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lunes, 3 de abril de 2017

Japón en el laboratorio: economía política del Abenomics



Alejandro Nadal

La economía japonesa es un gran experimento sobre la evolución del capitalismo. Desde los orígenes de su proceso de industrialización a partir de la restauración Meiji en el siglo XIX hasta las políticas recientes para salir del estancamiento, las lecciones se multiplican. Nadie interesado en el devenir del capitalismo debe ignorarlas.

Durante el periodo 1950-1973 la economía japonesa mantuvo tasas de crecimiento del PIB superiores a 11 por ciento en promedio. Pero después de esos años el ritmo de la expansión comenzó a debilitarse. El crecimiento en la década de los 80 ya estuvo marcado por la ralentización, con tasas promedio de 4.6 por ciento. Ese crecimiento estuvo impulsado por episodios de inflación en los precios de bienes raíces, mejor conocidos como burbujas. El efecto riqueza que acompañó esos eventos proporcionó un impulso artificial al crecimiento.

En 1990 una de esas burbujas creció de manera desorbitada y reventó con mayor fuerza. Le siguió un proceso de crecimiento mediocre (0.73 por ciento anual entre 1993-1999). Los economistas no podían interpretar la causa de esta década perdida. A pesar de mantener bajas tasas de interés y un persistente déficit público, la economía japonesa siguió sin responder. Después de 10 años de crecimiento cercano a cero, entre 2000 y 2007 se presentaron síntomas de una mediocre recuperación con tasas de expansión de 1.5 por ciento. El enigma se hacía más interesante porque en esos años se introdujeron recortes en el gasto público, lo que en teoría debería haber frenado más el crecimiento. Y después vino la crisis de 2008: a partir de ese año el crecimiento volvió a su ritmo letárgico, con una tasa promedio anual de 0.22 por ciento. Hoy los economistas tradicionales siguen sin poder identificar las causas de la enfermedad que aqueja la economía japonesa.

En 2012 el nuevo primer ministro, Shinzo Abe, comenzó a aplicar un paquete de medidas de política económica para sacar a Japón del estancamiento en el que se encuentra desde 1992. Fue anunciada como una mezcla de tres flechas: dos de inspiración keynesiana y una de tipo neoliberal y con un enfoque sobre el lado de la oferta (que en la jerga anglo-sajona se conoce como supply-side economics). A esa combinación la entusiasta prensa internacional de negocios la bautizó con el nombre de Abenomics.

El primer componente es de política monetaria ‘no convencional’. Consistió en inyectar mayor liquidez y reducir tasas de interés a cero (y hasta terreno negativo) para inducir a un mayor consumo. La meta era alcanzar una inflación de 2 por ciento anual. La postura de flexibilidad cuantitativa ha llevado a una expansión aparatosa de la base monetaria, pero su impacto sobre el crecimiento ha sido nulo.

El segundo elemento fue un incremento del gasto público y condujo a un fuerte déficit público. Pero al mismo tiempo, el paquete incluyó un aumento del IVA de 5 a 8 por ciento con un efecto recesivo y regresivo a la vez. Se planteó por ley un aumento de 10 por ciento en abril de este año, pero lo más probable es que no se aplique dicha medida.

El tercer componente del paquete es de corte neoliberal: introducir reformas estructurales, reducción de impuestos a corporaciones y desregulación de mercados, especialmente del mercado laboral.

Abenomics es una mezcla de toda clase de medidas aplicadas simultáneamente: Keynesianas en el lado fiscal (aunque con impuestos recesivos), neoliberalismo y supply-side economics, política monetaria expansiva no convencional y una postura cambiaria devaluatoria.

¿Cuáles han sido los resultados? Para empezar, el crecimiento del PIB sigue siendo mediocre. Incluso la tasa de expansión sigue situándose por debajo del nivel que se tenía antes de iniciar la aplicación del paquete de medidas de Abenomics. El gasto de los hogares no se ha podido estimular y sigue estancado. Además, el objetivo de alcanzar una inflación de 2 por ciento tampoco se ha podido cumplir. Y como era de esperarse, tampoco se ha logrado la anhelada reducción del déficit fiscal y la deuda pública como porcentaje del PIB sigue en aumento.

