en el campamento de Nar al-Bared para desalojar a sus miembros en una batalla que se cobró la vida de 250 de los mejores militares libaneses. Igualmente, en Sidón, un sheij creó la confusión durante meses causando mucha tensión. El ejército tuvo que intervenir con el resultado de agresiones frecuentes, y de golpe, el sheij desapareció. Asimismo existe la prisión central de la aldea de Rumie, cerca de Beirut, que está llena de islamistas encarcelados bajo sospecha de pertenecer a organizaciones terroristas, algunos de los cuales todavía no han sido juzgados. A pesar de los limitados recursos de que dispone, cuando el ejército libanés cuenta con cobertura política es muy capaz de afrontar retos.

 En cuanto a Hizbolá, muchos critican su presencia en Siria. Sin embargo, frente a los grandes recursos con los que cuentan estos grupos, Hizbolá ayuda al régimen sirio porque en el fondo lo que está en juego es el desmantelamiento del eje Irán/Siria/Hizbolá, que estorba tanto a israelíes como a saudíes en el entrono de la crispación ideológico-religiosa de suníes contra chiíes. Hay que recordar asimismo que las armas pasan a la oposición siria a través de los puertos libaneses y que muchos combatientes islamistas libaneses de la ciudad de Trípoli y de otras partes fueron a combatir contra el régimen sirio mucho antes de que Hizbolá enviase a sus fuerzas. No hay que olvidar que estamos en una zona donde la pobreza es extrema (con desempleo generalizado, un salario medio de alrededor de 500 dólares al mes) y que este contexto facilita el reclutamiento de individuos en estas organizaciones terroristas cubiertas con un ilusorio barniz religioso.

 – ¿Puede recordar el reto constitucional al que hace frente Líbano?

– En Líbano no hay presidente de la República desde hace casi un año debido a la incapacidad del Parlamento libanés de alcanzar una mayoría constitucional en favor de un candidato. Pero la parálisis constitucional comenzó hace mucho tiempo, con la primera negativa a aprobar una ley electoral equitativa (que introdujera principalmente la representación proporcional exigida hace tiempo por la sociedad civil), y después, en 2013, por el rechazo a convocar elecciones bajo el falso pretexto de la situación de seguridad, lo que ha llevado al Parlamento a prolongar su mandato de manera inconcebible sin que exista realmente una situación de fuerza mayor. Por otro lado, en los últimos tiempos se han fortalecido las lógicas comunitarias entre sectores chiíes representados por los grandes partidos políticos fuertes cuyos líderes se encuentran en los órganos constitucionales, e igualmente, entre los suníes, con la familia Hariri pero también entre los drusos a través del importante papel que desempeña el señor Yumblat. Además, en el sector cristiano, el general Michel Aoun, dirigente carismático que cuenta con el mayor bloque de diputados cristianos, se prodiga como el candidato mejor situado para ser presidente de la República (cargo reservado a la comunidad maronita). Por ello, considera que en la lógica comunitaria que prevalece para las comunidades musulmanas, él debe volver a la Presidencia de la República por ser el dirigente cristiano que cuenta con la base de apoyo más amplia entre las comunidades cristianas. A pesar de esta situación, el país y las administraciones públicas siguen funcionando. Lo cierto es que la sociedad libanesa se acostumbró a la autogestión durante los 15 años de violencia asesina que golpeó el país entre 1975 y 1990. Asimismo, se trata de una sociedad que nunca ha reconocido el funcionamiento sectario y a menudo corrupto de su Estado. En consecuencia, aspira a un verdadero gobierno democrático y no corrupto. Pero ante la frustración, la gente se organiza como puede en el sector público o en el privado para seguir garantizando el funcionamiento de las instituciones administrativas y de la economía.

 Fuente original: http://www.lesclesdumoyenorient.com/Entretien-avec-Georges-Corm-Le-1951.html

Traducción para Rebelión de Loles Oliván.

Georges Corm, economista libanés, es un eminente especialista en Oriente Próximo y el Mediterráneo. Además de su condición de consultor económico y financiero internacional, es profesor desde 2001 en la Universidad Saint Joseph de Beirut, en la especialidad de Ciencia Política. Algunas de sus obras más recientes traducidas al castellano son Nuevo gobierno del mundo: ideologías, estructura y contrapoderes (2012), Europa y el mito de Occidente (2010), Historia de Oriente Medio: de la antigüedad hasta nuestros días (2009), La cuestión religiosa en el siglo XXI (2007), El Líbano contemporáneo: Historia y sociedad (2006), La fractura imaginada: las falsas raíces del enfrentamiento entre Oriente y Occidente (2004). Acaba de publicar en francés Pensée et politique dans le monde arabe. Contextes historiques et problématiques, XIXe-XXIe siècle [Pensamiento político en el mundo árabe, Contextos históricos y problemas, siglos XIX al XXI] (2015). –

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Quién creó el radicalismo islámico? ¿Dónde está la defensa de la libertad de expresión? 26feb 2015

 

Resultado de imaxes para LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

 

Uno de los analistas más rigurosos y creíbles del mundo islámico ha sido el palestino Edward Said, profesor de la Columbia University de Nueva York, que falleció hace ya unos años. Tuve la oportunidad de asistir a muchas de sus conferencias y leí gran parte de sus libros, que aconsejo sistemáticamente a mis estudiantes para que aprendan sobre un tema de gran importancia y relevancia: la evolución de la cultura  musulmana. España es, por cierto, parte de esta historia. En contra de la imagen frecuentemente presentada por el nacionalcatolicismo todavía imperante en España, esta cultura musulmana benefició enormemente a España, habiendo introducido muchos elementos positivos en la cultura ibérica, desde la explotación agrícola a las áreas de medicina y del conocimiento en general.

Uno de los hechos más característicos de nuestros tiempos es el reciente radicalismo existente en grandes sectores del mundo musulmán. Y para entenderlo deberíamos conocer cómo y dónde se originó este radicalismo imbuido de un fundamentalismo religioso. Muchos de estos movimientos surgieron de países que fueron colonias de imperios radicados en su mayoría en Europa. E incluso cuando estos países no fueron colonia, estuvieron claramente dominados por países basados en sistemas imperiales europeos.

En todos ellos –fueran o no colonias- aparecieron, después de la II Guerra Mundial, fuerzas progresistas que representaron una amenaza para los intereses económicos y políticos que sostenían las estructuras de poder existentes en tales países. Fueron precisamente aquellos grupos que se beneficiaban de esas estructuras los que establecieron y apoyaron a los islamistas radicales, todos ellos fundamentalistas religiosos, que se opusieron por todos los medios a las fuerzas progresistas (la mayoría laicas) que querían transformar aquellas sociedades musulmanas. El caso de Al Qaeda es un claro ejemplo. No se conoce suficientemente que Osama bin Laden fue en sus inicios financiado por Arabia Saudí (uno de los regímenes más oprimentes existentes hoy en el mundo), y por la CIA de EEUU, para oponerse a las reformas lideradas por el Partido Comunista Afgano. Y todavía hoy Arabia Saudí y Qatar (promovido en la camiseta del Barça), así como otros países del Golfo Pérsico, son los que ayudan financieramente a la rama del islam conocida por wahabismo, una de las sectas más fundamentalistas y beligerantes del islamismo. Sin dicha ayuda y la ayuda en aquellos momentos de los gobiernos británico, francés y estadounidense, estos movimientos profundamente antisocialistas no hubieran alcanzado su actual extensión. Incluso el Estado Islámico (EI) fue financiado en sus principios por EEUU, Reino Unido y Francia, además de Arabia Saudí y Qatar, que continúan financiándolos.

El desconocido caso de Indonesia

Otro caso menos conocido es lo que ha ocurrido en el país musulmán más poblado del mundo: Indonesia. En este país surgió uno de los movimientos más progresistas en el mundo islámico, liderado por el Presidente Sukarno. Ayudó a establecer el movimiento internacional de Países No Alineados (en colaboración con el presidente Nehru de la India). Los gobiernos de Australia, Reino Unido, Francia o EEUU, entre otros, se movilizaron para pararlo y destruirlo, junto con los grupos islámicos más reaccionarios en aquel país, que fueron financiados por todas las fuerzas que se opusieron al gobierno progresista. En el año 1965 tuvo lugar un golpe militar, al que apoyaron todas aquellas fuerzas reaccionarias, imponiendo uno de los regímenes más represivos que se hayan conocido en aquel continente, dirigido por el general Suharto. Se calcula que entre 500.000 y un millón de personas fueron asesinadas. Como bien ha dicho uno de los intelectuales musulmanes mas respetados hoy, Ziauddin Sardar, “no es que el imperialismo occidental se aliara con las facciones más radicales y fundamentalistas. En realidad, las establecieron”. De todo esto el lector ha leído muy poco o nada (para mayor expansión, ver Andre Vltchek, “Who Should be Blamed for Muslim Terrorism?”, CounterPunch, January 9-11,2015).

Otro silencio: la movilización francesa a raíz de Charlie Hebdo

La impresionante movilización en Francia a raíz de la protesta frente a los asesinatos de los humoristas de la revista Charlie Hebdo se ha presentado también de una manera sesgada y parcial. La justa y necesaria protesta que ha habido en Francia ha sido en defensa de la libertad de expresión, que se confunde frecuentemente con la defensa y apoyo de la postura profundamente ofensiva hacia el mundo musulmán que ha aparecido en tal semanario. En realidad, cualquier persona demócrata debería considerarse ofendida por un tratamiento tan insultante hacia una minoría profundamente discriminada en Francia. La función histórica de las revistas satíricas ha sido ridiculizar al poder, no a los oprimidos o excluidos, como es hoy la población musulmana en Francia. La caricatura de Mahoma era antimusulmana, antimujer y anti Estado del Bienestar (ridiculizando los programas de asistencia pública a las personas excluidas y a las mujeres embarazadas musulmanas en Francia), repugnante en extremo. Decir esto no es, como la derecha maliciosamente intentará tergiversar, justificar el horrible asesinato, que merece todo tipo de condena.

Pero hay también que denunciar la enorme hipocresía del establishment mediático y político europeo, incluyendo el francés. La supuesta defensa de la libertad de expresión es limitadísima e inexistente no solo en Francia, sino también en los países que estaban representados en las manifestaciones por sus dirigentes, como es el caso de España (en la que el gobierno del Sr. Rajoy había llevado a los tribunales a un humorista español por ridiculizar al partido gobernante, el PP, hacía solo un par de semanas).

