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viernes, 21 de octubre de 2016

En busca del chivo expiatorio


por Thierry Meyssan
Alemania, Francia, Rusia y Ucrania trataron en Berlín de desbloquear los conflictos que tienen lugar en Ucrania y Siria. Sin embargo, desde un punto de vista ruso, esos bloqueos sólo existen porque el objetivo de Estados Unidos no es la defensa de la democracia que tanto proclama Washington sino impedir el desarrollo de Rusia y China cerrándoles las “rutas de la seda”. Al disponer de ya evidente superioridad en materia de guerra convencional, Moscú hizo todo lo posible por conectar el Medio Oriente con el este de Europa. Y lo logró concediendo la prolongación de la tregua en Siria a cambio del cese del bloqueo de la aplicación de los acuerdos de Minsk. Mientras tanto, Washington sigue tratando de hacer recaer su propia culpabilidad sobre alguno de sus aliados. Al no lograrlo con Turquía, la CIA se vuelve ahora hacia Arabia Saudita.
El conflicto que enfrenta a Estados Unidos con Rusia y China se desarrolla en dos frentes: por un lado, Washington busca un chivo expiatorio para hacerlo responsable de la guerra contra Siria, mientras que Moscú –que ya vinculó la cuestión siria con el tema yemenita– trata de agregarles el tema de Ucrania.

Washington busca un chivo expiatorio

Para salir de esta situación con la frente alta, Estados Unidos tiene que atribuir la responsabilidad de sus crímenes a alguno de sus aliados. Y tiene 3 posibilidades: endilgarle la culpa a Turquía, a Arabia Saudita o a las dos juntas. Turquía está presente en Siria y en Ucrania, pero no en Yemen; mientras que Arabia Saudita está presente en Siria y Yemen, pero no en Ucrania.

Turquía

Disponemos ahora de información verificada sobre lo que realmente sucedió en Turquía el pasado 15 de julio, y esa información nos obliga a revisar nuestro juicio inicial.

En primer lugar, era evidente que poner la dirección de las hordas yihadistas en manos de Turquía después del atentado que sacó del juego al príncipe saudita Bandar ben Sultán no podia traer otra cosa que problemas. En efecto, Bandar era un intermediario obediente, pero Erdogan seguía su propia estrategia, tendiente a la creación de un 17º imperio turco-mongol, lo cual lo llevaría a utilizar los yihadistas en misiones diferentes a lo previsto en Washington.

Además, Estados Unidos no podía dejar de castigar al presidente turco Erdogan por acercar su país a Rusia en el plano económico, a pesar de ser Turquía un país miembro de la OTAN.

En fin, en plena crisis alrededor del poder mundial, el presidente turco Erdogan se convertía en chivo expiatorio ideal para salir de la crisis siria.

Desde un punto de vista estadounidense, el problema no es Turquía, indispensable como aliado regional, ni el MIT (los servicios secretos turcos) de Hakan Fidan, quien organiza el movimiento yihadista en todo el mundo, sino Recep Tayyip Erdogan.

Por consiguiente, la National Endowment for Democracy (NED) trató primeramente, en agosto de 2013, de llevar a cabo una revolución de color organizando manifestaciones en el parque Gezi de Estambul. Esa operación fracasó o Washington cambió de idea.

Se decidió entonces derrocar a los islamistas del AKP a través de las urnas. La CIA organizó la transformación del HDP en un verdadero partido de las minorías y preparó a la vez una alianza entre esa formación política turca y los socialistas del CHP. El HDP adoptó un programa muy abierto de defensa de las minorías étnicas (los kurdos) y de las minorías sociales (feministas y homosexuales) e incluyó el tema ecológico. El CHP fue reorganizado, tanto para disimular el hecho que los alevitas [1] estaban excesivamente representados en el seno de ese partido como para promover la candidatura del ex presidente de la Corte Suprema. Pero, aunque el AKP perdió las elecciones en julio de 2004, no fue posible concretar la alianza entre el CHP y el HDP. Así que hubo que realizar nuevas elecciones legislativas en noviembre de 2014, elecciones que Recep Tayyip Erdogan “arregló” descaradamente.

