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sábado, 10 de septiembre de 2016

G20





por Thierry Meyssan

Los jefes de Estado y de gobierno buscan oportunidades para reunirse y abordar cuestiones bilaterales, incluso de carácter multilateral. Y acaban padeciendo de “reunionitis”, una enfermedad que consiste en realizar cumbres inútiles sólo para poder reunirse y negociar sobre otros temas, sin tener que justificar ese otro encuentro. La cumbre del G20 en Hangzu no escapó a esa nueva tendencia.
Los jefes de Estados de los países miembros del G20 acaban de reunirse en Hangzhu (China). El G20 es el encuentro entre las 19 economías más importantes del mundo –no participan España, los Países Bajos, ni Suiza– más la Unión Europea. Este foro fue creado en 1999, al margen del G7, con los ministros de Relaciones Exteriores para asociar las economías emergentes a las decisiones de las potencias occidentales. Y posteriormente se convirtió en una cumbre entre los jefes de Estado, ante la crisis financiera de 2008, con la esperanza de limitar la propagación de aquella crisis.

El hecho es que ninguna cumbre del G20 ha tomado decisión alguna sobre ningún tema. Lo cual es más bien tranquilizador porque lo contrario querría decir que son los ricos quienes deciden en lugar de los pobres.

Se supone que el G20 se dedicar al análisis de los problemas económicos. Actualmente se trata de la pérdida de impulso del crecimiento mundial, de una eventual detención de la globalización y de la posible disolución de la Unión Europea. En la apertura del G20, el presidente chino Xi Jinping subrayó la necesidad, en su opinión, de evitar el regreso al proteccionismo y de seguir, por el contrario, desarrollando el comercio mundial para dar un nuevo impulso al crecimiento.

Sin embargo, debido a la poca influencia de los responsables políticos sobre la economía, el G20 fue sobre todo una oportunidad para que los participantes se reunieran al margen de la cumbre para abordar temas políticos: Ucrania, Siria y el terrorismo.

Como siempre sucede, todo el mundo dijo querer preservar la libertad comercial, defender la paz y luchar contra el terrorismo. Pero todos saben que la supremacía de Estados Unidos no resistirá por mucho tiempo ante la apertura de las dos «rutas de la seda» y que los estadounidenses están haciendo todo lo posible para dividirlos en bandos separados utilizando la cuestión del Donbass, en Ucrania, y los conflictos en Siria e Irak.

La Casa Blanca anunció que había fracasado la negociación con el Kremlin por la paz en Siria, supuestamente porque Moscú «dio marcha atrás» sobre «numerosos puntos». ¿Cuáles son esos puntos? La Casa Blanca prefirió, por supuesto, no precisarlos… ¿Por qué? Porque no existen. Desde la conclusión del acuerdo de paz de Ginebra-1, en junio de 2012, son los occidentales –y sólo ellos– quienes han hecho fracasar las numerosas negociaciones. Por dos razones:

La primera es que no quieren una paz generalizada, porque pretenden mantener el caos en el desierto sirio-iraquí para impedir los intercambios comerciales entre Asia y Europa.
La segunda razón es que Washington no quiere reconocer que Rusia ha recuperado el lugar que ocupaba la URSS en la escena internacional, ni compartir el poder con ella.
En cuanto a la lucha contra el terrorismo, desde hace años es el pretexto ideal para permitir a Estados Unidos controlar las transferencias de fondos, lo cual permite a quienes financian el terrorismo y arman a los terroristas mantener las sanciones precisamente contra quienes realmente luchan contra el terrorismo: Irán, Rusia y Siria.

El G20 no puede ser, por consiguiente, más que una oportunidad para dar pequeños pasos políticos con el pretexto de celebrar una reunión de carácter económico. De esa manera, Rusia y Turquía aprovecharon ese encuentro para culminar el restablecimiento de sus intercambios comerciales y económicos, lo cual debería contribuir a que se produzca una evolución de la posición de Ankara sobre Siria.