En la misma Francia parece haberse olvidado la enorme represión que tuvo lugar durante la guerra de Argelia, cuando en una manifestación de 30.000 ciudadanos franceses de ciudadanía argelina en octubre de 1961, miles de ellos (10.000) fueron detenidos en las calles de París, y cerca de 200 fueron asesinados. Y en Francia, dicha libertad de expresión es también limitada cuando las autoridades consideran que un mensaje publicitado puede crear disturbios, lo cual ha ocurrido frecuentemente en movimientos ciudadanos en protesta por los ataques del gobierno de Israel a la población palestina (como sucedió durante las masacres llevadas a cabo por las fuerzas armadas israelíes en la Franja de Gaza). Y la lista es enorme. Y no digamos aquí, en España, donde la represión ha alcanzado unos niveles nunca antes vistos durante el periodo democrático.

Dos últimas observaciones. Una es que las fuerzas que han apoyado con mayor contundencia las movilizaciones en contra de los asesinatos han sido las derechas. En España, El País, bajo la dirección del Sr. Antonio Caño, una persona profundamente conservadora, ha presentado tales manifestaciones como una victoria frente al radicalismo musulmán (ver “La interpretación neoliberal de EEUU que aparece en los medios españoles: el caso el corresponsal de El País en Washington”. El Viejo Topo, diciembre de 2011). La realidad, sin embargo, muestra lo contrario. Dichas movilizaciones, que atemorizaron a la población musulmana en Francia, fueron una gran victoria para los radicales musulmanes, que deseaban el enfrentamiento de las dos comunidades, de manera que ellos pudieran presentarse como los héroes en defensa del Islam. Y así ha ocurrido. Por todas partes en el mundo musulmán ha habido manifestaciones contra Francia y contra el mundo occidental, y a favor de los “mártires”. Y a eso le llaman victoria. En lugar de aislar a los radicales dentro del mundo musulmán, les han dado la oportunidad de presentarlos como sus defensores.

Una segunda observación. Hay pruebas más que suficientes para ver que las posturas defendidas por los establishments europeos sobre el mundo musulmán están profundamente equivocadas. Como bien ha indicado el periodista que, a mi parecer, conoce mejor el mundo musulmán, Patrick Cockburn, hoy el EI y otros movimientos radicales no tendrían la fuerza que tienen si no hubiera sido por las intervenciones occidentales, incluyendo las europeas, en Irak, en Libia y en Siria, intervenciones que crearon, además de un vacío de poder, las condiciones para que estas fuerzas crecieran y se expandieran.

FUENTE: PUBLICO.ES

jueves, 8 de enero de 2015

Francia, una visión parcial desde el Islamismo

 

 

Abrir las compuertas a la islamofobia: el Estado es culpable y responsable

Said Bouamama

 

Hace ya una década se aprobaba por amplia mayoría la ley 2004-228 del 15 de marzo de 2004. Tenía el largo título de «Ley que enmarca, en el aplicación del principio de laicidad, el uso de signos o vestimentas que manifiesten una pertenencia religiosa en las escuelas, institutos y liceos públicos». Como atestiguan las polémicas que precedieron, acompañaron y siguieron la aprobación de la ley, nadie se dejó engañar. Políticos, periodistas, militantes, partidarios u oponentes a la ley hablaban de una ley sobre el llamado «velo islámico». Una década después es el momento de hacer balance y lo que se oye es un silencio ensordecedor. Aportemos nuestra modesta contribución a hacer mella en la invisibilización de los efectos desastrosos de una ley de excepción, esto es, reservada a una parte específica de la población determinada por una pertenencia supuesta o real a una religión.

La página web Médiapart publicó un documento de la Delegación de Educación de Poitiers destinado a los directores [de establecimientos escolares] con el objetivo de «prevenir la radicalización». Propone unos indicadores que permiten detectar al «yihadista» potencial: barba larga, faldas largas, vestimenta musulmana, etc. A pesar de que el ministerio retiró esta nota, este racismo abierto es el resultado de la lógica estatal desplegada desde hace diez años.

La invisibilidad de los daños

Visibilización y emancipación corren parejos, lo mismo que invisibilización y dominación. Conviene, pues, preguntarse por los efectos invisibles de la ley, extrañamente ausentes de los discursos públicos institucionales, políticos y mediáticos. El hecho de que la ley haya acabado por ser «aceptada» no significa que deje de tener consecuencias importantes sobre la subjetividad de las jóvenes concernidas ni efectos consecuentes sobre los ciudadanos de confesión musulmana real o supuesta ni daños en las trayectorias de las jóvenes. El balance oficial tras un año de aplicación de la ley sacó a la luz los datos siguientes: 639 signos religiosos censados, esto es, «dos grandes cruces, once turbantes sijs y otros signos, todos ellos velos islámicos», 96 casos de alumnos que «optaron por salidas alternativas en el consejo disciplinario» (inscripción en un establecimiento privado, abandono en el caso de los mayores de 16 años, inscripción en el Centro Nacional de Educación a Distancia, 47 expulsiones). El informe de evaluación muestra una franca satisfacción al señalar «que no se ha realizado la predicción de expulsiones generalizadas» (1).

El informe deforma fuertemente la realidad ya que limita el análisis exclusivamente a las expulsiones por parte de los consejos disciplinarios. Así, si tomamos como base comparativa la cantidad de chicas «veladas» censadas en 2003 por el ministerio del Interior (1250 situaciones), se sacan otras dos conclusiones: se aprobó una ley para 1250 chicas y la consecuencia de esa ley fue que el 10% de ellas se vieron obligadas a abandonar la enseñanza pública. Por supuesto, estas estadísticas mienten al ocultar todas las expulsiones indirectas, es decir, las de aquellas jóvenes que anticiparon las dificultades y no se presentaron en su centro escolar en septiembre. En los demás años la expulsión indirecta es predominante ya que las personas que desean llevar un «velo» no se presentan en el centro.

Con todo, el balance no puede escamotear la dimensión cualitativa, es decir, el efecto que la obligación de quitarse el «velo» tiene sobre la subjetividad de algunas chicas. ¿Cómo es posible imaginar que la imposición de quitarse el velo para poder seguir siendo escolarizada pueda tener lugar sin provocar un sentimiento de negación, de desprecio y de humillación? Hay múltiples testimonios que demuestran la enorme violencia simbólica que sintieron estas jóvenes. Desde 2004 los testimonios son elocuentes: «siento una bola en la garganta»; «ahora tengo la impresión de que todo el mundo me mira»; «no soy una apestada». (2)

Como ilustra este otro testimonio, los efectos no son menores en 2006:

«¿Cómo explicar qué es el sufrimiento de no ser una misma, de ser obligada a deshacerse todos los días de una parte de ti misma para adquirir simplemente un derecho […], cómo explicar ser otra persona que no es una desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde, cómo decir a quien no sabe que eso hace daño que yo no soy yo cuando me obligan a eso[…], que se vive mal, cómo dibujar lo que siento? Un odio, un dolor constante y amargura, eso es lo que representa para mí lo que para otros es tan banal, el instituto. Por cada lágrima que he derramado, cada insulto que he oído y cada vez que he tenido ganas de huir de esta cárcel […], por cada instante que he pasado en contra de mi voluntad […].» (3)

Los testimonios del libro Les filles voilées parlent [Hablan las chicas veladas] (4), publicado en 2008, también son significativos del desprecio y la humillación que sintieron. Y que no se nos diga que ese sentimiento solo fue momentáneo. Verdaderamente hay que situarse en el lado de los dominantes o haber despojado totalmente al otro de su humanidad para considerar que la herida moral que constituye el sentimiento de humillación y de desprecio pueda desaparecer con el simple efecto del paso del tiempo. Diez años después las jóvenes que fueron expulsadas en 2004 hablan todavía de ello con unas palabras que ponen de relieve la importancia de la violencia que padecieron:

«Después de sufrir la humillación, [surgían] las preguntas del tipo «¿Te lo pones porque llevas el pelo sucio o tienes una enfermedad?», el aislamiento, el ser puesta en cuarentena o en una jaula, como un animal en un zoo cuando los alumnos se apelotonaban en la ventana para ver qué era esta nueva bestia curiosa.»(5)

Nos encontramos aquí no solo con el desprecio sino también con la humillación, es decir, esta forma específica de desprecio que ataca la integridad de la persona y que tiene por objetivo envilecerla. La violencia de esta humillación es tanto más fuerte cuanto que se despliega contra adolescentes en plena construcción de identidad. Basta con tener presente una definición de humillación para cuantificar la violencia descrita por estas jóvenes:

«La humillación significa el sometimiento de una persona o grupo, en un proceso de sumisión que daña o destruye el orgullo, el honor o la dignidad. Ser humillado significa ser situado en contra de la voluntad de una persona y a menudo de manera profundamente dolorosa en una situación que es claramente inferior a lo que una persona considera que merece. La humillación significa un sometimiento que transgrede las esperanzas de la persona. Eso puede implicar actos de fuerza, incluida la violencia. En el centro está la idea de rebajar. En efecto, una de las características que definen el proceso de humillación es que se obliga a la víctima a un estado pasivo sin posibilidad de ayuda.» (6)

Y querían hacernos creer que esta experiencia no tenía consecuencias, que se olvida simplemente con el tiempo sin dejar huellas, que no marca de manera duradera las trayectorias de las chicas que lo han vivido, que estas habían elegido entre quitarse el velo para seguir siendo escolarizadas o mantenerlo. La realidad es testaruda y todos los balances satisfactorios sesgados no pueden ocultar la brutal realidad: la ley del 15 de marzo de 2004 significa el despliegue oficial de una violencia contra niñas y adolescentes ya que la gran mayoría de las chicas concernidas son menores de edad.

Una lógica de extensión

Los efectos de la ley sobre el velo no se limitan a estas violencias. Son mucho más importantes. Los debates que precedieron a la ley, las histerias políticas y las construcciones mediáticas que acompañaron y siguieron los debates parlamentarios impusieron una imagen del islam y del musulmán como un problema y un peligro. Hace ya tiempo que Abdelmalek Sayad puso en evidencia a propósito de la inmigración las consecuencias de este «emparejamiento entre un grupo social y una serie de problemas sociales [los inmigrantes y el empleo, o los inmigrantes y el paro, los inmigrantes y la vivienda, etc.]» (7). Desde hace más de una década se despliega el mismo proceso a propósito de las chicas que llevan velo: el velo como peligro para la laicidad, el velo como amenaza para la escuela pública, el velo como problema para el feminismo, etc.

