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La reunión del Consejo Ciudadano de Podemos ha aprobado la nueva hoja de ruta de la formación morada
Por Santiago Aparicio
En la reunión del Consejo Ciudadano Estatal había dos decisiones que tomar. Por un lado, el tipo de política que debe llevar a cabo Podemos en esta nueva etapa y, por otro, la nueva ejecutiva que rodeara a Pablo Iglesias. Pocas voces discrepantes se han escuchado. Tan sólo matices a las palabras de amado líder. Los inscritos de Podemos habían decidido el pasado fin de semana un modelo y una forma de hacer política y no cabían oposiciones reales. Se votó por un partido más monocrático y así lo ha aceptado el consejo.
SE VOTÓ POR UN PARTIDO MÁS MONOCRÁTICO Y ASÍ LO HA ACEPTADO EL CONSEJO
Los medios de comunicación se regodeaban ante las posibles purgas internas, pero las aguas no han llegado al río. Iglesias y sus corifeos han templado gaitas como les pidieron masivamente en Vistalegre II. Ha elegido una ejecutiva que cumple perfectamente con sus expectativas de fidelidad y apoyo a sus propuestas estratégicas. Curioso, en este caso, que vaya a ser Íñigo Errejón quien se encargue de la estrategia del partido, cuando su visión es contraria a lo deseado por Iglesias. Al final, por el bien del partido, ha habido cierre de filas de todos los componentes.
Una apuesta firme por el conflicto social
Iglesias y su equipo entienden, y así fue aprobado por la mayoría (50,8%), que la fuerza de Podemos reside en su lucha no sólo en las instituciones, sino también en la calle. Al lado de aquellos que peor están siendo tratados por el sistema de la Gran Coalición. El líder de la coleta ha pedido al CCE que deben hacer cumplir el mandato de Vistalegre, como es “articular un movimiento popular como contrapoder real en la sociedad civil”. Esto solamente se logrará mediante el potenciamiento de la autoorganización de las personas. Ese contrapoder debe ser articulado por todas las fuerzas que realmente desean un cambio para este país.
CURIOSO, QUE VAYA A SER ÍÑIGO ERREJÓN QUIEN SE ENCARGUE DE LA ESTRATEGIA DEL PARTIDO, CUANDO SU VISIÓN ES CONTRARIA A LO DESEADO POR IGLESIAS
Dentro de esa estrategia, ha indicado Iglesias que espera poder atraer al PSOE hacia las posiciones del cambio social para la construcción de un nuevo país. Difícil tarea la que se impone Iglesias si ganasen los sectores más institucionalizados del partido socialista. Pero entiende que, como actor importante de la izquierda española, debe hacer ese esfuerzo de “atraerles a posiciones más cercana al bloque de la transformación”. Es de esperar que en la formación morada recen por la victoria de Pedro Sánchez, ahora mártir de las bases socialistas.
Tampoco se ha escondido Iglesias al hablar de la necesidad de crear un país plural que recoja todas las sensibilidades regionales y/o nacionales. Un país donde esa pluralidad aporte y no sirva de conflicto. Por ello es necesario dar la voz a aquellos que reclaman otra forma de coexistencia. El referéndum, entienden en la cúpula de la formación morada, sería una buena muestra democrática de articulación de ese nuevo país. No hay que tener miedo a la democracia. Y dentro de esa pluralidad ha pedido hacer un esfuerzo para que En Comú Podem siga creciendo, al igual que otras confluencias.
La nueva estrategia política y Errejón camino a la Comunidad de Madrid
Pablo Iglesias tiene una idea clara, la formación de un bloque de contrapoder y de lucha contra las oligarquías sólo se puede generar desde las instituciones más bajas. Amado líder ha sido claro en establecer como máxima ganar en las elecciones municipales y autonómicas. “Es estratégico que en las próximas elecciones municipales no solo seamos capaces de revalidar los gobiernos que tenemos, sino también en las elecciones autonómicas”. El trabajo de Teresa Rodríguez en Andalucía o el buen hacer de Mónica Oltra, aunque no forme parte de Podemos, son ejemplos de lo que hay que hacer.
Dentro de esa estrategia, Iglesias ha acordado con Errejón que éste sea candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid frente a Cifuentes. En parte, este acuerdo supone una desautorización de uno de los más fieles compañeros de viaje de Iglesias, Ramón Espinar. El discurso democrático hacia las bases y el esfuerzo por normalizar Madrid podrían caer en saco roto con esta decisión. De hecho, Isabel Serra, de Anticapitalistas, ya se ha manifestado contraria a que la decisión sea un acuerdo elitista. “No podemos saltarnos la voluntad de los inscritos y los órganos recientemente elegidos para hacer un reparto de sillones” ha expresado con contundencia Serra. Algunos dirigentes regionales, incluso del errejonismo, consultados manifiestan que, pese a poder ser un candidato aceptable y aceptado, lo importante es que el Consejo Autonómico debata y que las personas inscritas voten.
La nueva ejecutiva
Lo menos importante, pero tal vez lo más mediático, de la reunión ha sido la composición de la nueva ejecutiva o coordinadora de Podemos.
Irene Montero pasará a ocupar la portavocía del grupo parlamentario y la secretaría de Acción.
Pablo Echenique mantendrá, de momento y hasta que decide si ser secretario general en Aragón o no, la secretaría de Organización.
Rafael Mayoral será el secretario de Sociedad Civil y Movimiento Popular.
Juan Manuel del Olmo, se incorpora a la ejecutiva como secretario de Comunicación y Tecnologías de la Información.
Gloria Elizo asume la secretaría de Acción Institucional.
Noelia Vera asume la secretaría de Participación y la portavocía de la ejecutiva.
Sofía Castañón será la nueva secretaría de Igualdad, Feminismos y LGTBI.
Idoia Villanueva será la secretaria de Coordinación Ejecutiva del Consejo.
Meri Pita se hace cargo de la secretaría de Plurinacionalidad y Diversidad Territorial.
Pilar Garrido asume la nueva secretaría de Políticas Sociales.
Íñigo Errejón se encargará del Análisis Político.
Pablo Bustinduy mantiene la secretaría de Relaciones Internacionales.
Auxiliadora Honorato permanecerá en la secretaría de Administraciones Públicas.
Miguel Urbán asumirá la secretaría de Acción en el Parlamento Europeo.
Nacho Álvarez será invitado.
Alberto Garzón, en la redacción de eldiario.es. MARTA JARA
ENTREVISTA: Alberto Garzón (IU)
Garzón defiende que Unidos Podemos evolucione hacia un "sujeto político" de momento indefinido: "Uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo" "Tenemos un proyecto de país y el PSOE no, salvo el de ser subalterno del PP", afirma "Quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años" Ante el Congreso del PCE: "Podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso"
Andrés Gil / Aitor Riveiro
ENTREVISTA
Alberto Garzón (Logroño, 1985) fue el artífice de que Izquierda Unida sobreviviera al tsunami de Podemos el 20D y, seis meses después, de la firma de un acuerdo electoral con el partido de Pablo Iglesias para el 26J. El coordinador federal de IU y diputado de Unidos Podemos defiende que ese espacio de confluencia debe crecer y convertirse en un sujeto propio –"creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo"–, y apuesta con la presencia de la organización allá donde "sufre la gente" para conectar con el votante al que quieren representar.
Ese análisis, el de adaptar la organización política a las necesidades de un cuerpo electoral cambiante –"con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias"–, entiende que es fundamental para frenar discursos de extrema derecha crecientes en Europa: "Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años".
Esa adaptación a la realidad, según Garzón, también ha de llegar al PCE, partido integrado en IU en el que milita: "Es normal que en todos los partidos cambien las caras con el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque, si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso, tendrían que ir las dos acompañadas, fundamentalmente por coherencia".
Este fin de semana hablaba del "monstruo" de Donald Trump, ¿cómo cree que ha surgido?
Ha ganado mucho peso entre los perdedores de la globalización, los sectores que son víctimas de los procesos de desregulación financiera y productiva a lo largo de las últimas décadas, que han sufrido la desindustrialización y todas las consecuencias de la fase histórica del capitalismo actual. Han optado en busca de protección por un discurso xenófobo, racista, pero que les protege en lo económico. Estos son los ingredientes transversales al crecimiento de la extrema derecha en la actualidad pero ya se dio en los años 30 del siglo pasado. Una vez diagnosticamos eso, es evidente que la materia política está en cómo conseguimos que esa canalización se haga por la izquierda, en torno a labores y principios de libertad, igualdad y fraternidad en vez de por la extrema derecha. Esa es la verdadera batalla política.
¿Y cómo se hace?
Con estar presente como organizaciones políticas en el conflicto. Explicar a la gente que las causas de sus problemas no están en la inmigración sino en el propio sistema económico y por lo tanto las soluciones son distintas a las que propone la xenofobia de la extrema derecha. Tenemos que estar en los barrios, en el tejido social y en los espacios laborales. Esa es la vacuna real que existe.
¿Un discurso populista de izquierdas no ayudaría a derrotar a un discurso populista de derechas?
Se habla mucho de populismo sin definirlo. Es un problema socrático porque si no defines bien las cosas no estás hablando de lo mismo. No creo que nos estemos refiriendo a lo mismo cuando hablamos de populismo si escuchamos a Esperanza Aguirre, a Íñigo Errejón, a Pablo Iglesias o a mí. Podemos desistir de definir el populismo e insistir más en lo positivo, en cómo se puede evitar que un proceso de extrema derecha pueda canalizar la frustración de una gran parte de la sociedad.
Esto tiene mucho que ver con una clase trabajadora que ha quedado fuera de los ganadores de la globalización. Ese es el sector fundamental que está decantando la balanza a favor de la extrema derecha en Europa, de procesos como el Brexit y a favor de Donald Trump. La solución no es tanto una pelea discursiva, centrar en la utilización de unas palabras en lugar de otras, sino más bien en vivir lo que vive la gente que sufre la globalización y que sufre la dinámica del capitalismo.
Yo siempre pongo el ejemplo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Si en vez de ser una organización cuyos principios podemos identificar con la izquierda, hubiera sido una organización cuyos principios se identificaran con la extrema derecha, en este país tendríamos ya un germen muy importante de extrema derecha. La vacuna es una organización que sea capaz desde el conflicto de transformar la rabia y la frustración de la gente en un compromiso político, que tiene unos contornos ideológicos de izquierdas y no de derechas, porque en esa praxis así se ha discutido y se ha combatido.