Washington decidió entonces proceder a la eliminación física de Erdogan. Entre noviembre de 2014 y julio de 2016 hubo 3 intentos de asesinato contra Erdogan. Contrariamente a lo que se dijo, la operación del 15 de julio de 2016, no era una intentona golpista sino una operación para liquidar solamente al presidente turco. La CIA había utilizado los vínculos industriales y militares turco-estadounidenses para reclutar dentro de la fuerza aérea turca un pequeño equipo que se encargaría de eliminar al presidente durante sus vacaciones. Pero ese equipo fue traicionado por varios oficiales islamistas (estos últimos constituyen casi un 25% de las fuerzas armadas turcas) y el presidente fue advertido una hora antes de la llegada del comando que iba a “encargarse” de él. Erdogan fue trasladado a Estambul, bajo la protección de militares leales a su régimen. Conscientes de las previsibles consecuencias de su fracaso, los conspiradores iniciaron un golpe de Estado sin preparación previa y en momentos en que todavía existía una intensa circulación de personas en Estambul. Por supuesto, fracasaron. El objetivo de la subsiguiente represión no era sólo arrestar a los autores del intento de asesinato, ni tampoco a los militares que se unieron al golpe de Estado improvisado sino más bien a todos los pro-estadounidenses: primeramente, a los laicos kemalistas y luego a los islamistas seguidores de Fethullah Gulen. En total, más de 70 000 personas fueron puestas bajo investigación y hasta hubo que liberar presos comunes para tener dónde encarcelar a los pro-estadounidenses.

La manía de grandeza del presidente Erdogan y su aparatoso Palacio Blanco, su manipulación de las elecciones y la represión que ha desatado contra todo el que no esté totalmente de acuerdo con él lo convierten en chivo expiatorio ideal de los errores cometidos en Siria. Sin embargo, el hecho que haya logrado sobrevivir a una revolución de color y 4 intentos de asesinato hace pensar que no será posible sacarlo del juego rápidamente

Arabia saudita

Para Estados Unidos, Arabia Saudita es tan indispensable como Turquía, por 3 razones: primeramente, por sus reservas de petróleo, de volumen y calidad excepcionales –aunque lo que le interesa a Washington ya no es consumir ese petróleo sino sólo controlar su venta–; por los enormes volúmenes de dinero que maneja el reino (pero sus ingresos han sufrido una caída del 70%) y que permitían financiar operaciones secretas sin control del Congreso estadounidense; y, finalmente, por el control que ejerce sobre las fuentes del yihadismo. En efecto, desde 1962 y la creación de la Liga Islamista Mundial, Riad financia, por cuenta de la CIA, la Hermandad Musulmana y la cofradía de los Naqchbandis, las dos cofradías de donde provienen todos los cuadros yihadistas del mundo.

Pero el carácter anacrónico de Arabia Saudita, propiedad privada de una familia de príncipes que nada tiene que ver con los principios comúnmente reconocidos de la libertad de expresión y la libertad religiosa, exige cambios radicales.

Debido a ello, la CIA organizó, en enero de 2015, la sucesión del rey Abdallah. La noche misma del fallecimiento del soberano, la mayoría de los incapaces fueron apartados de sus cargos y el país fue enteramente reorganizado siguiendo un plan previo. En este momento, el poder se halla repartido entre tres clanes principales: el rey Salman (y su querido hijo el príncipe Mohamed), el hijo del príncipe Nayef (el otro príncipe Mohamed) y el hijo del difunto rey (el príncipe Mutaib, comandante de la Guardia Nacional).

En la práctica, el rey Salman –de 81 años– permite que su hijo, el dinámico príncipe Mohamed –de 31 años– gobierne por él. Y este príncipe Mohamed incrementó la injerencia saudita en Siria, luego emprendió la guerra contra Yemen. En el plano interno, ha iniciado un amplio programa de reformas económicas y de carácter societal enmarcadas en su llamada «Visión para 2030».