La expansión monetaria del Abenomics condujo a una devaluación del yen japonés. Pero el efecto sobre el sector exportador no pudo contrarrestar el impacto de la contracción del mercado internacional provocada por la crisis. La balanza comercial pudo arrojar un superávit en 2016 pero sólo porque las importaciones se redujeron 16 por ciento.

En general, el paquete Abenomics presenta un saldo negativo. Ese resultado era de esperarse porque la economía japonesa sufre una deflación crónica que se acompaña de una crisis de hojas de balance en la que todos los sectores de la economía tratan de reducir sus niveles de endeudamiento. Y ese tipo de crisis, como bien lo ha señalado Richard Koo, tarda muchos años en superarse. Lo más importante es que desde el punto de vista de la clase trabajadora, el impacto es más bien tenebroso. Y es que el objetivo del paquete era simple y llanamente aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo.

Alejandro Nadal Economista. Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/03/29/opinion/025a1eco


martes, 9 de agosto de 2016

La abdicación del emperador Akihito

 El emperador de Japón, Akihito


Editorial: La Vanguardia

 El emperador de Japón, Akihito, ha expresado su voluntad de abdicar por razones de salud, un deseo que no consta en la Constitución de 1947 y que, por tanto, deberá ser reformada. En una alocución televisada, algo insólito con una única excepción, cuando apareció en la pequeña pantalla tras la tragedia del tsunami y el consiguiente desastre de la central nuclear de Fukushima, en el 2011, el emperador ha dicho temer que, debido a su estado físico, no pueda cumplir con las obligaciones de su cargo.

A los 82 años, la salud de la autoridad más respetada por los japoneses está deteriorada por diversas dolencias y su alocución ha sido recibida con el máximo respeto. El primer ministro Abe ha dicho que el Gobierno y la Dieta (Parlamento) tomarán en cuenta el deseo del emperador, por lo que en los próximos meses es previsible que se tomen las medidas para llevar a cabo la sucesión, que recaerá en su primogénito, el príncipe Naruhito.

En un país en el que las tradiciones y el respeto a los mayores son un signo de identidad, la posibilidad de una abdicación del emperador no se prevé. Para encontrar una renuncia al trono hay que remontarse casi dos siglos. Pero en esta ocasión, el deseo de Akihito se cumplirá, entre otras razones, por el prestigio de un monarca que ha sabido estar a la altura de las circunstancias, como cuando pidió perdón a los países ocupados en la Segunda Guerra Mundial o por sus iniciativas con países vecinos, otrora enfrentados.

La institución imperial japonesa hunde sus raíces en el siglo V antes de Cristo, pero fue en el siglo XI de nuestra era cuando se pusieron las bases de la actual estructura. A diferencia de las monarquías occidentales, en la japonesa el emperador no tiene tanto una función de arbitraje como la de la representación que tradicionalmente se sitúa entre la divinidad y la humanidad, una representación a la que en 1945 fue obligado a renunciar por Estados Unidos el emperador Hirohito, padre del actual monarca, como consecuencia de su actuación en la segunda conflagración mundial. Pero el recuerdo de aquel papel sobrenatural se ha mantenido en la sociedad japonesa, de ahí que el emperador nunca haya tenido un papel ejecutivo más allá del meramente representativo, ni siquiera como jefe de las fuerzas armadas, según suele ocurrir en otros países. Ni tan sólo existe una norma que lo considere el jefe del Estado. Esa es una de las razones por las que su figura se ha ganado el respeto por la institución imperial que bordea lo sagrado y que tanto sorprende más allá de sus fronteras. Pero esa misma indefinición entre lo divino y lo humano es la que explica la razón por la cual la posibilidad de una abdicación no existe en la Constitución que ahora habrá que enmendar.