Creo que esa es la clave más allá de que cuando llegas al conflicto adaptas tu discurso a las circunstancias concretas de esa praxis. No llegas a un desahucio y hablas de la plusvalía absoluta o la plusvalía relativa, conceptos del marxismo académico, porque no son útiles. Llegas con otro discurso. Pero lo esencial es estar en el conflicto porque es donde se genera la subjetividad de la gente.
Habla de clase trabajadora, ¿no ha cambiado ya el sujeto político al que se dirige una organización como es IU?
La clase trabajadora existe. Existe en un nivel abstracto cuando haces un análisis del capitalismo, que es lo que hace Marx en El Capital cuando define dos clases abstractas, capitalistas y clase trabajadora. Y luego la clase trabajadora concreta existe en formas cada vez más diversas, como resultado de la dinámica del capitalismo en una sociedad que ya no es fordista, con trabajo estable en grandes empresas, con afiliación sindical masiva.
Estamos en escenarios de precariedad permanente, de incapacidad de afiliarse y de menos derechos laborales. Todo eso condiciona y hace que la clase trabajadora tal y como se ha entendido sobre el papel en la práctica sea mucho más diversa y heterogénea y, por lo tanto, tiene unos intereses más complejos. Esto no es nuevo. Marx, en el 18 Brumario, en el siglo XIX, ya especifica que la heterogeneidad es mucho más importante de lo que pudiera parecer.
Creo que tiene vigencia hablar de clase trabajadora en la medida en que son sectores sociales enfrentados en forma antagónica quienes están gestionando nuestro país y nuestras economías. Y cuando los propietarios, los accionistas, toman decisiones en favor de rescatar sus bancos, autopistas quebradas, de rescatar a la élite de este país, están tomando decisiones que afectan negativamente a la mayoría social, a la clase trabajadora por muy fragmentada que esté.
Lo importante no es embarrarse en la definición del sujeto sino estar en la práctica política, con la gente que está en la calle sufriendo esas consecuencias y que a lo mejor se considera clase trabajadora, a lo mejor se considera precario o a lo mejor no se considera de ninguna forma. Pero lo que es evidente es que son sujetos de pleno derecho que pertenecen al espacio social que nosotros identificamos como los perdedores del capitalismo y que necesitamos autoorganizarnos. En resumen: menos academicismo y más práctica política.
En los últimos días se han publicado varias encuestas y Unidos Podemos no recoge el descontento de los votantes del PSOE, que se van a la abstención la mayoría. ¿A qué cree que se debe?
El PSOE hay que analizarlo en dos planos. El primero es el análisis más objetivo de los intereses que representa su práctica política. Uno analiza la historia del PSOE y se encuentra con hitos fundamentales donde la dirección socialista siempre ha apoyado al establishment, al régimen. Ha apoyado la construcción europea, desde Maastricht hasta acá, la modificación del artículo 135 (de la Constitución) o el referéndum de la OTAN, una serie de hitos que han establecido los pilares del sistema. Pero es verdad que en su retórica y en su discurso se ha intentado plantear como el sujeto antagónico al PP.
Creo que con la decisión del PSOE de abstenerse ante el Gobierno de Mariano Rajoy este segundo nivel de escenificación entra en una contradicción brutal. Y la gente se da cuenta de que era mentira. Aunque en otros procesos no hubiera sido consciente en este es inevitable darse cuenta de que el PSOE está apoyando a las grandes fortunas, las grandes empresas. Hay mucha gente de la base social del PSOE que ha entrado en crisis. Y es normal que en primera instancia haya una impugnación de su propio partido. Dejan de creer en lo que hasta ahora creían.
Eso no significa que vaya a haber un automatismo entre esa decisión y el crecimiento de otras formaciones. Esto hay que dejarlo muy claro: no hay un automatismo entre la caída del PSOE y de su legitimidad entre su base social y el crecimiento de Unidos Podemos. Que eso sea así o que no lo sea es una cuestión de batalla política. Tenemos mucho trabajo por delante. Conseguir convencer al votante desencantado del PSOE requiere de mucha inteligencia y habilidad. No se trata tanto de convencerles, atraerles y seducirles con discursos sino de demostrarles con hechos que somos lo que ellos quisieran para su sociedad y su país.
El CIS asegura que el 50% de los votantes del PSOE jamás votaría a Unidos Podemos. ¿Es el liderazgo de Pablo Iglesias un problema?
La gente que dice que no vota a Unidos Podemos pero que ha votado al PSOE también es muy heterogénea. En ese sector habrá mucha gente que sociológicamente pertenece a la izquierda y que en este periodo convulso en el que hemos estado viviendo se ha enfrentado de forma muy enconada con el espacio político de Unidos Podemos. Es normal que digan que no nos van a votar nunca, pero eso también puede cambiar. Estamos haciendo una foto fija a un momento de enorme tensión.
Si caemos en decirle al votante del PSOE "ves como yo tenía razón, te equivocaste porque en definitiva eres idiota", sería un grave error. No se trata de regañar a los votantes, se trata de convencerles de que tu práctica política, tu programa, es con el que ellos en realidad están de acuerdo. Con el que mejorarían su forma de vivir. Si eso se hace bien ese porcentaje puede reducirse e incrementar nuestra base social que es de lo que se trata. No creo que tenga tanto que ver con los liderazgos como con la práctica política.
Habla de estar en la calle, en el conflicto, en los barrios, en la sociedad. Es lo que en IU teorizan como un movimiento político y social. ¿No es Unidos Podemos ya ese espacio?
Unidos Podemos de momento no es un movimiento político y social, pero tiene que aspirar a ello. Unidos Podemos es una alianza electoral, de momento. Pero Unidos Podemos sí tiene los ingredientes para ser el germen de un movimiento político y social. No me voy a entretener en las discusiones jurídicas o de nombre. Creo que ese espacio heterogéneo y plural que representa a las diferentes izquierdas rupturistas de nuestro país debe caminar más allá del Parlamento.
Debe participar en la calle no solo con una actitud pasiva de acompañar los procesos del conflicto social, como pasó con el CIE, sino ser parte. Hay que estar involucrado, que la gente sienta que ese es el instrumento. Ahora mismo la gente que vota a Unidos Podemos cree que somos el instrumento para transformar las leyes. Yo quiero que la gente sepa que Unidos Podemos es el instrumento para mejorar su vida cotidiana sin esperar cuatro años.
¿Eso cómo se hace? ¿Cómo se camina?
Se camina primero poniéndose de acuerdo en que ese es el objetivo. Si entendemos que venimos de diferentes tradiciones políticas, pero que queremos construir un espacio político en el que la gente se vea representada pero además crea que es útil, que sean parte de Unidos Podemos porque saben que es un instrumento que mejora su vida, que impide que sufran la precariedad o regresiones vitales como puede ser un despido laboral o que mejora muchas instancias de la vida como puede ser la instancia ecológica o feminista.
Eso se construye, insisto y hago mucho hincapié en ello, en la práctica. En la izquierda siempre tenemos un problema para ponernos de acuerdo. Ponemos un papel encima de la mesa e intentamos ponernos de acuerdo en la letra de un manifiesto, por ejemplo, y siempre tenemos problemas con las comas, las palabras o los significantes. Pero si en vez de ir por el camino de definir las cosas antes, lo que hacemos es una práctica política consecuente con lo que estamos diciendo se irá definiendo solo.
Cuando ocurrió lo del CIE (la protesta en el CIE de Aluche en Madrid), el espacio político de Unidos Podemos dentro de toda su diversidad, teníamos muy claro cuál era nuestra posición y hasta dónde teníamos que llegar. Así debe ser con todos los conflictos. Eso es lo que significa construir pueblo desde un punto de vista de la clase política.
Pero en Catalunya ya se está construyendo el nuevo sujeto político.
En Catalunya van a una velocidad diferente del resto del Estado porque tiene sus propias singularidades. No me refiero a singularidades de identidad nacional, sino que allí hay un espacio de movimientos sociales mucho más amplio y desarrollado que en otras partes del Estado.
Cuando hablamos de la unidad de la izquierda o de la unidad de los sujetos subalternos y que queremos construir una alternativa de país y de sociedad, se hace desde esa práctica política. Si uno observa la trayectoria de Barcelona En Comú se da cuenta de que es desde abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo. Son muchas asambleas de base, mucha discusión. La PAH. Otra serie de movimientos. Una tradición muy fuerte de la izquierda antagonista, ecologistas, feministas y pacifistas. Todo eso ha ido solidificándose en torno a una práctica cotidiana en los barrios. Y después ha surgido Barcelona en Comú. Ese es el proceso. Si empezamos por arriba, tenemos muchas papeletas de que salga mal.
Ese proceso debe acabar en un partido o alguna estructura orgánica, ¿es una hoja de ruta de Alberto Garzón, de IU o de Unidos Podemos? ¿Lo tiene hablado con Pablo Iglesias?
Nosotros tenemos esa posición política. Es la mía personal y la que ha aprobado IU en sus órganos. Aparte, creo que uno puede deducir de las palabras de Pablo Iglesias, de sus discursos y de su práctica, que está de acuerdo también en el objetivo. Lo que hay que concretar es el acercamiento, la coordinación y la construcción del sujeto. Es decir, el cómo. Pero el qué, en sus contornos, estamos absolutamente de acuerdo Pablo Iglesias y lo que decimos en IU.
Hablaba antes de que el PSOE, en los momentos importantes, acaba siendo un sostén del régimen. El próximo hito de esas características serán los Presupuestos Generales del Estado. Si no se aprueban, iremos a elecciones. ¿Cree que el PSOE los apoyará?
Es difícil de saber, todo es especulativo. Lo que es correcto es que el PSOE ha apoyado a Mariano Rajoy con el argumento de que no quería terceras elecciones porque podía tener mucho coste para ellos. Esa amenaza va a estar sobrevolando cada decisión que se tome en el Congreso porque el PP tiene un botón nuclear, que es el de la repetición electoral, que lo puede presionar en el momento que considere oportuno. Y si ve que no tiene respaldo suficiente lo va a hacer.
