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sábado, 15 de octubre de 2016

El TTIP y la recomposición de Occidente

 Solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU.

Eddy Sánchez

El Tratado de Inversiones y Libre Comercio (TTIP) y su hermano, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), tienen una trascendencia geopolítica mayor que económica.

Para entender esta realidad geoestratégica, habría que remontarse al fracaso de la Ronda de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que comenzó en noviembre del 2001, relativa a la liberalización del comercio de la agricultura, los servicios y la propiedad intelectual, la cual terminó en “colapso” tras la ruptura realizada por los países del centro occidental (fundamentalmente EEUU y la UE) ante la pérdida de control de dichos países frente al bloque de países periféricos liderados por Brasil, India y Sudáfrica y, la posterior entrada en la OMC de China (2002) y Rusia (2012). El TTIP, TPP y TISA (Acuerdo en Comercio de Servicios) nacen como una reacción del Occidente capitalista ante el ascenso de una nueva semiperiferia amenazante, que luego llamarían BRICS.

El FMI publicó en 2015 el PIB ajustado por paridad de compra (PPP). Por primera vez desde 1872 la primera posición de la lista no está ocupada por los EEUU, índice que marca el imparable declive de la UE y el incontestable ascenso de países como China. De confirmarse estas, y otras previsiones, estaríamos asistiendo a un cambio geopolitico trascendental. No esperar una respuesta de los países del centro capitalista sería sencillamente una ingenuidad.

Desde la crisis del sistema financiero en 2008, esta realidad no ha hecho más que profundizarse. Visto desde esta perspectiva el TTIP conformaría el ala “Atlántica” de un tratado mucho mayor que engloba también al TPP y al TISA, con la intención de crear desde Occidente de un poderoso instrumento geopolitico de contención de sus periferias.

Tal y como señala el experto en geoeconomía, David García, al analizar los acuerdos resaltan tres elementos. El primero está marcado por sus ausencias. Los llamados BRICS no forman parte de los países negociadores, pese a su importancia económica y demográfica. En segundo lugar, solo un estado se encuentra presente en los tres: EEUU. Y por último, un tercer aspecto resalta: todos los países forman parte de la óptica económica y política de Occidente, como México, Chile y Colombia en América Latina y Australia, Japón y Nueva Zelanda en el Área Pacífico.

De lograrse conformar, el TTIP-TPP-TISA englobaría el 75% del comercio mundial lo que impondría condiciones económicas globales que todos los países se verían forzados a cumplir, pero sobre todo, sería una poderosa herramienta de reorganización geográfica del espacio económico, con una periferia aún más dependiente y una Europa más subordinada a EEUU, el cual pasaría a liderar, ya de forma expresa, un poderoso bloque Occidental marcado por el principio rector “everyone but China“ (todos menos China).

Eddy Sánchez

Fuente: Público.es

martes, 11 de octubre de 2016

TTIP, CETA y TiSA: El asalto de las multinacionales al planeta, la democracia y los bienes comunes



Enrique Javier Díez Gutiérrez y Víctor Álvarez Terrón
Rebelión


El sábado 15 de octubre se desarrollan  en todo el Estado, convocadas por organizaciones y movimientos sociales, campesinos, vecinales, sindicales y políticos, para denunciar el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos (TTIP) que se prolonga ahora en el CETA y el TiSA, con el lema “Las personas y el planeta no somos mercancía”.

Entramos así en este otoño de resistencia, que se convoca desde los movimientos sociales y altermundistas exigiendo la suspensión del TTIP (entre multinacionales de la Unión Europea y de EEUU) y del CETA (entre multinacionales de la UE y de Canadá, caballo de Troya del TTIP), la nueva hornada de los tratados mal llamados de “libre” comercio e inversiones, que imponen los intereses económicos de las multinacionales en detrimento de los derechos de las personas. Para promover una sociedad igualitaria y respetuosa de los derechos de las personas y el medio ambiente es imprescindible replantear el sistema de comercio global que, a día de hoy, únicamente favorece la concentración del poder en manos de unas pocas multinacionales. El otoño en resistencia global llama a la movilización popular por el fin de la impunidad de las multinacionales y en pos de una acción colectiva para defender alternativas sociales como única vía para recuperar soberanía, democracia y derechos.