Pero los resultados se hacen esperar. El reino saudita se ha empantanado en Siria y en Yemen y esta última guerra incluso le está costando más caro de lo que esperaba debido a las incursiones de los hutis en territorio saudita y las derrotas que han logrado infligir al ejército de Riad. En el plano económico, las reservas petroleras están llegando a su fin y la derrota en Yemen impide a los sauditas la explotación de lo que se ha dado en llamar el «la Cuarta Parte Vacía», o sea la región que abarca parte de los dos países. Cierto es que la caída de los precios del petróleo ha permitido a Arabia Saudita eliminar a varios de sus competidores, pero también ha agotado el Tesoro del reino, que ahora se ve obligado a buscar préstamos en los mercados internacionales.

Arabia Saudita nunca ha sido tan poderosa y a la vez tan frágil. La represión política alcanzó su apogeo con la decapitación del jefe de la oposición, el jeque Al-Nimr. La rebelión va más allá de la minoría chiita y se extiende también a las provincias sunnitas del oeste. En el plano internacional, la coalición árabe es ciertamente impresionante, pero hace agua por todas partes desde que Egipto se retiró de ella. El público acercamiento de Arabia Saudita a Israel en contra de Irán escandaliza al mundo árabe y musulmán. Más que ser una alianza más, el acercamiento entre Riad y Tel Aviv demuestra el pánico que embarga a la familia real, hoy objeto del odio de todos.

Visto desde Washington, ha llegado el momento de escoger a los elementos que sería conveniente salvar en Arabia Saudita y deshacerse de los demás. La simple lógica indicaría un regreso la anterior repartición del poder entre el clan de los Sudairis –pero sin el príncipe Mohamed ben Salman, quien ya demostró su incapacidad– y los Chammar –la tribu del difunto rey Abdallah.

Tanto para Washington como para los súbditos sauditas, lo mejor sería que falleciera el rey Salman. Su hijo Mohamed se vería entonces apartado del poder, que iría a manos del otro príncipe Mohamed (el hijo de Nayef), mientras que el príncipe Mutaib se mantendría en el puesto que actualmente ocupa, a la cabeza de la Guardia Nacional.

En Arabia Saudita, al igual que en Turquía y en otros países aliados de Estados Unidos, la CIA trata de mantener las cosas como están. Y para ello se limita a organizar por debajo de la mesa intentos de cambios de dirigentes, pero sin tocar las estructuras. El carácter puramente cosmético de esas modificaciones facilita que su trabajo se mantenga en la sombra.

Moscú trata de negociar juntos el Medio Oriente y Ucrania

Rusia logró establecer una conexión entre los campos de batalla de Siria y Yemen. Su despliegue militar en el Levante es público desde hace un año, pero también está presente desde hace 3 meses –de manera no oficial– en Yemen, donde participa activamente en los combates. Al negociar simultáneamente el alto al fuego en Alepo y otro alto al fuego en Yemen, Rusia obligó a Estados Unidos a vincular ambos teatros de operaciones. En esos dos países, las fuerzas rusas muestran su superioridad en materia de guerra convencional ante los aliados de Washington, evitando la confrontación directa con el Pentágono. Con esa finta, Moscú evita tener que implicarse en Irak, a pesar de sus antecedentes históricos en ese tercer país.

Sin embargo, la disputa entre los Dos Grandes se origina fundamentalmente en el corte de las dos rutas de la seda, primero en Siria y después en Ucrania. Lógicamente, Moscú trata por eso de vincular los dos asuntos en sus negociaciones con Washington. Esto resulta muy lógico, sobre todo teniendo en cuenta que la propia CIA ya creó un vínculo entre los dos campos de batalla a través de Turquía.

Al viajar a Berlín, el 19 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin y su ministro de Exteriores Serguei Lavrov tenían intenciones de convencer a Alemania y Francia, fuera de la presencia de Estados Unidos, de vincular estos temas. Así que extendieron la tregua en Siria a cambio del cese del bloqueo de los acuerdos de Minsk por parte de Ucrania, un trato que no dejará de irritar a Washington, que hará todo lo que esté en sus manos para sabotearlo.