Thierry Meyssan

Fuente: Al-Watan (Siria) - Red Voltaire

jueves, 20 de noviembre de 2014

Juegos Asiáticos: Putin 2, Obama 0

 

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G20 EN BRISBANE, AUSTRALIA

La imagen mediática que nos presentaron en los últimos días fue la de un Putin al que Obama supuestamente puso contra la pared, tanto en Pekín como en Brisbane, al extremo de haberse visto obligado a irse antes de tiempo de la cumbre del G20. Exactamente lo contrario de lo sucedido.

En Pekín, en ocasión de la cumbre de la APEC [1], Obama concluyó con China un acuerdo –tan «histórico» como nebuloso– que prevé la reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero de aquí al año 2030. Por su parte, Putin concluyó con China 17 acuerdos operativos de importancia estratégica, siendo el más importante el acuerdo –válido por 30 años– en virtud del cual Rusia garantizará a China entre 30 000 y 40 000 millones de gas de metros cúbicos de gas natural a través de un corredor energético que se extenderá desde la Siberia oriental hasta la China noroccidental. La realización de ese proyecto convertirá a China en el principal importador de gas ruso.

También se firmaron acuerdos sobre proyectos energéticos conjuntos en la región de Arkangels y en el extremo oriente ruso. Las mayores compañías energéticas rusas –Gazprom, Rosneft y Lukoil– están a punto de comenzar a cotizar sus acciones en la Bolsa de Hong Kong, y no en dólares sino en monedas asiáticas como el yuan chino, el dólar de Hong Kong y el dólar de Singapur. El proceso de desdolarización de los intercambios comerciales, al que mucho teme Estados Unidos, da un nuevo paso adelante con el acuerdo entre el Banco Central de Rusia y el Banco Popular de China. Además, el Exim Bank, que financia la exportaciones e importaciones de la República Popular China, ha efectuado inversiones en varios bancos rusos –como Vnesheconombank, Vtb y Rosselkhozbank– afectados por las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea.

Otro acuerdo importante tiene que ver con la creación en China y Rusia de grandes centros dedicados a la alta tecnología, destinados particularmente al desarrollo de los sistemas satelitales de navegación internacional –el Glonass ruso y elBeidu chino– que representan alternativas al uso del sistemaGPS estadounidense. Ese acuerdo incluye la instalación en China de varias estaciones terrestres del sistema ruso Glonass.

El jefe del estado mayor ruso, Valeri Gerasimov, anunció además que Pekín y Moscú han llegado a acuerdos sobre «numerosos proyectos de cooperación militar». Uno de ellos tienen que ver con el caza furtivo chino J-31, análogo al F-35estadounidense. Ese interceptor, dotado de 2 motores rusos, pudo ser visto en vuelo durante la Feria Aeroespacial de Zhuhai, en la China meridional, mientras el presidente estadounidense Obama se hallaba de visita en Pekín.

Los vínculos entre los dos países «representan una tendencia irreversible», declaró el presidente Xi en su décimo encuentro con el presidente Putin desde su entrada en funciones, en marzo de 2013. Como prueba de ello, los dos presidentes anunciaron que China y Rusia celebrarán juntos, en 2015, el 70º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Un clima análogo pudo verse en Brisbane (Australia), donde se desarrolló un G20 inconcluso, que anunció como objetivo un crecimiento de 2,1% de aquí al año 2018 (esa cifra es la media estadística entre una China cuyo PIB crece en un 8% anual y una Italia prácticamente paralizada).

Pero lo más importante fue lo que sucedió en Brisbane al margen del G20: la reunión de los jefes de Estado y de gobierno de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El PIB total de esos 5 países, a la par con el poder adquisitivo, es más alto que el del G7. Esos 5 países representan más del 20% del producto bruto y del comercio mundial y el comercio interno de los BRICS se ha multiplicado por 2 en 5 años, alcanzando los 300 000 millones de dólares.

En Brisbane, los cinco líderes confirmaron la creación, dentro del grupo BRICS, de un Banco para el Desarrollo con un capital de 100 000 millones de dólares (en los que China aporta 41 000 millones) y de un Fondo de Reserva de otros 100 000 millones de dólares destinados a garantizar liquidez de respaldo a los países miembros.

El «liderazgo estadounidense en la region Asia-Pacífico» que Obama proclamó en Brisbane tendrá que contar con los cambios del mundo.

Manlio Dinucci

Fuente
Il Manifesto (Italia)

por Manlio Dinucci

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