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lunes, 4 de julio de 2016

No importa quién sea el líder, puede que el laborismo nunca se recobre de esta crisis

Jeremy Corbyn

John Harris 01/07/2016
El Partido Laborista debe estar teniendo en su conjunto pensamientos semejantes a los que formulaba aquel viejo jugador de cartas: Pero, ¿quién ha organizado este follón? Más del 80% de sus parlamentarios se han separado formalmente ya no solo del líder sino de los otros 40 diputados que le apoyan. En un cruel giro del destino, el espectro del canonizado Tony Benn sobrevuela todo este sombrío drama: él hizo de gurú de la posición de izquierdas contraria a la UE que hoy llamamos Lexit, pero también fue el hombre que impulsó sin cesar la idea de que son los activistas los que deberían tener a raya a los parlamentarios.  


Pese a todas sus encomiables posiciones políticas, Jeremy Corbyn ha sido un líder bastante horroroso. Pero en todo lo fundamental, apenas se puede afirmar que el estado del Partido sea culpa suya. Echarle la culpa es caer en la misma ilusión según la cual un contendiente que supuestamente le desafie – Angela Eagle, Tom Watson, Dan Jarvis – puede encaminar al partido por la senda de la recuperación. La verdad, difícil de aceptar para algunos pero que es a buen seguro evidente, es que el laborismo está en medio de un malestar de larga data y posiblemente terminal, y se encuentra hoy con que se enfrenta a dos opciones igualmente inviables.


De un lado tenemos al actual líder y a un pequeño grupo de acérrimos izquierdistas, respaldados por un movimiento enérgico y bien entrenado, pero   faltas de todo proyecto coherente y desconectados de los votantes que han desafiado al partido a mansalva. Del otro lado, hay una contrarrevolución dirigida por diputados que en su mayoría no vieron venir esta crisis, tienen muy pocas ideas que valgan la pena y son en buena medida, y para empezar, la razón por la que se ha producido la revuelta del Brexit. Tal como dice el activista Neal Lawson, la elección está en lo esencial entre varios capitanes distintos del Titanic, y por lo tanto no es elección en absoluto.


Como en el caso de los partidos de centro-izquierda en los mismos apuros por toda Europa, el laborismo es un partido del siglo XX sin rumbo en una nueva realidad. Sus cimientos sociales – los sindicatos, la industria pesada, las iglesias menos conformistas, una deferencia hacia un Estado grande que hace tiempo que se ha evaporado – o bien están en profunda retirada o se han desvanecido por completo. Su nombre encarna un apego a las supuestas glorias del trabajo que ya no casa con el empleo inseguro y la automatización insurgente.


Su cultura sigue siendo todavía bastante machista, y didáctica; tiene una aversión de toda la vida al análisis y las ideas, que lleva arrastrándose a lo largo de su existencia, y ahora se ha quedado sin ningún sentido real de lo que está pasando. Yo he sido miembro del partido toda mi vida, criado en una familia laborista – mi abuelo fue un minero del carbón del sur de Gales, mi padre, un activista laborista – para el que el Partido ha sido una especie de iglesia secular. Pero si no afrontamos hoy la crisis, entonces ¿cuándo?  Véanse cifras cualquiera de lo que todavía llamamos risiblemente zonas laboristas “centrales” y encontraremos las mismas cosas: un porcentaje de voto que ha ido descendiendo regularmente desde 2001, un diputado que aterriza en paracaídas desde un mundo diferente, y votantes que o bien votan por el partido merced a lealtades familiares que se desvanecen (“Voto laborista porque mi abuelo lo votaba”) o no tienen ni idea de qué es lo que defiende el Partido.


En 2014, en la antigua villa minera de Penygraig, en el valle de Rhondda, me encontré con mujeres que me dijeron que vinculaban el laborismo a “hombres mayores”, gente de mediana edad que todavía apoyaba al Partido, pero no podía explicar por qué (“Lo apoyo y ya está”), y gente joven que nunca había votado. En medio del pueblo había un destartalado club laborista que parecía la encarnación del declive y la derrota que se habían puesto de manifiesto tras la huelga de los mineros de 1980.