Para el Japón más tradicional, es evidente que la abdicación del emperador es una anomalía, por muy humana que sea su justificación. “Cuando un emperador enferma –ha dicho Akihito en su alocución– o su estado de salud es grave, me preocupa que, como ha sucedido en el pasado, la sociedad entre en punto muerto”. Por esa razón ha pedido, sin citarlo, ser relevado de sus funciones con una reforma constitucional. Una revisión que podría hacerse extensiva a otra normativa: en Japón una mujer no puede acceder al cargo imperial. No tanto por razones de igualdad de género como por el hecho de que el príncipe sucesor, Naruhito, de 56 años, sólo tiene una hija, Aiko, de 15 años, en su matrimonio con la princesa Masako. Una cuestión que ya ha suscitado varias polémicas en el Japón más moderno.
Fuente: La Vanguardia

viernes, 27 de mayo de 2016

Hiroshima recibe a Obama blindada y sin rencor

Hiroshima recibe a Obama blindada y sin rencor
Hiroshima recibe a Obama blindada y sin rencorHiroshima, blindada para la visita de Obama (Shuji Kajiyama / AP)


Más de 4.000 policías han sido desplegados en esta localidad del oeste de Japón y algunas de sus calles fueron cortadas al tráfico


EFE, Hiroshima

La ciudad japonesa de Hiroshima vive con expectación la histórica visita de este viernes del presidente de EE.UU., Barack Obama, mientras los supervivientes de la bomba atómica aseguran que el objetivo es acabar con los arsenales nucleares, no recibir disculpas.

Obama, que viajará durante unas horas a Hiroshima tras participar en la cumbre de dos días de líderes del G7 en el parque natural de Ise-Shima (centro de Japón), se convertirá en el primer residente de la Casa Blanca en visitar la ciudad arrasada por el ataque nuclear a manos de las tropas estadounidenses el 6 de agosto de 1945.

La breve ceremonia, en la que el presidente de EEUU realizará una ofrenda de flores y dará un discurso en honor a las víctimas de unas de las perores atrocidades de la historia, se celebrará a última hora de la tarde en el Parque de la Paz.

Allí, Keiko Ogura, una superviviente de 79 años, observaba hoy la enorme presencia policial y de cámaras de televisión que se mezclaban con numerosos grupos de colegiales que visitaban el emblemático lugar, donde se encuentra el Museo Memorial de la Paz. “Estamos muy contentos con esta visita. Por fin, después de tanto tiempo un presidente de EEUU ha aceptado venir”, explicó hoy a Efe esta mujer, que tenía 8 años recién cumplidos cuando la bomba cayó sobre su ciudad y acabó de inmediato con la vida de unas 140.000 personas.

Ogura, como muchos otros “hibakusha”, el nombre con el que se conoce en Japón a los supervivientes, reconoció que no quiere una disculpa de Obama. “Lo importante es que se dé cuenta del daño que pueden hacer las armas nucleares. Se trata de acabar con ellas de una vez por todas”, apuntó.

Delante del cenotafio que recuerda a los fallecidos y que tiene como fondo el “Gembaku Domu”, la cúpula que quedó en pie tras la tragedia, se habían colocado hoy una veintena de sillas, lo que pone de manifiesto la reducida dimensión que tendrá la ceremonia de mañana, que se celebrará al aire libre pero en un recinto completamente blindado al público. “Creo que tendrá un efecto positivo, el mundo estará mirando y podrá reflexionar sobre lo que pasó en Hiroshima”, explicó Oguda, que cree que tras Obama muchos otros líderes internacionales querrán venir a la ciudad.

La visita del presidente de EE.UU. ha estado rodeada de un enorme secretismo y no ha sido hasta hoy cuando se ha comunicado a las asociaciones de supervivientes que finalmente tres de sus miembros acompañarán a Obama en la ceremonia del Parque de la Paz. Dos sobrevivieron a la bomba de Hiroshima y un tercero a la que arrojó EE.UU., tres días después, sobre la ciudad de Nagasaki.

A pesar del acceso restringido y de los inconvenientes de las enormes medidas de seguridad -se han desplegado unos 4.600 agentes- los habitantes de Hiroshima se muestran muy satisfechos con la visita. “No podré trabajar mañana porque van a estar todas las calles cortadas, pero es algo bueno, estoy contento”, explicó un taxista.