La construcción de una categoría social como «problema» instaura una lógica que no puede sino extenderse más allá del primer objetivo del que surgió. Así, la voluntad prohibicionista inicialmente confinada en los establecimientos escolares tiende a desplegarse a esferas cada vez mas amplias. Y esto es, en efecto, lo que estamos presenciando desde hace una década: prohibición de acompañar a los niños durante sus salidas escolares, en las profesiones de la primera infancia, a la universidad, en la calle, en las empresas, en los hospitales, etc. Esta lógica no tiene fin ya que cada nueva etapa desencadena inmediatamente una escalada que amplifican los medios de comunicación ávidos de audiencia y de sensacionalismo. Aunque afortunadamente no todas estas propuestas de ley han salido adelante, han dado lugar a tomas de postura, a debates y reportajes televisados, a sondeos sobre la opinión de los franceses, etc., que reforzaban cada vez más la visión del islam y de los musulmanes como un problema.

Con la nota de la Delegación de Educación de Poitiers sobre la prevención de la «radicalización en el entorno escolar», el objetivo se amplía a los chicos musulmanes reales o supuestos. Este documento se presenta en forma de un power point, una de cuyas diapositivas se titula «indicadores de radicalización» y propone la siguiente lista: barba larga sin recortar (bigote afeitado); cabellos afeitados; vestimenta musulmana; pierna tapada hasta el tobillo; rechazo de tatuajes; callo en la frente; pérdida de peso relacionada con ayunos frecuentes. Estos primeros indicadores se denominan «signos exteriores individuales» y se complementan con otros que remiten esta vez «a los comportamientos individuales»: repliegue identitario; retórica política (referencias a la injusticia en Palestina, Chechenia, Iraq, Siria, Egipto); exposición selectiva a los medios de comunicación (preferencia por las páginas web yihadistas; interés por los inicios del Islam) (8).

Hay que observar con sospecha a las decenas de miles de jóvenes de la «generación Gaza» que se movilizaron este verano en apoyo al pueblo palestino. Hay que vigilar con atención a las jóvenes que prefieren los vestidos largos. Hay que hacer una lista minuciosa de los chicos y chicas jóvenes que no tienen tatuajes. Y qué decir de esos «callos en la frente», que sin lugar a dudas significan la práctica de la oración sobre baldosas de hormigón en vez de sobre alfombras. Podríamos reírnos de estas necedades si esta construcción de lo musulmán como peligro, problema y sospechoso no fuera productora de la forma contemporánea del racismo que es la islamofobia. Ahora bien, esta forma de racismo es, como todas las demás, una justificación de una agresión:

«El racismo es la revalorización, generalizada y definitiva, de diferencias, reales o imaginarios, a beneficio del acusador y en detrimento de su víctima, con el fin de justificar una agresión o un privilegio.» (9)

Una lógica de autorización

La lógica de extensión corre pareja con una lógica de autorización. Autoriza el paso a actos violentos justificando legalmente un tratamiento de excepción a partir de un signo indumentario. Así, resulta significativo que el importante aumento de los actos islamófobos en Francia concierna esencialmente a mujeres que llevan velo. El objetivo que los discursos políticos y mediáticos consideran un problema y un peligro se convierte en objetivo real para las agresiones verbales y físicas.

Tanto el informe de 2013 de la CNCDH (Comisión Nacional Consultiva de los Derechos Humanos) como el del año anterior registra un importante aumento de la islamofobia, que no corresponde a ningún virus venido de fuera de la sociedad francesa para contaminarla. Está directamente relacionado con los debates impulsados desde arriba por el Estado francés y difundidos por los medios en busca de sensacionalismo. Veamos qué nos dice el informe:

«Esta especificidad de la relación con la comunidad de los musulmanes se afirma igualmente en el tiempo. Si se compara con las series de preguntas de la década de 1990 se constata que entonces los musulmanes eran menos rechazados que los «árabes» (de 3 a 5 puntos de diferencia). En otras palabras, no ocupaban el lugar de la minoría «más detestada». Sin lugar a dudas uno de los factores es la manera como estaban estructurados los debates en torno a la inmigración. El islam y los musulmanes no eran tanto el centro de atención como en la década siguiente. Además, se puede pensar que el «marco republicano», que opone islam y valores republicanos, ha podido liberar el discurso xenófobo legitimándolo, de la misma manera que el «racismo encubierto» basado en las diferencias culturales resulta ser mucho más aceptado que el «racismo flagrante» que postula la inferioridad moral e incluso genética de las minorías.» (10)

Solo desde hace tres años las estadísticas de ministerio del Interior diferencian los actos islamófobos. Anteriormente se mezclaban con el conjunto de actos racistas. El informe de 2013 de la CNCDH pone de relieve algunas enseñanzas de estas estadísticas: un aumento desde hace tres años de los actos islamófobos; la cantidad de 226 actos contabilizados por los servicios de policía y gendarmería se dividen el 62 «actos» y 164 amenazas; los actos islamófobos afecta particularmente a las mujeres con velo (14 de los 17 actos de violencia contra personas censados tuvieron por objetivo mujeres que llevaban velo) (11). Por supuesto, estas cifras son muy inferiores a las reales ya que la mayoría de las mujeres no presentan denuncia teniendo en cuenta el estado de las relaciones entre la policía y las poblaciones surgidas de la inmigración poscolonial.

Ni virus importado del extranjero ni «complot judío oculto» como proclama el nacional-socialista (12) [Alain] Soral ni simple reacción pusilánime de una sociedad desamparada, la islamofobia es una construcción política y mediática en la que está plenamente implicada la responsabilidad y culpabilidad del Estado francés. Callarse ante esta forma contemporánea de racismo es contribuir a su desarrollo. Verdaderamente es el momento de volver a tomar la iniciativa.

 

Said Bouamama es autor de diferentes obras, entre ellas, Figures de la libération africaine. De Kenyatta à Sankara 2014, Femmes des quartiers populaires, en résistance contre les discriminations, des femmes de Blanc-Mesnil , Le Temps des Cerises, 2013, Dictionnaire des dominations de sexe, de race, de classe , Édition Syllepse, 2012, Les discriminations racistes: une arme de division massive , L’Harmattan, 2010, Les classes et quartiers populaires. Paupérisation, ethnicisation et discrimination , Éditions du Cygne, 2009, L’affaire du foulard islamique: production d’un racisme respectable , Le Geai bleu, 2004, Dix ans de marche des beurs, chronique d’un mouvement avorté , Desclée de Brouwer, 1994

Investig’Action

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Fuente: http://www.michelcollon.info/Les-vannes-ouvertes-de-l.html?lang=fr

viernes, 22 de noviembre de 2013

Ataque terrorista en Líbano

 

Beirut, ciudad amenazada.

La guerra del terror wahabí-likudnik

Pepe Escobar

Asia Times Online

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El doble ataque suicida contra la embajada iraní en Beirut –que causó por lo menos 23 muertos y 170 heridos– fue un ataque terrorista de facto ocurrido el 19-11. Si se mira a través de la numerología, recuerda naturalmente el 11-9, y así la metástasis de la guerra contra el terror declarada por Washington – conducida en gran parte por formas purulentas de la “inteligencia” saudí.

Pero no esperéis que “Occidente” lo condene como terrorismo. Mirad los titulares; todo lo normalizan como “explosiones” – como si se tratara de niños jugando con petardos.

Haya sido realizado por una nebulosa brigada vinculada a al Qaida o por los pistoleros a sueldo del jefe espía saudí Bandar bin Sultan (alias Bandar Bush), el ataque terrorista de Beirut es esencialmente configurado como una importante provocación orquestada por los saudíes. La agenda general saudí en Siria implica también que tanto Hizbulá como Irán sean inmovilizados dentro del Líbano. Si eso sucede, Israel también gana. Una vez más, es otra ilustración gráfica de la Casa de Saud-likudnik en acción.

También se aplican las sutilezas. La estrategia de Bandar Bush, coordinada con yihadistas, era virtualmente pedir a gritos que Hizbulá combatiera dentro de Siria. Cuando Hizbulá lo hizo, con solo algunos cientos de combatientes, los yihadistas se escabulleron rápidamente del campo de batalla para implementar el plan B; hacer volar en pedazos a mujeres y niños inocentes en las calles del Líbano.

Mientras Hizbulá acepta el combate, dondequiera tenga lugar, la posición de Teherán es más cautelosa. No quiere enfrentar directamente a los saudíes – por lo menos por ahora, en vista de la crucial negociación nuclear en Ginebra, y (todavía) la posibilidad de Ginebra II respecto a Siria. Sin embargo, la Casa de Saud no quiere Ginebra II porque no tiene absolutamente nada que proponer excepto cambio de régimen.

Respecto a Siria, el pilar principal de la estrategia de Bandar Bush es convertir el anterior Ejército “Libre” Siria en un “ejército nacional” de algo como 30.000 combatientes fuertemente armados – en su mayoría suministrados por el “Ejército del Islam”, que no es nada más que un código para Jabhat al-Nusra relacionado con al Qaida. El rey Playstation de Jordania, también conocido como Abdalá, colabora como proveedor de campos de entrenamiento cerca de la frontera siria. Pase lo que pase, una cosa es segura: esperad que los pistoleros a sueldo de Bandar Bush realicen más atentados suicidas en el Líbano y Siria.

El eje sionista/wahabí/salafista

Las sospechosas Brigadas Abdullah Azzam vinculadas a al Qaida existen en teoría desde 2005, colocando una que otra bomba por aquí y por allá. Un jeque Sijareddin Zreikat tuiteó la responsabilidad por el atentado terrorista de Beirut. De un modo cada vez más curioso, la reivindicación fue “descubierta” y traducida al inglés por el sitio de desinformación israelí en la web SITE. [1]

Otro sitio más de desinformación de la inteligencia israelí, DEBKAfile, afirmó que el ataque terrorista fue una bandera falsa de Irán/Hizbulá, sobre la base de una “advertencia saudí” que llegó a “agencias de inteligencia occidentales, incluyendo Israel”. [2] La justificación según la “inteligencia saudí”, era “motivar a combatientes de Hizbulá enviados contra su voluntad al campo de batalla sirio”.