Organizamos recientemente un Curso de Verano de Derechos Humanos en la Universidad de León, que se celebró el último fin de semana de septiembre, titulado “TTIP: El Asalto de las Multinacionales a la Democracia”, donde expertos y expertas internacionales y nacionales, como Susan George desde Francia, Eduardo Garzón, Adoración Guamán desde Luxemburgo, Arcadi Oliveres o Maria José Rodríguez Rejas desde México, analizaron las consecuencias de este tipo de tratados para nuestra sociedad, nuestra democracia y nuestro planeta explicando que las organizaciones sociales se oponen a este acuerdo porque vulnera derechos laborales, sociales o medioambientales y sólo beneficia a las grandes empresas.

Explicaban cómo los documentos filtrados por Greenpeace (los principales textos de la negociación permanecen ocultos a la ciudadanía, existiendo una cláusula para no permitir su publicación en 30 años) confirman una devaluación de las normativas europeas en materia de protección de salud pública, consumo y medio ambiente. Quieren que caigan leyes y políticas que aún protegen los derechos e intereses de las mayorías sociales en Europa y Norteamérica.

Pero igualmente grave es la pérdida de empleos que puede suponer el TTIP. Recientes estudios auguran hasta 600.000 empleos surpimidos. La propia Comisión Europea, cuyo discurso gira en torno a la creación de empleo, reconoce que diversos sectores tendrían pérdidas de empleo. Como comentaba la profesora Rodríguez Rejas, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, un tratado similar, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, EEUU y Canadá, donde se preveía la creación masiva de puestos de trabajo, conllevó una pérdida neta de un millón de empleos.

Una consecuencia derivada de estos tratados comerciales, complementaba el economista Eduardo Garzón, es el aumento exponencial de las privatizaciones de los servicios públicos, como la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc., bien directamente o de forma desagregada (ambulancias, comedores, gestión hospitalaria y educativa, etc.). Esto supone la implantación del lucro en los servicios públicos y el progresivo deterioro de los sistemas públicos de protección financiados públicamente, al considerarlos una “competencia desleal” con el sector lucrativo privado.

La equiparación de las normativas con las norteamericanas derivaría además en una rebaja de los estándares sociales y ambientales, profundizaba la presidenta del Transnational Institute de Ámsterdam, Susan George, al tomar como referente la legislación más laxa de cada zona, como han solicitado las grandes empresas. En la UE, avanzaba, rige un principio de precaución en el uso de sustancias químicas o pesticidas peligrosas, mientras que la legislación norteamericana da prioridad a la comercialización de los productos, de manera que sólo se retiran si se demuestra a posteriori que son dañinos. Lo mismo pasa con los transgénicos, la carne hormonada (aceptada en EE.UU.) o piensos fabricados con harinas de origen animal. Dado que EEUU tiene, por lo general, peores estándares ambientales (EEUU da prioridad al libre comercio sobre la protección del clima, dada la presión de la industria petrolera) y laborales que la UE, habría una pérdida de derechos sociales, laborales y ambientales cada vez mayor a favor de los intereses de las multinacionales.

Lo que nos mostró la profesora de Derecho del Trabajo, Adoración Guamán, es que se incluye un capítulo de protección de las inversiones, con el que las multinacionales extranjeras pueden denunciar legalmente a los Estados en tribunales internacionales privados, que dan prioridad a la salvaguarda de los inversionistas, por encima de las legislación social, laboral o ambiental del país, algo que ya ha ocurrido con otros tratados comerciales. Un ejemplo sería la privatización del agua en Estonia a una multinacional holandesa que demandó al Estado por querer impedir que subiera las tarifas del agua y la imposibilidad de revertir privatizaciones.

