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miércoles, 12 de octubre de 2016

Entrevista a Éric Toussaint





“La izquierda tiene que dejarse de juegos, desobedecer a las instituciones europeas y aplicar un plan B radical”




Paul Blanjean y Monique Van Dieren
CADTM

Traducido del francés para rebelión por Caty R.

Éric Toussaint
Portavoz del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), Éric Toussaint recorre el mundo para apoyar los movimientos de izquierda que militan por la anulación de la deuda de sus países y otras políticas progresistas. Militante comprometido en la izquierda radical desde hace mucho tiempo, conoce bien la situación de Grecia, España y Portugal y combate firmemente las políticas europeas de austeridad que empobrecen a los pueblos.  


¿Puede decirnos algunas palabras sobre su trayectoria política?  

Desde los 16 años milito en la izquierda radical en Bélgica. Me uní a la IV Internacional a esa temprana edad y fui líder de luchas estudiantiles entre 1968 y 1973. Después fui profesor en Lieja entre 1975 y 1994 y ejercí responsabilidades sindicales en la CGSP-Enseñanza. También fui profesor en la escuela de militantes sindicalista de la FGBT (un sindicato interprofesional que cuenta con más de un millón de miembros). Desde los años 70 hasta ahora he participado en varios intentos de agrupamiento de movimientos políticos. En 1976 la Unión Progresista (en el marco de las elecciones comunales) era una alianza entre el Grupo Político de los Trabajadores Cristianos (GPTC), la Liga Revolucionaria de los Trabajadores (LTR, convertida después en el POS y más tarde en la LCR), donde fui uno de los animadores, así como una persona comprometida en medios culturales y sociales.  
El segundo período, muy rico, fue el de la creación de Izquierdas Unidas, en el 93-94, que se presentó a las elecciones europeas con militantes del POS, del Partido comunista, de los sindicalistas y personalidades como Lise Thiry, Pierre Galand e isabelle Stengers. Después Otra Izquierda es Posible en 2006, más tarde el Frente de las Izquierdas en 2009-2010 y etcétera. En 2014 me propusieron que me presentase en las listas PTB-GO y presté mi apoyo sin ser candidato. La orientación del PTB sobre la deuda me parecía muy moderada. Hay que señalar también que desde que se fundó el CADTM en 1990 su actuación y desarrollo son mis prioridades. 

¿Cómo nacieron los partidos de izquierda radical en Grecia, España y Portugal?

Hay un claro punto en común entre Syriza (Grecia) y el Bloco (Portugal).  
Syriza, que significa Coalición de Izquierda Radical, nació una docena de años después de que los militantes se distanciasen del Partido Comunista de tradición stalinista, el KKE (por otra parte hay otro Partido Comunista de tendencia eurocomunista) tras su participación en el Gobierno en 1989 con Nueva Democracia, el principal partido de la derecha. Era un gobierno contra natura que produjo un traumatismo, en particular de una parte de la juventud que optó por dejar el PC. En el origen Syriza se formó, a partir de 2003, agrupando una docena de diversas organizaciones procedentes de tres orientaciones históricas: comunistas cercanos a Moscú, trotskistas y maoístas.  
El Bloco fue formado por una parte del Partido Comunista (bastante estalinista) que abandonó este para constituir con una organización maoísta (UDP) el Frente de Izquierda (Bloco de Esquerda).  
Existe claramente un punto común entre Grecia y Portugal. 
 
Francisco Louçã, Bloco de Esquerda



En España es diferente (sin estar totalmente alejado) porque Podemos es una de las prolongaciones del movimiento de los indignados de 2011. Un sector de ese movimiento consideró que había que constituir una organización política. Hay un punto de encuentro entre personas procedentes de los indignados e intelectuales universitarios (como Pablo iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón) que conquistaron su plaza en el mundo académico, tienen sentido de la comunicación, controlan la comunicación en las redes sociales, los programas de televisión y radio alternativos en internet, pasaron por el PC español o las juventudes comunistas y siguieron las experiencias de los años 2000 en Venezuela (sobre todo), en Bolivia y en Ecuador. El encuentro entre el movimiento de los indignados, los intelectuales y el movimiento trotskista (Izquierda Anticapitalista) produjo la creación de Podemos en enero de 2014. El resultado fue inmediato en las elecciones europeas de junio de 2014, más de 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados de un golpe, es excepcional. El Bloco y Syriza empezaron de manera más modesta. 
 
¿El hecho de que los tres países tengan un pasado reciente de dictadura ha influido en el surgimiento de esos partidos?  

En Grecia y Portugal las generaciones que constituyeron Syriza y el Bloco vienen de la lucha contra la dictadura. En general eran jóvenes estudiantes de 18 o 20 años. Pero eso no quiere decir que sean ellos quienes dirigen esas organizaciones en la actualidad, los dirigentes más bien pertenecen a la generación siguiente: Tsipras no participó en el derrocamiento de la dictadura porque nació en julio de 1974, un año después de la caída de la junta militar. Pero los que formaron Syriza sí. Algunos participaron activamente en la lucha contra la dictadura, como Nadia Valavani, que fue muy activa en la resistencia estudiantil al régimen de los coroneles griegos que derrocaron a la dictadura griega en 1974. Esta mujer, que fue encarcelada (cinco meses en una célula de aislamiento) y torturada es un símbolo de la resistencia a la dictadura. Fue viceministra de Finanzas del gobierno de Alexis Tsipras entre enero y julio de 2015, después se opuso a la capitulación y dimitió (1). Está también Manolis Glezos (2), condenado a muerte por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y perseguido también durante la dictadura de 1967-1974. Tanto Nadia Valavani como Manolis Glezos actualmente se encuentran en la Unidad Popular que abandonó Syriza en agosto de 2015.  
En España la generación que dirige Podemos nació después del franquismo, aunque cierto número de militantes de más edad militaron contra la dictadura franquista y se opusieron a la restauración monárquica tras la muerte de Franco en 1975.  

¿Esos partidos están preparados para hacer alianzas con otros partidos? Y si es así, ¿en qué condiciones?  

Podemos, Syriza y el Bloco están en la misma onda sobre la idea de que pueden y quieren ser fuerzas de gobierno, incluso en coalición con otras. 
Cuando Syriza ganó las elecciones del 25 de enero de 2015 buscó un acuerdo de gobierno con el Partido Comunista griego, pero este lo rechazó categóricamente. Entonces, para emprender la política contra la austeridad, Syriza no tuvo otra elección que dirigirse al partido independiente de la derecha nacionalista, los Griegos Independientes (ANEL), con la que tuvo que aliarse. 