Una madre y una hija reconocieron a Efe que, gracias a la visita de Obama, en su familia se había empezado a hablar de lo que sucedió hace 71 años, un tema tabú para muchos en la ciudad, donde la radiación se convirtió en un estigma para los supervivientes durante décadas. “Al principio me emocioné mucho al oír la noticia, pero cuando me enteré de que el parque estará cerrado y de que no podemos venir a ver nada me quedé muy decepcionada”, dijo, por su parte, a Efe Ruriko Sakamoto, hija de supervivientes.

Sin embargo para Sadao Hirano, que tenía 12 años y se encontraba en el patio del colegio cuando estalló la bomba, el hecho de no asistir a la ceremonia no es nada importante. “Mañana acompañaré a mi mujer al hospital. Para mí no es personal”, aseguró hoy a Efe este “hibakusha”

Hirano, uno de los 180.000 supervivientes que siguen vivos, reconoció, sin embargo, que está contento con la visita y añadió que tampoco necesita escuchar la palabra “perdón” de boca de Obama. “Ya no tengo malos sentimientos hacia nadie. Era una guerra. De lo que se trata es de que no se repita y se acaben con los arsenales nucleares”, dijo este hombre de 83 años, en cuyo cuerpo todavía son visibles las quemaduras y quien reconoce que su vida ha estado marcada por las heridas que le causó la explosión.

La Casa Blanca ha confirmado que el discurso del presidente de EE.UU., donde mayoritariamente se considera que los ataques nucleares a Japón desencadenaron su rendición y pusieron fin a la II Guerra Mundial, no va a contener una disculpa.

Al igual que la mayoría de los “hibakusha”, el Gobierno de Tokio tampoco la busca. “Apreciamos la visita desde el fondo de nuestro corazón. Se trata de un gran paso hacia la eliminación de las armas nucleares en el mundo. Es más importante mirar al futuro que pedir perdón”, señala la postura oficial del Ejecutivo nipón.
Fuente: La Vanguardia

jueves, 17 de septiembre de 2015

ABE Y EL NUEVO MILITARISMO JAPONES

 

Shinzo Abe

 

Japón busca ampliar facultades militares pese a protestas

 

Legisladores de oposición y miles de manifestantes realizaban protestas de último momento en un enfrentamiento político el miércoles, cuando el partido gobernante se aprestaba a aprobar leyes que amplían las funciones de las fuerzas armadas.

Los proyectos permitirían usar las fuerzas armadas para defender a aliados de Japón incluso cuando el país no está siendo atacado, estrechar la colaboración con Estados Unidos y otros aliados y aportar más a las operaciones internacionales de paz.

El primer ministro Shinzo Abe dice que Japón necesita fortalecer su defensa ante la asertividad creciente de China y cumplir su papel en el mantenimiento de la paz mundial. Los opositores dicen que la ley viola la Constitución japonesa, que renuncia a la guerra, y coloca al país en peligro de quedar envuelto en las guerras dirigidas por Estados Unidos.

Legisladores de la oposición hablaban de intentar maniobras tales como impedir la entrada de sus colegas oficialistas al recinto del comité de legislación de seguridad de la cámara alta, donde se votaban los proyectos en las próximas horas. También propusieron un voto de retiro de confianza al gabinete de Abe durante la votación en la cámara baja, prevista para el jueves. Los respaldaban miles de manifestantes concentrados frente al parlamento.

Los manifestantes coreaban "retiren los proyectos ya" y "abajo los proyectos de guerra", al tiempo que alzaban carteles con consigas contra Abe y antibélicas.

Mientras el parlamento debatía los proyectos, nuevos contingentes se sumaban a los manifestantes, principalmente activistas sindicales y de izquierda.

Las protestas de los últimos meses, de decenas de miles que ocupan las calles frente al Parlamento en Tokio los viernes y a veces durante todo el fin de semana, son dirigidas por el grupo Acción de Emergencia Estudiantil por las Democracias Liberales.

"Cualquiera que comprenda el principio básico de la Constitución no puede sino oponerse a la ley", dijo el dirigente estudiantil Aki Okuda.

Okuda, quien fue invitado a hablar ante el Parlamento el martes, exhortó a los legisladores a "escuchar las voces del pueblo" y "no hacernos pensar que es absurdo tomar la política en serio".

FUENTE: REBELIÓN.ORG

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