Es algo que ni siquiera puede ser calificado de patético. Hizbulá defiende básicamente la frontera libanesa-siria, y solo tiene unos pocos cientos de combatientes dentro de Siria. Además, ninguna serie de ataques suicidas disuadirán a Hizbulá y Teherán de recuperar el control de lo que realmente importa en el contexto estratégico sirio; el área de Qalamoun.

Qalamoun, rodeada de montañas, es una franja de 50 kilómetros que bordea el valle Bekaa en el Líbano, entre Damasco y al-Nabk, y directamente sobre el absolutamente crítico corredor Damasco-Homs de la autopista M5. El ejército sirio está en ofensiva en Qalamoun. La recuperación de toda el área es solo cosa de tiempo. Esto significa controlar la vía de entrada norte a Damasco. Hizbulá está ayudando en la ofensiva desde el valle Bekaa. Eso no quiere decir que posteriormente se establezca en Siria.

Ahora, en cuanto a la acusación de bandera falsa. Si hablamos de una verdadera operación de bandera falsa, baste con recordar tres recientes atentados internacionales que supuestamente afectaron a Israel. En India, la bomba no contenía proyectiles; apenas hirió a un agregado israelí. En Azerbaiyán, la bomba fue milagrosamente “descubierta” antes que estallara. Y en Tailandia, la bomba explotó demasiado temprano, hiriendo solo a un iraní que se encontraba cerca.

La burda desinformación israelí es desenmascarada cuando llega a la siguiente conclusión:

Si Teherán es capaz de semejantes atrocidades simplemente como táctica de diversión, entonces los presidentes Barak Obama y Vladimir Putin debieran analizar cuidadosamente a su socio en la negociación al otro lado de la mesa antes de firmar un acuerdo importante el miércoles 20 de noviembre, que permita que siga existiendo el programa nuclear de Irán.

Por lo tanto esto se combina claramente con la actual histeria israelí por las negociaciones en Ginebra, que también incluye el enésimo informe de un órgano de News Corporation, el Sunday Times de Londres, de que Arabia Saudí ayudará a Israel a atacar Irán. [3]

Todo esto se combina con el sesgo de los proverbiales cómplices estadounidenses, que más bien se regodean ante la idea de que “estratégicamente esta alianza de-facto israelí con los saudíes es una extraordinaria oportunidad para Israel”. [4]

Hasta semejantes cómplices tienen que admitir que la Casa de Saud está “bloqueando la formación de cualquier gobierno en el Líbano, por ejemplo, para obstruir al aliado de Irán, Hizbulá”. “Bloqueando”, por supuesto, es un eufemismo para normalizar los atentados suicidas.

Y luego viene las extremas ilusiones disfrazadas como “análisis”: el primer ministro israelí Bibi Netanyahu “tratando de reemplazar a EE.UU. como protector militar del status quo”. Traducción: los likudniks sueñan con convertirse en el nuevo jefe militar de la mafia de wahabíes con petrodólares.

Los facilitadores

La estrategia de Bandar Bush –armar y proveer tapadera para salafistas, yihadistas y cada mentecato o mercenario entre ellos– continuará sin tregua. Después que Bandar Bush convenció a Washington de librarse de los cataríes amigos de la Hermandad Musulmana, los saudíes son el supremo canal hacia la guerra. La máquina de Bandar Bush tiene vínculos con prácticamente todos los grupos yihadistas en el Levante.

Y ciertamente es útil que Bandar tenga la perfecta cobertura: el hecho es que conoce y ha engatusado a cada importante protagonista en Washington. En EE.UU., Bandar Bush sigue siendo un valeroso héroe, que incluso provoca lisonjeras comparaciones con Gatbsy. [5]

Incluso después del ataque contra su propia embajada en el Líbano, Irán mantiene una actitud extremadamente prudente. La principal prioridad son las negociaciones nucleares en Ginebra con el partenaire que realmente importa, EE.UU. Esto explica que Irán culpe por el ataque terrorista en Beirut a los proverbiales “sionistas”, y no a yihadistas empoderados por los saudíes, presentándose como “rebeldes” y parte de toda la nebulosa de Bandar Bush.

Por el momento sin embargo, basta de neolengua orwelliana. Lo que pasó en Beirut fue un ataque terrorista, vitoreado por Israel, y totalmente facilitado por saudíes; una demostración gráfica del eje likudnik-Casa de Saud.

Notas:

1. Al-Qaida-linked group claims responsibility for deadly Beirut attack, Ha'aretz, 19 de noviembre de 2013.

2. Incredible! Beirut bombings killing 25 people were self-inflicted by Iran and Hizballah as a diversionary tactic, DEBKAfile, 19 de noviembre de 2013.

3. Israel, Saudi Arabia Unite For Attack On Iran, RT, 17 de noviembre '13.

4. The stakes of an Iranian deal, Washington Post, 15 de noviembre de 2013.

5. Prince Bandar bin Sultan, Saudi Arabia's Gatsby, Master Spy, The Daily Beast, 16 de noviembre de 2013.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto pepeasia@yahoo.com

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MID-03-201113.html

jueves, 18 de julio de 2013

Islam político: empujando la historia hacia atrás

 

LA GRAN MEZQUITA, EL PODER DEL ISLAM POLÍTICO

 

Nazanín Armanian

Islam político: empujando la historia hacia atrás

Hace dos años, cuando millones de personas desde el Norte de África y Oriente Próximo pedían la democracia política y económica, se anunció la muerte del islamismo (¿La era del post islamismo?). De nuevo, tras el derrocamiento del Gobierno del hermano musulmán Mohamed Mursi, a mano de 20 millones de egipcios, se vuelve a plantear si estamos ante el fin definitivo de un Islam con aspiraciones de poder. Sorprende que un año fuese suficiente para los “musulmanes” egipcios en dar la espalda a una organización que lleva 80 años en la oposición, dando asistencia social a los más pobres. Pues los que piden paciencia a los hambrientos tienen el estomago lleno.

Las primaveras árabes estaban condenadas a fracasar, en parte por la naturaleza de los grupos islamistas que las secuestraron y las desviaron (Réquiem por la Primavera Árabe).

Interpretar en clave religiosa todo lo que sucede en esta zona del mundo es tan absurdo como tratar la crisis económica europea en clave del cristianismo. Se llamó, también erróneamente, “Revolución Islámica” a la gran revolución nacional-democrática de Irán del 1979, como si los 30 millones de iraníes se jugaran la vida, pidiendo más mezquitas y más espiritualidad (Los marxistas y los islamismos, desde la experiencia de Irán).

El versículo 9:38 del Corán muestra que el bienestar personal es primordial, incluso para los militares religiosos, negándose ir a la guerra: “¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: «¡Id a la guerra por la causa de Alá!» permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco…?”. El versículo 9:81 aclara el motivo: ¡hacía calor!  Di: «El fuego del infierno es aún más caliente»”, les recordó Dios, en un tono amenazante.

En el Irán de entonces, como en el Egipto de ahora, las rebeliones de tal envergadura tienen un trasfondo económico y político. La religión y sus mensajes familiares se convierten en la bandera de los pueblos ante la ausencia de partidos (a causa de una persecución despiadada) que les representen.

El islam político es un fenómeno de nuestra era. La inexistencia de un Papa poderoso, la diversidad de los centros religiosos y la separación entre el poder mundano y el terrenal dejaban tranquilos a los reyes. Éste fenómeno aparece a partir de 1978, en plena Guerra Fría, con el objetivo de cercar a la URSS con un  cinturón religioso (el mismo año que el polaco Papa Juan Pablo II ocupó el Vaticano). Desde Afganistán, EEUU creó a los muyahedines, con la misión de derrocar al Gobierno marxista del doctor Nayibolá. En Irán los hombres vestidos de negro aparecieron en las manifestaciones al sexto mes de las protestas, obligando a las mujeres a llevar el chador. Tomaron el poder sin tener siquiera la base social que ostentan los Hermanos Musulmanes en Egipto. Es más, uno de los fundamentos del chiísmo ha sido quedarse al margen del poder hasta la llegada de Mahdi, su Mesías. Ayatolá Jomeini cambió este principio con su Welayat-e faghih (tutoría del hombre religioso), y se convirtió en el jefe del Estado teocrático de Irán, una tierra empapada de petróleo, otro vecino de la URSS, enclave estratégico y… una reunión del G-4 en la isla de Guadalupe con los representantes del ayatolá hizo el resto: habría que evitar que Irán cayera en manos de las fuerzas progresistas. Éstas luego fueron exterminadas («Decidme cómo es un árbol» ), al igual que los generales del Ejército y los islamistas moderados y liberales –el primer presidente de la República Islámica, Hasan Bani Sadr, huyó del país y unas cinco millones de personas siguieron sus pasos-.  El horror fue de tal magnitud que Hosein Montazeri, el sucesor de Jomeini, dimitió en protesta (La teología islámica de la liberación). El rechazo hacia la reislamización del país fue tal que el propio Imán, un año después, abandonó el poder y regresó a la escuela teológica de Qom, dejando la política para los políticos. Poco después, se arrepintió y regresó. Tras varias rebeliones para desmantelar el extremismo, el propio sistema, quizás en un intento de corregir los excesos, ofreció la llamada  “democracia religiosa” del presidente Jatami, que tras ocho años de ineficacia mostró hasta qué punto reconciliar el mandato popular y el divino es una ficción. El nuevo presidente de Irán, ayatolá Rohani, será otro encargado de alargar esa ilusión.

En Irak, la guerra sectaria desatada por el Gobierno instalado por EEUU sigue devorando a decenas de personas cada día. Un Gobierno medieval para un país árabe desarrollado completó la obra de Bush. En las elecciones parlamentarias del 2010 ganaron los seculares. El Consejo Supremo Islámico tuvo solo ocho escaños de los 325.

Las distintas versiones nacidas en los laboratorios islámicos han fallado.

Una crisis existencial

Decía Marx que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces, una como tragedia y la otra como farsa. Querer imitar al profeta Mahoma y reproducir la vida de las tribus beduinas de Arabia del siglo VII, e introducir la Shari’a (centrada en la actitud moral de los súbditos) como norma de Estado es, en distintos grados, la esencia de los ideales del islamismo.