Podemos se alió con Izquierda Unida (vinculada al PC) para las últimas elecciones, con la marca «Unidos Podemos». Hay que señalar que Izquierda Unida ha perdido fuerza desde la aparición de Podemos (3).
 

  
En Portugal, en la campaña electoral de 2015, el Bloco se dirigió al PS diciéndole: «Hace falta una alianza que permita romper la continuidad de la derecha en el poder». Desafió positivamente al PS para que rompiera con las políticas de austeridad, el Bloco estaba dispuesto a construir una alianza de apoyo exterior para poner a la derecha fuera de juego y evitar así una gran alianza a la alemana (SPD-CDU/CSU) entre los socialistas y la derecha portuguesa. Y como el Bloco dobló sus votos en las elecciones de 2015 (19 diputados) estaba en posición de fuerza para negociar con el PS.  
Pero la perspectiva a medio término del Bloco es un gobierno de izquierda radical para hacer algo más que limitar las políticas de austeridad.  
Por lo tanto estos partidos aceptan las coaliciones de izquierda, pero a veces con excepciones cuando no hay alternativa, como en el caso de Syriza. 

¿Qué los diferencia de los partidos de izquierda radical más antiguos que ganan terreno en países como Bélgica?

El PTB es una organización de origen maoísta-stalinista que experimentó una mutación positiva, pero su discurso continúa siendo «unámonos» y no «hagamos alianzas o fusiones con el PC, la LCR (Liga Comunista Revolucionaria) u otros pequeños partidos como el PSL». Invitan a los demás a unirse e integrarse en su partido y por lo tanto no están en la misma dinámica que los tres partidos de los que hablamos (España, Portugal y Grecia). Más que agrupar fuerzas el PTB quiere la absorción. La propuesta que hizo el FGTB de Charleroi en 2012, si hubiera prosperado, habría permitido constituir una gran fuerza de izquierda radical, incluido por supuesto el PTB y permitiendo un máximo de convergencia entre los distintos movimientos (4). Es lamentable que no llegase a buen puerto a pesar de la dinámica prometedora del principio.


Carlo Briscolini, Président de la FGTB Charleroi



 
Entre los partidos de la nueva izquierda europea y los partidos de la izquierda radical clásica (PC, PTB…) la diferencia se encuentra antes en la estrategia de alianzas y la relación con el poder que en los programas políticos respectivos. Entre el programa del PTB actual y el de Syriza de 2014 no hay grandes diferencias.  
En lo que concierne al CADTM, que es una organización plural, independiente de cualquier partido político, la colaboración con el PTB es buena. Algunos diputados del PTB transmiten, vía preguntas parlamentarias, los asuntos que el CADTM desea plantear a los ministros. Es útil. Por supuesto también están en las movilizaciones. Pero habría que ir más lejos y que los consejeros comunales del PTB apoyasen (más) activamente las iniciativas de auditorías ciudadanas de las cuentas de las ciudades y las comunidades, por ejemplo. El CADTM está a favor de colaborar con el máximo de fuerzas políticas de izquierda, preferiblemente de izquierda radical.

Raoul Hedebouw, porte-parole du Parti du travail de Belgique (PTB-PVDA)




Trotamundos del altermundismo  


Usted recorre Europa y el mundo trabajando por la anulación de las deudas ilegítimas. ¿Concretamente cuál es su papel y con quién está en contacto?  

Soy portavoz del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), presente en más de 30 países. En Europa estamos en Bélgica, Francia, Suiza, Italia, Grecia y Luxemburgo y tenemos militantes en España, Portugal, Polonia y Eslovenia. La principal implantación del CADTM se sitúa en África (15 países) y en América Latina (8 países). También está presente en tres países de Asia (India, Pakistán y Japón).  
Como portavoz del CADTM he participado en particular en la Comisión de Auditoría de la Deuda en Ecuador en 2007-2008 y he coordinado la Comisión para la Verdad sobre la Deuda Pública Griega entre abril y septiembre de 2015. Esta Comisión fue creada por la presidenta del Parlamento griego.  
Mis interlocutores privilegiados son los movimientos sociales y ciudadanos. También tengo contactos con los partidos políticos cuando promueven políticas reivindicativas próximas a los movimientos sociales. Excepcionalmente fui asesor de algunos gobiernos: Ecuador en 2007-2008, Paraguay en 2008, Venezuela en 2008…  
Los trabajos dieron sus frutos. Primero en países como Ecuador, Paraguay y en menor medida en Venezuela. En Grecia también tuve contactos repetidos con Alexis Tsipras antes de que se convirtiera en primer ministro. Pero mi implicación como coordinador de la Comisión para la Verdad sobre la Deuda Griega se hizo a instancias de la presidenta del Parlamento griego, Zoé Konstantopoulou. Ella tenía el aval de Tsipras pero él no estaba en primera línea y realmente no apoyó la iniciativa. Habría podido hacerlo pero no lo hizo y eso es grave. Por suerte la presidenta del Parlamento se hizo cargo del asunto. Después Tsipras no utilizó el trabajo de la Comisión para enfrentarse a los acreedores. Su Gobierno ha dado a los acreedores 7.000 millones de euros entre febrero y junio de 2015 vaciando las cajas del Estado mientras los gastos para afrontar la terrible crisis humanitaria no representan más que unos 200 millones, es decir, 35 veces menos que el reembolso de la deuda.
  
La anulación de las deudas ilegítimas es para usted un paso obligado para una verdadera estrategia de izquierda. En pocas palabras, ¿qué significa «deuda ilegítima»?  