Por supuesto, al final Berlín y Londres acabarán alineándose detrás de su amo otaniano. Pero, desde el punto de vista de Moscú más vale un conflicto congelado que una derrota –tanto en Ucrania como en Transnistria, por ejemplo. Además, todo lo que afecte la unidad de la OTAN acerca el fin de la supremacía estadounidense.

[1] La religión alevita es la versión turca del alauismo sirio.

Thierry Meyssan
Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional

NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #12

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

miércoles, 19 de octubre de 2016

El precio de la pérdida de rango

El águila calva, símbolo de los Estados Unidos de América.

por Thierry Meyssan


Washington trata de no perder terreno sin tener que desatar la Tercera Guerra Mundial para conservarlo, lo cual parece un objetivo imposible de alcanzar. Moscú le ofrece una puerta de escape en Siria y en Yemen. Pero si Estados Unidos opta por esa vía, tendrá que abandonar a algunos de sus aliados.


Desde que se rompió en Siria el cese de hostilidades del Aid, ha surgido un abismo entre el ambiente de despreocupación que las sociedades occidentales se empeñan en mantener y la grave preocupación de las sociedades rusa y china.

En Moscú, la televisión transmite imágenes sobre los refugios antiatómicos y juegos de equipos en campos de obstáculos para entrenamiento militar. Mientras tanto, en Washington se burlan de la paranoia de los rusos que creen posible el estallido de una Tercera Guerra Mundial.

Sin embargo, los Dos Grandes se envían entre sí mensajes que ponen los pelos de punta. A raíz de las amenazas estadounidenses de ataques aéreos contra Siria, Moscú suspendió el acuerdo sobre la limitación de los volúmenes de plutonio e hizo disparos de pruebas con 3 misiles intercontinentales para hacer ajustes en su sistema de lanzamiento de armas nucleares. El vocero de las fuerzas armadas rusas advirtió al Pentágono anunciando que el armamento de la Federación Rusa es capaz de destruir cualquier objetivo aéreo estadounidense, ya sean misiles de crucero o aviones, e incluso sus aeronaves “furtivas”. El jefe del estado mayor de las fuerzas terrestres de Estados Unidos respondió afirmando orgullosamente que en caso de guerra abierta las fuerzas aéreas y marítimas rusas y estadounidenses se neutralizarían rápidamente entre sí y que Washington ganaría durante las operaciones terrestres. Su discurso marcial no impresionó a los rusos, pero sí inquietó enormemente a los miembros del Congreso de Estados Unidos, al extremo que 22 congresistas escribieron al presidente Obama pidiéndole que se comprometa a no iniciar él una guerra nuclear recurriendo al arma atómica antes que el adversario. Por otra parte, Moscú dio instrucciones a sus diplomáticos en los países miembros de la OTAN para que sus familias regresen a Rusia, instándolos además a estar listos a repatriarse ellos también en cualquier momento.

Los romanos de la Antigüedad tenían un principio muy claro: Si vis pacem, para bellum, o sea «Si quieres paz, prepárate para la guerra». Eso quiere decir que, en caso de desacuerdo internacional, quien prevalece, sin guerra, es aquel que parece capaz de imponerse por las armas.

El hecho, en definitiva, es que la población rusa se prepara para la guerra –por ejemplo, esta semana 40 millones de rusos participan en ejercicios de evacuación de inmuebles y de lucha contra incendios– mientras que en Occidente la gente sigue con las narices pegadas a las vitrinas de los centros comerciales.

Por supuesto, siempre podemos esperar que el sentido común acabe imponiéndose para evitar la guerra mundial. En todo caso, las exhibiciones de músculo de unos y otros indican que lo que está en juego desde hace 5 años aquí, en Siria, no es lo que todos creen. Si lo que el Departamento de Estado buscaba al principio era concretar su plan de «primavera árabe» –o sea, el derrocamiento de los regímenes laicos de la región y su sustitución por la Hermandad Musulmana–, Rusia y China llegaron rápidamente a la conclusión de que el mundo no puede seguir bajo el control de Estados Unidos y de que ese país no puede seguir conservando un poder de decisión sobre la vida y la muerte de los pueblos de todo el planeta.

