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sábado, 2 de julio de 2016

EL TRATADO TRASATLÁNTICO DE COMERCIO E INVERSIONES (TTIP) Y LOS CONSUMIDORES






lamentable.org
José Mª Fernández Seijo
Magistrado

Conviene ir acostumbrándose a escuchar estas siglas: TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership). Bajo este acrónimo se esconden, en realidad, un conjunto de tratados de la más variada índole que están negociando los Estados Unidos con la Unión Europea, su finalidad principal es la de consolidar un mercado único de comercio e inversiones que rija los destinos de la economía global.Ya existen tratados similares firmados en el marco de la Organización Mundial del Comercio que han sentado las bases de la liberalización en las transacciones de todo tipo de bienes o servicios.
El TTIP tiene la particularidad de negociarse directamente entre Estados Unidos y la Unión Europea, la intervención de los países de la Unión es secundaria lo que determina una muy mala noticia si se tiene en cuenta que la Comisión Europea no vive un momento especialmente brillante.
La salida del Reino Unido de la UE (el Brexit) no facilita, ni mucho menos, la negociación ya que los Estados Unidos tradicionalmente han firmado acuerdos bilaterales con UK que han marcado el paso del resto de países occidentales.
Sería una osadía intentar sintetizar en unas cuartillas todos los matices de los tratados en negociación, entre otras razones porque el grueso de los materiales ha sido considerado confidencial y los selectos eurodiputados que han accedido a los documentos están sometidos a severas normas de confidencialidad.

La oposición al Tratado ya se hace sentir en muchas ciudades europeas
Sin embargo, puede ser útil que la gente de la calle vaya acomodando sus oídos, sus bolsillos y sus garantías al TTIP ya que, cuando finalicen las rondas negociadoras, el Tratado puede modificar sustancialmente los derechos de millones de individuos, sobre todo el núcleo más sensible referido a derechos sociales, medioambientales y de seguridad.
El gran mercado Transatlántico, que abarcaría desde Canadá a México y todo el espacio de la Unión Europea, incluido el Reino Unido con sus acuerdos preferenciales, se convierte en un goloso bazar con decenas de millones de consumidores.
Seguramente se publicarán sesudos ensayos sobre la incidencia del TTIP, para hacer boca puede ser útil establecer algunas ideas fuerza acerca de la incidencia del TTIP en la tutela a los consumidores.
1 La protección a los consumidores es un contrapeso a las normas sobre correcto funcionamiento de los mercados. El libre mercado exige que el consumidor no pueda ser engañado, tampoco confundido.
2 En importantes normas sectoriales básicas para el libre mercado (propiedad industrial, propiedad intelectual, competencia desleal, defensa de la competencia), se exige que el consumidor «esté razonablemente informado, sea atento y perspicaz». Por lo tanto, hay un estándar de protección del consumidor que obliga a realizar un esfuerzo a los poderes públicos para que cualquier situación de desequilibrio se pueda evitar tanto en el momento de la contratación como en los procedimientos judiciales a los que pueda acudir el consumidor.
3 Los documentos de trabajo del TTIP sólo hacen referencia a la necesidad de protección del consumidor en los supuestos de comercio electrónico y en el capítulo de información y comunicación electrónica. Olvida referencias concretas a los consumidores en materias tan delicadas como la de los productos sanitarios, farmacéuticos o alimenticios, en los que el riesgo no sólo es patrimonial, sino también de salud. También quedan fuera del ámbito de tutela del consumidor en el TTIP los productos y servicios financieros, en los que se propugna una liberalización casi absoluta.
4 El consumidor no sólo se encuentra en situación de desequilibrio en el momento de la contratación, sino también dentro del proceso (STJUE caso Océano, 27 de junio de 2000), por lo tanto, cualquier sistema de resolución de conflictos en los que se busque alternativas a la tutela judicial exige una especial cautela. No puede soslayarse que uno de los pilares del TTIP se asienta en el establecimiento de un sistema de solución de conflictos arbitral ajeno los sistemas judiciales europeos.
5 En la cultura anglosajona la tutela de consumidores se apoya en acciones colectivas de muy elevado coste, en el modelo europeo no es posible impedir al consumidor que opte por la tutela individual y pueda eludir las demoras y disfunciones de la tutela colectiva (STJUE caso Sales Sinué, 14 de abril de 2016).
6 El consumidor tiene derecho a un especial ámbito de protección que se convierte en derecho fundamental en la carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículo 38, mencionado por STJUE caso Kusionova, de 10 de septiembre de 2014). Este derecho fundamental queda desmantelado si se opta por mecanismos de resolución de conflictos que se alejen incluso físicamente del consumidor, también se degrada este régimen de protección si no se garantiza el control de oficio del juez o de cualquier otra autoridad pública.
7 Los sistemas de protección de conflictos que propugnan los borradores de anexos que acompañan al TTIP diluyen los instrumentos de control al fiarlos a organismos transnacionales de naturaleza no jurisdiccional en los que tendrán un peso determinante las grandes corporaciones y los lobbys.
8 La Jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en materia de consumidores daría una respuesta radicalmente contraria a cualquier instrumento de resolución de conflictos con consumidores como consecuencia del funcionamiento del mercado que rebajara esos estándares de protección. Debe tenerse en cuenta que la tutela del consumidor no sólo afecta a cláusulas concretas incluidas en los contratos, sino también a cualquier comportamiento o práctica que, de hecho, debilite al consumidor.
9 Hasta la fecha las negociaciones realizadas en el marco de la Organización Mundial del Comercio se habían realizado entre estados, lo que había permitido que los estados, a la hora de adherirse a alguno de los convenios, pudiera realizar las reservas correspondientes para evitar o reducir los efectos de algunos compromisos. Sin embargo, en el TTIP la negociación se realiza entre USA y UE, sin tener en cuenta las particularidades de algunos países de la Unión. Es difícil que se consensue un modelo de tutela de los consumidores en el marco de los tratados de libre comercio transatlántico, cuando todavía no se ha establecido un marco común de tutela de los consumidores en el ámbito de la Unión Europea, en la que sigue habiendo consumidores de primera o de segunda categoría en función de las legislaciones internas aplicadas.
10 Son especialmente preocupantes las propuesta del TTIP en materia de liberalización de servicios y productos financieros, en los que todas las iniciativas giran alrededor de una liberalización absoluta sin ningún tipo de contrapeso y sin ningún instrumento regulador que pueda evitar o corregir los atropellos del llamado capitalismo de casino (el de las subprime, los derivados financieros, los bonos basura, los fondos de inversión y otros productos que tienen su origen en el mercado financiero anglosajón y que han llevado a la ruina a millones de familias en todo el mundo).
Esperemos que la decimocuarta ronda de negociaciones, que se inicia el 12 de julio, fortalezca el flanco del consumidor, que no haga insalvable el desequilibrio evidente en el que se encuentra a la hora de comprar bienes o adquirir servicios con empresas que no sólo imponen sus reglas, sino también el modo en el que dirimir las disputas.




ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Fuente: ATTAC Madrid

domingo, 17 de abril de 2016

Contra la élite de la mafia: tratemos a la riqueza offshore igual que al dinero del terrorismo


El escándalo de los papeles de Panamá se intensifica en Reino Unido, Portugal y Bélgica
El escándalo de los papeles de Panamá se intensifica en Reino Unido, Portugal y Bélgica. EFE


Las antiguas sociedades en las que los ricos no pagaban impuestos se extinguieron. No dejemos pasar las revelaciones de los papeles de Panamá sin hacer algo al respecto.
Paul Mason

Al pasear por los pasillos adoquinados frente a las casas derrumbadas de la ciudad italiana de Perugia, uno podría imaginarse que está en la Edad Media. Frente a tanta arquitectura y arte medieval surge la pregunta: ¿qué fue lo que sucedió con el Renacimiento?
Sí, es cierto que la ciudad aún conserva imponentes palacios privados de los siglos XIV y XV; y sí, también es verdad que Rafael dejó pintada la mitad del mural de una pequeña capilla. Pero Perugia no es Florencia. Claramente, fue una ciudad de dinero en alguna época, pero después del año 1300 las riquezas artísticas, culturales y científicas se trasladaron a otro lugar. Según la historiadora Sarah Rubin Blanshei, hacia 1500 la ciudad era "más pequeña, más pobre y con una política más limitada" que 200 años antes.

¿Por qué fue así? Porque los ricos no pagaban sus impuestos. La élite de la ciudad de Perugia se convirtió en un círculo cerrado de mafiosos. Ganaban dinero como mercenarios en el extranjero y cuidaban celosamente la herencia de sus familias, limitando la movilidad social. ¿Suena conocido?

Como el fiasco de David Cameron con los papeles de Panamá coincide con el de George Osborne con el presupuesto, corremos el riesgo de encasillar a los dos como meros escándalos políticos. Pero los papeles de Panamá señalan una enfermedad más grave. El capitalismo globalizado se ha convertido en una forma de corrupción legal organizada, en la que la labor de gerentes, inventores y empresarios pasa a ser menos importante que esas personas con dinero capaz de "trabajar por ellos", preferentemente desde una jurisdicción que nadie puede ver.