Por eso vamos a estar en juego dialéctico entre los intereses del PSOE a corto plazo y medio plazo. El PSOE quiere ganar tiempo para reconstruir un relato de antagonismo al PP pero para ganar ese tiempo necesita que no haya elecciones y para eso tiene que ayudar al PP. A veces serán votaciones de elementos centrales como los presupuestos o el techo de gasto y otras tendrán que ver con otra serie de leyes. El PP tiene la sartén por el mango, cuando quiera convoca elecciones y el PSOE si no quiere elecciones tiene que pasar por el aro. Punto.
¿No hay un espacio sociológico y electoral desde el que el PSOE pueda remontar y rehacerse como el partido hegemónico del centro-izquierda?
Vivimos tiempos que no permiten llegar a ese tipo de conclusiones. Son tiempos en los que la gente está cambiando su identidad política, son tiempos de crisis de régimen. Y eso no solo significa que el sistema de partidos haya implosionado, significa también que la gente está pensando la política de una forma más diferente, más líquida, y los cambios de comportamiento son más importantes y se dan con más frecuencia.
No es fácil predecir lo que va a suceder en ningún sentido. Estamos en una batalla política y el PSOE va a intentar convertirse en antagonista del PP. Lo tiene difícil porque les ha apoyado y porque necesita tiempo, pero también porque nosotros existimos, con una hoja de ruta que pasa por canalizar la frustración de la gente para construir un instrumento que cambie el sistema. Eso no tiene tanto que ver con el eje izquierda-derecha, sino que estamos en un momento donde la gente cambia muy rápido su intención de voto, por lo que la batalla está muy abierta y se premia que haya un proyecto de país detrás. Nosotros sí tenemos un proyecto de país y el PSOE de momento no, salvo el de ser subalterno del PP.
El PCE, partido integrante de IU al que usted pertenece, tiene pendiente la segunda fase de su congreso para elegir una nueva dirección. ¿La renovación que se hizo en IU se trasladará al PCE? ¿Seguirá siendo José Luis Centella el secretario general del PCE?
Nosotros somos de una tradición en la que preferimos hablar primero del proyecto antes que de nombres, y creo que es precipitado hablar de nombres en general en relación al congreso del PCE.
Me interesa más plantearlo desde el punto de vista de la renovación de un proyecto político. En primer lugar, se trata de reconstruir la izquierda, y no de demolerla, que es uno de los debates que está encima de la mesa en nuestro país. En segundo lugar, se trata de construir instrumentos que sirvan a lo que hemos planteado en las preguntas anteriores sobre cuál es el objetivo de una organización política.
Y si hemos diagnosticado que nuestras organizaciones políticas de izquierdas, no sólo en España sino en toda Europa, no solemos llegar con facilidad a las clases populares que decimos representar, un ejemplo es un nivel de parados. Nosotros en Unidos Podemos hemos llegado al 13% de los parados, pero el 21% vota a PP/Ciudadanos, el 11% al PSOE y el 20% se abstiene. Claramente es una manifestación de que hay cosas que no estás haciendo bien y eso hay que corregirlo.
Y uno de los elementos que debes reflexionar es si tu organización representa efectivamente a la sociedad en sus propios dirigentes. ¿Somos como organización el espejo en términos de reflejo de la sociedad o somos algo desconectado? Creo que sería importante introducir un componente de clase muy claro en el PCE. Tiene que haber un cupo de trabajadores manuales, un cupo de gente en el estado actual de precariedad, tiene que haber una representación real de la sociedad, el partido tiene que ser imagen de lo que es la sociedad en su estructura, para que seamos capaces de defender con eficacia nuestra clase social.
Ese tipo de cuestiones son las que se derivan de un análisis como el que parte siempre de analizarlo desde el punto de vista de la clase social, que creo que es lo que le corresponde al PCE, pero también al resto de organizaciones. Hay que resolver cómo se llega a las clases populares, aceptando que ni el PCE, ni IU ni Podemos ni ningún otro de la izquierda anticapitalista de la Europa actual llega a esos sectores. Y hay que llegar, y eso significa acometer cambios en tu partido para que esa tarea sea cumplida con éxito.
Esta es una primera reflexión y hay otras muchas derivadas de un mismo análisis, creo que el análisis es correcto y habrá que tomar medidas para que no se quede sólo sobre el papel, sino para que se ponga efectivamente en marcha.
¿Eso se puede hacer con la actual dirección del PCE?
Bueno, por suerte nuestras organizaciones son democráticas y primero debates del proyecto, de para qué sirve un partido y después das responsabilidades para cumplir. Es lo que hemos hecho en IU: apoyamos unas tesis muy determinadas en la XI Asamblea Federal y a partir de esas tesis se eligió una dirección, y esa dirección es la que hemos sido elegidos para cumplir, y si no cumplimos tenemos la opción ética de marcharnos o, incluso, la militancia tiene un instrumento: el revocatorio, echarnos porque no estamos cumpliendo.
Por tanto, lo primero es definir el proyecto y luego elegir a la gente. Creo que es normal que en todos los partidos cambien las caras de las organizaciones en función de que va pasando el tiempo, pero lo más importante es el proyecto. Porque si no, podemos cometer un error: el cambio de discursos sin cambios de caras o el cambio de caras sin cambios de discurso. Cualquiera de las dos sería un fracaso. Por coherencia tendrían que hacerse las dos cosas a la vez.
¿Va a participar en el diseño del nuevo proyecto?
Yo participo en los debates de mi partido, el PCE, igual que lo he hecho en los de IU, como militantes influyendo en la medida de nuestras posibilidades y capacidades, y cuando se vaya acercando iremos viendo, pero nosotros somos conscientes de que no se pueden duplicar las responsabilidades, lo importante es ayudar a contribuir en la discusión política y luego surgirán opciones para ser dirigentes del PCE en esta nueva etapa y ahí tendremos nuestra opinión. Pero aún no estamos en nuestra fase.
¿Cuándo tendría que ser el congreso?
Aún está la fecha en discusión, creo que no hay que precipitarse, pero tampoco hay que alargarlo mucho. Todo tiene que estar integrado en la estrategia de país, el congreso no puede estar aislado de los problemas de nuestro país y necesitamos integrarlo en la estrategia que estamos intentando acometer en el conjunto de Europa: el análisis de clase, de por qué no llegamos a las clases populares; qué necesitamos para llegar a las clases populares –instrumentos que estén en el conflicto social–; y cómo adecuamos el partido a ese objetivo: el partido tiene que tener una orientación de clase y no de marca jurídica o de liturgia autorreferencial, que sería un grave error. Tiene que tener una práctica política y una coherencia con lo que se dice.
Fuente: eldiario.es
Donald Trump saluda Nigel Farage, ex líder del UKIP, en un acto de la campaña republicana, el pasado abril. AP PHOTO / GERALD HERBERT / GTRESONLINE
La victoria de Trump y el auge de la extrema derecha en Europa evidencian las dificultades de las izquierdas para frenar e incluso derrotar discursos xenófobos "La izquierda tiene que aprender a analizar y actuar en el escenario de crisis y colapso de los sistemas políticos", afirma el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias "Cada vez hay más sectores golpeados por la crisis y la globalización que se encuentran tentados por la extrema derecha; una verdadera amenaza democrática", reflexiona el coordinador federal de IU, Alberto Garzón
Andrés Gil
Donald Trump es el presidente electo de EEUU. El Brexit no se entiende sin Nigel Farage, entonces líder del UKIP. La única candidata fija en todas las quinielas para pasar a la segunda vuelta de las presidenciales francesas es Marine Le Pen. Las próximas elecciones alemanas prevén un ascenso de Alternativa por Alemania, como ya ha ocurrido hace unas semanas en comicios regionales. Y ahí está Viktor Orban al frente de Hungría. Y lo que pueda pasar con las elecciones holandesas. ¿El denominador común? El ascenso de la extrema derecha y la incapacidad de las izquierdas para, no ya frenarlo, sino derrotarlo.
¿Por qué? "Porque la izquierda tiene que aprender a analizar y actuar en el escenario de crisis y colapso de los sistemas políticos", afirma el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias: "Cuando la geografía ideológica que se impone es la de élites-pueblo, la izquierda no puede encerrarse en la geografía parlamentaria izquierda-derecha, que además tiene muchas menos posibilidades".
"Con todo", sostiene Iglesias, "hay elementos esperanzadores como Bernie Sanders en EEUU o el propio Jeremy Corbyn en Reino Unido".
"La globalización ha empobrecido a sectores", afirma el diputado del PSOE por Teruel, Ignacio Urquizu, "y hay un montón de gente que está viendo que bajan salarios y se están empobreciendo. Todo lo que tiene que ver con la globalización y el cambio tecnológico está generando ganadores y perdedores, que se están rebelando. Y las soluciones simplistas se imponen. No es tanto de extrema derecha, porque en cada país se está expresando de formas distintas".
"Lo que está uniendo a todos estos movimientos", prosigue Urquizu, "es el rechazo a los cambios comunes en los países. Lo que puede unir a Trump y el fenómeno Podemos, salvando las distancias, es el tema de la globalización, un nacionalismo económico.
"Lo más preocupante", reflexionaba el coordinador federal de IU, Alberto Garzón, en su blog, "es que ningún partido radical o anticapitalista ha conseguido llegar a las clases populares y hacerse su representante efectivo y literal –en el sentido de ser un espejo–. Más al contrario, el apoyo a los partidos radicales tiene más que ver con cuestiones culturales e ideológicas, mientras que cada vez hay más sectores golpeados por la crisis y la globalización que se encuentran huérfanos de referencias en la izquierda. Esos sectores son tentados, en muchas partes de Europa, por los partidos de extrema derecha en particular. Algo que supone una verdadera amenaza democrática".
El escritor y periodista Thomas Frank explicaba en The Guardian cuáles son para él las claves del triunfo de Trump: "El mayor problema es la complacencia crónica que ha ido erosionando el progesismo estadounidense durante los últimos años, una enfermedad del poder que afirmaba que los demócratas no tenían que hacer nada diferente, no necesitaban repartir nada con nadie –salvo sus amigos en el jet de Google o esa gente fantástica en Goldman Sachs–. Y al resto nos tratan como si no tuviéramos a ningún sitio al que ir y ningún papel que desempeñar excepto votar entusiastamente sobre la base de que estos demócratas son la última trinchera entre nosotros y el fin del mundo. Es un progresismo de los ricos, ha fallado a la clase media y ahora ha fracasado en sus propios términos de elegibilidad. Basta del clintonismo y su aura orgullosa de virtud de clase profesional. ¡Ya está bien!"