En definitiva, para todos los expertos y analistas, estos tratados sitúan los beneficios económicos por encima de la vida, la salud, los derechos sociales y laborales y el medio ambiente. La meta parece clara: eliminar las barreras sólo para la acumulación de beneficios de las multinacionales ya dominantes.

Las experiencias de Tratados de Libre Comercio anteriores han demostrado que las consecuencias han sido las contrarias a las prometidas: incremento de la desigualdad, aumento de los beneficios de las elites acomodadas, estancamiento de los salarios, crecimiento del desempleo, dumping social, declive de la protección social y destrucción de los derechos de las organizaciones de trabajadores y de su capacidad de negociación colectiva.

No podemos vaciar a la sociedad de derechos y a las instituciones democráticas de capacidad de decisión para cedérselo a las multinacionales, pedía el economista Arcadi Oliveres. Nunca antes ha existido una oposición a la política comercial y de inversión de la UE como con este tratado. Más de 1.800 gobiernos municipales y regionales, pymes y figuras de la cultura integran un movimiento contra los tratados como TTIP, CETA y TiSA con un impacto político cada vez mayor.

Nos vemos, pues, el sábado 15 en las calles defendiendo la democracia, los bienes comunes y el planeta en unos tiempos en que una economía criminal ha demostrado hasta dónde puede llegar en el saqueo y el atropello a la voluntad popular. Allí estaremos construyendo una “geopolítica de las resistencias” frente a la configuración de un gobierno económico mundial sustraído a cualquier control democrático y regido por el afán de saqueo de nuestros bienes comunes y de nuestros derechos.

Enrique Javier Díez Gutiérrez y Víctor Álvarez Terrón. Universidad de León y UNED.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 8 de octubre de 2016

La década ominosa de Latinoamérica llega a España



Andrés R. Amayuelas
Presidente de la Coordinadora de ONG de Desarrollo

La creencia generalizada atribuye a las avestruces la costumbre de esconder la cabeza bajo tierra cuando se acerca un peligro. Aunque no es verdad que lo hagan, la imagen viene como anillo al dedo para explicar el motivo por el que tendemos a no afrontar ciertos problemas porque asumimos que no ocurrirán o porque creemos que no contamos con las capacidades para enfrentarlos. Pero, ojo, como bien alerta la sabiduría popular, escondiendo la cabeza el trasero queda fuera.

Cual avestruz, parte de la población se esconde cuando le llegan los ecos de las graves consecuencias de los acuerdos comerciales que pretende firmar la Unión Europea con Canadá y Estados Unidos. TTIP, CETA, TISA, esa retahíla de siglas indescifrables que, al ser escuchadas, dibujan la mueca de indiferencia que precede al comentario de ¡no será para tanto!

Acabo de volver de Latinoamérica y tengo la sensación de que estamos viviendo en España lo que vivieron por aquellas latitudes a mediados de los 90. El 1 de enero de 1994, entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Coincidiendo con esa fecha y mientras los medios oficiales aseguraban que crearía empleos, haría crecer la economía y mejoraría el nivel de vida de la población, en lo más recóndito de la selva Lacandona un grupo de indígenas se levantaba en armas contra un sistema profundamente injusto y un acuerdo que calificaron como ‘sentencia de muerte’. El paso de los años está dando la razón a los insurgentes frente a los argumentos de los voceros del poder. Más de 22 años sufriendo las consecuencias de acuerdos comerciales y planes de ajuste estructural que se impusieron desde organismos y actores internacionales, reduciendo las inversiones en políticas sociales para garantizar que los bancos no quebraran y los países pagaran su deuda externa. ¿Les suena?

