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viernes, 28 de octubre de 2016

Afganistán, ese pequeño y sucio secreto de la campaña estadounidense

Imagen de archivo de la misión de la OTAN en Afganistán EFE

Ambos candidatos están ignorando la guerra en Afganistán: en los tres debates presidenciales el conflicto solo se ha mencionado una vez
De acuerdo con estimaciones de Estados Unidos, los talibanes controlan actualmente más territorio que nunca desde 2001
La esperanza de que el ejército y la policía entrenados por la OTAN remplacen con éxito a los soldados occidentales, se ha demostrado ilusoria

Simon Tisdall 

Con todos los ojos puestos en Mosul, Alepo y el despliegue militar ruso en Oriente Medio, el rápido deterioro de la seguridad en Afganistán ha sido totalmente ignorado por Hillary Clinton y Donald Trump. Quienquiera que gane la presidencia en Estados Unidos tendrá difícil justificar esa indiferencia tras el discurso inaugural.

Como demuestra el asesinato esta semana de 30 personas en la provincia de Ghor, el asunto de Afganistán tiene formas de forzar su entrada en el foco político. Barack Obama aprendió está lección a la fuerza. Prometió acabar con la guerra. En su lugar, la intensificó, después flaqueó y finalmente perdió el interés.

La estrategia de Obama de 2009 de aumento de presencia estadounidense en el país, apoyada por Clinton, entonces secretaria de Estado, envió 51.000 soldados adicionales a Afganistán. Pero los refuerzos fracasaron en su objetivo de acabar con la insurgencia talibán. En 2014 Obama dijo que la guerra estaba acabando. Pero se ha tenido que comer sus palabras. Mientras deja el cargo, 8.400 soldados estadounidenses y un amplio contingente aéreo siguen allí.

Los talibanes afganos, apoyados por células en Pakistán, siguen siendo el enemigo más numeroso y mortífero. Análisis recientes sugieren que los talibanes están ganado territorio en Helmand, donde una vez combatieron los soldados británicos. Las continuas ofensivas en la zona de Kunduz en el norte y los osados ataques en Kabul han sido repelidos, pero con mucha dificultad.

Los yihadistas de al Qaeda, razón por la cual entró Estados Unidos en Afganistán en 2001, siguen activos en al menos siete provincias, mientras que el ISIS se ha afianzado en Nangarhar. Señores de la guerra enfrentados étnicamente complican aún más el panorama.

Afganistán es ya la guerra más larga de Estados Unidos. Su 15º aniversario se cumplió el pasado 7 de octubre. Más de 2.300 soldados estadounidenses han muerto en Afganistán. El conflicto ha costado a los contribuyentes estadounidenses 628.700 millones de euros.

Incluso a pesar de las recientes e inciertas conversaciones de paz, el conflicto está lejos de terminarse. Afganistán se ha convertido en el pequeño y sucio secreto de la campaña presidencial de Estados Unidos sobre el que ningún candidato se preocupa en discutir.

En los tres debates presidenciales, Afganistán solo se ha mencionado una vez, por Clinton, y después solo de pasada. La demócrata, ya atacada por su apoyo a la invasión de Irak de 2003 y la intervención estadounidense en Libia en 2011, tiene muy pocos alicientes para llamar la atención de un problema inconcluso en Afganistán. Sabe que la guerra es sumamente impopular entre los votantes.

Por su parte, Trump parece entender muy poco e importarle menos. Una vez dijo que la guerra era un “error terrible”, pero no tiene una política conocida. Hasta los talibanes parecen ofendidos. Un portavoz talibán, mencionado por el analista Yochi Dreazen, señaló tras el primer debate que Trump dice “lo primero que se le ocurre” y que “no es serio”.

Esta indiferencia no puede durar, escribe Dreazen. “Cualquiera que sea el motivo, el silencio sobre Afganistán es una auténtica vergüenza, ya que el futuro de la larga guerra liderada por Estados Unidos será una de las primeras y principales decisiones que tanto Trump o Clinton tendrán que tomar... El próximo presidente tendrá que decidir si dejar allí las tropas, enviar más, o traer todavía más a casa”, señala.

Abandonar Afganistán no es probablemente una opción, no importa lo mucho que a los países occidentales les gustase hacer desaparecer el problema. A pesar del fracaso de muchos proyectos de reconstrucción rural, 70 países donantes se han comprometido a dar otros 13.900 millones de euros durante los próximos cuatro años.

Aunque las necesidades humanitarias son, sin duda, acuciantes, semejante generosidad parece ser un triunfo de la esperanza sobre la experiencia. La situación en materia de seguridad es grave en muchas zonas, el gobierno afgano en Kabul es débil y la corrupción oficial es endémica.

