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viernes, 27 de noviembre de 2015

UN CAMBIO DE HEGEMONÍAS



                                            CAZA RUSO DE 6ª GENERACIÓN




Las puntadas de Putin desde Medio Oriente

Humberto Trómpiz Valles
Rebelión

La decisión del gobierno mundial de capital de apoderarse de los recursos naturales del planeta, vía la acumulación por desposesión, como fórmula para redireccionear la alicaída tasa de ganancia, ha vuelto a reeditar, la guerra fría, fenómeno histórico que se creía desaparecido una vez concretado el apagón del Socialismo Real. Desde finales de la centuria pasada el imperialismo occidental ha instrumentalizado a la OTAN como su herramienta fundamental para recolonizar todos aquellos territorios ricos en materias primas. Frente a esta embestida del capital occidental, tanto Rusia como China en un primer momento miraron para otro lado, cuando esta política se llevó a cabo en Irak y Libia. Sin embargo, en la medida que la economía china fue alcanzando tasas de crecimiento astronómicamente altas y la federación rusa se recomponía en lo interno, el viejo concepto del LEBENSRAUM (espacio vital), creado por los intelectuales del nacismo alemán, brotó en todo su extensión, pues, el capital chino como el ruso también son imperialista y necesitan recursos naturales, sobre todo, los recursos petroleros de todo el orbe. De esta manera, la aspiración yanqui de establecer un mundo unipolar hegemonizado por los Estados Unidos se topó con dos poderosos contrincantes, decididos a no darle tregua en la consecución de las riquezas naturales y mercados para sus excedentes exportables. Así, la vieja contradicción interimperialistas que llevó a la humanidad del siglo XX, a sufrir lo horrores de dos guerras mundiales se encuentra rediviva en el Medio Oriente.
El enfrentamiento entre los países de la OTAN y el bloque euroasiático tiene la particularidad de que Rusia y su presidente Putin, emerge como la gran contrincante militar de occidente, quedando China en la trastienda, pero horadando económicamente el imperio del dólar. Sin embargo, desde que Rusia tomó la decisión de intervenir militarmente en Siria, para enfrentar el terror del Ejército Islámico y sostener al presidente Bashar al-Asad, el dirigente Putin se ha anotado una serie de éxitos o puntadas en lo político, geopolíticas y económicas que lo encumbran como el máximo líder del acontecer político mundial en los días que corren. Hasta el presente las más descollantes puntadas del líder ruso obtenidas con su intervención militar en Siria son las siguientes:
1.- Trazarle una raya a la OTAN e indicarle a USA que Rusia va por una recomposición geopolítica del Oriente Medio. Su omisión en el caso Libia quedó atrás.
2.- Probar su armamento militar de última generación y mostrar su poder de fuego a las mentes guerreristas de occidente.
3.- Desenmascarar la hipocresía de USA en su lucha contra el terrorismo y mostrarla como gran aliada y fomentadora del terrorismo mundial. Ahora está más claro nunca que AL QAEDA y el ISIS fueron creaciones de occidente para desestabilizar gobierno nacionalista o progresistas.
4.- Arrancarle a USA las banderas del antiterrorismo y de los derechos humanos que venían siendo utilizadas por el imperio como excusa para recolonizar el planeta.
5.- Demostrarle al mundo que el Ejército Islámico piratea el petróleo de los territorios invadidos y se lo vende a occidente a precio de gallina flaca: 20 dólares por barril. De esta manera Putin emerge como el protector de la OPEP.
6.- La recuperación de los precios petroleros más el encumbramiento del yuan y por ende, de la economía china, determinará una prolongación de la crisis del capital occidental y fracturas profundas dentro del bloque de la OTAN. La Unión Europea también comienza a hacerle carantoñas al bloque euroasiático, liderizado por Putin y el mandatario chino.
7.- Indicarle a los BRICS que su colaboración económica puede evolucionar hacia una entente militar, como escudo frente a la voracidad imperial de occidente.
8.- Dada la gran dependencia de Europa Occidental de los hidrocarburos rusos, es indiscutible que la protección de Putin a la producción petrolera del Medio Oriente, vía la eliminación del ISIS, redundará en una mejoría de los precios petroleros, profundizará la dependencia occidental del petróleo ruso y beneficiará los ingresos rentísticos de la federación rusa.
9.- El apoyo militar a Siria también ha servido para que los aliados eternos de USA en el Medio Oriente (petromonarquìas), vean en Putin un apoyo frente a los desmanes del ISIS. Por Moscú ha empezado el peregrinaje de cancilleres de estas petromonarquìas.
10.- La política antiterrorista y el apoyo a la estabilización de los gobiernos legítimamente constituidos del Medio Oriente, ha acercado a Putin a las posiciones políticas del otro gran líder del momento actual: el papa Francisco. Estos dos personajes son los verdaderos pesos pesados de la política mundial.
11.- Por último, Putin ha dejado en claro con su intervención en Siria, que las relaciones entre naciones deben seguir rigiéndose por el derecho internacional, cuestión que estaba en entredicho por las invasiones ilegales del imperialismo yanqui, cuando éste puso a un lado los organismos multilaterales, en la resolución de controversias entre estados. Los falsos positivos de los países de la OTAN para invadir países díscolos con el imperio, resultan ahora más evidentes que nunca