Muy simple. Es una deuda contraída para favorecer el interés de una minoría privilegiada. Se puede decir que es una deuda contraída sin respetar el interés general. Es decir, que si el Estado contrae una deuda para rescatar a los bancos, que por otra parte son ampliamente responsables de la crisis que estamos viviendo, esa es una deuda ilegítima.  
Por el contrario una deuda contraída para financiar la transición ecológica, reforzar la educación y la cultura, crear empleos o combatir las desigualdades sociales, obviamente es una deuda legítima.  
Las deudas contraídas masivamente para rescatar a los bancos responsables de la crisis financiera de 2008 (Fortis, Dexia, Ethias…) son ilegítimas. Es el caso de una parte de la deuda belga.  
Y la deuda griega va más allá. No solo es ilegítima porque favorece los intereses particulares de minorías privilegiadas. Además es odiosa porque conlleva claras violaciones de los derechos humanos, ya que la troika (Comisión europea, BCE y FMI) solo concede los préstamos si el Gobierno griego aplica una política de austeridad muy dura.  
Las deudas contraídas por Grecia a partir de 2010 se constituyen de préstamos de 13 países de la zona euro, del Fondo Europeo de Estabilidad y del FMI, con la condición de acabar con los convenios colectivos defendidos por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), violar los derechos a un salario y a una jubilación decentes, a un techo, a servicios básicos de sanidad, privatizar una serie de bienes y servicios públicos…  

Su experiencia hace pensar que es muy difícil para la izquierda radical mantener una posición firme sobre la anulación de la deuda cuando negocia una participación en el poder. ¿En qué esta reivindicación es central para la izquierda?  

En muchos países el pago de la deuda pesa mucho en el presupuesto del Estado. Con el fin de encontrar un margen de maniobra para los gastos sociales y una política alternativa hay que reducir radicalmente el peso de la deuda eliminando las deudas ilegítimas.  
Segundo argumento que es muy claro: esas deudas están vinculadas a las contrarreformas impuestas por los acreedores (Comisión Europea, BCE, FMI, Mecanismo Europeo de Estabilidad…). Es el caso de Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda y España. La solución radical respecto a la deuda es suprimir esas imposiciones (llamadas condicionalidades). ¿Por qué? Imaginemos que después de todas las concesiones del Gobierno de Tsipras los acreedores anuncian en tres meses que están de acuerdo en suprimir el 80 % de la deuda griega, pero a condición de seguir imponiendo restricciones presupuestarias en los gastos sociales y las privatizaciones.  
Aunque el stock de la deuda se redujera la situación continuaría siendo dramática porque las personas serían cada vez más pobres y cada vez se privatizarían más bienes públicos.  
Si se reduce la deuda pero se continúa disminuyendo los salarios y las pensiones de los griegos o se restringe más la sanidad, es inaceptable.  
Para mí toda experiencia de izquierda debe resolver el problema de la deuda. En algunos países es incluso la prioridad absoluta. Es evidente para Grecia y Portugal.  
En Francia, actualmente, puede que no sea la principal prioridad, pero sí la segunda o la tercera. 
 
¿Cuál es el futuro de esos partidos en una Europa cada vez más neoliberal? ¿Cree en el despertar de los pueblos frente a las políticas cada vez más injustas?  

Creo en el despertar de los pueblos pero estoy muy preocupado por el futuro de las fuerzas políticas de izquierda, porque se ha visto con Syriza que la evolución ha sido muy rápida hacia el abandono de sus compromisos y su programa. Syriza capituló en 2015 frente a los dictados de la Unión Europea. Los que asumen la capitulación se mantienen, están listos para aprovechar los puestos de los que dimiten por ética. También hay personas que permanecen en Syriza por resignación.
La evolución de Podemos hacia el centro también es muy rápida. Se podría comparar con la evolución de los partidos verdes.  
Viví el nacimiento de los partidos ecologistas en los años 70 y me enfrenté, como trabajador de la ciudad, a las políticas de austeridad impuestas en Liège cuya mayoría comunal está compuesta por los socialistas y el ECOLO. El viraje de la gestión y la adaptación del ECOLO al sistema fue muy rápido (2-3 años). Pasó lo mismo, en el mismo momento, con Daniel Cohn-Bendit, que participaba en el gobierno municipal de Fráncfort.  
La evolución de una parte de la dirección de Podemos es negativa en el sentido de la moderación. Estoy convencido de que es una de las causas principales del mal resultado de Unidos Podemos en las elecciones del 26 de junio de 2016 (pérdida de un millón de votos con respecto a los resultados del 20 de diciembre de 2015 conseguidos por Podemos e Izquierda Unida que se presentaban por separado (5). Podemos no estará en el próximo Gobierno. Pero está activamente presente, a menudo con Izquierda Unida, en la gestión de un centenar de municipios incluidos los más importantes del país. Es el caso de Madrid (3,4 millones de habitantes), Barcelona (segunda ciudad del país), Zaragoza, Cádiz u Oviedo (Capital de Asturias) (6). Una parte de los mejores activistas y cuadros locales de Podemos se encuentra ahora absorbido en los puestos de gestión municipal. Una parte de los mejores activistas de los movimientos sociales se encuentra igualmente absorbido en puestos de apoyo y asesoramiento de los elegidos.  
La evolución puede ser rápida porque todos esos municipios están sometidos a los programas de ajuste presupuestario impuestos por el Gobierno central. Las prioridades que se han puesto por delante y han llevado a los militantes de Podemos al poder en los municipios no podrán realizarse en este marco. Por ejemplo una de las prioridades era la remunicipalización de la recogida de basuras y muchas alcaldías en las que las alianzas de izquierda con Podemos están en el poder desde 2015 no lo han hecho para evitar recargar las deudas municipales. Habría que crear un frente de municipios y comunidades autónomas que desde 2015 están al frente de las fuerzas del cambio como Podemos, IU y otros. Ese frente debería definir posiciones comunes respecto a la deuda, comprometerse a apoyar las auditorías con participación ciudadana, revisar los contratos presupuestarios injustos impuestos por el Gobierno, sensibilizar a la opinión pública, actuar con el fin de cambiar la relación de fuerzas en favor de auténticas soluciones. Temo que si no se crea ese frente y no se lucha para deshacer el dogal de la deuda ilegítima los regidores municipales y las autoridades de las comunidades autónomas que prometieron un cambio de izquierda se adaptarán al sistema y vendrá una nueva decepción.  
Desde noviembre de 2015 he sido invitado por las autoridades de varios municipios españoles (Madrid, Cádiz y Puerto Real en Andalucía, Oviedo en Asturias…) y he defendido esta perspectiva. También he debatido con los responsables políticos locales en Barcelona y Santiago de Compostela. Estoy en contacto permanente con movimientos ciudadanos como la Plataforma de Auditoría Ciudadana (procedente del movimiento de los indignados), con los simpatizantes del CADTM en España, con muchos militantes y responsables de Podemos, de Izquierda Unida, de la CUP en Cataluña, de BILDU en el País Vasco, Anova en Galicia, etc. He comprobado que la nueva situación es difícil de gestionar por los militantes propulsados a puestos de poder y gestión. Esta transformación rápida en España me preocupa mucho, pero estoy seguro de que hay fuerzas que quieren verdaderamente el cambio. De todas formas todo depende de ellas y de la movilización popular. Lo que alguien como yo puede aportar es muy limitado, digamos que puedo ayudar a tener en cuenta las enseñanzas de las experiencias realizadas en otros países con el fin de decidir lo mejor y no repetir los errores.  