El eurodiputado y portavoz de ICV, Ernest Urtasun, aporta algún elemento más para entender el auge de la extrema derecha en Europa: "Creo que el centro político tradicional en Europa, socialdemócratas y conservadores, no resiste la explosión de la desigualdad y la crisis social. El cambio del sistema de partidos es imparable en todas partes, y va a profundizarse con las elecciones alemanas, holandesas y francesas. El drama es que la izquierda en la mayoría de estos países no es capaz de canalizar el descontento. Noam Chomsky lo achaca a la ausencia de una cierta conciencia de clase y de falta de organizaciones capaces de canalizarla. Cuando esos dos factores no existen, conciencia colectiva, organizaciones, la extrema derecha avanza. Si en España no ha sido así es porque posiblemente el 15M sirvió para crear una cierta conciencia colectiva de las razones de la crisis, los afectados y sus culpables reales, y luego Podemos se construyó sobre eso".
"En Europa", puntualiza Urquizu, "el nacionalismo económico tiene que ver con el euro y con una unión monetaria con problemas. Y en España hay mucho urbanita y cosmopolita, en los países nórdicos, donde también crece la extrema derecha, los perdedores de la globalización son clases obreras. Son bases de apoyos distintas, lo que les une es la apertura económica, el euro, que hemos cedido mucha soberanía y se tiene la idea de que las decisiones se toman en ámbitos que no se controlan. Los partidos tradicionales no pueden dar respuesta a todos estos fenómenos, y toda la simplificación influye. En Alemania había muchos estudios que la extrema derecha prendía con sector industrial fuerte, mucho paro y mucha inmigración. Es la mezcla perfecta y explosiva para estos partidos".
"Una de las explicaciones que más me convencen", tercia la politóloga Sandra León, "la resume muy bien Dani Rodrik en su artículo para Project Syndicate sobre The Politics of Anger, donde hace alusión a la incapacidad de los partidos tradicionales de propocionar un discurso que se despoje de la impotencia e inmovilismo: la impotencia para cambiar el grado de internacionalización de las economías, de los efectos de la globalización y, para quienes pertenecen a la Unión Monetaria, la incapacidad de poder cambiar el rumbo de las políticas económicas".
"Frente a ello", prosigue la profesora de la Universidad de York, "los ciudadanos se sienten atraídos por ese discurso de take control back, de actuar sobre esos procesos que parecen inevitables y en los cuales los políticos se han "atado las manos", debido al proceso de integración de las economías y también de la creación de instituciones supranacionales a las que han cedido competencias".
"Podemos identificar un eje de división o fractura", afirma el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, "que podríamos calificar hoy como 'principal': el que se produce entre las élites europeas y nacionales por un lado –el establishment– y las poblaciones afectadas por sus políticas por el otro. Cuando una fuerza de izquierdas o de derechas es capaz de canalizar ese descontento, aparece la polarización. Las polarizaciones son cruzadas y multiformes precisamente porque estamos en un momento de reconstrucción de los campos políticos. Las polarizaciones actuales son mucho más poliédricas, temporales y se expresan fundamentalmente a través de terremotos electorales que asustan a las élites, pero afectan bien poco a la vida cotidiana de la ciudadanía europea. Sin embargo, no nos dejemos engañar por las apariencias. Estamos todavía en los inicios de una reconfiguración a escala europea a todos los niveles (político, económico y cultural) que no ha hecho más que empezar".
¿Cuáles son las alternativas?
"El reto de la izquierda", entiende León, "se encuentra en construir una narrativa que proponga soluciones, cambios. Pero las dificultades estriban en la división interna de la izquierda sobre bajo qué marco institucional y económico esos cambios pueden ser efectivos: ¿dentro o fuera de la UE?; ¿con otra UE?; ¿hay que "controlar" la globalización? Sin embargo, la parte económica del discurso de la izquierda no me parece el reto más importante para combatir el populismo, sino las cuestiones relacionadas con la identidad, como la inmigración. Porque los procesos migratorios seguirán estando ahí, no van a disminuir en el corto y medio plazo y, mientras eso ocurra, la derecha populista intentará sacarle rédito político. Construir un discurso sobre inmigración basado en los valores de tolerancia, respeto, enriquecimiento y la importancia de la cohesión social en las ciudadaes receptoras no va a ser fácil para la izquierda cuando los desequilibrios globales empujan a emigrar a miles de ciudadanos cada día".
"Tenemos por delante una tarea", sostiene Garzón, "dotarnos de un instrumento que sea útil para las clases populares. Y ese instrumento va, a mi juicio, mucho más allá de lo que actualmente son tanto IU como Podemos. De hecho, es lo que podríamos identificar con el concepto amplio de unidad popular. Y, digo yo, habrá que ser más patriota de clase que patriota de partido, porque de lo contrario estaremos siendo meras comparsas de este régimen político-económico basado en la explotación".
Jorge Moruno, responsable de Discurso de Podemos, hace el siguiente diagnóstico de la derrota electoral de las izquierdas: "Básicamente por su incapacidad de comprender los contornos y la composición social de su tiempo: el estado de las cosas. Ya ocurrió en los 80, incapaces de ofrecer 'un futuro en el que creer' –como ha abanderado Bernie Sanders– y limitarse a 'resistir' –contra Margaret Thatcher en los 80–, mientras la primera ministra ofrecía un imaginario, 'devolverle el poder al pueblo' pasando de 'proletarios a propietarios'. La total ausencia en la izquierda de la dimensión del deseo y el imaginario, confiando en que la fruta madura cae del árbol. A la izquierda le falta la importancia de la mediación política".
"Estamos en un momento político en el que repitiendo la tan manida cita de Gramsci", concluye Urbán, "lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no termina de nacer, y en ese claroscuro aparecen los monstruos. Y monstruoso también es que el campo de batalla de las polarizaciones se esté desviando cada vez más hacia las identidades y las pertenencias, y no hacia la conquista de más democracia y justicia social. Renunciar o fracasar en la impugnación del extremo centro es dejar el terreno libre a que los monstruos ocupen los vacíos de legitimidad y representación crecientes. Esto nos muestra, por un lado, que a día de hoy existe una disyuntiva real entre luchas xenófobas y lucha de clases y que, en esa disputa por determinar el campo de batalla, por el momento vamos perdiendo a escala europea. De nosotros y nosotras depende cambiar la situación. Y eso pasa, también, por disputar un proyecto alternativo para Europa".
"Resumiendo", afirma el diputado de Unidos Podemos por Córdoba, Manolo Monereo, en un artículo en Cuarto Poder, "lo que está en crisis es la globalización capitalista y, como siempre, esto tiene, al menos, dos salidas: hacia el autoritarismo oligárquico o hacia la democratización social. En medio, no hay ya nada, solo las lamentaciones de unas viejas izquierdas sindicales y políticas que se hicieron neoliberales y que ya no son capaces de entender la sociedad y, mucho menos, de transformarla. El asunto no ha hecho otra cosa que empezar".
"Pedro Sánchez fue depuesto por un golpe de su propio partido, destinado a asegurar la abstención del PSOE en el Parlamento para permitir que Mariano Rajoy volviera al Gobierno". EFE
Los socialdemócratas europeos se están desangrando en múltiples direcciones, con independencia del carácter más o menos progresista o derechista de sus líderes El PSOE ha iniciado el camino de sus compañeros griegos del PASOK, cuyos votantes naturales se pasaron en masa a Syriza Si Podemos logra capitalizar el desencanto con los socialistas y los conservadores, serán un ejemplo para toda la izquierda europea; si fracasan, tendrá consecuencias terribles en todo el continente.
Owen Jones
Con frecuencia, la democracia entra en rumbo de colisión con las élites económicas, y no siempre de forma sutil. La situación actual de España es un buen ejemplo. Pedro Sánchez, líder de los socialistas españoles, fue depuesto el mes pasado por un golpe de su propio partido, destinado a asegurar la abstención del PSOE en el Parlamento para permitir que el conservador Mariano Rajoy volviera al Gobierno.
Muchos de los votantes tradicionales del PSOE lo consideraron una traición. Para ellos, el Partido Popular de Rajoy no es más que el ala política de una élite inescrupulosa, corrupta y de derechas. Sin embargo, las revelaciones posteriores de Sánchez dejaron al descubierto las maniobras de importantes grupos de poder.
Tras dos elecciones marcadas por el colapso del bipartidismo y la imposibilidad de formar una mayoría parlamentaria estable, Sánchez intentó un gobierno de la izquierda al estilo del portugués. Pretendía gobernar con Podemos (un partido nuevo, sugido de los movimientos de protesta contra los recortes que han devastado la sociedad española) y conseguir el apoyo de los nacionalistas catalanes.
Pero esta misma semana Sánchez reveló que un grupo de corporaciones –entre las que están varios bancos y el gigante español de telecomunicaciones, Telefónica– sabotearon su plan. Si no permitía otro gobierno de Rajoy o no aceptaba la convocatoria de otras elecciones, organizarían una feroz campaña contra él a través de uno de sus diarios, El País, el periódico más importante de España. Sencillamente, no iban a tolerar una coalición con Podemos. Era una intervención directa de poderes fácticos para impedir la formación de un Gobierno progresista.
"Sánchez ha reconocido las presiones de la oligarquía, y que cometió un error al no buscar un acuerdo con nosotros", aseguró Pablo Iglesias, líder de Podemos. Y ciertamente, Sánchez tiene motivos para arrepentirse: intentó formar una alianza con otro de los beneficiarios de la implosión del bipartidismo, Ciudadanos, un partido de centro derecha, pero solo fue un ardid. Pidió a Podemos que apoyara dicha alianza, aunque sabía que rechazaría el ofrecimiento porque implicaba renunciar a una política económica de izquierdas. No era nada más que una forma de culpar a Podemos de la posible vuelta de Rajoy al poder.
