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domingo, 26 de junio de 2016

La ultraderecha europea celebra como propia la victoria del Brexit






  • El Frente Nacional de Le Pen canta victoria y recuerda que habrá otro referéndum similar en Francia si su líder gana las elecciones presidenciales 
  • El líder de la ultraderecha holandesa pide una referéndum sobre la pertenencia de su país a la UE



Angelique Chrisafis y Philip Oltermannin - París / Berlín



Los partidos europeos de ultraderecha han celebrado el voto británico a favor de la salida de la UE como si fuera una victoria de sus posiciones contrarias a la inmigración y la UE y han prometido que presionarán para que se celebren referendos similares en sus países.

El Frente Nacional lo ve en Francia como un claro impulso a la candidatura de Marine Le Pen para las elecciones presidenciales del próximo año, además de para el programa antiEuropa y antiinmigración del partido. "Como muchos franceses, estoy muy feliz por que el pueblo británico haya aguantado la presión y tomado la decisión correcta", dijo Le Pen a la radio RTL. "Lo que ayer pensábamos que era imposible, hoy se ha convertido en posible".

Florian Philippot, vicepresidente del partido, dijo en Twitter: "¡La libertad del pueblo siempre acaba ganando! ¡Bravo por el Reino Unido! ¡Ahora nos toca a nosotros!".



Es probable que Le Pen haga una declaración pública este viernes y celebre el Brexit como el principio del fin de la Unión Europea.  Marion Maréchal Le Pen, sobrina de Le Pen y uno de los dos diputados del Frente Nacional, tuiteó simplemente:

El líder de la ultraderecha holandesa,  Geert Wilders, pidió el viernes un referéndum sobre la pertenencia de Holanda a la UE. "Queremos controlar nuestro país, nuestra propia moneda, nuestras propias fronteras y nuestra propia política de inmigración", dijo Wilders en un comunicado.

En Alemania,  Beatrix von Storch, eurodiputada del partido euroescéptico  Alternative für Deutschland, que fue recientemente expulsada del grupo de los tories en el Parlamento Europeo por sus comentarios sobre "disparar a los refugiados", dio la bienvenida al resultado. "El 23 de junio ha sido un día histórico. Es el día de la independencia de Gran Bretaña. Preguntaron a la gente y ellos han tomado la decisión. La Unión Europea ha fracasado como unión política".

Incluso antes de que cerraran los colegios electorales en la noche del jueves, Le Pen tuvo una cena en París con sus asesores del Frente Nacional, todos sonrientes con banderas británicas y francesas. "Una atmósfera franco-británica para celebrar la libertad de las naciones", tuiteó  Philippot durante la cena. A las 3 de la mañana, el principal asesor de  Philippot comentó que si continuaba la tendencia en favor del Brexit, "iba a perder la cuenta de todas las personas que me deben champagne, una cena o chocolate".

Le Pen, de la que se espera que alcance con facilidad la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas del próximo año, se ha aprovechado del referéndum británico para promover sus ideas críticas sobre la UE. El Frente Nacional ha dicho que si Le Pen gana la presidencia, habrá un referéndum en los seis meses siguientes sobre la pertenencia a la UE y que el partido pedirá la salida francesa, o Frexit.

Aunque al final Le Pen decidió no viajar a Reino Unido para hacer campaña por el Brexit, ha apoyado desde fuera la campaña por la salida. La semana pasada, dijo a una televisión francesa que el referéndum británico era una prueba de que la UE estaba en un momento de "decadencia" y que Francia tenía "mil razones más para abandonar (la UE) porque nosotros tenemos el euro y Schengen". Advirtió de que la "estrategia del terror" de los partidarios de la UE en la campaña en Reino Unido ya no iba a funcionar.

En un discurso en Viena la semana pasada en una reunión de partidos ultraderechistas y euroescépticos bajo el eslogan "primavera patriótica", Le Pen dijo que el apoyo al Brexit en Reino Unido era una señal de que un "nuevo viento" por el patriotismo se respira en Europa en lo que llamó "la primavera del pueblo".