La violencia contra las mujeres continúa a pesar de los arduos esfuerzos para combatirla. Más de 5.000 casos —incluidos 241 asesinatos— fueron denunciados en la primera mitad del año. La producción de opio vuelve a estar alta. Los refugiados afganos continúan dirigiéndose a Europa en grandes cantidades. El conflicto continúa desestabilizando a Pakistán.

La esperanza entusiasta de que el ejército y la policía tan entrenados por la OTAN remplacen con éxito a los soldados occidentales y que proporcionen la seguridad adecuada se ha demostrado ilusoria. De acuerdo con análisis de Estados Unidos, los talibanes controlan actualmente más territorio que nunca desde 2001. En lo que llevamos de 2015, cerca de 2.500 civiles han muerto, según cifras de la ONU. Muchos de ellos fueron asesinados por fuerzas gubernamentales. Y las muertes de menores han crecido un 15%.

Piensen lo que piensen Clinton y Trump, Afganistán no es un problema que pueden esquivar por mucho tiempo.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Fuente: theguardian - eldiario.es

viernes, 14 de octubre de 2016

Afganistán, ocupación duradera




por Manlio Dinucci

A pesar de las ya numerosísimas pruebas que demuestran que Estados Unidos y el Reino Unido planearon la guerra contra Afganistán desde la ruptura en Berlín de las negociaciones con los talibanes –en julio de 2001– aún prevalece la versión que invoca los atentados del 11 de septiembre como justificación de esa guerra. Una guerra cuyo objetivo oficial era el derrocamiento del emirato que los mismos Estados Unidos habían instalado en Afganistán. Esa guerra continúa hoy en día, desde hace 15 años.

El 15º aniversario de los atentados del 11 de septiembre ocupó durante varios días las primeras páginas de los periódicos. Hubo, en cambio, un silencio total de los medios sobre el 15º aniversario de la guerra contra Afganistán, iniciada el 7 de octubre de 2001 con la operación «Enduring Freedom», o sea «Libertad Duradera».

Motivo oficial de la operación: perseguir a Osama ben Laden, organizador [designado] de los atentados del 11 de septiembre y supuestamente escondido en una cueva afgana bajo la protección de los talibanes.

En realidad, como finalmente acabó por saberse, todo el plan de invasión de Afganistán ya estaba sobre el buró del entonces presidente George W. Bush antes del 11 de septiembre. Sus objetivos estratégicos podían además distinguirse claramente en el informe Quadriennal Defense Review, cuyo texto divulgó el Pentágono el 30 de septiembre de 2001, una semana antes del inicio de la guerra contra Afganistán.

El 10 de octubre de 2001, nosotros publicamos las partes fundamentales de ese documento en el diario [italiano] Il Manifesto. Quince años después, su lectura, a la luz de los acontecimientos de los últimos tiempos, resulta especialmente interesante:

«Estados Unidos, que como potencia mundial tiene importantes intereses geopolíticos en el mundo entero, debe impedir que otros dominen áreas cruciales, particularmente Europa, el noreste asiático, el litoral del Asia oriental, el Medio Oriente y el sudeste asiático. Asia, en particular, está emergiendo como una región de posible rivalidad militar a gran escala. Es posible que aparezca en esa región un rival militar con una formidable base en recursos. Nuestras fuerzas armadas deben conservar la capacidad de imponer la voluntad de Estados Unidos a cualquier adversario, incluso a`Estados y entidades no estatales, cambiando el régimen de un Estado opositor u ocupando un territorio extranjero hasta que se alcancen los objetivos estratégicos estadounidenses.»

Lo anterior expresa de manera totalmente transparente las verdaderas razones de la guerra en Afganistán.

Durante el periodo anterior a los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 pudieron verse en Asia fuertes señales de acercamiento entre China y Rusia. Ese acercamiento se concreta, el 17 de julio de 2001, con la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amigable, definido como «piedra angular» de las relaciones entre esos dos países.

Washington ve el acercamiento entre China y Rusia como un desafío a sus intereses en Asia, en un momento crítico en que Estados Unidos trata de ocupar el vacío que el derrumbe de la URSS había dejado en Asia Central, área de primera importancia tanto por su posición geoestratégica en relación con Rusia y China como por sus reservas de petróleo y gas natural en los límites del Mar Caspio.

Y Afganistán es una posición clave para el control de esa área. Eso explica el enorme despliegue de fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, en una guerra que –según un estimado por defecto del Watson Institute (de la Brown University de Estados Unidos)– ha arrojado hasta ahora más de 170 000 muertos y 180 000 heridos graves y el gasto oficial –contabilizando únicamente los gastos estadounidenses– de unos 830 000 millones de dólares (más de 40 veces el PIB de Afganistán), además de enormes gastos no registrados.

