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martes, 5 de abril de 2016

Atentado en Pakistán: los Talibanes acosan a las minorías religiosas


Pakistán: la vulnerabilidad de las minorías religiosas


Julien Bouissou

Como cada domingo de Pascua, los cristianos en Lahore, la segunda ciudad más grande de Pakistán, se reunieron por la tarde en el gran parque de Gulshan-e-Iqba, al final de la misa, el domingo, 27 de marzo. Fue entonces cuando un atacante suicida se inmoló cerca de un terreno de juego, dejando al menos 72 muertos y 300 heridos, la mayoría mujeres y niños. Horas más tarde, un portavoz de la facción talibán Jamaat-ul-Ahrar se atribuyó la responsabilidad del ataque, afirmando que "estaba dirigido contra los cristianos".

La segunda minoría religiosa del país después de la hindú, representa sólo el 1,5% de la población de Pakistán, que tiene casi 200 millones de habitantes. Los cristianos, conversos hindúes de casta baja en el siglo XIX, durante la colonización británica, son despreciados y a menudo marginados a pequeños trabajos degradantes. Pero dada la importancia que confieren a la educación, algunos de ellos, sin embargo, han llegado al entorno empresarial, especialmente en Karachi. Los ataques dirigidos contra ellos han proliferado en los últimos años - al igual que contra otras minorías religiosas.

En 2013, ochenta personas en un barrio cristiano en Lahore murieron en los disturbios provocados por rumores de que un miembro de la comunidad cristiana había insultado a los musulmanes. Cien feligreses murieron unos meses más tarde, en agosto de 2013, en un ataque suicida llevado a cabo en Peshawar. Dos años más tarde, en marzo de 2015, catorce cristianos fueron asesinados y setenta heridos en otros ataques suicidas en dos iglesias en Lahore.

Si los cristianos son, con los musulmanes chiítas, las principales víctimas de estos ataques, otras minorías como los sijs o los hindúes sufren conversiones forzadas al Islam. Los ahmadíes, que pertenecen a una rama del Islam nacida en 1889 y que no son reconocidos como musulmanes por el Estado paquistaní, son asesinados regularmente.

Las minorías religiosas objetivo de los talibanes

"Tenemos que llevar ante la justicia a los asesinos de nuestros hermanos, hermanas y niños inocentes y nunca permitiremos que estos salvajes inhumanos opriman nuestras vidas y nuestra libertad", respondió Asim Bajwa, un portavoz del ejército paquistaní, en Twitter, un día después del ataque del domingo. También se declararon tres días de duelo nacional. Pero a pesar de las declaraciones de altos funcionarios paquistaníes, las minorías religiosas nunca han sido tan vulnerables. Son las primeras víctimas del crecimiento del movimiento de los talibanes paquistaníes (Tehrik-i-Taliban Pakistan, TTP), cuya facción rival Jamaat-ul-Ahrar, nacida de una escisión en agosto de 2014, pretende afirmarse mediante la realización de ataques terroristas como el del 27 de marzo. "Si analizamos la historia del movimiento talibán en Pakistán y su manera de llevar a cabo los ataques, el atentado del domingo es una continuación de su estrategia contra las minorías religiosas", dice Samir Patil, investigador de la Fundación "Gateway House", con sede en Bombay.

A diferencia de las instalaciones militares o policiales, las minorías religiosas son un blanco fácil, además porque los responsables y los autores raras veces acaban siendo procesados o condenados. "En los tribunales civiles, donde se juzgan la mayoría de los casos, los activistas pueden intimidar a los jueces y abogados, y los autores de los ataques a menudo son liberados bajo fianza", señala el informe de la Comisión para la libertad religiosa en todo el mundo de los EE UU (USCIRF), publicado en 2015. "A diferencia de los gobiernos anteriores, el primer ministro Sharif ha disminuido la presencia de las minorías religiosas en posiciones de influencia", añade el mismo informe.

La borrosa y ambigua ley anti-blasfemia

Desde su llegada al poder en junio de 2013, a pesar de la presión internacional, el primer ministro, Nawaz Sharif, no se ha atrevido a abolir la ley sobre la blasfemia, aprobada en 1986 bajo la dictadura de Muhammad Zia ul-Haq, por miedo a la reacción popular. Esta ley es tan vaga y ambigua que cualquier persona puede fácilmente ser acusada de blasfemia, un crimen castigado con la muerte o la cadena perpetua. Es causa de más de un centenar de acusaciones cada año.

