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martes, 29 de noviembre de 2016

Deportación, parálisis y miedo

Foto: EFE / CSABA KRIZSAN


Higinio Polo
Rebelión


Hace tiempo que en toda Europa suenan las alarmas, y que, en muchos países de la Unión, amplios sectores sociales observan las actitudes xenófobas, racistas e intolerantes propias de la extrema derecha, a veces, con indiferencia (como si no fuera un asunto que les afectase) y, a menudo, con simpatía, asumiendo el discurso fascista que señala al extranjero, al refugiado, al pobre, como una amenaza, como un enemigo, como alguien que merece la humillación y el castigo, la cárcel o la deportación.
La crisis económica, con el recetario neoliberal y la política de austeridad y eliminación de derechos laborales y cívicos que han impulsado la mayoría de gobiernos europeos; los nuevos nacionalismos y movimientos de extrema derecha, y la ciega subordinación de la Unión Europea a Estados Unidos, con el apoyo (abierto, resignado o tácito) a las guerras lanzadas por Washington en Oriente Medio, que han traído la crisis de los refugiados, configuran las hechos más importantes que han hecho estallar las costuras de Europa, sumida hoy en una gravísima crisis. Porque la crisis no la han causado los atentados terroristas, a pesar de su gravedad en Copenhague, París, o Bruselas; ni los refugiados que llegan a Europa: ellos son una de las consecuencias de la irresponsable política exterior que Occidente ha impulsado.

Un somero examen de la situación en Europa constata el reforzamiento de la extrema derecha: desde Francia, donde el Frente Nacional se ha convertido en el principal partido del país, hasta Alemania, donde la aparición de Pegida y de AfD (que ha obtenido buenos resultados en las recientes elecciones regionales alemanas, sobre todo en Sajonia-Anhalt), los dos países que forman el eje de la Unión, pasando por la mayor parte del continente. La extrema derecha holandesa se ha convertido en la principal fuerza política del país. En Hungría, la deriva del gobierno de Orban, con sus propuestas abiertamente xenófobas, le lleva a afirmar que quienes llegan a sus fronteras huyendo de la guerra no son refugiados, sino una amenaza para los húngaros. La pendiente hacia la extrema derecha ha llevado incluso a la Academia Húngara de Ciencias a tomar la decisión de cerrar el Archivo Lukács en Budapest, en una muestra más de la persecución de los instrumentos y del imaginario de la izquierda

En Polonia, el nuevo gobierno de Beata Szydło (con Kaczyński en la trastienda), cabalga también el nacionalismo y el rechazo a los extranjeros, además de intentar borrar de la historia del país el recuerdo de los dignos brigadistas internacionales que combatieron al fascismo en España. La imposición del feroz ajuste en Grecia, con la rendición de Syriza y Tsipras, mantiene un fuerte partido fascista, Amanecer Dorado. Incluso en Francia, la contaminación de las tóxicas ideas de la extrema derecha ha llevado a Hollande a impulsar una ley que anule la nacionalidad francesa en algunos casos de terrorismo; propuesta que, en origen, lanzó el Frente Nacional de Le Pen. Por su parte, el gobierno danés ha aprobado la confiscación de bienes a los refugiados para que sean ellos mismos quienes paguen los gastos que Dinamarca tenga atendiéndolos. Es un robo legal, una vergüenza, una ignominia que empieza a recordar el robo de los objetos de valor a los deportados protagonizado por los nazis en el infierno de la guerra de Hitler. Todos esos gobernantes, como Orban, mantienen que la oleada de refugiados sólo traerá delincuencia y terrorismo a Europa, y otros, como el gobierno británico, se niegan a aceptar refugiados, al tiempo que la sesgada política informativa de grandes medios informativos consigue, al mismo tiempo, que una parte de los ciudadanos dirija su ira no hacia banqueros y gobernantes, cómplices de la gran estafa de la crisis económica, sino hacia los refugiados pobres.

Organizaciones como el Partido Popular danés, el Frente Nacional francés, el Partido del Progreso noruego, el Partido Popular suizo, la Lega Nord italiana, el UKIP británico, el Partido de los Auténticos Finlandeses, el Partido por la Libertad holandés, el FPÖ austríaco, los Demócratas suecos, la Alternativa para Alemania (AfD), entre otros, atizan el miedo y la desconfianza hacia los refugiados y los inmigrantes, presionando a los gobiernos. Junto a ello, la abierta tolerancia de los gobiernos bálticos (en Estonia, Letonia y Lituania) con los grupos de extrema derecha, y, algunos, abiertamente nazis, que lleva a celebrar públicamente hechos protagonizados por el ejército hitleriano en la II Guerra Mundial y a organizar desfiles de los veteranos de las SS, en abierta complicidad con los gobiernos, mientras aumenta la represión contra la izquierda y continúa la conculcación de los derechos cívicos de la minoría rusa en los tres países bálticos. Por no hablar, fuera de la Unión Europea, del cómplice silencio de la gran mayoría de gobernantes europeos ante el horror de Kosovo, y ante la actividad de los grupos nazis y de extrema derecha en Ucrania, cuyo golpe de Estado fue inspirado por Estados Unidos y la Unión Europea, para después apoyar al gobierno golpista de Yatseniuk y Poroshenko. La terrorífica matanza de Odessa, hace apenas dos años, donde los nazis quemaron vivos en el edificio de los sindicatos, a decenas de personas, ni siquiera fue criticada por Washington y Bruselas, cuyos responsables frecuentaron a dirigentes de los partidos de extrema derecha fascista Svoboda y Pravy Sektor. En la Unión Europa, apenas la izquierda comunista ha denunciado la represión en Ucrania, la ignominia del golpe de Estado, la impunidad de los grupos nazis que recorren el país. Ni la derecha, ni la socialdemocracia, ni la mayor parte de esa nueva izquierda surgida de la confusión, ha considerado importante impulsar la solidaridad antifascista con Ucrania, pese a hechos tan graves como la ilegalización del Partido Comunista de Ucrania. Así se ha llegado a la situación actual, donde la impunidad con que actúan las organizaciones nazis hace que sean habituales hechos como los de Lviv, donde un grupo de más de doscientos fascistas atacaron y apedrearon el hotel donde iba a celebrarse un encuentro de homosexuales.