"Si patrimonio equivale a poder, entonces la duplicación del patrimonio con respecto al ingreso en las economías avanzadas desde los años 70 podría inclinar tanto el poder en la dirección de una nueva élite hereditaria que no habría marcha atrás"
Al escuchar a los defensores de Cameron, observamos que su lógica sigue tres líneas: no hizo nada ilegal, nada contrario al parlamento y nada malo. No dudo que su decisión de invertir en un fondo offshore haya sido legal, pero lo que sí justifica una investigación es que haya cometido el error de no informar sobre sus acciones en Blairmore cuando asumió como miembro del Parlamento, o que haya hecho presión para proteger los fondos offshore siendo el beneficiario de uno de ellos.

Sin embargo, la derecha rabiosa insiste en que no deberíamos criticar a Cameron por elusión fiscal (con la excusa de que "todos lo hacen"), y que deberíamos interpretar esto como una especie de momento María Antonieta para toda la élite social del Reino Unido.

Si alguien entrara a un bar y dijera que encontró la forma de estafar al sistema de seguridad social, se enfrentaría al escarnio público o a una rápida y anónima llamada a la línea directa de denuncias por fraudes a la seguridad social. Pero una gran parte de la industria financiera del Reino Unido se dedica a evadir las normas que regulan cómo individuos y empresas pagan impuestos sobre sus ingresos. Solo en Londres hay registradas cientos de empresas de asesoría (muchas de ellas con registro profesional en contabilidad, leyes y finanzas), con el único propósito de hacer lo ya mencionado.

El porcentaje de recaudación tributaria perdida todavía es tema de discusión. Si el patrimonio global depositado offshore equivale a 21 billones de dólares, como estima Tax Justice Network, eso podría generar 188.000 millones de dólares al año para gobiernos cortos de efectivo.

¿Por qué nadie hace nada? Porque, como ocurrió durante el gobierno de Perugia de mitad del siglo XV, hay mucha gente aprovechándose de la situación.

¿Por qué el pueblo no se rebela? Bueno, el problema de una economía globalizada conformada por naciones-estados es que uno puede rebelarse cuanto quiera, reforzar el sistema nacional tributario, hasta incluso ventilar en los diarios las actividades de los ricos… pero mientras siga existiendo el concepto "offshore", seguirá existiendo la corrupción legalizada.

Para las democracias más maduras del planeta, los papeles de Panamá (como así también los Lux Leaks, Swiss Leaks, y otras tantas transmisiones de datos anteriores) son una llamada de alerta. Si patrimonio equivale a poder, entonces la duplicación del patrimonio con respecto al ingreso en las economías avanzadas desde los años 70 podría inclinar tanto el poder en la dirección de una nueva élite hereditaria que no habría marcha atrás.

El efecto contrario
La semana pasada, Costas Efimeros, editor de un sitio web griego de investigación, advirtió que las revelaciones de Panamá podrían ser "la última oportunidad" del periodismo que investiga mediante filtraciones. Si una revelación no provoca indignación, y los delincuentes no son castigados, escribió Efimeros, "entonces la constante revelación de escándalos provocan exactamente el efecto opuesto: derrotismo, sensación de vulnerabilidad, aceptación fatalista del gobierno de los poderosos".

Si Efimeros está en lo correcto, esta mezcla de documentos, reputaciones, códigos profesionales y hechos en duda tiene consecuencias para todos nosotros.

En primer lugar, todo esto tiene que terminar en alguna acción. Estoy menos interesado en derrocar a un ya desafortunado primer ministro británico que en darle la legitimidad necesaria, a él o a su sucesor, para actuar unilateralmente.

No queremos ser un país estancado en un neo-feudalismo gobernado por la riqueza hereditaria y una mafia extraoficial. Queremos ser la Florencia, Brujas o Ámsterdam del siglo que viene. Perugia, no.
El Reino Unido debería tomar el control directo de sus dependencias poco claras en materia tributaria. Además, debería abolir la figura del no domiciliado. Y debería crear un cuerpo especial dentro del departamento británico de Hacienda (HMRC) diseñado específicamente para procesar evasores y cobrar dinero a quienes incurren en la elusión fiscal de forma más activa.

El segundo paso tiene que terminar en palabras. Me conformaría con que se leyera una declaración del primer ministro en las Universidades de Cambridge y de Oxford, en escuelas privadas y en los bancos y despachos de abogados y de consultoría registrados en la Financial Services Authority (FSA). La declaración debería decir: "Se acabó. Ya no hay más formas respetables de elusión fiscal; a partir de este momento el patrimonio offshore será tratado igual a como tratamos la financiación de los terroristas".

Por último, debería ser unilateral. La gran lección que nos enseñaron las ciudades estado italianas del Alto Renacimiento fue que, si uno lo desea, puede ocurrir. Uno puede desear una economía donde la ciencia, la innovación, el arte, y el sistema bancario coincidan: la gente con talento se hace rica, la riqueza hereditaria se evapora pronto, los gobernantes escuchan las demandas de justicia social y, si no lo hacen, arden en la hoguera.