El día del ataque suicida en Lahore, un domingo, miles de manifestantes marcharon por las calles de Islamabad para protestar contra la ejecución en la horca hacía cuarenta días, de Mumtaz Qadri, el asesino del ex gobernador de Punjab, Salman Taseer, que se había atrevido a defender a la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por criticar al profeta Mahoma, criticando la ley sobre la blasfemia. Shahbaz Bhatti, ministro de las Minorías, fue asesinado el mismo año por defender públicamente a las víctimas cristianos de los disturbios y haber criticado la ley.

Con este ataque, la responsabilidad del primer ministro en la defensa de las minorías religiosas es directamente desafiada. Porque es en Lahore, capital de la provincia de Punjab, gobernada por su hermano Shahbaz Sharif, donde Nawaz Sharif cuenta con un apoyo más amplio. "Estamos enviando este mensaje al primer ministro Nawaz Sharif, para decirle que estamos en Lahore. Él puede hacer lo que quiera, pero no nos detendrá. Nuestros suicidas continuarán con este tipo de ataques", dijo el lunes Ehsanullah Ehsan, el portavoz de la facción Jamaat-ul-Ahrar.

Otro ataque de la extrema derecha islamista contra los cristianos y la democracia

Haryali ko aankhen tarsen bagiya lahoo luhan


Pyar ke geet sunaoon kis ko shehar hue weeran


Bagiya lahoo luhan

– Habib Jalib

En los últimos años, el Partido de los Trabajadores Awami ha lamentado y condenado muchos ataques. Hoy en día, con el corazón roto, condenamos otro más.

Ayer, más de 72 mujeres, niños y hombres murieron, y más de 200 personas fueron heridas, en un ataque suicida en el parque de Gulshan-e-Bagh de Lahore. En una ciudad y un país donde los ricos pueden permitirse el lujo de seguridad privada para proteger a sus familias - que no tienen que dejar la comodidad de sus hogares protegidos para hacer picnic el domingo - Gulshan-e-Bagh era un jardín para el resto de nosotros. Era el lugar donde quienes no nos no podemos permitir el lujo de seguridad privada podíamos llevar a nuestras familias obreras y de clase media – a nuestros hijos, a nuestras parejas, a nuestros padres y a nuestros abuelos – para reír y amar al aire libre. Ayer por la noche, nuestras hijas e hijos murieron, y muchos de nuestros seres queridos han quedado mutilados por vida. No hay palabras para la terrible pérdida de aquellos que ya no tienen un padre o una madre, una hermana o un hermano, una hija o un hijo. Nuestros corazones sangran por los muertos y los heridos. El PML-N (Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz, el partido en el gobierno del primer ministro Nawaz Sharif) debe darse cuenta del hecho de que este fuego también se extenderá al PML-N de Lahore.

El Partido de los Trabajadores Awami llama a la unidad de todos los que están en estado de shock y condenan este ataque. Esta unidad es tanto más importante porque más de 20.000 hombres, influidos por la política de la extrema derecha islamista, han caído sobre la capital, con reivindicaciones que amenazan con cambiar nuestras vidas y las vidas de los que amamos para siempre. Nos quieren imponer la ley islámica; aplicar con todo rigor la ley sobre la blasfemia; colgar a Asia Bibi y otros acusados de blasfemia; depurar a los musulmanes ahmadi y a los laicos de la administración del estado; y mucho, mucho más.

Hemos ignorado durante décadas como el estado y los militares han fomentado las fuerzas islamistas para servir a sus fines personales y políticos tanto interna como externamente. Hemos mirado a otro lado cuando el estado y el ejército han culpado constantemente a las "potencias extranjeras" - ya sean RAW (la Agencia de Inteligencia de la India), la CIA o el MOSSAD - y dirigido las armas contra nuestro propio pueblo, culpando de los problemas que ellos creaban a los pobres y los débiles - ya se trate de los pastunes, los baluchis, los sindhi, los punjabi, los siraiki, u otros. El Estado y el ejército van a utilizar este ataque como excusa para alimentar aún más el ciclo de la violencia, pretendiendo que no tienen nada que ver con las fuerzas islamistas que han creado y alimentado durante tantos años. Este será su error. No podemos permitir que la institución militar, sus fuerzas paramilitares y los partidos de la extrema derecha decidan y apliquen que hacer en relación a la seguridad de nuestros seres queridos, y de las masas en general. Es hora de forjar una nueva narrativa de paz e igualdad radical de las ruinas de nuestro violento pasado.

Todas las fuerzas progresistas, democráticas y laicas deben estar unidas, bajo la bandera radical de la paz, la justicia y la igualdad para todos.

Partido de los Trabajadores Awami

Julien Bouissou

Periodista, corresponsal del diario francés Le Monde en Nueva Delhi, India.