La parálisis de la Unión Europea viene de lejos, y su silencio ante el atropello a los derechos democráticos en los nuevos miembros del Este de Europa, ha sido acompañado por la inoperancia para combatir los brotes fascistas y xenófobos en el conjunto de la Unión. Sin olvidar que sus países miembros aceptaron que la CIA norteamericana, con la connivencia de gobiernos e instituciones europeas, organizase centros clandestinos de detención, y a veces de tortura, en Europa: en Lituania, Rumania, Italia, España, entre otros países, los sicarios de la CIA encerraron e interrogaron brutalmente a personas detenidas en distintos países, que fueron trasladadas ilegalmente en el marco de la “lucha contra el terrorismo”.

A la crisis griega y la amenaza de salida de Gran Bretaña (a la hipótesis del Grexit, se añadió el Brexit), con la suspensión práctica del acuerdo de Schengen que suprimió los controles fronterizos entre veintiséis países europeos, se añade la disolución del proyecto federal europeo: a las tradiciones reservas nacionalistas y de partidos conservadores, se une una parte de la izquierda que apuesta por la liquidación del euro (como en Grecia), y, tal vez, de la propia Unión, hipótesis que en el marco de una crisis económica de la que no se vislumbra la salida, alertan de la voladura de la Unión Europea. ¿Mejoraría la suerte de los trabajadores la disolución de la Unión Europea? Al margen de la evidencia de que la actual Europa neoliberal y las estructuras creadas desde el Tratado de Roma suponen duras hipotecas para la población, y de que el debate sobre las escasas posibilidades reales de abordar su reforma en el actual escenario político lleva a algunas fuerzas a optar por su desmantelamiento, es muy dudoso que las fuerzas populares afrontasen unas mejores perspectivas con la desaparición de la Unión Europea, por no hablar de que los distintos países afrontarían una mayor, y tal vez definitiva, subordinación ante Estados Unidos, además de la desaparición práctica de Europa como protagonista en las grandes cuestiones internacionales.

En las urnas y en las calles, la extrema derecha es cada vez más visible, y, muchas veces, pasa a la acción. Las agresiones contra refugiados en Alemania, las inquietantes y vergonzosas escenas de la policía de algunos países reprimiendo violentamente a quienes huyen de las guerras y la devastación causada en Oriente Medio (en Siria, en Iraq, en Afganistán, en Libia, en Yemen) por Estados Unidos, con el apoyo europeo, forman parte de ese degradado paisaje moral donde se debate una agónica Unión Europea. Aquel hombre que orinaba sobre una mendiga en el puente de Sant’Angelo de Roma; los seguidores futbolísticos que humillaron a otros mendigos en Barcelona, o los entusiastas partidarios de un equipo de fútbol holandés que se divertían lanzando monedas en la Plaza Mayor de Madrid a mujeres que pedían limosna, riéndose de su pobreza, en un gesto de tan feroz inhumanidad, debe llevar a preguntarse dónde estamos, que está ocurriendo. Porque, aunque esas escenas se olvidan con rapidez, revelan que el odio y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno han arraigado en Europa: esos seguidores del equipo de fútbol holandés que humillaron a las mendigas de la plaza Mayor de Madrid, en una situación idónea y con el poder en sus manos, se comportarían como los esbirros nazis de las SS.

Ahora, Europa, atenazada por el miedo, ha optado por un vergonzoso acuerdo con Turquía para la deportación de los refugiados, que ha llevado a Amnistía Internacional a denunciar que el convenio entre Bruselas y Ankara “es una violación histórica de los derechos humanos”. Ese acuerdo con Turquía es similar al suscrito con Marruecos, y ya empieza a tener consecuencias: las patrullas costeras turcas han agredido con palos a precarias embarcaciones de refugiados que intentan llegar a las islas griegas, y la propia actitud del gobierno de Erdogan no llama, precisamente, a la tranquilidad: su exaltado nacionalismo reprime ferozmente a la población kurda del Este del país; bombardea a los kurdos sirios; es cómplice del incendio y la guerra en Siria, donde arma y financia a grupos terroristas; e influye en el conflicto entre Armenia y Azerbeiján por Nagorno Karabaj, atizando las reclamaciones azeríes.