Como sus homólogos cristianos, afirman que la inmoralidad –que no la acumulación aberrante de las riquezas de todos en manos de unos cuantos- es la fuente del resto de los desequilibrios sociales. Se pueden destacar, después de más de tres décadas de este experimento – en Irán, Afganistán, Arabia Saudí, Yemen, Irak, Turquía, Tunez, Egipto, o Sudan-, los siguientes resultados:

-Mirada mutilada hacia las complejas cuestiones que presentan los Estados Modernos. El lema surrealista del “islam es la solución” para cualquier problema en cualquier tiempo y lugar no solo es simple sino también peligrosa.

- El Corán es su constitución, palabra de Dios, inamovible e infalible. Una orden para ser ejecutada. No se admite ninguna crítica, ni observación ni cambio.

-Declarar la desigualdad de los ciudadanos ante la ley, basándose en el Corán (el versículo 4:34 afirma la preferencia del hombre sobre la mujer, por ejemplo). ¡Serán iguales ante Dios!

- Su concepto de la economía:, dirigiéndose a los trabajadores, decía que “la economía es la preocupación de animales”, mientras los humanos deben mirar por su espiritualidad. ¿No será esta incapacidad de acabar con la pobreza el origen de los ayunos religiosos y santificar el hambre, o prometer  alimentos deliciosos en el Paraíso, para evitar la rebelión de los hambrientos en la tierra? El fracaso económico es el inicio del fracaso político. Al final, defienden el capitalista modelo siglo XIX que ni reconoce los mínimos derechos de los trabajadores.

- No reconocen el derecho a una sanidad y educación universal y gratuita para todos. La diferencias de clases existe, con la venia del Señor. Dejan la aspiración de promover una sociedad igualitaria a los marxistas.

- Menosprecian la dignidad y la integridad física de las personas en el sistema jurídico llamado “hodud”, basado en el ojo por ojo de hace cuatro mil años. La vigencia de la tortura y la pena de muerte es un ejemplo. Hasta el “moderado” Erdogan plantea restituir la pena capital.

- El miedo al pluralismo en el pensamiento y en los saberes les lleva a prohibir o reducir el peso de carreras de humanidades  (derecho, historia, ciencias políticas, periodismo, sociología, etc.) y expulsar a  Darwin, Shakespeare, Kant, Rousseau o Voltaire de las aulas, creando un grave vacío en dichas disciplinas y una manera de gobernar pobre. En Irán, los mandatarios, que suelen ser médicos o ingenieros, no pueden detectar el origen de los problemas y carecen de recursos mentales para ofrecer soluciones. ¡Y esto también explica que Irán sea uno de los primeros exportadores de nanotecnología o que gane año tras año en la Olimpiada Internacional de Matemática!

- Su sistema político es totalitario: no sólo eliminan las libertades políticas, sino también las más personales, obsesionados por el control sobre cada individuo. Reglamentan hasta el color de la vestimenta, y llegan a prohibir las manifestaciones de la felicidad: besar, reír, bailar, cantar, y todo bajo durísimos castigos. Odian la individualidad singular. Por eso uniforman a las mujeres.

- Crean grupos paisanos de represión para atemorizar a la población. Sus tribunales a veces recuerdan los de la Inquisición cristiana, acusando de blasfemia y ateísmo a los críticos. Mientras mandan patrullas para vigilar la moralidad de la gente, cometen las aberraciones más inmorales, a pesar de exhibir sus frentes marcadas por el sello de Mohr, tabletas de arcilla en la que pegan su frente al postrarse para rezar.

- Afirman rendir cuentas ante Dios, para no hacerla ante el pueblo. Se convierten en la nueva oligarquía, sin sonrojarse.

- Reivindican su independencia con respecto a las potencias, para no tener que responder por sus actos ante nadie, y de paso impedir que la influencia de la modernidad dañe las estructuras del poder tradicional. Su país es su “feudo”. Algo parecido al nacionalcatolicismo. No suelen reconocer ningún tratado internacional sobre los derechos de la mujer, la infancia y los trabajadores.

Nada de obituario

La experiencia como la muerte hay que vivirlo en la propia piel. Estos grupos seguirán teniendo su base social. La máxima lección que pueden sacar los Hermanos Musulmanes sería el no haber creado un ejército fiel, como los Guardianes islámicos de Irán; no entienden que si no satisfacen las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos, desaparecerán.

No hay guerra contra el Islam, sino contra su uso por los oportunistas, expertos manipuladores de fe y de una masa empobrecida y desesperada. El cruce entre la religión y la política no ha funcionado. Aun así, le queda mucha vida: EEUU seguirá utilizando a grupos religiosos como su quinta columna, contra Rusia, China  e India.

Fuente: Público.es

domingo, 14 de julio de 2013

Cuatro días que estremecieron al mundo

 

 

The Guardian, 5 de julio de 2013

Declaración de los Socialistas Revolucionarios de Egipto

Lo que ocurrió el 30 de junio fue, sin la menor duda, el principio histórico de una nueva ola de la revolución egipcia, la mayor desde enero de 2011. Se estima que el número de personas que se manifestaron en ese día legendario excedió los 17 millones de ciudadanos, algo sin precedentes en la historia.

Su importancia supera cualquier participación de los restos del antiguo régimen o del aparente apoyo del ejército y la policía. Las manifestaciones masivas de millones de personas son eventos extremadamente raros en la historia de la humanidad, y su efecto sobre la conciencia y la confianza de la población en sí mismos y en su poder de cambiar el curso de la historia, trascienden las limitaciones de las consignas planteadas y las alternativas políticas formuladas.

Sí, la élite burguesa liberal quería utilizar esta movilización de masas para derrocar la dominación de la élite islamista, con el fin de poder llegar a ellos al gobierno con el respaldo y el apoyo de la institución militar. Y es cierto que los feloul [los restos del antiguo régimen] querían volver a la escena política a través de esta nueva ola revolucionaria. Pero hay una lógica especial implícita en las revoluciones populares que no se somete a las ilusiones o planes de los liberales o los feloul, aunque sectores de las masas siguieran temporalmente las consignas y las promesas de esas élites, de la misma manera que siguieron antes las consignas y promesas de la élite islamista.

Sí, los grandes medios de comunicación y sus campañas de propaganda tienen influencia, y las utilizan a favor de sectores de la clase dominante opuestos a los Hermanos Musulmanes, en el sentido de que el ejército y la policía están con la gente, que hacen gala de su neutralidad y su patriotismo, incluso de su ¡"naturaleza revolucionaria"! Pero esta influencia es momentánea y superficial, y no puede borrar de la memoria y la experiencia directa de la gente su carácter contrarrevolucionario, y se han enfrentado a las masas, ya sean las instituciones de las fuerzas armadas o los servicios de seguridad.

La verdadera razón de esta influencia temporal es la traición de la oposición liberal, representada por el Frente de Salvación Nacional, de los objetivos de la revolución egipcia y la sangre de los mártires, con el fin de acortar su camino hacia el poder. La verdadera razón es la ausencia de una alternativa política revolucionaria unida capaz de denunciar la verdadera naturaleza del FSN y ganar a las masas a un programa revolucionario concreto, un proyecto que puede superar tanto a la elite liberal y a la islamista y avanzar para profundizar la revolución egipcia, acabando con todas las instituciones del antiguo régimen, incluidas las instituciones militares y de seguridad, que son el corazón de la contrarrevolución.

Las masas no se han rebelado de nuevo porque quieran un gobierno militar o por amor a una alternativa liberal feloul a la Hermandad Musulmana. Las masas se han rebelado de nuevo porque Morsi y la Hermandad han traicionado la revolución. La Hermandad no implementó ni una sola de las exigencias de la revolución de justicia social, libertad, dignidad humana o retribución a los mártires de la revolución, que cayeron a manos de Mubarak y al-Adly, o el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF), la Hermandad y el Ministerio del Interior durante el periodo de gobierno de los Hermanos Musulmanes.

De hecho, el gobierno de la Hermandad profundizó las mismas políticas del régimen de Mubarak, que siguen provocando el empobrecimiento y la corrupción, en una defensa desesperada de las grandes empresas al servicio de los intereses norteamericanos y sionistas.

En vez de purgar el aparato estatal de corrupción y de todos los que se han manchado las manos con la sangre de los mártires, ya sea en el Ministerio del Interior, el aparato militar o la policía secreta, la Hermandad negoció con ellos, con la esperanza de participar en la administración del Estado junto con los feloul y los hombres de Mubarak.

Por lo tanto, el régimen de la Hermandad se convirtió en más que una extensión a todos los niveles del régimen de Mubarak contra el pueblo egipcio que se había rebelado.

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Esta es la esencia de la nueva explosión revolucionaria que se inició el histórico 30 de junio. La Hermandad no entendía esta esencia, por lo que su popularidad se evaporó en cuestión de meses. Y esto es lo que los líderes de las fuerzas armadas no entienden - ni su fachada civil, representada por los liberales y los feloul del Frente de Salvación Nacional. Porque no es a punta de pistola que se vean obligados a aplicar las mismas políticas con Morsi, que con el consejo militar y con Mubarak antes que ellos: las mismas políticas económicas neoliberales, las mismas alianzas estratégicas con las monarquías represivas del Golfo Pérsico, la misma dependencia humillante de EE UU y el colonialismo sionista.

Los gobiernos y los medios de comunicación de la burguesía americana y europea están tratando de describir lo que ha sucedido en Egipto, como si no fuera más que un golpe militar

contra un presidente democráticamente elegido, o un golpe de estado en contra de la "legitimidad" de la democracia formal. Pero lo que ha sucedido en realidad supera con creces la democracia formal y sus urnas. Se trata de una legitimidad que surge del carácter democrático de la revolución popular: la democracia directa es la que crea la legitimidad revolucionaria. Se abre el horizonte a nuevas formas de poder popular, que empequeñecen la democracia temporal de las urnas que se traduce solo en mantener la dominación de la burguesía, en sus diferentes alas.

La democracia temporal de las urnas asegura sólo la permanencia del poder del aparato estatal capitalista. Refuerza las ilusiones de la gente que cree que tiene el poder porque eligen una vez cada cierto número de años que sector de la élite burguesa gobernará y les explotará, sin, por supuesto, conseguir nada del aparato del Estado o de las empresas capitalistas a las que protege y que manipulan las urnas.