Nigel Farage, que en 2014 dijo que Ukip no se uniría en una alianza con el partido de Le Pen por "los prejuicios y el antisemitismo" del Frente Nacional, ha destacado, sin embargo, que ella "tiene algunas buenas cualidades" y que "ha conseguido muchas cosas importantes".


miércoles, 18 de mayo de 2016

Los españoles primero


Augusto Klappenbach


Augusto Klappenbach
Escritor y filósofo
Un reclamo insistentemente repetido que figura en carteles y pintadas callejeras de la ultraderecha, que consigue el apoyo de un número importante de ciudadanos y que hace algún tiempo fue escenificado en las campañas destinadas a proporcionar ayuda a familias afectadas por la crisis pero que limitaban su asistencia a ciudadanos españoles. Y una prueba más de que cuando determinadas abstracciones consiguen ocupar el lugar de los seres humanos de carne y hueso las consignas simplistas obtienen un éxito que resiste cualquier reflexión razonable. Las movilizaciones a favor de los privilegios de los nativos y al rechazo de los extranjeros todavía son relativamente minoritarias en España, pero han conseguido un lugar público importante en la vida política de países como los del este de Europa, Suecia, Francia, Austria, Alemania y en la campaña electoral de los Estados Unidos. Y, lo que es más importante, han tenido su concreción en la política de la Unión Europea acerca de los refugiados que se ha desecho de ellos sin cuidarse de cumplir su propia legislación.
No cabe duda de que las nacionalidades tienen un lugar en nuestra vida pública, que se organiza a través de los Estados. Parece razonable que determinados derechos, obligaciones y normativas afecten solo a aquellos ciudadanos que comparten la misma nacionalidad. Como también parece inevitable establecer ciertos controles y restricciones en el tránsito de personas entre naciones distintas. (Aunque resulte paradójico que estos tiempos de globalización y libre circulación de capitales y mercancías sean los mismos en que se levantan más vallas y controles para impedir el tránsito de personas). Pero cuando esos derechos y obligaciones se refieren a derechos fundamentales, incluyendo el derecho a la vida, pierden sentido los certificados administrativos.
En nuestro país, por ejemplo, se promulgó un decreto-ley en el año 2012 que excluía de la sanidad pública a quienes no tuviesen sus papeles en regla, con algunas excepciones. Una medida vigente con distintos matices en muchos países de Europa,  cuyos efectos, por fortuna, aquí han sido paliados en algunas comunidades autónomas. Exigir condiciones puramente administrativas para asegurar el cumplimiento de uno de los derechos fundamentales reconocidos en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas implica una evidente distorsión de una razonable jerarquía de valores, más allá de lo que se pueda opinar desde un punto de vista estrictamente jurídico. Y lo mismo sucede con el caso de los refugiados: hay que recordar que quienes huyen de un país en el cual corren peligro sus vidas tienen un derecho reconocido no solo en la Declaración de Derechos Humanos sino también en muchos tratados internacionales a exigir asilo en otros países. La política de la Unión Europea de “externalizar” la gestión de los refugiados, expulsándolos antes de que puedan  solicitar asilo y confiando su gestión a un país que no ofrece garantías en temas de derechos humanos (según la misma UE) y que incluso ha sido denunciado por disparar contra ellos, implica también poner requisitos burocráticos por delante de derechos fundamentales.
En general, comparar la situación extrema de los refugiados y migrantes con las necesidades de los ciudadanos españoles y europeos y pretender que las segundas tienen prioridad sobre las primeras constituye un ejercicio de cinismo. Cuando el tema de que se trata afecta a derechos que van unidos a la misma condición humana —como el derecho a la vida, a la alimentación, a la vivienda, a la salud o a la educación— la única jerarquización razonable consiste en el grado de necesidad que se trata de remediar. Porque no hay que olvidar que la nacionalidad no pasa de ser un accidente involuntario y casual, que por sí mismo solo sirve para organizar la vida de la sociedad pero que no puede convertirse en un criterio para jerarquizar los derechos de las personas.
En sus comienzos, parecía que el proyecto de la Unión Europea podía ser el embrión de un modelo de civilización que pusiera a los seres humanos por encima de estas divisiones entre fronteras y pasaportes, construyendo una unidad que nunca tuvo. Los que tenemos poco aprecio por las aduanas  pensamos que Europa podría comenzar un camino que superara los constantes conflictos nacionales que han cambiado tantas veces su mapa. Nada de eso ha sucedido ni parece que vaya a suceder. No solo la Unión Europea ha cerrado cada vez más sus fronteras exteriores sino que ha sido incapaz de superar sus fronteras internas. La mil veces anunciada armonización fiscal no está ni se la espera y siguen intactos los paraísos fiscales cuya eliminación se anunció en 2009. La política económica durante la crisis se diseñó —y se diseña— a la medida de los países económicamente más fuertes, dificultando la vida de las naciones menos favorecidas; el caso de Grecia es paradigmático, pero no único. Y al calor de esas políticas hemos visto crecer en los últimos tiempos partidos políticos y hasta gobiernos que se declaran abiertamente xenófobos y  -lo que es más preocupante- aumentar el número de sus seguidores.
Como sucede siempre, la economía y la política siguen caminos paralelos. La creciente desigualdad económica de los últimos años en Europa y en el mundo, desigualdad en la cual España es líder europeo, se extiende desde la economía hasta las nacionalidades y las etnias, incluyendo brotes separatistas e independentistas. La deseable igualdad de derechos se está sustituyendo por la exigencia de una igualdad empírica, en la cual los diferentes deban sacrificar sus singularidades para asimilar una uniformidad en la que solo caben quienes comparten sus privilegios.  Y, como sostienen muchos economistas, el crecimiento de esa desigualdad no constituye una situación accidental debida a la crisis sino que forma parte de las consecuencias inevitables del modelo de desarrollo del capitalismo financiero. En este modelo solo hay lugar para una minoría de la humanidad, y las discriminaciones por etnia, color de piel, nacionalidad o religión refuerzan este modelo. Y no se trata de que sea necesario dar tiempo para llegar a una civilización universal, cosa que sería plenamente aceptable: aunque hemos hecho progresos desde el siglo pasado, ahora estamos avanzando en la dirección contraria. El sueño ilustrado de una civilización universal está cada día más lejano; como decía Tony Judt en la edición española de su libro “Algo va mal”.