Algunos analistas advierten de que tal vez diez millones de refugiados intentarán llegar a Europa a lo largo del año 2016, y aunque otros observadores rebajan la cifra, las perspectivas alarman a los responsables de la Unión Europea y a los gobiernos, que temen la reacción de una parte de los ciudadanos, sin reparar en que el conjunto de la Europa comunitaria ha acogido a poco más de un millón de personas, mientras que los países de Oriente Medio albergan a la mayoría de los refugiados: Turquía a más de tres millones, Jordania a dos millones y medio, y el pequeño Líbano (que tiene una población de cuatro millones de habitantes) a un millón y medio. La Unión Europea, que se comprometió a acoger a sólo 160.000 personas, aunque ha incumplido sus compromisos, simula ignorar su responsabilidad conforme a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados , firmada en Ginebra en 1951, que estipula con claridad las obligaciones de los gobiernos. Para justificar su clamoroso incumplimiento, los gobiernos europeos alegan falta de recursos, aunque eso no les ha impedido dedicar ayudas millonarios al sistema financiero, al tiempo que apretaban el dogal a la población y daban prioridad a los pagos a grandes inversores y deudores sobre las necesidades de la población europea más pobre. Por fortuna, miles de voluntarios suplen con su esfuerzo la falta de atención de los gobiernos a los refugiados, y una parte de la población contribuye con ayudas, alimentos, ropa, a paliar la catástrofe humana. La Comisión Europea cree que llegada de refugiados será “uno de los asuntos determinantes para Europa en las próximas décadas”.

Ese es panorama que ha dejado la conjunción de la crisis económica, las guerras imperialistas norteamericanas en Oriente Medio y el acoso a las organizaciones de izquierda y sindicatos obreros en todo el continente: a la destrucción de derechos sociales y obreros dirigida por gobiernos de derecha y gabinetes socialdemócratas; a la imposición de enormes sacrificios a la población, que ha visto aumentar la explotación y ha visto reducidos sus salarios; a la precarización del trabajo y la ruptura de los mecanismos de solidaridad; a la destrucción o el debilitamiento de las organizaciones obreras y de izquierda (sustituidas, a veces, por partidos que han adoptado el neoliberalismo: el ejemplo italiano con el Partido Democrático de Renzi no es el único) gracias a una permanente deslegitimación impulsada desde todos los resortes del poder económico, y, también, a la aparición de nuevos partidos de confuso discurso que huyen de las tradiciones de la izquierda y que suponen, más que la recuperación de la iniciativa, la manifestación del desconcierto, se añade el horizonte de un escenario político dominado por la derecha y la extrema derecha, como ha ocurrido en las recientes elecciones polacas, donde las hipótesis de gobierno se repartían entre la derecha de la Plataforma ciudadana de Tusk y la extrema derecha del partido Ley y Justicia (PiS) de Duda y Kaczyński. Algo similar podría ocurrir en Francia, donde la pérdida de espacio social por la izquierda abre la hipótesis de un enfrentamiento entre la derecha de Fillon y la extrema derecha de Le Pen para las elecciones presidenciales de 2017. Ese reforzamiento de la extrema derecha y de los partidos fascistas, contrasta con la debilidad de la izquierda europea, inmersa en la dispersión, la ilegalización (el Partido Comunista de Ucrania ha sido prohibido), y con la construcción de instrumentos formalmente opositores que ni siquiera se atreven a romper de forma clara con el neoliberalismo y con las ataduras militares de Europa: la tácita aceptación de la OTAN por Podemos es un ejemplo.

En una reciente entrevista, Perry Anderson ilustraba la aparición de fuerzas “reales o potenciales” de oposición con los ejemplos de las manifestaciones en Brasil durante las competiciones futbolísticas de 2014, con las manifestaciones de Estambul y Hong-Kong y, en Europa, con la aparición de Podemos en España. No parece que sean destacamentos relevantes, ni tan siquiera de izquierda en algunos casos, sino más bien episodios efímeros o espejismos. Sólo algunos partidos de izquierda y organizaciones progresistas trabajan para combatir el nuevo monstruo fascista que asoma en tantos lugares de Europa. La indiferencia ante el sufrimiento de los refugiados mostrado por los gobernantes europeos, las escenas de Idomeni, las risotadas de la plaza Mayor de Madrid, son un síntoma de los peligros que acechan, y que anuncian los llamamientos patrióticos, los viejos y nuevos nacionalismos, el rechazo a los “extranjeros”, la violación del derecho internacional y del imperativo deber de socorro a quienes huyen de la guerra de que ha hecho gala la Unión Europea, ignorando los convenios internacionales suscritos y la obligación de respetar los derechos humanos de los refugiados.

Europa se llena de xenofobia, de centros de detención ilegales, de policías y aduaneros, de cámaras de vigilancia, de ataques a centros de acogida, de alambradas. Europa no quiere refugiados de las guerras, mientras la extrema derecha y el fascismo cabalgan sobre el odio al “diferente”, al pobre. Miles de personas que huían de las guerras imperiales de Oriente Medio han muerto ahogadas, forzadas a peligrosas travesías, y seguirán muriendo mientras Europa no habilite vías legales y seguras. Las escenas de los refugiados viviendo entre el fango de los campos fronterizos griegos, los niños perdidos, las miradas de indefensión, la inhumana respuesta de Europa al sufrimiento ajeno.