"Organizarían una feroz campaña contra él a través de uno de sus diarios, El País, el periódico más importante de España. Sencillamente, no iban a tolerar una coalición con Podemos. Era una intervención directa de poderes fácticos para impedir la formación de un Gobierno progresista"
Los socialistas españoles se encuentran ahora en una situación terrible. Sus bases están en rebeldía, y los triunfantes conservadores pueden utilizar la amenaza de nuevas elecciones, de las que el PSOE saldría mal parado, para que apoyen unos presupuestos reaccionarios. Los socialistas han iniciado el camino de sus compañeros griegos del PASOK, cuyos votantes naturales se pasaron en masa a Syriza. Además, los socialistas catalanes están tan descontentos con la jefatura del PSOE que hasta se podría producir una escisión, y Podemos se ha encontrado de repente con la posibilidad de presentarse como la única oposición real; pero eso no es un consuelo para las bases de Podemos, que se pueden ver obligadas a sufrir varios años más de un gobierno conservador del que pretendían liberarse.
La situación de España arroja luz sobre sucesos que están mucho más allá de sus fronteras. En Gran Bretaña, la oposición interna a Jeremy Corbyn señala legítimamente el hundimiento de los laboristas en las encuestas, aunque sus resultados son mejores que los de la mayoría de los partidos socialdemócratas del otro lado del Canal, lo cual dice bastante del estado de la socialdemocracia europea.
En 1997, cuando Tony Blair obtuvo su mayor victoria electoral, los socialdemócratas dominaban todo el continente, desde Alemania, Francia e Italia hasta los países escandinavos. Hoy, los partidos socialdemócratas sufren una hemorragia constante en favor de la nueva izquierda, la derecha populista y el nacionalismo cívico. Puede que los socialdemócratas alemanes sigan comprometidos con las políticas de la "tercera vía" que algunos laboristas quieren recuperar, pero languiceden con el 22% de los votos, según el último sondeo.
Entre tanto, el Frente Nacional podría superar al Partido Socialista Francés en la primera ronda de las elecciones presidenciales del año que viene; los socialdemócratas suecos se aferran al poder por los pelos mientras sus aliados nórdicos lo pierden y, a pesar de que el centroizquierda italiano sea una excepción, está en situación precaria y amenazado por el asenso del populista M5S.
Pablo Iglesias participa el viernes en Mérida en un acto público en el marco de la iniciativa 'Vamos!'
Los socialdemócratas europeos se están desangrando en múltiples direcciones, con independencia del carácter más o menos progresista o derechista de sus líderes. Sus bases se han fragmentado entre votantes jóvenes y viejos, universitarios y obreros, hostiles a la inmigración y favorables a ella. La guerra destatada entre el centroizquierda y la izquierda radical europea oculta con demasiada frecuencia una verdad incómoda: que ninguna de las dos ha ofrecido hasta ahora una solución convincente para dichas fracturas ni una forma viable de organizar una coalición electoral que pueda alcanzar el poder.
Podemos está ahora ante un dilema, y su decisión tendrá repercusiones en toda Europa. A fin de cuentas, Podemos surgió de la frustración ante las élites. Hace cinco años, millones de españoles –hartos de un poder político decidido a pasarles la factura de una crisis que ellos no habían provocado– se movilizaron por todo el país. Sin los 'indignados', Podemos y sus aliados no se habrían convertido jamás en un partido de masas. Podemos tiene mucho que enseñar a otras izquierdas europeas sobre la forma de comunicarse fuera de las zonas tradicionales de confort; pero sus resultados en las elecciones de junio fueron decepcionantes: esperaban superar al PSOE y convertirse en el segundo partido, y sufrieron el trauma del fracaso.
También han estado por debajo de lo que anunciaban los sondeos en las elecciones locales posteriores. El partido se ha sumido en un profundo examen de conciencia, e intenta encontrar el modo de democratizar sus estructuras para volver a conectar con los movimientos sociales de los que surgió.
Si Podemos logra capitalizar el desencanto con los socialistas y los conservadores, serán un ejemplo para toda la izquierda europea; si fracasan, tendrá consecuencias terribles en todo el continente. El populismo de derechas está en plena ofensiva, y ha hecho grandes avances en comunidades de trabajadores que tradicionalmente optaban por la izquierda. Si el descontento sigue creciendo en el mundo occidental, o si se produce otra crisis, la derecha populista estará en una posición perfecta para hacerse con el poder.
El viejo modelo socialdemócrata se está derrumbando, y no hay garantía de que las fuerzas progresistas puedan llenar el vacío que deja. En Polonia, la izquierda ha dejado de existir: la política se convertido en un debate entre liberales conservadores como David Cameron y populistas de derecha. Si la izquierda fracasa, Europa podía caer en un proceso de polonización.
No te agobies, España; pero puede que el futuro del continente dependa de ti.
La pugna de Podemos en Madrid se enrarece con el 'caso Espinar' Foto: El Periódico
Por Fernando López Agudín
El mismo día en que el diario El País publicaba una entrevista con Ramón Espinar, en la que el propio entrevistado se definía como del Podemos más rebelde, la Ser emitía una información sobre la compraventa de una vivienda de protección oficial por el mismo Ramón Espinar. Una y otra, a tan solo setenta y dos horas antes de que todos los militantes de la formación morada voten en unas primarias que enfrentan a Ramón Espinar, apoyado por Pablo Iglesias, con Rita Maestre, apoyada por Íñigo Errejón. Como si Prisa pudiera ignorar lo que iba a publicarse en el periódico y en la emisora, y desconociera la convocatoria de las urnas madrileñas de Podemos. La deducción lógica salta tanto a la vista como al oído. Después de abatido Pedro Sánchez, al que acusan el mismo día, en un editorial del diario, de ser él quien presionó políticamente a El País, este lobby – correa de transmisión de los 35 ciudadanos más poderosos– va a por Pablo Iglesias.
Como no pueden dar el golpe de Estado en Podemos, que han dado en el PSOE y que ha regalado la Moncloa a Rajoy e impedido un gobierno de progreso, buscan desestabilizar al máximo a los morados intentando agudizar todas sus lógicas divergencias internas hasta convertirlas en antagónicas. No es que opinen que la candidatura de Rita Maestre sea mejor o peor, no hay morado bueno, sino que tratan de orientar la información, justo antes de la votación, para perjudicar a Ramón Espinar, únicamente por ser el candidato apoyado por Pablo Iglesias. En definitiva, desean y trabajan para la victoria de Errejón sobre Iglesias, al día siguiente del recuento de los votos. En su búsqueda de una Susana Díaz bis en Podemos, no se van a parar en barras. Que la realidad nunca te estropee un buen titular, es la máxima de esa conciencia pícara del PPSOE que es Cebrián.
Es el ensayo general para cuando se convoque, al comienzo de 2017, la asamblea de Podemos Vistalegre II. Es indudable que este periodismo sucio, que supera las mayores cotas de amarillismo, sirve para medir bien la reacción de todos los agentes morados madrileños de cara a la cita de invierno. Bien evaluada, les permitirá intentar una eficaz injerencia en los asuntos internos de Podemos con vista a abrirlo en canal como tienen ya abierto al PSOE. Hoy se ensaya ya con Ramón Espinar lo que mañana bien podría practicarse con Pablo Iglesias, si se confirmase la existencia de un dossier sobre el líder de los morados elaborado, según Luis María Ansón que suele disponer siempre de muy buena información, por el CNI. En lo que queda de este año, hasta el comienzo de Vistalaegre II, Prisa va a diseccionar este parlamento de Podemos.
Tras haberse vistos obligados a intervenir ayer en el PSOE, los 35 señores más poderosos del Estado español necesitan intervenir en Podemos. Nada les sería más favorable que lograr colocar a los morados en el quirófano, junto al PSOE, para operar sobre el futuro de toda la izquierda española. Medio noqueado el socialismo, tras el K.O a Sánchez, necesitan ahora anestesiar a Iglesias. Estudian todo tipo de trasplantes e injertos para reconfigurar algo así como un Ciudadanos de izquierdas, que no meta la mano en la caja, pero que sea dócil a los intereses hegemónicos que no son, precisamente, los populares. La sesión de investidura de Rajoy– presentación en sociedad de una potente oposición desconocida a lo largo de estos últimos cuarenta años– les preocupa bastante, justo en las mismas vísperas de imprimir una vuelta de tuerca a los recortes en pensiones, subsidios y gasto social.
Podemos, por supuesto, no es el PSOE, ni Pablo Iglesias Pedro Sánchez. Ni han traicionado a su electorado, ni bailan la yenka en política. Pero todavía no son un partido, carecen de cuadros, les sobra teoría académica y les falta experiencia política. Demasiados errores han evitado, cuando incluso se han visto obligados a negociar, claro está, sin saberlo, con antiguos colaboradores de Paesa, presentes en algunas de las reuniones mantenidas en marzo sobre el non nato gobierno Rivera-Sánchez. Pese a ello, van a verse envueltos ahora en una muy peligrosa telaraña que pretende enredarlos en una discusión bizantina sobre el sexo del PSOE. Aunque no les va a ser fácil a los poderosos meter el cuchillo en Podemos– todo dependerá de la lucidez de sus dirigentes– no es imposible, y por eso no deberían echar en saco roto las declaraciones de Sánchez.
Si Adolfo Suárez denunció las presiones contra su gobierno que le obligaron a dimitir, antes del golpe de Estado del 23-F, Sánchez las ha denunciado después del golpe de Estado del 1 de octubre. Esa es la razón por la que ha podido señalar con el dedo a toda la trama golpista que no pudo señalar el líder centrista. Basta ver todo el catálogo de insultos que le han dedicado, desde los más soeces de la caverna, que le ven como un topo de los morados, a los más refinados que lo presentan como un tragapanes o un humillado, para entender que unos y otros persiguen tapar el contenido político de su relato, que pone al desnudo la muy escasa calidad democrática, por no decir nula, de la II Restauración Monárquica de los Borbones. Lo que empieza a ocurrir con Podemos e Iglesias es el penúltimo ejemplo.