Dos años después, el 53% de la gente de los valles (la zona de municipios de Rhondda Cynon Taf) a favor del Brexit. En las últimas elecciones para la asamblea de Gales, el laborista que ostentaba el escaño lo perdió frente a la líder del Plaid Cymru [partido nacionalista galés], Leanne Wood– nacida y criada en la zona, lo que significaba mucho – que ganó por una mayoría de 3.500 votos.


El lado tóxico del declive del Partido Laborista estriba, por supuesto, en el ascenso del UKIP en zonas antaño seguras, del noroeste al sur de Gales. Y aquí hay mucho que temer. Puede que se estén acercando unas elecciones generales. Quienes desde la izquierda llevan a cabo actualmente una labor de agitación para que el Parlamento anule de algún modo los resultados del referéndum deberían tener una cosa presente: que si el apoyo al Brexit se ha basado en desconfiar y detestar directamente a Westminster, todo lo que pueda presentarse como un apaño parlamentario podría dar un enorme empujón al apoyo al UKIP.


También podría dárselo el único modo viable de minimizar el daño económico del Brexit: ingresar en el Área Económica Europea y quedarse en el mercado único (junto a la libertad de movimientos), lo que permitiría presumiblemente al UKIP enfurecer a miles de potenciales tránsfugas laboristas obsesionados con la inmigración. Así que, por tanto, no hay forma evidente de salir de este callejón sin salida, lo que arroja una pregunta escalofriante: ¿queremos un aluvión de diputados del UKIP, o incluso a Nigel Farage y los de su calaña participando en una coalición?


En ese sentido, el pánico de Westminster es comprensible: la proximidad del desastre total y la feroz urgencia de la política electoral podría exigir un nuevo líder, aunque eso rompiera al partido. Ahí de nuevo, con los corbynistas organizando un contraataque entre los afiliados – amenazando incluso con atraer a más gente al partido – y la perspectiva de un gran apoyo a su persona por parte de los sindicatos, tratar de derrocarle podría provocar asimismo una división fatal. Y aunque el intento de echar a Corbyn tuviese éxito, podría ocasionar como resultado un dirigente igual de ineficaz, sólo que de modo distinto.  


La cuestión clave es ésta: como mínimo, la idea del laborismo como fuerza política potente, monopolizadora, ha concluido. Puede que el partido, tal como lo conocemos, esté acabado.


En cualquier caso, no hay respuestas rápidas. Cualquier política viable de izquierdas va a tardar de diez a quince años en materializarse de modo decisivo y, entretanto, el ambiente evidente de desunión y disgusto en algunos lugares bien puede ser que empeore. Se avecina con certeza una nueva crisis económica nacional; y siendo en parte responsable de este desbarajuste, George Osborne está hablando ya de nuevos recortes.


El progresismo del siglo XX tendrá que actuar de modo profundo y vasto. En lo que toca a los dos campos que están haciendo trizas el laborismo – uno de los cuales desearía que fuera en efecto 1945, mientras el otro se remonta a 1997 [fecha del triunfo electoral de Blair] – se precisará un inmenso cambio de perspectiva. Si no, bien pueden quedar por los suelos.

El futuro de la izquierda implicará a mucha gente del laborismo, pero también de los verdes, de los liberal-demócratas – hasta de los tories “one-nation” [“sociales”] – y a miles de personas sin afiliación alguna. Como sea que se organice, tendrá que empezar por comprender el hecho de que se trata de una crisis de la democracia, y apoyar el cambio del sistema electoral y una transformación dirigida a una política multipartidista.

Tendrá que adherirse a la defensa de un Reino Unido federal (o, de un modo más realista, a una nueva forma de asociación entre Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte). Su mayor desafío estará una vez más en unir a la gente que valora la amplitud de miras y las rica cultura de nuestras ciudades a aquellos que hoy temen esas mismas cosas; quizás por media de algún nuevo acuerdo sobre libertad de movimientos, un programa de intervención económica de largo alcance, la reinvención de nuestros servicios públicos, y un programa de vivienda pública a la altura de algo de lo conseguido en el siglo XX. Sabe Dios lo que tendremos que soportar entretanto. La tarea será onerosa, a menudo sombría y con frecuencia fuente de confusión. Pero como siempre, ¿qué empeño hay que merezca la pena que haya sido distinto de eso?