Mientras el populismo y el nacionalismo vuelven a recorrer el continente, el fascismo reaparece como un indicio que no debe trivializarse porque el fanatismo asociado a tantos exaltados xenófobos y, a veces, seguidores del fútbol podría derivar rápidamente en grupos abiertamente violentos, fascistas: ya ocurrió en Yugoslavia en los años noventa, donde los primeros enfrentamientos que dieron paso a la guerra civil fueron protagonizados por los extremistas más fanáticos de los equipos de fútbol. Cuando la movilización de la extrema derecha europea presiona a los gobiernos y marca la agenda política, la izquierda se debate confusa, temerosa. Organiza la solidaridad y el combate a la xenofobia, pero la respuesta se revela débil, incapaz, por ahora, de cambiar el escenario. La vieja receta fascista de levantar alambradas de espino en las fronteras ha sido adoptada por muchos países europeos. La inhumana Francia de Daladier y Bonnet que encerró a decenas de miles de republicanos españoles, que habían combatido al fascismo, entre campos de arena y cercas de reclusos en las playas de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Gurs, es la Europa de hoy que detiene y encierra a tantos refugiados en los campos griegos, para deportarlos después, en el momento en que parece sucumbir a la parálisis y al miedo, y Estados Unidos sigue arrojando dinamita al voraz incendio de Oriente Medio.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 23 de julio de 2016

Una campaña marcada por la intolerancia hace que sea aceptable ser racista en Reino Unido


Un 7 % de los británicos lamenta haber apoyado el "brexit", según un sondeo
Peatones caminando por Oxford Street EFE


  • La campaña del leave ha abierto la caja de Pandora del resentimiento y la sospecha, y empeorará cuando el Brexit no consiga cumplir sus promesas

  • Un 7 % de los británicos lamenta haber apoyado el "brexit", según un sondeo

Aditya Chakrabortty   


Sobre el tipo de caos al que se enfrenta ahora Reino Unido, la historia es clara: algunas personas resultan más perjudicadas que otras. Ya se está viendo de forma clara y preocupante qué grupos serán los que sufran más en esta ocasión. Se puede echar un vistazo a las denuncias por delitos de odio que se han multiplicado en estos últimos días.

En Huntingdon, niños de colegios de origen polaco recibieron tarjetas en las que les llamaban "sabandijas" que debían "salir de la Unión Europea". Las tarjetas tenían traducción al polaco, suficientemente cuidadosa. Desde Barnsley, un periodista de televisión apuntó que, en cinco minutos, tres personas diferentes gritaron: "Mándalos a casa". En Facebook, un amigo en el este de Londres cuenta cómo, mientras intentaba dormir en una noche calurosa, escuchó a un hombre gritando fuera de su ventana: "Nos han devuelto nuestro país, lo siguiente que haré será volar esa jodida mezquita".

Nada de esto es casual. Esto es lo que pasa cuando los ministros, los líderes de los partidos y los aspirantes a primer ministro esparcen argumentos con veneno racista. Cuando la intolerancia no solo se tolera, sino que se consiente y se fomenta. En los últimos meses hasta la votación de la semana pasada, los políticos vertieron una versión británica de 'Donaldtrumpismo' en una frágil taza de té. Contaron 350 millones de pequeñas mentiras. Fabricaron promesas rotundas que, según el propio Iain Duncan Smith ahora admite, eran solo "posibilidades". Y la brigada del Brexit flirteó una y otra vez con el racismo.

Michael Gove y Boris Johnson vendieron su ficción sobre la posibilidad de que Turquía se integre en la UE. No hace falta ser muy listo para entender que con eso se referían a la entrada de 80 millones de musulmanes en la cristiandad. Renunciando a cualquier tipo de sutileza, Nigel Farage dijo que permitir la entrada de refugiados sirios en Reino Unido ponía a las mujeres británicas en riesgo de sufrir asaltos sexuales. Con el fin de promover sus campañas y sus carreras políticas, esos políticos profesionales añadieron la intolerancia a su arsenal de armas políticas.

Para ser claros, no estoy diciendo que los 17 millones de británicos que votaron a favor del Leave sean racistas, y sí que hay preocupación real sobre la presión migratoria. Más allá de todo esto, está claro que la votación del pasado jueves abordó otros problemas además de la migración a Europa: élites extractivas  en política, negocios y finanzas; una economía llena de desigualdades; un Estado que atiborra a Londres mientras que mata de hambre al resto de la nación.

Pero durante los meses pasados, los hombres que ahora moldean el futuro de Reino Unido fuera de la Unión Europea efectivamente tiraron por la borda la decencia pública y decidieron que estaba bien ser racista. En el proceso, tal y como dijo el director del instituto de investigación Compas de la Universidad de Oxford, "lo impronunciable no solo se convirtió en nombrable, sino en común".

Vi todo esto en la campaña, mientras visitaba el sur de Gales. Con el paso de los años, he estado en muchos sitios en los que han perdido sus industrias y sus economías, incluido el lugar en el que nací. En esta ocasión, noté un cambio entre mis entrevistados. Antes, en Derby, Gateshead o Barking, un parado o una joven madre tardaba al menos 20 minutos en sacar el tema de los inmigrantes, quizá porque tenían en cuenta que estaban hablando con un hombre asiático de un periódico progresista. Esta vez, no hubo titubeos. En una región que tiene relativamente pocos migrantes, la inmigración fue lo primero que mencionaron. Y el lenguaje que usaron iba recubierto de la diferenciación entre ellos y nosotros, y de todos los detalles que yo había asumido estúpidamente que habían quedado relegados a las actuaciones de Jim Davidson.