Su conclusión es bastante pesimista… ¿Sin embargo no hay una esperanza en la unidad interna en los países (las alcaldías españolas, por ejemplo) y también a nivel internacional?  

¡Por supuesto! Viajo bastante por Europa y pienso que hay que aprender las lecciones de lo que pasa en Grecia y de lo que pasa en España. Es fundamental que toda una serie de activistas y de movimientos sociales mantengan como prioridad la capacidad de organización y movilización de las bases. Porque si no existe una presión de las bases sobre los partidos que llegan a pequeñas porciones de poder, puede llegar un retroceso muy rápidamente, incluso brutalmente.  
Así pues, primera lección: hay que mantener la independencia y la libertad de acción de los movimientos de base. Segunda lección: hace falta unidad sobre un programa político claro. Si es simplemente para decir: «Va mejor gestionar los contratos públicos y rebajar la corrupción», eso es totalmente insuficiente.
Por lo tanto la unidad debe hacerse a todos los niveles: entre organizaciones políticas y movimientos sociales, entre las alcaldías para enfrentar al poder y a los acreedores y entre los partidos de la izquierda radical europea sobre un programa claramente definido. En este último punto el plan B es esencial.

¿Qué es el plan B?

Es una iniciativa europea de una serie de personas y grupos procedentes de la izquierda radical. No se está de acuerdo en todo, pero el punto común es decir: «El plan A, tipo Syriza, cuya estrategia fue negociar con las instituciones europeas respetando sus reglas y sin desobedecer, no funciona».
El plan B incluye explícitamente el mensaje siguiente a los electores: «Hay que llevar al Gobierno a las fuerzas que tendrán la valentía de desobedecer a las instituciones europeas». Mientras los tratados europeos son contrarios al interés de los ciudadanos y al establecimiento de políticas sociales, tenemos el derecho y el deber de desobedecer.

¿Cree que el plan B conseguirá la adhesión de muchos electores de los países europeos?  

Eso está muy claro. Hay una gran parte de la población dispuesta a apoyar a las fuerzas políticas que se comprometan a desobedecer a las instituciones europeas y sus exigencias. Es tan real que cuando la extrema derecha lo hace consigue un gran éxito. Porque existe un gran rechazo popular totalmente comprensible a «Europa» tal como está construida, tal como funciona. Es una Europa dominada por el 1 % más rico o, en pocas palabras, una Europa dominada por el gran capital. Es una Europa fortaleza. Hace falta otra Europa, una Europa por la integración de los pueblos y no del capital, una Europa solidaria con los demás pueblos del mundo, una Europa de la paz, de la justicia social, una Europa de la transición ecológica, de la multiculturalidad...  
Si dejamos el monopolio de la denuncia de la Europa real a la extrema derecha, esta ganará, porque muchas personas están disgustadas por la política europea. Mire lo que pasa con el brexit, con Marine le Pen en Francia, con el auge de la derecha en Alemania y en Austria.  
Si la extrema derecha reivindica alto y claro un fuerte rechazo a Europa y la extrema izquierda no se planta frente a Jean-Claude Juncker y Mario Draghi, no conseguirá nada.  
Así pues, la izquierda radical debe movilizarse por el plan B y anunciar claramente: «Desobedeceremos». Y no decir: «Quizá desobedezcamos».  
Como dijo el líder de los mineros británicos Arthur Scargill en 1985: «Necesitamos un Gobierno que sea tan fiel al pueblo como el Gobierno de Thatcher es fiel a la burguesía».  
La Syriza dirigida por Tsipras no materializó esa esperanza y espero que no se repita lo que ocurrió en Grecia. Intento actuar en ese sentido a mi modesto nivel. Pero lo importante son las movilizaciones populares que permitirán desbloquear la situación.  
Entrevista realizada por Paul Blanjean y Monique Van Dieren para la revista Contrastes - Equipes Populaires.
 
Notas:  
(1) Ver su biografía (en inglés): https://en.wikipedia.org/wiki/Nadia_Valavani  
(2) Ver su biografía (en inglés): https://en.wikipedia.org/wiki/Manolis_Glezos  
(3) Después de conseguir 1,6 millones de votos en las elecciones de 2011 que le dieron 11 diputados, Izquierda Unida-Unidad Popular obtuvo 923.000 votos en las elecciones de diciembre de 2015 (es decir, perdió más de 700.000 votos) y debido a la ley electoral, muy desfavorable para los partidos pequeños, solo consiguió dos diputados, lo que corresponde a 1/3 de los votos obtenidos por Podemos (3.182.082 votos y 42 parlamentarios). El resultado de Izquierda Unida (IU) en diciembre de 2015 representaba casi un tercio de los votos obtenidos por Podemos (sin contar las coaliciones regionales en las que participaba Podemos). Podemos obtuvo 42 diputados con poco más de 3 millones de votos en diciembre de 2015 mientras que IU solo obtuvo dos diputados con 923.000 votos. 
(4) Ver http://www.inprecor.fr/article-Belg... ; http://www.rtbf.be/info/belgique/de... ; http://www.lalibre.be/actu/belgique... ; http://www.lcr-lagauche.org/daniel-... ; 
(5) El total de los votos obtenidos por Podemos, Izquierda Unida y diversas importantes coaliciones apoyadas por Podemos e IU (en Cataluña, Valencia y Galicia) se elevó a 6,1 millones el 20 diciembre de 2015, mientras que en las elecciones del 26 de junio de 2016 el total cayó a poco más de cinco millones. La pérdida de votos es superior a un millón. Por el contrario, grosso modo, las coaliciones regionales (en Cataluña en Comú Podem incluso ha progresado) han mantenido el resultado de diciembre de 2015, son Podemos e Izquierda Unida los que han perdido más de un millón de votos. Los electores que abandonaron a Unidos Podemos no han votado a otros partidos, se han quedado en casa. La dirección de Podemos, que esperaba arrebatar muchos votos al Partido Socialista adoptando un discurso más moderado, tiene una amplia responsabilidad en este fracaso. Una buena parte de los electores que han perdido Podemos e IU no fueron a votar el 26 de junio porque estaban decepcionados por el discurso moderado de Unidos Podemos. 
(6) Hay que señalar que las alcaldesas Manuela Carmena (Madrid), Ada Colau (Barcelona) y el alcalde Pedro Santisteve (Zaragoza) no son de Podemos ni de Izquierda Unida, pero están apoyados por ellos. En Oviedo el alcalde es del Partido Socialista en coalición con Podemos e Izquierda Unida. En Cádiz el alcalde, José María González Santos «Kichi», es de Podemos. 