Lo que ha ocurrido en Egipto es un punto álgido de la democracia, una revolución de millones de personas para derrocar directamente el régimen. En cuanto al desplazamiento militar de Morsi, no era más que una conclusión inevitable una vez que la institución militar vio que las masas ya habían resuelto el problema en las calles y plazas de Egipto.

El-Sisi hizo el 3 de julio de 2013 lo que Tantawi hizo antes de él el 11 de febrero de 2011: cedió ante la voluntad del pueblo que se había rebelado, no por patriotismo ni fervor revolucionario, sino por miedo a la revolución. Porque si El-Sisi no hubiera intervenido para desalojar Morsi, la revolución no se habría detenido con el derrocamiento de Morsi y la Hermandad, sino que ha sido -y sigue siendo- capaz de transformarse en una revolución social completa que acabe con todo el estado capitalista, incluyendo a los líderes de la institución militar.

La institución militar es hostil a la revolución egipcia. Se deshizo de Mubarak para salvarse de la línea de fuego de la revolución. El ejército se deshizo de la Hermandad y de Morsi, sus antiguos aliados, porque teme el momento en el que el terremoto de la revolución les alcance. Al igual que amplios sectores de la población tuvieron ilusiones en la neutralidad militar y su apoyo a la revolución al comienzo del gobierno del SCAF, hoy se ven afectadas por la propaganda mentirosa sobre el heroísmo y lealtad revolucionaria de El-Sisi y sus generales.

Pero las masas rápidamente superaron estas ilusiones, producto de la propaganda en los días de Tantawi a través de su experiencia y de su lucha, y de la misma manera superarán de nuevo la ilusión de que "el ejército y el pueblo son una misma cosa" en las semanas y meses venideros.

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Las masas egipcias han logrado derrocar a dos presidentes en 30 meses. Este gran poder no sólo se refleja en las protestas de millones de personas, sino también en las posteriores olas de huelgas y manifestaciones populares. La confianza política se transformará en confianza en la lucha social y económico, y viceversa.

Después de la primera oleada revolucionaria, el ejército había apostado por la capacidad de organización y el populismo de la Hermandad para asimilar y abortar la revolución. Pero esta apuesta falló el 30 de junio. Ahora, el ejército utiliza a la oposición liberal con el mismo objetivo. Pero el vasto abismo entre las expectativas de las masas revolucionarias y lo que las fuerzas liberales están ofreciendo en términos de políticas económicas y sociales en medio de una profunda crisis económica conducirá rápidamente a que quede expuesta a la luz la naturaleza de estas fuerzas, y quienes detrás de ellos son los verdaderos gobernantes de Egipto, las instituciones militares y de seguridad.

Uno de los peligros a los que nos enfrentaremos en las próximas semanas y meses es que la ola de represión dirigida contra los Hermanos Musulmanes y el movimiento islamista se utilizará como propaganda a favor de los liberales y por motivos de seguridad por el ejército y la policía para atacar al movimiento obrero y las manifestaciones populares, con el pretexto de mantener la estabilidad durante "este período crítico." Restaurar el aparato de seguridad de confianza para hacer frente a los islamistas se traducirá sin duda en olas de represión contra

las huelgas y sentadas, y será justificada por los medios de comunicación burgueses.

Debido a ello, hay que ser coherente en la lucha contra todas las formas de abuso y de represión contra los islamistas en forma de detenciones y cierres de canales vía satélite y periódicos: lo que sucede hoy contra los islamistas les pasará mañana a los trabajadores y la izquierda.

El dilema de la revolución egipcia hoy es la debilidad política de las fuerzas revolucionarias que defienden la exigencia de continuar la revolución, que tiene las demandas sociales en su corazón. Para estas fuerzas, las urnas no son suficientes, y no van a aceptar la continuación de las políticas capitalistas de empobrecimiento. No van a renunciar a la exigencia de retribución por la sangre de los mártires revolucionarios. Seguirán insistiendo en el derrocamiento del estado de Mubarak, incluidas sus instituciones de seguridad, militares y judiciales. Estas instituciones siguen controlando el país y así protegen los intereses de los grandes empresarios y feloul de Mubarak. Siguen siendo un gran pantano de corrupción, saqueo y despotismo.

Corresponde a las fuerzas revolucionarias hoy unir sus filas y presentarse como una alternativa revolucionaria convincente para las masas - una alternativa a las fuerzas liberales que están en ascenso a hombros de los militares y de las fuerzas del Islam político que han dominado a las amplias franjas de la población durante décadas. Tenemos que crear una plataforma para unir la lucha económica y social en las filas de los trabajadores y los pobres, para unir a todos los sectores oprimidos de la sociedad. Porque son estas personas las que tienen interés en la continuación de la revolución, en derrocar al corazón del régimen y no sólo a sus representantes, ya sea Mubarak o Morsi en el pasado, o tal vez ElBaradei en un futuro próximo.

Así que empezamos desde este mismo momento a preparar la tercera revolución egipcia que se avecina inevitablemente, preparémonos para liderar esa revolución hasta la victoria final. Las masas han demostrado de nuevo que su energía revolucionaria es infinita, que su revolución es una verdadera revolución permanente. Pongamos a la altura de esta responsabilidad histórica, y trabajemos juntos para el éxito de la revolución.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

http://socialistworker.org/2013/07/05/four-days-that-shook-the-world

La Segunda Revolución de Egipto: cuestiones de legitimidad

 

 

 

La democracia se constituye con la voluntad expresa y activa de personas reales, vivas, y no con la de unas urnas. Esta máxima se torna aún más cierta cuando aquellas personas están llevando a cabo una revolución, mediante la cual trazan su futuro y el de su nación.

El gobierno estadounidense, una parte importante de los principales medios occidentales y los derrocados Hermanos Musulmanes parecen estar de acuerdo: lo que ha ocurrido en Egipto en los últimos días ha sido un golpe militar, un revés a la presunta "transición" hacia la democracia.

Independientemente de la diversidad de intereses creados puestos en juego, lo que los tres detractores de uno de los levantamientos revolucionarios más potentes y populares de la historia moderna comparten es el desprecio. Se han reunido veintidós millones de firmas (casi un 50 por ciento de la población adulta del país) exigiendo la destitución del presidente; la misma exigencia la han vehiculado diecisiete millones de personas (casi un 30 por ciento de la población adulta) en marchas callejeras a lo largo del país, en lo que se ha descrito como la mayor manifestación de la historia del ser humano, efectuada a pesar del aluvión de amenazas y advertencias de que el 30 de junio se convertiría en un "río de sangre", y prolongada hasta el día de hoy.

Por inaudito que resulte, y parece que a ojos de la prensa aún no merece consideración (el Washington Post insiste en hablar de manifestaciones "opositoras" entre los partidarios de Morsi y la "oposición"), no se trata de un proceso democrático, sino del ejército y del "estado profundo". Nada que no fuera un insondable sentimiento de desprecio podría explicar tamaña ceguera.

El desdén de los Hermanos Musulmanes está firmemente arraigado en una doctrina que designa a los líderes de Gama'a como últimos intérpretes de la voluntad de Dios en la tierra, y como tales su "rebaño" les debe obediencia ciega e innúmeros besos en la mano — no cabe duda de por qué a los rebeldes egipcios los denominan "corderos".

Desde el lado occidental de la ecuación — y todavía trato la cuestión más desde una perspectiva ideológica que desde el craso interés — existe la convicción igualmente arraigada de que árabes y musulmanes son incapaces de desarrollar el tipo de "libertades" que el "hombre occidental" da por sentado.

Ciertamente, la raza ha pasado de moda, ahora remplazada por la "cultura"; pero a lo único que se supone que podemos aspirar los árabes con nuestra cultura "musulmana", al parecer de forma inherente, es al tipo de "democracia" atrofiada y deformada que Morsi y su tribu ofrecían, sin importarnos la libertad de expresión, de creencia, de asociación y protesta, y sin importarnos tampoco el atraco histérico de poder de la maquinaria estatal excesivamente autoritaria de la oligarquía de Mubarak, la cual se ha mantenido perfectamente intacta a no ser por una muda simbólica de líderes.

(En junio de este año, el presidente depuesto de la Hermandad designó de una sola vez a 17 gobernadores pertenecientes todos a su grupo o a sus aliados, a tan sólo tres meses de las elecciones parlamentarias, lo mejor que pudo hacer para amañarlas de forma más efectiva).

Nada de todo esto, aun así, parece tenerse en cuenta. No son más que los pequeños inconvenientes de la "transición", ya que a todo lo que podemos aspirar y nos merecemos los árabes y musulmanes es a un margen del 2 por ciento en las urnas — con esto ya tenemos suficiente democracia para nuestra "cultura".

Hay también otro aspecto que contribuye a la ceguera. A lo largo de la historia, las revoluciones culturales llevadas a cabo por un pueblo han mostrado una tendencia a inspirar levantamientos revolucionarios en otros pueblos, de tal manera que la de Egipto fue inspirada por las de Túnez, Yemen y Bahrein, y la de Siria fue inspirada por ambas. El que una revolución desemboque en un régimen islamista torpe y denodadamente opresivo, cuya única reivindicación para la "democracia" son unas elecciones en apariencia "libres y justas", extingue drásticamente su valor inspirador. ¿Podrían los griegos o los brasileños inspirarse en un resultado como éste?

Fue tan sólo en el cuarto día de la segunda revolución egipcia, y de la consecuente intensa presión estadounidense por mantener a Morsi y a los Hermanos Musulmanes en el poder, que el presidente de los EEUU Barak Obama pareció descubrir — de repente — que la democracia no se reduce a las urnas.

¡Muy Bien! La historia de la democracia en el mundo es la historia de las conquistas de libertades democráticas en las calles, no en las urnas. Aunque dejemos a un lado las revoluciones fundacionales de la democracia en el mundo moderno, desde Cromwell hasta Robespierre, incluyendo a los padres fundacionales de los Estados Unidos (frente a las cuales las dos revoluciones gemelas de Egipto parecen pulcras y relucientes en términos de legitimidad), la universalidad del sufragio se conquistó en las calles, igual que el derecho de la mujer al voto; los sindicatos, cruciales en la definición de la esencia de la democracia y de las libertades democráticas en el mundo actual, no salieron de las urnas, sino que nacieron y se desarrollaron en los talleres y en las calles, del mismo modo que ha ocurrido con la redefinición de la democracia en lo referente a derechos y liberación de la mujer, más allá del mero derecho al sufragio.