Partido de los Trabajadores Awami de Pakistán

El AWP fue fundado en 2012 tras la fusión del Partido Laborista, el Partido Awami y el Partido Obrero. Es la principal organización de la izquierda alternativa pakistaní.

Fuente original:

http://www.lemonde.fr/asie-pacifique/article/2016/03/28/au-pakistan-la-vulnerabilite-des-minorites-religieuses_4891379_3216.html

Traducción: Enrique García

Fuente: Sin Permiso

martes, 1 de marzo de 2016

Oriente Medio: ¿Se acerca el fin del Califato?


 
 
Patrick Cockburn
La guerra en Siria e Irak ha producido dos nuevos estados de facto en los últimos cinco años y ha permitido a un tercera cuasi-estado ampliar sustancialmente su territorio y poder. Los dos nuevos estados, aunque no reconocidos internacionalmente, son más fuertes militar y políticamente que la mayoría de los miembros de la ONU. Uno de ellos es el Estado islámico (EI), que estableció su califato en el este de Siria y el oeste de Irak en el verano de 2014 después de capturar Mosul y derrotar al ejército iraquí. El segundo es Rojava, como los kurdos sirios llaman a la zona que controlan desde que el ejército sirio se retiró en 2012, y que ahora, gracias a una serie de victorias sobre el IS, se extiende por el norte de Siria entre el Tigris y el Éufrates. En Irak, el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), ya muy autónomo, aprovechó la destrucción de la autoridad de Bagdad en el norte de Irak para expandir su territorio un 40 por ciento, haciéndose cargo de las áreas en disputa con  Bagdad desde hace mucho tiempo, incluyendo los campos petrolíferos de Kirkuk y algunos distritos kurdo-árabes mixtos.
La pregunta es si estos cambios radicales en la geografía política de Oriente Medio persistirán - o en qué medida persistirán - cuando el actual conflicto haya terminado. El Estado Islámico es probable que sea destruido con el tiempo, tal es la presión de sus numerosos pero desunidos enemigos, aunque sus militantes seguirán siendo una fuerza en Irak, Siria y el resto del mundo islámico. Los kurdos se encuentran en una posición más fuerte, y se benefician del apoyo de Estados Unidos, apoyo que sólo existe debido a que proporcionan unas 120.000 tropas de tierra, que, en cooperación con las fuerzas aéreas de la coalición liderada por Estados Unidos, han demostrado ser una forma eficaz y políticamente aceptable de lucha contra el EI. Los kurdos temen que este apoyo se evapore cuando el IS sea derrotado y quede a merced de los gobiernos centrales resurgidos en Irak y Siria, así como de Turquía y Arabia Saudita. "No queremos que se nos utilice como carne de cañón para tomar Raqqa", me dijo un líder kurdo sirio  en Rojava el año pasado. He oído lo mismo este mes a quinientas millas al este, en el territorio del GRK, cerca de Halabja en la frontera iraní, en boca de Muhammad Haji Mahmud, un veterano comandante Peshmerga y secretario general del Partido Socialista, que dirigió un millar de combatientes en la defensa de Kirkuk contra el EI en 2014. Su hijo Atta murió en la batalla. Le preocupa que "una vez que Mosul sea liberado y el EI derrotado, los kurdos no tengan el mismo valor a nivel internacional". Sin este apoyo, el GRK sería incapaz de mantenerse en los territorios en disputa.
La aparición de los estados kurdos no es bien recibida por todos los países de la región, aunque algunos - incluyendo los gobiernos de Bagdad y Damasco – creen que les favorece temporalmente y, en todo caso, son demasiado débiles para oponerse. Sin embargo, Turquía se ha horrorizado al descubrir que el levantamiento de Siria de 2011, que cabía esperar que marcará el comienzo de una era de gran influencia turca en todo el Oriente Medio, ha producido en su lugar un estado kurdo que controla la mitad del lado sirio de las 550 millas de su frontera sur. Peor aún, el partido en el poder en el Kurdistán sirio es el Partido Unión Democrática (PYD), que en todo menos en el nombre es la rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), contra el que Ankara lucha una guerra de guerrillas desde 1984. El PYD niega la relación, pero en todas las oficinas del PYD hay una foto en la pared del líder del PKK, Abdullah Ocalan, que esta en una prisión turca desde 1999. En el año transcurrido desde que el EI fue finalmente derrotado en el asedio de la ciudad sirio-kurda de Kobani, Rojava se ha expandido territorialmente en todas las direcciones y sus líderes hacen caso omiso de las amenazas de Turquía de intervenir militarmente contra ellos. En junio pasado, las Unidades Populares de Protección (YPG) sirio-kurdas capturaron Tal Abyad, un importante punto de cruce en la frontera con Turquía al norte de Raqqa, permitiendo que el PYD uniese dos de sus tres enclaves principales, en torno a las ciudades de Kobani y Qamishli; ahora está tratando de unir el tercer enclave, más al oeste, en Afrin. Estos avances rápidos son solo posibles porque las fuerzas kurdas están operando bajo el paraguas aéreo dirigido por Estados Unidos, que multiplica enormemente su poder de fuego. Yo estaba justo al este de Tal Abyad poco antes del ataque final de las YPG y los aviones de la coalición sonaban continuamente por encima. Tanto en Siria como en Irak, los kurdos identifican los objetivos, llaman los ataques aéreos y luego actuar como una fuerza de infantería territorial. Dónde el EI se atrinchera y combate, sufre muchas bajas. En el sitio de Kobani, que duró cuatro meses y medio, 2.200 combatientes del EI perecieron, la mayoría de ellos por los ataques aéreos de Estados Unidos.