Al cortar el trayecto histórico de la Ruta de la Seda a través de Siria, y posteriormente también la nueva ruta de la seda a través de Ucrania, Washington detuvo el desarrollo de China y Rusia. Pero con eso también empujó a los dos países a establecer una alianza. La imprevista resistencia del pueblo sirio ha obligado a Estados Unidos a poner en juego su predominio mundial. El mundo, que se había hecho unipolar en 1991, con la operación «Tormenta del Desierto», está a punto de sufrir un nuevo cambio y hacerse nuevamente bipolar, incluso es posible que posteriormente se vuelva multipolar.

En 1990-1991, el cambio de orden mundial se concretó sin guerra –la invasión de Irak no fue la causa de ese cambio sino una de sus consecuencias. Pero el precio de aquel cambio fue el derrumbe interno de la Unión Soviética. El nivel de vida de los pueblos ex soviéticos se desplomó drásticamente, sus sociedades se vieron profundamente desorganizadas, sus riquezas nacionales fueron saqueadas en aras de la sacrosanta privatización y su esperanza de vida descendió en más de 20 años. Después de haber creído que estábamos asistiendo a la derrota del sistema soviético, hoy en día sabemos que el derrumbe de la Unión Soviética fue –probablemente en primer lugar– resultado del sabotaje de la CIA contra la economía soviética.

En todo caso, aquel proceso demostró que un reequilibrio mundial no tiene que provocar fatalmente un enfrentamiento generalizado. Y, en un esfuerzo por evitar la guerra mundial, la discusión entre John Kerry y Serguei Lavrov, se desplazó ahora de la batalla de Alepo a un alto al fuego general para toda Siria y también Yemen. En efecto, acaba de anunciarse una tregua de 8 horas en Alepo y de 72 horas en Yemen.

El problema es que la caída de Estados Unidos de un primer lugar que nadie le discutía –plaza que se apropió y que tan mal utilizó– a una situación de igualdad con Rusia, tendrá obligatoriamente para Washington –o para sus aliados– su correspondiente precio.

Los cinco países árabes, así como Turquía e Irán, que Kerry y Lavrov invitaron el sábado a Lausana, salieron del encuentro extrañamente satisfechos, a pesar de que era su destino lo que estaba decidiéndose. Ninguno de ellos parece pensar que tengan que rodar cabezas, como rodaron en el pasado las de los dirigentes del Pacto de Varsovia. En la actual situación, es posible evitar tener que barrer con una parte de la Humanidad, pero la importancia del retroceso estadounidense será directamente proporcional al número e importancia de los aliados que Washington va a sacrificar.

NOTICIERO DEL CAMBIO DE ORDEN MUNDIAL #11, Thierry Meyssan

Fuente original:  Al-Watan (Siria)
Fuente: Red Voltaire
Thierry Meyssan
Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

Artículo bajo licencia Creative Commons

La Red Voltaire autoriza la reproducción de sus artículos a condición de que se cite la fuente y de que no sean modificados ni utilizados con fines comerciales (licencia CC BY-NC-ND).

viernes, 22 de julio de 2016

Las mujeres y el género en Iraq




Entrevista a Zahra Ali, socióloga especializada en el estudio de la mujer y del género en relación con el Islam y Oriente Próximo



Elodie Descamps
Investig' Action

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Zahra Ali, socióloga especializada en el estudio de la mujer y del género en relación con el Islam y Oriente Próximo, está a punto de publicar un libro sobre “las mujeres en el Iraq después de Sadam”. La autora estudia la evolución del marco jurídico relativo a la mujer desde la formación del Estado iraquí al periodo posterior a la invasión estadounidense. Aunque esta invasión exacerbó las tensiones etno-confesionales ya presentes en el seno del país, también contribuyó a crear una visión retrógrada de los derechos de las mujeres en la sociedad. De este modo, Zahra Ali reivindica la necesidad de “descolonizar el feminismo” e invita a tener en cuenta la complejidad de los contextos de emergencia en el análisis de los movimientos sociales. Al suprimir las cuestiones políticas y económicas en la interpretación de los fenómenos sociales y al tratar las consecuencias sin analizar nunca las causas, los medios de comunicación crean miedo y división ahí donde deberían unir.