jueves, 19 de noviembre de 2015

Un atentado en la fase de los Imperios Combatientes

 

 

Rafael Poch

 

La dramática serie de atentados de París tiene lugar en la fase de los Imperios Combatientes. El concepto designa lo que ha venido después de la guerra fría, aquél conflicto Este-Oeste que creíamos lo peor posible. Su eje central es la tensión entre la tríada occidental, que incluye a Japón además de los Estados Unidos y la UE, y los llamados BRICs, las potencias emergentes.

Esto de ahora es peor porque es mayor. No implica solo a dos imperios del Norte, con sus respectivos vasallos del Sur como comparsas, sino que afecta a más centros y geográficamente más dispersos. También es mayor el número de esos centros en posesión de armas de destrucción masiva. Ya no son solo aquellos dos viejos conocidos con uno de ellos, Estados Unidos, inventando nuevas tecnologías militares (el submarino y la aviación estratégicos, los misiles intercontinentales y sus sucesivos desarrollos con múltiples cabezas, los misiles nucleares tácticos de crucero, la militarización del espacio) y el otro, la URSS, poniéndose al día siempre por detrás y con la lengua afuera a costa de la penuria de su población. Ahora la dialéctica deviene multiplicación. Es peor, también porque el cambio de la fase bipolar a la actual multipolar facilita disparates.

Los catorce años de la llamada “guerra contra el terror” han sido un enorme desastre. El intento de alterar el estado de cosas en Oriente Medio comenzó en 1990, en el mismo momento en que Moscú comunicó a Washington que se retiraba del campo de batalla y que el Pentágono creyó que podría en solitario con el peso del mundo. El atentado neoyorkino que la inauguró y pretextó era un claro subproducto de la guerra fría. Bin Laden era resultado de la cocina contra la URSS en Afganistán, un producto que adquirió vida propia. Esos catorce años produjeron más de un millón de muertos, extendieron el terrorismo y la violencia, crearon millones de refugiados y desplazados, y desestabilizaron aún más, o simplemente disolvieron países enteros. El Estado Islámico nace de diversas fuentes, pero su partida de nacimiento es incomprensible sin atender al hecho central: que Estados enteros como, Afganistán, Iraq, Libia y Siria, han sido disueltos y que todos ellos están situados en, o alrededor de, la primera zona energética del mundo en una época en la que el carácter limitado de esos recursos convierte la disputa por ellos en asunto particularmente crucial de la disputa entre imperios.

La aparición de China como potencia emergente aspirante a gran potencia, la recuperación de un orden elemental en Rusia y la afirmación de nuevos sujetos imposibles de ignorar, en Asia (India), África (Sudáfrica) y América Latina (Brasil), ha cambiado esa disputa. Eso no es todo, pero si es la esencia de esta fase de los Imperios Combatientes. Los términos y polos de esa disputa por recursos han cambiado y de momento se está dando lugar a una situación en la que la afirmación del caos, el Imperio del Caos, es el principal dato. Europa, con Francia en el centro, debería evitar implicarse en esto pero la política de la OTAN-UE, heredera inercial de la fase anterior, le arrastra a ello.