Ankara ha advertido varias veces que si los kurdos se mueven hacia el oeste, hacia Afrin, el ejército turco intervendrá. En concreto, ha decretado que las YPG no deben cruzar el Éufrates: esta es una "línea roja" para Turquía. Pero cuando en diciembre las YPG enviaron a sus milicias árabes, las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF), a través del Éufrates a tomar la presa de Tishrin, los turcos no hicieron nada - en parte debido a que el avance fue apoyado en diferentes puntos por ataques aéreos estadounidenses y rusos contra objetivos del EI. Las objeciones turcas se han vuelto cada vez más frenética desde el comienzo de este año debido a que las YPG y el ejército sirio, aunque su colaboración activa no está comprobada, han puesto en marcha lo que equivale a un movimiento de pinzas contra las líneas de suministro más importantes del EI y la oposición siria, que discurren por un estrecho corredor entre la frontera turca y Alepo, que una vez fue la ciudad más grande de Siria. El 2 de febrero, el ejército sirio, apoyado por ataques aéreos rusos, cortó el principal camino hacia Alepo y una semana más tarde capturó Menagh base aérea del Frente al-Nusra, afiliado a Al Qaida, que Turquía ha sido acusada de apoyar de forma encubierta en el pasado. El 14 de febrero, la artillería turca comenzó a disparar proyectiles contra las fuerzas que habían capturado la base y a exigir su evacuación. La compleja combinación de milicias, ejércitos y grupos étnicos que luchan por controlar esta pequeña pero vital área al norte de Alepo hace que los combates sean confusos incluso para los estándares de Siria. Pero si la oposición queda separada territorialmente de Turquía por un tiempo se verá seriamente, y quizás fatalmente, debilitada. Los estados sunitas - concretamente Turquía, Arabia Saudita y Qatar - han fracasado en su larga campaña para derrocar a Bashar al-Assad. Turquía se enfrenta a la perspectiva de un pequeño Estado hostil gestionado por el PKK a lo largo de su flanco sur, lo que hace mucho más difícil sofocar la insurgencia de bajo nivel pero de larga duración dirigida por el PKK entre los 17 millones de la minoría kurda en Turquía.
Se dice que Erdogan hubiera querido que Turquía interviniese militarmente en Siria desde mayo del año pasado, pero hasta ahora se ha visto frenado por los comandantes del ejército. Argumentan que Turquía estaría entrando en una guerra muy complicada en la que se opondría a los EE.UU., Rusia, Irán, el ejército sirio, el PYD y el EI, mientras que sus únicos aliados serían Arabia Saudita y algunas de las monarquías del Golfo. La participación abierta en la guerra de Siria sería sin duda un gran riesgo para Turquía, que, a pesar de todas sus denuncias del PYD y las YPG como "terroristas", se han limitado en gran medida a pequeños actos de represalia. A Ersin Umut Güler, un actor y director de teatro kurdo de Turquía,  se negó el permiso para llevar a casa para ser enterrado el cuerpo de su hermano Aziz, que había muerto luchando contra el EI en Siria. Antes de pisar una mina terrestre, Aziz había estado con las YPG, pero era un ciudadano turco y pertenecía a un partido radical socialista turco - no el PKK. 'Es como Antígona,' dice Ersin. Su padre viajó a Siria y se niega a regresar sin el cuerpo, pero las autoridades turcas no ceden.
La respuesta de Turquía a la aparición de Rojava es beligerante en el tono, pero ambivalente en la práctica. Un día un ministro amenaza con una invasión terrestre a gran escala y al siguiente otro funcionario del gobierno la condiciona a la participación de Estados Unidos, lo cual es poco probable. Turquía culpa de un coche bomba en Ankara que mató a 28 personas el 17 de febrero a las YPG, lo que podría aumentar las posibilidades de intervención, pero en los últimos tiempos las acciones turcas han sido incoherentes y contraproducentes. Cuando el 24 de noviembre, un caza turco F-16 derribó un bombardero ruso, en lo que parece haber sido un ataque cuidadosamente planeado, el resultado previsible fue que Rusia envió aviones de combate sofisticados y sistemas de misiles antiaéreos para establecer su supremacía aérea sobre el norte de