Dentro de poco va a publicar una obra sobre el tema de «las mujeres en Iraq después de Sadam» donde examina el activismo político de las iraquíes y la evolución de la cuestión del género en el seno de la sociedad. ¿Cuál es la conclusión principal de este trabajo de campo?


 Si nos remontamos un poco en la historia se constata de entrada que la formación del Estado iraquí por el imperio británico se hizo excluyendo a la mayoría de la población. En aquella época las mujeres estaban «tribalizadas».

Dicho de otra manera, únicamente se tuvo en cuenta a las mujeres de la elite urbana cercana al poder colonial y se relegó a ser ciudadanos de segunda categoría a los hombres y las mujeres de los medios rurales que, sin embargo, eran la mayoría del país. Las mujeres de los medios rurales fueron las más desfavorecidas en esta configuración ya que no disponían de derechos jurídicos formales.

En el periodo revolucionario de 1958, marcado por la lucha contra el imperialismo británico y una militancia comunista que dominaba el paisaje político, las mujeres se van a organizar en un movimiento de defensa de los derechos de las mujeres.

Es en este contexto donde aparece el Código del Estatuto Personal, que representa el marco jurídico del conjunto de los derechos de las mujeres, como la herencia, el matrimonio, el divorcio, etc. Se establece en 1959 y revela dos cosas. En primer lugar, la unidad de la nueva «nación» iraquí, puesto que el Código une las jurisprudencias sunní y chií. A continuación, una visión muy progresista de los derechos de las mujeres, ya que en esta época es el código más avanzado de la región de Oriente Próximo en materia de derechos de las mujeres. De hecho, en su elaboración participaron militantes del movimiento de las mujeres.

¿Evolucionó este Código del Estatuto Personal en el curso de los diferentes regímenes?

En la década de 1970 el régimen quería poner de relieve una ideología nacionalista y moderna. El Código se modificó entonces varias veces y de manera muy progresista reforzando el derecho al divorcio para las mujeres o prohibiendo los matrimonios al margen del tribunal, por ejemplo.

Más adelante, en la década de 1990, cuando Sadam se presenta como un líder «musulmán» y lanza su «Campaña de fe» con el trasfondo del embargo y la crisis política, social y económica del país, se volverá a modificar el Código a favor del conservadurismo. Por ejemplo, se van a tolerar los llamados crímenes de honor.

En 2003 el régimen de ocupación estadounidense institucionalizará el comunitarismo. La sociedad iraquí, que ya estaba herida por décadas de guerras, de autoritarismo y de sanciones internacionales, verá cómo se le impone un sistema político basado en la pertenencia etno-confesional.

Las identidades etno-confesionales en Iraq ya eran objeto de tensiones vinculadas a las políticas nacionalistas excluyentes y genocidas de Sadam Husein, sobre todo contra la población kurda y chií. Con la invasión estadounidense en 2003 estas tensiones se van a llevar a su paroxismo.

Es como si en Francia o Bélgica se institucionalizara el racismo; las consecuencias de ello son fáciles de imaginar. En Iraq se cayó en la guerra civil y desde 2003 no ha terminado el ciclo de violencia.

¿Qué impacto tuvo la invasión estadounidense sobre este Código?

En este contexto de fragmentación extrema la elite política chií en el poder va a proponer una confesionalización del Código del Estatuto Personal, siguiendo el ejemplo del Código de familia libanés, de manera que cada confesión se rigió por su propio código. Este periodo estuvo marcado tanto por un aumento del conservadurismo social y religioso como por una violencia confesional generalizada.

Por consiguiente, la reforma del Código va a suponer un auténtico cuestionamiento de los derechos jurídicos elementales de las mujeres, pero también de toda la herencia revolucionaria de izquierda. Se trata de una verdadera regresión en lo que concierne a la igualdad de tratamiento de las mujeres y de los ciudadanos de todas las confesiones.