 Fuente: Público.es

domingo, 13 de marzo de 2016

Refugiados en funciones





La vida entera está en funciones. Pese a ello, toma decisiones sobre nuestro destino, sin siquiera consultarnos. Así ocurre con el gobierno español de Mariano Rajoy, nuestro interino en La Moncloa, que está dispuesto a ratificar dentro de unos días la estrafalaria propuesta de la Unión Europea sobre los refugiados, sin siquiera consultar a un parlamento que no parece dispuesto a reelegirlo para el cargo. ¿Qué se puede esperar del superplasma man, el hombre que susurraba no se admiten preguntas en las ruedas de prensa, el que huía de la opinión pública por las catacumbas de los garajes? Después de la mayoría absolutista de su primer mandato, ahora llega su dictablanda: todo para el pueblo, pero sin su parlamento, todo para el rey pero sin su rey.

Su fantasma pasea por las cortes europeas, riendo las gracias de David Cameron o votando lo que quiera que vote la señora Merkel, osease, ahora admitimos dieciocho refugiados, ahora los llevamos a Turquía y que sea lo que Erdogan quiera. Convendría derogarle más temprano que tarde su prórroga en el cargo, antes de que nos meta en un berenjenal como el del Trío de las Azores, quizá recuerden, cuando su mentor José María Aznar, quien fue quien puso su nombre como sucesor en la libreta azul de las primarias a dedo, nos llevó a invadir Irak. Y perdonen el modo de señalar, muy poco después de que Rajoy dejara de ser ministro del Interior, ocurrió aquello de 11-M, con el nombre de Madrid escrito en un sangriento sandwich entre los atentados de Casablanca y los de Londres.

El terrorismo siempre estuvo en funciones y aprovechó cualquier pretexto para enmascarar su fanatismo sin causa. Pero España le dio entonces una coartada formidable, la del ojo por ojo y el diente por diente, cuando rompimos nuestra tradición diplomática y nos sumamos al Washington de la revancha de Georges Bush frente a una Europa timorata como siempre, en una guerra ilegal como todas las guerras pero que ni siquiera tenía el vale de la ONU. Ahora, España y la Unión Europea, que está en funciones de sí misma porque ha olvidado su razón de ser democrática, se saltan a la torera todas las convenciones internacionales para sellar un acuerdo que olvida como buena parte de lo que viene ocurriendo en la orilla sur del mediterráneo obedece a su acción o a su inacción.