John Harris
es reportero del diario The Guardian, donde escribe sobre política y cultura popular, y autor de varios libros sobre música pop como The Dark Side of the Moon: The Making Of The Pink Floyd Masterpiece.

Fuente: The Guardian, 29 de junio de 2016
Traducción: Lucas Antón

jueves, 5 de mayo de 2016

El laborismo británico tiene un problema judío. Está dominado por oligarcas sionistas


(¡No seas débil!)




Gilad Atzmon

gilad.co.uk

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Jeremy Corbyn, el hombre que hace tan sólo unos meses era una "esperanza de un cambio", es un pelele. Por meses, el hombre se ha rendido incondicionalmente al lobby judío, ha traicionado sistemáticamente cada uno de sus principios básicos declarados. Como era de esperar, el legendario "ícono izquierdista" incluso ha traicionado a sus amigos.

Los izquierdistas tienden a llamarse entre ellos camaradas. Apelan a la palabra camaradería en cada declaración política. Al parecer no son capaces de captar lo que tiene que ver con la camaradería. La "camaradería" de Corbyn quedó de manifiesto cuando no pudo sostener al heroico Ken Livingstone, quien dijo la verdad bien establecida e innegable sobre el apoyo de Hitler al sionismo y el Acuerdo Havará. Corbyn simplemente se escapó con el rabo entre las piernas.

Desde hace algún tiempo he pensado en la izquierda como un concepto masturbatorio disfuncional. Pero Corbyn era conmovedor, parecía apoyar a los oprimidos. Durante décadas fue el patrocinador de la disfuncional Campaña de Solidaridad con Palestina (PSC). Corbyn se comprometió a cuidar lo que queda de los trabajadores británicos. Dijo todas las cosas más emocionantes, pero ha evidenciado todo lo contrario.

Contra toda lógica, he estado encantado con los últimos desarrollos del Partido Laborista.

Si alguien había fallado hasta ahora en tomar en cuenta el impacto corrosivo del poder judío y la presión política judía, ahora está todo a la intemperie.

Gracias al lobby judío y a donantes judíos el Partido Laborista no es un espacio libre. Es intolerante, opresivo, un territorio ocupado. Cuida de un solo pueblo y esta gente no es la clase obrera. Ellos son, en la práctica, un puñado de oligarcas judíos, de lejos, la gente más privilegiada de este planeta.

Próximamente vamos a ver como el laborismo de Corbyn eliminará a Karl Marx de la herencia laborista por escribir sobre la cuestión judía. En 1843 Marx dio cuenta de que la "emancipación de la carga del comercio y del dinero y en consecuencia de su práctica, fácticamente judíos, sería la autoemancipación de nuestro tiempo". Marx pensaba que con el fin de emancipar al mundo del capitalismo el mundo tiene que emanciàrse del "judaísmo”. Y con el fin de emancipar el laborismo de los guardianes de Judea, debe liberarse de los oligarcas sionistas judíos como Lord Levy, Lord Sugar, Michael Foster y algunos otros.

Probablemente es sólo una cuestión de tiempo antes de que el Partido Laborista suspenda a la clase obrera en su conjunto por interferir con los patrocinadores de los oligarcas judíos del laborismo.

Ahora hay muchas pruebas de que la política del lobby judío es incompatible con el pensamiento y los valores de la libertad occidental. Hay que elegir si queremos vivir en un Estado-gueto dominado por las aficiones de lord Levy y lord Sugar o si preferimos vivir en un Reino Unido libre y preocupado por todos.

Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/2016/4/29/labour-has-a-jewish-problem-it-is-dominated-by-zionist-oligarchs

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y rebelión como fuente de la traducción.

domingo, 27 de septiembre de 2015

El ataque conjunto contra Jeremy Corbyn

Resultado de imagen de El ataque conjunto contra Jeremy Corbyn

Tariq Ali

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

El pasado domingo [20 de septiembre] un general en activo del ejército británico amenazó públicamente con un motín y un posible golpe de Estado si Jeremy Corbyn era elegido primer ministro e intentaba poner en práctica sus políticas. Fue levemente reprendido por el ministro de defensa.

El general cuenta con el apoyo efectivo de Hilary Benn, que ha sido designado de nuevo secretario de asuntos exteriores de la oposición por Corbyn. Benn está amenazando con votar a favor de bombardear Siria y se opone firmemente a abandonar las armas nucleares. Así lo manifestó en un programa de televisión el domingo por la mañana (Pobre Tony, quien, en el curso de una discusión sobre los hijos de Miliband, confesó: ‘Tengo un problema parecido’. Y no estaba refiriéndose a su hija, la radical Melissa). Como si esto no fuera ya bastante desastroso, ese mismo día, Sadiq Khan, venal candidato a alcalde de Londres, ha acusado a Corbyn/McDonnell, de incitar al antisemitismo y al racismo. Según el Daily Mail: “Los nuevos dirigentes del Partido Laborista Jeremy Corbyn y John McDonnell fueron sensacionalmente acusados la pasada noche de incrementar el riesgo de que se produzcan ataques terroristas y antisemitas en Londres”.

La afirmación la hizo el candidato laborista a alcalde de Londres, Sadiq Khan, en un devastador ataque contra Corbyn y el hombre al que ha hecho canciller de la oposición.

Khan, que es musulmán, sugirió que la negativa de Corbyn a entonar el himno nacional mostraba que no era apto para ser primer ministro. Khan, hasta ahora y que sepa, no lo ha negado ni amenazado con acción alguna contra el Mail.

La prensa tory, los blairistas en The Guardian (donde, por cierto, hay un ambiente de enfrentamiento a Corbyn, con una editora radical rodeada de la vieja guardia desesperada por mantenerla aislada). Mientras tanto, la campaña para deshacerse del líder electo ha empezado. Hay dos vías para llevar a cabo este asalto combinado.

La primera consiste en presionar al nuevo equipo para mantenerlo haciendo concesiones que desmoralicen efectivamente a quienes votaron por Corbyn y a las personas que él ha nombrado. McDonnell resultó irrisorio en el turno de preguntas. Las tácticas a seguir son las adoptadas cuando Ken Livingstone fue alcalde de Londres por segunda vez. Y no tuvieron precisamente mucho éxito. Convertir a Ken en el vocero de Scotland Yard y de la City de Londres no funcionó ni siquiera a nivel oportunista. No resultó reelegido y se le rechazó durante meses. El artículo sin firma de Corbyn en FT recordaba uno de aquellos días. Así pues, ¿hasta dónde puede retroceder Corbyn que sea aceptable? La respuesta es obvia. No van a aceptarle nunca. Nunca. Teniendo esto en cuenta, es mejor no retroceder un ápice más.

Es la derecha del laborismo y sus aliados quienes se niegan a aceptar la decisión de los votantes del Partido Laborista. Y los medios que les apoyan. No es demasiado difícil imaginar la respuesta que hubiera tenido un Partido Laborista “izquierdista” cuando Blair fue elegido. Dirigir un Partido Laborista de derechas no es fácil pero el programa por el que fue elegido Jeremy Corbyn debe tener prioridad sobre el Partido. Esto implica que si Benn y el resto del grupo mayoritario en el Parlamento van a votar a favor de arrojar bombas sobre Siria (a propósito, esto es lo que fomenta el terrorismo en casa), deberían ser despedidos y reemplazados de inmediato.

¡Basta ya de arrodillarse!

Tariq Ali es un escritor y director de cine pakistaní. Su último libro es The Extreme Centre: a Warning.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/09/22/bloody-sunday-the-combined-attack-on-jeremy-corbyn/

lunes, 14 de septiembre de 2015

INGLATERRA ¿DONDE VAS?




INGLATERRA, ¿DONDE VAS?