Mariano Rajoy, aplaudido el grupo parlamentario del Partido Popular en la investidura de este 29 de octubre. Foto de Marta Jara
El candidato del PP vuelve a La Moncloa con 170 votos a favor; 111 en contra y 68 abstenciones
El presidente ha reclamado "un Gobierno en condiciones de gobernar" a los grupos que le han facilitado la investidura
Antonio Hernando ha insistido en situar al PSOE en la oposición a pesar de abstenerse; y Albert Rivera ha conminado a Rajoy a "negociar reformar"
Pablo Iglesias ha cargado contra los socialistas y ha reclamado para Unidos Podemos y las confluencias la hegemonía en la oposición
Luz Sanchis
Mariano Rajoy ya es presidente. Gracias al voto favorable de Ciudadanos y a la abstención decretada en el PSOE –algunos han empleado la fórmula "por imperativo"; otros, 15, se han mantenido en el no–, Rajoy sale reelegido después de más de 300 días en funciones y con una Cámara de 349 diputados tras la renuncia de Pedro Sánchez a su escaño este sábado por la mañana. Nada más concluir la votación, el presidente señalaba que hay "mucha tarea por hacer" y prometía "responsabilidad" volviendo a dejar claro que la espera de todos los grupos parlamentarios. Antes de anunciar a sus nuevos ministros, Rajoy ha decidido cogerse el puente aunque se quedará en Madrid.
A pesar del aprobado raspado con el que Rajoy ha logrado su objetivo y de sus promesas de humildad de los últimos días, el conservador ha querido poner los puntos sobre las íes y dejar claro que quien manda a partir de ahora vuelve a ser él. Sabedor de que el papel de Ciudadanos es el de acompañante en las reformas y de que el PSOE vive su particular desgarro, Rajoy ha dejado claro que la ilusión de parte de la oposición de derogar sus leyes más polémicas no la tolerará. Y que ahora necesita la misma colaboración para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. "Hemos sobrevivido a 300 días de gobierno en funciones, pero no podríamos sobrevivir a un gobierno que no gobierne porque le faltaran apoyos o le sobraran obstáculos. El precio sería ruinoso", ha advertido.
El socialista Hernando intentó marcar el terreno ya antes de votar. Media hora antes de inclinarse mayoritariamente por la abstención que le permite volver a La Moncloa, el portavoz amenazó con que su partido haría una "firme oposición". "No es el presidente que España se merece. Ni usted ni su proyecto merece nuestra confianza", declaró. Albert Rivera, que llegó a citar a John Fitgerald Kennedy para pedir confianza el el futuro, también se permitió tranquilizar a un Rajoy poco nervioso. "Si cumple las condiciones de Ciudadanos, todo va a ir bien", le dijo.
El líder de Unidos Podemos ha resumido "la triple alianza" que ha aupado a Rajoy como "el viejo país". Como contraste, los suyos, que, ha aseguró, llegarán a gobernar y a dibujar un "nuevo país". La bronca llegó con la intervención de Gabriel Rufián, de ERC. El independentista consiguió enfadar a las tres bancadas al completo al criticar con dureza a los socialistas, a los conservadores y a Ciudadanos, a cuyo líder llamó "maese cuñado". Antes, había calificado a Susana Díaz de "cacique" y se había referido a Felipe González como "Gonzalex".
Rajoy negó que haya pedido "un cheque en blanco", sino que se limitaba a "reclamar un Gobierno". Pero las promesas de diálogo han ido acompañadas de seguridad en que es él quien tiene la sartén por el mango y no pretende "cambiar nada" sino "perseverar". Del mismo modo, ha recordado que si no le permiten aprobar unos Presupuestos Generales del estado, no servirá de nada, y que no tiene la menor intención de dejar que se deroguen las leyes que ha promulgado en la primera legislatura
"Sería inútil someter a negociación la unidad de España, la igualdad de los españoles y nuestros compromisos europeos. No pretendo acceder al Gobierno para derribar lo construido, se puede mejorar pero no su demolición", ha afirmado. "No tiene ningún sentido liquidar todas las reformas", ha subrayado. Cuidado con las derogaciones de las normas que han sido útiles".
Que en plena campaña electoral en Galicia y Euskadi, en vísperas de la apertura de las urnas, Iglesias haya considerado necesario retomar el debate político e ideológico de Podemos obedece, seguramente, a razones coyunturales que van más allá de las puramente electorales. No se puede encontrar hoy un momento menos idóneo, que los que envuelven a unas elecciones, para abrir públicamente una discusión interna que, además, nunca ha sido planteada abiertamente en la formación morada. Que lo sea aquí y ahora, de una forma imprevista, suscita no pocas interrogantes que, probablemente, se irán aclarando poco antes de que comience el invierno.
La polémica es consustancial a Podemos. Nacido al calor de las movilizaciones del 15M, es una abigarrada suma de identidades pendientes de encontrar una síntesis para poder continuar avanzando. Ya lo advertían los clásicos, sin teoría no hay movimiento. Pero ese debate imprescindible no responde, esencialmente, a la pregunta del por qué y para qué de la intervención del líder morado. No es una clave interna, pese a la urgencia de esa discusión, sino externa la que puede dar la respuesta. Es en esta actual coyuntura política, protagonizada por la crisis del PSOE, donde Sánchez lucha a brazo partido contra los que buscan imponerle la abstención en la investidura de Rajoy, donde hay que buscar la explicación.
Pedro Sánchez ha puesto pie en pared. Formados en la acreditada escuela de Rubalcaba, Sánchez y su cinturón burocrático poseen una amplia experiencia en los manejos del aparato, más que suficiente, para desbaratar conspiraciones e intrigas del viejo PSOE mediante consulta a los militantes, primarias para la secretaria general o convocatoria de un congreso ad hoc. Van dados si, tras los resultados electorales de Galicia y Euskadi, intentan defenestrar al líder socialista. Ya lo dice bien el refrán, cría cuervos….. Urge pues, por parte de los viejos socialistas, la búsqueda de una tregua que evite o aplace, por el momento, el estallido de unas hostilidades que les perjudicarían, dado que carecen de ese ejército de militantes que siguen a Sánchez.
Ese punto de encuentro, que combine la continuidad del líder socialista con los objetivos de los ibexsocialistas, se llama Rivera. Puesto que no es viable un PSOE que se abstenga con la derecha de Rajoy, más vale, piensan, un PSOE con la derecha de Rivera que evita así un PSOE con la izquierda de Iglesias. De esta manera, todo el ibexsocialismo puede sumarse a la nueva tentativa de Sánchez con Ciudadanos y Podemos, incluso sabiendo que es inviable. Se mantendría la unidad socialista, se ganaría tiempo y se iría en mejores condiciones a unas terceras elecciones. Pero falta una pieza fundamental, es imposible la jugada sin conseguir la complicidad subalterna de los morados, dispuestos a embarcarse en las naves armadas por los ibexsocialistas.
Esas son las naves que Iglesias, como ya lo hizo Hernán Cortés, acaba de quemar justo antes de que se empiece a jugar esta partida de los poderosos. No habrá más pacto con Podemos que el que tenga como única meta un amplio gobierno progresista basado en la unidad de la izquierda. Ni habrá tampoco más acuerdo que el que, lógicamente, se suscriba con el líder de la formación morada. Iglesias como Sánchez, además, también puede recurrir a consultar a las bases, en este caso los círculos, sobre qué tipo de alianza se prefiere. Ya lo hizo en la pasada primavera, es previsible que lo volvería a hacer en otoño si también lo necesita.
Quemando estas naves ibexsocialistas arde también el armisticio entre el viejo y el nuevo PSOE. Queda, por lo tanto, un tenso comité federal a cara de perro que deberá resolver ese empate infinito que caracteriza este 2016. Los poderosos, dentro y fuera del socialismo, no pueden imponer un gobierno de la derecha; pero sí pueden impedir un gobierno progresista, basado en la unidad de la izquierda, pese a contar con la mayoría de los escaños. Probablemente no será por mucho tiempo, porque la manifiesta impotencia de hoy de todos los viejos socialistas en aplastar la renovación generacional, encabezada por Sánchez, preludia también la de mañana para impedir un PSOE alejado de la derecha aunque, de momento, no se sitúe junto a la izquierda.
Sol, mucho sol en el mitin central de Unidos Podemos en el País Valencià, en el parque Lo Morant de Alicante, donde la coaliciónPodemos-IU se une a Compromís y se hace llamar A la valenciana. En esta segunda vuelta electoral, con pocos cambios en los resultados según auguran las encuentas, el mensaje está claro: disposición plena a “tender la mano” al PSOE y erigirse como la formación de izquierdas del “voto útil”. El resto, retórica electoral. Sin apenas referencias negativas a los socialistas, la coalición tiene claro que su rival es el PP.
Pablo Iglesias ha vertido unas duras críticas contra el ministro de Exteriores por sus declaraciones en La Sexta en las que comparaba el ascenso de los partidos emergentes con el de Hitler: “Yo que soy demócrata de siempre, hay veces que los votantes se equivocan. Quiero recordarle que don Adolfo Hitler fue canciller del Reich pasando de 12 a 107 escaños y por tanto teniendo la mayoría de Alemania”. Ante estas palabras, Iglesias ha lamentado: “Margallo ha perdido el sentido del ridiculo metiendo en estsa campaña a Hitler”, y sin embargo, ha reconocido que el ministro le parece “un señor culto y de gustos refinados” con el que comparte “lecturas a veces” y procedente del “ala democristiana del PP, el ala más sensato”. “Si ha perdido el sentido del ridículo es porque los números internos del PP le dicen que podemos ganar las elecciones”, ha añadido.
En el acto han participado los cabezas de lista por la circunscripción de Alicante, Rita Bosaho e Ignaci Candela, así como los de Valencia, Ángela Ballester y Joan Baldoví. Aunque las estrellas eran, indudablemente, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y la portavoz de Compromís, Mónica Oltra.
”Mano tendida” al PSOE
El rival era el Partido Popular. Lo sabían todos. Garzón y Baldoví han preguntado a los asistentes si ellos les dan miedo, como repiten los ‘populares’. Pablo Iglesias ha hablado de “transición hacia un nuevo modelo”: “El PP convirtió el Mediterráneo en el centro de experimentación de su modelo neoliberal. Apostó por la burbuja inmobiliaria, que se tradujo en desempleo, desigualdad, niños estudiando en barracones y en corrupción, que cuesta 2.000 euros al año a cada ciudadano”. “El voto útil para vencer al PP es Unidos-Podemos”, ha añadido el líder de Podemos.