Siria. Esto significa que si Turquía lanza una invasión por tierra, tendría que hacerlo sin cobertura aérea y sus tropas se verían expuestas a los bombardeos de los aviones rusos y sirios. Muchos líderes políticos kurdos argumentan que una invasión militar turca es poco probable: Fuad Hussein, jefe de gabinete del presidente del GRK, me dijo en Erbil el mes pasado que "si Turquía fuese a intervenir, lo habría hecho antes de derribar el bombardero ruso” - aunque esto presupone, por supuesto, que Turquía sabe cómo defender sus propios intereses. Cree que el conflicto se decidirá por dos factores: quién este ganando en el campo de batalla y la cooperación entre los EE.UU. y Rusia. "Si la crisis se resuelve”, dijo, “será gracias a un acuerdo entre las superpotencias” - y en el Oriente Medio, al menos, Rusia ha recuperado el estatus de superpotencia. La nueva alianza flexible entre los EE.UU. y Rusia, aunque con episodios de rivalidad al estilo de la Guerra Fría, produjo un acuerdo en Munich el 12 de febrero para hacer llegar ayuda a pueblos y ciudades de Siria sitiados y un 'cese de hostilidades' seguido por un alto el fuego más formal. Será difícil organizar una de-escalada de la crisis, pero el hecho de que los EE.UU. y Rusia co-presiden el grupo de trabajo que lo supervisa muestra hasta que punto están desplazando a los poderes locales y regionales que toman las decisiones en Siria.
Para los kurdos en Rojava y el GRK este es un momento de prueba: si la guerra termina, su reciente poder podría reducirse rápidamente. Son solo, después de todo, estados pequeños - el GRK tiene una población de alrededor de seis millones y Rojava 2,2 millones - rodeado por otros estados mucho más grandes. Y sus economías apenas sobreviven. Rojava está bien organizada, pero bloqueada por todos los lados y no pueden vender la mayor parte de su petróleo. El setenta por ciento de los edificios en Kobani fueron pulverizados por los bombardeos de Estados Unidos. La gente ha huido de ciudades como Hasakah que están cerca de la línea del frente. Los problemas económicos del GRK son graves y probablemente insolubles a menos que haya un inesperado aumento del precio del petróleo. Hace tres años, se anunciaba a sí mismo como 'el nuevo Dubai', un centro comercial y petrolero con los ingresos suficientes para ser independiente de Bagdad. Cuando el boom del petróleo alcanzó su punto máximo en 2013, los hoteles de lujo de nueva construcción en Erbil estaban llenos de delegaciones de comercio exterior y hombres de negocios. Hoy en día los hoteles y centros comerciales están vacíos y el Kurdistán iraquí está llena de hoteles y edificios de apartamentos a medio construir. El fin del boom en el GRK ha sido un golpe devastador para la población, mucha de la cual está tratando de emigrar a Europa occidental. Hay oraciones frecuentes en las mezquitas para recordar a los que se han ahogado en el cruce del Egeo de Turquía a las islas griegas. los ingresos petroleros del estado ahora se sitúan en alrededor de $ 400 millones al mes; pero su gasto es de $ 1,1 mil millones, por lo que algunos de los 740.000 empleados gubernamentales no reciben su salario. En su desesperación, el gobierno se ha apoderado del dinero de los bancos. "Mi madre fue a su banco, donde pensaba que tenía $ 20.000”, me cuenta Nazdar Ibrahim, un economista de la Universidad de Salahaddin en Erbil. "La dijeron: No tenemos el dinero porque el gobierno lo ha requisado. Nadie tiene ya dinero en los bancos, lo que está destruyendo el sistema bancario”
El GRK se promovió como un "Irak diferente” y, en algunos aspectos, lo es: es mucho más seguro para vivir que Bagdad o Basora. A pesar de que Mosul no está muy lejos, ha habido pocos ataques con bombas o secuestros en el Kurdistán iraquí en comparación con el resto del país. Pero el GRK es un estado petrolero que depende totalmente de los ingresos del petróleo. La región no produce casi nada más: incluso las verduras en los mercados son importadas de Turquía e Irán y los precios son altos. Nazdar Ibrahim dice que la ropa que podría comprar en Turquía por $ 10 cuesta tres veces más en el Kurdistán iraquí, que es tan caro como vivir en Noruega o Suiza. El presidente del Gobierno Regional de Kurdistán, Massoud Barzani, ha declarado que va a celebrar un referéndum sobre la independencia kurda, pero no es una opción atractiva en un momento de ruina económica general. Asos Hardi, editor de un periódico en Sulaymaniyah, dice que las protestas se están extendiendo y que en todo caso “incluso en medio del boom se podía notar la ira popular por el clientelismo y la corrupción". El estado kurdo iraquí - lejos de ser más independiente - se ve obligado a mirar a los poderes externos, incluyendo a Bagdad, para evitar un colapso económico mayor.