Y si no fue suficiente con intentar conciliar la solidaridad internacional con la compraventa de armas, con Alemania, Francia, España, Gran Bretaña e Italia como importantes actores en la región, dimitimos hace cinco años de la vieja Unión Europea Occidental. Aquella achacosa UEO que nunca llegó a existir hubiera podido constituir una aceptable alternativa en materia de defensa frente a los intereses anglosajones de la OTAN, demasiado volcada en el Atlántico Norte: resulta paradójico que treinta años despues del referendum sobre la permanencia de nuestro país en dicha organización, se encomiende ahora a sus fuerzas aeronavales el salvamento y rescate de los faluchos que trasiegan con los fugitivos del polvorín de Siria, de Libia, de Irak, de Eritrea o de Yemen. Los imposibles candidatos al estatus de asilo o de refugio, ¿no se preguntarán acaso como las fragatas y los aviones que bombardearon sus pueblos a lo largo de las cuatro últimas décadas, se aprestan ahora a rescatarles como bomberos del incendio que hemos contribuido a extender como pirómanos?

Angela Merkel también está en funciones. Como Donald Tusk que pronuncia el nombre de su dios parlamentario en vano. La canciller alemana es la misma que se emocionó con una niña palestina a la que, en una escuela de su país, se aprestó a consolar justo después de confirmar que sus padres y ella serían repatriados a un ghetto de refugiados en Oriente Próximo. La misma que quizá compadecida con el ejemplo de esa muchacha o por su propio recuerdo como alemana del Este, frente al muro de la vergüenza, intentó un acuerdo imposible para que los refugiados fueran llegando a manojitos hacia distintos países de la Unión Europea, que se niegan sistemáticamente a admitirlos. Y la nueva dama de hierro que ahora, en vísperas electorales, orquesta el cerrojazo, homologando a los migrantes económicos con los políticos, mucho más allá de los postulados de quienes sostenemos que el hambre es un poderoso motivo para pedir asilo.

Como estará el patio que hasta Soledad Becerril, la Defensora del Pueblo español, se opone al formidable paripé de Bruselas. Europa sufre pesadillas nocturnas y ha entrado, así, como un elefante en la cacharrería de su propio acervo legislativo, vulnerando leyes propias y ajenas, convenciones internacionales o acuerdos internos, dinamitando el acuerdo de Schengen y las declaraciones de derechos humanos, el espíritu que siguió a la barbarie de la Segunda Guerra Mundial: ¿o es que no recuerdan los refugiados de Siria a los españoles del 39 que intentaron inútilmente que Francia les diera un trato digno cuando huían del fascismo victorioso de la guerra civil de la que se cumplirán ochenta años el próximo mes de julio?

La Unión Europea acaba de cerrar un preacuerdo con Turquía que no convence a nadie. Ni siquiera a sus propios firmantes. Pero que asume otro importante legado europeo, el de las medias tintas, las estupideces y la retórica huera. En síntesis supone lo siguiente: cualquier migrante que llegue a dicha zona de las costas europeas, será llevado a Turquía para su internamiento en un campo de refugiados del que saldrán para Europa tantos acogidos como entren. ¿Alguien cree que Europa podrá ejecutar esta propuesta cuando ha sido incapaz de gestionar el realojamiento de asilados en los últimos meses, con fronteras que se cierran y gobiernos que se cierran en banda, desde Hungría a Eslovaquia, desde Austria al Reino Unido? Más dinero para Turquía y mejores visados para los turcos: ¿acaso esa solución, más allá del caso chipriota, contendrá el irresistible ascenso del neofacismo comunitario, a la que intentan frenar los partidos tradicionales esgrimiendo políticas de ultraderecha?

Según los próceres comunitarios, este protocolo servirá para frenar a quienes se enriquecen al pairo de la trata de seres hunanos. De ser así, ¿cómo pueden explicar que siga habiendo once millones de personas sin papeles, sin derechos y sin deberes en la Unión Europea? Y es que por encima del Frontex o de la armada italiana en aguas de Lampedusa, el mayor traficante de esclavos sigue siendo el miedo, la falta de sustento o de expectativas, las políticas de cooperación reducidas al minimo por mor de la austeridad y de la crisis. Las mafias seguirán traficando con personas con independencia de este o de otros acuerdos. Y habrá empresarios sin escrúpulos que les esclavicen. Y autoridades que no sepan sentar en el banquillo a los responsables de su explotación y sólo atinen a expulsar del paraíso a quienes creyeron sus mentiras. El árbol de la ciencia del bien y del mal en Europa sólo da sueños rotos, acuerdos incumplidos y manzanas podridas. El Estrecho de Gibraltar puede ser una buena brújula para lo que ahora se cuece: a pesar de que el Frontex comprara voluntades en Marruecos y en el Africa subsahariana, ¿dejaron acaso de llegar almadías al litoral andaluz o canario? ¿Dejaron de intentar saltar las vallas de Ceuta y de Melilla, así murieran aplastados, ahogados o ahuyentados por las balas de la Guardia Civil o por las violentas redadas de las fuerzas marroquíes?