Hacia el PSOE, el mensaje era claro. “Vamos a tenderle la mano al Partido Socialista para hacer una mayoría de izquierdas”, ha destacado el portavoz de Podemos en Les Corts Valencianes, Antonio Montiel. Oltra ha sido más dura y ha criticado “el abrazo” entre Pedro Sánchez y Albert Rivera y le ha enviado un mensaje, “en castellano para que lo entienda”: “Pedro Sanchez, con cariño, no quisiste que fuéramos en una candidatura conjunta al Senado para ganar al PP. Pues nada, lo vamos a tener que hacer a la valenciana. Aquí esta la gente que el 26 de junio ganará al PP”. “Si le dais la vuelta, es ‘a la alicantina’”, ha añadido la portavoz de Compromís ante el público de Alicante.
Oltra ha aludido a que se trata de la segunda mitad del “cambio” que empezó el 24 de mayo de 2015 -con las elecciones autonómicas y municipales-. “No nos podemos quedar a medias”, ha insistido”. No han faltado las alusiones a la corrupción, y nombres como los exalcaldes Sonia Castedo, José Luis Díaz Alperi, Enrique Ortiz o Ángel Fenoll (estos dos últimos, empresarios imputados en el caso Brugal), así como Florentino Pérez.
Elogios a la unión con IU
Las muestras de unión en la coalición han sido continuas. Primero Iglesias ha agradecido la compañía de IU: “Gracias por estar con nosotros en este camino histórico. Sin IU no podríamos cambiar este país”, y a continuación ha tenido palabras para miembros de Podemos en el País Valencià, así como de Compromís. Garzón ha alabado la variedad de colores, como también lo ha hecho Oltra: “Qué bonita se ve la combinación de colores. Rojo de IU, naranja de Compromís y morado de Podemos... ¡Casi nos ha salido una bandera republicana!”. Garzón, eso sí, ha puesto su nota personal reivindicándose como “comunista” y despidiéndose con un vitoreado “Salud y República”.
Baldoví cita a Miguel Hernández y a Raimon
El contundente Joan Baldoví, el ‘Llanero solitario’ de Compromís en el Congreso de los Diputados hasta la pasada legislatura, ha recitado unos versos de ‘Vientos del pueblo’, del poeta de Orihuela Miguel Hernández (como ya hiciera Mónica Oltra en el multitudinario mitin de cierre de campaña de diciembre): “Los bueyes doblan la frente | impotentemente mansa, | delante de los castigos: | los leones la levantan | y al mismo tiempo castigan | con su clamorosa zarpa.”.
En este sentido, Baldoví ha recordado que a Toni Arques, miembro de la ejecutiva local de Compromís, el empresario Enrique Ortiz le ofreció 12.000 euros por financiar su campaña electoral: “Dijo no. No fue un buey, fue un león. No hizo como Sonia Castedo, que se iba con él de fiesta de pijamas y en su yate”. Y ha citado a Raimon asegurando que “nosaltres no som d’eixe món”.
Un parque en un barrio obrero
El parque Lo Morant de la ciudad de Alicante (ubicado en una zona obrera de la ciudad) ha sido el elegido para una cita que se ha llenado hasta los topes, hasta los pasillos que los organizadores que se esforzaban, en vano, por intentar dejar libres por motivos de seguridad. Primero querían hacerlo en el Centro de Tecnificación (el pabellón del equipo de baloncesto Lucentum), que descartaron porque quedaba pequeño para sus expectativas; después se plantearon atreverse con la plaza de Toros, quizás demasiado ambicioso. Finalmente, optaron por el parque, un espacio al aire libre y más apropiado para una campaña que se rige por el lema ‘Amb la gent’.
IGNACIO ESCOLAR ¿El mejor presidente de la democracia? Para Pablo Iglesias es José Luis Rodríguez Zapatero. “Tengo mucha admiración por él”, cuenta el líder de Podemos en una entrevista en la Ser, “procuro preguntarle cuando tengo dudas sobre temas importantes”. En eso también discrepa de Pedro Sánchez. El secretario general del PSOE está bastante distanciado de Zapatero y le consulta muy poco. Ni siquiera le preguntó sobre su plan de renegar de la reforma del artículo 135, un cambio constitucional que Sánchez también votó como diputado y que después ha tachado de “error”, algo que Zapatero no ha olvidado.Y para el actual líder socialista, el mejor presidente de la democracia, según aseguró hace tiempo en una entrevista en la Cope, no es Zapatero: es Felipe González.
Es evidente que Pablo Iglesias presume de su relación con Zapatero por motivos electorales; nadie ha sido más duro con el 135 que el propio Iglesias. El hoy autodenominado “socialdemócrata” aprovecha un símbolo que el actual PSOE ha descuidado y lo reivindica como propio; muerta la transversalidad, la gran mayoría de los votantes de Podemos antes lo fueron de Zapatero. Pero también es cierto que la relación entre ellos existe y es fluida, no solo porque Iglesias la pregone.
Solo se han visto en privado una vez, en aquella cena en casa de José Bono, un encuentro de seis horas donde hablaron del fin de ETA, de la reforma del Estatut y sobre todo de Europa: de las presiones de la UE y el BCE que forzaron al gobierno socialista a enmendar toda su política económica y dejaron libre a la mayoría absoluta de Rajoy. Desde entonces no se han sentado, pero sí han hablado regularmente por teléfono. Solo dejaron de hacerlo durante las negociaciones frustradas tras el 20-D –Zapatero no quiso inmiscuirse– y han retomado las llamadas tras el fin de esta inane legislatura. ¿De qué hablan? De Grecia, y del desenlace del órdago de Tsipras que, en cierto modo, da la razón a Zapatero (por las malas contra la troika tampoco se pudo). En la última llamada, hace diez o doce días, hablaron de Venezuela y de las gestiones que allí está haciendo el expresidente entre los dos bandos enfrentados. En su relación ayuda algo: que a diferencia de Felipe, Zapatero e Iglesias nunca se han insultado.
Autor del libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015
En una conferencia dada hace unos días por el Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias, en la Universidad Complutense, este hizo una crítica en general a la mayoría de periodistas que mediáticamente cubren la actualidad de este partido, tomando como referencia a un periodista del rotativo El Mundo, aunque podía haber escogido cualquier otro. Criticó el sesgo anti-Podemos de la mayoría de tales profesionales, empleados o contratados por los mayores rotativos del país, que han mostrado una gran hostilidad en general hacia Podemos, y hacia Pablo Iglesias en particular.
Predeciblemente, al día siguiente todos los mayores rotativos escribieron editoriales denunciando este comportamiento del Secretario General de Podemos. De especial interés es el escrito por El País, titulado “Iglesias ataca a la prensa”, en el que acusa, una vez más, al dirigente de aquel partido de mostrar actitudes que el rotativo define como bolivarianas, contrastándolas con la neutralidad y veracidad de la prensa española, escribiendo que “la regla de juego básica de la prensa en una democracia es la veracidad, y que su labor fundamental es el control del poder para evitar abusos, corrupciones o agresiones gratuitas como la suya”. El artículo comienza con la frase de que uno de los principios básicos de cualquier democracia es la defensa de la libertad de información, presentando a El País como un ejemplo de ello.
El sesgo anti-Podemos es tan obvio en la mayoría de los grandes rotativos españoles, incluyendo El País, que es difícil de creer que el editorialista se crea lo que está escribiendo. Es muy fácil de ver y de reconocer el apoyo de este rotativo a la dirección del PSOE y también (y muy en particular) a la de Ciudadanos, lo que contrasta con la abierta hostilidad hacia Podemos en general, y muy en especial hacia Pablo Iglesias, actitud que es común no solo en El País, sino en los mayores rotativos del país que son de sensibilidad conservadora y/o liberal (que a nivel popular quiere decir de derechas o de centroderecha). No hay en España ningún gran rotativo de izquierdas. Hacer esta observación no quiere decir que no haya colaboradores o periodistas de izquierdas, pero son una gran minoría y una excepción. Los equipos de dirección de los grandes rotativos no solo son de derechas, sino que, como caracteriza a las derechas en España, son profundamente anti-izquierdas. Durante el periodo postdictatorial, el PCE primero, IU más tarde, y Podemos ahora han tenido muy mala prensa. La evidencia de ello es abrumadora.
Quisiera aclarar, por cierto, que el hecho de que un rotativo en su editorial apoye un partido político no es, en sí, censurable. Ahora bien, sí que es censurable y denunciable que sus simpatías lo lleven a tergiversar la realidad (manipulando o incluso mintiendo) para favorecer a tales partidos y/o desfavorecer a los que consideran como sus adversarios, lo cual es una práctica muy común en estos grandes rotativos. En realidad, en un país con una conciencia democrática más avanzada, tales comportamientos serían no solo criticables y denunciables, sino también sancionables. Veamos los datos.
Evidencia diaria de falsificaciones y tergiversaciones
Los ejemplos de estos comportamientos son múltiples y aparecen diariamente. En los mismos días que El País publicaba tal editorial, dicho rotativo sesgaba la presentación de una noticia, utilizando una narrativa que falseaba la realidad. Es conocido que El País se opone a la realización del referéndum en Catalunya, a lo cual es libre de oponerse. Pero lo que no es libre de expresar es que se refiera a tal referéndum como un referéndum independentista, pues quiere, con la utilización de tal término, determinar una respuesta negativa a dicho referéndum. El referéndum no es, sin embargo, independentista. Es un referéndum democrático que pregunta a la población en Catalunya si prefiere continuar en España o separarse de ella. Es, en sí, un referéndum democrático, ni más ni menos. En realidad, si hoy tuviera lugar este referéndum en Catalunya, lo más probable es que no ganara la independencia. Pero esto es irrelevante para El País, que lo que quiere es que no se celebre el referéndum, y de ahí que, con el objetivo de crear sentimientos negativos hacia este, lo adjetive de independentista. La realidad, por cierto, es precisamente lo opuesto, pues si la población en Catalunya tuviera la posibilidad de votar, es más que probable que el deseo por la secesión en Catalunya disminuyera. No permitir el referéndum, como lo hacen El País y la mayoría de grandes rotativos, está estimulando el crecimiento del movimiento independentista. Ahora bien, para El País el objetivo de la manipulación es prejuzgar el resultado del referéndum a fin de crear hostilidad hacia él. Se diga como se diga, esta práctica es manipulación, carente de la más mínima ética profesional.