Cosas similares están ocurriendo en otras partes de la región: las personas que han conseguido escapar de Mosul dicen que el Califato está cediendo ante la presión militar y económica. Sus enemigos han capturado Sinjar, Ramadi y Tikrit en Irak y las YPG y el ejército sirio están avanzando de nuevo en Siria y se están acercando a Raqqa. Las fuerzas de tierra que atacan al EI- las YPG, el ejército sirio, las fuerzas armadas iraquíes y los Peshmerga – tienen pocas fuerzas (en la lucha por Ramadi la fuerza de asalto militar iraquí fue de solo 500 hombres), pero pueden solicitar ataques aéreos devastadores de cualquier posición. Desde que fue derrotado en Kobani, el EI ha evitado batallas frontales y no ha luchado hasta el último hombre para defender a ninguna de sus ciudades, aunque si considera hacerlo en Raqqa y Mosul. El Pentágono, el gobierno iraquí y los kurdos exageran el alcance de sus victorias sobre el EI, pero ha sufrido grandes pérdidas y está aislado del mundo exterior con la pérdida de su último vínculo con Turquía. La infraestructura administrativa y económica del Califato empieza a romperse bajo la presión de los bombardeos y el bloqueo. Esta es la impresión que transmiten las personas que abandonaron Mosul a principios de febrero y se refugiaron en Rojava.
Su viaje no fue fácil, ya que esta prohibido que la gente salga del Califato, que no quiere un éxodo masivo. Los que han escapado informan que se está volviendo más violento en la aplicación de fatwas y regulaciones religiosas. Ahmad, un comerciante de 35 años de edad, del distrito de al-Zuhour de Mosul, donde es propietario de una pequeña tienda, informa que "si alguien es acusado de afeitarse la barba, se le da treinta latigazos, mientras que el año pasado lo habrían simplemente arrestado durante unas horas”. El tratamiento de las mujeres en particular ha empeorado: “El EI insiste en que las mujeres usen velos, calcetines, guantes y ropa suelta y, si no, el hombre que vaya con ella será flagelado”. Ahmad dijo también que las condiciones de vida se han deteriorado drásticamente y las acciones de los funcionarios se han vuelto más arbitrarias: "Se llevaron alimentos sin pagar y confiscaron gran parte de mi almacén con el pretexto de apoyar a los milicianos del Estado islámico. Todo es caro y las tiendas están medio vacías. Los mercados estaban llenos hace un año, pero durante los últimos diez meses muchas personas han huido y los que se han quedado están en paro". No ha habido electricidad durante siete meses y todo el mundo depende de los generadores privados que funcionan con combustible refinado localmente. Este servicio está disponible en todas partes, pero es caro y el combustible de tan mala calidad que sólo funciona para los generadores y no para los automóviles - y los generadores se rompen con frecuencia. Hay escasez de agua potable. "Cada diez días hay agua durante dos horas," dijo Ahmad. 'El agua que obtenemos del grifo no es limpia, pero tenemos que beberla". No hay red de telefonía móvil y el Internet sólo está disponible en algunos cafés que son vigilados de cerca por las autoridades. Hay signos de creciente criminalidad y de corrupción, aunque esto puede ser en gran parte por la desesperada necesidad de dinero. Cuando Ahmad decidió huir, se puso en contacto con uno de los muchos contrabandistas que operan en la zona situada entre Mosul y la frontera con Siria. Dijo que el coste por cada individuo para llegar a Rojava está entre $ 400 y $ 500. “Muchos de los contrabandistas son hombres del EI”, dijo, pero no sabía si los líderes de la organización sabían lo que estaba ocurriendo. Sin duda saben que cada vez hay más quejas sobre las condiciones de vida, ya que han citado un hadiz, un dicho del Profeta, en contra de tales quejas. Aquellos que violen los hadices son detenidos y enviados a reeducación. La conclusión de Ahmad: "Los dictadores se vuelven muy violentos cuando sienten que su final está cerca”.
¿Hasta que punto es precisa la predicción de que el califato está en sus últimos días? Ciertamente se está debilitando, pero esto es en gran parte debido a que la guerra se ha internacionalizado desde 2014 por los Estados Unidos y la intervención militar rusa. Los poderes locales y regionales cuentan menos. Los ejércitos de Irak y Siria, las YPG y los peshmerga pueden ganar victorias al EI gracias al apoyo aéreo masivo. Pueden ganar batallas y, probablemente, pueden tomar ciudades, pero ninguno de ellos sería capaz de alcanzar plenamente sus objetivos de guerra sin el respaldo continuo de una gran potencia. Una vez que el Califato se derrumbe, sin embargo, los gobiernos centrales en Bagdad y Damasco podrían ser más fuertes de nuevo. Los kurdos se preguntan si corren el riesgo de perder todo lo conseguido en la guerra contra el Estado islámico.
Patrick Cockburn
es el autor de The Rise of Islamic State: ISIS and the New Sunni Revolution.
Fuente: sinpermiso