Por último, pero no menos importante, Sr. Obama, ¿cabe recordarle que la sola idea de postularse a la presidencia no se habría dado si no hubiera sido por el Boicot de Autobuses en Montgomery, las Sentadas en Greensborro, la Marcha en Washington y las miles de otras batallas, grandes y pequeñas, libradas con tremendos sacrificios, en las calles de la autoproclamada "mayor democracia del mundo", por parte de cientos de miles de personas, entre las que se incluyen personajes hostiles a la "legitimidad" tales como Malcom X, Rap Brown, Stokely Carmichael y Angela Davis?

Una marcha larga y heroica, repleta de sangre y lágrimas, le otorgó a usted su cargo Sr. Obama, y fue en las calles donde los héroes de estas luchas marcharon. Las urnas simplemente trasladaron, casi siempre parcialmente y de forma atrofiada, las conquistas llevadas a cabo, sí, en las calles.

Todo lo cual parece llevarnos de vuelta a nuestro anterior presidente, el propio Dr. Morsi.

En su último comunicado al país, con su habitual incoherencia, el anterior presidente (¿no resulta encantador el prefijo "anterior" antecediendo al título de dos presidentes en tan poco tiempo?) repitió la palabra "legitimidad" literalmente una docena de veces. Sin embargo, cabe recordarle, Sr. anterior-presidente, que visitó usted la cárcel cuando su predecesor, el presidente "legítimo" del país, votado en su cuarto ejercicio en lo que sus aliados estadounidenses y occidentales entonces aclamaron como las primeras elecciones presidenciales egipcias con varios candidatos, fue derrocado de forma ilegítima. (Nada en la Constitución egipcia en aquellos momentos vigente permitía al presidente ceder sus poderes a una institución denominada Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas – SCAF).

No conocemos la verdadera historia de cómo salió de la prisión, si fueron los que detentaban el poder quienes le sacaron o fue un contingente de Hamas importado especialmente con ese objetivo, como se ha sugerido en los últimos meses. Sinceramente, me da igual. Morsi y otros líderes de la Hermandad Musulmana eran presos políticos, y en una revolución, liberar a los prisioneros políticos resulta correcto, incluso siendo "ilegítimo".

El caso es que, desde la revolución, los detentadores del poder en Egipto, todos piratas de sus cargos, has estado haciendo malabarismos entre la "legitimidad revolucionaria" y la legitimidad formal, legal, estipulada por la Constitución y la ley del país de manera arbitraria y siempre en la forma que mejor se ajustara a sus fines inmediatos. El SCAF lo hizo, una y otra vez, igual que lo hicieron los Hermanos Musulmanes.

El ejemplo más crudo y flagrante fue el alarde de constitucionalidad, ley y normas democráticas del presidente "electo", mediante la promulgación, en noviembre del 2012, de una Declaración Constitucional que inmunizaba sus decisiones frente a los exámenes jurídicos, inmunizaba también aquella pantomima de cuerpo legislativo, el Consejo consultivo Shura (un tercio de cuyos miembros fue designado por el presidente y los otros dos tercios fueron votados con desdén por un mísero 7 por ciento del electorado), confiriéndole mientras tanto completa autoridad legislativa e inmunizando además a una Asamblea Constituyente, la cual se había transformado en un club cerrado de la Hermandad Musulmana y sus aliados Salafistas y Yihadistas. Ambas instituciones se han enfrentado a fallos inminentes de inconstitucionalidad por la Corte Constitucional Suprema de Egipto.

¿Y cuál ha sido, entonces, la justificación de Morsi por estas medidas draconianas, claramente encauzadas a perpetuar el dominio de la Hermandad Musulmana sobre el país hasta los tiempos en que la humanidad se reúna con su hacedor? "¡Legitimidad Revolucionaria!" Pues bien, Sr. anterior-presidente, esto es exactamente lo que se conoce como "salir el tiro por la culata", con la salvedad de que el suyo fue el de un secuestrador, mientras que el pueblo que lo derrocó obtuvo su legitimidad revolucionaria de una revolución real y viva, sin precedentes históricos, por virtud de 22 millones de firmas y por virtud de millones de personas en las calles.

Hani Shukrallah es el editor en jefe de Ahram Online.

Traducción para www.sinpermiso.info: Vicente Abella

lunes, 8 de julio de 2013

Todo Egipto es Tahrir

Egipto explota.

 

El presidente egipcio Mohamed Morsi ha sido depuesto por los militares que eran la columna vertebral del régimen de Hosni Mubarak antes de la caída del dictador. Pero las celebraciones de masas por la caída de Morsi que tienen lugar en la Plaza Tahrir de El Cairo y en todo el país representan la verdadera cara de esta nueva fase de la Revolución egipcia.

La caída de Morsi ha tenido lugar después de cuatro días de protestas de masas en las que han participado millones de personas y que han sido el colofón de la campaña de petición de firmas Tamarod ("Rebelión") exigiendo la dimisión de Morsi. Los revolucionarios egipcios informan que el alcance y masividad de las demostraciones del 30 de junio en todo el país han sido aún mayores que en febrero de 2011.

Ahmed Shawki, editor de International Socialist Review y testigo de la revolución de febrero de 2011, ha sido entrevistado por Eric Ruder sobre la caída del gobierno de los Hermanos Musulmanes y las tendencias que operan en esta nueva fase de la Revolución egipcia.

La Plaza de Tahrir estalló de júbilo al conocer la caída de Mohamed Morsi. La mayor parte de los medios de comunicación occidentales han presentado la caída de Morsi como el resultado

de un golpe militar. Pero el escenario en el que se ha producido fue la masiva movilización del 30 de junio. ¿Cual ha sido el significado político de la intervención militar que ha sacado a Morsi del gobierno?

Antes de que hablemos de la intervención militar en Egipto que ha acabado con el gobierno Morsi merece la pena recordar que los militares fueron los herederos de la primera fase de la revolución que comenzó el 25 de enero y acabó por forzar la caída de Hosni Mubarak el 11 de febrero de 2011.

Entonces, el ejército irrumpió en primer plano y trató de orientar, y en último caso secuestrar, dos procesos simultáneos. Uno de ellos fue la transformación de Egipto desencadenada por la revuelta de masas, y el otro fue el proceso político de redacción y aprobación de la Constitución.

El ejército tiene una larga historia en la política contemporánea egipcia, que incluye el derrocamiento de la monarquía en 1952 y el predominio del Movimiento de los Oficiales Libres bajo el liderazgo de Gamal Abdel Nasser, un coronel del ejército que se convirtió en presidente en 1956. Pero el ejército hoy es muy diferente. de entrada es mucho mayor. Y no solo es un poder político y militar, también es un gran poder económico, porque es propietario directo de grandes sectores de la economía egipcia.

Otro factor es quién entrena a las fuerzas armadas. En el período monárquico, el ejército fue entrenado por el Reino Unido y Francia. Con Nasser, hubo un giro hacia la URSS y el cuerpo de oficiales fue en una gran parte entrenado y educado por los soviéticos. Hoy, los mandos que dirigen el ejército han sido educados y entrenados en las academias militares de EE UU. Hoy, en su conjunto, las fuerzas armadas egipcias tienden a identificarse con las instituciones de poder de EE UU.

Una vez que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) se hizo por el poder político tras la caída de Mubarak en 2011, el ejército presionó para que la Constitución fuese redactada y ratificada cuanto antes. Pero la Constitución benefició en gran medida a la tercera fuerza de la política egipcia que no era ni el ejército ni los remanentes del régimen de Mubarak (los feloul): los Hermanos Musulmanes.

Desde entonces, los militares se han apoyado en los Hermanos Musulmanes para contener la revolución egipcia. La Hermandad ganó la primera vuelta de las elecciones parlamentarias y más tarde las presidenciales.

Aunque la Hermandad defiende que ha ganado estas elecciones democráticamente, una importante mayoría del pueblo egipcio cree que el proceso de redacción y ratificación de la Constitución tenía importantes deficiencias democráticas. La Constitución fue redactada en un día, su aprobación fue a la carrera, y estaba llena de cláusulas de todo tipo que Morsi, tras su elección, pudo utilizar a su favor.

Durante este último año, Morsi sobrepasó sus poderes presidenciales en varias ocasiones, perdiendo legitimidad en amplios sectores de la sociedad egipcia, como se hizo evidente cuando Morsi impulso los intereses sectarios de la Hermandad en lugar de defender los intereses de la mayoría de los egipcios, que estaban hartos de años de privación, represión y pobreza. Un ejemplo obvio ha sido el ataque de Morsi a la minoría copta cristiana para reforzar su apoyo entre los islamistas. Pero fue mucho más allá.

Creo que el momento más importante que nos permite entender como hemos llegado a esta situación tuvo lugar a finales del 2012, cuando Morsi era saludado por los medios de comunicación en EE UU como "el hombre más importante en Oriente Medio", como aparecía en una portada en la revista Time. Fue inmediatamente después de que ayudase a negociar un acuerdo entre Israel y Gaza tras la Operación Pilar de Nubes del ejército israelí.

Me encontraba en Egipto entonces, y la portada de la revista Time era una provocación en los quioscos de prensa cuando decenas de miles de personas salían a la calle para protestar contra el intento de Morsi de imponer un decreto de emergencia cuyo objetivo era básicamente consolidar su poder. Ese intento desencadenó un renacimiento del movimiento de protesta de la oposición. Hubo una contraofensiva de las fuerzas de Morsi, que atacaron violentamente en

la calle a la oposición. Todas las esperanzas que había despertado la revolución se habían frustrado.

Haciendo balance, es muy significativo lo rápidamente que Morsi y el Partido Libertad y Justicia de la Hermandad erosionaron su legitimidad ante tanta gente. El movimiento Tamarod ("Rebelión") surgió con el objetivo de reclamar lo que sus organizadores consideraban que eran los objetivos de la revolución: pan, libertad, justicia social y dignidad humana. Son reivindicaciones que implican una vida mejor para la mayoría de los egipcios.