También los refugiados, o quienes aspiran a serlo, están en funciones. Estaban tan tranquilos en casa, cuando llegó la guerra o la tiranía a interrumpir su almuerzo, a suspender sus exámenes, a aplazar la compra de un coche nuevo para la familia. Ellos no quería protagonizar los telediarios. Ni les sonaba, hasta entonces, la palabra Zaatari, Kara Tepe, Macedonia o Calais. Seguramente aspiraban tan sólo a vivir en un lugar democrático y corrupto como Europa, tan egoísta, tan olvidadizo, tan en funciones como nosotros mismos. En su inmensa mayoría, son pacificos. Se limitan a resistir bajo el agua de las lluvias torrenciales, a tirititar en la hipotermia de su larga noche, a mendigar mendrugos entre el desprecio de sus supuestos cuidadores. Empezarán de cero, con su normalidad de clase media arrebatada, cuando vuelvan a ser clase media y retornen a los países de los que nunca salieron voluntariamente. Pero algunos de ellos, algunos tan sólo, no olvidarán jamás que no sólo les cerramos las puertas sino los oídos, que nuestro auxilio no estrechó sus manos y nuestras conciencias durmieron mientras su espanto velaba. Quizá alguno decidar enrolarse en las tropas de la furia, en los comandos de la venganza, en las filas de la intolerancia. Y ofrezcan una nueva piel para la vieja ceremonia del yihadismo o cualquier otro terror con que alzarse frente a quienes prometieron ser sus aliados y se convirtieron en sus verdugos. Quizá entonces, como en el 11-M de 2004, como en el 12 de marzo de 1986, consideremos que no tenemos ni una diminuta sombra de culpa y que puede salirnos gratis declarar la guerra a quienes no nos la han declarado o negar el auxilio a quienes nos suplican.

También los europeos estamos en funciones: nos acogemos al menor pretexto de los argumentarios políticos. Que hay que evitar la invasión, nos predican desde las barras de los bares. Que el niño muerto en las playas turcas podría haberse convertido en un acosador de mujeres en la nochevieja de Colonia. Que debemos evitar el efecto llamada, como si acaso los desesperados estuvieran llegando a miles por simples vacaciones. Que no tenemos como brindarles un recibimiendo digno, repican las campanas de la hipocresía. Que vuelva usted mañana, les decimos. Y el mañana también lo tenemos en funciones.




Juan José Téllez
Fuente: Público.es

domingo, 7 de febrero de 2016

"El Gobierno de Rajoy es la referencia en la UE para el recorte de libertades en países como Polonia o Hungría"



Valla fronteriza que separa España de Marruecos en la playa del Tarajal. / EFE
Valla fronteriza que separa España de Marruecos en la playa del Tarajal. / EFE

 
La deriva ultraderechista de varios países miembros de la UE, como Polonia, Hungría, República Checa y otros, tiene como referencias justificativas las políticas represivas y contrarias a los derechos humanos llevadas a la práctica por el Gobierno de Mariano Rajoy, según denuncia el historiador y eurodiputado de Podemos Miguel Urbán.