"No soy racista. No quiero ofenderte", no paraba de decirme una trabajadora de una cafetería, que evidentemente no se preocupó de si lo hizo. Lo intenté de nuevo en Dorset el fin de semana anterior a la votación, con una pareja que llevaba carteles de 'Vote Leave'. La mujer detalló las dificultades que tiene su hija para conseguir casa en Londres, los toqueteos en el transporte público y cómo una cocina terminó ardiendo en el piso de debajo donde vivían cinco hombres de Europa del Este. Se estremeció de ira: "Solo quiero que me devuelvan mi país".

Quizá estas personas siempre han albergado estos resentimientos, pero ahora sienten que pueden expresarlos públicamente sin tener cuidado de quién les pueda oír. Quizá lo que Claire Alexander de la Universidad de Manchester llama la "alegre intolerancia" de Farage y su calaña ha ayudado a encauzar su ira.

Por mi parte, me centré en la creciente tolerancia que había caracterizado a Reino Unido durante los años 90 y los 2000, y pasé por alto algunos de los embarazosos ejemplos de prejuicios residuales hacia los musulmanes y personas llegadas de Europa del Este. También obvié las portadas de los tabloides o la bilis derramada debajo de las frases de mis propios artículos y de otros. Pero quizá pueden perdonarme por querer sentirme en casa en el país en el que he nacido.

Las actitudes cambian y se hacen más duras, siempre se pueden ofrecer nuevas cabezas de turco a la sociedad. Reino Unido ha estado atravesando seis años de austeridad y rencor, en los que a las personas con discapacidad se les han recortado sus prestaciones y han sido etiquetados por los ministros como gandules. El resultado ha sido un incremento de crímenes de odio contra las personas con discapacidad.

El viudo de Jo Cox dice que fue asesinada por sus ideas políticas
El viudo de Jo Cox dice que fue asesinada por sus ideas políticas EFE
Y en relación a los europeos del este y los musulmanes, mientras investigaba para este artículo, un profesor me dijo sin darle importancia: "Ahora tengo miedo de decirle a un taxista que soy polaco". En Tell Mama, la organización que investiga crímenes de odio contra musulmanes, el director Fiyaz Mughal contó cómo los "comentarios" procedentes de pequeños grupos violentos de extrema derecha no habían dejado de aumentar durante la campaña. Cuando Boris Johnson habló sobre Turquía, hicieron circular imágenes de una iglesia con un minarete añadido con photoshop en la cúspide. Cuando Farage habló sobre los asaltos sexuales por parte de sirios, ellos empezaron a hablar de "refugiados-violadores" ("rape-fugees"). Estos comentarios de extrema derecha alcanzaron su punto álgido la semana en la que Jo Cox fue asesinada.

En cualquier caso, los racistas y la extrema derecha tienen ante sí un periodo fértil. Reino Unido acaba de votar a favor de un gran retroceso. Ninguna gran empresa querrá hacer grandes inversiones en un país marcado por la incertidumbre, donde la libra esterlina está en camino de convertirse en una moneda de segundo nivel. Y Reino Unido, como dijo una vez el gobernador del Banco de Inglaterra, depende de  "la bondad de los forasteros" –de los extranjeros que financian nuestro déficit de cuenta corriente. Todo bien hasta que un día los extranjeros sean un poco menos indulgentes.

Una vez que resulta evidente que Gove y Johnson no van a conseguir el acuerdo con el que fantaseaban, millones de británicos se sentirán estafados y con razón. Y en antiguos bastiones del Partido Laborista en todo el norte y en Gales, la oposición real pasará a ser la de Farage y su pandilla de desechos de Westminster, obsesos y racistas extremos.

Después de haber creado este gran desastre, los políticos británicos se esforzarán por buscar gente a la que echar parte de culpa. Por mucho que espere lo contrario, sospecho que estos últimos días son los precursores de este aumento de maldad. Los políticos favorables al Brexit, como dice Mughal, "abrieron una caja de Pandora" de resentimiento y sospecha. Los antiguos alumnos del internado de élite  Eton o los defensores del UKIP ataviados con sus chaquetas a rayas no serán los que se enfrenten a las consecuencias. Iran contra un anciano que vuelve a casa después de los rezos del viernes o una madre rumana pillada en un autobús hablando en su lengua materna.

Traducido por Cristina Armunia Berges
Fuente: the guardian - eldiario.es

sábado, 16 de julio de 2016

EEUU: Los negros subversivos y la ‘Cumbre de cerveza’ de Obama




BlackLivesMatter, la vida de los negros importa en español, es el lema del movimiento negro que hoy desafía al sistema en EEUU que, paradójicamente, lo dirige un presidente negro. Los últimos asesinatos de los jóvenes negros desarmados por la policía y el sentimiento de frustración que invade la comunidad negra por la inacción de Barack Obama, manifiestan una profunda tensión social. Al final, Obama sólo encarnaba una lucha simbólica: el espejismo de que los negros habían tomado el poder, que devastó y neutralizó a las organizaciones negras. La primera Cumbre de cerveza puso fin a la ilusión de una América postracial: Obama, que recordaba al rey de España cuando pedía perdón por ir a matar elefantes cuando la crisis azotaba a sus súbditos, se bebió una cerveza en el jardín de la Casa Blanca con un policía blanco racista al que había reprochado por detener a un profesor negro cuando éste entraba en su domicilio situado en un barrio rico, confundiéndole con un ladrón. A partir de entonces, Obama ignoró el profundo racismo imperante en la sociedad, para salvarse de los brutales ataques racistas. No obstante, se equivocó.