Los organizadores de Tamarod se pusieron como objetivo recoger 15 millones de firmas para exigir la dimisión de Morsi. Al final recogió 22 millones de firmas en solo seis meses, lo que ha sido un logro impresionante. Y convocaron el 30 de junio, primer aniversario de la toma de posesión de Morsi, a una jornada de protesta en todo Egipto en apoyo del objetivo de la campaña.

Creo que nadie pudo prever el éxito de la convocatoria. La BBC británico calificó la movilización del 30 de junio como la mayor de la historia de la humanidad.

Fue una increíble explosión de apoyo y solidaridad. La gente salió a la calle en todas las ciudades, pequeñas o grandes, del país. Lo más asombroso ha sido que el apoyo a Morsi en el sur de Egipto, que es la base histórica fundamental de los Hermanos Musulmanes, se ha evaporado virtualmente.

Por una serie de razones, el Sur ha sido históricamente más pobre y más religioso, de una manera que no es muy diferente de otras partes del mundo, incluyendo el sur de EE UU. También depende mucho del turismo, y percibió la revolución y se relacionó con ella a partir del hecho de que era un obstáculo para la industria turística.

Hoy todo es diferente, y no solo en el sur de Egipto

Es importante comprender lo que ha provocado este cambio. En primer lugar, no ha sido solo el resultado de la incompetencia, la estupidez y la utilización sectaria del poder de Morsi lo que explica este colapso épico de su legitimidad y apoyo social. Las revoluciones en particular y los movimientos sociales en general tienen dinámicas propias. Un aspecto de ello en Egipto es la aparición de una población politizada como resultado de la primera revolución: docenas y docenas de nuevas publicaciones, de círculos de discusión política, de protestas políticas y de otras actividades, de nuevos sindicatos. Todo ello significa que ahora hay una nueva conciencia política y una nueva auto-confianza en la gente para actuar.

Después del intento de Morsi de hacerse con mayor poder y su rechazo popular, la gente tenía razón en preocuparse por la posibilidad de nuevos intentos. El movimiento Tamarod rompió el dique al proporcionar el vehículo que permitió a las masas del pueblo egipcio hacer pagar a Morsi un precio político por sus acciones.

A finales del año pasado, por ejemplo, en medio de esta controversia sobre el intento de Morsi de imponer vía decreto el estado de excepción, de manera similar al que existía bajo el régimen de Mubarak, Morsi anunció, para cumplir las condiciones para recibir un crédito del FMI, una serie de recortes de subsidios básicos que el gobierno iba a llevar a cabo.

No fue su idea más brillante. Las preocupaciones populares sobre la constitución se añadieron al hartazgo y la desconfianza en un Morsi acaparador de poder: la misma gente en cuyo nombre se quería justificar esa acumulación de poder para "crear estabilidad política en el nuevo Egipto" eran las primeras víctimas de los recortes de los subsidios básicos de los alimentos, de las que depende la mayoría de la población. Morsi se volvió atrás muy rápidamente porque sus asesores, su vice-presidente y su propio partido estuvieron en contra y denunciaron su maniobra, sobre todo por inoportunidad táctica, más que por diferencias de fondo.

En otro ejemplo de arrogancia y estupidez, Morsi designó a 15 gobernadores provinciales (Egipto está dividido en 27 provincias). La persona a la que nombró gobernador de Luxor era miembro del partido islamista de extrema derecha Gama'a al-Islamiyya, responsable de atentados con bombas contra los barcos de turistas en Luxor.

El nombramiento fue algo más que problemático. Luxor es uno de los primeros destinos turísticos del mundo. Y no se ayuda demasiado a la industria turística cuando se hace responsable del orden público a quién ha sido responsable de ataques terroristas contra los turistas. A continuación dimitió el ministro de turismo del gobierno Morsi, alegando que no podía seguir en esas circunstancias.

Los golpes de estado militares suelen anunciar la derrota de los procesos revolucionarios: suelen ser la expresión mas extrema de la contrarrevolución. ¿Ha sido la intervención militar para deponer a Morsi y la designación de un nuevo presidente, así como la promesa de convocar nuevas elecciones, una victoria de la contrarrevolución?

De ninguna manera. En todas las sociedades capitalistas y en cada estado de este mundo, el ejército es el árbitro de última instancia, en cierto sentido, de la dominación de la clase en el poder. O es el representante de una u otra fracción o sector de dicha clase.

Tomemos como ejemplo la contrarrevolución en Chile el 11 de septiembre de 1973, cuyo 40 aniversario se cumple este año. Sin entrar en todos los detalles históricos, Chile ha sido regido históricamente por partidos de derechas y un ejército muy fuerte, con la amenaza siempre presente de intervenciones sistemáticas de las fuerzas militares de EE UU. En 1964, por ejemplo, el gobierno de EE UU gastó más dinero en las elecciones chilenas que en las elecciones presidenciales de su propio país ese mismo año.

Con la victoria electoral de Salvador Allende en 1970 y la formación de su gobierno socialista, al menos nominalmente, se desencadenó un movimiento de masas. Fue cuando el entonces secretario de estado Henry Kissinger pronunció su famosa frase: "no entiendo porque tenemos que permanecer de brazos cruzados y ver como un país cae en manos del comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su propio pueblo. Se trata de un asunto demasiado importante como para que los votantes chilenos puedan decidirlo por su cuenta".

Fue evidente que Kissinger y el resto del gobierno de EE UU iban a imponer una solución militar. Esperaron, sabotearon la economía, financiaron a diferentes grupos, todo con el objetivo de minar al gobierno de Allende. Al final tuvo lugar el golpe militar y se masacró a

30.000 o 40.000 radicales, para dar una lección a la gente de lo que era permisible y de lo que no era para el gobierno de EE UU. Pero el ejército no pudo intervenir hasta que no se produjo un reflujo del movimiento.

En Egipto, el ejército no intervino para ayudar al movimiento revolucionario a alcanzar nuevas conquistas o radicalizarlo. Su objetivo ha sido contener y frenar al movimiento.

Pero en un cierto sentido ha sido también el reconocimiento del hecho de que la voluntad popular en Egipto no toleraría por más tiempo al Gobierno Morsi. Así que aunque los militares están en la calle y han sobrepasado los límites constitucionales que definen su poder, creo que buscarán cómo restaurar rápidamente una autoridad civil. No creo que quieran mantener el poder del estado.

La economía y la sociedad egipcias se encuentran en situación de crisis, que pueden provocar una radicalización mucho más profunda de las reivindicaciones del movimiento. La gente se está reorganizando en todo el país y luchando por sus derechos, porque creen que se los han quitado. Por eso pienso que es un error hablar del papel de los militares en abstracto, sin tomar en cuenta lo que está sucediendo en realidad sobre el terreno.

La estrategia de los Hermanos Musulmanes para restablecer el orden en Egipto ha sido reprimir para poner coto a las manifestaciones y las huelgas. Han intentado por todos los medios aplastar al movimiento, contando con la colaboración del ejército.

Pero más aún, Morsi y la Hermandad han aplicado la vieja táctica de dividir para dominar, igual que antes de ellos Mubarak. Por ejemplo, la campaña contra los coptos e inflamando los sentimientos religiosos con la pequeñísima minoría chiíta, que es aún más pequeña que los coptos, y que sólo supone el 10% de la población de Egipto. Pero el proceso es el mismo siempre: la utilización de la religión para usos sociales y políticos, lo que no le gusta nada a la mayoría de la población. La mayoría de los egipcios son musulmanes, que no es lo mismo que el programa de un islam político de los Hermanos Musulmanes, que han utilizado como chivos

expiatorios a los cristianos, las mujeres y las minorías islámicas para sus propios fines políticos, de la misma manera que hacen los fundamentalistas cristianos en EE UU con temas "polarizantes" como el matrimonio gay o el derecho al aborto para conseguir apoyo para el conjunto de su programa.

El 30 de junio muchos jóvenes, que habían estado en la primera línea de la revolución en 2011 y fueron los iniciadores del movimiento Tamarod, dejaron muy claro que salían a la calle en defensa de todos los egipcios, no solo de algunos. Y ello tiene un carácter profundamente progresista.

El ejército, los feloul y los sectores liberales por supuesto que lo han presentado como "todos somos uno", "todos tenemos los mismos intereses". Pero no es lo mismo, en el sentido de que no tiene nada que ver con el sentimiento unitario al que me refería. Cuando los que han dirigido el movimiento y los revolucionarios que quieren un cambio profundo dicen "lo hacemos por todos los egipcios", quieren decir que hay una solidaridad entre todos los ciudadanos, una solidaridad opuesta a la de "solo representamos a los musulmanes".

En ese sentido es una forma de decir "esta revolución es por la libertad y los derechos de todos, no solo los nuestros". Y eso supone un cambio fundamental, que pone el énfasis en los intereses de la mayoría, no en objetivos sectarios violentos y enfrentamientos para imponer la venda de uno u otro partido concreto.

Durante 50 años los Hermanos Musulmanes han construido una base social de apoyo y de influencia que le permitieron una posición predominante de liderazgo político en la época post- Mubarak. Pero en sólo un año han erosionado esa base social. ¿Qué significa para Egipto y la Hermandad?

Es muy difícil hacer predicciones. En primer lugar, ¿qué será de la Hermandad? Es una fuerza política y social real, la tercera fuerza en el escenario político egipcio. Si la clase política y capitalista egipcia es un polo, el ejército otro, el tercer polo son los Hermanos Musulmanes. Contará con apoyos en algunos temas y oposición en otros. Estos tres polos todavía existen en la política egipcia y ahora la cuestión es el control de la administración del estado y de sus sectores principales.

Los restos del viejo régimen, los feloul, también están organizados. Pero dado el carácter dictatorial del régimen de Mubarak, ninguna de estas fuerzas está bien y claramente organizada políticamente. En general, carecen de legitimidad. Así qué una de las cosas que me parecen más probables es una multiplicación de los partidos políticos y sus alianzas, como pasó hace un año y medio cuando el actual sistema político se constituyó. Pero no creo que se hayan aprendido las lecciones de los errores y aciertos de este periodo.

Creo que el desafío más importante será como dar expresión organizativa y política a los sectores del movimiento. El objetivo no es solo participar en las elecciones presidenciales o legislativas, sino como constituir un espacio político y asegurar que el movimiento no es reprimido y retrocede. Creo que los próximos meses serán extremadamente interesantes en Egipto.

Ahmed Shawki es editor de la revista Internacional Socialist en EE UU.

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

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