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2016/02/26/end-times-for-the-caliphate/

lunes, 23 de noviembre de 2015

Aceptamos que las bombas rusas puedan provocar reacciones terroristas. Las nuestras, también

 

 

Mehdi Hasan

“Lo más difícil de explicar es aquello totalmente evidente que todo el mundo ha decidido no ver”, escribió Ayn Rand en su novela The Fountainhead [El manantial]. Que existe un vínculo, una conexión entre las intervenciones militares en Oriente Medio y los atentados terroristas contra Occidente, que la violencia engendra violencia, resulta “totalmente evidente” para cualquiera que tenga los ojos abiertos, por no decir la mente abierta.

Sin embargo, en los últimos 14 años, demasiados de nosotros hemos “decidido no ver”. De Nueva York a Madrid y a Londres, cualquier expresión pública de las palabras “exterior” y “política” tras unos atentados terroristas que han suscitado paroxismos de indignación tanto de parte de los políticos como de los expertos.

La respuesta a las atrocidades de París ha seguido el mismo patrón. Ridiculizada por un exministro laborista como “chimpancés que odian a Occidente”, la coalición de organizaciones pacifistas británicas Stop the War [Parad la Guerra] retiró de su página digital un artículo que culpaba del ascenso del EI y los atentados de París a aquellas “políticas y actuaciones deliberadas emprendidas por los EE.UU. y sus aliados”. El líder laborista, Jeremy Corbyn, descartó un discurso en el que iba a declarar que las “desastrosas guerras” de Gran Bretaña han “hecho aumentar y no decrecer las amenzas a nuestra propia seguridad nacional”. Esos argumentos están verboten en nuestro discurso público.

¿No resulta extraño que en el caso de Rusia los gobiernos occidentales se hayan inclinado por vincular la política exterior de Vladimir Putin – y sólo la de Vladimir Putin – a la violencia terrorista? El 1 de octubre, el gobierno norteamericano y sus aliados emitieron un comunicado conjunto declarando que la decisión del presidente ruso de intervenir en Siria “no haría más que alimentar un mayor extremismo y radicalización”. Sí, han oído bien: “alimentar”.

La campaña de bombardeo de Moscú “conducirá a una mayor radicalización y a un aumento del terrorismo”, argumentó David Cameron el 4 de octubre. Nótense las palabras “conducirá a”. Hablando ante una cumbre de la OTAN el 8 de octubre, el secretario de Defensa norteamericano, Ashton Carter, avisó de las “consecuencias para la misma Rusia, que con razón teme atentados”. ¿Lo han captado? “Con razón teme”.

Y en los días transcurridos desde que se estrelló el avión de pasajeros de Metrojet en Egipto el 31 de octubre, que causó la muerte a 224 civiles, los comentaristas han hecho cola para atar cabos entre las acciones de Rusia en Siria y este presunto atentado del EI. En una mesa redonda de la BBC, Janet Daley, del Daily Telegraph, se refirió al avión estrellado como una “consecuencia directa de la intervención [de Rusia] en Siria”, añadiendo: “[Putin] ha incitado acaso a este atentado contra civiles rusos”.

Compárense y contrapónganse las observaciones de Daley sobre el derribo del Vuelo  9268 con su reacción ante los atentados. En lugar de acusar al presidente Hollande de “incitar” al terrorismo contra la gente de Francia, o de denominar la carnicería una “consecuencia directa” de la implicación francesa en Siria, la emprendió contra cualquiera que pudiese llamar la atención sobre las intervenciones militares del país en países de mayoría musulmana como Libia, Mali y, sí, Siria.