Fuente original: http://www.cadtm.org/La-gauche-ne-doit-pas-jouer-les

Fuente: Rebelión

sábado, 27 de febrero de 2016

Sobre el Plan B


 
Intervención del economista en la reunión del Plan B en Paris
 
Intervención del economista en la reunión del Plan B en Paris
 
Frédéric Lordón
Escuchad. No voy a decir cosas muy técnicas ni cosas muy nuevas. Tampoco voy a presentaros un plan de arquitectura monetaria alternativa. Me gustaría simplemente insistir en lo que a mi modo de ver son los aspectos fundamentales que están en juego bajo el nombre de plan B.
Y sin embargo me gustaría empezar destacando que hay carencias en la racionalidad elemental del aprendizaje que no solo son errores intelectuales, sino que casi son crímenes políticos, atentados a la esperanza en todo caso. Por ejemplo, aquellas que el grillete del euro anula radicalmente y que solo podrán restaurarse rompiendo este grillete.
Precisamente ahora que podría hacerse, después de mucho tiempo, un análisis del callejón sin salida liberal, de una forma de tiranía burocrática que anula toda posibilidad de compromiso, resulta que el espectáculo de un gobierno de izquierdas –griego, en este caso– molido a palos en las trastiendas de la eurozona no basta para dejarlo claro, y que ellos mismos, algo sonados, continúan buscando lo inencontrable y queriendo lo imposible: el euro progresista y democrático, el equivalente monetario del elefante rosa o de la gran serpiente emplumada.
Y es como si esta izquierda fuera a incorporarse –lo quiera o no, se dé cuenta de ello o no– al gran partido unificado del euroliberalismo, al menos en lo que constituye en realidad su último argumento, lo que yo llamo el fetichismo del euro: el euro intransitivo, el euro por el euro sean cuales sean las consecuencias.
Pues finalmente, a la pregunta “¿Por qué el euro?”, el europeísta intransitivo y sus partidarios solo saben responder “porque sí”, o cuando tratan de decir otra cosa –seamos escrupulosos, a veces tratan de hacerlo– lo único que puede sacarse en claro de sus palabras es una profesión de fe propia de Miss Francia –quiero decir, por supuesto, de Miss Europa– en la que el núcleo argumental consiste en la idea de la paz y la amistad entre los pueblos.
Y como pasa con todos los sonámbulos si no queremos hacerlos caer del podio, es sin duda peligroso despertarlos de su sueño alucinado para hacerles ver que, de acuerdo con sus propios criterios, la construcción europea es un terrible fracaso. Jamás se habían visto tantas tensiones políticas de todo tipo, y tan cerca del punto crítico: la extrema derecha nacionalista a las puertas del poder, separatismo endémico, pueblos que se levantan unos contra otros, etcétera, etcétera.
Si la construcción europea fracasa hasta ese punto, y según sus propios criterios, es sin duda que algo ha sido mal pensado por el camino, pero ¿qué? La respuesta a esta pregunta es la siguiente: lo que ha sido mal pensado –en realidad, lo que no ha sido pensado en absoluto– son las condiciones de posibilidad de la constitución de una comunidad política. La eurozona dice morir en deseos de ser una comunidad política. Pero la verdad es que nunca ha querido serlo, en todo caso no en el sentido de una comunidad política democrática. ¿Puede llegar a serlo? Esta es la cuestión.
Yo pienso, desgraciadamente, que la respuesta es no, y que después de tantos años perdidos, ya va siendo hora de admitirlo. De entrada, la respuesta es no, porque, contrariamente a lo que dice una leyenda urbana mediáticamente muy difundida, liberalismo y democracia distan mucho de ser sinónimos perfectos.
Digamos, más bien, que debido a su carácter de doctrina para uso de los más fuertes, el liberalismo tolera muy bien ser de geometría variable. Por ejemplo, el neoliberalismo europeo no ve ningún problema en el hecho de ser un “iliberalismo” político profundamente antidemocrático. Ahora bien, hasta hace poco, el neoliberalismo era la tendencia general de todos los Estados miembros. ¡Y luego vino Syriza! Y Podemos, y la coalición portuguesa, alternativas un tanto balbuceantes, incluso timoratas respecto a esta cuestión decisiva del euro, pero finalmente las cosas parecen poder cambiar y la esperanza parece renacer.
Y digo, sin embargo, que las cosas cambiarán todavía más, tarde o temprano llegará el momento en que toparán con un obstáculo singular, y singularmente resistente. Estoy pensando en Alemania.
¿Es todavía posible hablar de Alemania en Francia? Tendría que serlo, sobre todo teniendo en cuenta que nada impide en principio caminar entre los escollos de la negación y la eructación germanófoba, pero la catástrofe es que el riesgo de topar con el segundo escollo conduce sistemáticamente al primero, y que a fuerza de tener miedo de los malos pensamientos, uno acaba prohibiéndose pensar en nada, y en particular en la idiosincrasia monetaria alemana.
La izquierda sufre un ataque de pánico intelectual de tal magnitud que se ha vuelto casi imposible pensar cualquier cosa de este tipo. Tiene que haberse producido, efectivamente, una terrible regresión teórica para que un análisis como este sea groseramente reducido o equiparado a una evidentemente y también aberrante psicología del espíritu de los pueblos, o liquidado, de manera aún más clara, etiquetándolo de esencialismo, que es en este caso el asilo de la ignorancia voluntaria y del rechazo a analizar.
¿Acaso hay que renunciar, por ejemplo, a reflexionar sobre la relación particular que tiene la sociedad norteamericana con las armas de fuego, o a la que tiene la sociedad francesa con el laicismo o con el Estado, por temor a caer en el esencialismo americanófobo o francófobo?
¿Acaso las ciencias sociales, y especialmente las históricas, no tienen, entre otros, el objetivo de poner en evidencia los imaginarios comunes y de analizar las creencias colectivas de larga duración, que solamente las ciencias llamadas humanas –y especialmente las que tienen que ver con la economía–, sumidas como están en un individualismo metodológico, han perdido totalmente de vista?