Todos los estudios demuestran que este acuerdo (NAFTA, en sus siglas en inglés) ha generado un aumento de la inversión extranjera directa en México, sobre todo desde EEUU. Ahora bien, este flujo no ha servido para promover procesos de crecimiento económico ni un fortalecimiento democrático. Es más, en los últimos 22 años el crecimiento se ha estancado mientras la pobreza se mantiene en un nivel inaceptable, la desigualdad se ha profundizado y el medio ambiente se ha degrado. Y sin duda, el NAFTA ha contribuido mucho a ello. Tal vez pueda pensarse que España no se encuentra en la misma situación que el México de los 90, tal vez… pero recuerden que más de 13 millones de personas se encuentran en riesgo de exclusión social en nuestro país, mientras 500 multimillonarios acaparan más de 30 millones de euros cada uno.

Las tretas de los acuerdos


Quienes defienden los acuerdos comerciales que ahora se negocian a puerta cerrada aseguran que crearán empleos y nuevas oportunidades para las pequeñas y medianas empresas. Cantos de sirena, no más. Si miramos a México comprobamos cómo el NAFTA ha provocado una desarticulación estructural de sus cadenas productivas nacionales en beneficio de la inserción, cada vez más subordinada y desigual, en los circuitos internacionales del capital. La población campesina se ha visto obligada a abandonar sus tierras y migrar hacia Estados Unidos; multitud de pequeñas y medianas empresas han echado el cierre. Las oportunidades laborales disponibles para las personas más jóvenes son mal pagadas, sobreexplotadas y con pésimas condiciones de trabajo. Los resultados de este tipo de acuerdos son devastadores.

Ya, dirán, pero aquí la protección laboral no es la misma que en el país azteca. ¿Seguro? La última reforma laboral ha supuesto el desmantelamiento de las conquistas sindicales del último siglo. Veamos un ejemplo. Una multinacional como Bridgestone ha ofrecido nuevas inversiones en sus plantas españolas siempre y cuando se aumente la jornada, desaparezca la antigüedad laboral y se rebajen en un 30% los salarios para las nuevas contrataciones. Un chantaje puro y duro en una empresa grande y con secciones sindicales organizadas y movilizadas. Para echarse a temblar si pensamos en que este tipo de acuerdos equipará a la baja las condiciones laborales con legislación estadounidense que ni siquiera ha ratificado los convenios internacionales que prohíben el trabajo infantil, garantizan la negociación colectiva o la libertad sindical.

Un último apunte sobre las consecuencias del NAFTA. Desde 1994, México ha pasado de ser un país exportador de maíz, -un cereal del que depende el 80% de la dieta nacional, y que es parte de sus raíces históricas de su cultura-, a ser país receptor de una auténtica invasión de maíz estadounidense de baja calidad. Todo gracias y a consecuencia de la eliminación de barreras comerciales y a la política subsidiaria de Washington. El movimiento campesino de México lo denunció claramente en el manifiesto Ciudad Juárez: “hacer depender la alimentación de nuestro pueblo de las importaciones de los EEUU, controladas por unas cuantas transnacionales, es aceptar la madre de las derrotas: la de la comida de nuestra gente”.

Está claro que si adoptamos la estrategia del avestruz ante los acuerdos comerciales que tratan de imponer los grupos de presión de las grandes empresas, nos van a dar por todos los lados. Es hora de hacerles frente porque hay experiencias que demuestran que un giro es posible. En 1998, gracias a una potente campaña ciudadana, se consiguió parar el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que estaba impulsado por la OCDE y la Organización Mundial de Comercio. Si nos movilizamos podemos pararlo de nuevo.

El poder piensa que no tiene a nadie enfrente, que la respuesta social apenas tiene entidad y que quienes creemos que otro mundo es posible y necesario somos incapaces de articular una respuesta global contundente. La historia demuestra que los avances sociales para el 99% de la población solo se han conseguido con la lucha de personas y organizaciones concienciadas y críticas, que han sacado la cabeza del hoyo, y han puesto el apoyo mutuo y el bien común por delante de los intereses de unos pocos privilegiados.