“Si alguna necesidad hay de discutir estos asuntos, debería dejarse para otro momento”, escribió, “el pueblo francés no se merecía esto”, y “resulta retorcido e irresponsable sugerir otra cosa” (por citar a una de las autoridades en política exterior de nuestro tiempo, Phoebe Buffay, de la serie Friends: “¿Hola, hervidor? Esto es una tetera. Tú eres negro”).

Si fue el EI el que abatió el avión de pasajeros ruso, entonces sería por supuesto una locura pretender que no guaradab relación con la campaña militar de Putin en nombre del dictador de Damasco. Sin embargo, sería igualmente insensato pretender que el horror de París nada tenía que ver con las recientes intervenciones militares en Oriente Medio y África occidental.

Sí, quienes atacaron la sala de conciertos Bataclan coreaban Alaju Akbar mientras abrían fuego sobre la multitud, pero también se les oyó decir: “¿Qué hacéis en Siria? Ahora lo vais a pagar”. Sí, el comunicado official de reivindicación se refería a París como “capital de la prostitución y la obscenidad”, pero también señalaba al gobierno francés por dirigir “una cruzada” y “golpear a los musulmanes…con sus aviones”.

Entender la violencia política require comprender los agravios politicos, echar la culpa del terrorismo solamente a la ideología religiosa o a una mentalidad medieval es algo miope o interesado. La verdad incómoda es que la geopolítica se rige tanto como la física por la tercera ley del movimiento de Newton: “A toda acción le corresponde una reacción opuesta equivalente”. Allá por los años 50, la CIA llegó incluso a acuñar un término – “contragolpe” – para describir las consecuencias negativas no intencionadas, para los ciudadanos norteamericanos, de las operaciones miltares norteamericanas en el exterior.

Hoy, cuando se trata de Rusia, un “enemigo oficial”, entendemos y admitimos la idea de contragolpe. Cuando se trata de nuestros mismos países, de Occidente, hacemos de niños en el patio de recreo, nos metemos los dedos en los oídos y cantamos: “La, la, la, no te oigo”.

Se puede sostener que las acciones militares francesas – o británicas o norteamericanas, por lo que a esto respecta – en Oriente Medio son una respuesta legítima e inevitable al ascenso de un miniestado terrorista, pero lo que no se puede sostener es que no vayan a tener consecuencias.

El antiguo jefe de la unidad de la CIA destinada al seguimiento de Bin Laden, Michael Scheuer, me contó en 2011 que “la gente nos va a poner…bombas, porque no les gusta lo que hemos hecho”. En una entrevista con Al Yazira en julio, el general norteamericano retirado Michael Flynn, que dirigió la Agencia de Inteligencia de la Defensa entre 2013 y 2015, me reconoció que “cuantas más bombas lanzamos, tanto más…fomenta eso el conflicto”.

Se trata de una vision respaldada por la Junta de Ciencia de la Defensa del Pentágono, que observó ya hace años, en 1997: “Los datos históricos muestran una sólida correlación entre la participación norteamericana en situaciones internacionales y el aumento de los ataques terroristas contra los Estados Unidos”. 
Dejemos esto claro: explicar no significar escusar, una explicación no es una justificación. Ningún agravio en el mundo puede justificar la matanza gratuita de hombres, mujeres y niños inocentes, ni en Francia ni en ninguna parte.   

El salvajismo del EI acaso no tenga parangón en la era moderna. Pero la cuestión es que no surgió de la nada: tal como ha reconocido el mismo presidente norteamericano, el EI “apareció debido a nuestra invasión” de Irak.

Y si embargo apartamos de lo “totalmente claro”, de que “ellos” – los rusos, los iraníes, los chinos– sufren ataques por sus medidas políticas, mientras que  “nosotros” – Europa, Occidente, las democracias liberales – sufrimos ataques debido únicamente a nuestros principios. Esta es la fantasía simplista, el cuento de hadas geopolítico, que nos contaos a nosotros mismos. Nos da solaz y fortaleza tras las atrocidades terroristas. Pero nada hace por detener el próximo atentado.

Mehdi Hasan

redactor jefe de la sección política del semanario británico New Statesman, trabajó como editor de noticias en el Channel 4 y es coautor con James Macintyre de un libro sobre el penúltimo líder del Partido Laborista Ed: the Milibands and the Making of a Labour Leader.

Fuente: SINPERMISO

The Guardian, 17 de noviembre de 2015

Traducción:

Lucas Antón

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