El drama de la época es que sea preciso hacer tantos preámbulos para tener alguna posibilidad de establecer una discusión analítica un poco seria sobre la cuestión alemana, discusión analítica seria cuyo criterio mismo es que sea posible tenerla en presencia de nuestros camaradas alemanes, una discusión que evidentemente no puedo desarrollar aquí in extenso, pero que resumiré en unos cuantos puntos que me parecen esenciales:
1/ Es indiscutible que todos los Estados miembros, arrastrados desde hace décadas por la ola neoliberal, han validado con entusiasmo los principios ideológicos de la eurozona y se han hecho corresponsables de ellos. ¡Todos!
2/ Esta unanimidad no debe impedirnos ver que, entre todos estos estados, Alemania juega a algo que solo le pertenece a ella, porque lo ha heredado de su historia, que es una historia singular.
3/ A medio camino entre la obsesión y la conjuración de los traumas del pasado, y la reinversión simbólica en una identidad de sustitución, la sociedad alemana ha establecido con la moneda una relación que no tiene equivalente en Europa y de la que puede afirmarse que es una relación metapolítica en la medida en que difiere por su naturaleza y también por su temporalidad de las ideologías políticas ordinarias.
4/ Se ha seguido de ello que la adopción de su modelo institucional y concretamente la beatificación de los principios de política monetaria y presupuestaria en unos textos intocables –los de los tratados– han sido las contrapartidas sine qua non de la entrada de Alemania en la eurozona. Desde ese mismo instante, el carácter antidemocrático del euro estaba sellado, pues se sale de la democracia en el momento en que las orientaciones fundamentales de la política económica se sustraen a la deliberación de cualquier instancia parlamentaria ordinaria.
5/ Es verdad, sin embargo, que, como toda formación política, por mucho que haya durado, la creencia monetaria alemana producida por la Historia, pasará con la Historia.
6/ Y como toda creencia, por lo demás, tampoco esta es unánimemente aprobada en la sociedad alemana. El hecho de que tenga sus disidentes, a semejanza precisamente de los camaradas aquí presentes, no impide que de momento sus raíces sean profundas. Quiero destacar un dato elemental de una interpretación tosca de las prácticas monetarias: que en Alemania el 80% de los pagos se hacen en efectivo, mientras que en Francia son el 56% y en Estados Unidos el 46%. ¡Un dato significativo, sin duda!
Y que la utilización de las tarjetas de crédito es realmente objeto de una reprobación social. Digo esto pensando en quienes creen que la fijación monetaria es algo exclusivo de las élites alemanas o del capital alemán, y que el resto de la sociedad está exenta de ello. No es así en absoluto, y podría señalar otros muchos indicios…
7/ Sabiendo dónde se encuentra ahora el centro de gravedad de la sociedad alemana por lo que respecta a esta cuestión monetaria, habría que preguntarse cuáles son las probabilidades de que llegue a desplazarse, con qué amplitud y sobre todo a qué velocidad. Si, como yo creo, es una cuestión que puede alargarse en el tiempo, el problema es que hay poblaciones en Europa que ya no tienen tiempo de esperar.
Es posible retomar sintéticamente todos estos elementos diciendo lo siguiente:
Tenemos en Europa el problema general del neoliberalismo, pero ese problema general conoce una complicación particular, que es la complicación ordoliberal alemana.
¿Por qué doy tanta importancia a la idiosincrasia monetaria alemana? Porque es el grillete del grillete, y porque para mí es el núcleo de una anticipación razonada que podría hacernos ganar tiempo haciéndonos recorrer, mediante el pensamiento, el proceso del plan A para llegar inmediatamente a su término.
Y al final del trayecto, e incluso habiendo superado todas las demás dificultades, la complicación alemana será, me temo, el último obstáculo con el que toparían las tentativas de reconstrucción de un euro democrático. Pues si por algún motivo extraordinario dicho proyecto llegase a tomar consistencia, sería Alemania –podemos estar convencidos de ello– la que tomaría el portante, ¡posiblemente acompañada, por lo demás! ¡Y he ahí la hipótesis sistemáticamente olvidada, la tarea ciega por excelencia, el Grexit! Y la paradoja del otro euro, del euro democratizado, es que fracasaría en el momento mismo en que se dispone a triunfar, por el hecho mismo de que se dispone a triunfar.
Es este término el que condena del modo más concluyente el proceso, la simple probabilidad de su nacimiento es de las más débiles. Y es que el inicio de una prueba de fuerza en el seno de la eurozona supone prácticamente algo más que un simpático partido progresista europeo.
Hace falta también el acontecimiento efectivo y simultáneo de un número suficiente de gobiernos verdaderamente de izquierdas. Pero ¿cuánto tiempo ha tenido que pasar para que se produjera en Grecia la primera verdadera alternancia política en la Unión Europea? ¿Y cuál sería la probabilidad conjunta de esta alineación de planetas que estoy evocando? Es casi nula, y todo el mundo aquí lo sabe.
Entre los numerosos errores intelectuales del internacionalismo, del internacionalismo imaginario, está el que consiste en esperar, con el arma en posición de descanso, la sincronización del levantamiento continental. Pues bien, en ese caso, y al igual que los alabarderos de la ópera que cantan “Marchons, marchons!” marcando el paso, con opositores como nosotros el euro tiene todavía muchos días por delante. De todo esto se puede extraer una conclusión y solo una. La conclusión del internacionalismo real.
El internacionalismo real no es el permanente ojo avizor ante el desierto de los tártaros, sino la coordinación de las izquierdas europeas para trabajar en todas partes para el advenimiento de la ruptura y la salida, y luego empujar al primero que esté en situación de efectuarla, ¡sin que tenga que esperar a los demás!
El internacionalismo real es también el abandono de esta aberración que solo sabe medir los lazos entre los pueblos con el rasero de la integración monetaria, la circulación de las mercancías o la de los capitales. Y es, a contrario, el tejido de todos los demás lazos posibles e imaginables: científicos, artísticos, culturales, estudiantiles, tecnológicos e industriales, etcétera, etcétera.