Los tratados comerciales generan desigualdad y pobreza; violan derechos humanos. Es urgente que la ciudadanía dé un paso al frente y se plante; es necesario que gobiernos locales y nacionales nos acompañen. Por eso, nos movilizamos en la semana contra la pobreza; del 14 al 21 de octubre saldremos a las calles para reivindicar, de manera clara y directa, que las personas y el planeta tienen que estar por encima de los intereses de las multinacionales. Si queremos acabar con la pobreza, reducir las desigualdades y proteger a nuestro planeta, no hay otro camino.

Fuente: Público.es

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Greenpeace Holanda publica nuevas filtraciones sobre el TISA





El tratado va contra los acuerdos de la cumbre climática de París
Greenpeace Holanda publica nuevas filtraciones sobre el TISA


Yago Álvarez
El Salmón Contracorriente


Greenpeace Holanda publicó ayer nuevas filtraciones y un análisis de los acuerdos tomados a puerta cerrada en las reunión de Ginebra sobre el TISA. Estos nuevos “leaks” muestran que existen negociaciones secretas en curso totalmente opuestas a la democracia y a los acuerdos alcanzados en la cumbre sobre el clima de París.
Una vez más, las filtraciones realizadas por la ONG Greenpeace Holanda han sido la única vía para la ciudadanía de conocer cuales son las negociaciones tratadas en secreto que rodean la firma de los tratados de libre comercio. En esta ocasión, han publicado filtraciones sobre el acuerdo en comercio de servicios entre Europa y Estados Unidos (TISA por sus siglas en inglés), que se pretende firmar antes de finalizar el año. Los documentos filtrados muestran que gran parte de la documentación que rodea a estas negociaciones en secreto están sujetos a la prohibición de publicarse incluso cinco años después de la firma del acuerdo.

Además, las filtraciones muestran que se está negociando una “clausula trinquete”, lo que supondría la imposibilidad de revertir los acuerdos tomados en cuanto a la privatización de servicios básicos como la electricidad o el agua, lo que imposibilitaría la renacionalización de esos servicios una vez liberalizados. "La aprobación del TISA pone en peligro todos los servicios públicos existentes o nuevos e impide la reapropiación de aquellos que se consideran fundamentales", explica a este medio Lucía Bárcena, integrante de la Plataforma “No al TTIP” y Ecologistas en Acción.

La firma de este tratado restringirá el control democrático y la capacidad regulatoria de los gobiernos, ya que las empresas y lobbies tendrán voz en la redacción de las regulaciones que puedan ir en contra de sus propios intereses, según informan desde Greenpeace.

Al igual que ha ocurrido con el TTIP, estas filtraciones muestran problemas entre la administración Obama y la Unión Europea que ven amenazas en la consecuión de estos tratados las críticas públicas de políticos influyentes de Francia y Alemania.

El TISA y las energías contaminantes
Uno de los documentos más preocupantes de las filtraciones es el anexo sobre servicios energéticos. Según la filtración, no se podrá realizar distinciones entre los combustibles fósiles más limpios y los más perjudiciales, lo que dificultará que los gobiernos puedan legislar o facilitar la eliminación gradual de algunos de estos combustibles altamente contaminantes y peligrosos como las arenas bituminosas o el gas de esquisto.

“Estas nuevas filtraciones demuestran que este tratado, al igual que los otros, atan las manos de gobiernos y legisladores que están intentando implementar los acuerdos de París”, ha declarado Susan Cohen Joram, líder de la campaña de Greenpeace Internacional TTIP Países Bajos.

Greenpeace exige que las negociaciones del TISA y TTIP se detengan inmediatamente y que el CETA y TPP sean votados en contra. “En lugar de socavar las políticas climáticas, los acuerdos comerciales tienen que ser diseñadas para para mejorar el clima mediante acciones medioambientales. Es inaceptable que estos acuerdos comerciales, negociados en secreto, se hagan en favor de las grandes empresas y a costa de la ciudadanía y el medio ambiente”, lamenta Cohen Jehoram, “todos los nuevos acuerdos comerciales deben poner el cambio climático y la transparencia en el centro”, concluye.

Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Greenpeace-Holanda-publica-nuevas

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