Washington, que ha contribuido sobremanera a fomentar una guerra de religión en el mundo musulmán y ha fortalecido a Irán sin quererlo, ha completado el desastre con una nueva aventura en Siria. Con el apoyo y el dinero de los amigos del Golfo, que son versiones monárquicas parecidas al régimen que propicia el Estado Islámico con sus propias agendas y objetivos regionales, se fomentó la caída del régimen de Damasco, como se había hecho antes con Sadam Hussein en Iraq y con el Coronel Gadafi en Libia. En este caso se trataba de restar otro régimen laico hostil en la región, debilitar a Irán, su aliado, y también a China de la que ese país es gran suministrador energético. Al mismo tiempo, después de ampliar la OTAN en Europa del Este, en violación del acuerdo de París de noviembre de 1990, se continuaba metiéndole el dedo en el ojo al oso ruso en el Báltico, en el Cáucaso y en Ucrania, lo que acabó con un zarpazo. La primera respuesta militar a un avance occidental en Europa. Lo mismo ha ocurrido en Siria, con la participación militar rusa. Y algo muy semejante a un cerco militar está ocurriendo alrededor de China. En el mundo ya hay tres focos de tensión y contacto militar directo entre EE.UU, Rusia y China: Ucrania, Siria y el Mar de China. Por todas partes el Imperio del Caos prefiere optar por la presión militar hegemónica en lugar de reconocer la nueva lógica multipolar y abrirse a un juego diplomático multilateral.

El miércoles 19 se cumple el treinta aniversario de la cumbre de Ginebra entre Ronald Reagan y Mijail Gorbachov. Su resultado fue inaugurar un consenso sobre la invencibilidad (e imbecilidad) de una guerra nuclear que dio sólidos argumentos y perspectivas a importantes negociaciones de desarme posteriormente malogradas. Recordar aquella ocasión perdida es fundamental. Porque solo la diplomacia, y nunca la guerra entre potencias de la destrucción masiva, resolverá en el mundo esta inquietante fase de los Imperios Combatientes que amenaza con hacer saltar el siglo con otra gran guerra.

Fuente original:http://www.lavanguardia.com/internacional/20151117/30217035578/atentados-paris-imperios-combatientes.html