En definitiva, al igual que en la época colonial, la ocupación e invasión estadounidenses impusieron una vez más su propia visión de la sociedad iraquí, una visión comunitaria y arcaica. Hoy esta visión sigue siendo el origen de la fragmentación de la ciudadanía y del territorio iraquíes, al norte los kurdos, al oeste DAESH y al sur los chiíes.

Esta fragmentación tiene un carácter de género y las cuestiones referentes a los derechos de las mujeres desempeñan un papel fundamental en ella. El régimen de ocupación las instrumentaliza en una retórica neocolonial que pretende «liberar a las mujeres». Pero también las instrumentalizan las fuerzas políticas conservadoras que siguen el juego de las identidades confesionales bajo el pretexto de una supuesta «autenticidad islámica».

En sus obras habla mucho de la necesidad de «descolonizar el feminismo», ¿qué entiende por esta expresión?

Descolonizar el feminismo significa a la vez reivindicar unos modelos alternativos de lucha contra el patriarcado, emancipados de las normas de las feministas hegemónicas blancas y burguesas, y también rechazar todo esencialismo. Hay que entender que los feminismos toman forma en y a partir de sus diferentes contextos y no a partir de unos modelos de emancipación predefinidos. Se trata de una emancipación contra todas las formas de opresión, ya sean de raza o de clase.

En su opinión, la religión no se puede entender ni definir fuera del contexto. ¿Puede decirnos algo más sobre ello, quizá poniéndonos algunos ejemplos concretos?

Entender la religión fuera de aquellas personas que la practican y la reivindican, y no situar a estas personas es caer en el esencialismo. Es decir, se hace existir lo religioso como una esencia que se sitúa fuera de sus diferentes realidades de práctica y de expresión.

En mis investigaciones he demostrado que lo religioso siempre ha estado imbricado en cuestiones de nacionalismo y de régimen político. Si en la década de 1950 lo religioso se interpretó y practicó de manera bastante igualitaria y progresista, sobre todo en materia de los derechos de las mujeres, después de la ocupación lo dominante es una lectura confesional y conservadora.

Hay que volver a los contextos que desarrollé antes para comprender por qué se interpreta el Islam de determina manera en una época dada y de manera diferente en otra época.

Se observa en nuestros medios de comunicación y en nuestros políticos una tendencia a reproducir un discurso islamófobo, por ejemplo, relacionando directamente yihadismo e islamismo. ¿Cómo interpreta usted este discurso y qué retos presenta?

Este discurso es producto de esta esencialización del Islam. En vez de contextualizar y de mirar en su complejidad los grupos y movimientos en cuestión, se les mete a todos en el mismo saco diciendo que es a causa del Islam y del fundamentalismo religioso.

En el fondo, este discurso mediático y el discurso yihadista coinciden. Los grupos que utilizan el Islam para justificar sus actos de violencia y quienes interpretan esta violencia como un producto del Islam tienen en común esta misma esencialización del Islam.

De lo que se trata es del culturalismo y el racismo. En vez de interpretar un fenómeno social utilizando unos esquemas analíticos que implican cuestiones sociopolíticas y económicas, se crea un esquema a medida: la causa y las consecuencias son idénticas. Sería a causa del Islam, debido a su fundamentalismo. Analizando de esta manera no se avanza mucho y lo único que se hace es crear odio y racismo.

Militante desde los 15 años, Zahra Ali fue una de las fundadoras del Colectivo Feminista para la Igualdad. En 2011 dirigió Féminismes Islamiques, la primera recopilación de trabajos feministas musulmanes publicada en Francia. Es investigadora de la Universidad Chester de Reino Unido y de IFPO-Iraq, y está a punto de publicar su tesis, Les femmes et le genre en Irak: entre construction nationale et fragmentation [Las mujeres el género en Iraq: entre construcción y nacional y fragmentación].

Fuente: http://www.investigaction.net/les-femmes-et-le-genre-en-irak-entretien-avec-zahra-ali/#sthash.Qz0CTgtI.dpuf

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelión como fuente de la misma.

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