Karl Marx trató el tema de la esclavitud racializada de EEUU y la creación de este Estado sobre la alianza entre los esclavistas y los capitalistas (¡los bancos, como J.P. Morgan, aceptaban esclavos como garantía de préstamos!), a la vez que Abraham Lincoln, el “salvador de los esclavos”, planeaba expulsarlos, enviándoles a Liberia: podrán ser iguales, pero fuera de EEUU.

La esclavitud abolida en 1899 fue sustituida por un Apartheid institucional, respaldado por la organización terrorista de Ku Klux Klan. Hoy hay más hombres negros en la cárcel y en libertad condicional de los que había esclavizados en el siglo XIX.

La construcción de una imagen negativa de África y sus gentes en EEUU fue una estrategia sofisticada: consiguió que los mismos afros sintieran desprecio hacia sí mismos, señaló Malkom X. Tanto que el cantante Mickel Jackson, desde el odio hacia su piel y sus rasgos, se sometió a la tortura de las máquinas blanqueadoras de última generación hasta morir. El control sobre los incivilizados negros será rotundo: en Ferguson, con el 60% de los vecinos afros, el alcalde y el jefe de la policía son blancos y sólo tres de los 53 policías son ciudadanos negros.

Los activistas negros pronto se percatarán de que los lazos de clase están por encima de los de raza, etnia y religión; Obama, como miembro de la burguesía, salvará primero los intereses de su clase; y la gestión del poder seguirá en manos blancas, aunque sean cubiertas con guantes negros. Colin Powell, Condoleezza Rice o Barack Obama no son más que servidores de un sistema que, tanto dentro como fuera del país, utiliza ataques preventivos contra las personas desarmadas de todos los colores, justificándolos con el argumento del choque de las civilizaciones.

Barack Obama, el Gatopardo, nunca propuso una reforma del sistema ‘semi apartheid multidimensional’ en el que viven los afroamericanos, es decir, el 13% de la población del país. Su desafío era a nivel personal, que no social: el hijo de un padre musulmán y además negro, había logrado entrar en una Casa Blanca, levantada por esclavas y esclavos negros. Y allí terminaba su misión, a pesar de que él mismo había sido objeto de duros insultos racistas. Si no, ¿cómo se explica que a pesar de tener el apoyo contundente de la sociedad y del mundo, Obama pidiera inacción a las víctimas del racismo y llegase a deslegitimar sus frustraciones? En vez de abordar el odio racial en EEUU, se centró tanto en los logros al respecto, que llegó a irritar a los líderes negros. A estas alturas, se sabía que la preocupación del matrimonio Obama por las niñas nigerianas secuestradas no era por solidarizar con las hermanas africanas: en 2014 cerca de 683.000 mujeres estadounidenses, en su mayoría negras y pobres, habían sido raptadas y/o violadas, sin preocuparles en absoluto.

Las cifras de la segregación

El mapa genético de EEUU muestra que la violencia policial contra los negros es sólo uno de los barómetros de discriminación racial:

.De los 50 millones de personas que viven bajo la línea de la pobreza, el 12,7% son blancos no hispanos, y los 26,2%, negros. Aquí, unas 200 familias, todas blancas, suman un patrimonio de 1,3 billones de dólares.

.De entre las 18 millones de mujeres que viven en la pobreza, las negras doblan la cifra de las blancas. Luego, las de piel oscura, las ancianas y las del colectivo LGBT, se presentan como las más desheredadas de todas.

.La pobreza infantil general se redujo en un 20% durante los años 2010 y 2013, pero el de los niños negros se mantuvo.

.El ingreso medio de los hogares blancos es de 91.000 dólares, el de los negros 7.000.

.El desempleo de los negros es doble que el de los blancos, a pesar de que tengan un mejor curriculum.

.Cerca del 80% de las personas retenidas y cacheadas en la calle por la policía es negra.

.Un hombre negro tiene seis veces más probabilidades de ir a la cárcel que uno blanco. Hay más jóvenes negros en la cárcel que en la universidad. Por el mismo delito, los negros pasan mayor tiempo en la prisión que un delincuente blanco.

.Un chaval negro de entre 15 y 19 años, tiene 21 veces más probabilidades de ser asesinado por la policía que uno blanco.

.Este país, con sólo el 5% de la población mundial, alberga el 25% de los presos del mundo. Y los afros, que sólo son el 13% de sus habitantes, componen casi la mitad de los presos. Uno de cada 15 varones negros (y 1 de cada 36 hombres latinos) están actualmente encarcelados. Lo cual significa que EEUU tiene más presos negros de los que tenía la Sudáfrica del Apartheid en proporción a su población.

.Los menores negros son el 60% de los niños presos.

.Aunque la esperanza de vida de los negros haya aumentado (como en todo el mundo, salvo en Afganistán, que ha caído de 44 a 41 años tras invasión de la OTAN), los negros aun viven seis años menos que los blancos.

Lo que (no) hizo Obama por los negros

Barack Obama, que padeció el síndrome de “la carga de la representación” de su raza, se negó a pronunciar la palabra negro, rodeándose de asesores blancos. Pudo reconocer los derechos de los homosexuales, pero no se atrevió a tratar con normalidad la lacra racista. Sabía que contaba con el respaldo incondicional de los afros, y decidió atraer la simpatía de los blancos o, al menos, no espantarlos. Con frases sin sentido como “debemos trascender la raza”, esquivó su deber de proponer medidas de discriminación positiva y programas especiales educativos, económicos y sociales para reducir la brecha entre las razas.