En estos 15 años, las operaciones militares en Libia, Irak, Siria y en otros países han costado oficialmente, contabilizando sólo las operaciones militares en el terreno, alrededor de 3 700 millardos [1] de dólares. Pero los “gastos colaterales” futuros, principalmente en términos de asistencia médica a los veteranos estadounidenses de esas guerras, elevan la suma a 4 800 millardos.

En la operación de la OTAN en Afganistán, bajo el mando de Estados Unidos, hoy rebautizada con la denominación «Apoyo Resuelto», se mantiene la participación de Italia con un contingente desplegado en las regiones afganas de Kabul y Herat. Oficiales italianos son enviados además a Tampa (en la Florida, Estados Unidos) para servir en el mando estadounidense de la operación y también a Bahréin, como personal de enlace con las fuerzas de Estados Unidos.

En el marco de esa misma estrategia, Italia está implicada actualmente en 27 «misiones» que hoy tienen lugar en 19 países.

Manlio Dinucci

Fuente original: Il Manifesto (Italia)
Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio.

[1] 1 millardo = 1 000 millones

Manlio Dinucci Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas: Laboratorio di geografia, Zanichelli 2014 ; Geocommunity Ed. Zanichelli 2013 ; Escalation. Anatomia della guerra infinita, Ed. DeriveApprodi 2005.

FUENTE: Red Voltaire
Voltaire, edición Internacional
Artículo bajo licencia Creative Commons

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domingo, 24 de julio de 2016

ISIS reivindica el atentado contra una manifestación en Kabul que ha dejado 80 muertos


Se elevan a 31 los muertos en un atentado suicida en Kabul y los talibanes niegan la autoría


EFE - Kabul


  • El presidente afgano, Ashraf Gani, aseguró en un comunicado que entre los fallecidos y heridos se encuentran "miembros de las fuerzas de seguridad y defensa", sin aportar más detalles
  • ISIS se ha atribuido la autoría del ataque contra una marcha de la minoría étnica hazara. Hay más de 200 heridos


Un atentado suicida con bomba en Kabul se ha saldado de momento con 80 muertos y 207 heridos, según datos del Ministerio de Salud Pública de Afganistán. Se ha producido contra una marcha de la minoría étnica hazara en la zona de Dehmazang  en protesta por un proyecto eléctrico del Gobierno que excluye a una provincia de esta minoría, de la rama islámica chií.

ISIS, a través de la agencia Amaq vinculada al grupo yihadista, ha reivindicado el ataque. "Dos combatientes del EI detonaron cinturones con explosivos en una concentración de chiíes en la zona de Dehmazang en Kabul", según un escueto mensaje difundido por este medio.

La atribución de esta formación se produjo después de que los talibanes negaran cualquier implicación en el atentado. Zabaiullah Mujahid, uno de los portavoces de los talibanes, condenó a través de su cuenta oficial en Twitter "cualquier ataque que cause división y discriminación entre la gente y la religión. Es algo que beneficia al enemigo".

El Estado Islámico reivindica el ataque en Kabul con al menos 61 muertos
El Estado Islámico reivindica el ataque en Kabul con al menos 61 muertos EFE
El presidente afgano, Ashraf Gani, aseguró en un comunicado que entre los fallecidos y heridos se encuentran "miembros de las fuerzas de seguridad y defensa", sin aportar más detalles.

"Celebrar protestas es el derecho de cada ciudadano de Afganistán y el Gobierno pone todos sus esfuerzos en proporcionar la seguridad, pero los terroristas entraron entre los manifestantes y llevaron a cabo las explosiones", indicó en la nota.

Las autoridades habían cercado el recorrido con la colocación de grandes contenedores y la marcha se había dirigido al palacio presencial, aunque el dispositivo de seguridad impidió el paso sin que se produjeran incidentes.

Según fuentes oficiales citadas por el canal de televisión afgano Tolo, el ataque tuvo lugar hacía las 14.30 hora local (10.00 GMT) cuando los manifestantes se reagrupaban en la zona de Dehmazang y fueron tres los atacantes.

Además del presidente Gani, organizaciones como Amnistía Internacional ha condenado esta acción. La comunidad hazara de Afganistán, un país predominante suní en el que los chiíes conforman el 9% de la población, ha sido objeto de diversos secuestros en grupo y asesinatos sectarios por parte de los talibanes y otros grupos insurgentes en los últimos dos años.

Fuente: theguardian - eldiario.es

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