Actuar de manera unilateral va en contra del ADN de la élite globalizada. Su "nación" es el sistema global y si un país actúa sin coordinación con los demás es visto como herejía. El mantra es: "Si lo hacemos, el dinero simplemente se irá a un paraíso fiscal". Respondamos entonces: "Déjenlo ir".

Una acción unilateral por parte del Reino Unido sería algo poderoso. Afectaría al sistema de corrupción organizada y enviaría un mensaje. Queremos disfrutar de lo mejor que los próximos 20 años puedan ofrecernos y no de lo que quede después de que la élite, el 1% de la población, se haya llevado la mejor parte.

No queremos ser un país estancado en un neo-feudalismo gobernado por la riqueza hereditaria y una mafia extraoficial. Queremos ser la Florencia, Brujas o Ámsterdam del siglo que viene. Perugia, no.

Traducción de Francisco de Zárate

Fuente: eldiario.es – theguardian

martes, 5 de abril de 2016

Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón




Difundidos en España por La Sexta y El Confidencial y analizados por un centenar de medios de 76 países, los 11,5 millones de documentos regurgitados desde esa cloaca del ocultismo financiero que es el bufete panameño Mossak Fonseca van dejando algunas revelaciones sobre la cleptomanía de la dirigencia mundial pero, sobre todo, suponen la confirmación de que el enfoque sobre la crisis del capitalismo partía de una premisa errónea: no hay corrupción en el sistema porque, de hecho, la corrupción es el sistema.

De la perversión de este capitalismo de rapiña ya teníamos pruebas suficientes sin necesidad de muchos más datos. Sabíamos que quienes hacían las leyes trabajaban el doble para hacer también las trampas y que la lucha de clases puede que sea el motor de la historia pero de una historia en la que siempre ganan los mismos.

Los jefes de Estado y de Gobierno, sus familiares o los políticos que, según muestran los documentos que han salido a la luz, constituyeron sociedades opacas para ocultar sus desfalcos, su patrimonio o, simplemente, para no pagar impuestos no han engañado a nadie. Bastaba sumar dos más dos. ¿Que por qué las grandes potencias, el G-7, el G-20 o el punto G se han mostrado incapaces de acabar con los paraísos fiscales, una vez que fue palmario que se encontraban en el origen de la crisis financiera internacional? Pues porque muchos de quienes se sentaban en esos cenáculos eran sus principales clientes.

Estamos comprobando lo que ya sabíamos. Según parece, Putin ha robado a manos llenas y le ha servido de testaferro un amigo violonchelista; también lo han hecho los jeques del Golfo o los golfos de los jeques; los Messi han querido seguir regateando a Hacienda; y hasta hemos descubierto que la hermana del emérito, sin tocar el violonchelo, ha tenido una cuenta oculta en Panamá por si venían mal dadas, se supone que a ella y a su familia. ¿De verdad que hay alguien asombrado?

Más datos no nos han podido dar. Europa elige como presidente de la Comisión a un tal Juncker que, como primer ministro de Luxemburgo, se hinchó a firmar acuerdos secretos con multinacionales para permitirles tributar al 1%. ¿Alguien en su sano juicio podría llegar a pensar que el caballero en cuestión impulsaría una cruzada contra los evasores fiscales?

Ni siquiera hay que irse tan lejos. A ese mismo 1% han tributado las sicav de los ricos de este país, un fraude consentido por si decidían llevarle la pasta a los Mossek Fonseca de turno. Nos hemos tragado que a los Botín se les olvidó declarar 2.000 millones de euros de nada de la fortuna familiar y se les ha permitido la repatriación a portes debidos. Nada más conocer que el bueno de Falciani tenía una lista, Montoro dispuso una amnistía fiscal para que al 3% nuestros más reputados delincuentes afloraran su dinero negro. Y para luchar denodadamente contra el fraude se mantiene la nómina más exigua de inspectores de Occidente, no vaya a ser que esa economía sumergida que representa un tercio del PIB salga a la superficie a tomar aire. ¿Casualidades de la vida?

La corrupción es el sistema y aún así, desde la política, “el medio de ganarse la vida preferido por la parte más degradada de nuestras clases delictivas”, que decía Bierce, se insiste en hacer pedagogía: los pobres tienen que pagar impuestos, Hacienda somos todos menos la infanta, hay que sostener la educación, la sanidad y los butrones de la Gürtel, Jersey es una prenda de abrigo y no una isla refugio de los piratas, y así. Que nos cuenten ahora el de Caperucita.



Juan Carlos Escudier
Fuente: Público.es

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