jueves, 5 de noviembre de 2015

Otro mundo


BUQUE CHINO                                    PORTAVIONES DE EEUU

Luis Bilbao

Rebelión

Está dicho y repetido: Estados Unidos ha perdido su hegemonía mundial incontestable. Resta saber cómo adaptará su conducta a la nueva –irreversible– situación de un mundo pluripolar.
Tal incógnita es más candente desde el 30 de septiembre, cuando Rusia tomó cartas para frenar la demolición de Siria y su ocupación por agentes estadounidenses.
Hasta el momento la readecuación estadounidense ha recorrido los caminos de la diplomacia de corsarios, espionaje como nunca invasivo, agresiones con costo principal para aliados y sin rival militarmente valedero. Por ese camino, envalentonado por su triunfo en Libia, Washington ensayó en Siria una combinación feroz de mercenarios y fanáticos religiosos. Esa táctica produjo una catástrofe humanitaria y alimentó un tipo de organización terrorista sin precedentes, Daesh, que cobró vida propia y amenazó con hacer estallar el equilibrio regional.
Lejos de sus objetivos, el Departamento de Estado produjo una reacción aparentemente no esperada: la coalición antiterrorista de Rusia, Siria, Irán e Irak y el ingreso franco de Rusia en la guerra. Comenzó así otra fase, en la que los burócratas de las cancillerías dejan paso al combate abierto, con efectos fulminantes: en pocos días Estados Unidos perdió el control de Medio Oriente. Un mazazo estratégico cuyas consecuencias están por medirse, como lo admite el insospechable semanario alemán Der Spiegel: “Rusia pone fin al viejo orden mundial dominado por Estados Unidos”.
En tres semanas las incursiones aéreas de Rusia y el accionar combinado del ejército sirio en tierra, más la contribución de Irak e Irán, pusieron en fuga a Daesh. Para desesperación de los estrategas del Pentágono la coalición tiene sede formal en Bagdad y comando ruso. Más aún: la ofensiva dejó aislados y desvalidos a los grupos mercenarios a los que en las capitales de Occidente se denomina “democráticos” y “revolucionarios”, que ahora en retirada multiplican sus crímenes y combaten entre sí. Habían sido puestos en acción por el Departamento de Estado cuatro años atrás para derrocar al presidente Bashar al Assad. Como jefe de Estado integrante de la coalición antiterrorista, Al Assad resume la magnitud del fracaso de la Casa Blanca.
Lejos de ese escenario, atravesando todo el continente hacia el sureste, en el Mar de China Meridional sube la temperatura en otro conflicto de impensables derivaciones. Aquí la contraparte no está en la hasta hace poco desestimada Moscú, sino en la temida Beijing. China ha construido islas en el archipiélago Spratly y asume soberanía sobre 12 millas náuticas en torno de su territorio. El Pentágono hizo saber extraoficialmente que Washington prepara el envío para los próximos días de naves de guerra que navegarán desafiantes esa zona. Si no media una negociación de última hora, estarán llegando a zona de riesgo cuando usted tenga estas páginas en sus manos. Se trata de una situación de altísimo riesgo, aunque el poder disuasorio de las fuerzas armadas de China, mostrado con inequívoca intención en la parada del 3 de septiembre pasado, contradice la idea de un choque frontal entre ambas potencias.
Cerco desde Europa
En otras latitudes, Washington trastabilla allí donde hasta hace poco pudo acreditar pasos adelante: América Latina y Ucrania.
Este último país ha sido escenario de otro revés en los planes estadounidenses. La “revolución de colores” recorre el camino inverso al trazado hipotéticamente por los estrategas occidentales. Aun al precio de promover fuerzas de neta filiación nazi para derrocar al gobierno de Kiev, la Otan no logró convertir al país en cabecera de playa contra Rusia y sus aliados. Todo lo contrario, desató una guerra civil, perdió cualquier esperanza de control sobre la península de Crimea y alentó un movimiento independentista que desde el extremo Este se extiende hacia todo el país.
Incapaz de alcanzar sus objetivos, Washington y su coro de prensa alegan agresividad rusa para incrementar un dispositivo militar lanzado a la guerra. Mediante la Otan ha desplegado un arco de bases militares en torno a Rusia y desde comienzos de 2015 no ha cesado la sucesión de maniobras bélicas conjuntas contra un supuesto ataque ruso. A mediados de octubre tuvo lugar en Hohenfels, Alemania, la mayor operación aérea conjunta desde el fin de la guerra fría. El diario estadounidense The New York Times lamenta los serios recortes presupuestarios que afectan el desempeño de las tropas propias, obligadas a actuar contra lo que denomina “las últimas amenazas de Rusia, con una fracción de las fuerzas antes desplegadas en el continente”. Esto es, sostiene el periódico, “parte de una misión en desarrollo en la que los comandantes estadounidenses se preparan, si son llamados, para enfrentar un nuevo conjunto de amenazas, no sólo de una agresiva Moscú, sino también de la creciente movilización y caos en el Medio Oriente”.