El internacionalismo real es, en fin, salir de la intimidación, de la intimidación de la extrema derecha nacionalista, o más exactamente, de la intimidación por parte del eurobloque liberal que solo tiene este argumento en reserva. Sin duda la extrema derecha es abominable, pero también es providencial porque permite tratar de “nacionalistas xenófobos” a todos aquellos que proyectan irse de la jaula de hierro. Es muy simple: ¡si en Francia no existiese el FN, habría que inventarlo!
Y lo peor de todo es que es una izquierda lo bastante burra como para dejarse asustar, incluso, a veces, para hacer su propia aportación a ese argumento tan infame como engañosamente seductor. Pues por razones que tienen que ver a la vez con los temores de su electorado de más edad, con su ideología económica invertebrada, y con las colusiones que ya ha establecido con el capital, un FN llegado al poder no tomaría la decisión de salir del euro. Y es aquí donde los errores intelectuales se convierten en desastres políticos.
La izquierda amedrentada se habrá dejado arrebatar sin combatir una alternativa que el que se la habrá arrebatado ni siquiera llegará a explotar. ¡Espléndido resultado! ¿Y de qué alternativa estamos hablando? De la única que representa en realidad una diferencia radical, una de estas diferencias que el cuerpo social teme no ver jamás propuesta en el ámbito de los partidos llamados de gobierno, desde ahora reducidos al grillete continuo de la derecha general. Es por ello que, muerto de hambre política, el pueblo se lanza con avidez sobre la más pequeña diferencia que pasa por su campo de visión, aunque sea la peor, la más falaz, la que esgrimen los más inmundos demagogos, porque es al menos una diferencia y porque crea la sensación de que es posible respirar de nuevo.
Si no tuviese miedo de su sombra, sería la izquierda la que podría introducir una diferencia políticamente digna: la diferencia de la salida del euro, la diferencia de la soberanía democrática restaurada, la diferencia del bloqueo a toda política progresista finalmente levantado, la diferencia del internacionalismo real.
Si consigue liberarse de todas las prohibiciones imaginarias y de todas las inconsecuencias que hasta ahora han pesado terriblemente sobre la cuestión del euro, el plan B no tiene otro sentido que ser el portador histórico de esta diferencia. Y en el punto en que nos encontramos, digámoslo con énfasis: es el único restaurador posible de la democracia.
Pero todavía es necesario que tenga las ideas un poco más claras, y un poco menos de esa pusilanimidad que ha condenado a Tsipras a tantas renuncias, a tantas derrotas y, desgraciadamente, a fin de cuentas, a tantas humillaciones.
Tener las ideas claras es saber por qué se pone uno en movimiento y por qué se lucha. Si no quiere ser la B de Baratija o de Bagatela, el plan B tendrá que apuntar como mínimo al objetivo máximo, que es de hecho el mínimo admisible: el objetivo de la plena democracia.
La plena democracia es la desconstitucionalización integral de todas las disposiciones relativas a la política económica y su repatriación al perímetro de la deliberación política ordinaria. Pero es esto mismo lo que es radicalmente imposible en la medida en que el euro democrático es una realidad que tiene casi tan poco de realidad como un círculo cuadrado.
La experiencia decisiva para convencerse de ello consistiría en preguntar simplemente a los electores alemanes si aceptarían que el estatus del Banco central, la naturaleza de sus cometidos, la posibilidad de la financiación monetaria de los déficits, el nivel de las deudas, la posibilidad de anularlas, en fin, si aceptaría que todas estas cosas se sometiesen a la deliberación ordinaria de un Parlamento europeo. Y, por supuesto, también cuando las posiciones alemanas en estos asuntos quedasen en minoría.
Pues, en una primera aproximación ¡la democracia es eso! No creo que la respuesta a esta cuestión vaya a tardar mucho… Y no será ciertamente la que dan por descontada los amigos del euro democrático o los del Parlamento del euro. Pues bien, y lo digo de pasada, esta es ciertamente una de las aberraciones paradójicas y características del poder de intimidación del euro: que sea posible ver a los representantes de la izquierda radical y a los de la socialdemocracia más inofensiva haciendo causa común en torno a las mismas ilusiones, y topando con el mismo miedo a cuestionar lo que tiene que ser cuestionado.
El plan B como bagatela, como fruslería, sería flaquear ante el único compromiso importante –la democracia total–, y montar una máquina de guerra de cartón-piedra para recuperar algunas anulaciones de deudas, o la autorización de un punto suplementario de déficit presupuestario, dejando por supuesto intacto el resto de la estructura antidemocrática.
Lamentablemente, es muy posible, si se quiere, como ha hecho Tsipras y como han hecho otros después de él, posponer el máximo tiempo posible el momento en que las contradicciones se quedan totalmente al desnudo: rechazar la austeridad y quedarse en el euro, tener el euro y la democracia. Estas promesas son insostenibles porque son contradictorias, y peor que contradictorias, sin solución de compromiso posible. Si quiere dejar atrás la inanidad, la izquierda tendrá que sanar de este mal de la época que es la inconsecuencia, es decir, tendrá que aprender a querer las consecuencias de lo que quiere.
¿Quiere realmente la democracia? Entonces no puede querer quedarse en el euro.
No es posible salvar nada haciendo concesiones respecto a los principios más fundamentales de la política, pues nunca se ha salvado nada a costa de la democracia.
En general, antes de ir a la guerra, conviene tener muy claros cuáles son los objetivos. Excepto para los amantes de las tisanas, no tiene ningún sentido guardar el rabo de las cerezas. Corresponde, pues, a la izquierda del plan B decidir si quiere tomarse una infusión y “buenas noches”, o si quiere finalmente recuperar el sabor de la verdadera política.
Muchas gracias.
Fuente: Rebelión