JOAN CANTARERO
@JoanCantarero
BRUSELAS.- “La inmigración no es la causa que da origen a las políticas represivas llevadas a la práctica en la Unión Europea, sino que es la excusa oportuna empleada por gobiernos de estados miembros para justificar y dar rienda suelta a políticas propias de odio contrarias a los Derechos Humanos proclamados por la ONU en 1948. El objetivo de criminalizar la inmigración es generar miedo e inseguridad y para poder manipular electoralmente a sectores amplios de la sociedad”. Esta fue una de las conclusiones surgidas de los debates en diciembre pasado en Bruselas durante las jornadas sobre “Estrategias contra el auge de la extrema derecha en Europa”, convocadas por la Izquierda Unitaria Europea, y en las que participaron diversas organizaciones de derechos humanos, antifascistas y antirracistas.
En este sentido, los ponentes coincidían en que la criminalización de los inmigrantes –incluso cuando apenas era relevante y no existía la crisis de refugiados actual– ha estado siendo utilizada por la derecha política europea para alcanzar el poder en sus estados, con el objetivo premeditado de profundizar además en recortes en derechos sociales y laborales en toda la población europea.
Para el eurodiputado Miguel Urbán resulta evidente que en esta operación del establishment de “regreso al pasado social” o de “reseteo” de los derechos sociales y laborales logrados en las últimas décadas en la UE, el Gobierno del PP en España ha jugado un papel fundamental. “Por desgracia España, y sobre todo esta legislatura del Partido Popular con Mariano Rajoy a la cabeza, ha sido tomada como referencia por muchos países a la hora de poner en marcha recortes de libertades”.
Urbán señala a Hungría y al gobierno del ultraconservador Fidesz, presidido por Viktor Orban -apuntalado durante años por los neonazis de Jobbik-, como ejecutor de acciones racistas y xenófobas contra los refugiados que huyen de la guerra: “Orban puso como ejemplo a España para justificarse. Cuando el primer ministro húngaro del Fidesz habla de que hay que hacer devoluciones en caliente, pone a España como ejemplo. Cuando utiliza material antidisturbios en las fronteras de Serbia o Eslovenia contra los refugiados recuerda como España hace lo mismo en las fronteras de Ceuta y Melilla, y cuando se le cuestiona la actuación del ejército húngaro contra los inmigrantes, vuelve a señalar a España que viene utilizando al Ejército en las fronteras desde 2005. Cuando se le reprocha al gobierno húngaro la brutalidad con la que golpean a los inmigrantes vuelve a mirar a la España de Mariano Rajoy, en cuyas alambradas y playas fronterizas han muerto decenas de inmigrantes. Por desgracia es verdaderamente dramático que nuestro país sea utilizado como referencia y ejemplo por parte de la derecha radical y la ultraderecha de la Europa del Este para justificar comportamientos inhumanos, la violencia, y la normalización de sus políticas de inmigración y el recorte de libertades”.
"Cuando el primer ministro húngaro del Fidesz habla de que hay que hacer devoluciones en caliente, pone a España como ejemplo"
El dirigente de Podemos recuerda que Viktor Orban es miembro del Partido Popular Europeo al que pertenece el presidente de la Comisión y numerosos comisarios de la UE. En octubre pasado visitó España con motivo de la celebración del congreso del Partido Popular Europeo (PPE), que fue utilizado como operación de propaganda electoral de apoyo a Mariano Rajoy. Junto a Viktor Orban estuvieron presentes Angela Merkel, Jean-Claude Juncker, Donald Tusk, Nicolás Sarkozy y Boyko Borisov entre otros miembros de la derecha europea. Lejos de moderarse Orban crecido tomó la palabra durante el congreso para calificar a los inmigrantes que huyen desesperados de la guerra de “ejército extranjero en el que hay combatientes peligrosos a los que hay que frenar”. Los asistentes, incluido Rajoy, aplaudieron su mitin.
Miguel Urbán señala que “la Comisión, respecto de estos comportamientos políticos que atacan la esencia solidaria y respetuosa con los derechos humanos solo ha dado toques de atención a Orban. Especialmente desde que saltó a las primeras páginas su actitud ante la crisis migratoria. Se le advirtió -asegura el eurodiputado de Podemos- que no podía hacer lo que estaba haciendo con una advertencia muy dura, pero de nada ha servido. Hungría ya se ha convertido en el primer país de la UE que criminaliza abiertamente la inmigración con penas de cárcel de 3 a 5 años solo por entrar irregularmente en su territorio”.
Ciertamente, la Unión Europea advirtió a Hungría pero finalmente no hizo nada. Y no solo no hubo sanción, sino que además la Unión Europea subvencionó al gobierno del Fidesz para que levantara su valla fronteriza con Serbia -187 kilómetros- “jalonada con concertinas made in Spain fabricadas en Málaga”, recuerda Miguel Urbán.