Aquí en GATONEGRO, se planteaba hace algún tiempo la pregunta de la ubicación del poderoso país insular, ¿Dónde ESTAS?. Ya que en el gran tablero mundial no se veía claro el papel de los ingleses que habían, al menos cinco siglos destacando como protagonistas unas veces con sus escuadras y otras con sus intervenciones financieras o intrigas políticas en el exterior. Tras la derrota de Bonaparte, Londres ha sido el gran hacedor de reyes. Ese país era y sigue siendo el gran referente liberal conservador, el espejo de una derecha empresarial pragmática y poco amiga de exaltaciones patrióticas, a excepción de las auto complacencias sobre la superioridad de la etnia anglo céltica.
Pero se ha producido un hecho anómalo y este ha sido la elección de CORBYN como dirigente del Partido Laborista, esto parece indicar, más que cualquier otra cosa, un cambio en sectores de la sociedad inglesa. No es previsible que la izquierda a medio plazo pueda triunfar en una población que ya no trabaja en la industria o la minería o la marina mercante, los ingleses obtiene su sustento en las oficinas bancarias y resto del sector financiero o en áreas vinculadas a las llamadas nuevas tecnologías con buenos salarios y siendo propietarios de sus viviendas desde las reformas de la Dana de Hierro.
Sin embargo se insiste en la desigualdad como uno de lo defectos de la estructura social inglesa, ¿Quiénes son los pobres?
Resulta así mismo sorprendente que la elección del candidato de la izquierda se deba en buena parte al voto joven recientemente incorporado a la actividad política. La juventud inglesa se viene identificando con actitudes apolíticas muy vinculadas al consumismo y al hedonismo, incluso violento como la demuestran los hinchas del futbol inglés, también es de destacar el protagonismo del ROCK Como elemento aglutinador e identitario de una juventud auto complaciente y etnocéntrica. Inglaterra como segundo puesto de mando de lo que se ha llamado Occidente con su lengua como NUEVO LATÍN DEL IMPERIO es el gran símbolo de la OTAN y en este contexto ya antiguo: ¿Cómo se entiende este atisbo de avance de los espíritus críticos?. CORBYN se ha atrevido a hablar de una hipotética salida de la Alianza Atlántica.
En Francia o Alemania pueden encontrarse círculos intelectuales minoritarios contrarios a la NATO como DIE LINKE hasta el FRENTE NACIONAL francés, pero al otro lado del Canal estas actitudes parecen impensables. Fuera de Inglaterra, en Escocia el SNP gran triunfador electoral, parece irse distanciando de eso que llaman la MAIN STREET, pero en el mundo inglés el reto es grande, en 1979 el laborismo sufrió una enorme derrota en las urnas de la que le rescató el derechismo liberal de BLAIR Y DE BROWN, los “pragmáticos” bien vistos en la CITY. CAMERON al decir que el Laborismo se encamina hacia el precipicio, quizás, tenga algo de razón. En 2018 no se harán masivamente de izquierdas y seguirán al previsible presidente americano, DONALD TRUMPP, KEN LEVINGSTON fue una anécdota como alcalde de Londres y la verdadera inglesa MARGARET THATCHER lo echó disolviendo el Ayuntamiento rebelde
¡HASTA AHÍ PODÍAMOS LLEGAR! J Jeremy CORBYN hijo de una profesora de matemáticas de la Enseñanza Media tiene mucha humanidad y gran emotividad pero Inglaterra no casa con los ferrocarriles públicos , a lo más que pueda llegarse es a un mayor enfrentamiento dentro del bipartidismo pues por la derecha UKIP tampoco hará grandes progresos. Inglaterra será muy de derechas pero nunca tendrá un LE PEN, LOS NEGOCIOS SERÁN SU SAVIA Y LA ETNIA ANGLO CELTA QUE LLAMA VAROUFAKIS, será su sustancia cultural, ¿cual es la sociología de la masa votante de este nuevo líder? No es fácil adivinarlo y aún es más arduo imaginar a jóvenes izquierdistas.

José Ramón Montes GATONEGRO Madrid







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