Su hostilidad hacia la plurinacionalidad de España
Otro sesgo y manipulación aparecen cuando El País define a En Comú Podem (una coalición de partidos, aliada de Podemos) como independentista o proindependentista, lo cual es también una falsedad, como puede comprobarse leyendo el programa de tal coalición de partidos. El País, a través de sus reportajes y sus editoriales, quiere dar la impresión de que Podemos y sus aliados son peligrosos para España, pues parecen cuestionar la unidad de España, cuando lo que tal partido (y demás partidos de la coalición que se presentan conjuntamente) desean no es romperla, sino redefinirla, cambiando la visión hegemónica de España para que se transite de una España uninacional, radial y escasamente democrática, a una España plurinacional, poliédrica y más democrática. La falta de equilibrio de los artículos publicados en sus páginas de opinión sobre lo que El País define como “cuestión territorial” muestra claramente este sesgo nacionalista españolista, expresión que nunca utiliza el rotativo, que se reserva la utilización del término nacionalista para definir a los nacionalismos “periféricos”, pero no al central que, por cierto, es el más poderoso de todos ellos, y que aparece por todos los lados de aquel rotativo.
El sesgo neoliberal del rotativo y su agresividad hacia el programa económico de las izquierdas
Tal sesgo aparece también en El País constantemente y casi diariamente en el espacio ofrecido a los economistas responsables del diseño de las propuestas económicas de los distintos partidos. Mientras que economistas próximos al PP, al PSOE y a Ciudadanos aparecen con gran frecuencia en sus páginas (repetidamente con insultos y sarcasmos dirigidos a los programas económicos de los partidos de izquierdas, y muy en especial a Podemos e Izquierda Unida), los responsables y asesores en temas económicos de estos últimos partidos casi nunca aparecen. Incluso cuando estos son insultados, El País no les ofrece la posibilidad de responder. Ello es una práctica común. De nuevo, El País no es la excepción. Ocurre también en los otros grandes rotativos del país. Este sesgo y estas prácticas reflejan el carácter no tanto informativo, sino propagandístico de El País (y de la gran mayoría de rotativos), que llegan no solo a falsificar el programa de los partidos de izquierdas, sino también la realidad en sí.
No solo manipulación, sino también mentiras
He citado el ejemplo de la manipulación (sutil a veces, grosera en otros casos), resultado del sesgo tan marcado en contra de Podemos y de IU, que aparece en El País y los otros grandes rotativos. En realidad, La Razón y el ABC son ya la forma extrema de esta manipulación. Ahora bien, en otras circunstancias se va más allá y se practica la mentira. Uno de los casos más groseros de los muchos que he visto ocurrió en la cobertura mediática de la primera visita de Pablo Iglesias a la ciudad de Barcelona. Fue en un pabellón deportivo en un barrio obrero, lleno a rebosar. La sorpresa es que el altamente popular exalcalde de Barcelona, el Sr. Pasqual Maragall, estaba entre los asistentes en el pabellón. Al cerciorarse de su presencia, el estadio entero le dio una ovación que duró varios minutos. Lo pude ver y oír, pues estaba sentado muy cerca de donde estaba Pasqual Maragall. Cuál fue mi sorpresa que al día siguiente El País publicó, con una mezquindad sin parangón, que el público del estadio había abucheado al exalcalde Maragall. Tengo que reconocer que me costó aceptar lo que estaba viendo. ¡Era ya demasiado! Escribí una carta al director, pidiéndoles que publicaran una corrección. No era una carta hostil. Mi carta no tuvo respuesta, como tampoco han tenido respuesta otras cartas respondiendo a insultos o tergiversaciones de mis libros y escritos por parte de economistas de El País, que pueden leer en mi artículo “Manipulaciones y mentiras en El País”(Público, 30.12.14). Nunca había visto tal nivel de desfachatez en un rotativo en los muchos países en los que me ha tocado vivir durante mi largo exilio.
La manipulación como práctica común
Pero lo que protege esta manipulación y falta de ética profesional es que estas prácticas antidemocráticas son comunes en los medios de información y persuasión españoles, conocidos internacionalmente por su falta de diversidad ideológica y su limitada profesionalidad. Así lo han reconocido medios internacionales como TheNew York Times (denuncia que generó otra respuesta de El País, con otra pomposa declaración del carácter ejemplar de la prensa española) que señaló la falta de libertad de prensa en España debido a la influencia que los poderes financieros (la banca) y los gobiernos tienen sobre los mayores rotativos españoles (ver mi artículo “El New York Times lleva razón: no existe pluralidad en los medios”,Público, 19.11.15). Predeciblemente, todos los mayores rotativos (incluyendo en primera línea El País), junto con la Asociación de Editores de Diarios Españoles, inmediatamente respondieron indicando que el New York Times estaba guiado por prejuicios que le habían llevado a conclusiones erróneas, carentes de objetividad y rigor, acentuando que España “se caracteriza por la pluralidad mediática (…) como resultado del claro compromiso de los medios de información españoles con la libertad de prensa de España”. Lo cual quiere decir que, en contra de toda la extensa y contundente evidencia de lo contrario, tales rotativos tienen la osadía de presumir de que no discriminan a las izquierdas en el país, ni tampoco manipulan sus noticas en una clara muestra de su hostilidad. Es difícil que se lo crean, pues son prácticas diarias que muestran claramente lo contrario. Cuenten ustedes los artículos favorables a las políticas propuestas por el PP o por Ciudadanos o por el PSOE y comparen con los artículos favorables a las de Podemos y a las de IU, y lo verán. Y si en lugar de artículos cuentan editoriales, verán que la situación es incluso peor, por no hablar de la prensa económica , donde los puntos de vista de las izquierdas no aparecen ni una vez, excepto en contadísimas ocasiones para ridiculizarlas.
La población española no se fía de los medios
No es sorprendente, pues, que según un estudio de las percepciones de la población hacia los medios de información en doce países con regímenes democráticos de elevado nivel de desarrollo económico, la población española fuera una de las que confiaba menos en la información provista por los medios de información, solo el 32% de los usuarios. En Finlandia era un 68%, en Alemania un 60%, en el Reino Unido un 51% (…) y España era casi la última (ver el artículo “Trust in the News” sobre el excelente informe de los medios de información en 12 países, el Reuters Institute Digital News Report 2015, del Reuters Institute for the Study of Journalism, University of Oxford, 2015). Los rotativos españoles están mucho más comprometidos con la persuasión que con la comunicación. En realidad, la falta de diversidad ideológica en los medios y su escasa profesionalidad son unos de los mayores problemas que tiene la democracia española.
Las asociaciones de periodistas
La falta de comportamiento ético de los mayores rotativos y de sus profesionales (“que tienen que ganarse la vida”) es silenciada por sus asociaciones profesionales corporativas. Ni que decir tiene que hay profesionales de gran talla, y respetuosos con su deber de servir a la población informándola. Pero son la excepción. Como era predecible, las asociaciones profesionales respondieron con gran hostilidad a las declaraciones de Pablo Iglesias. La Asociación de la Prensa de Madrid condenó dichas declaraciones por “atacar de esa manera totalitaria (supongo que el portavoz de tal asociación quería decir bolivariana) el ejercicio de la libre información”. Por lo visto no se dan cuenta de que tales asociaciones también han perdido credibilidad en su crítica, pues esas asociaciones han permanecido en un silencio ensordecedor hacia las continuas falsedades y manipulaciones de la prensa en Madrid, incluyendo El País. Es más, ¿cómo puede ser que tales asociaciones no hayan dicho nada sobre las prácticas de uno de los periodistas más visibles mediáticamente en este país, que utiliza su información, supuestamente provista por grupos de ultraderecha que existen en la Policía Nacional, para acusar a personalidades políticas, como el exalcalde de Barcelona, el Sr. Trías (un nacionalista “periférico”), de tener fondos en Suiza, o más tarde anunciando miles y miles de veces que Podemos está financiado nada menos que por Irán y Venezuela, sin que exista ninguna evidencia de ello? ¿No creen que tales asociaciones tienen el deber moral de denunciar casos tan flagrantes de comportamiento antidemocrático? ¿Qué dirían de un Colegio de Médicos que conociera que un médico estuviera matando a pacientes debido a una mala práctica y que tal Colegio profesional permaneciera callado?
Dos últimas observaciones. La población española es mayoritariamente consciente de que la mayoría de medios de información está al servicio de la estructura de poder económico y financiero que financia y/o influencia las instituciones mediáticas y políticas del país. Al famoso eslogan del 15-M “no nos representan” podría añadírsele “no nos informan”. La mayoría de la población así lo cree. Ahora bien, como en muchos otros temas, la población, que no se fía de los medios, adopta una posición fatalista de que nada se puede hacer para cambiar esta situación. Este fatalismo es esencial para que se perpetúe la situación actual. De ahí que sea importante que la población pierda esta pasividad y se movilice. Es hora de que haya denuncias y se abra un debate sobre ello. Y es por ello que agradezco a Pablo Iglesias que hiciera un gran favor al país denunciando los comportamientos de la prensa y gran número de sus profesionales. Es urgente para la salud democrática de España que se inicie un debate no solo sobre la prensa escrita (los grandes rotativos), sino también sobre los medios radiofónicos y televisivos, públicos y privados, para denunciar sus comportamientos escasamente democráticos e iniciar un proceso de cambio de modo que tanto los unos como los otros garanticen la libertad de expresión a la cual retóricamente apoyan, mientras que la violan en sus prácticas diarias. De ahí que me sorprenda que haya habido tantas pocas voces defendiendo a Pablo Iglesias. El silencio ensordecedor es síntoma del poder de aquellos medios que han establecido una cultura antidemocrática de miedo, tanto entre los mismos periodistas como entre sus colaboradores. La crítica al cuarto poder es probable que tenga costes personales, creando temor y miedo que explica el silencio ensordecedor sobre su claro comportamiento antidemocrático. Y a eso lo llaman libertad de expresión.