Dicho de otro modo: mientras la armada estadounidense envía naves hacia el Mar Meridional de China, la Otan prepara la guerra no ya contra Rusia y los países de su área inmediata, sino también contra el bloque antiterrorista encabezado por Moscú, cuya sola creación implica un vuelco definitivo en el mapa de Medio Oriente. No es de extrañar que en discursos, análisis y documentos -sin excluir los textos del Papa- abunden cada día más expresiones relativas a una “tercera guerra mundial”. De allí la pregunta clave: ¿avanza la Casa Blanca hacia una guerra global o sólo busca posicionarse en un mundo donde ya no volverá a ser la voz inapelable?
Victoria a lo Pirro
Otra área donde una sucesión de éxitos de la estrategia imperial vuelve a chocar con la adversidad es América Latina. A diferencia de otros puntos del planeta, aquí Estados Unidos vive el reto de una propuesta definidamente anticapitalista. El Alba, bloque pequeño en términos relativos, puesto que enarbola una estrategia antisistema tiene enorme proyección potencial en un orbe azotado por la creciente crisis económica y su derivación inexorable: la guerra y sus espantosas consecuencias.
Washington celebró el giro de varios gobiernos de regreso a su órbita y el resultado de su agresión contra la Revolución Bolivariana. Pero no alcanzó a plasmar la nueva relación de fuerzas cuando en el horizonte comenzó a perfilarse un panorama aún más amenazador. A seis semanas de las elecciones en Venezuela todos los sondeos muestran a la vez el deterioro del cuadro general y una nueva victoria del gobierno y sus aliados en las legislativas. La indudable crudeza de la crisis ha mellado pero no quebrado el apoyo de las mayorías a la Revolución. El gobierno reacciona con vigor y claridad de objetivos. A la par, la coalición opositora está fragmentada y desprestigiada como nunca antes, por lo cual parece improbable un desempeño electoral exitoso y, en esa misma medida, la continuidad del plan regional empuja a Estados Unidos a apelar a la violencia también en Venezuela. Pero eso implica una respuesta ya no limitada a los miembros del Alba, sino potenciada por grandes masas hostigadas en un nuevo ciclo económico de caída generalizada, en el mismo momento en que aparece la frustración por el fracaso de gobiernos en los que decenas de millones cifraron esperanzas ahora negadas.
A la vez que Estados Unidos cosecha victorias en la superestructura política desde México a la Patagonia –siempre con la excepción de los países del Alba- por debajo crece una corriente en sentido inverso y en busca de un cauce que ya no pueden ofrecer las instituciones del sistema. Esa realidad palpable atemoriza a las clases dominantes y relativiza su papel para retomar el control en un inalcanzable statu quo ante. Más allá de su voluntad los socios de Washington están lejos de una “restauración conservadora”. Las conquistas alcanzadas por las mayorías en una década de bonanza económica –mezquinas, siempre subordinadas a un sistema enajenante, inhumano, explotador y corrupto- no podrán ser arrancadas con argucias políticas, por mucho que trabajadores, campesinos y juventudes carezcan hasta ahora de instrumentos propios.
Sólo la prepotencia imperial podría alinear a los grandes capitales locales tras una política frontal contra las masas. De modo que también en este cuadro regional Estados Unidos bascula entre la guerra y el reconocimiento de su minusvalía.
Venezuela es hoy el fiel de esa balanza de terror. Su gobierno afronta el más trascendental desafío desde la lucha por la independencia: la responsabilidad principal en la tarea de impedir la guerra con Estados Unidos y hacerlo con la única herramienta capaz de lograrlo: continuar sin pausa y con prisa por el camino de la revolución socialista.
Perspectivas
En la desafinada sinfonía de este nuevo mundo que comienza, como queda visto la lógica del capital conduce a la guerra. Un puñado de megamillonarios y los políticos enajenados que les sirven bregarán hasta el fin por esa salida. Recientemente el primer ministro británico defendió en declaración pública la necesidad de usar eventualmente armamento atómico. No es el único. Pero … ¿acompañará Europa sin fisuras la fuga demencial de la Otan bajo mando estadounidense?
No lo hará. Habrá rupturas múltiples. Al interior de la Unión Europea, de ésta con Estados Unidos y dentro de cada país. Esa fractura será presumiblemente más honda y perentoria al interior Estados Unidos. A priori no hay trazadas líneas de clase para esta inexorable fragmentación. Como sea, en los intersticios habrá espacio para un frente internacional antiguerra que doblegue a los Hitler de nuestro tiempo y a la vez recomponga y reordene el mapa de clases para abrir un nuevo rumbo a la humanidad.
@BilbaoL
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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