viernes, 19 de febrero de 2016

El Plan B para Europa reúne en Madrid una cumbre social contra la austeridad


 

Yanis Varufakis, Susan George, Julian Assange, Oskar Lafontaine, Yayo Herrero, Alberto Garzón, Miguel Urbán, Mònica Oltra y Gerardo Pisarello, entre otros, participan este fin de semana en unas jornadas sobre la necesitad de un "plan B para Europa"
Los ejes de debate serán la deuda, la crisis ambiental, el feminismo, la lucha contra la xenofobia, los tratados de libre comercio, la profundización democrática y los derechos sociales y laborales
Los participantes esperan que, como resultado de las jornadas, se lance una agenda de movilizaciones europeas aprobada en asamblea el domingo por la mañana
Consulta aquí el programa completo de las jornadas
Andrés Gil
18/02/2016 - 20:24h
A protester holds a banner ''People over banks'' on the opening day of the European Central Bank (ECB) in Frankfurt am Main, western Germany, on March 18, 2015. Supporters of the so-called Blockupy alliance consisting of social movements, activists, workers, trade unions and parties are expected to stage large protests against austerity and the authority of the European Central Bank when the bank's new headquarters officially will be on March 18, 2015.
Un manifestante con una pancarta de "Las personas por encima de los bancos" en una protesta contra la austeridad en Francfort convocada por Blockupy en marzo de 2015. Markus Heine/ZUMA Press/
ENTREVISTA
El exministro griego Yanis Varufakis ofrece una rueda de prensa sobre la presentación de su Movimiento.
Yanis Varoufakis: "Si no logramos democratizar Europa, se desintegrará"
La plaza, esta vez, será el Matadero, en Arganzuela (Madrid). En ella, organizados en foros, talleres y sesiones plenarias, algunas simultáneas, se debatirá sobre la necesidad de "un plan B para Europa contra la austeridad y por una revolución democrática", y las posibles alternativas en función de siete ejes. Y el domingo por la mañana, en asamblea, se aprobará un calendario de movilizaciones europeo.
¿Y quiénes estarán en esa plaza? Activistas sociales y representantes de organizaciones políticas, algunos en las instituciones y otros no. Ninguno de los cuales reclama la autoría organizativa de la cita.
"No es patrimonio de nadie, sino de todos. Nos ha salido bien, hasta ahora", explica el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, participante y uno de los organizadores, "todo el mundo va a venir a Madrid, movimientos sociales, partidos de diferentes países, va a venir el presidente de la fundación de Syriza, direcciones de IU, Podemos, va a ser muy muy amplio".
Urbán explica que se trata de "unas de las conferencias más importantes contra la austeridad en los últimos años, que pretende sacar un proceso de movilización europea, en torno a la austeridad, el TTIP, los refugiados y la construcción de una Europa diferente".
El programa arranca este viernes con una presentación de las jornadas, por parte de Zoé Konstantopoulou, expresidenta del Parlamento griego; Oskar Lafontaine, exministro de finanzas de Alemania; Corinna Genschel, de Blockupy Alemania; Eric Toussaint, portavoz del Comité por la anulación de la deuda CADTM; Marina Albiol, eurodiputada de Izquierda Unida; Lola Sánchez, eurodiputada de Podemos; y Mercedes Lovera, Plataforma de Afectadas/os por la Hipoteca (PAH Vallekas).
"El sábado arrancan las jornadas de trabajo", explica Marga Ferré, responsable de Programas de IU e integrante de la organización, "y el domingo haremos una asamblea por la mañana para poner en común agendas de movilización y puntos de acuerdo: es un puente de diferentes iniciativas europeas, y nuestro objetivo es que todas las propuestas se debatan y sacar una agenda común internacionalista contra la austeridad".
"Gran parte de los problemas que tenemos y vamos a tener se llama UE", argumenta Urbán, "y gran parte de las soluciones, una Europa diferente, también ha de surgir de dentro de la UE. Grecia demuestra que hay que refundar un nuevo internacionalismo y que tenemos que tener un pueblo valiente, un Gobierno valiente: es una lección de Grecia que queremos empezar a construir".
Los diferentes foros, talleres y plenarios que se desarrollarán a lo largo del sábado versarán sobre los siguientes ejes: la deuda, la crisis ambiental, el feminismo, la lucha contra la xenofobia, los tratados de libre comercio, la profundización democrática y los derechos sociales y laborales.
Y en ellos participarán personas como Varufakis, Urbán, Susan George, el economista Cédric Durand; Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento europeo; Yayo Herrero, de Ecologistas en Acción; Julian Assange (por videoconferencia); Costas Lapavitsas, profesor de Economía en SOAS; Amaia Pérez Orozco, economista feminista, Carlos Sánchez Mato, concejal de Economía y Hacienda de Madrid; Mònica Oltra, vicepresidenta de la Generalitat Valenciana; Gerardo Pisarello, teniente alcalde de Barcelona; Pedro Santisteve, alcalde de Zaragoza; Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida-UP; Rafael Mayoral, diputado de Podemos; y Tania González, eurodiputada de Podemos, entre otros.
"Hay un elemento central, que es el de los refugiados, la Europa fortaleza, el auge de la austeridad y un autoritarismo orwelliano en una mutación hacia la derecha europea, que recuerda a nuestra historia más negra", relata Urbán: "Ante eso, los socialistas y los populares europeos se están adaptando, y nosotros queremos combatir la xenofobia, el racismo, no simplemente con el discurso de que entren todos, sino para impedir la batalla de pobres contra pobres. Y para eso hacen falta ayudas sociales y derechos sociales para todos: que haya una Europa social es la mejor forma de acabar con la xenofobia".
"La idea es internacionalista", subraya Ferré, "que se construye entre todos: no se plantean salidas nacionalistas, sino disputar a las instituciones europeas el poder".
La cita de Madrid llega diez días después de que Varufakis haya presentado en Berlín su DiEM 25 (Movimiento 2025 por la Democracia en Europa), y también después de que, en verano pasado, el propio Varufakis, impulsara la  campaña Por un plan B en Europa, junto con  el líder del Parti de Gauche francés, Jean-Luc Mélenchon, la expresidenta del parlamento heleno Zoe Konstantopoulou –candidata de Unidad Popular, escisión de Syriza–, el alemán Oskar Lafontaine –Die Linke–, y el italiano Stefano Fassina –Partido Democrático, exviceministro de Economía–.
La campaña fue presentada en octubre en el Parlamento Europeo por Mélenchon, los eurodiputados del GUE Marina Albiol (IU), Miloslav Ransdorf  (Partido Comunista de Bohemia y Moravia) Javier Couso (IU), Nikolaos Chountis (Unidad Popular), Sabine Lösing (Die Linke) y Rina Ronja Kari (Movimiento popular contra la UE, danés).
"Otra cita parecida será en Berlín el 3 y 4 de junio, organizada por la fundación Rosa Luxemburgo, sobre los mismos temas", adelanta Ferré, "viene gente de Berlín también y nosotros iremos a Berlín también. Lo que vemos es que la posibilidad de que haya gobiernos más o menos progresistas en el sur de Europa y en Irlanda puede cambiar la perspectiva que puedan tener los poderes. Van a surgir más iniciativas y lo que nos ha sorprendido es la increíblemente buena acogida de la propuesta".

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