No hizo nada para reducir el impacto de la crisis de “ladrillo” en los hogares negros (e hispanas) de la clase media, por lo que la caída de su riqueza llegó a ser veinte veces mayor que la de los hogares blancos. Las políticas económicas de Obama permitió que los ingresos aumentaran un 10%, al mismo tiempo que los salarios se reducían para la mayoría. Así, la débil clase media negra recibió un golpe duro, y miles de sus integrantes fueron lanzados a la pobreza absoluta, beneficiando a los bancos que se quedaban con sus casas y sus sueldos.

Al final, Obama que perdió una gran oportunidad para conseguir una verdadera transformación social, se conformó con:

.Los proyectos del ‘Guardián de mi hermano’, que pretende ayudar a la formación de jóvenes negros.

.Visitar una prisión y conmutar las sentencias de 46 delincuentes por drogas no violentos.

.Firmar el Acta de Sentencias Justas que limita los castigos severos que se promulgaron en la década de los 80 para delitos menores relacionados con droga, aunque no permitió que tuviera efecto retroactivo para que miles de negros y latinos, que seguirán perdiendo años de su vida entre rejas.

.La Ley de Asistencia Asequible (Obamacare), lideró la cobertura de salud de 20 millones de estadounidenses (cientos de miles de afroamericanos) aunque unos 30 millones siguen sin tener un seguro de salud integral.

Obama no puede decir que no le dejaron: Amplió las competencias de la Casa Blanca para lanzar guerras imperiales por todo el planeta, mientras lo que hizo por los negros fue “demasiado poco, demasiado tarde”. Como si un presidente de piel oscura no hubiera pasado por la Casa Blanca.

Hoy, el movimiento negro debe cruzar el capitalismo racial y reflexionar sobre los valores de EEUU, impregnados de la supremacía de una raza, una clase y una religión.

Nazanín Armanian
Fuente: Público.es

viernes, 27 de mayo de 2016

Hay un neonazi en mi archivo del NO-DO



Sede del No-Do. Foto: Facebook
Antigua sede del No-Do okupada por Hogar Social Madrid/ Foto: Facebook


Hogar Social Madrid ocupa desde hace un año el antiguo edificio de archivos del NO-DO, tras haber sido desalojados hasta en tres ocasiones

"Nosotros solo ocupamos inmuebles que pertenecen al Estado o los que forman parte de casos de corrupción", dice la portavoz del colectivo neofascista

El Ministerio de Administraciones Públicas, responsable del NO-DO, afirma que la propiedad del edificio depende de ahora del Ministerio de Economía


Hace años que el edificio del antiguo NO-DO ya no huele al vinagre del celuloide viejo. Los archivos del noticiario franquista han ido desapareciendo hasta convertir este mastodonte de ladrillo en un colador de goteras y humedades. Ahora son 550 metros cuadrados de olvido histórico y la sede del grupo neonazi que convocó la manifestación racista del pasado sábado en Madrid. Podría parecer que la elección de este antiguo baluarte falangista obedece a preferencias ideológicas, pero las razones de esta okupación son mucho más prácticas.
"El castillo", como lo llaman sus inquilinos, ha ido variando de ubicación tras un largo historial de desalojos de sus anteriores centros. Esta última parada, sin embargo, parece ser la más estable de todas. El Hogar Social Madrid hizo ondear su bandera desde las ventanas de Joaquín Costa 43 en octubre del año pasado. Desde entonces, no han recibido más críticas que las de Ahora Madrid y las comunidades de vecinos que abuchean sus proclamas xenófobas y fascistas. 
Estas paredes, que una vez fueron propiedad de RTVE, pertenecen al departamento de Patrimonio de Estado del Ministerio de Administraciones Públicas. La institución trasladó todo el ajuar propagandístico del régimen de Franco a un nuevo centro en la Ciudad de la Imagen hace casi una década. Lo que es lo mismo, ahora tienen la coartada perfecta para no mover ficha ante una ocupación que no amenaza el material público del NO-DO. El Ministerio dice que, además, estas gestiones urbanísticas competerían al Instituto de Contabilidad, al que está adscrito el edificio. "Aunque sea patrimonio del Estado, todas las obras de protección y actuaciones judiciales dependen de Economía", aseguran fuentes de Administraciones Públicas.
Una patata caliente que favorece a quienes pasaron de repartir comida de forma arbitraria, a convertirse en el escuadrón más reconocido de la ultraderecha nacional. La plataforma ya es capaz de convocar a más de un millar de personas –como demostraron el sábado– y reunirlas bajo la figura de Ramiro Ledesma y lemas como "Ayudas sociales para los nacionales" o "Españoles sí, refugiados no".
Integrantes de Hogar Social Madrid en una manifestación en Septiembre del año pasado. Foto: Facebook
Integrantes de Hogar Social Madrid en una manifestación en septiembre del año pasado. Foto: Facebook
Uno de los emblemas más populares entre sus adeptos es el rechazo a la derecha económica y la ayuda al desfavorecido. Pero toda esa estrategia se vino abajo cuando comenzaron a reivindicar actos violentos como el ataque a la mezquita de la M-30, entre otros. "El MSR, que ni padece complejos ni se siente atado a la cháchara humanitaria y la caridad de las sotanas religiosas o laicas, tiene muy claro que aquí no caben todos", reza el programa de Movimiento Social Republicano, un partido muy presente en el Hogar Social.
Esta formación se define como revolucionaria, anticapitalista, antiglobalización, ecologista; una definición que aturde a cualquiera que conozca sus propuestas sobre inmigración. Ocurre lo mismo con la okupación , una tradición relacionada con la izquierda y que los vecinos consideran de una naturaleza abierta y tolerante. ¿Qué les lleva entonces a derribar la puerta de edificios estatales y establecer allí sus talleres "solidarios"? 