Polonia, el otro fanatismo religioso

Otro de los estados europeos que se han colocado en el punto de mira de la Comisión Europea es el nuevo gobierno de Polonia de la ultraderechista Beata Szydlo, una fanática religiosa ultra católica con un discurso desafiante, cuyo primer objetivo al llegar al poder ha sido liquidar la independencia de los medios de comunicación polacos públicos y la justicia, desmantelando la independencia del Tribunal Constitucional de su país.
Ya han sido despedidos directores, editores, responsables de área y redactores no afectos, y otros han preferido dimitir. La nueva ley considera a los medios de comunicación “entidades de la cultura nacional” y adscritos al Ministerio del Tesoro que decidirá a dedo los nuevos cargos, y no por concurso de méritos público, como hasta la fecha. Igualmente el Tribunal Constitucional ha dejado de ser independiente y será el Gobierno polaco quien designará digitalmente (a dedo) a los nuevos magistrados, obviamente afectos al nuevo régimen.

Una “sociedad orweliana”

Asimismo, según denuncian los sindicatos en Polonia, el partido de Beata Szydlo, del partido Ley y Justicia (cuyo acrónimo polaco es PiS) liderado por Miroslaw Kaczynsky, ha emprendido una caza de brujas de comunistas al más puro estilo McCarthy contra los “enemigos de la patria”.
El periodista Pitor Stasinsky, es uno de esos “enemigos de la patria” señalado por la primer ministro polaca. Stasinsky es vicedirector de la Gazeta Wyborcza –diario líder en Polonia fundado en 1989- y afirma que “el nuevo Gobierno polaco quiere un estado fascista, corporativo y de partido único”, una descripción que encaja como un guante con la Italia de Mussolini de finales de los años 20 del siglo pasado.
El primer represaliado por la nueva ley de medios fue el periodista Kamil Dabrowa, director de Radio 1. Su fulminante cese fue “por infracción de las nuevas normas éticas, por ir en contra del espíritu nacional”. Lo que desairó al nuevo gobierno del PiS y provocó la terrible infracción de Dabrowa fue poner cada hora el himno nacional polaco y alternándolo con el de la UE, es decir con el “Himno a la Alegría” basado en la Novena de Beethoven, como señal de protesta por las nueva ley mordaza, una versión mejorada de la vigente aprobada por el Gobierno de Rajoy.
Las nuevas leyes polacas encaminadas a mermar derechos fundamentales han dado forma a un estado policial con amplios poderes, que da carta blanca para que las fuerzas del Estado invadan la privacidad de los ciudadanos. Además la ley da plenos poderes a la policía polaca para controlar electrónicamente y sin orden judicial Internet y acceder a los correos electrónicos y comunicaciones por teléfonos móviles de los polacos y de todos aquellos que estén en su territorio nacional. Es la ficción de la obra “1984” creada por George Orwell, llevada a la Europa real del siglo XXI y sin anestesia. Es la llamada sociedad orwelliana” de “El Gran Hermano” que lo vigila y controla todo mediante una “policía del pensamiento”, cuyo principio se basa en “que lo que no forma parte del lenguaje no puede ser pensado”. Solo le falta a esta nueva Polonia una “neolengua” impuesta por el “Partido” para completar la obra.
“Las normas para acceder a la UE son muy laxas, muy etéreas. Las normas siempre tienen que ir aparejadas de voluntad política para cumplirlas o justamente para no cumplirlas"
Miguel Urbán, eurodiputado de Podemos, miembro de las comisiones de Asuntos Exteriores y Derechos Humanos, se muestra muy preocupado al igual que lo está gran parte de los progresistas del Parlamento Europeo. “Las normas para acceder a la UE son muy laxas, muy etéreas. Las normas siempre tienen que ir aparejadas de voluntad política para cumplirlas o justamente para no cumplirlas, que es lo que pasa ahora. Hay voluntad de cumplir normas no escritas por ejemplo el pago de la deuda por encima de cualquier otro derecho como nuestra sanidad, nuestra educación…y lo hemos visto en Grecia, donde les han obligado al pacto de estabilidad, al techo de déficit, al control de la deuda por encima de cualquier otra cosa, e incluso ha sido amenazada con la expulsión del Euro y de la UE”, señala Urbán.
Asimismo añade, el eurodiputado de Podemos, que “el cumplimiento de nuestros acuerdos internacionales que los 28 países han firmado en torno a derechos internacionales de asilo y acogida no se hacen. No solo no se hace sino que no se obliga a las instituciones europeas a que se cumpla, porque hay mecanismos para poder obligar a los países para cumplir con sus acuerdos. Mientras que si se hace con acuerdos no firmados como podría ser el pago de la deuda, no se hace con acuerdos firmados en torno al respeto de derechos fundamentales, derechos humanos”.

Fuente: Público.es

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