Influencias del fascismo italiano

HSM no son unos pioneros en ocupar centros enarbolando una ideología nacional socialista. Su modelo de actuación se encuentra a unos cuantos kilómetros, donde CasaPound Italia inspira su programa en el típico fascismo de Mussolini y aloja a familias azotadas por la crisis en viviendas deshabitadas. También se relacionan con partidos neonazis como  ELAM, de Chipre, o Amanecer Dorado, en Grecia. "Nosotros solo ocupamos inmuebles que pertenecen al Estado o los que forman parte de casos de corrupción", cuenta Melissa, la portavoz  del Hogar Social Madrid, a eldiario.es.
La coordinadora asegura que los archivos del edificio de RTVE estaban a salvo cuando entraron y que solo se encontraron "unas latas vacías con la etiqueta del NO-DO y algún guión". La plataforma presume de haber acondicionado este enorme espacio con sus propias manos y de haber puesto a punto la instalación eléctrica y la bomba de agua. "Antes de que nos instalásemos, habían entrado a robar cobre, la barandilla y otros objetos de valor". Entre estas piezas destaca un mural vanguardista pintado por José Caballero y José Romero Escassi, cuyas condiciones son deplorables. 
"Nos pusimos en contacto con la Fundación Caballero- Thomas de Carranza, que pertenece a los descendientes de los artistas, y vimos que denunciaron hace 20 años el mal estado en el que se encontraba el mural", relata Melissa. Es una de las excusas que utilizan para defender su permanencia en un edificio histórico que, según ellos, podría haberse destrozado. En cambio, se han servido de sus cuatro plantas para construir un local dividido en todo tipo de estancias. 
"Hemos distribuido la entrada con la sala de reparto y el ropero. En la segunda planta tenemos habitaciones. En la tercera está el espacio de conferencias, bibliotecas, el salón y una cocina. Y en la cuarta más habitaciones". Han dispuesto incluso un gimnasio donde se entrenan e imparten clases de defensa personal. "El boxeo es un deporte que tiene mucha tradición entre nosotros, además tienes que estar preparado cuando vas por la calle", admitió uno de los miembros a VICE
El gimnasio que ha montado HSM en el interior de la sede del No-Do. Foto: Facebook
El gimnasio que ha montado HSM en el interior de la sede del No-Do. Foto: Facebook

Tres desahucios, ¿camino del cuarto? 

Este proceso de reconstrucción ha tenido lugar en cuatro ocasiones y cuatro instalaciones bien diferentes. Primero ocuparon un edificio copropiedad del empresario chino Gao Ping, condenado por  blanqueo de capital en la operación Emperador. El inmueble se encontraba en el madrileño barrio de Tetuán, una zona famosa por su multiculturalidad y el alto porcentaje de población inmigrante. En este caso, la Delegación de Gobierno instó a su desalojo por la vía de urgencia después de varios incidentes, agresiones y ataques con cócteles molotov.
"Luego fuimos al antiguo Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en Bretón de los Herreros, que salió a subasta pública y lo adquirió una gestora que, casualmente, se está quedando con todos los solares públicos", enumera la portavoz. Tras su breve paso por Chamberí, acudieron a la sede de Fórum Filatélico porque "los administradores concursales lo habían vendido a un fondo de inversiones extranjero". Este desalojo culminó con dos policías heridos y un detenido de la plataforma ultraderechista. 
Fue entonces cuando comenzó un fuego cruzado entre los miembros del HSM y otros colectivos como el Patio Maravillas. Los representantes del primero sacaron sobre la mesa el tema de la cesión de espacios públicos por parte del Ayuntamiento de Manuela Carmena y propagaron un discurso de persecuciones y trato desigual desde el consistorio. "No llevamos a cabo actividades ilegales y realizamos una tremenda labor social que da de comer a casi 250 familias", defienden en Hogar Social. Sin embargo, su vinculación con ciertos hooligans neonazis les hacen incompatibles con la medida que propusieron desde Ahora Madrid. 
Esta formación, por otra parte, se ha convertido en el adalid de la causa tolerante y plural contra HSM. Han llevado mociones a las juntas municipales de todos los distritos para instar a la Comunidad de Madrid al cese de sus actividades y al desalojo. Según Melissa, esto se trata de "una campaña de acoso y derribo", pero está tranquila porque el antiguo NO-DO "no es competencia del ámbito municipal ni autonómico".
Ahora Madrid denuncia su propaganda con lemas como "Terroristas Welcome", que criminaliza a toda la comunidad musulmana, y los repartos de alimentos discriminatorios, "que utilizan como tapadera de su perfil más violento". Hace unos días, incluso llevaron al Pleno de Chamberí una propuesta de desalojo para la sede de RTVE. Pero dicha acción no llegará, de momento, y Hogar Social Madrid seguirá ocupando el archivo del NO-DO como en una alegoría burlesca.

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